Responsabilidad Civil Extracontractual
Responsabilidad Civil Extracontractual
LECCIÓN 1.ª
Concepto. La responsabilidad civil extracontractual es la parte del Derecho civil que tiene como
objeto la indemnización de daños sufridos que no derivan de contrato ni de otra relación
obligacional previa. Los tribunales la llaman con frecuencia «aquiliana» (porque en Derecho
romano la reguló la Lex Aquilia -del tribuno Aquilio-; en realidad, fue un plebiscito). También se
la llama por alguna doctrina «Derecho de daños», aunque esta denominación no es muy
precisa porque literalmente incluye los daños contractuales.
Si la infracción produce un daño, surge entonces la obligación de repararlo. En los casos que
ahora estudiamos no existe una relación obligatoria previa entre las partes; la indemnización
derivada del daño producido por la infracción de obligaciones preexistentes se rige por otras
reglas (responsabilidad contractual). Por ello, podríamos llamarla responsabilidad civil
«extraobligacional».
Sin embargo, una corriente de pensamiento economicista (el análisis económico del Derecho)
que empezó en los EE. UU. en los años 60 del s. XX -y que se ha extendido por doquier-
considera que la función de la responsabilidad civil es fundamentalmente preventiva, evitar
que se produzcan nuevos daños. Ante ello, hay que decir que la mayoría de las normas
1
El encabezamiento del libro III, título IV, capítulo II (arts. 1382 y ss.) del Code civil era originariamente
«De los delitos y de los cuasidelitos», distinción justinianea y luego escolástica sin ninguna relevancia en
el Derecho moderno. En la actualidad, tras una reforma de 2016, el libro III, título III, subtítulo II (arts.
1240 y ss.) se titula «La responsabilidad extracontractual».
1
© Martín García-Ripoll Montijano
privadas tienen algún efecto preventivo (general y especial), en tanto que al incumplidor de
aquellas se le impone una consecuencia desagradable, que avisa a este y a otros posibles
incumplidores de que, si infringen las normas, se les impondrá la consecuencia jurídica
indeseada. Y, ciertamente, imponer una indemnización tiene cierto efecto preventivo.
0 100 100
10 60 70
25 40 65
45 35 75
Conforme a todo lo anterior, podríamos decir que el nivel de diligencia, de esfuerzo exigible, es 25,
porque desde el punto de vista global es el que menos pérdidas produce2.
El planteamiento expuesto es enormemente discutido, y está sujeto a muchas críticas, la primera de
las cuales es que se basa en una concepción filosófica meramente utilitarista. Es decir, que la
determinación de lo que está bien o mal (es legal o ilícito) solo depende de si produce una ventaja
económica. Pero el Derecho tiene en cuenta otros factores, además de la eficiencia. Pongamos un
ejemplo de lo que significa esto, aplicado a otro ámbito jurídico (el análisis económico del Derecho,
en su versión más radical, pretende determinar todo el Derecho conforme al criterio de la eficiencia):
el art. 140 Cp prevé la imposición de la pena de prisión permanente revisable en ciertos casos de
asesinato; al parecer, muchos de los que cometen ese delito son psicópatas, y bastantes médicos
consideran que la psicopatía es insanable; podríamos pensar entonces que gastar dinero para
mantener en prisión a personas insanables es ineficiente, y que lo más eficiente es imponerles la
pena de muerte.
En segundo lugar, parece difícil aceptar que la función primordial de la responsabilidad civil es la
prevención. Parece que el Derecho español impone la obligación de indemnizar porque, conforme a
la justicia correctiva, le parece justo que pague el causante del daño, dadas ciertas condiciones. No
es plausible que se imponga el deber de indemnizar para evitar posibles daños de otros o del mismo
sujeto en el futuro, sin perjuicio de que, como ya se ha dicho, esto sea un efecto colateral de casi
toda norma jurídica de comportamiento (el conductor de un automóvil suele ser cauto por muchas
razones, la primera de las cuales es el temor por sufrir él mismo un daño físico irreversible, con sus
inevitables consecuencias psicológicas; no el temor a que le suban la prima del seguro).
En cualquier caso, el método es especialmente útil cuando se aplica a actividades empresariales en
las que el esfuerzo preventivo y el daño se pueden medir en términos monetarios; el esfuerzo para
hacer un edificio sólido que no deba ser abandonado a los cinco años por sus propietarios
comparado con los alquileres que estos tendrán que pagar por el desalojo de la vivienda. Sin
2
En el cuadro resulta evidente que el beneficio marginal de cada unidad monetaria no es constante.
