INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene como objetivo abordar la temática del derecho de acceso a la Justicia
de las minorías sexuales como derecho humano fundamental. Para ello, a partir de los aportes
teóricos y bibliográficos que propone la cátedra de Psicología y Derechos Humanos se analizará
cómo estos derechos se ven influenciados por nuestro contexto socioeconómico, político y
cultural actual. El derecho de acceso a la justicia es un derecho que tienen todas las personas a
utilizar las herramientas y mecanismos legales como así también sociales, para que se
reconozcan y protejan sus derechos. Este acceso hace referencia a un conjunto de derechos y
garantías que los Estados tienen que asegurar a sus ciudadanos, sin ningún tipo de distinción,
para que puedan acudir a la administración de justicia a resolver un conflicto y obtener una
sentencia justa, de conformidad con el ordenamiento jurídico. Se aplica a todas las
jurisdicciones y tiene un contenido amplio: la protección de la integridad física y psíquica de las
víctimas y testigos, la gratuidad, la asistencia de un equipo interdisciplinario de profesionales
así como las garantías del debido proceso. Sin embargo, el ejercicio de este derecho en la
práctica cotidiana puede verse impedido por la existencia de distintos obstáculos normativos,
sociales o económicos que imposibilitan que una persona que sufre la vulneración de sus
derechos pueda ejercer debidamente su derecho de reclamar socialmente como así también
su derecho de defensa en juicio y obtenga un remedio judicial idóneo y estas dificultades se
agudizan aún más cuando la pobreza y la indigencia se encuentran presentes. Desde el año
2003 hasta la fecha, la República Argentina ha tenido decisivos avances en pos de garantizar el
acceso a la Justicia para todos sus habitantes. Ello es, sin dudas, producto de decisiones
políticas firmes, encuadradas dentro de un concepto macro como es el de la inclusión social
pues la falta de acceso a la justicia afecta particularmente a grupos desaventajados social y
económicamente. Esto incluye a grupos que históricamente han sido marginados, tales como
los sectores pobres, las mujeres, las comunidades negras, inmigrantes y LGBTIQ+, entre otros.
Se analizará, entonces, casos prácticos, hechos recortados de la cotidianeidad y narrados en
noticias periodísticas sobre cómo el acceso a la Justicia de minorías sexuales produce ejes de
debate.
DESARROLLO
El término LGBTIQ+ está formado por las siglas de las palabras lesbiana, gay, bisexual,
transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer. Al final se suele añadir el símbolo + para
incluir todos los colectivos que no están representados en las siglas anteriores. Estas siglas han
evolucionado a lo largo de los años ya que se han incorporado nuevos conceptos para hacer
referencia a otras identidades de género y orientación sexual por lo tal hablamos de un
término que está en constante transformación. Esta comunidad se encuentra bajo el prisma de
una fragmentación social que como estrategia del poder dominante construye grupos sociales
aislados denominado “minorías” en donde estas personas, debido a su identidad de género,
orientación sexual o prácticas sexuales consentidas, difieren de los de la mayoría de la
sociedad en la que viven, se encuentra relativamente aislado de otros grupos sociales con
imposibilidad de adquirir cierta hegemonía política en un contexto social determinado, es
sometida a condiciones de vida por debajo del respeto del resto de los individuos de la
comunidad convirtiéndose en sujetos pasivos. El concepto de sujeto que propone Pichon
Riviere caracteriza a éste como emergente producido en una compleja trama de vínculos y
relaciones sociales, en tanto determinado pero a la vez productor, actor y protagonista.
