El Dinero: Poder y Transformación Social
El Dinero: Poder y Transformación Social
Martí Olivella.
Índice
Presentación.
Introducción.
La plutarquía y otros relatos.
Luego está la tercera posibilidad: los intercambios dentro de F; una economía financiera,
instrumentos financieros de compraventa, independientes de la economía real. Es evidente que si
R está en baja forma porque se produce poco en bienes y servicios o porque lo que se produce es
de mala calidad, entonces una economía financiera dinámica puede ayudar: creación de algunos
créditos aquí y allá, poner dinero en manos del consumidor para facilitar la compraventa que a
su vez puede generar beneficios que se pueden invertir en una producción mejor y más
abundante.
Pero una economía financiera extremadamente dinámica despierta una gran tentación:
hacer dinero comprando y vendiendo instrumentos financieros, subir sus precios, incluyendo el
precio del dinero por encima del tiempo (tipos de interés) y por encima del espacio (tipos de
intercambio), y el precio del capital y de las finanzas (tipos, en general). En otras palabras, la
especulación. Si R se arrastra desesperadamente detrás, entonces F ya no es un reflejo de R. Y el
resultado puede ser un fracaso del intercambio de capital o como mínimo una economía muy
entorpecida, con inflación y otros fenómenos difíciles de controlar.
Esto ya es suficientemente problemático. Pero Olivella destaca otro aspecto:
instrumentos financieros anónimos versus instrumentos financieros identificables. Fijémonos en
el dinero en monedas o en los cheques bancarios: ¿qué nos pueden contar, sobre todo en
sociedades donde predomina una circulación de dinero muy rápida? Pero ahí están, sin dejar
huella alguna ni contar con ninguna huella. Bueno, a veces las huellas son útiles para los
detectives, y los números, sobre todo cuando son consecutivos, también pueden aportar alguna
información. De ahí la necesidad de «blanquear» el dinero, de deshacerse de cualquier huella.
Pero en principio el dinero no tiene ninguna historia porque no tiene memoria, y empieza cada
transacción fresco, como si se usara por primera vez.
Pero esto no sucede con el dinero de plástico. No sólo se puede registrar quién, a quién y
por qué, sino también cuándo y dónde, con la claridad del extracto mensual de Diner’s Club,
Eurocard, American Express y Visa. Lo único que falta es el porqué, es decir, la motivación que
hay detrás de cada operación. Pero es una cuestión que normalmente puede deducirse bastante
bien a través de la otra información, haciendo posible la confección del perfil del usuario (dejé a
algunas de estas compañías cuando descubrí que habían vendido perfiles de los consumidores a
otros ¡a cambio de sus esfuerzos comerciales!).
Aquí es donde entra la terrorífica ambigüedad del dinero de plástico. La operación se
convierte en historia. La evidencia de la transacción esta allí; al fin y al cabo se trata de hacer
pagar al comprador, tanto si se trata del plástico de una tarjeta de un banco como de una tarjeta
de crédito. En principio, esto tendría que agudizar el sentido de la responsabilidad cuando se
hace la operación, por lo menos por el mero temor de ser descubierto (como por ejemplo en el
pago de favores sexuales ilícitos con tarjeta de crédito). Por otro lado, la historia de la operación
también aumenta el control sobre el poseedor de la tarjeta. Así, no sólo el Capital tiene sus
medios para cobrar sino que el Estado tiene sus medios para supervisar todas las transacciones.
Para lo bueno (detectar el fraude), y para lo malo (guiar y manipular el movimiento general de R
y de F en la sociedad sin diálogo alguno). En otras palabras, la transición hacia el dinero de
plástico debería estimular más el Auto-control, pero también el Control de los demás.
Este es el problema que Olivella analiza. Sus remedios son interesantes y. realmente vale
la pena discutirlos como una manera de escapar de la caja de acero de Max Weber. El trueque es
otro: responsabilidades y relaciones directas y personales. Como el «trato» de Olivella con el
lector, que recomiendo sinceramente. ¡Venga, a aprender, a discutir!.
Porque este libro también es una pieza fascinante de macro-historia. El lector aprenderá a
ver la historia a través de la transformación del sistema monetario: basado en cerámica, basado
en metal, basado en papel, basado en electrónica (el plástico existe sólo para acceder a los
circuitos electrónicos). Cada fase conduce a nuevas oportunidades y a nuevos problemas.
Aunque de alguna manera el tema del dinero siempre se da por supuesto en realidad no se debate
ni mucho menos todo lo que se tendría que debatir.
En todo esto encontramos un mensaje para los movimientos sociales. La mayoría se
centran en R, la economía real. ¿Cuáles deberían ser las prioridades? (Como la producción para
satisfacer las necesidades básicas de los más necesitados). Y ¿externalidades? ¿Incluyendo un
consumo y una distribución equitativa, socialmente justa, y puede que más igualitaria? Entonces
el dinero se usa como algo para redistribuir y deducir impuestos; como medio más que como
finalidad, para la acumulación. Esto está bien, pero las funciones sociales de las distintas clases
de sistemas monetarios no están incluidas en los debates, ni en las agendas de los movimientos
sociales.
Tanto los esfuerzos constructivos de Olivella, basados en sus guías empíricas para el
lector, como su sentido critico, también deberían inspirar a los demás a mirar hacia el dinero.
Tarde o temprano tendremos una moneda única europea (Occidental). Hay algunas ventajas
como la reducción (o casi eliminación) de los costes de intercambio. Pero hay desventajas: el
dinero líquido, no marcado, se moverá hacia el centro, aumentando el poder del centro para
enviar dinero marcado con decisiones de regreso a la periferia. A lo mejor la gente reaccionará
imprimiendo vales de crédito locales, etc. En resumen, un período muy dinámico que concierne
al dinero. Podemos agradecer a Olivella que sea uno de nuestros guías.
Desde hace bastantes siglos se está intentando dar respuesta a estos interrogantes. Los
fracasos repetidos, una y otra vez, nos han resignado a convivir con la impunidad del juego sucio
y con la miseria: «siempre habrá pobres, siempre habrá juego sucio...».
Es probable que «siempre» haya personas que por muchos motivos no sepan o no puedan
generar la riqueza necesaria para vivir y que «siempre» habrá personas que intenten saltarse la
ley y comprar a otras personas y conciencias para conquistar o mantener poder. No estamos
negando estos hechos. Se trata de intentar poner unas bases para que, en el primer caso, esto no
signifique vivir en la miseria y, en el segundo caso, que estas corrupciones dejen rastro y no
puedan quedar impunes. No buscar todos los medios posibles para intentar superar la miseria y
el juego sucio sólo indica o incapacidad instrumental o complicidad con la perpetuación de estas
realidades.
El conjunto de reflexiones y de propuestas que se expondrán intentan ofrecer elementos
para romper la complicidad y el fatalismo. Si en la práctica social estas propuestas se muestran
insuficientes será necesario buscar otros caminos.
Debemos tener en cuenta que el tema de la moneda como instrumento de cambio no sólo
mercantil, sino también social, no surge únicamente de su posibilidad tecnológica actual -la
monética- sino que va unido a la propia concepción de qué es la moneda -como veremos en los
primeros capítulos- y de la hipótesis de que el tipo de moneda (anónima o personalizada,
desinformativa o documentadora, escasa/abundante o equilibrada) favorece un tipo u otro de
sociedad y de mercado: favorece el poder irresponsable o la libertad responsabilizada.
La tecnología puede ser usada para crear una moneda con características liberadoras o
represivas. Aunque la monética no sea imprescindible para realizar un cambio de sociedad, sí
que puede ser preciso encontrar un uso alternativo al actual en las sociedades complejas que lo
están adoptando en sus relaciones mercantiles y sociales.
Se deben precisar con claridad las condiciones de aplicación de la monética porque se
corre el peligro de que el poder quiera legitimarla como control del pueblo, sin que el pueblo
controle a quien le controla.
Optar por establecer un sistema de garantías para el uso democrático y coherente de la
moneda electrónica es, ciertamente arriesgado, pero necesario.
***
El libro está vertebrado por veinte tesis sobre la importancia que tiene el tipo de
instrumento monetario para dificultar o para facilitar el respeto a las leyes, la información
económica, la responsabilización de la libertad, la contrastación y aplicabilidad de modelos
económicos... Los últimos capítulos estudian los peligros y las posibilidades de las diferentes
aplicaciones de la monética, y presentan el esbozo de nuevas reglas de juego social que permitan
una aplicación correcta y aprovechen, al mismo tiempo, su potencial transformador.
El lector que quiera obtener una visión sintética de lo que se expone puede leer Las
veinte tesis que se presentan al final del libro. Si quiere profundizar en alguna de las tesis puede
ir al capítulo correspondiente.
No hemos querido incluir la propuesta extensa de un hipotético nuevo modelo social -uno
de los muchos que se podrían plantear- para evitar que se juzguen las tesis centrales sobre el
necesario cambio de moneda, expuestas en este libro, en función de las carencias y
simplificaciones que un modelo global acostumbra a tener. Éste se presentará en otro volumen,
aunque se indican algunos elementos en el capítulo 19. No quisiéramos proponer un cambio
monetario sin que se entrevieran algunas de las potencialidades, creemos, liberadoras.
***
Las presentes líneas están escritas desde una sociedad «occidental», es decir, urbanizada,
industrializada, compleja, pro-científica, monetizada... Este tipo de sociedad no es el único que
existe, ni posiblemente es el mejor. No se puede prescindir del condicionamiento que ejerce la
sociedad en que se vive. Como hijos de Occidente, pero también atentos al resto de culturas,
podemos considerar que la mejor manera de respetarlas es buscar los medios para frenar la
impetuosa civilización occidental que las/nos está destruyendo. La mejor cooperación con las
otras culturas consiste, para nosotros, en descifrar los elementos clave que impiden a Occidente
modificar sus comportamientos depredadores. El enfoque que se presenta nace de Occidente,
pero se dirige también a todas las culturas que han adoptado, en mayor o menor grado, los
mecanismos de mercado y moneda.
En el campo de las propuestas de modelos sociales se debe reconocer que no hay
soluciones únicas válidas para todas las escalas. Lo que suele ser apropiado para una escala no
acostumbra a serlo para otra mayor o menor. El tamaño o la complejidad de cada cultura y de
cada sociedad determinará la adaptación de respuestas adecuadas. Pero ésta es una tarea que
corresponde a cada cultura y sociedad, y sobrepasa, evidentemente, las posibilidades de este
libro.
Incluso, limitándonos a una formulación de los problemas y de las propuestas en el
marco occidental, su percepción es muy segmentada según los diferentes sectores de población.
Los «lentes» de cada uno, según sea empresario o trabajador, político o ciudadano, desarrollista
o ecologista, pobre o rico, hombre o mujer... hacen que tengamos unas prioridades y unas
sensibilidades diferentes. En este sentido se exponen en el libro las argumentaciones más
generales o comunes y se dejan, de momento, las más específicas de cada sector social. Las
argumentaciones generales son susceptibles de interesar, incluso, a los que parece que podrían
perder más. Como en toda propuesta sintética y sinérgica, todos tienen algo que ganar y todos,
también, algo que perder; pero, en conjunto todos ganan más que pierden. El dinero es muy
importante, pero no lo es todo. Y las actuales relaciones sociales establecidas para obtenerlo
pueden no ser las mejores, incluso, para sus amantes más incondicionales.
***
Nos consideraremos satisfechos si estas páginas permiten que el lector vea como
problemática una realidad que antes no la consideraba como tal y que de esta conciencia pueda
generar una nueva visión de otros problemas, así como de sus posibles soluciones.
Cambiar la realidad no es una tarea de los libros, aunque los libros hayan sido a menudo
un eficaz instrumento. El futuro y la política son dos aspectos vitales apasionantes porque la
voluntad de los hombres no es previsible. Si las pistas que se sugieren no son acertadas,
sabremos que es necesario buscar otras diferentes.
El cómo del cambio, la concreción práctica, es la prueba de fuego y la gran incógnita,
pero es un campo abierto que sobrepasa la responsabilidad del autor, porque es una
responsabilidad colectiva de quienes comparten críticamente lo que se propone. La viabilidad
sólo podrá demostrarse, por tanto, con la experimentación social, fruto de la voluntad política.
***
Las ideas fundamentales que se expondrán son una selección de parte de la investigación
que durante toda su vida ha hecho Agustí Chalaux de Subirà. Los posibles aciertos que puedan
contener son, ciertamente, de él.
Sin la reflexión y la ayuda del equipo de amigos que, primeramente en el Centro de
Estudios Joan Bardina y actualmente en EcoConcern, estamos estudiando en común estos temas,
tampoco las páginas que siguen habrían visto nunca la luz. Quiero agradecer también a los
amigos del Mas Blanc las semanas de serenidad que me han permitido acabar el texto después de
años de redacciones interrumpidas, así como a mi amigo Stefano Puddu Crespellani por haber
compartido esta aventura. La ayuda de la Fundación Jaume Bofill ha sido también importante
para decidirme a concretar las ideas en el papel. Las sugerentes conversaciones de Tavertet me
han ofrecido la ocasión de vertebrar las tesis del libro.
La plutarquía y otros relatos.
Es difícil imaginarnos el mundo sin moneda. Las utopías que lo proponen, de momento,
fracasan. Pero, al mismo tiempo, existe la intuición de que la moneda no siempre es una ayuda
para las relaciones humanas, sino que también las enreda. Vivimos en esta ambigüedad.
Estos últimos años -como en ciertos períodos de la historia de las sociedades
monetizadas- el «dinero ha dejado de ser tabú para convertirse en rey». Esta frase es de Alain
Minc, el brazo derecho del financiero Carlo de Benedetti. En su último libro L'Argent fou (El
dinero loco) dice que «cree en la economía de mercado, en el capitalismo y en su capacidad de
movimiento y de renovación y acepta por tanto 'el precio que se tiene que pagar: el peso del
dinero en nuestra sociedad'. El principal problema se encuentra en que 'nuestro capitalismo no
tiene un contramodelo, se ha descubierto que sólo existe una manera de hacer economía de
mercado y ahora se tiene que encontrar, dentro del propio sistema, un contrapoder' sin el que se
'recrearán los conflictos de clases' y se pondrá en cuestión la legitimidad del sistema económico
vigente en la actualidad. 'Ha llegado el momento de decir stop, vamos a derrapar'. El mercado
que sólo se identifica con el dinero se ha convertido en 'totalitario'. Hoy existe un 'salario
mínimo de los ricos' porque los tipos de interés son muy superiores a la inflación. 'No existe
salario que aumente en la misma proporción1'».
Después de esta sorprendente denuncia, A. Minc nos sorprende con la solución:
«Preconiza la instauración de una ética y la resurrección de la virtud y la moral. Unas reglas
económicas y de vida que consisten en 'no vender ni comprar acciones' y en colocar sus ahorros
en cuentas a plazo».
Por lo que sabemos de nuestro sistema económico, las crisis de sobreproducción o de
subconsumo, la inflación o la deflación, la pobreza y la opulencia... no son disfunciones
fácilmente solucionables. Parecen formar parte de la misma dinámica del capitalismo real. Dicen
que son el precio inevitable de un sistema que favorece el progreso, el desarrollo y la
modernización. El socialismo real no sólo no parece haber superado estos problemas, sino que
ha creado otros.
Los teóricos de uno y otro sistema han considerado el tema monetario como tema
secundario en la economía. Mientras la moneda estaba vinculada a metales preciosos escasos
provocaba problemas, pero su emisión tenía una cierta disciplina. A medida que la moneda se ha
ido desligando de cualquier contrapartida real y que la única disciplina es la impuesta por las
necesidades de los estados y por los intereses de los bancos estamos viviendo una situación
radicalmente nueva, sobre la que no sabemos gran cosa. «La actitud de los economistas ante la
moneda puede parecer curiosa. Mientras se desarrollan durante el siglo XVIII los bancos
emisores de billetes gracias a los que es posible hacer una política de creación de moneda
autónoma, libre de las limitaciones impuestas por la producción de metales preciosos, los
economistas lanzan la idea de que la moneda es un fenómeno secundario del que es posible
prescindir cuando se estudian las leyes económicas fundamentales. Este punto de vista, que
1
Alain Minc propone un cambio radical en el sistema capitalista,
«El Periódico», 11-II-1990.
prevalece desde entonces, no les impide denunciar regularmente los desórdenes monetarios que,
según ellos, son la causa de la inestabilidad de las economías. Esta actitud paradójica es testigo,
en todo caso, de la complejidad de la función que tiene la moneda en las sociedades modernas2».
Mientras los teóricos discuten, el dinero corre por todo el mundo a golpe de ordenador
buscando beneficios inmediatos, aprovechando los tipos de interés altos en uno u otro país,
comprando y vendiendo acciones que no tienen nada que ver con el valor de las empresas que las
han emitido, especulando sobre propiedades inmobiliarias, en materias primeras o en recursos
naturales escasos... El dinero fácil y abundante para especular destruye así la producción real,
agrava la depredación ecológica, condena a la miseria a millones de personas... facilita el tráfico
de influencias, la evasión fiscal, el tráfico de drogas y de armas... Aquí y allá surgen voces que
alertan de los peligros que la economía especulativa, facilitada por las transacciones electrónicas,
puede representar para la economía real y para el Estado de derecho.
Lorenzo Dionis, un profesor de la IESE, expone la gravedad de la situación. «Me viene a
la memoria el aviso que el Nobel de Economía del año 1988, Maurice Allais, dio el mes de
mayo a través del diario Le Monde, al afirmar que el volumen de dólares que se transfieren
diariamente de una mano a otra alcanza la cifra de 420.000 millones, cuando las necesidades
reales no pasan de 12.400 millones... No cabe la menor duda de que estos manejos de dinero
inexistente, que hace ricos en un día a «tiburones» o «yuppies» a costa de que se tambalee la
empresa real, la que rinde un servicio y crea valor económico añadido, no se aceptan con
facilidad. Estos negocios ficticios nos han proporcionado el «lunes negro» del 87, el «viernes
triste» del 89 y el próximo bache que puede traer el 90. Porque en la década de los años noventa,
o se refuerza la economía real de Europa y del mundo o el capitalismo... volverá a romperse3».
Por su parte el profesor de política económica de la Universidad Keita de Tokio
«Compara los mercados financieros con un gran casino habitado por especuladores atentos a
cualquier posible maniobra...» y añade «que cada vez es más difícil controlar estos juegos
financieros... porque los mercados financieros de todo el mundo están ahora sincronizados y las
transacciones están dirigidas globalmente, no nacionalmente. Podemos prever que la
información de las redes internacionales convertirá los mercados mundiales en casinos en los
años 90, cosa que beneficiará numerosas «burbujas» e incrementará el número de las
transacciones que no se basan en factores económicos4».
Estos recientes toques de alerta, hechos por personas que conocen bastante bien el
sistema actual, no hacen más que añadirse a los de otras personas que desde hace años avisan de
los peligros que tiene una moneda desvinculada del mercado de bienes y servicios real. Pierre
Mendes-France, en 1974, ya planteaba estos problemas, pero todavía no se ha encontrado la
manera de resolverlos. «Pienso desde hace tiempo que es urgente preservar las operaciones
comerciales y las transacciones corrientes de los accidentes que provoquen las migraciones
salvajes de capital. Se han de controlar estas migraciones e impedir ciertas agitaciones de pánico
o de especulación. Es preciso crear una especie de policía de los movimientos de capital. La
tendencia a la inflación sólo puede ser dominada si una ley clara e irresistible une el mecanismo
monetario a las necesidades verificables de la vida económica y de los intercambios5».
2«El Correu de la Unesco», febrero 1990.
6La banca suiza teme que el escándalo del blanqueo de dinero del narcotráfico afecte a su prestigio. «La Vanguardia», 8-XI-1988.
7Los socialistas exigen que se confisque el dinero sucio. «Cinco Días», 21-XI-1988.
8La deuda del Tercer Mundo devora los beneficios de los bancos privados. «La Vanguardia», 1-III-1990.
Tenemos que reconocer que el origen de la moneda no es claro. Y tal vez no pueda serlo
porque todavía no hay acuerdo sobre qué es la moneda. Lo que sí sabemos es que en diversas
culturas y momentos se encuentra un conjunto amplio de instrumentos y de objetos de los que
hay indicios que han tenido funciones «monetarias». Pero estos indicios están sometidos al
peligro, que tiene todo historiador, de interpretar el pasado según conceptos y realidades del
presente. Y el caso de la moneda es uno de los afectados por este peligro, al menos por la
pobreza de los resultados conseguidos hasta ahora en el intento de encontrar sus orígenes.
En general, como iremos viendo, podemos decir que la moneda es un invento antiguo
que se presenta bajo diversas formas («bienes-símbolos», arcilla, herramientas, metales, papel,
tarjetas...), puede tener diferentes características (personalización, anonimato, valor intrínseco,
equivalencia abstracta...) y puede cumplir variadas funciones (unidad de cuenta, medio de
intercambio, depósito de valor...). Este antiguo y curioso invento ha facilitado el intercambio de
todo tipo de «bienes y servicios» entre y dentro de las culturas que han desarrollado algún grado
de especialización productiva.
Las culturas comunitarias en las que predomina la reciprocidad de dones en su interior,
también han aceptado, en muchos casos una u otra forma de moneda en las relaciones con otras
comunidades o con las sociedades en que han estado inmersas.
La literatura de divulgación sobre el tema, sobre cuya base el ciudadano y el economista
han forjado su idea de moneda, está llena de afirmaciones como éstas:
«Los indicios más primitivos del uso del dinero se remontan al cambio de barras
de metal hecho en los templos babilónicos alrededor del año 3000 a. C. Las
monedas más antiguas que conocemos son del siglo VII a. C.». «Las formas
primitivas del dinero variaban por todo el mundo. Solían ser cosas que podían
aprovecharse clara y fácilmente, que no eran demasiado grandes y que todos
estaban de acuerdo en que eran deseables. Los granos de cacao, las plumas, el
aceite de oliva y las pieles se habían usado como dinero. Las conchas fueron unas
de las formas más corrientes de moneda primitiva. Los collares de conchas fueron
usados principalmente en las islas del Pacífico. Los anillos de metales diversos
fueron unas de las más importantes monedas corrientes prehistóricas; se
utilizaban en buena parte de Europa y de Oriente Medio. En el Tibet y en China
los ladrillos de té fueron unas de las primeras formas de dinero11».
«Comprendieron que, en lugar de cambiar unos objetos por otros, era mejor
utilizar piezas de valor, pequeñas y manejables, para cambiarlas por cosas. Cada
cosa se cambiaría por una, dos, tres o más pepitas de oro según su valor 12». «Los
héroes de Homero estimaban en bueyes el valor de sus armas. Los egipcios
también calculaban a base de bueyes, lo mismo que los germanos y los romanos
arcaicos13».
Todos estos datos, expuestos sin cronología ni conexión, son un popurrí que no hacen
más que reforzar la idea de que la moneda ha surgido con valor intrínseco, como tercera
mercancía, que favorece el intercambio de bienes y que todas estas formas «primitivas» no
sirven más que para ayudar a que surja la perfección monetaria: las piezas de metal acuñadas. Es
a éstas que los libros dedican la mitad de sus páginas, reservando el resto para explicar la
evolución moderna de la moneda (del papel a la electrónica), evolución que contradice,
paradójicamente, gran parte de las ventajas teóricas de las monedas metálicas.
No es función de este ensayo desarrollar un estudio histórico completo sobre estos temas,
pero sí el de intentar desmitificar una visión impuesta de la moneda, generalmente aceptada,
pero en gran parte irreal. Intentaremos exponer brevemente una hipotética aproximación a las
diversas expresiones del hecho monetario. Toda historia es una hipótesis.
En la diversidad de culturas humanas que han vivido y viven en nuestro planeta, muchas
de ellas han encontrado la necesidad de intercambiar objetos, normalmente excedentarios, por
otros, normalmente deficitarios, y esto tanto con el exterior (con otras comunidades o
sociedades) como en el interior de la propia cultura (entre grupos o individuos).
Esta necesidad se ha concretado durante muchos siglos y en muchos lugares en un tipo de
mercado que se fundamenta en el don recíproco, un don no cuantificado por ninguna otra
medida más que la de la satisfacción subjetiva de quienes realizan el intercambio. Es un mercado
de intercambio de regalos, «gracioso» (en castellano, merced), cualitativo, ritual. Actualmente, a
pesar de la destrucción que sufren, existen todavía culturas que consideran este tipo de mercado
como el más dignamente humano. El mercado de la reciprocidad engendra unos valores
humanos (prestigio, renombre, responsabilidad personal...) y sociales (mantener la paz,
reconocer las relaciones de parentesco, afirmar alianzas colectivas...) que son considerados tanto
o más importantes que el valor de los objetos «materiales» intercambiados.
En el mercado de la reciprocidad, y gracias al estímulo de estos valores humanos y
sociales, también se acostumbra a generar un tipo de competencia productiva y, por tanto, de
sobreproducción y de abundancia. Una abundancia relativa, evidentemente, a sus deseos que no
acostumbran a ser demasiado sofisticados ni numerosos. El mantenimiento de estas formas de
11Redden, Richard, (1976), Els diners, Plaza & Janés, Barcelona, 1978 pp. 3-4.
13Nitsche, Roland (1970), El dinero, Editorial Noguer, S.A., Barcelona, 1971, página 11.
mercado de reciprocidad no es sólo un problema de protección de los «valores» de comunidades
«primitivas» sino que tiene mucho que ver con el gran problema del «hambre» que afecta a 2/3
partes de la humanidad actual. Desde Occidente hemos considerado que estas formas de mercado
de reciprocidad y de producción para el consumo eran anticuadas y que eran la causa de los
problemas de falta de desarrollo que sufrían estas culturas (vistas desde la óptica etnocéntrica del
modelo occidental ¡como culminación de la evolución humana!).
La estrategia, tanto capitalista como socialista, de los estados, de las empresas y de las
Organizaciones No Gubernamentales de Ayuda al Desarrollo occidentales, ha sido desastrosa: se
ha intentado por todos los medios «sustituir el proceso de reciprocidad indígena por un proceso
de producción «rentable» (rentable en términos de cambio» es decir, «desarrollar...formas de
producción privatizadas o colectivizadas que orienten la producción indígena hacia el cambio y
la creación de moneda de cambio» «es a esto que propongo llamar economicidio14».
Pero otras culturas, especialmente aquéllas en las que el mercado ha llegado a ser
complejo y de gran alcance hasta el punto que se ha perdido la confianza y el vínculo étnico que
exige la reciprocidad, han encontrado la necesidad de facilitar el intercambio de una manera más
satisfactoria que el mercado subjetivo-cualitativo15.
Estas culturas usan lo que podemos llamar, unidades monetarias, realidades totalmente
abstractas, que permiten hacer una «regla de tres», una equivalencia de valor entre dos objetos a
intercambiar. De la misma manera que para medir distancias concretas utilizamos unidades de
longitud convencionales y abstractas (p.e. el metro) así, para medir el valor de cambio de las
mercancías concretas utilizamos unidades monetarias: éstas son unidades de medida
convencionales, abstractas y homogeneizadoras. Constituyen un común denominador contable
abstracto, permitiendo comparar todas las heterogéneas mercancías existentes en un determinado
mercado. Gracias a que a cada mercancía heterogénea se le atribuye un cierto número de
unidades monetarias abstractas homogeneizadoras es muy fácil calcular equivalencias numéricas
entre diferentes mercancías.
La consecuencia inmediata de la introducción de unidades monetarias en un mercado es
la determinación de valores mercantiles. Estos valores mercantiles son la resultante de la
comparación homogeneizadora entre mercancías concretas y unidades monetarias abstractas. Es
decir, son valores mixtos (concretos-abstractos).
Los precios (p.e: «Un kg. de patatas vale 60 unidades monetarias») y los salarios (p.e: 1
jornal de obrero vale 4000 unidades monetarias) son los valores mercantiles directos.
En cambio, lo que llamamos dinero es el poder de compra que tiene una unidad
monetaria para adquirir mercancías concretas (P.e: con 1 unidad monetaria puedo comprar 1/60
kg de patatas o 1/4000 jornal de obrero). Podemos decir que el dinero es un valor mercantil
inverso.
La posibilidad de que en muchas culturas se haya usado una unidad monetaria abstracta
casi no ha sido considerada como clave de interpretación de multitud de objetos considerados
«moneda» pero que no eran fácilmente adaptables a la moneda-mercancía (tipo oro),
considerada la única «verdadera» moneda.
14Temple, Dominique, Alternatives au Développement, Centre Interculturel Monchain, Montreal, 1989, página 97).
15Grau, Magdalena. Moneda telemàtica i estratègia de mercat. Centre d'Estudis Joan Bardina. Barcelona, 1985, cap. 2. En este texto se
exponen las bases de la crítica a la moneda actual y los fundamentos de una moneda racional. Es el primer estudio recopilador de las
aportaciones de Agustí Chalaux sobre estos temas.
Es posible que muchos de estos objetos «monetarios» sean o bien signos de riqueza y de
prestigio, o bien patrones de medida de valor. En los primeros casos son ofrecidos o
intercambiados, en ciertos momentos o por ciertos acontecimientos, con la función social de
creación y mantenimiento de lazos de amistad y de relación. Mientras que, como patrones de
medida de valor, estos objetos no son casi nunca intercambiados sino que son una referencia
abstracta, o una herramienta de contar-calcular, que sirven para establecer equivalencias entre
mercancías.
Esta hipótesis nos permitiría situar el uso del «buey» (en Grecia, Egipto, Germania y la
Roma arcaica) como unidad monetaria abstracta, como unidad de referencia que permitía
establecer «reglas de tres» entre dos objetos a intercambiar. Esta hipótesis parece mucho más
coherente que no la del uso del «buey» como moneda-mercancía, que es preciso dividir,
intercambiar y transportar ¡en cada cambio! Si esto fuera así, descubriríamos un gran
malentendido que ha complicado las cosas hasta nuestros días.
La mayor parte de las veces, la documentación que poseemos es insuficiente para poder
confirmar con base suficiente esta interpretación. En gran parte, esta dificultad procede del
hecho de que los estudios realizados acostumbran a estar orientados por la visión
«moneda-mercancía» y no por la hipótesis «unidad monetaria abstracta». A pesar de estas
dificultades, hemos seleccionado un par de ejemplos que parecen ir en la dirección indicada.
Los habitantes de las Islas del Almirantazgo (Malasia) pueden evaluar todos sus bienes
en conchas y dientes de perro. En los intercambios corrientes, sin embargo, las conchas y los
dientes de perro no son utilizados prácticamente nunca, mientras que su uso es obligatorio en los
intercambios rituales.
Entre los Lele de Kasai (Congo), la tela de rafia constituye el patrimonio nupcial que
todo hombre que quiera casarse debe poseer. Pero, a su vez, los bienes que son objeto de
intercambio no ritual pueden evaluarse en unidades de la tela de rafia. En estos intercambios, por
tanto, la tela de rafia no interviene como mercancía concreta, sino únicamente como patrón de
valor.
El caso más significativo es el relatado por el explorador francés del siglo XIX, L.G.
Binger que «transcribe así la conclusión de un negocio entre dos comerciantes del norte de
Ghana (donde como en gran parte de Africa se usaban cauris -conchas- como moneda): «La
calabaza de sal vale 2000 cauris, cien kola valen 1000 cauris. Te daré pues, 200 kola por una
calabaza de sal16».
Hemos visto hasta aquí dos formas diferentes de resolver los problemas de los
intercambios. El mercado de reciprocidad (sin moneda) y el mercado de intercambio (con unidad
monetaria abstracta para contar equivalencias). Ahora bien, algunas culturas, debido a su
complejidad creciente y a la fluctuación de los valores mercantiles -precios, salarios y, por tanto,
dinero-, han considerado necesarias unas nuevas modalidades de intercambio. Estas culturas
buscaron unos instrumentos que permitiesen unas transacciones más rápidas, más cómodas, más
ágiles, más precisas, más seguras... que las que ofrecía el mercado de intercambio (solamente
con unidad monetaria abstracta).
Estas culturas inventaron los instrumentos monetarios. Con estos, se puede sustituir el
intercambio directo de mercancías por un sistema de cambio diferido en el espacio y en el
tiempo. Valiéndose de los instrumentos monetarios es posible obtener la mercancía deseada sin
16«El Correu de la Unesco», febrero 1990.
entregar otra mercancía a cambio.
Los instrumentos monetarios son, pues, un «reconocimiento de deuda» que puede
concretarse, en el extremo, de dos maneras bien diferentes:
o bien como un documento registrado en un sistema de cuentas corrientes
personales, que permite compensar las unidades monetarias de cada acto de
compraventa;
o bien como una moneda-mercancía con valor suficiente para ser aceptada como
prenda de igual valor que la mercancía vendida, prenda con la que poder comprar
otra mercancía en otro momento.
A la definición y diferenciación de estos dos tipos de instrumentos monetarios
dedicaremos gran parte de los capítulos siguientes. Como veremos, es posible que el instrumento
monetario basado en una especie de «cuentas corrientes personalizadas» fuese anterior al basado
en la «moneda metálica». Pero también es muy probable que, en un mercado en expansión
constante, el sistema de registros en cuentas corrientes llegue a ser, tarde o temprano, pesado,
lento e insuficiente y que, por tanto, apareciesen los instrumentos monetarios más conocidos
históricamente en Occidente: la moneda metálica (o cualquier otra forma de moneda-mercancía
con valor intrínseco).
De momento, pues, sólo es preciso recordar que, a grandes rasgos, hay diferentes tipos de
mercado en relación al uso, o no uso, de uno u otro tipo de «moneda».
Mercado de reciprocidad sin moneda.
Mercado de intercambio con unidad monetaria abstracta.
Mercado de cambio con unidad monetaria abstracta y con instrumento monetario
(«contable» o «metálico»).
Con la moneda, en ella o por ella las relaciones entre individuos, naciones y sociedades
aumentan o disminuyen, se equilibran o se desequilibran, se vuelven justas o se
corrompen.
Con una moneda se paga al traidor y al asesino, y con la misma pieza se compran
alimentos y se paga al artesano. Con unos billetes se contribuye a vencer unas elecciones y con
estos mismos se somete sutilmente al ganador. Por ella se trabaja, se roba, se invierte, se
destruye, se hace la guerra y se firma la paz, se ama y se odia.
Que con y por la moneda se haga de todo y mucho no es ninguna novedad. La
experiencia de cada día y la mayoría de las grandes noticias siempre están impregnadas «de
intereses económicos» y «de ánimo de lucro» que se mueven más o menos legal o
legítimamente.
Pero hay otro aspecto que, en general, es poco conocido: en sí misma, la moneda hace
milagros o desastres. Que sea abundante o escasa provoca inflación o deflación, crecimiento de
la producción y del consumo o cierre de fábricas.
¿Cómo se inventa la moneda? Es ésta una pregunta fundamental. ¿Cómo se crea o se
destruye moneda? ¿Qué relación tiene la moneda con la inflación? Estos son temas llenos de
misterios. Es de dominio público que en cada Estado hay una entidad que emite moneda (piezas
y billetes). Pero también todo el mundo experimenta que puede mover mucho dinero mediante
cheques, tarjetas y cuentas corrientes sin que aparezcan en ninguna parte los correspondientes
billetes.
Todo este tema es muy complejo y, con el fin de que no nos dificulte el camino, lo
dejaremos para más adelante (capítulo 7). De momento, solamente nos es preciso tener presente
que los bancos, cuando conceden un crédito están «inventando dinero». Y que en nuestras
sociedades occidentales el papel moneda no representa más de un 10% del dinero que se mueve
cada año. Únicamente aumenta en función del dinero negro. «El acaparamiento de dinero en
efectivo por los españoles que quieren escapar de Hacienda y la expansión de la economía
sumergida, con más transacciones en efectivo, son las causas de que se haya elevado la cantidad
de billetes y monedas en manos de los particulares y de empresas»... «de 2,3 billones de pesetas
en 1987 a 4,4 billones en 199117».
Lo que sí que nos conviene tener en cuenta es que estos misterios de la moneda son muy
antiguos. Y que quienes los conocen acostumbran a usarlos como un arma sutil envuelta en ritos,
en incienso y en mármol. Es un arma poderosísima y, también, muy desconocida por el pueblo
que es quien sufre las consecuencias sin percatarse de ello.
Padecemos una serie de problemas de difícil comprensión y, por ello, de todavía más
difícil solución. Por ejemplo, ¿cómo es posible que cueste tanto controlar la inflación monetaria?
¿Cómo es posible que, sin beneficio aparente para nadie, existan crisis de sobreproducción -de
excedentes- y al mismo tiempo haya millones de personas que estén condenadas a la miseria y al
subconsumo?.
Una lectura de la Biblia puede ser un buen consuelo en momentos de desesperación.
Provémoslo. La selección del texto y gran parte de los comentarios son de Lluís Mª Xirinacs
17El miedo al fisco dispara el acaparamiento de billetes, «La Vanguardia», 20-III-1991.
(1983)18. En el capítulo 41 del libro del Génesis leemos:
Versículo 44: «Dijo el Faraón a José: Yo Faraón: sin tu licencia no levantará
nadie mano ni pie en todo Egipto».
El texto que citaremos es seguramente el núcleo más auténtico, datado hacia el 1700
antes de nuestra era, en torno al cual un redactor tardío ha tejido la novela de José y sus
hermanos. El relato se refiere a la época en que Egipto fue invadido por los pueblos pastores
hicsos, predominantemente semitas. Sabemos que existió, en este período, un Faraón llamado
Josef-el y otro, Jacob-el. El redactor simula que José no es más que un lugarteniente del Faraón,
porque Egipto, para los judíos, es un lugar de depravación. No es edificante que un Faraón de
Egipto sea judío. Sin embargo, se debe alabar la «sabiduría» de José como hombre de Estado. El
relato muestra claramente como el Estado no es el servidor del «bien común» sino que defiende
unos bienes superprivados: los de la casta o grupo dominante. José, aparente lugarteniente del
Faraón es realmente un auténtico «banquero central» que, haciendo crecer las economías del
«banco central» se cobrará sus comisiones sin que lo sepa el Faraón.
Versículo 46: «Salió José de la presencia del Faraón y recorrió todo Egipto».
José, inteligente, no se deja llevar por apriorismos o por idealismos, resultado frecuente
de la embriaguez del poder. Tiene las ideas claras. Busca información, seguramente mal
cuantificada porque ya era vigente la moneda anónima de metales; pero intuitivamente descubre
el aumento espectacular de producción. O quizás, pensando mal, fabricó él mismo la
sobreproducción frenando la circulación de dinero nuevo (creando subconsumo).
Versículo 47: «La tierra produjo con profusión durante los siete años de
abundancia».
La situación de sobreproducción espontánea o de infracapacidad de compra provocada,
describe una situación deflacionaria clara: hay más producción que consumo.
Versículo 48: «Y él hizo acopio de todos los víveres de los siete años de
abundancia que tuvo el país de Egipto depositando en cada ciudad los víveres de
los campos circundantes».
Aparece aquí el cuadro del imperialismo del Faraón sobre todas las «polis» (en Egipto las
llamaban «nomos»). Se ve, también, como cada «polis» controlaba un «municipio» agrícola del
que era su centro. El templo de cada «polis» era el almacén de todos los productos agrícolas. Un
buen ejemplo de esta función es, entre otros, el grandioso templo-almacén de Cnosos, centro de
la isla de Creta.
Versículo 49: «José almacenó el trigo como la arena del mar hasta tal cantidad
que renunciaron a hacer el recuento, porque era inmumerable».
Es muy posible que no reuniera el trigo a la fuerza. Sencillamente lo compró con dinero
inventado -el Estado es fuerte- a base de apuntar un número -reconocimiento de deuda- en unas
cuentas corrientes que cada templo abría a favor de los campesinos del territorio de la «polis»
correspondiente. Se debe hacer notar que la compra se hace a la baja, a un precio superbarato a
causa de la deflación escandalosa que «se padecía». Por lo tanto, en cada cuenta corriente se
inscribía poco dinero y, en cambio, ¡el trigo no se podía ni contar!.
Génesis, capítulo 47 (continuación del capítulo anterior en el original).
