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Carta de Bolívar a Santander en 1825

En una carta dirigida a Francisco de Paula Santander, Bolívar expresa su preocupación por la situación en Venezuela y su rechazo a una reelección presidencial, argumentando que prolongar su mandato sería antidemocrático. También critica la turbulencia de los venezolanos y sugiere nombrar a Páez para manejar la situación en el país. Además, aclara su situación económica, afirmando que vive de sus ahorros y de ingresos de una mina en Venezuela, desmintiendo rumores sobre su miseria al momento de su muerte.

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Carta de Bolívar a Santander en 1825

En una carta dirigida a Francisco de Paula Santander, Bolívar expresa su preocupación por la situación en Venezuela y su rechazo a una reelección presidencial, argumentando que prolongar su mandato sería antidemocrático. También critica la turbulencia de los venezolanos y sugiere nombrar a Páez para manejar la situación en el país. Además, aclara su situación económica, afirmando que vive de sus ahorros y de ingresos de una mina en Venezuela, desmintiendo rumores sobre su miseria al momento de su muerte.

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189

UNA INTERESANTE CARTA DE BOLÍVAR


PARA SANTANDER (*)

Héctor Bencomo Barrios (**)

El de 11 de abril de 1825 salió Simón Bolívar de Lima rumbo a la ciudad


de Arequipa, donde haría escala durante su largo viaje hacia el territorio del
Alto Perú. Ha dejado el mando político en manos de un Consejo de Gobierno
presidido, de manera nominal, por el Gran Mariscal José de La Mar. El 8 de
mayo se hallaba en Ocoña, pueblo situado a unos 170 kilómetros de Arequipa
y, de acuerdo con su costumbre, desde esta localidad despachó gran cantidad
de comunicaciones de naturaleza varia; notables casi todas, según nuestra ma-
nera de ver. Pero la que más atrae nuestra atención es la dirigida al general de
división Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la República de Co-
lombia y encargado del Poder Ejecutivo. Para un mejor estudio de la carta en
cuestión, debemos tratar por separado algunos de los varios aspectos de su
contenido, sin negar la debida importancia a los demás. El primero se refiere a
la opinión emitida por Bolívar acerca de Venezuela.

Juro a Ud -dice- con la mcryor sinceridad, que más miedo tengo a mi


querida patria que a toda la América entera. S qy capaz de encargarme
con más faczfidad de la dirección de todo el Nuevo Mundo, más bien que
de Venezuela. Los porteños y los caraqueños, que se encuentran en los
extremos de la América Meridional, son, por desgracia, los más turbulen-
tos y sediciosos de cuantos hombres tiene la América entera. So/amente el
congreso americano puede contenerlos.

(*) De un impreso moderno: Obras completas de Bolívar, tomo II, pp. 113-116. El compilador dice haber
tomado el texto «del original», pero omite la información relativa al lugar donde se halla dicho
documento.
(**) Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. Sillón Letra «B».
190 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

El congreso americano al cual alude Bolívar no es otro que el Anfictiónico


de Panamá, cuya reunión fue convocada el 7 de diciembre de 1824. en la
presente carta, Bolívar ha expresado que prefiere a Quito para sede, pues
Panamá es de un clima mortífero; pero ya esto no sería posible por falta de
tiempo para hacer efectivo dicho cambio.

Casi todas las reflexiones y quejas de Bolívar guardan relación con la


expresión de su voluntad de no aceptar la candidatura para un tercer período
presidencial porque no quiere ser menos liberal que Washington quien tuvo
la nobleza de rechazar la tercera reelección. Dice que desde 1813 ejerce el
mando político y que su prolongación más allá de los 15 años, es una acción
[Link]ática. Si en Colombia ~e empeñan en su reelección perderían su
tiempo. Y, a renglón seguido dice:

No debo, no puedo ni quiero más gobierno;y el que menos quiero es el de


Colombia a causa de mis queridos compatriotas de Venezuela. Si la Nueva
Granada estuviera aislada de Venezuela, llenarla un deber y un placer
en servirla, en todo y por todo; pero no quiero nada con esos abominables
soldados _de Boves; con esos infames aduladores de Morillo; con esos escla-
vos de Morales y de Calzada. A esos obedecían y querían esos fieros
republicanos que hemos libertado contra su voluntad, contra sus armas;
contra su lengua y contra su pluma, para no querer obedecer a nuestras
lryes y a la severidad de nuestros principios.

En otro aspecto de la carta de Bolívar, el general Páez constituye el cen-


tro de las amargas quejas del Libertador. Así se expresa Bolívar:

Mucho tiempo ha que he pensado en que si el gobierno se ve apurado por


las facciones de VeneZfiela, nombre a Páez de intendente de dicho depar-
tamento, conservando siempre el mando militar que tiene. En este caso
podría usted mandar un amigo a Páez con instrucciones verbales para que
obrase con todo rigor contra esos malvados que, por una estúpida ambi-
ción, nos van a sepultar en una gue"a de colores, o más bien, van a
destruir nuestra miserable especie. Podría decírsele a Páez que yo lo prote-
geré con todo elpoder que está a mis alcances;y que elgobiernoy el congreso
harían sus esfuerzos por mantenerlo en un mando tan importante. Por.
supuesto, que era indispensable remitirle un excelente y hábil asesor, con-
sqero o secretario y un jefe de estado mqyor admirable. También indicarle
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 191

las personas que debía consultar en los casos arduos: el general [Pedro]
Briceno [M.éndez] podría ir en comisión cerca de é4 con licencia temporal o
con otro oijeto; el general [[Link]] Montilla podría ser uno de los conse-
jeros; [Fernando] Peña/ver otro; [William] White otro; [Cristóbal]
Mendoza otro;y algunos otros de carácter y capacidad. Usted debe saber
mejor que yo quienes son los que mejor se conducen. En fin, todo esto no es
más que hablar al aire, pues yo no sé el estado de las cosas por allá. Más
si no me engaño, a esa canalla no se le puede contener sino con el rigor más
inexorable. Esa buena gente quiere destruir la obra de nuestros bravos:
secar el árbol de la libertad y quemar hasta sus raíces.

El tema de su economía personal ha llamado nuestra atención pues lo


dicho por el remitente desvirtúa aquella socorrida especie de que Bolívar, en
el momento de su muerte, se hallaba sumido en la más profunda miseria.
Dice el Libertador:

He recibido una orden del ministerio de hacienda de Colombia sobre suel-


dos devengados desde mi salida de Guqyaquil. Felizmente no tengo suel-
dos ningunos devengados, porque yo he tomado en Guqyaquil los sueldos
que me co"espondían hasta que me hicieron dictador. Desde entonces acá
vivo de mis aho"os y de algunas mesadas que tomo del tesoro del Perú.
Además, como no tengo que irmg del país tan pronto, no necesito de dinero
para nada. Cuando me vqya a Europa encontraré en el Banco de Londres
los ª"endamientos de una mina de cobre que tengo en VeneZflela, ª"en-
dada últimamente por los ingleses por 12 mil pesos al año. La Providen-
cia que vela por mi honor, me ha dado este recurso para no verme obligado
a recibir de ningún gobierno dinero con que vivir en mi vejez.

El texto de la presente carta ya ha sido incluido en el tomo XXX de los


Escritos del Libertador, la excelente colección que se ocupa de la divulga-
ción del pensamiento de Simón Bolívar, contenido en la copiosa cantidad
de documentos atesorados y custodiados hoy por la Academia Nacional de
la Historia.

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