Teorías de la Verdad en Filosofía
Teorías de la Verdad en Filosofía
para referirse a una realidad: una realidad es verdadera, a diferencia de otra que es aparente, ilusoria,
etc.
Los filósofos griegos comenzaron por buscar lo verdadero frente a la falsedad, la ilusión, la apariencia, etc.
La verdad era idéntica a la realidad. El griego concibe la verdad como descubrimiento del ser, es decir, como
la visión de la forma o perfil de lo que es verdaderamente, pero que se halla oculto por el velo de la
apariencia.
Los griegos se ocuparon también de la verdad como propiedad de ciertos enunciados, de los cuales se dice
que son verdaderos. Así, para Aristóteles, "decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso;
decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero" (Metafísica, G, 7, 1011b 26-8). Para
Aristóteles no hay verdad sin enunciado. Para que un enunciado sea verdadero es menester que haya algo de
lo cual se afirme que es verdadero (o que no haya algo de lo cual se afirme que no es verdad.
Para los escolásticos, la verdad es una propiedad trascendental del ente. La verdad como verdad trascendental
es definida como la conformidad o conveniencia del ente con la mente. Pero la verdad puede entenderse así
mismo como la conformidad o conveniencia de la mente con la cosa, o adecuación de la mente con la cosa
(verdad lógica).
Para los racionalistas y los empiristas, las verdades son fundamentalmente "verdades de hecho".
Para Kant, si el objeto del conocimiento es la materia de la experiencia ordenada por las categorías, la
adecuación entre el entendimiento y la cosa se hallará en la conformidad entre el entendimiento y las
categorías del entendimiento. La verdad es entonces primordialmente verdad del conocimiento, coincidente
con la verdad del ser conocido. Pues si hay efectivamente cosas en sí, éstas son inaccesibles y, por tanto, no
puede hablarse de otro conocimiento verdadero que el conocimiento de dicha verdad trascendental.
Con respecto a la verdad se han mantenido diversas teorías, de las cuales las más importantes son: teoría de la
verdad como correspondencia, teoría pragmática de la verdad, teoría de la coherencia, teoría semántica de la
verdad y teoría de la verdad como redundancia.
Decir de lo que no es que es, o de lo que es que no es, es falso; y decir de lo que es que es, y de
lo que no es que no es, es verdadero; de suerte que el que dice que algo es o que no es, dirá
verdad o mentira (Metafísica, IV, 7)
Puesto que [...] se ajusta a la verdad el que piensa que lo separado está separado, y que lo junto
está junto, y yerra aquel cuyo pensamiento está en contradicción con las cosas, ¿cuándo existe o
no existe lo que llamamos verdad o falsedad? Debemos, en efecto, considerar qué es lo que
decimos. Pues tú no eres blanco porque nosotros pensemos verdaderamente que lo eres, sino
que, porque tú eres blanco, nosotros, los que lo afirmamos, nos ajustamos a la verdad
(Metafísica, IX, 10)
La verdad es, pues, el "ajuste" del pensamiento a la realidad. Si pensamos que las cosas son como realmente
son, nuestros pensamiento -y nuestro decir- es verdadero. El segundo texto explica a qué clase de ajuste se
referiría Aristóteles. Si en la realidad a una cosa le pertenece una propiedad, en el pensamiento debe decirse
eso mismo. Hay, pues, un paralelismo:
Adecuación del entendimiento a la cosa, según que el intelecto afirma ser lo que es, y no ser lo
que no es (Sto. Tomás de Aquino, Suma contra gentiles, I, 49)
Esta teoría de la verdad plantea múltiples problemas. El primero de ellos es el siguiente: ¿es ésta la
concepción originaria de la verdad, o deriva de otra aún más originaria? La respuesta de Heidegger es:
Es decir, la noción de verdad como correspondencia deriva de otra noción más primitiva, la de verdad como
aletheia, como revelación del ser de las cosas. El mostrarse de la cosa es la verdad originaria, anterior al
juicio, y, por tanto, anterior a la idea de correspondencia. La verdad originalmente está ligada al ser; la
prioridad la tienen las cosas, en las que estamos ineludiblemente instalados y cuya verdad se nos hace
presente y nos interpela. Todo otro sentido de la verdad está referido a éste.
No es este, no obstante, el único problema, ni el más grave, de los que plantea esta concepción de la verdad.
Siempre podemos preguntar: ¿qué significa que hay correspondencia o adecuación? Podríamos responder que
convencionalmente se han asignado unos signos determinados a unos objetos determinados, de modo que,
cuando aparecen estos signos, nuestra mente se representa este objeto. Pero, ¿en qué consiste una
representación del objeto?
Aún más, en esta concepción de la verdad hay subyacente otra teoría filosófica que también ha sido discutida:
el realismo, el cual supone que existe una realidad independiente de nuestra mente y que esa realidad es
básicamente tal como se representa en ella. La representación consiste en la captación de la "forma" de la
realidad.
Para las teorías de la correspondencia, la verdad de una proposición consiste, no en sus relaciones con otras
proposiciones, sino en su relación con el mundo, en su correspondencia con los hechos. En este sentido, la
definición aristotélica vista más arriba se englobaría dentro de una teoría de la verdad como correspondencia,
pues al emitir un juicio este será verdadero si aquello que afirmamos en el juicio se corresponde con lo que
existe en la realidad.
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Ahora bien, ¿qué es esta correspondencia con la realidad?. La relación de correspondencia se explica no en
términos de un isomorfismo estructural entre proposición y hecho, sino en términos de relaciones puramente
convencionales entre las palabras y el mundo. La correspondencia se explica mediante dos tipos de
"correlación":
La idea es que en el caso de un enunciado tal como "tengo prisa", proferido por s en t, las convenciones
descriptivas correlacionan las palabras con situaciones en las cuales alguien tiene prisa, y las convenciones
demostrativas correlacionan las palabras con el estado de s en t, y el enunciado es verdadero si la situación
específica correlacionada con las palabras por (ii) es del tipo correlacionado con las palabras por (i).
Desde este punto de vista, Austin subraya el carácter convencional de las correlaciones; pues cualquier
palabra se podría correlacionar con cualquier situación; la correlación no depende en modo alguno del
isomorfismo entre palabras y mundo.
Austin localiza la verdad del enunciado de que "p" no en su correspondencia con el hecho de que "p", sino
más bien en que los hechos sean como dice "p", o, según lo expresa Austin, en las convenciones
demostrativas que correlacionan "p" con una situación que es del tipo con el que las convenciones
descriptivas lo correlacionan.
La idea de la verdad como correspondencia es una noción realista pues distingue, realistamente, entre una
teoría y los hechos que describe, y hace posible decir que es verdadera o falsa si concuerda o no concuerda
con ellos.
Llamemos a los objetos de los juicios y las creencias objetivos. Dado que Otelo cree falsamente que
Desdémona ama a Casio, ¿cuál es el objetivo del juicio 'Desdémona ama a Casio? Tendremos que admitir
que hay falsedades objetivas. Pero Russell cree que esto hace inexplicable la diferencia entre verdad y
falsedad:
Cuando juzgamos con verdad, ha de encontrarse fuera de nuestro juicio alguna entidad que de
algún modo le "corresponda"; mientras que cuando juzgamos con falsedad no existe tal entidad
correspondiente (Ensayos filosóficos, p. 221)
No cabe la escapatoria de decir que los juicios verdaderos tienen objetivos mientras que los falsos carecen de
ellos. La teoría relacional nos obliga a admitir que, dado que hay juicios falsos y que una relación requiere un
relatum, tanto los juicios verdaderos como los falsos tienen objetivos.
La salida de la dificultad, según Russell, consiste en mantener que lo que creemos o juzgamos no es una sola
cosa. Cuando Otelo cree que Desdémona ama a Casio, no puede tener ante la mente un objeto simple, la
falsedad objetiva el amor de Desdémona por Casio. Por el contrario, el juicio o la creencia es una relación
entre un sujeto (la mente que juzga o cree) y varios objetos (los términos sobre los que se juzga o cree). El
sujeto y los objetos son las partes constitutivas del juicio o creencia. Como toda relación, la de juzgar o creer,
tiene una dirección. Así la creencia anterior de Otelo difiere de su creencia de que Casio ama a Desdémona, a
pesar de que consta de las mismas partes constituyentes. Uno de los objetos de la creencia ha de ser un
objeto-relación que "entreteja" los otros objetos (la relación 'amor' en nuestro caso). Pero esta relación no es
la que crea la unidad del complejo total formado por el sujeto y los objetos. La relación 'amar' es uno de los
objetos de la creencia, uno de los ladrillos del complejo total. El cemento es la relación 'creer'. Así, podemos
representar la creencia de Otelo de este modo:
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Creer<Otelo<Desdémona,amar,Casio>>.
Si tomamos una creencia como 'Otelo cree que Desdémona ama a Casio', denominados a
Desdémona y Casio los objetos-término y a 'amar' el objeto-relación. Si existe una unidad
compleja como 'el amor de Desdémona a Casio', constituida por los objetos-término enlazados
por el objeto-relación, esta unidad compleja se denomina el hecho correspondiente a la creencia.
Así una creencia es verdadera cuando hay una hecho correspondiente, y falsa cuando no hay un
hecho correspondiente (Los problemas de la filosofía, p. 112)
La verdad se entiende entonces como una relación de congruencia entre dos entidades complejas: la
secuencia de cuatro términos formada por Otelo, Desdémona, amar y Casio, en este orden, y la secuencia de
tres términos formada por Desdémona, amar y Casio, en este orden. Si hay esa secuencia de tres términos
enlazados por el objeto-relación en la dirección adecuada, entonces la creencia es verdadera. Si no la hay o su
dirección no es la misma que se da en la secuencia de cuatro términos, entonces es falsa.
Por lo tanto, "verdad" y "falsedad" no son nociones semánticas, corresponden a actos de habla que cumplen
una función específica: designar una situación en el mundo y describirla. No todas las oraciones de un
lenguaje cumplen esa función y, por ende, no todas pueden ser verdaderas o falsas.
Las aseveraciones enuncian algo sobre el mundo, pero su relación con los hechos que enuncian es puramente
convencional. Hay convenciones descriptivas que relacionan las oraciones usadas con situaciones distintas
del mundo, y convenciones demostrativas que refieren las palabras a esas situaciones.
Un enunciado se dice que es verdadero cuando el estado de cosas histórico con el que está
correlacionado por las convenciones demostrativas (aquel al que 'se refiere') es de un tipo con el
que la oración usada al hacerlo está correlacionada por las convenciones descriptivas (p. 123)
En esta definición se mantiene la idea de la verdad como correspondencia; pero ésta no consiste en alguna
forma de congruencia entre dos cosas, una lingüística y otra real, sino en reglas convencionales que rigen el
uso de las oraciones para describir el mundo y referirse a él. No tiene sentido, entonces, representarse la
correspondencia al modo de una figura, plano o esquema de los hechos. Cualquier signo y relación entre
signos, en un lenguaje, puede estar relacionado, por convenciones, con cualquier situación objetiva; para
establecer la relación entre uno y otra sólo precisamos conocer las convenciones lingüísticas.
La aseveración, para ser verdadera, requiere referirse a algo existente fuera del lenguaje mismo. Condición
del a aseveración, frente a la simple oración, es la pretensión de que lo aseverado existe efectivamente. No
cabe, por lo tanto, suprimir, por redundante, la noción de verdad. Wittgenstein y Ramsey pretendieron que "p
es verdadero" no dice nada más que "p". La noción de "verdad", concluyeron, no añadiría nada a la
proposición afirmativa. Austin rechaza ese análisis. Si alguien pone en cuestión "p", es necesario afirmar "p
es verdadera"; con ello indicamos que no tomamos "p" en su puro significado, sino que "p" se refiere
efectivamente a algo en el mundo y la usamos para hacer esa referencia. En otras palabras: decir que una
aseveración es verdadera no es superfluo, porque dice justamente que la aseveración tiene la pretensión de
que lo aseverado existe efectivamente en el mundo.
Aquello cuya existencia aseveramos es, sin duda, un hecho. Pero, puesto que la relación de las aseveraciones
con los hechos es convencional, los hechos no están ahí en el mundo con independencia del lenguaje, pues la
manera como son descritos depende de nuestras convenciones lingüísticas. Podríamos decir que si bien los
hechos existen con independencia del lenguaje, la manera como son referidos y descritos depende del
lenguaje.
1. La aseveración puede significar lo que digo o mi acto de decirlo. Verdadero o falso es lo primero, no el
acto de habla. "Decir la verdad no es una manera de decir, es decir algo verdadero". No es, pues, un
acontecimiento fechable, como parece indicar el análisis de Austin, sino algo sin fecha, común a
muchas oraciones, dichas en distintos momentos y ocasiones; tenemos la misma aseveración cuando
aplicamos la misma descripción al mismo referente. La "proposición" es el contenido común aseverado
en varias oraciones cuando tienen el mismo sentido. Lo aseverado seria entonces la proposición, pero
considerada en su uso para referirnos a algo y describirlo.
2. Strawson critica la idea de Austin de que el correlato de la aseveración verdadera es un hecho del
mundo. Admite que lo que hace verdadera una aseveración es el hecho aseverado, pero sostiene que "el
hecho que asevera no es algo en el mundo". Strawson piensa que el mundo está compuesto de cosas y
de relaciones entre cosas, no de hechos. Las aseveraciones verdaderas serían sobre objetos (cosas) que
están en el mundo, pero lo que asevera son hechos y el mundo no está constituido por ellos.
Strawson piensa que, dadas las dificultades de la noción de verdad como correspondencia, lo mejor es
abandonarla.