Versículo 13: «No había pan en todo el país, porque el hambre era gravísima y
18Xirinacs, Lluís Maria. Tercera Vía. 1983. Este libro inédito fue la primera recopilación de conjunto de las aportaciones de Agustí Chalaux.
Ha servido de base para la ordenación posterior realizada en la colección de fichas «Disseny de Civisme».
tanto Egipto como Canaán desfallecían a causa del hambre».
El imperialismo de los semitas mesopotámicos se manifiesta nuevamente con toda su
sutileza. Por primera vez, Egipto tiene supeditado Canaán. En este área imperialista económica
«aparece» o «se provoca» la inversión de la crisis que es otra crisis: de la deflación se pasa a una
inflación terrible. La relación entre producción y poder de compra se invierte. Ahora no hay
trigo y el dinero no sirve para nada. Resultado: la gente se muere de hambre.
Versículo 14: «Entonces José se hizo con todo el dinero existente en Egipto en
Canaán a cambio del grano que ellos compraban y llevó aquel dinero al palacio
del Faraón».
Ahora el «banco central» hace la operación contraria: retirar dinero en circulación con la
excusa de que provoca inflación. Vende el trigo con precios al alza, a un precio supercaro a
causa de la inflación escandalosa que «se padecía». Si en las cuentas corrientes del pueblo se
había inscrito dinero a la baja y ahora se retiraba al alza, pronto se consumió el dinero anotado y
fue necesario que el pueblo entregara el dinero contante y sonante escondido «bajo el colchón».
Sin embargo, toda esta operación, hasta aquí, quizás ¿tenía la justificación de querer neutralizar
la inflación galopante!.
Versículo 15: «Agotado el dinero de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa
a José diciendo: danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se
ha agotado el dinero?».
Versículo 16: «José les dijo: Entregad vuestros ganados y os daré pan a cambio de
vuestros ganados, ya que se os ha agotado el dinero».
Versículo 17: «Llevaron sus ganados a José y éste les dio pan a cambio de
caballos, ovejas, vacas y burros. Y les abasteció de pan a trueque de todos sus
ganados por aquel año».
De esta manera, el Estado ya se ha apropiado de todo el ganado de Egipto a cambio de
pan, migaja a migaja. ¡Y todo ello gracias a una pura invención de dinero!.
Versículo 18: «Cumplido el año, acudieron al año siguiente y le dijeron: «No
disimularemos a nuestro señor que el dinero se ha agotado y también los ganados
pertenecen ya a nuestro señor; no nos queda a disposición de nuestro señor nada,
salvo nuestros cuerpos y nuestras tierras».
Versículo 19: «¿Es que, ante ti, tenemos que morir nosotros y nuestras tierras?
Aprópiate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan: y nosotros con
nuestras tierras pasaremos a ser esclavos del Faraón. Pero, danos simientes para
sembrar, que vivamos y no muramos y que nuestras tierras no queden desoladas».
Versículo 20: «José adquirió así para el Faraón todas las tierras de Egipto, ya que
los egipcios vendían cada uno su campo, porque el hambre les apretaba y las
tierras se convirtieron en propiedad del Faraón».
Ahora el Estado imperialista egipcio, por obra de su ministro de economía, se apropió de
todas las tierras. No se trata de la socialización de la tierra. Se trata de convertir la tierra en
propiedad privada del Estado. Y, esta vez, no por derecho de conquista, sino por compra legal
con dinero inventado.
De cambio elemental en cambio elemental, de año en año, de crisis en crisis, el pueblo no
se da cuenta que le van quitando todo en una especie de ruleta infernal. No es otro el mecanismo
de la «deuda externa» que tiene en vía de expropiación a la mayor parte de países empobrecidos
del mundo.
Versículo 21: «Y sometió al pueblo a la esclavitud de un extremo a otro de
Egipto».
Finalmente se consumó la apropiación con la reducción a la esclavitud de todo el pueblo.
La esclavitud es uno de los signos inequívocos de los imperialismos históricos. Primeramente
fueron esclavos de guerra, esclavos de vencidos. Después vino la esclavitud por causas
económicas: los que no pueden pagar las deudas. Finalmente apareció la caza pura y simple, del
hombre por el hombre, con vistas a obtener mano de obra abundante.
Versículo 22: «Tan sólo las tierras de los sacerdotes no se las apropió, porque
estos tuvieron tal privilegio del Faraón y vivieron de dicho privilegio que les
concedió el Faraón. Por lo cual no vendieron sus tierras».
¡Al final se descubre la madre del cordero!. Santa inocencia la del cronista judío. Los
sacerdotes, ¿unos pobres rentistas como los jubilados! Pobrecillos, ¡se hubiesen muerto si
vendían las tierras para vivir como los demás? Marx decía que el Estado no es una institución
pública al servicio del bien común, sino una institución privada con apariencia pública al
servicio de la clase dominante. Jefes de Estado, Ministros, Administración, Ejército... son una
«pobre» gente al servicio de la clase dominante, que raramente se muestra. Hace dar la cara a la
«pobre» gente que «manda». Aquí, por un momento, entre nube y nube hemos visto el sol
resplandeciente de oro: la casta sacerdotal-banquera que está detrás de la gran operación de José
y del Faraón. Ellos no venden sus tierras sencillamente porque se las tendrían que vender a ellos
mismos. ¡Ridículo! y sus rentas eran los «porcentajes» «prudentes» de la gran apropiación que se
estaba efectuando. ¡Que más quieren! No es casual que el suegro de José fuese sacerdote de
Heliópolis, centro del culto solar que jugaba un papel político crucial en Egipto.
Versículo 23: «José dijo entonces al pueblo. Mirad os tomo desde hoy para el
Faraón, juntamente con vuestras tierras. Aquí tenéis simientes, sembrad pues
vuestras tierras».
Versículo 24: «Después de la cosecha, daréis la quinta parte al Faraón, y las
restantes cuatro partes os servirán para la siembra del campo y como alimento
vuestro,de vuestras familias y de vuestra descendencia».
Versículo 25: «Ellos respondieron: nos has salvado la vida. Que encontremos sólo
favor a los ojos de nuestro señor y seremos siervos del Faraón».
Para que el Estado parezca una institución imperial pública al servicio del bien común se
pinta la imagen del Faraón bondadoso, protector del pueblo contra el hambre. El pueblo,
sometido a un formidable lavado de cerebro, acepta voluntariamente la esclavitud. Es la
desgraciada complicidad del oprimido con el opresor.
José mantiene hombre y tierra unidos, porque la tierra sin hombre o el hombre sin tierra
no son nada.
El rendimiento del 20% anual neto es un buen rendimiento en aquellos tiempos de
lentitud productiva comparado con nuestro tiempo febril. El resto para semillas, obras de
regadío, dar de comer a los bueyes, alimentar a los trabajadores, a las productoras de
trabajadores, a los futuros trabajadores y a las futuras productoras de trabajadores (economía de
subsistencia). Los parceros actuales de extensas zonas de Cataluña todavía hoy pagan la quinta
parte a amos civiles y eclesiásticos.
Versículo 26: «José les impuso una ley, vigente hasta el día de hoy, por la que la
quinta parte de la tierra de Egipto sería del Faraón. Sólo las tierras de los
sacerdotes no pasaron a ser posesiones del Faraón».
La expoliación se legaliza. En los imperialismos, la ley, como la religión, cumple
siempre el papel de encubridora del expolio bajo el manto de la justicia y de estabilizadora de la
opresión con la fuerza del derecho.
Sólo se salvan los sacerdotes que eran, como sabemos en el caso de Amón, los que
mandaban sobre el Faraón. Eran poderosísimos y riquísimos y no se podía hacer nada sin ellos,
hasta el punto que escogían a los propios Faraones.
Así trabajaban aquellos insignes sacerdotes-banqueros con moneda anónima oficial de
cara al pueblo y con el dominio de las cuentas corrientes para uso de la moneda contable
inventada. Con sus prácticas comprometían toda la fortuna de las naciones dominadas y de sus
pueblos. Variaban y alternaban las crisis inflacionarias y deflacionarias con el sencillo recurso de
inventar más o menos dinero. Con la inflación devaluaban y con la deflación revalorizaban la
moneda oficial sin tocarla del bolsillo del ciudadano. Los sacerdotes-banqueros pagaban las
ceremonias fastuosas, compraban los legisladores , los jueces, los gobernantes y los soldados.
Ingresaban en sus arcas dinero sudado y ahorrado con gran esfuerzo como contrapartida de
créditos hechos con dinero inventado.
Si ellos hubiesen administrado la plusvalía de producción sin apropiársela, sino
dedicándola a créditos productivos y a financiamiento comunitario, habrían hecho un buen papel
histórico. Pero, si este relato es algo más que un texto «sagrado» o que una «novela» es porque
nos descubre una clase opresora muy sutil capaz de crear desequilibrios, no por el hecho de
inventar dinero, ni por administrar el dinero inventado, sino por la apropiación y privatización de
los excedentes que se convierten en una especie de «plusvalía comunitaria» diferente y,
posiblemente, más importante que la «plusvalía» generada por el trabajo. La plusvalía
comunitaria tendría que revertir en el conjunto de la sociedad. Esta hipótesis es muy difícil de
demostrar en régimen de moneda anónima y desinformativa, tanto lo que se refiere a la denuncia
como lo referente a la posibilidad práctica de poner a punto un sistema de distribución de la
plusvalía comunitaria. Todo está demasiado oscuro.
***
Hemos visto que en el mercado de intercambio las unidades monetarias abstractas
permiten el intercambio, cara a cara, en el momento y en equilibrio.
Es con la introducción del instrumento monetario que el mercado se modifica: se vuelve
diferido en el espacio y en el tiempo. Y esto tanto si se trata de un reconocimiento de deuda
anotado en una cuenta corriente, como si se hace sacando piezas de oro de una bolsa.
Es con, en o por los instrumentos monetarios que la realidad humana ha sido alterada
profundamente. Los instrumentos monetarios se han convertido en un arma sutil. Henry Ford lo
veía claro: «quien consiga resolver el problema del dinero habrá hecho mucho más por la
humanidad que los más grandes estrategas militares de todos los tiempos19».
19Nitsche, Roland (1970), El dinero, Ediatorial Noguer, S.A., Barcelona, 1971, página 7.
Capítulo 3. Las dos caras de la moneda.
La ambivalencia de la moneda se debe al uso que hace quien la posee y, sobre todo,
quien la posee en cantidades suficientes para orientar su uso predominante. En la mitología
griega Plutón/Pluto era al mismo tiempo el dios de los muertos y el de la riqueza, tenía dos
caras: una horripilante y una benevolente. Esta es la naturaleza trágica de los instrumentos
humanos. Esta ambivalencia divina se concreta a lo largo de la historia en la «plutarquía»: el
conjunto de personas e instituciones de gobierno que tienen el poder a causa de su riqueza, es
decir, los poderes fácticos del dinero. Esta terrible ambigüedad de la moneda ha ocultado, sin
embargo, una parte de la cara benevolente de Pluto: la responsabilización y la información
compartida. La palabra moneda procede del nombre latino «Moneta» nombre de la fábrica de
moneda en Roma. De los posibles diversos orígenes griegos del nombre podemos derivar
diversas funciones: «Monas» (unidad de medida del intercambio); «Monitore»
(avisador-informador de que se realiza un intercambio).
La dificultad para afrontar la «bondad» de la moneda es que también se ha de hacer
frente a sus dos caras. En las culturas en que se la considera imprescindible para los
intercambios, es, a su vez, acusada de ser el instrumento de muchos males. Pero esta
ambivalencia no es tenida en cuenta cuando se buscan remedios. Se considera que sólo existe un
único tipo de moneda posible que intrínsecamente permite un doble uso, bueno y malo. Con esta
argumentación todo recae en la responsabilidad personal, en la moralidad de los políticos, de los
banqueros y de los empresarios. Moralidad que es siempre afirmada y que no es puesta en
entredicho por los escándalos que semanalmente la prensa denuncia en uno u otro país y que
afectan a miembros de las clases dirigentes que se ven obligados, normalmente, a dimitir y basta.
Pero estos escándalos son seguramente la punta de un iceberg gigante que afecta prácticamente a
la totalidad de las personas que manejan dinero. Y no porque falte moralidad o ética a la mayoría
de los mortales, sino porque, en sí mismo, el tipo de moneda dominante es un instrumento
perfecto para animar al más santo a hacer algo «pequeño» o «grande» que no debería hacerse.
En el Estado de derecho, en el reino de las leyes, casi todo está «tocado» directa o
indirectamente por este tipo de moneda vigente que no deja rastro.
Pedir moralidad y responsabilidad con este tipo de moneda es como pedírselas a los
presos en un campo de concentración donde hubiera pocos alimentos y donde los presos tuvieran
puñales (herramientas insuficientes para escapar, pero vitalmente útiles para sobrevivir). Para
sobrevivir, cada uno en su nivel social, usamos la moneda como sea. No queda otro remedio.
Ahora bien, hay quien no sólo la usa para sobrevivir sino para asegurar su nivel de bienestar y de
poder. En el campo de concentración los guardas aseguran su dominio fabricando puñales e
introduciéndolos entre los presos. La permanente pelea entre los presos es la mejor garantía para
los guardas del campo. El repartimiento de puñales, a determinados grupos y con determinadas
condiciones, establece dentro de los campos un sistema de dominio más brutal que el del ejército
por parte de los pulcros y respetuosos guardas, mantenedores del orden público.
Algunas, pocas, muy pocas personas tienen mucho que ver con las grandes operaciones
especulativas de bolsa, las grandes empresas de explotación de recursos naturales, los grandes
negocios de fabricación y venta de armas, o de producción y distribución de drogas, las grandes
redes de producción de información... Y tienen mucho que ver, ya sea porque toman decisiones
o porque son los propietarios. Pero, en los dos casos, se trata de conseguir dinero y poder, o
poder y dinero, lo uno inseparable de lo otro. El dinero da poder y el poder se consigue, se
incrementa y se mantiene con dinero. Estas pocas personas -más o menos anónimas, más o
menos rivales, más o menos promotores de organizaciones y empresas- son, de hecho, un
gobierno en la sombra que condiciona gran parte de las decisiones importantes. Son el poder
fáctico por excelencia que, directa o indirectamente presiona a los gobiernos o coloca testaferros
en los parlamentos e instituciones. Es una gran mafia, -aceptada o perseguida- omnipresente en
los lugares clave. Sus formas más chapuceras son la mafia siciliana y los cárteles colombianos.
Las formas más refinadas son tan múltiples y sutiles como lo permita cada sistema social
(acostumbran a ser los «negocios» de honorables banqueros, empresarios y políticos).
La mayoría de personas tenemos mucho que ver con que esta situación sea así. La
participación a pequeña escala, la pequeña complicidad, (falsedad en la declaración de la renta,
pequeños trabajos de economía sumergida, propinas para conseguir favores...) nos hace temer
por la transparencia. Para poder mantener cada uno nuestro pequeño juego oscuro, encubrimos el
gran juego sucio que convierte en absoluta nada los escasos beneficios que podamos obtener con
nuestros tejemanejes.
La otra cara de la moneda está por descubrir porque hasta ahora era muy difícil siquiera
imaginarla técnica y socialmente. Y lo que no vemos o no podemos imaginar es como si no
existiera. ¿Cómo una pieza de metal o un billete de banco pueden ayudar a dejar rastro de
aquello para lo que han sido utilizados? ¿Cómo, a quienes se benefician de esta situación, puede
interesarles cambiar las cosas?.
Parece claro que la plutarquía, el poder del dinero, no tiene demasiado interés en la
imaginación creativa y que no ha hecho ninguna «convocatoria» para estudiar y proponer
alternativas a este tipo de moneda que les permite el juego (sucio) sin dejar rastro. Pero también
es posible que la complejidad del mundo actual y la incapacidad intrínseca del tipo actual de
moneda para hacerle frente pueden estar empezando a poner en peligro su continuidad.
En la misteriosa reunión de los tres grandes «banqueros» (Deterding, Morgan y Finaly),
los expertos les garantizaban que si racionalizaban la moneda ganarían aún más dinero. ¡Curiosa
paradoja! El juego limpio no solamente es más saludable para el cuerpo social sino que, incluso,
según ellos, permitiría aprovechar mejor la creación de riqueza. Gran parte de las incertidumbres
de las finanzas y de las inversiones, de las obligadas y arriesgadísimas operaciones especulativas
actuales se verían afectadas por un potente y exacto sistema informativo que permitiría evitar,
con mayor conocimiento de causa, las grandes crisis y altibajos, y facilitaría el aprovechamiento
más racional de recursos mal utilizados.
Acostumbra a pasar que cuando se juega sucio en un sistema determinado es porque
quien no lo hace queda marginado. Esto quiere decir que no todo el mundo tiene la voluntad de
jugar sucio. En estos casos acostumbra a haber un deseo de cambiar las reglas de juego y, sobre
todo, que se establezca la confianza mutua que permita saber que se velará eficazmente por
proteger las nuevas reglas de juego limpias. Pero, normalmente, este deseo y esta esperanza se
frustran si no se proponen y aceptan unas nuevas reglas de juego que sean eficaces y que tengan
un sistema de garantía de su cumplimiento o, por lo menos, de penalización de quienes las
infringen.
Se trata, pues, de descubrir una cara de la moneda que a la vez favorezca la libre creación
de riqueza (dentro del marco ecológico y solidario) y que para conseguir esto no sea necesario
ensuciarse las manos continuamente porque cada uno sabe «que todos saben» que ya no es
preciso hacerlo.
Problemas de este tipo son corrientes. Los más claros los plantean los juegos de los
niños:
- cuando empiezan un juego, todos procuran enterarse de las reglas. Quien no las
cumple es rechazado por los demás;
- cuando debido a algún incidente se introduce el juego sucio, pueden ser capaces
de detenerse y decir ¡basta! Vuelven a jugar bien y, si es preciso, designan a un
árbitro.
Pero en la vida de los adultos también hay situaciones «saturadas» que no benefician a
nadie y que sólo un cambio de marco, de reglas, puede aportar una solución. Pero ha de ser un
cambio igual para todos, de lo contrario nadie quiere avenirse. También suele pasar que nos
cueste imaginar el nuevo marco porque el actual imposibilita una clara implantación del nuevo.
Veámoslo en el problema del tráfico de las grandes ciudades. Las dos opciones, coche privado o
transporte público, tienen graves inconvenientes mientras se quieran mantener simultáneas y
compatibles. Las medidas que se implantan para favorecer un sistema acostumbran a perjudicar
el otro, hasta el punto que los dos salen perjudicados. El transporte público de superficie no
puede ser eficiente mientras el transporte privado se lo impida. Y, por lo tanto, los adictos al
transporte privado, a pesar del suplicio cotidiano, no se animan a vivir el suplicio del transporte
público. El resultado es el colapso permanente del sistema de transporte (con todo el sufrimiento,
gasto y perjuicios que ello comporta para todos; en cuanto a la calidad del transporte nadie sale
beneficiado, ni ricos ni pobres). Debe haber quien salga beneficiado indirectamente (fabricantes
de automóviles, petroleros, ordenadores del tráfico, talleres...). Pero, incluso, estos, a quienes en
un primer momento de cambio parece que les tocaría perder, es necesario que dispongan, con las
nuevas reglas de juego y en la medida de lo posible, de un lugar para vivir.
¿Cómo respetar a aquél que quiere, o necesita, ir sólo, tranquilo, en un vehículo, de
puerta a puerta sin poner en peligro el conjunto del sistema de transporte? ¿Cómo ofrecer, al
mismo tiempo, un transporte colectivo eficiente, rápido, económico que no se interfiera con el
transporte personalizado?.
Hay una gama de soluciones técnicas que posibilitan una sustitución de los vehículos
privados por taxis o autotaxis y transporte público subterráneo y de superficie, eficientes, no
contaminantes y muy económicos. Imaginemos que el millón de vehículos que puede tener una
ciudad, con un aprovechamiento de 1 a 2 personas por vehículo se sustituye por una flota
suficiente de taxis no contaminantes (eléctricos, de hidrógeno...), esperando en paradas
dispuestas en cada esquina, que puedan circular juntamente con el transporte colectivo por calles
descongestionadas, sin coches privados circulando ni aparcados. Unos taxis que puedan cargar
paquetes grandes, una silla de ruedas, un cochecito de bebé. Unos taxis que, según el cliente,
puedan hacer rutas diarias individuales o colectivas para ir y volver del trabajo. Todas las
ventajas del coche privado y pocos de sus inconvenientes. Además, para quien no desee chófer
ya existen unos autotaxis eléctricos que funcionan con tarjeta monetaria inteligente que se
pueden tomar y dejar de/en múltiples aparcamientos. A fin de mes se paga el gasto de transporte
registrado en el cajero de cada autotaxi y en la propia tarjeta (se explica su funcionamiento en el
capítulo 17).
Éste es un ejemplo. Existen muchas soluciones técnicas a punto que esperan la decisión
política que permita a los fabricantes entrar en acción para resolver la saturación en las ciudades
y para reducir la inevitable crisis del mercado de los automóviles clásicos. Ninguna de estas
soluciones es eficiente si ha de competir con los atascos actuales. Y estos son los menos
competitivos y económicos de todos ellos, pero se mantienen por la inercia, por el peso de los
intereses creados y por la incapacidad del sistema democrático, tal y como está estructurado, de
tomar decisiones que vayan más allá de los 4 años de mandato. Y esto cuando, curiosamente,
hoy en día, la mayoría de los grandes problemas sólo se podrán resolver cambiando los marcos,
cosa que acostumbra a necesitar un acuerdo de más de cuatro años.
Ésta es, pues, la contradicción entre un sistema de toma de decisiones que se ha
convertido en obsoleto para tomar un tipo de decisiones que superan el marco, los términos y la
capacidad del propio sistema de toma de decisiones.
En esta misma línea planteemos, ahora, la eficacia de los sistemas económicos y políticos
de este siglo. La valoración de la mayoría de los responsables políticos es semejante a la que se
hace del tráfico urbano: ¡no va tan mal! Hay problemas pero ya se van solucionando con
cinturones de ronda, con nuevos aparcamientos, con más informatización, con peajes
automáticos...
Ahora que muchos consideran que el socialismo ha fracasado, convendría establecer
algún indicador para medir el grado de éxito o de fracaso de los sistemas económicos y políticos
para saber si el capitalismo democrático es o no un éxito, si es el menos malo de los caminos.
El Producto Interior Bruto y la renta per cápita, ¿son buenos indicadores? Hemos de
decir que no. Primero, porque en su cálculo se suma como producción lo que debería restarse
(descontaminación, destrucción de recursos no renovables, gastos de enfermedad, de armamento,
hiperexplotación y pobreza de los habitantes de los países proveedores de materias primas...)
Segundo, porque en su distribución la renta per cápita oculta las grandes diferencias entre clases
sociales. En el caso de Europa las cifras oficiales permiten contabilizar al menos 90 millones de
pobres, que se reparten, por un igual, entre el este (socialista) y el oeste (capitalista). En la
URSS, «según fuentes soviéticas, un pocentaje superior al 20% de la población -43 millones de
personas- vive por debajo del nivel considerado de ´seguridad material mínima 20´». El año 1985
sólo en la CEE «la pobreza afectaba a 44 millones de ciudadanos -el 14% de la población
total21-». Tendríamos que añadir a estas cifras todas las de los países que no pertenecen ni a la
CEE ni a la URSS. La pobreza impuesta, la indigencia, el hambre, la miseria son un buen
indicador del grado de ineficacia de un sistema, y, en este sentido, tanto el capitalismo como el
socialismo reales, en el norte y todavía más en el sur, no consiguen alcanzar el aprobado.
Así no puede decirse que el socialismo real sea un fracaso sin reconocer, al mismo
tiempo, que el capitalismo real en las metrópolis y, sobre todo, en los países dependientes tiene
tantos o más problemas por resolver (en el aspecto «económico» y en el «democrático»). En este
momento de la historia humana hay dos preguntas clave:
¿Es posible un mercado libre -sólo de aquello que es mercantilizable- que
favorezca la creación y la distribución de riqueza y que ésta no sea fruto de la
20Taibo, Carlos, La Unión Soviética de Gorbachov, Editorial Fundamentos, 1989, página 59.
Las letras de cambio, los billetes de banco convertibles en metal y el papel moneda
totalmente inconvertible actual han sido ensayos prácticos para desvincularse del yugo del oro.
Las anotaciones, manuales o electrónicas, en cuentas corrientes, acaban imponiendo la total
abstracción de la moneda como reconocimiento de deuda y unidad de cuenta.
La inercia que dificulta el cambio de instituciones es debida a muchos factores. Unos son
de carácter técnico -determinada incapacidad instrumental para llevar a cabo una nueva
propuesta-; otros son debidos a la propia dinámica humana, donde todo cambio siempre es
costoso. Pero también se dan «inercias» más o menos conscientemente mantenidas y defendidas
por los grupos sociales que se benefician. No deja de ser curioso que Aristóteles formulara su
teoría precisamente cuando Alejandro Magno expande el imperialismo griego y, por lo tanto,
cuando está practicando el metalismo con todas sus posibilidades: compra de traiciones,
transformación monetaria de abundantes botines y de impuestos «metálicos»,
extensión-penetración del comercio en países extranjeros... es evidente que la moneda metálica
es una buena arma de penetración invasora, cultural y comercial, porque rompe fácilmente
cualquier estructura económica y de intercambio tradicional en los pueblos invadidos gracias a
las facilidades y a la magia encantadora de los metales preciosos.
Sólo a partir de 1914 cuando, debido al agotamiento de las reservas de oro, la guerra
tiene que terminar en tres meses, se decide aprovechar la ocasión para introducir el papel
moneda desvinculado del oro. Así se abre un nuevo camino de penetración y de explotación sutil
con el uso del papel moneda oficial, soporte legal del super-uso del dinero bancario. La Segunda
Guerra servirá para que empiece el fin del oro a nivel internacional. Los acuerdos de Bretton
Woods firmados en 1944 aceptaban que el dólar americano fuera convertible en oro. Pero en
1971 el presidente Nixon denunció dichos acuerdos unilateralmente. Desde entonces el papel
moneda no tiene nada que ver con el oro ni con ninguna mercancía, no representa ninguna
cantidad de oro ni puede ser convertido en él, ni en el interior de cada Estado ni a nivel
internacional.
El papel moneda se basa en la convención social, que ha hecho de él el instrumento
necesario de los actos de intercambio mercantil, y en la confianza que se le da en tanto que
instrumento que cumple adecuadamente su función. Se trata de un valor auxiliar y abstracto. El
sistema monetario ha recuperado la teoría nominalista de Platón. Y los hechos posteriores
-cheques y tarjetas- todavía aumentan más su abstracción.
Cuando se produce un cambio en el sistema monetario, es preciso proteger la convención
social con un conjunto de mitos y de signos que perpetúe la confianza del viejo sistema en el
nuevo. Llama la atención que hasta hace sólo unos años todavía circulaban billetes del Banco de
España en los que se decía que éste «pagará al portador la cantidad de x ptas» en oro, a pesar de
que hacía ya muchos años que esto era imposible de realizar. También veremos un caso
semejante en la forma cóncava de las tablillas sumerias que son un vestigio del sistema esférico
anterior (véase el capítulo 10: «El retorno al Edén»). También es curioso ver que, después de 15
años de la muerte de Franco, aún sean de curso legal las monedas que le proclaman «Caudillo de
España por la gracia de Dios».
Las dificultades para controlar la inflación monetaria y para liberarse del peligro de la
recesión; los gravísimos problemas derivados de la hegemonía del dólar en el comercio
internacional y, especialmente, la deuda externa impagable; la dictadura del Fondo Monetario
Internacional y del Banco Mundial ejercida a favor de los estados fuertes que los controlan; el
divorcio entre la especulación financiera y la economía real; el destructor olvido del sistema
ecológico por parte del sistema económico... son unos hechos importantísimos para la vida de las
personas y del planeta. Parece que estos hechos son suficientemente graves como para intentar
buscar en un nuevo sistema monetario un instrumental más preciso con el fin de enfrentarnos a
ello con más eficacia.
Peter Drucker, prestigioso economista norteamericano, nada sospechoso de posiciones
subversivas, lo tiene muy claro: «Necesitamos una nueva síntesis simplificadora de la realidad
que recoja la actual realidad económica. Si no aparece, podemos encontrarnos al final de la
teoría económica; es decir, no existirán fundamentos para la acción del Gobierno que dirige el
ciclo de los negocios y las condiciones económicas27». «La economía transnacional es
conformada y dirigida por los flujos financieros que tienen su propia dinámica». «La economía
«real» de bienes y servicios no domina ya la economía transnacional. Sí lo hace, en cambio, la
economía simbólica del dinero y del crédito. Cada día, el mercado interbancario de Londres gira
de diez a quince veces el montante de divisas transnacionales...de las que son precisas para
financiar los intercambios mundiales de bienes y servicios». «El noventa por ciento o más de las
transacciones financieras de la economía transnacional no sirven a lo que los economistas
considerarían una función económica. Sirven puramente a funciones financieras» «...es la
economía simbólica la que controla ampliamente a la economía real28».
Cuando en el mes de mayo de 1990, el profesor Drucker fue nombrado Doctor Honoris
Causa por la Universidad Politécnica de Barcelona sorprendió a los asistentes con el inicio de su
intervención: «Todos somos conscientes de que vivimos en una era en que la tecnología cambia
muy rápidamente. Muchos creen que esto es 'alta tecnología'. Actualmente, los cambios
tecnológicos se producen más en áreas consideradas de 'tecnología baja' o de 'no tecnología' que
en áreas de alta tecnología. Los cambios tecnológicos más grandes de los últimos años no se han
producido ni en el área de los ordenadores ni en el de la biotecnología, sino en el campo de la
banca y las finanzas. De hecho, la banca está pasando rápidamente de ser algo relacionado con el
dinero a algo relacionado con la información29».
27Drucker, Peter F., Las nuevas realidades, Edhasa, Barcelona, 1989, pp. 230-231.
El anonimato del metal-moneda o del papel moneda (no informa sobre quién compra o
vende) permite realizar todo tipo de actividades monetarias sin que quede ningún rastro
personalizador y responsabilizador. La uniformidad de estos instrumentos monetarios es casi
total -salvo el número de unidades monetarias que representa cada uno- ya que no aportan
ninguna indicación respecto a los detalles particulares de cada intercambio: no nos dicen nada de
qué, ni cómo, ni cuándo, ni dónde se ha realizado una compraventa. Impiden, pues, cualquier
intento de análisis preciso de la compleja y fluida realidad mercantil. La movilidad de este tipo
de moneda ( sirve en multitud de intercambios durante un tiempo indefinido) imposibilita fijar
cada acto de compraventa y, por lo tanto, impide la agregación parcial o total de sus valores.
Sería interesante, como recurso literario para describir una sociedad, relatar la historia de
un billete de banco. Supongamos que quedasen grabados en él los lugares por donde ha pasado,
quién lo ha hecho servir y para hacer qué. Una historia apasionante que cada uno con su
imaginación puede intentar, una historia llena de sorpresas. Pero, si en lugar de intentar pasar un
buen rato, recurriendo a la ficción, el interesado fuese un economista, le gustaría saber qué han
hecho, no uno sino todos los billetes. ¡Oh, sería fantástico!. Podría conocer los flujos monetarios
de la economía real, de la economía financiera y de la economía sumergida! y esto de forma
directa, sin tener que crear índices y dar confianza a las declaraciones, los unos y las otras,
parciales, cuando no manipulados. Si en lugar de un economista se tratase de un juez se volvería
loco porque podría contrastar las declaraciones del acusado con la historia real registrada o
contada por los billetes que han intervenido en el homicidio, en el soborno o en el robo.
Pues ésta es una de las frustraciones de nuestra civilización: que los billetes ni registran
nada ni hablan. No dejan huella y son mudos. El economista y el juez han de convertirse en
novelistas, les guste o no. Han de recomponer historias reales con documentos parciales o falsos.
La falta de pruebas absuelve, así, tanto a los acusados como a los que los juzgan dejando a los
perjudicados en la más completa indefensión. Todos ellos sumergidos en el reino de las tinieblas,
de la oscuridad, de la falta de transparencia. Todos pasan a ser responsables ante «Dios y la
Historia». Los políticos que prometen y no cumplen; los economistas que pronostican una y otra
vez, y casi nunca aciertan; los jueces que han de absolver a un convicto por falta de pruebas
formales...
Estamos tan habituados a convivir con el dinero, a amarlo y a odiarlo, que posiblemente
pocas veces hayamos mirado un billete de banco con el detenimiento suficiente para ver sus
características más allá de su función práctica de pagar o ahorrar. Hagámoslo, pues, al menos,
una vez. Tomemos uno, poco importa la cantidad.
Tenemos un papel especial. Unas caras o dibujos resaltan y otras, invisibles, se ofrecen
sólo a quien las mira a contraluz. Para acabar cifras, varias cifras.
Todos los billetes de igual cantidad son prácticamente iguales entre sí. Ser propietario
depende de la estricta posesión física. Si los perdemos, o nos los roban, perdemos todo derecho
sobre ellos. Son anónimos.
Cuando hago un pago el billete no dice nada. Siempre calla. No deja rastro. Siempre
corre. Pasa de mano en mano, constantemente. O queda arrinconado por los siglos bajo un
colchón o en una caja fuerte.
La circulación monetaria es, por definición, el reino de las tinieblas. Nadie sabe, ni puede
saber nada, ni para bien ni para mal. Ni para equilibrar la economía ni para perseguir al
asesino.Y quien diga lo contrario ya sea ministro, banquero o gobernador del banco central
engaña y miente. Y en el reino de las tinieblas, de la oscuridad, todo es posible, todo permanece
impune.
«Déjenme que les explique una historieta de cuando todavía mil pesetas tenían cierta
importancia.
«Un ingeniero de caminos llega a un pequeño pueblecito, para estudiar sobre el terreno el
proyecto de una carretera. Se dirige a la única fonda, donde almuerza. Después llama al dueño y
le da mil pesetas:
«- es posible que tenga que quedarme un par de días, resérveme una habitación.
Cuando regrese por la noche ya se lo confirmaré. Mientras tanto aquí tiene mil
pesetas y ya pasaremos cuentas.
«El dueño corrió a la cocina para hablar con su mujer. Con aquellas mil pesetas pudieron
pagar al carnicero, al que debían esta cantidad. Éste, cuando las recibió, se apresuró a liquidar
una deuda con el carpintero; éste con el herrero y como que la mujer del herrero debía mil
pesetas al apotecario, por los remedios suministrados cuando sus hijos tuvieron la escarlatina y el
marido un flemón, encontró que la ocasión de pagar los medicamentos había llegado y así lo
hizo.
«El farmacéutico, al recibir el dinero, cerró un rato la tienda y se acercó a la fonda a
satisfacer una deuda pendiente del banquete que les sirvieron cuando se casó la hija.
«Con todo esto pasaron las horas y regresó el ingeniero:
«- Mire, como que la carretera no pasará por el pueblo, según hemos acordado
con las autoridades locales, he decidido volver a la capital hoy mismo. Así pues,
cóbreme el almuerzo de las mil pesetas que dejé a cuenta y disculpe las molestias.
«Cuando el ingeniero se hubo marchado, el dueño comentó a su mujer:
«- ¡Qué suerte hemos tenido de que el farmacéutico nos pagase la deuda, porque
no sé cómo nos las habríamos apañado30!.
Este relato nos introduce en el tema de la creación de dinero al que ya hemos hecho
referencia. Este es un tema crucial y muy poco conocido.
Casi todo el mundo reconoce que, actualmente, el sistema bancario es, de hecho, el
auténtico creador de los medios de pago, es decir, de moneda. Se pueden encontrar diversas
formas de explicar los sistemas de creación de dinero en casi todos los manuales de economía 31.
De una atenta lectura podemos extraer las siguientes conclusiones:
La «creación de dinero» tiene dos fases:
En un primer momento, el banco central emite monedas y billetes que constituyen
30Busquets, Esteve, Només seixanta duros, «El 9 Nou», 27-X-1989.
31Bricall, Josep Ma. (1979), Introducció a l´Economia, Editorial Ariel, Barcelona, 1980; Lipsey, Richard G. (1963), Introducción a la Economía
Positiva, Vicens Universidad, Barcelona, 1985; Lorente, Miguel A., Banca y Mercado Monetario, Banco de Vizcaya, Bilbao, 1978.
el medio legal de pago y, al mismo tiempo, genera recursos concediendo créditos
al sistema bancario.
En una segunda fase los bancos crean depósitos (cuentas corrientes = unidades
monetarias) como resultado de la expansión del crédito (de conceder créditos
sobre los recursos ajenos).
Expliquémoslo mejor. Después de un largo proceso en que las reservas de oro han dejado
de tener relación con la moneda que se emite, actualmente la moneda legal tiene dos
instrumentos: los billetes y las piezas metálicas, que fabrica cada Estado y que son aceptados por
confianza del público y por el apoyo oficial que reciben. Pero, curiosamente, el conjunto de
billetes y piezas metálicas sólo representa, en muchos estados, alrededor de un 10% de la
moneda que se utiliza. La moneda restante es creada por los bancos (sistema bancario) y
funciona a base de cheques y de anotaciones en cuentas corrientes. Veámoslo en un sencillo
ejemplo.
Supongamos que una persona ingresa en su cuenta corriente una cantidad de pesetas en
billetes.
El banco sabe, por experiencia, que esta cantidad no acostumbra a ser retirada de una vez
y, por lo tanto, puede poner una parte de esta cantidad a disposición de un cliente que solicita un
crédito.
El crédito se concede bajo la forma de ingreso contable (anotación de una cantidad) en
una cuenta corriente. El beneficiario del crédito lo usará para pagar sus deudas o para hacer
frente a gastos.
Las personas que cobren del beneficiario ingresarán, posiblemente, una parte del dinero
en el banco. (De momento no importa si es el mismo u otro banco). Lo que interesa ver es que se
ha creado un nuevo depósito a partir de un nuevo ingreso.
Este segundo depósito permitirá dar un nuevo crédito. Y así se puede ir repitiendo el
proceso hasta un cierto límite. Es decir, un ingreso en cuenta corriente (a la vista) es el origen de
un crédito que genera al mismo tiempo un nuevo ingreso y esto sin que el primer ingreso deje de
estar disponible al cliente. Así la expansión del crédito aumenta el volumen de moneda a
disposición de los consumidores y de las empresas. (Para quien desee ver un ejemplo concreto,
léase el anexo: Ejemplos de invención bancaria de dinero).
En cambio, las cuentas a plazo (dinero prestado al banco durante unos cuantos meses o
años), no permiten la expansión del crédito. El titular de la cuenta a plazo se compromete a no
usar la cantidad ingresada durante un cierto tiempo. Mientras dura este plazo, el banco prestará
la cantidad a quien solicite un préstamo. El banco, en este caso, actúa como intermediario:
recoge ahorro y lo convierte en inversión-capital. Ésta es, según los bancos, su tarea y es la que
la mayoría de la gente cree que hacen: el negocio del banco es el margen entre los intereses que
cobran y los intereses que pagan.
La creación de medios de pago no puede ser arbitraria sin provocar graves problemas en
el mercado, ya que el desequilibrio entre el sector real (producción y consumo) y el sector
monetario de la economía hace que haya inflación o deflación monetarias.
En un mercado en crecimiento son necesarios, evidentemente, nuevos medios de pago
para hacer frente a nuevas inversiones, nueva producción y nuevo consumo. El problema es
acertar el volumen exacto de dinero que es preciso inventar. Pero este volumen exacto es muy
difícil de conocer en la actualidad, ya que cada Estado y cada banco persigue maximizar su
beneficio, y los controles de las autoridades monetarias no pueden ser totalmente eficaces sin
conocer realmente los datos exactos que se han de equilibrar, esto es, valor de la producción y
dinero activo para su adquisición. Cómo puede ser que «nadie sepa exactamente cuántos miles
de millones de billetes -dólares- lleva impresos la Reserva Federal, su número es una cifra
esotérica sólo conocida por algunos sacerdotes de la Banca32».
