Jurisprudencia Interamericana sobre Prisión Preventiva
Jurisprudencia Interamericana sobre Prisión Preventiva
La Jurisprudencia Interamericana
sobre Prisión Preventiva
205
tudios fundamentales, Lima, Perú, Palestra Editores, 2005. Bovino, Alberto, “Contra la inocen-
cia”, Revista de la Asociación de Ciencias Penales de Costa Rica, año 17, núm. 23, noviembre de
2005, pp. 11-29. Camaño Viera, Diego, “Límites normativos de la duración de la prisión
preventiva”, Revista de Derecho Penal, Montevideo, Fundación Cultural Universitaria, núm.
16, 2006. Carbonell, Miguel, La reforma penal que México necesita, Monterrey, Nuevo León,
UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Renace, Red Nacional de Organizaciones Ci-
viles de Apoyo a los Juicios Orales y Debido Proceso, marzo de 2012. Centro de Estudio de
Justicia de las Américas, CEJA, Estudio de la prisión preventiva con el Código Procesal Penal peruano,
2 de agosto de 2010, en [Link]
el-Codigo-Procesal-Penal-peruano. Centro de Estudio de Justicia de las Américas, CEJA, Prisión
preventiva y reforma procesal penal en América Latina: evaluación y perspectivas, Santiago de Chile,
2008. Centro de Estudio de Justicia de las Américas, CEJA, “Un análisis del impacto de la
reforma procesal penal en la materia”, en Prisión preventiva y reforma procesal penal en América
Latina: evaluación y perspectivas, Santiago de Chile, 2009. Césano, José Daniel, “Cesación de la
prisión preventiva”, en Cubas, Víctor et al. (coords.), El nuevo proceso penal..., cit. Barreda Solór-
zano, Luis de la, “Racionalizar la prisión preventiva. Propuesta del Instituto Ciudadano de
Estudios sobre la Inseguridad (ICESI)”, en [Link]
pdf. DPLF, Due Process of Law Fundation, Independencia judicial insuficiente, prisión preventiva
deformada. Los casos de Argentina, Colombia, Ecuador y Perú, Washington, D. C., 2013, en http://
[Link]/sites/default/files/publicaciones/pdfs/Estudio%20indepedencia%20judicial%20insu-
ficiente,%20prision%20preventiva%[Link]. Granados Peña, Jaime, “El principio de la
excepcionalidad de la prisión preventiva y su aplicación práctica en Colombia”, en http://
[Link]/es/cidh/ppl/actividades/pdf/[Link]. Ippólito, Franco, “La detención
preventiva”, Revista de Derecho Constitucional, Corte Suprema de Justicia de El Salvador, núm.
19, abril-junio de 1996, en [Link]
Llobet, Javier, La prisión preventiva (límites constitucionales), San José de Costa Rica, Imprenta
y Litografía Mundo Gráfico, 1997. Nogueira Alcalá, Humberto, “Consideraciones sobre
el derecho fundamental a la presunción de inocencia”, Ius et Praxis, Chile, Universidad de
Talca, núm. 1, vol. 11, 2005. Sánchez Romero, Cecilia, “La prisión preventiva en un Estado
de derecho”, Revista de la Asociación de Ciencias Penales de Costa Rica, “Ciencias Penales”, año 9,
núm. 14, diciembre de 1997. Tavolari, Raúl, Instituciones del nuevo proceso penal. Cuestiones y ca-
sos, Santiago de Chile, Editorial Jurídica, 2005. Vial Álamos, Jorge, “Las medidas cautelares
personales en el nuevo proceso penal”, Revista Chilena de Derecho, Santiago de Chile, Ponti-
ficia Universidad Católica de Chile, vol. 29, núm. 2, 2002. Villadiego Burbano, Carolina,
“Estrategias para racionalizar el uso de la prisión preventiva”, en América Latina: mecanismos
para evaluar la necesidad de la cautela, Santiago de Chile, marzo de 2010, en [Link]
[Link]/congreso10a_rpp/CVILLADIEGO_Estrategiaspararacionalizarelusodelaprisionpreventiva.pdf.
Zepeda Lecuona, Guillermo, Los mitos de la prisión preventiva en México, México, Open Society
Institute, 2004. Hay también ya una segunda edición de 2009, en [Link]
[Link]/wp-content/uploads/2012/04/[Link].
3 OEA/Ser.L/V/II., Doc. 46/13, en [Link]
4 Sobre este particular, véase Uso abusivo de la prisión preventiva en las Américas, presentado
a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la Asociación por los Derechos Ci-
viles (ADC), el Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (DEJUSTICIA), el Centro
de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Centro de Estudios para la Justicia y la Seguridad
Ciudadana (Cerjusc), el Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos (CIDDH),
la Due Process of Law Foundation (DPLF), la Fundación Construir, la Fundación Paz Ciu-
dadana, el Instituto de Defensa Legal (IDL), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias
Penales de Guatemala (ICCPG), el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y
Sociales (Inecip), el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur), el Instituto
de Justicia Procesal Penal y la Rede Justicia Criminal, en el 146o. periodo de sesiones de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Washington, D. C., 1o. de noviembre de
2012), en [Link]
EkQFjAGOBQ&url=http%3A%2F%[Link]%[Link]%3FfileId%3D690&ei=
sjOMUobjGJOA2AXXiYHYCg&usg=AFQjCNHMmkWolW04RaUC3ZLrT4htwRKpug&bvm=bv.
56643336,d.b2I.
5 Riego, Cristian, Una nueva agenda para la prisión preventiva en América Latina, Centro de
Latina. Evaluación y perspectivas (vol. 2), Santiago de Chile, Centro de Estudio de Justicia de las
Américas, CEJA, 2011, pp. 171 y ss.
11 Corte IDH, Caso Acosta Calderón vs. Ecuador. Fondo, reparaciones y costas, sentencia del 24
el logro de los objetivos indicados en la regla 6.1 y deberá ser aplicada con hu-
manidad y respeto por la dignidad del ser humano. 6.3 El delincuente tendrá
derecho a apelar ante una autoridad judicial u otra autoridad independiente
y competente en los casos en que se imponga prisión preventiva.
Este principio fue establecido por la Corte al resolver el caso del señor
Oscar Barreto en contra del Estado Venezolano.
Oscar Barreto Leiva fue un funcionario del segundo gobierno de Car-
los Andrés Pérez (1988-1992) que resultó condenado en 1996, junto con el
exmandatario venezolano, por malversación de fondos pertenecientes a la
“partida secreta” del entonces Ministerio de la Secretaría de la Presidencia
de Venezuela.
Barreto, quien fue el director general sectorial de administración y ser-
vicios del Ministerio de la Secretaría de la Presidencia de la República, de-
claró que en 1992 fue llamado como testigo en un juicio que se le seguía al
entonces expresidente Andrés Pérez, y que de pronto, inesperadamente, él
también fue imputado y sometido a juicio sin que se le dijera por qué delito
se le acusaba, sin que se le permitiera conocer el expediente y sin que pudie-
ra ser asesorado por un abogado. Oscar Barreto fue sometido a prisión pre-
ventiva y posteriormente condenado a un año y dos meses de cárcel por el
delito de malversación de fondos por la Corte Suprema de Justicia, órgano
cuyas decisiones son inapelables. La prisión preventiva a que fue sometido
el señor Barreto se prologó por un año, dos meses y dieciséis días, es decir
que la prisión preventiva duró 16 días más que la propia condena.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos dicto su sentencia el
17 de noviembre del 2009, declarando responsable solo de manera parcial
al Estado de Venezuela, pero específicamente en relación con la medida
cautelar de prisión preventiva, sostuvo lo siguiente:
convierta en un incentivo para que el juez declare la culpabilidad del procesado, y que el
tiempo de permanencia bajo dicha medida cautelar sea un referente para que el juez deter-
mine la extensión de la pena de prisión.
…el Estado puede ordenar la prisión preventiva cuando se cumpla con los
requisitos necesarios para restringir el derecho a la libertad personal, existan in-
dicios suficientes que permitan suponer razonablemente la culpabilidad de la
persona sometida a un proceso y que sea estrictamente necesaria para asegu-
rar que el acusado no impedirá el desarrollo eficiente de las investigaciones ni
eludirá la acción de la justicia.16
16 Corte IDH, Caso Palamara Iribarne vs. Chile. Fondo, reparaciones y costas, sentencia del 22
Para que se cumpla con este requisito, debe existir un peligro real de
evasión de la justicia, uno que pueda apreciarse objetivamente, uno que
verdaderamente pueda hacer suponer que el acusado va a huir, lo que no
debería ocurrir en los casos en que por razones de negligencia pública, co-
rrupción, falta de control o falta de eficiencia de las autoridades policiacas
de un Estado, un procesado tenga posibilidades de escapar. Dicho más cla-
ramente, el Estado no puede justificar la imposición de la prisión preventiva
solo porque no tiene suficientes recursos para perseguirla en caso de fuga,
o porque no tiene recursos para volverla a localizar. Un Estado no puede,
por ningún motivo, hacer recaer en el ciudadano sus carencias, ineptitudes
o deficiencias. Nunca el Estado puede justificar la prisión de un 40% de
personas que en teoría se deben considerar presuntamente inocentes, solo
porque dice carecer de medios suficientes para asegurar que permanecerán
en el lugar del juicio y acudirán al proceso.
Adicionalmente, en el Caso Palamara Iribarne la Corte también precisó
que “al ordenarse medidas restrictivas de la libertad es preciso que el Esta-
do fundamente y acredite la existencia, en el caso concreto, de los referidos
requisitos…”.17
Lo anterior implica que para que se pueda decretar la prisión preventi-
va en contra de una persona, el Estado debe fundamentar jurídicamente y
acreditar los requisitos antes explicados.18
Son estos, precisamente, los elementos que deben ser revisados por el
tribunal de alzada cuando el procesado impugna la medida cautelar de pri-
sión preventiva.
17 Idem.
18 Sobre este caso se puede ver también: Aguirre Bravo, Luppy, “El Caso Palamara Iribarne
vs. Chile”, Revista de Estudios de la Justicia, Facultad de Derecho, Universidad de Chile, núm. 9,
año 2007.
cía ecuatoriana, era desarticular una de las más grandes organizaciones del
narcotráfico internacional. Esta detención estuvo motivada por una orden
policial emitida a raíz de una presunta denuncia hecha por residentes de la
ciudad de Quito, quienes manifestaron que los ocupantes de un vehículo
“Trooper” se encontraban incinerando lo que, en apariencia, era droga.
En virtud de ello, el señor Suárez Rosero fue detenido, llevado a las ofi-
cinas de Interpol en Quito, incomunicado por 36 horas y sometido a tratos
crueles e inhumanos para obtener su confesión, tras lo cual, le fue determi-
nada la medida de prisión preventiva, con motivo de la cual permaneció
preso por casi cuatro años.
El Estado ecuatoriano, en su escrito de contestación a la demanda, ar-
gumentó que el señor Suárez Rosero había sido detenido de esa manera y
procesado en esos términos, debido a que había sido acusado por “delitos
graves que atentan contra la niñez, juventud y en general contra toda la
población ecuatoriana”.
De igual manera, Ecuador adujo en sus alegatos que al señor Suárez se le
había mantenido en prisión, en razón de lo que entonces disponía el artícu-
lo 114 bis del Código Penal ecuatoriano que, en esencia, señalaba que las
personas que hubiesen estado detenidas en prisión preventiva por un tiempo
igual o mayor a la mitad del establecido como pena máxima para el delito
del cual estuviesen acusados, serían puestos en libertad, salvo “aquellos que
estuviesen encausados por delitos sancionados por la Ley sobre Sustancias
Estupefacientes y Psicotrópicas”, que era el caso del señor Suárez Rosero.
La Corte Interamericana examinó cuidadosamente el punto a debate,
y comenzó precisando lo siguiente: “Aunque las dos primeras disposiciones
del artículo 114 bis del Código Penal ecuatoriano asignan a las personas
detenidas el derecho de ser liberadas cuando existan las condiciones indi-
cadas, el último párrafo del mismo artículo contiene una excepción a dicho
derecho”.19
Acto seguido, precisó: “La Corte considera que esa excepción despoja
a una parte de la población carcelaria de un derecho fundamental en virtud
del delito imputado en su contra y, por ende, lesiona intrínsecamente a todos los
miembros de dicha categoría de inculpados”.20
En orden a ello, la Corte Interamericana determinó: “En conclusión,…
que la excepción contenida en el artículo 114 bis citado infringe el artículo
2 de la Convención por cuanto el Ecuador no ha tomado las medidas ade-
19 Corte IDH, Caso Suárez Rosero vs. Ecuador. Fondo, sentencia del 12 de noviembre de
fensa de las tierras del pueblo Garífuna de Honduras, frente a los intereses
de consorcios privados dedicados a la explotación inmobiliaria y al turismo.
El 26 de abril de 1994, cuando el señor López Álvarez llegaba al pueblo
en el que residía, y justo cuando se disponía a bajar del automóvil que uti-
lizaba para los menesteres de la comunidad, fue interceptado por un grupo
de militares armados que rodearon el auto y lo sometieron tirándolo al suelo
boca abajo, tras lo cual, fue detenido y llevado al departamento de investi-
gación militar para ser interrogado y coaccionado con objeto de que reco-
nociera como suyos dos paquetes que, supuestamente, contenían cocaína.
Al cabo de un largo y tortuoso proceso judicial por posesión, venta y tráfico
de drogas, el señor López Álvarez fue declarado inocente de los cargos im-
putados, no obstante lo cual, estuvo privado de su libertad en condiciones
sumamente insalubres y degradantes, durante un total de seis años y cuatro
meses.
El pueblo Garufa de Triunfo de la Cruz, ubicado a la orilla del Mar
Caribe en un sitio casi paradisiaco, desde hace años ha estado en la mira
de diversos promotores inmobiliarios y turísticos. Esta es la razón por la
que el pueblo Garufa se ha tenido que organizar para defender sus tierras,
y el motivo por el cual los pobladores de dicha región han sido acosados
continuamente. De ahí que, durante la consecución del juicio ante la Corte
Interamericana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos haya
afirmado que existían claros indicios para considerar que la privación de
libertad del señor López Álvarez había sido realizada con el objetivo de in-
hibirlo de su participación como defensor de las tierras comunitarias de su
pueblo, y que del procedimiento penal seguido en su contra se desprendía
que los tribunales de justicia no habían investigado nunca la posibilidad
de que la potestad pública pudiera haber sido utilizada para fines distintos
a los establecidos en el ordenamiento jurídico, mediante actos dotados de
apariencia legal.22
En cuanto a la medida de prisión preventiva que le fue impuesta al
señor López Álvarez por más de seis años, la Corte estimó que al haber
mantenido el Estado hondureño al señor López Álvarez bajo prisión pre-
ventiva, se había violado su derecho a no ser sometido a detención o en-
carcelamiento arbitrarios, consagrado en la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, y al respecto precisó: “Las características personales
del supuesto autor y la gravedad del delito que se le imputa no son, por sí mismos,
sión Interamericana de Derechos Humanos durante su defensa del Caso López Álvarez, ante
la sospecha fundada, los jueces se dieran a la tarea de investigar si la potestad punitiva del
Estado fue o no utilizada con fines ilegítimos, a través de actos dotados de apariencia legal.