2
© Martín García-Ripoll Montijano
embargo, se hace mucho más difícil de aplicar si uno de los términos de comparación no es
apreciable en dinero, como cuando está en juego la vida de una persona, o simplemente su libertad
de deambular3. Y no digamos nada si ambos términos de comparación no pueden sujetarse a la
valoración económica. P. ej., cuando yo paseo por la calle y doblo una esquina me puedo tropezar
con otra persona y causarle daños; ¿cómo se mide económicamente la restricción de mi libertad y el
posible daño físico y psíquico que puedo causar? Lo mismo sucede en el ejemplo del edificio si lo que
se suscita es el riesgo que se derrumbe repentinamente, matando a sus ocupantes.
De hecho, uno de los problemas que tiene planteado en la actualidad la ética es el de la
incommensurability, en el fondo aplicable a todo el asunto de cuándo un acto es lícito o no.
En principio, el mero hecho de que una persona sufra un daño no crea una obligación de
resarcirlo. El principio general en materia de responsabilidad civil está formulado en el adagio
romanístico casum sentit dominus (el dueño sufre el caso fortuito; res perit domino suo -la cosa
perece para su dueño-); o sea, a priori, el daño debe quedar donde se ha producido. Solo se
puede trasladar a otro patrimonio en determinadas circunstancias, principalmente, porque el
que causa el daño ha actuado de modo reprochable (responsabilidad llamada «subjetiva»,
porque tiene en cuenta la actitud del sujeto). Si la actividad del causante es especialmente
peligrosa, la ley puede establecer la responsabilidad por la mera causación del daño, sin tener
en cuenta la reprochabilidad de la conducta del causante (responsabilidad llamada «objetiva»,
porque no tiene en cuenta la actitud del sujeto).
3
No convence el recurso que suelen hacer los analistas económicos del Derecho a lo que se pagaría por
un seguro sobre ese bien o valor. Como dice ALFARO, «Riesgo, interés y seguro»,
[Link] (2021), «En el seguro de vida, el cálculo [del riesgo] se hace a priori y de
una manera subjetiva (el asegurado decide cuánto quiere pagar de prima en función de sus
posibilidades de ahorro y de lo que desee recibir como capital -él o los beneficiarios- al producirse el
“siniestro”) porque la única manera de valorar la vida de una persona es preguntándole a dicha persona
en cuanto lo valora. Lógicamente dicha valoración ha de hacerse a priori para evitar la sobrevaloración
del perjuicio una vez llegado el hecho causante. Por lo tanto, el cálculo es arbitrario».
3
© Martín García-Ripoll Montijano
Porque no tienen por finalidad compensar un daño causado, tampoco son materia de
responsabilidad extracontractual ciertas prestaciones que prevén las normas que las
Administraciones Públicas hagan a los ciudadanos que han sufrido daños; estas prestaciones
solo se dan si el causante no ha indemnizado y su concesión no tiene que cubrir todo el daño, y
se somete a los requisitos y recursos de los actos administrativos. Así, las víctimas de delitos
violentos o contra la indemnidad sexual 5, víctimas de terrorismo6, víctimas de daños sufridos
por la exposición al amianto7, etc.
Sin embargo, en muchos casos esta distinción, en principio tan aparente, resulta difícil de
trazar o carente de sentido. Así, p. ej., si dos lesionados en un accidente automovilístico llegan
a la puerta de urgencias de un hospital de una compañía privada de asistencia sanitaria, la
eventual responsabilidad del hospital sería contractual respecto del que tiene un contrato con
esa empresa, y extracontractual respecto del que no la tiene; tampoco tiene sentido afirmar
que la responsabilidad del médico de un hospital público es extracontractual, mientras que la
de uno privado es contractual; o que la responsabilidad del hospital privado con el que se ha
contratado es contractual, pero la de los médicos -con los que no se ha contratado- que llevan
a cabo la operación es extracontractual (STS 478/2015, de 14 septiembre; RJ 3719).
4
Se llaman punitive damages a aquella cantidad de dinero a la que es condenado el demandado, que
excede de la medida de la compensación, porque aquel se ha comportado de modo malicioso, es decir,
con la intención de dañar a otro movido por el odio o la animadversión. Cf. FISCHER, Understanding
remedies, 2nd ed., LexisNexis, Newark-San Francisco-Charlottesville (2006), § 202.1, pg. 923.
Damages en Derecho anglosajón no siempre significa daños (loss, harm, injury), sino la cantidad de
dinero que ha de pagarse como consecuencia de un daño. Cf. FISCHER (2006), § 2.3, pg. 5.