Esta interpretación de la verdad implica la noción del "darse por sí mismo" del objeto. La verdad reside en el
juicio, pero hay que distinguir entre "juicios mediatos", que justifican su verdad en otros juicios y "juicios
inmediatos", cuya justificación consiste en su cumplimiento en la intuición. Así, la verdad predicativa remite
a una verdad "ante-predicativa", fundada en la evidencia. "En la justificación verdadera, los juicios
demuestras su 'exactitud', su 'acuerdo', es decir, el acuerdo de nuestro juicio con la cosa juzgada ella misma".
El acto de juzgar es una pretensión de la existencia de un estado de cosas. "En la evidencia la cosa o el hecho
no es solamente presunto sino está presente él mismo". La noción dela verdad como adecuación entre lo
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significado en el juicio y lo dado en la evidencia supone la noción de verdad como presencia del objeto. En
un sentido originario la verdad exige la patencia del ente.
De acuerdo con "la máxima pragmática", el significado de un concepto viene dado por la referencia a las
consecuencias "prácticas" o "experimentales" de su aplicación. Así el enfoque que los pragmatistas hacen de
la verdad consiste en preguntar por la diferencia que introduce el que una creencia sea verdadera.
¿Por qué Peirce tiene tanta confianza en que todos los investigadores llegarán a un acuerdo y por qué cree
que el método científico es tan apropiado para este fin? Peirce considera que la creencia es una disposición a
la acción y que la duda es una interrupción de esa disposición debida a una experiencia recalcitrante. La
investigación es propulsada por la duda, que es un estado desagradable que tratamos de reemplazar con una
creencia fijada. Algunos métodos de adquirir creencias -el método de la tenacidad, el método de la autoridad,
el método a priori- son inherentemente inestables, pero el método científico nos permite adquirir creencias
estables. Pues el método científico se basa en la experiencia de una realidad objetiva. La realidad es objetiva
porque no podemos controlar nuestras percepciones. Así la realidad objetiva nos acerca progresivamente a
conclusiones que reflejan correctamente esa realidad. La verdad es, pues, correspondencia con la realidad,
pero la verdad es también lo que es satisfactorio creer, en el sentido de que es estable, libre de la
perturbación de la duda.
1.2.2 James
James acepta definir una creencia verdadera como aquella que "concuerda con la realidad", pero insiste en
que esta expresión es doblemente ambigua: no nos dice qué se entiende por 'realidad' ni nos dice qué tipo de
relación es la concordancia. James cree que la realidad, o al menos la realidad con la que deben concordar las
creencias verdaderas, depende de la mente. Nuestras mentes organizan y estructuran la experiencia por medio
de categorías y conceptos. Pero James no cree que estos esquemas estén incorporados innatamente en
nuestras mentes. Son el descubrimiento inductivo de nuestros antecesores. ¿Por qué decidieron estructurar el
mundo con estos rasgos y no con otros? La respuesta de James es que encontraron más útil organizar el
mundo de esta manera.
James cree que una manera en que una idea puede concordar con la realidad es copiando las cosas sensibles.
Pero las únicas ideas que pueden copiar la realidad son las ideas obtenidas por familiaridad o trato directo
intuitivo. La mayoría de las ideas, en cambio, sólo pueden concordar con la realidad en el sentido de resultar
útiles a quienes las creen. En otras formulaciones de su posición, James hace equivaler lo verdadero con la
creencia cuya adopción tiene "buenas" consecuencias prácticas, o con aquella que es "eficaz".
'Lo verdadero', expresándolo muy brevemente, es sólo lo eficaz en nuestro modo de pensar, al
igual que 'lo correcto' es sólo lo eficaz en nuestro modo de comportarnos
La teoría de la verdad de Habermas es una versión de la teoría consensual de Peirce: «la opinión que está
llamada a que se pongan de acuerdo en ella todos los que investigan, es lo que entendemos por verdad». La
versión de Habermas es:
puedo atribuir un predicado a un sujeto si y sólo si cualquier otro que pudiera entrar en un
diálogo conmigo atribuyera el mismo predicado al mismo objeto. Para distinguir los enunciados
verdaderos de los falsos hago referencia al juicio de otros -al juicio de todos los otros con los que
yo pudiera entrar en un diálogo (incluyendo aquí contrafácticamente a todos los oponentes que
pudiera encontrar si mi vida fuera coextensivas con la historia del mundo humano). La condición
de la verdad de los enunciados es el asentimiento potencial de todos los otros
("Wahrheitstheorien", en Wirklichkeit und Reflexion: Festschrift für Walter Schulz, Pfullingen,
1973, p. 219)
Habermas rechaza las teorías semánticas de la verdad, las cuales consideran como propiamente verdaderas o
falsas las oraciones más bien que los enunciados o las aserciones. La verdad y la falsedad se predican de los
enunciados no en el sentido de "eventos históricos" o "episodios lingüísticos" particulares (emisiones), sino
en el sentido de lo que es dicho en los actos de habla constatativos.
La verdad tiene que ser considerada en un contexto pragmático como una pretensión de validez que
vinculamos a los enunciados al afirmarlos; pretendemos que los enunciados afirmados son verdaderos. Lo
que es menester clarificar, pues, es el "significado de verdad, implicado en la pragmática de las aserciones".
Y con este fin es necesario examinar no sólo las condiciones bajo las que los enunciados son verdaderos, sino
las condiciones bajo las cuales está justificada nuestra pretensión de que los enunciados son verdaderos. Un
enunciado que yo afirmo puede ser verdadero sin que yo sea capaz de aducir ningún argumento racional para
sostener que es verdadero. En este caso yo estoy planteando una pretensión que no puedo justificar; no soy
capaz de mostrar que merece ser reconocida por los demás. En este sentido mi pretensión es injustificada,
infundada, carece de garantía.
Según Habermas no tiene sentido separar los criterios de verdad de los criterios de aserción garantizada de
pretensiones de validez, pues las experiencias de certeza se caracterizan por una "privacidad" que contrasta
con la intersubjetividad de las pretensiones de validez.
La separación de la verdad respecto del discurso teórico podría también mantenerse sobre la base de alguna
de las versiones de la teoría de la verdad como correspondencia. En este caso tendría sentido decir que p es
verdadero (que p "concuerda" con la realidad) aun cuando fuera imposible obtener un reconocimiento
intersubjetivo de su verdad en la discusión crítica. Pero, argumenta Habermas, las teorías de la verdad como
correspondencia están cargadas de dificultades insuperables: tratan en vano de romper, y de salirse de, la
esfera del lenguaje. Los hechos con que los enunciados verdaderos se corresponden no son cosas o sucesos
en la faz del globo, presenciados u oídos o vistos; son lo que los enunciados (cuando son verdaderos)
enuncian y como tales están ligados a cláusulas "que". La "correspondencia" de los enunciados con los
hechos no es una correspondencia entre enunciados lingüísticamente estructurados y una realidad en sí,
lingüísticamente desnuda. Por supuesto que un enunciado p es verdadero si es el caso que p. Ambos términos
de la relación pertenecen a "la esfera del lenguaje" -"el hecho de que p" tiene la misma estructura categorial
que p. Esto no significa decir que los enunciados versen (o tengan que versar) sobre el lenguaje. Aquello
sobre que un enunciado versa viene determinado por su componente denotativo. De ahí que los enunciados
versen (o puedan versar) sobre "cosas o sucesos en la faz del globo". Pero lo que enuncian es "que" la cosa o
suceso al que se refieren posee las propiedades, rasgos o relaciones que predicativamente se le adscriben. Y
las operaciones de predicación, no menos que las de denotación, son operaciones en el lenguaje. Esas
operaciones tendrán éxito, en un nivel, si las convenciones que gobiernan el lenguaje en cuestión son
adecuadamente observadas. Y tendrán éxito, en otro nivel, si el lenguaje resulta apropiado o adecuado para el
ámbito objetual en cuestión. Las teorías de la verdad como correspondencia no solamente son incapaces de
suministrar un criterio de verdad (¿qué enunciados corresponden a la realidad?), independiente de la
discusión crítica; tampoco son capaces de dar una explicación coherente, ni de la "realidad en sí" con que se
dice que se corresponden los enunciados verdaderos ni de la relación de "correspondencia" de que se habla.
Para Habermas no puede haber separación entre los criterios de verdad y los criterios de desempeño
argumentativo de pretensiones de verdad. La cuestión, ¿bajo qué condiciones es un enunciado verdadero? Es
inseparable de la cuestión, ¿bajo qué condiciones está justificada la aserción de ese enunciado?. La idea de
verdad sólo puede desarrollarse por referencia al desempeño discursivo de pretensiones de validez. De
acuerdo con esto, la lógica de la verdad de Habermas adopta la forma de una lógica del discurso teórico, esto
es, de un examen de las condiciones (pragmáticas) de posibilidad de alcanzar un consenso racional mediante
argumentación.
A la teoría consensual de la verdad se le puede objetar que parece basarse en una "confusión categorial", en
una confusión entre el significado de "verdad" y los métodos para llegar a enunciados verdaderos. El
significado de "es verdadero", cuando se predica de un enunciado, no parece ser idéntico al significado de
"existe (o puede existir) un consenso racional (es decir, argumentativamente fundado) acerca de que el
enunciado es verdadero". Habermas responde a esta crítica señalando que él no está ligando el significado de
la verdad a métodos o estrategias particulares de obtención de la verdad sino a las "condiciones pragmáticas
universales" del discurso en general. El significado de "es verdadero" sí es idéntico al significado de "existe
un consenso racional acerca de que el enunciado es verdadero". La razón es la siguiente: desde un punto de
vista pragmático, el objeto de análisis es el término "verdadero" pero entendido no como un predicado de los
enunciados, sino como la pretensión que planteo cuando afirmo enunciados. Lo que está en cuestión,
entonces, no es el significado semántico de un término, sino el significado pragmático de un acto, del acto de
plantear una pretensión de verdad. Y el significado de una pretensión tiene que ser analizado en términos del
modo en que puede resolverse sobre ella, del modo en que puede ser justificada.
Otra objeción a las teorías consensuales es que la "verdad" es un concepto normativo y por tanto no puede
ligarse a la obtención de un consenso de facto: no cualquier consenso que se alcance puede servir como
garantía de verdad. ¿Cómo distinguir un acuerdo alcanzado discursivamente, un acuerdo "racional", de una
mera apariencia de racionalidad? ¿Cuáles son los criterios de un consenso "verdadero" por oposición a uno
"falso"? Si no existen criterios fiables para decidir esta cuestión, la teoría del discurso de Habermas no habría
hecho más que cambiar de sitio el problema de la verdad, pero sin contribuir sustancialmente a su
clarificación. Además, si los criterios que sirven para distinguir un consenso "fundado" de un consenso
ilusorio exigen una justificación discursiva, nos estamos moviendo en un círculo; y si no hay círculo, es que
hemos trascendido el marco del consenso al establecer ese marco. La única forma de escapar a este dilema,
según Habermas, es recurrir a una caracterización del consenso "racionalmente motivado" -un consenso
alcanzado sólo en virtud de la "fuerza del mejor argumento"- enteramente en términos de las "propiedades
formales del discurso". La idea rectora es que un consenso está "racionalmente motivado" o es un "consenso
fundado" si sólo se debe a la fuerza de los argumentos empleados (y no, por ejemplo, a las coacciones
externas ejercidas sobre el discurso o a las coacciones "internas" incrustadas en la propia estructura del
discurso).
Según esta teoría una proposición no es verdadera porque se corresponda con la realidad, sino porque es
coherente (o consistente) con todas las demás proposiciones que se consideran verdaderas. Es decir, el
criterio de verdad es la coherencia del dato o proposición con el resto del saber ya aceptado, y dotado, a su
vez, de coherencia interna.
La debilidad de la teoría de la correspondencia es que intenta establecer la verdad sobre datos seguros, fijos,
y bien probados que sirven de fundamento, y, sin embargo, ese momento de fundamentación siempre acaba
mostrando su fragilidad. Por eso los coherentistas proponen no acudir a bases supuestamente seguras, sino
considerar verdadera una proposición cuando puede insertarse en un conjunto de proposiciones que se tienen
ya por verdaderas.
Se trata, por tanto, de un criterio contextual, en virtud del cual nada es verdadero o falso aisladamente, sino
que cada dato está esencialmente referido y conectado con el resto del sistema de saberes en que se integra.
Sólo así cobra sentido y valor de verdad. A este respecto, dice Hegel:
2. En un sistema axiomático la verdad de una proposición depende de a verdad de los axiomas; pero,
¿cómo saber que estos son verdaderos?
3. Un sistema formal, además de consistente, ha de ser completo; pero el teorema de Gödel muestra en
los sistemas formales no se pueden satisfacer a la vez los requisitos de consistencia y el de completud.
4. La coherencia puede ser un buen criterio de verdad para los sistemas de creencias.
Lo que distingue una teoría de la coherencia es simplemente la idea de que nada puede
contar como una razón para sostener una creencia excepto otra creencia. El defensor de
esta idea rechaza por ininteligible la demanda de fundamentos o fuentes de justificación de
una especie distinta (Davidson, D., Mente, mundo y acción, Paidós, p. 79)
La verdad es correspondencia con el modo como son las cosas. Si una teoría de la
coherencia acerca de la verdad es aceptable, ha de estar de acuerdo con una teoría de la
correspondencia (Ibíd., p. 77)
Por eso, la coherencia es sólo un criterio de aceptabilidad de una proposición como verdadera. Lo cual
no implica que necesariamente lo sea.
pensamos. Pensar algo es tenerlo en algún grado en la mente. Así, con el supuesto adicional de que el mundo
es coherente, parece seguirse que nuestras creencias son probablemente verdaderas en la medida en que sean
ellas mismas coherentes. La coherencia de la creencia es evidencia de su verdad.