III. Conclusiones
JURÍDICA
Interamericana de Derechos Humanos
Este artículo presenta una reflexión sobre el desarrollo jurisprudencial de la Corte intera-
Liliana mericana en torno a la tortura. A partir del tratamiento que el Tribunal da a los diferentes
Galdámez* elementos implicados en la definición normativa de la tortura, la autora desarrolla el análisis
de las tres etapas que considera marcan la definición de los criterios y estándares aplicados
por la Corte.
Palabras claves: Tortura, Derecho a la Integridad, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte Europea, Latinoamérica, Uso de
la Fuerza, Tratos Crueles e Inhumanos.
L
a prohibición internacional de la tortura está con-
tenida en las más importantes declaraciones y crimen organizado y el terrorismo.1
convenciones sobre derechos humanos. Si bien Sin embargo esta universalidad ha sido severamen-
todos los instrumentos internacionales contienen te cuestionada e incluso acusada de ser una visión puramente
similares elementos para la construcción de la noción de tortura, occidental (Algostino 2005, 250). Quienes niegan el principio
* Abogada. Cursa estudios de doctorado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, España. [Link]@[Link]. 89 | AÑ
1 En este sentido: (i) Amnistía Internacional señala que: “En la presentación del Informe 2005 la secretaria general de la organización, Irene Khan, dijo:
“Los gobiernos están incumpliendo las promesas que han hecho en materia de derechos humanos. Se está elaborando una nueva agenda en la que
AÑO I
se utiliza el lenguaje de la libertad y la justicia para aplicar políticas de miedo e inseguridad. Con tal fin se está intentando, entre otras cosas, redefinir
la tortura para hacerla admisible […] Los intentos del gobierno estadounidense de suavizar la prohibición absoluta de la tortura por medio de nuevas
Número 2
políticas y de terminología cuasi administrativa como ‘manipulación medioambiental’, ‘posturas estresantes’ y ‘manipulación sensorial’, fueron uno de
los ataques más perjudiciales a los valores globales…” Ver: [Link]
(ii) Por su parte, Human Rights Watch (2006): “…[e]l Informe mundial de 2005 puso en evidencia el surgimiento de varios destacados poderes que
ahora consideran la tortura con múltiples pretextos para considerarla una seria opción policial. Cualquier discusión sobre abusos a detenidos en 2005
| SEPTIEMBRE DE 2006
debe comenzar con los Estados Unidos, no porque sea el peor violador de los derechos humanos, sino porque es el de mayor influencia […] El
Presidente Bush continuó asegurando engañosamente que los Estados Unidos no torturan a sospechosos, pero esas afirmaciones están lejos de ser
creíbles. Para empezar con lo que la administración entiende por el término tortura […] Hasta agosto de 2002, la administración había definido la
tortura como un dolor o sufrimiento «equivalente al que se asocia con serios daños o lesiones que causan la muerte, fallos de órganos o permanentes
lesiones como resultado de la pérdida significativa de funciones corporales, buscados intencionalmente». En diciembre de 2004, la administración
rechazó esta absurda y limitada definición, pero no ofreció una definición alternativa […] La clásica forma de tortura que la administración continúa
defendiendo sugiere que esta definición es inadecuada. En marzo de 2005, Porter Gross, Director de la CIA, justificaba el «submarino», terrible tortura
en que a las víctimas se les hace creer que serán ahogadas. La CIA instituyó aparentemente el «submarino» a principios de 2002 como una de las seis
«técnicas de interrogatorio reforzadas» para sospechosos escogidos de terrorismo […] El Tte. Gral. Michael V. Hayden, director adjunto de inteligencia
y uno de los supervisores de la CIA, explicaba a un grupo de derechos humanos en agosto que los interrogadores de [Link]. tenían la obligación de
usar toda su autoridad disponible para luchar contra el terrorismo. «Somos bastante agresivos dentro de la ley» explicaba, «estamos rozando la línea».”
Ver: [Link]/.
La noción de tortura en la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos
de la universalidad sostienen que la validez de una norma es 1, abre la posibilidad de dar preferencia a otros instrumentos
determinada exclusiva o principalmente por la cultura (Donnelly que dispongan normas de mayor alcance, siendo éste uno de
2003, 89-90; Macklem 1993, 1335), o que aún dentro de las los antecedentes en que se fundamenta el desarrollo progresivo
JURÍDICA
L
a regulación normativa de la tortura en el ámbito in- de un agente del Estado.
ternacional se dirige fundamentalmente a instituir su En el sistema interamericano la Convención Intera-
prohibición absoluta.2 La noción de tortura es abor- mericana contra la Tortura contempla la actuación de “emplea-
dada exclusivamente por la Declaración y Convención dos o funcionarios públicos” que actuando “en ese carácter”
Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles Inhumanos o “ordenen, instiguen, induzcan a su comisión”, o bien “lo come-
Degradantes de NU y por la Convención Interamericana para tan directamente” o incluso llega a considerar que el Estado es
Prevenir y Sancionar la Tortura. Carlos Villán Durán (2004) plan- responsable, cuando “pudiendo impedirlo, no lo haga”. Con rela-
tea que si bien la definición contenida en la Convención de UN ción a la participación de particulares, considera que igualmente
contra la Tortura es restrictiva, la cláusula segunda del artículo se comete tortura cuando dicha persona actúa a “instigación
(iii) Naciones Unidas (2004) ha manifestado a través de sus diversos órganos su gran preocupación por la situación de los derechos humanos en el
mundo. Particularmente ha denunciado las crecientes amenazas a la protección de la persona contra la tortura y los otros tratos o penas crueles
90 | REVISTA CEJIL
inhumanos y degradantes. El Informe del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, de octubre de 2004, señala que “…los mecanismos de
derechos humanos, incluidos los procedimientos especiales, habían determinado que diversos derechos se encontraran bajo presión como resultado
de las medidas de lucha contra el terrorismo. Entre esos derechos se incluían el derecho a la vida, y el derecho a no ser sometido a torturas y a tratos
o penas crueles, inhumanos o degradantes…” .
2 En el mismo sentido, Ana Salado Osuna (2005, 97): “ Los malos tratos (la tortura y las penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes) están
prohibidos en el Derecho Internacional contemporáneo con carácter absoluto en el sentido de que no pueden ser objeto de derogación, ni siquiera
en caso de peligro público que amenace la vida de la nación. De ahí que en la actualidad tales prohibiciones tengan una doble dimensión normativa:
norma del Derecho Internacional general (obliga a todos los Estados al margen de cualquier vínculo convencional) y norma convencional (obliga a
todos los Estados que están vinculados con el tratado de derechos humanos que contenga la prohibición). Sin embargo, sólo la tortura en tanto norma
del Derecho Internacional general ha alcanzado la categoría de ius cogens (imperativa y perentoria)”.
Liliana Galdámez
de los funcionarios públicos o empleados públicos” y, en esta ometido; c) como medio para intimidar, coa
sospecha que ha cometido; coac-
condición, ordene, instigue o induzca a su comisión, sea que lo cionarla a ella o a un tercer
ero; d) por
tercero; or razón de discriminación.
cometa directamente o en calidad de cómplice.
JURÍDICA
Parte de la doctrina ha considerado que la tortura
Í
es esencialmente un delito de Estado (Tomas y Valiente 1994,
La finalidad de la tortura ha sido recogida en
233 y 234). Sin apartarse de la exigencia de un sujeto activo
calificado, existe un importante desarrollo por parte de los órga- los instrumentos internacionales, que no por
nos de control internacional que admite la responsabilidad del ello han dejado de incorporar finalidades más
Estado por actos de particulares. Esta responsabilidad se funda- amplias de las concebidas en el pasado, ya que
menta en el bien jurídico protegido: la integridad personal, que
lamentablemente su práctica ha permitido
también implica para el Estado obligaciones positivas, o deber
apreciar en el ánimo de los autores nuevos
de diligencia, cuyo fin es “evitar” que tanto poderes públicos
como particulares puedan atentar contra este derecho (Villán objetivos, como la búsqueda de la aniquilación
Durán 2004, 59). de la personalidad o el control social.
El elemento teleológico es uno de los aspectos de
más amplio debate en la doctrina y se refiere a la finalidad u
objetivo de la tortura.3 Probablemente este elemento se ha
mantenido presente en la noción de tortura por razones históri- La Convenció
Convención ión Inter
eramericana, por su parte, amplía
Interamericana,
cas. Tomas y Valiente (1994 ,99) sintetiza la noción de tortura riores, y refiere
los criterios anteriores, re al elemento
t tteleológico
l ló como
conocida en España entre los S. XVI y XVII, como “una prueba alidad: a) servir como “medio de investi-
aquél que tiene por finalidad:
del proceso penal, subsidiaria y reiterable, destinada a provocar medida preventiva”; d) como
gación criminal”; b) “castigo”; c) “medida com
por medios violentos la confesión de culpabilidad de aquel con- “pena”, o, e) “con cualquier otro fin”. También considera como
tra quien hubiera ciertos indicios; o dirigida, a veces, a obtener tortura aquella cuya finalidad es: f) “anular la personalidad de la
la acusación del reo contra sus cómplices, o también a forzar víctima” o g) “disminuir su capacidad física o mental aunque no
las declaraciones de los testigos”. La finalidad de la tortura ha causen dolor físico o angustia psíquica”.
sido recogida en los instrumentos internacionales, que no por A diferencia de la Declaración y la Convención en
ello han dejado de incorporar finalidades más amplias de las contra de la Tortura del sistema de Naciones Unidas, en el siste-
concebidas en el pasado, ya que lamentablemente su práctica ma interamericano se introduce un tipo abierto: “cualquier otro
ha permitido apreciar en el ánimo de los autores nuevos obje- fin” que implica que la conducta debe tener una finalidad, sin
tivos, como la búsqueda de la aniquilación de la personalidad o que sea determinante su contenido. Respecto al elemento te-
el control social. leológico la doctrina oscila entre considerarlo el único elemento 91 | AÑO I
Tanto la Declaración de Naciones Unidas de 1975 que diferencia la tortura de los otros tratos (Rodley 2002, 491)
como la Convención contra la Tortura de 1984, se refieren al y aquellos que le consideran irrelevante.
Finalmente, en cuanto al resultado de la conducta o
Número 2
ro; b) un medio de castigo, por un hecho que ha cometido o se sean físicos o mentales”. En términos similares se refiere a ella la
3 Para D. J. Harris, M. Boyle, y C. Warbrick (1995, 60) la cuestión que delimita la noción de tortura es la intensidad o gravedad del sufrimiento cuando
ese dolor es producido con intención de dañar, en relación al elemento teleológico estima que su concurrencia no marca diferencias en la práctica:
“Provided that the sadistic infliction of suffering can be regarded as being for a purpose, this additional requirement probably makes no difference in
practice. Because of the absolute nature of article 3, the causing of ‘very serious and cruel suffering’cannot be saved from being torture on the ground,
for example, that its purpose is not extract information from terrorists that will protect innocent lives”.
La noción de tortura en la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos
Convención de Naciones Unidas: “dolores o sufrimientos graves, La intencionalidad es un elemento común a todas las
ya sean físicos o mentales”. Para la Convención Interamericana convenciones internacionales, y se ha interpretado por algunos
es necesario que la acción produzca “penas o sufrimientos fí- sectores como la voluntad, intención o ánimo del sujeto activo
JURÍDICA
sicos o mentales”, la gravedad o intensidad del sufrimiento no de “torturar” o causar dolor, lo que implicaría que aquellas con-
aparece señalada de manera expresa. La consideración de la ductas que, no obstante responder al criterio del autor --agente
intensidad del sufrimiento será desarrollada posteriormente por del Estado-- tener una finalidad y producir un resultado especí-
la Corte Interamericana en su jurisprudencia. fico, sean ejecutadas sin “intención de”, no serían consideradas
Los criterios para determinar la “gravedad o intensi- tortura a efectos de estas declaraciones. Arribar a esta conclu-
dad del sufrimiento”, han sido abordados por la jurisprudencia sión parece difícil considerando el actual contexto internacional,
4
de los tribunales internacionales de derechos humanos. Para especialmente en lo que se refiere a aplicación de medidas de
su examen se consideran dos contenidos: unos de orden obje- incomunicación y aislamiento en el marco de medidas especia-
tivo y otros de naturaleza subjetiva. Los contenidos objetivos, se les aplicadas a delitos de terrorismo, por lo que el elemento in-
refieren a las circunstancias del caso concreto, mientras que la tencional tiende a debilitarse en el tratamiento jurisprudencial.6
estimación del sufrimiento en su contenido subjetivo se analiza Los elementos señalados, en su conjunto --agente
caso a caso. Está directamente vinculada a la víctima, a sus con- calificado, elemento teleológico, intencionalidad y resultado de
diciones específicas como su edad, salud y, por su naturaleza la acción-- definirán la noción de tortura. La gravedad del su-
puede variar en el tiempo, perspectiva que dará argumento a la frimiento y elemento teleológico serán dos aspectos constantes
Corte para la calificación de un hecho como tortura de manera en el desarrollo jurisprudencial. El tratamiento de la tortura en
evolutiva, como más adelante se verá. consideración a estos elementos también es aplicado por otros
Asimismo, se considera que el “sufrimiento o dolor”, órganos especializados dedicados a la verificación para efectos
Debates sobre Derechos Humanos y el Sistema Interamericano
puede tener connotaciones tanto físicas como psíquicas y am- de resarcimiento por graves y masivas violaciones al derecho a
bas afectaciones pueden llegar a constituir tortura. Pero no todo la integridad personal.7
sufrimiento corresponde a la hipótesis de tortura u otros tratos.
Las declaraciones y convenciones internacionales admiten que,
en los casos de: “privación legítima de libertad” (Declaración
contra la Tortura), o “sanciones legítimas” (Convención contra la
Tortura) o “medidas legales” (Convención Interamericana contra
la Tortura), se produzca un dolor o sufrimiento como resultado
inherente a la aplicación de la medida.5
4 Ana Salado Osuna (2005, 102) analiza la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo y señala. “ El TEDH, en el caso Irlandés, fundamentó su decisión
sobre la base del criterio de gravedad de los sufrimientos inflingidos a las presuntas víctimas, reconociendo a este respecto que el criterio de
‘gravedad’ es por su propia naturaleza ‘relativo’, y depende ‘del conjunto de las circunstancias del caso y, especialmente de la duración de los malos
tratos y de sus efectos físicos o mentales y a veces del sexo, la edad, el estado de salud de la víctima, etc.’…Con posterioridad, también se ha referido
a otros criterios personales tales como la vulnerabilidad de la víctima”.
