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¿Qué segmenta sismogénicamente la falla de El Pilar en el golfo de Cariaco, en
Venezuela oriental?
Conference Paper · May 2006
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Franck A. Audemard Christian Beck
Central University of Venezuela Université Savoie Mont Blanc
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Jasper Moernaut Koen De Rycker
University of Innsbruck Ghent University
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¿Qué segmenta sismogénicamente la falla de El Pilar en el golfo de Cariaco, en
Venezuela oriental?
Franck A. Audemard M.1*, Christian Beck2, Jasper Moernaut3, Koen De Rycker3, Marc De
Batist3, Javier Sánchez4, Moralis González4, Cristhian Sánchez4, Willem Versteeg3,
Gustavo Malavé5, Michael Schmitz4, Aurélien Van Welden2, Eduardo Carrillo2,
Andrés Lemus6.
1
Departamento de Ciencias de la Tierra, Fundacion Venezolana de Investigaciones
Sismológicas –FUNVISIS-, Prolongación Calle Mara, Quinta Funvisis, El Llanito,
Caracas 1073,Venezuela. * faudemard@[Link].
2
Laboratoire de Géodynamique des Chaînes Alpines –LGCA-, UMR CNRS 5025,
Université de Savoie, 73 376 Le Bourget du Lac, France.
3
Renard Centre of Marine Geology –RCMG-, University of Ghent, Krijgslaan 281-S8,
B-9000 Gent, Belgium.
4
Departamento de Sismología, –FUNVISIS-, Prol. Calle Mara, El Llanito, Caracas
1070,Venezuela.
5
Presidencia (E) FUNVISIS, Prol. Calle Mara, El Llanito, Caracas 1070,Venezuela.
6
Consultora Ambiental Universidad de Oriente, C.A. –CAMUDOCA-, Av. Fernández
de Zerpa, Edif. La Maravilla, ofic. Nº 2-3, Cumaná, Venezuela.
RESUMEN
Un levantamiento sísmico de alta resolución adquirido en el golfo de Cariaco a bordo del
Barco Oceanográfico Guaiquerí II ha revelado que la traza activa submarina de la falla de
El Pilar está segmentada a nivel de la depresión de Guaracayal, la cual resulta ser una
cuenca en tracción activa (“active pull-apart basin”), por lo fresco y prominente de los
escarpes de fallas que la limitan, a pesar de considerarse el tramo Cumaná-Casanay de esta
falla como un único segmento sismogénico. Este solape dextro de aproximadamente 2 km
de separación puede ser suficiente barrera para la propagación lateral de la ruptura sísmica,
tal como lo evidencia la sismicidad contemporánea e histórica. El tramo de falla Cumaná-
Casanay de unos 80 km de longitud ha requerido en dos ocasiones de la conjunción de dos
sismos contiguos (en dirección oeste-este: 1797-1684 y 1929-1997) para romperse en su
totalidad. No obstante, este comportamiento sísmico reiterado no excluye la posibilidad de
un evento que rompa toda la extensión del segmento.
Introducción
El Nororiente venezolano se caracteriza por ser la región de mayor actividad sísmica a nivel
nacional, tanto en tiempo histórico como instrumental (Audemard, 1999b), teniendo sus
eventos más significativos como fuente sísmica la extremidad sur de la subducción de las
Antillas menores o la falla de El Pilar. Son numerosos los sismos históricos con testimonios
escritos de sus daños sobre la población y el medio construido de la región, desde los
comienzos de la dominación española a principios del siglo XVI, siendo Cumaná la ciudad
más afectada, hasta su destrucción parcial en ocasiones, por los eventos ocurridos en 1530,
1684, 1766, 1797 y 1853, así como por dos sismos contemporáneos en el siglo XX,
acaecidos en 1929 y 1997.
