Duelo
David Barreiro
1
DRAMATIS PERSONAE:
MARTA, 60 años
LUIS, 60 años
FRAN, 25 años
CRÍTICO, 70 años
INSPECTOR CASTRO, Voz. No aparece en escena.
2
Duelo
1. m. Dolor, lástima, aflicción o sentimiento.
2. m. Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la
muerte de alguien.
3. m. Reunión de parientes, amigos o invitados que asisten a la casa mortuoria, a la
conducción del cadáver al cementerio, o a los funerales.
3
Una casa elegante, bonita, con gusto. El gusto que da el dinero, sobre
todo. Una amplia sala de estar con la calidez que aportan los libros y un
cuadro central de grandes dimensiones en la pared que representa a
un... a un... quién sabe. Una mesa de madera, una butaca, quizás un sofá.
Un viejo tocadiscos solo decorativo, porque a su lado hay un sistema de
reproducción digital de última generación. Penúltima, probablemente,
ya se sabe cómo la tecnología avanza por encima del tiempo. Una planta
grande, artificial, que tendrá su momento.
Marta entra con un elegante abrigo negro y zapatos de tacón. Hay en su
gesto y en su caminar una inconfundible alegría o, al menos, desenfado.
Es una mujer atractiva, sin duda. Bajo el brazo, porta una urna de
cerámica de formas redondeadas que posa sobre la amplia y vacía mesa
central. Justo ahí, en el medio. No, un poquito más allá, o acá. La mueve
hasta que encuentra el lugar idóneo. La mira echándose hacia atrás. Ahí
está, perfecto.
Sale por la derecha y regresa al cabo ya sin el abrigo, con un vestido
negro que no desmerece en elegancia al sobretodo ya arrumbado. Lleva
ahora en la mano su smartphone de... la generación que sea. Lo coloca
sobre el reproductor y toquetea con el dedo. Al instante comienza a
sonar Moliendo Café, la versión de Mina, ¿acaso hay otra? No debería.
Marta se mueve al ritmo de la canción mientras canturrea por debajo. Se
la sabe de pe a pa. Mientras tanto, se sirve un cóctel. Algo seco. La
dulzura no nos acompañará. Sigue bailando y cantando, pero de pronto
la música se corta por una llamada telefónica. El sistema de voz del
teléfono dice con su voz metálica casi humana: INSPECTOR CASTRO
LLAMANDO. Marta suspira, duda un instante, pero finlamente se acerca
y corta la llamada. PIP. La música vuelve. Y ella vuelve a animarse unos
segundos (con el baile y el alcohol) hasta que es interrumpida de nuevo.
Suspira, no la van a dejar nunca tranquila, por lo que se ve. En esta
ocasión es el timbre de la puerta. Quita la música y se dirige a la
entrada, a su izquierda.
Abre, se queda mirando unos segundos, se da la vuelta y echa a andar.
MARTA
Has tardado.
LUIS
¿Tú crees?
MARTA (a público, lo hará de manera constante a partir de ahora y hasta el
final)
El pobre no está dotado para la ironía, disculpadle.
MARTA
4
Era broma, Luis. Has sido muy rápido. Demasiado rápido, diría. Yo misma acabo de
llegar. Aún está caliente.
LUIS
¿Has hecho café?
MARTA (a público)
Os lo dije.
MARTA
No exactamente.
Luis espera respuesta, pero Marta tan solo bebe. Luis repara en la urna.
LUIS (señala la urna)
¡Ah! ¿Te refieres a?/
MARTA (a público)
A tu mejor amigo, sí.
LUIS
Ah. No sabía que estaba... aquí.
Luis mira la urna.
MARTA
Tócalo y verás.
LUIS
¿Qué?
MARTA
Que lo toques... para comprobar la temperatura.
LUIS
¿Estás segura?
MARTA
Claro. A ver qué sientes.
LUIS
¿Lo... abrazo?
MARTA (a público)
Es tonto.
MARTA
Haz lo que te salga... es tu amigo.
LUIS
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Era.
MARTA (a público)
Bueno, sí. Era.
Luis mira la una detenidamente.
MARTA (a público)
Será capaz.
LUIS
Está bien...
Luis se acerca a la mesa, con cautela. Pone sobre ella las puntas de los
dedos. Duda. Marta lo mira y después mira al público con gesto de
incredulidad. Luis acerca el dorso de la mano a la urna.