5 En el Caso Lori Berenson Mejía, la Corte señala que “las sanciones penales son una expresión de la potestad punitiva del Estado e ‘implican menoscabo,
privación o alteración de los derechos de las personas, como consecuencia de una conducta ilícita’. Sin embargo, las lesiones, sufrimientos y daños
a la salud o perjuicios sufridos por una persona mientras se encuentra privada de libertad pueden llegar a constituir una forma de pena cruel, cuando,
92 | REVISTA CEJIL
debido a las condiciones de encierro, exista deterioro de la integridad física, psíquica y moral, que está estrictamente prohibido por el inciso 2 del
artículo 5 de la Convención. Las situaciones descritas son contrarias a la ‘finalidad esencial’ de las penas privativas de la libertad, como establece el
inciso 6 del citado artículo, es decir, ‘la reforma y la readaptación social de los condenados’. Las autoridades judiciales deben tomar en consideración
estas circunstancias al momento de aplicar o evaluar las penas establecidas”. Corte IDH. “Caso Lori Berenson Mejía vs. Perú”. Sentencia de 25 de
noviembre de 2004. Serie C. No. 119, párr. 101.
6 En el caso Peers c Grecia, el Tribunal Europeo consideró que la ausencia de intención en el autor no es razón para descartar la violación al artículo 3 del
CEDH. “In the light of the foregoing, the Court considers that in the present case there is no evidence that there was a positive intention of humiliating
or debasing the applicant. However, the Court notes that, although the question whether the purpose of the treatment was to humiliate or debase the
victim is a factor to be taken into account, the absence of any such purpose cannot conclusively rule out a finding of violation of Article 3..”. European
Court H.R., Case Peers v. Greece, Judgement of 19 April 2001, para. 74.
Liliana Galdámez
La noción de tortura en la jurisprudencia prueba directa que la víctima fue torturada físicamente:
JURÍDICA
sometían a los detenidos a vejámenes, crueldades y torturas
L
os matices contenidos en las definiciones normativas
representa la inobservancia, por parte de Honduras, del deber
de la tortura y la escasa noción de los “otros tratos”,
que impone el artículo 1.1, en relaciónn con los párrafos 1 y 2
han inducido a la Corte Interamericana a emprender del artículo 5 de la Convención.
vención. En efecto, la garantía física de
un trabajo minucioso para su delimitación. En el de- toda persona y de que todo aquél que ue sea privado de su liber-
sarrollo de la noción de tortura llevado a cabo por la Corte tad sea tratado respeto
atado con el res speto debido
bido a la dignidad inherente
hemos distinguido tres etapas o fases, que expresan el desa- al ser humano, imp
implica
plica la prevención
p razonable de situaciones
virtualmente esivas de los derechos protegidos.9
lesivas
tualmente le
rrollo paulatino de los distintos elementos o hipótesis en que se
comete tortura.
7 En Chile, el 24 de diciembre de 2004, la “Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura” publica en el Diario Oficial el resultado de su investigación
Número 2
acerca de las violaciones al derecho a la integridad y libertad personales ocurridas en el país entre septiembre de 1973 y diciembre de 1990. Según
el informe, 28.459 personas fueron víctimas de tortura y prisión política. Para la calificación de los actos la Comisión combinó los elementos de la
definición de tortura contenidos en la Convención de N.U. contra la tortura y la Convención Interamericana para prevenir y sancionar la tortura. Los
fines que persiga el agente pueden tener distinto carácter (no tienen que ser taxativos) y se requiere, asimismo, que el victimario sea un agente del
| SEPTIEMBRE DE 2006
Estado o cualquier persona en ejercicio de funciones públicas. Cabe hacer notar que existe responsabilidad respecto de la tortura aun en casos de
conducta pasiva, de omisión de un deber jurídico de actuar. Para más detalles ver [Link]
8 Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el estudiante Manfredo Velásquez Rodríguez, había sido detenido violentamente sin mediar
orden judicial, por elementos de la inteligencia de las Fuerzas Armadas de Honduras. Según testigos, había sido llevado junto con otros detenidos
a Estaciones de la Fuerza de Seguridad Pública, donde habría sido sometido a torturas, mientras los cuerpos policiales negaban su detención. El
gobierno admitió su desaparición no obstante no reconoció su detención. Corte IDH. Caso “Velásquez Rodríguez Vs. Honduras”. Sentencia de 29 de
julio de 1988. Serie C No. 4.
9 Ibíd., párr. 187.
10 La Corte resuelve en el mismo sentido en el Caso Godínez Cruz v.s. Honduras. Sentencia de 20 de enero de 1989. Serie C. No. 3; Caso Castillo
Páez v.s. Perú. Sentencia de 3 de noviembre de 1997. Serie C. No. 34; Caso Bámaca Velásquez v.s Guatemala. Sentencia de 25 de noviembre de
2000. Serie C. No. 70.
11 En el Caso Mojica contra República Dominicana, de 10 de agosto de 1994, el Comité presume que la víctima fue sometida a tortura.
La noción de tortura en la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos
condición de víctima de violación al artículo 3 a los familiares del Enseguida, refiriéndose a la sentencia del Tribunal
desaparecido, no a la víctima directa de la desaparición. Europeo de Derechos Humanos en el caso Irlanda vs. Reino Uni-
La consideración de que la víctima fue sometida a do16, la Corte concluye que, como ha dicho el TEDH: “…aún en
JURÍDICA
tratos crueles e inhumanos responde a que fue sometido a un ausencia de lesiones, los sufrimientos en el plano físico y moral,
“aislamiento prolongado” y a una “incomunicación coactiva”. En acompañados de turbaciones psíquicas durante los interroga-
14
el Caso Loayza Tamayo de 1997, la Corte introduce dos cues- torios, pueden ser considerados tratos inhumanos. El carácter
tiones relevantes: determina en qué casos el uso de la fuerza degradante se expresa en un sentimiento de miedo, ansia e infe-
puede comprometer una violación al artículo 5 y verifica que en rioridad con el fin de humillar, degradar, y de romper la resistencia
la violación del derecho a la integridad personal pueden obser- física y moral de la víctima…”.17 La Corte consideró que María
varse diversas connotaciones o grados, que van desde la figura Loayza había sido sometida a tratos crueles e inhumanos.
agravada (tortura) hasta los tratos degradantes. En esta sentencia aparece por primera vez una deli-
En cuanto al uso de la fuerza, la Corte considera que mitación general a la violación al artículo 5, admitiendo que no
cualquier uso de la fuerza que no sea necesario, teniendo en todo uso de la fuerza implica necesariamente su infracción, y
cuenta el comportamiento del detenido, “constituye un atenta- que una vez que la infracción se produce es posible apreciar
do a la dignidad personal”, por el contrario, no todo uso de la distintos rangos, que van desde la tortura --figura agravada--
fuerza implica una vulneración al derecho a la integridad. El uso hasta los tratos degradantes a los que identifica por el senti-
de la fuerza deja de ser legítimo cuando “no es estrictamente miento de humillación que provocan en la víctima.
necesario”; más allá de este límite, entramos en el ámbito de
protección del artículo 5. Segunda Fase
Respecto a las distintas gradaciones en la infracción A continuación hemos querido distinguir una segunda etapa
Debates sobre Derechos Humanos y el Sistema Interamericano
al derecho a la integridad personal, la Corte ha dicho que se señalada por en el momento en que la Corte se aparta de su
trata de “…una clase de violación que tiene diversas connota- anterior criterio y considera tortura tratos que antes consideró
ciones de grado y que abarca desde la tortura hasta otro tipo como crueles e inhumanos. Esta etapa se inicia con la sentencia
de vejámenes o tratos crueles, inhumanos o degradantes, cuyas del Caso Cantoral Benavides del año 2000,18 donde el Tribunal
secuelas físicas varían de intensidad según factores endógenos sostiene por primera vez la tesis de la necesidad de una “pro-
y exógenos que deberán ser demostrados en cada situación tección progresiva de los derechos humanos” y, alejándose del
15
concreta”. En consecuencia, concluye la Corte, la valoración razonamiento sostenido en el caso Loayza Tamayo, considera
de las secuelas se realizará caso a caso, considerando para ello que la víctima fue sometida a tortura. La mayor calificación, no
tanto factores internos como externos, por lo que su calificación obstante tratarse de casos cuyas circunstancias se asemejan
puede variar de un caso a otro. (las víctimas habían sido detenidas y acusadas del delito de “trai-
12 Artículo [Link] 2 “Todo acto de desaparición forzada sustrae a la víctima de la protección de la ley y le causa graves sufrimientos, lo mismo que
a su familia. Constituye una violación de las normas del derecho internacional que garantizan a todo ser humano, entre otras cosas, el derecho al
reconocimiento de su personalidad jurídica, el derecho a la libertad y a la seguridad de su persona y el derecho a no ser sometido a torturas ni a otras
penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Viola además el derecho a la vida o lo pone gravemente en peligro”.
13 Eur. Court H.R., Case Kurt v. Turkey. Judgement of 25 May, 1998, para 116 y 117.
14 En febrero de 1993 María Loayza Tamayo, fue arrestada, junto a un familiar, sin orden de detención. Fue acusada de colaborar con el grupo “Sendero
94 | REVISTA CEJIL
Luminoso”. Durante 10 días permaneció incomunicada, sin que le fuera permitido contactar a su familia ni a un abogado, quienes tampoco fueron
informados acerca de su detención. Según la denuncia durante su incomunicación fue torturada, y sujeta a tratos crueles inhumanos y degradantes,
con el fin de que reconociera su pertenencia al grupo armado, respecto a lo cual ella declaró ser inocente. Fue presentada a la prensa con traje
infamante, y se le imputó el delito de traición a la patria. Corte IDH. Caso Loayza Tamayo v.s Perú. Sentencia de 17 de septiembre de 1997. Serie
C No. 33.
15 Ibíd., párr. 57.
16 Eur. Court H.R., Case Ireland v. United Kingdom. Judgement of 18 January, 1978 para 167.
17 Caso Loayza Tamayo v.s Perú, supra nota 14, párr. 57.
18 Según la demanda, la víctima habría sido privada ilegalmente de su libertad, encarcelada y sometida a tratos crueles inhumanos y degradantes. Corte
IDH. Caso Cantoral Benavides v.s Perú. Sentencia de 18 de agosto de 2000. Serie C No. 69.
Liliana Galdámez
ción a la patria” y “terrorismo”, les fueron aplicados regímenes derarse infringida la mencionada disposición, aunque el riesgo
carcelarios idénticos y mientras estaban privadas de libertad, de que se trata debe ser real e inmediato. En concordancia ame-
fueron golpeadas y amenazadas) responde a: “...las crecientes nazar a alguien con torturarle puede constituir, en determinadas
JURÍDICA
exigencias de protección de los derechos y de las libertades circunstancias, por lo menos «un trato inhumano»”.23 Asimismo,
fundamentales” a la que “debe corresponder una mayor firmeza la Corte se refiere al Comité de Derechos Humanos de N Naciones
al enfrentar las infracciones a los valores básicos de las socie- Unidas, que ha calificado “laa amenaza
za de hacer sufrir a una pper-
dades democráticas”.19 psicológica”.24
sona una grave lesiónn físicaa como una tortura psi
En su apreciación, el Tribunal considera las circuns-
tancias del caso,20 el contexto en que ellas se producen y califi-
La Corte recuerda lo que ha dicho el TEDH,
ca los actos como tortura física y psicológica, considerando que
fueron cometidos intencionalmente con “…un doble propósi-
que ciertos actos que en el pasado fueron
to. En la fase previa a la condena, para suprimir su resistencia calificados como tratos inhumanos, pueden ser
psíquica y forzarlo a autoinculparse o a confesar determinadas calificados en el futuro como tortura, ello por
conductas delictivas. En la etapa posterior a la condena, para la necesidad de una protección progresiva a los
someterlo a modalidades de castigos adicionales a la privación derechos humanos y la exigencia de una mayor
de libertad en sí misma”.21 La Corte recuerda lo que ha dicho
“firmeza” para censurar las violaciones, ya que
el TEDH, que ciertos actos que en el pasado fueron califica-
dos como tratos inhumanos, pueden ser calificados en el futuro
la integridad personal y la dignidad del hombre
como tortura, ello por la necesidad de una protección progresiva son valores fundamentales en las sociedades
a los derechos humanos y la exigencia de una mayor “firmeza” democráticas.
para censurar las violaciones, ya que la integridad personal y la
dignidad del hombre son valores fundamentales en las socieda-
des democráticas.
Desde el criterio
riterio de la necesidad de una protección
La sentencia, asimismo, aborda la hipótesis de la tor-
progresiva, la Corte argumentaráá su cambio de criterio, bajando
tura psicológica, contenida en la normativa internacional, tam- el umbral del dolor para los actos que considera tortura, hacien-
bién planteada por la jurisprudencia del TEDH. La Corte señala do operativo lo que ya declaró en el caso Loayza Tamayo: el
que según las normas internacionales de protección, no sólo la análisis de la violación caso a caso.
violencia física, sino también aquella que produce un sufrimiento En las sentencias analizadas hasta ahora, la Corte
psíquico, o moral agudo,22 puede ser considerada como tortura. combina el elemento teleológico y la intensidad del sufrimiento
Recuerda lo que ha dicho la Corte Europea: “es suficiente el para la definición de la hipótesis de tortura, a partir del caso 95 | AÑO I
mero peligro de que vaya a cometerse alguna de las conductas Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala del año 2000,25 dará
del artículo 3 de la Convención Europea para que pueda consi-
Número 2
20 “Existen suficientes elementos para afirmar que, además de haber sido incomunicado, y haber sido sometido a condiciones de reclusión muy hostiles
y restrictivas [...] fue en varias ocasiones golpeado y agredido físicamente de otras maneras y que esto le produjo intensos dolores corporales y
sufrimientos emocionales”. Caso Cantoral Benavides v.s Perú , supra nota 18. Párr. 91.
21 Caso Cantoral Benavides v.s Perú. supra nota 18, párr 104.
22 “Merece destacarse que según las normas internacionales de protección, la tortura no solamente puede ser perpetrada mediante ejercicio de la
violencia física, sino también a través de actos que produzcan en la víctima un sufrimiento físico o moral agudo.” Caso Cantoral Benavides v.s Perú,
supra nota 18, párr. 100.
23 Caso Cantoral Benavides v.s Perú, supra nota 18, párr. 102.
24 Caso Cantoral Benavides v.s Perú, supra nota 18, párr 102.
25 La denuncia señaló que Efraín Bámaca desapareció el 12 de marzo de 1992, luego de un enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército. La víctima fue
encarcelada de manera secreta en distintas dependencias del ejército donde habría sido torturada y finalmente ejecutada. Corte IDH. Caso Bámaca
Velásquez v.s Guatemala. Sentencia de 25 de noviembre de 2000. Serie C No.70.