5
Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de Ayudas y Asistencia a las Víctimas de delitos violentos y contra la
libertad sexual. Art. 1: «1. Se establece un sistema de ayudas públicas en beneficio de las víctimas
directas e indirectas de los delitos dolosos y violentos, cometidos en España, con el resultado de muerte,
o de lesiones corporales graves, o de daños graves en la salud física o mental. / 2. Se beneficiarán
asimismo de las ayudas contempladas por esta ley las víctimas de violencias sexuales en el sentido de la
Ley Orgánica de garantía integral de la libertad sexual, incluidas las víctimas de homicidio subsiguiente a
un delito contra la libertad sexual».
6
Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del
Terrorismo.
7
V. Ley 21/2022, de 19 de octubre, de Creación de un Fondo de Compensación para las víctimas del
amianto. Tiene como objetivo la creación de un fondo de compensación para indemnizar los «daños y
perjuicios sobre la salud resultantes de una exposición al amianto padecidos por toda persona en su
ámbito laboral, doméstico o ambiental en España, así como a sus causahabientes» (art. 2). El Fondo de
Compensación tiene acción de regreso contra los causantes del daño (art. 4, b).
8
Esto resulta muy claro cuando la actividad del contratante deudor consiste en obtener un resultado (p.
ej., entregar o guardar algo); pero no tanto cuando la obligación consiste en hacer algo en sí mismo, y no
en obtener un resultado, como sucede, p. ej., con la prestación de servicios médicos o la prestación
profesional del abogado. Cf., en este sentido, YZQUIERDO, Responsabilidad civil extracontractual, 5.ª ed.,
Dykinson-Cuatrecasas, Madrid (2019), pgs 104 y 105.
4
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El TS suele señalar que, a pesar de existir contrato, el perjudicado puede acudir a la vía
extracontractual cuando el daño se produce «fuera de la estricta órbita de lo pactado y el
estricto desarrollo del contenido contractual»10; expresión con la que parece querer referirse a
daños que surgen de un contrato, pero que perfectamente podrían producirse sin él, porque
se está infringiendo, no solo el contrato, sino un deber de carácter general 11 (p. ej., un
arrendatario pirómano hace arder la vivienda arrendada).
9
Por ello, si la actuación médica es correcta, surge una obligación en el accidentado por el
enriquecimiento obtenido. V., en este sentido, SAP Barcelona 516/2021, de 30 septiembre (recurso
224/2021): La paciente debe pagar el importe de la atención en urgencias de un hospital privado.
10
Así, p. ej., SSTS 9 marzo 1983 (RJ 1463); 10 mayo 1984 (RJ 2405); 19 junio 1984 (RJ 3250); 9 enero
1985 (RJ 167); 16 diciembre 1986 (RJ 7447); 11 octubre 1991 (RJ 8230); 675/1994, de 5 julio (RJ 5602);
334/1997, de 22 abril (RJ 3249); 1243/2000, de 29 diciembre (RJ 9445); 1194/2007, de 22 noviembre (RJ
8651); 1135/2008, de 22 diciembre (RJ 2009, 162); 135/2009, de 4 marzo (RJ 1873); 349/2012, de 11
junio (RJ 6709).
11
En esta línea, DE PABLO CONTRERAS, en Martínez de Aguirre (coord.), Curso de Derecho Civil, II, vol. I,
reimpr. 4.ª ed., Edisofer, Madrid (2016), § 57, pgs. 167 y 168.
12
«Los principios da mihi factum, dabo tibi ius… y iura novit curia… no permiten la extralimitación de la
causa de pedir (SSTS de 6 de junio de 2007, RC n.º 1103/2000, 31 de diciembre de 1999, RC nº
1175/1995, y las que en ella se citan…) ni autorizan la resolución de problemas distintos de los
propiamente controvertidos». Se trataba de un caso en que, solicitada en la demanda una
indemnización sobre la base de la responsabilidad extracontractual, se pide en casación que se aplique
el plazo de prescripción de la contractual.
5
© Martín García-Ripoll Montijano
Un buen ejemplo es el de la STS 19 junio 1984 (RJ 3250). Los dos arrendatarios de un local
regentaban un taller de reparación de motocicletas. Mientras uno de ellos estaba «ocupándose
en la reparación de una motocicleta de la propiedad de un cliente, al parecer mediante la
soldadura del depósito de la máquina, se produjo la explosión de la gasolina que contenía,
propagándose las llamas por el resto de los materiales inflamables existentes en el local
sobreviniendo la práctica destrucción del inmueble».