LUIS
Yo lo noto... tibio.
MARTA (a público)
Él sí que es tibio.
MARTA
Se habrá enfriado en el metro.
LUIS
¿Lo has traído en metro?
MARTA
Es línea directa desde el tanatorio.
LUIS
Sí, pero... ¿y si te lo llegan a robar?
MARTA (a público)
Eso sería un secuestro, ¿no?
MARTA
¿Y quién me lo iba a robar?
LUIS
Cualquiera. A una compañera de trabajo le robaron la semana pasada un sacacorchos en
el autobús.
MARTA
¿Un sacacorchos?
LUIS
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Sí. Le rajaron el bolso y se lo llevaron. No se enteró hasta que llegó a la oficina y lo
echó en falta.
MARTA
¿Y qué hacía con un sacacorchos en el bolso? Trabajas en una gestoría.
LUIS
Pues no se me había ocurrido pensarlo. Solo digo que debías haber tenido cuidado con...
ya sabes... con él. Además, es apetecible: parece buena cerámica.
Luis da dos golpecitos en la urna con los nudillos.
LUIS
China, probablemente.
MARTA
Lo he hecho por él. Ya sabes cómo era con eso de los servicios públicos. La educación,
la sanidad, el transporte y toda la pantomima del Estado del bienestar.
LUIS
No es ninguna pantomima.
MARTA
Luis, que ya somos mayorcitos.
LUIS
No sé qué tiene que ver nuestra edad con la realidad social que nos rodea.
MARTA
Ya pasó la época de mirar bajo los adoquines. Entre otras cosas, porque ahí no había ni
arena ni nada. No debemos ser tan hipócritas. Alfredo podía vender un cuadro por
quince mil euros en una exposición a un constructor barra especulador o a un futbolista
barra vividor, pero eso sí, después había que volver a casa en autobús.
LUIS
Le pagaban por su trabajo, simplemente.
MARTA
La típica excusa. Y cuando se cortó el dedo con el cuchillo jamonero tuvimos que
esperar ocho horas en urgencias para que le pusieran dos malditos puntos.
MARTA (a público)
El jamón costaba doscientos euros el mordisco, pero ¿un seguro médico? ¡Un
sacrilegio! ¡Atenta contra mis principios socialistas!
LUIS
Era un hombre de fuertes convicciones, sin duda.
MARTA
Era un cabezota, nada más.
7
LUIS
De todas formas, esta vez debiste hacer una excepción y haber cogido un taxi por
vuestra seguridad.
MARTA
Fue un homenaje... un... (levanta el vaso) último brindis...
MARTA (a público)
La verdad es que no me fiaba. Lo llego a meter en un taxi y lo mismo resucita.
MARTA
Y, hablando de brindis. ¿Una copa?
LUIS
¿Ahora? Acabo de desayunar.
MARTA
No, el 9 de marzo. ¿A eso de las ocho de la tarde te vendrá bien?. ¡Claro que ahora!
¡Cuándo va a ser! ¿Cuándo estemos como él? (señala la urna)
LUIS
Está bien... supongo que no me vendrá mal tomar algo.
MARTA
Marchando.
Luis se acerca a la urna. Marta, a las botellas.
LUIS
Se ha quedado en nada.
MARTA (a público)
La verdad que sí. Parece increíble. Hace tan solo un día estaba ahí hundiendo el sofá
con sus noventa kilos y ahora casi me cabía en el bolso.
LUIS
No sabía que quería que lo quemaran.
MARTA (a público)
Ni yo. Pero era más cómodo. Así me lo podía traer a casa directamente y evitaba ir l
cementerio. Y pensé que quedaría bien en la mesa, siempre le ha faltado algo... A veces
compro flores frescas, pero se me olvida cambiarles el agua y a los dos dan más pena
que otra cosa. Era... lo más fácil. También intenté que me lo enviaran por Amazon,
tengo Prime, pero se ve que no hacen ese tipo de servicios. Por ahora, claro. No creo
que tarden demasiado: Amazon Prime Death, tus muertos en casa en dos horas.
MARTA
Era su deseo. Me lo dejó muy claro desde el día que nos conocimos.