Particular interés presentan para este estudio los sismos con epicentros en proximidad a o
en el golfo de Cariaco. Aunque la falla de El Pilar se ha propuesto preliminarmente con un
segmento continuo entre Cumaná y Casanay (Funvisis, 1994; Beltrán et al., 1996;
Audemard et al., 2000), cruzando longitudinalmente al golfo de Cariaco en toda su
extensión, los eventos del siglo XX antes señalados denotan que este segmento
sismogénico no rompe completamente en asociación a un único sismo. Adicionalmente,
Audemard (1999b) igualmente señala que este comportamiento ha ocurrido previamente en
tiempos históricos. En vista de este comportamiento sismogénico reiterado, se ha realizado
un levantamiento sísmico de alta, y muy alta resolución, en el golfo de Cariaco, teniendo
entre uno de sus objetivos científicos primigenios, caracterizar la traza submarina de la falla
de El Pilar en el golfo de Cariaco con miras a determinar si tal comportamiento sísmico
reiterado (en al menos dos ciclos contiguos) responde a alguna estructuración particular de
la falla de El Pilar. Este artículo entonces presenta los resultados obtenidos de esta campaña
sísmica adquirida en enero de 2006 a bordo del Barco Oceanográfico Guaiquerí II que
persigue explicar cómo la estructuración de la falla de El Pilar en su segmento submarino
en el golfo de Cariaco controla la ocurrencia de sus sismos mayores.
La falla de El Pilar
La falla de El Pilar –en conjunto con otras fallas como: Boconó, San Sebastián, Los Bajos-
El Soldado y/o Warm Springs- conforma un gran sistema transcurrente dextral (Rod,
1956b; Molnar and Sykes, 1969; Minster and Jordan, 1978; Pérez and Aggarwal, 1981;
Stephan, 1982; Aggarwal, 1983, Schubert, 1984; Soulas, 1986; Beltrán and Giraldo, 1989;
Singer and Audemard, 1997; Audemard et al., 2000; Pérez et al., 2001; Weber et al., 2001;
Audemard et al., 2005, entre muchos otros), que facilita el movimiento relativo entre las
placas Caribe y Suramérica. No obstante, esta frontera de placas no está representada por
un accidente tectónico único (Soulas, 1986; Beltrán, 1994) y mas bien es una franja de
deformación transpresiva (transcurrente-compresiva) en el Oriente venezolano de más de
100 km de ancho (Fig. 1; Audemard, 1993; Singer and Audemard, 1997; Audemard, 1998,
Audemard et al., 2005). La porción más oriental en territorio venezolano de este gran
sistema de fallas dextrales lo constituye la falla de El Pilar. Esta falla se extiende en
dirección este-oeste por unos 350 km entre la fosa de Cariaco al Oeste y el golfo de Paria al
Este. A excepción de un segmento en tierra de unos 80 km de longitud, entre los golfos de
Cariaco y Paria en el estado Sucre, y las trazas que limitan los cerros de Caigüire en
Cumaná, la traza activa de la falla de El Pilar es esencialmente submarina, tanto en mar
afuera al Norte de la ensenada de Barcelona como en los golfos de Cariaco y Paria.