Los dueños del local solicitaron una indemnización basándose en el art. 1902, y los demandados
recurren en casación sobre la base de la incorrecta aplicación de este precepto, pues existía una
relación contractual entre las partes. El TS rechaza el recurso14.
En cambio, para PANTALEÓN, «Comentario del art. 1902», en Paz-Ares y otros (dirs.), Comentario del
Código civil, Ministerio de Justicia, t. II, Madrid (1991), III, b), pg. 1978, «aunque el perjudicado haya
fundamentado jurídicamente su demanda de indemnización, bien en normas de responsabilidad
extracontractual, bien de responsabilidad contractual, exclusivamente, siempre que los hechos
aportados al proceso por las partes lo permitan, el Juez o Tribunal podrá estimarla (o desestimarla)
aplicando las normas reguladoras de la otra responsabilidad, sin incurrir en incongruencia por cambio de
la causa de pedir; y, correlativamente, la litispendencia y la cosa juzgada afectarán a la pretensión que
puedan fundamentar las normas reguladoras de la otra responsabilidad». Esto solo parece posible si se
le da a la parte perjudicada la posibilidad de alegar ante el nuevo fundamento; de lo contrario, se viola
el principio de audiencia.
13
La STS 29 octubre 2008 (rec. cas. 942/2003; RJ 5801) señala que «La doctrina jurisprudencial ha
alcanzado una posición que hoy puede calificarse de predominante, con referencia a la teoría
denominada de ‘la unidad de la culpa civil’, en cuya virtud el perjudicado por un comportamiento
dañoso puede basar su pretensión contra el dañador con la invocación conjunta o cumulativa de la
fundamentación jurídica propia de la responsabilidad extracontractual (artículo 1902 y concordantes del
Código Civil) y la de la responsabilidad contractual (artículos 1101 y concordantes del mismo Cuerpo
legal). / La STS de 29 de noviembre de 1994 ha declarado lo siguiente: ‘No es bastante que haya un
contrato entre las partes para que la responsabilidad contractual opere necesariamente con exclusión
de la aquiliana en la órbita de lo pactado y como desarrollo del contenido negocial, siendo aplicables los
artículos 1902 y siguientes no obstante la preexistencia de una relación negocial. También se ha dicho
que cuando un hecho dañoso es violación de una obligación contractual y, al mismo tiempo, del deber
general de no dañar a otro, hay una yuxtaposición de responsabilidades contractual y extracontractual,
y da lugar a acciones que pueden ejercitarse alternativa o subsidiariamente, u optando por una o por
otra, o incluso proporcionando los hechos al Juzgador para que éste aplique las normas en concurso (de
ambas responsabilidades) que más se acomoden a aquéllos, todo ello a favor de la víctima y para lograr
un resarcimiento del daño lo más completo posible’; cuya posición ha sido seguida, entre otras, por las
STS de 15 de junio de 1996, 18 de febrero y 19 de mayo de 1997, 6 de abril y 24 de julio de 1998, 30 de
diciembre de 1999, con la salvedad de que la STS de 12 de febrero de 2000 ha pretendido corregir la
tesis de ‘la unidad de culpa civil’ merced al concepto de ‘la tutela procesal unitaria de la culpa civil’, pero
con los mismos efectos que aquélla».
14
STS 7 febrero 1990 (RJ 668): «en el supuesto de pretendida responsabilidad del médico concurren,
conjuntamente, los aspectos contractual y extracontractual, ya que el médico, además de cumplir las
obligaciones derivadas del contrato ha de observar la obligación genérica de no dañar a otro (‘alterum
non laedere’), dando origen a que la jurisprudencia española, admitiendo dicho concurso, se muestre,
por modo general, inclinada a conferir al perjudicado la elección entre aplicar las normas contractuales y
las extracontractuales».
6
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puede haberlo- en daño de este: caso del okupa de una vivienda no utilizada). El plazo de
prescripción es el de 5 años (art. 1964.2 Cc).
A veces, el enriquecimiento de uno puede suponer un daño para otro (ej., el ladrón roba un
vehículo taxi sin dañarlo -enriquecimiento-, de manera que el propietario no puede usarlo
hasta que la policía logra devolvérselo -daño-). En tal caso, se podrá tener una cosa o la otra,
pero no las dos. De cualquier modo, la distinción entre acción de enriquecimiento injusto y de
responsabilidad civil no está muy clara ni en la legislación (el Código civil no regula el
enriquecimiento de forma general), ni en la doctrina, ni en la jurisprudencia.