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LUIS
¿Hablasteis de... eso... cuando os conocisteis... en la Universidad?
MARTA (a público)
Ups.
MARTA
Éramos góticos.
LUIS
No lo recuerdo así, la verdad. Os recuerdo bastante hippies.
MARTA (a público)
Será capullo.
MARTA
Eso fue después, pero al principio fuimos góticos. Muy góticos. Como Lovecraft, las
hijas de Zapatero o la catedral de Burgos. Y hablamos de... ese tipo de cosas un tiempo.
LUIS
¿Cuánto tiempo?
MARTA (a público)
Sal de aquí, Martita.
MARTA (señalando las botellas)
¿Qué te apetece?
LUIS
¿Tú que estás tomando?
MARTA
Todo lo que puedo.
LUIS
¿Qué?
MARTA (a público)
Lento como él solo.
MARTA
Empecé con whisky a palo seco en el tanatorio y ahora me he puesto un Old Fashion.
LUIS
¿Has estado bebiendo en el tanatorio?
MARTA
Un poco.
LUIS
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¿Por qué?
MARTA (a público, mientras prepara la bebida)
¿Qué quería que hiciera? ¿Sonarle los mocos a mi suegra? ¿Aguantar al pesado de mi
cuñado? Tardó cuatro horas en deshacerse aquí el amigo. Y eso que pusieron el horno a
todo meter: el grill y el turbo por arriba y por abajo. Pero aún así había que esperar y no
había mucho que hacer. ¿Y habéis visto qué precios? Cuatro euros el Johnie Walker
Etiqueta Negra. Eso sí que es una oferta que no se puede rechazar. Y un ambiente super
relajado, Sinatra de fondo, la hostia. Sinceramente, no entiendo esa política de precios.
Luego vas al aeropuerto y te clavan quince euros por una aceituna. Diecisiete en mesa.
Dicen que es porque tienen al público cautivo, pero... más cautivo que en el tanatorio...
Están ahí atrapados un par de días sin poder hacer nada y la mitad están drogados a base
de tranquilizantes. Se mueren, valga la redundancia, por una copa. Podrían cobrar lo que
quisieran... que lo iban a pagar. Allí la gente saca la tarjeta de crédito como en una
discoteca. Se pelean por llevarse la cuenta. ¡Dejadme a mí! ¡Por la memoria de mi tío!
¡No, dejadme a mí, era su nieta favorita! ¡No me conocéis, soy su amante desde hace
treinta años! Y, sin embargo, lo regalan... ¡Uno cincuenta el vermú de grifo! Ahí falta
visión de negocio, os lo digo. En fin, el caso es que para pasar el rato y para evitar a
tanto pesado que llegaba cada poco a dar la tabarra de lo mucho que lo quería y lo
muchísimo que lo iba a echar de menos cada poco me pasaba a la cafetería para
escaquearme de unos y de otros y... aquí estoy. Bolinga.
MARTA (cambia radicalmente de actitud)
No encontré una manera mejor de sobrellevar la inmensa tristeza que me embargaba,
Luis.
LUIS
Te comprendo, comprendo tu debilidad.
MARTA (a público)
Debilidad ninguna, chaval. Fortaleza. Cinco copazos y aquí estoy como una rosa.
LUIS
Es increíble la fugacidad de la vida, ¿verdad? Estamos aquí, tan tranquilos, charlando,
pensado que nada puede sucedernos y de pronto...
MARTA (a público)
De pronto qué.
LUIS
... sucede. Dejamos de existir, desaparecemos, nos... evaporamos... y el universo, que
ignora nuestra presencia, sigue su devenir incesante...
MARTA (a público)
Oh, Dios, otro que ha leído a Paulo Coelho. Qué cruz. ¿Pues sabes qué? Te vas a cagar
Luisito.
Marta termina de servir la copa y se acerca a Luis. Se la alcanza.
MARTA
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Así es, Luis. Pero si algo nos ha enseñado la... filosofía... no los libros baratos de
autoayuda... es que la vida no puede entenderse sin la muerte. La una sin la otra no
tienen sentido ni significado, están íntimamente ligadas, inextricablemente unidas.
MARTA (a público)
Chúpate esa.
LUIS
Es posible que tengas razón.
MARTA (a público)
Siempre.
LUIS
¿Cómo estás, Marta?