La noción de tortura en la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos
relevancia a la intensidad del sufrimiento como elemento delimi- distingue “…en la intensidad del dolor –físico o moral–, que se
tador entre la tortura y los tratos crueles e inhumanos: le inflinge, en las características de la acción lesiva y de la re-
acción que ésta provoque en quién la padece”.27 El juez afirma
JURÍDICA
[…]los actos denunciados en el presente caso fueron prepa- que la calificación estaría sujeta a evolución, por las caracterís-
rados e infligidos deliberadamente, co con el fin de […] obtener
ticas de la acción y el efecto que ellas producen, cuestión que
Según los testimonios
información relevante paraa el Ejército. Segú
daría movilidad a la calificación.28
recabados en el presente proceso,
pro víctima fue so-
laa supuesta víc
metida a ac física
actos graves de violencia fís
ísica y psíquica
p durante un
dur
g pperíodo de tiempo con los finnes
prolongado es antes
anttes menciona-
mencio
Tercera Fase
sufrimiento
dos y, así, puesta en un contexto de angustia y de sufrimient
intencional…26
físicoo intenso de modoo in
La tercera etapa de la Corte se distingue porque se consolidan
criterios, observándose un mayor desarrollo de otros aspectos
como tortura psicológica o la responsabilidad estatal por actos
cometidos por terceros con su tolerancia o aquiescencia.
“Amenazar a alguien con torturarle puede
En la sentencia del Caso Maritza Urrutia vs. Guate-
constituir, en determinadas circunstancias, por mala de 2003,29 la Corte Interamericana tendrá oportunidad de
lo menos «un trato inhumano»”. pronunciarse sobre un tema ya abordado en el caso Cantoral
Benavides: la hipótesis de tortura psicológica.30 La Corte recuer-
da que la prohibición comprende la tortura física y psicológica y
“…respecto de esta última se ha reconocido que las amenazas y
Como se desprenderende de la sentenc
sentencia,
cia, a la hora de el peligro real de someter a una persona a lesiones físicas produ-
desenmarañar la categoría de violación all artíc
artículo
culo 5, la Corte, ce, en determinadas circunstancias, una angustia moral de grado
ericano
Debates sobre Derechos Humanos y el Sistema Interamericano
además de analizar
na los elementos conten
contenidos
nidos en los instru- que puede ser considerada «tortura psicológica»”31, y agrega:
mentos internacionales comcomo veníaa haciendo hhasta ahora, da
preeminencia
minencia a la “intensid
“intensidad” o gravedad del sufrimiento como Asimismo considera la Corte que, de acuerdo a las circunstan-
cias de cada caso en particular, algunos actos de agresión infli-
indicador de la figura agravada de tortura, y articula la separa-
gidos a una persona pueden calificarse como tortura psíquica,
ción entre tortura y los tratos inhumanos por la gravedad del
particularmente los actos que han sido preparados y realizados
sufrimiento. Es particularmente esclarecedor el voto razonado deliberadamente contra la víctima para suprimir su resistencia
del Juez Sergio García Ramírez, que considera que la tortura se psíquica y forzarla a autoinculparse o a confesar determinadas
un cuarto mientras era esposada a la cama donde permanecía, con la radio a todo volumen lo que le impedía dormir. Fue sometida a prolongados
interrogatorios en los que se exhibían fotos de su familia, asimismo, le fueron mostradas fotografías con imágenes de guerrilleros muertos con signos
de tortura, y fue amedrentada con sufrir las mismas penas. Fue amenazada con ser torturada, asesinada ella misma o los miembros de su familia
si no colaboraba. Finalmente fue obligada a filmar un video contra su voluntad y luego de liberada se vio obligada a dar una conferencia de prensa
ratificando las declaraciones hechas en el video. La Corte se pronuncia en el mismo sentido en la sentencia del caso Tibi v.s Ecuador, aquí estima
que los actos produjeron en la víctima graves sufrimientos, tanto físicos como mentales. También, estima probado que fue sometido a amenazas y
hostigamientos, que le produjeron pánico y miedo por su vida. Por estas consideraciones la Corte calificó los hechos como tortura. Corte IDH. Caso
Tibi vs. Ecuador. Sentencia de 7 de septiembre de 2004. Serie C. No. 114.
31 Caso “Maritza Urrutia v.s Guatemala”, supra nota, 29, párr. 92.
32 Caso “Maritza Urrutia v.s Guatemala”, supra nota, 29, párrafo 93.
Liliana Galdámez
conductas delictivas o para someterla a modalidades de casti- la Corte desarrolla otro elemento de la definición de tortura: la
gos adicionales a la privación de la libertad en sí misma.32 responsabilidad del agente del Estado.
En este caso, la Corte condenó al Estado de Colom-
JURÍDICA
En esta sentencia, la Corte se acerca al criterio soste- bia por la actuación de grupos “paramilitares”36 que operaban
nido por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas sin que el Estado hubiera tomado las “…medidas necesarias
y más que un trato cruel e inhumano como sugiere el TEDH, para prohibir, prevenir y castigar adecuadamente las actividades
califica que las amenazas y actos padecidos por la víctima res- delincuenciales de tales grupos, a pesar de que ya eran noto-
ponden a la calificación de tortura psicológica, si bien es impor- rias tales actividades”.37 La Corte consideró probado que esos
tante resaltar que por su gravedad los hechos no podrían tener grupos actuaron “incentivados” por las autoridades militares de
otra calificación. la región para que desarrollaran “una actitud ofensiva ante los
En este fallo el juez Cançado Trindade agrega que el grupos guerrilleros”. La Corte concluyó que se había producido
régimen jurídico internacional contra la tortura está integrado por la violación al artículo 5 en la hipótesis de trato cruel e inhumano
diversos instrumentos y procedimientos, las convenciones de las tanto respecto de los comerciantes como de sus familiares.
Naciones Unidas (de 1984 y su Protocolo facultativo, de 2002) La Corte retoma nuevamente el planteamiento del
e Interamericana (1985) sobre la materia, hay que agregar la TEDH y considera que la amenaza de torturar a una persona
Convención Europea para prevención de la Tortura y Trato o puede constituir a lo menos un trato cruel e inhumano y, aunque
Pena Inhumano o Degradante (1987), el Relator Especial sobre presume la violación al artículo 5, considera que se produje-
la Tortura (desde 1985), de la Comisión de Derechos Humanos ron tratos crueles y inhumanos y no tortura como en el caso
de las Naciones Unidas, y el Grupo de Trabajo sobre Detención Velásquez Rodríguez, ya que en el caso de los 19 Comercian-
Arbitraria (desde 1991) de la misma Comisión de Derechos tes no existió un desarrollo probatorio destinado a acreditar una
Humanos (atento a la prevención de la tortura). Las tres Con- práctica o modus operandi. En este mismo sentido, en el Caso
venciones coexistentes de combate a la tortura --la de Naciones de la Masacre Pueblo Bello,38 la Corte retoma la responsabilidad
Unidas, de 1984, la Interamericana de 1985, y la Europea, de del Estado por actos de terceros “…. La atribución de respon-
1987-- son, más que compatibles, complementarias.33 sabilidad al Estado por actos de particulares puede darse en
El juez plantea que la prohibición absoluta de la casos en que el Estado incumple, por acción u omisión de sus
tortura es parte del “dominio del Derecho Internacional de los agentes cuando se encuentren en posición de garantes, esas
Derechos Humanos”, y que tanto en la jurisprudencia de los obligaciones erga omnes contenidas en los artículos 1.1 y 2 de
tribunales internacionales como en la legislación, su prohibición la Convención”.39 Y respecto a la calificación, dando continui-
“...emana de la fuente material del Derecho por excelencia, la dad a lo sostenido en caso de los 19 Comerciantes, admite la
conciencia jurídica universal. De ésta última emanan igualmente posibilidad de que se cometiera tortura, aunque sin contar con
la consagración y expansión del dominio del jus cogens inter- 97 | AÑO I
prueba directa, fundamentando su consideración en
nacional”.34
En la sentencia del caso 19 Comerciantes vs. Colom- […] el propio modus operandi de los hechos del caso y las
Número 2
35
bia, además de retomar la práctica de la desaparición forzada, graves faltas a los deberes de investigación permiten inferir que
| SEPTIEMBRE DE 2006
33 Caso “Maritza Urrutia v.s Guatemala”, supra nota 29. Voto Razonado Juez Cançado Trindade párrafo 2.
34 Caso “Maritza Urrutia v.s Guatemala”, supra nota 29. párrafo 8.
35 Corte IDH. Caso 19 Comerciantes vs. Colombia. Sentencia de 5 de julio de 2004. Serie C No. 109.
36 La Corte consideró probado que en Colombia, en el contexto de la lucha contra grupos guerrilleros, se emitió una legislación que organizaba la defensa
nacional sobre la base de un esfuerzo conjunto y coordinado de los órganos de poder público y las “fuerzas vivas de la nación”. A esta tarea debían
incorporarse todos los ciudadanos colombianos. Asimismo el Ministerio de Defensa Nacional podía amparar, cuando a su criterio fuera pertinente, “como
de propiedad particular, armas que estén consideradas como de uso privativo de las Fuerzas armadas”. Caso 19 Comerciantes vs. Colombia, supra
nota 35, párr. 116. Los grupos de “autodefensa” operaban al amparo de la ley de defensa Nacional, Decreto legislativo 3398 de 1965.
37 Caso “19 Comerciantes Vs. Colombia, supra nota 35. párr. 122.
38 Corte IDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia. Sentencia de 31 de enero de 2006. Serie C. No. 140.
39 Caso “de la Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia”, supra nota 38, párr. 113.
La noción de tortura en la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos
L
os criterios desarrollados por la Corte IDH contribuyen
finalidad como suficiente para calificar un acto como tortura.
a fortalecen el carácter absoluto de la prohibición de
Esta conclusión esta relacionada con el carácter absoluto de
tortura. La Corte ha reconocido en los tres instrumen- la prohibición de tortura, aunque el sujeto activo calificado
tos específicos que combaten la tortura y los otros
Debates sobre Derechos Humanos y el Sistema Interamericano
reclame, por ejemplo, que sus actos no han tenido por objeto
tratos en el plano internacional --las Convenciones de Naciones la investigación, castigo o discriminación de la víctima, ello
Unidas (de 1984, y su reciente Protocolo de 2002) e Intera- no lleva a la Corte a descartar la hipótesis de tortura, la que
mericana (1985) y Europea (1987) contra la Tortura-- su apli- valorará por la gravedad del sufrimiento.45
c) La intencionalidad es un elemento debilitado en el desa-
cación con carácter complementario y no excluyente.41 Todas
rrollo jurisprudencial.46 Consideramos que la intencionalidad
estas normas constituyen el régimen jurídico internacional contra
está relacionada con la exclusión del ámbito de protección
la tortura, por lo que deben ser aplicadas de manera armónica del artículo 5 de la Convención, de los sufrimientos padecidos
dando prevalencia al mayor estándar de protección del derecho a consecuencia de hechos fortuitos, no provocados por la
a la integridad personal.42 acción de terceros (como un detenido que tiene un accidente
En el desarrollo jurisprudencial, la concepción pro- en la cárcel) o con el uso legítimo de la fuerza, siempre que
los medios empleados sean proporcionados.
gresiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos es
d) La intensidad o gravedad del sufrimiento es el criterio que
uno de los elementos sobre el cual la Corte sustenta sus crite-
distingue la tortura de los otros tratos, sea éste físico o men-
rios. No en el sentido de crear nuevos derechos, sino en tanto tal; actual o potencial (cuando una persona es amenazada
que protege de mejor modo el derecho a la integridad personal, con ser torturada y la amenaza represente un peligro real e
sin alterar el contenido esencial del derecho. 43 inminente). Su calificación se realiza caso a caso, atendidas
98 | REVISTA CEJIL
40 Caso “de la Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia”, supra nota 38. párr 152.
41 Caso “Maritza Urrutia vs. Guatemala”, supra nota 29. Voto razonado Juez Cançado Trindade, párrafo 2.
42 Convención de Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes: Artículo 1, numeral 2. “El presente artículo
se entenderá sin perjuicio de cualquier instrumento internacional o legislación nacional que contenga o pueda contener disposiciones de mayor alcance.”
43 Caso Loayza Tamayo vs. Perú, supra nota 14, párr. 57; Caso Cantoral Benavides vs. Perú, supra nota 18, párr. 99; Caso Bámaca Velásquez vs.
Guatemala, supra nota 25. Voto Razonado Juez Sergio García Ramírez. Párr. 9; Caso Tibi vs. Ecuador, supra nota 30, párr. 144.
44 Caso “19 Comerciantes vs. Colombia”, supra nota 35, párr. 116, 122.
45 Corte IDH. Caso Suárez Rosero v.s Ecuador. Sentencia de 12 de noviembre de 1997. Serie C. No. 35. párr. 37; Caso Loayza Tamayo vs. Perú, supra
nota 14, párr. 44; Caso Cantoral Benavides vs. Perú, supra nota 18, párr. 95.
46 Eur Court H.R., Case Peers v Greece. Judgement of 18 April 2001, para 74.
Liliana Galdámez
circunstancias subjetivas y objetivas, por lo que la calificación 4. En el tratamiento de los familiares como víctima
puede variar de un caso a otro.47 de la violación la Corte ha mostrado una posición más amplia
que la sostenida por el Tribunal de Estrasburgo.50 La Corte In-
JURÍDICA
2. La Corte advierte oportunamente la situación teramericana en ciertos casos graves y calificados (ejecucio-
de potencial peligro que supone toda medida de detención nes extralegales, desaparición forzada) presume que el daño
arbitraria, que implica que junto con el derecho a la libertad producido a la víctima se extiende a su familia (en un sentido
personal, otros derechos como la integridad pueden verse amplio) y no exige que ese sufrimiento sea acreditado en el
48
igualmente afectados. proceso ya que lo supone.51
99 | AÑO I
Número 2
| SEPTIEMBRE DE 2006
47 Caso Cantoral Benavides vs. Perú, supra nota 18, párr. 91; Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala, supra nota 25, párr. 158; Caso Maritza Urrutia vs.
Guatemala, supra nota 29, párr. 94; Caso Tibi vs. Ecuador, supra nota 30, párr. 149; Eur Court H.R., Case Ireland v United Kingdom . Judgement of
18 January 1978, para 167.
48 Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala, supra nota 25, párr. 150; Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala, supra nota 29, párr. 87; Caso Tibi vs. Ecuador,
supra nota 30, párr. 147.
49 Caso Velásquez Rodríguez, supra nota 8, párr. 135-136; Caso Cantoral Benavides vs. Perú, supra nota 18, párr. 54; Caso Bámaca Velásquez vs.
Guatemala, supra nota 25, párr. 152-153.
50 Corte IDH. Caso “Gutiérrez Soler vs. Colombia”, párrafos 57, 58; Eur Court H.R., Case Çakici v. Turkey, Judgement of 8 July 1999, para 98-99.
51 Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala. Sentencia de Reparaciones de 22 de febrero de 2002. párr. 63-65 c); Corte IDH. Caso Myrna Mack Chang vs.
Guatemala. Sentencia de 25 de noviembre de 2003. Serie C. No. 101. Voto Razonado Juez Sergio García Ramírez, párr. 54; Caso Gómez Palominos
vs. Perú. Sentencia de 22 de noviembre de 2005. Serie C. No. 136. párr. 60-61; Caso de La Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia, supra nota 38.