Así, en cuanto a las infracciones del derecho a la intimidad o la imagen, dispone la Ley 1/1982 que
darán lugar, por una parte, a «La indemnización de los daños y perjuicios causados» (art. 9.2, c), y,
por otra, a «La apropiación por el perjudicado del lucro obtenido con la intromisión ilegítima en sus
derechos» (d). No está claro si ambas pretensiones son acumulables15.
Además, conforme al art. 36 Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector
Público (LRJSP), «1. Para hacer efectiva la responsabilidad patrimonial a que se refiere esta Ley,
los particulares exigirán directamente a la Administración Pública correspondiente las
indemnizaciones por los daños y perjuicios causados por las autoridades y personal a su
servicio. 2. La Administración correspondiente, cuando hubiere indemnizado a los lesionados,
15
V., entre otras disposiciones, art. 140 Ley de Propiedad Intelectual, art. 32 Ley de Competencia
Desleal, art. 74 Ley de Patentes, art. 43 Ley de Marcas, etc.
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La Ley Reguladora de la Jurisdicción Social (LRJS) establece en su art. 2 que «Los órganos
jurisdiccionales del orden social… conocerán de las cuestiones litigiosas que se promuevan: a)
Entre empresarios y trabajadores como consecuencia del contrato de trabajo y del contrato de
puesta a disposición, con la salvedad de lo dispuesto en la Ley 22/2003, de 9 de julio,
Concursal; y en el ejercicio de los demás derechos y obligaciones en el ámbito de la relación de
trabajo./ b) En relación con las acciones que puedan ejercitar los trabajadores o sus
causahabientes contra el empresario o contra aquéllos a quienes se les atribuya legal,
convencional o contractualmente responsabilidad, por los daños originados en el ámbito de la
prestación de servicios o que tengan su causa en accidentes de trabajo o enfermedades
profesionales, incluida la acción directa contra la aseguradora y sin perjuicio de la acción de
repetición que pudiera corresponder ante el orden competente». Esta norma tiene
importancia, pues durante largo tiempo hubo sentencias de la Sala de lo Civil que, además de
la indemnización concedida –normalmente por vía contractual- por los tribunales de lo social,
concedían también una indemnización «civil» por considerar la responsabilidad aquiliana como
algo distinto de la derivada del accidente de trabajo16.
Las normas anteriores ciñen su ámbito a dos sectores muy concretos (daños causados por las
Administraciones públicas, contrato de trabajo). En realidad, hoy día, los problemas más
frecuentes son entre los órdenes jurisdiccionales civil y penal y sus respectivas normas de
responsabilidad civil, pues lo que diferencia uno y otro régimen es que el hecho, además de
dañoso, sea delito o no; pero, desde el punto de vista de la responsabilidad civil, debería ser
indiferente que el daño diera lugar a un delito. El art. 1092 Cc dispone que «Las obligaciones
civiles que nazcan de los delitos o faltas se regirán por las disposiciones del Código penal»
(arts. 109 y ss.); mientras que el 1093 señala que «Las que se deriven de actos u omisiones en
que intervenga culpa o negligencia no penadas por la ley, quedarán sometidas a las
disposiciones del capítulo II del título XVI de este libro» (o sea, a los arts. 1902 y ss.) 17.
La regulación del Cp no dista radicalmente de la del Cc, pero sí hay diferencias de matiz
importantes, como veremos paulatinamente. En principio, debería pensarse que, en lo que
esté expresamente regulado, se aplicarán las normas del Cp o civil que correspondan; en lo no
regulado por uno de estos cuerpos legales, parece que el otro sirve de elemento
complementario de interpretación (aunque es discutible, especialmente en los casos de
exclusión de responsabilidad criminal, porque el Cp parte de la idea de que el dañante
responde a toda costa, que no es exactamente la del Cc). Ya decía GARCÍA GOYENA, al comentar
los preceptos correspondientes del Proyecto Cc 1851, que los artículos del Cp sobre
responsabilidad civil «en lo posible y racional deben conciliarse con este» (el civil) 18.
16
V., antes, y poniendo fin a la jurisprudencia anterior, la STS (civil, pleno) 1395/2008, de 15 enero (RJ
1394); también, SS. (civiles) 66/2010, de 25 febrero (RJ 1408), 208/2011, de 25 marzo (RJ 3017).
17
También se refiere a esta distinción el art. 1089 cuando habla de «actos y omisiones ilícitos (penales) o
en que intervenga cualquier género de culpa o negligencia» (ilícitos no penales). V., asimismo, art. 1956
Cc.
