Edificando sobre la Roca: Fe Activa
Edificando sobre la Roca: Fe Activa
(Día 39)
Jesús terminó el Sermón del Monte con una parábola que sella su mensaje:
(Mateo 7:24-27) Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en
práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; (25) y
cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa;
pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. (26) Y todo el que oye
estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato
que edificó su casa sobre la arena; (27) y cayó la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción.
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Jesús habla de dos hombres:
1. El SABIO:
Este es el que oye la Palabra de Dios, y la pone en práctica.
2. El INSENSATO:
Éste es el que oye la Palabra, pero NO la pone en práctica.
¿Está nuestra vida fundada sobre la roca, o sobre arena? Las pruebas de la vida (“la
lluvia torrencial”) lo harán evidente. Si hemos vivido una religiosidad pero no vivimos
como Dios manda, entonces todo se desmoronará ante el menor problema. Pero si uno
pone en práctica la Palabra de Dios, ninguna circunstancia negativa nos moverá, porque
estaremos firmes.
(1 Corintios 3:11-15) Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está
puesto, el cual es Jesucristo. (12) Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica
con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, (13) la obra de cada uno se
hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada; el fuego
mismo probará la calidad de la obra de cada uno. (14) Si permanece la obra de
alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. (15) Si la obra de
alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque
así como por fuego.
El mensaje final del Sermón del Monte es simple: Dios nos llama a vivir Su Palabra, no
sólo escucharla ni recitarla de memoria. El Señor nos la dio para ponerla en práctica.
(Santiago 1:22-27) Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se
engañan a sí mismos. (23) Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es
semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; (24) pues después de
mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. (25)
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en
ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será
bienaventurado en lo que hace. (26) Si alguno se cree religioso, pero no refrena su
lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana. (27) La
religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los
huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.
El mensaje de Jesús a lo largo del Sermón del Monte es exhortarnos a vivir la fe en una
forma real y profunda, no superficial ni de apariencias.
(1 Juan 2:3-6) Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus
mandamientos. (4) El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus
mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él; (5) pero el que guarda su
palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos
que estamos en El. (6) El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo.
El Señor no sólo espera que actuemos bien, como Dios manda, sino que lo hagamos de
corazón.
ORACIÓN
Señor, yo quiero construir mi vida sobre la Roca, que eres Tú. No quiero que cuando
vengan las tormentas de la vida, yo me desmorone, pues quiero permanecer firme.
Señor, no quiero vivir una religión, sino quiero vivir el estilo de vida del Reino, basado
en Tu palabra y en una relación personal Contigo. Señor, quiero guardar Tu Palabra
y que Tu amor se perfeccione en mí. Quiero permanecer firme en Ti, la Roca de mi
salvación, por lo tanto, andaré como Tú anduviste. Amén.
(Día 38)
Hace unos días comentamos sobre la diferencia que Jesús hizo entre “ver” el Reino, y
“entrar” en el Reino. Volveremos a mencionarlo, porque es crucial para entender el
mensaje final del Sermón del Monte.
Nacer del agua y del espíritu implica una transformación de vida. Luego de reconocer a
Jesús como Salvador, también debemos reconocerlo como Señor. Esto significa que
haremos lo que Él manda.
Entrar al Reino implica hacer las cosas como Dios manda. Todo Reino tiene leyes y
normas. Si uno no las cumple, puede terminar en prisión o en el exilio. Lo mismo es
con el Reino de Dios. Luego de salvarnos, el Señor nos abre las puertas de Su Reino.
Él espera que le reconozcamos como Rey y que nos sometamos a Su orden.
La palabra que se traduce como “iniquidad”, en griego es: Anomia, que literalmente
significa: “sin ley, sin Torá” (A—sin; Nomos—ley escrita).
(Tito 1:16) Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo
abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena.
En el Reino de Dios no basta con oir la Palabra, sino se espera que la actuemos y la
vivamos.
(Santiago 1:21-22) Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia,
recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras
almas. (22) Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí
mismos.
Mañana leeremos una parábola que Jesús contó para ilustrar este mensaje…
ORACION
Mis ojos espirituales fueron abiertos al creer en Ti, Jesús. He visto el Reino, pero
ahora quiero entrar en Él. No quiero quedarme fuera de tan grande bendición. Dios
mío, quiero llamarte “Señor” no sólo del diente al labio sino de verdad. Quiero
llamarte Señor porque te he reconocido como el Rey de mi vida, a quien tengo que
someterme y a quien obedeceré. Quiero vivir Tu Reino, y no sólo saber de Él. Quiero
ser hacedor de Tu Palabra, y no sólo oidor.