MARTA (a público)
Entonada que no veas.
MARTA
Contigo aquí, mucho mejor.
Se besan.
MARTA (a público)
Eso no lo esperabais, eh... Soy una caja de sorpresas.
LUIS
Marta yo... quería decirte/
MARTA
Sí, tranquilo. Son muchos años de amistad truncada de un momento para otro. Entiendo
el vacío que ha dejado en ti su repentina ausencia. Nos ha pasado a todos los que
estábamos a su alrededor. Y sé lo mucho que le querías.
LUIS
Por supuesto que le quería.
MARTA (a público)
¿Lo veis?
LUIS
Pero no me refiero a eso...
Luis pone la mano en el brazo de Marta. Ella mira la mano sin disimulo.
MARTA (a público)
Pinta mal.
MARTA
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Qué.
LUIS
He estado reflexionando profundamente estas últimas horas.
MARTA (a público)
Fatal.
LUIS
Y... creo que no puedo seguir con esto.
MARTA
¿Con qué?
LUIS
Con lo nuestro.
MARTA (a público)
Lo veía venir.
MARTA
Hace una semana me estabas diciendo que nos fuéramos, que lo dejáramos todo, que
ibas a abandonar a Ana por mí...
MARTA (a público)
Dios no lo quiera.
MARTA
... fui yo la que te dije que no, que siguiéramos como hasta ahora... y de pronto quieres
acabar con (le pone las comillas) “esto”. ¿Qué ha cambiado?
LUIS
¿Lo preguntas en serio?
MARTA
Jamás en mi vida bromearía sobre nuestra relación.
MARTA (a público)
Me he pasado, no creo que cuele.
LUIS
Lo sé, Marta.
MARTA (a público)
Coño, pues ha colado.
LUIS
Y yo tampoco. Sería lo último que haría. Pero... Alfredo acaba de morir.
MARTA (a público)
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No me digas.
LUIS
Y no paro de darle vueltas a lo que ha sucedido. Si es que todavía está... caliente.
MARTA
No, perdona, tú lo has notado frío.
LUIS
Tibio. Y era por el viaje en metro.
MARTA (a público)
Lo mismo me da.
MARTA
Pues eso, tibio.
LUIS
No sé. Quizás todo esto no ha sido más que una gran equivocación. Un error.
MARTA
¿Un error? ¿Llevas acostándote conmigo nueve años por error?
LUIS
¿Tanto llevamos? ¿Estás segura?
MARTA
Segurísima.
MARTA (a público)
Más o menos.
LUIS
Lo que pasa es que...
MARTA
Tienes miedo.
LUIS
¿Miedo yo?
MARTA (a público)
Tiene miedo.
MARTA
Sí, tú.
LUIS
A qué voy a tener miedo.
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MARTA (a público)
No lo sé.
MARTA
Ya lo sabes.
LUIS
No, no lo sé.
MARTA (a público)
Ni yo.
MARTA
No te hagas el tonto ahora, Luis. Como bien dices, acabo de enterrar a mi marido, no
estoy para chorradas.
LUIS
Incinerar.
MARTA
¿Qué?
LUIS
Lo has incinerado, no enterrado.
MARTA (a público)
Encima puntilloso. A este hay que ponerlo en su sitio de una vez.
MARTA
Mira, Luis. Creo que estás asustado por las consecuencias irreversibles de tus actos y
por las derivaciones que ha propiciado la vulnerabilidad de tus deseos más íntimos y
furtivos.
MARTA (a público)
Tranquilos. No os comáis la cabeza. Que no cunda el pánico. Eso que he dicho no
significa absolutamente nada, no tiene sentido, pero es de ciencias, es un puñetero
contable, no lo va a pillar.
LUIS (tras dudar)
Quizás tengas razón.
MARTA (a público)
Os lo dije.
MARTA
Claro que la tengo. (señala el vaso de Luis) ¿Qué tal?
LUIS
Muy rico.
14
MARTA
Don Draper sabía lo que se hacía.
LUIS
¿Quién?
MARTA (a público)
Nueve años, o los que sean, aguantando esto. Quién me mandaría a mí.
MARTA
A Alfredo le encantaban mis cócteles. Nos tomábamos uno todas las noches antes de...
ya sabes.
MARTA (a público)
Dormir.