8
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Sin embargo, en los últimos tiempos, la Sala de lo Penal ha cambiado su criterio en la buena
dirección21. A partir de la S. 394/2009, de 22 abril [fund. 3.º; RJ 2951; sobre la aplicabilidad de
los intereses de demora previstos en la Lec y el Cc (art. 1108)] repite lo siguiente:
«a) La acción civil ‘ex delicto’ no pierde su naturaleza civil por el hecho de ejercitarse en
proceso penal. El tratamiento debe ser parejo, so pena de establecer agravios comparativos, o
verdaderas injusticias, según decida el sujeto perjudicado ejercitar su derecho resarcitario (sic)
en el propio proceso penal, o lo reserve para hacerlo en el correspondiente civil (art. 110 y 111
de la [Link]. y 109-2º [Link]).
b) Las obligaciones civiles ‘ex delicto’ no nacen propiamente del delito (aunque es necesario la
declaración de su existencia) sino de los hechos que lo configuran, en cuanto originadores de
la restitución de la cosa, reparación del daño e indemnización de los perjuicios.
Por el contrario, la Sala de lo Civil no aplica nunca el Cp, lo que podría hacer, p. ej., respecto de
la norma de solidaridad de deudores del art. 116 Cp.
18
Concordancias, motivos y comentarios del Código civil español, t. IV, Sociedad Tipográfico-Editorial,
Madrid, (1852), sub art. 1901, pg. 255.
19
Según la STS (civil) 1109/1996, de 13 diciembre (RJ 8978), «La responsabilidad civil ‘ex delicto’ nace
directamente del delito, y queda concretamente definida y consumada su existencia por el solo hecho
de la condena penal, sin necesidad de ninguna otra justificación o prueba».
20
La S. 394/2009, de 22 abril (RJ 2951), cita ratio decidendi (fund. 3.º, f) diversas sentencias de la Sala de
lo Civil a propósito del brocardo in iliquidis non fit mora, y también de la distinción entre los intereses de
demora ordinarios y procesales (del art. 576 Lec).
21
La que aparece, p. ej., en la STS (penal) 715/1996, de 18 octubre (fund. 8.º; RJ 7576), donde se dice
que «conviene destacar –utilizando términos de la doctrina jurisprudencial de esta Sala- que la acción
civil ‘ex delicto’, como es notorio, no pierde su específico carácter por el hecho de ejercitarse ante la
jurisdicción criminal (v. arts. 19, 101 y ss, y 117 CP y arts. 100, 108, 112, 114, 116 y 117 LECrim.). De ahí
que, en lo que no sea específico de dicha acción (v. arts. 1092 CC y los artículos del Código Penal antes
citados), le son de aplicación las normas del Código Civil referentes a la ‘responsabilidad civil’; bien
directamente, y en todo caso por razón de evidente analogía (art. 4.1 y 3 CC)». En la misma línea, p. ej.,
SS. (penales) 298/2003, de 14 marzo (fund. 21.º, 1; RJ 2263); 1130/2004, de 14 octubre (RJ 6263);
646/2005, de 19 mayo (fund. 7.º; RJ 6507); 936/2006, de 10 octubre (RJ 7705).
22
Repetido por SS. por 605/2009, de 12 mayo (fund. 11.ª; RJ 6622); 370/2010, de 29 abril (fund. 25.º; RJ
5563); 618/2016, de 8 julio (fund. 7.º; RJ 3381); y por la 845/2016, de 8 noviembre (RJ 5368)].
Por su parte, la S. 467/2018, de 15 octubre (fund. 7.º; RJ 5363), repite que «La acción civil exdelicto no
pierde su naturaleza por el hecho de ser ejercitada en el proceso penal y las normas de derecho civil son
supletorias de las penales» [cosa que ya había dicho la S. 646/2005, de 19 mayo (RJ 6507)].
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Por su parte, un sector de la doctrina considera que, en el caso de duplicidad de normas sobre
una misma cuestión, nos encontramos con un concurso de normas fundamentadoras de una
misma pretensión23; es decir, que el perjudicado puede elegir en todo caso las normas que mejor
le convienen, sean las del Cc o Cp. A nuestro juicio, en puros principios, más que concurso de
normas, habría que aplicar el principio de que la norma especial (Cp) desplaza a la norma general
(Cc), aunque las causas de la especialidad tengan poca o ninguna justificación. No obstante, si los
resultados son los mismos empleando los preceptos del Cp y Cc, no parece que sea decisivo
acudir a uno u otro cuerpo legal, basándose en la doctrina del TS de la equivalencia de resultados
(v., en este sentido, STS -civil- 582/2012, de 27 septiembre; RJ 9019).