(Día 37)
En el Sermón del Monte, Jesús hace una advertencia en contra de los profetas falsos.
(Mateo 7:15) Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de
ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
El problema de los falsos profetas es que parecen ser buenos, pero no lo son.
Aparenta ser uno del pueblo, pero en realidad se quiere aprovechar de ellos.
El falso profeta puede hacer señales o milagros (por eso muchos creen en él), pero su
mensaje va en contra de la Palabra de Dios.
En la Biblia vemos varios ejemplos de profetas que Dios levantaba cuando el pueblo se
había desviado, para llamarlos al arrepentimiento. Pero a la par ellos también se
levantaban profetas falsos que hablaban al pueblo lo que querían oír. Los falsos profetas
les decían: “¡Paz, paz!” (es decir, no les va a pasar nada porque son hijos de Dios); el
profeta de Dios decía: “¡No vendrá paz! (es decir, si no se arrepienten, tendrán que dar
cuentas de sus malas acciones). Lamentablemente, la gente tiende a preferir la dulce
mentira que la amarga realidad, y por eso muchos caen en las trampas de los falsos
profetas.
(Jeremías 6:13-16) Porque desde el menor hasta el mayor, todos ellos codician
ganancias, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el engaño. (14) Y
curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: "Paz, paz", pero no hay paz.
(15) ¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se
han avergonzado, ni aun han sabido ruborizarse; por tanto caerán entre los que
caigan; en la hora que yo los castigue serán derribados--dice el SEÑOR. (16) Así
dice el SEÑOR: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos
cuál es el buen camino, y andad por él; y hallaréis descanso para vuestras almas. Pero
dijeron: "No andaremos en él."
El Señor siempre nos da la oportunidad para arrepentirnos y rectificar. Pero los profetas
falsos roban al pueblo de esa oportunidad, haciéndoles creer que todo está bien, cuando
no lo está. No debemos permitir que eso nos pase.
Jesús nos enseñó otra forma en que podemos reconocer a un falso profeta:
(Mateo 7:16-17) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos
o higos de los abrojos? (17) Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol
malo da frutos malos. (18) Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un
árbol malo producir frutos buenos. (19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado
y echado al fuego. (20) Así que, por sus frutos los conoceréis.
ORACIÓN
Señor, atiendo tu voz de alerta. Sabiendo esto de antemano, estaré en guardia, para no
ser arrastrado por el error de hombres libertinos, y dejarme llevar por doctrinas falsas.
Probaré a los profetas en base a lo que dice tu Palabra, y no conforme a lo que
quisiera oír. Estaré pendiente de ver el fruto de la vida de ellos, lo cual revela más que
sus palabras.
(Día 36)
El resentimiento, la amargura, la ira, los malos deseos, y toda malicia, son cargas que
hemos llevado en la vida, pero si queremos entrar en el Reino, debemos dejarlas atrás,
porque no caben a través de la puerta estrecha, ni pertenecen en el Reino de Dios. Si
fuimos ofendidos, debemos perdonar y soltar; si hemos pecado, debemos cortar con ese
estilo de vida, y vivir como Dios manda.
La puerta al Reino es estrecha, pero bien vale la pena cruzarla porque lleva a la vida.
(Hebreos 12:11-17) Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de
tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después
fruto apacible de justicia. (12) Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas
que flaquean, (13) y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la pierna
coja no se descoyunte, sino que se sane. (14) Buscad la paz con todos y la santidad,
sin la cual nadie verá al Señor. (15) Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la
gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por
ella muchos sean contaminados; (16) de que no haya ninguna persona inmoral ni
profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida. (17) Porque sabéis
que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló
ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas.
Si queremos entrar al Reino, debemos botar las cargas y quitar los obstáculos.
(Isaías 62:10-12) Pasad, pasad por las puertas; abrid camino al pueblo. Construid,
construid la calzada; quitad las piedras, alzad estandarte sobre los pueblos. (11) He
aquí, el SEÑOR ha proclamado hasta los confines de la tierra: Decid a la hija de Sion:
"He aquí, tu salvación viene; he aquí, su galardón está con El, y delante de El su
recompensa." (12) Y los llamarán: Pueblo Santo, redimidos del SEÑOR. Y a ti te
llamarán: Buscada, ciudad no abandonada.
