Alejandro Sawa: Masonería y Literatura
Alejandro Sawa: Masonería y Literatura
2020
Directoras:
TESIS DOCTORAL
Directoras:
DRA. DÑA. MARÍA CLEMENTA MILLÁN JIMÉNEZ (UNED)
DRA. DÑA. AMELINA CORREA RAMÓN (Universidad de Granada)
MADRID, 2020
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A Emi
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L´Art c´est l´azur
(Victor Hugo)
Por eso se quemó las pupilas, y las mismas alas, la pobre águila.
Se olvidó, por mirar fijamente lo infinito,
de que era un señor de carne y hueso.
(Rubén Darío)
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Agradecimientos:
Estas primeras páginas se las quiero dedicar a todas las personas que han hecho
posible la realización de esta tesis doctoral. En primer lugar, por supuesto, a mis
directoras, la doctora Dña. María Clementa Millán Jiménez, profesora titular de la UNED,
quienes me ha unido una amistad fraguada en los últimos años, que no solo abarca el
ámbito académico. Su ilusión, dedicación y profesionalidad han hecho que cuente con su
esta tesis doctoral, por su interés y apoyo a esta investigación de la que fue director
durante su primer año de andadura. A la doctora Dña. Pilar Espín Templado, presidenta
del tribunal calificador de mi Trabajo de Fin de Máster, que descubrió el potencial de esta
por concederme el Premio al Mejor Máster 2016, que supone, sin duda, todo un
esta labor.
Gracias al tribunal calificador que va a dedicar gran parte de su tiempo a leer todo
lo que sigue a continuación, porque esa inconmensurable labor, seguida de las pertinentes
9
magnífica gestión y ayuda en todo momento, así como al doctor D. Juan María Garrido,
Filología. A la directora del Departamento, la doctora Dña. Ana María Freire López, y a
la gran mayoría del profesorado de este Departamento, por su apoyo, respaldo y buen
ejemplo, y, en especial, al doctor D. José Romera Castillo, por las oportunidades que me
ha facilitado.
Laurence Breysse-Chanet, quien ha realizado uno de los informes de esta tesis doctoral.
Gracias a ellas no solo ha sido una grata experiencia, sino también muy provechosa para
University of Nottingham, por el otro informe para que esta investigación alcance la
mención internacional.
Ángeles Nogales Ariza, y a mi abuela, María Ángeles Ariza Blasco, que me regalaron un
sido un apoyo incondicional, aguantando el altibajo anímico que se deriva del desarrollo
de cerca todos mis avances, apreciando hasta la más mínima errata de cada publicación,
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cuando yo tan solo releía lo que creía que había escrito. A mis padres y mi novio gracias
también por hacer que fuese tan fácil la estancia de más de tres meses en París, por sus
Pero, sobre todo, gracias a mi abuelo, Emilio Nogales Sanz que, seguro que allá
donde esté, está muy orgulloso. A él le dedico mi tesis doctoral, realizada tomando como
más grande que tengo. Al menos, pudo llegar a ver cómo comenzaba esta aventura
Contexto Europeo que, como etapa de formación, debía preceder a la tesis. Llegados a
este punto en el que culmina una etapa tan importante, dedicarle mi labor como
Y, por último, doy las gracias al propio Alejandro Sawa, cuya existencia y
producción literaria me fascinaron desde el momento en el que lo descubrí, con tan solo
catorce años, y a la Literatura, a la que “cojo a brazadas como las flores un alquimista de
perfumes, por todos los jardines de la ideología, y poco me importa el veneno de sus jugos
si huelen bien y con el esplendor de sus tonos me sirven para alegrar la vida” (Alejandro
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ÍNDICE
RESUMEN .................................................................................................................... 19
ABSTRACT .................................................................................................................. 21
INTRODUCCIÓN ........................................................................................................ 23
masones ..................................................................................................................... 87
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2.3.1. Rubén Darío y la masonería: una carta desconocida ............................ 127
2.6. Alejandro Sawa y Joaquín Dicenta: una amistad fraternal .......................... 215
2.7. Alejandro Sawa y Pío Baroja: entre el odio y el reconocimiento ................ 219
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3. La obra de Alejandro Sawa: el binomio luz-oscuridad como eje
3.2. El Pontificado y Pío IX: una primera obra revisable ................................... 277
vital...................................................................................................................... 365
3.1. Pío Baroja y sus personajes bohemios inspirados en Alejandro Sawa ........ 377
15
3.1.1. Juan Pérez del Corral y Betta ............................................................... 379
3.3. Luces de bohemia, de Ramón del Valle-Inclán: nuevas aportaciones ......... 429
3.3.2. Don Latino de Híspalis: nuevos matices sobre este personaje ............. 449
4.1. Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada: distanciamiento y síntesis de
Pío Baroja y Ramón del Valle-Inclán. Otra vez la catalepsia .................................. 505
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4.2. Alejandro Sawa y la Santa Bohemia, de Juan Diego Fernández: una lectura
4.3. Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, de Pepe Cervera:
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RESUMEN
El rescate de Alejandro Sawa como escritor es algo reciente que se ha llevado a
cabo del último tercio del siglo XX hasta ahora. Sin embargo, quedó inmortalizado por
Ramón del Valle-Inclán al convertirlo en Max Estrella, cosa que lo condenó a ser un
personaje, dejando de lado al escritor. En esta investigación analizamos las dos vertientes,
hemos analizado algunas relaciones con sus contemporáneos para demostrar lo presente
luz-oscuridad en los mismos términos que lo hace dicha sociedad, aportando otra
da unidad a su obra, sin importar el movimiento al que se adhiera en cada momento. Por
otro lado, hemos recogido todos los personajes de los que se ha dicho alguna vez que
están basados en Alejandro Sawa. Nunca se ha llevado a cabo esta recopilación con su
demostramos que muchos de los hechos recogidos en las relaciones con sus
para comprobar que Sawa era muy significativo en su entorno y que esto lo convirtió en
inspiración para crear entes de ficción por parte de sus admiradores, de sus detractores y
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ABSTRACT
The recovery of Alejandro Sawa as a writer is something recent that has taken
place in the last third of the twentieth century up to now. However, he was immortalised
by Ramón del Valle-Inclán when he converted him into Max Estrella, something which
condemned him to be a character, leaving the writer aside. In this investigation we analyse
the two aspects, the writer and the character, from innovative perspectives. In terms of
his personal life, we have analysed some relationships with his contemporaries to show
that Freemasonry formed both a part of his life and a part of the turn-of-the-century
context. Subsequently, we analyse his work, in which his thinking is reflected and in
which he includes the light-and-darkness binomial in the same terms that the said society
does, while also using other Masonic terminology. This relationship explains much of his
behaviour and gives cohesion to his work, regardless of the movement that he is
supporting at any particular moment. On the other hand, we have collected together all
the characters that have ever been said to be based on Alejandro Sawa. This overview has
never been carried out with its relevant analysis, nor has reality been compared with
fiction. Thanks to this study, we show that many of the facts concerning relationships
with his contemporaries were translated into literature. Likewise, we give good examples
to prove that Sawa was very significant within his environment and that this inspired his
admirers and his detractors to create fictional entities based on him, so that he continues
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22
INTRODUCCIÓN
23
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La presente tesis doctoral se ha realizado gracias al contrato predoctoral
Investigador de la UNED. Este contrato no solo nos ha permitido llevar a cabo esta
investigación, sino que también nos ha ayudado a desarrollar nuestra labor dentro de la
proporcionado información sumamente valiosa para nuestra tesis. Esto es así porque el
autor objeto de estudio, Alejandro Sawa (1862-1909), residió durante un largo período de
París han enriquecido sumamente estas páginas y han hecho que la estancia haya sido
provechosa.
Literarios, está regulado por el por el Real Decreto 99/2011, de 28 de enero, por el que se
regulan las enseñanzas oficiales de doctorado. En el artículo 13.1 se establece que “la
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trabajo autónomo en el ámbito de la I+D+i”. En nuestro caso, dicho campo de
investigación original que aporte nuevos descubrimientos a esta disciplina. Sin embargo,
esa capacitación para trabajar adecuadamente y saber utilizar los recursos y métodos de
las actividades pertinentes tanto a un nivel general como específico que se reflejan en los
documentos son los instrumentos de control de los que disponen tanto los directores de
específicas previstas para nuestro programa, durante el resto del tiempo hemos realizado
otras actividades, previo acuerdo con las directoras de tesis, que han ayudado a la
académica.
artículo 13.2 del reglamento que mencionábamos, que dice que “las universidades, a
hemos aportados son un buen reflejo de la formación que hemos adquirido, de tal modo
que confiamos en que su valoración sea positiva en lo relativo a lo que establece el artículo
14.3: “este documento de seguimiento no dará lugar a una puntuación cuantitativa pero
de la tesis doctoral”.
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Creemos que nuestra formación ha sido intensa y adecuada para la consecución
del objetivo primordial, que es la elaboración de la tesis doctoral que ahora presentamos
y con la que esperamos adquirir la Mención Internacional, dado que hemos cumplido con
todos los requisitos del artículo 15.1. En primer lugar, la estancia mínima de tres meses
se corresponde con la mencionada más arriba en La Sorbonne. Por otro lado, hemos
redactado el resumen y las conclusiones en una lengua de habitual uso por parte de la
el idioma científico y universal por antonomasia. Por último, también presentamos dos
También queremos apuntar que, según la normativa, para poder defender una tesis
doctoral es necesario haber publicado o, al menos, tener aceptado en una revista indexada
libros relacionados con nuestra investigación, además de una reseña, lo que suman siete
Educación a Distancia, que en su artículo 28.3 establecía que “Las Escuelas de Doctorado
publicaciones”, se aprobó que para doctorarse según esta última modalidad es necesario,
(art. 2.1.1ª), o bien presentar cuatro artículos situados en cualquier orden dentro de los
cuartiles (art. 2.1.2ª). En nuestro caso, contamos con seis investigaciones, cinco de las
cuales se encuentran publicadas en medios que ocupan posiciones de los dos primeros
University, el cual justificaría el artículo 4 del documento al que nos referimos, haciendo
posible un Doctorado con Mención Internacional, pues se establece que para la obtención
de tal mención es necesario que o bien un artículo o bien un capítulo de libro de los que
se presenten esté editado en el extranjero. Sin embargo, a pesar de que nuestra andadura
científica hasta el momento nos permitiría optar al título de Doctor con Mención
Las publicaciones relacionadas con esta tesis y sus indicadores de calidad son:
one hundred years later (1916-2016). Journal of Hispanic Modernism, issue 7, 210-
[Link]
28
• Santiago Nogales, R. (2016). “Alejandro Sawa y los sucesores de San Pedro: Pío
DOI: [Link]
[Link]
[Link]
DOI: [Link]
[Link]
C en CIRC. 33 criterios Latindex, entre ellos el 21 (revisión por pares). ICDS 3,8
en MIAR.
29
• Santiago Nogales, R. (2017). “El binomio luz-oscuridad en la obra de Alejandro
Sawa”, en Letras anómalas: estudios sobre textos y autores hispánicos más allá
CIRC. 33 criterios Latindex, entre ellos el 21 (revisión por pares). ICDS 3,8 en
MIAR.
• Santiago Nogales, Rocío. (2018). “El reflejo de Alejandro Sawa en los personajes
DOI: [Link]
[Link]
• Santiago Nogales, R. (2016). Reseña de: “Alguien debería escribir un libro sobre
2530-2337
[Link]
[Link]
30
Asimismo, hemos presentado una docena de comunicaciones relacionadas con
internacionales:
Valladolid.
Filológicos, UNED.
La Coruña.
31
• Santiago Nogales, R. (23 de febrero de 2018). Realidad y ficción de la catalepsia
Filológicos, UNED.
32
• Santiago Nogales, R. (2 de julio de 2019). El problema del naturalismo radical
en la España del siglo XIX. Curso de Verano “La prosa en sus textos: de la
Por otro lado, y dejando de lado las cuestiones formales, es oportuno reflejar en
esta introducción los precedentes que nos han llevado a elaborar esta investigación.
Partimos de que esta tesis es continuación de nuestro Trabajo de Fin de Máster, el cual se
titulaba Luces (y sombras) de un bohemio: Alejandro Sawa: autor vs. personaje, y estuvo
Consejo Social de la UNED en 2016, fueron todo un impulso que se sumó a las
recomendaciones del director y los miembros del tribunal calificador de continuar con las
tema.
facetas de autor y personaje de ficción. Nuestro propósito era el de arrojar luz sobre
asuntos poco estudiados o controvertidos de la vida del escritor sevillano y cómo esos
hechos reales se habían plasmado en las obras de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) y
Pío Baroja (1872-1956) cuando habían elegido a Alejandro Sawa como fuente de
inspiración para crear ciertos personajes. Con este punto de partida comenzamos nuestra
33
de director de tesis, pues el profesor Gutiérrez Carbajo se encontraba en condición de
convocatoria a la que nos presentábamos para la obtención del contrato predoctoral solo
permitía que la dirección recayese sobre un profesor con vinculación permanente que
la dirección pasó, por acuerdo entre ambos, del doctor Gutiérrez Carbajo a la doctora
María Clementa Millán Jiménez, profesora titular de la UNED, con quien hemos
lo hicimos durante unos meses, hasta que realizamos ciertos descubrimientos que nos
sino que el empleo de ese léxico estaba justificado por el pensamiento del escritor, el cual
aplicaba de igual modo en su vida personal y en las relaciones con sus contemporáneos.
Posteriormente, su personalidad fue prestada a varios personajes que no fueron solo Max
Existen muchos otros personajes basados en Alejandro Sawa que no solo comparten con
él los rasgos más significativos, sino que protagonizan episodios que se asemejan a otros
reales. Este asunto jamás se ha estudiado de este modo, ni tampoco se han recopilado
todos los personajes que, en algún momento, se han identificado con el bohemio.
explorado que, además, contaba con el inconveniente del esoterismo y leyenda negra que
lo rodeaba. A pesar de esta dificultad, creemos que hemos sido capaces de estudiarlo e
otros interrogantes que tendremos que dejar para el futuro, hemos realizado una valiosa
aportación que puede constituir un punto de partida para analizar a muchos otros
escritores de ese mismo período desde la perspectiva que hemos abordado nosotros a
Alejandro Sawa.
Ante todo, debemos aclarar que esto no es una tesis sobre masonería. Es cierto
que nos hemos tenido que adentrar en esta sociedad para conocerla de cerca y que la
relación de Alejandro Sawa con ella es una de las grandes aportaciones de esta tesis
doctoral. Sin embargo, se trata de una explicación: sostenemos que, a causa de su relación
modo y empleaba cierta terminología. O bien, puede que la relación fuese a la inversa:
simpatizase con la masonería a causa de que esta respondía a sus ideales. Su introducción
en esta tesis nos ha obligado a hacer una breve revisión sobre su historia, su simbología
y los movimientos intelectuales de la época, así como su relación con el mundo literario,
donde existe un gran vacío. Queremos aprovechar para hacer una llamada a los
no suele ser masónica en tanto que los temas que trata no son los propios de esta sociedad,
sí es posible, como ocurre en nuestro caso, que sus principios se reflejen en ella.
lo que se ha escrito sobre el tema, pues el corpus previo siempre son los cimientos para
metodología irán variando. Asimismo, somos conscientes de que hemos tratado un tema
de difícil acceso a causa de su poca difusión y, sobre todo, por la falta de imparcialidad y
suele tener defensores y detractores a partes iguales, por lo que hace difícil un
acercamiento riguroso. Además, hay que añadir la discreción y, a veces, el secretismo que
influencia de la masonería está dedicado a una de las dos facetas que vamos a analizar
del autor: su persona. Para ello no solo debemos repasar algunos hechos de su biografía,
sino también el contexto en el que se desenvuelve y las relaciones que entabla con sus
pensamiento y cómo lo aplica a su forma de vida. Creemos que todas las tesis de literatura
deben incluir un análisis del contexto en el que se insertan, pues no basta con analizar
o como clasificación y estudio de sus obras, pues tal labor ya la desempeñó en su tesis
Mbarga. Si bien dedicaremos unas breves palabras a encuadrar la obra, situarla dentro de
los diversos movimientos a los que pertenece o de los que toma rasgos, nuestra intención
36
es la de extraer el pensamiento que Sawa refleja en ella haciendo una lectura en clave de
todos los personajes que, en algún momento, se han identificado con Alejandro Sawa. Es
cierto que mucho se ha escrito y debatido en torno a Max Estrella y Rafael Villasús y,
aportar algo nuevo, nuestra gran contribución es que hemos recopilado la que creemos
que es la lista más completa hasta el momento de todos los personajes que comparten
algo con la personalidad sawiana. Es más, nunca se había hecho un análisis tan detallado
también se apuntó en alguna ocasión su relación con Sawa, para descartar tal afirmación
y, además, dar suficientes datos para identificarlos con otros escritores del círculo más
Siguiendo con este tercer capítulo, la otra gran novedad que aporta es la
comparación entre realidad y ficción. Por eso, está íntimamente relacionado con el
segundo capítulo, pues las alusiones a hechos reales analizados con anterioridad serán
constantes para ponerlos en relación con su trasposición en las obras literarias. Gracias a
esta relación, la presente tesis doctoral gozará de unidad y nos ayudará a percibir los dos
37
En definitiva, esta investigación queda dividida en tres capítulos, bien
de la masonería y su relación con la ideología liberal, así como con los movimientos
personalidades relevantes del entorno de Alejandro Sawa que tuvieron relación con él. En
producción. Por último, el tercer apartado servirá para analizar todos los personajes
inspirados en Alejandro Sawa con toda la carga simbólica y las segundas intenciones que
que vamos a plantear en el siguiente capítulo. Sin embargo, no damos por concluida esta
ampliar la investigación por otras vías, pero eso desvirtuaría, a nuestro parecer, la unidad
internacionales y todos ellos nos han recomendado acotar el objeto de estudio, no intentar
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abarcar una investigación desmesurada y, sobre todo, no distorsionar el contenido
llevarnos a no ser claros o a alejarnos del objetivo primordial que una tesis debe perseguir.
Por eso, a la hora de concluir este trabajo que aquí empezamos, haremos una
pequeña exposición de nuestras previsiones de futuro, de las nuevas vías que podremos
abrir relacionadas con esta tesis doctoral, así como de otras nuevas que se han cruzado en
nuestro camino por azar. Al fin y al cabo, es así como comienzan la mayoría de las
investigaciones, con un hallazgo casual que despierta el interés del investigador y este
empieza a indagar hasta que el tema se despliega con unas dimensiones más grandes de
las que podía imaginar, encontrando conexiones y no saciando nunca su afán de saber
más. De hecho, nos atrevemos a afirmar que, si bien no empezamos a desarrollar este
tema hasta muchos años después, nuestra primera toma de contacto con Alejandro Sawa
Algo se despertó en nosotros cuando el profesor nos dijo que el famoso personaje de
Luces de bohemia, Max Estrella, estaba basado en un escritor de carne y hueso. Poco
después, empezamos a leer sus obras y no comprendíamos por qué la historia literaria lo
adelante, decidimos dar el salto al campo de la investigación literaria y hoy, por fin,
aspiramos a la obtención del título de Doctor con Mención Internacional gracias a este
39
40
CAPÍTULO I: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y OBJETIVOS
41
42
1. El reciente rescate de Alejandro Sawa como escritor, su percepción
producido en las últimas décadas, pues hasta entonces tan solo era el escritor maldito,
bohemio y olvidado en el que Valle-Inclán se basó para crear a Max Estrella. Hasta que,
al final, acabó siendo solo Max Estrella: “una vida literaturizada que acabó
Quizás, Alonso Zamora Vicente, con sus múltiples investigaciones sobre Luces
de bohemia, fue quien comenzó a dar visibilidad a Sawa, especialmente en 1967 cuando
pronunció el discurso “Asedio a Luces de Bohemia primer esperpento de Ramón del Valle
Inclán”, y un año más tarde al publicar “Tras las huellas de Alejandro Sawa (Notas a
Luces de bohemia)”, pero siempre en su relación con Max Estrella. También en los años
sesenta, Dictino Álvarez publicó Cartas de Rubén Darío (1963) y en este libro recogía un
equivocó al decir que Sawa era malagueño (un error bastante común, pues Alejandro pasó
en Málaga su infancia), nos mostraba a la persona que había tras las cartas y no al
personaje.
publicando Alejandro Sawa. Mito y realidad, donde por primera vez se separaban ambas
gran mayoría de la bibliografía que había sobre Sawa hasta el momento y se organizaba
de una forma clara y detallada, separando su vida personal de su faceta como escritor:
43
He intentado en este libro ofrecer a los lectores de hoy una semblanza
literaria de Alejandro Sawa (1862-1909), escritor español poco menos
que olvidado ahora, no obstante haber sido durante muchos años una
figura de considerable relieve en la bohemia artística del Madrid
finisecular. Aunque haya consagrado mayor empeño al estudio de la
vida literaria y de la obra del escritor, he recogido también sobre su vida
exterior, transcurrida principalmente en Madrid y en París (Phillips,
1976: 9).
Por ello, este libro es parte esencial del corpus que manejamos. Además, el primer
capítulo lo dedica a la muerte de Alejandro Sawa y a hacer una recopilación del debate
ciencia para recrear el velatorio de Max Estrella en Luces de bohemia. Esto es así porque,
durante gran parte del siglo XX, Sawa solo era esos dos personajes.
En este mismo libro, Phillips dice que “quien busque en Sawa un ideario bien
ningún momento. Todo lo que podemos averiguar sobre sus pensamientos está disperso.
Sin embargo, nosotros sostenemos que existe un hilo conductor y unas ideas
fundamentales que se mantienen intactas y dan unidad a su vida y a su obra y son las que
Pontificado y Pío IX (1978), que tradicionalmente ha sido apartado por la crítica. Phillips
decía con asombro que era “una especie de apología y defensa de Pío IX […] ¡El […]
autor de novelas naturalistas, con fuerte sabor anticlerical, inicia su obra literaria con estas
páginas de apología católica en 1878!” (Phillips, 1976: 47). A nuestro parecer, en cambio,
la terminología que Sawa emplea y las ideas de base que sustenta son idénticas a las del
resto de su obra.
44
El año 1977 fue clave para profundizar en la figura de Alejandro Sawa, pues
Soledad Puértolas publicó el artículo “Sawa y Max Estrella, a uno y otro lado del espejo”
había vuelto a editar desde la primera versión de 1910, incluyendo un valioso estudio
crítico sobre la vida de nuestro escritor y las relaciones con sus contemporáneos.
En 1988, José Esteban saca la edición del primer libro naturalista de Sawa que se
reedita, La mujer de todo el mundo. A la que sigue Criadero de curas en 1999, con la
introducción y las notas del profesor Gutiérrez Carbajo, y Noche en 2001, de Jean Claude
Mbarga.
única tesis doctoral que existe sobre Sawa hasta el momento. Se titulaba Alejandro Sawa:
al uso sobre el narrador, los personajes y demás elementos de la prosa sawiana. Quizás,
esta fue la segunda vez que se abordó su obra, después de las nociones previas de Allen
Phillips. Ese mismo año, tratando también sobre la obra novelística de Sawa y sobre su
naturalismo radical, el profesor Francisco Gutiérrez Carbajo sacó el artículo “Las teorías
naturalistas de Alejandro Sawa y López Bago”, a la vez que Yvan Lissorgues o Miguel
Ángel Lozano Marco dedicaban ciertos estudios al naturalismo más feroz. Poco después,
en 1993, la profesora Amelina Correa publicó el que había sido su trabajo de investigación
Sawa, publicada en 2008 y titulada Alejandro Sawa, Luces de bohemia, libro de obligada
consulta para todo aquel que quiera conocer los hechos de la vida del bohemio del modo
45
más detallado y ordenado posible. Este mismo año, Iris Zavala y Emilio Chavarría
su vida periodística, reuniendo en un único volumen casi todas las crónicas que escribió:
solo la profesora Correa Ramón organizó un congreso conmemorativo, sino que la XII
y en Sevilla se inauguró una placa conmemorativa en la calle San Pedro Mártir, donde el
escritor había nacido. A diferencia de otra placa que el Círculo de Bellas Artes había
Sevilla no hay rastro del personaje, mientras que en Madrid se hace alusión a su
Después, entre 2011 y 2012, Amelina Correa Ramón editó el resto de la obra
sawiana que faltaba: La sima de Igúzquiza, Historia de una reina y Crimen legal. A lo
largo de la primera década del siglo XXI también proliferaron varios artículos de gran
Alejandro Sawa y Ramón del Valle Inclán en el Archivo de los Sawa (1862-1984)”
A lo largo de todo este período que recogemos, han sido habituales las
publicaciones de José Esteban sobre la bohemia, en las que Alejandro Sawa ha aparecido
siempre como figura principal. En 1998 publicó, junto a Anthony Zahareas, Los
1
Ver Anexo II, imagen 1.
46
proletarios del arte, introducción a la bohemia; en 2015, Los bohemios y sus anécdotas
el primero de los libros es más riguroso, no podemos negar que los otros dos son algo
imprecisos, contienen algunos errores, les faltan referencias para poder ir a los
académico.
En un plano más general, pero que sigue teniendo que ver con el contexto de
Alejandro Sawa, no podemos dejar de reseñar que se han hecho interesantes estudios
sobre algunos de sus contemporáneos, arrojando mucha luz sobre la “Gente Nueva” y la
Thion Soriano Mollá, que rescató la figura de Ernesto Bark en 1998 publicando Ernesto
1917) trabaja el profesor José Ramón Trujillo y Miguel Ángel del Arco, por su parte, sacó
final del siglo XIX. Asimismo, cada vez se habla más de los hermanos de Sawa, hasta el
punto de que la profesora Ángela Ena ha dirigido la tesis Miguel Sawa y la revista Don
Por supuesto, existe mucha más bibliografía al respecto, pero creemos que la
2015, quien en 1948 se casó con Fernando López Sawa, nieto de Alejandro Sawa. Carmen
47
se convirtió en la única depositaria del Archivo de Alejandro Sawa2 y siempre permitió a
¡Las vueltas que da la vida! Nunca pude pensar, cuando era joven, que
un día llegaría a ser la única heredera, nieta por matrimonio con uno de
sus dos únicos descendientes, del célebre escritor bohemio Alejandro
Sawa. Una persona valiosísima, merecedora de haber tenido unas
posibilidades más dignas para vivir, sobre todo en sus últimos tiempos,
por ser de una inteligencia excepcional, aunque lamentablemente mal
aprovechada dado su carácter y las circunstancias sociales y políticas
de la España de su tiempo. Fue un bohemio cien por cien (Calleja,
2011).
Ella misma era consciente de que “de Alejandro solo se ha escrito últimamente
sobre la parte sensacionalista y escabrosa de su vida” (Calleja, 2011) y creía que no era
justo, “porque toda persona tiene su lado positivo y digno de encomio” (Calleja, 2011).
Es más, también dice que luchó por su mujer y su hija, pero que puede que ellas fueran
víctima de las excentricidades que hacía, o puede que fuera a causa de su “honestidad
ideológica” (Calleja, 2011). Esta ideología es que queremos analizar y la que creemos
que se esconde articulando toda la vida y la obra de Sawa, si bien algunas veces se
el nombre de Alejandro Sawa, sin disfrazarse bajo otros nombres, es consecuencia de este
rescate de su figura. Amelina Correa decía que “perdida su memoria, casi nadie recordaba
ya la figura real” (2008: 261). Por lo tanto, ahora que el escritor vuelve a ser motivo de
estudio, ha aparecido otra vez como personaje en tres ocasiones. Estas tres obras no se
2
La parte que se conserva de este archivo se encuentra en la Biblioteca de la Residencia de Estudiantes de
Madrid. Hemos procedido a su consulta. Aparte de encontrarse incompleto a causa de su división, no
contiene ningún elemento que no haya sido rescatado ya.
48
han estudiado cotejando la vida real del bohemio con la ficción. De hecho, “queda aún
mucho por decir sobre la persona y el personaje” (Correa Ramón, 2008: 13).
vecino. Aprovechando nuestra estancia en París y puesto que residió allí de 1889 hasta
1896, siendo uno de los pocos españoles realmente integrados en la vida del Barrio
Latino3, hemos recogido que “le journaliste Ricardo Gil fut, avec Eusebio Blasco, Gómez
Carrillo et Alejandro Sawa, l´un des Espagnols les plus familiarisés avec l´actualité
Por otro lado, los estudios de Alejandro Sawa como personaje también se
desarrollaron en el último tercio del siglo XX. Sin embargo, antes que su labor como
escritor, se difundió su identificación con Max Estrella y, en menor medida con Rafael
Villasús. De hecho, casi todos los estudios se encaminan a esta comparación, más que a
la de Max Estrella o Rafael Villasús con la vida del propio Alejandro Sawa. Por poner
algunos ejemplos significativos, podemos citar a Ricardo Senabre, quien escribió “Baroja
y Valle-Inclán, en dos versiones de la muerte del poeta Alejandro Sawa” (1960), Torrente
Ballester con “Historia y actualidad en dos piezas de Valle-Inclán” (1961), Peter Dunn
escribió “De Baroja a Valle-Inclán” (1975). Asimismo, son importantísimos los estudios
“Luces de Bohemia”, primer esperpento de Ramón del Valle-Inclán (1967)5. Aunque nos
parecen aún más interesantes en lo relativo al asunto que tratamos, aquellos en los que
3
“Entre los españoles que han vivido en París, no creo que dos hayan dejado un recuerdo tan indeleble
como Sawa” (Gómez Carrillo, 1899: 90).
4
“El periodista Ricardo Gil fue, junto con Eusebio Blasco, Gómez Carrillo y Alejandro Sawa, uno de los
españoles más familiarizados con la actualidad poética parisina” (traducción propia).
5
El discurso que mencionábamos fue publicado y en él se analizan los personajes de Luces de bohemia.
49
dedica sus páginas a la comparación con la vida de Alejandro Sawa: “Tras las huellas de
oportunamente.
Sobre el resto de los personajes en los que se ha visto a Alejandro Sawa no existen
que encontramos es que establece que muchos de los personajes creados por Pío Baroja
están inspirado en Sawa, sin dar más datos al respecto y sin realizar un análisis de esta
afirmación. De ahí que nos hayamos visto en la necesidad de hacer un estudio detallado
Correa también recoge una lista incluyendo a esos personajes (2008: 298), así como los
de José Montero (1878-1920), Joaquín Dicenta o Juan Manuel de Prada. Respecto al Sawa
de la obra Las máscaras del héroe (1996) de este último autor, existen estudios en cuanto
a su juego literario o el modo de ficcionar los acontecimientos, pero poco se dice sobre
Sawa más allá de que a su velatorio van Baroja y Valle-Inclán porque fueron los escritores
(2009), donde el propio Sawa se pone a sí mismo como personaje, literaturizando su vida.
A este aspecto también le dedicaron unas palabras Amelina Correa, en 1993 y en 2008, y
de Sawa a partir de sus propios escritos y la voz del narrador con lo que se dijo sobre él.
Asimismo, en 2016, Pepe Cervera publicó Alguien debería escribir un libro sobre
todos los personajes inspirados en Sawa, incluso de los que se ha dicho que es él y ha
51
52
2. El estudio de las relaciones entre literatura y masonería en España
España. La propia sociedad es la que quiere darse a conocer abiertamente, aunque sin
perder su discreción y sus secretos, de ahí que sus integrantes colaboren en congresos,
En los últimos años han proliferado los libros en los que cuentan la historia de la
masonería, en los que se recoge parte de su simbología o los guiones de sus ceremonias,
Historia, sobre todo durante los siglos XVIII y XIX. Casi siempre, las relaciones
tesis doctorales que nos hemos encontrado sobre masonería estudian solo a la
organización en unos determinados lugar y tiempo, o bien se centran en las relaciones con
la política, el ejército e, incluso, con la iglesia. Basta con introducir algunos de estos
y Deporte para comprobar estas temáticas. Sin embargo, apenas hay datos sobre las
relaciones entre masonería y literatura. Tan solo hemos encontrado una referencia, que es
Coloma (2017), de Ricardo Serna Galindo. Esta es la única tesis doctoral que incluye algo
similar a lo que pretendemos hacer con Alejandro Sawa. Sin embargo, existen grandes
diferencias en cuanto al planteamiento, como que dicha tesis trata solo una novela y no
iglesia porque el escritor era jesuita o que hay personajes que son masones como tal y por
53
tanto no es el reflejo del pensamiento del autor estrictamente a través de referencias
masónicas, pero nos sirve para aportar un ejemplo similar y dar cuenta de la necesidad de
masonería en Luis Coloma también estuvo precedida de otra tesis que se dedicaba a
y estuvo dirigida por el profesor Enrique Rubio Cremades. Esto nos demuestra que
Al igual que el rescate de Sawa como escritor se produjo en el último tercio del
obviamente, en otros aspectos que nada tenían que ver con los escritores y sus obras.
54
masonería en su interesante artículo “Masonería y literatura a principios del siglo XX en
España”:
Un aspecto poco estudiado por la crítica literaria, pero que es clave para
entender la evolución literaria y política de algunos novelistas españoles
de ese período que, o mostraron interés por las logias y lo reflejaron en
su obra, o participaron muy activamente en la masonería obteniendo
cargos en la Orden y siguiendo las consignas de los Grandes Orientes
(Corbalán, 2004: 141).
1939) son los que más se han relacionado con la masonería. De la iniciación del primero
de ellos no hay ninguna duda, pues “en la Casa Museo de Vicente Blasco lbañez de
Valencia […] está el título de su ingreso en la logia Unión número 149 del Gran Oriente
Nacional de España con el nombre simbólico7 de Dantón (Corbalán, 2004: 144). Además,
escribió Sangre y arena (1908) y Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), que Luis
y Educación (1990).
sobre él por el caso del exlibris de Sawa creado por Juan Gris (1887-1927), debemos
adelantar que existen algunos estudios que afirman la pertenencia del poeta a la
masonería. Hay dos escritos de José Antonio García Diego, “Antonio Machado masón”
(1989) y “Antonio Machado y Juan Gris; dos artistas masones” (1990), que a su vez se
6
Existe una logia en Valencia que lleva su nombre. Se constituyó en 1931 y desde el año 2000 se ha
integrado en la Gran Oriente de Francia.
7
Los masones acostumbran a autodenominarse con un pseudónimo, que suele ser un nombre simbólico de
algún personaje célebre que representa las cualidades que el masón quiere destacar.
55
(1957), que fue publicado en la revista masónica El Sol de la Fraternidad. Sin embargo,
la crítica no considera que las pruebas sean suficientes para afirmar su pertenencia a la
masonería.
También existe una relación entre literatura y masonería que no tiene nada que ver
con la iniciación de algunos escritores, sino todo lo contrario. Tal es el caso de Pío Baroja,
estudiado, concretamente por Javier González Martín en “La crítica contubernista, mito
Pío Baroja. Un estudio de Con la pluma y el sable” (1995) y por Isabel Martín Sánchez8
en “La masonería en la obra de Pío Baroja: las memorias de un hombre de acción” (1999).
Estos tres trabajos fueron publicados en La masonería en la España del siglo XX, La
estudió la relación de Benito Pérez Galdós (1843-1920) con la masonería. Galdós no era
miembro, pero conocía de sobra esta sociedad y así lo demostró en uno de sus Episodios
percepción por parte de la sociedad frente a sus verdaderas ideas liberales. Todo esto lo
(1982). José Antonio Ferrer Benimeli fue profesor de Historia y es uno de los grandes
8
Isabel Martín Sánchez ha dedicado muchos estudios a la masonería, sobre todo en su relación con la II
República y con la prensa. De hecho, su tesis doctoral, dirigida por Agustín Martínez de las Heras, fue “El
mito masónico en la prensa conservadora durante la segunda república” (2002).
56
general” (2013), hizo un interesante recorrido casi a nivel mundial de las relaciones entre
literatura y masonería. Ahí podemos comprobar el escaso espacio que ocupa este asunto
Por otro lado, se dice en los círculos masónicos que “Ramón Gómez de la Serna
145). Y también, que Miguel de Unamuno (1864-1936) y José Ortega y Gasset (1883-
1955) tuvieron relaciones con la masonería, cosa que es posible porque se reunían
57
Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset y Vicente Blasco Ibáñez en
el café La Rotonde de París para coordinar sus esfuerzos
propagandísticos y de oposición a la dictadura. Por otra parte, la
vinculación de los tres escritores a la masonería también era de carácter
personal ya que Eduardo Ortega y Gasset pertenecía a las logias, como
también eran masones los hijos de Unamuno y Blasco, Fernando
Unamuno Lizárraga y Sigfrido Blasco Blasco (Corbalán, 2004: 143).
desde la parodia. Aunque sea para su desmitificación y con intenciones de burla, el simple
y su relación con Alejandro Sawa. La principal diferencia con otros escritores es que es
58
De las sugerentes y evocadoras alusiones masónicas de Alejo
Carpentier en El siglo de las luces se ocupan el profesor André Jansen
en La masonería en la literatura hispanoamericana (Zaragoza, 1993) y
Patrick Collard, Historia e iniciación. La masonería y algunos de sus
símbolos en “El Siglo de las Luces” de Alejo Carpentier (París, 1993)
(Ferrer Benimeli, 2013: 18).
pues hemos tenido escritoras en nuestra literatura que coincidieron en el tiempo con los
autores citados y que fueron masonas. Tal es el caso de Carmen de Burgos (1867-1932),
España y Portugal: Carmen de Burgos y su amistad con Ana de Castro Osório” (2014),
Vargas, quien entró en la logia Constante Alona con el nombre de Juana de Arco10, y con
Rosario de Acuña11, quien tenía el nombre masónico de Hipatia en la misma logia. Sobre
Sandoica, Rosario de Acuña, Hipatia (1850-1923): emoción y razón (2019), que contiene
artículos de varios autores donde se trata, entre otras cosas, la pertenencia de esta escritora
a la masonería. Es más, en Gijón existe una logia que lleva su nombre. Estas mujeres
fueron masonas por la ideología que implicaba serlo, pues, además de liberales y
republicanas, son figuras clave en el estudio del feminismo. Aunque no existieran los
9
La masonería femenina, llamada por los masones masculinos masonería de adopción, es un asunto muy
interesante. Al igual que el hecho de que ya exista la masonería mixta merece ser objeto de investigación.
Sin embargo, esta tesis se desvirtuaría si nos desviásemos para tratar esos temas. Ahora bien, estamos
interesados en ahondar en ellos en el futuro.
10
En el Archivo de la Masonería de Salamanca figura que también perteneció a la logia Humanidad de
Albacete (legajo 448, expediente2).
11
En el Archivo de la Masonería de Salamanca también figura (legajo 29, expediente 2217).
59
estudios sobre la masonería en estas mujeres, Ferrer Benimeli afirma que Rosario de
Acuña y Carmen de Burgos son dos masonas “conocidas a nivel internacional” (2013:
17).
Además, hemos observado que existen dos modos de abordar los estudios. Por un lado,
se estudia la relación del escritor o la escritora con las logias, por lo que no es en realidad
una relación entre literatura y masonería, sino una investigación de la vida masónica del
escritor. Otras veces, en cambio, sí se aborda la obra de los autores desde una perspectiva
masónica.
masónica, en tanto que no trata de logias, ritos o historia de la masonería, pero sí existen
ciertos elementos o términos con doble significados incorporados a sus novelas, poemas,
ensayos, etc. Lo interesante, a nuestro parecer, es ver cómo una obra que no tiene que ser
siglo XIX, sin seguir un patrón de registro sistemático. Por eso, creemos que hay que
todo, en la élite intelectual del país. Es ahí donde debemos hacer hincapié para
comprender el panorama.
60
3. Justificación, objetivos, fuentes, metodología e hipótesis
La principal justificación para llevar a cabo esta investigación viene del vacío que
hay sobre la relación de la masonería con la literatura. Por un lado, como ya hemos
apuntado, este tema ha sido tratado por los investigadores en escasas ocasiones, cosa que
consideramos que su pensamiento está íntimamente ligado a sus principios. Por otro lado,
lo cierto es que la masonería en su conjunto aún pertenece a los temas tabúes en España
y son escasísimas las investigaciones que se le dedican, a pesar de la gran influencia que
Sin embargo, rellenar este vacío tiene pros y contras, sobre todo en lo relativo a la
los escritos que nos hemos encontrado con datos falsos, tanto para su exaltación como
para su detrimento. Tal es el caso de algunos blogs en internet, los cuales, hemos tenido
que descartar por falta de rigor y fiabilidad, pero que nos han servido para hacernos una
idea de las cotas que alcanza el asunto. Por el contrario, hemos recurrido a verdaderos
integrantes de logias, que nos han ayudado a despojarnos de todas esas creencias
populares. Asimismo, tampoco vamos a tomar por ciertas las publicaciones encaminadas
61
La conexión de Sawa con la masonería apareció cuando analizábamos la luz y la
sombra en su obra. La pista con la que comenzó esta indagación viene de otra
la vida de Alejandro Sawa. Para el bohemio sevillano, todo aquello que representa el
quedaban definidos por la luz, el sol o el brillo. Por su parte, los comportamientos
o las tinieblas. Esto ocurre no solo en sus obras naturalistas de un corte tremendista
sugerente. La primera explicación que dimos entroncaba con el romanticismo del que
nunca se desprendió el escritor, defensor del liberalismo, que adaptaba las descripciones
y la naturaleza a sus estados de ánimo; de ahí que el invierno, las noches lúgubres o las
tinieblas acompañasen a los personajes más degradados moralmente y que las luces
iluminasen las mejores facetas de la humanidad. Y es que Alejandro Sawa concebía así
cura (un caso de incesto) (1886) del escritor naturalista Eduardo López Bago (1855-
1931), y que fue redactado por Alejandro Sawa. Frente a la tradicional concepción de que
el naturalismo tan solo muestra los ambientes más sórdidos y degradados, Sawa cree que
lo que hay que mostrar es la realidad, la cual está compuesta por lo feo y lo bello al mismo
tiempo y, además, ambas cosas se mezclan. A pesar de que en su etapa naturalista salgan
victoriosas las sombras, es decir, lo feo, siempre apreciamos en las novelas sawianas algo
62
de luz que irradian los personajes a los que se les atribuye buenas cualidades. Que las
sombras aniquilen a las luces no es más que una consecuencia del determinismo que el
feo; es también lo bello, lo hermoso. ¿A qué copiar siempre lo feo? […] ¡Ah! ¡En Francia
Siendo esto admisible y una buena justificación para la relación del binomio luz-
no era suficiente y optamos por recurrir a otras fuentes que podían darnos más
ello, hemos acudido a la Historia, el contexto cultural y la ideología liberal, que está
mera curiosidad, aunque nunca habíamos estudiado este tema con el rigor de la
que el uso del binomio luz-oscuridad se empleaba de igual modo en ambos casos. Hace
años, no recordamos dónde, leímos que los masones hablaban en clave de luces y sombras
y que consideraban que la humanidad se dividía en buenos y malos, pero sin existir un
claro límite, pues en la sociedad todos nos mezclamos, y este era el motivo por el que el
suelo de las logias donde se reúnen los hermanos masones era una especie de tablero de
su concepción sobre la realidad se nos presentó en la mente del modo más casual y nos
63
hizo plantear nuestra hipótesis y pensar que existe una relación directa entre estos
aspectos.
que investigar sobre la masonería nos llevaba a un terreno poco trabajado en el que existe
mucha información falsa y contradictoria, además implicaba dar un giro radical a una
investigación que ya se encontraba muy avanzada. Esta posible relación suponía un nuevo
planteamiento desde otra perspectiva, pues lo que creíamos justificación no era más que
Contemporánea)12, que se dedicaba ese año a los espacios de libertad y a nuevos medios
de creación literaria y crítica social, donde varias sesiones trataron sobre la masonería,
pues se cumplían trescientos años de su creación. Pese a que la masonería operativa data
adelante. Allí pudimos tener contacto con el Venerable Maestro de la Real Logia
la Gran Logia Provincial de Castilla y otros miembros de la Gran Logia de España, con
los que hablamos durante varios días y a quienes planteamos un sinfín de interrogantes.
Gran Logia de España, en la calle Juan Ramón Jiménez de Madrid, en el número 6, donde
nos recibieron muy amablemente, nos dieron toda la información que solicitamos y
12
Fue el XVIII Congreso Internacional del CILEC, que se celebró en la Universidad de La Coruña (España),
11 y 12 de mayo de 2017; en la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas (Grecia), los días 25 y 26
de mayo de 2017 y en la Universidade Fernando Pessoa (Portugal), los días 26 y 27 de junio de 2017.