Es significativo señalar que la contribución o participación de esta falla en la migración de
la placa Caribe hacia el Este con respecto a Suramérica es aún tema de discusión vívida y
candente. Más aún, aunque la falla ha sido considerada por numerosos autores como
elemento constituyente del límite de placas, la controversia referente a su cinemática se
mantuvo hasta la ocurrencia del sismo de Cariaco de 1997, ocasión en que su sentido de
movimiento lateral derecho quedó claramente evidenciado y demostrado (Audemard,
1999a). Este debate aún se mantenía a pesar que la traza activa de la falla de El Pilar había
sido cartografiada con base en criterios geomórficos de actividad cuaternaria por Funvisis
(1994), publicada luego por Beltrán et al. (1996). Estos autores reportaron evidencias
geomórficas diagnósticas de transcurrencia dextral a lo largo de su traza activa tales como:
drenajes desplazados dextrales, trincheras y ensilladuras de falla, lomos de presión, lagunas
y escarpes de fallas (para más detalle, referirse a figs. 1 y 2 en Beltrán et al., 1996). Con
base en esta cartografía, la traza activa de la falla de El Pilar es subdividida en cuatro
segmentos o secciones (Funvisis, 1994; Beltrán et al., 1996; Audemard et al., 2000), de
Oeste a Este: (1)- Una traza submarina de orientación este-oeste, al Oeste de Cumaná, que
limita por el Sur la fosa o cuenca en tracción (“pull-apart basin”) de Cariaco, la cual se
amortigua en los cerros de Caigüire en Cumaná, en un relevo transpresivo; (2)- La segunda
porción se extiende desde el flanco norte del “pop-up” de Caigüire hasta la curvatura
transpresiva de Casanay-Guarapiche, estando gran parte de su traza en el fondo marino del
golfo de Cariaco; (3)- Un segmento de unos 30 km de largo que diverge ligeramente hacia
el ENE, extendiéndose entre los poblados de Río Casanay y El Pilar y conectándose con la
falla de Tunapuy; y (4)- Una cuarta porción de orientación este-oeste que cruza las zonas
anegadizas de las Sabanas de Venturini, para luego correr en mar al Sur de la costa sur de la
Península de Paria, antes de conectarse con el sistema de fallas de Los Bajos-EL Soldado
de orientación NW-SE (Fig. 1), y éste a su vez con las fallas de Warm Springs en territorio
trinitario y un sistema inverso de orientación este-oeste ubicado al Sur de la costa sur de
Trinidad.
Fig. 1. Mapa de fallas cuaternarias del Oriente de Venezuela (según Audemard et al., 2000), mostrando la
extensión de la falla de El Pilar, al igual que los últimos eventos sísmicos (1929 y 1997) ocurridos sobre
ella.
La sismicidad en el Oriente venezolano
El catálogo sísmico instrumental de Funvisis, que se extiende desde 1910, evidencia que el
estado Sucre, en el Nororiente venezolano, se caracteriza por ser la región de mayor
actividad sísmica a escala nacional. Esto se ve adicionalmente atestiguado por la profusión
de relatos o relaciones históricas en referencia a los daños sufridos por la población y
medio construido de la región como consecuencia de terremotos, desde los comienzos de la
dominación española a principios del siglo XVI (por ejemplo, ver Gómez, 1990). En
particular, Cumaná ha sido afectada, ocasionalmente hasta su destrucción parcial, por
varios sismos históricos, entre los cuales ameritan mención los eventos de: 1530, 1684,
1766, 1797 y 1853, así como dos sismos contemporáneos en el siglo XX: El sismo de
Cumaná del 17 de enero de 1929 y el reciente terremoto de Cariaco del 09 de julio de 1997
(Audemard, 1999b). Apartando la contribución sísmica de profundidad intermedia y
profunda de la extremidad sur de la subducción de las Antillas Menores, que yace
parcialmente bajo Trinidad y la península y golfo de Paria, la falla de El Pilar es la
principal fuente sísmica en el Noreste de Venezuela, tal como había señalado Rod (1956a).