(Isaías 35:8) Allí habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad;
el inmundo no transitará por él, sino que será para el que ande en ese camino; los
necios no vagarán por él.
ORACIÓN
Señor, yo no me conformo sólo con ver tu Reino, sino que deseo entrar. Quiero cruzar
la puerta estrecha que lleva a Tu Reino. Estoy dispuesto a dejar atrás mis cargas. Si
alguien me ha ofendido, hoy lo perdono y lo suelto. Si he pecado, te pido perdón, y
estoy dispuesto a cambiar.
Enséñame, Señor, cuál es el orden de Tu Reino, porque yo quiero vivir así. Pasaré por
la puerta, quitaré las piedras y para construir mi vida en el Calzada de la Santidad.
Será un proceso, pero estoy dispuesto. Gracias, Jesús, porque Tú has abierto camino y
vas delante mostrándonos cómo hacerlo.
(Día 35)
El mundo enseña a buscar la salida fácil y la solución rápida a todo. Esta forma de
pensar se ha fomentado especialmente en la era moderna. Buscan los beneficios sin
querer pagar el costo, lo cual promueve tomar “atajos” en la vida que son caminos de
destrucción.
(Proverbios 5:21-23) Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del
SEÑOR, y El observa todos sus senderos. (22) De sus propias iniquidades será presa
el impío, y en los lazos de su pecado quedará atrapado. (23) Morirá por falta de
instrucción, y por su mucha necedad perecerá.
La Biblia nos enseña que para obtener los beneficios, primero debemos pagar el precio.
Si queremos cosechar, primero debemos sembrar y cultivar. Este es el orden de la vida,
y del Reino de Dios. En el Sermón del Monte, Jesús enseñó sobre esto usando la
analogía de una puerta:
(Mateo 7:13-14) Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es
la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. (14) Porque
estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan.
La puerta a la vida es estrecha. Esto no sólo se refiere a la vida eterna, cuya puerta es
Jesús, sino al estilo de vida del Reino. La entrada al Reino es por fe, pero luego,
debemos aprender a vivir según el orden del Reino de Dios.
La realidad es que, al principio, a todos nos cuesta ajustarnos al estilo de vida del Reino
de Dios. Es difícil porque debemos restringirnos, “apretarnos”. No podemos hacer lo
que queramos, sino que debemos seguir las normas del Reino. Algunos ven ese orden
como “restricción”; pero debemos llegar a entender que Dios no nos dio la Ley para
“limitarnos”, sino para que nos vaya bien, para que tengamos una buena vida.
(Proverbios 10:8-9) El sabio de corazón aceptará mandatos, mas el necio charlatán
será derribado. (9) El que anda en integridad anda seguro, mas el que pervierte sus
caminos será descubierto.
El yugo es el madero que el buey o animal de carga lleva sobre sus lomos. Por lo
general, el yugo es llevado por dos animales, y unidos pueden halar con mayor facilidad
el arado. Jesús nos dice que nos unamos a Él, debajo de su yugo. El ya se lo puso,
siendo obediente, hasta la muerte (Fil. 2:5-8); ahora nosotros también podemos, con Su
ayuda.
(Mateo 16:24-27) Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (25) Porque el que quiera salvar
su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (26) Pues
¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O
¿qué dará un hombre a cambio de su alma? (27) Porque el Hijo del Hombre ha de
venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno
según su conducta.
(1 Juan 2:1-6) Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno
peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (2) El mismo es la
propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del
mundo entero. (3) Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos
sus mandamientos. (4) El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus
mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él; (5) pero el que guarda su
palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos
que estamos en El. (6) El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo.
ORACIÓN
Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, porque
tú eres el Dios de mi salvación; en ti espero todo el día. ¡Benditos son los de camino
perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR! ¡Bendición vendrá a los que guardan sus
testimonios, y con todo el corazón le buscan!
Señor, estoy dispuesto a ponerme Tu yugo. Ya no quiero pecar, sino andar en Tus
caminos. Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia.
Quisiera que mis caminos sean afirmados para guardar tus estatutos.
Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios. Te mostraré
que te amo, guardando Tus mandamientos, pues deseo que te manifiestes en mi vida.
