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3 Cuentos

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3 CUENTOS

EL ELEFANTE FOTÓGRAFO
- Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografíar...

Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y
aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo
prácticamente todo: desde un botón que se pulsara con la trompa, hasta un
objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para
poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para
elefantes era tan grandota y extraña que paracecía una gran y ridícula máscara, y
muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en
abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían
que no había nada que fotografiar en aquel lugar...
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida,
que nadie podía dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el
elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de
todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡incluso
del malhumorado rino!; de esta forma se convirtió en el
fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían
los animales para sacarse una sonriente foto para el
pasaporte al zoo.

LOS JUGUETES ORDENADOS


Érase una vez un niño que cambió de casa y al llegar a su nueva habitación vió
que estaba llena de juguetes, cuentos, libros, lápices... todos perfectamente
ordenados. Ese día jugó todo lo que quiso, pero se acostó sin haberlos recogido.
Misteriosamente, a la mañana siguiente todos los juguetes aparecieron ordenados
y en sus sitios correspondientes. Estaba seguro de que nadie había entrado en su
habitación, aunque el niño no le dio importancia. Y ocurrió lo mismo ese día y al
otro, pero al cuarto día, cuando se disponía a coger el primer juguete, éste saltó
de su alcance y dijo "¡No quiero jugar contigo!". El niño creía estar alucinado, pero
pasó lo mismo con cada juguete que intentó tocar, hasta que finalmente uno de los
juguetes, un viejo osito de peluche, dijo: "¿Por qué te sorprende que no queramos
jugar contigo? Siempre nos dejas muy lejos de nuestro sitio especial, que es
donde estamos más cómodos y más a gustito ¿sabes lo difícil que es para los
libros subir a las estanterías, o para los lápices saltar al bote? ¡Y no tienes ni idea
de lo incómodo y frío que es el suelo! No jugaremos contigo hasta que prometas
dejarnos en nuestras casitas antes de dormir"
El niño recordó lo a gustito que se estaba en su camita, y lo incómodo que había
estado una vez que se quedó dormido en una silla. Entonces se dio cuenta de lo
mal que había tratado a sus amigos los juguetes, así que
les pidió perdón y desde aquel día siempre acostó a sus
juguetes en sus sitios favoritos antes de dormir.

LOS ÚLTIMOS DINOSAURIOS


En el cráter de un antiguo volcán, situado en lo alto del único monte de una región
perdida en las selvas tropicales, habitaba el último grupo de grandes dinosaurios
feroces. Durante miles y miles de años, sobrevivieron a los cambios de la tierra y
ahora, liderados por el gran Ferocitaurus, planeaban salir de su escondite para
volver a dominarla.
Ferocitaurus era un temible tiranosaurus rex que había decidido que llevaban
demasiado tiempo aislados, así que durante algunos años se unieron para trabajar
y derribar las paredes del gran cráter. Y cuando lo consiguieron, todos prepararon
cuidadosamente sus garras y sus dientes para volver a atermorizar al mundo.
Al abandonar su escondite de miles de años, todo les resultaba nuevo, muy
disitinto a lo que se habían acostumbrado en el cráter, pero siguieron con paso
firme durante días. Por fin, desde lo alto de unas montañas vieron un pequeño
pueblo, con sus casas y sus habitantes, que parecían pequeños puntitos. Sin
haber visto antes a ningún humano, se lanzaron feroces montaña abajo,
dispuestos a arrasar con lo que se encontraran...
Pero según se acercaron al pueblecito, las casas se fueron haciendo más y más
grandes, y más y más.... y cuando las alcanzaron, resultó
que eran muchísimo más grandes que los propios
dinosaurios, y un niño que pasaba por allí dijo: "¡papá,
papá, he encontrado unos dinosaurios en miniatura!
¿puedo quedármelos?".
3 LEYENDAS

LA LEYENDA DEL CHARRO NEGRO


Se dice que aparece al anochecer por los caminos. Primero se oyen sus espuelas,
luego se siente frío y a lo lejos se puede divisar a un hombre con un atuendo
elegante: un traje negro con detalles de oro y un sombrero de ala ancha. Va
montado sobre un caballo con ojos que brillan como el fuego.
Se le aparece a quienes viajan solos ofreciendo todo tipo de riquezas. Su objetivo
es lograr que la persona entregue su alma, tal como él lo hizo cuando estaba vivo
y, así, encontrar a alguien que lo reemplace en su eterna condena.