Hemos intentado acercarnos a uno de los núcleos del sistema económico buscando pistas
sobre cómo se crea dinero. Pero la siguiente pregunta es igualmente clave: ¿quién se apropia del
dinero inventado?.
Parece que el dinero inventado se distribuye entre los clientes. Pero debemos fijarnos en
que el banco cobra unos intereses elevados y prácticamente no paga, ya que está dando crédito
con un dinero inventado. Hasta hace poco (y todavía hoy en muchos casos) se remuneraba el
ingreso inicial y los saldos de las cuentas corrientes pero a un nivel muy bajo (p.e. 1%) en
relación a los intereses de los créditos (p.e. 17 %).
Pero, además, el banco dispone de una importante masa de maniobra -que no es suya-
pero que la disfruta a bajo coste. En definitiva, lo importante del dinero, más que tenerlo, es
poder utilizarlo. El banco y los banqueros pueden obtener autocrédito con condiciones muy
buenas; pueden favorecer o bloquear determinadas operaciones financieras, especulativas,
bursátiles, inversoras...políticas, electorales, culturales... En la medida en que los créditos
industriales acostumbran a adjudicarse a los poseedores de patrimonio, favorecen a los
propietarios y discriminan a quienes, teniendo buenos proyectos, no tienen nada que hipotecar.
Otro beneficiario del aumento del crédito es el banco central. Éste obliga a los bancos a ingresar
un porcentaje de los depósitos en su caja sin que prácticamente lo retribuya. Los estados, cuando
recurren al banco central para cubrir el déficit público, lo que están haciendo es inventar dinero
que, en la medida que no corresponda a un incremento real de la producción, beneficiará a unos
ciudadanos -los que reciban este dinero del Estado- en detrimento de los demás, que se verán
perjudicados por la inflación.
La mayoría de los libros de introducción a la economía explican, con más o menos
detalles, estos procesos. Lo que sorprende de todos ellos es que no hagan comentarios sobre la
eficacia y la legitimidad de este sistema bancario de creación de dinero.
En cuanto a la eficacia, la creación de dinero bancario tiene una grave contradicción
interna. Por un lado, los bancos intentan crear el máximo de depósitos porque sobre cada nuevo
crédito perciben elevados intereses. Y recordemos que, en cambio, el banco casi no retribuye a
las cuentas corrientes a la vista, que son el origen. Aquí se da un fenómeno importantísimo por
sus repercusiones económicas y sociales. Resulta imposible que los bancos persigan al mismo
tiempo el máximo beneficio y el equilibrio económico global. Las autoridades monetarias
disponen de un conjunto de mecanismos que intentan frenar el crecimiento de la oferta
monetaria y de los multiplicadores cuando el crecimiento de la masa monetaria crea inflación.
Pero al ser mecanismos indirectos (aumento de la cantidad de reservas obligatorias, aumento del
tipo de interés básico y emisión de bonos del Tesoro) los efectos no son del todo previsibles y,
además, afectan a otras variables económicas importantes (inversión, paro...) que no siempre
32La crisis que viene, «Más Allá», número 19.
permiten suficiente libertad de acción.
En cuanto a la legitimidad de la creación bancaria de dinero, es un problema que, en
general, no se plantea. ¿Por qué la sociedad ha de considerar positivo que, sobre el ahorro común
de toda la población, unas cuantas empresas puedan inventar y usar dinero sin que el conjunto de
los impositores sean retribuidos proporcionalmente? ¿Por qué dejar en manos de intereses
particulares una tarea que tiene unos efectos «económicos» comunes importantísimos, no
siempre equilibradores?. Se produce aquí un fenómeno de hiperexplotación muy sutil que no es
tan sólo de una clase (capital) sobre otra (trabajo) sino que es de unas pocas personas sobre el
conjunto de la sociedad. (El tema ya se ha planteado en el capítulo 2).
Esta sutil explotación, como todas, da poder. Un poder, en este caso, muy especial, que
se expresa de muchas maneras y, de entre ellas, hay una que resulta estratégica para la sociedad:
el sistema bancario es el responsable de gran parte de la financiación del sistema electoral, es
decir, de proveer fondos a los partidos y candidaturas para las elecciones sin otro criterio que el
de la «confianza» en alguna opción. Curiosamente, la explicación y cuestionamiento de la
legitimidad de estos mecanismos de creación y apropiación de dinero por parte del sistema
bancario no acostumbran a aparecer ni en los libros de los economistas ni, aún menos, en los
programas electorales.
De hecho, es muy difícil sacar el agua clara sobre el impacto de estos mecanismos en la
realidad. A falta de un sistema monetario transparente, la mayoría de posiciones quedan
enfrentadas por opiniones y matizaciones diversas. Veamos aquí algunas de ellas.
«Los banqueros, absolutamente todos los banqueros, son los verdaderos creadores de
dinero en la actualidad.
Ellos lo saben, pero en forma abstracta: desde hace treinta años la mayoría de
economistas han explicado esta realidad; pero, en la práctica diaria, la cosa es tan difusa que los
banqueros no la ven clara. Son como el mago sin malicia que sacase conejos de su sombrero y
no recordase haberlos puesto...
Los bancos crean dinero igual que los seres humanos piensan: no es necesario quererlo.
Cuando el banquero analiza su balance, constata que existe cierto equilibrio entre los
depósitos y los créditos. Pero sabe perfectamente que dichos depósitos no le pertenecen. Si
exceptúa los recursos propios del banco... verá, por una parte, unos créditos a sus deudores y,
por otra, unas deudas a sus depositantes. Si compara dos balances sucesivos, comprobará que los
depósitos y los créditos han aumentado en una cierta cantidad. Esto es todo. El dinero que haya
podido crear no puede ser aislado en su balance. El dinero de nueva creación no se diferencia en
nada del antiguo, que continúa circulando. Los depósitos se mezclan indisociablemente unos con
otros. El conejo no sale del sombrero hasta el momento en que se reúnen todos los balances de
todos los bancos en una estadística total: entonces se ve claramente que la cantidad de dinero en
circulación ha aumentado... ¿Dónde está el misterio?.
Estriba en el hecho de que el dinero que circula en la actualidad es una deuda...circulante
contraída por establecimientos especiales33».
«Si decimos a cualquier banquero de la cadena que ha «creado» dinero protestará
enérgicamente. Los créditos que él concedió, insistirá, estaban apoyados en un exceso de
reservas tan grande como el mismo crédito34».
33Lavrillère, Jacques, La industria de los banqueros, A. Redondo Editor, Barcelona, 1969, páginas 87-89.
34Heilbroner, Robert L., y Thrurow, Lester C. (1982), Introducció a l'economia, Editorial Empúries, Barcelona, 1985, página 298.
«Los banqueros tienen toda la razón cuando dicen que ellos nunca prestan ni un céntimo
más de los que tienen. El dinero no se crea en el proceso de préstamo porque un banco deje más
dinero del que tiene. El dinero se crea porque generalmente vosotros y yo nos pagamos
mutuamente con cheques que nos dan derecho sobre los bancos de los demás. No se crearía
dinero si hiciésemos efectivos todos los cheques que recibimos. Pero no lo hacemos así.
Depositamos los cheques en nuestras cuentas corrientes y, al hacerlo, damos a nuestros bancos
más reservas de las que necesitan para garantizar los depósitos que tienen. Estos nuevos excesos
de reserva hacen que nuestro banco pueda prestar o invertir y, por lo tanto, hacen posible que
alguien abra otras cuentas corrientes que vuelvan a generar nuevos excesos de reserva».
«Esto puede dar un poco de miedo. ¿Quiere esto decir que la nueva oferta monetaria se
expande indefinidamente a partir de un solo depósito nuevo? ¿No sería esto extremadamente
peligroso?».
«Naturalmente, esto sería muy peligroso, pero es imposible que suceda. Después de
haber entendido bien cómo un aumento original de depósitos hace aumentar la oferta monetaria,
tenemos que entender igualmente bien qué es lo que hace que la expansión permanezca dentro
de los límites». (Sobre las razones que exponen los autores por las cuales creen que no se
sobrepasan los límites, ver el anexo).
Toda esta compleja argumentación es de una casuística brutal. ¿Cómo puede ser que un
mecanismo tan importante, estratégico y poderoso sea tan poco transparente y tan poco exacto; y
se deje en manos de los intereses a corto plazo de los bancos?.
La complicación no se acaba aquí, porque aunque en «teoría» el banco central dice que
dispone de mecanismos de control, en la práctica no siempre son efectivos. Además, se debe
resaltar que hoy existen multitud de formas de «moneda», a parte del papel moneda y del dinero
bancario que ya no pueden ser controladas por el banco central. «No hay una línea de
demarcación clara, en el seno del conjunto de la liquidez, entre lo que es moneda y lo que no lo
es. Sea cual sea la definición que se seleccione para la moneda, esta definición estará envuelta
por una miríada de instrumentos, más o menos líquidos, que pueden servirle de sustitutos35».
Para intentar poner las bases de la política monetaria no solamente se han de tener en
cuenta los billetes y monedas, los depósitos a la vista, los depósitos de ahorro, los depósitos a
plazo... sino también los Activos en Manos del Público (ALP) que incluyen una inmensa familia
de casi-dinero incontrolable, de papeles que se hacen servir como si fuesen dinero: deuda
pública, primas, cesiones temporales, pagarés de empresa... ¡Estos ALP en 15 años en España se
han multiplicado casi el 1.400%!.
«Es fácil deducir, de todas las consideraciones anteriores, que no puede existir un control
eficaz sobre la invención de dinero.
El resultado inmediato de esta situación es que cada banco, dentro de los
condicionamientos más o menos estrechos que le impone el banco central, actúa según sus
propias conveniencias. Y no existe una articulación efectiva a nivel de conjunto que permita
diseñar estrategias globales para todo el mercado. Las necesidades se atienden empírica y
parcialmente, nunca en función de las necesidades del conjunto sino, casi siempre, en favor de
los sectores privilegiados de la sociedad36».
35Grau, Magdalena, Moneda telemàtica i estratègia de mercat, Centre d'Estudis Joan Bardina, Barcelona, 1985, página 69 (citando a Lord
Kaldor).
36Íd., página 69.
En los sótanos.
Hasta aquí hemos tratado el proceso legal de creación de dinero, fruto de la interacción
entre emisión del banco central, expansión del crédito de los bancos y uso de cheques y cuentas
corrientes de los clientes.
¿No seríamos ingenuos si creyésemos que todo este proceso legal es el único proceso real
de invención de dinero? Existe una sensibilidad creciente en el sentido de que el fraude es cada
vez más difícil, que las leyes son más duras, que las inspecciones son insobornables. Pero si esto
fuera cierto, ¿cómo se explica que el mismo Gobierno español reconozca que en 1989 hay cerca
de 9 billones de dinero negro (que representa casi un tercio del Producto Interior Bruto 37)?. Y no
hace falta ir tan lejos. ¿Cuántas empresas tienen doble (o triple) contabilidad?. ¿Y los bancos
son, en este ambiente general, una excepción?.
Siempre podemos decir que esto sólo pasa en estas latitudes por la falta de eficacia de los
burócratas. pero que, por ejemplo, en los EUA todo esto es imposible. Para quien tenga dudas
debe leer el último libro-encuesta de Vance Packard (1989) sobre los ultraricos americanos. «En
realidad, los más ricos fijan, ellos mismos, el montante de sus contribuciones. Como explica un
consejero fiscal de la región de Washington, especializado en fortunas establecidas: «Mis
clientes deciden la cantidad que quieren pagar al gobierno, y nosotros hacemos lo que haga falta
para que sea ésta la cifra». «Nosotros no pagamos impuestos. Sólo los pagan los pequeños -dice
la multimillonaria Leona Helmsley». «Conozco personas que son cinco veces más ricas que yo y
que alardean de no haber pagado nunca impuestos -confirma M. Sol Price, con una fortuna
valorada en 200 millones de dólares38».
De forma semejante, a nivel macroeconómico no encontramos partidas claras que sean la
creación bancaria de dinero anual ni indicadores de su relación con los depósitos en efectivo
realizados. Todo se hace complicado y difícil de calcular para cualquier ciudadano e incluso para
cualquier economista que no sea un especialista. Uno de los pocos economistas que dan una
importancia fundamental a la creación de dinero es Maurice Allais, Premio Nobel de Economía
en 1988: propone que se «devuelva al Estado, es decir, a la colectividad, los ingresos
correspondientes a la creación monetaria».«Las rentas de la creación de moneda irían
directamente al Estado que podría, así, disminuir los impuestos. La mayor parte, sino la
totalidad, del impuesto progresivo sobre la renta podría suprimirse39».
Además, el sistema bancario es de hecho un encubridor del juego sucio: el dinero negro
(de la economía sumergida), el dinero rojo (de la droga), el dinero sucio (del mundo delictivo) es
blanqueado por los bancos. Bajo el secreto bancario se oculta de todo. El caso más claro, pero no
el único, es el del blanqueo de dinero rojo generado por el comercio de la droga.
«Toda la gran banca de los Estados Unidos ha reconocido haber violado la Ley de
Reserva Federal como sistema para blanquear el dinero de la mafia, recaudado en los sectores
que ingresan a diario grandes cantidades de dinero efectivo». «El delegado del Gobierno para el
Plan Nacional Contra la Droga reconoce que hasta ahora es un misterio cómo se mueve en
España el dinero de la droga. Tampoco se sabe con exactitud qué apoyos financieros utilizan los
37Dinero negro: lo único que sobra en España, «La Mañana», 7-V-1988.
39Hay que acabar con los impuestos sobre la renta, «La Vanguardia-Dominical», 20-VIII-1989. páginas 16-22.
narcotraficantes. Sin embargo, sí sabemos que los beneficios obtenidos en España y otros países
son transferidos, después de ser blanqueados, a la red de paraísos fiscales del sistema bancario
internacional». El propio Miterrand ha dicho que «Los bancos que han reciclado dinero del
narcotráfico merecerían sanciones radicales, puesto que en este terreno hay que actuar sin
piedad. Esta cuestión justifica que se autoricen las investigaciones necesarias sobre el origen del
dinero de la banca en todo el mundo40».
«Los «malos» son los paraísos fiscales. Lo que no se dice es que la mayoría de bancos
mundiales tienen oficinas en ellos41». «Desgraciadamente, no conocemos estudios en los que se
establezca el porcentaje de los créditos que fueron malgastados por las élites de los países del
Tercer Mundo y que en la mayoría de los casos encontraban un discreto refugio en los bancos de
los países industrializados a través de sus paraísos fiscales».«Los países industrializados no
acostumbran a recordar que son sus bancos los primeros beneficiados por estas fugas, de forma
semejante a lo que sucede con el «blanqueo» de dinero negro procedente del tráfico de
drogas42».
En definitiva, tras la brillantez de los mármoles, la seguridad del acero, las contabilidades
impecables, la honestidad indiscutible de las personas... se esconde una arma sutil que sólo
conoce y domina una pequeña minoría de personas muy bien situadas que, en la medida en que
sólo velan por sus intereses, no sólo ponen en peligro los equilibrios generales y pueden
perjudicar al conjunto sino que, tarde o temprano, como con un bumerang, pueden perjudicarse a
sí mismas.
«Quien paga, manda» y «hecha la ley, hecha la trampa» son aforismos nacidos de una
historia fatalista donde estos tipos de monedas anónimas han dejado impunes -por falta de
pruebas o por «presiones» bien pagadas..- la mayoría de crímenes y delitos: traiciones, tráficos
de armas, de personas o de drogas, guerras, atentados, raptos, falsificaciones, fraudes fiscales,
dobles contabilidades, falsos testigos, prevaricaciones, sobornos, malversaciones de caudales
públicos, homicidios, calumnias, robos, hurtos, estafas, especulaciones... Las teorías y las
políticas económicas están en permanente crisis, carentes de un sistema de contrastación
experimental que las pase por el tamiz de los hechos y no por el de los intereses de los grupos de
poder o del «prestigio» de los economistas que las defienden.
Para explicar las tres disfunciones básicas del sistema monetario actual no hay como
recurrir a los hechos y a los testimonios. Hechos que hablan por sí mismos. Hechos que se dan
como una constante fatalidad histórica con la que debemos convivir, confiando en que la
moralidad o la buena voluntad de las personas evite que estos se extiendan más. Se atacan los
efectos pero no se cuestionan las facilidades instrumentales que tienen para extenderse. ¿Para
qué hacer algo si la causa es transcendente, si la maldad humana es consubstancial a los seres
humanos?.
Sobre la primera disfunción se exponen algunos hechos, aparecidos en la prensa diaria de
los tres últimos años, entre los que aparece repetidamente el ejemplo bastante significativo, pero
no único, de la incapacidad instrumental para acabar con la impunidad del tráfico de drogas. Nos
ahorraríamos los comentarios. Las cursivas quieren indicar algunos de los aspectos más
relevantes a tener en cuenta. Los datos que reproducimos han de ser considerados simplemente
como orientativos. Sobre estos temas nadie, por definición, puede saber nada con exactitud.
Primera parte.
44La corrupció política mou a Itàlia mil milions disris de pessetes, «Diari de Barcelona», 29-XI-1987.
48El semanario «The Economist» pide la legalización del consumo y distribución de las drogas, «El País», 4-II-1989.
51El Banco de Italia pide a los banqueros europeos que se unan para impedir el reciclaje del dinero sucio, «La Vanguardia», 8-IV-1989.
52Campaña del Banco de Italia para prevenir el «blanqueo» de dinero negro de la Mafia, «El País», 9-IV-1989.
la Mafia constituye una bomba con espoleta retardada para el sistema financiero internacional.
Con más de 600 sociedades especializadas en el arrendamiento financiero, el préstamo personal
o el crédito inmobiliario, Sicilia tiene una densidad parabancaria de las más fuertes de Italia, sin
que su actividad industrial o comercial lo justifique. Curiosamente estas sociedades están
concentradas en las comarcas donde la influencia de Cosa Nostra es mayor53».
El delegado del Gobierno para el Plan sobre Drogas considera que «es relativamente
sencillo ocultar la procedencia del ingreso por el tráfico de estupefacientes mediante una serie de
transacciones financieras. Frente a esto, el endurecimiento de las reglamentaciones sobre
movimientos financieros 'ha servido más para deteriorar la imagen política de los legisladores
que para detener el movimiento de dinero negro54'».
Segunda parte.
55Ruesga, Santos M., Al otro lado de la economía. Cómo funciona la economía sumergida en España, Editorial Pirámide, Madrid, 1988,
páginas 57-58.
de los datos básicos -de las tablas input-output, de las contabilidades nacionales, regionales y, no
hablemos, provinciales, trimestrales..- utilizadas por los modelos son ya fruto de estimaciones
subjetivas; el carácter objetivo de las pruebas estadísticas aparece así recortado desde el origen,
cosa que ocurre de forma acentuada en nuestro país. Pero renunciar al ejercicio de aplicaciones
econométricas complicadas, porque se piense que la pobreza y mala calidad de los datos de base
no las justifica, es una decisión muy difícil para aquellos que disfrutan de las delicias de tales
aplicaciones. Además, siempre existe la coartada de que los modelos pueden poner de manifiesto
las incoherencias de la información de base e incluso corregirlas56».
«También en la ingeniería social de la política económica va bien disponer de estos
colchones de ecuaciones entre los que esconder la responsabilidad de la acción. De aquí que
tanto políticos como consultores y técnicos prefieran a veces modelos más complejos e
ininteligibles, sin que se esté seguro de que vayan a arrojar mejores resultados predictivos que
otros caminos más simples y manejables. En cualquier caso, hay que poner de manifiesto la
ambivalencia de estas técnicas que, por una parte, son de inestimable ayuda para estudiar el
comportamiento y la evolución de determinadas variables, permitiendo contrastar e ir
perfeccionando mediante tanteos completamente lícitos las intuiciones y fórmulas originarias,
pero que, por otra, ofrecen un amplio campo de maniobra para justificar, con razones
pretendidamente científicas, ideas preconcebidas».
«En este sentido van las interpretaciones de Harrod que presenta como más realista la
posibilidad de que «la ingeniería macroeconómica se efectúe tratando de maximizar las
posibilidades electorales del partido político que detente el poder en cada momento y no como
resultado de un cálculo racional sobre lo que conviene al bienestar nacional57».
Tercera parte.
58Allais, Maurice (premio Nobel de Economía 1988), L´economia com a ciència, 1968.
Conclusión.
Todos los hechos expuestos en las tres partes, unidos entre sí, son explosivos. Tanto es
así que se prefiere no aceptarlos. Si lo hiciésemos nos invadiría un pánico terrible. La situación
es caótica a pesar de las apariencias «ordenadas» por una sociedad de la «imagen». De estos
temas no conocemos casi nada y lo poco que sabemos, nos horroriza. No hay guía teórica y la
poca que existe no es contrastable. Ciertamente que todo es muy complejo. Que no todo es ni
será contabilizable ni documentable. No todo es, evidentemente, un problema instrumental. Pero,
en la parte que puede serlo, ¿por qué no se intenta resolver? ¿No podría ayudar a reducir parte de
la inabarcable complejidad? ¿Cómo documentar el crimen? ¿Cómo obtener datos fiables?
¿Cómo hacer unas teorías contrastables con los hechos? He aquí algunas de las cuestiones no
resueltas.
60Barceló, Alfons, Teoría Económica de los Bienes Autorreproducibles, Oikos-Tau, Barcelona, 1988, página 8.
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entre seguros y pensiones privadas y públicas, entre transportes privados y públicos, entre
«investigación» pública y privada...
Parece que estos son un tipo de servicios que para su buen funcionamiento necesitan
libertad, tanto por parte de quien los ejerce como de quien, según los casos, los usa. Son unos
servicios que fácilmente pueden degenerar, por motivos diferentes, tanto cuando se crea la
estatalización y se burocratizan, como cuando se mercantilizan y se vuelven elitistas.
¿Podemos buscar un estatuto diferente de los actuales que facilite la gratuidad -el
acceso a todos sin discriminación- y al mismo tiempo la calidad y la libertad, tanto para el
profesional como para el usuario? ¿Cómo aplicar un modelo de estas características en la
práctica para no caer en abusos ni en privilegios, ni en nuevas burocracias ineficaces?.
Este conjunto de actividades tiene otro problema muy importante: quien paga manda.
Y quien manda en el mundo del «saber» manda, de una u otra manera, en las conciencias de
las personas. La polémica entre público (bien común) y privado (lucro privado) es falsa. El
Estado se ha convertido en un bien privado, en una corporación que defiende sus privilegios
(y el de los grandes privados que la dominan) y que tiene todos los medios coercitivos (leyes,
policías, ejércitos, jueces...), que los pequeños privados no tienen. Se ha establecido una
lucha, o pelea de feria, entre dos «privados», a veces con intereses comunes y a veces
contrapuestos, que ejercen el poder del «saber» sobre la población. La libertad real que tiene
el usuario sólo radica en la elección entre medicina privada y pública, entre escuela privada y
pública, entre información privada y pública... Cada una tiene ventajas e inconvenientes, pero
ambas son terriblemente celosas de las medicinas libres, de las escuelas libres, de las radios
libres...que no tienen enfoques de dominación ni de avasallamiento. El usuario no tiene
libertad para escoger otro tipo de servicio e incluso, en algunos casos, puede ser sancionado o
encarcelado por intentarlo. ¿Por qué se mantienen estas estructuras tan irracionales
presentadas bajo el nombre de «Estado del Bienestar»?.
Y, he aquí, el último mecanismo: los intereses creados. Lo que es «público» es
pagado por todos los que están obligados a tributar impuestos, pero los mecanismos
principales de toma de decisión de cómo se «gasta el dinero público», de cómo se organizan
los servicios públicos acostumbran a estar prostituidos por situaciones legales e ilegales, pero
reales. Y toda prostitución significa pagar un precio, un precio que es más alto cuanto más
transcendente es el poder de quien se prostituye. Por la vía legal, la prostitución de la
democracia comienza con el sistema electoral y con el increíble sistema de financiación que
obliga a todos los partidos a venderse a quien tiene dinero suficiente para pagar las inmensas
sumas de las campañas electorales. ¡Industriales y banqueros son quienes financian
legalmente los partidos! Si ganan, el agradecimiento generoso. Si pierden, la esclavitud del
deudor. Legalmente no se puede probar casi nada, pero todo el mundo lo piensa y lo «sabe».
El soborno y la corrupción son la más patética realidad del poder. Sólo llegan a la opinión
pública cuando interesa hundir a algún competidor creando un escándalo.
La Justicia, tercer brazo independiente, diseñada para proteger el derecho y defender
a los ciudadanos de los abusos y del poder, permanece unida a trampas semejantes, sujeta a lo
«público» (por el ejecutivo) y a lo «privado» (por el soborno y por las castas sociales a las
que pertenecen muchos de sus funcionarios).
Los numerus clausus, excluyen miles de profesionales preparados para mejorar
cuantitativa y cualitativamente estos servicios, y las oposiciones a plazas de funcionarios no
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siempre permiten el acceso a los mejor preparados por sus relaciones humanas específicas,
sino a los capaces de pasar unas pruebas memorísticas que no demuestran nada del arte de
ejercitar una profesión.
Además de los servicios públicos y privados, el sector terciario reúne un conjunto de
actividades culturales, aparentemente las más libres: las de los artistas (escritores, poetas,
pintores, escultores, arquitectos, diseñadores gráficos, periodistas, actores, directores
audiovisuales...). Todos estos creadores culturales son de muy difícil evaluación en función
de su productividad y, normalmente, dependen del azaroso mundo de los «editores» y
«productores», de las promociones y de la especulación. Tienen una gran influencia social,
tanto para justificar y mantener la sociedad, como para subvertirla. Tanto su burocratización
como su mercantilización aseguran la muerte de la cultura transformadora.
Para terminar este repaso debemos ubicar, también, lo que llamamos entidades y
actividades no lucrativas. Su objetivo es beneficiar al socio o a un determinado sector social,
sin que, en la actividad que se realiza, se repartan «beneficios» pecuniarios. Las entidades no
lucrativas, sin ánimo de lucro, mueven dinero y algunas, como las deportivas o las cajas de
ahorros, mucho, pero los beneficios se deben reinvertir. No tienen accionistas, sino socios.
Estas entidades no pueden ser clasificadas como públicas (aunque hagan una función pública,
pero no son estatistas) ni como privadas (aunque las dirijan privados, pero no tienen ánimo
de lucro). Algunas son, incluso, consideradas «Corporaciones (privadas) de derecho
público». Muchas de estas entidades viven en parte de cuotas de socios, en parte de
subvenciones públicas y en parte de sponsors privados. Y, por ello, no siempre pueden
mantener su pretendida independencia.
Existe otro tipo de «servicios», medio legales, medio ilegales, considerados por
algunos como libres, por otros «forzados», que se relacionan con el sexo y el afecto. Los que
consideran la prostitución como un fenómeno libre y natural piensan que ésta debe
convertirse en un servicio público o privado; pero en cualquier caso «seguro» y «digno».
Posiblemente, éste es uno de los casos más representativos de todos los que hemos ido
comentando. Una cosa es aceptar que para vivir es preciso vender la propia fuerza de trabajo
y otra, muy distinta, que es preciso venderse a sí mismo (o la cosificación de una parte de sí
mismo). El afecto, el sexo, como el espíritu y la conciencia, son demasiado especiales como
para ponerles un precio, para mercantilizarlos sin destruir la persona y su dignidad. Y no
acostumbra a hacerse, si no es para sobrevivir. Si la gente tuviera medios para vivir
dignamente, no sería tan fácil que niños, adolescentes y adultos se dejaran poner precio a su
intimidad.
Y al lado del sexo, el espíritu. La prostitución del espíritu, con la compra de las
religiones, se suma a las prostituciones de la política, de la cultura, del arte. El dinero,
oscuro, lo pudre todo en estas esferas. En las grandes iglesias y en las sectas.
Toda esta «superestructura» tiene la capacidad de suscitar y de conducir los anhelos
de liberación más profundos, o la capacidad de «alienar» a las personas y a los pueblos. Éste
es su poder y quienes la «mantienen» conocen perfectamente ¡la rentabilidad de su inversión
a fondo perdido!.
Después de algunos años de experiencia con la planificación estatista no queda más
remedio que aceptar que el mercado, en determinadas condiciones y lugares, puede ser un
buen mecanismo de producción y distribución de la riqueza. Pero, debemos precisar muy
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bien cuáles son estas condiciones. Y todavía más, debemos precisar lo que es mercantilizable
y lo que no puede serlo por generar efectos secundarios, contrarios a los perseguidos.
La competitividad, si no es desleal, parece un buen sistema para desarrollar la
«competencia», la capacidad de eficiencia responsable en cualquier ámbito «económico».
Pero, debemos reconocer que la condición fundamental de su lealtad no acostumbra a
cumplirse. Y además, competitividad no siempre significa ánimo de lucro, ni marginación de
los perdedores, ni mercantilización de todas las realidades naturales y de todas las actividades
humanas. Puede haber «competencia profesional» sin «competitividad mercantil» cuando
existen otras motivaciones además de las lucrativas. Por tanto, debemos poner límites al
mercado, fuera de los cuales su función de eficiencia se vuelve perturbadora y
contraproducente.
De manera semejante, la comunitarización puede ser muy adecuada para preservar y
potenciar espacios naturales y humanos en donde el aspecto no productivista de la vida pueda
desarrollarse. Pero, la comunitarización no es sinónimo de estatalización y cuando ésta se
acentúa, sobrepasando sus ámbitos propios, también crea disfunciones gravísimas.
¿Cuáles son, pues, los ámbitos propios y complementarios del mercado y de la
«comunidad»? ¿de la libertad y de la solidaridad ? ¿de lo privado y de lo comunitario? ¿de lo
lucrativo y de lo no lucrativo? y una vez definidos, ¿cómo facilitar la dinámica propia de
cada ámbito sin interferencias ni dependencias fácticas de unos sobre otros?.
El mercado dirige bien lo que necesita intercambio cuantificado dentro de un marco
de abundancia, de crecimiento, de ilimitación. Pero, resulta que la realidad tiene límites, más
o menos evidentes, más o menos inmediatos, pero los tiene. Sin querer ser exhaustivos, y
teniendo en cuenta la problemática planteada y las posibilidades de solución práctica, pueden
existir tres grandes ámbitos que, en la actualidad, percibimos como espacios que, o bien se
deben desmercantilizar o bien se deben proteger de una posible mercantilización:
La naturaleza, los recursos naturales, especialmente los fijos (como la tierra), los
agotables y no renovables (como los minerales fósiles) y los no reciclables no se
pueden mercantilizar sin poner en peligro la supervivencia de la vida en el planeta.
La persona humana, sus relaciones interpersonales, sus instituciones culturales y
comunitarias son, también, difíciles de mercantilizar porque son de difícil medición
(al ser más cualitativas que cuantitativas) y porque el poder del dinero puede
convertirlas en peligrosísimas armas de poder contra las personas a través de la
manipulación y la alienación de su intimidad.
El dinero, en sí mismo, instrumento principal de la mercantilización de la realidad, se
vuelve un arma mortal cuando es mercantizado, cuando se le da autonomía sobre la
realidad del mercado y, en algunos aspectos, de la comunidad; porque trastoca y
desequilibra el mercado y la sociedad reales (inflación y deflación monetarias;
especulación de títulos y de divisas).
Pero ¿quién, y cómo, ha de velar por esta desmercantilización de la naturaleza, de las
personas y de la moneda? ¿Cuáles son los límites de «la comunidad» y, sobre todo, de aquel
que históricamente pretende ser su representante?.
Si el mercado ha de tener unos límites, el Estado también. Éste, con todas sus
instituciones de gobierno, en todos los niveles y ámbitos, no debería interferir en la dinámica
del mercado haciéndole una competencia desleal: los servicios que ofreciese tendrían que ser
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gratuitos -pero con una gran libertad de ejercicio, no debería tener empresas productivas ni
de servicios.
Para gestionar los recursos naturales se tendría que encontrar la manera de incorporar
al costo de las materias primas unas «tasas verdes» para proteger los recursos, para investigar
sucedáneos, para favorecer el reciclaje de los residuos y para impedir la contaminación. El
suelo debería pasar a propiedad comunitaria -no estatal- y podría ofrecerse en alquiler a largo
plazo para funciones bien delimitadas. Esto facilitaría la protección de los recursos, así como
la ordenación racional y ecológica del territorio.
Un sistema monetario adecuado podría jugar un papel importantísimo para evitar sus
propias disfunciones y para hacer viable el plan de desmercantilización de algunos ámbitos.
Es muy posible que, sin un instrumento monetario distinto del actual, cualquier intento de
cambio en todos estos ámbitos esté condenado al fracaso. El dinero continuará fluyendo,
impune y oscuramente, de un sector a otro para corromper funcionarios, para promover la
victoria de opciones políticas, para manipular noticias, para detener invenciones e
investigaciones, para adormecer conciencias, para prostituir la cultura, para especular con el
suelo y con el propio dinero.
Si se quieren distinguir ámbitos mercantiles y no mercantiles, se requieren
instrumentos que faciliten la distinción. En este sentido se trata de ver si es posible un
sistema monetario que -además de ser personalizado- deje rastro y responsabilice; se adapte a
cada sector, ámbito y actividad; y que no permita romper impunemente los límites de cada
uno. Como veremos en los próximos capítulos, se puede imaginar un sistema en el que haya
una especie de «monedas» especializadas: una «moneda» que sólo pueda ser usada para
financiar lo que no es mercantilizable y otra para lo que es propio del mercado; una
«moneda» que deje constancia de la legalidad del intercambio; otra que facilite, sin
burocracias, la comunitarización del suelo y la aplicación de tasas verdes sobre la extracción
de materias primas y sobre la contaminación...
***
Para resaltar la importancia del tema acabaremos con unos impresionantes
testimonios que, desde el interior de las respectivas profesiones -comunicadores de masas y
juristas-, plantean crudamente el peso de la mercantilización y de la funcionarización.
A principios de siglo, Joan Puig y Ferreter (1926) expresaba muy bien el estado de
servidumbre de la cultura. «Porque los periodistas que formamos parte de la plantilla de una
empresa industrial estamos peor que los criados. Nuestra servidumbre es más sublevante. Yo
vendría gozoso los servicios de mi cuerpo. Me gustaría saber un oficio: encuadernar, hacer
cajas de cartón,...rendir ocho horas de trabajo para ganarme el sustento. Creo que sería para
mí una cosa alegre. En cambio, no puedo soportar sin rencor, tristeza y amargura, la
servidumbre del alma y de la inteligencia63».
«El asno de noria saca agua para regar los campos. ¿Qué regamos nosotros?
Fundamentamos la estulticia, la ignorancia, la mentira y el embobamiento. Impulsamos los
negocios de otros, somos el escalón de todos los atrevidos y sinvergüenzas que hay en el
mundo; nos doblegamos ante todos, incensamos a los cretinos y a los ídolos de latón. Sobre
nuestras espaldas, sobre nuestra estúpida servidumbre crece la riqueza, la gloria, la vanidad,
63Puig i Ferrater, Joan (1926), Servitud, Edicions 62, Barcelona, 1985, página 66.
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la autoridad, el abuso y el crimen; y nosotros nos consumimos en la miseria, el olvido y el
rencor. ¡Y aun nos atrevemos a llamarnos intelectuales!...Y se nos compra con entradas de
toros,... funciones benéficas, sueldos de peón y comidas aristocráticas64».
Aunque han cambiado muchas cosas, hoy continúa exisitiendo una sutil servidumbre
de la cultura que se expresa de otras maneras, no menos corrosivas, tanto si el dominio es
«privado» como «público». El conocido lingüista Noam Chomsky (1988) es claro en su
análisis del sistema de comunicación de masas en los Estados Unidos, considerado el
modélico guardián de la libertad.
«Los medios de comunicación de masas de los EUA... permiten e incluso
promocionan enérgicos debates, críticas y disidencias, siempre y cuando se mantengan fieles
al sistema de presupuestos y principios, que constituyen el consenso de la élite; un sistema
tan poderoso que puede ser interiorizado en gran parte, sin tener consciencia de ello 65». «La
opinión pública está expuesta a poderosos y persuasivos mensajes desde arriba y es incapaz
de comunicarse significativamente a través de los medios de comunicación en respuesta a
estos mensajes... los dirigentes han usurpado una enorme cantidad de poder político y han
reducido el control popular sobre el sistema político utilizando los medios de comunicación
para generar apoyo, conformidad y una evidente confusión entre la opinión pública-citando a
W. Lance Bennett66».
Y continúa: «En los medios de comunicación, de forma semejante que en el resto de
grandes instituciones, quienes no muestren los valores y puntos de vista precisos, serán
considerados «irresponsables», «ideológicos» o de alguna manera aberrantes y tenderán a ser
arrinconados. (...) los que se adapten, tal vez honestamente, tendrán libertad para expresarse
con poco control por parte de los directivos, y podrán afirmar acertadamente que no son
objeto de presiones para adaptarse67». «Un periodista que no desee trabajar duramente puede
sobrevivir, e incluso ganar respetabilidad, publicando información (oficial o confidencial)
procedente de las fuentes habituales; estas oportunidades pueden ser negadas a los que no se
contenten con transmitir las interpretaciones de la propaganda del Estado como si ésta fuese
la realidad68».
«En resumen, los medios de comunicación de masas de los EUA son instituciones
ideológicas efectivas y poderosas, que llevan a cabo una función propagandística de ayuda al
sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la
autocensura, y sin una coerción abierta significativa69».
El decisivo mundo de la comunicación padece estos males, pero no es el único. La
administración de Justicia, al menos en España, es un buen ejemplo de lo que estamos
comentando. Joan Roig Plans (199170), abogado, concluye un reciente estudio diciendo que
65Chomsky, Noam, i Herman, Edward S. (1988), Los guardianes de la libertad, Crítica, Barcelona, 1990, página 348.
70Roig i Planas, Joan, Alternatives per a un funcionament més eficaç de l'Administració de la Justícia, ponencia presentada en el «Aula
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«sin una solución de choque, vemos difícil salir del agujero actual».
«La falta de calidad del trabajo de los profesionales (va) muy unida a una escasa o
inexistente vocación a consecuencia de haber escogido la profesión como un trabajo con la
estabilidad de funcionario o, en el caso de los profesionales libres, mercantilizando los
despachos. En cualquier caso, haciendo que la motivación primordial del trabajo sea la
obtención de unas ganancias, en lugar de un sentido de servicio o, incluso, del gusto por un
trabajo bien hecho».
También considera que «litigar es para los ricos o para los desesperados que se
encuentran en situaciones límite». «El elevado costo que comporta litigar provoca que los
ciudadanos, principalmente los que tienen limitaciones económicas, renuncien a hacer valer
sus derechos ante los Tribunales. Esto obviamente en beneficio de intereses ilegítimos. De la
otra parte, también comporta que, con medios económicos, se puedan obtener, ilegítima y
paradójicamente a través o con la amenaza de un litigio, concesiones de quien tenga
dificuldades para hacer frente a los gastos». «El sistema de honorarios para la retribución del
trabajo de los profesionales liberales que intervienen en la Administración de Justicia, no es
equitativo porque gratifica principalmente según la cuantía de los asuntos».
Considera que «una Administración de Justicia ineficaz propicia la defensa de los
intereses y la realización de los derechos al margen de los mecanismos legales y, por tanto,
con un alto riesgo de arbitrariedad. Además, genera en la ciudadanía el sentido de impunidad
de conductas ilegítimas, produce desencanto y escepticismo, y en definitiva la pérdida de
ilusiones colectivas, que son esenciales para un bienestar solidario».
Sorprende positivamente la valentía de algunas de las alternativas que propone:
«promover la creación de tribunales de deontología mixtos, con miembros de las distintas
profesiones jurídicas y con jurisdicción disciplinaria sobre los profesionales de todas ellas,
para asegurarse el evitar la impunidad que podrían motivar reacciones corporativistas» y
«que el trabajo de los abogados y procuradores sea retribuido por el Estado, con prohibición
absoluta de recibir cualquier emolumento particular en pago de trabajo por la defensa
judicial».
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Capítulo 10. El retorno al Edén.