Entraré por la puerta estrecha.
(Día 34)
Una de las normas de convivencia más conocidas es la que se conoce como la “Regla de
Oro”, y dice: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.”
Jesús mencionó este mismo principio en el Sermón del Monte, pero en forma positiva:
(Mateo 7:12) Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también
haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas.
(Romanos 13:8-10) No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el
que ama a su prójimo, ha cumplido la ley. (9) Porque esto: No cometerás adulterio,
no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas
palabras se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (10) El amor no hace mal
al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.
Jesús fue aún más explícito que Pablo, y explicó que toda la ley se puede resumir en dos
mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo.
(Mateo 22:36-40) Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? (37) Y El le dijo:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
(38) Este es el grande y el primer mandamiento. (39) Y el segundo es semejante a
éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (40) De estos dos mandamientos
dependen toda la ley y los profetas.
Amar a Dios y amar al prójimo son las dos caras de la misma moneda. Por eso Juan
dijo:
(1 Juan 4:20-21) Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un
mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios
a quien no ha visto. (21) Y este mandamiento tenemos de El: que el que ama a Dios,
ame también a su hermano.
ORACION
Señor, reconozco que debo aprender a amar más a mi prójimo. Quiero aprender a
amar tal como Tú nos has amado. Pues no hay amor mayor que éste: que uno dé su
vida por sus amigos.
Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como
metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera
todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar
montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis bienes para dar de
comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor,
de nada me aprovecha.
(Día 33)
¿Qué hace un bebé cuando necesita algo? Ya sea que tenga hambre, o sienta dolor, o
necesite ser cambiado de pañal, o se siente solo, el bebé llora. El llanto es algo natural
para el bebé; nadie se lo enseñó, sino que lo hace por naturaleza. Cuando los niños
aprenden a hablar, los padres les enseñan a pedir en lugar de llorar cuando quieren algo.
Conforme van creciendo y madurando, los jóvenes aprenden a distinguir entre lo que
sus padres le darán y lo que le negarán, y piden conforme a eso.
En el Sermón del Monte, Jesús explicó que si queremos recibir, debemos pedir.
(Mateo 7:7-11) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (8)
Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
¿Por qué no recibimos? Santiago nos dice que por dos razones: porque pedimos mal, o
porque simplemente no pedimos.
(Santiago 4:1-3) ¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No
vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? (2) Codiciáis y no
tenéis, por eso cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso
combatís y hacéis guerra. No tenéis, porque no pedís. (3) Pedís y no recibís, porque
pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres.
Todo padre amoroso desea complacer a su hijo, pero no siempre le da lo pide, ya sea
porque no puede o porque no le conviene al niño. Un niño pide, pero no recibe todo,
porque a veces no pide bien. Pero si pide lo que es justo y bueno, seguramente lo
recibirá, en la medida de lo que sea posible. Esta misma confianza debemos tener en
Dios, porque Él es bueno y generoso.
(1 Juan 3:21-22) Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos
delante de Dios; (22) y todo lo que pidamos lo recibimos de El, porque guardamos
sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de El.
¿Por qué razón no le pedimos más a Dios? Muchas veces es porque, en el fondo, no
creemos que Dios es bueno ni que quiere complacernos. No conocemos a Dios como
un Padre amoroso y generoso. Por eso Jesús dijo:
(Mateo 7:9-11) ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará
una piedra, (10) o si le pide un pescado, le dará una serpiente? (11) Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?
(Salmo 145:17-19) Justo es el SEÑOR en todos sus caminos, y bondadoso en todos sus
hechos. (18) El SEÑOR está cerca de todos los que le invocan, de todos los que le
invocan en verdad. (19) Cumplirá el deseo de los que le temen, también escuchará su
clamor y los salvará.
¿Qué espera Dios de nosotros al pedir y al orar? ¡FE! Que creamos en Él.
(Santiago 1:6-8) Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la
ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. (7) No piense,
pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, (8) siendo hombre de doble
ánimo, inestable en todos sus caminos.
El Señor no sólo espera que creamos que Él es Dios Todopoderoso, sino que sepamos
que Él es Nuestro Padre que nos ama y nos desea lo mejor, y se complace en
agradarnos.