Sin embargo, todos los sismos históricos mayores ocurridos en esta región han sido
adscritos a la falla de El Pilar sin ninguna corroboración geológica, a excepción de los dos
terremotos antes mencionados ocurridos en el siglo pasado (1929 y 1997) por presentar
ambos ruptura superficial cosísmica, al igual que el sismo del 04 de mayo de 1684 por
reconocerse su falla generadora por medio de una evaluación paleosísmica realizada por
Audemard (1999b). Para subsanar esto, Audemard (1999b), basándose en la reevaluación
de los sismos históricos, apoyada en el análisis comparativo de la reevaluación de las
fuentes documentales con las observaciones provenientes de una investigación
paleosísmica de varias trincheras realizada sobre la ruptura del sismo de Cariaco de 1997,
propone una distribución espacio-temporal preliminar de los sismos de magnitud superior a
Ms 6,0 y con asociación con la falla de El Pilar, entre la fosa de Cariaco y el golfo de Paria
(Fig. 2). Los resultados más significativos de esta investigación son resumidos por el
mismo autor de la siguiente manera: 1)- Los sismos de 1530 y 1853, que tienen asociadas la
generación de grandes olas sísmicas, deben ser atribuidos al segmento submarino de la falla
ubicado al Oeste de Cumaná, que controla el margen sur de la fosa de Cariaco. Las
magnitudes de estos dos eventos pueden ser estimadas a partir de modelos matemáticos que
relacionen el tamaño de la ola con la dislocación del fondo marino, que a su vez es función
directa de la magnitud, aunque estima preliminarmente que pueden ser de magnitud Ms
7,2-7,4; 2)- El evento de 1684 está asociado al mismo segmento de falla generador del
sismo de Cariaco de 1997 según el estudio paleosísmico; 3) Los daños de Cumaná durante
el evento de 1797 sugieren que son producto de un sismo local y que éste podría ser un
equivalente previo al sismo de 1929, el cual rompió justo al Este de la ciudad de Cumaná,
desde Punta Baja adentrándose en el golfo de Cariaco, sobre una longitud menor a unos 30
km; 4)- La ubicación y asociación del sismo de Casanay del 12 de junio de 1974 son
precisadas por intermedio de las trincheras, extendiéndose su ruptura cosísmica a lo largo
de la falla de El Pilar por lo menos entre Cariaco y Guarapiche (ubicación de las dos
trincheras más alejadas); 5) El evento de 1766 parece haber sido generado por una fuente
de profundidad intermedia, distinta a la falla de El Pilar, estando su foco en la terminación
sur de la subducción de las Antillas menores; 6) El segmento de la falla de El Pilar entre
Cumaná y Casanay-Guarapiche aparenta caracterizarse por la ocurrencia de eventos de
magnitud cercana a 6 en sus extremidades que preceden o suceden a los eventos de
magnitud cercana a 7. En el caso de esta sismicidad en cercanía a Cumaná, su recurrencia
es del orden de los 130 años, mientras los sismos de magnitud ~ Ms 7 se repiten cada 300-
320 años; y 7) el retorno de los sismos submarinos (al Oeste de Cumaná) de magnitud Ms
7,2-7,4 es similar (del orden de 3 siglos).
Fig. 2. Distribución espacio-temporal de la actividad sísmica a lo largo de la falla de El Pilar, en Venezuela
oriental, para el período 1498-1997. Obsérvese que las longitudes de ruptura para cada evento en el diagrama
superior corresponde geográficamente con la traza activa de la falla de el Pilar mostrada en el mapa de la
parte inferior, el cual está simplificado de Audemard et al. (2000).
De esta investigación se desprende entonces que los últimos dos ciclos sísmicos de la falla
de El Pilar, en su segmento que se extiende entre los cerros de Caigüire (Cumaná) al Oeste
y la población de Casanay en el Este, atestiguan que este tramo de falla ha requerido de dos
sismos contiguos para completar la longitud total de unos 80 km del mismo. El primer ciclo
está conformado por dos eventos: Un evento en la porción más oriental de este segmento
ocurrido en 1684 y un segundo sismo que afectó esencialmente a la ciudad de Cumaná en
1797. El segundo ciclo lo conforman dos eventos del siglo pasado, ocurridos el 17 de enero
de 1929 y el 9 de julio de 1997. El sismo de 1929 sin duda alguna ocurrió justo al Este del
casco antiguo de Cumaná, en el sector conocido como Punta Delgada, por haber Paige
(1930) reportado rupturas de superficie cosísmicas en las salinas costeras, teniendo una
longitud total de ruptura no mayor a 30 km y una magnitud seguramente inferior a Mw 6,7
(Mocquet et al., 1996). Por su parte, el sismo de Cariaco de 1997 de Ms 6,8 rompió la
superficie del terreno entre Villa Frontado y Casanay, en la prolongación hacia el Este del
golfo de Cariaco, sobre una longitud de 36 km (Audemard, 1999a). No obstante, de las
réplicas más someras de dicho evento, calculadas por Baumbach et al. (1994), se pudo
establecer que dicha ruptura, aunque submarina, debía prolongarse hacia el Oeste, dentro
del golfo de Cariaco, hasta al menos San Antonio del Golfo-Marigüitar.