Configurándose en una actividad transformadora, en una relación mutuamente modificante
con el mundo, relación esta que tiene su motor en la necesidad. A partir de estas necesidades y
en función de ellas se establece entre sí relaciones, prácticas, experiencias concretas y acciones
que van a determinar su subjetividad donde así queda planteado el carácter social e histórico
de lo psíquico. Es aquí donde la psicología social se plantea cómo el abordaje de sujeto en la
interioridad de sus vínculos, en la relación de los hombres con otros y en el lugar donde
emergen y satisfacen sus necesidades es decir en la vida cotidiana, considerar a ésta como
proceso dinámico tiene que ver con cómo se conforma: eventos relacionados con el
mantenimiento de nuestra vida ( relacionarnos, comunicarnos, alimentarnos, conducirnos, etc)
y con la calidad de la misma ( alcance de la felicidad, capacidad de realización personal,
comodidad, tranquilidad espiritual, etc), lo que excluye la manifestación reflexiva del ser
humano, de rutinas, monotonías y enajenación. Cómo psicólogos analizaremos la vida
cotidiana desde una mirada crítica en cuanto a la formación social concreta que se organiza
materialmente a la experiencia de los sujetos, cómo se constituye la subjetividad de los
mismos. Podemos ver cómo las personas que forman parte de la comunidad LGBTIQ+ a diario
tienen dificultades al desarrollar sus actividades cotidianas como trabajar, ir a la escuela o
simplemente salir a la calle donde son juzgadas, sufren agresiones físicas y verbales,son
víctimas de detenciones arbitrarias por su orientación o su identidad de género y prejuicios
cuando denuncian un delito en su contra, además de una constante impunidad que ataca a las
personas en sus cuerpos,sus mentes y en la construcción de su historia, son víctimas de una
familiaridad acrítica, estas personas interpretan su realidad en una sola dirección, como si las
cosas, las relaciones, los vínculos con otros solo pudieran suceder de la forma en que lo hacen;
las metas superiores quedan excluidas y la vida se convierte en una obviedad, donde todo está
sobrentendido. En un caso ocurrido en la provincia de Buenos Aires donde un joven gay recibió
una golpiza en un local de comidas rápidas hasta quedar inconsciente por un grupo de rugbiers
declaró: “No es la primera vez que me pasa. Esta vez, pensé que me matarían, que no iba a
poder contar lo que pasó. No me ayudó nadie, salvo una enfermera que estaba ahí de
casualidad. Fue la única persona que tuvo un acto de humanidad.”, además agregó: “Desde
chico vivo la discriminación. Siempre supe que era homosexual, sin embargo, traté de
amoldarme a lo que la sociedad esperaba que fuera”. De algún modo este tipo de violencia se
naturaliza y las personas lamentablemente solo tienen que aceptarlo quizás porque ocurre
desde siempre, donde hay un deseo de “castigar” a lo que se considera diferente: las
identidades,comportamientos o cuerpos que difieren de las normas sociales y roles de género
tradicionales, que son contrarias al sistema binario hombre/mujer; No se da lugar a una crítica,
a comprender la situación problemática y cómo afecta a las víctimas es por eso que desde
nuestro rol como psicólogos sociales habría que poder desarrollar la capacidad de situar al
hombre en un aquí y un ahora de acuerdo a cada realidad vivida, aportar información a través
de capacitaciones, talleres, clases en escuelas, etc, de ser capaz de comenzar a incorporar
nuevos estilos, nuevas concepciones, nuevas estrategias y para ello tener en cuenta como
filosofía de vida: respeto por uno mismo, respeto por los demás y respeto por todas sus
acciones. Es que debido a un estigma, discriminación y desvalorización sobre el imaginario
social que se construye sobre las personas del colectivo LGBTIQ+ y como resultado de un
contexto económico, cultural y social en donde se ha establecido a la heterosexualidad como la
única opción válida para el ejercicio del amor y de la sexualidad y como modelo en donde se
debe permanecer como condición para ser un miembro activo de la sociedad. Retomando los
aportes teóricos de Colaski, podemos entender que los Derechos Humanos son una
construcción que va a depender del contexto en el cual estamos insertos (político, económico,
social y cultural) y en tanto construcción necesita ser reflexionada para garantizar su
efectivización y de este modo que sean parte de nuestra conducta. Los derechos humanos de
las personas que pertenecen a esta comunidad abarcan los mismos derechos que a todos
como personas nos corresponden o mejor dicho, debería abarcan ya que en este caso se toma
como acento en especial que este grupo en particular es más vulnerable debido a las
representaciones descalificantes que la sociedad machista tiene sobre las diferentes, y quizás
“nuevas” formas de expresión de identidad de género y orientaciones sexuales. ¿Por qué
decimos que los sujetos del colectivo LGBTIQ+ son un grupo vulnerable? El criterio de
vulnerabilidad es pensado a partir de lo planteado por Domínguez Lostaló que refiere a quien
se encuentra en la situación de ser herido o dañado por la exclusión, la marginación, entre
otras. Es en este punto de vulnerabilidad que se daña la salud física y psíquica. Sentirse
vulnerable hace referencia a un estado psicológico en el que se hace conscientes de una herida