ORACION
Señor, Justo eres Tú en todos sus caminos, y bondadoso en todos sus hechos. Tú estás
cerca de todos los que te invocan, de todos los que te invocan en verdad. Cumplirás el
deseo de los que le temen, también escucharás su clamor y los salvarás. Señor, te
invocaré y vendré a rogarte, porque sé que me escucharás. Te buscaré y te hallaré,
cuando te busque de todo corazón.
Y esta es la confianza que tengo delante de Ti, que si pedimos cualquier cosa conforme
a Tu voluntad, nos oirás. Señor, yo sé que Tú podrás Tu deseo en mi corazón. No
quiero pedir de mi necedad, sino conforme a Tu Voluntad. Así podré pedir bien, lo que
conviene, lo que trae bendición.
Señor, confío callado en Ti, esperando con paciencia, porque yo sé que los planes que
tienes para nosotros son planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y
una esperanza.
[Salmo 145:17-19; 1 Juan 5:14-15; Salmo 37:4-7; Jeremías 29:11-13]
(Día 32)
Ya entramos a la recta final del Sermón del Monte. Jesús sigue explicando sobre
asuntos controversiales o temas en la Biblia que han sido mal interpretados. Al inicio
del capítulo siete, Jesús hace referencia al tema de “juzgar”:
(Mateo 7:1) No juzguéis para que no seáis juzgados.
i. Unos no juzgan para nada. Pero eso no es amor, sino evasión. Con esa actitud
neutral dejan pasar acciones y actitudes que van corrompiendo a la congregación.
ii. Otros juzgan a diestra y siniestra, pero no lo hacen por amor al prójimo ni por un
genuino interés que ellos mejoren, sino para hacerlos de menos porque ellos se
consideran “mejores” que los demás.
Jesús no está diciendo que dejemos de juzgar, sino que lo hagamos correctamente. Él
da una advertencia de las consecuencias de juzgar inconscientemente.
(Mateo 7:2) Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con
que midáis, se os medirá.
Juzgar es una espada de dos filos; si uno no lo hace bien, puede salir lastimado.
Algunos son rápidos para criticar a los demás, pero no se ven antes en el espejo. El
juicio debe comenzar por uno mismo.
JUZGAR ES DISTINGUIR
La palabra que se traduce como “juzgar”, en griego es: “Krino”, que literalmente
significa: distinguir, y decidir.
El Señor quiere que aprendamos a distinguir entre el bien y el mal, y luego a decidirnos
por hacer el bien.
(Ezequiel 44:23) Enseñarán a mi pueblo a discernir entre lo sagrado y lo profano, y
harán que ellos sepan distinguir entre lo inmundo y lo limpio.
El juicio debe comenzar por uno mismo. Debemos medirnos según la “regla divina” de
lo que es correcto o incorrecto. Y si hay necesidad de juzgar a otros, el juicio no debe
ser usado para atacar o menospreciar a alguien, sino para dirigirlo, corregirlo y
animarlo. En ningún momento debemos “condenar”; esa facultad sólo la tiene Dios.
Hay un refrán en español que dice: “No tiene boca con qué hablar”. Esto se refiere a
cuando una persona no tiene el derecho moral de juzgar sobre un tema porque ella falla
en lo mismo. A esto se refería Jesús cuando dijo lo siguiente:
(Mateo 7:3-5) ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das
cuenta de la viga que está en tu propio ojo? (4) ¿O cómo puedes decir a tu hermano:
"Déjame sacarte la mota del ojo", cuando la viga está en tu ojo? (5) ¡Hipócrita! Saca
primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de
tu hermano.
ORACIÓN
Señor, hoy mismo me arrepiento por haber juzgado mal a mi prójimo. Reconozco que
no siempre lo he hecho en Tu justicia, sino por mi orgullo espiritual. Perdóname,
Señor. Quiero mostrar a los demás la misma misericordia que Tú me has extendido.
Antes de pretender “limpiar” a los demás, debo primero limpiar mi propia vida. Por
allí comenzaré. Enséñame a distinguir entre lo sagrado y lo profano. Conforme vaya
poniéndolo en práctica, lo enseñaré a quien quiera recibirlo. Pero cuando vea que un
hermano necesita rectificar algo en su vida, no me quedaré callado. En ese momento,
tomaré el cuidado de hablarle en amor y misericordia. No hablaré a sus espaldas, sino
en privado, para no humillarlo sino levantarlo. Ayúdanos, Señor, a edificar los muros
de Tu Pueblo.