Aunque el término 'coherencia' es usado de diversas maneras, podemos decir que un conjunto de creencias es
coherente si, y sólo si, (1) es un conjunto consistente, y (2) cada miembro del conjunto es implicado
(deductiva o inductivamente) por todos los demás en conjunción o, según algunas versiones, por cada uno de
los demás individualmente. La verdad pura sería un conjunto de creencias plenamente coherente,
entendiendo por tal un sistema de creencias que satisficiera (1) y (2) en su versión más fuerte. Aunque nunca
lograremos realmente el ideal de mutuo entrañamiento entre creencias individuales, a veces nos acercamos a
él.
Hay una objeción persistente a las teorías coherentistas: puede existir un número indeterminado de sistemas
de creencias o proposiciones que sean internamente consistentes pero incompatibles entre sí. Al ser
mutuamente incompatibles no podrían ser todos verdaderos. A fin de excluir la posibilidad de que hubiera
dos sistemas así, Blanshard dice que sería verdadero aquél "en el que todo lo real y lo posible esté incluido
coherentemente". Es decir, el sistema verdadero es aquél que nos da una imagen completa del universo.
Puesto que Blanshard no cree que se alcance jamás la verdad pura, ofrece una teoría de los grados de verdad.
«Un juicio dado es verdadero en el grado en el que su contenido podría mantenerse a la luz de un sistema
completo de conocimiento, falso en el grado en el que su aparición allí exigiría transformación».
Neurath y Carnap sostuvieron que, si las proposiciones básicas debían servir como los fundamentos
intersubjetivos de la ciencia, tendrían que referirse, no a experiencias privadas, incomunicables, sino a
objetos y eventos públicos, físicos. Los enunciados que a primera vista se refieren a fenómenos mentales
deben ser reducibles a enunciados sobre fenómenos físicos. Esta es la tesis fisicista aplicada a la filosofía de
la mente. El criterio de Neurath y Carnap despojaba a los enunciados básicos de su posición privilegiada:
dejaban de ser incorregibles. Como afirma Neurath:
Para Neurath y Carnap era metafísico hablar de comparar los enunciados con los hechos, o con la realidad, o
con la experiencia. ¿Qué podría ser dicha comparación sino una relación lógica? Pero la única cosa con la
que un enunciado puede estar en una relación lógica es otro enunciado. La verdad debe consistir, pues, en
alguna relación lógica entre las proposiciones: independencia lógica, entrañamiento o incompatibilidad.
Concluyeron así que para que un enunciado sea verdadero es necesario y suficiente que forme parte de un
sistema consistente.
¿Pero cómo responder a la objeción de que podría haber más de un sistema de proposiciones, todos
internamente consistentes, pero todos incompatibles entre sí? Y en tal caso, ¿cómo saber cuál es el
verdadero?
Según Carnap, el sistema verdadero es el aceptado por los científicos de nuestro mundo civilizado. Lo que
Carnap quiere decir no es que ese sistema incluiría la proposiciones de que él es el sistema aceptado por los
científicos de nuestra civilización. Pues cada sistema podría incluir sin contradicción esa proposición. Lo que
Carnap quiere decir es que solamente uno de esos sistemas sería aceptado de hecho por los científicos. En
realidad, la solución de Carnap era una desviación hacia el pragmatismo, pues las teorías pragmáticas de la
verdad se caracterizan por definir la verdad en términos de aceptación.
Tarski compartía con muchos de los positivistas lógicos el ideal del fisicismo: la creencia en que todos los
conceptos debían ser reducibles a conceptos de la lógica, la matemática y la física. Así su proyecto era definir
todos los conceptos semánticos, salvo el de satisfacción, en términos del concepto de verdad, definir la
verdad en términos de satisfacción y, por último, definir satisfacción en términos físicos y lógico-
matemáticos.
Tarski considera que una definición satisfactoria de la verdad debe cumplir dos requisitos: debe ser
materialmente adecuada y formalmente correcta. La primera exigencia pone límites al contenido posible de
cualquier definición satisfactoria; la segunda pone límites a su forma posible.
Decir de lo que es que no es o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es
que es o de lo que no es que no es, es verdadero (1011b26)
Como condición de adecuación material propone que cualquier definición aceptable de la verdad debe tener
como consecuencia todas las ejemplificaciones del esquema:
donde 'p' es reemplazable por cualquier oración del lenguaje al que se refiere la palabra 'verdadera' y 'o' es
reemplazable por un nombre de esa oración.
Tarski subraya que ni el esquema V -que no es una oración sino sólo un esquema de oración- ni caso
particular alguno del esquema pueden considerarse una definición de la verdad. El esquema V sirve para fijar
la extensión, no es significado o intención, del predicado "verdadera". Actúa como un filtro, excluyendo
cualquier definición que no entrañe todos los casos particulares del esquema, todas las V-oraciones.
Cada equivalencia de la forma V puede considerarse una definición parcial de la verdad y la conjunción
lógica de todas las equivalencias constituiría una definición general. Sin embargo, tal definición sólo sería
alcanzable en un lenguaje que contuviera un número finito de oraciones. Pero si tenemos infinitas oraciones,
la definición tendría que ser infinitamente larga, lo cual es imposible. Tampoco podría convertirse el esquema
V en una definición de la verdad por generalización universal. La expresión:
La solución que Tarski arbitra consiste en apelar a la técnica de la recursión. Supongamos que tuviéramos un
lenguaje con un número finito de oraciones (para simplificar la exposición supondremos sólo dos oraciones):
La nieve es blanca
La hierba es verde
Una definición de la verdad para este lenguaje sería una conjunción de las dos V-oraciones respectivas:
Si a este lenguaje simple le añadimos las conectivas veritativo-funcionales 'no', 'y', 'o', 'si ... entonces',
tendremos un número infinito de oraciones, dado que estas conectivas pueden aplicarse reiteradamente. La
solución es definir recursivamente la verdad, añadiendo a las dos V-oraciones anteriores las cláusulas:
Para describir algunas de las condiciones más específicas que deben satisfacer los lenguajes en que (o para
los que) se da la definición de la verdad, Tarski expone la paradoja del mentiroso en versión de Lukasiewicz:
Si abreviamos esta oración con el nombre 'o', de acuerdo con el esquema V tenemos:
(2) 'o' es verdadera sii la oración escrita en la línea 4 de esta página no es verdadera.
Y por sustitutividad de los idénticos, podemos insertar, en virtud de (3), 'o' en el lugar de su idéntica en (2),
obteniendo la contradicción
Tarski señala que hay dos supuestos esenciales que conducen a la paradoja:
i. Que el lenguaje es semánticamente cerrado, i.e., que el lenguaje usado contiene, además de sus
expresiones, los nombres de estas expresiones, así como los términos semánticos -como 'verdadero'-
referidos a las oraciones de este lenguaje; y que todas las oraciones que determinan el uso adecuado de
este término pueden afirmarse en el lenguaje.
Todo lenguaje que satisfaga (i) y (ii) es inconsistente. Tarski considera que no se debe rechazar (ii) y, por
tanto, afirma que hay que rechazar (i). Esto significa que hemos de utilizar lenguajes distintos al tratar los
problemas semánticos y, en particular, al definir la verdad: el lenguaje-objeto a cuyas oraciones se aplica la
definición que buscamos y el metalenguaje en cuyos términos debemos construir la definición para aquél.
Así, la definición de la verdad será relativa a un lenguaje. La paradoja del mentiroso queda neutralizada. La
oración mentirosa será ahora del tipo:
Pero esta última oración es una expresión del metalenguaje. Ahora bien, las oraciones del metalenguaje no
son verdaderas o falsas en el lenguaje objeto, porque no están en el lenguaje objeto. Así la oración mentirosa
no tiene la propiedad que afirma tener. Por tanto, es falsa. Exactamente es falsa-en-el-metalenguaje.
[Link] de filosofia/La verdad en la matemática y en las ciencias empíricas [Link] 12/37
26/11/24, 19:00 La verdad en la matemática y en las ciencias empíricas: naturales y sociales
La definición de la verdad y de todas las V-oraciones entrañadas por ella han de formularse en el
metalenguaje. En cambio, el símbolo 'p' del esquema V representa una oración cualquiera del lenguaje-
objeto. Toda oración que figure en el lenguaje-objeto debe figurar también en el metalenguaje, i.e., el
metalenguaje debe contener el lenguaje-objeto como parte propia. En el esquema V el símbolo 'o' representa
el nombre de la oración representada por 'p'. Así el metalenguaje debe ser lo suficientemente rico para
permitir la construcción de un nombre de cada una de las oraciones del lenguaje-objeto. Además, el
metalenguaje debe contener términos lógicos, tales como 'sii'. Finalmente, es deseable que los términos
semánticos se introduzcan en el metalenguaje sólo por definición.
La primera implica a la segunda, pero la segunda no implica a la primera. Lo que la segunda omite y la
primera asevera es que al menos una misma persona reúne ambos vicios. Esto muestra que hay oraciones
compuestas cuyos componentes no son ellos mismos oraciones. Más bien ocurre que la oración original se
forma a partir de oraciones abiertas:
x fuma
x bebe
x fuma y x bebe;
Ahora bien, las oraciones abiertas no son verdaderas ni falsas. La idea de Tarski fue introducir un concepto
semántico más general que el de verdad, definirlo recursivamente, y en términos de él definir la verdad. Ese
es el concepto de satisfacción.
Satisfacción es a oraciones abiertas lo que verdad es a oraciones cerradas. Lo que satisface a una oración
abierta con una sola variable son objetos y lo que satisface a una oración abierta con n variables son n-tuplas
de objetos. Dados que las fórmulas pueden contener cualquier número de variables libres, y en el caso
extremo de las oraciones cerradas no contienen variables libres, Tarski define la relación de satisfacción
como algo que se da, no entre objetos y fórmulas o entre n-tuplas de objetos y fórmulas, sino entre secuencias
infinitas de objetos y fórmulas. Las secuencias difieren de los conjuntos en que son ordenadas. Así el
conjunto <x,y> es idéntico al conjunto <y,x>, pero la secuencia <x,y> no es idéntica a la secuencia <y,x>. La
razón de la ordenación es asegurar que haya una correspondencia uno-a-uno entre los miembros de las
secuencias y las variables, que habrán sido numeradas u ordenadas de algún modo. Esto no impide que el
mismo objeto aparezca varias veces en la misma secuencia. Por otro lado, de cada secuencia sólo nos
importan los primeros n objetos, donde n es el número de variables distintas libres que aparecen en la
fórmula que estamos considerando. El resto de los miembros de la secuencia son ignorables.
Aunque Tarski dio su definición para un lenguaje más simple de teoría de conjuntos, se pueden definir
satisfacción y verdad para un lenguaje de primer orden L1:
Sintaxis de L1
A. Vocabulario:
Constantes individuales: a, b, c, ...
Variables individuales: x1, x2, x3, ...
Letras predicativas: F, G, H, ...
Conectivas: ¬, &.
Cuantificadores: ", $
B. Definición de fórmula
1. Una secuencia S satisface 'Aa1... an' (donde 'A' es un predicado n-ádico seguido de n
constantes individuales) sii los objetos a los que se refieren 'a1',..., 'an' están relacionados
en A.
2. Una secuencia S satisface 'Av1 ... vn' (donde 'A' es un predicado n-ádico seguido de n
variables individuales) sii los miembros de la secuencia s1 ... snestán en la relación A.
5. Una secuencia S satisface '$vkA' sii 'A' es satisfecha por al menos una secuencia S' que
difiere de S en a lo sumo el k-ésimo término.
6. Una secuencia S satisface '"vkA' sii 'A' es satisfecha por toda secuencia S' que difiere de S
en a lo sumo el k-ésimo término.
7. Una oración es verdadera sii es satisfecha por todas las secuencias y falsa si no es
satisfecha por ninguna.
La cláusula (1) se aplica a oraciones atómicas cerradas. Dado que no contienen variables libres, estas
oraciones son satisfechas por todas las secuencias o por ninguna. La secuencia dada S es irrelevante; no
importa cuáles sean sus miembros ni cuál sea su orden. En este caso, lo mismo podríamos igualar la verdad a
satisfacción por todas las secuencias que a satisfacción por ninguna. La decisión adoptada está determinada
por las cláusulas siguientes y el deseo de mantener la uniformidad. En el caso monádico, 'Fa' es satisfecha
por una (y por tanto por toda) secuencia cuando el objeto al que se refiere el nombre 'a' tiene la propiedad
denotada por 'F'. (En nuestro caso, cuando Churchill fuma).
La cláusula (2) está diseñada para oraciones atómicas abiertas. Aquí las variables libres están en correlación
biunívoca con los objetos de la secuencia y por tanto nos importa decisivamente ésta. Así, 'Fx2' es satisfecha
por <Asia, Churchill, el sol, 7,...> porque el segundo miembro de la secuencia fuma, pero no es satisfecha por
la secuencia <Asia, Juan Pablo II, el sol, 7,...> porque el segundo miembro de la secuencia no fuma. Como
podemos colocar cualquier objeto en cualquier lugar de las secuencias, una oración abierta sólo podría ser
satisfecha por todas las secuencias si todo objeto del mundo tuviera la propiedad denotada por el predicado.
Las cláusulas (3) y (4) son obvias. La cláusula (5) se aplica a oraciones cerradas por cuantificación
existencial. El procedimiento produce de nuevo condiciones de todo o nada. Sea la oración:
Y sea la secuencia S
S satisface aquella oración ya que hay una secuencia S' que difiere de S sólo en el primer lugar y que
satisface 'Fx1 & Gx1', a saber:
Lo que se exige es que S' difiera de S en a lo sumo el primer lugar, pero no necesita hacerlo, en cuyo caso S'
= S. Ahora bien, si S satisface la oración, toda secuencia la satisface. Obsérvese que nada depende del lugar
que se le haya asignado a la variable en el ordenamiento. Si tuviese otro índice, siempre habría una secuencia
que tendría a Churchill en el lugar apropiado, ya que nada impide la repetición de un objeto en la secuencia.