El golfo de Cariaco
El golfo de Cariaco es un cuerpo de aguas con una longitud de unos 60 km en dirección
este-oeste y un ancho promedio próximo a los 9 km (Fig. 3), cuya geometría responde a un
fuerte control estructural a lo largo de sus costas norte y sur (Caraballo, 1982). Este golfo
está en conexión con mar abierto en su extremo occidental, al Noroeste de la ciudad de
Cumaná. El mapa batimétrico de esta cuenca marina levantado por Caraballo (1982) pone
en evidencia un fondo relativamente plano en su parte más central con paredes de fuerte
pendiente al norte y sur, asemejando un “lavamanos” (Fig. 3). Por el contrario, su
profundidad aumenta muy suavemente en su extremo oriental, reflejando el aporte
sedimentario del río Cariaco y otros afluentes. De igual manera, se puede reconocer los
lóbulos subacuáticos de los ríos Manzanares y/o Cautaro en su extremo suroccidental, en
proximidad a Cumaná y su desembocadura. En esta zona, la máxima profundidad de agua,
en el fondo de un cañón submarino orientado NE-SW, que permite la conexión entre la fosa
de Cariaco a nivel del cañon submarino del Manzanares con la parte más profunda del
golfo en sí, es de unos 60 m. En consecuencia, este cuerpo de agua, en períodos glaciares,
cuando el mar desciende hasta en unos 100-120 m, ha necesariamente quedado aislado del
mar, pudiendo haber funcionado como un cuerpo de agua dulce (entiéndase lago) o más
probablemente como una zona cenagosa, a semejanza de las lagunas de Campona y Buena
Vista que hoy se desarrollan en la margen oriental del golfo de Cariaco.
Más en detalle, el análisis del mapa batimétrico del golfo de Cariaco revela la presencia de
una depresión pequeña alargada en dirección este-oeste, a lo largo de la costa sur de dicho
golfo, entre los asentamientos de Güirintal y Guaracayal, ubicados al menos a 6 km al oeste
de Marigüitar. Esta depresión, de unos 8 km de largo y 2 km de ancho, denominada
depresión de Guaracayal por Caraballo (1982), es unos 15 m más profunda que el fondo
relativamente plano circundante del golfo, alcanzando una profundidad máxima que está en
el rango de 85-90 m. Esta depresión submarina asemeja una cuenca en tracción (“pull-apart
basin”), producto de un relevo transtensivo, asociado a un solape dextro de las trazas que
conforman la falla dextral de El Pilar. Adicionalmente, esta depresión submarina satisface
las relaciones geométricas de éstas (su longitud es de 3 a 4 veces su ancho; referirse a
Aydin y Nur, 1981). La adquisición sísmica de alta y muy alta resolución descrita a
continuación persigue, entre otros objetivos, verificar esta hipótesis.
Fig. 3. Mapa batimétrico del golfo de Cariaco (tomado de Caraballo, 1982), donde se muestra igualmente las
localidades más importantes de la región.