La noción de tortura en la jurisprudencia
dencia de la
echos Humanos
Corte Interamericana de Derechos
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Amnistía Internacional, Comunicado de Prensa de mayo de 2005.
JURÍDICA
García, Roca J. y Santolaya, Pablo (Coordinadores), La Europa de los Derechos. El Convenio Europeo de d Derechos
erechos Humanos.
H manos.
Salado Osuna Ana. “La Tortura y los Otros Tratos Prohibidos por el Convenio (art. 3 CEDH)”, Ed. Cent
Centro dee Estudi
Estudios Políticos y
Constitucionales, Madrid, 2005.
Harris, D.J., Boyle, M. y Warbrick. C., Law of the European Convention off Human Rights. Ed
Ed. Butterworths,
utterwo Londres, Dublin,
Edimburgo, 1995.
Organización de Naciones Unidas, Informe del Alto Comisionado de las Naciones UUnidas
as para los
os Derech
Derechos Humanos.
A/59/428.
Rodley, Nigel., “The definition (s) of Torture in International Law”, in Freeman, M.D.A.
M.D (Editor),
Editor) Current
urrent Legal Problems, Vol.
55,2002.
Tomas y Valiente Francisco, La Tortura en España. Ed. Ariel S.A., Barcelona, 1994.
Villán, Durán C., La prevención y erradicación de la tortura y malos tratos en los siste
sistemas democráticos,
demo icos, Colección Jornadass sobre
derechos humanos, XXII Cursos de Verano en San Sebastián, XV Cursos Europeos Europeos–UPV/EHU
V/EH 2003.
003. Ed. Ararte
Ararteko, 2004.
Debates sobre Derechos Humanos y el Sistema Interamericano
100 | REVISTA CEJIL
Derecho Constitucional
Resumen
En un Estado democrático, resulta de vital importancia la protección de los derechos humanos
frente al poder punitivo, para lo cual el derecho penal y el derecho procesal penal, entendidos como
ramas del saber jurídico, convergen como límites a dicho poder. Para cumplir tal función, esos sabe-
res deben estar fundados en una serie de principios, entre los cuales se encuentra el “ne bis in ídem”.
Partiendo de esta perspectiva, en el presente trabajo se analizará el contenido y los alcances de este
principio, haciendo hincapié en la interpretación y aplicación que se hace del mismo en el ámbito
judicial, principalmente en los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Palabras clave: principios, poder punitivo, persecución penal múltiple, límites, interpretación.
Abstract
In a democratic state, it is vital to the protection of human rights against the punitive power, for
which the criminal law and criminal procedure law, understood as branches of legal knowledge, con-
verge as limits to that power. To fulfill this role, this knowledge must be founded on a set of principles,
among which is the “ne bis in idem”. From this perspective, in this paper we analyze the content and
scope of this principle, emphasizing the interpretation and application of it is done in the judiciary,
especially in rulings of the Supreme Court of Justice of the Nation.
Key words: principles, punitive power, multiple prosecutions, limits interpretation.
I. Introducción
Una de las formas en que el Estado ejerce el poder punitivo o “ius puniendi”, es a través de las agen-
cias que conforman el sistema penal. De este modo, en la labor de contención y reducción de dicho
poder juegan un rol esencial los principios penales, los cuales son la clara proyección de los derechos
y garantías previstos en la Constitución y en los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos
incorporados a ella.
En efecto, la construcción de los derechos penal y procesal penal -entendidos como ramas del
saber jurídico- implica una decisión política condicionante; a saber, la reducción y contención del
poder punitivo. Para que ese proceso constructivo sea coherente con dicha decisión política, debe
partir de una serie de principios limitadores que son impuestos por aquélla (Zaffaroni, 2005: 95). Ta-
les principios poseen un indudable fundamento ético-político, toda vez que su raíz radica en la idea
del Estado de Derecho. Es por esto que el jurista debe tomarlos y verter su contenido axiológico en
cada espacio de su actividad, es decir, cuando interpreta la ley penal, así como también cuando crea
(*) Docente de Derecho Constitucional, Cátedra II. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. UNLP.
las instituciones dogmáticas y las agrupa en forma de sistema; ello a los fines de que el producto final
sea idóneo para la limitación de aquel poder.
Sin embargo, no puede dejase de lado, que dichos principios -además- están dirigidos al juez, al
momento en que éste lleva a cabo la interpretación de la ley penal para elaborar la solución del con-
flicto social que le es planteado. En este sentido, la creación, aplicación y estudio científico de la ley
deben ser abordados a la luz del texto constitucional. De este modelo de Estado se desprenden -a su
vez- varios principios que estructuran las bases axiológicas y político-criminales del derecho penal,
los cuales se refieren a la previsibilidad -por el ciudadano- de la respuesta punitiva del Estado y de los
límites a los que debe estar sometida esa reacción estatal. Esos principios son -fundamentalmente- el
de legalidad, el de culpabilidad, el de proporcionalidad y el “ne bis in ídem” (Bacigalupo, 2002:82).
En este contexto, el Poder Judicial es el único que puede realmente controlar el contenido de las
leyes a la luz de los principios aludidos, fungiendo -entonces- como puente a los fines del estable-
cimiento de una relación directa entre el poder público y los particulares. Vale señalar -aquí- que la
magistratura es la intérprete de los derechos de todos los ciudadanos, y lo hace “desde abajo” partien-
do de los conflictos sociales concretos que le corresponde resolver a partir de los casos sometidos a
su conocimiento (Donini, 2005: 403).
Efectuada esta breve síntesis, a los efectos de una mayor claridad y sistematización del presente
trabajo, su contenido versará sobre la importancia de aquel principio constitucional por el que se
pretende proteger a toda persona del intento por parte del Estado de ser perseguida penalmente más
de una vez por el mismo hecho. Para cumplir con este objetivo, se hará -en primer lugar- una aproxi-
mación a la regla del “ne bis in ídem”, abordando su concepto, origen, marco normativo y alcance,
tanto desde la perspectiva sustantiva como de la procesal. Luego, se ingresará de lleno en el estudio
propiamente dicho de la prohibición de la doble persecución penal, donde se analizarán los requi-
sitos necesarios para su configuración (identidad de persona, de objeto y de causa), y su recepción
en la jurisprudencia nacional. Para terminar, y a modo de corolario, se concluirá con las reflexiones
personales que surgieron en razón del tratamiento de la temática elegida.
II. Aproximación al “ne bis in ídem”
1) Concepto
Previo a abordar su significación por parte de los autores, resulta pertinente hacer una aclaratoria
en cuanto a la raíz etimológica del principio a analizar. Si bien es común encontrar en la doctrina y
en la jurisprudencia el uso del aforismo “non bis in ídem” o “ne bis in ídem” para hacer referencia a
aquél, lo cierto es que -en puridad- este último es el adecuado, toda vez que en latín el adverbio de
negación simple “non” es utilizado para negar un hecho real, mientras que “ne” se emplea para aludir
a las prohibiciones (Jauchen, 2005: 376).
Ahora bien, la citada locución suele ser definida -por algunos- como una máxima latina que signifi-
ca “no dos veces sobre lo mismo” (Cabanellas, 1992: 175). Otros, la consideran un criterio de interpre-
tación o solución en constante conflicto entre la idea de seguridad jurídica y la búsqueda de justicia
material, que tiene su expresión en un criterio de la lógica, de que lo ya cumplido no debe volverse
a cumplir (De León Villalba, 1998: 388). Por último, hay quienes la entienden como una interdicción
de la doble sanción sobre la troika de identidades de sujeto, hecho y fundamento (García Enterría,
2000: 50).
En efecto, cualquiera sea la definición adoptada, el “ne bis in ídem” garantiza a toda persona que no
sea juzgada nuevamente por el mismo delito o infracción, a pesar de que en el juicio primigenio fue
absuelto o condenado por los hechos que se pretenden analizar por segunda ocasión.
2) Origen y marco normativo
Un antecedente trascendental de esta prohibición, está representado por la V Enmienda de la Cons-
titución de los Estados Unidos que la incluye como una garantía de seguridad individual. Esto denota
una de las primeras visiones políticas expresas del “ne bis in ídem”, pues en el contexto del common
law se la formula como un límite al poder punitivo del Estado establecido en favor de los ciudadanos.
Es así como de dicha enmienda se deduce una prohibición asimilable al “ne bis in ídem”: el “double
jeopardi”, que implica -según el espíritu de aquella Constitución- que nadie puede ser sometido, por
el mismo delito, dos veces a un juicio que pueda causarle la pérdida de la vida o de algún miembro.
Debe aclararse aquí, que si bien es establecida con miras a las penas corporales, ello no implica que
no tenga validez en cuanto a las penas privativas de libertad. Así, la misma se interpreta de forma
amplia, a los fines de extender sus alcances a esta última categoría de sanciones penales y, concreta-
mente, para evitar un nuevo riesgo de privación de la libertad personal. De esto puede apreciarse que
la Constitución de los Estados Unidos garantiza al acusado la excepción de cosa juzgada, que protege
a una persona que ya fue sometida a juicio, contra un nuevo enjuiciamiento por los mismos hechos.
Entre los instrumentos internacionales dotados de obligatoriedad jurídica que se preocupan por
asegurar la aplicación de esta regla, se encuentra el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
que en su artículo 14.7 establece que nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un delito por el cual
ya fue condenado o absuelto por una sentencia firme, de acuerdo con la ley y el procedimiento penal
de cada país. En el ámbito americano la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de
San José de Costa Rica) dispone en su artículo 8.4 que el inculpado absuelto por una sentencia firme
no podrá ser sometido a nuevo juicio por los mismos hechos.
Ya en el contexto nacional, si bien nuestra Ley Fundamental no la prevé originariamente en forma
expresa, con arreglo a su artículo 33, según el cual la enunciación no es limitativa, se la reconoce
como uno de los derechos no enumerados pero que surgen del sistema republicano y del Estado de
Derecho (Dayenoff, 2007:13). Asimismo, los dos tratados mencionados en el párrafo anterior pasan a
formar parte del derecho interno de la República Argentina mediante las leyes nros. 23.313 y 23.054,
sin perjuicio de que a partir de la reforma operada en el año 1994, adquieren jerarquía constitucional
mediante su incorporación al artículo 75 inc. 22 de la Carta Magna.
3) Alcance
El principio limitativo analizado tiene dos vertientes: una sustantiva (prohibición de doble puni-
ción) y una adjetiva o procesal (prohibición de doble persecución penal). De ambas se derivan una
serie de incidencias o implicancias.
a) Incidencias en el plano sustantivo: esta fórmula se refiere a la reacción penal material (condena,
pena o castigo). Su consecuencia más importante es la carencia de reparos jurídicos para admitir la
revisión de una sentencia firme, aun en contra del imputado absuelto o del condenado por un hecho
punible menos grave o a una pena más leve que la correspondiente y, en general, para concebir el
recurso del acusador contra la sentencia. Lo único que garantiza es que una persona no sufra la reac-
ción penal más de una vez (Maier, 2006: 598).
b) Incidencias en el plano procesal: en este segundo aspecto, el “ne bis in ídem” impide la persecu-
ción penal y se extiende como garantía de seguridad para el imputado, al terreno del procedimiento
penal. Por esa razón, cubre el riesgo de una persecución penal renovada cuando feneció una anterior
o aun está en trámite. El principal efecto de la regla así concebida consiste en impedir absolutamente
toda posibilidad de establecer el recurso de revisión en contra del imputado absuelto o del condena-
do por un delito más leve (Maier, 2006: 638). Por lo demás, es claro que la fórmula extiende su influen-
cia al mismo trámite procesal, declarando inadmisible tanto el regreso sobre la persecución penal ya
agotada, como la persecución penal simultánea ante distintas autoridades.
III. La prohibición de la doble persecución penal
1) Requisitos generales para su existencia
La doctrina, a los fines de dar una respuesta analítica al interrogante de cuándo se configura un “bis
in ídem” requiere la existencia de tres “identidades” que deben presentarse en forma conjunta. Ellas
son: la de la persona perseguida (“eadem personae”), la del objeto de persecución (“eadem res”) y la
de la causa de persecución (“eadem causa petendi”).
a) Identidad personal: se refiere a que la persona que fue condenada o absuelta, o que está siendo
sometida a enjuiciamiento penal, y a la cual se le imputa ese mismo hecho, sucesiva o simultá-
neamente, debe ser la misma. El principio sólo ampara a aquel sujeto que está siendo sometido
al peligro de una nueva punición por el mismo hecho. De esto se desprende que el principio no
tiene efecto extensivo en favor de los demás coautores o partícipes que aun no hayan sido juzgados
(Binder, 2002: 169).
b) Identidad objetiva: este segundo elemento alude al hecho como acontecimiento de la realidad,
como un suceso fáctico, independientemente de la tipificación legal que pueda otorgársele en cual-
quiera de los procesos. Se trata de una identidad eminentemente fáctica y no de calificación jurídica.
Existen algunos casos interesantes en los que se discute la configuración del principio; así están los
supuestos de “concurso de delitos” que exigen una operación hermenéutica a los fines de determinar
si se trata de un mismo hecho o de hechos diferentes. Así, por ejemplo, el concurso real o material,
supone la imputación de hechos diferentes; se trata -en concreto- de una pluralidad de eventos rea-
lizados por una misma persona y que constituyen una pluralidad de delitos (Mir Puig, 1998: 673). Por
tanto, en este primer supuesto nada obsta a que se inicie un nuevo proceso para castigar los hechos en
cuestión que aún no fueron enjuiciados, ya que se trata de una pluralidad de hechos, entre los cuales,
a lo sumo, existe un vínculo que no altera en forma alguna sus respectivas autonomías (Leone, 1963:
344). El concurso ideal o formal se configura cuando un solo hecho constituye dos o más infracciones
penales. El eje fundamental de esta institución es la unidad de hecho, la cual se determina conforme
a los criterios desarrollados en el derecho penal. Aquí se daría una identidad de hecho y, por ende, la
prohibición de “bis in ídem”. El caso genérico del concurso de leyes o concurso aparente, con todas
sus subespecies, es idéntico al del concurso ideal, ya que se trata también de una imputación única
que desde el punto de vista jurídico penal admite más de un encuadramiento jurídico y a diferencia
del anterior, sólo uno es operable. El llamado delito continuado merece el mismo tratamiento, pues a
pesar de que se reconoce integrado por varios comportamientos o hechos diversos, separables fáctica
y jurídicamente, la teoría del delito establece como ficción su unidad imputativa por razones políti-
cas. En vista de lo anterior, en el cual en un proceso primigenio ya se juzgó el hecho sólo por una de las
varias figuras punibles en las que encuadra el evento, no puede -luego- el Estado pretender motorizar
nuevamente el “ius puniendi” a los fines de enjuiciar a esa misma persona por la otra u otras figuras
punibles en las que también se subsume ese hecho, y que quedan por fuera en el primer proceso.
c) Identidad de causa: a pesar de que exista identidad de persona y de objeto en dos o más procesos
distintos, puede ocurrir que la regla del “ne bis in ídem” rechace su propia aplicación. La doctrina
examina los casos que provocan este resultado excepcional como otra identidad, de causa o de pre-
tensión punitiva. Es decir, nuclea bajo un nombre equívoco diversas situaciones en las que la múltiple
persecución penal es tolerada por el orden jurídico. En verdad, de lo que aquí se trata es de delinear
ciertos límites racionales al funcionamiento del principio, en el sentido de permitir la múltiple perse-
cución penal de una misma persona por un mismo hecho, cuando la primera persecución, o una de
ellas, no pudo arribar a una decisión de mérito o no pudo examinar la imputación, objeto de ambos
procesos, desde todos los puntos de vista jurídico penales que merece, debido a obstáculos jurídicos.