emocional o malestar psíquico, que en determinados momentos se cree que no se va poder
superar, donde culturalmente se nos educan consistentemente en ocultar, por miedo al
rechazo, que pueda suponer más malestar aún o que los demás lo puedan aprovechar en
nuestra contra. Es así que las experiencias de discriminación y estigmatización que son parte de
la vida de gays,lesbianas,trans,etc han llevado a desarrollar problemas de autoestima,
trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, estrés y quizá mayores proporciones de
trastornos psicológicos, esto los lleva a la búsqueda de ayuda profesional es entonces que el
lugar de acción del psicólogo social en tanto es llamado a desenmascarar las tramas que lo
aquejan individualmente como así también del sentido común que se ocultan tras los vínculos
sociales, dice Maritza Montero. El caso de Ayelén Gómez, la joven trans que fue encontrada
muerta bajo una tribuna de Lawn Tennis Tucuman en julio de 2017 develó la vulnerabilidad de
este grupo de la comunidad. Las personas trans sufren exclusión a muy temprana
edad lo cual las lleva a abandonar estudios como consecuencia se les dificulta la búsqueda
laboral y al encontrarlo, son víctimas de discriminación y eso en cierto punto los obliga a
inclinarse por la prostitución como modo para subsistir económicamente. Esto en último
término conlleva una vida muy dura y a una muerte muy prematura. “No queremos seguir
siendo un número más en los casos de femicidios o travesticidios en el país. Estamos
totalmente vulnerables y desprotegidas. Necesitamos soluciones desde ayer. Una persona
trans de 30 años que no cuenta ni con educación ni con un trabajo digno no tiene muchas
opciones.” expresó Marcia Albornoz de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros
de la Argentina (ATTTA) luego del fatal hecho. A causa del imaginario social sobre las personas
trans, principalmente, se le atribuye a los mismos una relación de pasividad y dependencia de
los otros como consecuencia de no poder llevar a cabo una vida como el resto de las personas
ya sea por su exclusión de la sociedad o por motivo de integridad física (enfermedades que
sufre este tipo de personas SIDA, VIH) este grupo está más expuesto a que se vulneren sus
derechos ya que la sociedad no les otorga un papel activo y participativo en la misma y por
ende muchas de las cuestiones que refieren a sus necesidades están en manos de los demás;
su exclusión del sistema productivo como producto del sistema capitalista machista que
prioriza a hombres y mujeres “definidos por cómo tal por su sexo biológico” los convierte en un
grupo excluido y en tanto excluido, vulnerable. En nuestro país, además se suma la vulneración
de las personas trans en la imposibilidad o dificultad de acceder a servicios básicos, como
intervenciones en salud, seguridad social, instituciones que garanticen el cuidado y protección
de este grupo; los existentes son precarios, insuficientes y no cubren todas las necesidades y
personas que los demandan. Además debemos mencionar como otro obstáculo que los grupos
vulnerados encuentran a la hora de acudir a pedir por sus derechos y que pueden surgir, entre
otras causas, la falta de recursos económicos para obtener asesorías y representación legal. La
pobreza está relacionada a problemas de acceso a servicios esenciales, tales como salud,
vivienda,educación y derecho de justicia. Los grupos pobres están más susceptibles a sufrir
situaciones de violencia, discrimen y violaciones a sus derechos civiles. Entre los grupos
pobres, son especialmente vulnerables las mujeres, los niños, ancianos y por supuesto los/as
chicos/as trans. La discriminación histórica que sufren algunos sectores de la población
fomenta la desconfianza hacia los sistemas de justicia. Imágenes relacionadas al abuso
policiaco, la violación constante de derechos civiles y la falta de transparencia en el gobierno
promueven la sensación de vulnerabilidad, miedo e indefensión con que las personas
desaventajadas se enfrentan a los procesos legales. Desde la Psicología, en particular desde la
Psicología Social, se aporta un cuestionamiento y reflexión sobre las prácticas que van
determinando las configuraciones sociales y subjetividades de cada individuo. Se permitirá
develar lo que está oculto, lo que subyace en la formas de las relaciones sociales, con el fin de
entender por qué las sociedades se constituyen y se relacionan de determinadas maneras, a
qué intereses responden estas configuraciones. “La psicología social indagará las leyes que
rigen la configuración del sujeto a partir del interjuego entre
necesidades y satisfacción, ya que es en esta dialéctica entre necesidad y satisfacción, entre
sujeto y contexto que tiene su anclaje toda representación, toda significación social, toda
ideología.” (Pichón-Riviere, E. y Pampliega de Quiroga, A.; 2008). Además la psicología colabora
con los organismos de pertinentes que defiendan a estas personas a considerar la
indivisibilidad, la interdependencia y universalidad de los derechos humanos abordandolos
desde la interdisciplinariedad, conjuntamente con trabajadores sociales, personal policial, de
estamentos judiciales y médicos, en el caso que se fuera necesario. Los psicólogos sociales
podemos y debemos promover una lectura crítica de la realidad que se oriente hacia la
construcción social de una representación de las personas excluidas de manera distinta.