Levantamiento sísmico marino
Una colaboración entre las universidades de Savoie (Francia), Gent (Bélgica) y de Oriente
(UDO; Venezuela) y la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas
(FUNVISIS; Venezuela) permitió la adquisición de casi unos 1000 km de líneas sísmicas
de alta y muy alta resolución del fondo marino del golfo de Cariaco a bordo del B/O
Guaiquerí II en enero 2006. Los equipos utilizados, pertenecientes a la contraparte belga,
fueron un sparker de 1,1 kHz y un perfilador de fango (“sub-bottom profiler” o “pinger”) de
3,5 kHz, adquiriéndose dos veces más líneas de alta resolución que de muy alta resolución
(2/3 de líneas sparker y 1/3 de líneas pinger). Grosso modo, la mayoría de las líneas se
adquirieron perpendicular y paralelamente a la falla de El Pilar de orientación sub-
ecuatorial. La figura 4 sólo muestra la malla de líneas sparker adquiridas. Las líneas norte-
sur, perfiladas con mayor frecuencia, se adquirieron con separación de un minuto de
longitud (cada 1’). Por el contrario, las líneas sub-meridianas no siguieron un
espaciamiento regular. Mas bien, su ubicación respondió a objetivos específicos: 1) La más
larga de las líneas (Nº 74) cruzó longitudinalmente la depresión de Guaracayal; y 2) Las
líneas paralelas y al norte de esta anterior persiguieron perfilar la zona menos perturbada
estructuralmente del golfo (Nº 44 y 46). La línea 46 en particular tiende a registrar el
abandono progresivo hacia el Este de los lóbulos deltaicos subacuáticos del río Manzanares
por acción de la cinemática de la falla de El Pilar. También se grabaron líneas de
orientación NE-SW, las cuales pretenden mostrar la estructura transversal o radial del delta
subacuático del río Manzanares (línea Nº 41), mientras las líneas Nº 38 y 39 se grabaron
para evaluar la geometría de los cuerpos subyacentes al cañón profundo que interconecta la
parte profunda del golfo de Cariaco con el cañón submarino del Manzanares, que a su vez
desciende dentro de la fosa de Cariaco. Este cañón submarino orientado NE-SW en el
sector angosto de la desembocadura del golfo aparenta ser un valle subaéreo sumergido
(activo en algún período glaciar previo de edad pleistocena), que ha drenado hacia la
cuenca profunda de la fosa de Cariaco, el valle de Laguna Grande del Obispo, ubicado en la
vertiente sur de la península de Araya y de dimensiones más grandes en tiempos de bajo
nivel del mar.
Fig. 4. Tendido de líneas sparker grabadas en la campaña de adquisición de enero 2006 a bordo del Guaiquerí
II, reportadas sobre mapa batimétrico de Caraballo (1982).
La falla activa de El Pilar
Aunque las líneas antes descritas se obtuvieron con múltiples propósitos, en esta
contribución sólo discutiremos muy someramente la estructuración mayor de la(s) traza(s)
submarina(s) de la falla de El Pilar, con base en la evaluación de unas pocas líneas sub-
meridianas. Una evaluación más profunda, con generación de una sísmica 3D construida a
partir de la información 2D ya adquirida, se prevé para describir en detalle la estructura y
estilo de la falla de El Pilar dentro del golfo de Cariaco. Más aún, la información sísmica de
alta resolución disponible permitirá estudiar la génesis y evolución reciente del golfo, al
igual que el rol jugado por la falla de El Pilar en las mismas y sobre el proceso sedimentario
dentro de esta masa de aguas.
Con miras a visualizar la variación lateral de la falla de El Pilar en la depresión de
Guaracayal y alrededores, se ha construido un diagrama panel con 7 líneas norte-sur
espaciadas 2´ de longitud (ver Fig. 5). De la misma, se desprende que la falla de El Pilar, la
cual presenta una traza única en proximidad a la costa de El Peñón (justo al Este de
Cumaná; ver ubicación relativa en Fig. 3), se separa en dos trazas subparalelas que
delimitan una zona con el fondo marino levemente deprimido. Esto se evidencia claramente
en los perfiles Nº 16, 18, 20 y 21 de la figura 5. Ambas trazas son visiblemente activas,
como lo denota la presencia de escarpes de fallas muy conspicuos en el fondo marino. Más
aún, cuando la falla presenta una traza única, al Oeste y Este de la depresión de Guaracayal,
también se percibe la deformación o perturbación de los reflectores más someros y la
disrupción del piso marino. Igualmente se puede apreciar como el escarpe de la traza norte
en la depresión de Guaracayal crece en su dimensión vertical en sentido oeste-este a medida
que se adentra en la depresión (líneas 18 y 20 de la Fig. 5), para luego desvanecerse más al
Este en forma progresiva. Por su parte, la expresión morfológica de la traza sur en el fondo
marino, casi inexistente hacia el Oeste (perfiles 15 y 16 de la Fig. 5), va aumentando hacia
el Este, aún fuera de la depresión de Guaracayal (línea 23 de la Fig. 5).