La cláusula (6) se aplica a oraciones cerradas por cuantificación universal. Sea la oración:
haciendo uso de la equivalencia ' A ® B' =def '¬(A & ¬B)'. Y sea la secuencia S:
Ahora se requiere que toda secuencia S' que difiera de S en a lo sumo el primer lugar satisfaga:
'A lo sumo', es decir, incluso S debe satisfacer la anterior oración abierta. Pero S satisface esa oración abierta.
Por (1), S no satisface 'Fx1': el burro Platero no es dado a la bebida. Así, por (4), S no satisface 'Fx1 & ¬Gx1'.
Por tanto, por (3), S satisface '¬(Fx1 & ¬ Gx1)'. Pero ahora no basta con que S satisfaga la anterior oración
abierta. Se precisa que toda secuencia que sea como S excepto en a lo sumo el primer lugar lo haga también.
Tomemos la secuencia S'
S' no satisface la oración abierta resultante de eliminar el cuantificador. Pues, por (2), S' satisface 'Fx1', ya
que Adolfo Suárez fuma. Pero satisface '&Gx1' ya que al parecer no bebe. Así, por (4), satisface la conjunción
'Fx1 & ¬Gx1'. Por tanto, por (3), no satisface '¬(Fx1 & ¬Gx1)'. Esto es lo que cabría esperar, ya que la oración
es falsa en este caso. Así, puesto que S' no satisface la oración abierta resultante de eliminar el cuantificador,
S no satisface la oración cuantificada universalmente.
En esta teoría, cada predicado debe ser dotado de su correspondiente axioma de denotación, lo que quiere
decir que lenguajes con diferentes predicados tienen diferentes definiciones de satisfacción y por lo tanto de
verdad. Así, en Tarski no hay una definición sino muchas. Tarski afirma que esta limitación surge del hecho
de que una oración puede ser verdadera en un lenguaje y carente de significado en otro. Así, su definición no
es estrictamente del concepto de verdad, sino del concepto deverdad-en-L, donde L es el lenguaje objeto que
estamos considerando.
¿Por qué, según (7), se identifica la verdad con satisfacción por todas las secuencias? Dado que la verdad se
predica de oraciones y las oraciones son cerradas y no contienen variables libres, serán satisfechas por todas
las secuencias o por ninguna. Pues al no contener variables libres el que una secuencia satisfaga a una
oración no depende de cuáles sean los términos de la secuencia. Si cualquier secuencia satisface a la oración,
todas lo harán; y si una no la satisface, ninguna lo hará. Con un ejemplo. Sea la oración:
¬"x1Px1
y sea S una secuencia cualquiera. Por (3), S satisface esa oración sii no satisface
"x1Px1,
y, por (6), S no satisface 'Vx1Px1' sii hay alguna secuencia S' que difiere en S en a lo sumo el primer lugar y
que no satisface 'Px1'. Pero, por (2), S' no satisface 'Px1' sii el primer término de S' no fuma. Ahora bien,
siempre podremos tener una secuencia que difiera de S sólo en tener como primer término un no fumador.
Por tanto, '¬"x1Px1' es satisfecha por cualquier secuencia arbitraria de objetos.
A la base de las teorías de este tipo se encuentra la llamada tesis de la equivalencia. Su primera formulación
se encuentra en Leibniz: «Éstas coinciden: la proposición L y la proposición L es verdadera». En "El
pensamiento" Frege la enuncia así: «Vale la pena advertir que la oración 'Huelo el aroma de violetas' tiene
justamente el mismo contenido que la oración 'Es verdad que huelo el aroma de violetas'. Así parece que nada
se añade al pensamiento porque yo le adscriba la propiedad de la verdad». La formulación más concisa se
encuentra en las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein:
'p' es verdadera = p
'p' es falsa = no p (§136)
caso' asociada a la expresión sinónima 'es el caso que'. El efecto de las comillas de cita y del predicado 'es
verdadera' se cancelan mutuamente. El predicado veritativo tiene un efecto desentrecomillador.
Pero un teórico de la redundancia tiene que admitir que el predicado 'verdad' no es siempre
desentrecomillador en sentido literal, porque a veces adscribimos la verdad "ciegamente", i.e., sin citar o sin
conocer la proposición en cuestión. Entre estos usos ciegos tenemos, por ejemplo, 'Todo lo que el Papa dice
es verdadero'. Ramsey es consciente del problema y analiza 'Todo lo que el Papa dice es verdadero' así:
Si admitimos la cuantificación de segundo orden sobre proposición, podemos reescribir (1) como:
Volvamos a
Ramsey advierte que hay algo extraño en este análisis, pues tendemos a pensar que hace falta un 'es
verdadera' final para convertir la 'p' última en una oración auténtica. Este obstáculo queda superado, en su
opinión, cuando advertimos que 'p' es ella misma una oración y ya contiene un verbo. Pero el problema es
real. Si entendemos objetualmente el cuantificador de (2), las pes son sintácticamente como términos
singulares y parece que la 'p' final tiene que ser entendida elípticamente, como conteniendo implícitamente
un predicado que la convierta en una oración capaz de jugar el papel por consiguiente. Algo así como:
Fue Prior el primero que se enfrentó con esta dificultad. Según él, el problema surge de una deficiencia de los
lenguajes naturales para leer los cuantificadores de segundo orden. Y el remedio estaría en ampliar los
lenguajes naturales por procedimientos análogos a los que ya encontramos en ellos para formar
cuantificadores coloquiales a partir de palabras que introducen preguntas. Así, en español tenemos el
cuantificador nominal 'quienquiera' a partir de 'quien' y los no nominales 'comoquiera' y 'dondequiera' a partir
de 'cómo' y 'dónde'. Pues bien, propone Prior, podríamos forjar los cuantificadores 'cualquiersi', 'todosi' y
'algúnsi', y traducir (2) por:
donde los cuantificadores acabados en 'si' se forman a partir de la partícula 'si' usada para introducir y
describir preguntas sí/no.
Grover, Camp y Belnap concuerdan con Prior en que la dificultad se debe a la falta de recursos expresivos de
los lenguajes naturales. En ellos tenemos pronombres que pueden usarse anafóricamente para referirse al
mismo objeto que su antecedente, como sucede en 'Juan ama a María, pero ella detesta a Juan'; tenemos
también proadjetivos, como 'tal' en 'La ciudad prodigiosa ya no era tal'; y tenemos proverbos, como 'hacer' en
'Antes bailábamos, pero ya no lo hacemos'. Siguiendo una sugerencia de Brentano, Grover, Camp y Belnap
indican que hay también prooraciones, como 'así' en 'Pienso así'. Las prooraciones son proformas que pueden
ocupar las posiciones que podrían ocupar las oraciones, de la misma manera que los pronombres pueden
ocupar posiciones ocupables por pronombres, y cumplen un papel anafórico similar. Es más, afirman que 'Es
verdadero' y 'Eso es verdadero', a pesar de su forma superficial de sujeto-predicado, son en realidad
prooraciones. Para explicar el uso de 'Es verdadero' trazan la analogía con un lenguaje que fuera como el
español salvo en que contuviese la prooración atómica 'esso', que es siempre anafórica de algún antecedente.
'Esso' puede funcionar de anáfora de pereza, como en:
Pero también tiene usos cuantificacionales. Por ejemplo, (2) se leería así:
'Es verdadero' y 'Eso es verdadero' funcionan en español como 'esso' en ese lenguaje imaginario. Cada una de
esas expresiones debe considerarse holísticamente como una prooración en la que las partes no tienen
significado independiente.
Así, las expresiones en las que aparece 'es verdadero' con la apariencia de un predicado separable tienen una
forma superficial desorientadora. Por ejemplo, la estructura profunda de 'Todo lo que el Papa dice será
verdadero' es 'Para toda proposición, si el Papa dice que es verdadera, entonces será-verdadero-que-es-
verdadera', donde de nuevo 'es verdadera' es una prooración.
1. La matemática como ciencia de la cantidad: según esta concepción, la matemática prescinde las
cualidades sensibles, y se atiene a la abstracción, limitándose a considerar únicamente la cantidad y la
continuidad.
2. La matemática como ciencia de las relaciones: en este sentido, la matemática iría estrechamente
vinculada a la lógica. En esta tradición se inscribe el logicismo de Russell, quien ve la coincidencia
entre matemática y lógica en el ámbito de la teoría de las relaciones; matemática y lógica coinciden en
la "forma de los enunciados", es decir, lo que permanece invariable cuando un componente de un
enunciado es sustituido por otro. Para el positivismo del Círculo de Viena, representado por Carnap, los
cálculos matemáticos son un género de los cálculos lógicos. De esta forma, se pretende construir una
lógica exacta merced a dos cosas: a) definir todos los conceptos de la matemática en los términos de
los conceptos de la lógica; b) deducir de estas definiciones (mediante las reglas lógicas, incluyendo los
axiomas) todos los teoremas matemáticos.
Una de las causas de la especial estima de que goza la matemática, por encima de todas las otras ciencias, es
el hecho de que sus proposiciones son absolutamente ciertas e indiscutibles, en tanto que las de todas las
otras ciencias son, hasta cierto punto, rebatibles y corren el riesgo constante de ser invalidadas por el
descubrimiento de nuevos hechos. ¿A qué deben las matemáticas este privilegio? A la razón de que, tanto las
matemáticas como la lógica, no tratan en absoluto de la realidad, sino que sus construcciones son
construcciones totalmente a priori; es decir, totalmente independientes de la experiencia. Si no fuera porque
la matemática es una ciencia totalmente a priori no gozaría de esta ventaja sobre el resto de las ciencias.
Como dice Einstein: "En la medida en que se refieren a la realidad, las proposiciones de la matemática no son
seguras y, viceversa, en la medida en que son seguras, no se refieren a la realidad". Así pues, gran parte de la
fuerza de la matemática radica en que la matemática es una ciencia independiente de la realidad, lo mismo
que la lógica.
De este hecho se ha sacado la conclusión de que la matemática es una rama de la lógica que utiliza el mismo
método que esta: el método axiomático. El primero en llegar a esta concepción fue Frege. En la Introducción
a Las leyes fundamentales de la Aritmética afirma Frege:
En mis Fundamentos de la aritmética traté de hacer plausible la idea de que la aritmética es una
rama de la lógica y que no necesita ser fundamentada ni en la experiencia ni en la intuición.
Esta concepción fue confirmada por Whitehead y Russell (a pesar de que ellos no defendían el formalismo),
cuando se dieron a la tarea de su desarrollo sistemático. Se mostró que todo concepto matemático puede
derivarse de los conceptos fundamentales de la lógica y que toda proposición matemática puede derivarse de
las proposiciones fundamentales de la lógica. En "Atomismo lógico" afirma Russell:
Creo que nadie que la haya leído (la obra de Russell y Whitehead Principa Mathemathica)
pondrá en duda su principal afirmación, a saber, que a partir de determinadas ideas y axiomas de
la lógica formal, con el concurso de la lógica de relaciones, es posible deducir la totalidad de la
matemática pura, sin necesidad de alguna idea nueva ni de proposiciones indemostradas.
cuando a partir de los axiomas no podemos deducir teoremas que se contradigan entre sí; un sistema formal
es completo cuando todas las fórmulas bien formadas verdaderas que podemos construir dentro del sistema
pueden ser demostradas; y un sistema formal es decidible cuando no existe ninguna proposición bien
formada dentro del sistema que no sea demostrable.
La matemática, en sus dos grandes ramas (aritmética y geometría) ha sido esencialmente una ciencia que se
ha basado en el método axiomático. Los axiomas de la geometría ya fueron enunciados en la antigüedad
griega por Euclides, mientras que los axiomas de la aritmética fueron formulados en el s. XIX por el
matemático italiano G. Peano.
Hilbert, en su obra Los fundamentos de la geometría estableció de modo insuperable las bases para la
axiomática de todas las disciplinas matemáticas y, en general, todas las científicas. No resultaría exagerado
decir que en sus páginas han aprendido a pensar "axiomáticamente" todos los matemáticos modernos.
Para los formalistas la matemática no puede ser reducida a lógica, pues abarca proposiciones sintéticas que
son descripciones verdaderas de situaciones perceptibles muy simples. Los formalistas dividen la matemática
clásica en dos partes: la matemática "finitista" y la matemática "infinitista". La primera es en gran medida
idéntica a la parte de la matemática que los intuicionistas consideran con sentido. La matemática finitista
excluye, en particular, las totalidades infinitas, la ley del tercio excluso y otros principios de ella
dependientes. Tan sólo admite aquellas proposiciones que describen agregados finitos de distintos objetos
concretos y las secuencias efectuadas sobre tal tipo de agregados. Sin embargo, no se rechaza la matemática
infinitista, aceptándosela en la medida en que no ocasione contradicciones al ser incorporada a la matemática
finitista.
Según Hilbert, el objetivo del formalismo debía alcanzarse en dos etapas: 1) la "formalización completa" de
la matemática, y 2) la demostración de que el sistema formal resultante era "formalmente consistente".
Formalizar una teoría equivale a hacer explícitas todas sus afirmaciones y reglas de inferencia, considerando
tan sólo su forma al margen de cualquier contenido concreto. Las reglas de inferencia son convertidas en
reglas de inferencia formales, es decir, reglas que sirven para transformar ciertos modelos en otros.
Una teoría se halla completamente formalizada sí, y sólo si cada axioma o teorema de la misma corresponde
sin ambigüedad alguna a un axioma o teorema formal de su réplica formalizada y viceversa.