Un primer aspecto de la solución reúne a aquellas decisiones que afirman su fuerza de cosa juzgada
formal, pero rechazan la fuerza de cosa juzgada material. Todas ellas, una vez firmes, llevan implícito
el efecto de impedir el planteo del caso de la misma manera en que fue formulado, pero no inhiben
una nueva persecución, materialmente idéntica, no bien se corrijan los defectos u obstáculos que
impiden la primera. Por lo tanto, la posibilidad de la sentencia de mérito es la que domina el princi-
pio. Sin embargo, existen otros casos en los que, a pesar de ser posible y debida dicha sentencia de
mérito, ella -por ciertos obstáculos que impone la misma ley- no puede agotar el tratamiento jurídico
penal del hecho o unificar procesalmente la pretensión punitiva que emerge de ese hecho. Cuando
concurren formalmente dos infracciones a la ley penal, perseguibles de distinto modo (acción priva-
da y acción pública), y una de ellas no se puede juzgar por un obstáculo jurídico no superado (falta
de persecución de quien está legitimado para ello) o no se puede juzgar por el mismo procedimiento
(distinto para los delitos de acción pública y los de acción privada, y prohibición de la ley procesal de
acumular estas acciones en un único procedimiento), la sentencia final sólo puede apreciar jurídica-
mente el hecho atribuido de modo parcial y la limitación proviene de la propia ley.
(1) Cabe destacar que en este segmento del trabajo, sólo se analizarán aquellos fallos (los más trascendentes)
en los que el Alto Tribunal federal delineó los alcances del principio del “ne bis in ídem”.
la Solidaridad” mediante un cheque extendido por la entonces presidente de la Nación que es objeto
de una denuncia en la que, sin ni siquiera ser escuchada la imputada, se dicta un sobreseimiento.
Resulta destacable de este caso la desestimación del valor de cosa juzgada del que se conoce como
sobreseimiento absoluto. En lo que atañe al “ne bis in ídem”, lo más importante es la insistencia del
Procurador de que se trata de una garantía no enumerada de la Constitución Nacional no obstante lo
cual se la considera inaplicable al caso. Esta doctrina parece inaugurar una serie de pronunciamien-
tos posteriores que siguen un solo camino: proclamar enjundiosamente el principio y desechar -al
mismo tiempo- su aplicación.
No solamente la cosa juzgada, también la litis pendentia da pie a la aplicación de la mentada pro-
hibición según surge del caso “Ganra de Naumow” en el que otra vez se expide el Procurador General
afirmando el reiterado reconocimiento -por parte del Alto Tribunal federal- de la jerarquía constitucio-
nal de la regla. En esta oportunidad, el dictamen se encuentra compartido por la Corte que hace suya la
doctrina y la afirmación de ser repetida su aplicación. Por otra parte, con este fallo se extiende el alcance
de la prohibición vedando no solamente una nueva condena sino además un nuevo proceso.
Consecuencia de esto último es que también un planteo de nulidad de actuaciones basado en la
existencia de una condena anterior puede hacer surgir la cuestión, en tanto la desestimación del prin-
cipio conculca la posibilidad de impedir el nuevo proceso. Es lo que se establece en el caso “Martí-
nez de Perón” aunque sólo con el alcance de permitir el recurso a la máxima instancia federal. En el
tratamiento concreto de la apelación extraordinaria el reclamo resulta rechazado al entender que no
existe doble juzgamiento con el proceso por aceptación de dádivas que ya había dado motivo a un
acta de responsabilidad de la junta militar gobernante.
En el año 1983, el Supremo Tribunal resuelve el precedente “De la Rosa Vallejos” en el que el imputado
es procesado por el delito de contrabando, y posteriormente sobreseído por la justicia en lo penal
económico, al entender que el hecho investigado no constituye delito. No obstante ello, la Adminis-
tración General de Aduanas condena al nombrado a las sanciones de multa y decomiso, por estimarlo
responsable de la figura de contrabando en grado de tentativa. Así, De la Rosa Vallejos apela dicha re-
solución ante la Cámara en lo Penal Económico, quien la revoca argumentando que una vez dictado
en sede judicial el sobreseimiento basado en la inexistencia de la figura delictiva, la sanción impuesta
por la Aduana deviene violatoria del “ne bis in ídem”. Por su parte, la Corte confirma este último deci-
sorio, basándose en que el sumario administrativo y el proceso penal por el mismo hecho no vulneran
el mentado principio, si las responsabilidades que se adjudican y aplican son diferentes. Pero si la
sanción administrativa es accesoria de la penal, ambas dependen de la comprobación del mismo de-
lito y si se dicta el sobreseimiento respecto al ilícito, juega la regla contra el doble juzgamiento (Carrió,
2006: 593). (2)
El criterio consecuente en el sentido de admitir la vía de impugnación federal, afirmar el rango
constitucional del instituto en trato y su afectación con la sola sustanciación de un nuevo proceso,
reaparece con el fallo “Oscar Juan Plaza y otros” en el que el sobreseimiento de un procesado por
contrabando es oficiosamente anulado por un tribunal de apelación.
No quiso, en cambio, la misma Corte invalidar por igual vía la represión incrementada que el Códi-
go Penal aplica a la reincidencia, modalidad ésta que queda aprobada constitucionalmente. Es lo que
sostienen, entre otros, los casos “Valdez” y “L’Eveque”, ambos dictados en el año de 1988.
La línea principista enunciada en el caso “Plaza” es abandonada -otra vez- en “Weissbrod” en el
que se trata de la anulación de una sentencia absolutoria por un tribunal de apelación que permite un
(2) Juntamente con este caso, la Corte resuelve los precedentes “Heer, Carlos Oscar s/Infracción Ley de Aduana
21.898”, sent. del 10/III/1983 (Fallos: 305:241); y “Recurso de hecho deducido por el Fiscal Nacional (Administra-
ción Nacional de Aduanas) en la causa Suárez, Luis Mateo s/inf. Ley 21.898”, sent. del 10/03/1983 (Fallos: 305:254).
Dada la notoria similitud entre los casos, la Corte resuelve estos dos haciendo una simple remisión a los criterios
expuestos en “De la Rosa Vallejos”.
nuevo proceso basándose en que, durante la instrucción previa al juicio, se omite indagar al acusado
por algunos de los hechos investigados. La Corte -por mayoría- desestima la invocación del prece-
dente “Mattei” pese a la obvia semejanza del caso, con el pretexto de que el recurso se plantea contra
la segunda y no contra la primera sentencia por lo que resulta extemporáneo. Está citado en el voto
mayoritario el caso Pereyra de 1960 que utiliza un criterio idéntico.
Se aleja todavía más de “Mattei” el fallo “Emilio Segundo Frades” que deja sin efecto una sentencia
absolutoria dictada por una Cámara de apelación que se basa en la nulidad del libelo acusatorio. El
criterio de la Corte en este caso conduce a que los vicios de la acusación redunden en beneficio del
causante de tales vicios. Para poder sortear el escollo de la doctrina del citado fallo, el Máximo Tribu-
nal federal se atiene al argumento según el cual las restricciones que la demora ocasiona en este caso
al sometido a proceso, no son tan graves como las de aquel otro, pues transcurrieron apenas tres años
y ocho meses desde la iniciación del proceso.
Contrastante con el caso anterior, en “Taussig”, los yerros de la acusación son considerados insalvables
y se hace aplicación de la doctrina de “Mattei” y del rango constitucional de la prohibición de doble per-
secución penal para impedir una nueva querella por delitos contra el honor de quien abandona sin llevar
adelante una anterior. Desde luego que el carácter privado de la acción de esa clase de delitos puede
marcar una diferencia con el caso anterior. Lo curioso es que esa diferencia debiera conducir al resultado
inverso: la más importante fundamentación de la prohibición es evitar que el Estado, con todos sus recur-
sos, pueda efectuar repetidos intentos de juzgar criminalmente a un imputado, fundamentación que no
surge en el caso de ser un particular el acusador y sí, en cambio, cuando quien acusa es el representante
del Estado. La otra explicación del contraste puede ser el hecho de que, al considerar abandonada la
primera querella, el tribunal dicta un sobreseimiento que el querellante consiente. Sin embargo, a estar
a la narración contenida en el dictamen del Procurador General, parece tratarse de un sobreseimiento
inapropiado que bien pudo evocar la doctrina antes sentada en Fallos 298:737 (“Martínez de Perón”) en
el sentido de que esa especie de pronunciamientos carece del efecto de la cosa juzgada.
Contradiciendo totalmente esta última posibilidad, en la causa “Peluffo”, la Corte estima que es
imperativo el dictado de un sobreseimiento con valor de cosa juzgada que impida al damnificado
querellarse por delitos contra el honor luego de que quedara extinguida por derogación de la ley, la
acción por delito de desacato. Expresamente desautoriza el Alto Tribunal el temperamento adoptado
por la instancia anterior que se limita a ordenar el archivo de actuaciones con el propósito de evitar
la cosa juzgada y la obstaculización al derecho del particular damnificado de querellarse por hechos
de acción privada.
Hubieron de pasar dos años para que la buena doctrina reapareciera. En el caso “Polak” se entiende
que afecta la regla contra la doble persecución la sentencia del Tribunal Superior que anula el fallo de
absolución y el debate previo, en razón de errores y vicios de la acusación. Los considerandos de este
fallo enuncian algunos principios que es indispensable ratificar. Por un lado, afirma que la garantía
del debido proceso es establecida a favor del acusado (considerando 15) y, por el otro, que el “ne bis
in ídem” reconoce por fundamento sustancial que no es posible permitir que el Estado, con todos
sus recursos y poder, lleve a cabo esfuerzos repetidos para condenar a un individuo por un supuesto
delito (considerando 17).
De todos modos, no puede decirse que esa clara doctrina se encuentre asentada en la jurispru-
dencia de la Corte. Pocos meses antes del fallo “Polak”, en el caso “Alvarado” queda fijado un criterio
francamente contradictorio con aquél, al dejarse sin efecto un pronunciamiento de apelación que,
frente a nulidades atribuidas al trámite procesal, se opta por absolver al acusado. En otras palabras,
el Máximo Tribunal nacional hace lo que luego criticaría en “Polak”, o sea, anular una absolución
para dar nueva oportunidad a la persecución oficial. Ese mismo temperamento es el que se mantie-
ne en otros tres casos posteriores: “Acosta”, “Bianchi” y “Verbeke”. En todos ellos queda una valiosa
disidencia invariablemente puntualizada por el doctor Petracchi, planteada a partir del siguiente in-
terrogante: ¿Es posible que, en un caso en el que es el acusador público quien requiere la revocación
de la sentencia absolutoria, se someta al imputado a un nuevo juicio íntegro cuando ya soportó uno
válidamente cumplido en todas sus partes?
Una cuestión distinta, raramente abordada por la Corte, es la del concurso de delitos y el delito
continuado. Es lo que aparece tratado en el caso “Pompas” con la conclusión de que al calificarse
como delitos reiterados -es decir materialmente concurrentes- hechos que, según el Alto Tribunal,
son constitutivos de un delito continuado, se transgrede la regla del “ne bis in ídem”. La doctrina es
trascendente en varios aspectos. Primero, porque deja de lado la abstención de la Corte de conside-
rar el alcance o la interpretación de los tipos penales, desechada como cuestión de hecho y derecho
común no susceptible de revisión federal. Segundo, porque enuncia de manera clara que el principio
tiene rango constitucional con cita exclusiva de la Convención Americana de Derechos Humanos; es
decir, sin aludir a su carácter implícito en el texto de la Carta Magna ni a la figura del debido proceso
o a la defensa en juicio. Tercero, porque sugiere la posibilidad de llevar a la instancia federal extraor-
dinaria muchas cuestiones de interpretación de figuras penales. Con tal que se invoque la aplicación
arbitraria de las reglas del concurso de delitos en vinculación con el doble juzgamiento surge, al decir
del Procurador General -cuyo dictamen la Corte hace suyo- una cuestión federal simple. Aparte de
eso, hay otro aspecto del fallo que conviene destacar por su alcance innovador que es la admisión
del recurso no obstante su extemporaneidad. Haciendo hincapié en la existencia de serios motivos
para estimar la naturaleza constitucional del planteo formulado, se resuelve soslayar la presentación
tardía. No se alude para nada a los precedentes “Pereyra” y “Weissbrod” que se aferran al requisito de
la interposición oportuna y que quedan de esa manera desestimados.
En 2003 se registra el caso “Videla, Jorge Rafael” en el que aparece tratado con cierto detenimiento
el tema referido al “ne bis in ídem”. Puede decirse que el tribunal, no obstante desestimar el planteo
de doble persecución, aprovecha la oportunidad para hacer un “obiter dictum” y enunciar una serie
de conclusiones ilustrativas. En este sentido, puntualiza: 1) el carácter garantizador del principio y su
origen en la V Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos; 2) su reconocimiento implícito en
la Constitución Nacional como garantía no enumerada; 3) su incorporación de manera expresa por
la Convención Americana sobre Derechos Humanos en el artículo 75 inc. 22 de la Ley Fundamen-
tal; 4) su extensión a los casos de nuevo proceso; es decir, su aplicación aún antes de que exista una
segunda sentencia; 4) la adopción del temperamento que propician los autores para determinar su
configuración; vale decir que se verifiquen las “tres identidades” (de persona, objeto y causa). Otra
precisión significativa del fallo es aquella que señala que la duplicidad prohibida es la que concierne
al hecho y no la relativa a las diferentes figuras legales posibles.
Cabe recordar también que el alcance de la doctrina que surge de los votos en disidencia del doctor
Petracchi, es plasmado con mayor justeza en el caso “Olmos”. Lo que está en juego -según lo solicitado
al interponerse el recurso extraordinario- es la interpretación de la garantía constitucional de la pro-
hibición de la reformatio in pejus. La Corte sostiene -en su mayoría- que ella se conculca a raíz de que
se agrava la situación de los procesados originada en el fallo anterior que se anula a instancia suya.