Orad por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman. Haya paz dentro de
tus muros, y prosperidad en tus palacios. Por amor de mis hermanos y de mis amigos
diré ahora: Sea la paz en ti. Por amor de la casa del SEÑOR nuestro Dios procuraré
tu bien. (Salmo 122:6-9)
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Etiquetas: Ayuno 2012, Sermón del Monte
(Día 31)
La medicina para el afán de la vida es la CONFIANZA EN DIOS.
Jesús habló de esto en el Sermón del Monte:
(Mateo 6:25-32) Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o
qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y
el cuerpo más que la ropa? (26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni
recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois
vosotros de mucho más valor que ellas? (27) ¿Y quién de vosotros, por ansioso que
esté, puede añadir una hora al curso de su vida? (28) Y por la ropa, ¿por qué os
preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; (29)
pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. (30) Y si
Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará
mucho más por vosotros, hombres de poca fe? (31) Por tanto, no os preocupéis,
diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿qué beberemos?" o "¿con qué nos vestiremos?" (32)
Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial
sabe que necesitáis de todas estas cosas.
¿Quiere esto decir que uno no debe hacer nada, sino esperar con los brazos cruzados?
Ciertamente no es así. El Señor nos llama a buscar cuál es nuestro deber (es decir,
buscar Su Reino), y luego cumplir con nuestro deber (es decir, hacer justicia). Cada uno
debe hacer su parte, y Dios hará la suya.
(Mateo 6:33) Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas.
Sabemos que esto requiere de FE, pero, ¿acaso no es eso lo que Dios espera de
nosotros?
(Mateo 6:34) Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de
mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.
La clave está en “no preocuparse, no afanarse”. Jesús repite esa frase cuatro veces en el
texto.
El diccionario define la “preocupación” como: el sentimiento de inquietud, temor o
intranquilidad por una situación determinada. Según esta definición, la preocupación
depende de las circunstancias. Pero lo que Jesús dice es que debemos ponernos “sobre”
las circunstancias.
Tal vez se pregunten: Ante unas circunstancias negativas, ¿cómo puede uno dejar de
preocuparse? Jesús da la respuesta: Confiar en Dios. Esto no se refiere a una “fe ciega”
que quiere creer cualquier cosa, sino a la fe en lo que Dios ha dicho. Podremos confiar
en Dios luego de haber buscado cuál es Su voluntad.
“Confiar en Dios” no es esperar que Él lo haga todo, y uno quedarse esperando con los
brazos cruzados. Confiar implica conocer la Voluntad de Dios, y hacerla. Dios también
espera que uno haga su parte, y Él hará la Suya. Esto es “buscar el Reino de Dios y Su
justicia”.
Nuestra confianza no debe estar puesta en nosotros mismos, sino en Dios, sabiendo que
Él es bueno y justo, y todo está bajo Su control.
(Hebreos 11:6) Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se
acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan.
Dios no sólo quiere que sepamos que Él es bueno, sino que lo experimentemos. El
salmista dice: “probad y ved…” (Salmo 34:8).
ORACIÓN
Busqué al SEÑOR, y El me respondió, y me libró de todos mis temores. (5) Los que a El
miraron, fueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados. (6) Este pobre
clamó, y el SEÑOR le oyó, y lo salvó de todas sus angustias. (7) El ángel del SEÑOR
acampa alrededor de los que le temen, y los rescata. (8) Probad y ved que el SEÑOR es
bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia! (9) Temed al SEÑOR,
vosotros sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen. (10) Los leoncillos
pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al SEÑOR no carecerán de bien
alguno.
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Etiquetas: Ayuno 2012, Sermón del Monte
(Día 30)
Luego que Jesús preguntara si servimos a Dios o a las riquezas, Él habló sobre el miedo
y el afán de la vida.
(Mateo 6:25) Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué
beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el
cuerpo más que la ropa?
Los temas del “amor al dinero” y el “afán de la vida” están vinculados, ya que ambos
tienen como raíz principal el miedo.
MAMÓN Y EL MIEDO
Ya vimos que el espíritu de avaricia es conocido como Mamón. Éste obra a través del
miedo, llevándonos pensar sobre el futuro y provocando inseguridad sobre lo que pueda
pasar.
MIEDO vrs FE
Miedo es lo opuesto a la FE.