De la figura 5 se desprende también que la zona de falla activa de El Pilar tiene siempre
asociada escapes de gas, lo cual enmascara parcialmente los reflectores sísmicos. Por
último, se puede observar otras fallas igualmente activas, al norte de la falla de El Pilar, que
dislocan también los reflectores y el piso marino, pero en menor cuantía; muy visibles en
las líneas 17 y 18 de la figura 5, pero algo menos marcadas en la línea 20. Estas
discontinuidades no presentan gas asociado.
Discusión
El levantamiento sísmico de alta resolución realizado a través de la falla de El Pilar, en su
segmento submarino en el golfo de Cariaco, muestra que la misma no está constituida por
una traza única; mas bien está segmentada, presentando solapes transpresivos o
transtensivos, a semejanza de lo que la falla de El Pilar muestra a escala más regional, con
la presencia de curvaturas o relevos compresivos tales como los lomos o colinas de presión
(“pop-up”), de dimensiones muy variables (pocas centenas de metros a unos pocos
kilómetros), de Caigüire (Cumaná), Las Manoas (Cariaco) y Guarapiche; y curvaturas o
relevos transtensivos, siendo el ejemplo más notorio la fosa de Cariaco, limitada por las
fallas de San Sebastián al Norte y El Pilar al Sur (Fig. 1). Muy particularmente, este estudio
evidencia que la depresión de Guaracayal, detectada por Caraballo (1982) en su estudio
morfológico del fondo marino del golfo de Cariaco, está limitada por dos trazas de la falla
de El Pilar dispuestas en solape dextro. Por ende, esta depresión, cuyo fondo es algo más
profundo que la zona circundante (ver Figs. 3 y 6), es una cuenca en tracción (“pull-apart
basin”) activa. Por otra parte, esta disposición geométrica de la traza activa de la falla de El
Pilar puede explicar el comportamiento sísmico mostrado por esta falla en su tramo del
golfo de Cariaco en tiempos históricos y contemporáneos. Es decir, los sismos de 1797 y
1929, de magnitud similar (entre Ms 6,0 y 6,5) y con epicentro próximo a Cumaná, deben
haber ocurrido sobre la traza norte de la cuenca en tracción de Guaracayal, mientras que los
sismos de 1684 y 1997, con magnitudes próximas a Ms 7, son responsabilidad de la traza
sur de la falla de El Pilar, que se extiende entre el Sur de la depresión de Guaracayal y la
curvatura transpresiva de Casanay-Guarapiche. Estos eventos recurren en el orden de los
130 años y 300-320 años en las trazas norte y sur que componen el tramo de la falla de El
Pilar entre Cumaná y Casanay, respectivamente. No obstante, este comportamiento sísmico
registrado en ya dos ocasiones no excluye que un sismo mayor sea producto de la ruptura
de ambas trazas contiguas, haciendo caso omiso de la presencia de la cuenca en tracción de
Guaracayal. Más aún esta barrera geométrica a la propagación de la ruptura podría ser el
foco de ese evento futuro más grande.
Fig. 5. Seriación de líneas sparker de orientación norte-sur transversas al golfo de Cariaco, dispuestas de
Oeste a Este, mostrando la(s) traza(s) de la falla de El Pilar en la cuenca en tracción de Guaracayal.
Fig. 6. Interpretación estructural preliminar de la traza submarina de la falla de El Pilar en el golfo de
Cariaco, plasmada sobre batimetría extraída de Global Mapper. Nótese las complicaciones estructurales
que introducen modificaciones topográficas, muy en particular en la depresión de Guaracayal.