LUIS
Si te soy sincero prefiero no saberlo... ni imaginarlo.
MARTA (a público)
El amante celoso del marido cornudo. Si es que soy una máquina.
LUIS
En estas últimas horas, debido a los... tristes acontecimientos...
MARTA (a público)
Ahora es portavoz del SAMUR.
LUIS
No he dejado de pensar que... (se interrumpe, se acerca a Marta, baja el tono) ¿Crees
que... puede oírnos?
MARTA
¿Qué?
LUIS
No sé, quizás... no deja de estar aquí al fin y al cabo y, siendo tan reciente... es posible
que haya algo que... permanezca, que no se haya... ido. ¿Podemos ir a otra parte a
hablar?
MARTA (a público)
Este no fue a clase de biología en el colegio.
MARTA
Luis, por favor, lo han cocido a novecientos grados durante cuatro horas. Si él está vivo,
el lechazo que te cenaste en Navidad sigue pataleando en tu estómago. Además, Alfredo
estaba medio sordo, no nos oiría de todas maneras.
LUIS
¿Y qué hay del alma?
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MARTA
El alma... carece de sistema auditivo, te lo aseguro.
LUIS
Supongo que tienes razón.
MARTA (a público)
Supone, dice.
MARTA
¿Qué es lo que no has dejado de pensar?
LUIS
¿Eh?
MARTA (a público)
Madre mía, ¿soy yo o es como hablar con una tostadora?
MARTA
¡Qué es eso en lo que no has dejado de pensar las últimas horas!
LUIS
Ah, sí, bueno... tengo la sensación de que... a lo mejor...Alfredo... lo sabía.
MARTA
A lo mejor sabía qué.
LUIS
Lo nuestro.
MARTA
¿Qué?
LUIS
Claro. Y que... por eso... hizo... lo que hizo.
MARTA (a público)
Pero qué dice.
LUIS
¿Crees que pudo enterarse?
MARTA (a público)
No tiene ni puñetera idea de cómo era su mejor amigo. ¿Enterarse? Para que se diera
cuenta tendría que habérselo notificado por burofax. Alfredo no se enteraba de nada, se
tiró cuatro años regando esa planta de ahí. Y es artificial. Le dije: esa planta es nuestro
matrimonio, nuestro amor, lo que juntos hemos construido. Y es tu responsabilidad. Si
se muere, se habrá muerto lo que hay entre nosotros. Así que tú sabrás. ¡Ja! Y la regaba
todos los días, el tío. (Se queda mirando la planta) Lo cojonudo es que juraría que
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creció. Y el año pasado dio una ciruela, no me preguntéis cómo. Enterarse, dice... qué
ingenuo (niega con la cabeza) pero qué ingenuo...
MARTA (cambio absoluto de registro)
Es posible. Siempre he obrado con la máxima discreción, pero... nunca se sabe. Alfredo
era una persona muy observadora. Un simple gesto, un comentario banal, una mirada
indiscreta... aquel polvo en nuestra cama el invierno pasado mientras él y Ana estaban
aquí sentados tomando copas y escuchando a John Croce...
LUIS
Nunca hicimos el amor en...
MARTA (a público)
Ups, que no era él.
MARTA
Habías bebido demasiado. Pero sí, quizás lo sabía. De hecho, es muy probable que así
fuera.
LUIS
¿Quieres decir que/
MARTA
Pudo hacerlo por culpa nuestra, sí.
LUIS
Oh, Dios, no me lo podré perdonar nunca.
MARTA (a público)
No le creáis. Lo dice ahora que no hay manera de demostrarlo, que lo conozco. Pues no
seré yo la que le ponga la cosa fácil.
MARTA
El caso es que nunca lo sabremos.
LUIS
Entonces la duda me corroerá siempre.
MARTA (a público)
No se lo creé ni él.
MARTA
Tendremos que convivir con ello, Luis. Pero seguir siempre hacia adelante, como
salmones que luchan contra la corriente.
MARTA (a público)
Pelín forzao.
Marta se acerca.
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LUIS
Tienes razón.
MARTA (a público)
Siempre.
LUIS
Marta. Mi amor. Mi tesoro.
MARTA (a público)
Puaj. Qué pereza.