* FE:
Es tener certeza y seguridad de lo que vendrá, aun cuando no se pueda ver. La fe no
está basada en lo que uno “desea”, sino en lo que Dios dijo y prometió.
(Hebreos 11:1) Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo
que no se ve.
(Romanos 10:17) Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.
* MIEDO:
Es la inseguridad de lo que va a ocurrir. Uno puede tener miedo porque no ha oído la
Palabra de Dios, o porque no cree, a pesar de haber oído a Dios. Lo primero es
ignorancia (lo cual no exime de culpa); lo segundo es pecado, (y por ello muchos no
alcanzan la promesa).
(Hebreos 3:15-16) en cuanto se dice: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros
corazones, como en la provocación. (16) Porque ¿quiénes, habiendo oído, le
provocaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés?
(Hebreos 3:18-19) ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que
fueron desobedientes? (19) Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su
incredulidad.
CODICIA
El diccionario define la “codicia” como: “el deseo excesivo de poseer muchos bienes y
riquezas”. Es el amor al dinero y el deseo insaciable de tener más y más.
De principio a fin, la Biblia nos revela que Dios quiere bendecirnos y que prosperemos.
Esto lo interpretamos como prosperidad material, pero es mucho más que eso. Aun más
importante que lo material es lo espiritual.
(3 Juan 1:2) Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y
que tengas buena salud.
Si uno pone su confianza en el dinero, saldrá perdiendo. Pero si uno confía en Dios,
llegará a tener bendición, en la medida que el Señor le dé. Y aun la bendición que el
Señor nos dé, no es para “acumularla” sino para compartirla.
(1 Timoteo 6:17-19) A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni
pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da
abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. (18) Enséñales que hagan
bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, (19)
acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan
echar mano de lo que en verdad es vida.
ORACION
Señor, confieso que a veces he permitido que el miedo entre en mi corazón, pero hoy
veo que esto es pecado porque no he creído en Ti; o tal vez ni siquiera he buscado Tu
Palabra. Perdóname, pues a veces he puesto mi confianza en el dinero, cuando mi
seguridad está sólo en Ti. Dame ojos para ver la realidad espiritual, y no dejarme
llevar por las circunstancias.
Señor, ya no quiero vivir más por la vista, sino por fe. Sé que sin fe es imposible
agradarte, y quien se acerca a Ti debe creer que existes y que recompensas a los que te
buscan. Ya no quiero preocuparme por mi vida, por lo que comeré o beberé. Sé que
debo hacer mi parte, pero debo aprender a confiar en Ti, porque de Ti viene toda
bendición.
Señor, no quiero quedarme fuera de Tus Promesas por mi falta de fe. Yo quiero todo
lo que tienes para mí. Quiero la bendición que viene de ti, la cual no trae tristeza.
(Día 29)
Luego de hablar acerca del tesoro del corazón, Jesús dijo lo siguiente:
(Mateo 6:24) Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al
otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
La palabra que se traduce como “riquezas”, en griego es: “Mamón”, que literalmente
significa: confianza o avaricia.
Mamón también era el nombre de un dios pagano del Medio Oriente. En Egipto, había
una esfinge gigante dedicada a este dios, conocida como el “Coloso de Mamón”. En
Grecia y Roma, su equivalente era el dios Plutón (cuyo nombre literalmente significa:
enriquecerse); también recibía el nombre de “Hades”, a quien se consideraba como el
custodio de las abundancias de la tierra, además de ser el guardián del inframundo.
La pregunta con respecto al dinero es: ¿dónde está nuestro corazón? Cuando las
riquezas se vuelven en lo más importante en nuestras vidas, entonces servimos a
Mamón, que es el espíritu de avaricia. Este espíritu prevalece en el mundo y su sistema
económico. Cuando el dinero es un “ídolo”, éste se convierten en una fuerza que nos
lleva a dedicar la vida y entregarla a la búsqueda del dinero, a cualquier costo.
La advertencia de Pablo es para evitarnos caer en esa trampa. El mundo sirve al dios
del dinero, pero nosotros estamos llamados a seguir las virtudes del Reino de Dios:
justicia, misericordia, piedad, fe, amor, perseverancia, amabilidad. Estas virtudes son
nuestros tesoros, y en ellos debemos invertir.
ORACION
Señor, estoy en el mundo, pero no soy de este mundo; yo soy del Reino de los Cielos.