LA LLORONA
En las altas horas de la noche, cuando todo parece dormido y sólo se escuchan
los gritos rudos con que los boyeros avivan la marcha lenta de sus animales, dicen
los campesinos que allá, por el río, alejándose y acercándose con intervalos,
deteniéndose en los frescos remansos que sirven de aguada a los bueyes y
caballos de las cercanías, una voz lastimera llama la atención de los viajeros. Es
una voz de mujer que solloza, que vaga por las márgenes del río buscando algo,
algo que ha perdido y que no hallará jamás.
Atemoriza a los chicuelos que han oído, contada por los labios marchitos de la
abuela, la historia enternecedora de aquella mujer que vive en los potreros,
interrumpiendo el silencio de la noche con su gemido eterno. Era una pobre
campesina cuya adolescencia se había deslizado en medio de la tranquilidad
escuchando con agrado los pajarillos que se columpiaban alegres en las ramas de
los higuerones. Abandonaba su lecho cuando el canto del gallo anunciaba la
aurora, y se dirigía hacia el río a traer agua con sus tinajas de barro, despertando,
al pasar, a las vacas que descansaban en el camino.
Era feliz amando la naturaleza; pero una vez que llegó a la hacienda de la familia
del patrón en la época de verano, la hermosa campesina pudo observar el lujo y la
coquetería de las señoritas que venían de San José. Hizo la comparación entre los
encantos de aquellas mujeres y los suyos; vio que su cuerpo era tan cimbreante
como el de ellas, que poseían una bonita cara, una sonrisa trastornadora, y se
dedicó a imitarías. Como era hacendosa, la patrona la tomó a su servicio y la trajo
a la capital donde, al poco tiempo, fue corrompida por sus compañeras y los
grandes vicios que se tienen en las capitales, y el grado de libertinaje en el que
son absorbidas por las metrópolis. Fue seducida por un jovencito de esos que en
los salones se dan tono con su cultura y que, con frecuencia, amanecen
completamente ebrios en las casas de tolerancia. Cuando sintió que iba a ser
madre, se retiró de la capital y volvió a la casa paterna. A escondidas de su familia
dio a luz a una preciosa niñita que arrojó enseguida al sitio en donde el río era
más profundo, en un momento de incapacidad y temor a enfrentar a un padre o
una sociedad que actuó de esa forma. Después se volvió loca y, según los
campesinos, el arrepentimiento la hace vagar ahora por las orillas de los
riachuelos buscando siempre el cadáver de su hija que no volverá a encontrar.

EL CADEJO
según la tradición guatemalteca, es un perro protector de quienes beben mucho
alcohol. Aunque suena extraño, no creas que los ebrios la tienen tan fácil: según la
leyenda, hay dos tipos de cadejo: uno blanco que protege y uno negro que
maldice.
Aunque parecen perros, tienen los ojos rojizos, cascos de cabra y mucho pelaje.
El “bueno” deambula por las calles durante las madrugadas y ayuda a los
borrachos a encontrar el camino a casa sin que les suceda nada. Hay quienes
dicen que hasta cuida a niños que están solos por la noche.
El “malo”, sin embargo, tiene una mirada feroz y lame la boca de la persona y con
eso la maldice de forma en que nunca más vuelve a estar sobrio.
Por si fuera poco, queda condenado a que el cadejo lo aceche durante nueve días
seguidos hasta que finalmente muere.
Nadie puede tocar al cadejo, incluso algunos dicen que no lo llegan a ver, pero
que “sienten” su presencia y tienen la certeza de que está
allí.
borracho, luchan entre sí, uno para protegerlo y otro para
atacarlo. El cadejo blanco, sin embargo, nunca cuidará a una
persona que se emborrache con malas intenciones.

3 FABULAS
EL LOBO Y LA GRULLA
Mientras un lobo se comía un hueso, se le atragantó en la garganta, y empezó a
correr por todas partes en busca de ayuda. En su camino se encontró a una grulla
y le pidió que le salvara de aquella situación y que le pagaría por ello. La grulla
aceptó, introdujo su cabeza en la boca del lobo y sacó el hueso atravesado de la
garganta. Entonces, le pidió su compensación al lobo, a lo que este le respondió:
– “Oye amiga, ¿no crees que es suficiente paga el haber sacado tu cabeza sana y
salva de mi boca?”.
Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha
paga tendrías si te dejan sano y salvo.

EL CABALLO VIEJO
Un caballo que ya estaba muy mayor fue vendido por su amo a un molinero que lo
empleó para que diera vueltas a la piedra de un viejo molino. El caballo no hacía
otra cosa desde la mañana hasta la noche que girar y girar alrededor de aquella
rueda, lo cual no solo le cansaba mucho sino que lo ponía muy triste. Y es que el
viejo caballo recordaba lo veloz y famoso que había sido en sus años de juventud,
en los que había vivido infinidad de aventuras y también cómo se burlaba de los
otros caballos que eran más viejos y lentos que él.
Ahora viéndose en esta situación en la que pasaba sus días atado y dando vueltas
a dicho molino, se arrepentía de aquella actitud que había tenido cuando era
poderoso:
– “Después de las grandiosas vueltas que di en las carreras durante mi juventud,
mira las vueltas que tengo que dar ahora. Este es un justo castigo por burlarme de
aquellos a los que veía más débiles e inferiores”.
Moraleja: Mejor ser humilde cuando tienes poder, porque
un día u otro lo has de perder.

EL LOBO CON PIEL DE OVEJA


Un lobo pensó un día cambiar su apariencia para así obtener comida de forma
más fácil. Ni corto ni perezoso, se metió dentro de una piel de oveja y se fue a
pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor. Al atardecer, fue llevado
junto con todo el rebaño al granjero, donde le cerraron la puerta para que ningún
lobo entrara a comerse a las ovejas. Sin embargo, en la noche, el pastor entró
buscando la cena para el día siguiente, tomó al lobo y creyendo que era un
cordero, lo sacrificó al instante.
Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

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