Pero la moneda puede ser y posiblemente ha sido durante 7.000 años al alba de las
civilizaciones del Asia occidental un instrumento con unas características
radicalmente diferentes: personalización, diversificación e inmovilidad.
71Schmandt-Besserat, Denise (1978), El primer antecedente de la escritura, «Investigación y Ciencia», número 23, agosto 1978.
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«Según ampliaba mis investigaciones para dar cabida a los artefactos de arcilla más
tardíos, con una datación del séptimo milenio a.C. al cuarto milenio y aún posteriores,
encontré, con gran sorpresa, que también se habían hallado fichas de arcilla similares».
«Evidentemente, un sistema de contabilidad que hacía uso de fichas se había difundido (...)
por todo el Asia occidental, desde una época tan remota como el noveno milenio a.C. hasta
épocas tan cercanas como el segundo milenio».
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«Quizás el más crucial habría sido el almacenamiento de alimentos. Cierta porción de
cada recolección anual tenía que ser asignada para la propia subsistencia de la familia
agrícola y otra porción debía separarse como simiente para la cosecha del año siguiente (...).
Otra porción más podría haberse reservado para trocarla con aquellos que estuviesen
dispuestos a proporcionar productos exóticos y materias primas a cambio de alimentos.
Parece posible que la necesidad de no perder de vista estos distintos cupos y transacciones
fue suficiente para estimular el desarrollo de un sistema de registro».
«El período Neolítico y el siguiente período Calcolítico, o Edad del Cobre, en Asia
occidental, se extendieron por espacio de 5.000 años. En todo este lapso de tiempo sustancial
no se encuentran, sorprendentemente, cambios en las fichas, hecho que puede indicar cuán
bien se adaptaba a las necesidades de una primitiva economía agrícola este sistema de
registro».
«Fue quizá durante el período Calcolítico cuando los excedentes agrícolas de cada
miembro de la comunidad empezaron a reunirse mediante impuestos en especie, con la
supervisión del excedente puesta en manos de funcionarios públicos, como los servidores de
los templos. Si las cosas fueron así, la necesidad de llevar buena cuenta de las contribuciones
individuales, evidentemente, no supuso una modificación relevante en el sistema de
registro».
«En las primeras fases de la Edad del Bronce, entre el 3.500 y el 3.100 a.C., se dieron
cambios significativos en el sistema de registro. Este período conoció un avance económico
casi tan notable, en su propia forma, como el nacimiento de la economía agrícola, que sentó
las bases de aquél. El nuevo desarrollo fue la aparición de las ciudades. Los estudios de
conjunto de los yacimientos antiguos del Asia occidental indican un rápido aumento de la
población de Irak e Irán; centros urbanos con numerosos habitantes comienzan a aparecer
aledaños de los anteriores asentamientos aldeanos».
«El despliegue de una economía urbana, arraigada en el comercio, debe haber
multiplicado las demandas sobre el sistema tradicional de registro. Tenía que anotarse no
sólo la producción, sino los inventarios, fletes y pagos de salarios, y los mercaderes
necesitaban guardar constancia de sus transacciones. Hacia el último siglo del cuarto milenio
a. C. la presión de una compleja contabilidad comercial sobre el sistema de fichas se hizo
patente, tanto en los símbolos, como en la forma en que se emplearon las fichas».
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«Por lo que respecta a los cambios en la forma en que se emplearon las fichas, es
significativo el hecho de que... el 30 por ciento del total estén perforadas». «Las
perforaciones son tan reducidas que sólo un fino cordel podría haber pasado por las mismas»
cosa que podría indicar que «(...) algunas fichas representativas de una transacción específica
fueran ensartadas juntas, a modo de registro. Parece, al menos, plausible que la complejidad
de guardar constancia en una economía urbana podría haber dado lugar a duplicar fichas
idóneas para su enhebramiento».
«Un cambio mucho más significativo lo constituye la primera aparición, en esta
época, de las bullae de arcilla» con fichas en su interior. «La existencia de una bulla
representa un testimonio directo, perfectamente definido, del deseo del usuario de separar las
fichas que representan una u otra transacción».
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«A mi juicio, no existe duda alguna de que estas bullae fueron inventadas para
proporcionar a las partes de una transacción un tipo de superficie tersa de arcilla que, según
la costumbre sumeria, podía ser marcada con los sellos personales de los individuos
implicados, a modo de validación del acto comercial».
«Un productor rural de, pongamos por caso, tejidos consignaría un flete de efectos a
un intermediario urbano, enviándole junto con el flete una bulla con un número de fichas en
su interior descriptivas del tipo y cantidad de la mercancía embarcada. Rompiendo la bulla, el
destinatario del flete podía verificar la naturaleza del propio flete; además, la necesidad de
entregar la bulla intacta evitaría al transportista la tentación de sisar la mercancía en tránsito.
Esta transferencia sellada de fichas entre socios comerciales representa una forma
completamente nueva de emplear el antiguo sistema de registro».
«Esta innovación tenía un serio inconveniente. Los sellos impresos sobre el terso
exterior de la bulla servían para dar validez a cada transmisión, pero si estas improntas de los
sellos tenían que conservarse, la bulla tenía que permanecer intacta. ¿Cómo, entonces, podría
determinarse qué fichas y en qué número, había en su interior? Pronto se encontró una
solución al problema. La superficie de la bulla fue marcada de forma que, además de las
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improntas de los sellos que le daban validez, llevaba imágenes de todas las fichas incluidas
en su interior». «Está claro que no se inventaron estas marcas en la propia bulla para
sustituir al sistema de fichas de contabilidad. No obstante, esto fue lo que ocurrió». «Las
bullae huecas, con sus fichas en el interior, habrían sido reemplazadas por sólidos objetos de
arcilla inscritos: las tablillas. Los montones de fichas en sarta, canastas y estantes de los
archivos habrían cedido el paso a signos representativos de ellas, inscritos sobre tablillas, esto
es, habrían cedido su lugar a documentos escritos».
«El perfil convexo de las tablillas más antiguas de Uruk puede muy bien ser un rasgo
morfológico heredado de las bullae esféricas».
«La aparición de la escritura en Mesopotamia representa un paso lógico en la
evolución de un sistema de contabilidad que se origina hace unos 11.000 años». «Con el
nacimiento de las ciudades y el desarrollo del comercio a gran escala, el sistema se vio
impulsado hacia una nueva vía. Las imágenes de las fichas pronto suplantaron a las propias
fichas y la evolución de los objetos simbólicos hacia los ideogramas condujo a la rápida
adopción de la escritura por todo el Asia occidental».
(tablillas de Uruk 7)
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que ella misma describe -como hemos visto- que cumplía: facilitar la venta de mercancías
entre socios comerciales, de forma cuantificada, contable, personalizada, registrada...
cualidades que, evidentemente, un ábaco no tiene.
No nos queda sino reconocer que, una vez más, la creencia de que la moneda tiene
valor intrínseco es tan fuerte que desdibuja la interpretación de los hechos más evidentes.
Ésta es, también, la trampa en que cae el propio Schumpeter cuando comenta la teoría
de Aristóteles: «La teoría aristotélica del origen lógico del dinero puede resistir la prueba
exigible a una teoría verificable del origen histórico del dinero. Ejemplos como el siclo
semítico o como el té, (uno y otro con valor intrínseco)..., son suficientes para así
demostrarlo72».
Vemos como Schumpeter, que critica la argumentación de Aristóteles a favor de la
«teoría metalista», acepta que las primeras monedas tuvieron «valor intrínseco» y cae,
posiblemente, en el mismo error que pretende combatir. A falta de un paradigma distinto del
metalista, tarde o temprano, se deriva hacia una interpretación monolítica del pasado, y se
autoimpide la capacidad de buscar y hallar otros objetos o hechos dignos de una
interpretación diferente. Desde las posiciones de la teoría metalista, unas fichas de arcilla o
unas conchas no pueden ser moneda ni tener función monetaria, por tanto, -se concluye- no
pueden ser más que piezas de collares o amuletos.
A pesar de todo, Schumpeter intuye la insuficiencia de su propia argumentación: «Las
formas primitivas de existencia no son, generalmente, más simples sino más complejas que
las posteriores»...«y pueden ocultar los elementos lógicamente esenciales, en lugar de
revelarlos73».
Hoy conocemos más cosas de la prehistoria de las que sabían Aristóteles (o
Schumpeter), al mismo tiempo que ya hemos descubierto la insuficiencia de la teoría
metalista y podemos interpretar los hechos dentro de otro contexto. Este tipo de «moneda» de
arcilla confirmaría la hipótesis según la cual «las formas más primitivas acostumbran a ser
más complejas que las posteriores».
Las características de esta moneda prehistórica, que dura en sus diversas variantes
unos cuantos miles de años, son muy sugerentes; sobre todo en la versión de las bullae. Estas
características son las opuestas a las de la moneda anónima y desinformativa:
Personalización: los que participaban en una operación la validaban poniendo
su sello personal. El transportista tenía que entregar la bulla entera para evitar
posibles fraudes. Era como una factura y un cheque nominativo. La
personalización de la moneda, que se da cuando ésta hace constar quién
compra y quién vende, ofrece una posibilidad que, debidamente protegida,
puede asegurar el Estado de derecho, es decir, una actuación no arbitraria de
la Justicia para resolver los conflictos, con igualdad de las personas ante la
ley.
Diversificación: el instrumento monetario daba información, no sólo de los
agentes comerciales, sino de las mercancías concretas de la transacción y,
posiblemente, del valor (en unidades contables) acordado. Servía de albarán y
72Schumpeter, J. A. (1954, Historia del Análisis Económico, Editorial Ariel, Barcelona, 1982, páginas 100-101.
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de factura. La diversificación de la moneda, con un instrumento monetario
específico para cada transacción y diversos tipos de instrumentos monetarios
(para comercio interior o exterior, para consumo, para empresas, para ahorro o
inversión, de origen mercantil o comunitario...), puede facilitar el seguimiento
de la realidad económica y puede evitar el traspaso desequilibrador o
especulativo de dinero entre ciclos y subciclos económicos.
Inmovilidad : cada bulla servía para una única transacción. Se tenía interés en
que fuera conservada, archivada para fines particulares (microeconomía) y,
posiblemente, generales (macroeconomía) o judiciales (responsabilidades). La
inmovilidad, es decir, el hecho de que cada instrumento monetario sirviese
para un único acto de compraventa, facilita su archivo con finalidad analítica
estadística o judicial. Sin embargo, impide la siempre, hasta ahora,
incontrolada velocidad de circulación de la masa monetaria que provoca crisis
económicas.
Parece que el sistema de fichas y bullae puede ser, también, considerado como un
sistema monetario y contable en la misma medida en que hoy consideramos el moderno
sistema de cuentas corrientes.
Hay indicios para suponer que los templos hacían las veces de banco, en el sentido
que llevaban la contabilidad entre ciudades y que guardaban los excedentes. En el Templo
Rojo de Uruk es donde se han encontrado la mayoría de tablillas sumerias.
Partiendo de todos estos datos de Mesopotamia, podemos considerar que puede existir
mercado sin «moneda con valor intrínseco» y que, en este caso, el mercado utiliza
instrumentos que permiten responsabilizar, facilitar y documentar los intercambios.
Esta conclusión también la podemos extraer de la observación diaria de cualquier
mercado occidental donde la moneda con valor intrínseco es inexistente y el mercado
funciona con «papeles» y con cuentas corrientes.
La gran diferencia entre aquel sistema y el actual es que ahora hemos perdido las
características que lo hicieron tan permanente: el cheque puede ser nominativo o al portador
(anónimo); la factura acostumbra a ser personalizada y describe la mercancía; pero, en tanto
que la factura puede ser pagada sin cheque -en efectivo- o con cheque -al portador-, todo el
sistema queda escindido y enredado.
Parece, pues, que lo único que sería necesario para poner al día este curioso y útil
instrumento monetario sería unir la factura con el cheque nominativo, como un sólo
documento personalizado, informativo y archivable, que podríamos llamar «factura-cheque».
En nuestra realidad ya está instrumentalmente todo a punto: las cuentas corrientes, los
cheques nominativos, las facturas y los medios técnicos (papel o/y electrónica) para su uso
compacto, ágil y eficiente. Sólo nos falta percatarnos de la necesidad de dar este paso y poner
los medios para su uso correcto en una sociedad mucho más compleja. Complejidad a la que,
precisamente, no puede responder eficientemente el sistema monetario actual.
A nivel visual, podríamos representar una factura cheque como un documento que
distingue un área de contabilidad general (tipos, cantidades y precios de los artículos; fecha y
lugar) y un área de protección judicial (referencias personales y contables del proveedor y del
cliente, con la aceptación de la transacción y de su pago por parte de éste).
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¿Qué ventajas puede tener el implantar una moneda tipo «factura-cheque»? ¿es sólo el
gusto por recuperar una antigua técnica o costumbre? Si se perdió, ¿no será porque ya no
podía desempeñar una buena función?.
Antes de contestar estas preguntas en los próximos capítulos, una curiosidad
solamente.
La Biblia relata que el paraíso perdido, el Edén, estaba situado entre dos ríos (¿en
Mesopotamia?). ¿Cómo vivía, en este lugar y en tiempos pretéritos, la humanidad para que el
mito haya marcado este sitio con el don de la añoranza? Los hebreos que escribieron el mito
del paraíso y del pecado original habían recibido por tradición oral alguna cosa especial.
¿Podía esta «cosa» haber sucedido 10.000 años antes, en comunidades pre-agrícolas? ¿O era
relativamente próxima -como mucho, algún milenio- ? Y, en cualquier caso, ¿qué sabemos
del Edén prehistórico?.
La autora nos sitúa en estas regiones a lo largo de las transformaciones que un sistema
de contabilidad expresa. Pero de repente, después de conectarlo con las tablillas sumerias, se
detiene. Ha acabado el trabajo. Su trabajo. Pero nos abre una pista insospechada para explicar
qué pasó después, con el nacimiento de la «Historia».
Oficialmente la historia comienza con la escritura. Pero también comienza con la
aparición de la moneda con valor intrínseco -oro, plata, bronce.. -, de los imperialismos, de la
guerra organizada entre ciudades y estados, de la corrupción generalizada... comienza, en la
tradición semita, con el conocimiento del Bien y del Mal, con la pérdida del paraíso y la
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marca del pecado original propio del hombre histórico. Del pecado que originó la historia...
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Capítulo 11. Dar la cara.
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pago con memoria» pueden ser una buena solución si se implantan correctamente).
Si el sistema, pues, parece viable socialmente en el sector del consumo, todavía lo es
mucho más en el sector interempresarial, ya que de hecho la mayoría de las empresas
prácticamente sólo utilizan cheques y transferencias bancarias.
Pero, un sistema así ¿qué ventaja tiene? Continuemos la historia. Supongamos que lo
que quiero comprar es algo que la sociedad ha acordado que es ilegal, es decir, que no se
vende en establecimientos reconocidos, sino en economía subterránea (tráfico de drogas, de
armas, de explosivos, de «blancas»...). En este caso, parece claro que yo no puedo pagar con
«factura-cheque». Y quien trafica con ello tampoco puede comprar, sin que lo uno o lo otro
dejen rastro. A falta de «moneda» se puede recurrir al trueque, al intercambio de productos y
de servicios. «Te doy una radio a cambio de una dosis de heroína». y el traficante, ¿podrá
comprar la droga al mayorista pagándole con radios?.
El trueque es un fastidio, porque no siempre uno quiere, necesita o acepta lo que el
otro le ofrece. Y, por tanto, limita los intercambios. En el extremo opuesto al trueque, la
moneda anónima facilita «todos» los intercambios, los legales y los ilegales. En el punto
medio, la «factura-cheque» facilita los intercambios legales y dificulta los ilegales.
Supongamos, sin embargo, que se utiliza el trueque. Quien tiene la radio la querrá
vender. Y dado que no es un establecimiento ni tiene la factura de propiedad, no podrá hacer
gran cosa. Otro caso de trueque puede ser el realizado con «servicios»: te compro una pistola
a cambio de invitarte a comer o de hacer el amor contigo o de ayudarte a conseguir un
trabajo... Evidentemente, en estos casos no se deja rastro «monetario», pero este tipo de trato
puede funcionar en casos concretos y esporádicos. No es creíble que sólo con el intercambio
de «servicios» o «amenazas» funcione toda una organización mafiosa. En una sociedad
monetizada, sobre todo se quiere dinero y... quien acepta o fuerza algún «servicio» lo hace
como propina o diversión. (Dejamos para más adelante la exposición sobre el otro gran
sector de delitos relacionados con la corrupción, el tráfico de influencias, los fraudes fiscales
y contables... ).
Así, pues, en el sector del consumo, la simple introducción de una moneda
personalizada dificulta la compraventa de productos ilegales. En el caso de realizar
facturas-cheque falsas (por ejemplo haciendo constar un producto que no es el que se vende),
la Justicia siempre dispondrá de mucha más información que en la actualidad (que es
prácticamente nula) para detectarlas. El crimen organizado, las mafias, los grandes
escándalos son muy difíciles de denunciar, desarticular y aclarar, normalmente, por falta de
pruebas formales. Todo se lleva a cabo con moneda anónima. Sólo cuando hay algún cheque
al portador, y sobre todo si es nominal -error que no se acostumbra a hacer-, el juez tiene
indicios para continuar el proceso.
En un sistema monetario «factura-cheque», en cambio, el juez tiene mucha
información. Supongamos una empresa fantasma que fabrica tejidos y que, de hecho,
comercia con armas o droga. Las facturas falsas han de corresponder a un cierto
equipamiento industrial y a unas compras de materias primas... No es nada fácil llevar una
doble contabilidad en un sistema monetario de contabilidad en el que todo ha de cuadrar. Y
ya que hablamos de empresas, éstas no podrán contratar «trabajo negro» por debajo del
salario mínimo... pagando con unos cuantos billetes en un sobre...
Esta nueva moneda puede ayudar a resolver el problema gravísimo de los impagados.
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Con una sencilla ley se tendría la seguridad de que, en cualquier caso, la factura-cheque
siempre sería cobrada, aunque quien la emita no tenga fondos en su cuenta corriente. Tarde o
temprano -dado que sólo tiene una única cuenta corriente donde ingresar sus entradas-
cuando dejara de tener números rojos, le serían cobradas automáticamente las
facturas-cheque emitidas. El temor a los impagados se resuelve rápidamente, sobre todo si,
paralelamente, una caja interbancaria hace efectivo el pago inmediato al beneficiario y actúa
judicialmente contra el deudor.
Al tratar de la desmercantilización de determinados ámbitos (cap. 9) hemos señalado
la posibilidad de que un nuevo tipo de moneda pudiera evitar la impunidad del tráfico de
influencias. La mayoría de legislaciones contemplan en la actualidad que determinadas
funciones sociales (jueces, políticos, funcionarios... y sus instituciones respectivas) sean
incompatibles con determinadas funciones mercantiles-empresariales. Para ejercer algunas de
estas funciones se acostumbra a exigir un inventario de los bienes al tomar posesión del
cargo, que debe ser contrastado al acabar el mandato. Es preciso reconocer una vez más que
todos estos procedimientos son formalismos que, si bien indican el peligro de la corrupción,
no sólo no consiguen evitarla, sino que la encubren de hecho, debido al espejismo de la
ritualización de los procedimientos. Dado que ya tenemos una ley de incompatibilidades...
¡nos convencemos de que no existe corrupción!.
La implantación de la factura-cheque permitiría establecer unos mecanismos muy
sencillos y claros para hacer frente a este problema. Se podrían crear unas cuentas corrientes
especiales para quienes se encuentren en estas situaciones. Es decir, jueces, políticos,
funcionariado... mientras lo sean, dispondrían de una cuenta corriente en la que no podrían
recibir más ingresos que los derivados de su función comunitaria. Este simple mecanismo
permitiría una total transparencia de los cargos públicos sin necesidad de inspecciones,
declaraciones y burocracias. En este «estatuto comunitario» se puede gastar lo que se ingresa
por la función pública, pero, como que no se pueden tener negocios mercantiles mientras se
está en el cargo, no es posible facturar nada que sirva de excusa para ingresar cantidades en
la propia cuenta. De esta manera se cierra el paso a los diferentes tipos de soborno,
prácticamente imposibles de detectar y de perseguir en el actual sistema.
Con respecto a la posibilidad del trueque de bienes y de servicios, estamos ante una
situación parecida a la descrita en el interior del mercado, pero en este caso todavía más
difícil por el «sobreprecio del prestigio». Jueces o políticos, bien pagados por la comunidad,
no venderán su carrera por un plato de lentejas.
Aun así hay en esta situación dos puntos que se pueden considerar débiles: en relación
a que el soborno beneficie al cargo público indirectamente a través de un familiar o, en el
futuro, cuando ya haya acabado el cargo o el mandato. Pero en los dos casos, tarde o
temprano, se pueden encontrar huellas de entradas cuantiosas poco justificables. Lo que
parece cierto es que el juez encargado del caso siempre le será mucho más fácil que ahora
establecer posibles conexiones con familiares o con el propio interesado en el futuro. En este
último caso, se pueden poner determinadas limitaciones para pasar inmediatamente al
mercado gracias al mantenimiento de este «estatuto comunitario» -con cuenta corriente
especial de financiación comunitaria- durante un cierto tiempo (meses, años) según la
importancia del cargo. Quizás es mejor pagar unas buenas vacaciones fuera del mercado que
facilitar la costumbre de muchos cargos públicos que, tranquilamente, al dejar su mandato se
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convierten en importantes accionistas en los consejos de administración de las principales
empresas del país (!).
Un estatuto comunitario de este tipo podría ser ampliable a otras profesiones y
instituciones que quisieran desmercantilizarse y desestatalizarse (enseñanza, medicina,
medios de comunicación, asistencia social, asociaciones no lucrativas...). Éstas recibirían
financiación pública, pero serían ejercidas privada y autogestionadamente sin ánimo de lucro.
En definitiva, con la «factura-cheque» como única moneda, el juego sucio se haría
mucho más difícil. «La ocasión de pecar» no sería permanente. Como se dice popularmente:
«la ocasión hace al ladrón». Pero, como también veremos, no se puede perseguir al
delincuente sin preguntarse sobre las causas de la delincuencia. Y no sólo por este motivo,
sino por coherencia con lo que debe ser un país civilizado hoy, es necesario asegurar un
mínimo existencial que no lleve a delinquir para vivir.
(Sobre cómo el sistema de factura-cheque puede facilitar la implantación y
financiación de un mínimo existencial, sin aumentar impuestos y sin burocracia y
«picaresca», se tratará en un próximo volumen. También se especificarán con más detalle las
características y funcionamiento del «estatuto comunitario»).
Hasta hoy, especialmente en este último siglo, ha habido dos posturas diferenciadas y
antagónicas. La primera consiste en afirmar que la libre iniciativa de los ciudadanos, sin
ningún tipo de intervención, es el mejor sistema para la producción y la distribución de los
bienes económicos. Es decir, que el mercado cuanto más libre, mejor. La segunda postura
viene a decir lo contrario: que la planificación centralizada es el mejor sistema para asignar
los recursos y no malgastarlos. De cada postura se deriva un modelo teórico de sociedad con
características diferentes: en el primer caso, la propiedad privada individual; en el segundo,
la propiedad estatal; en el primer caso, el beneficio, el lucro, el egoísmo es lo que mueve el
mercado; en el segundo, la solidaridad, la racionalidad y el altruismo.
La realidad se ha ido configurando con unas economías mixtas y, de hecho, ninguno
de los dos modelos existe en la práctica como modelo puro. Posiblemente, el tema debe ser
analizado más a fondo.
Uno de los problemas iniciales del mercado libre es que ha sido presentado como un
juego. Pero, ¿como un juego con reglas (en inglés «game») o como un juego libre (en inglés
«play»)? (Duvignaud, Jean). El mercado es evidentemente un juego con reglas internas sin
las cuales, tomado como un juego libre, no funciona. Pero, la ambigüedad de llamarlo
«mercado libre» hace que toda regulación del mercado provoque reacciones entre los
«liberales». Existe aquí un malentendido gravísimo. El mercado tiene unas reglas internas
que pueden ser modificadas para procurar mayor eficiencia en la producción y distribución
de la riqueza. La falta de explicitación y de concreción de estas reglas -tomando el mercado
como «play»- ha hecho intervenir a los perjudicados por este juego, que han negado todo
juego porque sólo era «libre» para algunos de los grandes del mercado, para los más
poderosos.
El sueño de la planificación centralizada es que el Estado -que es el representante de
la comunidad, especialmente de las mayorías desfavorecidas por el libre juego del mercado-,
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sea una única empresa, mucho más racional que la lucha entre empresas dentro el mercado.
No es necesario jugar. La economía es muy seria y debe ser tratada con la seriedad de un
cuartel militar.
Entre el «juego sin reglas» y la «destrucción de todo juego» hay otro camino que es
definir el mercado como un juego reglado, como un «game». Las reglas de este juego han
favorecer la máxima racionalidad, pero a su vez la máxima creatividad; la máxima libertad,
pero al mismo tiempo la máxima responsabilidad. Estas reglas han de definir el límite de lo
que es mercantilizable y de lo que no lo es (lo que es comunitario, aquello a lo que no es
posible poner precio... lo que es juego libre «play», lo que Kant llamaba finalidad sin fin: el
arte, la literatura, la relación humana, la comunicación, la cultura...).
Ahora bien, todo «game», juego con reglas, necesita un sistema de información del
desarrollo del propio juego y un buen arbitraje para resolver los conflictos. El mercado libre
consideraba que la información se daba libremente en el mercado mismo -en la plaza, que es
donde se establecen los precios. Y que los Tribunales tenían que resolver los conflictos. La
planificación centralizada confiaba en un complejo sistema informativo que tenía que ser
llevado a cabo por la banca nacionalizada, en la que unos cuantos millones de funcionarios
del partido tenían que recoger la información de ofertas y demandas y racionalizarían la gran
empresa única.
La sensación que tenemos es que ninguno de los dos modelos teóricos, ni ninguna de
sus aplicaciones prácticas, han resuelto bien el problema, al menos en la complejidad
creciente de las sociedades occidentales actuales.
Ambos sistemas no tienen resueltas ni la información ni la resolución de los
conflictos surgidos en la aplicación de las propias reglas -más o menos explícitas- que se han
impuesto.
En un mercado indirecto, donde no se realiza el trueque, con uso de moneda, la
información se complica: existe la compraventa de mercancías reales y concretas, por un
lado, y exige el movimiento de dinero que no siempre es paralelo a la compraventa de
mercancías, por el otro. Entre la una y la otra se crea, por definición y por constatación, una
ruptura que no es posible calcular. El resultado es el caos del mercantilismo: excedentes junto
a la miseria.
Alguien podría considerar exageradas algunas de estas afirmaciones, pero el estudio
hecho por José Manuel Naredo (198974) es impactante. Muestra la importancia social que
tiene el hecho de que la contabilidad nacional no recoja las rentas generadas por la
especulación inmobiliaria (ni por la bursátil). Este lapsus de la contabilidad nacional favorece
a unos pocos sectores sociales y perjudica a los restantes: en relación al crecimiento de la
Renta Nacional «conviene puntualizar que este agregado monetario no corresponde... con los
ingresos que de verdad obtienen los españoles». Entre otras «ficciones», «no toma en
consideración...los beneficios de la compraventa de activos mobiliarios ni inmobiliarios, o
aquellos derivados del manejo de activos financieros en el negocio bancario». Y, concretando
sobre las consecuencias de esta ficción contable, continúa: «mientras en el período
1985-1988 el índice general de precios al consumo creció en base a una tasa media anual del
6%, las cotizaciones bursátiles lo hicieron a una tasa anual del 48% y los valores medios del
74Naredo, José Manuel, «Sector inmobiliario y crecimiento económico (1985-1988)». Ponencia presentada en la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo. Publicada posteriormente por el Banco Hipotecario de España.
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patrimonio inmobiliario llegaban cerca del 30%». El hecho de que estos ingresos derivados
de la compraventa de inmuebles y de acciones «no aparezcan recogidos en las estimaciones
oficiales de la Renta Nacional, ha acentuado la hendidura existente entre la economía real y
la convencional. Así, mientras gobernantes y sindicalistas centraban su discusión sobre los,
en cualquier caso, modestos crecimientos de los ingresos registrados en el 'cuadro
macroeconómico', las páginas de la prensa se hacían eco de las nuevas caras que aparecían en
el ranking de las grandes fortunas del país gracias a los ingresos que transcurrían al margen
de aquel 'cuadro'».
Contabilizar todas las rentas monetarias (incluidas las especulativas) permite entender
mejor la confluencia -difícil de explicar con la versión contable convencional- entre «los
signos de un auge económico y una ostentación consumista, sin parangón en los últimos diez
o quince años, y unas tasas de desempleo y de marginación social también sin precedentes».
Según los cálculos hechos por Naredo, la especulación (con 2,6 puntos) ha contribuido más
al crecimiento de la Renta Nacional que toda la industria (con 1,4 puntos de crecimiento
real). «Queda claro -continúa- que el auge económico actual no se caracteriza por una
expansión de la industria y del trabajo en este sector, sino por su solapamiento con la
existencia de zonas industriales en declive y «bolsas» de paro y de pobreza».
«En resumen, en lo referente a la inflación, podemos decir que lo que se ha
«recalentado» no ha sido la economía, sino un sector muy particular de ésta: el inmobiliario.
Un sector en el que el espectacular comportamiento inflacionario ha permanecido al margen
de los indicadores corrientemente manejados por los macroeconomistas, a pesar de haber
sido el principal motor del crecimiento reciente (y de la 'inflación subyacente')».
Estas «ficciones» contables, de tan graves consecuencias, «han de mantenerse aunque
tan sólo sea porque se atienen a las metodologías internacionales vigentes» es decir, que las
contabilidades nacionales de todo el mundo son igualmente ficticias.
Naredo ha intentado calcular aproximadamente el peso de la especulación bursátil e
inmobiliaria. ¿No sería interesante poder saber, también, «los beneficios.. derivados del
manejo de activos financieros en el negocio bancario»?.
Vayamos ahora a hacer un repaso de la planificación teórica alternativa al
desbarajuste del mercado. En un sistema planificado con millones de «burrócratas» y unos
cuantos planificadores, las informaciones se falsifican, se mutilan, sea por incapacidad
técnica de reunirlas, sea por corrupción, por presión política o por temor a no cumplir con el
plan quinquenal. Perdido el atractivo del juego, la producción decae, el mercado negro
aparece, se tolera, y todo va pudriéndose, carente de iniciativa, de creatividad y ahogado en
la ineficacia forzada de la burocracia. En un excelente y reciente libro sobre la Unión
Soviética encontramos una descripción perfecta de estas situaciones: «La mayor parte de los
problemas que atenazan a la estructura de la planificación central se derivan del control
excesivo y, al mismo tiempo, ineficaz sobre los factores de producción, y de la poca
fiabilidad de la información disponible en lo que respecta a la actividad de estos factores 75».
«Una idea de la magnitud de las actividades del Gosplan y de las oficinas que se encargan de
las tareas de la planificación viene dada por el dato de que proporcionan trabajo a unos 15
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millones de personas y que manejan cada año alrededor de 850 mil millones de
documentos76». «Las dos circunstancias que explican el crecimiento de 'la economía
complementaria' son la exigencia de cumplir -siquiera sea artificialmente- con los planes y el
estado general de escasez que caracteriza la economía soviética77».
La concepción racionalista y burocrática es el núcleo de la aplicación del sistema de
planificación ya desde sus orígenes. Según Lenin, un único banco nacionalizado tendría la
misión de armazón de la sociedad socialista con el «control contable de todo el Estado,
medición y verificación de la producción, y distribución de bienes y artículos por todo el
Estado78». Para llevar esto a cabo, Lenin contaba con la capacidad de los 10 millones de
funcionarios que el partido podía aportar.
Lo que puede permitir un sistema monetario del tipo «factura-cheque» es que las
unidades monetarias se muevan entre cuentas corrientes exactamente en paralelo al
movimiento de mercancías de cada acto de compraventa. Y, como consecuencia de ello, el
conjunto de «facturas-cheque» ofrezca una información exacta y exhaustiva de lo que se
realiza en el mercado. Solamente con una buena centralización informativa se posibilita,
paradójicamente, la descentralización del mercado, siempre y cuando la información
centralizada se ponga al alcance de todos los agentes del mercado, es decir, que se socialice.
Repasemos la propuesta. Con un sistema monetario factura-cheque únicamente se
socializa la información y, con este hecho, el mercado puede reaccionar constantemente para
equilibrar y optimizar la producción según la demanda. Pero, para socializar la información
es preciso, necesariamente, centralizarla, ya que se necesita ver las magnitudes conjuntas,
sectoriales y territoriales de la economía. Ahora bien, lo que se necesita centralizar y
socializar no es la información personalizada sino, estrictamente, la información sobre el
objeto y las circunstancias de la transacción (tipo de mercancía, lugar, día, precio).
Dependiendo de la complejidad y amplitud del mercado, el procesamiento de esta
información sería muy voluminoso y costoso. Pero hoy disponemos de unos medios que
Lenin no tenía y que se están implantando muy por debajo de sus posibilidades en lo que se
refiere a facilitar el equilibrio económico y la mejora del mercado. Estos medios no son otros
que el dinero electrónico o la moneda telemática. De las posibilidades y peligros de su uso,
trataremos más adelante (capítulos 17 y 18).
La factura-cheque permite, pues, en este sentido macroeconómico, concretar varias
posibilidades, hoy consideradas utopías: controlar la inflación-deflación, por el simple hecho
de que sólo «circula» la cantidad de moneda que necesita el mercado; favorecer el
seguimiento y el autocontrol, en igualdad de condiciones, de las reglas de juego que el
mercado se impone; facilitar la libertad de mercado dentro de estas reglas de igual
cumplimiento para todos; facilitar una información fiable a todos los agentes del mercado
para optimizar su actuación como inversores, productores o consumidores;
autorresponsabilizar a la sociedad gracias a la capacidad de observar el resultado de las
propias acciones sin tener que recurrir a intervencionismos estatistas considerados,
normalmente, como arbitrarias imposiciones, a pesar de que estén bien fundamentadas (la
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falta de conocimiento de este supuesto buen fundamento de medidas intervencionistas crea
irresponsables que, acostumbrados al engaño y desinformados de la magnitud de los
problemas, pueden llegar a solicitar más de lo que realmente les pertenece).
79Barceló, Alfons, Rápido chequeo a la teoría económica, «Cuadernos de Economía», volumen 16, 1988, páginas 343-366.
80Hahn, 1970.
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Herbert Simon ha dicho hace poco: «Creo que los manuales de microeconomía son un
escándalo. Creo que someter a jóvenes influenciables a este ejercicio escolástico como si
dijera algo del mundo real, es un escándalo... No conozco ninguna otra ciencia que se
proponga tratar fenómenos del mundo real y que parta de afirmaciones que están en flagrante
contradicción con la realidad81».
Concluye, con una clara apelación a mejorar la situación presente. «En fin, 'la
ingeniería social' ha sido practicada desde siempre sobre bases de sentido común, tradiciones
más o menos fiables y mediante acumulación de recetas por ensayos de prueba y error. Ahora
bien, el conocimiento rutinario puede ser suficiente para mantener un determinado estado de
cosas, pero es inadecuado para proyectos de cambios sociales profundos. En consecuencia,
cualquier aspiración a subvertir el orden existente, de forma intelectualmente responsable,
requiere esforzarse en desarrollar y articular los diversos componentes de las tecnologías
económicas, políticas y sociales, así como unos sólidos cimientos científicos en que apoyar
los programas de recambio».
En este aspecto, la intención de proponer un sistema monetario factura-cheque no es
otra que la de contribuir a dotar a la tecnología económica de un potente instrumento
operativo, tanto para la investigación como para la contrastación. Siempre será difícil
asegurar que la economía «monetaria» refleja exactamente la economía «real» en todos sus
aspectos. Pero lo que parece cada vez más claro es que los actuales sistemas monetarios no
sólo no pueden conseguir esta función, sino que esencialmente la dificultan.
Para entender mejor lo que pretendemos, podemos imaginar el caso de que la
implantación de un sistema monetario factura-cheque fuese, algún día, una realidad. Si esta
hipotética implantación hubiese contribuido a mejorar la ciencia económica, podríamos
imaginar un escrito parecido al siguiente:
«Durante los dos últimos siglos del segundo milenio apareció una rama del
conocimiento que se denominó 'ciencia económica' por imitación de las
llamadas 'ciencias naturales'. Pero, a diferencia de éstas, no disponía de ningún
método serio para contrastar con la realidad las teorías e hipótesis que se
formulaban. Según se decía, este método de contrastación era imposible
porque la realidad económica tenía una gran parte de componentes humanos
imprevisibles, que no podían ser captados con los sistemas de información
disponibles. Como sabemos, de momento -y, posiblemente, nunca- algunos de
estos componentes humanos no podrán ser «objetivados, medidos ni
cuantificados». Y éste es uno de los límites de la ciencia aceptado en los
últimos siglos. Pero, sorprendentemente, no habían ni tan sólo conseguido
medir lo que sí podía ser medido, ni consignar lo que sí podía ser captado con
relativa simplicidad y objetividad (cada acto elemental de compraventa, con
inscripción de sus datos más significativos). Mientras el sistema monetario iba
errático por un lado y las encuestas, prospecciones y estadísticas iban por otro,
nada resultó fiable y mucho menos exacto y exhaustivo. En un siglo de
grandes avances matemáticos e informáticos continuaban fundando la práctica
monetaria en teorías totalmente obsoletas o incontrastables. Fue la
introducción de un sistema monetario informativo lo que facilitó
81Simon, 1986.
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enormemente la investigación de los analistas del mercado. Las tablas
input-output se pudieron tener primero cada año, después cada mes hasta
llegar a su procesamiento casi a diario. Centenares de teorías que se habían
acumulado durante doscientos años pudieron ir pasando por la criba de la
contrastación. Mirando todo el proceso en perspectiva, descubrimos que la
«ciencia económica», cegada por el gran aparato matemático y «científico»,
había olvidado aquello tan esencial que se convirtió en el fundamento de las
ciencias naturales: definir un sistema de medición y de procesamiento de la
información que permitiera contrastar las hipótesis con la realidad. Fue así
como avanzaron la física, la química, la medicina... y así ha podido avanzar la
neo-economía siempre en los límites de su campo, definidos por la
complejidad de las motivaciones humanas y de las relaciones sociales».
Este texto pretendidamente provocativo, desgraciadamente para quienes se enojen, no
puede recibir otra sanción que la de la historia venidera. A los ofendidos o a los que lo
consideren presuntuoso no les queda más remedio que demostrar su falsedad u ofrecer
mejores métodos y resultados, para y de su «ciencia».
Quien tiene la conciencia tranquila da la cara. Pero hoy la da muy poca gente porque
todos tenemos, en un rincón u otro, algún «pecado» inconfeso que hemos cometido, no
siempre por gusto sino, a menudo, por necesidad, para sobrevivir. En un mundo de crápulas,
de corrupción institucional, de mentira establecida... todos se ven compelidos a hacer lo
mismo, cada uno a su nivel. Pero el juego sucio no es, posiblemente, una fatalidad inherente
a la condición humana. Por lo menos, es una realidad que se ve, o no, favorecida por
determinadas estructuras sociales, que difícilmente podrán ir transformándose mientras haya
un arma potente y bloqueadora tan al alcance de todo el mundo y, sobre todo, de los
poderosos.
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Capítulo 12. De la arcilla al silicio, -pasando por el oro y el papel-.
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comunitarias o colectivas diferenciadas, surge, necesariamente, el intercambio entre ellas.
Estos primeros asentamientos estaban formados por pequeñas interetnias -dos o tres etnias
que se unían para cultivar, construir y protegerse del exterior. Es muy posible que la
protección tomara forma en la edificación de muros, convertidos progresivamente en
murallas inexpugnables a medida que los asentamientos se iban convirtiendo en ricas
ciudades pluriétnicas, con menos confianza hacia el interior y con más peligros exteriores.