Hilbert pensaba que la matemática clásica -finitista e infinitista- podía ser completamente formalizada, como
lo está la lógica proposicional ordinaria, y que se podía demostrar que era formalmente consistente mediante
puro razonamiento finitista. La formalización reduciría el conjunto de la matemática clásica a unas cadenas
finitas de símbolos y a las operaciones sobre ellos efectuadas; por otro lado, la prueba de su consistencia
formal no haría uso de ningún presupuesto infinitista, ya que sólo debería referirse a cadenas de símbolos y a
las operaciones efectuadas sobre ellos. Un matemático puro que aparte de la consistencia formal no plantease
ninguna otra exigencia lógica podría permitirse con toda tranquilidad dar libre curso a su imaginación
matemática sobre todo el dominio de la matemática clásica, dejando para los filósofos cualquier
preocupación acerca de los presupuestos infinitistas.
Para el formalista, "la exactitud de la matemática reside sólo en el desarrollo de la sucesión de relaciones y es
independiente de la significación que se podría querer dar a estas relaciones o a las entidades que ellas
mismas vinculan"(Brouwer: "Intuicionism and Formalism", Bulletin of the American Mathematical Society,
20, 1933, pp. 81-96).
El sueño formalista tuvo un desgraciado y triste fin; este fin le vino dado por la aparición de lo que se conoce
con el nombre de Teorema de Gödel, pero el teorema de Gödel, que por cierto es una de las obras cumbres de
la matemática de todos los tiempos, no surgió de la nada, sino que se fue gestando lentamente sobre la base
de los problemas subyacentes a la misma idea formalista. Estos aparecen en las nociones clave del sistema
formalista y son el problema de la consistencia y el problema de la completud.
En el s. XIX, y como consecuencia del intento de desmontar el quinto axioma de la geometría de Euclides, se
llega a una concepción totalmente nueva de la matemática. Según esta concepción, la tarea propia del
matemático puro es deducir teoremas a partir de hipótesis postuladas. Al matemático, en cuanto tal, no le
atañe la cuestión de decidir si los axiomas que acepta son realmente verdaderos o no.
Según esto, la antigua concepción de las matemáticas como ciencia de la cantidad es equivocada, además de
engañosa. La matemática es simplemente la disciplina por excelencia que extrae las conclusiones
lógicamente implicadas en cualquier conjunto dado de axiomas o postulados. La validez de una deducción
matemática no depende en absoluto de ningún significado especial que pueda estar asociado con los términos
o expresiones contenidos en los postulados. Las matemáticas son algo mucho más abstracto y formal de lo
que tradicionalmente se ha supuesto; más abstracto, porque las afirmaciones matemáticas pueden ser hechas
en principio sobre cualquier objeto sin estar esencialmente circunscritas a un determinado conjunto de
objetos o de propiedades de objeto, y más formal, porque la validez de las demostraciones matemáticas se
asienta en la estructura de las afirmaciones más que en la naturaleza especial de su contenido.. La única
cuestión con la que se enfrenta el matemático puro no es si los postulados de que parte o las conclusiones que
de ellos deduce son verdaderos, sino si las conclusiones obtenidas son realmente las consecuencias lógicas
necesarias de las hipótesis iniciales.
Es en este sentido en que más arriba se decía que la matemática es una ciencia similar a la lógica: en el
sentido de que tanto una como otra no tienen en cuenta los hechos sobre los que tratan, sólo tienen en cuenta
las "proposiciones". No sería cierto si se hubiera pretendido afirmar que para los formalistas la matemática es
reducible a lógica, ya que estos sostenían la hipótesis contraria.
Según Hilbert, mientras estemos interesados en la fundamental labor matemática de explicar las relaciones
estrictamente lógicas de dependencia entre afirmaciones debemos prescindir de las connotaciones familiares
de los términos primitivos, y los únicos "significados" que se deben asociar con ellos son los que se hallan
determinados por los axiomas en que están contenidos. A esto es a lo que se refiere el famoso epigrama de
Russell: la matemática pura es la ciencia en la que no sabemos de qué estamos hablando ni si lo que estamos
diciendo es verdadero.
La consecuencia más inmediata del formalismo fue la creciente abstracción de las matemáticas y esto dio
lugar a un problema mucho más serio -que a la postre sería el detonante de la muerte del formalismo-; el
problema en cuestión es saber si un determinado conjunto de postulados erigidos como bases de un sistema
es internamente consistente de tal modo que no puedan deducirse teoremas mutuamente contradictorios a
partir de esos postulados. Es, en definitiva, el problema de la consistencia.
Todo sistema formal axiomático que pretenda tener unos mínimos visos de validez ha de ir acompañado de
una prueba de consistencia. ¿Cómo se consigue una prueba de consistencia?. La idea subyacente a toda
prueba de consistencia de un sistema formal es intentar encontrar un "modelo" para los postulados abstractos
del sistema, de tal modo que cada postulado se convierta en una afirmación verdadera respecto del modelo.
Ahora bien, esta forma de demostrar la consistencia de un sistema tiene un defecto: este defecto estriba en el
hecho de que al encontrar la prueba de consistencia para un modelo, este modelo ha de ser remitido a otro
modelo, este nuevo modelo a otro y así sucesivamente hasta el infinito. Ahora bien, ¿no hay una forma de
parar de una vez en la jerarquía de modelos y encontrar una prueba de consistencia absoluta para cualquier
sistema axiomático?. El problema, por tanto, no radica en encontrar la prueba de consistencia de un modelo,
sino en encontrar una prueba de consistencia absoluta. Esto fue lo que trato de hacer Hilbert: trató de
construir pruebas de consistencia absolutas con las que pudiera demostrarse la consistencia de los sistemas
sin necesidad de dar por supuesta la consistencia de ningún otro sistema.
El primer paso para esto la completa formalización del sistema deductivo, lo cual implica la extracción de
todo significado de las expresiones existentes dentro del sistema considerando a éstas como signos vacíos. La
forma en que se deben manipular y combinar estos signos ha de ser plasmada en un conjunto de reglas
enunciadas con toda precisión para así conseguir un sistema de signos que no oculte nada y que solamente
contenga lo que se halle expuesto en él. Los postulados y los teoremas del sistema completamente
formalizado son "hileras" de signos carentes de significado construidas conforme a las reglas establecidas
para combinar los signos elementales del sistema hasta formar más amplios conjuntos.
Cuando un sistema ha sido completamente formalizado, la derivación de teoremas a partir de los postulados
se limita, simplemente, a la transformación de un conjunto de "hileras" en otro conjunto de "hileras".
La ventaja que supone la formalización es que cuando ha sido formalizado un sistema, quedan a la vista las
relaciones lógicas existentes entre las proposiciones matemáticas; pueden verse los módulos estructurales de
las diversas "hileras" de signos "carentes de significado", cómo permanecen unidas, cómo se combinan,
cómo se alojan una en otra, etc.
Una página cubierta con signos carentes de significado no afirma nada; sin embargo, es posible hacer
afirmaciones acerca de ella. Tales afirmaciones "significativas" acerca de un sistema formal carente de
significado constituyen lo que Hilbert denominó "metamatemática" (lenguaje que se formula acerca de las
matemáticas). Las expresiones metamatemáticas contienen los nombres de las expresiones y símbolos
matemáticos, pero no los símbolos o expresiones matemáticos.
Hilbert basó su idea de encontrar una demostración absoluta de consistencia en la distinción por él
introducida entre matemática y metamatemática; es decir, en la distinción entre un cálculo formal y su
descripción.
Hilbert creía posible presentar cualquier cálculo matemático como una especie de esquema "geométrico" de
fórmulas, en el que las fórmulas se relacionaran mutuamente en un número finito de relaciones estructurales.
Esperaba demostrar, examinando exhaustivamente estas propiedades estructurales de las expresiones
encerradas en un sistema, que no pueden obtenerse fórmulas formalmente contradictorias a partir de los
axiomas de cálculos dados. Requisito esencial de este programa era que las demostraciones de consistencia
implicaran únicamente procedimientos que no hicieran referencia ni a un número infinito de propiedades
estructurales de fórmulas ni a un número infinito de operaciones con fórmulas. Tales procedimientos son
denominados "finitistas", y una prueba de consistencia que se adecue a dicho requisito recibe el nombre de
"absoluta". Una prueba "absoluta" logra sus objetivos utilizando un mínimo de principios de deducción y no
presupone la consistencia de ningún otro conjunto de axiomas.
Si una prueba tal pudiera construirse, tendríamos la mitad de los requisitos necesarios para considerar un
sistema formal como válido y, con ello, al formalizar toda la matemática podríamos haber demostrado que
esta está libre de contradicciones. Tal prueba no puede conseguirse y esta es una de las limitaciones del
método axiomático.
Para que un sistema formal sea considerado como válido, ya se dijo que era necesario que fuese, además de
consistente, completo; es decir, que todas las fórmulas bien formadas, y verdaderas, que en él puedan
construirse, han de poderse demostrar dentro de tal sistema.
En otras palabras, para que un sistema formal sea considerado como válido, ha de ser completo y consistente.
Pues bien, no existe un sistema formal tal y aquí radican los límites de toda formalización, tanto de la
matemática como de la lógica.
Este último resultado fue establecido por el teorema de Gödel, el cual viene a decir que todo sistema formal,
tanto de la aritmética como de la lógica, que sea lo suficientemente potente como para poder generar
afirmaciones metamatemáticas acerca de sí mismo, si es completo no es consistente, y si es consistente no es
completo.
¿Por qué es tan importante que un sistema formal sea completo y, además, sea consistente?. La importancia
de la consistencia radica en el hecho de que si sabemos que un sistema es consistente, por el mero hecho de
saberlo, sabemos también que los teoremas que demostremos dentro de ese sistema no se contradirán entre sí.
La importancia de la completud radica en el hecho de que si sabemos que un sistema formal es completo, por
el mero hecho de saberlo, también sabemos que podemos demostrar todas las fórmulas verdaderas que
podamos construir dentro de tal sistema.
Cuando Gödel demostró que un sistema como el de Principa Mathematica y, en general, cualquier sistema
axiomático, si es consistente es incompleto y si es completo es inconsistente lo que en realidad demostró es
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26/11/24, 19:00 La verdad en la matemática y en las ciencias empíricas: naturales y sociales
que hay fórmulas matemáticas que podemos saber que son verdaderas, pero que no son demostrables dentro
del sistema mismo. Sabemos que son verdaderas recurriendo a un sistema que sea más potente que el sistema
en que esas fórmulas, o teoremas, aparecen; pero, en este nuevo sistema, nos encontramos nuevamente con
fórmulas que sabemos que son verdaderas, pero que no podemos demostrar dentro de él, sino recurriendo,
nuevamente, a un sistemas más potente; y así ad infinitum.
Pero Gödel logró demostrar otra cosa mucho más interesante; esta es que si alguien pudiese demostrar que la
aritmética es consistente, utilizando solamente métodos aritméticos -cosa que hasta ahora nadie ha
demostrado-; por el mero hecho de hacerlo, demostraría también que la aritmética es inconsistente o, dicho
en otras palabras, si lográsemos demostrar que la matemática es verdadera, al mismo tiempo habríamos
demostrado que la matemática es falsa. Por tanto, la conclusión es que no se puede demostrar que la
aritmética es consistente ni, por tanto, verdadera. Sin embargo, el método axiomático de Hilbert requería una
demostración de consistencia; por tanto, hay que concluir que el método de Hilbert no es válido, encuentra
limitaciones incluso dentro de sus premisas básicas.
Todo este problema surgió de la necesidad de buscar una demostración de consistencia a los sistemas
formales. Pero, ¿por qué es necesaria una demostración de consistencia? Al principio se dijo que la
matemática era una ciencia totalmente a priori, sus elementos no versaban en absoluto acerca de la realidad;
pero, no es menos cierto que la matemática es el soporte principal del resto de las ciencias que sí versan
acerca de la realidad y, en este sentido, también la matemática habla (a su manera) de la realidad; ahora bien,
si no podemos estar seguros de que la matemática está libre de contradicciones, ¿cómo podemos estar
seguros de que lo que nos dicen las ciencias que tienen su base en la matemática y que sí hablan de la
realidad es cierto?
Aquí cobra todo su sentido la cita que de Einstein hacíamos más arriba y se deja ver claramente cual es una
de las más importantes limitaciones del sistema formalista, que no sirve para hablar de la realidad, porque no
sabemos -no podemos saber- si lo que dice acerca de la realidad es verdadero o no. La matemática es muy
bonita como un juego intelectual -al estilo del ajedrez o las damas- pero no puede enseñarnos nada acerca del
mundo en que vivimos.
Esto refuerza la hipótesis empirista de que para tener un verdadero conocimiento acerca del mundo en que
vivimos hemos de acudir a la experiencia, ya que los conocimientos a priori no nos pueden suministrar
ningún tipo de certeza acerca del mundo exterior.
De todo lo dicho, se deduce que en matemáticas (o en lógica) no se puede hablar de verdad, en el sentido en
el que habitualmente se entiende esta palabra sino, como mucho, de validez o de coherencia.
La matemática constructiva tiene su fundamento en la idea de que las conectivas lógicas y el cuantificador
existencial han de interpretarse como instrucciones sobre cómo construir una prueba de la afirmación en que
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26/11/24, 19:00 La verdad en la matemática y en las ciencias empíricas: naturales y sociales
están implicadas estas conectivas lógicas. Específicamente, la interpretación procede como sigue:
Para probar p o q ('p Úq'), debemos tener una prueba de p o una prueba de q.
Para probar p y q ('p & q'), debemos tener una prueba de p y una prueba de q.
Una prueba de p implica q ('p ® q') es un algoritmo que convierte una prueba de p en una prueba de q.
Para probar no es el caso que p ('¬p'), debemos mostrar que p implica una contradicción.
Para probar existe algo con la propiedad P ('$xP(x)'), debemos construir un objeto x y probar que se
cumple P(x).
