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La Biblioteca de la Eternidad

En un diálogo entre un recién llegado y un lector en una biblioteca del más allá, el hombre descubre que ha muerto y se siente confundido. El lector, impaciente, le explica que aquí solo se lee narrativa y que no hay lugar para la amistad o la poesía. A medida que el hombre busca un libro, se frustra al encontrar solo títulos de 'Harry Potter', cuestionando la calidad de su eternidad.
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La Biblioteca de la Eternidad

En un diálogo entre un recién llegado y un lector en una biblioteca del más allá, el hombre descubre que ha muerto y se siente confundido. El lector, impaciente, le explica que aquí solo se lee narrativa y que no hay lugar para la amistad o la poesía. A medida que el hombre busca un libro, se frustra al encontrar solo títulos de 'Harry Potter', cuestionando la calidad de su eternidad.
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ETERNIDAD

EL HOMBRE.- Disculpe. Perdone que le interrumpa. ¿Qué lugar es


este?

EL LECTOR.- Estoy ocupado, ¿no lo ve?

EL HOMBRE.- Sí, lo siento. Ya le he dicho que no quería interrumpir.

EL LECTOR.- Pues lo ha hecho.

EL HOMBRE.- Es que estoy algo confusa.

EL LECTOR.- (Cerrando el libro.) Recién llegado, ¿eh? (EL HOMBRE


asiente.) Coja un libro y siéntese donde haya un sitio libre. Si es lejos,
mejor.

EL HOMBRE.- Es que no recuerdo cómo he llegado aquí, y...

EL LECTOR.- (Interrumpiendo con brusquedad.) Oiga, si no le importa,


aún tengo muchas páginas por delante antes de acabar el capítulo. Y si
me distrae, perderé el hilo y tendré que volver a empezar. Y odio volver
a empezar. Todos llegamos algo confundidos aquí, y a todos nos costó
hacernos a la idea. Para todos fue doloroso, pero yo no tengo la culpa
de que ahora le haya tocado a usted. Y, a decir verdad, no me interesa
su vida. Solo quiero que me deje acabar el maldito capítulo. Así que le
voy a hacer un favor y le voy a ahorrar todo el tiempo de adaptación y
eso. Está usted muerta. Así de simple. La vida se acabó. Es el pasado.
Olvidela. Ahora, siéntese y lea.

EL HOMBRE.-Muerta... ¿Cómo es posible? Si aún soy joven y estoy


sana. Claro, que lo último que recuerdo es ir conduciendo mi coche.
Tenía algo de prisa. Y me había tomado un par de copas justo antes.
Eso sin contar que había bastante niebla, y...

EL LECTOR.- (Cortándole de nuevo.) Que no me cuente su vida. Que


no me interesa. ¿Es que no me escucha?
EL HOMBRE.- Entonces, ¿así es el más allá? Curioso. Igual que lo
imaginaba Borges: una gran biblioteca en la que se reúnen para leer
eternamente. Es fantástico. Mucho mejor de lo que yo esperaba.

EL LECTOR.-Sí, estupendo. Pero esto es una biblioteca. Mire a ver si


puede callarse un poco.

EL HOMBRE.- (Hablando más bajo.) Perdone. (Pausa.) ¿Y qué lee


usted?

EL LECTOR.- (Hastiado.) ¿Que qué leo? No sabe lo harto que estoy de


que todos los recién llegados me hagan esa pregunta. Odio la maldita
pregunta.

EL HOMBRE.- Está bien, hombre, está bien. No hace falta ponerse


borde. (Se sienta en uno de los asientos libres. Parece que va a coger
uno de los gruesos volúmenes que hay apilados sobre la mesa, pero no
lo hace. Tras un instante, se dirige de nuevo al lector.) Perdone. Una
última pregunta y ya le dejo en paz.

EL LECTOR.-Si me promete que es la última, hágala cuanto antes.

EL HOMBRE.- ¿Hay mucho sabio aquí? Me refiero a..., ya sabe:


grandes escritores, filósofos, poetas... No sé, quizá estamos sentados
cerca de Hemingway, Schopenhauer, Rimbaud...

EL LECTOR.- Ni idea.

EL HOMBRE.- ¿No lo sabe? ¿Pasa usted la eternidad aquí y no lo


sabe?

EL LECTOR.- Aquí se viene a leer, no a hacer amigos.

EL HOMBRE.- ¡Vaya, qué lector más entusiasta es usted! Bueno,


bueno, pues sigo su ejemplo y me pongo a leer. (Pausa breve.) ¿Me
recomienda algo concreto?
EL LECTOR.- ¿No me había hecho ya la última pregunta?

EL HOMBRE.- Es que no sé qué me apetece... Quizá algo de poesía.

EL LECTOR.- No hay poesía.

EL HOMBRE.- Pero, con tantos libros, alguno habrá...

EL LECTOR.-Ninguno, se lo aseguro.

EL HOMBRE.-Pues algo de filosofía quizá. (EL LECTOR niega con la


cabeza.) ¿Teatro tal vez?

EL LECTOR.-Narrativa. Solo hay narrativa.

EL HOMBRE.- Pues vaya biblioteca más limitada.

EL LECTOR.- Ni se lo imagina.

EL HOMBRE.- ¿Y por dónde empiezo?

EL LECTOR.- Empiece por donde empiece, le va a dar igual.

EL HOMBRE.- ¿Qué quiere decir?

EL LECTOR.- (Señalando la pila de libros más próxima.) Mire, coja uno


y punto.

EL HOMBRE.- Está bien, dejemos que escoja el azar. (Abre el libro que
tiene más cerca.) ¿Harry Potter? Ni hablar. Aunque aquí el tiempo ya no
cuente, no pienso perder el tiempo. (Coge otro.) ¿Otra vez Harry Potter?
Qué mala suerte. A ver este. (Coge otro.) ¡Harry Potter! (Frenética,
examina uno a uno los ejemplares que tiene cerca, incluido el que EL
LECTOR tiene en sus manos.) No puede ser. No puedo pasar la
eternidad leyendo este bodrio. ¿Qué clase de cielo es este?
EL LECTOR.- ¿Cielo? ¿Pero de dónde ha deducido que esto es el
cielo?

(EL HOMBRE no le escucha. Continúa su búsqueda infructuosa de un


título diferente, de algo distinto que llevarse a los ojos, mientras repite
febril las mismas dos palabras.)

EL HOMBRE.-Harry Potter, Harry Potter, ¡Harry Potter!

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