En cuanto a los fundamentos dados, el nombrado ministro expone los alcances y limitaciones del
“juicio de reenvío” por anulación de la sentencia. Expresa que en esos casos, no parece haber dudas
de que existe violación al “ne bis in ídem” si el juicio pretende ser reeditado. Ello, en tanto los princi-
pios de preclusión y progresividad impiden que el imputado sea sometido a un nuevo debate íntegro
cuando ya soportó uno válidamente cumplido en todas sus partes. En definitiva, en este precedente,
de conformidad con la opinión mayoritaria del Alto Tribunal surge que la prohibición de reproducir
etapas procesales superadas, so pena de afectar la regla que impide el doble juzgamiento, sólo puede
invocarse en tanto sean observadas debidamente las etapas del procedimiento: acusación, defensa,
prueba y sentencia; esto es, cuando no exista algún supuesto de nulidad insalvable, puesto que, en
caso de haberlo, no podría el imputado ampararse en el “ne bis in ídem”.
En el año 2007, la Corte tiene oportunidad de fallar el caso “Kang”. El punto neurálgico en discusión
y sobre el cual se erige un enjundioso debate, está en el alcance que cabe asignársele al principio en
juego. Aquí, se recuerda que la mentada regla no sólo funciona ante la existencia de un veredicto
sobre el cual recayó firmeza, sino también cuando hay exposición al riesgo de que ello ocurra. Ori-
ginalmente -en este caso- la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal resuelve, de acuerdo
a lo requerido por el Ministerio Público Fiscal en su presentación recursiva, anular la sentencia ab-
solutoria dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de San Luis, y disponer el reenvío de la
causa a otro colegiado para la realización de un nuevo juicio. En esa oportunidad, la Casación omite
pronunciarse sobre el agravio relativo a la afectación del “ne bis in ídem”. Aquí la Corte nacional -sin
explayarse demasiado- hace lugar a la queja interpuesta en virtud del recurso extraordinario dene-
gado y devuelve la causa a la instancia anterior para que se pronuncie sobre la cuestión federal in-
vocada. De este modo, si bien el Alto Tribunal no fija posición sobre el fondo del asunto, cabe inferir
de lo expuesto que el fallo acoge la pretensión formulada, ya que considera que la decisión en crisis
resulta equiparable a definitiva, pues de dictarse una nueva sentencia -aun siendo absolutoria- sería
inoficioso examinar recién allí el agravio planteado, pues -para entonces- “el riesgo” de ser sometido
a un nuevo juicio ya se habría concretado. Para arribar a esta resolución, la Corte federal se remite a
los argumentos explicitados en otros precedentes. Resulta de interés, la disidencia suscripta por los
doctores Petracchi y Bossert en el caso “Alvarado”, donde sostienen que si se dispone la devolución
de la causa para que sea nuevamente juzgada, ante un supuesto de nulidad de las actuaciones, di-
cho reenvío conlleva a la reedición total del juicio en perjuicio del imputado, quien es sometido otra
vez a proceso por el mismo hecho. Este pronunciamiento dictado en la causa “Kang” es suscripto
por los doctores Petracchi, Maqueda, Zaffaroni y Argibay. En disidencia, se pronuncian los ministros
Lorenzetti, Highton de Nolasco y Fayt, quienes declaran inadmisible la queja por el rechazo de la
impugnación extraordinaria, fundados en que la misma no se dirige contra una sentencia definitiva
o equiparable a tal. Luego de idas y vueltas, la causa finalmente es fallada por la Cámara Nacional
de Casación Penal y ante la decisión tomada por esta última el fiscal general deduce el carril federal,
que es concedido. En ese estado, el expediente es enviado a la Corte Suprema, la que tiene la última
palabra sobre el alcance que corresponde otorgarle a su propia doctrina y al principio constitucional
que veda el “bis in ídem”.
Tres años después, el Alto Tribunal tiene oportunidad de pronunciarse en el caso “Sandoval”. La
mayoría de los magistrados intervinientes entiende que la cuestión relativa a la prohibición de la
múltiple persecución penal es sustancialmente análoga a la examinada en la disidencia del caso “Al-
varado”; y por ello, declara procedente el remedio extraordinario, revocando el pronunciamiento im-
pugnado. Este fallo es suscripto por los doctores Lorenzetti, Fayt, Petracchi y Zaffaroni (este último
arriba a idéntica solución que sus colegas pero por argumentos distintos). Con relación al principio
en trato, mientras la doctora Highton de Nolasco se remite a su disidencia en el caso “Olmos”, el doctor
Maqueda se pronuncia por la extemporaneidad de la impugnación federal, declarándolo inadmisi-
ble. A su turno, la jueza Argibay sostiene que la defensa -en su oportunidad- no articuló recurso de
queja contra la resolución del superior tribunal provincial que no hizo lugar al carril extraordinario
impetrado contra la decisión por la cual aquel órgano anuló parcialmente la sentencia de la Cámara
Segunda en lo Criminal de General Roca, y el debate correspondiente, en relación a David Andrés
Sandoval, y reenvió la causa para que -con distinta integración- se dicte una nueva sentencia. En
definitiva, considera que dicha omisión torna extemporánea la introducción del agravio atinente a la
regla que prohíbe el doble juzgamiento. Respecto de los demás reclamos formulados, los declara in-
admisibles. Finalmente, y en lo que hace al voto del doctor Zaffaroni, este ministro centra el origen de
la cuestión en el motivo por el cual el Superior Tribunal de provincia anula la absolución y dispone el
reenvío. Así, reconociendo la dificultad que se genera a partir de la receptación legal de una concep-
ción bilateral de los recursos, estima de vital importancia para la suerte del remedio extraordinario
que la razón por la cual se anula el primer pronunciamiento del tribunal juzgador es la necesidad
-expuesta por el órgano que revisa la absolución- de que se realicen otras diligencias probatorias
(frente a la existencia de informes periciales contradictorios) que no son solicitadas ni por la parte
querellante ni por el representante del Ministerio Público Fiscal. De allí que lo decisivo en el caso
para el citado ministro es que el temperamento seguido por el Superior Tribunal de provincia afecta
la garantía de defensa en juicio del imputado al someterlo a un segundo riesgo de condena por los
mismos hechos, en la medida en que el nuevo proceso resulta de la vulneración de los principios de
igualdad y de la división de poderes que caracterizan a la etapa acusatoria del sistema mixto de enjui-
ciamiento criminal adoptado por la legislación provincial, con mengua del estado de inocencia. En
síntesis, culmina diciendo que el reconocimiento del carácter determinante de un nuevo peritaje no
autoriza a la parte querellante a solicitar la revocación del fallo absolutorio por la alegada omisión del
tribunal de juicio (cabe recordar que el fiscal no formula acusación al momento de alegar) dado que
ello, en cualquier supuesto, implicaría extender en otros sujetos procesales la propia responsabilidad
en la presentación del caso.
Por último, se presenta nuevamente el caso “Kang”. La Corte -por mayoría- resuelve en sentido
contrario a lo dictaminado por el Procurador General, señalando que la decisión adoptada por la
Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal se sustenta en diversos precedentes del Alto Tribu-
nal que tienen fundamento no sólo en el principio que prohíbe la múltiple persecución penal sino,
además, en el derecho que asiste a todo imputado a librarse del estado de sospecha que comporta el
enjuiciamiento penal, dentro de un plazo razonable. En esa línea argumental, subraya que el Minis-
terio Público Fiscal se limita a expresar su discrepancia con la interpretación del “ne bis in ídem”
postulada por el “a quo”, extendiéndose en consideraciones relativas a las facultades y función de
los recursos interpuestos por el fiscal, pero sin refutar el argumento central del fallo, referido a la
inadmisibilidad de que los errores procesales producidos en el caso recaigan sobre el imputado
que no los produjo. Añade a lo expuesto que el recurrente tampoco dijo nada en cuanto a cómo
sería posible compatibilizar la solución del reenvío reclamada con el derecho a obtener un pro-
nunciamiento definitivo dentro de un plazo razonable. Indica que este último aspecto resulta de
particular significación, en tanto la parte pretende que se lleve a cabo un nuevo juicio por hechos
de contrabando que datan de 1995 y 1996, por los que el imputado se encuentra procesado desde
el 17 de marzo de 1998 y respecto de los cuales ya en el juicio anterior la fiscalía estimó necesaria la
realización de una instrucción suplementaria. De ahí que concluye que el recurso intentado carece
de fundamentación suficiente. Por otra parte, y en cuanto a la imposibilidad de que los errores del
Estado recaigan sobre el encausado, el Alto Tribunal parece compartir los argumentos brindados
por la mayoría del órgano casatorio que -en lo sustancial- expresan que la decisión recurrida re-
chazó toda posibilidad de retrogradación de los procedimientos por vía del recurso articulado por
la acusación contra la sentencia absolutoria que obedeció exclusivamente a errores del Estado, en
virtud de la preclusión operada a favor del imputado (considerando n° 2). Para finalizar, la Corte
aduna que la cuestión en estudio resulta sustancialmente idéntica a la tratada en los autos “San-
doval, David Andrés”, remitiéndose -en lo pertinente- a las consideraciones allí vertidas. Por tales
argumentos, es que desestima el recurso extraordinario. Este fallo está suscripto por los ministros
Lorenzetti, Fayt y Petracchi. El doctor Maqueda, vota por declarar mal concedida la vía federal, al
entender que carece de fundamentación suficiente (cfr. art. 15 de la ley 48). La jueza Argibay -por
su parte- resuelve la inadmisibilidad de la impugnación recursiva de excepción, por aplicación del
certiorari negativo (cfr. art. 280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación). Finalmente,
los doctores Highton de Nolasco y Zaffaroni, suscriben en disidencia, al compartir los argumentos
dados por el Procurador General y, en consecuencia, votan por hacer procedente el recurso ex-
traordinario y dejar sin efecto la sentencia apelada.
El Derecho Penal, concebido como rama del saber jurídico, debe cumplir una función política,
que se traduce en la contención y reducción del poder punitivo que ejerce el Estado, a través de las
distintas agencias que componen el sistema penal. Con esta visión se busca el progreso del Estado
constitucional.
La construcción del derecho penal, entendido en el sentido anterior, debe hacerse sobre la base
de unos principios limitadores, dentro de los cuales se encuentra la prohibición de “bis in idem”, que
implica la imposibilidad de castigar o juzgar dos veces a una persona por el mismo hecho.
El “ne bis in ídem” puede ser analizado desde dos vertientes, una sustantiva o material, que signi-
fica la prohibición de castigar a una persona dos o más veces por el mismo hecho; y una adjetiva o
procedimental, que se traduce en la prohibición de múltiple persecución penal, sucesiva o simultá-
nea, por el mismo hecho.
Para la configuración del “ne bis in ídem”, en cualquiera de sus dos vertientes, se requiere la concu-
rrencia de tres requisitos: a) identidad de persona; b) identidad de objeto; y c) identidad de causa.
Las decisiones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en torno al principio bajo estudio reflejan
numerosas sinuosidades en la interpretación llevada a cabo; ello a partir de las exclusiones en algunos
casos así como también la inclusión en otros. En cuanto atañe a conclusiones que sean consecuencias
indiscutidas de los fallos dictados por el Alto Tribunal federal, poco es lo que puede aseverarse; tal vez
la más afirmada sea la interpretación concerniente a la extensión de la prohibición en el sentido de que
puede ser invocada desde que se abre un nuevo proceso sin tener que esperar la sentencia. Fuera de eso
y como postulaciones más sólidamente sustentadas y que es de desear que sean no sólo mantenidas
sino aplicadas con verdadero rigor, están las de los casos “Mattei”, “Plaza” y “Polak”.
V. Bibliografía
BACIGALUPO, Enrique (2002) Justicia penal y derechos fundamentales. Madrid: Marcial Pons.
BINDER, Alberto Martín (2002) Introducción al derecho procesal penal. Buenos Aires: Ad-Hoc.
CABANELLAS, Guillermo (1992) Repertorio jurídico de principios generales del derecho, locuciones,
máximas y aforismos latinos y castellanos. Buenos Aires: Heliasta S.R.L.
CARRIÓ, Alejandro (2006) Garantías constitucionales en el proceso penal. Buenos Aires: Hammurabi.
DAYENOFF, David Elbio (2007) Código Procesal de la Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires: Gar-
cía Alonso.
DE LEON VILLALBA, Francisco Javier (1998) Acumulación de sanciones penales y administrativas:
Sentido y alcance del principio “ne bis in ídem”. Barcelona: Bosch.
DONINI, Massimo. “Jueces y democracia. El papel de la magistratura y democracia penal. El uso
judicial del derecho penal de los principios”, En: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales, Móde-
na, mayo 2005 LVIII-2, 403.
GARCIA DE ENTERRIA, Eduardo (2000) Curso de Derecho Administrativo. Madrid: Civitas, t. I.
JAUCHEN, Eduardo Marcelo (2005) Derechos del Imputado. Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni.
LEONE, Giovanni (1963) Tratado de Derecho Procesal Penal. Buenos Aires: Ediciones Jurídicas Eu-
ropa-América, t. III.
MAIER, Julio (2004) Derecho Procesal Penal. Buenos Aires: Editores del Puerto, t. I.
MIR PUIG, Santiago (1998) Derecho Penal. Parte General. Barcelona: Reppertor.
ZAFFARONI, Eugenio Raúl (2005) Manual de Derecho Penal. Parte General. Buenos Aires: Ediar.
VI. Jurisprudencia consultada
CSJN, 04/02/1960. Pereyra, Justiniano Luis. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Bue-
nos Aires, 248-232.
CSJN, 29/11/1968. Recurso de hecho deducido por el abogado defensor en la causa Mattei Ángel s/
contrabando de importación en Abasto. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos
Aires, 272-188.
CSJN, 21/02/1969. Pousa, Lorenzo s/ deduce acción de amparo contra el Banco Central de la Repú-
blica Argentina. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 273-66.
CSJN, 03/07/1975. Incidente de excepción de cosa juzgada promovido por Belozercovsky, Jacobo.
Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 292-202.
CSJN, 22/09/1977. Incidente de excepción de cosa juzgada (opuesta en causa 3150/75). Fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 298-736.
CSJN, 29/11/1977. Recurso de hecho deducido por el abogado defensor en la causa Ganra de Nau-
mow, Ana María s/ sumario n° 22.231. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos
Aires, 299-221.
CSJN, 19/12/1978. Recurso de hecho deducido por el abogado defensor en la causa Martínez de Pe-
rón, María Estela s/ infracción al artículo 259 del Código Penal. Fallos de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación, Buenos Aires, 300-1273.
CSJN, 10/03/1983. Recurso de hecho deducido por el Fisco Nacional (A.N.A.) en la causa De la Rosa
Vallejos, Ramón s/ art. 197 de la Ley de Aduanas. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
Buenos Aires, 305-246.
CSJN, 10/03/1983. Heer, Carlos Oscar s/ Infracción Ley de Aduana 21.898. Fallos de la Corte Supre-
ma de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 305-241.
CSJN, 10/03/1983. Recurso de hecho deducido por el Fiscal Nacional (Administración Nacional de
Aduanas) en la causa Suárez, Luis Mateo s/ inf. Ley 21.898. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, Buenos Aires, 305-254.