Por lo tanto, no voy a vivir según el orden del mundo, el cual está dedicado a la
búsqueda de fortuna y fama. Como ciudadano de Tu Reino, yo buscaré tesoros
espirituales que durarán para siempre.
(Día 28)
El Señor nos insta a que invirtamos, tiempo y recursos, a lo que es eterno. Lo temporal
se arruina y pasa, pero lo eterno dura para siempre.
¿Qué relación tiene el mensaje del tesoro del corazón con la el ojo como lámpara? A
simple vista, parecería que no estar relacionado, pero Jesús no mencionó esto por
casualidad ni por error. Así como ponemos el corazón en el tesoro, ponemos la vista en
lo que consideramos importante.
(2 Corintios 4:16-18) Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre
exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día.
(17) Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que
sobrepasa toda comparación, (18) al no poner nuestra vista en las cosas que se ven,
sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no
se ven son eternas.
¿Dónde está puesta nuestra vista, tanto física como espiritual? Si tenemos la vista
puesta en algo bueno, tendremos luz. Pero si la vista está en algo malo, nuestra vida se
llenará de oscuridad.
(Efesios 5:5-13) Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro,
que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. (6) Que nadie os
engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre
los hijos de desobediencia. (7) Por tanto, no seáis partícipes con ellos; (8) porque
antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de la luz (9)
(porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), (10)
examinando qué es lo que agrada al Señor. (11) Y no participéis en las obras estériles
de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas; (12) porque es vergonzoso aun
hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. (13) Pero todas las cosas se hacen
visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz.
ORACIÓN
Señor, no quiero poner mi corazón en las cosas de este mundo, sino que quiero
hacerme tesoros en el Cielo, los cuales durarán para siempre. Ya no quiero dejarme
llevar más por la vista y por los deseos de este mundo; más bien, quiero poner mis ojos
en lo que es importante y trascendente—en Tu Luz y Tu Verdad.
(Día 27)
La oración que se conoce como “el Padre Nuestro” aparece en el contexto del Sermón
del Monte.
El propósito de Jesús al enseñarnos esta oración no era que la repitiéramos como loritos,
sino enseñarnos a cómo orar. Justamente unos versículos antes leemos cuando Jesús
advirtió que las oraciones no debían repetirse vanamente, sino que deben venir del
corazón.
(Mateo 6:7-8) Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque
ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. (8) Por tanto, no os hagáis
semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le
pidáis.
Algunos se preguntarán: Si Dios ya sabe lo que voy a pedir, ¿qué necesidad hay para
orar? La razón es simple: Dios ya sabe lo que tú quieres, pero ¿sabes tú lo que Dios
quiere? “Orar” no sólo significa pedir y hablar. Parte esencial de la oración es
“escuchar”; es estar quieto y atento para oír a Dios, para conocer Su Voluntad.
(Salmo 5:2-3) Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque es a ti a
quien oro. (3) Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi
oración a ti, y con ansias esperaré.
PADRE NUESTRO
Se podría escribir un libro sólo de esta oración, que se conoce como “el Padre Nuestro”,
ya que hay mucha revelación en ella. Pero en esta ocasión, sólo la leeremos, y luego
haremos la oración inspirada en ella…
(Mateo 6:9-13) Vosotros, pues, orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea tu nombre. (10) Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la
tierra como en el cielo. (11) Danos hoy el pan nuestro de cada día. (12) Y
perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros
deudores. (13) Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el
reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén.
ORACIÓN
Señor Yahwe, Tú eres mi Padre, y eres cercano a mí. Pero también reconozco que eres
Santo, y estás apartado de todo. Estás sobre todo. Ahora no puedo subir al Cielo,
pero quiero que Tu Reino baje a la Tierra. En mi vida, yo viviré el orden de Tu Reino,
haciendo Tu Voluntad. Señor, sé que te he fallado, y te pido perdón. La misma
misericordia que yo he recibido de Ti, la extiendo a mis hermanos que me han fallado.
Señor, Tú eres mi Proveedor. De Ti proviene toda bendición para mi vida.
Bendícenos con la provisión diaria para nuestro sustento. Mientras viva en este
mundo, te pido que me protejas de todo mal y de toda tentación. Te reconozco como el
Rey de mi vida. Anhelo el día de Tu Venida; en ese día, toda rodilla se doblará y toda
lengua confesará que Tú eres Rey. Toda la gloria sea para Ti. Amén.