TURU
Mi amá y yo cerramos los ojos y nos imaginamos estar sentadas sobre un renglón,
miramos al frente (ósea a la derecha) y está todo en blanco, pero de repente escuchamos
algo, un cacareo. En nuestra mente, inmediatamente se dibuja una gallina, una gallina rara,
que se va deformando hasta convertirse en un loro. Impresionadas, nos miramos entre
nosotras, será que el loro escuchó a una gallina cacarear y éste lo repitió. Le preguntamos,
algo resignadas por escuchar algo incoherente y nos sorprendió al llevarnos del ala por el
paso de su juventud.
Mencionó que, cuando era chico sus compañeros de la granja le decían que hablaba
mucho, era molesto y frustrante hablar con él, nadie lo quería y siempre lo evitaban. Un día
normal, el loro estaba reposando sobre una varilla y entonces, escuchó… escuchó lo que se
convertiría en su objetivo primario: el padre de su joven amo le decía al niño que la
función de las gallinas era la más importante, daban huevos, si se encluecan, empollan y en
el peor de los casos (para las gallinas) te las podías “morfar”. El chico se aseguró de anotar
todo y el loro, atento, puso en marcha los escasos y pequeños engranajes de su cerebro; las
gallinas eran útiles, daban huevos, él quería ser útil, así que debía dar huevos.
Observó interesado a las gallinas e hizo lo que mejor se le daba, imitar. Cacareó y
cacareó, hasta quedarse sin aliento, cacareó y cacareó hasta robarle el puesto de ruidoso al
gallo, cacareó y cacareó, hasta que los vecinos se quejaron y siguió cacareando hasta que
sus dueños se dieron cuenta de que tenía un problemita. Lo llevaron al veterinario y éste
les dijo que era un caso muy extraño, pues no repetía otra cosa que aquel sonido gallinesco,
pero que físicamente estaba bien. De regreso, la familia tuvo un debate algo acalorado, su
joven amo opinaba que el loro quería ser gallina, que había que respetarlo y a partir de
entonces lo llamarían Turu (diminutivo de Turuleca). En cambio, el padre del pequeño
determinó que él era un loro, debía dejar esa mierda, comportarse como tal y cumplir su
inexistente papel en la granja. Los otros animales fueron aún más crueles, no solo
afirmando que era un loro sino recordándole que era un loro macho y su equipo no estaba
preparado para poner ni siquiera un huevo de su especie, haciendo añicos sus últimos
resquebrajos de esperanza.
Turu no volvió a abrir el pico, callado, quieto y deprimido; los animales se preocuparon,
preguntando si estaba bien y qué le pasaba, pero Turu no reaccionó. La familia desesperada
lo llevó finalmente al médico y el doctor concluyó:
-¡¡¡TIENE UN HUEVO!!!
-¿¡Qué decís!? ¿Ey amigo, te fumaste algo? - preguntó el hombre desencajado.
-No, señor padre de familia, le digo que el loro se tragó un huevo de un trofeo al mejor
huevo, y próximamente nos visitará del otro lado- respondió el veterinario.
Aún desorbitados, la familia y sus nuevos amigos cuidaron, respetaron y esperaron para
darle la bienvenida al huevo del lado oscuro y a Turu como la gallina dorada.
Nombre: Alina Arrechea
Número de DNI: 46817744
Municipio: Coronel Brandsen
Categoría: sub-18
Modalidad: Cuento