CSJN, 11/02/1986. Plaza, Oscar Juan; Papponetti, Miguel Ángel; Pirillo, José s/ infracción art. 864,
inc. b) y d), ley 22.415. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 308-84.
CSJN, 21/04/1988. Valdez, Enrique Carmelo y otra s/ robo con armas y encubrimiento. Fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 311-552.
CSJN, 16/08//1988. L’Eveque, Ramón Rafael s/ robo. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, Buenos Aires, 311-1451.
CSJN, 25/04/1989. Recurso de hecho deducido por el abogado defensor de Pedro Weissbrod en la
causa Weissbrod, Pedro s/ causa n° 6062. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos
Aires, 312-597.
CSJN, 14/12/1989. Frades, Emilio Segundo; Figueroa, Alejandro José s/ robo en grado de tentativa.
Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 312-2434.
CSJN, 30/04/1991. Recurso de hecho deducido por la defensa en la causa Taussig, Jorge F. s/ artícu-
los 109 y 110 del Código Penal -causa n° 6946-. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
Buenos Aires, 314-377.
CSJN, 06/02/1996. Peluffo, Diego s/ promueve querella por desacato -procesados Cosme Rana y
Mauricio Eiman-. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 319-43.
CSJN, 15/10/1998. Polak, Federico Gabriel s/ violación de los deberes de funcionario público s/
casación -causa n° 174-. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 319-43.
CSJN, 07/05/1998. Alvarado, Julio s/ averiguación infracción art. 3º ley 23.771 (ANSES). Fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 321-1177.
CSJN, 04/05/2000. Acosta, Leonardo y otros s/ robo calificado en grado de tentativa. Fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 323-929.
CSJN, 27/06/2002. Bianchi, Guillermo Oscar s/ defraudación. Fallos de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación, Buenos Aires, 325-1404.
CSJN, 03/11/2002. Pompas, Jaime y otros s/ p. ss. aa. de defraudación calificada -causa n° 17/2000-.
Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 325-3255.
CSJN, 10/04/2003. Verbeke, Víctor Julio s/ homicidio s/ casación. Fallos de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, Buenos Aires, 326-1149.
CSJN, 21/08/2003. Videla, Jorge Rafael s/ incidente de excepción de cosa juzgada y falta de jurisdic-
ción. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 326-2805.
CSJN, 09/05/2006. Olmos, José Horacio; De Guernica, Guillermo Augusto s/ estafa. Fallos de la Cor-
te Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 329-1447.
CSJN, 15/05/2007. Kang, Yong Soo s/ causa n° 5742. Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, Buenos Aires, 330-2265.
CSJN, 31/08/2010. Recurso de Hecho Sandoval, David Andrés s/ homicidio agravado por ensa-
ñamiento (3 víctimas) Sandoval, Javier Orlando s/encubrimiento -causa nº 421.923/02-. Fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Buenos Aires, 333-1687.
CSJN, 27/12/2011. Kang, Yong Soo s/ recurso extraordinario. Fallos de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación, Buenos Aires, 334-1882.
LA RESERVA DEL
FALLO
~-----------------------------------------
CONDENATORIO
Eduardo A. Oré Sosa
Abogado egresado de la facultad de Derecho
La reserva del fallo condenatorio es de la Pontificia Universidad Católica del Perú
no es igual para todos y que el sta- señado exclusivamente en perjuicio del sometido como
tus de criminal no se aplica por instrumento de averigu ació n de la verdad a toda costa. Así,
igual a todos los sujetos, podemos el sistema judicial es visto como una gran estructura de
concl uir que el sistema penal es legali zaci ón de la inJUSt icia, como un sistema lento y no
altamente sel ectivo y di scrimin an - confiable, que permite la atroz real idad de presos sin con-
te. Estamos pues, ante la decaden- dena y, peor aún, la condena de inocentes.
cia del mito del derec ho penal como un derecho igualitario. Este estad o de cosas generó, con distinta fortuna, mo-
1:".\·to se ag mv(l con el estado de nuestras cárceles, vimientos de refo rma . Con may or o menor convicción , se
col/vertidas e11 lugares de hacinamiento donde justos v adoptaron fór mula s e instituciones qu e pret e ndieron
¡1ecadores co rren la misma suerte. Donde se espera que reenc auza r todo e l sistema penal, teni endo como eje fun -
el 30'Yo de los internos -aquellos que fJliiRWI conden as- damental el respeto de la dignidad de la persona. Así, el
quede rehabilitados para su vida post-penitenciaria v que denomin ador común en todos aque ll os que conciben aún
el restallle 70% espere una sel/lencia - quizás- absolutoria. al derec ho penal como una "amarga necesidad '' está dad o
No c reemos dramatizar cuando decimos que la vida ca r- por la limitación de la potestad punitiva del Estado como
celaria está marcada por motines, agresiones, dmgas, co- una exigencia elemental dentro de un es1ado social r de-
rrupción, promiscuidad; en otras palabras por violencia. mocrático de derecho. Ésta es la espina dorsal de cual -
De esto leJWIIIOS que muchos concibannueslros "cenlros quier proceso de reforma del siste ma pena l.
de rehahililación" como "jaulas lnm1wws " o - no sabe- Po r todo el lo se pone n cortapisas a la actuación po li-
mos si mejor o peor- como escuelas del crimen, donde cial, se busca un proceso ágil , respetuoso de los derechos
algunos colllinúan su carrera criminal y donde la mayo- fundamental es y no por eso me nos eficaz. Se limita e l re-
ría queda marcada curso a las penas a lo
l)()f el fén óm eno de estrictamente nec e-
la [Link]ón' y sa rio. y de ejec utar
con el esti g ma de és tas, haciL' ndolo en
hab er pas ado por l:1s mejor es condi-
una prisión. ciones posibl es. És -
Mas se alzan vo- tos son lo s lin e-
ces que no só l o amientos , Jo s
cuestionan razones princ ipios, sie mpre
de forma, sino tam- en la búsqueda de
bién , y sobre todo , una sociedad demo-
de fondo. Siguiendo ct·ática y en e l afian-
a Bcrgalli ~ . pode- zamiento del estado
mo s co mprobar que de derecho .
la s atendibles pre - En esta línea po-
ocupacion es de demos inscribir la re-
quiene s buscan e l serva del fallo con-
cumplimiento de los de natorio, como una
derec hos y ga rantía s limitaciún al i11 .1
consagrados formalm e nte e n favor de la cli e ntela penal , 1mnendi , por razo ne s de eficacia y mínima akctaci!Ín so-
les seducen a l extremo de soslayar el a nálisi s subyacente cial. Co mo un a renuncia condicional a la co nden a en deli -
a la institución. Las exigencias de una mejor infraestruc- tos de menor gravedad. No es e l único caso. En l:1 mism :1
tura y un mejor trato a los internos no s distraen lo sufi- direcció n ten emos al principio de oportunidad, a la exen-
ci en te como para no advertir que la organización y disci- ción de pena, a la suspensión de ejecución de la pena. las
plina de las cá rcel es reproducen un siste ma a utorita rio, conversiones, cte .
donde la observa ncia de las rígidas -y a veces absurdas- Debemos, pues , reconocer a nuestros legi sladores de
normas de la prisión, se eri ge n como el CJC tündamental 1991, ese afán por busca r nuev :1s fórmulas qu e limitasen
de una supuesta rcsoc ialización. O , como dice Te resa la potestad punitiva del Estado. Con la reserva del fall o
Miral lcs .' que tos agentes penitencia ri os entienden por conde natorio se quieren evitar los efectos criminógenos y
disciplina la capacidad del in te rno para subordinarse obe- estigmatizantes producidos, sobre todo , por las co ndenas
dientement e a las múltiples normas, vejá me ncs, insultos a penas privativas de libe rtad de corta duración. Es una
y trabajos que vi ve durante su condena. respuesta de la política c rimin al ante el fr:1caso de las pe-
Somos co nscientes que la situaci ó n carcelaria es sólo nas convencionales aplicadas a delitos de menor lesividacl
una de las ma nifestaciones de la crisis de nuestro sistema social. Sin embargo, esto no debe quedar en bue nas inten-
penal. El sufrimiento de un individuo, sin embargo, no ciones. La incorporación de nuevas instituciones no será
empieza con la imposición de una pena. En realidad em- sufi ciente . Deberá encajar en el mejoramiento de toda la
pieza mucho an tes. administración de justicia, en la toma de conciencia de los
La simple sospecha sobre un individuo pone en movi- operadores jurídicos, e n el continuo rep lanteamiento de
miento la maquinaria coercitiva del Estado, en la que se los fines y problemas del derecho penal. Ésta es una agen-
suelen suceder vejámenes y tropelías. Sea a nivel policial da permanente. Pensar lo contrario sería pretender cortar
o judicial, prácticas represivas e inquisitivas adoptan for- una infección co n un si rnple analgésico.
mas vio latorias de los derechos y garantías m ás elementa-
les. Un proceso lento, engorroso y burocrático parece di-
Cuando un intemo se adapta a las costumbres o códigos de conducta predomi· y criminología Universidad Externado de Colombia. N' 45. 1991 . p 132.
nantes en la prisKm, se produce el fenómeno denominado prisonización. "El controllonnal: la cárcer En: El pensamiento criminológico 11. Bergalli y olros.
"¡Ésta es la cárcel que tenemos ... (pero no queremos)!" En Revista derecho penal Bogola. Temis, t983. p 114·115.
REPARACIÓN CIVIL
COMO REGLA DE CONDUCTA
centro de rehabilitación para seguir gado sin exceder la mitad del plazo inicialmente fijado.
una terapia o tratamiento. Así tenemos que a plazos iniciales de uno, dos o tres años,
Sin embargo se ponen límites. el juez podría extenderlos a un año y medio, tres años y
El juez no puede imponer reglas de cuatro años y medio, respectivamente. Sin embargo, la
conducta que atenten contra la dig- última parte de este inciso prescribe que m ningún caso la
nidad del procesado. En el dere- !lrÓrroga acumulada sobrepasará los tres w/os.
cho comparado, sobre todo en tratados y convenciones de No queda claro a qué se refiere el legislador con¡m)~
derechos humanos, el término "dignidad" es utilizado rna- rroga acumulada. En teoría podrían darse dos prórrogas
yonnente para proscribir aquellos actos que atentan contra sucesivas, lo LJUe llevaría por ejemplo a un plazo inicial de
la calidad de persona humana. Así se entiende que la tortu- tres años y dos prórrogas de un año y medio cada una. Así
ra, los tratos crueles y degradantes violentan gravemente la las prórrogas no superarían los tres años. pero tendríamos
dignidad de la persona. Sin embargo se acepta una dimen- un periodo de prueba de seis aííos. Nosotros somos con-
sión más amplia, asociada al principio de libertad de la per- trarios a plazos de prueba de larga duración, por lo cual
sona humana. Mas si se llega al extremo de afirmar que el entendemos LJUe cuando el legislador menciona 1nármga
hombre es un ser libre por naturaleza y que. por tanto, cual- acumulada se refiere al plazo inicial y a la o las prórrogas.
quier medida 4ue atente contra su libertad conculca su dig- que todas en conjunto no deben superar los tres años. Por
nidad, estaríamos forzando el concepto hasta el extremo de eso creemos preferible una aclaración al respecto y utili-
dejarlo sin contenido. No habría medida coercitiva o regla zar términos tales como plazo o régimen global o total.
de conducta que no afecte la "dignidad de la persona".
REVOCACIÓN DEL RÉGIMEN
Pero los problemas permanecen al considerar un con-
cepto estricto de dignidad. Algunas reglas de conducta pue- Para nosotros la revocación debe ser excepcional y
den no atentar contra la dignidad de la persona en un con- procedente, sobre todo. en los casos de comisión de nue-
cepto restringido, pero tam- vos delitos. El artículo 66"
poco las aceptaríamos por del Código Penal cumple
ser contrarias a un estado estos objetivos. Lo LJUC nos
democnítico de derecho. parece desproporcionado
Así, por ejemplo. el dcsafi- es que el incumplimiento
liarse de determinado par- de reglas de conducta pue-
tido político. el abstenerse da traer como secuela la
de emitir opinión. concurrir revocación del régimen de
a misa los domingos, cte. prueba y, en cambio, no
pueden no ser considerados quepa ante la comisión de
tratos crueles o degradantes otros delitos cuando éstos
pero sí atentatorios de la li- no superen los tres años de
bertad de las personas. De pena privativa de libertad.
esto se tiene que el término Nosotros considera-
utilizado -"dignidad"- no mos LJUe la comisión de un
sea pacífico. De ahí que delito es más grave que el
propongamos el empleo de incumplimiento de cual-
otros términos omnicorn- quier regla de conducta.
prensivos como "derechos fundamentales" o la "libertad de por lo que proponemos la
las personas" para sustituir al de "dignidad". eliminación del incumplimiento de las reglas de conducta
Tampoco considerarnos apropiado fijar corno regla de como motivo de la revocación del régimen.
conduela el "respetar el ordenamiento jurídico" o el de
"no cometer nuevos delitos". Éstos son mandatos dirigi- CONSECUENCIAS ACCESORIAS
dos a todo ciudadano, verdaderas obligaciones para quien Si bien el artículo 63" no menciona la posibilidad ele
vive en sociedad, sea procesado o no. Lo que el juez pue- fijar consecuencias accesorias en los casos en que se re-
de hacer es advertir al culpable que de volver a cometer serva el fallo, creemos que esto es posible: las consecuen-
delito le puede revocar el régimen y, por tanto, ser conde- cias accesorias no tienen la naturaleza de una pena. Aun-
nado tanto por el primer como por el segundo delito. que su nomen iuris podría crear confusiones, creemos que
existe cierta semejanza con el problema de la reserva del
INCUMPLIMIENTO DE LAS REGLAS DE CONDUCTA fallo y la reparación civil, pues no resulta fácil determinar
No se exige al agente observar un ejemplar comporta- de qué son accesorias las "consecuencias accesorias". Al
miento. Lo mínimo que se le exige es cumplir las reglas de menos en cuanto al decomiso (artículo 102" C.P.), pues no
conducta clara y expresamente dispuestas por el juez, así creemos que el juez deba resolver la devolución al impu-
como la condición de no cometer nuevo delito. tado, cuyo proceso fue sobreseído por prescripción, de los
El incumplimiento de las reglas de conducta puede libros, cintas y videos ilegalmente reproducidos. O que
originar -según la gravedad de las circunstancias- una deba indemnizarse al comerciante de medicamentos adul-
severa advertencia, la prórroga del plazo de prueba o in- terados, por ordenar la destrucción de su 111crcadería. En
cluso su revocación. todo caso, esto es materia de debate.
En cuanto a este punto advertimos el problema que Por último queremos rel"erirnos a la posibilidad LJUC el
suscita la redacción del segundo inciso del artículo 65". titular del Ministerio Público, pueda solicitar al juez dis-
Éste menciona que el régimen de prueba puede ser prorro- ponga una reserva del fallo condenatorio. Algunos niegan