64
pudimos realizar fotografías que se nos ha permitido reproducir en los anexos y que son
un gran soporte gráfico para esta investigación. De igual modo, decidimos consultar el
Memoria Histórica, del que también hemos extraído material, si bien bastante escaso y
con una validez relativa, pues no se trata de unos fondo completos y, aunque conservan
algo de los siglos XVIII y XIX, el grueso de la documentación es de los años treinta en
adelante, pues el material requisado por el franquismo era de masones vivos en esos
tiempo)13. Sin embargo, nuestro viaje no fue en vano, pues el Archivo cuenta con un
museo de objetos originales y una logia recreada con parte de los objetos requisados y,
aunque sea muy sensacionalista y se creó con el fin de ridiculizar a la masonería, algunas
fotografías de esos objetos nos sirven para dar soporte gráfico a la simbología que vamos
a analizar.
Dado que Alejandro Sawa pasó sus años dorados en París y sabiendo de la buena
acogida que tiene la masonería en el país galo, también decidimos visitar el Grand Orient
de France, sito en la rue Cadet, número 16, de París, que cuenta con un museo de la
Francia. Allí también pudimos tomar fotografías y recopilar algunos materiales, así como
solucionar ciertas dudas. Aprovechamos también nuestra estancia en París para consultar
periódica con la que colaboró nuestro autor y ciertos libros catalogados como “raros” que
13
De hecho, mantuvimos una conversación con los bibliotecarios del Archivo de Salamanca y nos dijeron
que era muy difícil encontrar en sus documentos el nombre de alguien fallecido en 1909.
65
Finalmente, conseguimos suficientes datos que venían a confirmar nuestra
una rica simbología que iba mucho más allá de las luces y las sombras y que también
aparecía en la obra sawiana, así como en la vida del propio escritor y en la relación con
Por lo tanto, damos por bien empleado todo ese tiempo, así como nos alegramos
el rehacer esta tesis doctoral, la cual necesita una explicación lo más clara posible sobre
Por otro lado, para tratar la figura de Alejandro Sawa en concreto, ha sido
imprescindible recurrir no solo a sus obras, sino a todo el corpus de teoría previa que hay
al respecto. Si bien su figura fue olvidada durante muchos años, del último tercio del siglo
XX a esta parte, los estudiosos han hecho una labor de rescate notable, como acabamos
o ediciones de sus obras. En cuanto a la relación con sus contemporáneos, las memorias
escritas por estos han sido fundamentales, así como las noticias de la prensa y, por
supuesto, los epistolarios, que nos dan una información valiosísima sobre las relaciones
personales.
este tipo, de tal modo que dedicar unas páginas a su análisis nos ayudará a situarnos, nos
finales del siglo XIX. Muchos de ellos, literatos en su mayoría, constituyeron una
generación perdida y a la vez fundamental para que las ideas que anticiparon se
66
desarrollasen en el primer tercio del siglo XX. Por esto, es fundamental acompañar el
contexto con las relaciones personales que mantuvo Alejandro Sawa con algunos de sus
contemporáneos. Rubén Darío, Pío Baroja, Ernesto Bark, Ramón del Valle-Inclán,
coetáneos cuyas relaciones con el rey de los bohemios nos aclararán aspectos de su vida
y su pensamiento. Algunos de ellos utilizaron a Sawa como inspiración para crear ciertos
estudio de todos los personajes de los que alguna vez se ha dicho que son Alejandro Sawa.
Si bien existe bibliografía sobre Max Estrella y su conexión con Alejandro Sawa y
también, en menor medida, sobre Rafael Villasús, no hay ningún estudio que se detenga
a cotejar la realidad con la ficción desde 1887 hasta 2016, que son la primera y la última
fecha de publicación de las novelas en las que ha aparecido el bohemio como personaje.
Por supuesto, es conocido por ser el escritor en el que se inspiró su amigo Valle-Inclán
para crear a Max Estrella y una de las más famosas obras del teatro español y esto ha
traído como consecuencia el eclipse del autor, quien ni siquiera aparece en los libros de
llevado demasiado lejos15, existen otros personajes bohemios creados por Pío Baroja en
vida de Sawa, a los que nunca se les ha dedicado un estudio. Sin embargo, sí se ha dicho
14
Si alguna vez se le nombra es para decir de un modo muy superficial que fue un autor perteneciente al
naturalismo radical o, en su defecto, tan solo se apunta que fue un escritor bohemio en el que se inspiró
Valle-Inclán para crear a Max Estrella.
15
De ahí que debamos dedicar varias páginas a aclarar estas identificaciones y a comparar a ambos
personajes entre sí.
67
de ellos que representaban al sevillano. El escritor vasco, poco simpatizante de la vida
bohemia y antimasón, recurría a Sawa por ser el referente, cuando quería retratar en sus
La sombra de Verlaine. Sabemos que Ernesto Bark también dedicó a Sawa un personaje,
en La invisible, perdida hoy en día. Pese a esto, la figura de Bark va a ser decisiva, pues
más actualizada, analizaremos Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada, que
ciencia; también dedicaremos unas líneas a Alejandro Sawa y la Santa Bohemia, una obra
de teatro escrita por Juan Diego Fernández para representarla como lectura dramatizada
que no ha tenido ninguna proyección pero es interesante para esta investigación. Por
último, analizaremos Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, de Pepe
Nos atrevemos a ir más lejos al afirmar que algunas de esas obras cuentan con
árbol de la ciencia. O que algunos de los autores que escribieron las citadas obras tuvieron
relación con ella, como es el caso de Dicenta o Bark. Por lo tanto, tomar a Alejandro Sawa
literatura y realidad. Analizando este aspecto nos hemos encontrado múltiples relaciones,
68
coincidencias y pasajes que contienen segundas intenciones. Si bien la simbología
masónica y la clave de luces y sombras son las dominantes a lo largo de todo nuestro
de ser oportunamente analizados. Tal es el caso de una inyección de morfina con la que
Sawa intentó suicidarse, que no había sido descubierta hasta el momento. Esta inyección
fue la responsable de que Ernesto Bark dudase de la muerte de su amigo y creyese que
en Luces de bohemia, en El árbol de la ciencia y en Las máscaras del héroe. Sin embargo,
los muchos que veremos de cómo se relacionan ambos bloques principales de esta tesis
doctoral, pues será necesario recurrir en un sinfín de ocasiones a los hechos y escritos que
analicemos en el primer bloque para explicar ciertos pasajes o elementos que aparecen en
la ficción. Tal es el caso de la deuda dariana, que está oculta en Luces de bohemia; o de
los pasajes en los que Max Estrella cree recobrar la vista, que están basados en los
momentos en los que Sawa se ilusionaba con la misma posibilidad. Al igual que ocurre
con Madama Collet y Claudinita, se llaman así por la escritora Colette (1873-1954) y su
personaje Claudine; o con Pío Baroja, que recrea en varias de sus novelas episodios que
vivió con Alejandro Sawa, de mismo modo que lo hace Joaquín Dicenta en Encarnación.
No está de más que aclaremos que dentro de este análisis de los personajes, vamos
Aunque esta obra sea analizada en el Capítulo II con el resto de las obras sawianas, debe
ser incluida en el Capítulo III porque es la primera vez que Sawa aparece como personaje
y es para autorretratarse.
comentado, hay que reparar en que son de muy diversa naturaleza. Encontramos
69
epistolarios, obras16 (ya sean novelas, relatos cortos, poemas, ensayos, memorias u obras
y a los hechos reales podremos aportar nuevos descubrimientos sobre la vida de Alejandro
Sawa y las relaciones con sus contemporáneos, aportando novedades al contexto literario
del momento. Por otro lado, para establecer su relación con la masonería, compararemos
el vocabulario relacionado con esta que emplea. Para esta labor será necesario no solo
recopilar los vocablos, sino también conocer su significado, por lo que la simbología y la
semiótica estarán presentes para llevar a cabo la labor de la interpretación. Por último, a
la hora de cotejar los hechos verídicos con su plasmación en literatura debemos hacer un
ejercicio comparatista entre realidad y ficción y ver cómo se produce el trasvase de una a
discutir qué es verdad, qué es ficción y dónde está el límite entre ambas, sin perder de
vista que los hechos se literaturizan de un modo u otro según la intención de cada autor,
por lo que no solo nos interesa qué se cuenta, sino también cómo se cuenta y persiguiendo
qué intenciones. Para tal labor han sido fundamentales las teorías que existen sobre
ficción y autoficción.
Al final, quedará demostrada nuestra primera hipótesis: que Alejandro Sawa tuvo
también quedarán bien argumentadas otras cuestiones: la relación con Darío en clave
16
Siempre que ha sido, hemos recurrido a primeras ediciones. Sin embargo, a pesar de tener en propiedad
la primera edición de Iluminaciones en la sombra, consideramos oportuno citar siempre según la edición
de 1977 por dos motivos: la primera edición apenas es accesible para cualquiera que quiera consultarla;
asimismo, el delicado estado en el que se encuentra, debido a su antigüedad, no nos permite manejarla con
soltura y tememos por su deterioro.
70
naturalista y modernista, así como en otras obras y crónicas, y su relevancia como escritor
cabo una recopilación de los vocablos relativos a la oscuridad y a la luz, así como de las
todos ellos nos ha hecho confirmar que su aparición no se debe a la mera casualidad. Del
mismo modo, hemos comprobado que siempre se emplean con el mismo significado y
que dan a la obra del bohemio continuidad, sin importar el período literario en el que se
inserte en cada momento. Creemos que Sawa era conocedor de la simbología masónica y
Es cierto que Sawa fue un idealista que llevó al extremo su creencia en los valores
familia un respaldo económico, lo que hizo que falleciera en la más absoluta miseria,
por ser una especie de diario personal de reflexiones donde se acentúa el vocabulario que
rastreamos y entronca directamente con las relaciones con sus contemporáneos porque el
prólogo fue escrito por el poeta nicaragüense. Nunca hasta ahora se habían analizado estas
palabras de Darío a la luz de la simbología, sino como unas simples palabras elegíacas.
Además, en las páginas de este libro, Sawa reflexiona sobre sus pensamientos, sobre los
hechos que están ocurriendo, sobre la política y sobre personalidades a las que él admira.
Muchas de estas palabras y pensamientos los plasmó también en sus crónicas. Sería
imposible analizarlas todas, pues eso sería un tema para otra tesis doctoral, pero sí
71
Continuando con Rubén Darío, podemos apreciar que su relación epistolar con
Sawa ocupa un número considerable de páginas. Esto es así porque, aunque el asunto de
que Sawa escribió ocho crónicas para Rubén Darío y que este las publicó en el periódico
según la crítica, es analizando ese epistolario como podemos descubrir muchos otros
cada vez se siente más decepcionado, hasta que opta por reclamar a Darío una deuda casi
olvidada. Las cartas estás llenas de detalles que hasta ahora habían pasado inadvertidos.
Es más, hemos encontrado el testimonio de Prudencio Iglesias Hermida, quien fue testigo
de los hechos. Sus palabras nos han ayudado a completar las lagunas que presenta el
epistolario y a saber más sobre las personalidades dariana y sawiana. Aunque, sin ninguna
duda, nuestra mejor aportación sobre este asunto ha sido el descubrimiento de una carta
Darío que formalicen contractualmente el trabajo que aquel hacía para este, que acordasen
Además, hemos hecho otros descubrimientos que nos ayudan a reforzar nuestra
hipótesis, como por ejemplo otra carta, en este caso de Rubén Darío, en la que confiesa
que se hizo masón por las puertas que le podría abrir ser de esa condición, o que mentía
sobre su paradero empleando diferentes entradas en sus cartas para mantener las
apariencias sin que ciertas personas se enterasen de que, en vez de cumpliendo con sus
La relación con Ernesto Bark también es fundamental, pues se sitúa del lado de
72
Bark habla de este proyecto y cómo se iba a desarrollar. Tras nuestra estancia en la capital
francesa, hemos podido comprobar que el modelo era muy similar al que se seguía en las
reuniones de La Plume en el Café Le Soleil d´Or de París. Sawa intentó importar este
Alejandro Sawa que merecen ser comparados con hechos verídicos para su identificación
El más importante que sacamos a la luz en estas páginas es el del asunto de la posible
catalepsia que acabamos de apuntar, pero tampoco se queda atrás el análisis de los
daremos nociones básicas sobre qué entendemos por ficción, sobre el tipo de narrador
que se presenta en cada obra, sobre el género al que pertenece o la extensión de la misma,
identificando, además, el tipo de personaje que encarna Sawa en cada momento, nuestra
trasposición en cada obra, y poder justificar en cada momento por qué cada autor elige
relacionado con Sawa y llegaremos a concretar en qué otras personas están basados.
Curiosamente, serán del círculo más íntimo del bohemio sevillano, por lo que nos
73
reforzará la teoría de que Sawa y sus compañeros eran muy influyentes y significativos
en su entorno.
estudio sigue siendo de una amplitud considerable, será habitual insertar aportaciones
secundarias relacionadas con las hipótesis principales que, en estos casos, no hemos
podido dejar para futuros escritos, pues consideramos que enriquecen sustancialmente la
las noticias de su fallecimiento que salieron en portada de los diarios más importantes de
la época, así como las referencias a los numerosos reportajes póstumos que se le
dedicaron. A esta recopilación hemos contribuido añadiendo dos testimonios que hemos
la otra en un artículo periodístico. Ambas aportan pasajes de la vida de Sawa que hasta
Por otro lado, analizar las palabras que se le dedicaron al escritor sevillano es una forma
por esto, por las trágicas circunstancias de su muerte y por sus anécdotas y
años posteriores a su muerte y que, en vida, fuesen sus amigos y sus detractores quienes
crearan otros tantos. Sin embargo, su olvido como escritor llevó a un vacío de más de
setenta años. Coincidiendo con el rescate como autor al que nos referíamos en el primer
apartado, también han aparecido nuevos personajes. Los autores de estas obras no
enmascaran el nombre real de Alejandro Sawa, sino que quieren mostrar que lo eligen
74
Otra de estas aportaciones es el análisis del exlibris que Juan Gris pintó a
Alejandro Sawa, pues lo hemos comparado con los de otros escritores llevados a cabo por
parisina, hemos tenido acceso al documento de iniciación de Juan Gris. También hemos
mundo, pues creemos que también está cargada de significado. Incluso hemos rescatado
Sawa, este texto, titulado “Cabeza de estudio: Pilar”, no aparece. Se trata de la descripción
de un primer encuentro con una mujer que le fascina y que, si bien admite una lectura
No quisiéramos cerrar este primer capítulo sin tratar de la aplicación del método
rige por el método científico, esto significa que se caracteriza por emplear el
verá reflejada —en mayor o menor medida— la impronta del investigador (Leo, 2016:
12). A grandes rasgos, hemos observado nuestro objeto de estudio, hemos elaborado
nuestras hipótesis, hemos recopilado datos, los hemos relacionado entre ellos, hemos
reflexionado y, por último, hemos extraído las pertinentes conclusiones que confirman
dichas hipótesis. Sin embargo, creemos que estas generalidades merecen ser matizadas,
cualitativo.
75
Una investigación cualitativa también es llamada interpretativa, pues produce sus
relaciones y lecturas constituyen los análisis cualitativos. Es, por tanto, un tipo de
investigación que busca comprender y que no crea una hipótesis como tal, sino que esta
se presenta como la relación o la causalidad entre datos que ya se conocen: “El método
utilizan en el marco de una metodología cuantitativa; mientras que las entrevistas (ya sean
utilizados en estrategias cualitativas” (Dalle, Boniolo, Sautu y Elbert, 2005: 38). Como
formas (ya sea por consultas bibliográficas, por reproducción escaneada cuando ha sido
necesario o mediante imágenes), hemos establecido conexiones que nos han llevado a
explicar hechos, que son los que tienen que ver directamente con la vida de Alejandro
Sawa, como son el proyecto del Cenáculo, la relación epistolar con Rubén Darío o su
literaria.
Existen cinco posibles tipos de hipótesis según Bresciano: las descriptivas, las factuales,
76
interpretativas. Las relativas a las relaciones de Sawa con sus contemporáneos,
especialmente con Darío y Bark, o su relación con la masonería son de tipo factual, pues
“establecen la realización de un hecho” (Bresciano, 2004: 38). Las que tienen que ver con
responden a las hipótesis de tipo explicativo, pues “dan cuenta del origen de un fenómeno
a partir de una explicación causal […] o intencional” (Bresciano, 2004: 38). Y, las que
analizar cómo los hechos reales se trasladan a la ficción son hipótesis interpretativas, pues
clasificación.
investigación, pues “quien investiga también interpreta” (Leo, 2016: 18). Con esto
queremos decir que no sirve la mera recopilación de datos y documentos en este tipo de
interpretativo, en terminología de Bresciano (2004: 40). Con esto no insinuamos que nos
hayamos inventado nada, pero es posible que otros investigadores con nuestro material
sacaran unas conclusiones parecidas, pero no idénticas. No debemos olvidar que, además,
nos hemos adentrado en una disciplina cargada de simbolismo y secretismo, por lo que
más.
Para terminar, creemos oportuno decir que, en muchos aspectos, sobre todo
77
mecanografiado de una extensión media que varía entre las cien y las cuatrocientas
páginas, en el cual el estudiante trata un problema referente a los estudios en que quiere
doctorarse” (Eco, 1998) y, a pesar de que nuestra extensión es algo mayor, consideramos
que hemos tratado un asunto dentro del campo de la investigación literaria. Además, “la
investigación tiene que decir sobre este objeto cosas que todavía no han sido dichas o
bien revisar con óptica diferente las cosas que ya han sido dichas” (Eco, 1998), por lo que
algunas relecturas y aportamos algo nuevo en los términos que Eco detalla:
por la primera del plural, pues la creíamos más correcta y nos acogíamos a lo que
la descartamos desde el primer momento por la dificultar para hacerla encajar con
aportaciones personales y por el abuso que implica del pronombre “se”. Sin embargo, en
78
aquello que se afirma puede ser compartido por los lectores. Escribir es
un acto social: yo escribo a fin de que tú que me lees aceptes aquello
que te propongo (1998).
Por otro lado, desviándonos de este manual, no hemos seguido su sistema de citas,
pues hemos decidido dejar las notas al pie de página para las aclaraciones y para la
información extra que queramos aportar, pues introducir las citas como notas implicaría
los apéndices sí los hemos desarrollado conforme a la propuesta de Eco. Ahora bien, dada
la diversa naturaleza de los documentos que hemos incluido, ha sido necesaria una previa
y la refutación de las hipótesis que presenta, y por tanto tiene que suministrar los
Por último, queremos hacer un apunte sobre las citas que hemos recogido. Dada
la diferencia temporal entre el período tratado y la actualidad, las normas ortográficas han
sufrido algunos cambios. Hemos optado por adaptar la acentuación y transcribir las citas
de los textos originales según la norma actual. Si bien hemos mantenido las
puntuación y la ortografía.
79
80
CAPÍTULO II: ALEJANDRO SAWA COMO ESCRITOR
EN EL CONTEXTO FINISECULAR.
LA INFLUENCIA DE LA MASONERÍA
81
82
1. Breve apunte biográfico de Alejandro Sawa17
Alejandro Sawa Martínez nació el quince de marzo de 1862 en Sevilla. Era hijo
de madre sevillana y padre nacido en Carmona (Sevilla), pero de origen griego. Vivió
por vocación religiosa, sino para formarse durante su etapa escolar, pese a que, después,
Granada; pero, a sus dieciocho años, se trasladó a Madrid, lleno de ilusiones, para
descubrir un mundo nuevo en la capital, pues parecía una ciudad llena de oportunidades.
de ideales, cosa que definiría no solo su personalidad, sino también sus actos, su obra y
calle Desengaño, como si de una premonición se tratase, pues en sus últimos días llegó a
renegar de casi todo en lo que había depositado sus ilusiones. Como parte de su vida
rutinaria, frecuentaba los cafés y las tertulias literarias, y se codeaba con las mentes más
capital.
Fiel a los postulados del naturalismo, sus primeras novelas fueron la viva muestra
de la vertiente más radical. Entre 1885 y 1888 escribió: La mujer de todo el mundo, El
17
Dado que la biografía de Alejandro Sawa se encuentra en Correa Ramón, A. (2008). Alejandro Sawa,
Luces de bohemia. Sevilla: Fundación José Manuel Lara y muchos otros datos aparecen en Phillips, A.
(1976). Alejandro Sawa. Mito y realidad. Madrid: Turner, aquí solo hemos esbozado los datos más
generales para que tengan un primer acercamiento aquellos que descubran en estas páginas por primera vez
a Alejandro Sawa. También nos servirá para situar cronológicamente los acontecimientos que vamos a
recoger en este capítulo.
83
crimen legal, Criadero de curas, Declaración de un vencido y Noche. En todas ellas
muestra novelas de tesis, en las que los individuos son víctimas del determinismo y vuelca
en sus obras problemas sociales en ambientes sórdidos, sin poner tabúes a las
inmundicias, si bien adornó ciertos pasajes con las más bellas descripciones, lo que le
que acogió la capital francesa en ese mismo año, llamado por la vida bohemia, artística e
intelectual y para hacer las veces de corresponsal. Lo mejor de su vida transcurrió en esa
ciudad y marcaría toda su existencia, como tantas veces reiteró él mismo y los que lo
conocieron. Allí, trabajó en la editorial Garnier como traductor. Disfrutó del Simbolismo
con Rubén Darío (1867-1916), quien estaba aún en los albores de su carrera. Fue Sawa
tertulias y cafés.
quien tuvo una hija, a la que llamó Helena Rosa (1892-1941). Desafortunadamente, el
fallecimiento de Verlaine causó en Sawa un gran shock que se sumó a los problemas
Madrid definitivamente tras su estancia parisina en 1896, que fue interrumpida en varias
visitar ciudades belgas. Ya en la capital española, confió en que los periódicos y sus viejas
84
A pesar de ello, se convirtió en todo un referente intelectual. Esto se debe a que
fue el primero que recitó los versos de Verlaine en España. Y así lo recuerda Manuel
Machado (1874-1947):
Era inconformista, idealista, poco convencional y muy crítico; de tal modo que
con El Liberal, así como con otros periódicos de renombre, algunos de los cuáles le
exigían pasar la censura, imposición que no toleraba y que le costó algún que otro despido.
Aun así, siempre prefirió mantenerse fiel a sus valores, criticando abiertamente la política,
conocimiento. Presidía casi siempre las reuniones literarias, debido en gran parte a su
gusto por la ceremoniosidad, se sabía de memoria sus artículos y los declamaba por las
sobre todo los reumáticos. La pobreza se instaló en su casa y se vio obligado a empeñar
ropas, muebles y toda clase de objetos para sacar adelante a su mujer y su hija. Hasta tal
punto llegó su desesperación que escribió artículos para que Rubén Darío, con quien se
volvió a encontrar en España, los hiciese pasar por suyos en La Nación de Buenos Aires.
85
Se quedó ciego en 1906, de modo que no podía seguir escribiendo si no era
dictando a su esposa o con ayuda de un secretario personal. Pocos años después, una
encefalopatía le hizo perder la cabeza. Ciego, loco y pobre murió en su piso de la Calle
Conde Duque de Madrid, el día tres de marzo de 1909, sin haber cumplido los cuarenta y
siete años, sin haber conseguido una ansiada publicación: sus Iluminaciones en la sombra,
que vería la luz póstumamente gracias a la ayuda de sus amigos más íntimos. Tuvo un
86
2. Alejandro Sawa y sus contemporáneos: círculos liberales, bohemios y
masones
humanidad y el progreso, dentro de la cual hay que cumplir con ciertas reglas y ritos. Solo
pueden pertenecer a la masonería aquellas personas que hayan sido iniciadas. Alrededor
de esta sociedad hay toda una serie de símbolos, algunos más conocidos y otros que solo
se revelan a los iniciados. Asimismo, los masones se reúnen en logias y celebran ciertas
ceremonias en unión a sus hermanos, que así es como se llaman entre ellos. Si bien no es
una sociedad secreta, sí es discreta, y está muy jerarquizada, existiendo varios grados y
diferentes ritos.
la que era delito ser ambas cosas. Los masones, además de las sanciones dinerarias, eran
apartados de los empleos públicos, en el mejor de los casos. Los altos grados de la
masonería podían tener penas de prisión de más de veinte años. No es de extrañar que la
despojarse. Sin embargo, a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, la masonería
de los ideales liberales. Es en este aspecto donde más nos detendremos, pues coincide con
87
El punto de partida de este auge coincide con el regreso de los liberales que
estaban en el exilio, tras la muerte de Fernando VII (1833). Muchos de ellos eran masones
y los responsables del desarrollo del Romanticismo en España, movimiento que defendía
la libertad por encima de todo. Además, casi dos tercios de los redactores de la
Constitución de 1812 lo eran, porque la masonería se basa en la libertad, junto con otros
francesa (1789), tras la cual también se encontraban los masones. De hecho, en las
Libertad, Fraternidad”18, al igual que en las paredes de las logias existen letreros con las
siglas “LIF”. Ridley (2016: 185-244) y Vidal (2005: 81-87) cuentan la influencia de la
de nuestro país, han pertenecido a la masonería en los últimos tres siglos o, al menos, se
ha creído que así era: George Washington, Goethe, Victor Hugo, Heine, Émile Zola,
Campoamor, Rubén Darío, Ramón y Cajal, Manuel Azaña, Jefferson, Castelar, Salmerón,
Antonio Machado, Giner de los Ríos, Alejandro Lerroux, Henri Lafontaine, Krause,
Rudyard Kipling, todos los Johnson presidentes de Estados Unidos, Jackson, Reagan,
Espoz y Mina, Echegaray, Dumas, el Duque de Rivas, Disney, John Wayne, Figueras,
Voltaire, Espartero, Ruiz Zorrilla, D´Annunzio, Churchill, Cea Bermúdez, Diderot, Alejo
18
Ver Anexo III, imagen 1.
88
Carpentier, Gabriel y Galán, Tomás Bretón, Benjamin Franklin, Alcalá Galiano,
Salvador Allende, Jovellanos… Por poner algunos ejemplos significativos, pues la lista
de nombres que se asocian con la masonería es interminable y ni están todos los que son
ni son todos los que están. Además, existen otros nombres como los de Federico García
Lorca o Paul Verlaine, de los que se duda, pero que están afianzados en la transmisión
oral entre los veteranos. Dada esta inseguridad y la inexistencia de un archivo completo
y fiable, seremos muy cautelosos y tan solo hablaremos de posibles masones cuando no
tengamos una confirmación válida. Ahora bien, todos los nombres asociados comparten
la ideología liberal.
En España, actualmente, tan solo existen unos cuatro mil masones, cuando la
realidad es que ser masón en Estados Unidos, Francia o Inglaterra es algo común que
en España, el hecho de alzarse como una voz defensora de la libertad era una amenaza
para un régimen autoritario, de ahí que se la clasificase como sectaria y atea (a veces,
como si todos fueran lo mismo por poseer el denominador común “enemigos del
régimen”.
diría que se trata de una filosofía de vida; no es una ideología, porque admite a cualquiera
que no sea extremista, siempre y cuando entre dentro de la democracia por su base de
igualdad; ni es una religión, porque admite todas: un nuevo hermano tan solo se debe
aceptar que existe una Gran Arquitecto del Universo (GADU), ya se llame Dios, Alá,
medieval, cuya etimología se explica por el vocablo maçon, es decir, albañil o constructor
en francés. Los maestros canteros que construían las catedrales en el Medievo eran
hombres libres no sujetos al sistema feudal, pues viajaban por todo el territorio según se
necesitasen sus servicios. En definitiva, su conocimiento les hacía libres. Estos masones
1723, se escriben las Constituciones de Anderson19. A partir de aquí todo lo que alrededor
de ahí que su símbolo más identificativo sea un compás con una escuadra, que representen
el martillo y el cincel, que hablen de un Arquitecto, que la humanidad sea comparada con
una catedral donde cada ser humano es una piedra que debe limarse las aristas para encajar
y perfeccionarse o que se refieran a las columnas como los pilares sobre los que asentar
identifica con la luz, con el Sol o con el Oriente (por ser el lugar del que viene la luz,
definiéndose los masones como hijos de ella), la Fortaleza como rectitud para saber
aplicar la moral y practicar la virtud y la Belleza se asocia con la armonía. Los masones
mucho más allá de la amistad. De hecho, tienen ciertos saludos con los que se reconocen
los unos a los otros. Rechazan los dogmatismos y los fanatismos, que se asocian con la
19
Las Constituciones Anderson son los documentos escritos por James Anderson (1678-1739) y Jean
Théophile Désaguliers (1683-1744) donde se contiene la historia, deberes y el reglamento de los primeros
masones especulativos: “En las Constituciones de Anderson los artículos son claros y están inspirados en
sentimientos nobles de honor y fraternidad. Con ellos, los redactores pretendieron que las logias fuesen
lugares donde se pusiese en valor el lado positivo y humano del hombre y se alzase, entre todos los
hermanos, el templo luminoso del trabajo ético, dejando fuera de él las miserias que inundan y corrompen
al hombre social” (Serna Galindo, 2017: 46). Ver Anexo II, imagen 2.
90
sombra y la oscuridad. De ahí que, en sus templos, el techo sea una representación del
cosmos celeste que agrupa e ilumina a todos los hermanos, pero el suelo se asemeje al
tablero de ajedrez, representante de la humanidad, formada por todo tipo de seres. Este
revolutum, dado que la humanidad tampoco se halla clasificada. Hay variedad y libertad,
y la razón se toma como la guía, pero también existen personas oscuras que frenan la luz,
Conociendo estos rasgos generales, nos explicamos que muchos de los nombres
Por otro lado, no se definen a sí mismos como una sociedad secreta, pero sí
secretos solo están reservados a los iniciados. De hecho, los masones juran que no
revelarán sus secretos a quienes no estén cualificados para conocerlos, es decir, a quienes
no estén iniciados (Langlet, 1999: 471). Por eso, no hemos podido llegar a conocer todos
los símbolos. Es más, ni siquiera a los propios integrantes se los revelan en conjunto sus
compañeros, sino que existen grados en los que se van descubriendo y comprendiendo.
Por ejemplo, los maestros juran que no revelarán sus secretos a los profanos, pero
tampoco a los aprendices y compañeros (Langlet, 1999: 473). Exactamente treinta y tres
son los grados de perfeccionamiento que el masón va alcanzando dentro del rito escocés,
que es el más extendido. Dentro de este juego de simbología aparece el ritual, un elemento
especialmente controvertido. A nuestra sedienta pregunta, los masones con los que
su vestuario (guantes como símbolo de pureza o mandil como los medievales cortadores
de piedra, entre otros componentes), que pretende conservar las tradiciones. Asimismo,
ellos son plenamente conscientes de que todo esto se trata una utopía, por ello no aspiran
a un fin, sino que se complacen en llevar una vida según los principios comentados y en
ir perfeccionándose. Esto nos confirma que la masonería es, hoy en día, un modo de vida
sintetizar en:
20
Este diccionario lo redactó Lorenzo Frau Abrines, maestro masón del grado 33 del Rito Escocés Antiguo
y Aceptado, con ayuda de otros autores y con la dirección de Rosendo Arús y Arderiu, quien era Gran
Maestre de la Logia Catalana Balear, en 1883. Posteriormente, se han elaborado más ediciones, pues la
obra se ha ampliado y ha incluido nuevos nombres. Esta obra es fundamental para conocer lo que
significaban los símbolos a finales del siglo XIX y tener una amplia visión del fenómeno. Ver Anexo II,
imagen 2.
92
desligados por completo de los límites de la materia para obrar en el
campo libre de la filosofía y de las especulaciones y enseñanza del
espíritu. La Masonería es un arte tan útil y benéfico como propagado.
Su fin inmediato es la práctica de la filantropía en todas sus
manifestaciones y aplicaciones. Los medios que emplea son el trabajo,
la actividad, la verdad y estudio. Su fin ulterior o mediato consiste en el
perfeccionamiento de la humanidad. Como arte tiene sus secretos,
porque en todo arte existe un misterio que requiere una progresión
gradual de conocimiento, para llegar a cualquier grado de perfección en
él […] Aunque unos sean más hábiles y más sabios que otros, otros sean
más elocuentes, otros más activos, otros más decididos e iniciadores y
otros más profundos o pensadores, todos, enteramente todos, en sus
esferas respectivas, pueden ser, no solo convenientes, sino hasta
necesarios a la Masonería en general. Como las naturalezas de los
hombres son todas distintas, residen en unos individuos los elementos
que necesitan otros y viceversa, por lo cual dentro de la Masonería
deben sus miembros completarse por la ayuda mutua en todas las
condiciones de la vida […] (Diccionario Enciclopédico de la
Masonería, 1883: 524-525).
realmente en España de una forma organizada con las tropas napoleónicas” (Ferrer
1824, por medio de un Real Decreto (Ferrer Benimeli, 1996: 76). Pero, tras su muerte, la
reina regente, María Cristina, concedió la amnistía a los masones en 1834 (Ferrer
Benimeli, 1996: 32), de ahí que muchos liberales que volvieron del exilio pudieran
declarase masones. Por fin, en 1939, se pudo constituir el Grande Oriente Nacional de
España, en cuya acta de constitución se establecía que “la Masonería española tiene por
fin la instrucción de la razón, perfección de la moral y práctica de todas las virtudes […]
93
A finales del siglo XIX, la masonería está más activa que nunca en nuestro país y
se alza como voz crítica del movimiento liberal y republicano, adhiriéndose a ella muchos
masonería era entendida como una asociación capaz de cambiar el rumbo de la política y
la sociedad:
Esta situación se mantendría durante el primer tercio del siglo XX, hasta su
prohibición franquista. Dentro del período que abarca esta investigación la masonería
pasa por tres etapas, que son las de mayor auge, de ahí su presencia constante:
21
También conocida como “La Septembrina”, por desarrollarse en septiembre. Fue la revolución de 1868
que vino tras la firma, el 16 de agosto en Ostende (Bélgica), de un pacto para derrocar la monarquía de
Isabel II (1830-1904), reina de España entre 1833 y 1868, hija del rey Fernando VII (1784-1833) y de María
Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878). Cuando murió su padre, tenía tres años, por lo que su madre
y el general Baldomero Espartero (1793-1879) se sucedieron en la regencia, hasta que fue declarada mayor
de edad con trece años y asumió la corona. Tras la expulsión de los Borbones se buscó otro candidato y se
nombró rey al italiano Amadeo de Saboya (1845-1890), que fue monarca de España entre 1871 y 1873,
después la regencia de Serrano. Posteriormente se proclamó la I República (1873-1874). A su fin, comenzó
la Restauración, que supuso la vuelta de los Borbones en la persona de Alfonso XII (1857-1885), hijo de
Isabel II. Este es el contexto político en el que nos movemos.
94
1889-1927: Puesta en vigor la Ley de Asociaciones de 1887, se legaliza
el Grande Oriente español, inscribiéndose en el registro […] se
desenvuelve con entera libertad […] (Lera, 1980: 94).
En cuanto a cifras:
Por último, debemos hacer una aclaración relativa a los diferentes tipos de ritos,
pues la masonería evolucionó y las logias fueron adoptando diferentes ritos. Aunque, en
términos generales, los símbolos se asemejan, hay ciertas distinciones entre los discursos
o los grados.
Los dos ritos más extendidos con el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y el Rito
siglo XVIII. Además, en 1773 hubo una reorganización y la que se llamaba Primera Gran
Logia Francesa se convirtió en el Gran Oriente de Francia, de modo que tuvo que
decantarse por unos rituales. En España, también es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado
el que más se utiliza. Rito con mayúscula es la forma que adopta cada modelo de
masonería, mientras que rito con minúscula se refiere a las diferentes ceremonias dentro
de una logia, como rito de iniciación. Además de los dos Ritos mencionados, existe el
95
En cuanto a los grados, podemos poner el ejemplo del Rito Escocés Antiguo y
Aceptado, que consta de treinta y tres, si bien los tres primeros son los que más se
conocen:
96
27- Soberano Comendador del Templo
28- Caballero del Sol o Príncipe Adepto
29- Gran Escocés de San Andrés
30- Gran elegido Caballero Kadosh o del Águila blanca y negra
Grados sublimes (Masonería blanca)
31- Gran Inspector Inquisidor Comendador
32- Sublime y valiente Príncipe del Real secreto
33- Soberano Gran Inspector general de la Orden (Lera, 1980: 34-35)
Este asunto no es muy relevante para la investigación, pero podemos ver que en
Teniendo presentes todos los datos de este apartado y, sobre todo, qué es la
masonería y en qué situación se encuentra a finales del siglo XIX, estamos en condiciones
97
98
2.1.2. Relación con el objeto de estudio
en su vida y en su obra es un tema que jamás ha sido tratado por los investigadores. Ni
siquiera ha sido contemplada esta posibilidad en ningún momento. Esto puede ser
en relación con esta actividad viene dado por otros documentos presentes en archivos,
la masonería y, si no lo hizo, al menos, durante muchos años estuvo en contacto con ella,
que debía conocer por el simple hecho de que, en su círculo más cercano y dentro del
masones. Ahora bien, su relación con esta filosofía fue de amor-odio y, en algunos
que estos acercamientos intermitentes tienen la culpa de que no aparezca en los registros
22
Estos registros no son, en ningún caso, oficiales, sino listas elaboradas por los propios masones que se
suelen recoger en apéndices de libros, diarios o publicaciones similares. Las logias no disponen de ficheros
como tal. El lugar donde más archivos se conservan es en el Archivo General de la Guerra Civil Española
de Salamanca, en su Centro Documental de la Memoria Histórica, donde hay una sección dedicada a la
99
disertaciones. Aunque, sin lugar a duda, su situación económica23 contribuyó a este
silencio.
Para esta investigación, ha sido necesario entrar en contacto con logias, así como
la lectura de escritos y diarios masones, cuyos autores son tanto expertos en la materia
Grande Oriente Español, publicado entre finales del siglo XIX y principios del XX, así
como otros diarios masones, con el fin de obtener datos relevantes y familiarizarnos con
publicaciones y como ya es de suponer a raíz del párrafo anterior, no hay la más mínima
alusión a que algún hermano a nivel mundial se llamase Alejandro Sawa. Ni siquiera en
hermanos fallecidos o, según su terminología, que habían “pasado al Oriente Eterno”. Sin
que aparecer en las publicaciones oficiales no es una condición sine qua non para
rastrear los términos, ver cómo se relaciona con esta ideología la vida y la obra del escritor
masonería y se recreó una logia con objetos requisados durante el franquismo, con más sensacionalismo
que veracidad. Además, muchos archivos fueron destruidos durante esta etapa, de modo que lo que allí se
conserva tampoco es del todo fiable y hay que presuponerle una validez parcial.
23
Murió ciego y en la más absoluta pobreza.
100
muchas ocasiones, publicaban el nombre por el que se conocía a un hermano y no por el
suyo de verdad. Esto es así porque durante los ritos, aspiran a ser mejores personas:
nombres que se ponían los contemporáneos de Sawa. El nombre de Victor Hugo, por
implica que la persona admirada por el masón también haya sido masona. Ahora bien, sí
debe representar unos valores que comparta la masonería. De hecho, muchas veces, los
dignos de admiración. Por ejemplo, “los francmasones de la logia «Altuna» citaban con
frecuencia en sus tenidas ideas y ejemplos de Unamuno” (Rodríguez de Coro, 1992: 287)
y, si bien ya hemos apuntado que hay algunos estudios que lo clasifican como masón, hay
otros que no lo consideran como tal. Sin embargo, no se puede negar que su pensamiento
encaja con los valores masónicos. Además, en 1920, el Gran Oriente Español se posicionó
a favor de la libertad del escritor, que había sido condenado por delitos de prensa25. Por
lo tanto, en el hipotético caso de que Alejandro Sawa se hubiera iniciado y alguno de los
24
Ver anexo II, imagen 3.
25
Este documento, “Iniciativa del Gran Oriente Español en favor de la libertad de Unamuno, condenado
por delitos de prensa”, se puede leer en Ferrer Benimelli, 1996: 122-123.
101
pseudónimos que aparecen en los boletines fuera el suyo, no podemos saberlo puesto que,
para ello, deberíamos haber encontrado una publicación previa en la que pusiese
están de acuerdo, pues los masones dan por supuesta su pertenencia y, de hecho, lo
mientras que la crítica no da nada por seguro, pues no existen pruebas de su pertenencia
a ninguna logia. Por otro lado, en dicho diccionario también está el retrato de Ruiz
Zorrilla27, otra personalidad admirada por Alejandro Sawa, como veremos cuando
no hay ninguna duda. Esto nos da una prueba de lo controvertido que es analizar el asunto.
Asimismo, otras personalidades a las que Sawa casi rendía culto fueron Émile Zola (1840-
Sin embargo, que un escritor sea masón no implica que su obra tenga relación con
la masonería. El ejemplo más análogo a Alejandro Sawa sería el de Blasco Ibáñez, quien
novelas no aparece la masonería como tal, pero ya apuntamos que existen estudios sobre
la inclusión de ciertos elementos en sus obras. Por ello, nuestra intención es rastrear el
léxico relacionado con la masonería que Sawa empleó, así como analizar las relaciones y
contactos que tuvo con la masonería y con otros masones de su entorno. El ejemplo más
claro es el de Rubén Darío, que perteneció al círculo más íntimo de Sawa incluso en la
capital francesa y se hizo masón por conveniencia, como explicaremos más adelante. En
26
Ver anexo II, imagen 3.
27
Ver anexo II, imagen 4.
102
tema principal de sus escritos. Tan solo usa los términos y su significado, codificando el
mensaje. Es decir, la obra literaria goza de un significado literal, pero existe otro mensaje
que necesita de la interpretación. Así creemos que ocurre en la obra de Sawa, por ello
contexto y cómo la masonería estaba presente en los círculos liberales de finales del siglo
XIX en España. De hecho, en 1889 se fundó el Gran Oriente Español, tras la disolución
de la Gran Oriente de España y su fusión con la Gran Oriente Nacional de España, que se
declaró republicano.
Además, no debemos olvidar que Sawa residió varios años en Francia, donde la
masonería estaba aún más integrada en la vida y los ambientes en los que se movía. De
hecho, durante nuestra estancia en París, hemos tenido ocasión de consultar fondos
Oriente de Francia, que tiene su propia biblioteca. Su archivo Vichy data de 1940, que es
cuando se ordenan los registros. Sin embargo, se hicieron tan solo con miembros
pertenecientes a la masonería que estaban vivos en esos momentos. Así nos lo explicaron
los bibliotecarios: “le Fichier de Vichy […] établi en 1940 par le Service des Sociétés
Secrètes à partir des archives du GODF. Ils ont fiché les personnes encore en vie en
1940”28. Además, el período anterior tampoco está bien documentado en otros archivos:
28
“el Archivo Vichy […] establecido en 1940 por el Servicio de Sociedades Secretas a partir de los archivos
del GODF. Archivaron a las personas aún vivas en 1940” (traducción propia).
103
véritablement de listes officielles qu’à partir de la seconde guerre mondiale”29. Aún así,
los denominados “libros raros”. Allí tuvimos acceso a un curioso libro, Le Grand Oriente
se recoge una extensa lista, distribuida en dos tomos y ordenada alfabéticamente, de todos
los masones de los que había constancia en diversos archivos, y las logias a las que
pertenecían, los grados que tenían y, en algunos casos, los pseudónimos que utilizaban.
Es cierto que es un documento muy interesante, pero no arroja luz sobre el período en el
que Sawa residió en París, ya que la lista es de 1920 a 1936. Aun así, nos sentíamos en la
visto ahí reflejado el nombre de Juan Gris, si bien pone “Gris (Jean)”, con fecha de 1927
(Le Grand Oriente de France, 1936: 391)30, figura que es importante en esta tesis, en tanto
Podemos establecer que la masonería en Francia está bien documentada con listas
oficiales desde 1940 y que el Gran Oriente de Francia elaboró listas desde los años veinte,
por lo que no encontrar un nombre de finales del siglo XIX en una lista no es motivo para
indicios. Además, si la situación es así en Francia, menos fiables son entonces los de
organización.
29
“este período histórico no está rigurosamente documentado. Solo tenemos listas oficiales de la segunda
guerra mundial” (traducción propia).
30
Ver anexo IV, imagen 1.