Conclusiones
Los últimos dos ciclos sísmicos de la falla de El Pilar, en su segmento que se extiende entre
los cerros de Caigüire (Cumaná, edo. Sucre) al Oeste y la población de Casanay en el Este,
tal como fue definido por FUNVISIS en 1994, atestiguan que este tramo de falla ha
requerido de dos sismos contiguos para completar la ruptura de la longitud total de unos 80
km del mismo. El primer ciclo –ocurrido totalmente en tiempos históricos- está conformado
por dos eventos: Un evento en la porción más oriental de este segmento ocurrido en 1684,
cuya ruptura cosísmica fue precisada con base en excavaciones paleosísmicas en el sector
terrestre de este segmento (entre Terranova y Guarapiche, región central del edo. Sucre), y
un segundo sismo que afectó esencialmente a la ciudad de Cumaná en 1797, como se
dedujo a partir de las descripciones y daños de la época. El segundo ciclo lo conforman dos
eventos del siglo pasado, ocurridos el 17 de enero de 1929 y el 9 de julio de 1997. El sismo
de 1929 sin duda alguna ocurrió justo al Este del casco antiguo de Cumaná, en el sector
conocido como Punta Delgada, por haberse observado rupturas de superficie cosísmicas en
las salinas costeras, teniendo una longitud total de ruptura no mayor a 30 km y una
magnitud inferior a Mw 6,7. Por su parte, el sismo de Cariaco de 1997, de Ms 6,8, rompió
la superficie del terreno entre Villa Frontado y Casanay, en la prolongación hacia el Este
del golfo de Cariaco, sobre una longitud de 36 km. No obstante, de las réplicas más
someras de dicho evento se pudo establecer que dicha ruptura, aunque submarina, debía
prolongarse hacia el Oeste, dentro del golfo de Cariaco, hasta San Antonio del Golfo-
Marigüitar.
Por otra parte, la depresión de Guaracayal, delineada a partir un mapa batimétrico existente
del golfo de Cariaco, con dimensiones de unos 8 km de largo en la dirección este-oeste, 2
km de ancho y 15 m más profunda que el fondo relativamente plano circundante del golfo,
es una cuenca en tracción (“pull-apart basin”), producto de un relevo transtensivo, asociado
a un solape dextro de la traza de la falla dextral de El Pilar. En consecuencia, esta
complejidad geométrica se considera responsable del comportamiento sísmico del tramo de
la falla de El Pilar entre Cumaná y Casanay antes descrito. Adicionalmente, la traza activa
al Norte de esta depresión, de unos 30 km de longitud, es capaz de generar sismos de
magnitud próximos a Ms 6 cada 130 años, mientras la traza sur produce eventos de
magnitud próximos a 7 cada 300-320 años. Este comportamiento no es excluyente que se
pueda producir en el futuro un sismo generado por la ruptura de la totalidad del segmento
Cumaná-Casanay de la falla de El Pilar.
Agradecimientos
Queremos dejar sentado nuestro agradecimiento a nuestras instituciones (RCMG-
Université de Ghent, LGCA-Université de Savoie, FUNVISIS y CAMUDOCA), las cuales
permitieron el desarrollo de esta investigación, haciendo posible un sueño de larga data de
dos de los autores (Beck y Audemard). Los fondos para su realización fueron aportados por
el programa francés DyETI, el LGCA y FUNVISIS, al igual que una subvención por parte
de CAMUDOCA. Por otra parte, queremos agradecer a toda la tripulación del B/O
Guaiquerí II (Capitán Sergio Valenzuela, 2º a bordo José Miguel Ramírez, 3º a bordo
Marcos Gutiérrez, Maquinista Lisandro Gutiérrez, Cocinero Ventura Hernández, Pinche
Justino Alemán y Marino Miguel Ángel Ramírez), quienes en todo momento mostraron
estar presto, buena disposición, excelente humor, gran espíritu de camaradería y siempre
listos, indistintamente de la hora o la operación a realizar. Los resultados de esta
investigación están enmarcados en los Proyectos ECOS Nord PI-2003000090 y FONACIT-
2002000478 (Geodinos).
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