Una prueba de todo tiene la propiedad P ('"xP(x)') es un algoritmo que, aplicado a cualquier objeto x,
prueba que se cumple P(x).
b. descubrir en la medida de lo posible cuáles son los principios de la misma lógica simbólica
Russell considera, junto con Frege, que la matemática puede reducirse a una rama de la lógica. La
matemática pura es la clase de todas las proposiciones que toma la forma "p ® q". No existen conceptos
típicos o propios dela matemática que no puedan verse reducidos a conceptos lógicos (de la lógica de clases).
Y, con mayor motivo todavía, no existen dentro de la matemática procedimientos de cálculo o de derivación
que no se puedan transformar en derivaciones de carácter puramente formal. En los Principia Matemática
Russell afirma que matemáticamente un número no es más que una clase de clases equipotentes. Estaba
convencido de que la matemática y la lógica son idénticas, y de que toda la matemática pura trata
exclusivamente de conceptos definibles en términos de un número pequeñísimo de conceptos lógicos
fundamentales.
Lakatos se ha opuesto tenazmente a este modo de hacer filosofía de la ciencia. Según Lakatos las ciencias
empíricas no poseen un sistema deductivo que sea válido para siempre, sino que son conjeturas que deben ser
continuamente falsadas. Pero mientras Popper afirma que una vez que una teoría ha sido falsada debe ser
abandonada, Lakatos defiende que en lugar de desecharla es necesario corregir la teoría. Se une a la
denominada tesis de Duhem-Quine: basándose en la lógica formal estos autores afirman que una teoría o una
mera hipótesis, tomadas aisladamente, no pueden ser sometidas a contrastación, sino que necesitan
incorporarse a otras teorías más generales.
1. Teorías euclídeas. Aquí las proposiciones más altas, los axiomas, son verdaderos, transmitiendo su
valor de verdad a todos los teoremas y proposiciones de forma "descendente". La matemática sólo
tiene proposiciones verdaderas (tautologías), pero no conjeturas ni refutaciones. El verdadero
significado está, pues, en la cúspide, siendo todo lo demás teóricamente superfluo.
3. Teorías inductivistas. Es lo contrario que la euclídea; ahora la verdad matemática debe fluir hacia
arriba, merced al principio de "retransmisión de la verdad". Según Lakatos, Popper ha demostrado, con
su crítica al inductivismo, que esta teoría no es posible.
4. Teorías cuasi-empíricas. Nunca son verificables, nunca serán acabadamente verdaderas, pues siempre
son una conjetura (pese a estar corroboradas). Frente a las teorías euclídeas, estas teorías lakatianas
admiten doscaracterizaciones: una lógica y otra histórica. Atendiendo a la lógica, "un sistema es
euclídeo si es la clausura deductiva de aquellos de sus enunciados que se asumen como verdaderos.
De otro modo es un sistema cuasi-empírico".
c. Resolutiva de los problemas en el interior del sistema, con la construcción de conjeturas y de "los
bordes oscuros".
Por el contrario, el desarrollo de la teoría cuasi-empírica es diferente. Aquí se parte de problemas, seguidos
de soluciones "arriesgadas", y después vienen las refutaciones o los "tests severos", así como la controversia
entre diferentes teorías rivales. La atención se centra en los "bordes oscuros", con una revolución permanente
sin acumular "verdades eternas". De esta forma la diferencia fundamental entre estos dos últimos tipos de
teorías es básicamente heurística. Lakatos sostiene que las teorías matemáticas son "cuasi-empíricas, al igual
que las teorías científicas". Los matemáticos no parten de axiomas, sino de problemas, procediendo por
medio de conjeturas y pruebas, sometidas constantemente a falsación y análisis lógicos. La diferencia básica
entre la matemática y las teorías empíricas radica en los "falsadores potenciales" lógicos (reducción al
absurdo, etc.). ¿Existe algo similar en las teorías empíricas? Sí, los falsadores heurísticos", donde se aportan
nuevos problemas abandonando otros anteriores, por lo que existe también una "refutación heurística".
Lakatos se enfrente ala filosofía formalista matemática. El desacuerdo estriba en dos puntos:
1. La identificación de la teoría matemática con su abstracción formalizada de forma axiomática, esto es,
con los sistemas formales como los entiende Hilbert.
Lakatos se enfrenta al formalismo matemático, pues ésta actúa como si la matemática fuera ahistórica. Para
Lakatos es necesario atender a los descubrimientos matemáticos tal y como se produjeron, por lo que el
formalismo matemático es, en su opinión, una forma de dogmatismo donde el saber se acumula en un
monótono aumento de teoremas establecidos indubitablemente. Lakatos es partidario de insistir en estudiar la
lógica del descubrimiento en ciencias y matemáticas, más que en lalógica de la justificación. De este modo,
dice Lakatos, mientras que Popper mostró que los que defienden que la inducción es la lógica del
descubrimiento científico caen en un error, él por su parte afirma que "quienes pretenden que la deducción es
la lógica del descubrimiento matemático están también en un error". Es decir, mientras Popper ha criticado
el inductivismo, Lakatos critica el deductivismo.
En el siglo XX tres han sido las grandes corrientes matemáticas, cada una con su concepción de las
matemáticas y de la vedad en la mismas: logicismo, intuicionismo, formalismo. Para el logicismo la
matemática se reduce a lógica, y la verdad matemática a verdad lógica, para el formalismo, la verdad
matemática consiste en extraer las consecuencias formales de unos axiomas y teoremas basándonos en unas
reglas de cálculo. Para el intuicionismo la verdad matemática es construcción. ¿Cuál de los tres tiene razón?
Hasta el momento, ninguna de las tres posturas parece haberse impuesto, con lo cual parece bastante difícil
decir en qué consiste la verdad matemática. Sin embargo, parece que actualmente es el intuicionismo quien
está empezando a ganar la batalla, más por deméritos de sus contrincantes que por méritos propios; en efecto,
mientras que el sueño formalista parecía definitivamente refutado con los teoremas de incompletud de Gödel,
el logicismo lleva aparejado el mismo descrédito que actualmente tiene el platonismo que le sirve de
fundamento. El intuicionismo, por el contrario, gracias a los trabajos de Kripke en lógica modal, y de
Dummett en semántica parece que es la teoría dominante. ¿Lo será por mucho tiempo?
En las ciencias empíricas, el patrón explicativo lo forman las leyes y las teorías. Las leyes se aplican a los
casos en que hay una invarianza. Una ley afirma que se conoce una cuestión de hecho. Las teorías, por el
contrario, proporcionan normas para realizar las observaciones adecuadas, reunir las pruebas adecuadas,
emplear las técnicas experimentales adecuadas, realizar las inferencias inductivas adecuadas, dar la forma
adecuada a las representaciones deductivas o formales de las relaciones entre los hechos, hacer las hipótesis
adecuadas, etc. No explican los procesos naturales ni las cuestiones de hecho, pero explican por qué debe uno
admitir o aprobar las conclusiones de la investigación científica, y sirven de guía de conducta en cuanto a
tales investigaciones. Proporcionan los criterios de lo que se considera como explicación adecuada. Las
teorías explican en virtud de postular o afirmar la existencia de unas "entidades teoréticas" cuyas propiedades
son tales que, a partir de ellas, se pueden inferir sus leyes de actuación; y conociendo qué leyes son las que
describen las relaciones de invariancia entre unas propiedades o sucesos naturales, se puede construir una
entidad hipotética cuya existencia explique las leyes. Por una parte, las teorías pueden concebirse como leyes
de gran generalidad, de las que pueden deducirse leyes de menor generalidad por un método de inferencia;
por otro lado, pueden distinguirse las teorías de las leyes en virtud de las aseveraciones existenciales de las
primeras.
Ahora bien, tanto las leyes como las teorías hacen referencia (si es que son verdaderas) a aspectos de la
realidad; es decir, leyes y teorías pretenden explicarnos cosas que realmente existen; por tanto, una ley (o una
teoría) será verdadera si aquello que dice que existe, existe realmente y falsa en caso contrario. Es decir, leyes
y teorías están, en principio, sometidas al criterio de verdad aristotélico, o criterio de verdad como
correspondencia.
Pero, ¿se expresan las leyes igual en todas las ciencias empíricas?. Si la respuesta a este tipo de pregunta es
afirmativa, el criterio de verdad será el mismo para todas las ciencias empíricas; por el contrario, si la
respuesta es negativa, parece que habrá que introducir ligeras variaciones en el criterio de verdad como
adecuación.
Si consideramos la ciencia como una ciencia cuantitativa o matemática, cuyos enunciados de observación son
enunciados de medida, la forma de las leyes numéricas nos dará la forma de las leyes físicas, con la
diferencia de que, en éstas, se considera que los numerales representan propiedades numéricas de magnitudes
físicas tales como la longitud, la carga, la masa, el peso, etc., y, de hecho, lo que consigue la cuantificación de
la ciencia física es precisamente esto, y se gana con ello que, con la corroboración de las leyes numéricas
mediante las interpretaciones físicas, o con la posibilidad de formalizar las relaciones físicas en términos
matemáticos, el inmenso poder de la inferencia formal y del cálculo matemático queda a disposición del
pensamiento físico, pero el isomorfismo entre las leyes numéricas y las relaciones numéricas que se
descubran entre las magnitudes físicas, no está asegurado a priori, sino que es cuestión que la física ha de
descubrir y comprobar constantemente.
Ahora bien, supuesto que este isomorfismo se da, una ley física será verdadera en tanto en cuanto explique
correctamente lo que sucede en la naturaleza; por tanto, de ello se sigue que las leyes físicas están sometidas
al criterio de verdad como correspondencia.
Por otro lado, si este isomorfismo no se da, nos encontraremos con que el material que estamos utilizando
para explicar la naturaleza (las matemáticas) no es un material adecuado, con lo que nos tendremos que
enfrentar al problema de encontrar otro material que sí sea adecuado para explicar la naturaleza; pero el
criterio de verdad como correspondencia seguirá siendo inalterable.
Lo distintivo de las explicaciones biológicas es que son con frecuencia funcionales, en el sentido de que
explican algo sobre la base de las funciones que desempeñe dentro de un organismo completo. Las
explicaciones biológicas se apoyan en funciones que son "con vistas a" un fin, que, a su vez se relaciona con
un fin más amplio, y así sucesivamente; explicación que sólo se obtiene ante el organismo completo, o que
prosigue para estudiar sistemas vivos o sociedades de organismos. Semejantes explicaciones parecen
contestar a la pregunta "¿Para qué sirve X?", o, refiriéndose a un proceso, "¿Por qué funciona así?"; pero el
por qué de las explicaciones biológicas suele ser un para que, y es por esto por lo que estas explicaciones han
sido llamadas teleológicas.
Aquí parece que ya no es posible un criterio de verdad que se ajuste al patrón de verdad como
correspondencia con los hechos, pues los fines son algo que nos tenemos que imaginar, pero no algo que
podamos ver y, si lo no podemos ver, ¿cómo aplicar el criterio de la verdad como correspondencia?.
Tampoco parece aplicable a estas ciencias el criterio de verdad como coherencia, pues la verdad como
coherencia parece que es algo exclusivo de las ciencias formales; nos quedaría, por tanto, como criterio más
aceptable el criterio pragmático de verdad
Esta división entre ciencias naturales y ciencias sociales (o humanas) queda reflejada en dos posturas
medotológicas diferentes:
1) Monismo metodológico. Se desarrolló especialmente durante la primera mitad de este siglo, dentro de la
tradición anglosajona. Los filósofos partidarios de esta postura defendían la idea de que el estudio de las
acciones humanas no es cualitativamente diferente del estudio de los fenómenos naturales. Se partía del
supuesto de que el poder de la razón y la reflexión crítica es suficiente para trascender nuestro contexto social
y nuestro horizonte histórico, y, en consecuencia, para conocer objetivamente el mundo. De aquí el interés de
dichos filósofos por codificar las reglas de "el" método que supuestamente garantizaba la correcta práctica
científica y el auténtico conocimiento. Si aceptamos el monismo metodológico, habremos de usar el mismo
criterio de verdad -cualquiera que este sea- tanto en las ciencias humanas como en las ciencias naturales.
2) Dualismo metodológico. Defienden la especificidad y autonomía de formas de reflexión que no tienen por
qué ser asimilables o reducibles a los cánones de las ciencias naturales para que se les pueda considerar como
formas legítimas de conocimiento. Sin embargo, los defensores de este dualismo metodológico siguen
aceptando como correcta la imagen tradicional de las ciencias naturales, y consideran que ellas están libres de
los problemas propios de las ciencias humanas, los cuales obedecen al carácter peculiar de su objeto de
estudio. Según los defensores del dualismo metodológico, los principales contrastes entre las ciencias
humanas y las ciencias naturales son los siguientes:
En las ciencias naturales los datos son independientes de las teorías, no así en las ciencias sociales
donde lo que cuenta como dato se determina a la luz de alguna perspectiva teórica, y donde los hechos
mismos tienen que ser reconstruidos con base en alguna interpretación. Por tanto, las ciencias
naturales, a diferencia de las sociales, cuentan con una base empírica teóricamente neutral, la cual
permite a los científicos poner a prueba sus teorías y elegir, con total acuerdo, entre hipótesis
alternativas. Según esto, parece que en ciencias naturales sí tiene sentido hablar de verdad (en tanto que
ésta es algo objetivo e independiente del investigador, algo que el investigador busca); no ocurriría así
en las ciencias sociales.
En las ciencias naturales las teorías explican los hechos siguiendo un esquema hipotético-deductivo,
esto es; si la naturaleza fuera de tal y cual manera, los datos de la experiencia se darían como en efecto
se nos presentan. En cambio, en las ciencias sociales, el criterio de lo que cuenta como una buena
teoría es lacomprensión que la teoría nos permite alcanzar tanto de las intenciones de los agentes como
de los significados de los fenómenos humanos.