104
Volviendo a la figura concreta de Sawa, debemos apuntar que era todo un
idealista, filántropo y liberal, que creía en valores superiores, como él mismo decía y
como dijeron de él casi todos los testimonios que vamos a recoger en estas páginas. De
hecho, algunos autores, como el propio Darío, llegan a reprochar que esa actitud le
condujo a la ruina, pues rechazaba todo lo material y optaba por cultivar la sabiduría o el
arte. Él mismo dice en Iluminaciones en la sombra que abraza varias ideologías y que
abrazaría a toda la humanidad, así como que por dentro le gustaría ser mejor. Así hace su
autorretrato:
Autorretrato
Un gran periódico que ha comenzado a publicarse en estos días, Alma
Española, tiene la originalidad de pedirme una autobiografía para la
sección que titula “Juventud triunfante”. Un poco asombrado de que los
periódicos se acuerden de mí para exaltarme, envío estas cuartillas:
“Yo soy el otro; quiero decir, alguien que no soy yo mismo. ¿Que esto
es un galimatías?
Me explicaré. Yo soy por dentro un hombre radicalmente distinto a
como quisiera ser, y, por fuera, en mi vida de relación, en mis
manifestaciones externas, la caricatura, no siempre gallarda, de mí
mismo.
Soy un hombre enamorado del vivir, y que ordinariamente está triste.
Suenan campanas en mi interior llamando a la práctica de todos los
cultos, y me muestro generalmente escéptico. Con frecuencia mis
oraciones íntimas que, al salir de mi boca, revientan con estruendo.
Yo soy el otro.
En grave perplejidad me pondría quien me preguntara por la prosapia
de mis ideas. Yo las cojo a brazadas como las flores un alquimista de
perfumes, por todos los jardines de la ideología, y poco me importa el
veneno de sus jugos si huelen bien y con el esplendor de sus tonos me
sirven para alegrar la vida. Las ideas-rosas, las ideas-tulipanes, las
ideas-magnolias las uso para decorar mis faustos interiores; pero no por
eso reniego de cardos y ortigas, que me sirven por contraste para amar
con mayores arrebatos las florescencias bellas de la vida.
105
Quiero al pueblo y odio a la democracia. ¿Habrá también galimatías en
esto? Está visto que a cada instante he de volver sobre mis palabras para
hializar su alcance. Pero yo he querido decir que no concibo en política
sistema de gobierno tan absurdo como aquel que reposa sobre la
mayoría, hecha bloque, de las ignorancias.
En los días de sol leo a Hobbes y a Schopenhauer, para no abrazar a
toda la gente con quien me topo por las calles. Como un elemento
químico circula entonces el amor por la sangre de mis venas. Y nada
parece más fácil a mi mentalidad en tales días que abrazar entre mis
brazos a la humanidad entera. Nacido en un país de brumas, en
Inglaterra, yo sería malo quizás.
He nacido en Sevilla, va ya para cuarenta años, y me he criado en
Málaga. Mis primeros tiempos de vida madrileña fueron estupendos de
vulgaridad —¿por qué no he decirlo?— y de grandeza. Un día de
invierno en que Pi y Margall me ungió con su diestra reverenda,
concediéndome jerarquía intelectual, me quedé a dormir en el hueco de
una escalera por no encontrar sitio menos agresivo en que cobijarme.
Sé muchas cosas del país Miseria; pero creo que no habría de sentirme
completamente extranjero viajando por las inmensidades estrelladas.
Véome vestido con un ropón negro de orfandad cuando recuerdo aquel
período; pero yo llevaba por dentro mis galas. Eso me basta para mitigar
el horror de algunas rememoraciones...
En poco más de dos años publiqué, atropelladamente, seis libros, de
entre los que recuerdo, sin mortales remordimientos: Crimen legal,
Noche, Declaración de un vencido y La mujer de todo el mundo.
Luego mi vida transcurrió fuera de España —en París generalmente—,
y a esa porción de tiempo corresponden los bellos días en que vivir me
fue dulce. Poseo un soneto inédito de Verlaine, y creo, con Cándido,
que todas las utopías generosas de hoy podrán ser las verdades
incontrovertibles de mañana.
Pero basta.
Yo soy el otro.” (Sawa, 1977: 175-177)
106
Esta admiración por Pi y Margall no le lleva a solo a dedicarle un ejemplar de
Noche con palabras de admiración31, sino que sus palabras sobre los olores de las
la cual califica como una flor que cuyo olor conduce a la felicidad, la justicia o la verdad:
Por esto, es fácil encajar que Sawa se dejara seducir por la masonería, que defiende
los mismos ideales que él tenía. Sin perder de vista su gusto por la ceremoniosidad, de la
que la sociedad que tratamos está cargada. Sin embargo, no le gustaban demasiado las
reglas y aquello que fuera demasiado clásico terminaba por aburrirle a causa de la
inflexibilidad, de ahí que sea posible que desarrollase cierto rechazo o que intentara
escritos como a su vida literaria. Las tertulias literarias se asemejan a una tenida, es decir,
a una reunión de masones dentro del templo para llevar a cabo sus trabajos. Los literatos
también compartían entre ellos un saber, debatían sobre él, tenían sus lugares de reunión
en los cafés… Sawa llevó esto al extremo con su Cenáculo y el proyecto de una
31
Ver anexo IV, imagen 2.
107
hermandad en la que todos se ayudasen mutuamente para poder publicar sus obras.
Además, impuso un rito iniciático y estableció una jerarquía y una lista de nombres de
necesidades e intenciones.
a la luz y la oscuridad igual que lo hacen los masones. De hecho, en las logias siempre
y al Sol como fuentes de sabiduría, y llega a citar los pilares de la masonería y a referirse
al Oriente eterno, que es el modo que tienen los masones de referirse a la muerte. Tal
término solo puede emplearlo una persona que esté familiarizado con la masonería, de
Por ello, podemos decir que no sabemos si Alejandro Sawa se inició porque no
tenemos un documento donde así aparezca, pero podemos afirmar que conocía de sobra
código, creemos que en el siguiente apartado debemos una breve alusión a la simbología
32
Ver anexo II, imagen 5.
108
2.1.3. Simbología y semiótica para la interpretación
La masonería tiene su propio código, pues, aunque utilice la lengua como código
de expresión, las palabras se emplean con connotaciones y significados que los masones
verbales, como los objetos que decoran las logias o la indumentaria que se ponen los
masones en las tenidas. La mayoría de estos símbolos son la evolución de aquellos que
propia masonería operativa medieval, la cual tenía secretos propios del oficio, la que
vendaban los ojos, para después rezar ciertas plegarias. Después, en el siglo XVII, se pasó
de catedrales y que ni siquiera hacían trabajos físicos. Esta pertenencia iba encaminada a
principios del siglo XVIII, se toman todos los valores ideales y se mantuvieron los
Además, no debemos olvidar que las catedrales se orientaban hacia el Oriente, porque el
Sol sale por el Este. Para los masones, el Sol es la sabiduría, porque es la luz que alumbra
que hay que conocer para comprender sus mensajes. Algunos están al alcance de un modo
más o menos claro y accesible para toda la sociedad, otros se aprenden con el estudio de
sus publicaciones, su historia y sus diccionarios, como hemos hecho en nuestro caso, o
por contacto con la propia sociedad masónica, cosa que también hemos hecho. Sin
109
embargo, existen muchos signos que solo se revelan a los miembros y otros tantos que se
van descubriendo según se asciende de un grado a otro. Esto complica la tarea del
En cualquier caso, dado que el ejercicio que nos proponemos requiere una labor
Si bien es cierto que desde la Antigüedad filósofos como Platón (429/427 a. C.-
347 a. C.) y Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) estudiaron la relación entre los signos y su
percepción. Sin embargo, la semiótica como tal aparece de la mano del filósofo
estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914) y fue desarrollada por otros autores
Umberto Eco (1932-2016). Aunque hay cosas en las que discrepan, lo que es común a
todos es que la semiótica no se ocupa de una lectura literal del mensaje, sino de todos los
signos que intervienen en su significado. De este modo, estudian los mecanismos con los
cuenta los signos verbales y los no verbales. Un signo es, simplemente, algo que está
acción material que, por naturaleza o convención, representa o sustituye a otro” (DRAE).
Además, “el proceso en el que algo funciona como signo puede denominarse semiosis
[…] Comúnmente, en una tradición que se remonta a los griegos, se ha considerado que
este proceso implica tres (o cuatro) factores: lo que actúa como signo aquello a que el
signo alude, y el efecto que produce en determinado intérprete en virtud del cual la cosa
en cuestión es un signo para él” (Morris, 1985: 27). En nuestro caso, los signos significan
110
algo para los masones en función de unas reglas de interpretación. Puesto que los signos
no guardan una relación directa con aquello que representan, podemos hablar de
símbolos: “Un signo de este tipo puede lograr ese resultado mostrando en sí mismo las
propiedades que un objeto debe tener para ser denotado por él, y en este caso el signo
denominarse un símbolo” (Morris, 1985: 59). Con respecto a esto, Terry Eagleton,
constituyendo un código, pues los masones tienen reglas para su interpretación. Se trata
de una de las comunidades que más hace uso de los símbolos en su comunicación: “la
Masonería, en más alto grado, quizá, que ninguna otra asociación especulativa e
ideológica, se expresa por medio de símbolos, tanto figurativos como verbales” (Lera,
111
SÍMBOLO—Figura emblemática o imagen significativa. El credo o
sumario que contiene los principales artículos de fe. Cualquier cosa que
por la representación, figura o semejanza, nos da a conocer o nos
explica otra. Signo eterno y visible con el que se enlaza un sentimiento
espiritual, una emoción o una idea. Los símbolos son tan antiguos como
el hombre. Los símbolos masónicos, derivados de los símbolos
primitivos, fueron aplicados al arte de construir desde el origen de este
mismo arte […] es el simbolismo, que pertenece a la primera, pero que
en toda su extensión se deriva de la segunda. Como síntesis de estos
caracteres primordiales, los ingleses han definido la Francmasonería
diciendo: “que es la ciencia de la moral velada por alegorías o ilustrada
con símbolos”; y como la alegoría no es más que el símbolo oral, de
aquí que en resumen pueda dársele la siguiente gráfica definición: La
Francmasonería es la ciencia de la moral desarrollada e inculcada por
él método del antiguo simbolismo. El simbolismo, en conclusión, es
alma y vida de la Francmasonería; nació con ella, o mejor dicho, es el
germen del que brotó el árbol Masónico, y el que aun la nutre y anima.
Este carácter peculiar de institución simbólica, esa instrucción que da a
sus adeptos por medio de los símbolos, es lo que la identifica y distingue
de todas las demás asociaciones. Despojar a la Francmasonería del
simbolismo, como ha soñado alguna vez algún iluso poseído de la fiebre
reformista, fuera quitarle el alma y el cuerpo y reducirla a una masa
inerte de materia, solo capaz de una rápida descomposición.
Añadiremos para terminar, que para estudiar el verdadero significado
de los símbolos, con probabilidad de acertar en su interpretación, es
preciso considerarlos detenidamente bajo cuatro puntos de vista
distintos, pero íntimamente relacionados entre sí, que son: el histórico,
el alegórico, el analógico y el tropológico. […] Por otra parte, el
lenguaje y representaciones simbólicas, servíales además de medio fácil
y eficaz de comunicación entre sí, en defecto de la escritura que tan
pocos conocían. Y esto era de un valor inapreciable efectivamente, en
una época en que este arte se hallaba tan poco extendido todavía y en
que, faltos de tiempo, de medios y de ocasión, tan difícil tenía que ser
para muchos Masones el aprender a escribir; mientras que se
familiarizaban fácilmente con el significado de los símbolos, con la
112
práctica diaria del trabajo y las lecciones de los Maestros obraban en su
inteligencia de una manera tan rápida como segura. Como símbolos
particularmente expresivos, que tenían un significado propio y especial
dentro de las Logias, además del general o vulgar que podía
atribuírseles […] (1883: 1359).
entendía quien incluso no sabía leer. Además, se nos dice que además del significado
general, existía uno especial dentro de la logia. De este modo, no hay duda de que
sabremos que no se refiere solo al Este como punto cardinal, sino también a la sabiduría;
cuando aparezca el “Sol”, no será solo nuestra estrella, sino también la iluminación,
el modo de transmitir que uno está dispuesto a dar su vida por sus hermanos, pues el
pelícano se desgarra sus propias entrañas para dar de comer a sus polluelos; el “águila”
tampoco será un pájaro, sino el modo de designarse entre los masones, pues dado que las
águilas miran de frente al Sol y los masones contemplan la sabiduría, se produce una
doble metáfora…
exlibris, sino también en su obra literaria y periodística. Por suerte, pertenecemos desde
Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías, dirigido por el profesor José Romera Castillo,
de la UNED, por lo que hemos aprendido mucho sobre semiótica literaria, hemos
organizado varios congresos sobre este asunto y somos editores y secretarios académicos
113
de la revista Signa, que pertenece a la Asociación Española de Semiótica, de la que
también fue fundador Romera Castillo, en 1983. Esto hace que comprendamos que la
semiótica literaria estudia todos los elementos de la obra para entender su menaje: “la
un todo, mostrando las partes que lo articulan, los aspectos que lo influyen y moldean y
que, a la postre, hacen que ese todo sea un producto peculiar e irrepetible” (Romera
Castillo, 1988: 34). A nuestro parecer, en la obra sawiana influye la masonería como uno
de esos aspectos que la moldean y que, hasta ahora, no se había tenido en cuenta. Por ello,
los términos según el código masónico. El mayor inconveniente es que la alusión a estos
114
2.2. Liberalismo, literatura, bohemia, masonería y la “Gente Nueva”
A finales del siglo XIX no existían líneas divisorias entre los principales grupos
liberales:
sustitución por otro sistema político” (Vidal, 2005: 221-223). De hecho, el Gran Oriente
De igual modo, muchos literatos también defendían estas ideas, pues su actividad
esfera social o en sus crónicas periodísticas. Los nombres de escritores se mezclan con
los de los intelectuales de otras profesiones liberales, como demuestran las listas de
115
nombres que recogen algunos estudiosos, relacionándolos con la masonería y con ciertas
Ferrer Benimeli incluye a Blasco Ibáñez, Luis Simarro, Ruiz Zorrilla, Juan de la
33
La vinculación no implica en todos los casos la iniciación, pues en estos momentos la masonería está
presente en los círculos en los que se mueven estos literatos e intelectuales y es habitual que compartan sus
principios y defiendan su pensamiento.
116
Como vemos, durante el primer tercio del siglo XX se mantiene este auge liberal
masónico, como “El ideal de la humanidad para la vida” (Rodríguez de Coro, 1992: 304).
del país, por lo que comparte las ideas liberales y masónicas. De hecho, aunque los
notable en la ILE (Álvarez Lázaro, 1989). Esta coincidencia de ideas hace que exista una
Por otro lado, en cuanto a la bohemia, hay que aclarar algunos términos. En primer
lugar:
José Esteban hace una clasificación y define cada tipo de bohemia. Además de
separar las bohemias madrileña y parisina (esta última es la que vivieron Sawa, Darío o
Gómez Carrillo en su estancia en París), establece que en España hubo varios tipos de
117
bohemia: eterna, inteligente, limpia, malograda, pintoresca, proletaria, subterránea…
(Esteban, 2017: 92 y ss). La que aquí nos interesa es la que denomina revolucionaria, pues
es la que combatió a nivel político y social (Esteban, 2017: 116). De este modo, “la
bohemia también contribuyó, más allá de los tópicos tan repetidos sobre la vida
a la aparición de cierta industria cultural, tanto periodística como editorial. Los bohemios
españoles se autodefinían como «proletarios de la pluma»” (Arco, 2017: 22). Como decía
Ernesto Bark: “El culto por el arte, el ideal y la libertad, no los harapos, son el sello
augusto del bohemio de raza” (1913: 5). Esta bohemia es, por lo tanto, la que dio lugar a
la Gente Nueva, que tan bien y tempranamente diagnosticó Luis París (1863-1936) en su
obra homónima a esta generación: Gente Nueva (1888). Sus propios integrantes son los
118
Como comprobamos, Alejandro Sawa estaba perfectamente integrado en ese
grupo, que luego fue aumentando su número de integrantes con otros liberales que ya no
Además:
Las características comunes eran más que las diferencias, de ahí que no se puedan
establecer límites claros en este contexto entre la Gente Nueva y otros movimientos
coetáneos:
119
Los términos barajados por la crítica a lo largo del siglo XX -Bohemia,
Gente Nueva, y Modernismo- están íntimamente entreverados e
imbricados también en unas categorías estéticas que la crítica canónica
separa: Romanticismo, Naturalismo, Decadentismo y Simbolismo. La
combinación de todas estas modalidades estéticas se manifiesta, en una
forma u otra […] donde también predomina una carga político-social
(Fuentes, 2005: 19).
Para muchos, la defensa de las nuevas ideas acabó siendo toda una filosofía de
vida: “Bark preferirá organizar su discurso en torno a una nueva filosofía de la vida […]
1998: 247). De este modo, entre los librepensadores se eliminan las fronteras. El
masonería:
120
[…] Obsérvese la recurrencia de términos que Bark utiliza en estas
páginas en relación con los conceptos masónicos de universalidad,
filantropía, moral universal, tolerancia religiosa, deberes familiares.
Aquellos proyectos de Orloff, antes revolucionarios, tendrán por divisa
la libertad, igualdad, fraternidad, pero defienden ahora la solidaridad, la
mejora de la condición social por medios lícitos y especialmente por la
instrucción, el trabajo y la beneficencia, lo que corresponde, en suma,
al librepensamiento masónico (Thion, 2005: 298)34.
De hecho, Bark sentía que los periodistas constituían una gran masonería: “los
periodistas forman una verdadera masonería internacionalista que ya hoy es más poderosa
quizás que la internacional del oro, la jesuita, la masónica y la socialista todas juntas”
(Bark, 2005: 187). De ahí que el proyecto que estudiaremos más adelante de fundar el
Cenáculo con Alejandro Sawa, a modo de logia de los literatos, tenga mucho sentido.
Por otro lado, la Gente Nueva publicó la revista Germinal, dirigida por Joaquín
la novela de Zola35, pues con este escritor, preocupado por el porvenir, naturalista y
masón, también compartían sus pensamientos los escritores que colaboraron. El primer
aglutinar la esencia común a todos los colaboradores: Ernesto Bark, Nicolás Salmerón
34
Nota al pie 196.
35
Algunos miembros del grupo enviaron una carta al propio Zola, que estaba encabezada del siguiente
modo:
“Germinal
Sociologia-Literatura-Política
Plaza del Dos de Mayo, 5 Madrid”
Medina Arjona ha visto en esto un juego de palabras masónico: “Queremos señalar la palabra «socio logia»
en el membrete de la cuartilla: La elisión de la tilde podría tratarse de un error tipográfico -pues el membrete
está impreso-, pero en cuanto no corregido, ni siquiera a mano con un minúsculo trazo, podría hacernos
pensar en la posibilidad intencionada, dado el carácter literario de los firmantes, de un juego de palabras
entre socio y logia” (Medina, 2002: 169).
36
Ver Anexo II, imagen 15.
121
García, Jacinto Benavente, Rafael Delorme, Jurado de la Parra, Ricardo Fuente, Antonio
Palomero, Antonio Paso, Valle-Inclán, Eduardo Zamacois, Eusebio Blasco y otros tantos.
Alejandro Sawa también colaboró, pero lo hizo más adelante, en una segunda andadura
por la nueva literatura y por la cuestión social. Así, la portada del 1 de mayo de 1897
reproducirá una fotografía del escritor” (Correa Ramón, 2008: 211). Tras dejar Dicenta
la redacción, esta fue asumida por Nicolás Salmerón García, hijo de Salmerón, el político
también publicaban en El País, diario de carácter republicano dirigido por Ruiz Zorrilla,
y el masón más importante del momento. Ya vimos que fue el artífice de la formación del
Gran Oriente Español, del que, además, fue abiertamente Gran Maestre durante varios
años.
37
Ver Anexo III, imagen 2.
122
Ya muerto Alejandro Sawa, durante el siglo XX, bohemios y masones se
posicionaron en contra de los conflictos bélicos: “en vísperas del estallido de la I Guerra
Mundial, en la que iba a volar hecho añicos el orden civilizatorio que los bohemios habían
estado denunciando y resistiendo durante décadas. Con cierto tono profético, utópico, y
cuando van a tronar los cañones, se hace un llamamiento al poder de la pluma” (Fuentes,
2005: 21-22). También utilizando la palabra como arma, Luis Simarro (1851-1921), quien
fue Gran Maestre del Gran Oriente Español, como Morayta, redactó un manifiesto
antiguerra titulado “La Guerra Europea. Palabra de algunos españoles” en 1915, deseando
firmaron más de setecientos intelectuales, entre los que se encontraban Joaquín Dicenta,
de protesta. Luis Bello (1872-1935), quien también estaba comprometido con la sociedad,
también acabó iniciándose en 1927: “su iniciación, al año siguiente, en las logias
masónicas, otra forma de ejercer oposición al régimen desde la sombra por parte de
Por otro lado, muchos de estos luchadores sociales de ideas liberales fueron
enterrados en el Cementerio Civil de Madrid con símbolos que mostraban sus ideales. Si
bien es cierto que la tumba de Sawa se perdió y acabaría en una fosa común, pues la cuota
de los símbolos que había en todas esas ilustres tumbas, incluyendo la de Alejandro Sawa,
en la que es posible que hubiese, como en las de sus contemporáneos un triángulo masón:
123
La cruz del Crucifijo, la leyenda hebraica del israelita, el triángulo del
masón, su nombre y flores en las tumbas de los librepensadores…
Aquí se alzan, como retablos de catedral, los panteones de Estanislao
Figueras, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón […] Giner de los
Ríos […] todavía no tiene lápida la tumba de Luis Simarro. Leo con
respeto los nombres de profesores: Morayta, González Serrano […] de
periodistas: […] Delorme, Maraver, Chíes, Alejandro Sawa […]
(Castrovido, 1925: 1)
mujeres ilustres. Allí es habitual encontrar tumbas decoradas con pirámides o con la
rebelde, republicano, liberal, integrante del grupo de la Gente Nueva, filántropo, idealista
Fue, al fin y al cabo, uno de los mejores ejemplos del liberalismo finisecular.
Por último, secundamos la propuesta de la doctora Thion, que se pregunta qué fue
38
Roberto Castrovido estaba entre los asistentes al velatorio de Sawa.
124
Mucha tinta ha corrido ya sobre los grandes ausentes y presentes en
nómina generacionista de Azorín. ¿Dónde quedó la Gente Nueva? En
el anonimato sobre todo cuando el juego de etiquetas literarias llegó a
interesar a la ideología conservadora. ¿Por qué no se menciona, por
ejemplo, a Alejandro Sawa, uno de los escritores que tantos artículos
periodísticos escribió como “negro” para Rubén Darío y uno de los
primeros en difundir la poesía de Verlaine en Madrid? (Thion, 2013a).
Creemos que hay que dar mayor difusión y visibilidad a esos precursores del 98,
que allanaron el camino de la nómina canónica y, tal vez, los investigadores, tengamos
que reclamarlos como generación dentro del contexto y los valores que acabamos de
sintetizar.
125
126
2.3. Alejandro Sawa y Rubén Darío
internacional, pues al acto asistieron no solo las más altas personalidades masónicas de
Nicaragua, sino también representantes de varios países” (Lagos, 1975: 385). Sin
embargo, se adhirió a la organización por pura conveniencia política, como vamos a ver
a continuación.
masonería, y me dio por ser masón, y llegaron a serme familiares Hiram, el Templo, los
simbólica liturgia40 de esos terribles ingenuos. Con esto adquirí cierto prestigio entre mis
jóvenes amigos” (1913: 30). A pesar de que con estas palabras confiesa no solo su inicio
en la masonería, sino también su descrédito hacia ella y que lo hizo por ganar prestigio,
39
De hecho, en el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, Rubén Darío tiene una entrada donde dice
que es “poeta, escritor y masón” (1962: 505-506). Entrada a la que también se refiere Lagos (1975: 382).
40
Todo lo que Rubén Darío enumera son elementos típicos de la masonería. Hiram es “la figura central de
la leyenda masónica […] prototipo del artesano […] principal arquitecto de la construcción del templo (de
Salomón) (Sanz y Mayor, 2006: 178); el Templo es “el ideal a realizar: el templo de Salomón que jamás se
acabará de construir. También es el sitio físico en el que se reúne la logia (San y Mayor, 2006: 296); el
Kadosh es una “palabra hebrea cuyo significado es «consagrado» o «santo» a un alto grado y sistema
masónico en la mayoría de los antiguos ritos” (Sanz y Mayor, 2006: 193); el mandil es “la principal insignia
de la masonería […] simboliza la concordia que debe reinar entre todas las personas, pero especialmente
entre los masones” (Sanz y Mayor, 2006: 207); la escuadra era utilizada “por los constructores y dibujantes
para comprobar sus medidas (y) representa el plano terrestre. Este instrumento también debe estar, al igual
que el compás, en todos los trabajos masónicos” (Sanz y Mayor, 2006: 126); el compás “simboliza la
necesidad del masón de mantener los lazos debidos con toda la humanidad […] se coloca abierto junto con
la escuadra (Sanz y Mayor, 2006: 105) y la batería es una “serie de golpes rituales que simbolizan la
manifestación de los trabajos masónicos” (Sanz y Mayor, 2016: 34).
127
lo cierto es que no se está refiriendo a su iniciación de 1908. Según los datos de su libro,
parece que Darío era un adolescente cuando tomó contacto por primera vez con los
masones. A pesar del general desorden cronológico que se puede apreciar en dicha obra,
no es posible que se refiera al rito de 1908, saltándose más de treinta años al contar la
Para conocer los motivos que le condujeron a esta discreción, debemos saber que
fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo” (León XIII, 1884)
Sin embargo, “la masonería, al parecer, dominaba las altas esferas oficiales, en las que el
maestro de Rubén Darío tuvo desde el principio vara alta (y) […] Darío, desde su
juventud, sabía del poder de la masonería en sus relaciones con la política” (Lagos, 1975:
384), pero, a la vez, también se declaraba católico: “un sincretismo religioso […] ubica
por el culto católico y el marianismo con las obediencias masónicas” (Acereda, 2010).
Ezeta (1852-1903)41:
41
Militar y presidente del país desde el 22 de junio de 1890, día en el que dio el golpe de Estado para
derrocar a Francisco Menéndez (1830-1890), hasta al 10 de junio de 1894.
128
En el hotel estaba, cuando el comandante del puerto apareció y me dijo
que de orden superior me estaba prohibida la salida del país. Entonces
empecé por telégrafo una campaña activísima. Me dirigí a varios
amigos, rogándoles se interesasen con Ezeta, y hasta recurrí a la buena
voluntad masónica de mi antiguo amigo el doctor Rafael Reyes42,
íntimo amigo del improvisado presidente (Darío, 1913: 75).
Darío consiguió salir hacia Guatemala y, poco tiempo después, se casó allí con
Rafaela Contreras. De igual modo, fueron los masones quienes consiguieron para Darío
sus puestos diplomáticos, quienes corrieron con los gastos editoriales de Azul… (1888),
los que presionaron para aprobar el divorcio, dado que Darío se quería separar de Rosario
42
“Fue Rafael Reyes […] iniciador en 1898 de la «Logia Progreso», instalada en Managua el 14 de
diciembre de 1899 y que llevará luego a posteriores fusiones” (Acereda, 2010).
129
Amigos míos, entre ellos, principalmente, el doctor Luis Debayle y D.
Francisco Castro, ministro de Hacienda, y el mismo ministro de
Relaciones Exteriores, Sr. Gámez, pidieron al presidente la legación de
España para mí. La unánime aprobación popular, el pedido de sus
amigos, y su innegable buena voluntad, hicieron que el general Zelaya
me nombrase ministro en Madrid (Darío, 1913: 205).
encuentra relacionado:
triunfó la revolución liberal que le dio a Zelaya la presidencia del país, inaugurándose un
periodo de libertad al que muchos calificaron como ilustrado tras tiempos oscuros. Zelaya
130
era amigo de Rubén Darío y el círculo de políticos e intelectuales que rodeaba al nuevo
que, antes de nombrar a Rubén Darío diplomático, se le aconsejase pertenecer a esa “gran
familia”.
Ahora bien, en ambos casos, ya sea en su faceta como cristiano o como masón,
Darío nos vuelve a confirmar nuestra teoría de su adscripción por puro interés cuando
envía, también en 1908 (el 31 de mayo), una carta a un destinatario de quien no sabemos
su nombre43, pero sí deducimos que tenía mucha confianza con él y que también es masón,
31 de mayo de 1908
Mi fraternal amigo:
El cablegrama que hace poco he recibido notificándome el
nombramiento de V. no me sorprende de ninguna manera […]
compláceme el que una inteligencia y un carácter como los suyos esté
ahora al lado de una inteligencia y de un carácter como el de nuestro
jefe General Zelaya.
43
Ver Anexo I, imagen 1. La carta original se encuentra en el Archivo Rubén Darío de la Universidad
Complutense de Madrid, doc. 259. No figura en ella el destinatario ni se encuentra recogida en la obra
Álvarez, D. (1963).
131
Siempre contará V. con amigo a quien V. quiso tanto durante su
permanencia en Nicaragua y con quien por inteligencia y por corazón
fuera de otros motivos posteriores se puede llamar hermano. […] me
conoce demasiado para comprender que la parte fundamental de mis
creencias y de mis ideas está tan lejos del mandil como de la casulla,
así es que al saber su nombramiento he apartado por completo toda
solidaridad que no sea la del perfecto caballero y la del fraternal amigo
que me acompañó en trances duros y a quien deseo tener siempre a mi
lado en momentos felicísimos.
Rubén
vimos, los masones entre ellos se llaman hermanos. Asimismo, Darío se considera lejos
del mandil, prenda que usan los masones, y de la casulla, propia de los sacerdotes
católicos. Todo esto, poniéndolo en conexión con las palabras que dedicaba a los masones
Rubén Darío fue masón y católico por conveniencia, pues, como ya vimos, la masonería
Al igual que ellos, los liberales de la época que tratamos también se decantaron
por la masonería. Aquí tenemos un ejemplo del círculo más íntimo del nicaragüense:
132
El ilustrado y políglota polaco José Leonard y Bertholet —a quien llama
“mi profesor” en su autobiografía— acrecentó el entusiasmo masónico
de Rubén. Así lo reconoce Edelberto Torres: “Su discípulo lee mucho
y con interés la atingencia que tiene el ritual masónico en el mundo
oculto, y porque los grandes liberales de la época pertenecen a la secreta
fraternidad […]” (Arellano, 2010).
Ese interés, o esa conveniencia, es lo que nos hace comprender que no hay
contradicción entre las múltiples facetas que cultivó el nicaragüense: “Rubén podría ser
al mismo tiempo católico y masón, es lícito añadir que también fue pagano y cristiano,
embargo, esto no fue impedimento para que introdujese simbología masónica en sus
obras, pues, como anticipábamos, la obra de un escritor masón no es masónica en sí, pero
puede introducir elementos. Rubén Darío, plasmó en sus obras multitud de símbolos que
ellas, la masonería:
El color azul, tan presente en Darío y con el que titula uno de sus libros,
conecta con la masonería por definir ese mismo color los ritos de
iniciación de los tres primeros grados masónicos, la masonería azul,
como símbolo del color celeste que agrupa a todos los hombres
fraternalmente (Acereda, 2010).
No vamos a afirmar que utilizar el color azul sea una clara prueba de la masonería,
pero sí es cierto que es un color representativo tanto de esta como del modernismo que,
como vimos, está muy ligado a los principios de la organización. Lo mismo ocurre con
133
presenta la idea de la fraternidad. El hecho de llamar hermano a un compañero tampoco
“No ignoraba sin duda Darío que la divisa de la masonería era la de «Libertad, igualdad,
134
2.3.2. Repercusiones literarias de la deuda económica entre Rubén
La relación entre Alejandro Sawa y Rubén Darío fue de amistad hasta que se
truncó en el último año de vida del sevillano cuando, ahogado por su situación económica,
pidió ayuda al nicaragüense en contraprestación a los favores que le hizo antaño. Ante la
negativa o el silencio de Darío, Sawa optó por reclamarle una deuda: el pago por unos
firmados por Darío. Tal pago nunca se llegó a efectuar y este fue el motivo del enfado
A pesar de esto, la viuda de Alejandro Sawa, Jeanne Poirier, pidió a Darío que
recordaba que Sawa le introdujo en los círculos literarios parisinos y conoció a Verlaine:
44
De la relación epistolar, la deuda entre Darío y Sawa y el testimonio de Prudencio Iglesias Hermida
publicamos el artículo: Santiago Nogales, R. (2016). “Alejandro Sawa, Rubén Darío y Prudencio Iglesias:
un acreedor soberbio, un amigo deudor y un cronista exagerado”, en Rubén Darío, one hundred years later
(1916-2016). Journal of Hispanic Modernism, issue 7, 210-230. (Arizona State University) ISSN: 1945-
2721.
135
golpeando intermitentemente el mármol de la mesa. Nos acercamos con
Sawa, me presentó: “Poeta americano, admirador, etc.” Yo murmuré en
mal francés toda la devoción que me fue posible y concluí con la palabra
gloria... […]
Una mañana, después de pasar la noche en vela, llevó Alejandro Sawa
a mi hotel a Charles Morice, que era entonces el crítico de los
simbolistas. Hacía poco que había publicado su famoso libro La
litterature de tout ál'heure. Encontró sobre mi mesa unos cuantos
libros, entre ellos un Walt Whitman, que no conocía. Se puso a hojear
una edición guatemalteca de mi Azul… […] (Darío, 1913: 113 y ss)
refiriéndose a que con él hacía vida en Madrid: “Me juntaba siempre con antiguos
camaradas como Alejandro Sawa, y con otros nuevos, como el charmeur Jacinto
Benavente, el robusto vasco Baroja, otro vasco fuerte, Ramiro de Maeztu […]” (Darío,
1913: 169). Sin embargo, a pesar de esto, en los últimos años de Alejandro Sawa,
residiendo ambos en Madrid, no se vieron en persona ni una sola vez, tan solo se enviaron
misivas.
Esta relación epistolar acepta una doble lectura. Por un lado, hay que tener en
cuenta la literalidad de las palabras y, por otro, las segundas intenciones de algunas de
ellas. Además, hemos descubierto muchos datos que ayudan a la reconstrucción de los
los hechos que las acompañan en cada momento y por qué se dicen ciertas cosas. Nos
destacar que este testigo, el escritor Prudencio Iglesias Hermida, cuyas palabras debemos
136
continuaremos con el prólogo de Iluminaciones en la sombra. A nuestro entender y tras
un detallado estudio de este, hemos llegado a la conclusión de que Rubén Darío esconde
en él no solo simbología masónica, sino que también su confesión que funciona a modo
de lavatorio de conciencia.
La relación epistolar entre Rubén Darío y Alejandro Sawa se concentra entre los
años 1905 y 1908. Ambas fechas son clave porque, durante ese período, el sevillano
experimenta su fatídica caída hacia el abismo: su padre muere, él cae enfermo, se queda
Darío (1963) y aprovecha para comentarlo, si bien hay algunos desajustes y está algo
incompleto. Sin embargo, aquí vamos a recurrir directamente a las cartas originales,
donde podemos observar detalles que, de otro modo, pasaríamos por alto. Asimismo,
merece la pena consultar la reconstrucción de Allen Phillips (1976), que arroja bastante
Además, existe una carta que ninguno de los dos recoge y que no se encuentra en
Biblioteca Nacional Digital de Chile. Esta misiva fue donada por el escritor y político
argentino Alberto Ghiraldo (1875-1946), quien vivió en Chile durante los últimos años
de su vida. Según consta en el catálogo, data de 1900, pero lo cierto es que no está fechada,
pues tan solo aparece la referencia “Hoy viernes”. Podemos asegurar que no es de 1900,
sino que es de 1905 porque la segunda edición de Los raros, de Rubén Darío, es de 1905
y Sawa hace alusión en la carta a que ha adquirido este libro, cosa que no podría haber
137
epistolar entre Sawa y Darío y en ella, aquel propone a este que formalicen un contrato y
precedentes. En todas las cartas se percibe angustia y necesidad de auxilio, que no llega.
las cartas enviadas por Sawa a Darío varía en un momento determinado. Esto se debe a
que el escritor se quedó ciego y eran o bien su mujer o bien su secretario45 quienes debían
fácil hacer las deducciones oportunas. Indistintamente, los investigadores han citado esta
carta, pero lo cierto es que hay dos cartas con el mismo texto: una en el Archivo de los
Sawa y la otra en el de Rubén Darío. Esto es posible por la sencilla razón de que, a la
fuerza, una ha de ser el borrador: el primer intento que no quedó según lo esperado y
nunca fue enviada46. Esa última es la que se conserva en el Archivo de los Sawa, la que
publicó en un reportaje que sobre Sawa hizo La Esfera en 1930. Dicha carta comienza
del siguiente modo: “¿Me impulsas ha (sic.) la violencia…?”. Efectivamente, pone “ha”
aparece el texto “Con-verbal” apuntado por el propio Darío sobre la misiva. Por lo tanto,
45
El dibujante José María Gascón, un hombre tartamudo que ejercía de ayudante de Sawa. Sobre todo, a
raíz de la ceguera de los últimos años.
46
Tampoco hay que olvidar que, en aquellos tiempos, era bastante corriente quedarse con una copia de la
correspondencia que se enviaba.
138
es esta la que se envió, pues de otro modo, no estaría en propiedad del destinatario. Ambas
cartas presentan idéntica caligrafía, pero el fallo reside en la ortografía. Sin perder de vista
que el borrador, que nunca salió de casa de los Sawa y está lleno de yerros y correcciones,
tiene la fecha tachada y escrita de nuevo debajo y está firmada con la letra de la persona
que la escribió en nombre de Alejandro Sawa. En cambio, la que recibió Rubén Darío
está firmada por el propio escritor, ya ciego, en otro color y de igual modo que las misivas
precedentes: con trazos irregulares y tamaño desproporcionado al cuerpo del texto. Esta
139
que en caso de insolvencia por tu parte lleve el asunto a los Tribunales
y de cuenta a La Nación y a tu Gobierno de lo que me pasa. Yo lo haré
todo y lo intentaré todo por rectificar esas anomalías de tu conducta. En
cambio, puedes contar con mi más absoluto silencio a tu satisfacción,
sin escándalo a mis reclamaciones. Serás en lo porvenir, como un
muerto, o mejor, como si no hubieras existido jamás.
Alejandro Sawa
Calle del Conde Duque, 3, principal47.
Grave acusación es la que Sawa hace al que era su amigo hasta unos días atrás.
No solo se dirige “Al señor don Rubén Darío”, en vez de a “Mi querido Rubén” y firma
como “Alejandro Sawa”, en vez de como “Alex”, sino que se atribuye a sí mismo la
hasta tal punto que, en Crónicas de la bohemia, libro en el que se recogen casi todos los
dedica en el estudio previo unas páginas a contrastar estos artículos con otros de Sawa
con los que comparten fragmentos idénticos y puede verse que lo que publicó Darío solo
Sawa como si fuese el que le ha contado a Darío lo que se publica. No sabemos si dicho
personaje y contando en tercera persona lo que ya había contado en primera o si fue una
La cuestión ahora mismo es: ¿por qué reclama Sawa una deuda años después? El
hecho de que los escriba uno y los firme el otro no ha de causar sorpresa, es una práctica
habitual entre los escritores de esta época. Todo apuntaba a que Darío no disponía de
47
Ver Anexo I, imagen 2. También en Álvarez, 1963: 68-69.
140
suficiente tiempo dado que por aquel entonces le nombraron embajador de Nicaragua en
España y debía cumplir con los compromisos políticos y aprovechó para hacerle un favor
a un amigo que se hallaba pasando penurias. El hecho de no pagar su deuda hace que las
respondió Darío al reclamo porque lo hizo verbalmente. Como se puede ver en la carta
entiende por contestación verbal (1963: 69). Darío tenía por costumbre apuntar la fecha
en la que respondía las cartas o se limitaba a poner una “C” o “Conforme”, de modo que
tal apunte sí puede indicar que fue una contestación de palabra. Como es habitual en este
sigue a continuación, se perciben las llamadas de Sawa hacia Darío para que vaya a
visitarle durante su enfermedad. El nicaragüense nunca acudió y tras la carta que hemos
citado, no vuelven a tener contacto. La siguiente relación de Darío con Sawa es cuando el
último ya ha fallecido, para escribirle el prólogo de su obra inédita hasta ese momento y,
por lo tanto, póstuma. Podemos afirmar, casi con toda seguridad, que existió un emisario
de por medio. Ninguna de las misivas va sellada, además de que muchas aparecen
seguidas en cuanto a la fecha. Es imposible que haciendo uso del correo ordinario carta y
podía ir en persona, en otra carta anterior, le pide a su amigo que dé una respuesta a través
141
de la misma persona (que según dice, era de su confianza) que le entregó en mano el
texto48.
La pregunta que hay que hacerse ahora es: ¿cómo desembocó una amistad
fraguada en París tantos años atrás en esta situación? La primera carta de la que se tenía
constancia hasta ahora no tiene fecha, tan solo pone “Hoy domingo”. Pero Dictino Álvarez
(1963: 60)49 deduce que ha de ser la que encabeza la lista, y no escrita más allá de la
primera quincena de junio de 1905, porque aún nada se comenta sobre la muerte del padre
de Alejando Sawa:
Hoy domingo.
Mi gran Rubén: estoy malo, malo no de enfermedad, sino de “lo otro”.
Eso me obliga a quedarme en cama todo el día de hoy. ¿Te da lo mismo
que en vez de mañana te entregue el trabajo el martes a primera hora?
Un gran saludo de admiración y un gran abrazo de amistad,
Alex
Conde-Duque, 3, pral. Izq50.
Alejandro Sawa le habla a Rubén Darío de un trabajo que le tiene que entregar, que puede
ser alguno de esos artículos que Darío publicó en La Nación como suyos, pues todos los
artículos que cita Sawa como suyos se publicaron durante la primavera y el verano de
1905.
48
Casi con toda seguridad, esa persona era José María Gascón.
49
Además, apunta que “la cronología no es del todo cierta pero sí bastante probable”. A lo largo de las
sucesivas páginas construye un recopilatorio ordenado acorde con la lógica.
50
Doc. 2007. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 62.
142
indicado ya que le debe el pago de “unos trabajos”. Es a esta misiva a la que nos
mensajero:
Se puede comprobar la admiración que Sawa tenía hacia Rubén. Siempre le habla
de él como maestro o como dios. Si bien en su juventud parisina fue Sawa la personalidad
literaria importante que introdujo a Darío en los círculos intelectuales cuando aún no era
tan famoso en tierras españolas, no hay duda de que, ahora, es Darío el rey de las letras.
quince de junio de ese mismo año, por la sencilla razón de que nuestro autor menciona la
agonía de su padre, cuya muerte se sabe con seguridad por dos documentos. El primero,
la siguiente carta:
51
Doc. 2008. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 62.
52
Doc. 2009. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 62.
143
Ese 16 tiene que ser de junio porque Iluminaciones en la sombra no deja de ser
una especie de diario, como ya comentaremos oportunamente, donde Sawa refleja sus
Si se ordenan los acontecimientos, se deduce que su padre muere a las once y diez
del dieciséis de junio de 1905, a los cinco minutos, reclama a Darío su presencia para que
144
lo acompañe en se momento de dolor, y a las once y media se pone a escribir el capítulo
precedente de su libro, que es toda una reflexión sobre la muerte, en la que confiesa que
notificó tarde la muerte, esto respondería a la pregunta de por qué figura otra hora de
fallecimiento oficial.
Es interesante descubrir que trata a la muerte como algo natural, que golpea
brutalmente a ser humano y que le va a hacer llorar como al resto de los hombres, como
puede tener la pérdida de un ser querido, la trata como un simple vocablo. La percepción
concreto, la contraposición entre la concepción de Sawa y el pavor que Darío sentía hacia
ella, van a determinar el trágico episodio de la muerte del primero y algunas escenas de
Luces de bohemia.
Tal temor hace que Darío no se presente y, por lo tanto, no acompañe a su amigo
palabras en las que atribuye la ausencia a que la misiva de la noticia no hubiese llegado a
manos de Darío. Afirmamos que esto es así porque Sawa no vuelve a repetirle que su
preocupación a que la carta anterior se hubiera perdido, debería repetir el texto para
informar a Rubén Darío. No lo hace. Es solo un reproche por su ausencia, incluso por no
145
hecho conocer la valía de tus sentimientos en las penosísimas
circunstancias por que atravieso.
Ven, ven en seguida. Te aguardo con impaciencia.
Mis dos manos,
Alex53
Es en este momento cuando cambia la letra porque Sawa ya está ciego y enfermo.
