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Juegos y Cultura en la Antigua Grecia

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Introducción:Ballona

El mundo helénico nos ha legado tantas cosas que casi podríamos decir que nosotros,
los occidentales, no somos más que
grecolatinos evolucionados con un alma cristiana. A veces su influencia es tan profunda
que nos parece que los protagonistas
de su historia son casi contemporáneos nuestros. La democracia, la filosofía, la
búsqueda de la verdad y de la belleza, de la
perfección en suma, son inventos griegos que nos han formado
como personas. Lo mismo ocurre con el
deporte. Surgido de la religión y de la búsqueda de la paz entre
las diversas polis (ciudades-estado) helenas, la competición deportiva fue foro de lucha
y campo de perfección, belleza, nobleza y democracia.
Todos alabamos el arte griego, el modelo en que se mira todo lo clásico, pero pocas
veces nos percatamos de que muchos
de sus más impresionantes logros fueron para –y por– representar deportistas. Junto a
la más famosa de sus esculturas, el Discóbolo de Mirón, del que sólo nos han llegado
copias, estaba el
Agias de Lisipo, un campeón del Pancracio ennoblecido por el
cincel del gran escultor, y el Corredor de Maratón, y el Joven de
Antiquitira o el jinete de Artemisio… El Hermes de Praxíteles en
realidad es un atleta y el Doriforo de Polícleto, el canon de los
cánones del cuerpo masculino heleno, era una representación
del atleta perfecto. Quizá el ejemplo más genuino de esta fusión entre arte y juegos
deportivos sea el Auriga de Delfos, porque con las riendas en la mano lleva todavía
ceñido el lazo de
la victoria en sus sienes y, además, fue realizado inmediatamente después de las
Guerras Médicas, lo cual lo convertiría en todo un símbolo de la paz y de la unidad de la
Hélade (la antigua
Grecia).
Si ampliamos la estatuaria a los relieves, el número de representaciones deportivas se
multiplica por diez. Y si nos fijamos en
las pinturas que decoran la gran cerámica griega de período clásico la cifra ya es
colosal. Sólo en el Ática conocemos la existencia de 1.571 piezas con representaciones
olímpicas. Y todo ello sin
citar la escultura olímpica por excelencia y la única de las siete
maravillas del mundo que hace referencia a los deportes: la estatua de Zeus Olímpico,
la obra maestra del gran Fidias, realizada
en marfil y que presidía la ciudad del Deporte, Olimpia
Palacios:Los primeros Juegos Olímpicos de la antigua Grecia de los que se tienen
registro datan del año 776 a.C y su nombre se debe al lugar de su celebración: la
villa griega de Olimpia, santuario más importante del dios Zeus. Estos juegos se
celebraban cada cuatro años entre los meses de julio y agosto. Los JJOO surgieron
a partir de una época de crisis política y económica en el mundo griego y no para
satisfacer inquietudes deportivas. En el siglo VIII a. C., Grecia comenzaba a salir de
la llamada Edad Oscura o época Homérica y las polis (ciudades) se defendía con
fiereza. Aunque muchas de las polis se unieron para combatir juntas en la segunda
invasión persa, la mayoría se mantuvo neutral y tras la derrota persa, volvieron a
sus luchas internas. La crisis del siglo VIII a. C. generó fuertes enfrentamientos
sociales. En este contexto de crisis, los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia
tenían por objetivo la paz momentánea, ya que la vida pública quedaba paralizada
durante las fiestas y se suspendía toda actividad oficial

Mary paz:
Los juegos panhelénicos y sus lugares de celebración
En la antigüedad griega existieron más juegos deportivos
panhelénicos que los denominados Olímpicos. Los juegos Ístmi-
cos, por ejemplo, se celebraban en Istmia, en la unión del Pe-
loponeso con el resto de la Heláde, en lo que se ha llamado
siempre el estrecho de Corinto. Y los juegos de Nemea, por otra
parte, donde se coronaba al vencedor con una corona de apio
–sic–, se celebraban cada dos años. Los más famosos de todos
ellos –excluyendo los Olímpicos– eran los juegos Píticos (la pa-
labra deriva de la Pitonisa) que se celebraban en la ciudad mon-
tañera de Delfos, sede del célebre Oráculo y lugar máximo de
culto a Apolo, el dios de la música, la poesía y la belleza. Agru-
paba a más de 9.000 peregrinos, que acudían a ver estos jue-
gos panhelénicos de singular organización, ya que se dividían
en atléticos y artísticos. Los primeros se desarrollaban en el Es-
tadio, mientras que el concurso musical y literario era e

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