El Cp se aplica cuando el hecho dañoso sea, además, constitutivo de delito y así haya sido
declarado por un tribunal del orden jurisdiccional penal. De acuerdo con la Lecr, el ejercicio de
la acción penal lleva en principio consigo la pretensión civil de indemnización (arts. 108 y
112)24. Declarada por el tribunal penal la existencia del hecho delictivo, deberá condenar, si
procede, a la indemnización, conforme a las normas del Cp (art. 1092 Cc). También,
excepcionalmente, procederá a establecer la responsabilidad civil a pesar de la absolución del
procesado (art. 119 Cp; ej., perturbación mental, estado de necesidad, miedo insuperable,
etc.)25.
23
PANTALEÓN, en Paz-Ares y otros (dirs.), Comentario del Código civil, t. II, Ministerio de Justicia, Madrid
(1991), «Comentario del artículo 1902», II, pgs. 1973 y ss.
24
Art. 108 Lecr: «La acción civil ha de entablarse juntamente con la penal por el Ministerio fiscal, haya o
no en el proceso acusador particular; pero si el ofendido renunciare expresamente su derecho de
restitución, reparación o indemnización, el Ministerio fiscal se limitará a pedir el castigo de los
culpables».
Art. 112: «Ejercitada solo la acción penal, se entenderá utilizada también la civil, a no ser que el dañado
o perjudicado la renunciase o la reservase expresamente para ejercitarla después de terminado el juicio
criminal, si a ello hubiere lugar».
Art. 114: «Promovido juicio criminal en averiguación de un delito o falta, no podrá seguirse pleito sobre
el mismo hecho; suspendiéndole si le hubiese, en el estado en que se hallare, hasta que recaiga
sentencia firme en la causa criminal». Como se ve, no se puede ejercer la acción civil ante el orden
jurisdiccional civil mientras que se está sustanciando la acción penal, conforme al aforismo le criminel
tient le civil en l’état; en el mismo sentido, la STS 771/2011, de 27 octubre (RJ 2012/1128), señala que
«es claro que cuando los hechos dan lugar a actuaciones penales, estas paralizan la posibilidad de actuar
en vía civil o el proceso que haya comenzado, por ordenarlo así el artículo 114 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal, hasta que recaiga sentencia firme».
25
Supuesto especial es el del indulto. La STS 25 febrero 1993 (RJ 1255) recuerda que «Esta Sala ha
aplicado el plazo de quince años (hoy, cinco) a supuestos de indulto, supuestos en que la acción civil fue
consecuencia necesaria del ejercicio de derecho de gracia o indulto, y sabido es que el indulto comporta
el perdón del delito mas no de sus consecuencias civiles. Algún indulto se ha otorgado antes de la
condena por razones de política legislativa o de, incluso, economía procesal, y en tal caso se encuentran
los procesos que dieron lugar a las Sentencias, entre otras, de 21-3-1984 (RJ 1984, 1315) y 3-5-1988
citadas por la Audiencia».
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Lecr)26. Sin embargo, también en este caso los tribunales civiles habrán de aplicar con
preferencia las disposiciones del Cp sobre responsabilidad civil27.
Si el tribunal penal declara que no ha habido delito, no por ello se excluye la posibilidad de
exigir la responsabilidad civil derivada del hecho dañoso. Los tribunales civiles solo se
encuentran vinculados por los hechos probados de la sentencia penal, pero no por su
valoración. Por tanto, si el juez penal declara que no se produjo el hecho, entonces no podrá
exigirse responsabilidad civil alguna28; pero si, reconociendo que existió, no lo considera delito,
el juez civil sí puede declarar la obligación de indemnizar los daños causados 29. Ahora bien, en
este caso en el que el hecho no se ha considerado delito se aplicarán las normas del Cc [v. STS
26
Si no se reserva expresamente la acción civil, y no se discute sobre ella en el proceso penal, hay cosa
juzgada. En este sentido, afirma la STS 99/2019, de 14 febrero (RJ 555), que «La acción civil, sea frente al
responsable penal o frente a quienes han de responder por él con carácter subsidiario (artículo 120
Código Penal) -salvo el caso de reserva expresa para ejercitarla de modo separado ante la jurisdicción
civil- se extingue cuando no se ha ejercitado en el proceso penal contra el responsable. Así ha sucedido
en el caso presente en el cual no se solicitó indemnización en el juicio de faltas ni se hizo en el mismo
reserva alguna de acciones para hacerlo en un proceso ulterior».