El lenguaje de las ciencias naturales, además de ser preciso y formalizable, está constituido por
términos que tienen un significado unívoco; se trata, por tanto, de un lenguaje que debe interpretarse
literalmente. En cambio, el lenguaje de las ciencias humanas es inevitablemente multívoco y muchas
veces metafórico. Los significados, en las ciencias naturales, son separables de los hechos, mientras
que en las ciencias humanas los significados son un componente constitutivo de los hechos. Esto se
debe a que los objetos de estudio de estas últimas (acciones y conductas intencionales, reglas sociales,
documentos, inscripciones, artefactos humanos, etc.) son inseparables de su significado para los
agentes. De aquí que los significados, en las ciencias del hombre, deban comprenderse mediante la
coherencia teórica y no por la correspondencia con los hechos. En otras palabras, para comprender las
acciones humanas y recuperar su intencionalidad -su significado- se requiere de una interpretación
hermenéutica adecuada, la cual es relativa a las distintas culturas e, incluso, a los distintos individuos.
Según esto, a las ciencias naturales les correspondería un concepto de verdad como correspondencia,
en el sentido que Tarski dio a esta expresión; por el contrario, los métodos de las ciencias sociales
serían métodos hermenéuticos, en donde lo importante no es la verdad, sino entender lo que está
ocurriendo.
En La estructura de las revoluciones científicas Kuhn articuló una nueva concepción de las ciencias naturales
que entraña fuertes paralelismos con la concepción tradicional de las ciencias sociales. Algunas de las tesis
básicas del enfoque que emerge de La estructura..., y que hacen referencia a nuestro tema, son:
No hay una única manera de organizar conceptualmente aquello que se nos da en la experiencia. Si
bien la experiencia es, desde luego, un ingrediente fundamental en la adquisición de conocimiento, el
desarrollo de la ciencia depende también de nuestra capacidad para conformar los hechos de distintas
maneras. Los objetos y los hechos naturales no son algo que esté dado de antemano, son más bien algo
que se constituye o reconstruye a partir de los insumos de la experiencia, pues tanto su identificación
como su descripción dependen -en alguna medida- de nuestros sistemas de conceptos. Por tanto, no
hay un lenguaje neutral de observación, independiente de las perspectivas locales, que nos permita
capturar asépticamente los hechos y objetos de la experiencia. Ahora bien, si no hay un lenguaje
neutral de observación, parece que no tiene sentido un concepto de verdad del tipo "verdad como
correspondencia"; las teorías científicas describen la realidad tal y como el científico la ve en el
momento de formular la teoría, lo que no quiere decir que la realidad sea realmente así.
Dada una cierta manera de identificar y concebir los hechos de un dominio de investigación, siempre
es posible construir teorías alternativas que den cuenta de los mismos hechos y que, sin embargo, sean
teorías incompatibles. Esto significa que si bien las teorías están constreñidas por los hechos, ya que
para ser aceptables deben ser empíricamente adecuadas, los hechos, sin embargo, no bastan para elegir
entre ellas. En otras palabras, las teorías están subdeterminadas por la evidencia empírica y, en
consecuencia, no tiene sentido un concepto de verdad al estilo tradicional.
La elección de teorías es una actividad racional, pero en el sentido de ser una actividad de
argumentación y deliberación, donde tienen cabida los desacuerdos, la cual no se ajusta al modelo de
pruebas deductivas para las ciencias formales, ni tampoco a los modelos de confirmación o refutación
propuestos por los filósofos clásicos para las ciencias empíricas. El modelo de elección de teorías, en
esta nueva concepción, está mucho más cerca de los modelos que se han propuesto para explicar la
acción en las ciencias humanas, que de los modelos que han pretendido dar cuenta del "genuino
conocimiento".
La ciencia no es una empresa totalmente autónoma. Dado que las ciencias empíricas no cuentan con
procedimientos algorítmicos para medir el éxito de sus teorías, procedimientos que al comparar teorías
rivales pudieran dictar la misma elección a todos los científicos que desarrollan una especialidad,
tenemos que el cambio de teorías está subdeterminado por las razones disponibles en cada contexto.
Esta situación da lugar a que factores de tipo "externo" (ideológicos, metafísicos, psicológicos,
sociales, etc.) puedan jugar un papel en el desarrollo científíco.
En los primeros tiempos del Círculo de Viena se decía que una oración tenía significado empírico si era
susceptible, al menos en principio, de verificación completa por medio de la observación, es decir, si podía
describirse una prueba observacional tal que, de alcanzarse realmente, establecería de modo concluyente la
verdad de la oración. Con ayuda del concepto de oración observacional, podemos reformular este principio
del modo siguiente: Una oración S tiene significado empírico si, y sólo si, es posible indicar un conjunto
finito de oraciones de observación O1, O2, ..., On, tales que, si son verdaderas, entonces S es necesariamente
verdadera también. Pero, tal como se ha presentado, esta condición también se satisface si S es una oración
analítica o si las oraciones observacionales dadas son lógicamente incompatibles entre sí. Con la siguiente
formulación quedan excluidos esos casos:
Requisito de verificabilidad completa en principio: Una oración tiene significado empírico si, y
sólo si, no es analítica y se deduce lógicamente de una clase finita y lógicamente consistente de
oraciones observacionales.
a. Excluye todas las oraciones de forma universal y, en consecuencia, todos los enunciados que pretenden
expresar leyes generales; ya que éstas no pueden ser verificadas concluyentemente por un conjunto
finito de datos observacionales. De manera similar, el criterio descalifica todas las oraciones que
contienen tanto cuantificadores universales como existenciales ya que oraciones de esta clase no
pueden ser deducidas lógicamente de un conjunto finito de oraciones observacionales.
b. Supongamos que S es una oración que satisface el criterio propuesto, mientras que N es una oración tal
como "Lo absoluto es perfecto", a la cual el criterio no atribuye significado empírico. Entonces la
disyunción S Ú N satisface también el criterio. Pero, evidentemente, el criterio empírico de significado
no está destinado a probar oraciones de este tipo
c. Sea "P" un predicado observacional. Entonces, la oración puramente existencial "($x) P(x)" ("Existe
por lo menos una cosa que tiene la propiedad P") es completamente verificable, porque se deduce de
una oración observacional que afirma de algún objeto particular que tiene la propiedad P. Pero su
negación, al ser equivalente a la oración universal "(x) ¬P(x)" ("Nada tiene la propiedad P") no es,
evidentemente, por completo verificable. De aquí que, bajo este criterio las negaciones de ciertas
oraciones empíricas - y, por lo tanto, cognoscitivamente - significativas, resultan carentes de
significado empírico; y como no son ni analíticas ni contradictorias, carecen cognoscitivamente de
significado. Pero cualquiera que sea la manera en que delimitemos el dominio del lenguaje
significativo, tendremos que insistir en que si una oración cae dentro de tal dominio, otro tanto tendrá
que suceder con su negación. Para decirlo más claro: las oraciones que han de ser calificadas de
cognoscitivamente significantes son precisamente aquellas de las que puede decirse significativamente
que son verdaderas o falsas. Pero entonces la adhesión al requisito de verificabilidad completa en
principio engendraría un grave dilema, como se ve por la consecuencia que acaba de mencionarse.
Tendríamos que renunciar, bien el principio lógico fundamental de que si una oración es verdadera o
falsa, su negación es falsa o verdadera, respectivamente (y, por lo tanto cognoscitivamente
significativa): o bien tendremos que negar, de un modo que recuerde la concepción intuicionista de la
lógica y de las matemáticas que "(x) ¬P(x)" es lógicamente equivalente a la negación de "("x P(x)".
Claramente, el criterio no justifica medidas tan enérgicas para su conservación; por lo tanto, debe ser
abandonado. En su lugar se propuso el siguiente>
Requisito de refutabilidad completa en principio: Una oración tiene significado empírico si, y
sólo si, su negación no es analítica y se sigue lógicamente de una clase finita lógicamente
consistente de oraciones observacionales.
a. Excluye hipótesis puramente existenciales y todas las oraciones cuya formulación requiera
cuantificación mixta, es decir, universal y existencial; porque ninguna de ellas puede posiblemente ser
refutada concluyentemente por un número finito de oraciones observacionales.
b. Si una oración S es completamente refutable y N es una oración que no lo es, entonces su conjunción S
Ù N es completamente refutable; porque si la negación de S es implicada por una clase de oraciones
observacionales, entonces la negación de S Ù N está, a fortiori, implicada por esa misma clase. Así, el
criterio concede significado empírico a muchas oraciones que descartaría un criterio empírico
adecuado ...
c. Si "P" es un predicado observacional, entonces la afirmación de que todas las cosas tienen la propiedad
P es calificada de significativa, pero su negación, que es equivalente a una hipótesis puramente
En suma, pues, las interpretaciones del criterio de verificabilidad entendido como verificabilidad completa o
refutabilidad completa, son inadecuadas porque son demasiado restrictivas en una dirección y demasiado
amplias en otras, y porque ambas requieren cambios definitivos en los principios fundamentales de la lógica.
Ayer propuso una versión modificada del criterio de verificabilidad. La modificación restringe, de hecho, las
hipótesis subsidiarias a oraciones que bien sean analíticas, bien que pueda demostrarse independientemente
que son verificables en el sentido del criterio modificado.
Pero puede demostrarse fácilmente que este criterio nuevo, como el requisito de refutabilidad completa, le
concede significado empírico a toda conjunción S Ù N, en la que S satisfaga el criterio de Ayer mientras que
N es una oración tal como "Lo absoluto es perfecto", que conforme a dicho criterio debe ser rechazada. En
realidad: cualesquiera que sean las consecuencias que puedan deducirse de S con la ayuda de hipótesis
subsidiarias permisibles, podrán también ser deducidas de S Ù N, por medio de las mismas hipótesis
subsidiarias, y como el nuevo criterio de Ayer está formulado esencialmente en términos de cierto tipo de
consecuencias que son deducibles de la oración dada, acepta tanto a S Ù N como a S.
Mientras nos esforcemos por establecer un criterio de verificabilidad para las oraciones
individuales de un lenguaje natural, en términos de sus relaciones lógicas con las oraciones
observacionales, el resultado será o demasiado restrictivo o demasiado amplio, o ambas cosas
Todo lenguaje empirista puede caracterizarse también indicando su vocabulario y las reglas que determinan
su lógica; estas últimas comprenden las reglas sintácticas de acuerdo con las cuales pueden formarse
oraciones por medio del vocabulario dado. En efecto, el criterio de traducibilidad propone que se caractericen
las oraciones cognoscitivamente significativas señalando cuál es el vocabulario con el cual pueden formarse
y qué los principios sintácticos que gobiernan su construcción. Qué oraciones se señalen como
cognoscitivamente significativas depende, pues, de la elección del vocabulario y de las reglas de
construcción.
a. El vocabulario de L contiene:
b. Las reglas para la formación de oraciones en L son las que se establecen en algún sistema lógico
contemporáneo tal como Principia Mathematica
Estas reglas estipulan de hecho que un lenguaje L es empirista si todas sus oraciones son expresables, con la
ayuda de las locuciones lógicas habituales, en términos de características observables de objetos físicos.
Llamemos a cualquier lenguaje de este tipo lenguaje-cosa. El vocabulario empírico básico de un lenguaje
empirista, puede construirse de tal manera que esté formado por términos fenomenistas, cada uno de los
cuales se refiere a algún aspecto del fenómeno perceptivo o sensitivo. Si construimos los lenguajes empiristas
en el sentido del criterio de traducibilidad para el significado cognoscitivo, entonces se evita todos los
inconvenientes señalados en las primeras formas del criterio de verificabilidad, pues
b. Oraciones tales como "Lo absoluto es perfecto" no pueden formularse en un lenguaje empirista; y en
consecuencia no existe el peligro de que sea calificada de cognoscitivamente significativa, una
conjunción o una disyunción que contengan una oración de esa clase como componente;
c. En un lenguaje L con reglas sintácticas conforme a Principia Mathematica, la negación de una oración
es siempre también una oración de L. Así, el criterio de traducibilidad no lleva a la consecuencia de
que las negaciones de ciertas oraciones significativas sean no-significativas;
d. El nuevo criterio no atribuye significado cognoscitivo a todas las oraciones» (pp. 124-125)
Sin embargo, este criterio es aún demasiado restrictivo en un punto importante: el criterio de traducibilidad
concede significado cognoscitivo a una oración únicamente si sus términos empíricos constitutivos son
explícitamente definibles por medio de predicados observacionales. Pero muchos términos, incluso de las
ciencias físicas, no son definibles de esta manera; de ahí que el criterio nos obligue a rechazar, como vacías
de significado cognoscitivo, todas las hipótesis científicas que contengan tales términos, consecuencia
definitivamente intolerable.
El concepto de temperatura es un caso que puede servirnos de ejemplo. A primera vista, parece que la frase
"El objeto x tiene una temperatura de c grados centígrados", o más brevemente "T(x) = c" sólo si se satisface
la siguiente condición: si un termómetro está en contacto con x registrará, entonces, c grados en su escala.
Dejando a un lado las sutilezas, puede concederse que el definiens ofrecido está enteramente formulado en
términos observacionales. Sin embargo, tiene un aspecto altamente discutible. En Principia Mathematica y
sistemas análogos, la frase "si p, entonces q" se considera sinónima a "no p o q", y en esta interpretación
llamada material del condicional, un enunciado de la forma "si p, entonces q" es obviamente verdadero si
(aunque no sólo si) la oración que está en lugar de "p" es falsa. Por lo tanto si el significado de "si …
entonces …" en el definiens de (D) es interpretado en el sentido material, entonces tal definiens es verdadero
si (aunque no sólo si) x es un objeto que no está en contacto con un termómetro independientemente del valor
numérico que le otorguemos a c. Y como el definiendum sería verdadero en las mismas circunstancias, la
definición (D) calificaría como verdadera la atribución de cualquier temperatura a cualquier objeto que no
esté en contacto con un termómetro.