Los muros fueron un instrumento de defensa muy eficaz. Tanto que, posiblemente, se
consiguió un gran período de algunos miles de años de pacificación entre ciudades. Cada una
independiente, celosa de su autonomía y con defensa asegurada, durante el día, abría las
puertas a los comerciantes que llegaban con las caravanas y a los extranjeros de otras
ciudades. En la plaza del mercado se hacían las transacciones comerciales que se registraban
en la contabilidad del templo. Por la noche, a los forasteros se les obligaba a abandonar la
ciudad. Sin ningún tipo de reglas de juego «pacificadoras» -fruto de unos mecanismos
defensivos no ofensivos-, parece que no hubiera sido muy viable la implantación de un
sistema informativo como el de las fichas, que alcanzó durante miles de años tanta
estabilidad y aceptación y que, al mismo tiempo, reforzaba la seguridad y la defensa
económica.
Para continuar el hipotético relato debemos hacer una distinción muy importante.
Aunque los términos «imperio» e «imperialismo» son tomados comúnmente como
sinónimos, proponemos distinguirlos. A estas ciudades las llamaremos «ciudades-imperio»,
en el sentido de que su pacto interno de constitución estaba hecho libremente entre las etnias
e interetnias que lo acordaban. La ciudad-imperio buscaba una defensa exterior común
(«imparare»), que permitiese el libre juego y la ayuda entre las etnias en su interior.
La «Historia oficial» comienza con la escritura sumeria, pero comienza, también, con
una situación bastante diferente a la descrita hasta ahora. Es la situación que, por contraste,
podemos denominar «imperialismo»: una de las ciudades consiguió someter a las demás y
mantenerlas, por derecho de conquista, bajo su dominio. Si a los imperialismos históricos los
llamamos «imperios» la confusión es, además de terrible, sospechosamente mantenida por
los imperialismos. Estos, apoyados en la historia oficial, quieren negar la legitimidad
histórica de todo libre pacto de ayuda mutua entre etnias. A los imperialistas les interesa
resaltar que «las ciudades» son inviables, que sólo la «unificación» da fuerza y que ésta debe
ser llevada a cabo por la imposición de una de las etnias o de una de las ciudades o de los
estados...¡ como la historia lo muestra largamente!.
Pues bien, la historia no empieza tan sólo con la aparición de la escritura, sino
también con una «nueva» realidad: el imperialismo. Y con él, las guerras expansionistas,
anexionadoras y dominadoras. Inexplicablemente, de repente, los semitas más antiguos que
conocemos llamados acadios, que se habían ido introduciendo en la cultura y en los
territorios de los sumerios desde hacía algún tiempo, desestabilizaronn las ciudades-imperio.
Sargón -de Akkad- el Grande, constituyó el primer imperialismo de la historia, destruyó el
antiguo orden e instauró el nacimiento de la «historia de los imperialismos», la única que
hemos considerado hasta ahora como tal. ¡La historia de las «ciudades-imperio», libres e
independientes, son prehistoria! No tienen casi nada en común. Aquella era otra historia que
no interesaba a los historiadores de los imperialismos ni siquiera nombrar. El paraíso del
Edén se ha perdido y bien perdido. Es un mito para criaturas. El hombre histórico y
¡Error!Marcador no definido.
civilizado «es» como «es» y siempre ha sido así.
¡La biografía de Sargón el Grande es muy ilustrativa y, como veremos, original! ya
que «era de origen humilde y fue abandonado por su madre en el Eúfrates 82». Recogido por
la corte del rey sumerio se convirtió en su copero. Más tarde «se rebeló contra él, tomó el
poder y fundó una nueva capital, llamada Akkad. Ejemplo claro de monarca guerrero,
conquistador y fundador de imperios (¡imperialismos!), decidido a unificar Mesopotamia».
Conquistó y sometió a la mayoría de ciudades desde «el Golfo Pérsico, en el sur, hasta la
región ocupada por Asiria más tarde, en el norte. Por el SE llegó hasta Elam... penetró en el
norte de Siria y quizá también en Asia Menor». Una perfecta descripción de lo que es la
aparición del imperialismo y de la historia oficial.
Sobre estos hechos planea un gran interrogante: qué sucedió para que este rey acadio
consiguiera someter a aquellas «ciudades» que durante 7000 años habían permanecido
independientes. Los muros que las rodeaban no pudieron ser abatidos militarmente hasta
muchísimo más tarde, cuando Alejandro el Grande (otro Emperador «Grande») usó la
catapulta y la ballesta mecánica en el asedio a Tiro y Sidón, 300 años antes de la nuestra era.
Pero, ¡estamos diciendo que las «ciudades» sumerias fueron vencidas 2000 años antes de
disponer de instrumentos bélicos capaces de derribar fortalezas!.
Los sumerios, pacíficos habitantes de aquellas tierras durante siglos, que habían sido
unos grandes creadores culturales e inventores de los sistemas de fichas y de las bullae y,
como consecuencia, de la escritura, fueron invadidos y vencidos por los semitas acadios que
dominaron Mesopotamia en pocos años. El título de «Rey de Sumer y de Akkad» lo
mantuvieron las sucesivas dinastías durante más de mil años con la clara intención de
perpetuarse en el poder, basándose en la legitimidad de los primeros habitantes (cultos) y en
la de los conquistadores (bárbaros).
«Por otro lado, resulta significativo establecer un paralelismo entre Sumer y la Grecia
clásica, pues no sólo fueron dos centros culturales de primer orden, que moldearon otras
civilizaciones, sino que, además, su célula política básica fue la ciudad-Estado83». Y así como
Grecia sucumbió al imperialismo de Roma, Sumer lo hizo ante el imperialismo Acadio. Lo
que parece cierto es que, a partir del 2700 antes de nuestra era, las cosas en Sumer
empezaron a cambiar con guerras entre ciudades. En trescientos años, los acadios los vencen
y los «unifican». En las mismas fechas y en las mismas regiones el sistema de bullae empieza
a ser sustituido por la escritura, al mismo tiempo que los semitas comienzan a dominar los
secretos de los metales preciosos -oro, plata, bronce-: el peso, con la balanza de precisión; y
la calidad, con el agua regia y la piedra de toque.
En ninguna parte se explica cómo este victorioso guerrero consiguió entrar en las
ciudades amuralladas. Tenemos que recordar que quizás no fue una casualidad el hecho de
que Sargón hubiese sido copero -encargado de bodegas, medidas y tesoros. He aquí una
hipótesis audaz, o por lo menos, sugerente. Una ciudad inexpugnable militarmente sólo tiene
un punto débil: las puertas. Si se consigue la complicidad -traición- de algún oficial de la
ciudad, el invasor puede entrar de noche y hacerla suya. Pero ¿cómo conseguir la
complicidad? ¿Qué era aquello tan valioso, capaz de hacer que un oficial se arriesgara a
82Griñó, Raimon, Gran Enciclopèdia Catalana, Barcelona, 1979, volumen 13, página 349.
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traicionar su propia ciudad? Cualquier regalo bastante valioso habría levantado sospechas:
¿cómo había conseguido unos bienes valiosos sin que constase ninguna transacción registrada
en el templo, ni se hubiera hecho ninguna operación en la plaza del mercado? Aceptar el
cargo de «gobernador de la ciudad», nombrado por el rey vencedor, era una ofensa
imperdonable y levantaría un odio asesino demasiado peligroso. Los ánimos de poder se
habían visto siempre muy limitados por las circunstancias.
La genialidad de Sargón fue la de descubrir que sí había solución. Consistía en dar
gran cantidad de oro a cambio de la «complicidad» de abrir las puertas. Y, al mismo tiempo,
prometer que la «normal» tendencia de los últimos años, por la que los semitas aceptaban el
oro como «moneda» para todos los intercambios, se generalizaría con el nuevo rey. Éste
aboliría el sistema de bullae y registros: se podría comprar y vender con oro sin las trabas
administrativas y «anticuadas» de los sumerios. Era, ciertamente, un buen negocio. Si, a
pesar de esto, él no aceptaba, lo matarían y se lo propondrían a otro oficial...
Los mitos de conquistas «milagrosas» de ciudades fortificadas son, quizás,
significativos. En las ruinas de Jericó se han encontrado fichas. Y algún día Jericó, la
inexpugnable, fue asaltada por semitas gracias a que, milagrosamente, se derribaron las
murallas sin luchar. Sólo paseando un arca de oro por delante... Entonces, como ahora, es
preciso mantener las formas. Y a los vencedores no les gusta enseñar sus trucos. Prefieren
ocultar sus ignominias bajo pomposos y misteriosos mitos revistiéndolos de ayudas
celestiales. El Caballo de Troya puede ser otro de estos mitos encubridores del poder del oro.
Con el dominio de los acadios se refuerza el papel de los templos, que se unifican con
el Estado; crecen la burocracia, los impuestos obligatorios, la opresión de las mujeres, los
asesinatos rituales, las construcciones monumentales, las guerras y las conspiraciones
incesantes. Desde entonces, todas las «civilizaciones» han compartido las características de la
historia. Todo se ha podido vender y comprar con total impunidad.
Siempre, desde entonces, se ha separado la facturación documentada con fines
contables del pago con el instrumento monetario. Desde entonces, los banqueros, los
comerciantes y el Estado han tenido sus sistemas de contabilidad que les ha permitido dar
créditos y cobrar intereses; crear inflaciones y deflaciones aumentando, reduciendo o
falsificando «moneda» -siempre limitada y limitable- según los propios intereses. Desde
entonces, siempre la contabilidad ha sido falsa, sin ningún reflejo paralelo exacto con los
intercambios reales.
La civilización del papel -y de la imprenta- ha desarrollado el mismo tema: mejorar
los sistemas contables y de crédito para unos pocos y «liberarlos» de los inconvenientes de
los metales con la emisión de los billetes del banco (también siempre controlados por quienes
los emiten arbitrariamente, por definición). El cheque y el giro han añadido todavía mayor
capacidad de maniobra.
Con la civilización naciente del silicio, material básico de los chips, es decir, de la
electrónica y la telemática (informática conectada a distancia) se ha llegado a la sutileza más
invisible, pero más potente. Ni oro, ni papel: registros electrónicos. Pero su estructuración
continúa siendo, en los rasgos más básicos, la misma que hace 4500 años y para los mismos
fines: no dejar rastro, controlar la información y monopolizar la capacidad de creación de
poder de compra.
La hipótesis emitida sobre el origen de la «historia oficial» debe ser sometida,
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evidentemente, a un estudio mucho más serio. Su explicitación tiene, sin embargo, una doble
función: incitar a la realización de este estudio y, al mismo tiempo, dar una pista sugerente
sobre el tema que nos ocupa. «Se non é vero é ben trovato».
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Capítulo 13. Agilidad y exactitud.
Las monedas de arcilla cayeron en desuso cuando el crecimiento de los mercados hizo
más «útiles» las monedas metálicas. Más tarde, las de papel sustituyeron a las metálicas por
razones parecidas. Pero, el aumento en agilidad del metal y del papel comporta la pérdida en
fidelidad (en información fidedigna). La moneda electrónica (compensaciones entre cuentas
corrientes) permite no solamente una mayor agilidad, sino un completísimo sistema de
información.
Para quien considere una veleidad la suposición de que el tipo de moneda fue una
pieza clave en el surgimiento de la historia de los imperialismos, le será más fácil aceptar esta
otra hipótesis paralela: las posibilidades técnicas de cada civilización han configurado el tipo
de moneda según las necesidades específicas del mercado en cada momento. Por coherencia
con las posibilidades técnicas actuales y con las necesidades de los mercados
contemporáneos, parece claro que es preciso un nuevo tipo de moneda liberada de los yugos
de los tipos pasados que todavía la someten y, en ella, someten el mercado y la sociedad.
La acumulación de las técnicas agrícolas, la mejora en los sistemas de transporte, el
engrandecimiento de las ciudades... condujeron a la ampliación de los mercados y a la
necesidad de unos intercambios más ágiles y más universales. El uso de los metales preciosos
como moneda favorecía la resolución de estos problemas de una forma mucho más adecuada
que el laborioso sistema de fichas y bullae de arcilla. El dominio de las técnicas de
manipulación de los metales preciosos permitió ir pasando de su uso inicial en pepitas, en
polvo, en grano, en pequeños lingotes al de piezas acuñadas con la garantía del rey.
El interés de los individuos y de las empresas prevaleció por encima de los intereses
ancestrales de las comunidades y del ámbito común. La libertad de comprar, vender y
enriquecerse se consideró más importante que la protección contra el mal uso de esta libertad,
que había sido prioritaria durante siglos.
Los mercados crecieron y, con ellos, las guerras que abrían nuevos mercados y que
fortalecían a los Estados que las ganaban. Todo crecía hasta que, por falta de numerario,
aparecía la crisis. Nuevas conquistas, costosísimas, para asegurar nuevos yacimientos de
oro... Ésta ha sido una parte importante de la historia. A falta de oro suficiente para pagar a
los ejércitos, el rey re-emite las propias monedas con menos peso, o las funde y emite nuevas
con menos valor real y el mismo valor nominal. Ésta es la historia de las constantes
falsificaciones oficiales. Hasta que llegó la gran inflación con la expoliación de las Américas.
Europa se llena de oro, el comercio aumenta y también la inflación galopante. Pero, al cabo
de un tiempo, de nuevo el oro vuelve a ser insuficiente. Ya siempre será escaso. La plata
seguirá un camino semejante. Pero en medio del hervidero ya se está preparando la
alternativa. Papel e imprenta.
Primeramente, certificados de depósito y letras de cambio. Después, billetes de banco
al portador. Mäs tarde, el Estado toma el monopolio de emisión. Papel, simple papel
¡Error!Marcador no definido.
impreso, y confianza. Cuando se pierde la confianza, la hiper-inflación se repite y deja su
rastro de miseria y guerras.
¿Cómo conseguir una moneda que sea tan ágil como un billete de banco pero que, al
mismo tiempo, responsabilice a quien la usa? ¿Cómo conseguir una moneda que además de
ser ágil y responsabilizadora permita la equivalencia entre ella y el valor de lo que se compra
y se vende? ¿Cómo conseguir una moneda que no contraponga la libertad privada con la
protección comunitaria de un uso antisocial?.
La electrónica tiene ya a punto un instrumento monetario que, con determinadas
condiciones de aplicación, puede cumplir esta necesidad de máxima agilidad y, al mismo
tiempo, máxima fidelidad en la información. Durante 4500 años los instrumentos no nos han
permitido resolver el problema satisfactoriamente. Ahora disponemos de instrumentos
apropiados y ahora, también, somos conscientes del conjunto del proceso sufrido y de las
grandes insuficiencias instrumentales y políticas que tenemos para conseguir resolver los
urgentes problemas planteados.
Como conclusión del repaso hecho a los cambios monetarios, los autores de La
monétique, partiendo de la experiencia francesa, exponen lo que según ellos, ha intervenido,
a lo largo de la historia, para producir cambios en los medios de pago, es decir, en los
instrumentos monetarios.
«Los nuevos medios de pago nacen en períodos de mutación económica y social. A
falta de un consenso nacional, necesitan, para su difusión, el soporte de un agente económico
fuerte.
Por esto, su difusión masiva es siempre retardada hasta el día que la economía real
está verdaderamente necesitada de una reorganización de los flujos monetarios y necesita,
por tanto, el cambio del objeto monetario que es el medio de pago.
Estos mismos problemas y conflictos han resurgido, una vez más, a partir de los años
setenta con la emergencia de la moneda electrónica.
Es la competencia entre la banca, el comercio y el Estado lo que constituye el motor
de la evolución del sistema de pago.
Teniendo en cuenta la historia, una hipótesis nos parece que ha de ser retenida: a cada
medio de pago dominante, corresponde un actor económico dominante, y el primero se
convierte en el instrumento de dominación del segundo.
Frente a un actor que asegura su dominación monetaria sobre el circuito de un medio
de pago dado, la instauración de un nuevo orden monetario pasa necesariamente por la
promoción de nuevos medios de pago más adaptados y por un esfuerzo de diversificación. Se
podrá, entonces, comprender mejor la emergencia de esta nueva fase de racionalización y de
redefinición de las fronteras entre los agentes -que llamamos el fenómeno monético- en esta
crisis estructural que conocen los sistemas capitalistas desde los inicios de los años setenta84».
También podemos considerar otras «constantes» que los autores no destacan
suficientemente o que, simplemente, no recogen.
A cada nuevo instrumento monetario, normalmente introducido por los «financieros»,
el Estado responde, al cabo de un tiempo, intentando apropiarse del invento, reglamentándolo
y, si puede, monopolizándolo. Y a cada reacción del Estado, los «financieros» introducen un
84Muldur, Ugur, y Dincbudack, Nezih, La monétique, Editions la Découverte, París, 1987, página 24.
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nuevo instrumento que les devuelve la ventaja durante un tiempo.
En este siglo, los cambios son tan rápidos que el Estado e incluso los «financieros»
tradicionales (banqueros) están perdiendo la iniciativa frente al uso inteligente de la monética
por parte de corporaciones comerciales e intermediarios financieros, que emiten sus propias
tarjetas de crédito o de débito.
Una constante histórica también parece cierta: cuando el Estado reglamenta un nuevo
medio de pago los «financieros» no acostumbran a oponerse frontalmente. Son buenos
ciudadanos que dirigen respetables instituciones obedientes a los poderes públicos. Si
pueden, mantienen el uso sutil y, si no pueden, empiezan a buscar un nuevo medio de pago
que les vuelva a dar ventaja.
El momento parece adecuado para el cambio de instrumento monetario. De hecho, el
cambio instrumental se está dando a toda velocidad. Según FUNDESCO 85, algunos de los
elementos del proceso de innovación financiera serán:
1992 Funcionamiento, en tiempo real, de la totalidad de la operativa bancaria.
1993 Gestión integrada de las comunicaciones bancarias.
1994 Normalización de los sistemas de identificación personal en las tarjetas de
plástico.
Interoperatividad entre todas las redes de cajeros de la CEE.
Difusión de tarjetas inteligentes en más del 30% de los usuarios de
tarjetas.
2000 Implantación de un sistema operativo universal.
85Rodríguez Anton, José Miguel, y Bueno, Eduardo, La Banca del futuro, Pirámide, Madrid, 1990.
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Capítulo 14. ¿Qué opción?.
La monetización corruptora de todas las culturas del planeta ha sido, y es, un objetivo
del mercantilismo, que así puede ampliar y controlar constantemente los mercados y, con
ellos, el poder sobre los recién llegados. Ante este hecho, tenemos que encontrar caminos que
permitan respetar las culturas que no quieren mercantilizarse y, al mismo tiempo,
clarificar-responsabilizar el funcionamiento de los mercados existentes para evitar su poder
omnipresente en las culturas de origen y en sus relaciones interculturales. Veamos tres
opciones posibles.
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vivan, necesitan adquirir ciertos bienes para vivir. Como hemos sugerido en otros capítulos,
se puede proponer la desmercantilización de un conjunto de profesiones y servicios (por
ejemplo, judiciales, políticos, informativos, formativos...). Pero, que estas actividades se
mantengan fuera del mercado, que sean gratuitas, no significa que no tengan la necesidad de
moneda tanto para ejercerlas (edificios, materiales...) como para vivir los propios
profesionales que las llevan a cabo. Algo parecido podríamos decir de los recursos naturales
como el suelo, el subsuelo y el agua. Se puede proponer desmercantilizarlos y ponerlos bajo
propiedad comunitaria para evitar la especulación y su destrucción, pero esto no significa que
por su uso controlado antiespeculativo -bajo forma de alquileres, concesiones o tasas verdes-
no sea útil y, sobre todo, necesario usar un sistema monetario.
Por tanto, la primera opción de la desmonetización, parece inviable en sociedades y
mercados muy complejos como lo son la mayoría de los actuales. En cambio, sí que podría
ser posible la desmercantilización de ciertas actividades o ciertos recursos que, fuera de la
dinámica del mercado, podrían cumplir mejor su función.
El límite sobre qué puede ser o no desmercantilizado es cultural. Depende de lo que
cada sociedad valore y de las motivaciones que tienen los diferentes actores para ejercer una
determinada función productiva mercantil o una de servicio comunitario liberal. Existen
culturas actuales -bastante comunitarias-, que han mantenido la desmercantilización de la
alimentación. Todos los miembros de la comunidad pueden coger lo que necesitan. Y, en
cambio, han mercantilizado otros bienes o servicios.
En Occidente, es bastante difícil pensar que la comida pueda ser, por el momento,
desmercantilizada. Un buen ejemplo ha sido el de la desmercantilización de la producción
alimentaria en los países «socialistas». Sin aliciente de ganancias monetarias, no se producen
excedentes para vender y la falta de alimentos crece de forma alarmante. En cambio, en
Occidente se acepta que determinadas funciones públicas, sanitarias o culturales, si son
gratuitas y desmercantilizadas, pueden cumplir mejor su función. También es creciente la
opinión de considerar necesario el asegurar un mínimo existencial a toda persona, por el
simple hecho de serlo; un salario vital comunitario que asegure a todos los miembros de la
sociedad el alimento y otros bienes básicos. La supervivencia también se empieza a
considerar en Occidente como un hecho desmercantilizable, que se puede y ha de conseguirse
independientemente de su participación productiva en el mercado. Este camino no es otro
que el iniciado con las pensiones a todas aquellas personas que, por la condición física
-enfermedad o invalidez- o la edad -vejez- no pueden sobrevivir con su propio trabajo en el
mercado. (Sobre las posibilidades de Occidente de tomar el camino de vuelta a la
comunitarización antimercantil, hablaremos más adelante en el capítulo siguiente).
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instrumento facilitador de las relaciones humanas en determinados aspectos (estrictamente
para actividades mercantiles) y en situaciones complejas (sociedades multiétnicas, de base
individualista, con muchas compraventas y con muchos agentes de mercado). También es un
medio para frenar los perjuicios de la moneda actual en otros aspectos (funciones,
profesiones y recursos hoy «prostituidos») y situaciones (culturas comunitarias que no
quieren, ni necesitan, entrar en la mercantilización interna o externa).
3a. La moneda no es un tema clave. Así es como hasta ahora ha sido considerada en
la historia oficial (tanto la del sistema como la de los críticos del sistema). Por tanto, no
debemos tomar medidas especiales. Vivirá si tiene que vivir y morirá si tiene que morir. El
libre cambio de las conciencias, la apocalipsis de la civilización occidental o el advenimiento
de la sociedad comunista -cuando el socialismo no sea traicionado- determinará la suerte de
la moneda.
Para unos, lo que cuenta en la vida son los valores transcendentes, la transformación
del espíritu. Si éste no cambia, cualquier cambio instrumental o político puede ser
solamente una represión de la maldad humana, pero no su superación. El día en que
todos sean buenos, entonces la moneda no hará falta para nada. Y mientras lo
intentamos, las medidas de control no sólo no transforman el egoísmo, sino que
incluso lo incrementan con más malevolencia. Y, además, ¿cómo se puede pretender
que un cambio «instrumental» de algo tan vil como la moneda sea un medio para
ayudar a algo tan noble como es la construcción del «hombre nuevo»?.
Para otros, Occidente tiene los días contados. El suyo es un camino sin salida. Es un
gigante con pies de barro. Tarde o temprano caerá y el resto de culturas y la
naturaleza lo celebrarán. ¿Por qué intentar reformas desde dentro del sistema
occidental? Todo está podrido. ¡No hay imperialismo que dure mil años!.
Para los terceros, la certeza -históricamente determinada- del advenimiento de la
sociedad comunista ha llevado a considerar que la moneda era un invento del
capitalismo y que moriría con él.
La «crematofobia» -la aversión al dinero- ha sido conscientemente impulsada, tanto
por moralistas, como por apocalípticos y revolucionarios. Durante siglos se ha convencido al
pueblo de que el dinero es «peligroso», es «el instigador del pecado», es «morralla», es
«diabólico». «Confiadlo a nosotros, sacerdotes, banqueros y políticos que os lo
administraremos bien». «El dinero no hace la felicidad e incluso puede ser un estorbo!».
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Capítulo 15. No hay retorno: la condena de Occidente.
86Temple, Dominique, Alternatives au Développement, Centre Interculturel Monchanin, Montreal, 1988, página 105.
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responsabilidad personal y, por lo tanto, dificulta toda competencia entre unos y otros para
producir más y mejor. La anulación del prestigio tiene como consecuencia inmediata el hacer
inútil el trabajo creador o productor de excedentes. No les queda a los individuos, como
motivación de la producción, nada más que el autoconsumo biológico. La colectivización
constituye, pues, una dinámica de subdesarrollo de las comunidades de reciprocidad. Su
fracaso es evidente en las sociedades agrícolas de la Unión Soviética, de la RDA, de Polonia,
de Checoslovaquia, del Vietnam, de Nicaragua, de China, al menos antes de que ésta no
rehabilitase la explotación familiar y comunitaria87».
«La confusión entre comunidad y colectividad es definitiva y tan grave como la
confusión entre caridad y don que practican la mayoría de Organizaciones No
Gubernamentales de ayuda al Tercer Mundo88».
«El tercermundismo de inspiración marxista no va mucho mejor que la ayuda
capitalista al Tercer Mundo. Uno utiliza el desarrollo como caballo de Troya para destruir la
economía del Tercer Mundo, el otro rechaza reconocer el don -el regalo- y la reciprocidad
como fundamentos de otro sistema económico diferente al del cambio generalizado». «Los
dos muestran que obedecen bien a la lógica del (mercado de) cambio, mientras que es sobre
la reciprocidad que se fundamenta la comunidad».
Reconocer el derecho a la existencia de otras formas de vivir, de relacionarse y de
producir no solamente es un derecho que todo occidental afirma en la Declaración de
Derechos Humanos, sino que se convierte en una posibilidad de encontrar caminos perdidos
en Occidente: la medida de las cosas. El etnocentrismo occidental ciega nuestra pretendida
objetividad en la mayoría de observaciones. No sólo debemos respetar otras culturas por
coherencia con nuestra tradición formal, sino que su vida puede ayudarnos a relativizar
nuestra opulente y miserable civilización.
«Es que a la opulencia se puede llegar por dos caminos diferentes. Las necesidades
pueden ser «fácilmente satisfechas» o bien produciendo mucho, o bien deseando poco. La
concepción más difundida, al estilo Galbraith, se basa en supuestos particularmente
apropiados a la economía de mercado: que las necesidades del hombre son grandes, por no
decir infinitas, mientras que sus medios son limitados, aunque pueden aumentar. Es así como
la brecha que se produce entre medios y fines puede reducirse mediante la productividad
industrial, al menos hasta conseguir que «los productos de primera necesidad» se vuelvan
abundantes. Pero existe un camino Zen hacia la opulencia que parte de premisas diferentes de
las nuestras: que las necesidades materiales humanas son finitas y escasas, y los medios
técnicos, inalterables; pero, por regla general, adecuados. Adoptando la estrategia Zen, un
pueblo puede gozar de una abundancia material incomparable... con un bajo nivel de vida89».
«Ésta es, a mi parecer, la mejor manera de describir a los cazadores-recolectores y la
que ayuda a explicar algunas de las conductas económicas más curiosas como son la
'prodigalidad', es decir, la inclinación a consumir rápidamente todas las reservas de que
disponen como si no dudaran ni un momento de poder conseguir más90». Libres de las
89Sahlins, Marshall (1974), Economía de la Edad de Piedra, Akal Universitaria, Madrid, 1983, páginas 13-14.
¡Error!Marcador no definido.
obsesiones de escasez, el no tener nunca prisa; «trabajar» entre 20 y 30 horas a la semana;
disponer de mucho tiempo libre para dormir, para conversar, para visitarse, para bailar y
comer en común; no agotar -sin retorno- el medio natural, valorar la existencia humana por
encima de la simple cobertura de necesidades materiales; la ausencia de hambre crónica... son
las principales características que definen este modo de vida considerado por Occidente como
«primitivo», pero al mismo tiempo, también, como «paraíso perdido».
En cambio, la visión que tenemos sobre las condiciones de vida «primitivas» es la que
nos han transmitido la mayoría de antropólogos: «'Una simple economía de subsistencia',
'tiempo libre limitado salvo en circunstancias excepcionales', 'demanda incesante de
alimentos', recursos naturales 'escasos y en los que sólo se puede tener una confianza
relativa', 'ausencia de excedente económico', ...así se expresa, en general, la opinión
antropológica respecto a la caza y la recolección91».
«Es posible que -esta opinión- sea uno de los prejuicios más claros del Neolítico, una
apreciación ideológica sobre la capacidad del cazador para explotar los recursos de la tierra,
cosa que está muy de acuerdo con el intento histórico de privarlo de la misma. Hemos
heredado este prejuicio de la descendencia de Jacob, la cual se 'dispersó hacia el oeste, hacia
el este y hacia el norte' en desmedro de Esaú, que era el primogénito y un ingenioso cazador,
pero al que, en una famosa escena, se priva de su primogenitura92».
Contrariamente, nos convendría una visión más lúcida y realista sobre las maravillas
del progreso de nuestra civilización occidental: «El sistema industrial y de mercado instituye
la pobreza de una manera que no tiene parangón alguno y en un grado que, hasta nuestros
días, no se había alcanzado ni aproximadamente. Donde la producción y la distribución se
rigen por el comportamiento de los precios y toda la subsistencia depende de la ganancia y el
gasto, la insuficiencia de recursos naturales se convierte en el más claro y calculable punto de
partida de toda actividad económica93».
«La escasez es el juicio dictado por nuestra economía y, por tanto, también el axioma
que rige la Economía: la aplicación de medios insuficientes frente a fines alternativos para
obtener la mayor satisfacción posible en determinadas circunstancias94».
«Habiéndole atribuido al cazador impulsos burgueses y herramientas paleolíticas,
juzgamos su situación desesperada por adelantado95».
«Nos sentimos inclinados a pensar que los cazadores recolectores son pobres porque
no tienen nada; quizá sea mejor pensar que por este mismo motivo son libres. 'Sus posesiones
materiales limitadas al extremo les liberan de toda preocupación respecto de sus necesidades
cotidianas y les permiten disfrutar de la vida (Gusinde, 196196)'».
El autor llega a ser paradójicamente subversivo: «La cantidad de trabajo (per cápita)
aumenta con la evolución de la cultura y la cantidad de tiempo libre disminuye97».
«Pero, sobre todo, ¿qué tenemos que decir del mundo de hoy en día? Se dice que
91Íd., página 14.
92Íd., página 15.
93Íd., página 16.
94Íd., páginas 16-17.
95Íd., página 17.
96Íd., página 27.
97Íd., página 50.
¡Error!Marcador no definido.
aproximandamente entre un tercio y la mitad de la humanidad se acuesta todos los días con
hambre. En la antigua Edad de Piedra la proporción debe haber sido bastante menor. Ésta, en
la que vivimos, es la era de un hambre sin precedentes. Ahora, en la época del mayor poder
tecnológico, el hambre es una institución. Podemos dar la vuelta a otra venerable sentencia:
el hambre aumenta relativa y absolutamente con la evolución de la cultura.
Esta paradoja responde, por completo, a mi punto de vista. Los cazadores y los
recolectores tienen un bajo nivel de vida debido a la fuerza de las circunstancias. Pero,
tomado como su 'objetivo' y dados los adecuados medios de producción, pueden, por lo
regular, satisfacerse fácilmente todas sus necesidades materiales. La evolución de la
economía ha conocido, entonces, dos movimientos contradictorios: el enriquecimiento, pero
simultáneamente el empobrecimiento; la apropiación con respecto a la naturaleza, pero
también la expropiación con relación al hombre. El aspecto progresivo es, desde luego,
tecnológico. Éste se ha manifestado de muchas maneras: como un aumento de la oferta y la
demanda de bienes y servicios, de la cantidad de energía puesta al servicio de la cultura, de la
productividad, de la división del trabajo y de la libertad con respecto a los condicionamientos
del medio98».
«La población más primitiva del mundo tenía escasas posesiones, pero no era pobre.
La pobreza no consiste en carecer de una determinada y pequeña cantidad de cosas, ni es
solamente una relación entre medios y fines, sino que es, sobre todo, una relación entre
personas. La pobreza es un estado social. Y como tal es un invento de la civilización. Ha
crecido con la civilización, como celosa distinción entre clases y, fundamentalmente, como
una relación de dependencia que puede hacer a los agricultores más susceptibles a las
catástrofes naturales que cualquier campamento o poblado de invierno de los esquimales de
Alaska99».
«Las primitivas economías eran subproductivas. La gran parte de ellas, tanto las
agrícolas como las preagrícolas, no parecen aprovechar todas sus potencialidades
económicas. La capacidad de trabajo está insuficientemente utilizada, no se usan los medios
tecnológicos plenamente y los recursos naturales se dejan sin explotar». «La producción es
baja en relación con las posibilidades existentes. Así entendida, la 'subproducción' no es
necesariamente incompatible con una primitiva 'opulencia100'».
«El 'problema económico' se puede resolver fácilmente usando las técnicas del
Paleolítico. De esto se desprende que sólo cuando la cultura se aproximó a la cima de sus
logros materiales erigió un altar a lo Inalcanzable: las Necesidades Infinitas101».
Estas referencias a la diversidad humana en el pasado y en el presente sobre como
enfocar la economía pueden provocar una cierta añoranza del paraíso perdido, un ansia
idealista de retorno imposible. Esta es la condena de Occidente: estudiar, conocer, comparar
otras formas de vida humana y saber que no se puede volver atrás. Pero, no volver atrás no
significa apoyar incondicionalmente todo lo presente como único camino de futuro. Si alguna
cosa tiene Occidente es su voluntad y capacidad de modificar la historia en función de la
progresiva toma de conciencia de que hay siempre diferentes opciones.
98Íd., página 51.
99Íd., página 52.
100Íd., página 55.
101Íd., página 53.
¡Error!Marcador no definido.
Paralelamente a esta toma de conciencia de la «fragilidad y utopía de la
universalización del progreso y el desarrollo sin fin», nos hace falta saber encontrar caminos
que permitan reorientar, antes de que sea demasiado tarde, la dirección suicida en que hemos
embarcado la vida del planeta.
¿Por donde comenzar? ¿Por el cambio de la mentalidad y por la toma de conciencia?
Pero, ¿cómo intentarlo mientras los medios de formación, de comunicación y de información
conforman las conciencias y los valores de la mayoría de habitantes del planeta, según el
modelo dominante occidental? ¿Cómo liberar estos medios de la dependencia de los Estados
y de las grandes empresas?.
Si queremos comenzar por el cambio político, ¿cómo conseguir que las
organizaciones y partidos políticos no estén tan condicionados por quienes patrocinan sus
campañas electorales?.
Si queremos comenzar por el cambio económico, ¿cómo superar las crisis mientras la
ciencia económica va a tientas?.
Si queremos comenzar por la conversión interior ¿cómo conseguirla mientras «el
espíritu de libertad» está en gran parte vigilado por las instituciones religiosas que sirven al
poder?.
Si queremos comenzar por los cambios ecológicos o de las relaciones Norte-Sur
¿cómo impedir que los grandes grupos de presión y los Estados con derecho de veto
boicoteen más o menos claramente todas las decisiones que los perjudiquen?.
La misma pregunta nos podemos formular en relación a otra cuestión: ¿cómo
comenzar con un cambio de sistema monetario si la moneda anónima actual es un arma sutil
que utilizan todos estos poderes fácticos para impedir los cambios que deben emprenderse
con urgencia? Posiblemente, una de las diferencias radica en que modificar un tipo de
moneda se puede hacer por decreto ley, en un día, y que una vez introducida una nueva
moneda informativa y responsabilizadora puede co-ayudar a la solución de la mayoría de
dificultades que acabamos de plantear. Mientras que cambiar cualquiera de las estructuras
citadas precisa procesos muy complejos, largos y complicados. A estas alturas podemos
aprender de la historia que todo gran cambio revolucionario al final se encuentra bloqueado
por los otros grandes problemas no afrontados y envenenado por el anonimato de la moneda,
que lo estropea todo de nuevo.
Al iniciar el capítulo hemos afirmado que la hipótesis de la modificación del sistema
monetario era más viable y positiva que las otras dos. Veremos ahora su viabilidad social y
dejaremos la viabilidad técnica para los próximos capítulos. La afirmación de que es más
fácil un cambio instrumental (instrumento para otros cambios) que un cambio directo sobre
estructuras complejas (sean estructuras económicas y políticas, sean estructuras, todavía más
complejas, culturales «interiores») es una hipótesis. Es decir, no ha sido conscientemente
experimentada hasta ahora y, en esto, tiene ventaja en relación a las otras «revoluciones»
pendientes.
Esta propuesta de una reforma monetaria, de un cambio instrumental, tiene a favor
que, a diferencia de revoluciones que precisan el cambio de costumbres e instituciones,
aceptadas como normales por la sensibilidad mayoritaria de la población occidental
(abolición de la propiedad privada, del matrimonio, de la democracia parlamentaria, de las
libertades formales...), el cambio del tipo de moneda no ataca la existencia de estas
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instituciones sino que ataca a lo que las mismas instituciones y la opinión pública denuncian
como peligro para un Estado de Derecho: la incapacidad de luchar contra la corrupción y la
delincuencia; la ineficacia del sistema judicial; la irresponsabilización de los actos libres,
tanto en el mercado como en la política; la desigualdad de oportunidades; la redistribución
económica insolidaria; la fiscalidad no equitativa y onerosa; la desinformación manipulada;
la falta de participación en los sistemas de toma de decisiones políticas... es decir, el cambio
de moneda puede permitir la profundización de la tradición democrática y mercantil. Si la
igualdad jurídica y la libertad personal son proclamadas formalmente, tenemos que encontrar
los medios para que se vean forzadas a concretarse en el máximo de situaciones.
También se podría hacer un paralelismo con la hipocresía social en el Occidente
socialista entre los derechos formales proclamados y la realidad. Pero, quizá, en estos
momentos ya no valga la pena. Hablan más los hechos que los análisis.
Quizá, los dos sistemas confrontados hasta ahora podrían encontrar una salida
creativa, que tomara elementos positivos de ambos; gracias, precisamente, a la posibilidad,
ofrecida por el nuevo tipo de moneda, de autocontrolar los acuerdos tomados en común en
una nueva Europa no dividida en bloques ni en Estados-nación.
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Capítulo 16. Ni cielo ni infierno.
No podemos pecar de ingenuos y creer que la segunda opción -es decir, modificar el
tipo de moneda- carece de peligros o está exenta de dificultades de implantación. En las
actuales sociedades complejas no se puede retornar a la arcilla. Pero, las diversas
posibilidades que ofrece un tipo de moneda personalizada e informativa no se han de
concretar todas al mismo tiempo y en todo lugar con un único tipo de instrumento o de
sistema universal. Cada realidad, cada cultura en la que más o menos, de buen grado o a la
fuerza, se usa moneda anónima, si se acepta la segunda opción, ha de buscar qué
características de la factura-cheque, y en qué grado, cree necesario introducirlas, en función:
de la problemática específica propia y de los beneficios que se espera obtener;
de las posibilidades instrumentales técnicas disponibles y de las cautelas
protectoras posibles.
En los próximos capítulos estudiaremos las posibilidades técnicas y las cautelas
judiciales y políticas necesarias. Ahora, brevemente, describiremos y valoraremos sólo
algunos de los modelos y posibilidades de cambio monetario en diversas realidades
específicas.
Para facilitar la visualización de posibles modelos de aplicación expondremos cuatro
distintos, valorando de cada uno los grados de información económica, de personalización y
de responsabilización.
El primero puede denominarse «Reagan-Gorbatxov». Fue propuesto hace un par de
años Donald T. Reagan, después de haber sido secretario del Tesoro americano durante la
presidencia de Ronald Reagan. El plan, que no va ser aplicado en los EUA, lo fue,
parcialmente y por motivos distintos, en la URSS de Gorbatxov a principios de 1990. «Con
el fin de controlar el intercambio de dinero en metálico de los mayoristas, minoristas y
vendedores callejeros de drogas... el Tesoro tendría que imprimir discretamente nuevos
billetes de 50 y 100 dólares, de diferente color o tamaño que los actuales. Con un preaviso de
10 días, todos los billetes de 50 y 100 dólares dejarían de ser de curso legal. Todo el mundo
tendría que cambiar sus billetes por los nuevos. Los bancos y otras instituciones tendrían que
llevar un registro de las transacciones en metálico superiores a 1000 dólares. Los informes se
enviarían a los interventores de impuestos por el nombre y por el número de identificación
fiscal.
