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La tortuga Tula y su valentía

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a tortuga y el águila

Había una vez, en un tranquilo lago rodeado de montañas, una tortuga llamada Tula.
Tula era conocida por su sabiduría y su paciencia. Pasaba sus días nadando en el
lago y observando la vida que la rodeaba. Un día, mientras disfrutaba del sol, vio a un
águila majestuosa volando alto en el cielo. El águila, llamada Aiko, era famosa por su
belleza y su habilidad para volar.

Tula, admirando la gracia de Aiko, decidió que quería volar como ella. Así que, con
su voz suave, llamó al águila: "¡Aiko! ¿Podrías enseñarme a volar?"

Aiko, sorprendida por la petición de la tortuga, se rió y respondió: "Querida Tula, tú no


puedes volar. Eres una tortuga, y tu hogar está en el agua, no en el aire."

Pero Tula no se desanimó. "Por favor, Aiko. Estoy dispuesta a aprender. Si me das
una oportunidad, prometo que no te defraudaré."

El águila, intrigada por la determinación de la tortuga, decidió ayudarla. "Está bien,


Tula. Te llevaré a la cima de la montaña. Desde allí, podrás ver el mundo desde una
nueva perspectiva."

Así que Aiko tomó a Tula en sus garras y voló hacia la cima de la montaña. Cuando
llegaron, Tula se sintió abrumada por la belleza del paisaje. Los árboles, los ríos y las
nubes parecían tan pequeños desde allí arriba. Sin embargo, al mirar hacia abajo,
Tula se dio cuenta de lo aterrador que era el abismo.

"Ahora, Tula, si realmente quieres volar, debes saltar", dijo Aiko.

Tula, temerosa, respondió: "Pero, Aiko, si salto, podría caer y lastimarme."

"Eso es cierto", dijo Aiko. "Pero también podrías descubrir algo nuevo sobre ti
misma. A veces, para alcanzar nuestros sueños, debemos arriesgarnos."

Con el corazón latiendo con fuerza, Tula miró hacia el horizonte. Recordó todas las
veces que había sido paciente y persistente en su vida. Finalmente, decidió que
debía intentarlo. Con un profundo suspiro, se preparó para saltar.

Al caer, Tula sintió el viento en su cara y, por un momento, se sintió libre. Pero, por
supuesto, no podía volar como Aiko. En lugar de eso, cayó suavemente en el agua
del lago. Aunque no había volado como había soñado, se sintió feliz de haber
intentado algo nuevo.
Aiko, que había volado hacia abajo, se posó junto a Tula y le dijo: "Ves, querida
amiga, no necesitas volar para ser especial. Tu valor y tu deseo de aprender son lo
que realmente importa."

Desde ese día, Tula se sintió más segura de sí misma. Aprendió que, aunque no
podía volar como un águila, podía nadar con gracia y disfrutar de la vida en el agua.
Y así, Tula siguió explorando su mundo, siempre recordando que a veces, el
verdadero vuelo se encuentra en el corazón.

Moraleja: No todos tenemos que ser como los demás para ser especiales. Cada uno
tiene su propio camino y sus propias habilidades. Lo importante es tener el valor de
intentarlo y aprender de cada experiencia.

Espero que te haya gustado esta fábula. Si quieres escuchar otra o aprender algo
más, ¡solo dímelo!

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