Todo lo que sigue a continuación se desarrolla durante el primer semestre del año 1908 y
desemboca en la misiva con la que comenzamos este apartado. Al parecer, llegan noticias
visitar a su amigo: “Ciego y casi atáxico, yo me haré llevar donde tu me digas.” La ataxia
es una patología que se caracteriza por la descoordinación del cuerpo, dificultad en los
Hoy martes.
Mi gran Rubén: sé por el testimonio de amigos que nos son comunes -
¡y tan comunes!- que tu salud no es, malaventuradamente, tan fuerte
como tu talento.
Yo vivo peor que Job. Job vivía en su tierra de Oriente, tan propicia al
quietismo y a los piojos, y yo, expatriado y extemporáneo, vivo
prendado de todos los puntos luminosos que forman las constelaciones
de arriba: un mal azar me hizo nacer aquí y en esta época fea. Tú sabes
mucho de mis gacetillas tremendas, que siempre serán inéditas. Pero
ahora, hijo de griego y descendiente de griegos mi vida no sería inferior,
como tema si a de un Sófocles que la narrara en forma teatral, porque
yo soy un Edipo abandonado en la mitad de un camino cualquiera que
no conduce a ninguna parte. Luego estoy muy enfermo de todo.
Sin embargo, como si positivamente, sé el noble cariño que me tienes
yo no me sentiré humillado en ir a verte a la hora y en el día que me
indiques. Ciego y casi atáxico, yo me haré llevar donde tú me digas.
53
Doc. 2010. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 63.
146
Fraternalmente tuyo,
Alex.54
No se conoce qué tipo de respuesta dio Darío, pero sí se deduce que le prometió
dinero:
Hoy martes 7
Mi querido Rubén:
Bueno, pues mándame urgentemente la cantidad que quieras.
Tu affmo. amigo,
Alejandro Sawa55
Ninguno de los dos fue a visitar al otro. Tan solo mediaron promesas. Lo que
interesa observar es que, a partir de este momento, Alex empieza a firmar como Alejandro
Sawa, siendo mucho menos personal, menos cariñoso y más formal. Tan solo en la
siguiente pone Alex, en tono de confianza pero, en lo sucesivo, ya será siempre Alejandro
Sawa:
54
Doc. 2011. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 64.
55
Doc. 2012. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 64.
56
Doc. 2013. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 65.
147
Dicha carta sí obtiene contestación, aunque Darío se excusa sirviéndose de las
propias palabras de Sawa. Si este se sentía unido espiritualmente, aquel aprovecha para
Hoy miércoles:
Mi querido Alejandro,
Sabía de tus penas y te he acompañado siempre mentalmente.
Procuraré ir a tu casa en cuanto me sea posible.
Quedo tu buen amigo siempre,
R. Darío57
puesto que ya apuntábamos que la siguiente toma de contacto personal de Darío con los
embargo, a partir de este momento surgen muchos interrogantes. En primer lugar, Phillips
reproduce esta contestación de Darío que, hasta el momento, había permanecido inédita;
y afirma que lleva membrete del Hotel Grand París de Madrid. Dicho hotel se encontraba
en la Puerta del Sol58. Es cierto que Darío tenía residencia en Madrid (en la calle Serrano,
número 27 y Claudio Coello, 60, más tarde59). Dicho hotel estaba más cerca que su propia
casa del domicilio de los Sawa. Es decir, en el momento que se acerca a la zona del centro
(vivía en el Barrio de Salamanca, que en esos tiempos era el ensanche), ¿por qué nunca
va a visitar a su amigo ciego y enfermo? Es decir, a pesar de los viajes del nicaragüense,
en aquel momento residía en Madrid; por el simple hecho de estar en la misma ciudad ya
57
Esta carta no figura en el Archivo Rubén Darío. Está recogida en Phillips, 1976: 109.
58
Ver Anexo IV, imagen 3.
59
El hecho de que Alejandro Sawa siempre escriba a Rubén Darío a su domicilio de la Calle Serrano y, sin
embargo, Valle-Inclán vaya a buscarlo a Claudio Coello cuando Sawa ha fallecido, se debe al traslado que
tuvo que hacer Darío debido al impago de los alquileres en el domicilio anterior. El nuevo contrato se puso
a nombre de Francisca Sánchez (Anónimo, 1967: 22).
148
es extraño que no visitase a su amigo, y más aún, después de conocer que Darío visita el
centro de la ciudad.
Sin embargo, Sawa insiste. Esta vez lo hace con una carta muy extensa y bastante
esperanza en que surta efecto su llamada, recalca que se siente abandonado de sus amigos,
es consciente de que su muerte se aproxima, sabe de su valía como literato, pero también
que los periódicos y las editoriales le han dado la espalda. Va a decir que muere
“asesinado un poco por todo el mundo” (¿incluye a Darío como culpable?). Pero, lo más
Darío era en ese momento un dios en las letras, Sawa había sido su profeta. Claramente,
es una reminiscencia de los años en París, cuando Sawa introdujo a Darío en los círculos
Verlaine, etc. Parecería razonable que, si en algún momento se ha hecho un favor, en los
149
trapense de nuestro gran Villiers, “mi cuerpo está maduro ya para la
tumba”, es una de las más frecuentes letanías en que se diluye mi alma.
Pues bien: tal como estoy, tal como soy, vivo en pleno Madrid más
desamparado aún, menos socorrido que si yo hubiera plantado mi tienda
en mitad de los matorrales sin flor y sin fruto, a gran distancia de toda
carretera. Creyendo en mi prestigio literario he llamado a las puertas de
los periódicos y de las cavernas editoriales y no me han respondido;
crédulo de mis condiciones sociales – yo no soy un ogro ni una fiera de
los bosques- he llamado a la amistad insistentemente y esta no me ha
respondido tampoco. ¿Es que un hombre como yo puede morir así,
sombríamente, un poco más asesinado por todo el mundo y sin que su
muerte como su vida hayan tenido mayor trascendencia que la de una
mera anécdota de soledad y rebeldía en la sociedad de su tiempo?
Ven tú y levántame, tú que vales más que todos. Yo soy algo tuyo
también, yo estoy formado, quizá de la misma carne espiritual tuya, y
no olvides que si en las letras españolas tú eres como un dios, yo he
tenido la suerte de ser tu victorioso profeta.
Un fraternal abrazo,
Alejandro Sawa60
Como vemos al comienzo de la carta, data de finales de mayo, siendo que durante
junio presenta sus credenciales ante el rey, Alfonso XIII. Parece ser que el trabajo lo
hombre cuyas calamidades no admitían ni espera ni demora. Por eso, Sawa, veintiséis
días después repite su angustiosa llamada” (1963: 65-66). Esta vez, vuelve a recurrir a un
60
Esta carta no se encuentra en el Archivo Rubén Darío, sino en la Biblioteca Digital de Chile en la
colección “Archivo del escritor Rubén Darío” ([Link]
[Link]) y la copia también Álvarez, 1963: 65-66. Dictino Álvarez dice: “Única carta citada
por Ghiraldo y que incluimos aquí por su perfecta coherencia temática” (1963: 65). Esto no es cierto del
todo, pues Ghiraldo tenía otra carta, que es la que hemos rescatado. Se trata de la primera de todas, que da
sentido al epistolario, como veremos en las siguientes páginas.
150
texto bastante largo. En este caso le comenta sus propósitos, dado que tenía pensado
hacerlo en persona, pero dado que no se produce el encuentro, decide explicárselo por
para poder publicarlo. Necesita “con la cooperación de algunos amigos.” A pesar de que
en la carta solo aparece “Hoy 26”, se sabe que es de junio, por aquello que ya se dijo
Hoy 26
Mi querido Rubén: yo deseaba ardientemente tu visita, para darte un
abrazo, en primer término y para hablar después largamente contigo de
muchas cosas nobles y de otras referentes a la realidad inmediata: no ha
podido ser y he de resignarme a escribirte apuntando uno de los más
apremiantes temas de nuestra fracasada conferencia. Yo tengo
concluido y en disposición de mandarlo a la imprenta un libro de crítica
y de intimidades con el título de “Iluminaciones en la sombra”: me he
dirigido para su publicación a las principales casas editoriales de
Madrid y Barcelona con resultado si no negativo, dudoso a lo sumo.
Eso me ha determinado a publicar el libro por mi cuenta, ayudado con
la cooperación de algunos amigos. Sin esa ayuda material yo no podría
hacer nada. ¿He sido un loco pensando en ti, mí fraternal Rubén, para
salir de este estrecho y volver de nuevo y ya para siempre al ancho mar
sin límites ni horizontes?
Tuyo con efusión
Alejandro Sawa H/C Conde Duque 3 prin61
inminente:
Serrano, 27.
Madrid, 29 de Junio 1908.
Particular.
61
Doc. 2014. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 67.
151
Sr. Don Alejandro Sawa
Mi querido Alejandro:
Como supongo que tu libro se publicará en el otoño, cuando yo vuelva
à Madrid entonces, tendré mucho gusto en contribuir, junto con los
demás amigos, a la edición de tu libro.
Te saluda afectuosamente
Rubén Darío62
Se trata de una carta muy impersonal porque está mecanografiada en vez de escrita
a mano (si bien la firma sí es del puño y letra de Darío). Sin embargo, todo eso sería
aceptable para Sawa, de no ser por su evasión: a pesar del hincapié que hace el sevillano
el nicaragüense promete su contribución, que nunca llegó, para el otoño. Ante tal
respuesta, Sawa no queda satisfecho. Contesta al día siguiente, prueba de que mediaba un
Hoy, 30 de Junio.
Mi querido Rubén: En mi carta te decía que tengo el libro en disposición
de mandarlo inmediatamente a la imprenta; tengo ansia de verlo
publicado y además yo no creo en la absurda especie de que en verano
se lea menos que en las demás estaciones del año; creo por el contrario
que se lee más. “Iluminaciones en la sombra” se hará casi con seguridad
en la imprenta de los hijos de Márquez, calle de la Madera. Constituirá
un grueso volumen de más de 300 páginas y un presupuesto, para una
edición de 2000 ejemplares, es de unas mil pesetas aproximadamente.
Puedo contar con 600: ¿quieres tú darme las 400 que me restan para
completar el total? Esa buena obra tuya valdría más que la mía y eso
que en ella tengo fundadas tantas esperanzas.
Te saluda afectuosamente,
Alejandro Sawa
62
Doc. 153. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 67.
152
Conde Duque 3 prin63.
Esta misiva tiene una importancia crucial. Si nos fijamos en los detalles, se
aprecian muchos matices que justifican lo contrariado que Sawa estaba, y anuncian qué
va a suceder en adelante. En primer lugar, hace referencia a la carta anterior: “En mi carta
modo que esto ya demuestra que no acepta la contribución en otoño (pero eso ya era de
suponer en el momento que le comentó que estaba terminado). Por otro lado, se anticipa
a una posible excusa de Darío: que lo deje para el otoño porque en verano se lee menos.
Esa puerta se la cierra. Pero lo más notorio es que da datos hasta ahora desconocidos: le
comenta en qué editorial se va a hacer y, por primera vez, habla de dinero. Le pide
cuatrocientas pesetas. Exclusivamente lo que le falta para sacar dos mil ejemplares.
Alejandro Sawa tiene una ilusión enorme por ver su libro en el mercado, es lo único que
le daría algo de luz al calvario por el que atraviesa. Llega hasta tal punto su rito de auxilio
que le dice a Darío: “Esa buena obra tuya valdría más que la mía y eso que en ella tengo
más que un trabajo de más de trescientas páginas, pues sin el dinero, estas no pueden tener
futuro.
desesperación y la falta de respuesta, pierde el tono cordial y envía la carta con la que
comenzaba este apartado. Pues bien, nosotros diferimos en cierto modo. Es cierto que la
14 de julio de 1908, en la que Sawa reclamaba el pago de una deuda de tres años atrás.
63
Doc. 2015. Archivo Rubén Darío y también en Álvarez, 1963: 68. Aparece “Conforme” en el margen
superior izquierdo, de modo que Darío contestó, si bien no se sabe en qué términos. Sin duda, no gustaron
a Sawa, pues, a partir de aquí, se pierde el tono cordial.
153
Tan solo recurre a esta medida como última opción: pidió a Darío que fuese a visitarlo,
le pidió que le ayudase, le solicitó tan solo el dinero que precisaba para una publicación…
retrotrae a una deuda del pasado. E, incluso, es posible que no la hubiese reclamado si
posibilidad que le queda. Primero optó por una especie de favor recíproco, esperando que
Darío acudiese en su llamada puesto que él había hecho un favor a Darío. Aun así, el
cambio de registro es muy brusco y la última carta contiene demasiados detalles: los
artículos aparecen con fecha, le amenaza con llevarlo ante los tribunales, le advierte de
apuntar que Darío ha actuado de algún modo entremedias; algo debía haber dicho, o
hecho, que a Sawa le hizo enfurecer y pensar que se estaba riendo de él. Dos semanas son
las que pasan desde la petición cordial de las cuatrocientas pesetas hasta este cambio de
habían mencionado los artículos de La Nación cuando, quizás, hubiese sido lógico que
accediese a darle el dinero como deudor y no como amigo, haber adoptado el tono
que falta una carta64. Carta que, seguramente, fue destruida, olvidada o perdida en algún
lugar, pero, sin duda, fue leída y desencadenó una respuesta que se materializó en un
64
Sin perder de vista que se trata tan solo de una hipótesis, ya que no existe el documento propiamente
dicho para comprobarlo.
154
Ahora bien, mientras la posible carta perdida es una suposición que aportaría
lógica a la relación epistolar, la primera verdadera carta relativa a este asunto es la que
Hoy viernes,
Mi querido Rubén.
Te ruego que me contestes enseguida, para que yo formalice o deje de
hacerlo, un contrato que tengo pendiente y que me obligará
temporalmente a fijar mi domicilio fuera de Madrid.
Yo no tengo inconveniente en escribir, con regularidad matemática,
cuatro correspondencias mensuales para América, bien nutridas y de
estilo, como es consiguiente a un escritor condiciones que se consagra
a ello, siempre que regularicemos nuestras sendas posiciones y que yo
no sea a tú respecto “el señor que pide dinero” y que tú no me inflijas
la humillación de entregarme lo que a bien tienes, por medio de
Francisca. Son estas cosas, rigurosamente bi-laterales y la intervención
en ellas de una tercera persona, quien quiera que sea, puede resultar
inoportuna, cuando no enojosa.
Así pues, yo te ruego que si quieres continuar dispensándome el honor
de que te ayude, me señales una asignación fija que me permita
consagrar dos o tres días de la semana a esos menesteres; que yo por mi
parte te juro, que no te faltará nunca mi correspondencia el día exacto,
que me prefijes y que trataré siempre en de ascender hasta las alturas de
tu gloria. ¿Quieres?
He comprado un ejemplar de “Los raros” y he tenido -ya lo
comprenderás- una verdadera pena al ver que en esta 2ª edición ha
suprimido mi nombre en la semblanza de Armas. ¿Qué mal viento te
indujo a tomarte esa molestia y a cometer esa injusticia conmigo? No
me lo explico.
Yo sigo como siempre.
Si tú no me respondes enseguida me voy a Cartagena y de allí al
infierno.
Tuyo
155
Alejandro Sawa65
deuda pasa de convertirse en un hecho probado a través del análisis de los artículos a un
hecho demostrado en el que medió una relación contractual. Es cierto que no tenemos la
contestación de Darío a esta carta, pero sí vemos la “C” de contestación apuntada como
en el resto de las epístolas, por lo que podemos asegurar que dio a Sawa una respuesta.
Esa respuesta fue positiva, pues Sawa no se fue a Cartagena y escribió artículos entre abril
y agosto de 1905, los cuales estaban perfectamente tasados a cien pesetas cada uno, según
la carta del 14 de julio de 1908 en la que Sawa reclamaba la deuda. Esto nos lleva a pensar
que en la formalización de dicha relación contractual, Darío estipuló una cantidad por
cada artículo y de ahí que Sawa pudiera reclamar una cantidad concreta.
También descubrimos, gracias a esta epístola que el perjuicio que hizo Darío al
no pagar lo acordado es mayor de lo que se pensaba, dado que, si Sawa hubiera aceptado
el trabajo de Cartagena, es posible que hubiera ganado dinero para publicar Iluminaciones
Otro gran descubrimiento que nos aportan estas palabras es que Sawa ya había
escrito más cosas para Darío y no solo las crónicas que reclama. Esos artículos son los
que cita porque son los acordados bajo ciertas condiciones, pero anteriormente hubo más.
De no ser así, Sawa no diría “si quieres continuar dispensándome el honor de que te
ayude”. De aquí deducimos que ya le había ayudado en otras ocasiones y que por ello
65
Ver Anexo I, imagen 3. Biblioteca Digital de Chile en la colección “Archivo del escritor Rubén Darío”
([Link]
156
recibía una cantidad no estipulada que, cuando la reclamaba, parecía que solo quería
dinero, de ahí que le diga a Darío que le deje de llamar “el señor que pide dinero”.
interponer a terceras personas. Se desprende de las palabras de Sawa que algún pago
la mujer con la que tuvo un largo romance el poeta nicaragüense. Para Alejandro Sawa,
cobrar dinero por persona interpuesta era una humillación, más aún cuando,
posiblemente, solo Darío y él conocían la autoría de los escritos, de tal modo que, el pago,
En cuanto a las fechas, más arriba decíamos que la carta data de 1905 y no de
1900, pero también podemos concretar que es anterior a abril de 1905 porque en ese mes
se publica la primera crónica fruto de este pacto. Además, podemos afirmar que el lunes
era uno de los días acordados para la entrega. Ahora no hay ninguna duda de que los
trabajos que Sawa tenía que entregar a Darío y no pudo por encontrarse enfermo en la
carta de junio de 1905 son unos artículos para Buenos Aires, pero, además, podemos
establecer que, si el domingo estaba malo y Sawa retrasó la entrega al martes, era el lunes
el día acordado para que Sawa diese a Darío uno o varios artículos que aparecerían con
La última aportación de esta carta es el disgusto que le causó a Sawa que Rubén
la primera edición de 1896 con la segunda, de 1905, vemos que Darío suprimió un párrafo
Por lo que toca a su hora última, estoy seguro de que no habrán faltado
a estrechar su mano honrada y débil los que fueron sus amigos en vida
157
y hermanos de armas en la brega parisiense. Alejandro Sawa, el
brillante Enrique Gómez Carrillo, Tible, Ferrer, su editor, y quizás la
alta figura de Charles Morice o el caballeroso y querido maestro Jean
Moréas (Darío, 1896: 144)66.
Al final, podemos afirmar que Alejandro Sawa está disgustado con Darío desde el
hora de cobrar, Darío interponía a terceras personas, por lo que parecía un pedigüeño;
Armas (1869-1893), poeta cubano afincado en París, donde trabajó como periodista y
amigo de Sawa cuando este estaba en la capital francesa. Sin embargo, el sevillano
Respecto a la posible simbología que hay detrás de las cartas, es sumamente difícil
expresiones adrede, mientras que para Darío no tiene ninguna importancia el doble
significado, pues mientras para este, como vimos, la masonería era parte de su vida por
entre Sawa y Darío son de amigo a amigo y de acreedor a deudor, no de masón a masón.
Sin embargo, se emplean algunos términos y expresiones que ambos parecen conocer.
66
Ver anexo IV, imagen 4.
158
A pesar de que Darío tuvo contacto con la masonería desde su adolescencia, según
ingreso es en enero de 1908. De ese mismo año es la carta en la que admitía su falta de
interés por el mandil y la casulla y donde emplea la palabra “fraternal” y dice que ha de
llamar a su amigo “hermano”. Esto es así porque los masones entre ellos, como ya hemos
en 1908, es lógico que Alejandro se despida de Rubén en 1905 con “un gran abrazo de
amistad” y en 1908 lo haga con “un fraternal abrazo” o “fraternalmente tuyo”, además de
dirigirse a él como “mi fraternal Rubén” o decirle que sus manos le son “siempre
Otro término para tener en cuenta es el de la sangre, pues recordemos que Sawa
le dice a Darío “hubiera dado una pinta de sangre porque vinieras”. Puede que se trate de
una simple coincidencia, pero lo cierto es que la sangre juega un papel fundamental en la
Algo similar ocurre con los deseos que Sawa le manifiesta a Darío sobre volver al
“ancho mar sin límites ni horizontes”. Puede tratarse de un simple modo de hablar o puede
67
Ver Anexo III, imagen 2.
68
En la prueba inicial se pregunta al candidato “¿Te hallas dispuesto a sacrificar hasta tu vida en aras del
progreso humano?” (Menué, 2007: 35). Se denomina sangría a la “prueba que enseña al recipiendario que
debe unirse a sus hermanos y verter su sangre por ellos” (Pérez y Delgado, 1899: 80).
159
referirse a la masonería, que apuesta por la humanidad sin fronteras y sin límites. El mar,
además, es azul, el color masón por excelencia y representa la inmensidad, al igual que el
cielo. Significa igualmente la sabiduría. Además, Sawa quiere volver a ese mar, por lo
que nos da que pensar que había abandonado algo, cosa que encajaría con nuestra
pensamiento y de sus contemporáneos. Sin olvidarnos de que el dinero que pide a Darío
es para publicar Iluminaciones en la sombra que, como veremos, es su obra más personal,
la masonería. De ahí que su publicación podría servirle para volver a esos círculos que
había abandonado.
podemos demostrar que todo lo citado vaya con segundas intenciones, con simbología y
que signifique exactamente lo que nosotros pensamos. Por ello, dejaremos esto como una
mera suposición con altas probabilidades de ser cierta, dado el contexto en el que se
inserta y el resto de elementos por los que está rodeada. De lo que no existen dudas es de
que el prólogo a dicha obra sí es toda una declaración de intenciones y una confesión.
160
[Link]. Prudencio Iglesias Hermida: evidencias inéditas en la
masonería
Para analizar lo que pudo ocurrir durante esas dos semanas, nos hemos de remitir
datos susceptibles de ser cotejados con los dados por Sawa en la epístola. Prudencio
durante su enfermedad. Les unía una gran amistad (que a veces va a jugar en su contra,
sobre la etapa final del bohemio. Sin embargo, esta historia que sigue decide sacarla a la
luz tres años después del fallecimiento de Alejandro, a sabiendas de que Darío es ya lo
repercutirá, a la vez que se hace algo de justicia con Sawa. La Palabra Libre publicaba el
10 de marzo de 1912 un largo artículo69 en portada firmado por Prudencio Iglesias, que
69
Tan solo hemos visto este artículo citado una vez en Phillips, 1976: 107, pero jamás ha sido analizado.
161
imbécil, que lo servía de secretario. La esposa del gran artista asistía a
la “rociada” sonriendo con su rostro bello de Santa Genoveva.
—¡Hombre Iglesias!; me alego que llegue usted, Juana, verás cómo
Iglesias lo encuentra.
—Sí señor; yo encontraré lo que usted mande. ¿De qué se tata, D.
Alejandro?
—De saber dónde veranea Rubén Darío. Este hombre tartamudo no es
capaz de averiguarlo.
Calle Serrano, en el número 47, me parece, estaba la Embajada de
Guatemala. Rubén era ministro de esa República en Madrid.
—Portero, ¿dónde veranea el Sr. Rubén Darío?
—En Asturias. San Esteban de Arenas— esto o cosa muy parecida
contestó el portero. Y lo contestó con rapidez; lo cual demuestra que el
“secretario-tartaja” era un estúpido.
Volví a la casa de Sawa. Aquel hombre, ciego y terrible, estaba
acabando de dictar a su mujer una carta tremenda contra el gran poeta
americano.
—Mándame cincuenta duros. Estoy hambriento—terminaba la carta—
. Las numerosas correspondencias que yo escribí y tú firmaste para “La
Nación”, de Buenos Aires, te valieron a ti más de cinco mil pesetas. Y
todavía no he recibido de ti, por aquel trabajo, más que cinco duros.
Eres un miserable.
Aquel párrafo me dejó espantado. Sawa comprendiéndolo así, me dijo:
—No le asombre a usted. Ese hombre admirable, que es autor de “La
marcha triunfal”, le ha robado a Mallarmé su célebre poesía “La
princesa está triste”. La mitad de su libro “Los raros” es de Bloy y de
Le Cardonel, actual obispo de Auctum. Las correspondencias que
mandaba como corresponsal a “La Nación”, de Buenos Aires, son mías,
como se puede ver. Juana, dáselas a Iglesias que las lea.
Juana no me las dio y yo no las leí.
Pero, ¡en fin! No me negarán ustedes que la anécdota tiene mucha
gracia… para Rubén (Iglesias Hermida, 1912: 1-2).
de ellos hacen referencia a cantidades de las que no hay constancia en la carta del 14 de
162
julio. Como ya vimos, de dicha carta existían dos ejemplares con idéntico texto (una en
recuerda a Darío lo que había cobrado por esos artículos. Iglesias especifica que cinco
mil pesetas: una importante suma de dinero en aquella época. Es más, apunta que Sawa
pide al hispanoamericano cincuenta duros porque está hambriento, siendo que en la otra
carta le pide lo que le corresponde por cada uno de los artículos que le escribió: un total
apunta que Sawa dijo “Y todavía no he recibido de ti, por aquel trabajo, más que cinco
duros”. Eso hacen veinticinco pesetas. En la carta del 14 de julio está escrito “No me has
pagado por esos trabajos, como recordarás, sino setenta y cinco pesetas en dos veces”.
Parece que primero le había pedido cincuenta duros y se había limitado a llamarle
intimidad. Si hasta el momento Darío solo le había pagado veinticinco pesetas y después
se confirma un pago de setenta y cinco en dos veces, es evidente que Darío le mandó
cincuenta pesetas al recibir esa supuesta carta en la que le decía Sawa el dinero que había
duros) y cincuenta hay una diferencia enorme; no es de extrañar que Sawa enfureciese
aún más, pensando que se estaba burlando de él. Y teniendo en cuenta que habían pactado
un precio. Es entonces cuando detalla artículo por artículo con sus fechas de publicación,
cuando entra a valorar el pago que merece por cada uno y cuando descuenta esas “setenta
y cinco pesetas en dos veces” (las veinticinco que había cobrado más las cincuenta que le
mandó Darío tras el posible reclamo). Tras sentirse burlado, llega la amenaza de llevar el
asunto ante los tribunales y es cuando le dice que será como si no hubiese existido para
él y cosas semejantes. Es mucho más lógico ahora porque, en primer lugar, los datos
163
encajan en cuanto a cantidades; y, por otro lado, es más comprensible la actitud de Sawa,
momento, como una mera suposición, bastante lógica, pero de tintes difusos que debemos
De igual modo, a pesar de ser la anterior la principal deducción que podemos hacer
acerca del testimonio de Prudencio Iglesias, hay muchos otros datos y acontecimientos
que analizar para engranar bien la historia. El hecho de que Iglesias haga referencia a un
dibujante tartamudo, nos lleva a identificarlo con José María Gascón, quien ya vimos que
le hacía a Sawa las veces de secretario, y podría ser que fuese la persona de confianza que
lleva las misivas de un domicilio a otro, a quien tiene que dar respuestas verbales Darío
cuando Sawa le dice que le haga llegar la repuesta a través de la persona de confianza que
envía, y el responsable de que no medie el correo ordinario y, a veces, tan solo pasen
Por otro lado, no se pueden obviar un par de errores que Iglesias comete en su
“cuento”. El primero de ellos es que Rubén era ministro de la embajada de Nicaragua (de
donde era originario), no de la de Guatemala, a pesar de que residió en dicho país por un
nombre exacto. Ahora bien, a sabiendas de que no estaba seguro apunta: “esto o cosa muy
parecida contestó el portero”. El nombre real del pueblo es San Esteban de Pravia y,
concretamente, se alojaba en una zona conocida como La Arena. Se trata de una localidad
asturiana donde el nicaragüense pasaba largas temporadas. Julián Herrojo dio una
conferencia sobre los veraneos de Rubén Darío entre 1905 y 1909 en Asturias. El que
164
Durante este período de embajador en España, entre 1907 y 1909,
tuvieron lugar precisamente sus otros veraneos en Asturias. El de 1908
dividió la estancia entre Gijón y La Arena […] Por una carta sabemos
que estaba aún en Madrid el 20 de junio, dudando entre Asturias o
Galicia para su veraneo, pero el 18 de julio está ya en Gijón, donde pasó
tal vez una semana, y desde aquí escribe al ministro de Estado Manuel
Allende Salazar el día 21. […] El 25 de julio está en La Arena, donde
permaneció hasta el 4 o 5 de agosto, pues el 6 escribe desde Riberas de
Pravia. […] Una “hipótesis razonable” es que “estuvo en Gijón del 18
al 24 de julio de 1908” (Herrojo, 2012).
iba a pasar el verano Darío. A sabiendas, y por la lógica precedente, de que se ausentaba
Iluminaciones en la sombra antes del verano, y no después como sugirió Darío cuando le
dijo: “Como supongo que tu libro se publicará en el otoño, cuando yo vuelva a Madrid
entonces, tendré mucho gusto en contribuir […]” La carta en la que le reclama la deuda,
se pudo dar al secretario de Sawa. Ahora bien, estas hipótesis sobre las fechas entre las
que Darío estuvo de veraneo admiten crítica, y no solo por lo que a la labor del
misivas de ese período. Si consultamos otras cartas enviadas por Darío, que no son las
mismas que ha consultado Julián Herrojo pero sí de los mismos días, se observa que hay
varias que datan de días de julio posteriores al 18: en unas pone “Madrid, Serrano 27” y
en otras “San Esteban de Pravia, La Arena”. El ejemplo más claro es el 21 de julio, pues
en ese día hay cartas desde Madrid y Gijón70. Cabe pensar que el papel ya lo tenía
70
Ver Anexo I, imagen 4.
165
preparado y en él siempre tenía puesto de antemano su domicilio madrileño (de hecho, en
una de las misivas lo tacha para escribir la localidad asturiana a mano). Otra hipótesis se
de confianza (a quien suele tratar de amigo), el escritor no oculta que está de veraneo; por
el contrario, cuando debe escribir a alguien en tono más distante, serio o por motivos
laborales y/o políticos, mantiene la dirección madrileña. Esto lleva a pensar que no quería
allá de la anécdota, para nosotros son de suma valía porque nos vienen a confirmar la
actitud interesada de Rubén Darío, quien hace las cosas en su propio beneficio. Mentir
sobre su real ubicación no es más que una fachada para que algunos no se enterasen de
que estaba de veraneo y así poder mantener una reputación de diplomático trabajador. La
actitud es la misma que tiene hacia “el mandil y la casulla”. Le interesa la apariencia y no
año, y que la carta de Sawa llegó en mano porque el 14 de julio sí estaba Darío en Madrid.
tomar dándole un valor de absoluta verdad, y no solo por los errores que ya se han
hacerse una idea de los últimos días del bohemio, no es objetivo. Siempre inclina la
balanza a favor de Alejandro Sawa, debido a la amistad que le unía a él. Tan impregnados
están sus textos de admiración hacia el sevillano, que exagera (y a veces distorsiona)
166
El ejemplo más próximo a ese artículo de La Palabra Libre del 10 de marzo de
artículo en el que ataca a Rubén Darío y repite, a grandes rasgos, el asunto de los artículos
escritos por Sawa y publicados en La Nación, o que le había robado a Mallarmé “La
Rubén Darío.
Rubén es un genio, no cabe duda. El hombre que ha cincelado “La marcha
triunfal”, los “Cisnes”, “Sonatina”... es un poeta inmortal y no es menester
insistir en ello. Rubén quedará para siempre como Homero y el Dante.
Pero esto tampoco tiene importancia. Lo pintoresco do este hombre es la poca
aprensión que tiene para robarle a Jesús la túnica, por ejemplo.
Lleva a la cintura ciento sesenta y dos ganzúas, y, según a hora del día en que
se halla, tira del lado izquierdo donde se hallan las ganzúas para la prosa, o
echa mano del lado derecho de donde cuelgan las llaves para forzar el verso
ajeno.
Usa también unos abre-latas especiales, que le sirven para hacer una razzia de
ideas por terrenos que no son suyos.
Coge a Mallarmé por el pescuezo y lo hace arena: le quita “Sonatina”; es un
ejemplo. Se ciega un día y empieza a dar tajos a diestro y siniestro, y produce
ese libro extraordinario y casi único que se llama “Los raros”.
Cuando Rubén tuvo la corresponsalía de La Nación, de Buenos Aires,
Alejandro Sawa le escribía todas las crónicas. Por todo ello, Rubén le
dio un día a Alejandro cinco duros de un golpe.
Los hay que se ciegan repartiendo dinero (Iglesias Hermida, 1913).
crónicas”. No se puede anular con tan sentenciosa frase el gran compendio de crónicas
que Darío escribió para dicho diario entre 1889 y 1913. Si la misma tarea que encomendó
mismo. Pero, después del rescate de la primera epístola por la que Sawa le pide que
167
formalicen el contrato, es evidente que ya hacía tiempo que Sawa escribía para Darío, por
lo que hay más escritos atribuidos al nicaragüense que son de autoría sawiana y que no se
han descubierto.
Ahora bien, Iglesias repite con exactitud la cifra de “cinco duros” en ambos
sabría de la carta del 14 de julio, ni Sawa le habría contado que, al final, fueron setenta y
Darío coincide casi en su totalidad con el retrato que le hace en su obra De mi museo.
Iglesias da a todos los hombres ilustres tratados en dicha obra una de cal y otra de arena:
tan pronto alaba su ingenio, como predica de ellos defectos (físicos o psíquicos). Es más,
a veces ni si quiera deja lugar para el halago, llegando a ser insultante. Aquí se expone
qué opinión le merecen tres de los autores principales de este estudio, con el fin de
168
Lo cierto es que esta reflexión sobre Darío no es de buen gusto y puede
considerarse hasta xenófoba. Sin embargo, consultando otras semblanzas, nos damos
cuenta de que otros españoles salen igual de perjudicados. Sobre Ramón del Valle-
Inclán71 decía:
Hay cosas que no se explican, ¿verdad? Ahí tienen ustedes a Ramón del
Valle Inclán, un espíritu de mosquetero, complicado y grande, con una
grandeza semejante a la de Benvenuto, y, sin embargo, ese espíritu se
halla encerrado en un cuerpo débil y enfermizo hasta la miseria […]
Valle Inclán es uno de los hombres más feos de Europa. Su cuerpo es
de tan miserable delgadez, que casi no es humano. En su rostro no hay
un solo rasgo noble. Valle Inclán tiene cara de pobre, pero no de esos
pobres que inspiran una conmiseración trágica. […] La cara de Valle
Inclán a mí me produce un dolor cómico: me hace reír y llorar al mismo,
tiempo, como los golpes en el codo. […] Leí una de sus obras,
Epitalamio, y no me gustó […] Mi admiración por él no es absoluta;
eso nunca. En algunas de sus obras yo aspiro un perfume de grandeza;
pero un perfume poco concentrado. […] Esta falta de cerebralidad de
Valle Inclán resta poderío a su obra. […] La obra de Valle Inclán es
enfermiza. Y esta debilidad morbosa no procede en Valle Inclán de
exceso de genio, sino de desequilibrio métrico de las facultades. Valle
Inclán es un artista exquisito que no tiene cerebro (Iglesias Hermida,
1909: 75 y ss).
71
Hemos cogido el ejemplo de Valle-Inclán por ser el más próximo a Sawa y Darío y por ser otro autor
importante para esta tesis.
169
Y como Alejandro Sawa, ciego, no inspira temor como antes, los que
eran sus amigos le olvidan, y sus enemigos, ya que no pueden negarle,
pretenden cobardemente borrar su nombre de la historia de la literatura
española contemporánea.
Alejandro Sawa, acosado por la vida, halla fuerza en el odio de sus
enemigos para resistir. Es fuerte y orgulloso como un rey; Alejandro
Sawa, no solamente es capaz de soportar su orgullo, frente a frente, aun
ahora, en las más tremendas circunstancias de su lucha con la
enfermedad y con la vida, sino que es también capaz de ser modesto.
Y aprended aquí vosotros, los que por mandato de vuestra religión
debierais ser humildes habitualmente: Alejandro Sawa, que no es santo
ni cristiano, sabe ser modesto cuando habla con cualquier pobre vencido
de la suerte, y sabe ser soberbio, más soberbio que un rey bárbaro,
cuando ve alzada ante sí la figura de cualquier poderoso de la tierra.
Yo quisiera que este deleznable libro mío no muriese nunca, para dejar
grabada en él la cifra de mi admiración y mi cariño hacia Alejandro
Sawa.
Yo no olvidaré nunca, por muchos que sean los años de mi vida, las
escenas de dolor que presencié en esta tragedia de la vida actual de
Alejandro Sawa.
Alejandro Sawa era un genio truncado, un genio al que le faltaba algo.
Este algo era indudablemente, equilibrio. En el cerebro de Sawa riñeron
hasta última hora batallas sin cuartel el Entendimiento y la Imaginación.
¿Y quién venció de las dos? Ninguna. En los campos de batalla, sobre
los cadáveres de los hombres revolotean los cuervos. Así hoy en el
cerebro de Sawa reina la Locura.
Para esto riñeron en aquel cerebro tan terribles batallas aquellos
poderosos enemigos, para que se alzase con el botín esa maldita madre
de los desgraciados (Iglesias Hermida, 1909: 87 y ss).
Algo positivo dice siempre de todos, pese a que en Valle-Inclán o en Rubén Darío
los defectos ganan. Con Alejandro Sawa ocurre al revés, tan solo le critica su forma de
ser: era muy exaltado y le faltaba equilibrio. Sin embargo, todo lo demás son halagos, y
no oculta que le une el cariño y la admiración. Con tan solo leer los fragmentos
170
precedentes, ya se hace evidente la falta de objetividad. Es más, en tal libro, De mi museo,
Joaquín Costa, ni Guillermo II, ni ninguno de los demás ilustres hombres que componen
la obra goza de tal privilegio. Sin embargo, a pesar de sus exageraciones, no miente: la
tragedia se había instalado en casa de los Sawa, no era proporcionado en sus ademanes,
otro texto sobre Alejando, que engorda la balanza de los defectos de este bohemio. Es
decir, aunque los halagos sean los predominantes, es consciente de sus sombras. En 1913,
ya muerto Sawa, publica La España Trágica. Desde Pedro Romero hasta Belmonte. Es
un libro taurino, poco tendría que ver con la temática que tratamos de no ser porque se lo
páginas, en las que, como apuntábamos, se entremezclan las luces y sombras del escritor:
72
Ver Anexo II, imagen 6.
171
El genio era aquello – un genio del mal a ratos– un genio roto por los
riñones, sin guía, sin voluntad, sin método. Un genio loco que al
comprenderse incapaz de disciplinarse, se desesperaba y mordía, como
un lobo rabioso, todo lo existente. Grande como Hugo. Contradictorio,
deslumbrante y peligroso como su hermano gemelo Benvenutto.
¡Aquel sí era Alejandro el Grande, tan grande, por lo menos, como el
macedonio!
Bien. ¿Y qué hizo?
Nada. Leed el epitafio formidable de Manuel Machado (Iglesias
Hermida, 1913).
Parece que, según este testimonio, Prudencio Iglesias fue a visitar muy a menudo
a Sawa durante sus dos últimos años, a diferencia de Darío, a quien suplicó tantas veces
compañía que no llegó. Por otro lado, el hecho de que reconozca que sentía veneración
por Sawa, parece sostener lo que comentaba anteriormente sobre su falta de objetividad
nos ha servido para la reconstrucción, pero nos acercamos a él con cautela a sabiendas de
su afán por predicar los defectos que, a su entender, tenían sus contemporáneos.
Reconocemos que ha sido fundamental para reconstruir el episodio de Sawa con Darío,
contra Darío. Sin embargo, el hecho de criticar también a Sawa en ciertas ocasiones le
Hasta aquí llegan los hechos que hemos conseguido reconstruir del modo más
los pocos años del fallecimiento de Sawa, concretamente en 1912, y antes de publicar dos
de los textos que hemos citado de 1913, Prudencio Iglesias Hermida se inició en la
172
masonería. El Boletín del Grande Oriente Español, anunciaba el 29 de marzo a los nuevos
profanos que habían solicitado iniciación en esta sociedad. Prudencio Iglesias Hermida
No nos cabe ninguna duda de que se trata del cronista, pues no solo coincide el
nombre y los dos apellidos, sino que, además, tenía la edad que figura en ese año. Este es
un hallazgo de suma importancia, pues otro amigo íntimo de Alejandro Sawa vuelve a
tener contacto con la masonería. Nos hubiese gustado encontrar un apunte de este tipo
criterios para estudiarla ni archivos ordenados donde aparezca su ideología o listas de sus
integrantes. Prueba de ello es que en este apartado hemos analizado las figuras de dos
personas cercanas a Sawa, ambos masones y ambos relacionados con la deuda. Sin
embargo, las vías por las que hemos podido estudiar la pertenencia de ambos a la
masonería han sido bien distintas y, si bien Darío es inmensamente más conocido que
Prudencio Iglesias, el nombre del nicaragüense no aparece en los diarios masones, por
eso tampoco nos debe extrañar no encontrar el nombre de Alejandro Sawa, ni su omisión
73
Ver Anexo III, imagen 3.
173
debe llevarnos a rechazar su pertenencia o vinculación con la masonería. Además, el
diario masónico que citamos, que es el que más nombres suele incluir, se fundó en julio
de 1889, que aparece su primer ejemplar, y se editó hasta 1922. Nosotros tenemos la
hipótesis de que Sawa entró en contacto directo con la masonería en el invierno de 1888,
En este apartado, para terminar, debemos señalar que Prudencio Iglesias Hermida,
cuando habla del genio de Sawa, menciona a otras mentes ilustres que también las
considera como tal: Costa, Cajal y Pi. Se trata de Joaquín Costa, Santiago Ramón y Cajal
y Francisco Pi y Margall. Los dos últimos ya han sido mencionados y sabemos que fueron
174
2.3.3. Prólogo de Rubén Darío a Iluminaciones en la sombra de
Alejandro Sawa
Sawa en su domicilio de la calle Conde Duque, número 3, a punto de cumplir los cuarenta
y siete años. El motivo fue, según le habían diagnosticado, una encefalitis que la había
hecho perder la cabeza el 18 de febrero de ese mismo año (Iglesias Hermida, 1909: 91).
de apurar el cáliz de la amargura hasta su último aliento” (Correa Ramón, 2008: 257). Sus
Manuel Machado, quien había nacido en la misma calle sevillana que Alejandro
Sawa, San Pedro Mártir, le dedicó unos versos a modo de epitafio. Versos muy emotivos
175
por la falta de querer
y sobra de regalar,
fue perdida.
Es el morir y olvidar
mejor que amar y vivir.
Y más mérito el dejar
que el conseguir
(Machado, 1909: 113-114)
Pocos fueron los amigos que lo velaron y asistieron a su entierro. Fue al día siguiente, el
4 de marzo, y a él acudieron:
que Darío vivía en Madrid por aquel entonces. Valle-Inclán, sabiendo de ello y
74
Esta lista la consigue reconstruir Amelina Correa. Aunque González Martel da algunos nombres (2006:
80), Amelina Correa remite a El País, 5 de marzo de 1909, donde se recogían más nombres.
176
comprobando su ausencia, le escribe a su casa, calle Claudio Coello número 6075, después
de haberse personado en ella para anunciarle la muerte de Sawa, sin obtener respuesta:
Querido Darío:
Vengo a verle después de haber estado en casa de nuestro pobre
Alejandro Sawa. He llorado delante del muerto, por él, por mí y por
todos los pobres poetas. Yo no puedo hacer nada; usted tampoco, pero
si nos juntamos unos cuantos algo podríamos hacer. Alejandro deja un
libro inédito. Lo mejor que ha escrito. Un diario de esperanzas y
tribulaciones.
El fracaso de todos sus intentos para publicarlo y una carta donde le
retiraban una colaboración de sesenta pesetas que tenía en El Liberal,
le volvieron loco en los últimos días. Una locura desesperada. Quería
matarse. Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso76.
La doctora Amelina Correa cuenta que Rubén Darío “sentía hacia la muerte un
terror casi patológico” (Correa Ramón, 2008: 232), de ahí que, llegado el momento, tras
la muerte: “No voy a su casa, porque no quiero ir donde está Ella” (Correa Ramón, 2008:
259).
No se vuelve a saber nada de Rubén Darío hasta que escribe el famoso prólogo de
que no solo es emotivo, como se ha reiterado, sino que tiene mucho trasfondo, creemos
Alejandro Sawa; por otro lado, hace referencia a Iluminaciones en la sombra, el libro que
75
Recuérdese que Darío se había mudado de domicilio, de Serrano 27 a Claudio Coello 60 por impago del
alquiler.