Esto produciría que el pánico se extendiera entre quienes conservan grandes
cantidades en metálico. Si el dinero fuera legítimo no se debería temer por nada. Es posible
que se creara confusión durante un par de meses pero, ¿qué honrado ciudadano no estaría
dispuesto a soportar una pequeña molestia a fin de atrapar a estos criminales? Esto tocaría a
los criminales allí donde más daño les hace, en su cartera.
Sólo se pueden hacer tres cosas con el dinero: mantenerlo en el negocio, gastarlo o
ahorrarlo. Si se invierte a través de un banco, este plan podría interceptar los fondos. Si los
beneficios se conservan en efectivo, el cambio de moneda lo sometería a confiscación. Si se
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mantiene en el negocio en billetes de 50 o 100 dólares, perderían su valor102».
El modelo es ingenioso. Es un buen indicador de la impunidad que da el dinero
anónimo actual. Pero es un modelo representativo de los cambios que no cambian casi nada.
Al cabo de unos meses, las mafias se recompondrían y se volvería a la situación anterior.
Este modelo no ofrece una información del conjunto del mercado, sólo desvela el sector de la
economía sumergida e ilegal. Personaliza y responsabiliza, pero sólo temporalmente.
El cuarto modelo, «factura-cheque total», significaría el uso exclusivo para todas las
transacciones de dinero anotado en cuenta corriente y la supresión de toda moneda anónima y
desinformativa. Sería una posibilidad en aquella sociedad que hubiese experimentado las
ventajas económicas y antifraude del modelo «factura-cheque empresa», y que decidiese
invertir en la difusión del equipamiento informático necesario para extender a los
consumidores el uso cotidiano de la monética. Ahora bien, a mayor información económica,
a mayor personalización responsabilizadora, serán necesarios también más cambios en la
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estructura política y judicial, que aseguren la protección de la intimidad y, al mismo tiempo,
la lucha contra la impunidad de los delitos. Estas condiciones se tratan con detenimiento en
los capítulos 18 y 19.
En el caso de un país con un mercado interior sencillo, pero con un gran mercado de
exportación (p.e. África o Centroamérica) se puede hacer una combinación entre «billetes de
pocas unidades monetarias» para las operaciones de consumo menor, y una «factura-cheque
nominativa e informativa» para las operaciones realmente importantes: para determinados
productos de consumo caros o de lujo; para los mayoristas; para todas las operaciones de
inversión o de compras entre empresas interiores; para las operaciones
importación-exportación; para el funcionamiento de toda la administración pública.
Lo que conviene asegurar es que el volumen más importante, y, al mismo tiempo,
más estratégico, de movimiento de dinero quede bajo control judicial independiente y a la
vez suministre información para la conducción económica conjunta. Para el pequeño
consumo, puede no ser excesivamente grave que se utilice papel moneda anónimo, pero de
pocas unidades para evitar grandes maniobras especulativas o corruptoras. También se puede
establecer que esta moneda fraccionaria sea válida sólo por un período (por una semana o por
un mes) y que, en este caso, se entregue a cada consumidor, según la disponibilidad de su
cuenta corriente, a través de las «cajas de ahorro» que gestionan las cuentas corrientes del
público.
Una implantación mixta (moneda anónima fraccionaria, para el consumo
corriente-factura-cheque, para las transacciones importantes), en un mercado de las
características descritas busca, sobre todo, evitar la actuación de las mafias y de los caciques;
dificultar la corrupción pública; defenderse de las multinacionales y vigilar al ejército,
respetando, al mismo tiempo, las costumbres y el nivel de formación de una parte importante
de la población, tal vez no preparada para usar facturas-cheque escriturales o electrónicas
(unas y/o otras sí utilizables, en cambio, entre empresas y por la administración pública).
Países industrializados
Otro caso bastante diferente es el de los países industrializados que tienen unos
mercados muy complejos y sofisticados (p.e. los de las Comunidades Europeas). Tanto en
estos países, como en la mayoría de los circuitos comerciales internacionales, la moneda
electrónica está tomando un papel dominante. Nos encontramos, pues, con una importante
elección a tomar.
En el caso de los países industrializados no solamente las empresas y la
administración pública están preparados para una implantación generalizada de un tipo
monetario factura-cheque, sino que, incluso el pequeño comercio, los servicios y el gran
público están, en general, a punto. Pero es precisamente por la complejidad de estos países
que la factura-cheque escritural no es muy viable. En cambio, la factura-cheque telemática
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tiene una posibilidad de implantación efectiva y, ofrece, al mismo tiempo, un marco
coherente y democrático para la extensión, ya iniciada, de las diferentes modalidades de
dinero electrónico, que están invadiendo estos países.
El ECU (European Currency Unit) es una moneda totalmente abstracta que, de
momento, no tiene soporte físico de metal ni de papel. Los europeos tenemos, con el ECU,
una oportunidad histórica para realizar la integración económica y política del continente
disponiendo de una moneda única, contable y personalizada, gracias a que, al mismo tiempo,
todas las redes monéticas están ya, prácticamente, interconectadas.
Intercambios internacionales.
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La progresiva aceptación de mecanismos de mercado en los países del este de Europa
ofrece una oportunidad histórica para intentar que la mercantilización de determinadas
actividades no implique algunas de las principales disfunciones de las «economías de
mercado capitalistas». En este sentido, y en relación a la situación ventajosa de algunas
realidades de los países socialistas, es preciso preguntarse:
¿Cómo evitar la privatización y mercantilización del suelo, con la consiguiente
especulación inmobiliaria y el entierro de recursos de inversión?.
¿Cómo favorecer un deseado y necesario aumento de las rentas, sin que éstas se
dirijan únicamente a la adquisición de bienes de consumo -en gran parte de
importación- y condenen la necesaria inversión interna a la dependencia de la deuda
externa?.
¿Cómo crear instrumentos de inversión y de capitalización que eviten la especulación
de valores bursátiles y la sutil y peligrosa financiación de la economía real que
favorece la acumulación de dinero en pocas manos, al margen del circuito de la
producción real?.
¿Cómo impedir, sin aumentar todavía más la burocracia, que la corrupción del
antiguo régimen se perpetúe bajo nuevas formas y dificulte el fortalecimiento del
Estado de derecho?.
Estas preguntas son de difícil respuesta práctica en el marco del actual sistema
financiero y monetario. Inspirándonos en Joan Casals (1987103) que propone la introducción
de un único título -casi-dinero -exclusivamente para inversión, al lado del dinero normal para
consumo, las posibilidades de la factura-cheque permitirían distinguir entre el ciclo del
consumo y el ciclo de la inversión, favoreciendo que pudiese existir una parte de las rentas
(de los salarios, beneficios y dividendos) dedicadas únicamente a inversión, convirtiendo así,
progresivamente, al conjunto de trabajadores y empresarios en propietarios de las empresas.
El debatido retorno a la propiedad privada de la tierra podría encontrar una solución de
compromiso. Se mantendría la propiedad comunitaria de la tierra y se indemnizaría, cuando
fuera necesario, a los antiguos propietarios pero exclusivamente con dinero de inversión
interna.
Con este sistema, la población aumentaría sus rentas totales pero se evitaría que éstas
solamente incrementasen la capacidad de consumo (recalentamiento) ya que, en una parte,
sólo podrían ser dedicadas a inversión. Se dejaría al mercado el uso concreto de cada una de
las partes de las rentas (tal producto de consumo o tal inversión en una determinada
empresa). Pero, en cambio, se podrían regular indirectamente las magnitudes
macroeconómicas modificando la relación del porcentaje entre dinero de consumo/ dinero de
inversión en las remuneraciones. En la medida en que la personalización de los instrumentos
monetarios se generalizase se pondría más freno a la economía sumergida, a la ilegal o a la
especulativa.
Con la implantación de este instrumento monetario se podría distinguir más
fácilmente entre flujos y stocks y, por tanto, se podría facilitar la inclusión de los recursos
naturales en el sistema económico, para evitar su actual externalización antiecológica.
***
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Aquí sólo hemos querido dejar constancia de que, en el tema que nos ocupa, existe
una amplia gama de soluciones. Y que aplicar más o menos soluciones depende de los
problemas a los que se quiera hacer frente, de las posibilidades que cada realidad ofrece para
ser transformada, así como de los riesgos que se quieran asumir y de la capacidad para
implantar mecanismos políticos que garanticen su correcto funcionamiento.
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Capítulo 17. La monética: tentación o reto.
El uso del dinero electrónico, aquí y ahora, está siendo también un medio de dominio
y de control sobre el pueblo (no protección de la intimidad, peligro de represión
policial, fiscalidad fácticamente arbitraria...). Se nos presentan tres opciones: 1ª Negar
radicalmente cualquier uso del dinero electrónico; 2ª Proponer su uso con garantías;
3ª Obviar el tema.
La electrónica, como muchos de los inventos humanos, ha nacido en gran parte como
instrumento militar. Tiene sus defensores y sus detractores, unos y otros radicales. Ventajas e
inconvenientes, posibilidades y peligros de todo tipo están sobre la mesa. Su uso puede
reducir el consumo de papel (y, por tanto, la destrucción de bosques), pero las pantallas
pueden perjudicar la salud; reduce los transportes y el consumo de energía y de ciertos
metales, pero depende de una red eléctrica y telefónica de calidad; libera de muchos trabajos
repetitivos de artes gráficas, de secretaría, de contabilidad y de archivos, pero crea
«adicción»; da gran autonomía y maleabilidad de uso, pero también una gran concentración
de información en manos de pocos...
De hecho la implantación actual de la informática en el campo de la moneda
(monética) ofrece ventajas prácticas (menos papeleo, autogestión de servicios bancarios, más
seguridad contra robo o fraude...), pero al mismo tiempo no protege la intimidad de las
personas frente a posibles represiones policiales y fiscales ni contra la acción de cualquier
persona con objetivos delictivos (sobornos, manipulación de datos...).
Vayamos por partes. Ante todo, ¿qué es la monética? Es una moneda informática, que
cuando está intercomunicada a distancia (tele), también se llama, moneda telemática
(teleinformática).
Las tarjetas de cajeros, de pago, de crédito o de débito, son el elemento más conocido
de la monética. Pero, para que funcione un sistema monetario teleinformático se necesita un
complejo sistema de lectores de tarjetas, de ordenadores y de bases de datos que actualicen
las entradas y salidas de las cuentas corrientes de todos los usuarios de tarjetas.
Las tarjetas más conocidas son las de banda magnética, en la que se registran entre
otros datos el código secreto del usuario. Las tarjetas más nuevas son las que los franceses
denominan «carte à mémoire» (tarjeta con memoria), o «smart card», en inglés (tarjeta
inteligente). También se las denomina «tarjeta con chip» ya que el hecho de que en la tarjeta
vaya incorporado un chip es su rasgo más distintivo, que las diferencia de las tarjetas de
banda magnética. El chip, un pequeño ordenador a bordo, es la clave de sus características
más destacables: mejor autentificación (al poder conocer si la tarjeta ha sido o no falsificada),
mejor identificación (porque puede reconocer a su propietario), mejor certificación (al
impedir que un pirata pueda descifrarla), más secreto (al operar con mensajes en clave).
Las tarjetas de banda magnética han resultado ser poco fiables. Cualquier pirata, con
una poco de habilidad puede descifrar el código secreto y hacerse con el dinero de otra
persona. Las tarjetas con chip, en cambio, no solamente son mucho más seguras, sino que
permiten nuevas funciones, entre ellas, la de llevar encima un pequeño banco propio,
prácticamente inatracable e inviolable. El usuario de la tarjeta traspasa, en un cajero
automático, una determinada cantidad de unidades monetarias de su cuenta corriente. A partir
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de este momento, uno lleva dinero «en efectivo» que le sirve para efectuar pagos en cualquier
establecimiento que tenga el lector correspondiente, sin necesidad de consultar si está en
números rojos y sin tener que llevar billetes ni monedas ni cheques. La tarjeta es como un
monedero, un billetero y un talonario de cheques recargables de «capacidad de compra» en
los cajeros automáticos, sin llevar ni un duro encima y sin que nadie más que su propietario
pueda disponer de ella.
La capacidad de memoria de la tarjeta con chip permite no solamente hacer inviolable
el código de identificación personal, sino también registrar otros identificadores más
complejos, pero más seguros y al alcance de cualquiera, sin tener que memorizar el fatídico
código. En esta línea ya están disponibles diferentes sistemas de identificación relacionados
con los rasgos físicos del propietario de la tarjeta: huellas dactilares, tono de la voz,
estructura del ADN, presión del bolígrafo al firmar... En general, las tarjetas con chip son al
mismo tiempo un medio de preservar todo lo que ha de ser protegido de falsificación y
escucha: clave de acceso, transmisiones confidenciales, expedientes médicos... También
ofrece la posibilidad convertirse en un dosier portátil: agenda de bolsillo, guía particular de
teléfonos y direcciones, datos médicos básicos...
Su gran capacidad de almacenar y ordenar información puede permitir reducir el
número de tarjetas de cada usuario (de cajeros, de crédito, de empresa, médica, de
aparcamiento...) a una única tarjeta para todas las funciones.
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Para acceder a las informaciones confidenciales del individuo, únicamente él tiene la
clave. Para acceder a datos conjuntos entre el individuo y una entidad, por ejemplo, el banco,
son necesarias las dos claves como si se tratara de una caja fuerte. Un intento fraudulento de
uno de los dos bloquea el acceso y puede llegar a comportar la autodestrucción de la tarjeta.
Es decir, la tarjeta con chip ofrece mucha privacidad y, al mismo tiempo, deja huella
de todas las operaciones. Ofrece la oportunidad de implantarla como un sistema que, al
mismo tiempo que defiende la privacidad, deje rastro para la defensa del Estado de derecho
contra acciones delictivas.
Veamos ahora las posibilidades sociales, positivas y negativas de la monética.
El uso de la tarjeta con chip es mucho más fácil y cómodo para el usuario de
cualquier edad, joven o viejo. Muchas personas mayores se sienten incómodas con los
problemas de tener que pagar y recibir cambios con monedas y billetes o con las
complicaciones de los cajeros automáticos, que exigen memorizar códigos secretos o con las
formalidades de extender y firmar cheques. La tarjeta con memoria simplifica todo esto y
todavía más en el caso de que incorpore algún sistema de identificación personal inalterable,
como las huellas dactilares, de la mano o de la voz. Estos son sistemas patentados, viables y
usados ya en sectores de alta seguridad.
Su aplicación permite introducir la seguridad que necesitan determinados sistemas
para funcionar. «La tarjeta inteligente puede provocar cambios fundamentales en el
funcionamiento económico de la sociedad. Por ejemplo, usadas como llaves, pueden
proporcionar el grado necesario de seguridad para hacer que las redes de ordenadores sean
verdaderamente viables. Para que pueda funcionar un sistema totalmente electrónico de
compensaciones bancarias y de transferencias de fondos resulta imprescindible garantizar que
no tengan acceso al sistema usuarios no autorizados. Las tarjetas inteligentes pueden crear
esta auténtica unión entre informática y telecomunicaciones104».
A la transferencia electrónica de fondos de los bancos y al pago electrónico con
tarjeta se está añadiendo la facturación electrónica. «Una docena de grandes empresas
europeas del sector químico planean comenzar a sustituir, de aquí a pocas semanas, los
pedidos y las facturas de papel que generan sus intercambios comerciales por un sistema
totalmente electrónico que registrará indeleblemente los datos pertinentes... Esto permitirá
reducir los costos de los departamentos administrativos y los errores de transcripción, así
como acelerar las transacciones. Los ecologistas defienden el intercambio electrónico105».
«En 1986 había 36 millones de tarjetas en Francia. En Europa había 100 millones de
ellas y más de 800 millones circulaban en los Estados Unidos. En los próximos 10 años se
emitirán unos 80 millones más de tarjetas y se instalarán 400.000 terminales monéticos en
Europa. El valor de este mercado industrial se estima en 800 millones de Ecus (el marzo de
1987 un Ecu valía unos 7 francos106)». Es decir, unos 110.000 millones de pesetas.
106Muldur, Ugur, y Dincbudack, Nezih, La monétique, Editions la Découverte, París, 1987, página 5.
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¿Cuál es la causa de esta aceptación de la monética? «La reducción del costo del
sistema de pago ocupa una parte central. Así, el coste del tratamiento unitario de las
operaciones efectuadas por cheque o por tarjeta magnética se acerca respectivamente a 3 y 6
francos». «Por el contrario, hacia el año 1995, ¡el coste de tratamiento de los pagos
efectuados con tarjetas con memoria descenderá a 1 franco! 107» El uso de la monética ofrece
«grandes ventajas a los intermediarios financieros ya que reduce los gastos generales,
principalmente, por el abandono del cheque en no menos de un 60%. Para los comerciantes,
la utilización de este sistema electrónico supondrá la ventaja de disponer de un sistema de
pago inmediato, mientras que los métodos actuales -cheque, tarjeta de crédito- exigen un
plazo. Y además, el paso de los clientes por caja será mucho más rápido108».
Recordemos que para el año 1994 cerca del 80% de las operaciones de caja de los
bancos se habrán sustituido por cajeros automáticos o por pago directo con tarjeta. La tarjeta
mixta (banda magnética y chip) será operativa en todos los cajeros europeos. Y para el año
2000 se está organizando un «sistema operativo universal» que permitirá realizar operaciones
en cualquier entidad bancaria del mundo.
Ahora bien, todas estas posibilidades de las tarjetas inteligentes están siendo
desaprovechadas. Desde que en 1974 se inventaron, han tenido que pasar más de 10 años
para que la banca francesa las aceptase. De hecho, no están prosperando como sus
promotores esperaban.
Los comentarios siguientes son bastante significativos del problema que supone la
ausencia de una aplicación coherente y democrática de esta tecnología y que impide su
generalización: «Las tarjetas inteligentes son todavía «una tecnología que espera una buena
aplicación109». «Los productos avanzados no encuentran salida en un mercado reticente a la
seguridad extrema» «De momento, el tema del control por la huella digital ha quedado
olvidado debido a la negativa de los parados a ser sometidos a un control tan riguroso110».
Y es que, aunque en general los ciudadanos aceptan el control como inevitable, no les
gusta sentirse totalmente atrapados. Quieren creer que no lo están, que les queda un margen
de libertad y de intimidad. «Nuestra intimidad está por encima de todo y la persona más
allegada que podamos tener nos conoce sólo en parte. Sin embargo, nuestro mundo privado
se va desmoronando. En realidad, paso a paso vamos dejando un rastro electrónico lleno de
información personal detrás de nosotros que, con el tiempo, podrá revelar cualquier aspecto
de nuestras vidas, y que según quien tenga acceso puede llegar a influir notablemente en
nuestro acontecer futuro. Éste es el camino hacia el que vamos irremisiblemente. El futuro no
existiría sin la informática, pero precisamente porque cada día nuestras vidas están más
unidas al mundo de las computadoras tenemos que adoptar medidas preventivas. Y la mejor
de todas es que existan leyes que nos defiendan de posibles intromisiones informáticas y que
protejan nuestra intimidad Todos deberíamos tener derecho a saber qué información existe
sobre nosotros, dónde se guarda, quién tiene acceso y con qué fines se utiliza111».
107Íd., página 5.
108La CEE fija los derechos de los usuarios de las tarjetas de crédito. «Expansión», 22-IX-1988.
109¿Qué pasa con las tarjetas inteligentes?, «Investigación y Ciencia», II-1989, número 149.
110La tecnología se adelanta a la sociedad en los sistemas de control. «El País». 4-IV-90.
111Semir, Vladimir de, Somos un simple rastro electrónico. «La Vanguardia», 26-X-1987.
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En España, el anteproyecto de ley preparado en 1984 por los socialistas, que iba en la
dirección de reconocer estos derechos, fue paralizado por los Subsecretarios de Interior y de
Economía y Hacienda. En Francia existe una ley que sigue las directrices del «Convenio
Europeo para la protección de las personas en relación al tratamiento automatizado de datos
de carácter personal». Según este convenio -vigente en España desde 1985, pero no
concretado en ley- los datos de carácter personal que revelen el origen racial, las opiniones
políticas, las convicciones religiosas u otras convicciones, así como los datos de carácter
personal relativos a la salud o la vida sexual no podrán tratarse automáticamente, a menos
que el derecho interno de cada Estado prevea las garantías apropiadas. A pesar de que el
Convenio afirma que «no se admitirá ninguna excepción», después la acepta cuando «tal
excepción prevista por la ley del Estado signatario constituya una medida necesaria en una
sociedad democrática: para la protección de la seguridad del Estado, de la seguridad pública,
de los intereses monetarios del Estado o para la represión de infracciones penales; para la
protección de los derechos y libertades de otras personas112».
El sistema de control de estas ambiguas disposiciones se encarga a un órgano
independiente. Cuando éste es una «autoridad» nombrada por el gobierno «posibilita
violaciones groseras de las garantías por falta de control democrático. El Comisario Federal
Alemán, según expone cínicamente la Ley Federal de Protección de Datos de 1977, 'será
independiente y sólo estará sujeto a la ley. Estará sujeto a la tutela jurídica del Gobierno
Federal. El Comisario Federal dependerá del Ministerio Federal del Interior. Estará sujeto al
control jerárquico del Ministro Federal del Interior». Como resume un dicho alemán
'contratar al lobo para proteger a las ovejas113'». En cambio en Francia el «Comité Nacional
para la Informática y la Libertad, con presupuesto autónomo y estructura ejecutiva, informa
al Parlamento y da soporte técnico a la Magistratura. Los 21 miembros de la Comisión son 3
diputados y 3 senadores elegidos por los parlamentos; 4 jueces nombrados por el Consejo
Superior Judicial; 4 Expertos informáticos nombrados por los ministros de Justicia, Industria,
Ciencia y Educación; 3 expertos designados por los sindicatos y 4 funcionarios nombrados
por el Ministro del Interior114».
De hecho en España «existen evidencias del tratamiento automático prohibido por el
Convenio Europeo sobre opiniones políticas y otros datos de carácter personal. Varios errores
escandalosos en los controles de fronteras son la punta del iceberg que delata el contenido de
los ficheros personales de los Organismos y Fuerzas de Seguridad del Estado, suficiente para
presionar al Ministerio del ramo frente a cada proyecto de regulación115».
Puede ser bueno analizar un modelo social de aplicación de la informática que nos
conduzca al temible mundo descrito por G. Orwell en su novela «1984». Este modelo real es
el que se aplica en la República Federal Alemana -que aunque ha firmado el Convenio
Europeo de protección de datos- es pionera en su infracción y resulta ser guía para otros
países comunitarios. He aquí la descripción que de ello hace un ciudadano alemán116.
112Marcelo, Julián, Informàtica i control personal, «Novàtica», número 74, página 10.
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«El Estado moderno dispone hoy de una tecnología para ejercer el control ciudadano,
que tenemos que calificar de inquietante. Y el proceso de control sigue creciendo.
El fantasma del «Überwachungstaat» (del Estado de Vigilancia) ya es un tópico. He
aquí unos ejemplos:
El carnet de identidad legible por ordenador es ya una realidad en la RFA (yo tengo
uno).
El polémico censo de población de 1987, que se realizó bajo una fuerte represión sin
precedentes, ha proporcionado al Estado una visión demográfica instántanea de una
espantosa exactitud para sus planificaciones.
Como consecuencia de las leyes antiterroristas, se introdujo a finales del 80 la
«Rasterfahrdung», («el registro de la red») que es un método sofisticado para registrar
las personas por medio de programas filtrantes de ordenadores. En los archivos de
datos de la BKA «Comisaría Central Federal» y del servicio secreto que, en alemán se
llama, significativamente, «Verfassungschutz», es decir, «Protector de la
Constitución», ya existen datos de unos 20 millones de ciudadanos. Datos que hacen
referencia a su actitud política, preferencias de lectura...
El perfeccionamiento de este método supone y explica a la vez la codicia de
almacenar cada vez más datos de cualquier ciudadano hasta que los 65 millones de
ciudadanos sean archivados con su perfil político individual.
De hecho, no existe en este momento control alguno para detener o limitar este
proceso. Para dulcificarlo, hay una Comisión impotente en el Parlamento Alemán y el
ya mítico «Responsable para la protección de datos» que es un empleado del
Ministerio de Interior (!).
También en el ámbito laboral -oficinas y fábricas- crece el control sobre los
empleados y trabajadores. En las grandes empresas alemanas la tarjeta personal para cada
trabajador es habitual y proporciona información sobre cada paso que hacen durante su día
laboral.
La oleada de racionalización y la introducción de ordenadores personales en la
Administración pública y en la privada casi está acabada. El sistema «Paisy» que controla el
personal y planifica el equipo humano, provoca stress y aislamiento de los trabajadores,
perjudicándolos en su salud física y mental. Las estadísticas del Sindicato IG Douck del año
1987 prueban que con la introducción de lugares de trabajo informatizados ha aumentado
alarmantemente el nivel de enfermedades y alergias.
La tecnología de la televisión por cable, otra adquisición celebrada de los años 80 en
Alemania, se ha convertido, después de unos 5 años de experiencia, en un nuevo ataque
contra el cerebro de los ciudadanos con su estúpida mezcla de publicidad y de noticias
manipuladas.
Para terminar con este tema se debe hacer mención de las cámaras de vídeo en
empresas, estaciones de metro, supermercados, calles... que completan la impresión de vivir
ya en un mundo «Orwell».
«En este contexto es comprensible la formación de un movimiento de rechazo al
sistema de vigilancia total que critica no solamente sus instrumentos, sino a la que llaman
«tecnología de la inhumanidad».
¡Error!Marcador no definido.
La exportación del modelo alemán es, de hecho, una realidad. «Cuando Rodolfo
Martín Villa, en 1977 visitó la BKA de la RFA recibió una lección de maquiavelismo
posmoderno... le demostraron cómo era compatible un centralismo totalmente agresivo con
un Estado federal. Cómo, gracias a los potentes sistemas informáticos se conectan los datos
bancarios personales con los de la Seguridad Social, la Universidad, la Administración de
Justicia y de Hacienda. El programa fue adquirido por el Ministerio de Interior como modelo
para el Estado de las Autonomías y ha sido una herencia asumida por los socialistas. Mientras
por toda Europa se incrementan los movimientos sociales regionalistas, autonomistas y
nacionalistas que reclaman descentralización y autogobierno o independencia, las nuevas
tecnologías permiten a los Estados introducir sistemas de centralismo muy superiores a los
que se habían padecido en el pasado. La informática estratégica puede vaciar de contenido
conceptos políticos como federalismo, autonomía o independencia, según quien controle los
ordenadores centrales117». El ordenador de la Guardia Civil llamado «Duque de Ahumada»
forma parte de este plan: «se centra fundamentalmente en la represión de la delincuencia y el
control de nóminas y de armamentos.(...) Datos de la lucha antiterrorista, así como filiaciones
de supuestos etarras y movimientos de los mismos. En la desarticulación del comando
Madrid de ETA, el ordenador ha desempeñado su papel de cruce de información sobre
residentes vascos en Madrid». Esta «red de inteligencia está enlazada con la de la policía, que
al mismo tiempo posee otro gran ordenador: el Berta118».
Ante todos estos hechos, parte de la población puede llegar a considerar que el
anonimato de la moneda es más bien un factor positivo ya que sirve de protección contra el
«big brother» (el gran hermano, el Estado).
Siguiendo este razonamiento, la introducción de un instrumento monetario como la
factura-cheque telemática necesitaría previamente una sociedad totalmente «limpia»,
democrática, que no pudiese usar la nueva moneda como control contra el pueblo. Proponer
el cambio de sociedad a través del cambio de la moneda podría ser un intento de empezar a
construir la casa por el tejado.
La objeción es cierta. Pero, también nos es preciso tener en consideración que el
problema, hasta ahora, es que todos los intentos de empezar la casa por los fundamentos y los
muros de la revolución social han acabado inundados, sin tejado que los proteja de los
poderes fácticos (antiguos y nuevos) ni de la corrupción consiguiente. De hecho, hoy, en el
campo de la construcción, hay técnicas que permiten, a partir de unos pocos pilares bien
sólidos, empezar la casa por el tejado. No se necesitan grandes fundamentos, ni grandes
paredes maestras. Sencillamente, pocos pilares bien asentados, y el tejado sirve de protección
para la posterior construcción de paredes y de interiores.
Si no cambian un conjunto de reglas de juego, la introducción de la moneda
telemática sin garantías es un peligro «orwelliano» inmenso. Pero éste es el camino que ya
están tomando los Estados, los bancos y las policías, incluso, cuando hacen o aceptan leyes y
convenios: se las saltan, como hemos visto, con la excusa de la letra pequeña o de
procedimientos de control de los derechos formalmente reconocidos.
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Se trata, pues, de ver si puede existir un modelo de implantación de un nuevo sistema
monetario, que permita cambiar las reglas de juego que hasta ahora permiten usar los
sistemas de control únicamente contra el pueblo y a favor de los poderosos. Se puede aceptar
más fácilmente un control si se cree que es igual para todos, gobernados y gobernantes, y si,
al mismo tiempo, resultan evidentes unos resultados positivos: solidaridad social, mejora de
la solución de los conflictos, menor represión policial, menor fiscalidad, más autonomía...
En el campo de la macroeconomía hay otro conjunto de problemas no resueltos,
provocados por las tarjetas de crédito y por los nuevos medios de pago no bancarios, creados
y ofrecidos por intermediarios financieros y por grandes empresas comerciales. El uso de
tarjetas está agravando todavía más la efectividad y la credibilidad de los agregados
monetarios (M1, M2, M3, M4..), que son el sistema de información macroeconómica de los
gobiernos, a partir de la que llevan a cabo su política económica. Los nuevos medios de pago
no solamente afectan a la composición de los agregados monetarios, sino que dificultan
enormemente el cálculo de la velocidad del dinero. Si intentar saber qué provoca la inflación
y cómo corregirla, era ya, hasta el presente, bastante difícil; ahora, con el dinero electrónico
fuera de los circuitos y de las categorías contables tradicionales, el caos es inmenso. «En
efecto, con la facilidad con que los fondos son transferidos de cuenta a cuenta, la relación
entre stock de moneda y el producto interior bruto resulta ser más inestable y, por lo tanto,
más imprevisible119».
Para terminar este repaso sobre las dos caras de la monética hay que tocar el tema
clave de la seguridad de los sistemas informáticos: la piratería y el fraude. «Un grupo de
jóvenes alemanes..., el Chaos Computer Club, ha conseguido descifrar todos los códigos de
entrada a la red de ordenadores de la NASA, de tal manera que disponen de todos sus bancos
de datos e incluso pueden intervenir en sus programas operativos. La acción pone al
descubierto la debilidad de los sistemas de defensa de estas ordenadores 120». «El primer caso
de fraude informático fue el cometido por Stanley Goldblum, presidente del consejo de
administración de la empresa EFLIC, por un total de 27.000 millones de pesetas, suma
conseguida mediante la emisión de una gran cantidad de pólizas falsas.(...) El sector bancario
en los EUA estima que cada año pierde más de 280 millones de dólares (30.000 millones de
ptas) en fraudes cometidos por su propio personal -10 veces más que las pérdidas sufridas por
atracos.(...) En el Reino Unido, un solo empleado del área de informática de un banco
norteamericano obtuvo 1.600 millones de ptas en un solo día.(...) El gran riesgo es el
terrorismo. Es muy sencillo paralizar actividades de primera necesidad actuando sobre los
puntos clave de un sistema informático; el tráfico, por ejemplo121».
Para evitar este tipo de problemas existen sistemas muy seguros (véase el capítulo
siguiente) que no acostumbran a aplicarse con el argumento de que son más caros que las
pérdidas que, por el momento, origina la piratería. De hecho, uno se queda con la duda sobre
si no se puede o si no se quiere. El inconveniente de estos sistemas de seguridad es que no
permiten el acceso fraudulento a nadie, ni tan sólo de los que dirigen la institución en la que
se implantan. Quizás lo que temen los directivos que consideren poco rentable tener que
119Muldur, Ugur, y Dincbudack, Nezih, La monétique, Editions la Découverte, París, 1987, página 118.
120Un grupo de jóvenes alemanes consigue penetrar en el ordenador de la NASA tras violar sus claves, «La Vanguardia», 16-IX-1987.
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invertir algo de dinero en seguridad... es perder la posibilidad de manipular la información a
su favor y encubrir así sus irresponsabilidades.
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Estas garantías que desarrollaremos en los próximos capítulos incluyen un paquete
de:
medidas políticas (supresión moneda anónima, creación del estatuto comunitario,
sistema fiscal automático no personalizado...)
medidas judiciales (independencia organizativa, financiera y documental)
medidas técnicas (separación de la información «contable» socializada y de la
información «personal» protegida judicialmente; establecimiento de «redes
telemáticas» paralelas de contrastación automática entre el proceso contable
(Ejecutivo) y el personalizado (Justicia)).
3ª Obviar el tema.
La tercera opción consiste en considerar que la realidad de la monética no es algo
importante. Por algún motivo, más o menos interesado o interesante, se trata de dejar, en este
tema, las cosas tal y como están.
Para adoptar esta posición -sin hacerse cómplice de la situación actual- es preciso
tener una capacidad de actuar en otros frentes más importantes, actuación que comportaría
indirectamente una modificación sustancial de estas realidades monetarias «secundarias».
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Capítulo 18. Domar el toro.
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La información del dinero electrónico debería ser tratada de diferente manera, según
la siguiente distinción:
- los datos personales (nombre y número de la cuenta corriente) quedarían protegidos bajo
secreto profesional por el banco (que únicamente los necesitaría un instante para
anotar el abono o el reintegro en la cuenta). Posteriormente serían archivados, bajo
secreto profesional, para la Justicia (que, además de protegerlos contra cualquier
ingerencia, los podría utilizar para documentar sus sentencias). La indiscreción de los
profesionales bancarios y judiciales estaría no sólo legalmente penalizada sino que
sería muy difícil de realizarse sin dejar rastro (véase más adelante).
- los datos contables (mercancía, precio, lugar...) se socializarían, es decir, se pondrían al
alcance de la comprensión de toda la población, para evitar los monopolios de
información, para generar una actuación mercantil libre y bien informada, y para
racionalizar la invención de dinero.
La aplicación actual de la moneda electrónica no tiene en cuenta estas distinciones ni
garantías. Los resultados son conocidos: cualquiera -con influencia o dinero- puede utilizar la
información personalizada de otra persona con intención de perjudicarla; la Justicia continúa
sin tener la documentación exhaustiva que precisa para su correcto ejercicio. Los resultados
antimonopolio informativo y anticorrupción mercantil son casi nulos.
En resumen, el principio fundamental de una aplicación democrática y coherente de
la moneda telemática es que no puede existir movimiento de moneda sin un respectivo
movimiento de «mercancía» (bienes o servicios mercantiles).
La Justicia podrá detectar si se ha habido movimiento de dinero sin que tal
movimiento corresponda a la compra o venta de «mercancías», fenómeno que indica
claramente que se ha producido una operación ilegal.
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instituciones sin ánimo de lucro).
Parece que la separación entre estatuto comunitario (servicios y profesiones que se
ofrecen con carácter gratuito y que serían financiados comunitariamente) y estatuto mercantil
(trabajadores, inversores, empresarios e inventores retribuidos por el mercado) evitaría que el
dinero del mercado («poder de la riqueza») pudiera poner bajo su servicio a los profesionales
liberales y a los servicios comunitarios («poder del saber»).
Las listas de incompatibilidades, siempre casuísticas y de fácil incumplimiento, se
muestran incapaces de evitar el acaparamiento de influencia pública en manos de unos pocos
bien situados en el mercado y en la vida pública. Este poder fáctico debe reducirse al
máximo, ya que atenta igualmente contra el Estado de derecho. El objetivo fundamental de
esta distinción es que el dinero mercantil no se transforme en poder «político» y que el
servicio comunitario-liberal no se transforme en negocio.
Esta separación implicaría:
- la existencia de incompatibilidad absoluta entre el ejercicio de una actividad comunitaria y
el ejercicio de una actividad mercantil; así como la incompatibilidad de la mayoría de
actividades comunitarias entre ellas.
- la imposibilidad material -a través de una adecuada reglamentación de los circuitos
monetarios y de los tipos de cuentas corrientes- de canalizar dinero obtenido
privadamente en el mercado hacia actividades comunitarias, y viceversa (excepto,
evidentemente, del consumo).
A través de estos dos mecanismos sería más probable impedir la intrusión ilegítima de
los poderes fácticos (que se generan a la sombra del dinero anónimo mercantil) en las
actividades comunitarias en general y, más concretamente, en las instituciones de mando
político, cívico y judicial, las cuales son por vocación y pertinencia claramente no-mercantil.
En el contexto del estatuto comunitario se debe crear o encontrar una institución que
vele por la protección de los datos personales y que vigile-contraste la fiabilidad de los datos
«económicos» ofrecidos por el Gobierno. En algunas ocasiones a lo largo del texto ya hemos
comentado la necesidad de mejorar los sistemas de documentación de la administración de
justicia así como de incrementar su independencia. Si no se cree oportuno crear nuevas
instituciones, parece que la institución judicial sea la más adecuada para asumir la protección
de los datos personalizados -dado que no tiene fuerza para imponer una tiranía- y al mismo
tiempo estos datos son de gran valor para ejercer la función de investigar delitos y
documentar sentencias.
El sistema informático sólo permitiría el acceso -siempre personalizado- a las bases
de datos de aquellos miembros de la judicatura encargados de un caso que lo requiriera.
Cualquier consulta injustificada, además de ser técnicamente difícil, sería legalmente
castigada.
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Para evitar manipulaciones de la información sería necesario establecer sistemas de
autocontrol que asegurasen la máxima inviolabilidad. Existen diversos sistemas. Uno de los
más usados y seguros es el que funciona con tres redes paralelas de ordenadores que procesan
los mismos datos. Se introduce un altísimo grado de seguridad, sobre todo si el hardware, el
software y los equipos humanos son diferentes e independientes.
Estas tres redes comprobarían al mismo tiempo la ausencia de manipulación de las
tres redes, también altamente inviolables, del procesamiento de datos contables sin
referencias personales, que el centro socializador de la información necesitaría para funciones
económicas.
Todo esto puede parecer muy caro y complicado. Pero, son sistemas que se están
utilizando en la actualidad cuando se pretende asegurar informaciones o controles
estratégicos.
En El País del 12 de marzo de 1986, el coordinador informático del recuento
provisional de votos del referéndum sobre la OTAN explicaba cómo se realiza el proceso:
«En relación al mecanismo informático que permitirá conocer hacia las 22.00 horas los
resultados provisionales, no oculta su satisfacción por considerarlo de una fiabilidad infalible.
(..). los datos, son incorporados cada 15 minutos en el ordenador central -en realidad se trata
de tres ordenadores que funcionan en paralelo por si se produce alguna «caída» del sistema-»
(Antonio Humada).
Para un simple recuento provisional de votos se instalan tres ordenadores para evitar
la «caída» -el error, la manipulación- del sistema. Para asegurar la fiabilidad de los datos
macroeconómicos y judiciales...¿no se podría hacer lo mismo?.
Instalar 3 ó 5 redes de procesamiento de datos en paralelo -para asegurar que den los
mismos resultados- es habitual en muchos «sistemas» caros y sofisticados ([Link]. en las naves
espaciales y en los submarinos atómicos). ¿Por qué ha de ser considerado caro instalarlas en
aspectos tan estratégicos como el sistema económico o el judicial?.
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- la toma de conciencia popular de los resultados de las acciones de los diversos agentes del
mercado;
- la superación del dirigismo irresponsable de la economía por parte de las empresas o del
Estado, con el consiguiente despilfarro de recursos;
- el equilibrio automático entre masa monetaria activada y el valor de las mercancías
vendidas y, por lo tanto, control de la inflación-deflación monetarias;
- la captación de los excedentes reales, equilibradores y potenciales de cara a su distribución
solidaria, vía salarios comunitarios, entre la población y como sistema para
desmercantilizar y desestatalizar las funciones y actividades «comunitarias»;
- la mejora, en la equidad y simplificación, de los burocráticos y disfuncionales sistemas
fiscales actuales.