Después de todos estos fracasos, el criterio verificacionista fue abandonado incluso por sus defensores; sobre
todo a partir de la crítica que contra él dirigiera Popper.
Frente al verificacionismo del positivismo lógico, Popper sostiene que la metodología científica debe
orientarse a la refutación y no a la verificación de teorías; en vez de hablar de verdad, Popper habla de
verosimilitud o aproximación asintótica a la verdad. No existen teorías que podamos considerar como
definitivamente verdaderas. Lo que hay son teorías que todavía no han sido refutadas y, por ello, son
consideradas como provisionalmente verdaderas.
El enfrentamiento entre Popper y el Círculo de Viena no es radical, sino que se debe más bien a cuestiones
secundarias; ambos hablan un lenguaje parecido y sus tesis fundamentales coinciden. La crítica de Popper se
puede resumir en dos puntos:
1. Popper considera dogmática la división de las proposiciones en dos clases, la de las proposiciones
significantes o científicas y la de las proposiciones no significantes o metafísicas, ya que esta división
pretende fundarse en la naturaleza misma de las proposiciones, identificable de una vez para siempre.
Para Popper se trata de señalar una línea de demarcación, esto es, de anticipar una proposición o
establecer una convención para la demarcación del propio dominio de la ciencia.
2. Afirma Popper que la existencia hay que entenderla no como un mundo de datos, sino como un método
de someter a prueba o control los distintos sistemas teoréticos lógicamente posibles.
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26/11/24, 19:00 La verdad en la matemática y en las ciencias empíricas: naturales y sociales
Sobre estas bases, Popper propone emplear como criterio de demarcación, no la verificabilidad, sino la
falsabilidad de las proposiciones: es decir, considerar como contraseña de un sistema científico la posibilidad
de ser rebatido por la experiencia. La superioridad de este criterio se funda, para Popper, en la asimetría entre
verificabilidad y falsabilidad, ya que mientras que las proposiciones universales nunca pueden derivarse de
las particulares, sin embargo pueden ser desmentidas por una sola de éstas: no basta haber comprobado que
"este hombre es mortal" para afirmar que "todos los hombres son mortales"; pero basta haber comprobado
aquella afirmación para desmentir que "todos los hombres son inmortales". Una teoría puede llamarse
empírica o falsable si divide sin ambigüedad la clase de todas las proposiciones fundamentales en dos
subclases: la de las proposiciones con las cuales es incompatible y que constituyen los falsadores potenciales
de la teoría, y la de las proposiciones que no la contradicen o que ella permite. Más brevemente, "una teoría
es falsable si la clase de sus falsadores potenciales no es vacía".
Popper afirma que es imposible verificar una teoría, pues no es posible comprobar todas y cada una de sus
posibilidades, pues al ser un enunciado universal, ninguna observación que parta de la inducción puede
verificar todas las hipótesis posibles, pues serían infinitas, por lo que nunca podría afirmarse que una teoría
está probada siguiendo este camino. Por esto propone realizar un camino contrario: intentar probar que la
teoría es falsa, encontrando un solo hecho que refute la teoría.
Esta disputa se inscribe en el marco general del problema del método científico de las ciencias sociales, y
hasta de la legitimidad de la distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu. Las ciencias de
la naturaleza se basan fundamentalmente en el método hipotético-deductivo, cimentado en el criterio
neopositivista de explicación, según el cual explicar un hecho consiste en deducirlo de una argumentación
compuesta por leyes y condición iniciales; así, toda predicción científica sigue el mismo modelo deductivo.
Por el contrario, las ciencias sociales no pueden atenerse a este modelo nomológico de explicación y
predicción, ya que las regularidades que se observan son -por naturaleza de la materia de que tratan-
difícilmente predictibles. Tradicionalmente se adscribe a las ciencias de la naturaleza la función de describir
y explicar hechos, mientras que se atribuye a las ciencias sociales la función de aplicar valoraciones o
valores.
Las "disputa del positivismo" se inició en el congreso de Tubinga organizado por la Sociedad Alemana de
Sociología en octubre de 1961. El congreso fue abierto con dos ponencia: la primera debida a Popper y la
segunda a Adorno. Popper sostuvo la unidad del método científico, que puede ser aplicado tanto a las
ciencias naturales como a las ciencias sociales, sin que exista división metodológica-científica entre ambos
grupos de disciplinas. Este método único consiste en la experimentación de intentos de solución de sus
problemas, donde se proponen soluciones y se las critica. Esa prueba puede conducir a la confirmación
(siempre provisional y nunca definitiva, según Popper) de la teoría que se comprueba. En ambos grupos de
ciencias aprendemos gracias a nuestros errores. La objetividad de las teorías equivale a su controlabilidad o
falsabilidad. Según Popper, todas las ciencias deben atenerse al mismo método: 1) proposición de hipótesis;
2) contrastación por los hechos (es decir, falsación). Y las hipótesis que no superan la prueba de los hechos
han de ser desechadas como no científicas.
Los dialécticos de la Escuela de Frankfurt rechazan la imposición positivista a la sociología de los métodos
propios de las ciencias de la naturaleza. Para éstos la sociedad no es un objeto de la naturaleza y tiene sus
propias características: es una totalidad, que ha de captarse en su globalidad, puesto que es contradictoria en
sí misma, racional e irracional a un tiempo; la reflexión que sobre ella se hace no tiende simplemente a
conocerla, sino a transformarla, y toda teoría social es también práctica; de ella nos interesa primariamente no
lo que es verdadero o falso, sino lo que es bueno o justo. Adorno entiende la lógica de la investigación
científica de una manera más amplia de cómo la concibe Popper. Para Adorno es el modo concreto como
debe proceder la sociología, más que un conjunto de normas generales de pensamiento o de una disciplina
deductiva. La sociología no posee, hasta el momento, un sistema de leyes tan patentes y claras como las que
tienen las ciencias naturales, por lo que es inútil pensar que la unidad del método entre las ciencias sociales y
las ciencias de la naturaleza sirva para remediar la separación que de factoexiste entre ambas ciencias. Las
ciencias naturales estudian un objeto definido, que puede ser abordado de forma inmediata, pero la sociedad
no es un objeto que esté ahí, tal cual, para ser examinado, sino que ni es neutral ni es coherente; la sociedad
es contradictoria, y en ella coexiste lo racional y lo irracional. Por consiguiente, el método de la sociología
debe tener esto en cuenta. Si no es así, por mor de un purismo metodológico que repugne de lo contradictorio
lo dialéctico entonces la sociología se encontrará en sí misma con una contradicción: laque existe entre su
estructura formal (el método sociológico) y la estructura de su objeto (la sociedad). Así como sea el objeto,
así será el método, indica Adorno. Además, la sociología será también una crítica de la sociedad, una crítica
social, versando el auténtico conocimiento sobre la totalidad social que entiende las partes como un todo
dialéctico. La sociedad sólo es "problema" únicamente para aquella persona que pueda pensar una sociedad
distinta de la que existe. Pero renunciar a una teoría propia de la sociedad (como hace Popper, según Adorno)
es una actitud conservadora y de resignación: no se atreve a pensar el todo social porque no cree poder
transformarlo.
No existe, pues, una ciencia puramente objetivista de la sociedad, ya que la sociología empírica es una
investigación objetiva de opiniones subjetivas; la sociología (si tuviera razón Popper) estudia lo que la gente
piensa, cree y hace, pero no se preguntaría por qué las personas piensan, creen y hacen eso estrictamente, por
lo que lo básico de la crítica al positivismo sociológico es, según Adorno, la consideración según la cual éste
veda la experiencia de la totalidad ciegamente dominante. Pero la totalidad es necesariamente dialéctica, y
ésta es una teoría que describe las contradicciones objetivas y reales de una sociedad. Si queremos evitar caer
en la razón instrumental, entonces la totalidad debe ser una conciencia de la ciencia, en cuanto conciencia de
los infinitos modos que revista una sociedad. La totalidad es asimismo una categoría crítica, un ataque a la
prohibición positivista en tanto que ésta imposibilita la fantasía, el pensar lo nuevo. El positivismo,
finalmente, al estudiar la sociedad como un objeto similar al físico-cósico olvida que existen multitud de
intereses creados que hacen que una sociedad se configure de una determinada forma; pero si no se recurre al
método dialéctico y a la separación entre ciencias sociales y ciencias naturales, entonces estos intereses no
serán percibidos.
Popper considera que el método dialéctico defendido por los frankfurtianos es una nefasta interpretación del
método estrictamente científico. En éste, contra lo que defienden los frankfurtianos, no existe una necesidad
de la síntesis, así como tampoco está clara la posición ni de la tesis ni de la antítesis. El método dialéctico es
irrelevante científicamente y no explica nada, pues o es meramente tautológico o es tan omniexplicativo que
no explica nada, pues no está sujeto a la fuerza probatoria de la experiencia, ya que no es falsable.
Popper defiende que existe una básica unidad entre la metodología de las ciencias sociales y las ciencias
naturales. La ingeniería social es gradualista y "reformista". Pero según los defensores del historicismo
dialéctico, los frankfurtianos, las ciencias sociales deben permitir la evolución histórica humana de tal forma
que podemos prever sus consiguientes avances. Pero Popper cree que esto se asemeja a la profecía, pero que
no es ciencia, pues el historicismo ignora lo siguiente:
2. El historicismo confunde las leyes científicas con simples tendencias (éstas, en realidad, deben ser
explicadas por leyes).
3. La historia del hombre no tiene un sentido concreto; el único sentido que posee es el que el hombre le
dé.
El "racionalismo crítico" popperiano, al rechazar la idea de una verdad absoluta, rechaza también la idea de
fundamentación. Este rechazo ha sido resumido por Hans Albert en lo que él denomina trilmea de
Münchhausen, que dice así: "Si exigimos para todo una fundamentación, debemos exigirla también para
aquellos conocimientos a los que hemos reconducido a la proposición que trabábamos de fundamentar. Esto
lleva a una situación con tres alternativas, que son igualmente inaceptables; por tanto, a un trilema que, por
la analogía entre nuestro problema y el del famoso barón, propongo llamar trilema de Münchhausen. Pues
sólo podemos elegir entre tres alternativas":
1. Un regresum ad infinitum, que viene dado por la necesidad de ir cada vez más atrás en la búsqueda de
fundamentos, pero que no puede llevarse a cabo en la práctica, por lo que no nos proporciona ninguna
base segura en el conocimiento.
2. Una circularidad lógica en la deducción, que surge cuando en el proceso de fundamentación se recurre
a enunciados que previamente había aparecido como necesitados de fundamentación, círculo que, al
ser lógicamente incorrecto, no conduce a ningún fundamento seguro.
3. Una interrupción del procedimiento en algún momento concreto, que es, ciertamente, realizable en
principio, pero que lleva consigo la suspensión arbitraria del principio de fundamentación suficiente.
El crítico más reciente del "racionalismo crítico" y defensor, a su vez, de las teorías de la Escuela de
Frankfurt, es Habermas. Habermas defiende que el desenvolvimiento de las ciencias sociales acerca a éstas al
idea de la ciencia positivista, por lo que pueden asemejarse a las ciencias naturales; en ella prima un interés
cognoscitivo más que el meramente técnico. Pero si esto es así, entonces las ciencias sociales no podrán
ofrecer criterios valorativos en orden a su orientación práctica, sino que ahora la ciencia es mera ciencia de
los medios, pero no de los fines. La razón teórica no puede fundamentar los fines. Se trata, según Habermas,
de una "razón desinfectada", que no posee voluntad de ilustración, por lo que sólo cabría basarse en el
capricho, que se esconde en el calificativo de "decisión".
Habermas afirma que la ciencia se compone de juicios científicos, siendo propio de los juicios de valoración
los basados en la decisión. Existe una dualidad entre los hechos y las decisiones; esta división está basada en
la separación epistemológica entre conocer y valorar. La ciencia no soluciona el sentido de las normas
prácticas, pues los juicios donde entran en juego valoraciones nunca pueden asumir legítimamente la forma
de aserciones teóricas. Esta separación entre los hechos y las decisiones obliga a circunscribir el
conocimiento estricto a las llamadas ciencias en general. Existe, en definitiva, una contraposición entre el
positivismo del conocimiento y el decisionismo de las elecciones en el campo de la praxis. El decisionismo
podrá optar libremente por los fines más elevados, pero éstos no pueden justificarse desde la ciencia. La
técnica podrá ser cada vez más racionalizada, pero el reino de los fines corresponde al ámbito de lo mítico.
Habermas sostiene que este es el estado de cosas, pero él se ha marcado como objetivo fundamentar
objetivamente la acción práctica del hombre, defendiendo que la historia tiene un sentido dialéctico; él
propone una filosofía "de la historia orientada prácticamente". Pero esta fundamentación no puede darla al
hombre la sociología. Habermas defiende las normas sociales no se basan en una apelación a lo "natural". El
filósofo frankfurtiano considera que el "positivismo" de las ciencias naturales representado por Popper cae
necesariamente en una trampa mitológica, mientras que una concepción dialéctica de la historia puede
eliminar la dicotomía irreductible entre los hechos y las decisiones. Para solucionar los problemas prácticos
no basta realizar una decisión racional de unos medios que sean axiológicamente neutros para alcanzar un
fin, sino que los problemas prácticos exigen una intencionalidad teórica; es preciso contar con programas, y
no únicamente con meros pronósticos.
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Pérez Ransanz, A.R., "Kuhn frente al dualismo metodológico", Acta Sociologica, 19 (1997), pp. 21-35
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Tarski, A., "Der Wahrheitsbegriff in der formalisierten Sprachen", Studia Philosophica 1 (1935), 261-
405. Traducción no publicada de Jaime Sarabia.
--, La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, Buenos Aires, Nueva
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