76
Ver Anexo I, imagen 5. Doc. 2036. Archivo Rubén Darío.
77
La obra lleva como reclamo el prólogo de Rubén Darío. Ver Anexo II, imagen 7.
177
Sawa tenía listo para llevar a la imprenta, pero no contaba con el dinero suficiente y por
eso acabó reclamando la deuda a Darío. Obviamente, Valle-Inclán no debía saber nada
del asunto, pues entonces no le explicaría a Darío en qué consiste el libro y, posiblemente,
tampoco le pediría que colaborasen para publicarlo. Por último, dice que Sawa, a causa
pero en su momento oportuno las pondremos en conexión con otras de Ernesto Bark.
Parece que Sawa, ante el sufrimiento que le causaban sus dolencias, contempló la
No está de más que añadamos los datos que tenemos de Valle-Inclán en relación
con la masonería. Es cierto que no hay pruebas y que su nombre está más ligado a la
teosofía78, pues le atraían las ciencias ocultas y era un asiduo a las sesiones de espiritismo.
expediente que hemos consultado79 (legajo 1073, expediente 93). Data del año 1944, por
lo que Valle-Inclán llevaba ocho años fallecido. Aun así, dada la prohibición franquista,
el informe, es decir, se da por hecho que no era masón porque no encontraron pruebas.
Como ya hemos dicho, no aparecer en una lista no implica el descarte automático, pues
mucha documentación se destruyó y las listas que se han elaborado no están completas,
además de que el Archivo de Salamanca tiene una validez relativa. Sin embargo, esto nos
demuestra lo presente que estaba la masonería en los círculos de Alejandro Sawa y que
los datos conservados empiezan a ser numerosos a partir de los años treinta.
78
“Mucho se ha escrito sobre el interés de Valle-Inclán por el ocultismo y la magia” (Villanueva, 1994:
69). Ligado a la teosofía también estaba Humberto Bark, hijo de Ernesto Bark. En el Archivo de la
Masonería de Salamanca aparece en el legajo 30, expediente 2313.
79
En dicho expediente se dice que “se remitan […] cuantos antecedentes masónicos puedan obrar en estos
archivos y hagan referencia a RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN”.
178
Iluminaciones en la sombra se publicó póstumamente, en 1910, con el prólogo
escrito por Rubén Darío. Esto es bastante difícil de entender y dudamos de que Sawa así
lo hubiese querido, pues ya hemos visto que el principal motivo del reclamo del dinero
era para hacer efectiva la publicación de la obra. La deuda nunca se saldó, por lo que
Sawa no vio su obra publicada. A pesar de que la viuda de Sawa y la crítica hayan
señalado la emotividad del escrito, consideramos que queda en duda la naturaleza de esas
palabras elegíacas, que comienzan diciendo que fue la mujer de Alejandro Sawa quien le
Hoy 31 de Diciembre
Señor Don Rubén Darío
Mi buen amigo: Feliz año nuevo para V. y los suyos. ¡quién pudiera
decir otro tanto para mi!
He leído y releído el prólogo, admirable como todo lo suyo; no ya para
mi que, en Literatura, mi mentalidad podría ofuscarse sino para
multitud de amigos literatos que aun me visitan, y que coroboran (sic.)
lo dicho por mi.
Gracias, muchas gracias por ello. No podía ser menos del que fue tan
buen amigo de mi pobre muerto.
Su admiradora y amiga,
Juana Sawa
S/c Conde Duque 4 (Álvarez, 1963: 72).
179
Aparentemente, nada tendría de especial una carta de la viuda para agradecer el
trabajo. Ahora bien, si se tienen en cuenta tres aspectos, esta carta resulta de lo más
Alejandro Sawa y Rubén Darío fue de lo más violenta, perdiéndose el tono cordial, las
de la buena amistad que unió a ambos escritores. Por otro lado, en vez de “corroboran”,
como se puede apreciar en el original, pone “coroboran”. Recordemos que era francesa
y que tenía mala ortografía. La última apreciación es, si cabe, la más importante, y está
en relación con el domicilio: en vez de Calle Conde Duque, número 3, aparece número 4.
Esto se ha pasado por alto sin darle ninguna importancia, pero es difícil que alguien yerre
al escribir su domicilio, y más en dos ocasiones, ya que hay otra carta, en la que informa
180
S/c, Conde Duque, 4 (Álvarez, 1963: 72).
el escritor hoy se corresponde con el número 7. Sin embargo, esto nos aventura a
trasladasen a un lugar más modesto, en la misma calle, al no poder hacer frente al pago
a Rubén Darío se extrae que no fue fácil para la viuda la espera puesto que la publicación
pedirle algo de dinero como ayuda, hasta que comience a ver los beneficios de la venta
del ansiado libro. Teniendo en cuenta lo que la experiencia precedente, cuando Sawa
tantas veces rogó a Darío que le mandase dinero sin obtener respuesta o, en todo caso,
esta fue dilatoria, es de extrañar que Juana vuelva a probar suerte llamando a la misma
puerta y sabiendo del desenlace, pues como vimos, Prudencio Iglesias Hermida, en su
testimonio cuenta que Juana estaba presente cuando Sawa le manda a buscar a Darío.
Quizás, el prólogo es uno de los testimonios más completos que existen, pues nos
revela datos sobre la personalidad de Sawa y sobre su notoriedad en los círculos parisinos,
a la vez que le reprocha que su idealismo le llevó a no ser práctico a la hora de ganar
Darío.
Lo primero que llama la atención es que Darío habla del reconocimiento que ya
tenía Sawa en París cuando él llegó, que se codeaba con importantes figuras y que su
181
apartado. Pero, quizás lo más reseñable es que Sawa ya estaba reconocido como escritor
por los vinagres emponzoñados de la pobreza, (que) se complacía en vengar con los
alfileres de su ingenio las injusticias de los malos dirigentes” (Darío, 1977: 71-72).
182
Sin embargo, si bien todo lo anterior denota la autoridad y el reconocimiento
literario del que gozaba Sawa, existen dos aportaciones de este testimonio que me parecen
de suma importancia. La primera de ellas tiene que ver con la necesidad económica, que
Darío menciona tantas veces en un prólogo de poco más de tres páginas. Dice que Sawa
No vamos a negar las apreciaciones del nicaragüense, pero también es cierto que,
pidió dinero y le suplicó que le visitase. ¿Está Darío incluyéndose a sí mismo en ese
“abandonado de todos”? Recordemos que Darío cobró cinco mil pesetas por los artículos
que Sawa escribió para él y este tan solo le reclamaba seiscientas, cien por cada artículo.
Esto no solo lleva a cuestionar las palabras de Darío reprochando que Sawa no se
preocupó de hacer dinero, cuando él es uno de sus deudores, sino también a enlazarlo
directamente con otra aportación que hace este prólogo. Darío, en relación con los
183
periódicos madrileños que dieron la espalda a Sawa, dice que escribió artículos para un
país de América. Esta afirmación tiene una naturaleza bastante dudosa porque se refiere
En el recopilatorio de artículos que hace Amelina Correa aparecen las siguientes crónicas
que podrían encajar en tal afirmación: en 1903 Sawa publicó dos artículos en El Cojo
Ilustrado de Caracas, en 1904 escribió un artículo para El Heraldo del Istmo de Panamá
y en 1908 otro para la Revista Moderna de México (Correa Ramón, 2008: 81 y ss). Como
se puede apreciar, el repertorio es escaso en lo que a los países americanos se refiere. Eso,
sin tener en cuenta los ocho artículos de la famosa deuda dariana que Sawa le reclamó
por ser él mismo el autor. Esas ocho crónicas son del mismo año (1905) y todas para La
Nación de Buenos Aires. ¿Se estará refiriendo Darío a Argentina al hablar de ese “lejano
país de América”? Podría tratarse de una confesión enmascarada, de la que Chavarría dice
Por otro lado, Darío destaca una faceta de Sawa: “Ceremonioso y escénico, al
punto de que su simple entrada en un café era un espectáculo. Amigo de hacer visible y
retórica su superioridad mental, con actitudes y con tropos” (Darío, 1977: 71). Esto no
solo reitera la intelectualidad de Sawa, sino que le gustaba bastante hacer de su vida social
y los ritos masones. Ya vimos que no hay diferencias sustanciales entre la ideología
tertulias un espectáculo, hace que nos encaje perfectamente su posible iniciación. Sobre
este asunto volveremos más adelante. Ahora, seguiremos analizando las palabras de
184
Darío, quien además de decir, relacionado con la ceremoniosidad, que Sawa era todo un
Darío también habla de La Plume. Dicha aparición en las revistas se refiere, sin duda, a
desarrollo de este aspecto lo haremos al tratar de Ernesto Bark en este mismo capítulo,
aquí queremos reseñar que el hecho de que Darío lo cite junto a sonados nombres de
que residió en París. Del mismo modo, la cita anterior también confirma nostalgia que
Por otro lado, sostenemos que la crítica que hace Darío a Sawa sobre su falta del
sentido práctico tiene relación con la faceta dariana de adherirse a diversas ideologías u
mandil ni la casulla. Sin embargo, Sawa sí creía en los ideales: “Amaba el excelente
185
del Arte su religión y su fin” (Darío, 1977: 71). Ese idealismo es el que le llevó, como ya
veíamos, a no adaptarse a las exigencias de periódicos o editoriales, de ahí que Darío crea
que el Arte fue su fin. Respecto a la Nobleza, la Belleza o la Bondad, se nos presenta un
paralelismo con otras cualidades que veneran los masones como la Verdad, la Fortaleza,
la Libertad… Siendo que la Belleza aparece siempre. Es más, a propósito del color azul,
Darío dice: “Intransigente, prefirió muchas veces la miseria a macular su pureza estética.
Su pureza no era blanca, era azul” (1977: 72). Para comprender esto debemos recordar
que el azul no es solo el color del Arte y del modernismo, sino también de la masonería.
destacar: “El color azul alude en los símbolos del Rito de la «Estrella del Oriente» al color
cerúleo de las montañas […] Figura en los trajes y decoraciones de las ceremonias […]
Del Rito Escocés, para representar uno de los elementos de la naturaleza y uno de los
tintes primitivos del Arco Iris. Da nombre al Rito Francés o Azul por ser el que sirve para
En relación con este significado del color azul, Darío vuelve a reprochar a Sawa
que no supo aprovechar las oportunidades: “Él no supo, embriagado de azul, escuchar las
palabras de la Ocasión ni asirla de las crines de oro. La Ocasión tiene una copiosa y
luminosa cabellera, aunque la pintan calva, solo que se presenta raras veces, y hay quienes
cometen el error de decirle que vuelva luego, como Sawa” (Darío, 1977: 71).
Posteriormente, el color azul se utiliza para poner en relación las palabras de Sawa
Para él sí que en todo l'art c'est l'azur. Así expresará también: “...es
sabido que todas las lejanías soberanamente bellas son azules: la
186
montaña, el mar y el cielo... En mis lutos yo me plazco viviendo en lo
azul, y en él me envuelvo, y de él me lleno y me embriago, y no se me
aparece la muerte fea si el sudario que como una atmósfera invisible ha
de cubrir mi cuerpo es azul, azul como la montaña y el mar y el cielo,
azul como todas las lejanías hermosas de la vida” (Darío, 1977: 71).
Como se puede comprobar, Sawa recalca que las bellezas de la naturaleza son
azules y llega a decir que él mismo vive en lo azul y que ve la muerte como una atmósfera
azul que lo envolverá y, de algún modo, lo refundirá con la naturaleza. El azul representa
lo inmenso y por ello también se identifica con la sabiduría, porque es inmensa y eterna,
como el mar, el cielo o las montañas, las cuales si miramos de lejos también se tornan
azules.
Para representar esto, las bóvedas de todas las logias están pintadas de azul,
especial las estrellas. Los signos del Zodiaco siempre se pintan sobre el fondo azul80. A
“Todo el Or.81 debe estar pintado de azul cielo con nubes iluminadas por el sol, que se
las doce constelaciones del Zodiaco” (Rojas Aguilar, 1916: 6). La definición de “bóveda”
también hace referencia al azul: “La que cubre el templo; pintada de azul con estrellas
A pesar de que todos esos símbolos son muy significativos, consideramos que es
pupilas quedaron abrasadas por su afán de mirar fijamente a lo infinito. Por eso se quemó
80
Ver Anexo II, imagen 8.
81
Se refiere al Oriente.
187
las pupilas, y las mismas alas, la pobre águila” (Darío, 1977: 73). Como ya vimos en el
sí mismos como águilas. Si bien más adelante ahondaremos en esta simbología, sí diremos
que ese animal es el único capaz de mirar fijamente y de frente al Sol. El Sol es uno de
los elementos que se asocian con la sabiduría, pues es la luz que ilumina el conocimiento
y la verdad. La metáfora de identificar a los iniciados con el águila es igual a la que hace
Darío para referirse a Sawa y su afición por contemplar ese infinito hace que ambas
Sin embargo, fiel a sus convicciones de obrar por conveniencia, Darío critica el
idealismo de Alejandro Sawa, pues considera que por ser demasiado idealista y creer de
82
También es muy significativa el águila de dos cabezas: “Es el distintivo de los más altos grados de la
Masonería Filosófica y Administrativa, la insignia o escudo del reino de Prusia y emblema del grado 33.°
de los Ritos Escocés y de Memfis” (Diccionario Enciclopédico de la Masonería 1883: 96). Ver Anexo II,
imagen 9.
188
económico, podría haberse dedicado a esa contemplación. Sin duda, este juicio está
relacionado con el sentido de la practicidad que Darío mostró en varias ocasiones. Por el
La última referencia que Darío incluye y que puede estar relacionada con la
masonería hace referencia a la fraternidad: “¡Ah, creo que no le olvidaré nunca! Le oigo
aún en nuestros días y noches fraternales” (Darío, 1977: 73). Si bien los términos
caso las “noches fraternales” se refieran a sus salidas y actividades conjuntas, pero
sustancias nocivas. Si bien es cierto que Sawa se refugiaba en al alcohol y defendía, como
veremos, las drogas, no es cierto que Darío llegó a controlar la bebida, pues es sumamente
189
Quizás, lo más destacable es que Darío crea un juego de palabras denominando
“falso azul nocturno” al mundo de las sustancias nocivas, que suele desarrollarse en la
noche. El azul, ya sea masón o modernista, que irradia luz y representa la sabiduría se
transforma en algo falso, disfrazado por el consumo de alcohol derivado de las desgracias
de la vida.
cuando el libro se publicó. Los periódicos comenzaban diciendo que había sido el
nicaragüense el autor del prólogo. De hecho, la portada del libro también lo especificaba.
Ahora bien, lo más reseñable de la noticia que vamos a reproducir son los elogios hacia
gran éxito a causa de la “autoridad” del literato. Esto es una prueba más de la notoriedad
que Alejandro Sawa tenía en su tiempo, que es uno de los objetivos que persigue esta
investigación:
cabo por parte de sus amigos más íntimos y como iniciativa de Valle-Inclán quien, como
ya vimos, se lo planteó a Rubén Darío en la carta que le envió el mismo día de la muerte
del sevillano. Lo cierto es que se hizo con los escasos recursos que reunieron entre los
190
amigos más allegados, recurriendo pasta blanda y una sencilla encuadernación. Dice la
191
192
2.4. Alejandro Sawa y Ernesto Bark: un nuevo acercamiento a sus
Ernesto Bark de fundar un club literario, con el fin de mostrar la notoriedad de la que
gozaba el escritor. Ahora, creemos que debemos ahondar más en la explicación de esto,
pues no solo se trata de un grupo en el que los literatos y otros artistas debatirían sobre
los temas intelectuales del momento, sino que, además, para pertenecer a dicho grupo y
asistir a sus reuniones había que cumplir con unos requisitos y pasar por un rito iniciático
que consistía en un juramento. Este rito se asemeja mucho a la iniciación en una logia
masónica. Además, Alejandro Sawa también aporta elementos de otras reuniones a las
que asistía durante su estancia en París. Gracias al testimonio de Ernesto Bark podemos
conocer todos esos datos y algunos más, que son de suma importancia para esta
investigación.
“Entre 1897-1898, Ernesto Bark y Alejandro Sawa, emulando las reuniones del Club de
Medán a las que este último había asistido en París, quisieron organizar celebraciones
semejantes en Madrid” (Thion, 1998: 243 y 244). Es cierto que se hicieron muy famosas
las soirées de Èmile Zola en Medán, pero también creemos que las reuniones de La Plume
Respecto a Medán, Zola había comprado una casa en dicha localidad francesa, en
1878, vivienda en la que comenzó a organizar unas reuniones con Léon Hennique, Paul
193
Alexis, Marius Roux, Henry Céard, Joris-Karl Huysmans y Guy de Maupassant.
unos escritos conjuntos, Les soirées de Medán, que se publicaron el 17 de abril de 1880
en París. Se trata de una colección de seis cuentos de los que, a excepción de Roux, cada
uno de los integrantes es autor de uno. Sin embargo, al margen de esta publicación, lo que
queremos destacar son esas reuniones que se siguieron llevando a cabo durante años y se
conocían con el mismo nombre que la publicación. De hecho, el término “soirée”, aceptó
Además, se concibió también como un modo que tenían los escritores de ayudarse entre
1899), que fundó La Plume, una revista literaria, publicada por primera vez el 19 de abril
de 1889, que no solo llevaba aparejada una serie de reuniones semanales que tenían lugar
en el famoso café Le Soleil d´Or de París, de la plaza Saint Michel, sino que se concibió
como una herramienta de difusión al servicio de ayuda entre los artistas en general. La
publicación consiguió mantenerse durante diez años y llegó a ser una sociedad anónima
A estas reuniones asistían regularmente dos escritores idolatrados por Sawa: Zola,
que ya tenía experiencia por su club de Medán, y Verlaine. Ellos, junto a Victor Hugo,
que había fallecido en 1885, formaban una especie de trinidad a la que Sawa rendía culto,
sombra. Es también en esta obra donde Sawa recuerda su asistencia a esas reuniones. Lo
hace al hablar de otra personalidad a la que admiraba, el escritor francés Charles Morice
(1860-1919):
194
Morice se dio a conocer, allá por los años 85 u 86, en los cenáculos
literarios del Barrio Latino. Paul Verlaine, con su diestra mano
creadora, lo consagró poeta y le dedicó un soneto que era como una
credencial de gloria. En aquellos días, el malogrado Léon Deschamps
acababa de fundar el periódico La Plume, y con él unas reuniones
semanales que tenían lugar los sábados en el subsuelo del café Le Soleil
d'or (Sawa, 1977: 170).
donde asegura que no había envidias entre los asistentes y que estos no se emborrachaban,
color azul en “lo azul”, como ese cielo artístico infinito donde se encuentra la verdad y el
ideal, defendiendo que Morice también era parte de ello, y a los “hermosos días” les añade
París, La Plume estaba en boga y Sawa era un miembro habitual en sus eventos:
195
Recién llegado a París por la primera vez, conocí a Sawa. Ya él tenía a
todo París metido en el cerebro y en la sangre. Aún había bohemia a la
antigua. Era en el tiempo del simbolismo activo. Verlaine, claudicante,
imperaba. La Plume era el órgano de los nuevos perseguidores del ideal,
y su director, Léon Deschamps, organizaba ciertas comidas resonantes
que eran uno de los atractivos del Barrio. A esas comidas asistía Sawa,
que era amigo de Verlaine, de Moréas y de otros dioses y subdioses de
la cofradía (Darío, 1977: 69).
Por otro lado, y para conocer del alcance que esta influencia tuvo en Sawa, hemos
especie de reseña o resumen de las reuniones que se habían organizado. Ahí aparecía una
lista de los asistentes entre los que podemos ver en múltiples ocasiones a Verlaine o Zola,
pero existe un problema difícil de solventar: dada la gran afluencia de personal, al final
de todas las listas pone “et., etc.”, por lo que sabemos que había más comensales en las
soiréés, pero no sabemos quiénes eran, por lo que Alejandro Sawa podría estar
nombre aparece dos veces. La primera de ellas es en el número 76, del 15 de junio de
1892, donde aparece la “Liste Alphabétique de personnes qui ont honoré de leur présence
les Soirées de La Plume du 15 Octobre 1889 au 5 Mars 1892” (Anónimo, 1892: 282-285)
y, en la letra S, aparece no solo el apellido de Sawa, sino que también viene su retrato
(Anónimo, 1892: 284). Son pocos los retratos, la mayoría de autores y artistas franceses,
y muchos los nombres que aparecen, de modo que esto nos muestra la notoriedad que
Sawa pudo alcanzar en la capital francesa y nos viene a confirmar que su nombre sí estaba
de Sawa, como asistente a otra soirée, esta vez con cena incluida, en honor de su admirado
196
Victor Hugo: “Le Banquet de la Jeunesse. En l’honneur de Victor Hugo. Chez
Después de esto, y conociendo la obnubilación que Sawa tenía con todo lo vivido
en París, es lógico que quisiese implantar algo parecido en Madrid. Él no dejó ningún
testimonio sobre esto, pero lo sabemos gracias Ernesto Bark, que lo detalla en La Santa
Sin embargo, frente al clasismo sawiano de no admitir a cualquiera, Bark optó por una
197
hispano, digno rival de los bohemios más célebres del mundo? (Bark,
1913: 12 y ss).
A pesar de que Alejandro Sawa muriera prematuramente, no es del todo cierto que
Es cierto que Bark dice: “¡Arte, justicia, acción! Es la sagrada trinidad del
bohemio, y solo aquel que jura por ella es digno de entrar en sus templos” (1913: 2), pero
en otras ocasiones cambia a esa trinidad por otras y se refiere a los bohemios del club
como: “la tribu sagrada de los peregrinos de la Verdad, la Belleza y la Libertad” (1913:
13). Es más, cree en el futuro y defiende el porvenir, en el que, como hermanos, alabarán
el arte, la libertad y la sinceridad, otro conjunto de tres palabras, dos de las cuales se
repiten, y pone con mayúsculas Hermandad, Verdad y Justicia, donde Verdad se repite:
198
rabino en su biblia bohemia, que serán las “Iluminaciones en la
Sombra” (Bark, 1913: 5).
En ese futuro, Bark confía en que se saluden como hermanos, exactamente igual
que como hacen los masones, quienes se consideran una hermandad, como la que Ernesto
Bark anhela. Sin embargo, en lo que más se parece es en la prueba inicial que hay que
la primera letra mayúscula, debemos recordar, que Darío decía en el prólogo que
analizábamos que Sawa amaba las sagradas cualidades mayúsculas y que los masones
también tienen ciertas trinidades y que muchos de los nombres coinciden o son
identificar con la sabiduría y la belleza se cita tal cual, y también podría encajar en el arte;
de hecho, en una ocasión Bark dice “¡Arte, verdad, libertad! (1913: 7). Quizás, la acción
pueda relacionarse con la fortaleza, pues ambas se encaminan a poder soportar el esfuerzo
de llevar a cabo su misión que, para ambos, es el ideal. Respecto a la libertad, debemos
recordar que el lema que después se apropió la Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad,
esta tribu de bohemios se siente en la misma obligación de cambiar el mundo, pues como
comprometido, sienten que sus actos conducen a una humanidad mejor. Misma utopía
199
que comparten los masones. Ese es su ideal. Bark habla de esa justicia también, como
hacia el ideal, en contraposición a lo que no sea progreso, sino barbarie, atraso o mentira:
Alejandro Sawa, si bien no está de más adelantar que la invitación se hacía a “los poetas
y poetisas de la vida” (Bark, 1913: 12), pero ahora debemos recalcar que este proyecto
del Cenáculo no es solo una asociación literaria para pasar el tiempo, sino que tiene el
objetivo de ser una especie de reconversión o renacer de la humanidad, dejando atrás todo
200
lo viejo. También debemos recordar que, cuando un masón se inicia, se considera que
renace a una nueva vida, es decir, se une a su hermandad para comenzar con unos nuevos
propósitos de arrojar luz sobre la humanidad. De hecho, uno de los objetos que se le dan
al iniciado es una calavera, que simboliza la muerte y resurrección en una nueva vida con
liberal, republicano, bohemio y masón en estos momentos. Sin embargo, como literatos
que son, en su mayoría, los integrantes de esta nueva casa de la bohemia, entienden que
201
Por otro lado, Bark reconoce que la iniciativa fue de Sawa y por ello le hace
presidente honorario:
La idea progresó y de ahí que Bark nos cuente que se reunieron las más de treinta
personas que se habían sumado: “nos reunimos, un grupo romántico, habiéndose adherido
más de treinta personas, y con el suelto siguiente daban los periódicos fe de vida del nuevo
foco de idealidad y romanticismo, cuya actuación final será la acción social internacional
entrecomilla lo que dijo la prensa sobre esa primera reunión. Lo más destacable no es solo
que se mencione una de sus veneradas trinidades o que se reunieron en el Café Mercantil,
del mismo modo que La Plume se reunía en el café Le Soleil D´Or, sino que, además, al
igual que la sociedad anónima que en París se fundó para la ayuda mutua, el Cenáculo
fundó su propia cooperativa para luchar contra las editoriales y sus abusos:
202
Además de detallar cómo iba a funcionar, el modo de financiación o cómo
para adherirse tanto al Cenáculo, como para suscribirse a su editorial: “Las adhesiones al
Por lo tanto, después de todo esto, podemos confirmar que el proyecto de Sawa se
llevó a cabo a pesar de que no haya tenido trascendencia en los estudios literarios. Pero
es una buena muestra de los ideales sawianos: consiguió importar los modelos de sociedad
literaria de ayuda mutua que había conocido en París y, además, lo revistió de un rito y
un lema. Todo ello, puso ser llevado a cabo gracias a la acción de su íntimo amigo Ernesto
Bark, a quien también le gustaba aquella “parafernalia”: “Para Bark toda la «parafernalia»
203
204
2.4.2. El suicidio de Alejandro Sawa: Ernesto Bark como único
Alejandro Sawa. Sin duda, el asunto de la fundación de un club literario con rito iniciático
es un dato muy importante que nos confirma que Sawa estaba familiarizado con los
rituales masónicos y que aplicó ese modo de proceder a las reuniones literarias. Sin
embargo, como ya venimos apuntando, este capítulo no trata sobre la masonería, sino
sobre la ideología de Alejandro Sawa y cómo, gracias a ella, podemos explicar muchas
consideramos que los hechos reales deben ir en este capítulo y dejaremos para el tercero
periodista Ernesto López-Parra unos meses antes, con las que aprovechó para hablar sobre
bien es cierto lo de la encefalitis tal y como lo cuenta la doctora Correa, parece que el
escritor no podía soportar el tormento que esta le causaba y decidió acabar con su vida
83
Del asunto de la catalepsia y de su reflejo en la ficción publicamos Santiago Nogales, R. (2017). “La
muerte de Alejandro Sawa y la duda de Ernesto Bark: una supuesta catalepsia tres veces novelada”, en
Philobiblion, 6, (Universidad Autónoma de Madrid), 101-119. ISSN 2444-1538.
205
aumentando la dosis de morfina en una de las inyecciones que su mujer le administraba
Dado que Bark conocía esta circunstancia, causó un gran revuelo, intentando por
Lo cierto es que Bark, de ser verídicas sus palabras, tenía motivos más que
suficientes para dudar de la muerte y dice textualmente: “El gran Alejandro Sawa se
suicidó con una inyección de morfina, preparada por él, que le aplicó su mujer, sin
saberlo” (López-Parra, 1922: 5). Esto le contaba al periodista que le entrevistó el invierno
Es más que probable que Sawa recurriese a la morfina, como hacían tantos otros,
y más aún para mitigar los dolores provocados por su enfermedad. La pista de que pudo
Rubén Darío y que ya hemos citado: “Una locura desesperada. Quería matarse” (Valle-
Inclán, 1909). Más allá de estos dos testimonios, no hay ninguna otra prueba del suicidio
84
Ver Anexo III, imagen 4.
85
Ver Anexo II, imagen 10.
206
lo condenaba, sino que lo aprobaba como fin de todos los males y que encontraba en el
¡Oh alcohol! ¡Oh hastzchiz! ¡Oh santa morfina! […] Cuando la vida es
un tormento, querer dormir —¡oh dormir!— es el más imperativo de
todos los derechos.
¿Y quién, aunque se lo nieguen, no se lo toma por su propia mano?
(Sawa, 1977: 130).
catalepsia. Esto es debido a que la morfina es un derivado del opio y todos los opiáceos,
una aparente muerte, conocida como catalepsia. Si Ernesto Bark conocía estos efectos, la
opinión de su amigo para con la morfina, que había insinuado que quería matarse y que
su mujer le administraba las inyecciones para paliar los dolores, sus temores para dudar
207
208
2.5. Alejandro Sawa y Juan Gris: exlibris masónico
responde solo a la estética, sino que tiene correspondencia con la personalidad del autor
para el que se realiza o, como vamos a ver más adelante, también contiene aportaciones
del creador.
febrero de 1923, dato que podemos confirmar, pues aprovechando nuestra estancia en
París, hemos ido al museo de la Gran Oriente de Francia, donde hemos podido fotografiar
años después de diseñar los dibujos a los que nos referimos. En tales composiciones,
como vamos a detallar a continuación, aparecen símbolos masones. Esto nos confirmaría
que en la época en la que insertamos esta investigación era algo habitual estar en contacto
Sarriugarte apuntaba:
209
iconográfico de la masonería. Este último emblema tiene un significado
esotérico, donde la vida humana sobre la tierra se parece al caer de la
arena. En este sentido, el reloj de arena nos recuerda que el tiempo y el
viaje a través del espacio son meros símbolos en sí, siendo nuestras
vidas en esta tierra meros estados aparentes (Sarriugarte, 2014: 540).
masonería del pintor. Sin embargo, no hay duda de que conocía la simbología y la
utilizaba. Es más, esto nos sirve de base para la comprensión del exlibris de Rubén Darío,
el de Antonio Machado y el de Alejandro Sawa. Este último es el que más nos interesa,
pero encontramos los demás lo sumamente significativos para reforzar la hipótesis de que
Juan Gris incluía símbolos masones que bien pudieran significar que él mismo
simpatizaba con la masonería o que lo eran los escritores para los que diseñaba estas
miniaturas.
señalando en varias ocasiones: las iniciaciones en países extranjeros suelen estar mejor
en otros países frente a las persecuciones y prohibiciones que ha habido en nuestro país.
París sobre la fecha de las listas de las que dispone la Gran Oriente de Francia, elaboradas
tras la Primera y, en la mayoría de los casos, la Segunda Guerra Mundial, se hace que sea
muy difícil determinar con exactitud si alguien perteneció o no a la masonería. Tan solo
los casos muy significativos o que por el azar se conservan están documentados. La
aparición en los boletines y diarios masónicos tampoco descartan nada, pues no están
210
todos los que eran, ni han sido masones todos los intelectuales, políticos y artistas que se
ha dicho y cuyos nombres han pasado vía transmisión oral de generación en generación
sin ningún otro tipo de comprobación documental. Otras veces, los que sí lo eran
aparecían con nombres simbólicos que tomaban tras su iniciación. Incluso era posible que
un simpatizante asistiese a algunas tenidas siendo profano, pues ya se apuntó que existen
las denominadas tenidas blancas abiertas. Por lo tanto, no encontrar a alguien en una lista
no significa que no tuviera contacto con la masonería, más allá de que perteneciese o no.
Sin embargo, el caso de Antonio Machado ha dado lugar a controversias ya que, a partes
iguales hay quienes afirman que era masón, como se puede leer en el libro Antonio
Machado y Juan Gris, dos artistas masones (García Diego, 1990), y quienes lo niegan,
como Ricardo Serna alegando que no hay suficientes pruebas: “aunque pareciendo
posible, incluso probable, que Machado hubiese sido iniciado en la logia Mantua, no
existen pruebas documentales para realizar tal aseveración” (2008: 112). Sin embargo, en
el mismo documento, Serna cita a José A. Ferrer Benimeli, quien decía que en los “elogios
poéticos de Machado a las personas de Ortega y Gasset y de Francisco Giner de los Ríos
[…] hay claras referencias masónicas” (Serna, 2008: 112). Estos poemas son los que usa
por su parte, fue iniciado en la masonería en la Logia Mantua de Madrid y varios poemas
suyos («A Don Francisco Giner de los Ríos», «Al joven meditador José Ortega y Gasset»,
«Al Maestro que se va») lo corroboran” (Acereda, 2010) y, en una nota aclaratoria,
211
viaje”- que es el viaje iniciático (“casi desnudo”), equivalente a la
parcial desnudez del ritual del neófito (Acereda, 2010).
Machado terminología cargada de simbología nos lleva a afirmar que estuvo en contacto
con la masonería. Podría ser un caso similar al de Alejandro Sawa, pues no existen
pruebas en documentos, pero sí las suficientes pistas para afirmar que conocía los
Volviendo al tema del exlibris, el de Antonio Machado también fue creado por un
jovencísimo Juan Gris que aún era profano, en terminología masónica, pero que, al igual
que hizo en el exlibris de Isaac Muñoz, introdujo elementos claramente masones. En tal
dibujo aparecen, además de un rostro femenino, tres lirios. Consideramos que son
significativos tanto el elemento utilizado como el número, pues tres son los pilares sobre
los que se asienta la masonería (Sabiduría, Fortaleza y Belleza), al igual que las trinidades
de sus lemas (Libertad, Igualdad, Fraternidad) y coincidiendo con las tres columnas que
se sitúan en el centro de la sala en las logias. Dichas columnas, al igual que las columnas
J y B86 de la entrada de los templos, suelen ser de orden corinto, lo que implica que sus
capiteles estén adornados con motivos vegetales. Las columnas de los templos masónicos
siempre estás adornadas con lirios y, en ocasiones, con granadas que se colocan sobre
ellas87. Los lirios son la flor por excelencia de la masonería, ya aparezca unas veces como
lirio y otras como flor de lis, pues en este contexto son intercambiables los términos. Esto
es así porque proviene del francés, donde tuvo origen la masonería, y lis significa lirio.
86
La columna que hay a la izquierda de la entrada a los templos tiene una B y la de la derecha una J.
Significan Boaz y Jaquín, que se traducen por “con fuerza” y “estabilidad” (Sanz y Mayor, 2006: 37).
87
Ver anexo II, imagen 11.
212
Para finalizar este asunto sobre Antonio Machado, creemos oportuno señalar que
y prescindir de buenas referencias, empleando una escasa bibliografía que lleva a dudar
importancia en unos momentos que la masonería dejó de ser tabú para presentarse de
nuevo a la sociedad. Como atractivo, reclamo o buena publicidad, se recurrió a una lista
de masones españoles importantes de los siglos XVIII, XIX y XX, entre los que se
encontraban políticos, militares, intelectuales y artistas. No hay ninguna cita que haga
referencia a una prueba de que los hombres ahí mencionados fueron realmente masones.
Se trata, como en tantos otros casos, de asimilaciones que se han transmitido como
verdades entre los masones y han trascendido a la esfera social. En algunos casos se
tratará de casos ciertos y en otros de simples bulos. Ahora bien, no podemos dejar de
señalar que en esa lista aparece el nombre de Antonio Machado (Lera, 1980: 170) junto
al de otros artistas y literatos como Vicente Blasco Ibáñez o Joaquín Sorolla (1863-1923).
Tampoco podemos obviar que existe una logia llamada Antonio Machado, en Marchena
(Sevilla).
Juan Gris también hizo el exlibris de Rubén Darío. Como no podía ser de otro
modo, eligió un motivo modernista: cisnes. Concretamente, dibujó dos cisnes nadando,
movimiento del que Darío fue el máximo representante. Sin embargo, y gracias a los
casos que acabamos de analizar, este exlibris también admite una doble lectura, si bien
algo más difusa que las anteriores: el cisne también es un símbolo masónico. Son muchas
las aves a las que suele recurrir la masonería para ejemplificar algunos de sus principios.
213
Ya vimos que el águila era el único animal capaz de mirar al Sol y, por tanto, es una
pelícano, en caso de escasez de alimento para sus polluelos, se autoagrede, rajándose parte
del vientre, para darles de comer. Los cisnes blancos, por su parte, representan la pureza,
otra virtud muy importante en la masonería. Tanto es así que, en las ceremonias, los
masones se ponen guantes blancos, pues “el blanco simboliza la pureza de los actos y que
aplicar la analogía. Juan Gris eligió para el sevillano un águila88, y lo hizo años antes de
que Rubén Darío escribiese las palabras que antes hemos analizado del prólogo a
Iluminaciones en la sombra. Es decir, antes de que se refiriese a Sawa como el águila que
se quemó las pupilas por mirar tanto al Sol. Si bien ya dimos algunas referencias del
para contemplar de forma serena la luz de la verdad, de igual manera que el águila
contempla desde el cielo la luz del Sol iluminando la Tierra. Es también símbolo de
Por último, y a pesar de que no haya dudas sobre la iniciación del pintor Juan
88
Ver Anexo II, imagen 12.
89
Ver Anexo IV, imagen 5.
214
2.6. Alejandro Sawa y Joaquín Dicenta: una amistad fraternal
Alejandro Sawa y Joaquín Dicenta eran muy buenos amigos. Además de las
contaba Ernesto Bark, Dicenta era el heredero de Sawa como líder de la bohemia.
También fue el dirigente del Grupo Germinal: “La mayoría de los compañeros de Bark
A él llegaron muchos intelectuales entre los cuales Joaquín Dicenta se erigió como
Al igual que Alejandro Sawa, Dicenta aboga por el progreso y lo tiene como ideal:
“quiere en política la República como punto de partida, la República Social como fin
En la misma línea de esas ideas Dicenta felicitó a Sawa por el estreno de Los reyes
en el destierro, novela de Alphonse Daudet (1840-1897) cuyo título original era Les rois
PARA SAWA
No es contestación al brindis, al hermoso brindis que a raíz del Señor
Feudal me dedicaste, esta cuartilla y media.
¡Bah!... Darte yo gracias con motivo de Los reyes en el destierro, sería
tonto. ¡¡Gracias al hermano en letras!!... Entre familia no hay
90
Para saber más sobre esta adaptación, puede leerse Thion Soriano-Mollá, D. (1998). “«Los reyes en el
destierro», de la novela a la adaptación teatral de Alejandro Sawa”, en Estudios de Investigación Franco-
española, 15, 77-102.
215
cumplimientos. Los hermanos dicen mucho, unos de otros, para
odiarse; para quererse, ¿qué van a decir? Poco. Basta hacer la
conjunción sanguínea, conjunción verdad y repetir hermano. ¡Pon un
adjetivo, a fin de ensalzarlo, a este sustantivo, pronunciado con el
corazón!... ¿A que no se lo pones? No hay modo.
Pues bien, hermano, el triunfo tuyo es de todos nosotros, de todos los
jóvenes. Tú, ausente de la patria durante muchos años, vuelves a ella en
momentos de angustia; y ahora, que unos con los ojos puestos en la
prebenda segura, y otros con el alma puesta en el porvenir posible,
hablan de regeneraciones, tú vienes a ayudarnos en la obra.
Bienvenido seas, escritor aplaudido siempre, autor dramático
descubierto anoche. Bienvenido seas con tus Reyes en el destierro...
Llegas a tiempo. Tú y tu obra hacéis falta, ¡mucha falta!
Joaquín Dicenta (1899).
Pero, lo que más nos interesa es que le llama hermano y hace alusión a la verdad. Ambas
palabras, hermano y verdad aparecen en cursiva, por lo que ambas palabras quería
resaltarlas y darle un valor superior. Considera, además, que su triunfo hace bien a todos
sus hermanos. Es cierto que habla de “hermano en letras” y que los escritores liberales en
aquella época acostumbraban a llamarse hermanos entre ellos, pero también esa lucha por
el porvenir es la misma que abanderaba la masonería, que estaba presente en los círculos
que ambos escritores frecuentaban. Al igual que el regeneracionismo que Dicenta cita,
que también buscaba la reforma social abogando por el progreso del país. Nos volvemos
a encontrar con que entre los movimientos liberales finiseculares no hay grandes
diferencias.
216
enviaba a Darío un abrazo fraternal. Sin embargo, son coincidencias a tener en cuenta.
Más aún cuando conocemos que un hijo de Joaquín Dicenta, también llamado Joaquín,
no solo fue iniciado en la Logia La Unión, número 9, creada en 1928, sino que era muy
91
Ver anexo III, imagen 5.
En el Archivo de la Masonería de Salamanca figura que tomó el nombre simbólico Giner de los Ríos (213/3
A). También aparece Fernando Dicenta Alonso, iniciado en la logia Jovellanos de Gijón, con el nombre
Nelson 2º (391/18).
217
218
2.7. Alejandro Sawa y Pío Baroja: entre el odio y el reconocimiento
En la primera parte de sus Memorias, Juventud y egolatría (1917), Pío Baroja dedica
unos párrafos al trato que tuvo con Alejandro Sawa en persona. Por su lado, Sawa también
le dedica unas palabras a Baroja en lo que se pueden considerar sus memorias, es decir,
las anteriores relaciones eran de amistad, mientras que la opinión de Baroja sobre Sawa
que se dirigen está el origen de la conversión de Sawa en los personajes bohemios que
enemistad declarada, aunque Baroja sí lo creía, pues consideraba que Sawa tenía motivos
para odiarlo. El testimonio del vasco deja constancia de que se veían de vez en cuando,
que Sawa le llegó a proponer una colaboración y que, si bien no le gustaba su estilo,
reconocía su grandilocuencia.
219
— Bueno, pues vaya usted a su casa y tráigame usted ese dinero.
Me lo indicó con tal convicción que yo fui a mi casa y se lo llevé. El
salió a la puerta de la taberna, tomó el dinero, y dijo:
— Puede usted marcharse.
Era la manera de tratar a los pequeños burgueses admiradores, en la
escuela de Baudelaire y Verlaine.
Después, cuando publiqué Vidas sombrías, algunas veces, a las altas
horas de la noche, le solía ver a Sawa, con sus melenas y su perro. Me
daba la mano con tal fuerza, que me hacía daño, y me decía en tono
trágico:
— Sé orgulloso. Has escrito Vidas sombrías.
Yo lo tomaba a broma.
Un día Alejandro me escribió para que fuera a su casa. Vivía en la
cuesta de Santo Domingo. Fui allí y me hizo una proposición un poco
absurda. Me dio cinco o seis artículos suyos ya publicados y unas notas,
y me dijo que añadiendo yo otras cosas podíamos hacer un libro de
«Impresiones de París», que firmaríamos los dos.
Leí los artículos y no me gustaron. Cuando fui a devolvérselos me
preguntó:
— ¿Qué ha hecho usted?
— Nada. Creo que va a ser difícil que colaboremos los dos. No hay
soldadura posible entre lo que escribimos.
— ¿Por qué?
— Porque usted es un escritor elocuente y yo no.
La frase le pareció muy mal.
Otro motivo de enemistad de Alejandro contra mí, fue una opinión de
mi hermano Ricardo.
Ricardo quería hacer un retrato al óleo de Manuel Sawa, que tenía,
cuando llevaba barba, un gran carácter.
— Y yo — dijo Alejandro — ¿no tengo más tipo para un retrato?
— No, no — dijimos todos (esto pasaba en el café de Lisboa) —.
Manuel tiene más carácter.
Alejandro no dijo nada; pero unos momentos más tarde se levantó, se
contempló en el espejo, se arregló la melena, y después, mirándonos de
arriba a abajo y pronunciando bien las letras, dijo:
— M...
Luego se marchó del café.
220
Pasado algún tiempo, le dijeron a Alejandro que yo le había pintado en
una novela y me tomó cierto odio. A pesar de esto, de cuando en cuando
nos veíamos y hablábamos afectuosamente.
Un día me llamó para que fuera a verle. Vivía en la calle del Conde
Duque. Estaba en la cama, ciego. Tenía el mismo espíritu y la misma
preocupación por las cosas literarias de siempre. Su hermano Miguel,
que estaba delante, dijo en la conversación que el sombrero que yo
tenía, un sombrero que había comprado en París hacía unos días, tenía
las alas más planas que de ordinario. Alejandro lo pidió y estuvo
tocando las alas del sombrero.
— Estos sombreros se llevan con el pelo largo — decía con entusiasmo.
Luego, meses después de su muerte, se publicó un libro suyo, titulado
Iluminaciones en la sombra, en donde Alejandro habla mal de mí y bien
de Vidas sombrías.
Me llama aldeano, hombre de esqueleto torcido, y dice que la gloria no
puede ir al cuerpo de un tuberculoso.
