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Historia y conceptos de la semiótica

La semiótica es la ciencia que estudia los signos en un contexto social, permitiendo que objetos, colores y dibujos adquieran nuevos significados. A lo largo de la historia, filósofos como Platón, Aristóteles y Saussure han contribuido a su desarrollo, estableciendo diferentes teorías sobre la relación entre significante y significado. La semiótica es esencial para entender la comunicación y el lenguaje, que son dinámicos y cambian con el tiempo.

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Historia y conceptos de la semiótica

La semiótica es la ciencia que estudia los signos en un contexto social, permitiendo que objetos, colores y dibujos adquieran nuevos significados. A lo largo de la historia, filósofos como Platón, Aristóteles y Saussure han contribuido a su desarrollo, estableciendo diferentes teorías sobre la relación entre significante y significado. La semiótica es esencial para entender la comunicación y el lenguaje, que son dinámicos y cambian con el tiempo.

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Mariemilia Rivas.

Semiótica P-01.

La semiótica.

Los seres humanos tenemos la capacidad de convertir en signos todo aquello que
se encuentra a nuestro alrededor. Todo objeto, color o dibujo, cualquier cosa
relacionada con una sociedad y una cultura puede adquirir un nuevo significado. Por
ello, la semiótica es la ciencia encargada de estudiar los signos en un contexto social.

Los inicios de la semiótica dieron lugar en la antigüedad clásica, siendo el signo el


objeto de estudio. Las mayores producciones en el tema se hicieron en Grecia, y junto
a Roma, le daban privilegio a la lengua escrita. Platón, uno de los grandes filósofos
griegos, tenía una concepción naturalista del signo, aseguraba que las palabras tenían
una relación natural con su significado, por el contrario, Aristóteles, su discípulo, veía al
signo desde una concepción arbitraria, en la que la palabra y el significado no tenían
relación entre sí.

Fueron los filósofos estoicos quienes introdujeron nuevas nociones: el usuario, el


semainon, el semainomenon y la denotación. Fueron los primeros en incluir al usuario
como parte del estudio bajo la teoría de los actos verbales, se referían al significado
como semainon y al significante como semainomenon, y veían a la denotación como
una noción de suma importancia por la necesidad que tenían de usar el lenguaje de
forma estricta.

Llegada la edad media y con la entrada del cristianismo a Europa, muchos aportes
de suma importancia se dieron en España. Santo Tomás y Raimundo Julio
proporcionaron varios avances en el estudio del signo, sin embargo, fue San Agustín
quien aseguró que existe una imagen mental que se introduce a través de los sentidos
y llegaba al pensamiento, generando un significante y un significado, en resumidas
cuentas se refería a que, parafraseando a Roger Bacon, un significado era evocado al
recibir un significante.

Los siglos XVIII y XIX dieron lugar a investigaciones sobre el estudio de la palabra,
es decir, manuales de gramática y los ordenes de familias de lenguas. En este periodo
se comparó la estructura, la fonética y los grafemas, estudiaba las diferencias y
similitudes de la lingüística a lo largo de la historia. En esta etapa del estudio el
significado no tenía importancia, pero si la clasificación, se denotaba y no se connotaba
y por eso importaba la lengua, más no el habla.

Ferdinand de Saussure, un lingüista suizo del siglo XX, comenzó una oleada de
investigaciones científica en materia de lenguaje a mines del siglo XIX. Su curso de
lingüística general lo concibió como un preestructuralista al generar lo que podría ser la
primera corriente teórica del lenguaje: el estructuralismo. Era una corriente que
mantenía un interés en la estructura superficial de la lengua y dejaba totalmente de
lado al significado.

Saussure postuló que el lenguaje era una entidad de dos caras que se dividía en
lengua y habla. La lengua era un sistema de signos lingüísticos, era el código de una
comunidad lingüística y sostenía que “La lengua se aprende”, sin embargo, no pudo
estar más equivocado en esto último, ya que la lengua es convencional, es algo que se
estimula y depende del contexto, lo que la vuelve social e intuitiva. También sostuvo
que el habla era algo individual porque cada persona lo usa de una forma, en este
aspecto, Saussure estaba en lo correcto.

El inicio del siglo XX fue el nacimiento de la semiología, termino acuñado por la


corriente europea, los norteamericanos la llamaron semiótica, independientemente,
ambas se relacionan con la cultura de una sociedad y su historia.

Saussure, aferrado al estructuralismo, basó la teoría del signo lingüístico en el


significante (la imagen mental que se construye al escuchar o leer una palabra) y el
significado (el concepto que se elabora cuando se tiene la idea mental). Su teoría se
mostró arbitraria, lineal y cambiante. Postuló al lenguaje como una construcción
multiforme y conceptualizó a la lengua como la norma.
Charles Pierce, filósofo estadounidense, generó una concepción triádica del signo:
el representamen, el objeto y el interpretante. Se refirió al representamen como el
concepto estricto del signo, el objeto derivaba de este, y el interpretante, que no es una
persona, son todos los significados y efectos que pueden generarse a partir del
representamen y el objeto. Cabe destacar, que mostraba al usuario como el causante
del interpretante.

Según Pierce, la función del signo estaba en “ser algo que está en lugar de otra
cosa bajo algún aspecto”, es decir, que el signo representa algo dependiendo de su
relación con el objeto, bajo circunstancias naturales y convencionales.

Así mismo, encontramos la relación existencial con el objeto o con el interpretante,


encontramos a los íconos, los índices y los símbolos.

Los íconos representan algo preexistente, básicamente, refieren o denotan su


objeto, son signos que tienen semejanza de algún tipo con el referente, y por lo general
no suelen ser verbales.

Por ejemplo, las caricaturas, la fotografía, la pintura, la escultura, la imagen y la


arquitectura son simples íconos.

Por otro lado, el índice o indicio se refiere o se acerca al objeto, coexiste con el
objeto al que representa y puede ser simultaneo, anterior o posterior a su existencia.
Las nubes negras pueden indicar lluvia, el humo indica fuego, las flechas pueden
indicar direcciones, las huellas en la tierra pueden indicar que alguien o algo pasó por
allí, los arboles sin hojas o la nieve pueden indicar alguna estación del año, los
uniformes, los síntomas, entre otros, todos estos son ejemplos de íconos.

El símbolo es un signo consciente y arbitrario, usualmente no tiene que ver con el


significado porque es establecido socialmente. Tiene carácter de colectivo y social
porque se refiere al objeto que denota en virtud de algo establecido. Un corazón es un
símbolo de amor, la paloma blanca es un símbolo de paz, un cuervo es símbolo de
condena, entre otros.
Finalmente, podemos concluir este texto reflexivo aclarando que la lengua es
cambiante, puede concebirse como un ser vivo al mutar a lo largo del tiempo, muchos
términos nacen y del mismo modo otros mueren. La diacronía es el estudio del
lenguaje a través del tiempo, y gracias a ella he podido aprender mucho sobre lo que
fue y ahora es la semiótica. Asimilé que hablar es razonar, y comprendí más a fondo
términos como la aceptabilidad lingüística, que tiene lugar cuando una oración es
considerada aceptable tanto por el hablante como por el oyente, es decir, aunque
estructuralmente pueda estar mal gramaticalmente, solo se necesita que el mensaje se
entienda. La semiótica es una ciencia necesaria para comprender la importancia y el
significado de los signos en diferentes sociedades y culturas, no solo en la actualidad,
sino también a lo largo de la historia.

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