LUIS
Creo que, aunque nos duela, aunque nos parezca ahora inimaginable... no podemos
vernos más. Al menos... en el sentido que tú y yo sabemos, para hacer... lo que tú y yo
sabemos. Sé que será muy difícil para ambos...
MARTA (a público)
Ejem.
LUIS
...y que... no será fácil controlar nuestros sentimientos...
MARTA (a público)
Doble ejem.
LUIS
... pero es lo mejor. Tengo que hacerlo. Tenemos que hacerlo los dos. Por Alfredo. Por
su memoria, por su recuerdo, por su descanso eterno.
MARTA (a público)
No os dejéis engañar. No es que lo nuestro fuera la pasión turca, precisamente. Es,
bueno, era mi amante, sí, pero la cosa solo fue interesante al principio, muy muy al
principio. El primer minuto y medio, más o menos. Luego fue rutina, la misma rutina
que con Alfredo, pero en otros lugares. Incluso peor, llegó un momento en que nos
sentíamos obligados a vernos. A tal hora tal día en tal lugar. Y últimamente la cosa no
pasaba de cuatro veces al año. Es mi gestor y desde que me hice autónoma lo hacíamos
coincidir con las presentaciones de impuestos trimestrales para evitar perder mucho
tiempo. Se convirtió en eso, un trámite burocrático, rellenábamos el 303 y echábamos
un quiqui. Como si desgravara. En fin. Creo que voy a buscar a otro para que me lleve
las cuentas, alguien... más joven. Jaja.
MARTA
Quizás tengas razón.
LUIS
¿Tú crees?
MARTA (a público)
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Ups, que se me ve el plumero. A ver qué digo que suene bien. Tampoco quiero hacerle
demasiado daño, al fin y al cabo acaba de perder a su mejor amigo. A ver qué digo, qué
digo...
MARTA
Verás, cuando... cuando.... cuando la tarde languidece... reinas en las sombras y en la
quietud... los cafetales...
LUIS
¿Los qué?
MARTA (a público)
Ayúdame señor.
En ese instante, suena de nuevo la llamada en el teléfono móvil que está
conectado al altavoz. La voz anuncia INSPECTOR CASTRO
LLAMANDO.
MARTA (a público)
Soy atea, pero... qué coño, (mira hacia arriba) ¡Gracias!
Marta va hacia el teléfono y corta la llamada.
LUIS
¿No lo coges?
MARTA (a público)
¿Por qué tiene que preguntar lo obvio? Siempre hace lo mismo. Y Alfredo igual.
Pregunta sobre lo que está viendo. Nunca lo he entendido. Pregunta si no miras, si no
oyes, si no hueles... pero si acabas de ver lo que he hecho, ¡qué tienes que preguntar!
¡Calla!
MARTA
No.
LUIS
Ha dicho Inspector/
MARTA
Castro, sí, es el policía que ha llevado... lo de Alfredo.
MARTA (a público)
Nota aclaratoria. No decimos suicidio. Nadie lo ha dicho desde que pasó. Ni la familia,
ni los amigos, ni siquiera en el sensiblero obituario que le dedicaron en el periódico. Lo
llamamos “lo de Alfredo”, como si fuera un paquete que se hubiera dejado encima de la
mesa del despacho... “Eso es lo de Alfredo.” Sé que parece ridículo pero comprendedlo.
Es, al fin y al cabo, una forma de protegernos. Es como si así no hubiera sucedido.
Estaba y ya no está. Punto. Sin más explicación. No hay más preguntas, señoría.
LUIS
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Quizás tenga alguna novedad. Una nota que lo explique todo y pueda sacarnos de
dudas..
MARTA (a público)
Sí, dos días después de la muerte van a encontrar una nota de suicidio en el dobladillo
del pantalón, no te jode.
MARTA
No, tengo que firmar no sé qué papeles, ya me lo comentó antes. Es un hombre muy
perseverante, pero ahora necesito mi espacio y mi tiempo.
LUIS
¿Quieres que me vaya?
MARTA (a público).
Sí.
MARTA
No, por favor. Tú eres diferente.
LUIS
No quiero molestar.
MARTA
Tú nunca molestas, Luis. ¿Otra copa?
LUIS
No debería beber más, gracias, Ana va a pensar que...