Pobre Alejandro. Era en el fondo un hombre sano, un mediterráneo
elocuente, nacido para perorar en un país de sol, y se había empeñado
en ser un producto podrido del Norte (Baroja, 1917: 263 y ss).
comprimir la realidad en unas cuántas páginas, es que concentra en pocas líneas varios
años de la vida de Sawa muy dispares entre sí. Los años en los que recorría los cafés de
aún no ha perdido la vista y, por lo tanto, se encuentra en plena actividad social, literaria
superioridad, que abusa de un modo déspota al exigir al vasco tres pesetas, y que es
arrogante y ególatra al no asumir que el retrato debía ser de su hermano y no suyo. Sin
dinero se refiere, pues parece fundamentarse en una práctica “de la escuela de Baudelaire
221
recordemos que eso ya lo decía Darío, y Baroja da dos muestras de ello. A sabiendas de
que Baroja también frecuentaba dicha ciudad, Sawa le propone una colaboración que se
parisino. Otra continuidad de su vida se manifiesta en sus ideas literarias, que siempre
estaban presentes. Al igual que Prudencio Iglesias, Baroja coincide en que cuando se le
fue a visitar tenía “la misma preocupación por las cosas literarias de siempre”, cosa que
viene a reforzarnos aquello que decíamos sobre la no variación del pensamiento sawiano
muerto, pues Iluminaciones en la sombra es un libro póstumo. Baroja expone que en sus
páginas Sawa habla mal de él y bien de su obra Vidas sombrías (1900). Claramente, es
una reminiscencia de la anécdota del principio: cuando le aconsejaba que fuese orgulloso,
que se sintiese superior por haber escrito esa obra. No solo se percibe el carácter altivo
del sevillano, sino que, pese a la falta de conexión en lo que a amistad o trato personal
existía, tanto Baroja como Sawa se reconocen el mérito literario mutuamente. Aunque
Baroja dijese que las páginas que leyó de Sawa no le gustaron y rechazara la colaboración
por falta de cohesión en sus estilos, no dudó en referirse a él como “escritor elocuente”.
de aldeano y tuberculoso. Pero parece que lo perdona al tratarle con compasión y decir
“pobre Alejandro”.
Por otro lado, uno de los motivos del supuesto odio de Sawa hacia él lo achaca a
que habían llegado a sus oídos los rumores de que lo había retratado en una novela. Baroja
no lo negó. De no haber sido así, uno de sus encuentros lo habría aprovechado a aclarar
222
Por una cuestión cronológica, Sawa no pudo tener noticia alguna de El árbol de
la ciencia, y menos si un personaje tiene una muerte inspirada en la suya propia. Baroja
se estaba refiriendo a Juan Pérez del Corral de Silvestre Paradox (1901), o a César
Andión, o a Fermín García Pipot, ambos de Los últimos románticos (1906), obras
anteriores a la ceguera y la enfermedad de Alejandro Sawa y que este pudo leer en vida.
en el capítulo dedicado a Sawa como personaje, poniéndolo en conexión con los hechos
aquí recogidos.
Dado que la relación era de admiración y odio recíprocos, es oportuno leer lo que
223
¡Oh, el hablar de los simples! ¡Oh, el alfabeto místico de los que tienen
muchas cosas que decir y no las dicen sino apenas! ¿Por qué Pío Baroja
se ha quitado su zamarra y se ha vestido con la triste camisa de fuerza
de los pobres escritores de ahora?
Es porque es un invertebrado intelectual. Es porque carece de
consistencia. Es porque no tiene fuerza en los riñones para resistir
pesos. Es porque nunca la escultura ha soñado en hacer cariátides con
los tuberculosos (Sawa, 1977: 214-215).
En boca de Sawa, la crítica hacia Baroja se hace más dura que a la inversa. El
agresividad al texto, llegando a parecer todo un ataque hacia Baroja, si bien al principio
reconoce que lo llegó a admirar. Comienza con alabanzas: su aspecto le gustaba, su forma
de hablar, en un primer momento le pareció bien Vidas sombrías, incluso le llegó a decir que
sintiese orgulloso de dicho libro. Pero, en opinión del sevillano, Baroja se truncó,
asemejándose a cualquier escritor. Obsérvese que habla de “camisa de fuerza de los pobres
escritores de ahora”. Puede que eso sea una referencia a que Sawa no estaba dispuesto a
censurar sus textos. La rebeldía era una especie de sello distintivo de su modo de escribir.
No se sometía ni a normas, ni a cánones y, mucho menos, pasaba censuras. Quizás, con esa
expresión quiera decir que Baroja había caído en la sumisión de la gran mayoría de escritores,
Por otro lado, debemos recordar un poema bastante olvidado de Baroja que, si
bien es cierto que no tiene ningún valor artístico porque está configurado a base de ripios, es
muy ilustrador de lo que el escritor pensaba de los bohemios que conocía. Entre otro, cita a
224
Ahí está Joaquín Dicenta
con Palomero y con Paso.
Luego aparecen los Sawas,
el Manuel y el Alejandro,
el uno un seudo Daudet,
el otro un farsante mago.
Ahí viene un pollo elegante
que empieza a ponerse flaco,
rumbo a la tuberculosis.
[…]
Después se le ve a Barrantes,
poeta desharrapado,
que mira al mundo con rabia
y que se siente misántropo.
También pasa Ernesto Bark,
letón revolucionario
y cruza la calle Ancha
deprisa con Ciro Bayo.
[…] (Baroja, 1984: 171)
muy importante en tanto que, cuando crea los personajes de ficción bohemios, estos son
rechazo hacia la masonería, la cual se encontraba presente en esos mismos círculos que
completa del contexto que estudiamos. También es fundamental porque, conociendo estos
los personajes bohemios que salen en sus novelas y se inspiran en Alejandro Sawa y su
entorno.
225
La crítica de Baroja hacia la masonería viene por su desconfianza en que esta
sociedad realmente pueda llevar a cabo ciertos cambios. De hecho, estaba bien informado,
(González Martín, 1995: 643). Baroja compartía las ideas liberales, por lo que no es una
crítica por su conservadurismo, sino que tiene de la masonería una “visión relativista” y
226
2.8. Otros testimonios sobre Alejandro Sawa
Muchos son los testimonios que los investigadores han ido recogiendo sobre
Alejandro Sawa. Algunos fueron escritos a modo de semblanza por sus contemporáneos;
alababan las cualidades del escritor; otras se escribieron póstumamente, algunas incluso
pasadas varias décadas, y aun así nos siguen revelando anécdotas de la vida real de Sawa
Sawa. Mito y realidad (1976), aunque se olvidó de otros tantos. La lista bibliográfica más
completa la recoge Amelina Correa en su biografía sobre Sawa (2008: 291 y ss). No
podemos reproducir aquí todos esos escritos, pues estas páginas aumentarían de número
dignos de análisis por lo que aportan, por lo que demuestran o porque explican episodios
protagonizados por los personajes que representan a Sawa en la ficción. Asimismo, hemos
encontrado tres testimonios nuevos que hasta ahora no se habían recogido y que,
Ya sea con admiración como con intenciones de crítica, todos los testimonios dan
la misma imagen de Alejandro Sawa: un idealista que luchaba por algo superior y no se
preocupó por las cosas materiales, lo que le llevó a no procurarse una estabilidad
económica y cayó víctima de sus propios ideales. Asimismo, dan cuenta de la notoriedad
y brillantez del escritor, por lo que consideramos que sirve como buena reivindicación de
227
228
2.8.1. Semblanzas en vida de Sawa
Enrique Gómez Carrillo también dio testimonio de esta vida literaria parisina:
229
Con tales apreciaciones se puede demostrar que, tras sus obras naturalistas y su
de Pío Baraoja. Tal es el caso de Luis Bonafoux, quien publicaba sus burlas a través de
los periódicos. En “Sawa, su perro y su pipa” satirizó la manera de ser del sevillano y
beso que dio Victor Hugo92 al bohemio en París. Esta devastadora crónica y su
contestación defensiva las agrupó el Heraldo de Madrid, el día 8 del mismo mes en el
que había fallecido Sawa, es decir, tan solo cinco días después. Sin embargo, dado que la
disputa es anterior y Sawa contestó, debemos incluir estos artículos en este apartado y no
en el de anécdotas póstumas. Esto nos viene a demostrar la importancia que tenían estos
cronistas en la época, pues sus rencillas son noticia principal incluso rescatándolas años
92
Victor Hugo murió en 1885, de modo que, o bien la historia del beso en la frente es inventada, como dice
Allen Phillips “Rubén Darío precisó que se trataba de una pura invención” (1976: 18-19), o Sawa hizo un
primer viaje a París para conocer a Victor Hugo antes del de 1889.
230
Alejandro Sawa será siempre bohemio aunque suelte el perro y la pipa
y se resigne a tener domicilio fijo. Como es de Málaga, mitad de las
cosas que concibe y pare no son verdad; pero la otra mitad es mentira,
Hay pues, que hacerlas guardar cuarentena […]
Cuenta él que hizo a pie un viaje a París con el exclusivo objeto de
conocer al autor de los miserables. Victor Hugo le dio un beso en los
labios y… desde aquel día el besado no se lava la cara por no borrar la
huella del beso, ¡Hay, pues, que mirarlo con guantes en los ojos! […]
Lástima que Sawa persiga ese empeño literario y personal casi casi,
porque tiene condiciones para hacer que brille su propia personalidad,
y lástima también que se ocupe tanto del perro y de la pipa, con
menosprecio de la literatura. No pasan de media docena los artículos
que ha escrito Sawa en el curso de su callejera vida. Dotado de una
memoria primorosa, se los sabe todos, y los recita en vez de leerlos, a
las altas horas de la noche suele detener a un amigo, y debajo de una
farola de la Puerta del Sol le declama un artículo una leyenda. A estas
veladas a la intemperie les temo yo mucho más que al perro de Sawa.
A pesar de sus condiciones, él vive ignorado... Como Cid, como Pelayo
del Castillo, como tantos otros bohemios reincidentes o incurables,
bajará a la tumba sin haberse procurado una mortaja […] (Bonafoux,
1909: 1-2).
A pesar de ser muy duro en sus críticas y al margen de volver a cometer el clásico
error de confundir con Málaga la ciudad natal del sevillano, por no hablar de la inexactitud
en el número de artículos escritos por Sawa, que suman más de ciento setenta, a Bonafoux
bohemio por excelencia. Tales cualidades las resalta desde un punto de vista negativo,
como hacía Baroja y también en el sentido que Rubén Darío le reprochaba en el Prólogo
línea que Darío afirma que Sawa se preocupaba por unos ideales que no eran ciertos.
231
Por supuesto, y dado que Bonafoux escribe esto en vida de Sawa, este tuvo mucho
que decir al respecto, como que no viajó a pie, sino en primera clase a París; que el beso
no fue en los labios, sino en la frente y que, siendo una persona que presume de su higiene,
muy seriamente, recordándonos al comienzo de aquella carta que envió a Rubén Darío
Es interesantísimo atender a esta última frase que citamos del artículo de Sawa,
que Sawa tenía. Ahora bien, las previsiones de Luis Bonafoux sobre el desenlace de Sawa
se hicieron reales. Los últimos años de Sawa en Madrid fueron su ruina. Su negativa a
necesidad económica. Hasta tal punto llegó, que tuvo que empeñar su propia vestimenta
en el Monte de Piedad para hacer dinero. Sentado en la cama, enrollado en una sábana,
ya en sus últimos días, defendió el arte y sus ideales con el mismo espíritu de antaño. Así
232
encontró en esa precaria situación, defendiendo que “es preferible no tener pantalones a
no tener talento” (1982: 68). Era mejor estar en la más absoluta miseria, y así no “transigir
Existe otra crítica muy breve, que recoge José Esteban pero que no referencia. A
pesar de ser un texto anónimo, debe ser de alguien que criticaba la vida bohemia y tenía
especial interés en difamar a Sawa, pues comenta el beso de Victor Hugo para después
decir que no es la frente lo único que se lava, así como para burlarse de su estancia en
París y hacer un juego de palabras entre perro y perra, esta última refiriéndose al dinero,
233
234
2.8.2. En portada: noticias del fallecimiento de Sawa
La noticia del fallecimiento de Alejandro Sawa fue tan importante que la gran
informar, sino que resaltaron las cualidades del escritor e introdujeron elementos de su
vida:
madrugada y las noticias salieron el mismo día 3 de marzo por la mañana, presuponemos
que a altas horas de la noche se tuvieron que modificar las ediciones, pues los periódicos
Es cierto que algunos diarios optaron por incluir una breve noticia dentro del
cuerpo del periódico, excusándose que era muy precipitado, y dejaron los artículos más
extensos y los reportajes para los días posteriores. Sin embargo, fueron la mayoría los que
modificaron su portada para dedicar una amplia noticia a informar del suceso, hacer un
235
mundo de las letras, así como para dar el pésame a la familia. Para elaborar semejantes
artículos y reestructurar aquello que ya se encontraba hecho, la noticia debía ser relevante,
momento.
Es interesante contrastar las noticias entre sí, dado que muchos son los errores
cometidos. Sin lugar a duda, las altas horas y la premura no contribuyeron a la claridad,
pero tampoco lo hizo la falta de comprobación por parte de los redactores. No se sabe de
las noticias y que muchas siguen idénticas estructuras y emplean palabras similares. Uno
de los detalles que más llama la atención es que muchos de los testimonios, que vamos a
recoger de aquí en adelante, dicen algo de la luz para referirse a las iluminaciones que
había en la cabeza del bohemio. Todas siempre en sentido metafórico, haciendo alusión
236
Emigró a París en cuerpo y alma, y cuando volvió había perdido su
nacionalidad espiritual. La vida de Sawa en París no puede escribirla ya
nadie, puesto que no la escribió él. Fue el único español de quién se
sabe positivamente que arraigó en la vida del barrio latino y de
Montmartre. Habló francés como un clásico. Trató a los hombres más
notables de las letras francesas, como un poeta entre los poetas, y los
que lo conocemos la inexpugnable resistencia de París ante el
extranjero, debemos admirar el talento y el carácter de este hombre, que
con sangre mitad andaluza, mitad griega, fue alguien en París, sin
fortuna y sin grandes obras […] (Bello, 1909: 1).
Además de servir como prueba de que Sawa fue uno de los pocos españoles que
se integró en la vida literaria parisina, merece la pesan resaltar que Luis Bello lo califica
de romántico, idealista e hijo de la revolución y que esa fantasía no fue parte de su vida,
sino que ocupaba su vida entera. Es decir, Sawa no defendía unas ideas simplemente, sino
que vivía acorde a ellas. Esto es una prueba más de que fue víctima de su propio ideal.
El resto de necrológicas son anónimas, muy similares entre ellas y resaltan no solo
237
El Heraldo de Madrid, también el tres de marzo, publicaba la siguiente
necrológica aludiendo a que su manera de ser no le permitió alcanzar una buena posición
93
Omiten un “e”, pero se refiere a Verlaine.
238
más esplendida que teníamos, aunque la actual generación no conocía
tanto su nombre como debiera […]
Era Alejandro Sawa un hombre verdaderamente notable y singular.
Tenía una noble apostura, a la cual gustaba él de dar cierto continente
augusto y majestuoso.
Fue un maravilloso cronista y un artista excepcional. En los periódicos
de su tiempo ha dejado las muestras más gallardas de su ingenio. Como
novelista, ponía su manera brillante al servicio de su temperamento, y
fue lástima grande que no pusiera también en la obra la asiduidad y
constancia. […]
Hablar de su trato con las grandes figuras de la literatura francesa era
su gran encanto y teníalo por ejecutoria. Él fue amigo de Víctor Hugo,
fue amigo de Daudet, fue amigo de Maupassant […]
Siempre grande, siempre fabuloso, viviendo en desterrado de una patria
ideal, Alejandro Sawa, que hasta nombre tenía triunfal, ha arrastrado
con dignidad de emperador destronado su existencia, hasta el último
día. Ciego ya (él diría que como Belisario), veíasele pasear lentamente
al sol por la calle de la Princesa apoyándose en un brazo familiar. Y
caminaba con tal aspecto que parecía que sus ojos iban desafiando a la
luz.
No hay que añadir cómo ha muerto este gran niño grande. Admirable
poeta, que tenía en sí todos los faustos del Oriente. Ha muerto pobre.
[…] se ha extinguido esa vida que ya muchos dolores combinados
habían apartado de brillar para las gentes […] (Anónimo, 1909c)
Esta necrológica nos parece de suma importancia, pues no solo se repiten con
frecuencia vocablos relativos a brillar para referirse a su ingenio, en el mismo sentido que
Sawa, como veremos, los empleaba en su obra, sino que destaca sus relaciones con los
escritores franceses. Y, lo más curioso, desde nuestro punto de vista, es que dice que
“tenía en sí todos los faustos del Oriente”. A pesar de la lectura más superficial que
239
admitiría esta frase, en tanto que se asocia el Oriente geográfico con los lujos94 y,
cierto que los faustos pueden referirse a la dicha. Disfrutar de los faustos del Oriente
puede significar, a un nivel simbólico, tener el privilegio de gozar de una gran sabiduría.
Recordemos que, para la masonería, el Oriente es el lugar del que viene la sabiduría en
a emplear metáforas relativas al sol y a la luz para referirse a su prodigiosa cabeza, resaltó
su estancia parisina y, lo más destacable, es que mencionó que perseguía el ideal en vez
94
En su quinta acepción, el Diccionario de la Real Academia Española se refiere a “Oriente” como el brillo
de las perlas que les da valor.
240
Descanse en paz el compañero inolvidable y el escritor eminente
(Anónimo, 1909d).
que Sawa buscaba algo mucho más allá de lo cotidiano. Una especie de verdad suprema
alejada de los intereses mundanos. Esto entra en relación directa con la opinión que
plasmó el propio Sawa y que veremos al analizar Iluminaciones en la sombra. Decía que
prefería las águilas a los ratones, pues los ratones van por el suelo, mientras que las águilas
surcan el cielo (Sawa, 1977: 253), en el mismo sentido que el diario El País alababa su
elección de subir a las cumbres antes que arrastrarse buscando un hueco en un partido
político. Sawa, en sus crónicas y en Iluminaciones en la sombra, siempre fue muy crítico
La Época fue más escueta a la hora de informar del fallecimiento del escritor, pero
ideas con el resto de noticias: la fama sawiana y el mérito de hacerse un hueco en París.
Asimismo, resalta que su ceguera le obligaba a dictar sus escritos, pero no por ello dejó
de trabajar:
241
Descanse en paz el distinguido escritor (Anónimo, 1909e).
242
Había nacido en Málaga, pasó en Madrid los primeros años de su
juventud, y de aquí marchó a París, en donde vivió largo tiempo,
trabando conocimientos en la capital francesa con los más notables
cultivadores de las letras […] De Víctor Hugo fue profundo admirador,
y de Paul Verlaine era también gran amigo […] Descanse en paz el
brillante literato […] (Anónimo, 1909h).
El Motín tampoco sacó la noticia en portada, pero volvió a emplear adjetivos como
Liberal, El País o La Época dedicaron gran espacio de sus portadas a alabar el genio de
resaltan sus importantes amistades parisinas; reconocen el talento de sus obras, las cuales
labor de colaboración con los diarios (si bien ninguno reconoce el rechazo de ciertos
243
artículos por no amoldarse al canon y las normas preestablecidas que no aceptaban las
a duda, Sawa ya era un personaje en vida, por lo que no es de extrañar que su muerte
Por otro lado, muchos son los que hacen hincapié en la penosa situación
económica en la que se encontraban el autor y su familia. No hay más que fijarse en que
Artistas, o que El País abrió una lista de suscripción para quien quisiese hacer un donativo
a la mujer y la hija.
Asimismo, casi todos son lo que recalcan la ceguera que le sobrevino a Sawa en
sus dos últimos años de vida y aportan el dato de la necesidad que tenía de dictar sus
escritos. Rechazamos, por tanto, a los que lo acusaron de vago y recalcaron que al final
1909j, 1909k, 1909l), fueron muy breves y discretos, pero volvieron a coincidir en
opinión. El Nuevo Mundo, a pesar de sus escuetas palabras, acompañó la noticia de una
fotografía de Sawa.
Merece la pena mencionar algunos de los errores que cometieron la mayoría, por
la sencilla razón de que se precipitaron a dar forma a la noticia para que saliese al día
siguiente, sin poder contrastar la información; además, esto es muestra de que los
244
Sawa era sevillano, sino que se repite que era malagueño. No solo los diarios se
equivocaron, sino que, como venimos comprobando, es un error bastante común atribuirle
ese gentilicio. La confusión procede de que en Málaga creció. Otro error de los periódicos
fallecimiento a la una y cuarto en vez de a menos cuarto. Por supuesto, son apreciaciones
autoridad literaria de la que Sawa gozaba en su tiempo, que fue el único español que se
escritor y periodista y afirmar que, desde su vuelta de París, era todo un referente en
luz y al sol para resaltar su intelectualidad, en el mismo sentido que anteriormente había
empleado él esta terminología en sus escritos, cosa que analizaremos en breve. Ahora
bien, creemos que lo más destacable es que muchos de estos diarios recogen que no llegó
donde merecía por sus ideas y por su personalidad. Dos periódicos hablan de su
de otras crónicas. Esto viene a reforzar las palabras que reiteraba Darío en el Prólogo de
contemplar el Infinito que preocuparse por hacer dinero. Por lo tanto, Alejandro Sawa
murió siendo un idealista. Si bien acabó desencantado del mundo y se sintió abandonado
de todos, como manifestó en sus cartas, su idiosincrasia fue una de sus grandes
Serna (1888-1963). Decimos supuestas porque no van firmadas, pero de ese número de
Prometeo95 se ocupó Ramón Gómez de la Serna (Correa Ramón, 2008: 260). Se publicó
95
La publicación estaba dirigida por Javier Gómez de la Serna.
245
con motivo del fallecimiento de Alejandro Sawa, pero la revista es de febrero, por lo que
suponemos que salió a la venta a mes vencido y, dado que Sawa falleció a principios de
escribir, sino en su personalidad. Esto es muy importante para esta investigación, pues da
testimonio, además de su estancia en París y lo notoria que fue su figura allí, de lo idealista
que fue. Crédulo y optimista son algunos términos que el escritor emplea para referirse a
él. Esto viene a demostrar, una vez más, que creía en los ideales y en la humanidad:
ALEJANDRO SAWA
No me atrevo...
Pero iba a escribirlo ya.
¡Es un tópico tan tópico!
Sin ir más allá, hace días Le Matin epigrafiaba su artículo de fondo,
relativo a Ferdinan Duqué, con la consabida frase: “El último
romántico”. Pero, qué diablo, nunca más justificada esa calificación que
hablando de Sawa.
Sawa tenía ese lirismo personal que hoy ha desaparecido. Un lirismo
que no debe confundirse con el literario. Son completamente diferentes.
Hoy existe el literario sin el personal.
Si en otros tiempos se hubiera escrito Los bufones, de Zamacois, el
autor hubiera tenido tanto que comentar como su obra. Hoy el lirismo
de Los bufones es hijo de un hombre que bien puede ser, por su aspecto,
tan socio de la Gran Peña; pulcro, bigote a la moda, el pelo corto, y su
historia privada, la de cualquier calavera, y no más.
Sawa era en literatura el hermano de este mismo Catulle del que he
dicho ya unas palabras. Para hacer el trayecto juntos, se han marchado
al mismo tiempo. Solaz no les ha de faltar si se cuentan sus anécdotas
y se hablan con la bondad que les fue característica de por vida.
Sawa practicaba una literatura fantástica, no ya en el sentido
desproporcionado de Hugo, sino en un sentido más humano, pero en el
96
Recordemos que también se le ha relacionado con la masonería.
246
fondo altamente sentimental. A Sawa le ungió poeta Víctor Hugo. En
un libro de un genio extraordinario—aunque no valiera más que veinte
céntimos—“Los hampones” se dijo que Sawa no se había lavado la
frente desde entonces.
Este solo rasgo demuestra un temperamento lleno de exaltaciones y de
optimismo, crédulo hasta la saciedad, con esa credulidad que ha creado
ideas tan épicas, y candores tan hermosos.
Sawa tenía una cabeza artística y sarracena. La vejez había nevado ya
sobre ella. Pero los que le conocieron en su verdor de antaño,
conservaban entre sus admiraciones la de aquella cabeza. En los cafés
de París, sobre todo en los de Montmatre, era la expectación y la
envidia.
Era digna aureola para un poeta.
Verleine97 fue muy amigo de Sawa. Él nos lo ha evocado varias veces;
le profesaba una gran admiración y se conmovía trágicamente hablando
de la miseria que laceró aquella vida.
Fijaos en lo deplorable que es esto: ciertas cosas que nos pertenecían, y
de las que conservábamos un hálito, aunque no fuera más que en los
labios del que nos lo decía, se hacen históricas de pronto; parece como
si lo único cálido que nos restaba de ellas se nos escapase.
Alejandro Sawa es otro caso de simpatía para mí.
No le olvidaré nunca. Era el jirón de una época que está acabando de
desmantelar el tiempo.
¡Pobre Sawa!
Se llevó al otro mundo el recuerdo de toda su vida de bohemio, el de la
charla de Verleine, y sobre su calavera habrá desaparecido ya el beso
que le diera Víctor Hugo, un día que para él fue único y supremo y para
nosotros es ya solo una anécdota.
¿Hay derecho para todo esto?
¿Qué se hará ahora de todas esas pipas que él tenía una para cada día?
Pobre romántico. Conservó una gallardía espiritual magnífica. Vivía
mal al cabo de su vida. Pero así vivió Verleine.
“Yo soy un hombre que de tanto mirar hacia la luz,
97
Es evidente que es Verlaine. También escribe mal Montmartre.
247
se ha quemado las pupilas”; esta ha sido una de sus últimas frases escrita
en una revista de América. Así ennobleció su ceguera (Anónimo,
1909m: 94-95).
Por último, debemos hacer referencia a una necrológica que fue descubierta en
2016, con el fin de aportar la bibliografía más actualizada. Sergio Constán Valverde
Vinardell”, en el que decía: “El 6 de abril de 1909, un mes y tres días después del
de París», llevaba por título «Los grandes bohemios. Alejandro Sawa», y aparecía fechada
necrológica es que apunta que Sawa llegó a París a finales de 1889, ya finalizada la
Exposición Universal, entrando en contradicción con las palabras que él mismo recogía
en uno de sus artículos: “recuerdo de aquel 14 de julio de 1889 con que París celebró el
más brillante del espléndido programa de festejos, estaba en todo su auge y en aquellos
días París podía proclamarse, con más razón que nunca, la gran metrópoli del mundo”
(Sawa, 1904b). También se trata el asunto del beso de Victor Hugo y se concluye que fue
248
Sin embargo, el hecho de que la necrológica de Vinardell diga que fue una ficción
no desvanece la posibilidad de que Sawa viajase a París en 1885 y tal viaje no esté
documentado. Tampoco creemos que haya que dar la razón a Vinardell cuando dice que
antes y el periodista no se encontró con él en ese momento o si Sawa hizo más de un viaje
en 1889. Tantas posibilidades tienen estas conjeturas de ser ciertas como las otras que
apuestan por ser ficciones inventadas por Sawa para consagrarse como personaje en vida.
Por un lado, aunque le reproche que quiso ser más de lo que era, afirma que era
más que otros que llegaron más alto, situándose en la línea de las otras necrológicas que
hemos transcrito, admitiendo su talento. Por otro lado, a pesar de que se equivoca al
retrato” en dicha obra. Esta afirmación se hizo en 1909, de modo que los contemporáneos
249
aquella vida en París, pues, al igual que Sawa introdujo en sus círculos literarios parisinos
a Rubén Darío, también presentó a sus amistades a Vinardell. Así lo contaba en 1913 en
un artículo llamado “Ruinas y recuerdos”, publicado en la portada del poco conocido diario
250
2.8.3. Reportajes y anécdotas póstumos. Dos nuevas aportaciones
En este último apartado, dentro del dedicado a los testimonios que de Sawa daban
recoger otros escritos cuyo denominador común es que se escribieron muchos años
después de la muerte del escritor. La distancia temporal opera tanto para bien como para
mal. Por un lado, conlleva una inevitable distorsión de los hechos que se recogen, pero,
por otro lado, nos muestra que aún seguía viva la fama de Alejandro Sawa. Además,
gracias a estas crónicas, hemos podido averiguar nuevos datos y hemos descubierto
nuevas anécdotas que seguramente tuvieron presentes los escritores, como Valle-Inclán,
Algunos de los textos que vamos a recoger no son muy extensos, como el de
Emilio Carrère (1881-1947). Sin embargo, merece ser tenido en cuenta porque destaca
gesto amplio y magnífico como Hugo, ciego como Milton, altivo y suntuario como un
dios […] En Alejandro Sawa la capa bohemia era manto pluvial, capa pontifical, manto
bohemia” (Carrère, 1918: 164). Y, también, que tenía la cabeza en las nubes y el corazón
en la hoguera del amor y del dolor de la Humanidad (Carrère, 1918: 164). Este
ahí que Carrère diga que su cabeza estaba en las nubes. Volvemos, por lo tanto, a su
idealismo que no hizo frente a problemas reales como la economía con la que mantener
a su familia.
251
En El Nuevo Mundo, José San Germán Ocaña publicó un reportaje el 18 de marzo
de 1909, es decir, pocos días después del fallecimiento del bohemio. No son muchos los
pues las necrológicas de los periódicos alababan las cualidades de Alejandro Sawa, pero
no contaban datos del entierro. El dato más fiable que tenemos hasta el momento era el
testimonio de Ernesto Bark sobre su lucha con los sepultureros. Ahora bien, las palabras
de San Germán son bastante cercanas porque aportan un dato esencial: cargó con el ataúd.
Si bien en las listas de los asistentes al velatorio no aparece, es posible que acudiese
directamente al entierro. Salvando algunos errores, como que murió a los cuarenta y ocho
años, siendo que aún no había cumplido siquiera los cuarenta y siete, San Germán hace
un repaso de la vida de Sawa destacando que se codeaba en la capital francesa con las
más ilustres plumas y que era en París “una consagración”, que en España fue el más
252
Era, sobre todo, un gran niño todo bondad cuyo espíritu refinadamente
ecléctico, varonilmente rizado en humano lirismo, vibraba como el
vidrio de una máquina eléctrica cuando el plectro del ajeno dolor se
llegaba a las cuerdas de aquella gran citara que fue su corazón de artista
[…]
En París, entre los simbolistas y decadentes de Montmartre y del Barrio
Latino, Sawa paseaba como una consagración. […]
Hace un cuarto de siglo, cuando este Sawa aún no tenía los veinticinco
—ha muerto a los cuarenta y ocho—el maestro no era ya solo un
estilista, no era solamente un orfebre que trabajaba el verbo fecundo y
audaz de la gema robusta y polifónica del idioma: era también un
novelador admirable, era un buzo valeroso y sutil de las entrañas
orgánicas de la sociedad; era, sobre todo, el innovador entre nosotros
del naturalismo literario en la forma y en el fondo, que llegó a ser el pan
espiritual de todos los intelectuales españoles de entonces a la fecha.
Crimen legal, Noche, La mujer de todo el mundo, Declaración de un
vencido […] y otras obras suyas, fueron luces de cerebro propio, recias,
eclécticas, humanas, valientes y generosas, publicadas por entonces, y
que le cantaron el hosanna triunfal de los caudillos del Arte […]
Sus últimos tiempos han sido de martirio. Primero la disnea, después la
nefritis, enseguida la ceguera; por último la locura. […]
Sawa, Alejandro Sawa, era glorioso, ¿para qué más epitafio? (San
Germán Ocaña, 1909: 211).
Además de las alabanzas, el periodista aporta otros datos que no conocíamos sobre
encefalitis que le hizo agonizar, San Germán Ocaña nos informa de que antes llegó la
disnea, es decir, la dificultad para respirar a causa de los ahogos, y la nefritis o inflamación
de los riñones.
Sin embargo, debemos destacar sobre el resto de aportaciones que San Germán
253
orgullo y su bondad y que se estremecía ante el dolor ajeno. Esto es, sin duda, una muestra
de estudiar, pero imprescindible porque también trató el caso de la muerte de Sawa. Son
tres los artículos póstumos que escribió sobre Sawa. Debemos recordar que Luquero era
esto, es uno de los pocos que aporta datos sobre ese suceso. El problema es que no se trata
sino de pinceladas, inconexas si cabe y dilatadas en el tiempo. Esto hace presuponer que
Diario de Ávila98, el 2 de marzo de 1967 y el último es del ABC, del 22 de mayo de 1974.
Puede que la admiración de este poeta y periodista segoviano hacia el bohemio sevillano
le llevara a exagerar, incluso a distorsionar, sus aportaciones. Es más, tal vez, obnubilado
por la desgracia que había acontecido, el propio periodista transmitió más sus
percepciones que los hechos reales. Aparte de una breve descripción de aquello que
rodeaba al cadáver, afirma que nunca trató con el artista; en cambio, como observa Allen
Phillips, en el artículo de 1967 dice haberlo conocido y haber hablado tan solo una vez
con él (Phillips, 1976: 27). Otro dato que llama la atención es que ni en el primer artículo,
ni en el último, hay rastro de un famoso clavo que sobresalía del ataúd y perforó la sien
del difunto99, sembrando la duda sobre la efectiva muerte, cosa que sí recuerda en 1967.
98
Este artículo fue facilitado por Idelfonso-Manuel Gil a Allen Phillips, como se dice en Phillips 1976: 27,
nota al pie núm. 17.
99
Allen Phillips hace referencia a esta omisión irónicamente: “Hernández Luquero se olvida del hilillo de
sangre […]” (Phillips, 1976: 27).
254
En 1909, Hernández Luquero tan solo hace referencia, en relación con el velatorio,
al aspecto de Sawa, quien estaba envuelto en un sudario blanco y seguía manteniendo una
buena apariencia. Además, dedica a Sawa unos cuantos elogios, que recuerdan a la
admiración que manifestaba Prudencio Iglesias Hermida y emplea la luz para referirse a
su prodigiosa cabeza:
sobresalía del ataúd perforó la sien del cadáver del escritor sevillano, haciendo más tétrica
aún su muerte. Según las palabras del periodista, a causa de esto, Valle-Inclán sembró la
duda sobre si estaba vivo o muerto, pues un hilo de sangre brotó de la sien al rozarse con
el mencionado clavo. Sin embargo, tras haber encontrado el testimonio de Ernesto Bark,
consideramos que tenemos un buen argumento para afirmar que la duda fue cosa del
estonio.
100
Hemos visto más arriba que dicho periódico fue El Liberal.
255
Respecto al artículo, Luquero dice lo siguiente:
Y, por último, en 1974, retoma casi idénticas palabras a las que dijo en 1909,
añadiendo:
101
Cita recogida por Phillips, 1976: 28.
256
Tras la ceguera adivinó la locura […] huyera la luz de su cerebro […]
Yo le contemplé muerto en aquel cuarto humilde de la Travesía102 del
Conde-Duque, bajo un soporte lleno de pipas y el cuadro que, tras un
cristal, guardaba un soneto inédito y autógrafo de Verlaine.103
Su semblante era magníficamente blanco, la frente se dijera iluminada
por la luz interna que alumbraba sus soberbias quimeras.
Hombre de tan extraordinaria calidad humana […] En días de estrecha
penuria en el hogar del escritor, consiguió un ingreso de treinta duros
como adelanto a una colaboración prometida, y cuando su resignada
Juana esperaba esta apreciable ayuda que tanto significaba en la primera
decena de este siglo, apareció el magnífico Alex, a la hora de comer
precisamente, radiante de alegría con un perro nuevo, por el que había
entregado ciento cincuenta pesetas. Aquel día no se comió en casa del
elegante prosista […] (Hernández Luquero, 1974).
En este artículo, dedica gran parte del texto a reproducir la famosa carta del 14 de
julio de 1908, en la que Sawa reclama la deuda a Darío. Y, como puede verse en la cita,
Luquero se cuestiona por qué no hizo efectivos los pagos el nicaragüense, una prueba más
de que la deuda nunca se saldó y era un asunto bien conocido por todos.
Si bien en el artículo que publicó en el Diario de Ávila, Luquero dice que conoció
a Sawa, en el de 1909 dice textualmente “que nunca traté”. Salvando esa discordancia, y
Alejandro Sawa. Sin embargo, no por ello deja de comentar los habituales episodios de
los perros, animales por los que Sawa sentía devoción. Es importante retener estas
102
Confunde la calle del Conde de Duque con la travesía del Conde Duque, calle perpendicular a aquella.
Es un error bastante común, porque Sawa también vivió en la travesía.
103
No se trata de un soneto, sino de un poema de dieciséis versos: “[…] el poema no era un soneto, sino
otra versión del titulado «Féroce», publicado en Le Rêve et l´Idée, mayo-julio de 1895” (Correa Ramón,
1993: 50).
257
Tampoco debemos pasar por alto que también emplea los vocablos relativos a la
Por otro lado, un tal H.R de la Peña firma un extenso artículo que ocupa dos
páginas de La Esfera de 1930. A este artículo ya nos referimos a propósito de las cartas
que Sawa enviaba a Darío, pues en ese reportaje se reproduce el texto que Sawa conservó,
aquel que tiene faltas de ortografía, si bien la misma caligrafía que las otras cartas.
Además de dedicar espacio a tratar la deuda dariana que como vemos, fue un tema de
gran impacto, el artículo también sirve de alabanza al bohemio. Todo, sin perder de vista
sombra se deshace en halagos. Y, aunque ya sea repetitivo, también este periodista recurre
al verbo “brillar”. Sin embargo, le da un giro que no hicieron los demás, pues considera
que una cosa es brillar y otra es arder, y que Sawa ardió, en el sentido de que acabó
consumido:
París, lo recordó en Un hombre que se va (1964). Sin embargo, en vez de una semblanza
de sus vivencias, optó por un recuerdo de su muerte. En concreto, describió cómo el clavo
258
Murió Sawa “en belleza”, sin una contracción en el hermoso semblante,
sin una frase torpe o un gesto feo. Dentro del ataúd y a la luz de los
cirios, parecía un mármol. Detalle escalofriante. Un clavo de la caja le
había lastimado la sien y de la herida salió un hilillo de sangre, que
cuajó en seguida. Ese clavo, sobre el que apoyaste la frente para dormir
tu último sueño, ¡pobre hermano!... es el símbolo cruel de tu historia
triste (Zamacois, 1969: 177).
Luis Ruiz Contreras (1863-1953), quien fue escritor, dramaturgo y periodista muy
259
Esta semblanza de Sawa muestra su amistad con Cornuty, quien será muy
Además, nos muestra su cara generosa. Y si bien el asunto del perro y el beso de Victor
Hugo vuelven a caer en el sensacionalismo, debemos retener que trajo acento francés y
“Comment s´apelle ça?”, pues esta frase también va a ser usada para la trasposición de la
realidad a la ficción.
escribe. Uno de los recuerdos que incluye es con Alejandro Sawa, al que fue a entrevistar
cuando ya estaba ciego: “Con Alejandro Sawa «El Magnífico» en el café de Platerías”.
No podemos reproducir aquí las cinco páginas que ocupa esta semblanza, pero sí vamos
a citar los fragmentos más importantes, pues pueden aclarar algunos detalles de la vida
del sevillano. Este juicio es importante porque Pompey no era amigo de Sawa, ni tampoco
detractor. Ya lo conoció ciego y todo lo que dice lo sabe porque lo ha leído o porque Sawa
se lo contó poco antes de fallecer. Esto hace que su punto de vista sea más objetivo que
260
retrato si lo comparamos con el Romanticismo francés, que él adoraba,
y de cuyo grupo conoció personalmente a Victor Hugo y a otros de las
letras y de los pinceles; en aquel París en el que aún se respiraba en un
clima espiritual del Romanticismo y los pintores impresionistas daban
la batalla contra el arte oficial y la incomprensión de la crítica burguesa.
En aquel París, Alejandro Sawa llegaba con sus veintidós años de edad
y “una sed de ilusiones infinita”. Sevillano y de una inteligencia
sensible y de gran imaginación creadora, Alejandro Sawa se da a
conocer en las tertulias de artistas y escritores: de la “Closerie des Lilas”
al Café D´Harcourt, en pleno “quartier Latin”, Sawa se encuentra como
en su casa. Conoce y trata personalmente al más grande lírico de Francia
en el siglo XIX, Paul Verlaine, que le estima y le regala la pipa que
usaba con habitual placer, y le da un beso -costumbre elegante en
Francia- como prueba de afecto y admiración de su talento. En la
tertulia de Verlaine, Sawa se reúne con Rubén Darío, Gómez Carrillo
[…] Su estampa romántica justificaba su belleza física y la de su
espíritu señorial. En los días difíciles sabía ocultar su pobreza con
dignidad de gran señor […] la cabeza de Sawa se destacaba entre as de
los escritores y artistas por “su belleza griega” y que era más bella que
la de Alfonso Daudet (Pompey, 1972: 86-87).
Por un lado, aprecia el amor de Sawa por el Bien y la Belleza, con mayúsculas, en
la línea que apuntaba Darío en el prólogo de Iluminaciones en la sombra. Por otro lado,
da más datos de su estancia en París y apunta que también Verlaine le dio un beso, además
del de Victor Hugo, que también lo recoge. Es importante que Pompey sepa de oídas la
notoriedad de Sawa en París, pues es una muestra más de que fue de los pocos que se
261
Sin embargo, lo más importante es que da un dato que, hasta ahora, ninguno había
apuntado: que Sawa llegó a París con veintidós años. No hay ningún modo de constatar
esto, pero si está en lo cierto, los veintidós años de Sawa coincidirían con los años 1884-
1885. Podría tratarse de un viaje anterior a su estancia de varios años y, en esa fecha, es
A partir de aquí, Pompey empieza a dar sus impresiones, pues concretó, a través
de Joaquín Dicenta (hijo) y su secretario (seguramente, José María Gascón), una cita con
repitiendo las anécdotas que más impacto causaron: la estancia de Sawa en París, las
trágicas circunstancias de su muerte con el episodio del clavo y su afición por los perros.
dotes intelectuales, pero dejan ver que no las supo rentabilizar a causa de sus ideas.
Hasta aquí llega el análisis del resto de testimonios sobre Alejandro Sawa. De
todos ellos se tenía constancia y han sido enumerados o citados brevemente en alguna
ocasión por la crítica. Sin embargo, nuestro propósito era el de analizarlos, ponerlos en
262
conexión e integrarlos en esta investigación con el propósito de reforzar nuestros
argumentos, de ahí que nos interesase el contenido, en qué coincidían o el lugar que
Sin embargo, a estos escritos sobre Alejandro debemos sumar dos que no se
en el contenido, pues distan bastante de los anteriores, revelan nuevos hechos de la vida
de 1920. Aquí se relata cómo el bohemio creía recuperar la vista en ciertos momentos de
altivez, pero no eran más que ilusiones y la oscuridad seguía envolviendo su vida. Estos
pasajes, como veremos, los recrea en varias ocasiones Valle-Inclán, cuando Max Estrella
grita que puede ver para luego decir que se había vuelto a hacer de noche.
El artículo es el siguiente:
104
Creemos que se trata del pseudónimo de algún periodista de la prensa madrileña porque en la cabecera
del artículo pone “Colaboración madrileña”, pero no hemos conseguido identificarle. Podemos descartar a
Prudencio Iglesias Hermida y a Joaquín Dicenta por haber fallecido ambos antes de 1920.
263
amigos, el único que fue a su casa y nada le pidió, -¡en mi brazo
derecho, una noche de furioso ululante viento, de lluvia que mordía los
cristales, murió!- fue el humilde cronista.
Yo no conozco canciones de los ciegos de nacimiento. No sé si,
rebeldes o resignados, llevan la cruz de su ceguera. Pero, por las
manifestaciones externas, reveladoras del estado psíquico de Alejandro
Sawa, puedo, a la ligera, apuntar alguna cosilla de los que tuvieron
vista.
Un hombre que vio, al hacerse la oscuridad en sus retinas, no se
acostumbra a la idea de una perpetua falta de luz. Como ocurría con el
autor de Crimen legal, el más nimio ofrecimiento para que percibiese
el mundo exterior, le llena de contentamiento y júbilo. Un encadenado,
a toda hora del día y la noche, perennemente, sueña con romper los
grilletes que le traban y le aprisionan; un ciego, como Alejandro Sawa,
por mucho tiempo que privado de ella lleve, con la vista delira, a cada
instante. Y, en sus adentros, amargamente, cuando su imaginación vaga
por el caos de sus tinieblas, laméntase de que, como un oculista de sus
ansias, el Cristo que daba vista a los ciegos no ocupe la atención pública
en estos tiempos de su ceguera.