...
Los efectos previsibles de las tres medidas serían: la total documentación,
responsabilización y clarificación de todos los actos mercantiles y sociales, a través de su
componente monetario -siempre bajo la protección de una Justicia independiente-.
La sociedad podría disponer de estas técnicas concretas para luchar contra la
formación de poderes ilegítimos sin, no obstante, coartar la legítima libertad de cada persona
en el marco de las mínimas normas establecidas.
Sería ingenuo pretender que éste podría ser el paso definitivo para conseguir la
desaparición de los poderes fácticos, del juego sucio y de la corrupción monetaria ya que
siempre es posible, a causa de la inagotable capacidad e inventiva humanas, inventar nuevas
y más sutiles formas de dominación. Pero, esto no ha de ser un impedimento para considerar
que la implantación de estas medidas no pudiera representar un progreso muy importante
para hacer instrumentalmente imposible gran parte del juego sucio practicado hasta ahora
desde hace 4500 años.
A partir de estas medidas, en gran parte instrumentales, podríamos poner las bases
para construir unas reglas de juego social, con la esperanza fundamentada de que no se
reducirían, una vez más, a «papel mojado»; podríamos empezar a poner las bases de un más
auténtico Estado de derecho.
***
La aplicación de estas tres medidas se tendría que realizar con muchas precauciones,
tanto en los aspectos sociales como en los técnicos. Se debería estudiar muy bien la
viabilidad y las dificultades especiales para aplicar las condiciones de un uso democrático y
coherente del dinero electrónico. A título de ejemplo, se podría ver:
¿Cómo y en qué plazo se convierten los actuales medios de pago en el nuevo? ¿qué pasa con
las divisas y, en especial, cómo se convierten y quién las detiene?.
¿Cómo preparar el software, hardware y el equipo humano suficientes y cómo poder disponer
de él?.
¿Cómo concretar la creación del arancel de mercancías legales y cómo someter a decisión
política la legalidad o ilegalidad de determinados productos (armas, drogas, tóxicos
industriales) o de servicios (si deben pasar a ser servicios comunitarios-liberales)?.
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¿Cómo incorporar al mercado o a los servicios comunitarios las empresas o personas que
viven gracias a ilegalidades actuales (prostitución, tráficos..)?.
¿Cómo crear los centros de socialización de la contabilidad general (por sectores productivos,
por territorios, globales...)?.
Para terminar este polémico tema, unas sugerentes palabras de Isaac Asimov:
«Reducir los abusos beneficia, al fin y al cabo,a todos. Los ordenadores pueden
proporcionar las técnicas necesarias para controlar, con mucha mas eficacia que nunca en la
historia, los abusos incluso de los propios ordenadores.
Pero si los ordenadores vigilan a los ordenadores, ¿quién vigila a los vigilantes?. La
cuestión no es nueva y tiene solución. Cada guardián no pierde de vista (de vista electrónica,
claro) a los otros. En un sistema de gobierno democrático esto se denomina «separación de
poderes».
¿Qué otras benedicciones nos traerá la automatización? Uno de los sueños es un
mundo sin dinero.
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¿El cómputo electrónico automático de los haberes personales actualizado después de
cada transacción?.
Imaginemos que cada uno tuviese un dispositivo sintonizado con sus huellas
digitales... Mediante una operación preestablecida el dispositivo nos daría el estado exacto de
nuestra cuenta corriente, la cantidad disponible para nuestras transacciones.
Cualquier transacción imaginable -ingresos por sueldo, inversiones, gastos, desde la
compra de un diario a la renta de acciones- solamente quedaría legalizada cuando los
dispositivos de todas las partes que intervinieran en la transacción fuesen introducidos en un
terminal de ordenador que transferiría los importes (en impulsos electrónicos) de una tarjeta a
otra. Obtendríamos una procesión inacabable de cheques firmados al instante, por valor de
cualquier cantidad inferior al líquido disponible.
La Administración podría descontar automáticamente los impuestos sobre cualquier
transacción, en proporción a su importe y al nivel de renta del sujeto que recibe el dinero.
El concepto de riqueza perdería importancia en una sociedad como ésta en la que no
circulase el metálico, porque el dinero sería menos visible. Y esto sería más cierto si la
sociedad del siglo XXI encontrase alguna manera lógica de mitigar, al menos parcialmente,
la desigualdad en la distribución de la riqueza; en una sociedad sin dinero sería menos
doloroso pagar los impuestos, porque las transacciones nunca se harían visibles.
¿Abusos? Disminuirían, porque el fraude fiscal y la estafa serían más difíciles. Gran
parte de la inhumanidad del ordenador es que, una vez que está programado y funciona
correctamente no admite intromisiones en su comportamiento122».
122Isaac Asimov (1984), ¿Quién necesita dinero? «Muy Interesante», número 41, 1984.
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Capítulo 19. Imaginemos que...
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2. Justicia independiente, abierta, documentada y gratuita.
3. Mercado libre pero documentalmente responsabilizado.
4. Servicios comunitarios libres y gratuitos.
5. Economía auto-equilibrada, ecológica e informativa.
6. Libre federación política y confederación cívica de las etnias que forman la
sociedad geopolítica.
7. Relaciones exteriores equilibradas e interdependientes
***
1. Responsabilización y nueva organización de las instituciones de gobierno: político, judicial
y cívico.
Las instituciones y los cargos públicos tienen tendencia a convertir su responsabilidad
de servicio en irresponsabilidad de poder. La teoría política surgida de la Revolución
Francesa ha consagrado unos principios democráticos formales (independencia entre
Ejecutivo, Legislativo y Judicial; sufragio universal...) pero no se ha ocupado de cómo
asegurar su cumplimiento. Carente de sistemas de responsabilización, la función pública cae
fácil e impunemente en la prevaricación y el despotismo ilustrado: democracia formal-oficial
y poderes reales-no oficiales.
A pesar de los doscientos años de proclamación de las libertades democráticas, éstas,
incluso a nivel formal, se han mantenido muy poco en vigor de una forma plena:
restauraciones monárquicas, despotismos ejecutivos, limitaciones de voto, de asociación y de
expresión... Podemos afirmar que, salvo algunos pocos Estados y algunos pocos períodos, el
legado de la Revolución Francesa aún está por concretar a nivel formal y mucho más a nivel
real. ¿Por qué?.
Antes de exponer posibles caminos para profundizar en la democracia, una cuestión
previa: es necesario ubicar las siguientes propuestas en un marco en que la socialización de la
información contable monetaria y la redistribución automática de dinero para financiar las
necesidades culturales, asistenciales y de autogobierno territorial, pudieran evitar las
inacabables disputas sobre la financiación de dichas actividades. Podrían resolverse la
mayoría de conflictos, entre el Estado y el resto de instituciones (culturales y territoriales),
provocados por la falta de claridad en las cuentas, gracias a procedimientos automáticos fuera
de toda discusión. De esta manera la centralización contable ofrecería una información
socializada que podría favorecer la descentralización del Gobierno.
Para que los cargos de mando social no se transformen en poder contra las personas
sería preciso emprender un conjunto de medidas «antipoder», que favorecieran una libre
responsabilidad del mando. Algunas de las medidas que podrían ser factibles, para desarrollar
con más rigor la teoría política democrática y hacerla realmente más operativa, serían:
* Distinción radical entre las funciones y los sistemas de elección de los legislativos,
ejecutivos y judiciales en todos los niveles de la sociedad.
Asegurar la independencia entre el ejecutivo y el legislativo permitiría evitar la
formación de «parlamentarismos ejecutivos» -que gobiernan por decreto-ley-,
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procedimiento característico de cualquier dictadura. Asegurar la
independencia entre el Estado (Ejecutivo y Legislativo) y la Justicia facilitaría
a ésta la defensa del Estado de derecho.
* Igualdad de financiamiento común y de espacios publicitarios para todas las
candidaturas en cualquier elección. Imposibilidad de financiación privada debido al hecho de
que los candidatos pasarían al Estatuto Comunitario y solamente podrían recibir financiación
comunitaria. Candidaturas con listas abiertas, de las que se votarían personas que asumiesen
programas y compromisos concretos y que estarían libres de la disciplina de voto.
La igualdad de oportunidades para todas las opciones y el sistema de representación
proporcional permitiría la influencia de las minorías (semilla de
transformaciones futuras). La financiación comunitaria podría evitar la
influencia de grupos de presión que «compran» votos bajo forma de créditos
bancarios o donaciones para las campañas electorales. Las listas abiertas
facilitarían el poder pedir responsabilidades personales a los elegidos, en
quien los electores han depositado su confianza.
* Responsabilización documentada ante la Justicia independiente de todos los actos de
mando público al finalizar el mandato legal.
Se ha de intentar que todo «responsable público» lo sea realmente ante la Justicia y
ésta solamente puede actuar si dispone de documentación de las decisiones
tomadas. La inmunidad política durante el mandato debe contrastar con una
total claridad al acabarlo. Se ha de evitar que solamente sean «Dios y la
historia» quienes juzguen la «responsabilidad» de los gobernantes. Por
ejemplo, se ha de impedir que los cargos públicos ocupen, al acabar su
mandato, como a menudo sucede, los consejos de administración de las
empresas a las que han hecho favores. La declaración de todos los bienes de
los cargos públicos al tomar posesión del mandato y la auditoría al acabar,
también son sistemas de clarificación y responsabilización, que podrían llegar
a ser casi automáticos
* Limitación de las reelecciones continuadas con sistemas adecuados diferentes para los
ejecutivos y para los legislativos.
La posibilidad actual de reelección «profesionaliza» la política y aumenta las
posibilidades de convertirla en poder; dificulta la participación activa de más
ciudadanos que no están nunca «preparados» para ejercer cargos públicos.
* Reducción de todas las competencias que el Estado ha usurpado y traspaso de éstas a
la sociedad civil (barrios, municipios, comarcas, etnias... empresas utilitarias... entidades
comunitarias...) para su ejercicio libre, independiente y arraigado en la ciudadanía.
La reducción de las funciones del estatismo actual es fundamental para evitar la
reproducción de estructuras de poder burocráticas. El estatismo asistencial
tendría que ser suplido por la responsabilización de los ciudadanos y sus
instituciones de base que, confederativamente, asumiesen la libre y plural
gestión de los servicios comunitarios (sanidad, educación, información, artes,
autogobierno,...) y de la actividad productiva (empresa, iniciativa, inversión,
trabajo, innovación...) según el principio de subsidiariedad (cada nivel asume
lo que puede)
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2. Justicia independiente, abierta, documentada y gratuita
La mayoría de teorías políticas reconocen formalmente la necesidad de una Justicia
independiente. En la práctica, sin embargo, el Estado o los poderes fácticos han buscado los
medios para que esta independencia solamente sea aparente, mediatizándola y
condicionándola. La independencia de la Justicia es un tema complejo. Para que esta
independencia no sea una excusa para formar poderes corporativistas cerrados, de
perpetuación de castas dominantes... se necesitarían un conjunto de medidas como las
siguientes:
* Supresión del sistema de oposiciones y numerus clausus para acceder al cuerpo de
jueces.
Por ejemplo: todo jurista con 6 años de ejercicio podría inscribirse gratuitamente en la
escuela de jueces (La Ley Orgánica contempla este procedimiento de acceso
pero sólo para un tercio de las plazas). Al acabar haría de «pasante» durante
tres años con un juez que el candidato escogiera libremente. Si el juez -bajo su
responsabilidad y prestigio público- le diera el visto bueno, el pasante
quedaría nombrado automáticamente juez y empezaría a ejercer en cualquiera
de las plazas vacantes existentes para mejorar el servicio judicial, según las
prioridades del presupuesto de la Justicia. «Un país con 100.000 jueces y
10.000 policías podría ser, posiblemente, más libre y solidario que un país con
100.000 policías y 10.000 jueces» -¿Qué podemos esperar si en España se
mantienen más de 100.000 policías y solamente hay 2.000 jueces?-.
* Colegios de jueces abiertos, con responsabilidad de nombramiento sin ninguna
intervención del Estado.
El corporativismo cerrado favorece la constitución de poderes fácticos. Con estas
propuestas, las corporaciones de jueces romperían su estructura cerrada y
clasista -pasar de 2.000 a 6.000 o 10.000 jueces cambiaría la magistratura
también cualitativamente. Los cuerpos de profesionales abiertos, con
auto-disciplina entre los colegas de cada categoría profesional, y el ánimo de
prestigio, honestidad y eficacia de la institución judicial -dotada de
documentación exacta y exhaustiva para fundamentar sus sentencias y
impedida de la posibilidad de soborno-, son elementos importantísimos para
autorresponsabilizar a la Justicia en el nombramiento y destitución de los
jueces
* La financiación de la Justicia con un sistema diferente del condicionante presupuesto
del Ministerio de Justicia (Ministerio evidentemente sobrante) es una condición sine qua non
para su libre gestión y total gratuidad.
Por ejemplo, un tanto por ciento fijado constitucionalmente, -del PIB o sobre los
presupuestos generales del Estado- administrado con claridad contable por los
Colegios de Jueces, podría garantizar una libre y eficaz actuación judicial
contra cualquier ingerencia o intento de ahogarla por falta de presupuesto. La
existencia de un ministerio de Justicia y de unos presupuestos
gubernamentales para la Justicia atenta contra la proclamada necesaria
independencia de esta institución.
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* La agilización de los trámites judiciales no necesita solamente un mayor número de
jueces sino su especialización diversificada por temas y por territorios.
Por ejemplo: cada juez de instrucción, en su nivel territorial, llevaría un único caso
hasta su resolución. Las especialidades judiciales existentes, y las que tendrían
que crearse en un mundo tan complejo como el actual (penal, civil, política,
médica, mercantil...), permitirían una actuación mucho más ajustada para
resolver conflictos específicos de cada grupo social. La extensión judicial a
todos los niveles territoriales (barrio, municipio, comarca, etnia, interetnia...)
permitiría resolver en cada nivel muchos conflictos que hoy se amontonan en
salas provinciales o estatales.
* Con la supresión de la moneda anónima las posibilidades de abuso de la Justicia
quedan, instrumental y prácticamente, muy reducidas. Con la moneda informativa y
personalizada la Justicia -que protege, contra cualquier ingerencia, las bases de datos
monetarias- dispone, al mismo tiempo, de una información exhaustiva y exacta para
documentar -cuando se precise públicamente- muchas de sus sentencias.
La desconfianza que la Justicia genera hoy entre la población es inmensa porque los
escándalos de sobornos, la falta de medios y la arbitrariedad de las sentencias
-por falta de pruebas concluyentes- son diarios.
* Los sistemas de registro audio-visual y de auto-control telemático actuales permiten
resolver en gran parte la famosa cuestión de «¿quién controla al controlador? ¿quién controla
a la Justicia?».
Entre otros medios, la instalación de tres sistemas informáticos, -cada uno con
máquinas, programas y equipos humanos diferentes- que procesen la
información monetaria independiente y simultáneamente, impediría -con un
alto grado de probabilidad estadística- toda clase de manipulación de la
información y garantizaría una total inviolabilidad de la intimidad y la
privacidad de los ciudadanos. El registro audio-visual de los actos judiciales
facilitaría la denuncia de arbitrariedades judiciales y la revisión de las
sentencias en la jurisdicción superior.
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mercado y para el enriquecimiento de los productores (empresarios, trabajadores, inversores
e inventores). La producción es previa al consumo y a la inversión. Pero, generar capacidad
de consumo (poder de compra) y de inversión (créditos) permite continuar produciendo más
y mejor.
El «mercado libre» ha sido la tapadera de toda clase de juegos sucios. La «supresión
del mercado por decreto» ha sido, sin embargo, la tapadera de la ineptitud y de la ineficacia
productiva. El mercado es un invento humano muy antiguo y útil. Aunque se prohíba, tarde o
temprano, vuelve a resurgir bajo forma de «mercado negro», camuflado oficialmente bajo el
nombre «de economía mixta socialista». El problema no es mercado sí o mercado no, sino
libertinaje mercantil o mercado responsabilizado. Sería necesario redefinir unas reglas de
juego mercantiles que favoreciesen libertades concretas responsabilizadas. Estas reglas de
juego podrían tener en cuenta, entre otros, los siguientes elementos:
* Un sistema monetario telemático único, como sistema de compraventa que permitiese
la libertad, pero documentalmente responsabilizada; que facilitase una total información para
orientar debidamente las inversiones y la producción de los libres inversores, empresarios,
inventores y trabajadores; que abriese un camino para hacer innecesaria la planificación
estatista y que aportase elementos para superar las crisis mercantilistas.
La oscuridad informativa del mercado actual no favorece precisamente la libertad
responsabilizada de los agentes del mercado (productores y consumidores).
Esta oscuridad informativa, fundada sobre un sistema monetario irracional y
desinformativo, no permite saber qué se produce ni qué se consume realmente
y, por tanto, impide una actuación libre para restablecer los desequilibrios
constantes que se generan.
* La libre competencia e iniciativa privada podría favorecer la producción y venta de
mercancías en la medida que dispusiera de medios para que esta libertad mercantil no se
transformase en licencia favorecedora del juego sucio de los monopolios y los oligopolios.
La documentación de cada acto de compraventa; la socialización comprensible y
gratuita de toda la información monetaria-mercantil; el establecimiento de
precios mínimos antidumping; la supresión de la publicidad por empresa; la
libre contratación y descontratación; el establecimiento de un salario
indefinido de paro forzoso; la promoción comunitaria del ahorro; la supresión
de todas las cuotas de seguridad social y de los impuestos sobre la producción
o la renta; la mejora de la seguridad ciudadana con la imposibilidad
instrumental de fraudes, estafas, impagados, robos y atracos... son medidas
que podrían favorecer un mercado más libre y responsable que el actual.
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* Sería necesaria la desmercantilización y desestatización de las profesiones e
instituciones comunitarias para ponerlas al servicio gratuito y desinteresado de todas las
personas individuales, nacionales y colectivas.
Para conseguir esta gratuidad de los servicios, favoreciendo el libre ejercicio de los
profesionales y la libertad de elección del «cliente» o del '«usuario», haría
falta dotar al estatuto comunitario de una financiación comunitaria que
permitiese el libre ejercicio con los equipamientos necesarios. La lucha entre
público y privado -medicina, enseñanza, Justicia, medios de comunicación,
investigación... es un engaño que atenta contra la libertad de cátedra
(profesores), de expresión (informadores) y de creación (artistas) y contra la
libre elección por parte de los «clientes» o usuarios de los servicios. En
definitiva, es una lucha entre dos intereses privados: los poderes privados
oficiales y los poderes privados fácticos.
* El sistema de acceso a cualquier profesión comunitaria y el sistema de
funcionamiento de cualquier institución comunitaria podrían ser parecidos a los planteados
anteriormente sobre la Justicia.
Supresión de oposiciones y de concursos, acceso directo después de estudios y
pasantía sin numerus clausus, financiación comunitaria, gratuidad total de los
servicios, limitación de ejercicio profesional fuera del estatuto comunitario,
incompatibilidad con cualquier trabajo y remuneración mercantil...
* En principio, el estatuto comunitario estaría abierto a todas aquellas profesiones e
instituciones que desde siempre se han autoproclamado altruistas y desinteresadas, es decir,
según sus respectivas deontologías, sin ánimo de lucro y al servicio incondicional de
cualquier persona que solicite su servicio de tipo asistencial, cultural, etc. El estatuto
comunitario incluiría, en primer lugar, a todas las personas e instituciones dedicadas a la
gestión pública (políticos y funcionarios). También podrían acogerse a él las entidades y
asociaciones no lucrativas (deportivas, culturales, sindicales, políticas,...) así como la
mayoría de profesionales e instituciones que hoy se encuentran en litigio entre público y
privado en el campo de la medicina y salud, educación e información, investigación,
asistencia...; también los profesionales del campo de la cultura y las artes (escritores,
artistas...) y de las comunidades religiosas.
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simultáneamente, cobrar por trabajos o negocios mercantiles.
* La masa de dinero necesaria para financiar a los acogidos al estatuto comunitario se
podría obtener en gran parte con la creación comunitaria de dinero (ahora esta creación es
principalmente bancaria privada). Así el dinero para servicios públicos no tendrían que salir
solamente de los impuestos ni de emisiones de deuda pública. Ésta es una de las posibilidades
que un sistema monetario informativo puede ofrecer: saber qué cantidad de valor monetario
se ha de inventar y distribuirlo para que la producción pueda ser consumida.
Para comprender la dinámica del Estatuto comunitario se debe remarcar algo muy
importante. El sector comunitario no produce bienes directamente
imprescindibles para la supervivencia. Podemos decir que es un añadido, muy
humano, específicamente humano, muy importante, pero un añadido al
realmente básico mundo de la producción de bienes «materiales» para vivir.
El mercado es el motor creador de riqueza y de bienes. Sus excedentes de
consumo permiten que todos los que no producen bienes «materiales» puedan
consumirlos y, por tanto, que puedan ser financiados para que los adquieran.
Si la producción de bienes de consumo decrece, la retribución de los acogidos
al estatuto comunitario descenderá con el tiempo, inevitablemente. Esto los
incentivará para ayudar a producir más o mejor, o bien directamente
(incorporándose al mercado), o bien indirectamente (mejorando la educación,
la salud, la investigación, los servicios, la información, la política...).
* Para hacer viable esta dinámica, todo aquel que percibiera salarios o asignaciones
comunitarias tendría adjudicado un número de «puntos» comunitarios. La suma total de
puntos adjudicados en relación a la masa monetaria comunitaria daría el valor monetario del
punto que podría oscilar, según el valor de la producción de consumo, de un lado, y según el
número de puntos totales adjudicados, del otro.
Se establecería así un mecanismo de feed-back, de autorregulación, que podría ser un
buen sistema para evitar la burocracia de los servicios públicos. La
competencia, que mejora el servicio, se daría en el conjunto de las profesiones
liberales, debido a este mecanismo de autorregulación -oscilación de los
sueldos en función del valor de los puntos- y también se daría en el seno de
cada categoría profesional al estimular el incremento de sueldo y/o de
categoría. Así, en este último caso, para incentivar el trabajo bien hecho en el
interior del sector comunitario se podría establecer que cada «categoría
profesional» comunitaria votase anualmente un tanto por ciento de
compañeros para que ascendiesen de categoría profesional desde el punto de
vista del sueldo, aunque no tuviesen la preparación -o no se necesitasen plazas
para cubrir- para acceder a ellas desde el punto de vista de la práctica
profesional.
* Cualquier profesional comunitario podría pasarse al mercado y viceversa, pero con un
cierto tiempo de espera y de medidas cautelares, aplicables según los casos.
La distinción entre los dos estatutos permitiría también la creación de un estatuto
mixto (mercantil-comunitario) que favoreciera o bien la artesanía, o bien ciertas obras y
servicios de interés general que necesitan precios políticos, pero a los que les falta la ayuda
de capital privado para llevarlos a cabo.
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Una aplicación cotidiana de la distinción entre el Sector Mercantil y el Sector
Comunitario plantearía, evidentemente, una serie de interrogantes y objeciones tanto en
relación a los criterios de distinción, como respecto al proceso de implantación gradual y por
sectores. El estudio de estos interrogantes no corresponde, sin embargo, al nivel de
exposición esquemática que estamos realizando.
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es decir, de un sistema económico que permita unas libertades y solidaridades concretas para
todas las personas también en el aspecto mercantil.
* La primera libertad y solidaridad social es la de tener derecho al consumo, es decir, a
disponer de un dinero para comprar lo necesario para la existencia. Sin capacidad de
consumir este mínimo existencial, y sin unos servicios culturales-comunitarios gratuitos, la
democracia solamente es para quienes ya disponen de dinero y cultura.
* La posibilidad de repartir dinero a todas las personas por el simple hecho de serlo y
de financiar los servicios comunitarios podría ser viable gracias al sistema monetario que
permitiría la justa invención comunitaria de dinero equilibrador del mercado y una
simplificada recaudación fiscal automática.
* El incremento cuantitativo y cualitativo de bienes de consumo depende de la
capacidad de los agentes de producción para generarlos. Así, sería necesario fortalecer a
quienes producen riqueza privada (trabajadores, empresarios, inversores, inventores) porque
de su capacidad dependería explícitamente la financiación de los acogidos al Estatuto
Comunitario. Cuanta mayor o mejor riqueza privada, mayor o mejor riqueza comunitaria a
redistribuir. Y mejores servicios comunitarios. El bien privado, con este sistema distributivo,
no se contrapondría al bien común, sino que podría potenciarlo vigorosamente y, como
consecuencia, el bien común también favorecería el bien privado.
* La superación de las crisis de inflación-deflación podría ser una de las aportaciones
de un sistema monetario racional: en cada acto de compraventa el valor del cheque
corresponde al de la factura. La velocidad de circulación del dinero quedaría controlada y no
perturbaría el equilibrio económico (relación entre valor de las mercancías ofrecidas y valor
de la demanda monetaria) que llegaría a ser casi automático: existiría la posibilidad de
inventar comunitariamente, en la justa medida, la cantidad de dinero necesaria a cada
incremento del libre valor mercantil de la producción.
* La socialización de la información mercantil, es decir, poner ésta al alcance de toda la
sociedad, abriría la posibilidad de una actuación democrática más inteligente y eficaz tanto
en el mercado como en las finanzas públicas, actuación que permitiría ir más allá de la
«planificación centralista» y de la «malversación mercantilista».
* La necesaria reducción del horario legal de trabajo para hacer frente al desempleo
estructural podría ser financiada con un plan comunitario, que evitase al máximo hacer recaer
su coste en las empresas o en los trabajadores. El trabajo asalariado cada vez tendrá menor
relevancia en el conjunto de la producción y se debe afrontar el desempleo forzoso
replanteando el lema de «el que no trabaje, que no coma» apostando por las ocupaciones
ciudadanas creativas.
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(familias, comunidades de vecinos, barrios..) a los más complejos (municipios, comarcas,
etnias e interetnias históricas). La etnia es una nación con conciencia de tener una cultura,
una ética y, eventualmente, una lengua propias.
* El respeto a las etnias requeriría su libre y negociada adhesión al pacto federal
constitutivo de la sociedad geopolítica que forman, de buen grado o condicionadas por la
situación geoestratégica mundial.
No existen motivos de peso para mantener los anacrónicos Estados-Nación
centralistas, como no sea el de favorecer las concentraciones de poder en
manos de despóticos estatismos. La libre vinculación de cada etnia e interetnia
a un proyecto de sociedad política es uno de los indicadores democráticos más
importantes y es la base para cualquier intento de solución pacificadora de las
relaciones interétnicas. En nuestra realidad más próxima, la construcción de
una Europa de las etnias puede ser un proyecto impulsor de la superación de
las patrioterías de los Estados-Nación incapaces, hasta el momento, de crear
una federación europea superadora de estatismos y para canalizar
positivamente el resurgimiento de las etnias.
* El marco federativo protector, de cara al exterior, de todas las etnias que constituyen
la sociedad geopolítica federal permitiría, también, la libre múltiple confederación interna
entre ellas en todos los niveles territoriales para un gobierno eficaz y libre de cada una.
Los barrios, los municipios, las comarcas, las etnias históricas y sus respectivos
gobiernos autónomos pueden aplicar hoy, con conocimiento de causa, gracias
a la información telemática, el principio de subsidiariedad -cada uno asume
todo lo que puede emprender y se confedera con otros para lo que no puede
emprender solo- y, esto, teniendo en cuenta los diversos factores de conjunto
que intervienen en la solución de un problema. Una información completa y
una financiación equitativa no discutible, permiten esta asunción de
responsabilidades muy interesante para atacar la constitución de poderes
centralistas y para favorecer la real participación ciudadana iniciando el
ejercicio democrático desde la base
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del mundo.
Se trataría de replantear las relaciones a diferentes niveles:
- en lo económico: buscar un equilibrio entre entradas y salidas; dejar de explotar y restituir
-cuando sea necesario-; condonar la deuda externa generada por operaciones
contables de la banca; favorecer el establecimiento de un nuevo sistema monetario
personalizado contra la especulación y la hegemonía del dólar.
- en lo político: potenciar la cooperación, superando los bloques militares y favoreciendo la
libre federación de zonas más amplias.
- en lo cultural: respetar las diferentes culturas y economías, y favorecer el conocimiento
mutuo y el diálogo.
- en lo ecológico: potenciar el equilibrio de los ecosistemas planetarios y reconvertir los
sistemas industriales contaminantes.
Las propuestas que a lo largo del libro se han ido presentando en el aspecto monetario
y mercantil se tienen que aplicar, ahora, en las relaciones interestatales. Para potenciar este
cambio se tendrían que establecer unos principios, unos acuerdos y unos instrumentos que
permitiesen:
* La no circulación en vacío de divisas ni su cotización en bolsa.
El dinero, anotaciones en cuentas corrientes, solamente se podría mover de sociedad a
sociedad, como contrapartida de una compraventa de mercancías -bienes y
servicios- o como poder de compra avanzado -crédito- para adquirirlas; la
moneda del país, por tanto, no sería un objeto cotizable en bolsa, sobre el que
se pueda especular.
* El equilibrio de las balanzas comerciales entre sociedades geopolíticas para evitar la
dependencia de unos y el imperialismo de los otros, para imposibilitar el endeudamiento
exterior irresponsable.
El registro de cada operación comercial con el exterior -compra-venta,
créditos-intereses- permitiría tender al equilibrio entre el valor de las
importaciones y el de las exportaciones. Los derechos de aduana podrían
convertirse en elemento regulador del libre comercio, gravando, sea las
importaciones, sea las exportaciones si se rompiera el equilibrio acordado en
un tratado bilateral o multilateral de comercio exterior. Este equilibrio
obligaría, por ejemplo, a pagar bien las materias primas de los países hasta
ahora explotados porque, de lo contrario, no podrían comprar productos
manufacturados por el mismo valor. Es totalmente absurda la pretensión de
querer mantener la balanza comercial siempre favorable ya que en caso de
conseguirlo quiere decir que otros países la tienen desfavorable. Con este
sistema se limitaría el terrible problema del endeudamiento.
* El establecimiento del valor adquisitivo de cada moneda en función del poder de
compra de alguna determinada mercancía -o de un conjunto de ellas- valor lo más estable
posible, que permita, por una regla de tres, relacionar el valor de esta moneda con las otras
para que el comercio se pudiera realizar equitativamente. Éste podría ser un camino mientras
no se estableciese un sistema monetario racional a nivel internacional.
La aceptación actual del dólar como moneda de pago internacional desequilibra
gravemente el comercio mundial debido a que el dólar -unidad de medida-
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fluctúa en función de intereses muy diversos: que el dólar suba o baje puede
significar el enriquecimiento de unos pocos o la miseria de millones.
* La posibilidad de redistribución mundial de los recursos, especialmente de los
excedentes de producción, gracias a la posibilidad de invención de dinero en función de los
excedentes en el mercado interior que, así, podrían exportarse a países deficitarios sin tener
que destruir los excedentes por miedo a la invendibilidad o a la bajada de precios por debajo
del precio de coste.
Cuando el dinero no es documentalmente racional, su carencia puede impedir a otro
país comprar una determinada mercancía y provocar una pérdida para quien la
ha producido y no la puede vender -en el caso del mercado interior saturado-.
Este círculo infernal, que a nadie beneficia, podría ser estudiado con una
moneda informativa que canalizase la oferta mercantil dotando de poder de
compra al posible comerciante exportador-importador (con créditos) y, al
mismo tiempo, a los posibles consumidores (financiados comunitariamente)
de alguna otra sociedad geopolítica deficitaria de esta mercancía.
Para evitar la inmigración, debida a grandes diferencias de condiciones de vida entre
países, las posibilidades de otorgar créditos a fondo perdido a países en
dificultades, en función de capacidades productivas propias no aprovechadas,
podría ayudar a implementar sistemas monetarios racionales parecidos en
otros lugares. Se debería velar, sin embargo, para evitar que la «cooperación»
no fuese causa de la destrucción de los mercados del país receptor o creadora
de nuevas necesidades artificiales para su cultura.
* La viabilidad de un sistema de cambio de moneda para viajeros extranjeros. Éstos al
llegar al país en cuestión, ingresarían su moneda de origen en una cuenta corriente que
podrían utilizar con la correspondiente tarjeta personalizada. La moneda extranjera guardada
en los bancos serviría para facilitar a los ciudadanos del país la salida al extranjero de viaje.
El movimiento de «divisas» por viajes formaría parte del equilibrio general del comercio
exterior.
***
El conjunto de posibles reglas de juego, expuestas de forma esquemática, pueden no
llegar a dar una idea suficientemente clara de los posibles beneficios que el ciudadano
corriente tendría en la vida cotidiana. Para intentar superar esta dificultad podríamos
imaginar sus repercusiones en un tema complejo como el de la seguridad ciudadana.
La inseguridad ciudadana es hoy la excusa para potenciar el reforzamiento del
estatismo policial. En cambio, no se hace nada para evitar las causas de la pequeña
delincuencia ni para resolver el «terrorismo» siempre tan «rentable» para el poder.
La seguridad ciudadana, con un sistema de moneda telemática personalizada e
informativa, no necesitaría cuerpos policiales, arbitrarios, ineficaces y corruptos. La
personalización de las relaciones monetarias y mercantiles de una parte, y la resolución de los
principales temas de violencia social (la miseria, la pobreza, la marginación, la droga... y la
falta de libertad federativa de las etnias) de la otra, podrían llevar a una reducción drástica de
la violencia social.
La supresión del dinero anónimo impediría la realización práctica de la mayoría de
los delitos por causa del dinero (que son la gran parte). La asignación a cada persona
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(especialmente a los marginados y a los sin trabajo) de salarios comunitarios, juntamente con
la gratuidad de todos los servicios culturales y asistenciales, atacaría de raíz algunas de las
causas de gran parte de la delincuencia actual. Una ayuda especial a las mujeres permitiría a
éstas liberarse más fácilmente de padecer las consecuencias de delitos que hoy casi ni tan
sólo son denunciados (palizas del marido, violaciones...) y despenalizaría hechos que la
legislación actual condena o dificulta (aborto, divorcio,...).
La legalización, controlada por el sistema monetario, del uso y comercio de drogas
(alcohol, tabaco, marihuana, ácidos...) evitaría las mafias de los traficantes y las nocivas
adulteraciones de los productos; y permitiría eliminar el regusto de aventura subversiva y
peligrosa que la prohibición genera. Los adecuados tratamientos de desintoxicación en manos
de profesionales independientes y con medios a su disposición, una información clara sobre
los efectos de las drogas y las posibilidades de desarrollar intereses personales hasta ahora
vetados por falta de medios; parecen sistemas mejores que las persecuciones policiales.
La mayoría de delitos habituales (evasión de divisas, falsificación de documentos,
estafas, chantajes, rehenes, atracos, robos, prostitución, trata de blancas, proxenetismo,
tráfico de drogas, de armas y de obras de arte, soborno de funcionarios, de políticos, de
jueces, asesinatos o todo tipo de estragos por encargo, extorsiones...) necesitan, usan o
buscan el dinero anónimo. Su supresión impediría el uso del cuerpo del delito. Seguramente
surgirían nuevas formas de delincuencia, pero estaría bien que, de momento, consiguiéramos
erradicar en gran parte las causas y los instrumentos de las actuales.
La lucha armada de liberación de clase o de liberación nacional, en del marco de una
sociedad libremente federativa de las etnias que la componen y eficientemente solidaria,
especialmente con los desheredados, quedaría prácticamente sin motivación. Pero, también,
sin posibilidades de ejercerse en régimen de moneda personalizada ya que imposibilitaría las
fuentes de financiación habituales de estas organizaciones (fondos secretos, atracos, impuesto
revolucionario,...) y el tráfico de armas.
Este conjunto de medidas podrían devolver la tranquilidad de pasear sin ser asediado
por mendigos, por atracadores, por colocaciones de bombas, o... por acciones policíacas
antidisturbios.
La función de la policía sería de velar por el respeto a las reglas de juego
constitucional y a las normas de convivencia de cada comunidad étnica. Los policías podrían
ir, normalmente, desarmados. El cumplimiento de las reglas de juego constitucional no
dependería tanto de la represión -siempre ineficaz a la larga- como de la asunción de la
responsabilidad documentada de los actos libres de las personas ante la Justicia que
dispondría, para investigar o sentenciar un caso, de dicha documentación. En la medida en
que la flexibilidad de las instituciones democráticas fuese real se permitiría expresar con gran
facilidad la voz de las minorías, sin que estuviesen condenadas a recurrir a la violencia.
***
Hasta aquí algunas reglas de juego, que de una u otra manera, podrían servir para
implantar y aprovechar la moneda informativa y personalizada. Es fácil comprender que sólo
son indicaciones para un estudio más profundo. Explicar temas complejos e interconectados
de forma simple y lineal siempre es un riesgo. Pero no explicarlos puede dificultar el ver la
conexión entre el cambio monetario propuesto y los posibles nuevos escenarios de cambio
social.
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Capítulo 20. Cambiar la llave para abrir la puerta.
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salidas para su expansión «pacífica». De hecho, indirectamente, el Tribunal Permanente de
los Pueblos reunido en Berlín en 1988, ofrecía una solución en este sentido. Después de
denunciar al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional como los principales
responsables del endeudamiento de la mayoría de los Estados no occidentales, el Tribunal
proponía que «se recorte el gasto militar anual en un 20% y que este ahorro se utilice para
cancelar la deuda del Tercer Mundo. Esto eliminaría la deuda en 5 o 6 años» ya que es
necesario «darse cuenta de que la deuda del Tercer Mundo es ligeramente superior al billón
de dólares y que el gasto actual por temas militares en un año es aproximadamente el
mismo123».
Toda esta situación tan compleja -aumentada por el impacto de los medios de
información de masas- provoca al mismo tiempo la alarma entre la población y la parálisis de
los políticos de los Estados y de los organismos internacionales. Sin embargo, estamos
descubriendo que muchos de los grandes problemas que nos afectan serán irreversibles en los
próximos decenios si todo continúa igual, es decir, si no tomamos decisiones conscientes. Y
las catástrofes no solamente afectarán a los pobres, como hasta ahora, los ricos también
sufrirán las consecuencias.
Parece que la democracia formal actual no está diseñada, ni está a punto, para afrontar
problemas complejos ni cambios vertiginosos y permanentes. Las instituciones políticas
democráticas están demostrando que no saben o no pueden tomar decisiones, ni urgentes ni a
largo plazo. Como dice el profesor de Harvard, Daniel Bell, «los Estados-Nación son
demasiado pequeños para hacer frente a los grandes problemas y demasiado grandes para los
problemas pequeños». Los políticos -con los parlamentos- están condicionados por los votos
de los ciudadanos que no siempre están informados de la gravedad de la situación o que no
quieren perder privilegios. Pero, los políticos también están condicionados por la
financiación de las campañas electorales. Los bancos y las empresas son los principales
financiadores (legales o ilegales) de los partidos. Los poderes fácticos -gracias en gran parte
al anonimato del dinero- son los que, en última instancia ponen condiciones a la toma de
decisiones vía financiación de los partidos, vía soborno de políticos, jueces y funcionarios y
vía control de los medios de información de masas (y, por tanto, a la toma de conciencia de
la población).
Los Estados, con los instrumentos de que disponen, están incapacitados para
protegerse de la estrategia supranacional de los grandes bancos que dictan el orden
económico internacional (dictadura financiera), dominan cada vez más las mismas empresas
transnacionales y se sirven de los cargos públicos de los Estados y de los Organismos
Internacionales para implantar la política económica conveniente a sus intereses. «Las
corporaciones han empezado a ser dominadas por los magos de las finanzas que saben muy
poco de producción, pero que lo saben todo sobre estrategias... financieras124».
El llamado «mercado libre» -panacea de la autorregulación- no existe prácticamente
en ninguna parte, ni dentro de los Estados-Nación ni en el comercio mundial. Los
monopolios, los oligopolios y la intervención pública copan casi todos los mercados
estratégicos o más rentables. Y detrás de todos ellos «ayudados por la revolución de las
123Tribunal Permanent dels Pobles, About the policies of the IMF and the WB, Berlin Occidental, 1988.
