En un taller olvidado, Lucas encontró un reloj extraño.
No tenía números ni agujas,
pero en su esfera brillaban pequeñas luces que parecían estrellas. Intrigado,
decidió llevárselo a casa, sin saber que el reloj no medía el tiempo, sino los
momentos importantes de su vida.
Cada vez que algo significativo ocurría, una nueva "estrella" aparecía en el reloj.
Al principio, Lucas pensó que era una coincidencia. Pero cuando una estrella
desapareció después de que peleara con su mejor amigo, entendió que el reloj
también podía registrar pérdidas.
Un día, el reloj comenzó a brillar con intensidad. Las luces formaron un mapa que
parecía señalar un lugar específico. Lucas, guiado por su curiosidad, decidió
seguirlo. El mapa lo llevó a un campo donde encontró a una niña perdida. Al
salvarla, una luz enorme apareció en el reloj.
Lucas comprendió que el reloj lo estaba guiando hacia su propósito en la vida.
Desde ese día, decidió seguir cada indicación del extraño objeto, ayudando a
quienes lo necesitaban y encontrando significado en su propia existencia.
Al final de su vida, cuando Lucas se despidió del mundo, el reloj brilló como nunca
antes. Cada estrella representaba un momento único que había vivido, un recuerdo
que ahora formaba parte del cosmos. El reloj desapareció, dejando tras de sí solo
luz.