En cierta ocasión, nada más llegar a su casa, Alejandro Sawa me espetó:
-Esta noche, al encender Joane el quinqué, aunque muy débilmente
como es lógico, he percibido el momento de hacerse la luz.
Y con la alegría de un chiquillo, uno a uno de los contertulios, fue
diciéndonos a todos igual. Pocos días después exclamaba:
-Mujer, mujer… ¿Como no encendiste ya?
-Está encendido, Alejandro.
-No puede ser. Me engañas tú, me engañan los amigos para que yo no
te regañe… ¿Por qué no noté el instante en que encendiste?
-Está encendido.
-Imposible… A ver… Ponedme la palma de la mano sobre el tubo…
¿Ven ustedes como no me quemo?
¡Se abrasaba!.. ¡Quién lo duda! Pero autosugestionado, con el tesón de
ver en un próximo plazo, no sentía de momento el calor de la llama.
Una de las grandes preocupaciones de este ciego, siempre que a la mesa
se sentó para comer, fue no permitirse la más leve mancha le cayese.
Extremadamente exagerado en esto lo justificaba diciendo:
264
-El hombre que se mancha la boca cuando come, da la idea de uno de
esos muchachos que, durante el desayuno, se embadurna la cara con
chocolate.
Y así como era pulcro en la vestimenta, limpio durante la comida y
cuidadoso de todo detalle, en el momento de firmar los originales o
cartas exigía que se le colocará el papel de forma que sin torcer el sprit
y elegancia sus rasgos, saliese la firma.
-¡Un hombre sin paraguas, el día que llueve, y un ciego, en todos los
días del año, provocan la conmiseración de la gente. No quiero que, por
mi firma, deduzcan mi falta de vista y se lastimen de mí (Rien, 1920:
1)105.
a su integridad, como en el caso de San Germán Ocaña. También contó Pierre Rien que
Sawa no quería que por su firma dedujesen su ceguera. A pesar de que en los apartados
cartas, pues debido a su ceguera tenía que dictar sus palabras, y dicho cambio ya era
evidencia suficiente de su pérdida de visión, hemos decidido, a raíz de leer este artículo,
comparar las firmas de Alejandro Sawa antes y después de perder la vista. Es sorprendente
el parecido que guardan entre sí ambos trazos106. Esto nos demuestra que Sawa era un
hombre sumamente cuidadoso y que se esforzó al máximo para firmar estando ya ciego.
La otra gran aportación se corresponde con otro testimonio sobre Alejandro Sawa
Recuerdos de un periodista de principios de siglo (1958), dedica tres páginas a narrar las
España (revista en la que se publicó la primera versión de Luces de bohemia por entregas
105
Ver Anexo III, imagen 6.
106
Comparar firmas de Anexo I, imágenes 2 y 3. En la primera ya está ciego, en la segunda no.
265
en 1920) a la que era asiduo Alejandro Sawa. Un día llegó una mujer extranjera que quería
formar parte de aquella reunión y escribir en la revista. Según el periodista, esta chica
imitaba a Claudine, el personaje creado por la escritora Colette (1873-1954) para ser la
su perrito del mismo modo que la adolescente de la novela lo hacía con su gata. Dicha
mujer, que se hacía llamar Pierret, se convirtió en una buena contertulia para Alejandro
Sawa, con quien charlaba en francés sobre su experiencia parisina durante largas horas:
Uno de los tipos más sobresalientes y dignos de curiosidad entre los que
acudían a la tertulia que a altas horas de la madrugada se formaba en un
despacho de la Redacción107 era Alejandro Sawa. Seguramente a la
generación de hoy poco le dice este nombre, ya casi olvidado. Sawa era
el prototipo de bohemio gran señor, con todos los gustos de aquel y todo
el empaque de este. Escritor de magníficos vuelos, había sentido en su
juventud el impulso que a tantos de nuestros ingenios les llevara a
cruzar la frontera atraídos y subyugados por el ambiente de París. Lo
mismo que a Eusebio Blasco, igual que a Gómez Carrillo, a él habíale
conquistado la vida de la entonces apodada -ahora la expresión resulta
cursi- Ville lumière. Allí trabajó, luchó, vió su firma cotizada por los
grandes periódicos; ganó dinero; para luego, ya viejo, pobre, medio
ciego y desengañado, volver a Madrid a vivir en un buhardillón, que él
calificaba de palacio, en la calle de Tudescos y asistido de la desgreñada
portera, convertida, por la imaginación del incorregible romántico, en
su “numerosa servidumbre”. Pero Alejandro conservaba el recuerdo de
algo maravilloso que en tiempos ya lejanos le había hecho estremecerse
de emoción: un día, cuya fecha debiera haberse escrito con áureas letras
en la historia de la literatura universal, Víctor Hugo, el grandioso Víctor
Hugo, absorto por la labor del escritor español, le dio un beso en la
frente. Y desde entonces, Sawa, al lavarse de vez en cuando la cara,
había respetado la frente para no borrar la huella de aquel ósculo
sublime […]
107
Se trata de la redacción de la revista España (Medaro, 1958: 69).
266
Un día, mejor dicho una noche, surgió nuestra redacción una mujercita
joven, rubia, de ojos azules, boca grande y ademanes entre desenvueltos
e ingenuos. No supimos, ni nos importaba, quién la había encaminado
a la absurda tertulia; ni jamás pudimos averiguar ni nos lo propusimos
cuál era su nacionalidad. ¿Francesa, belga, austríaca? ¡Qué más daba!
Decía que quería ser escritora y que amaba a nuestra Patria; hablaba y
discutía sobre arte y literatura empleando para expresarse una jerga
internacional compuesta de varias lenguas, entre ellas preferentemente
la francesa. Enhebraba con Alejandro Sawa largos y pintorescos
diálogos evocando figuras y lugares de París. Y al final de la jornada se
quedaba a cenar con nosotros, mostrándose realmente indignada si
pretendíamos eximirla de que abonara su correspondiente parte en el
gasto.
Hallábanse en aquella época muy de moda las novelas las “Claudinas”,
la obra clave que hizo famosa autora Collet Willy; y pronto pudimos
observar que nuestra nueva amiga, de la que solo conocíamos su
nombre, o el nombre con el que se había presentado, Pierret, estaba
influenciada por aquella fantástica heroína, y de tal influencia se
derivaba su desparpajo, sus desplantes y sus frases impregnadas de
fuerte humorismo. Para imitar a Claudina, así como esta siente
debilidad por su gata “Mariposa”, Pierret llevaba constantemente en
brazos un diminuto y feísimo perro inglés a quien llamaba Bijou y
prodigaba cariñosos besos en el agudo hociquito (Mendaro, 1958: 70-
71).
Es cierto que Eduardo Mendaro comete algunos errores y exagera algunos datos.
Por ejemplo, dice que Victor Hugo tuvo constancia de lo que había escrito y a ello le
este asunto, pero de ninguna manera Victor Hugo pudo conocer los escritos de Sawa, pues
falleció en 1885 y Sawa solo había publicado El pontificado y Pio IX y La mujer de todo
el mundo, esta última novela de 1885. También nos desconcierta que sitúa el domicilio
de Sawa en la calle Tudescos de Madrid cuando el escritor estaba ciego; sin embargo, en
267
Por otro lado, refuerza algo que ya vienen recogiendo la mayoría de los
testimonios: la firma de Sawa estaba cotizada en París. También afirma que la generación
dijimos que el rescate de Sawa como escritor por parte de los estudiosos comenzó en los
edificio le hacía a Sawa las veces de servicio. Esto no tendría ninguna trascendencia de
Por otro lado, y aunque sobre esto volveremos al tratar Luces de bohemia en el
capítulo dedicado a los personajes, no podemos finalizar este apartado sin anticipar la
correspondencia que se establece al rescatar este texto. La mujer de Sawa era francesa,
Jeane Poirier, y con ella tuvo una hija a la que llamaron Helena Rosa. Helena tenía tan
solo dieciséis años cuando murió su padre. Posteriormente, cuando Valle-Inclán crea a la
mujer y la hija de Max Estrella, hace que la primera sea francesa y la segunda una
adolescente. Con tal semejanza bastaba hasta el momento para la identificación, sin
pusieron al azar: Madama Collet guarda un claro parecido fonético con el nombre de la
268
Además, Mendaro no escribe Colette para referirse a la escritora, sino Collet, pues,
269
270
3. La obra de Alejandro Sawa: el binomio luz-oscuridad como eje
vertebrador108
Sawa, que publicó en 1878, aunque la crítica no la suela contemplar por ser prematura y
tratarse de una apología exagerada del papa. Sin embargo, es su primera obra y debemos
tenerla en cuenta. Además, en esta investigación es muy importante porque, hasta ahora,
no se había analizado.
muy breve varias novelas: La mujer de todo el mundo (1885), Crimen legal (1886),
Criadero de curas (1888). Sin embargo, su obra no es tan lúgubre, sino que tiene ciertos
tonos de luz:
108
De aquí extrajimos el artículo Santiago Nogales, R. (2017). “El binomio luz-oscuridad en la obra de
Alejandro Sawa”, en Letras anómalas: estudios sobre textos y autores hispánicos más allá del canon,
Madrid: Philobiblion UAM, 135-151.
271
López Bago se siente orgulloso de tener un nuevo compatriota militando en el
minoritario naturalismo radical, pero cree que este romanticismo perjudica a Sawa y al
movimiento: “resulta un poco indisciplinado” (López Bago, 2012: 215). Cree que
“baratijas que se ha traído de la casa de los románticos, para vivir en la nuestra, y que irá
vendiendo a los compradores de lo viejo” (López Bago, 2012: 216). A causa de esto, los
zolescos, si bien a Zola lo admiraba Sawa profundamente. Sin embargo, se trata de una
visión personal del naturalismo: “Las seis novelas escritas por Sawa están concebidas
pesar de los propósitos de su autor, hay en esas novelas elementos que se escapan a la
concepción naturalista y que permiten atisbar lo que será la escritura de Sawa tras la
decisiva eclosión que supone la estancia de varios años en París” (Correa Ramón, 1993:
55).
Lejos de intentar depurar el estilo y acercarse más al naturalismo más feroz, Sawa
109
En relación con los elementos tomados del Romanticismo, puede consultarse Puebla Isla, C. (1998). “La
pervivencia de elementos románticos en la obra naturalista de Alejandro Sawa”, Siglo XIX, 4, 201-221.
272
lo hermoso. ¿A qué copiar siempre lo feo? ¿Es, por ventura, el fin del
arte la negación?
¡Ah! ¡En Francia se equivocan, como se equivocan en España! La
realidad no es lo feo. Es
lo feo y lo bonito combinados. a veces lo bonito sólo. Lo feo sólo, la
nota negra dominándolo todo, el color negro siempre, eso solo se ve en
los carboneros los días de trabajo; los domingos se lavan la cara, se
visten de limpio y van a El Ramillete a bailar con sus paisanas; y son
morenos, rubios, sonrosados, pálidos […]
El dilema, lo positivo y lo negativo, la tesis y la antítesis, el anverso y
el reverso. Ese es el arte. Ni el color blanco, ni el color negro solo. El
blanco y el negro combinados hasta la hermosura
absoluta, un claroscuro que no ha podido soñar Rembrandt (Sawa,
1886: 306-307).
esta concepción del mundo es la que le lleva a Sawa a emplear términos de luces
naturalista sirve para combatir lo feo y denunciar las zonas oscuras: “En su relato se
percibe también el peculiar talante ideológico de Sawa, pues transmite a los lectores una
Pues el naturalismo participa de ese afán crítico con la sociedad y sus peores vicios. La
obra de los naturalistas radicales también se considera de lucha. De hecho, las crónicas
corrientes” (Correa Ramón, 1993: 53). Prueba de ello es que publicó Historia de una
llena de luz. Sin embargo, será su última toma de contacto con la narrativa como tal, pues
desde estos momentos hasta su muerte, centra todos sus trabajos en la prensa.
273
Las crónicas de Alejandro Sawa suman más de ciento setenta y se encuentran
publicadas en su mayoría en los diarios más importantes de Madrid. Estos escritos suelen
ser muy críticos con el panorama político y social. Al igual que en su naturalismo, donde
no tenía pudor para mostrar escenas escabrosas, en la prensa “Sawa no tacha” (López
Bago, 2012: 235). Esto le lleva a no pasar la censura por no sacrificar sus principios
morales. De este modo, su intención de crítica y denuncia social se mantiene igual que en
como veremos en las siguientes páginas, es una obra de difícil clasificación, pero en ella
queda muy bien reflejado el pensamiento de Sawa gracias a sus reflexiones. A pesar de
Por otro lado, Sawa también un par de traducción del francés al castellano, de su
admirado Daudet. Tradujo Los reyes en el destierro (Sawa, 1899), texto que se llevó a las
tablas y fue un gran éxito. Asimismo, el 22 de julio de 1910, El Cuento Semanal publicó
1910b).
Por último, es posible que exista una obra dramática de Sawa, pues él mismo
confesó:
274
representación se disputaban dos teatros de Madrid, me ofreció
por la propiedad absoluta de mi trabajo […] treinta monedas del
mismo tipo monetario de las que tentaron a Judas para consumar
su mortal infamia; treinta monedas que yo acepté con ansia, con
asco (Sawa, 1977: 152).
Es probable que exista una obra de teatro escrita por Sawa y firmada por algún
contemporáneo suyo que se la compró abusando de las penurias de su autor. Sin embargo,
hasta el momento, estas palabras suyas son la única pista que tenemos sobre este asunto,
275
276
3.2. El Pontificado y Pío IX: una primera obra revisable110
En 1878, teniendo tan solo dieciséis años, Alejandro Sawa publicó El pontificado
y Pío IX (apuntes históricos). Quizás, influido por la educación que en el colegio del
Seminario malagueño había recibido, se aventuró a redactar este insólito ensayo. Poca
importancia se les ha dado a estas páginas y el propio escritor nunca hizo alusión alguna
al texto. Prácticamente, podría decirse que no entra dentro del cómputo de la producción
directamente del naturalismo radical con La mujer de todo el mundo, en 1885. Puede que,
efectivamente, tan solo se trate de una anécdota que no merezca un detallado estudio
literario por presentarse como una obra en una etapa de inmadurez, recargada con un
Sawa adulto.
Toda su obra, incluso la propia vida del escritor (recordemos que murió ciego),
hipocresía de los seres humanos. Por poner algunos ejemplos que dan cuenta de esta
considerada como un diario de reflexiones cuyo título ya condensa el binomio del que
hablamos. Es más, en las novelas naturalistas de Alejandro Sawa todas las conductas de
los personajes se pueden clasificar según estas claves. Todos aquellos que tienen un
110
De este apartado extrajimos el artículo Santiago Nogales, R. (2016). “Alejandro Sawa y los sucesores
de San Pedro: Pío IX y Pío X, dos pontífices admirables para un anticlerical”, en Alfinge. núm. 28
(Universidad de Córdoba), 73-87. ISSN 0213-1854.
277
comportamiento denigrante pertenecen a la sombra, mientras que los individuos
genéticamente sanos, vitalistas y con buenas intenciones, irradian una luz que,
generalmente, suele ser aniquilada por la oscuridad (por aquello del determinismo
también social). Uno de los títulos más ilustrativos es el de su novela Noche, donde la
represión acaba llevando a la decadencia familiar. Dice Allen Phillips: “Las notas de luz
(Phillips 1976: 195). Pero, aún más ejemplificativa es Criadero de curas (1888), porque
se trata del ingreso de un niño en un seminario y no hay duda de que las tinieblas se sitúan
El problema del seminario es que coarta las libertades, adoctrina y, lo peor, que
los curas que habitan en él son seres perversos con intenciones materialistas y una
plano, ponderándose las represiones y los castigos por encima de hacer el bien al prójimo,
vida: “De ahí lo terrible de esa muerte, de esa aniquilación. Sawa pretende desenmascarar
a una institución que está dañando, solapada y continuamente, la sociedad en que vive.
El clero daña el progreso y daña la vida” (Correa Ramón 1993: 150). Solapadamente
porque no se comporta del modo que debe y se enmascara bajo un mensaje que aporta
en la sombra: “Desconfiad del cura cuando os hable del sol, de las cosas francas de la
vida; creedlo, sin embargo, cuando os insinúe cosas de la sombra. Si es un verdadero cura,
278
viene de allí, y en las zonas de claridad tendría que reconocerse forastero” (Sawa 1977:
145).
presente, aunque no se corresponde con aquello que Sawa asociaría con la luz en el resto
de sus obras. Es más, podría decirse que el giro que experimenta es tan sumamente brusco
que el binomio se da la vuelta y lo que en sus primeros años relaciona con la luz, en el
resto de las novelas se asociará, como hemos visto, con las tinieblas.
serie de circunstancias que envuelven la gestación del mencionado ensayo y a lo que los
carrera de Derecho (Correa Ramón 2008: 46 y Phillips 1976: 48), si bien “los intereses
del joven Sawa iban ya por un camino ciertamente muy distinto” (Correa Ramón 2008:
muerte de Pío IX y el mismo en el que publica los “apuntes históricos” a los que nos
referimos. No hay modo alguno de averiguar cuáles fueron las razones exactas que
llevaron al joven Alejandro Sawa a elegir semejante tema para su primera publicación
literaria en toda regla. Posiblemente, seguía “muy influido por sus años de estudio en el
colegio del Seminario” (Correa Ramón 2008: 51), pese a los casi tres años que habían
pasado y las circunstancias políticas que se habían vivido coincidiendo con las fechas en
las que Sawa estaba en el colegio religioso (I República). Ahora bien, también es cierto
279
que poca mundología podía tener Sawa, por muy brillante que fuese, con dieciséis años
tradicional. Pero, dada la atracción que sentía hacia la literatura, no es de extrañar que los
conocimientos que tenía en ese momento (que no eran sino los transmitidos en la escuela)
los quisiera plasmar por escrito. A esto hay que sumar el reciente fallecimiento del Papa
Pío IX, que no deja de ser la excusa perfecta para desplegar toda una serie de reflexiones
y retórica al respecto.
redactar aquellas líneas tituladas El Pontificado y Pío IX, lo cierto es que el ensayo existe,
se publicó, fue la primera publicación literaria del escritor y hay que acercarse a ella con
rigor y objetividad: “[…] ese folleto que Alejandro tal vez no recuerde hoy y al cual, sin
embargo, no puede negar sus derechos de padre y que fue su primera manifestación
justificando las líneas que seguían: la primera parte consta de apenas cinco hojas
dedicadas a la situación de ese momento tras la muerte del Pontífice; un segundo apartado,
desarrollada, se recoge lo que había sido la vida de Pío IX, poniendo de por medio toda
glorificar y ensalzar la figura del Sumo Pontífice en un tono engolado y retórico, que hace
111
Amelina Correa también recoge la cita en 2008: 51 y remite a Pérez Arroyo, 1901.
280
de admiración que roza la hagiografía” (2008: 51-53). En la misma línea, Allen Phillips
habla de estas páginas como: “una especie de apología y defensa de Pío IX, que acababa
folleto sobre el Papa la religión como fuerza motriz que impulsa los corazones y la
inteligencia hacia todo lo que supone progreso, cultura y perfección” (2009: 12).
Esta última cita es de suma importancia en tanto que Alejandro Sawa nunca dejará
de defender todo lo que impulsa el progreso o la cultura, sin embargo, cambia de idea
sobre de dónde procede ese impulso. Es aquí cuando entran en juego la luz y la oscuridad,
pues, como hemos visto en el epígrafe anterior, para Alejandro Sawa la luz era sinónimo
de dichos progreso y cultura, mientras que todo aquello que sumiese a la población en la
largo de su vida, pero lo curioso es que con dieciséis años identificaba a la Iglesia y la
cristianismo se insertaría entre los alumbradores, mientras que pocos años después,
pasaría a ocupar uno de los primeros puestos entre los oscurantistas (recordemos la cita
luminosidad: “mismo Dios que como síntesis, alfa y omega, principio y fin de todo lo
creado y de las producciones de lo creado, iluminó a los estadistas […]” (Sawa 1878: V).
En este momento de su vida, Alejandro Sawa asocia la cultura con la religión: “no se
puede concebir un pueblo culto, sin ser religioso” (1878: VI) y, considerando que la
pueblo de que nos ocupamos, permanece sumido en las espesas nieblas de la ignorancia”
Aquí percibimos su pasión literaria y su militancia al lado del progreso, de ahí nuestra
referencia a que nunca cambió de bando y siempre pensó que el avance era la luz. Así, en
estos albores, parece que aboga por una concepción del conocimiento que viene dado por
la unión de la fe y la razón.
Adentrándonos ya en el propio texto, quizás las partes más interesantes para este
estudio son la primera y la segunda, dado que la tercera no es más que una especie de
biografía (valorativa), siendo estos primeros y más breves capítulos los más subjetivos.
En el primero de ellos se habla de una Europa moribunda, de una Europa que arde como
una “incendiaria bomba en repleto polvorín” (Sawa 1878: 1). Esta manifestación de la luz
es negativa y es preciso aclarar que en Alejandro Sawa existen dos tipos de luces: las que
alumbran el entendimiento y las que estallan devastándolo todo. Dentro de estas últimas
entrarían el fuego, los cañones o las llamas que prenden la mecha de la destrucción.
a una Europa que se apaga, es decir, de un continente que, habiendo sido esplendoroso,
ahora agonizaba y de ahí que hable de una “luz próxima a extinguirse” o de las
282
En este clima de inestabilidad se muere el Papa Pío IX, lanzándose lo que Sawa
llama “un cañonazo”, que provoca todavía más destrucción: “Consumir un mechero que
había de disparar el cañonazo que todos amedrentados temíamos […] ese cañonazo, ese
firmamento, a la tristeza que se cierne sobre la cristiandad: el sol se oculta por vergüenza
porque no quiere alumbrar la tristeza, pasando a ocupar esa función la noche, opaca,
sombría, lluviosa… Se crea así una doble metáfora: Pío IX también alumbraba y ahora
A aquellos que reprochan esto les contesta un joven Alejandro que ya identificaba la
ceguera con la falta de luces intelectuales, refiriéndose a que se encuentran sumidos: “en
sitúa la luz y la sapiencia: “un hombre ilustre, tal vez el más de este siglo” (Sawa 1878:
5).
283
A continuación, pasa a la segunda parte de su ensayo, elaborando un repaso
sumida en la oscuridad de “la maldad y el vicio” (Sawa 1878: 6) y de abolir “el uso de la
razón y de la inteligencia” (Sawa 1878: 6). Dándose esas circunstancias es cuando aparece
de ahí que Sawa utilice términos fúnebres como “necrópolis” o “crespón”. El nacimiento
ignorancia, al igual que el tañido de campanas lamentaban la muerte de Pío IX, cuya luz
se ha apagado, haciéndose las tinieblas sobre la cristiandad. Por otro lado, se habla de un
284
árbol corpulento, lleno de vida, que trae “la semilla del progreso”, “la moralidad y la
justicia”. Los mismos términos referentes a un árbol lleno de vida también serían
variación de terminología.
misma que más escandaliza al Sawa adolescente es la desigualdad que existe entre los
hombres libres, ya fuesen patricios o plebeyos, y los esclavos, que eran tratados como
objetos, al no ser más que meras propiedades. Aprovechando esta situación, vuelve a
pero, en este caso, los esclavos son los ignorantes. Para Alejandro Sawa, la ignorancia es
capaz de juzgar por sí mismo. Sawa siempre aboga por la libertad, en sentido literal y en
una esfera más abstracta en tanto que predica la liberación de las cadenas de la ignorancia.
En un primer momento, en esta obra que tratamos, reprocha a Roma el robo de la libertad
a parte de la humanidad (si bien más adelante le reprochará a la Iglesia el mismo pecado)
Una vez más, las sombras son la decadencia y la barbarie, incluso el fanatismo
que los romanos profesaban en su politeísmo. Toda esa amalgama de vicios, unidos a la
285
corrupción y la venda sobre sus ojos, le lleva a Alejandro Sawa a calificar este período
valores perdidos de igualdad, libertad, caridad, justicia… Y trae consigo el sistema que,
286
soudra, iguales en un todo […] cuyo sentido filosófico concilia
perfectamente el derecho con el deber y la libertad con la justicia y el
orden; aparece rodeado de esplendor y gloria, de estigmas misteriosos
y sobrenaturales, concediendo la vida al cadáver, la vista a el ciego, el
oído a el sordo, la salud a el enfermo, la energía al débil, el aliento vital
al moribundo, la inspiración a el idiota, la paz al desesperado, la razón
al loco, las fuerzas al enclenque la vida al mundo (Sawa 1878: 13).
En este panorama, en el que parece hacerse la luz, nace la figura papal por el
solo es interesante la explicación de la justificación que Sawa hace del Pontificado, sino
que, además, recalca que en San Pedro se inicia y los demás sucesores han de continuar
la misión de quien fue a predicar a Roma iluminado por el cielo: “con él nace el
se presentó en Roma sólo, alumbrado por la inspiración santa que recibiera del cielo”
287
santidad en un momento determinado, sino refiriéndose a la finalidad de la institución:
“con los rayos de sus verdades y enseñanzas, y con el resplandor de su principio, historia
la acusa de poner freno a los avances. A esos ecos se va a sumar Alejandro Sawa unos
años después, pero, en estos momentos, ocupa el puesto defensivo; seguramente, porque
sobre el papel las ideas y principios cristianos, así como sus proyectos educativos, son
sumamente atractivos:
Tras este análisis de los muchos ejemplos sobre la luz y la oscuridad que se dan
en estas dos primeras partes del curioso ensayo que analizamos, no podemos finalizar sin
comentar algo del tercer bloque. Es cierto que el capítulo III Alejandro Sawa lo dedica a
la biografía de Pío IX o, dicho de un modo más llano y terrenal, de Juan María Mastai
Ferretti y, por lo tanto, son más histórico-biográficos que reflexivos. Sin embargo, el autor
288
no pierde la oportunidad de emitir juicios subjetivos. Por cuestión de simple lógica
presente y derivándose de las otras dos partes del escrito, no es difícil presuponer que, si
la institución del Pontificado es sinónimo de luz y progreso, aquel que ocupe el puesto de
Pedro deberá aportar ambas cosas a la humanidad. Si el propósito es ensalzar a Pío IX,
caso, habiendo muerto Pío IX, el Papa del que trata Sawa en estos dos artículos es Pío X.
En ambos, que comparten párrafos casi idénticos, se aprecia la simpatía que Alejandro
Sawa tiene por el nuevo Pontífice al comparar a su madre con la Virgen María, alabar del
humano de todos los pontífices.” Igualmente, en la segunda de las crónicas que traemos,
Sawa rescata el versículo bíblico: “los humildes serán ensalzados”, refiriéndose, una vez
289
Y aunque yo no creo en este decir de agencias y de corresponsales
periodísticos en Roma, no estará de más comentarlo, que es siempre
tema de simpática actualidad el ocuparse del antiguo párroco de
Salzano que por hermetismos de un cónclave ostenta el nombre alado
de Pío X… […] Dijo que no se sentía con fuerzas para resistir el peso
con que lo consagraban luz del orbe. A presencia de tanta humildad, yo
pensé en su madre, en la predestinada lugareña cuyas entrañas
contenían el molde donde fue vaciado un Papa. ¡Ah, si hubiera vivido!
¿Concebís maravilla humana comparable a la de una mujer que pudiera
decir, señalando al Vaticano y a la Basílica de San Pedro: “¿No habláis
de Dios? Pues yo soy la madre de su representante sobre la tierra… el
nardo dio su flor…”? Mientras que la multitud, arrobada ante aquella
sacra maternidad triunfante, exultaba con su millonada de bocas:
“¡Bendita tú eres entre todas las mujeres!”
Quizá por estos antecedentes y por la obra de democratización que ha
emprendido en las costumbres vaticanas, Pío X llegue a representar en
la Historia en menos pontífice, pero el más humano de todos los
pontífices (Sawa 1904a: 1).
De 1878 hasta 1907 han pasado exactamente veintinueve años, que han
cinco que se ve en la última estancia de su vida, tras haber vivido todo lo que configura
su personalidad y desarrollado unos rasgos y creencias entre los que se encontraría el tan
mencionado anticlericalismo:
290
Comenzó su formación en el Seminario conciliar de Málaga, donde
escribió un panegírico al obispo de la ciudad que contrasta con la crítica
radical a la jerarquía eclesiástica que hallaremos después en una de sus
obras más conocidas, Criadero de curas (Morante 2006: 590).
Sawa hable de sus “pupilas ateas” (1977: 220), ni siquiera contra todos los ministros de
mensaje de Cristo por parte de quienes se hacen llamar miembros del clero. Pero esto no
abarca exclusivamente los vicios de los eclesiásticos, pues por parte del sevillano será
sancionable y merecedor de crítica todo comportamiento ruin. Igualmente ocurre con las
trabas al progreso: en el momento que la Iglesia reprime las aspiraciones y los avances
del ser humano, pasa al lado más oscuro; por el contrario, Sawa considera que dos
hombres de Dios, es más, dos papas, que abogan por el progreso y se muestran humildes
que se desprende, por lo tanto, de estas reflexiones es que Sawa no descalifica en ningún
o solidaridad son virtudes presentes tanto en El Pontificado y Pío IX como en las crónicas
de 1904 y 1907. No hay más que prestar atención a la frase citada antes en la que el autor
ideales que debiera predicar, tales como libertad, caridad o justicia, sino que, en la
mayoría de los casos, ha optado por la represión, la avaricia y el vicio. Todos esos
291
comportamientos son censurables pero, si cabe, más delito tienen aún los miembros del
clero, quienes cuentan con la obligación moral de cumplir con los Evangelios y no
entregarse a una Iglesia mundana y corrupta. Esta generalidad no quita para que, de vez
en cuando, nos topemos con clérigos que se entregan a la luz. Si Pío IX abogaba por el
progreso y por la vida, y fue un impulso para la humanidad, o Pío X dio ejemplo de
Distinto es que Pío IX fuera uno de los pontífices que más combatió contra la
masonería, pues creemos que Sawa en 1878 no tiene conocimiento de esta situación. En
estos momentos, tan solo se limita a comenzar a crear su propio estilo y a plasmar no solo
producción.
Respecto a Pío IX, no está de más hacer mención a que la masonería le “intentó
presentar como masón, recortando la cabeza de una fotografía del pontífice, pegándola al
112
Ver Anexo II, imagen 13.
292
3.3. Del naturalismo radical al modernismo
una facción dentro del realismo, dándose a entender que escritores como Benito Pérez
Galdós, Emilia Pardo Bazán (1851-1921) o Vicente Blasco Ibáñez113 tan solo coquetearon
con él en su vertiente más tradicional. Los postulados de Émile Zola no encajaron en una
sociedad católica incapaz de conciliar el libre albedrío otorgado por la divinidad con el
personajes degradados de los ambientes sórdidos. Sin embargo, esta circunstancia no fue
impedimento para que se alzaran voces fuera de aquello que trascendió a los libros de
texto como la nómina canónica. Eduardo López Bago, José Zahonero o Alejandro Sawa
inauguró en España, precisamente, con la publicación de una novela de López Bago y fue
definido por el propio Sawa: “Cuando en los inicios de octubre de 1884 se edita el primer
bautizó Alejandro Sawa” (Fernández, 2005: 35). Es más, el propio López Bago hizo un
análisis de la obra sawiana Crimen Legal, que se publicó junto con la novela y que sirvió
113
El naturalismo del escritor valenciano es más feroz que el de los otros dos autores, y podríamos decir
que se aproximó al radical.
114
Recopilación de artículos sobre el debate en torno al realismo y naturalismo, escritos por Emilia Pardo
Bazán y publicados en La Época. Leopoldo Alas, Clarín, (1852-1901) los prologó y se publicaron como
libro.
293
Ésta es la obra con que el autor solicita un puesto de honor al lado del
nuevo e irresistible movimiento literario de Europa. Yo le saludo
quitándome el sombrero; no es un discípulo, es un compañero. Bien
venido [sic] sea a la barricada naturalista Alejandro Sawa, el nuevo
combatiente (2012: 236).
periodísticas se refiere, el bohemio tampoco mostró pudor alguno para recrear las miserias
(Fernández, 2005: 35). Aquí entendemos por pornografía no solo la aparición de escenas
sexuales, sino cualquier tipo de situación visceral, comprometida o íntima del ser humano
descrita con gran cantidad de detalles sórdidos; se podría decir que se hace una, en
pretendemos dar a conocer una investigación que analiza no las características de la obra
Términos como sombra, oscuridad, tinieblas o noche son habituales en las novelas
de Alejandro Sawa para referirse a los personajes degradados que presentan los peores
vicios, carecen de toda moral y aniquilan el brillo o la luz, que son los vocablos con los
que se designan a los personajes puros, que representan la vitalidad. Ángela Ena repara
en esta asociación: “el sol115 aparece como el símbolo y el exponente de todo lo positivo.
115
El artículo se dedica principalmente a la aparición y el significado connotativo de término sol en la obra
de Sawa. Ángela Ena aprecia que: “la ausencia del sol es tristeza, dolor, soledad y el final de todo” (1991:
322) y que “el frío físico se transforma en frío moral” (1991: 323). El binomio calor-frío en correspondencia
con lo positivo y lo negativo es equiparable al de luz-oscuridad que estamos tratando. Aunque en aquel
caso se focalice sobre el tratamiento de la naturaleza para el reflejo de sentimientos, reflexiones,
percepciones y comportamientos ajenos recogidos en Iluminaciones en la sombra, encaja al extrapolarlo a
294
Mientras, y como natural contraste, el frío, la bruma, las tinieblas representan en su obra
lector. Esta teoría se confirma tanto en las novelas de corte naturalista como La mujer de
Criadero de curas, como en Historia de una reina, que participa del modernismo y donde,
casi por definición, son las imágenes sensoriales y luminosas las que predominan.
pero se intensifica cuando la leemos y nos damos cuenta de que gira en torno a la
progresiva corrupción de todos los miembros de una familia. Esto lo comenta Phillips
cuando afirma: “Las notas de luz o luminosidad destacan precisamente por su ausencia
en el mundo sombrío e inmoral” (1976: 195). Para describir a los hijos, Sawa comienza
hallados en las tinieblas morales que los envolvían como las alondras al remontar el
primer vuelo de la mañana, ¿a qué ni para qué necesitaban las claridades insanas de la
referencia a la oscuridad, los capítulos en los que se divide están cargados de las metáforas
que comentamos: “Ingreso en la sombra” (Sawa, 1999: 199), “Et lux facta est” (1999:
un ámbito más amplio que pasa por la descripción y el proceder de los personajes de las novelas. El calor
se incluye en esta investigación en el bloque de la luz y el frío en el de la oscuridad.
116
El 3 de agosto de 1918, nueve años después del fallecimiento de Sawa, la colección semanal La novela
corta publicó Noche, como “número homenaje”, pese a que el naturalismo como movimiento ya había sido
abandonado.
295
Manolito, un niño vitalista y puro que representa la luz, en un seminario; dicho lugar es
esa sombra a la que se refiere el primer título de capítulo. Allí, los curas le maltratan hasta
dejarlo morir. Correa Ramón aprecia que: “el seminario representa todo lo opuesto. Frente
es que el niño es representante de todo lo puro, de todo lo hermoso” (1993: 149). Respecto
al tema de los curas, bien sabido es que Sawa cultiva una de las facetas del naturalismo
conjunto, sino contra los sacerdotes que él considera que no cumplen bien su misión y se
Para pasar al plano social de las obras sawianas, debemos recordar que, según las
características o postulados del naturalismo, el ser humano está condicionado no solo por
su genética, sino también socialmente. Dado que en las novelas de Sawa son más las
sombras que las luces, aquellas suelen aniquilar a estas, por la imposibilidad de escapar
humano en que se disecciona un trozo de vida, el fragmento de una vida cualquiera […]”
(2005: 35). Por su parte, Lissorgues apunta que “todas las novelas médicosociales llevan
como epígrafe la famosa frase de Claude Bernard: «La moral moderna consiste en buscar
Y, por último, Gutiérrez Carbajo expone que “el propósito que anima las narraciones del
el estudio serio y detallado de algún problema social” (1991: 388). Si juntamos las tres
del momento, para analizar los problemas117 que en ella se dan, los cuales son para el
escritor un freno al progreso, la libertad y la realización del ser humano. En relación con
esto, Gutiérrez Carbajo apunta que “Sawa no desaprovecha la ocasión para atacar el
dogmatismo, la intolerancia y el oscurantismo” (1991: 387) y Lozano que sus obras son
“tremendas y sórdidas” (1983: 351). Situar la acción en ese tipo de ambientes no es más
que el recurso para presentar el problema, pero lleva aparejada una consecuencia no
Alejandro Sawa es demasiado crítico y eso le lleva a exagerar la sordidez, los vicios, el
Carbajo, 1991: 389). Tanto, que hasta la propia naturaleza se impregna de esta sensación
descripciones” (1991: 389). Por destacar un ejemplo, veamos la descripción con la que
117
Los problemas sociales tienen plena vigencia actualmente, por lo que nos podemos hacer una idea del
adelanto de la mentalidad del escritor respecto a su tiempo; estos son la corrupción, el atraso, la ignorancia,
el aborto, la violación, la pederastia de los miembros del clero, el suicidio, el maltrato a la mujer, la
prostitución, el adulterio, la decadencia de la familia, los desengaños amorosos, religiosos y familiares, el
desenfreno o el fracaso de los padres en la educación de los hijos, entre otros.
297
Tras esta contextualización, nos narra los horrores de unos crímenes acontecidos
durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) en una sima cerca de Pamplona. Apunta
Correa Ramón:
después Ramón del Valle-Inclán y definiría en Luces de bohemia, cuyo protagonista está
para dar como resultado una imagen grotesca en la que se resaltan los vicios, son
Zaratustra: “abichado y giboso, la cara de tocino rancio” (1987: 55). Sawa también se
vale de este tipo de descripción en su obra Crimen Legal cuando realiza el retrato del
298
continuo entrar y salir de su lengua carnosa y sangrienta. La cabeza de
un canalla y la jeta de un Heliogábalo118 (2012: 56-57).
degradaciones preexpresionistas” (1991: 75). Esto es cierto, pues no hay duda de que es
esperpento. Asimismo, tales descripciones comparten estilo con otra valleinclanesca que
viejo fúnebre, amarillo de cara y manos, barbas mal rapadas, sotana y roquete. Sacude los
dedos, sopla sobre las yemas renegridas, las rasca en las columnas del pórtico” (Valle-
sus obras. Valle-Inclán cuando escribe: “España es una deformación grotesca” (1987:
118
En latín Elagabalus. Nombre póstumo por el que se conoció a Marco Aurelio Antonio Augusto (203-
222), emperador romano (218-222) conocido por sus atrocidades y perversiones.
299
168). Y Sawa, en Crimen Legal, utiliza el mismo vocablo con un sentido idéntico para
con sus escarchas y sus nieblas. Madrid volvía a recobrar su grotesco aspecto de
de Declaración de un vencido, opina lo mismo sobre el suicidio que Max Estrella, quizás
porque ambos personajes están inspirados en Alejandro Sawa: Carlos Alvarado como
personaje interpuesto para contar una especie de autobiografía ficcionada y Max porque
Valle-Inclán así lo desea. Esta analogía hace que Luces de bohemia se aproxime al
pesimismo naturalista desde el momento que muestra, ya no solo a los habitantes de los
pueda realizarse119.
Esto les suele ocurrir a todos los personajes de Sawa que irradian luz y son
aniquilados por las tinieblas o, incluso, degradados y, después, aniquilados. Ante tal
causa del determinismo, el individuo sano es arrasado por sus degradados semejantes, o
bien, acaba optando por el suicidio como protesta, solución o escapatoria. Es el caso del
119
Sobre este asunto volveremos al tratar estos personajes inspirados en Sawa.
120
Acaba entregándose a la bebida y siendo el mantenido de una prostituta, a quien, en cierta ocasión, llega
a agredir físicamente.
300
De este modo, la colectividad sigue sin él, sin variar en absoluto su comportamiento, al
igual que Madrid sigue sin Max Estrella en Luces de bohemia. Los individuos superiores
partidario de lo que considera la única salida: el suicidio, por lo que le dice a Don Latino:
realización del amor, frente a otras connotaciones tan negativas como que al final de la
obra es de noche cuando planea su suicidio. Así comprobamos que la naturaleza vuelve
a ser muy ilustrativa. Los aspectos positivos son reflejo de la ilusión y la pasión de un
amor: “Era la noche en que llegué una de Julio, estrellada y serena” (Sawa, 1887: 98), “y
eso que la aguardaba con ansia de enamorado. ¡Mi noche feliz, mi noche alegre!” (1887:
121), “aquella noche la conocí. ¡Aquella noche! […] una Venus viva! Una noche de
Más adelante, la noche se empapa de decepción: “Con una buena lumbre es hasta
agradable la vida. Pero era mucho el frío que yo tenía aquella noche” (1887: 185), “una
noche, […] se me ocurrió de pronto que puesto que mi vida no tenía objeto y me di a
pensar, sumido en las tinieblas de aquella doble noche, en los tortuosos caminos que sigue
121
Max Estrella no se suicida, sino que, simplemente, se muere, pero su comentario es suficiente para saber
la opinión que Valle-Inclán tenía con respecto a la sociedad y el suicidio como solución. De igual modo,
Sawa elige este final para su alter ego para demostrar su postura, la cual también manifestaba abiertamente
en Iluminaciones en la sombra.
301
Al final, es de noche cuando planea su suicidio: “Entonces fue cuando por segunda
vez en aquella noche se irguió ante mi vista el vago espectro del suicidio. Sí; era preciso
sucumbir” (1887: 205) y “la noche se había echado encima de repente. ¡La última noche
novela, Sawa se dedica a hacer un repaso de la historia del siglo XIX a nivel político,
económico y social, para criticar el panorama que rodea al protagonista. Si bien sirve
como contexto, también es una excusa que le sirve al escritor para desplegar su sapiencia
y hacer una crítica al absolutismo de Fernando VII, al pueblo que se conformó con
reformas menores, a las guerras, a los políticos… Aunque “Sawa no descuida nunca la
crítica social” (Gutiérrez Carbajo, 2009: 52), en esta novela se intensifica y se extiende
302
económicas; y como ni las revoluciones geológicas, ni las revoluciones
sociales, se producen por decretos, y no es tan fácil improvisar una
tempestad o una revolución como un discurso (Sawa, 1887: 35-37).
En oposición a los serviles, se encuentran los liberales, entre ellos los masones. A
ellos se suman los comuneros y los anilleros. Sobre estos, Gutiérrez Carbajo aclara:
abogaban por un sistema bicameral” (Gutiérrez Carbajo, 2009: 134)122. Sin embargo,
Fernando VII volvió a imponer el absolutismo, cosa que Sawa critica duramente.
Después de este repaso, el narrador-protagonista nos dice que, pese a todo, cree
momentos. Sin embargo, esa fe en el futuro y en el progreso son las ideas que Sawa está
122
Nota al pie 49.
123
Profundizaremos en este aspecto al tratar los personajes basados en Sawa.
303
entre estas líneas, yo envío a esa nueva época, yo envío al porvenir mis
ardientes besos de enamorado.
Creer en el porvenir, ¡bah!, ya es algo. Y yo necesito agarrarme a esa
creencia para no morirme de pronto y del todo (Sawa, 1887: 47).
Tan solo falta, dentro de las obras naturalistas, apreciar que La mujer de todo el
esta historia!” (Sawa, 1885: 81), “aquel sol primaveral del mes de Octubre no le llegó
hasta […] las lobregueces, las tinieblas que hacen odiosa a la vida” (1885: 148), como
para las personas: “estaba propuesta a ser constantemente su espíritu negro, su ángel
Respecto a este tipo de personajes oscuros, Lissorgues apunta que hay muchos
que son casi bestias, pero “hay también personajes matizados y vistos por dentro que
(2008). Estos son los identificados con la luz que no pueden realizarse; tal era el caso de
clasifican a la humanidad y a las ideas del mismo modo que lo hace la masonería. Al igual
que también aparecen otros símbolos y valores que comparten con ella en las dedicatorias
su hermano pequeño, Enrique124. Enrique fue el menos conocido de los hermanos Sawa,
124
Enrique fue el menos conocido de los hermanos Sawa y apenas hay datos sobre él. Se sabe que “el
benjamín de los Sawa reaccionó contra la aceptación de la miseria de sus hermanos y aplicó su inteligencia
a fórmulas mercantiles […] pero, aficionado a las francachelas y al flamenco, tampoco prosperó
304
pero en estos momentos es posiblemente un adolescente al que su hermano mayor le
dedica su primera novela. Se trata de una dedicatoria muy larga y cargada de consejos,
valores y sentimentalismo.
excesivamente su fortuna. Su final, siempre según Machado, se encuentra rodeado de misterio […] ingresó
en el hospital […] nunca más se supo de él” (Correa Ramón, 1993: 21).