27
Con toda claridad y casación de la sentencia de instancia, SS. (civil) 665/2000, de 4 julio (RJ 5924), y
99/2019, de 14 febrero (RJ 555); v. también SS. (civil) 19 septiembre 1988 (RJ 6835), 18 junio 1992 (RJ
5321) y 25 febrero 1993 (RJ 1255).
28
Art. 116 Lecr: «La extinción de la acción penal no lleva consigo la de la civil, a no ser que la extinción
proceda de haberse declarado por sentencia firme que no existió el hecho de que la civil hubiese podido
nacer. / En los demás casos, la persona a quien corresponda la acción civil podrá ejercitarla ante la
jurisdicción y la vía de lo civil que proceda, contra quien estuviese obligado a la restitución de la cosa,
reparación del daño o indemnización del perjuicio sufrido».
29
Ej., STS 111/2008, de 20 febrero (RJ 2671): «muerte de una persona tras golpearse en la cabeza con un
cristal instalado en el exterior de la oficina de una entidad bancaria donde antes había también una
puerta de cristal». En el previo juicio de faltas, se absolvió a la entidad bancaria por «culpa exclusiva de
la víctima», mientras que el TS considera que hay negligencia del banco «al no señalizar adecuadamente
el cambio de una puerta por un acristalamiento fijo». La S. cita, a su vez, las de 31 enero 1997 (RJ 254),
29 mayo 1998 (RJ 4074), 4 junio 2001 (RJ 3878), 7 junio 2002 (RJ 5216), 4 noviembre 2004 (RJ 7223) y 31
octubre 2006 (RJ 8882).
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25 febrero 1993 (RJ 1255): «la sentencia penal absolutoria deja expedita la vía civil del art.
1902 y concordantes. Del propio modo los autos de sobreseimiento, libre o provisional»;
similar, S. 771/2011, de 27 octubre (RJ 2012/1128)].
Crítica del sistema y explicación de su origen. Esta dualidad de regulaciones (Cp-Cc) es muy
duramente criticada por la doctrina civil porque la responsabilidad civil atiende siempre a
resolver el mismo problema: la reparación del perjuicio sufrido, y a estos efectos es irrelevante
si el hecho es o no constitutivo de delito. Es decir, la responsabilidad civil no es una sanción,
sino una reparación del daño, lo que es muy distinto. Por eso, es técnicamente incorrecto
hablar de responsabilidad civil derivada del delito 30, porque no deriva del delito, sino del daño;
puede haber delito sin responsabilidad civil (tentativa, delitos de peligro) y responsabilidad
civil sin delito (daños por hechos atípicos).
30
De hecho, los preceptos del Cp sobre responsabilidad civil no son ley orgánica, como el resto del
Código, sino ley ordinaria.
31
Por todos, YZQUIERDO (2019), pgs. 72 y 73.
No está del todo claro si la razón fue ese proceso legislativo o una decisión consciente del legislador,
pues ya el Proyecto de Cc de 1836 establecía en su art. 1855 que «Los delitos, esto es, las acciones
prohibidas por la ley, en virtud de las cuales se causa un perjuicio a un tercero, imponen al que las
comete la obligación de reparar aquel perjuicio; ya sea reponiendo las cosas, cuando fuere posible al
estado que tenía antes del hecho ilícito, ya indemnizando los daños que no se pudieren reparar de otra
suerte. / Estas obligaciones se demarcan con más especificación en el Código penal». Y el art. 1856
disponía que «Los hechos que causan perjuicio a una persona sin estar declarados por delitos, y que no
proceden de caso fortuito, sino de culpa o negligencia de otra persona, se llaman cuasi delitos».
Cualquiera que fuera la razón, fue un error.
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Art. 10.2 LOPJ: «la existencia de una cuestión prejudicial penal de la que no pueda prescindirse para la
debida decisión o que condicione directamente el contenido de ésta, determinará la suspensión del
procedimiento, mientras aquélla no sea resuelta por los órganos penales a quienes corresponda, salvo
las excepciones que la ley establezca». Art. 114 Lecr: «Promovido juicio criminal en averiguación de un
delito o falta, no podrá seguirse pleito sobre el mismo hecho; suspendiéndole, si le hubiese, en el estado
en que se hallare, hasta que recaiga sentencia firme en la causa criminal...».
33
Sobre este proceso, puede verse YZQUIERDO TOLSADA (2019), pgs. 75-78, e Idem, «La responsabilidad
civil en el Proyecto de Código penal de 1994: más de lo mismo», Iniuria, 6 (1995), pgs. 35 y ss.
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