MARTA (a público)
Estuviste en casa de tu amante unas horas después de que incinerara a su marido que
era, por cierto, tu mejor amigo. Y que lo único que querías era que te dijera que tú no
habías tenido la culpa de su suicidio y que los nueve años de infidelidad quedan
archivados bajo secreto sumarial. ¿Algo así?
MARTA
Lo entiendo.
LUIS
Gracias.
Luis se acerca a Marta.
LUIS
Si pudiera volver atrás en el tiempo...
MARTA (a público)
Volvería a votar a Rajoy.
MARTA
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Lo sé, Luis. Yo también.
LUIS
Tú también qué. No he dicho nada.
MARTA (a público)
Coño, ahora le da por escuchar. ¡Dios! ¿Por qué me meto en estos líos?
Suena en ese momento el teléfono de nuevo. Bueno, el aparato en el que
está conectado el teléfono.
MARTA (a público, después de mirar con desconfianza hacia arriba)
Joder, a ver si va a existir de verdad. ¡Gracias de nuevo, majete!
El aparato telefónico dice: FRAN LLAMANDO.
MARTA
Mierda, Fran. Joder, Fran. Mierda, mierda, joder, mierda, Fran, joder, Fran, mierda,
joder, Fran. ¿Y qué le digo yo ahora?
LUIS
¿Qué?
MARTA
¿Cómo le digo que su padre ha muerto?
LUIS
¿No se lo has dicho todavía?
MARTA (a público)
¿Lo veis? Ya está preguntando lo obvio.
MARTA
No, le llamé pero no conseguí localizarle.
LUIS
¿Pero... por qué? ¿Dónde está?
MARTA
Salvando el planeta.
LUIS
¿Qué?
MARTA
Sí, se ha enrolado en un barco de una ONG y se ha ido a un sitio extrañísimo:
Groenlandia, Finlandia, la Antártida... Benidorm... ahora mismo no me acuerdo.
LUIS
¿Pero qué hace en un barco salvando el planeta? ¿No es abogado?
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MARTA
Se está tomando un tiempo, como nosotros.
LUIS
No, Marta, lo nuestro es definitivo.
MARTA (a público)
Tenía que intentarlo.
MARTA
Lo dejó todo hace un par de meses. Decía que estaba saturado, que se había puesto a
reflexionar y se había dado cuenta de que lo que hacía no tenía sentido. De que vivía en
un perpetuo vacío existencial mientras el mundo se desmoronaba a su alrededor.
Empezó usando pañuelos de tela y yendo en bicicleta a todas partes hasta que un día. se
subió a un barco para rescatar a los fletanes que estaban siendo pescados furtivamente
en el Atlántico Norte o en el Pacífico Sur o donde sea.
LUIS
Qué interesante. Y qué comprometido.
MARTA
Absolutamente, valoro muchísimo lo que ha hecho. Su decisión y su valentía.
MARTA (a público)
Dejar su trabajo, su casa, su vida cómoda y tranquila, su felicidad, por irse en un barco a
rescatar a esos peces insípidos. La verdad es que no tengo palabras. Bueno, sí, tengo
una: gilipollas. Hay que ser gilipollas y tener muy pocas luces. Aguanta la paliza de
esos del chaleco azul que te asaltan por la calle, apadrina un niño de Bangladesh, planta
un alcornoque, dona diez euros al año para limpiar tu conciencia como hacemos todos,
come rúcula orgánica como los conejos si quieres pero sigue con tu vida... A ver si te
crees que por salvar a cuatro peces el mundo va a cambiar... que un barco en mitad de la
nada puede hacer algo frente a gobiernos, multinacionales y a todos los que en realidad
mueven los hielos. En fin, el caso es que está perdido quién sabe dónde y ahora tengo
que contarle de golpe que su padre ha muerto. La verdad, no me apetece un carajo...
Mejor lo dejo para otro día. Total, ya no se puede hacer nada.
En la pantalla aparece la imagen de Fran. Lleva rapada la cabeza por
los laterales y está desnudo de cintura para arriba.
MARTA (a público)
Mierda, mierda, mierda, se me olvidó que cuando el teléfono está conectado al aparatito
ese se descuelga solo si no cortas la llamada.
FRAN
Hola, mamá, aquí Fran. Cambio.
MARTA
Hola, Fran... aquí... mamá... (mira al público con extrañeza) ¿Cambio?
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