124Wachtel, Howard M., The Money Mandarins, Pantheon Books, Nova York, 1986 página 3.
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tecnologías de la información y de las comunicaciones, los banqueros privados presiden hoy
una red integrada de finanzas globales» (íd: pág. 3) que domina todos los mercados
-oligopolísticos, monopolísticos y de competencia imperfecta. Incluso, el mercado de las
ideas, de la información y de la política forma parte de esta red.
Todas las propuestas a favor de un Nuevo Orden Económico Internacional, de la
mejora del nivel y de la calidad de vida de la población empobrecida, de la defensa del medio
ambiente...no solamente han de pasar por la criba de los intereses electoralistas de los
parlamentos de los Estados y por la criba de los medios «de información» de masas, sino por
el derecho de veto (antidemocrático) de las Naciones Unidas, y sobre todo, por el derecho de
veto del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial (sindicatos patronales de los
«Money Mandarins»). Estos Mandarines del Dinero, motivados por los beneficios a corto
plazo, están creando, sin ninguna legitimización democrática, un orden económico
supranacional que influye en la vida del planeta y que cierra las puertas a los cambios que
convendría emprender.
La hipótesis central que se ha expuesto en el libro es la siguiente: las bases de la
democracia -Estado de derecho y justicia social- han sido, son y serán sólo formales -no
reales- para la mayoría de la población mientras el tipo de moneda permita actuar
impunemente a los poderes fácticos e imposibilite una mejora radical de la ciencia económica
y de su eficacia práctica. Modificar el tipo de instrumento monetario parece, pues, una
condición necesaria -aunque no suficiente- para que se puedan tomar democráticamente las
decisiones precisas. Dicho de otra manera: mientras exista un tipo de moneda anónima y
desinformativa, los cambios políticos serán aparentes, sin demasiado impacto en los hechos
más importantes, porque siempre habrá alguien que, con dinero suficiente, impedirá la toma
de decisión correcta o disminuirá la eficacia en el caso de que llegue a producirse.
Un cambio del tipo de moneda podría crear condiciones para superar estos bloqueos y
abrir las puertas a decisiones democráticas. Sin pedir un cambio de ideología ni de fe, sin
atacar aquello que cada sociedad considera bueno, se propone sólo un acuerdo sobre la
modificación de un instrumento que permita responsabilizar, optimizar y modificar las reglas
de juego que cada sociedad establece.
Los cambios de instrumentos son mucho menos violentos que los cambios de
costumbres impuestos. «La astucia del cambio de hora nos muestra cómo resulta muy fácil
conseguir que todo el mundo se levante cada día una hora antes declarando que, a partir de
tal día, cuando sean las 6 hora solar, todos han de interpretar que ya son las 7. Sin duda, para
poder conseguir el mismo objetivo por vía directa o por coacción, habría sido necesario
dictar muchos reglamentos, promover muchos cambios horarios, montar una gran red de
vigilantes... Y, lo que es más molesto, tener que aguantar muchas protestas y, quién sabe,
quizás tener que enfrentarse a alguna revuelta promovida por la gente a quien no apetece
levantarse temprano125». Esta es la gracia de los cambios instrumentales, cambios que todos
los gobiernos practican continuamente en política económica, con total legalidad.
No siempre los cambios son necesarios. Pero, incluso cuando lo son, no siempre son
posibles. La inercia, la ignorancia o los intereses creados bloquean a menudo los cambios. En
momentos de crisis, quienes tienen interés en mantener la situación de privilegio fomentan la
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sensación de que todo va bien, que no puede existir nada mejor, que la condición humana es
así y que no hay nada que hacer, que no existe nada perfecto y que es peligroso apostar por
una nueva situación.
Sólo cuando la crisis es suficientemente fuerte se ve la necesidad, apresuradamente,
de buscar otros caminos. Pero a veces, debido a la intensidad de la crisis se pierde la
capacidad de buscarlos justo cuando más falta hacen. La propia crisis nos perturba y nos
lleva a caminos hollados sin salida o a la parálisis.
Lo expuesto hasta aquí quiere al mismo tiempo ayudar a desvelar la necesidad del
cambio y a facilitarlo en una determinada dirección. El cambio por el cambio es tan absurdo
como la tradición por la tradición. La dirección es importante y, a veces, se ha mostrado
errónea. Pero el cómo ir hacia él, no es menos importante, y a veces, por no saberlo, se ha
perdido hasta la dirección. Dicho de otra manera, se propone un instrumento para intentar
superar uno de los problemas comunes a las revoluciones históricas: que todo cambia, pero
que el poder de unos pocos continúa.
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Resumen: las veinte tesis.
2. Con ella, en ella o por ella, las relaciones entre individuos, naciones y sociedades
aumentan o disminuyen, se equilibran o se desequilibran, llegan a ser justas o se corrompen.
8. Estas características instrumentales facilitan toda clase de delitos y crímenes con, en o por
ella; imposibilitan un sistema métrico e informativo (multicaptador) de todos los datos
significativos de cada acto de compraventa; y, por tanto, impiden contrastar
experimentalmente las teorías económicas.
10. Pero la moneda puede ser (y posiblemente ha sido durante 7.000, años al alba de las
civilizaciones del Asia occidental) un instrumento con unas características radicalmente
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diferentes: personalización, diversificación y inamovilidad.
15. La hipótesis que se considera más viable y positiva es la segunda: esta opción se
convierte en una posibilidad y una necesidad inmediata (para salir de la «historia oficial»
iniciada con la moneda anónima, la escritura, la corrupción y el imperialismo) con la
esperanza de que ayude a caminar hacia la primera opción (desmonetización y
desmercantilización) en otro estado histórico de momento no probable a medio plazo.
16. El tema clave para defender la segunda hipótesis -modificar el sistema monetario- es ver
la viabilidad de su aplicación práctica y valorar sus peligros y sus posibilidades.
17. El uso del dinero electrónico, aquí y ahora, está siendo un medio de dominio y de control
sobre el pueblo (no protección de la intimidad, peligro de represión policial, fiscalidad
fácticamente arbitraria...). De nuevo se nos presentan tres opciones: 1ª Negar radicalmente
cualquier uso del dinero electrónico; 2ª Proponer un uso con garantías o 3ª Obviar el tema.
18. La hipótesis que se muestra más adecuada es la segunda y, para concretarla, se propone:
1º. La supresión de todo dinero anónimo (único sistema de dinero electrónico para todos,
ricos y pobres, gobernantes y gobernados); 2º. La protección de los datos personales (con
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único acceso del propio interesado y de una Justicia independiente en caso de documentar
una sentencia); 3º. La socialización de los datos contables para superar la planificación
centralista y la «mano invisible» mercantilista; para equilibrar la masa monetaria y evitar la
inflación-deflación; para redistribuir el excedente solidariamente y mejorar/superar los
sistemas fiscales.
19. El dinero electrónico debidamente acotado puede llegar a ser un instrumento, al mismo
tiempo, de responsabilización documentada y de libertad de acción, de solidaridad social
(socialismo) y de libertad personal (democracia), de creación de riqueza y de redistribución
de los excedentes; de separación y libre elección personal entre actividades mercantiles
(ánimo lucrativo) y actividades comunitarias-liberales (sin ánimo lucrativo), de
centralización informativa (visión global) y descentralización de acción (individuos,
comunidades, barrios, municipios, comarcas, naciones, empresas, entidades... libremente
confederados según el principio de subsidiariedad), de cuantificación de los materiales y
energías disipados o degradados y de recaudación de fondos para su protección o sustitución.
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Epílogo: el cambio del cambio.
«Esto no lleva a ninguna parte. Todos los cambios de modelos fracasan. ¿Para qué
malgastar tanta tinta y papel?».
Cansados de intentar «cambiarlo todo para descubrir que nada cambia», como en el
proceso de la transición española o como en el hallazgo de que el «socialismo es el camino
más largo para ir al capitalismo», estamos tentados, y así lo muestran la teoría y la praxis
«política» contemporáneas, a aceptar las cosas tal como son, con el fatalismo histórico que
esto comporta, fatalismo impropio de occidentales que continuamos con la pretensión de
«dominar» la naturaleza.
«La historia ofrece una enorme lista de revoluciones, cuyos resultados fueron, en gran
medida, condiciones idénticas a las que la revolución se proponía superar y sustituir por un
mundo feliz». «Las mentes más sobrias pueden llegar a la triste conclusión siguiente:
'Probablemente habríamos hecho mejor dejando las cosas tal como estaban126'». «Una cosa es
advertir... el cambio de algo en su contrario, pero resulta muy difícil... darse cuenta de que
este cambio no representa tal cambio dentro de la pauta general. Gran parte de los conflictos
humanos y muchas soluciones engendradoras de conflictos son debidas a tal ceguera127».
«Un sistema que pase por todos sus cambios internos posibles sin que se verifique en
él un cambio sistémico puede considerarse como enzarzado en un juego sin fin. No puede
generar desde su propio interior las condiciones para su propio cambio, no puede producir las
normas para el cambio a partir de sus propias normas128».
Para comprender qué significa el cambio sistémico es muy útil la lectura completa del
libro de Paul Watzlawick dedicado a este tema. En este sugerente texto hay, sin embargo, un
breve juego que ejemplifica visualmente esta dificultad de generar cambios si no se modifica
el contexto.
Nos permitimos la reproducción de este ejemplo para aquellos lectores que no lo conozcan.
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«Los nueve puntos representados en la figura 1 han de ser conectados entre sí
mediante cuatro líneas rectas sin levantar el lápiz del papel. El lector que no conozca este
problema hará bien en detenerse aquí e intentar su solución sobre una hoja de papel, antes de
continuar leyendo y, sobre todo, antes de ver la solución en la página siguiente (figura 2).
(Figura 1).
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«Casi todos los que intentan por primera vez resolver este problema introducen como
parte de la solución un supuesto que hace imposible ésta última. El 'supuesto' consiste en que
los puntos constituyen un cuadrado y que la solución ha de encontrarse dentro de este último,
condición autoimpuesta que no está contenida en las instrucciones.. Así el fallo no reside en
la imposibilidad de la tarea, sino en la propia solución intentada. Tratando así de solucionar
el problema creado, no importa en absoluto la combinación de las cuatro líneas que se
intenta: se terminará siempre, por lo menos, con un punto no conectado. La solución consiste
en... abandonar el campo en que se intenta la solución. Quienes fallan y renuncian,
experimentan, generalmente, una sorpresa ante la inesperada simplicidad de la solución
(figura 2). Resulta evidente la analogía de este ejemplo con multitud de situaciones reales de
la vida129».
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(Figura 2)
«Todos nos hemos sentido en alguna ocasión cerrados en una especie de jaula y,
entonces, tanto daba que intentásemos encontrar la solución de un modo sereno y lógico o
bien, lo que es más frecuente, recorriendo frenéticamente círculos viciosos. Pero, es desde
dentro de la jaula... que la solución se nos aparece como un sorprendente rayo de inspiración
que está más allá de nuestro control». «Resulta claramente distinto que nos consideremos
como peones de un juego, cuyas reglas designamos como realidad, o bien como jugadores
que saben que las reglas del juego sólo son «reales» en la medida en que las hemos creado o
las hemos aceptado y que podemos cambiarlas130».
La dificultad para cambiar esta sociedad, o para cambiar las personas reside en que el
problema, posiblemente, está mal planteado. Hay cosas que son como son, y que no tienen
por qué ser cambiadas sin provocar grandes alborotos que no conducen a ninguna parte. Hay,
en cambio, cosas consideradas poco importantes, que no son ni ideales ni transformaciones
grandilocuentes pero que, quizás, sí son problemas que pueden tener soluciones. Distinguir
cuáles son los problemas clave de lo que son pseudoproblemas, buscar qué instrumentos
clave y cambios de reglas de juego mínimas son posibles para hacer frente a estos problemas
es, pues, una de las tareas importantes. Se trata de buscar las medidas que sean el mínimo
común denominador de una amplia trama de problemas interrelacionados. Y además que
sean medidas no probadas, ni repetidamente fracasadas, pero sí experimentables.
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Es en esta investigación que se inscribe la hipótesis sobre la moneda como
instrumento de aplicación de un conjunto de medidas que, aceptadas por la tradición
democrática occidental o propuestas por los nuevos movimientos sociales, puedan llegar a ser
una palanca eficiente en el intento de permitir los cambios radicales que la humanidad
necesita. Y esto, sin tener que romper la mayoría de relaciones sociales existentes, salvo
aquellas que la misma cultura democrática considera impresentables y peligrosas.
Quizás algunas de las propuestas sugeridas puedan servir de ayuda al pueblo que
algún día tenga necesidad y voluntad de liberarse de la impunidad de los poderes fácticos
para intentar nuevos caminos.
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Anexo: Plan Anticorrupción131. Propuestas para un regimen de transparencia.
131Este «Plan Anticorrupción» fué redactado a principios de 1992, cuando empezaron a estallar los primeros casos de corrupción. La
situación se ha agravado, pero no se han tomado medidas que impidan «estructuralmente» la corrupción.
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El «régimen de transparencia» se fundamenta en la hipótesis de que la persona o
institución que lo adopta se compromete a efectuar todos sus pagos y cobros con unos
cheques especiales a través de las cuentas bancarias. Es decir, que se compromete a hacer
todas sus operaciones con unos cheques nominativos e informativos. Nominativos, porque
sólo serán válidos si consta el nombre de las dos personas que hacen la transacción.
Informativos, porque además de la función de cheque, también harán la función de factura;
constarán los bienes o servicios motivo de transacción, con los correspondientes precios y
características. Las personas sometidas al régimen de transparencia -por su función pública- o
que se acojan voluntariamente, no podrán usar efectivo (billetes de banco anónimos) bajo
grave sanción penal. Para facilitar el procedimiento y evitar burocracia y papeleo, este
sistema de factura-cheque puede ser muy ágil y fiable con las últimas posibilidades de la
monética (transferencia electrónica de fondos activada con tarjetas monetarias inteligentes).
Para un uso democrático del «régimen de transparencia» será necesario precisar muy
bien quién y cómo tendrá acceso a esta información. La información derivada de las
operaciones de las instituciones públicas será de libre acceso a todos los ciudadanos y tendrá
que ser presentada de forma comprensible a los diferentes intereses de la población. En
cambio, a la información de las operaciones personales, incluso, de los cargos políticos y
funcionarios públicos, sólo tendrá acceso el propio interesado, y el sistema judicial cuando la
necesite para abrir una investigación o para documentar una sentencia.
Por otro lado, a medida que este régimen se vaya extendiendo, la información no
personalizada de las facturas-cheque (bienes, servicios, precios, fecha, lugar...) proporcionará
datos muy exactos y exhaustivos para mejorar la teoría económica (con un incremento de la
calidad de las estadísticas, de los indicadores...) y para hacer más operativa la política
económica (optimización del sistema fiscal y financiero, control de presupuestos, distinción
entre actividades económicas reales y especulativas...).
También podría mejorar radicalmente el control de la masa monetaria (a cada
movimiento de dinero correspondería un movimiento paralelo de bienes o servicios: no se
podría mover dinero en falso) con influencias benefactoras en el dominio de la inflación
monetaria. Una parte importante de los problemas sociales actuales tendrán que ser
reenfocados en función del nuevo marco que se irá creando: algunas soluciones quedarán
obsoletas y en cambio, habrá que dar respuesta a nuevos retos.
En cuanto a la seguridad de las bases de datos que gestionen la información, se podrá
incrementar muchísimo el autocontrol del sistema si el procesamiento y almacenamiento de
datos se realiza simultáneamente por tres redes paralelas (con hardware, sofware y equipos
humanos diferentes), con claves de acceso muy personalizadas y especificadas. Existen
sistemas de autocontrol que ya se usan para sectores de alta seguridad que, una vez puestos
en marcha, hacen estadísticamente imposible la manipulación. Se tendría que garantizar la
total independencia (política y financiera) del organismo encargado de los datos,
independencia que no debe provocar miedo ya que no tendría ningún poder ejecutivo
efectivo.
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El plan de aplicación del «régimen de transparencia» contempla diferentes propuestas
de implantación para los cuatro principales grupos sociales en los cuales se podría aplicar: la
clase política, las instituciones públicas, las empresas privadas y los ciudadanos. El plan
pretende empezar a introducir mecanismos obligatorios de transparencia y responsabilización
de los dos primeros grupos: clase política e instituciones públicas; y mecanismos voluntarios,
favorecidos fiscalmente, en los dos restantes: empresas privadas y ciudadanos.
Propuestas de transparencia para la clase política. Gran parte de los problemas de
corrupción provienen del sistema de financiamiento de los partidos y de las elecciones. Los
ciudadanos conocen poco el conjunto de leyes y mecanismos que regulan, con no demasiada
eficacia, el financiamiento de los actores y de los mecanismos de renovación política. No
entraremos ahora en el debate que habría que hacer sobre el sistema de partidos y elecciones.
En cualquiera de los modelos actuales o posibles futuros habría que introducir la
transparencia total como condición exigible a aquellos dicen servir al bien común. Quien
quiera jugar, que juegue limpio. Pero para jugar limpio es necesario que el conjunto de
jugadores estén sometidos a la misma transparencia. La idea principal del plan, en este caso,
sería que el régimen de transparencia se aplicase íntegramente a los partidos, a sus cuadros, a
los candidatos electorales y a los cargos electos. Es decir, que cualquier aportación pública o
privada y cualquier gasto del partido o de sus cargos estuviese bajo el «régimen de
transparencia». Y que el sistema judicial -como veremos, también sometido a transparencia-
pudiera comprobar la legalidad de las operaciones de forma clara. Los que consideren que
con estas condiciones nadie querrá dedicarse a la política, olvidan que quizá la falta de
transparencia es quizá uno de los factores que hace que muchos ciudadanos no se quieran
dedicar, mientras el precio sea el juego oscuro en el que no siempre puede progresar el
mejor.
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Propuestas de transparencia para las instituciones públicas. Gran parte de la mala
gestión de fondos públicos y de la ineficacia de la administración pública provienen de su
excesiva burocratización, que exige numerosísimos controles formales, los cuales, de hecho,
no sólo no impiden la mala gestión sino que acostumbran a incrementarla: concursos,
subastas, adjudicaciones... frenan decisiones ágiles y responsables, encarecen las obras y los
servicios, y encubren ineptitudes y mafias que, en definitiva, perjudican a los ciudadanos y al
país. El «régimen de transparencia» no hace más que dotar de coherencia a lo que algunas
administraciones públicas dicen que ya tienen como norma. La presidenta de Renfe, Mercè
Sala, ha hecho público que en esta empresa es obligatorio que todos los cheques sean
nominativos. Sólo se trataría, pues, que fuesen obligatorios en toda la administración pública
y que, además, informase del motivo de la operación (factura). Para complementar la
responsabilización de las instituciones y de sus servidores, habría que extender el régimen de
transparencia a todos los que cobran dinero público (políticos, jueces, militares, funcionarios)
de manera que los que controlan también puedan ser legalmente controlados con las debidas
protecciones jurídicas. Habría que estudiar si el régimen de transparencia se tendría que
aplicar a las personas y entidades que reciben subsidios o subvenciones públicas: tanto para
saber si los sistemas de adjudicación son suficientemente equitativos como para conocer si el
derecho de obtenerlos y el uso que se hace de ellos son legalmente correctos. Las empresas
públicas y mixtas también tendrían que someterse al «régimen de transparencia»: no sólo
porque es a través de empresas intermedias -con muchos menos controles- que se pueden
realizar operaciones poco claras, sino porque se conseguiría que casi la mitad de la actividad
económica del país, la que debe dar ejemplo de una gestión responsable, presentase cuentas
claras de su gestión.
Propuestas de transparencia para las empresas privadas. La mayoría de las empresas
grandes y parte de las medianas disponen hoy de sistemas de información interna que les
permiten tener una visión muy exacta de sus movimientos y operaciones, tanto de las propias
como de las realizadas con otras empresas. La facturación y el pago electrónico se están
imponiendo en amplios sectores. Pero, a causa de la desconfianza que origina el sector
público, gracias a la presión fiscal poco equitativa (los honrados que pagan, lo hacen por
ellos y por los que no pagan: el resultado es que no se puede ser honrado sin condenarse a la
ruina) no parece fácil imponer el «régimen de transparencia» sin que antes las empresas y los
ciudadanos estén seguros de que el sector público da ejemplo y de que la gestión pública
eficaz justifica unos impuestos determinados. Pero el camino hacia una transparencia con
garantías parece democráticamente inevitable y habría que favorecerlo premiando a las
empresas y a las entidades privadas que quisieran acogerse voluntariamente al régimen de
transparencia. En este caso se establecerían un conjunto de reducciones fiscales y de
incentivos diversos que favorecieran claramente a las empresas transparentes, ofreciéndoles
ventajas competitivas respecto a las otras. El coste público de estas gratificaciones no sólo
quedaría compensado por la reducción de costos de inspecciones y controles ineficaces, sino
por el incremento de entradas seguras y por el aumento de entusiasmo que provocaría en los
sectores honrados, hasta ahora abatidos por la competencia desleal e ilegal.
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Propuestas de transparencia para los ciudadanos. La dificultad técnica de implantar un
sistema de factura-cheque (en papel o electrónicamente) para la administración pública o
para las empresas no parece una excusa para no intentarlo. Es tècnicamente viable en una
sociedad europea como la nuestra. Pero, para las pequeñas empresas y comercios, así como
para muchos ciudadanos, puede no parecer tan fácil la implantación a corto plazo de un
sistema general de factura-cheque. También hay que considerar hasta que punto el ciudadano
quiere someterse a un régimen de transparencia sin estar seguro de que las instituciones no
sólo no dan ejemplo sino que serán capaces de impedir el acceso fraudulento o con finalidad
totalitaria. Hay, pues, que dejar un tiempo para que los resultados de aplicación del plan
anticorrupción en el sector público sean suficientemente evidentes. Mientas tanto, hay que
tener en cuenta que la dificultad técnica de la implantación de un sistema de factura-cheque
para el consumidor es cada vez más reducida. Las tarjetas inteligentes (tarjetas que disponen
de un xip con capacidad de almacenar información y de impedir el acceso fraudulento)
avanzan rápidamente. En Francia se está a punto de lanzar el «monedero electrónico». Con
una sola tarjeta personal, en la cual cada uno carga el dinero de su cuenta bancaria, se podrá
hacer toda clase de pagos: transportes, servicios, comercios... Toda la banca francesa y «la
Poste» están interesadas, porque comporta una reducción de costos para todos: para los
bancos (compensar un cheque es mucho más caro), para los comercios (reducción de costos
de gestión de caja, de stocks y de contabilidad), para los clientes (una sola tarjeta mucho más
segura que las de banda magnética, protección contra robo o pérdida, protección de la
intimidad).
Para acabar, algunos hechos a tener en cuenta. La Fábrica Nacional de Moneda y
Timbre es la que produce estas tarjetas inteligentes en España (incluidas las de Telefónica
que ya aplican -parcialmente- este sistema). El ECU (European Currency Unit), la moneda
europea, es una pura Unidad de Cuenta prácticamente electrónica. En los próximos años
coincidirán tanto el acuerdo para implantar el ECU como la contabilidad total de las tarjetas
inteligentes en todos los cajeros y terminales de venta de Europa. ¿No habría que pensar en
una aplicación coherente y democrática del ECU-chip que favoreciese la transparencia y la
buena gestión en la construcción de Europa? La innovación social debe modificar las reglas
de juego social a medida que las innovaciones técnicas ofrecen nuevos peligros, pero,
también nuevas posibilidades.
La democracia irá perdiendo legitimidad si no encuentra un sistema que pueda a la
vez garantizar el Estado de Derecho, evitar la corrupción, proteger la intimidad de los
ciudadanos y hacer eficaz y clara la gestión pública. La pérdida de legitimidad pretende abrir
un debate sobre cómo favorecer la profundización de la democracia responsabilizada.
Aquellos ciudadanos, militantes, cuadros o dirigentes que quieran jugar limpio, tienen una
pista para intentarlo.
Barcelona, 24 de febrero de 1992
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Anexo: ejemplos de invención bancaria de dinero.
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Intentamos concretar el mecanismo de creación de dinero por parte de los bancos de manera que
veamos el resultado en un caso hipotético de un ingreso inicial de 100.000 pesetas (que
solamente se da en la realidad de una manera más limitada por muchos factores).
Supongamos que los bancos mantengan en caja (por prudencia o obligados legalmente) a
disposición de sus clientes un 10 por ciento de los depósitos efectuados en cuentas corrientes a la
vista.
Supongamos, también, que en este proceso, los particulares que intervienen no piden nunca el
reintegro en billetes y que todo lo ingresan en cuentas corrientes a la vista.
Y, finalmente, que los bancos conceden el 90 per ciento de cada nuevo ingreso en créditos.
Ingreso inicial: 100.000.
Crédito creado: 90.000.
Ingreso siguiente: 90.000.
Crédito creado: 81.000.
Ingreso siguiente: 81.000.
Crédito creado: 72.900.
Ingreso siguiente: 72.900.
Crédito creado: 65.610.
Ingreso siguiente: 65.610.
Crédito creado: 59.049.
Ingreso siguiente: 59.049.
Crédito creado: 53.145.
Ingreso siguiente: 53.145.
Crédito creado: 47.831.
Ingreso siguiente: 47.831.
Crédito creado: 43.048.
Ingreso siguiente: 43.048.
Crédito creado: 38.744.
Ingreso siguiente: 38.744.
¡Error!Marcador no definido.
Crédito creado: 34.870.
Ingreso siguiente: 34.870.
Crédito creado: 31.383.
Para no continuar, hace falta darse cuenta que en definitiva estamos en una progresión
geométrica. La suma corresponde a la siguiente fórmula:
término inicial
Suma = -----------------
1 - razón
100.000 90.000
Suma = ---------- ... Suma = ----------
1 - 0,9 1 - 0,9
Totales 1.000.000 900.000
O sea, con un coeficiente de caja del 10 per ciento, el ingreso en efectivo se convierte, gracias al
crédito, en 10 veces más.
Con un coeficiente del 20 per ciento, aumenta el dinero 5 veces más.
En definitiva, la moneda (medios de pago) es creada:
Por el banco central a base de piezas metálicas i billetes de papel en una baja proporción
(varia alrededor del 10 per ciento, con tendencia decreciente).
¡Error!Marcador no definido.
·. Por el conjunto del sistema bancario a base de la expansión del crédito y a través de
cheques y cuentas corrientes a la vista.
Veamos ahora un nuevo ejemplo sobre los efectos del crédito en la variación de las cuentas de
un banco y de sus clientes, sin que el banco se ciña al coeficiente de caja porque sabe que los dos
clientes mantienen sus saldos en el banco y se pagan con cheques.
Supongamos que hay un solo banco (conjunto del sistema bancario) y dos clientes que el banco
considera solventes, y que entre ellos también son clientes, el uno del otro. En este caso el banco
puede dar un crédito superior a los depósitos, si puede tener la certeza que la cantidad anotada en
la cuenta corriente de crédito pasará de este a otra cuenta corriente.
El banco tiene, el 1 de enero, un depósito de 50 unidades monetarias en efectivo. Y las dos
cuentas corrientes de los clientes (una empresa de zapateros y una empresa de curtidores) están
vacíos, como también lo está la cuenta de cobro de intereses del banco.
Esto lo reflejaremos de la siguiente manera (D: debe; H: haber; S: saldo) para cada cuenta.
D H S D H S D H S D H S
- - - - - - - - - 0 50 50
El 1 de enero, el banco da un crédito de 100 a los zapateros.
100 100 0 100 150 50
El 5 de enero, los zapateros compran 100 de cuero a los curtidores (y pagan con cheque).
100 0 100D 0 100 100H - - - 100 150 50
El 1 de julio han vendido los zapatos por 150 (ingresan el cobro en el banco).
100 150 50H 0 100 100H - - - 100 300 50
El 1 de julio, los zapateros devuelven el crédito al 20 por ciento anual, es decir, el 10 por ciento
semestral.
0 40 40H 0 100 100H - 10 10 0 200 200
El saldo final de las operaciones es:
- - 40H - - 100H - - 10H - - 200H
¡Error!Marcador no definido.
Con un depósito inicial de 50, el banco puede haber conseguido –según este ejemplo
simplificado–, gracias al crédito, unos depósitos conjuntos de 200 (4 veces más), sobre los cuales
puede conceder nuevos créditos. Además ha conseguido 10 de intereses que sobre los 50
iniciales es un 20 per ciento semestral, esto es, un 40 per ciento anual.
Si los clientes retirasen en efectivo sus saldos, el banco estaría en una situación comprometida ya
que solamente dispone en efectivo del depósito inicial de 50. Esto es lo que sucede cuando los
clientes pierden confianza en un banco (o en el sistema bancario): todos quieren retirar su dinero.
Pero salvo este caso, que se mira por todos los medios que no suceda (se ayudan o se compran
los bancos en crisis), la situación es siempre de endeudamiento provechoso. Hay que destacar
que la banca es un negocio muy especial. Cuando va bien reparte beneficios a los accionistas.
Cuando va mal, el Estado, con el dinero de los contribuyentes, garantiza, cuando quiere, la
viabilidad.
Para acabar, algunas de las razones por las cuales los autores (Heilbroner/Thurow) creen que no
se sobrepasan los «límites» de la expansión del crédito:
1. Solamente los aumentos netos de créditos generan un incremento de los depósitos
bancarios, es decir, cuando es superior la cantidad de créditos otorgados que la de los
devueltos.
2. El incremento de la oferta monetaria a partir del aumento de un solo depósito está en
relación con la parte que ha de guardar como reserva obligatoria (si es una quinta parte,
será cinco veces más; si es una cuarta parte, será cuatro veces más).
3. El proceso de expansión monetaria puede funcionar al revés, es decir, que haya una
disminución neta de depósitos. Si a una expansión original de depósitos corresponde una
expansión múltiple, una contracción original puede llevar a una contracción múltiple
regida por los mismos coeficientes de reserva. Una disminución de 100.000 con un
coeficiente de reserva del 20 per ciento significa una reducción de 500.000.
4. El proceso expansivo puede no completarse sea porque no siempre se necesitan créditos,
sea porque no siempre los cheques se ingresan, ya que también se convierten en efectivo.
5. El proceso expansivo del crédito es lento. Los bancos no conceden instantáneamente los
créditos cuando aumentan sus reservas y los clientes no expanden instantáneamente los
ingresos de los créditos bancarios. Los retrasos de la banca son demasiado variables para
permitirnos predecir exactamente el tiempo que un aumento original de depósitos tardará
en expandirse a través del sistema bancario, pero seguramente el periodo que tarda a
hacer dos «vueltas» es una cuestión de meses.
¡Error!Marcador no definido.
La integración y democratización del dinero electrónico en Europa plantea varios desafíos futuros: 1) Incremento de riesgos de fraude y abuso, dado que el dinero electrónico deja menos rastros físicos que el dinero tradicional, facilitando las operaciones ilegales y la manipulación de datos . 2) La posibilidad de control social, ya que cualquier transacción con dinero electrónico puede ser monitoreada, lo que podría infringir la privacidad personal si no se establecen salvaguardias adecuadas . 3) Falta de un marco jurídico y político coherente que regule la monética, necesario para garantizar un uso democrático y seguro, que debería incluir protección de datos personales y evitar la concentración de información en manos de unos pocos . 4) Necesidad de un sistema económico que reconozca y mitigue el potencial dominador del dinero electrónico sobre las poblaciones, promoviendo más transparencia y equidad en su uso para prevenir la desigualdad . Estos desafíos requieren una atención cuidadosa para asegurar que el dinero electrónico beneficie a la sociedad en su conjunto, promoviendo la justicia económica y social .
Ventajas de unificar el sistema monetario mediante un dinero electrónico personalizado incluyen la igualdad en su aplicación para todos, la eliminación de monedas anónimas que facilitan actividades ilegales, y una mejor regulación de la economía al equilibrar la masa monetaria y controlar la inflación-deflación . Esta unificación puede fomentar la redistribución solidaria de los recursos y proporcionar un marco para mejorar los sistemas fiscales . Además, las herramientas electrónicas permitirían una trazabilidad que reduciría el fraude fiscal y la corrupción . Sin embargo, existen desventajas significativas. El dinero electrónico puede ser utilizado como un medio de control y dominio sobre la población, comprometiendo la privacidad y aumentando el riesgo de represión estatal . La falta de protección adecuada de datos puede llevar a abusos por parte de quienes tienen acceso a información personal . Además, está el riesgo constante de fraudes informáticos y uso malintencionado de datos electrónicos . La confianza pública en la seguridad de estos sistemas es fundamental para evitar resistencias a su implementación.
El sistema de dinero actual refuerza la separación entre el mercado y el sector comunitario al asignar al primero la tarea de producción de bienes mercantiles, mientras que el segundo se dedica a proporcionar servicios no sujetos a las leyes del mercado, como la educación y la salud gratuitas, financiados de manera comunitaria . Esta distinción busca evitar que el poder económico del mercado domine los servicios comunitarios. La propuesta para una mayor integración implica la financiación comunitaria de los servicios, permitiendo el libre ejercicio de profesiones altruistas sin interferencia mercantil directa y estableciendo incompatibilidades estrictas para prevenir el flujo de dinero mercantil hacia el ámbito comunitario, consecuencia de lo cual se promovería una dinámica autorregulada y no burocrática . También se sugiere la creación de un sistema monetario único que facilite un seguimiento claro de las transacciones, previniendo la especulación y el traspaso desequilibrado de fondos entre sectores ."}ếc assistant to=browser codeInBackground=
La creación de dinero por el sistema bancario se basa en dos fases principales: el banco central emite moneda legal en forma de billetes y monedas, y luego los bancos comerciales amplían la cantidad de dinero a través de la concesión de créditos, lo que se traduce en la creación de nuevos depósitos . Sin embargo, esta capacidad de los bancos para "crear" dinero sobre la base de activos no propios plantea serias críticas. Uno de los argumentos más fuertes en contra es la falta de transparencia y la sospecha de que este proceso equivale a una forma de explotación sutil de la sociedad, ya que beneficia principalmente a intereses particulares en lugar de a la colectividad . Además, existen acusaciones de que el sistema bancario facilita el lavado de dinero proveniente de actividades ilegales, lo que compromete aún más la legitimidad del proceso . Otro aspecto crítico es que la falta de un control efectivo y la opacidad de estos mecanismos financieros pueden llevar a desequilibrios económicos y dificultar la implementación de una política monetaria coherente ."}
Un sistema monetario telemático único tendría implicaciones sociales significativas, como la responsabilidad documentada de los intercambios monetarios que podría ayudar a reducir el anonimato asociado a actividades ilícitas, contribuyendo así a disminuir delitos como el trafico de drogas y armas, sobornos y evasión fiscal . Socialmente, un sistema monetario personalizado e informativo podría facilitar un control equitativo y universal, promoviendo un mayor sentido de solidaridad social al asegurar que el sistema de control sea igual para todos, tanto gobernantes como gobernados . Políticamente, este sistema podría ser un medio de dominio al poner en riesgo la privacidad individual y facilitar la represión policial, si no se garantizan salvaguardas adecuadas para proteger las libertades de los ciudadanos . Además, tendría el potencial de estabilizar las economías al permitir un control más preciso sobre la velocidad de circulación del dinero y sobre la inflación . Por otro lado, eliminar las monedas anónimas podría desmotivar a las organizaciones delictivas, reduciendo así la financiación de actividades subversivas . Sin embargo, existe un riesgo de instaurar un sistema orwelliano de control sobre los ciudadanos si no se maneja adecuadamente .
Los descubrimientos en Asia occidental revelaron un sistema de fichas y registros de arcilla que facilitaba el funcionamiento del mercado, que fue anterior a las monedas de oro y plata anónimas y está relacionado con una época de paz y responsabilidad en las transacciones. Con la evolución hacia tablillas de escritura, apareció el uso de metales preciosos, expandiéndose bajo Sargón I de Akkad quien consolidó el primer imperialismo histórico. Esto sugiere que la transición de monedas personalizadas a anónimas pudo facilitar el cambio de una época de paz a una de imperialismo .
La dinámica de expansión de la oferta monetaria a partir de un nuevo depósito se entiende a través del proceso de multiplicación del dinero, donde los bancos crean dinero nuevo al hacer préstamos cuya cantidad supera el depósito inicial, basado en el sistema de reserva fraccionaria . Para controlar un crecimiento descontrolado de la oferta monetaria, se proponen varios mecanismos. Una solución es la sustitución del dinero anónimo por un sistema de moneda electrónica personalizada, lo cual permitiría un mayor seguimiento de las transacciones y reduciría el uso de dinero para actividades ilegales . Además, la socialización de la información contable monetaria y la implementación de un sistema de transferencia electrónica de fondos con tarjetas inteligentes ayudaría a equilibrar la masa monetaria y prevenir fenómenos de inflación o deflación . Estas medidas buscan fomentar el uso responsable de la moneda, asegurando que los recursos monetarios sean usados de manera transparente y equitativa ."}
En las primeras etapas de la monetización, los metales jugaron un rol crucial en la facilitación de intercambios y en el fortalecimiento del imperialismo. Los metales preciosos como el oro, plata y bronce no solo eran valorados por su belleza y resistencia, sino también por su capacidad para servir como monedas estables y duraderas. Este uso de metales como medio de intercambio contribuyó al desarrollo de las primeras civilizaciones imperialistas, que emplearon estas monedas para financiar guerras y extender su influencia sobre otros pueblos, como es el caso del imperialismo acadio . Además, la habilidad de controlar y manipular metales preciosos confirió poder económico y político. Durante el período de transición del sistema de bullae al uso de metales, aquellas civilizaciones que dominaban las técnicas de amalgamación y análisis de calidad de metales, como los sumerios y acadios, pudieron establecer economías más complejas y avanzadas . La monetización basada en metales trajo consigo la uniformidad y el anonimato en las transacciones, elementos que facilitaron la expansión del comercio y del control imperial .
Platón y Aristóteles tenían visiones contrastantes sobre la naturaleza del dinero, que han tenido un impacto persistente en las teorías económicas y prácticas monetarias modernas. Platón veía el dinero como un símbolo o signo monetario abstracto, un medio conveniente para facilitar el intercambio, sin importar el material del que estuviera hecho. Para él, el valor del dinero debía ser independiente de su forma física, y estaba en contra del uso de metales preciosos como oro y plata . Aristóteles, por el contrario, consideraba que el dinero debía tener un valor intrínseco como una 'tercera mercancía'. Sostenía que, en una sociedad no comunitaria, el intercambio de bienes y servicios podría facilitarse mediante un común denominador, preferiblemente una mercancía valiosa como los metales, por su homogeneidad, divisibilidad y relativa estabilidad de valor . La visión de Aristóteles sobre el dinero como mercancía con valor ha dominado históricamente y ha influido en la percepción del dinero como algo respaldado por metales preciosos o sus equivalentes, a pesar de la evolución hacia sistemas monetarios fiduciarios y electrónicos sin respaldo material . Las modernas prácticas monetarias tienden a equilibrar estos puntos de vista mediante sistemas que utilizan dinero fiduciario abstracto respaldado por la confianza del Estado en lugar de un valor intrínseco, lo que refleja una combinación de ambas teorías .
La desmercantilización de los recursos naturales mediante su conversión en propiedad comunitaria podría impactar significativamente el equilibrio económico y ecológico. Al gestionar comunitariamente estos recursos, se evitaría su desperdicio incentivado por ventajas económicas a corto plazo, favoreciendo una economía que no se base únicamente en unidades monetarias homogenizadoras. Este enfoque podría ayudar a reconocer algunos bienes económicos actuales como potenciales males económicos debido a su impacto negativo en el entorno mediante la contaminación y el aumento de la entropía . Además, socializar la información sobre el uso de materiales y energías permitiría racionalizar su utilización, penalizando ciertos procesos perjudiciales y favoreciendo otros más sostenibles con impuestos ecológicos. Esto contribuiría a la creación de un fondo para la investigación y la aplicación de procesos menos contaminantes, mejorando los equilibrios de los ecosistemas .