Debemos desde el rol de psicólogo, resignificar los derechos humanos, hacerlos parte de
nuestra conducta y efectivizarlos en nuestra cotidianidad. Crear una cultura de derechos
humanos donde podamos incluirlos en los procesos de enseñanza-aprendizaje, es decir
podríamos aplicar en las escuelas e instituciones de enseñanza educación suficiente sobre los
derechos y las maneras de ejercerlos. En consecuencia, los niños y niñas jóvenes se
desarrollarán con la conciencia de que tienen unas garantías fundamentales que tienen que ser
respetadas y protegidas. Desde el desconocimiento sobre dónde ubican los tribunales y centros
de servicios legales más cercanos, información actual sobre género, identidades sexuales,etc
que permita decontruirse y adaptarse a una realidad concreta según el momento histórico que
se está viviendo y hasta el limitado dominio de información sobre derechos y el sistema de
justicia, la falta de educación sobre estos temas impide que las personas puedan reclamar
justicia, lo que las hace aún más vulnerables ante situaciones de abuso y discrimen. El
posicionamiento desde el cual se pretende intervenir es desde la concepción de Psicólogo
Social como promotor del cambio social. Se ubica en una concepción materialista que permite
develar lo oculto de la ideología, los lugares de poder desde los que se sugieren y hegemonizan
las representaciones sociales. Se valorizara la integridad del sujeto en tanto ser bio-psico-social
y, que está en consonancia con la intervención que plantea la ley de salud mental, con la
epistemología convergente. Desde esta concepción se busca una nueva relación entre el sujeto
y el contexto a partir de la transformación de las necesidades (Pampliega de Quiroga, 1986). Es
necesario el protagonismo de los pacientes y de la población en general que asuman roles
sociales operativos e instrumentan la producción grupal como herramienta terapéutica, donde
pueda darse esta relación de aprendizaje, de creatividad, de transformación recíproca, de salud
y por consecuente, mejore la calidad de vida de las personas. Los derechos LGBTIQ+ como una
lucha política A lo largo de varias décadas, la sociedad Argentina cómo mundial ha
experimentado muchas transformaciones culturales y políticas que se dirigen hacia la
consecución de una vida democrática liberal y de una sociedad más abierta. Sin embargo,
todavía persisten la intolerancia y la falta de respeto a los derechos de grupos amplios de la
población. Tomando el concepto desde un sentido estricto desde el texto de Montero la
política no se refiere únicamente al arte de gobernar sino que tiene que ver con el estado
ciudad y por lo tanto incluye lo civil,lo público y ciudadano. No se toma a la lucha de los
derechos
desde lo partidario, que intenta ganar seguidores o partidarios para una causa sino desde una
lucha que se tiene que dar desde el razonamiento político. No se exige algo fuera de lo común,
no se habla de derechos especiales, se habla sobre derechos humanos y deben cumplirse como
tal. Es necesario desideologizar es decir poner en evidencia ese sentido común que encubre los
obstáculos objetivos para el desarrollo de la democracia, poder desenmascarar todas aquellas
formas que operativizan y justifican un sistema social opresivo y explotador en donde la
heterosexualidad está regida por la normativa del machismo que implica asumir un sexo
determinado: hombre o mujer según su sexo biológico donde sus críticas están enfocadas a la
comunidad LGBTIQ y al feminismo desde donde se busca dar un lugar activo a la mujeres en la
sociedad con los mismos derechos que gozan los hombres.
CONCLUSIÓN
Creo conveniente recalcar que sin importar la orientación sexual o identidad de género, todas
las personas tienen derecho a demandar y recibir justicia. Como reflexión ética y debido a que
el sujeto es un ser social y se define a partir de los otros, es necesario la participación social
para un cambio respecto a la mirada de las personas que pertenecen a comunidades o grupos
minoritarios, para sentirse integrados, pertenecientes y no adquirir una subjetividad negativa
ni sentirse discriminados. Como miembros y actores de la sociedad y en particular como
psicólogos debemos enfocar nuestras intervenciones desde una perspectiva que contemple los
derechos humanos, con el fin de que nuestras acciones impliquen cambios en las prácticas
sociales en beneficio del cumplimiento y la protección de estos derechos. La garantía de los
derechos humanos implica que el sujeto pueda desenvolverse y actuar en una realidad de un
modo activo y transformador, lo que conlleva salud. El contexto económico y político particular
que nos atraviesa nos propone aún más una mirada crítica sobre las relaciones y las prácticas
sociales que se llevan a cabo, repensar el escenario y el rol que tenemos como agentes de
cambio y dirigirnos hacia una sociedad más solidaria, más participativa e inclusiva.