305
insondable como las perspectivas que tienen ante sus ojos; tratan
¡figúrate tú! de empujar las fronteras del progreso hasta los limites del
Cosmos; sé tú también ambicioso, que solo lo grande es digno de serlo;
las cóleras de esos fundidores de progreso, se llaman revoluciones, y
sus hechos son la declaración de los derechos del hombre, la abolición
de la esclavitud
[…]
las espléndidas realizaciones artísticas de nuestra época, Víctor Hugo,
Balzac, Musset, Becquer, […] los proyectos de una lengua universal y
de una inmensa federación humana; si tú llegas a ser, modesto o grande,
uno de esos sublimes obreros convencidos, yo estaré satisfecho y tú
serás feliz. Vivir es eso; luchar en todas formas con las fatalidades
naturales, hasta marearse, hasta aturdirse, con el libro, con la piqueta,
con la idea, con el puño cerrado, con la observación, con la experiencia,
con el martirio. Lo demás, desengáñate, Enrique, aunque ahora pienses
lo contrario, lo demás es vegetar; ¡y hay desgraciadamente tantos que
vegetan! Casi todos: el primero que pase por la calle cuando te asomes
al balcón (Sawa, 1885: 2-6).
No hay duda de que Alejandro Sawa hace apología de la revolución en aras del
que también pueden tener una simbología. La masonería aboga por el progreso y cree en
detrás de las grandes revoluciones. Además, quiere extender el progreso por el cosmos,
al igual que los masones, que incluso lo representan en sus techos para simbolizar que no
Por otro lado, recordemos que maçon significa albañil en francés y creemos que
se refiere a esto cuando dice que el progreso creará hombres “de acción como el albañil”.
306
“trabajadores” y “creadores del porvenir”. Es evidente que no se está refiriendo a un
Pero, sin duda, el elemento que mayor relación tiene es la alusión al pelícano125,
que es, junto con el águila, el animal que mayor representación tiene en la masonería. El
para que sus crías coman de su carne. Esto se traslada a la simbología como la
mismo sentido lo está empleando Sawa cuando dice que la inteligencia alimenta a la
católica, pues hay elementos en ambas esferas que guardan similitud, al margen de que la
masonería representa al pelícano, a veces lo encontramos con una cruz detrás en la que
se lee I.N.R.I. Por todos es conocido que estas siglas son de Iesvs Nazarenvs Rex
Ivdaeorvm, lo que se traduce como “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Sin embargo, la
masonería le ha dado otros significados, como Igne Natura Renovatur Integra (Sanz y
Mayor, 2006: 182), que significa “el fuego de la naturaleza lo renueva todo”.
125
Ver Anexo II, imagen 14.
126
Como curiosidad, podemos apuntar que el arquitecto Antonio Gaudí (1852-1926), a quien se ha
intentado relacionar con la masonería, aunque no existen pruebas evidentes, colocó un pelícano
alimentando a sus crías en la fachada de la Sagrada Familia de Barcelona.
307
La dedicatoria, por lo tanto, admite una lectura literal, pero también una simbólica,
transmitir a su hermano.
Con ello no podemos afirmar que Sawa fuera masón, pero insistimos en que
compartía sus valores, que se mezclaban en esta época con los de todos los grupos
Por otro lado, existen otras dos dedicatorias que han llamado nuestra atención: la
de Noche a Luis París y la de Crimen legal a su hermano Miguel Sawa. La de este último
es bastante corta, pero queremos destacar que le dice “haz lo que un justo y un sabio de
una sola pieza” (Sawa, 2012: 37) aludiendo, una vez más, a ideales como la sabiduría y
la justicia.
Respecto a la de Luis París, debemos conocer que la admiración era mutua, pues
en aquel libro en el que Luis París daba a conocer a “La Gente Nueva”, hablaba del
presentaba, cuando comenzó a darse a conocer en Madrid, todas las características del
joven soñador, hambriento y enamorado de todos los lirismos […] dejándose llevar por
los huesos” (París, 1888: 103). Para Sawa, Luis París es otro luchador por el porvenir:
A Luis PARÍS
Si consigues vivir, seguir viviendo, quiero decir si te sales con la tuya
de no morirte un día de estos de indignación127 o de asco, has de ser
reconocido, han de llegar a reconocerte, no lo dudes, como uno de los
más fuertes colaboradores del porvenir. Sé por eso que asociándome a
127
Esta expresión recuerda bastante al final del “Libro Segundo” de Declaración de un vencido, cuando el
protagonista decía que necesitaba creer en el porvenir para no morirse “de pronto y del todo”, que hemos
recogido más arriba.
308
ti me asocio a una fuerza, y te dedico este libro para expresarte una vez
más las admiraciones que me inspiras y el cariño que te tengo. Tú y
yo,—es sabido,—somos dos hombres cualesquiera. Pero nos
diferenciamos de los bellacos que forman la gran mayoría de las
llamadas clases ilustradas, en que tenemos vergüenza, un ideal fijo tras
del cual marchamos a grandes o a pequeñas jornadas, según las
fatalidades del momento, y hasta un poco de conciencia. Nos
encontramos una tarde en los azares del camino; no sé si tú me ayudaste
a trepar por un atajo, o si nos ayudamos mutuamente, porque el peligro
era grande y estábamos muy expuestos a reventarnos, y aquel abrazo
que nos dimos, al reconocernos prójimos y camaradas, subsiste todavía.
Yo lo quiero prolongar por tiempo indefinido, desde la primera página
de este libro.
Au revoir, mon vieux,
ALEX.
Madrid 5-10-88 (Sawa, 1888: 5).
camaradas al darse un abrazo. Recordemos que el abrazo fraternal es el modo con el que
los masones se saludan, se despiden y se reconocen entre ellos. No podemos afirmar que
ese abrazo del que habla Sawa sea masón en sí mismo, pero sí se trata de una analogía.
309
310
3.3.2. Modernismo: el triunfo de la luz en Historia de una reina
Sin embargo, en esta obra ocurre lo contrario: triunfa la luz. El cambio es debido a que se
publicó en 1907, después de que Alejandro Sawa hubiese pasado sus años de gloria en
París, codeándose con Paul Verlaine y bebiendo del modernismo, pero como podemos
comprobar gracias a las citas, las metáforas empleadas por el bohemio cumplen idéntica
función.
Historia de una reina nos cuenta la fuga de una reina que decide vivir su vida
después de haber cumplido todas sus obligaciones. Tanto ella como su enamorado son
descritos como espíritus puros que irradian luz. Dice Sawa del Caballero Dimitrio en
relación con Beatriz: “Lucen en él todos los garbos de la primavera de la vida […] tenía
la pretensión de alumbrar como un haz de rayos […] aquel águila se había prendado de
Una vez más, la obra no es masónica, pero emplea una metáfora relativa a la
simbología de esta sociedad: el caballero es un águila y contempla una estrella, como los
masones se identifican con las águilas porque pueden mirar a otra estrella, que es el Sol,
quiere librarse de sus obligaciones reales, es ella la que es comparada con un águila que
quiere extender sus alas para “volver al azul, del que procedía…” (Sawa, 2011: 153).
311
Cuando se describe una de las apariciones de Beatriz se dice “En ese momento, la
reina aparece. Como en una apoteosis, la luz se produce espléndida […] milagro de la luz
hecha mujer, o aquel prodigio de la mujer irradiando luz como un faro maravilloso”
Por otro lado, al igual que en El pontificado y Pío IX, aquí vuelven a aparecer esas
luces que también devastan. Ocurre cuando el caballero Dimitrio descubre que Beatriz
debe casarse: “algo semejante al rayo que ilumina, pero que mata […] Fue un rayo, decía;
que la etapa naturalista. Cuando Beatriz se tiene que casar con el rey, al que no ama, dice:
“Aquí concluye mi diario de soltera. Rosado al principio, gris después, ahora negro”
(2011: 153). En cambio, cuando renuncia a todo y decide escaparse y vivir su historia
proclama: “Ya se ha hecho la plena luz en mi alma […]. Volveré a la vida” (2011: 173).
Por último, queremos resaltar que se trata de una narración bastante corta, pues ya
Correa establece que “tanto el ambiente como las descripciones del relato sawiano se
verso de Darío) literatura modernista” (Correa Ramón, 2011: 25). A pesar de su brevedad,
está cargado de imágenes sensoriales y la luz y la sombra operan del mismo modo que en
312
3.4. Iluminaciones en la sombra, una obra fundamental
ido advirtiendo. Por ello, estas primeras palabras las queremos dedicar a hacer una breve
síntesis sobre la escritura con forma de diario y la importancia que tuvo que esta obra se
pues lo hace de un modo similar al que ya hemos visto, pero con la ventaja de que aquí
es el propio Alejandro Sawa quien habla, sin una historia o unos personajes de por medio,
incluyendo sus reflexiones. Acompañando a este binomio aparece otra simbología, como
las referencias al azul, a las águilas o al Oriente, que vuelven a emplearse con el
Sawa al final de sus días, pues toda la ilusión que puso en los ideales se desvanece al
Por último, analizaremos algunos de los apartados que Sawa denomina “de mi
iconografía”, donde refleja su opinión sobre personas que admira y destaca sus virtudes.
siempre por el progreso y criticando aquello que considera retrógrado. Para referirse a las
luz, al cielo o incluso al Zodiaco, lo que nos vuelve a demostrar que Sawa es conocedor
seguiremos haciendo hasta el final de estas páginas. Esto es así porque se trata de una
obra clave, la mejor que escribió Sawa y donde encontramos puntos de apoyo para
313
justificar nuestras afirmaciones. De ahí que algunas citas de esta obra aparezcan
investigadores, de ahí que existan varios artículos relacionados con ella o que Iris Zavala
esta modalidad, existen varios tipos: los diarios íntimos, que no aspiran a su publicación;
los íntimos públicos, que cuentan aspectos personales, pero se escriben desde un primer
momento con intenciones de publicación y los dietarios, que son recopilaciones de textos
del autor (Romera Castillo, 2016: 44-47). El problema es que Iluminaciones en la sombra
314
En el asunto de las semblanzas no tenemos dudas, pues se refiere a los fragmentos
que comentábamos que Sawa denomina “de mi iconografía”. Sin embargo, en la parte
personal, es cierto que “todo el texto se ordena a partir de entradas diarias, e incluso una
parte de ellas están fechadas, lo que deviene uno de los rasgos más característicos del
diario” (Luque Amo, 2019: 309), pero el hecho de incluir crónicas que luego se
publicar el libro, y por tanto no escriba exclusivamente para sí mismo [...] respeta las
lugar a dudas en la tradición del llamado diario íntimo” (Luque Amo, 2019: 310). En tal
Por otro lado, Sawa era consciente de que era su mejor publicación y de ahí que
diga “Voy a publicar, dentro de breves días, un libro muy grande ―cerca de cuatrocientas
esperanzas en él, porque lo juzgo franco, rotundo, delicado y terrible” (Constán, 2016b:
234). De esta afirmación se confirma que era algo íntimo, pero desconcierta que hable de
cuatrocientas páginas, cuando el texto no llegó a trescientas. Esto nos lo aclara González
Martel cuando nos cuenta que “López Martín128 regaló a Hernández Luquero parte del
«fondo literario»” (González Martel, 2017: 126). Entre esos papeles había una carpeta
128
El yerno de Sawa, casado con su hija Helena Rosa.
315
En realidad, aquellos recortes anotados, que fueron regalados a
Hernández Luquero, constituían una gran parte del original de
Iluminaciones en la sombra. Unos recortes, desordenados, que no
figuraban en la edición de la obra de 1910, ni en las siguientes, pero que
habrían podido haber formado parte de un posible original y,
finalmente, apartados (González Martel, 2017: 131).
“el fuego estaba devorando una vivienda del centro de la villa. Y los arevalenses vieron
cómo el incendio consumía la casa del poeta Nicasio Hernández Luquero” (González
Martel, 2017: 132). Y, también fue pasto de las llamas aquella carpeta de recortes, por lo
1910, un repaso más detenido del original perdido habría permitido un mejor
En cualquier caso, a pesar de ser muy interesante el hecho de conocer esta historia,
debemos trabajar con el material que ha llegado hasta nuestros días. Iris Zavala, en su
edición dice que Sawa “nos deja en sus Iluminaciones su propia autobiografía. Un diario
donde conviven pasiones y nostalgias: Dietario de un alma fue el primer título en español
cuando publicó algunas partes en Helios. En Madrid —en 1901—, fecha con que abre el
veces con el alma, por las regiones del azul sin fondo...»” (Zavala, 1977: 47). Esto nos
viene a demostrar que estamos en lo cierto al afirmar que el libro goza de la calificación
de dietario también. Además: “Exalta los valores subjetivos e intuitivos, e intenta captar
316
impresionista. Confunde, a conciencia, sin desarrollo discursivo o narrativo; reelabora,
recrea artículos y crónicas anteriores” (Zavala, 1977: 58). Esta apreciación hace que la
aparición como personaje. Si bien nuestra intención era la de separar las dos esferas en
dos capítulos bien diferenciados (aunque conectados y relacionados entre sí), en este caso
se nos mezclan sin poder hacer nada por separarlos. Tal vez, en el catálogo completo de
en la sombra.
Asimismo, la obra también goza de otra gran novedad: “la publicación del diario
Sawa a principios de siglo” (Luque Amo, 2019: 314). Esta reciente afirmación es muy
importante en tanto que demuestra que Sawa no fue solo un autor de renombre en su
época como demuestran los testimonios que se dieron de él; o el primero en hablar en
317
España de los nuevos movimientos franceses; o el único escritor que se hizo un hueco en
la bohemia parisina; sino que también fue pionero en la escritura de un diario literario. A
318
3.4.1. El binomio luz-oscuridad, clave de interpretación. Ideas
con ello aportar algo a la humanidad, de ahí que creyese que había hecho algo grande y
lo titulase de ese modo. Basta con prestar atención al propio título para hacerse una idea
de los recursos léxicos relativos a la luz y la oscuridad que se pueden hallar en sus páginas:
hasta su portada encaja a la perfección con el título y el binomio que tratamos: una sola
Dentro de las reflexiones que va haciendo el autor, intercala las metáforas que
venimos analizando, tanto para adaptar la naturaleza a sus reflexiones: “¡Triste día el
primero del año! Gris en toda su existencia […]. He vivido ayer doce horas en la calle, en
plenas tinieblas a las doce del día” (Sawa, 1910: 22-23), como para definir a las personas
129
Ver Anexo II, imagen 7.
319
muchas veces la faz amable que hace a los hombres buenos y dulce,
como un panal, la vida. Para escribir un libro de rezos a la civilización
habrá que titularlo El Mediterráneo (Sawa, 1977: 149-150).
“Yo tengo calor de soles en mi pecho para los que aman, y azul, mucho azul, con
vida a las mutaciones de mi alma” (Sawa, 1977: 111). Ya vimos que el azul es el color de
la masonería y también el más significativo del modernismo. Victor Hugo, al igual que
Sawa, asociaba el Arte en general con el azul. Recordemos aquella frase del romántico
francés que decía “l'art c'est l'azur”, y que Darío la criticaba en el prólogo a la obra que
tratamos porque Sawa la llevó al extremo. Para ellos, el azul es la inmensidad, lo es todo.
La nieve no deja ver los hondos horizontes, y es sabido que todas las
lejanías soberanamente bellas son azules: la montaña, el mar, el cielo...
En mis lutos, yo me plazco viviendo en lo azul, y en él me envuelvo, y
de él me lleno y me embriago, y no se me aparece la muerte fea si el
sudario que como una atmósfera invisible ha de cubrir mi cuerpo es
azul, azul como la montaña y el mar y el cielo, azul como todas las
lejanías hermosas de la vida (Sawa, 1977: 161-162).
320
La terminología sawiana relacionada con la luz y la masonería va mucho más allá.
acompañase más simbología. Esta es la clave que nos demuestra que Sawa conocía de
sobra la masonería, pues los términos que emplea van con la carga simbólica que la
masonería les otorga. Esto hace que se superpongan dos mensajes. Por un lado, el de la
El ejemplo más claro donde podemos comprobar esto es con el término Oriente.
En Iluminaciones en la sombra Sawa dice “en primer término, ¿dónde está mi Oriente?”
(Sawa, 1977: 77). No se está refiriendo al punto cardinal ni a la región geográfica, se está
Oriente y que los masones hablan del Oriente como el lugar del que viene la Sabiduría y
la Verdad porque por ahí sale el Sol, y es este el que ilumina al ser humano en su camino
a la perfección.
Sin embargo, como ya hemos dicho reiteradamente, Sawa renegó de sus ideales
correspondencia con Darío, cuando le dijo que estaba abandonado de todos, y el mismo
Darío lo confirmaba en el prólogo de la obra que estamos tratando. Ahora bien, creemos
321
Yo lo amé de niño, en mi país solar de Málaga, […] Luego lo desamé
por afición a lo extranjero, a lo exótico, a los paisajes brumosos, a los
campos amortajados por la nieve; lo amé de nuevo, vuelto de cara y de
espíritu al Oriente; le volví la espalda después. Y, pecador de tan
mortales pecados, porque no se juega con las cosas sagradas como con
cubiletes, heme aquí herido en ambos ojos y mirando incesantemente a
lo alto en los días de sol con mis pupilas ateas que ya no lo reconocen
(Sawa, 1977: 220).
Esta cita es muy interesante porque reúne todos los elementos que analizamos y
es una síntesis que hace el propio escritor de cómo se encuentra en esos momentos. Por
conocimiento y los paisajes brumosos las cosas banales que distraen al ser humano.
Aparecen el Sol y el Oriente como la fuente de todo lo bueno, aunque Sawa reconoce que
le dio la espalda y, cuando quiso regresar, ya era demasiado tarde. Ahora se veía ciego,
pero no solo físicamente, sino también espiritualmente, de ahí que hable de “pupilas
De hecho, Darío nos decía que Sawa se olvidó de que era un hombre de carne y
hueso y no supo labrarse el futuro ni hacer dinero y que prefería contemplar lo Infinito.
322
Además, la prueba de que ha perdido la fe en el ser humano y en todo Ideal, lo
refleja cuando dice que fe es lo que pide a Dios: “Pido a Dios, si lo hay, tres cosas; y si
no quisiera concederme sino una, le pediría Fe. Fe, aunque me obligaran a vivir en un
estercolero; Fe, aunque los gusanos destruyeran mi cuerpo en vida; Fe, aunque los
hombres me escupieran en la cara al encontrarme por la calle; Fe, aunque mi cuerpo fuera
El Sol tiene sus ateos, que no son los ciegos; y la Belleza también, que
no son los tullidos; y la Probidad también, que son los ladrones.
[…]
¡Para qué seguir, para qué insistir! Ya no lucho; me dejo llevar y traer
por los acontecimientos. Hombres y cosas me han hecho traición, o no
han acudido a mi cita. Me sería difícil decir un solo nombre de mortal
que se haya sentido hermano mío. Me puedo creer en una sociedad de
lobos. Llevo en todo mi cuerpo las cicatrices de sus dentelladas y oigo
maullidos cuando reconcentro mi espíritu para evocar recuerdos.
Nada, nada.
¿Por qué no habría de irme? (Sawa, 1977: 147-148).
por una manada de lobos que le han traicionado. Llegados a este punto, confiesa que ha
irme?”, pues entiende que todos sus ideales ya no existen y no le queda nada por lo que
luchar. Es más, dice que no cree que ningún hombre se haya sentido su hermano.
Recordemos aquí que lo masones se llaman entre ellos hermanos. Sin embargo, lo más
que han sido traicionados. Estos tres términos son demasiado semejantes a los tres pilares
323
de la masonería: Sabiduría, Belleza y Fortaleza. Recordemos que la Sabiduría se
representa con el Sol que viene del Oriente, que la Belleza debía ser apreciada en todos
los órdenes de la vida y la Fortaleza era la rectitud necesaria para saberse conducir con
honradez, que es lo mismo que la Probidad. Las tres columnas de los templos masónicos
representan estas virtudes. No tenerlas presentes hace fracasar al ser humano, de ahí que
Sawa se refiera a que ni los ciegos ni los tullidos son los que deshonran a esas cualidades,
diciendo: “Que su sabiduría guíe nuestra obra. Que su fuerza inspire nuestra obra. Que
su conjunto y para todo lo que han hecho los hombres, que es, precisamente, nada por
cambiar nada. Las esperanzas de Sawa y su filantropía se van desvaneciendo en este diario
y acaba creyendo que “el hombre es un lobo para el hombre” en general y no solo contra
él: “Ninguna civilización histórica ha sido bastante, ¿qué digo para cambiar?, para modificar
simplemente las entrañas del hombre. La misma cantidad de bilis segrega el hígado moderno
que el hígado ancestral, y Hobbes dijo hace cerca de trescientos años que el hombre es un
lobo con respecto al hombre: homo, homini, lupus” (Sawa, 1977: 120).
Asimismo, también dice: “Sí, nosotros construimos máquinas de acero, como los
arquitectos de la Edad Media levantaban catedrales, y los hombres de los más hermosos
(Sawa, 1977: 216-217). Con esta reflexión sostiene que se ha perdido el gusto por la
belleza, pues las máquinas de acero de esos momentos no están hechas con el sentimiento
324
que las catedrales medievales. No debemos olvidar que toda la simbología masónica se
asienta sobre la construcción de las catedrales durante la Edad Media. Aunque aquí la
relación esté algo más difusa, debemos contemplar que Sawa se puede estar refiriendo a
que aquellos valores sobre los que se asentaron los constructores medievales han
desaparecido en su tiempo.
Por otro lado, no podemos analizar las más de ciento setenta crónicas que Sawa
doctoral, por lo que este es el apartado donde mejor encajan unos pequeños apuntes sobre
ellas. Las crónicas de Sawa, como su obra, tampoco son masónicas, pero sí de corte liberal
economía. Si bien ya sabemos que su integridad y gusto por denunciar los hechos sin
sombra. Hay una especialmente significativa porque reúne muchas ideas del pensamiento
libertad, pero critica que todos aquellos que abogan por ella no están bien organizados.
Esto es una prueba de que los movimientos liberales en estos momentos se confunden
entre ellos. Por otro lado, se pregunta quién es el jefe, y propone a Pi y Margall por su
lado del pueblo y critica a todos los políticos, sean de la ideología que sean. Todos, según
Sawa, han abandonado al pueblo y, especialmente, al obrero. A la sociedad hay que darle
educación, recursos y todo aquello que sirva para salir adelante, sin pedir a la población
325
Lo primero que se necesita para la lucha es la organización. y nosotros,
amigos míos, no estamos organizados. Somos soldados sueltos,
irregulares, especie de mamelucos al servicio de la libertad, que
peleamos por nuestra cuenta, sin obedecer a la iniciativa de nadie, y yo,
por mi parte, desconfiando de la iniciativa de todos. ¿Quién es aquí el
jefe? ¡Ea, ya estamos en disposición de batalla! ¿Quién es aquí el jefe?
¿El más ambicioso, el más sabio, el más arrojado? Para unos, Pi, que
es, sin disputa, el cerebro, toda la masa encefálica de la democracia
militante. Para otros, Ruiz Zorrilla, que es la obstinación revolucionaria.
Para otros, Castelar, que parece un símbolo de las armonías habladas de
nuestra raza. Y para otros..., ¡ah!, para otros, nadie, ellos mismos, el
azar, lo desconocido, las improvisaciones de la pelea, ese héroe, ese
formidable que asalta como un titán la muralla, casi desangrado y
poderoso, irradiándole resplandores la frente, especie de animal
eléctrico que alumbra cuanto toca, y que se llama cualquier cosa,
Espartaco, Bruto, Cristo, Massaniello, O'Donnell, Proudhon, un
hombre cualquiera de esos que brillan como un puñado de pedrería...,
lo suficiente para que la civilización ande y la humanidad se emancipe
de su eterno Oriente (Sawa, 1977: 230-231)130.
Es que aquí, esos hombres políticos, todos esos hombres políticos, los
de la derecha y los de la izquierda y los del centro, en su grosera farsa
de sistema representativo, han conferido al pueblo el papel de histrión,
y se divierten tirándole a la cara palabras nuevas, neologismos que
gotean lodo, y tratando de hacerle creer que esas palabras, esos
neologismos son reformas verdaderas y enérgicas reformas...
¡Eh, basta ya! ¡Estamos hartos del juego y os lo prevenimos! Se agotó
nuestra paciencia. Pero vamos a cuentas, y hagamos el proceso. Aquí
todos, todos los que os tituláis, ¡farsantes!, amigos del pueblo. ¿Qué
habéis hecho por él? […] Vosotros sabíais en qué condiciones desgasta
su vida el miserable obrero de la ciudad; embrutecido, viciado por el
mal ejemplo, hambriento, desnudo; ¡triste carne de cañón al principio y
de explotación después! —careciendo de todo, y verdadero Tántalo, a
dos pasos de todo; y, sin embargo, políticos de la derecha, de la
130
El artículo se titula “Una Carta” y va dedicada a los señores Francisco Salazar y Tomás Camacho, se
publicó en A los hijos del pueblo. Versos socialistas, Madrid, Biblioteca del “¡Verán ustedes!”, 1885.
326
izquierda y del centro, ¿qué habéis hecho por él?—. Lo habéis
abandonado. ¿Qué venís a pedirle ahora? ¿Nuevos sacrificios
humanos? ¿Más sangre ante vuestras aras? ¿Una nueva revolución
política? ¿Y para qué? ¿Para que seáis ministros, y gobernadores, y
banqueros, y volver a emprender el trabajo de colocar nombres nuevos
a las cosas y proseguir vuestra inicua comedia de gobernación? (Sawa,
1977: 232-233).
evolucione, por lo que asistimos una vez más a la defensa que hace Sawa del progreso.
Pero también dice que la humanidad tiene que emanciparse de su “eterno Oriente”. Si
queda dotado de todo sentido. “Cuando un masón muere se dice que ha pasado al Oriente
Eterno” (Sanz y Mayor, 2006: 240), de hecho, es “el situado más allá de la muerte” (Sanz
y Mayor, 2006: 240). Sawa se está refiriendo a que la humanidad tiene que despertar,
tiene que tomar conciencia de su situación y luchar por avanzar, tiene que volver a nacer,
simbología masónica. De otro modo, es prácticamente imposible que pudiera emplear una
terminología tan concreta con un significado tan exclusivo. Una vez más, nos demuestra
327
328
3.4.2. “De mi iconografía”, tributo a personalidades admiradas
valorativos de personalidades admiradas por él. Estos los inserta en el texto sin ningún
orden aparente. Es más, en ocasiones hace una pequeña semblanza positiva de alguien,
Verlaine, Teobaldo Nieva, José Santos Chocano, Victor Hugo, Fermín Salvochea, Èmile
Zola, Pi y Margall, Ruiz Zorrilla, Louise Michel, Charles Morice, Nicomedes Nicoff o
románticos y rebeldes. Para referirse a estas personas, Sawa vuelve a recurrir a los
términos de la luz y la oscuridad. La luz para alabarlos, destacar sus buenas cualidades o
su intelectualidad y la oscuridad para describir su lado más terrible o para ilustrar que la
oscuridad cae sobre la humanidad cuando alguno de ellos fallece. De Verlaine dice Sawa:
“En mi cielo espiritual, Verlaine es una de las más evidentes estrellas del Zodiaco; […]
su luz brilla solitaria, como si no formara parte de constelación alguna. Así el lucero de
la mañana, que tan bien conocen los caminantes” (1977: 184); y de Manuel Machado:
“Señor poeta: gracias por los nuevos rayos de luz que aportáis a nuestro miserable mundo
espiritual” (1977: 223). Como vemos, la luz también se emplea para referirse a que ellos
iluminan a la humanidad. Es más, en el caso de Verlaine habla del Zodiaco, por lo que no
se refiere a él solo como una estrella, sino como una estrella del Zodiaco. Recordemos
que en las logias está pintado en el techo el Zodiaco. Parece como si Sawa configurase su
propio techo o cielo en el que coloca a todas estas personalidades, pues también dice “allí
329
Campoamor y mi Verlaine yacen bajo bóvedas, altas como catedrales” (Sawa, 1977: 146).
Además del Zodiaco también se refiere a las catedrales, cuya construcción recordemos
que fue el origen de la masonería. Es decir, Sawa emplea dos elementos masónicos que
hombres.
Más extensas son las palabras que dedica al poeta peruano José Santos Chocano
(1875-1934), quien era buen amigo suyo. Para referirse a él, Sawa dice que viene del Sol.
Obviamente significa que trae la luz, que viene del Oriente, de la Sabiduría y de la Verdad.
inmensidad:
Viene del sol. Este poeta hijo de madre mortal viene del sol. Las musas
lo cuentan así, a los cuatro vientos. De ese gran loco de Cyrano se sabe
positivamente que hizo un viaje a la Luna. Poblados de poetas están los
parques azules de las altísimas lejanías. Y con el Zodiaco corresponden
muchas almas humanas. José Santos Chocano viene del sol (Sawa,
1977: 177-178).
Nunca estuvo prendado sino del ideal. ¿Que cuál? El que sirve de
Oriente a todos los buenos: canalizar el bien por el haz de la tierra. […]
Creía en todas las utopías.
Derecho al pan, derecho a la dignidad y al espacio, derecho a la vida,
como él expresaba en una síntesis que era semejante a un haz de rayos.
Llamaba a lo pasado “lo muerto”, y no creía en la leyenda alemana de
que los muertos vuelven.
Había reducido la humanidad a cifras, y contaba así: César, Atila o
Napoleón, igual a menos uno; Platón, Shakespeare o Laplace, igual a
330
más uno. Tenía alas para volar por lo absoluto y anillos para arrastrarse
por lo liviano.
Boreal su alma, alternaban en ella los períodos de claridad con los de
sombra; pero cuando esto último ocurría se nos iba, desaparecía, se
hundía en el otro lado de la vida para reaparecer después entre nosotros
nimbado con los faustos de un amanecer divino.
Yo lo miraba y lo admiraba como un bello espectáculo de la Naturaleza,
como un hermoso amanecer, como una montaña ingente, como un lago
hialino, como un mar montuoso […]
La velada en casa de nuestro huésped había transcurrido melancólica.
Nicomedes Nikoff no nos había hecho sentir, como otras veces, su
fuerte batir de alas; era como un águila herida... y por la calle, durante
el largo viaje a pie hasta mi casa, me narró las causas de su tristeza, sin
inflexiones en la voz, lentamente, monótonamente, como quien susurra
un monólogo. Los chispazos de una gema que ornaba uno de sus dedos
iluminaban de vez en cuando el isocronismo lento y perezoso de su
gesto.
—¿Para qué seguir, para qué insistir? —me dijo—. Esto se va, todo se
va, y solo quedará de pie como una afirmación insolente la eterna
negación humana... La fórmula del progreso no es la línea recta, sino la
elipse, o mejor, la parábola (Sawa, 1977: 88-89).
Al igual que Sawa, Nikoff estaba prendado del Ideal. Esto quiere decir que tenía
Darío. Además, Sawa sitúa este Ideal en el Oriente, que es desde donde se puede hacer el
bien en la Tierra. De hecho, Sawa dice de Nikkof que creía en las utopías y llamaba “haz
de rayos” a todos los derechos que tenían que ver con la dignidad humana. Además, Sawa
le identifica a él como persona con un amanecer. Al final, acaba siendo un águila herida
331
es un águila herida (igual que Sawa fue un águila131 que se quemó las pupilas, como dijo
época, y estas son prácticamente iguales que los retratos de “de mi iconografía” y se
claro ejemplo son las palabras que escribió tras la muerte de Émile Zola:
dice que Victor Hugo “se apagó”. No es solo que dejara de existir, sino que también dejó
de alumbrar a la humanidad. Con la muerte de los demás llega a decir que parece que “el
sol se extingue”. Con la de Zola ya no queda ninguna “figura vertical”. Esta metáfora de
la verticalidad es muy frecuente en Sawa: “Sawa hablará del hombre vertical, de la nación
vertical, del periódico vertical, etc., metáfora espacial ascendente hacia la luz azul del
131
Es interesante comprobar que no solo identifican a Sawa con el águila Darío o Juan Gris, sino que el
propio escritor sevillano conoce la simbología del águila y la utiliza con otros en el mismo sentido.
132
Algunos de los nombres que menciona a propósito de la muerte de Zola para lamentarse porque los otros
fallecieron antes son los mismos que resaltaba en “de mi iconografía”, como Victor Hugo o Verlaine.
332
cielo, hacia el sol, hacia la utopía de un mundo y un futuro más justo, vertical” (Chavarría,
2008: LIV). Incluso habla de las generaciones verticales que traerá el porvenir: “desde lo
Una vez más, la simbología se emplea según conveniencia, pero vuelve a encajar
con el significado masónico. Las logias tienen que dirigirse verticalmente hacia el cielo,
de ahí que pinten este en los techos. Además, la construcción de las catedrales simbólicas
que forman la humanidad y las físicas que construían los masones medievales, también
se elevan con verticalidad hacia el azul. Sin olvidar la importancia de las columnas, que
también son verticales, como los valores masónicos que representan. Además, cuando se
abre una nueva logia y comienzan los trabajos masónicos en los que los hermanos aspiran
y anarquista francesa que luchó por el movimiento obrero. Esta mujer de ideas libertarias
fue muy admirada por Alejandro Sawa133. Escribe sobre ella en iluminaciones en la
133
Recordemos que uno de los testimonios anónimos que se burlaban de Sawa mencionaba, entre otras
cosas, su amor platónico por esta mujer.
333
las alturas de Belleville, que un artesano del pueblo llamaría sagradas,
atraído por la fatalidad de ese nombre, Luisa Michel, y por el afán de
llevar nuevos estremecimientos a mi espíritu, tranquilo como las aguas
de un lago en la sazón aquella. Y allí me fue dado verla y oírla a mi
sabor, durante las dos horas largas que duró su conferencia.
Ya queda dicho más arriba: no es una mujer, es una llama. Yo no sé de
qué materiales extraños estarán formadas las entrañas de esa mujer para
que hayan podido arder sin consumirse durante más de setenta años de
nuestra vida mortal. Tan pequeñita, tan demacrada, casi podría decirse
de ella que era como una pavesa humana, si en el término no pudieran
algunos ver irreverencia. La cara, toda ojos, aparecía como iluminada;
sus manos parecían gozar de familiaridades con el rayo, y en la
constante convulsión del cuerpo había algo de los estremecimientos
sagrados de las pitonisas. Reparé, durante el curso de su peroración, que
la palabra “amor” fluía de sus labios con la misma abundancia que el
agua de los manantiales. Cuando abría los brazos en cruz ante su
auditorio, parecía llamar a sí a todos los sin ventura de la tierra, y
cuando los cruzaba sobre el pecho, su corazón, muy pequeñito,
¿verdad?, oculto en aquella caparazón de huesos pequeñita, su corazón
parecía ofrecerse como el templo universal de la misericordia.
No he vuelto a oírla más. Pero en una noche de fiebre he tornado a ver
su rostro, iluminado con la placidez de un astro, insuflándome, con
palabras de revuelta, un buen cordial para mi corazón herido... ¡Una
noche de fiebre en que mi exaltación fue tanta que juzgué hacedora la
empresa de unir en comunión de amor a todos los hombres! (Sawa,
1977: 139-141).
Sawa emplea para referirse a ella la misma terminología sobre la luz. Llega a
decir que es una llama y que todo lo ilumina. Habla de su amor por la humanidad y que
sus recuerdos de ella le hicieron pensar que era posible la unión de todos los hombres.
Louise Michel representa todos los valores importantes para Sawa y, además, constituye
334
Por otro lado, es fundamental que Sawa incluya entre sus personalidades
admiradas a mujeres, pues denota que sus creencias en la igualdad son reales y muestran
la idea de la fundación del Cenáculo decía que tenían que ser feministas y en su
“Llega en este momento mi hija del colegio. La enseñan a leer. La enseñan, cuando haga
aplicaciones de esa enseñanza, a ver puntos de interrogación desgarradores por donde quiera
que extienda la mirada” (Sawa, 1977: 91). Es más, Sawa publicó un artículo que se llamaba
335
sustento. Lo mismo ocurre en Inglaterra y Alemania. Italia hace ya años
que empezó a reaccionar en ese sentido.
En Suiza la regeneración de la mujer comienza a ostentar una forma de
invasión y de conquista verdaderamente admirables. Buena prueba de
ello dan sus centros docentes. El número de mujeres inscritas en las
Universidades suizas, sobre todo en la facultad de Medicina, aumenta
de año en año en tales proporciones que en muchos de esos
establecimientos sobrepuja al de estudiantes varones; 511 señoritas
hacen actualmente sus estudios de Medicina en las diferentes
Universidades suizas; 511 actividades intelectuales nuevas, arrancadas
del sombrío ejército de la miseria y sumadas a la obra común del
trabajo.
Pero aquí, entre nosotros, ¿cuándo amanecerá? (Sawa, 1908).
laboral para poder subsistir por sí misma y su formación en universidades son para Sawa
pues cree que cuando seamos capaces de incorporar a la mujer de ese modo efectivo a la
Para concluir este apartado, nos parece oportuno rescatar una historia que cuenta
sujeto del que habla cedió ante la corrupción, pero hasta ese momento encarnaba los
valores defendidos por el escritor bohemio y los definía. De modo que, de no ser por el
final de su historia, sin ninguna duda, habría formado parte de ese “Zodiaco” sawiano.
pueblo y llegó a ser representante del tercer Estado en los Estados Generales de Versalles
336
que desembocaron en la revolución francesa. Además, en 1789 presentó un proyecto de
la Asamblea, de ahí que diese un giro radical su actitud y comenzase a llevar una doble
337
Creció.
Y un día, como se llega al amor, o al dolor, o a la muerte, llegó el niño
a edad de pubertad y con ella un tanto a la posesión de sí mismo; pero
al extender su vista alrededor quedó espantado de lo que veía.
Había que rectificar la vida.
Cierto, la montaña continuaba siendo imponente; el mar, soberbio; los
valles, amorosos; nupcial lo umbrío de las selvas; dadivosa la tierra, y
el sol y los soles, clementes para el hombre...
Pero ¡la obra social!...; pero ¡la labor humana!...
Y aquí es donde esta vaga narración comienza a ganar las apariencias
de una historia verdadera, porque súbitamente el dolor se torna en
protagonista, y estas líneas que yo quisiera inflamar con sustantivos y
verbos muy ardientes, en el esbozo de una batalla.
—Hay —se dijo— en el mundo, como en las teogonías asiáticas, dos
zonas, que se repelen, una de luz y otra de sombras; que haya fronteras
para las naciones, pase; que las haya para la dicha, no puede ser y no
debe ser; hay que hacer la felicidad potable y respirable sobre el haz de
la tierra.
¿Desvaríos? Casóse con el Ideal.
¡Qué tristes nupcias! Ese, ese el camino de pasión que conduce, si a la
exaltación de la conciencia, al lento y sangriento holocausto de la
personalidad.
Fuerza de Cariátides, furor de centauros, inconmobilidad de dioses son
precisos para que el amor al Ideal no sufra los atisbadores desmayos
que fuerzan a soñar con el reposo. ¡Es tan justo el deseo de, hartos de
luchar en vano, hartos de perder sangre en todos los encuentros, querer
vivir como los demás hombres!
Coros de voces plañideras, tales que en los funerales de la edad griega,
vertían por los oídos, en su alma, los corrosivos del no querer, del dejar
de amar, las voces tristes que suenan en el cráneo como bajo las naves
de una catedral cerrada al culto en los momentos que preceden a los
inevitables colapsos de la voluntad.
“Miserere, miserere mei!”
Luego tuvo lugar la última y decisiva batalla. Deudos y amigos,
familiares y simples comparsas, todos a una, en complicidad con la
naturaleza entera, en complicidad con su ardiente cuerpo mozo, en
complicidad con el polen de las flores y con los brotes de los árboles y
338
con el estallar de amores en que se agota la primavera, hicieron surgir,
plásticas a su presencia, frases que eran como coros de sirenas,
irresistiblemente.
Cedió, sucumbió.
En las capillas mundanales las campanas tocaron a gloria; yo las oí en
mi corazón tocar a muerto (Sawa, 1977: 203-205).
Creemos que este texto, al que nunca se le ha dado importancia dentro de la obra
sawiana es fundamental, pues a través de esta historia Sawa nos muestra sus ideas y, a la
vez, se está reflejando de alguna manera en ella. En primer lugar, nos habla de la infancia
encontraba el pueblo, de ahí que decidiese hacer algo por mejorarlo. Su cabeza se
identifica entonces con la luz por sus nobles intenciones y defensa del progreso. De este
modo, el conde (y Sawa también) se entrega al Ideal y clasifica al mundo en zonas de luz
y sombra. Al final, sucumbe y traiciona sus propios principios. A pesar de separarles más
de un siglo, Sawa encuentra en esta historia una metáfora de su propia vida, en la que se
siente derrotado. Esas campanas que tocan a gloria son porque al Conde de Mirabeau le
hicieron grandes funerales. Sin embargo, Sawa dice “yo las oí en mi corazón tocar a
muerto”. Obviamente, en 1791 él no oyó las campanas, sino que las siente ahora, al ver
cómo el Ideal que defendía el diputado francés, que es el mismo en el que él creía, ha
muerto.
transportado a otra edad y a otro planeta ¡mientras que ahora…!” (Sawa, 1904b). También
339
de 1877 en el que también hablaba de Mirabeau y de sus buenas intenciones
revolucionarias en sus comienzos, pero que fueron destruidas por el régimen del terror de
Robespierre (1758-1794), entre otros. Aun así, Sawa dice “la Revolución Francesa […]
debemos bendecirla y alabarla porque su objeto, su misión, su todo, era sagrado, era
sobrenatural, era impulsado por Dios, era un cañonazo que hacía tiempo se esperaba con
ansia, era una consecuencia natural y lógica que necesariamente tenían que desprender
intolerancia científica y religiosa” (Sawa, 1877). Estas palabras vienen a demostrar, una
vez más, que el pensamiento de Sawa y sus metáforas relativas a la luz y la oscuridad no
cambian a lo largo de su trayectoria literaria y vital, pues siempre fue un gran defensor
340
3.5. Relaciones con la prensa masónica
republicana y anticlerical. Fue fundado y estaba dirigido por el periodista y activista José
Nakens era buen amigo de Sawa, como dice Zavala: “Sus amigos: Valle-Inclán,
Zamacois, Darío, Bark, Nakens, Enrique Cornuty, Salvador Rueda, Gómez Carrillo”
(1977: 35). De hecho, figura en la lista de asistentes al sepelio, por lo que no es de extrañar
que la editorial adscrita a su periódico le publicara dos de sus libros más naturalistas y
semanario librepensador cuyas ideas “galopaban por delante de muchas de las logias del
Estado español (Rodríguez de Coro, 1992: 366) y en cuya cabecera aparecía en ciertas
ocasiones “sostenido por las almas luminosas”. Sus fundadores y directores eran ambos
Fernando Lozano Montes (1844-1935), que firmaba como “Demófilo” y utilizó este
nombre como masón. Ambos se situaban en la ideología de Manuel Ruiz Zorrilla, con
quien mantenían gran amistad. Entre los escritores que colaboraron se encuentran Miguel
134
Ver anexo III, imagen 7.
135
Hoy existe una logia en La Habana (Cuba) que lleva su nombre.
341
Morayta, Odón de Buen o Rosario de Acuña, todos masones. Asimismo, esta publicación
Demófilo era uno de los escritores que más artículos sobre la masonería publicó, llamando
de 1884, en el que compara los valores cristianos con los masónicos, para demostrar no
solo que son semejantes, sino que iglesia y masonería deberían ser cercanas y no
enemigas:
insistió a la masonería española para que acudiese junto a la francesa y la belga. Sin perder
de vista que siempre disponía de una sección llamada “Luz y Sombra” donde se solían
había sido abuelo de un niño al que habían llamado Víctor Hugo (Anónimo, 1902b).
342
El 10 de junio de 1888, Las Dominicales del Libre Pensamiento comentaban la
obra de Sawa136, haciendo alusión a que El Motín les había hecho llegar un ejemplar:
Bibliografía
La empresa de El Motín nos ha remitido la preciosa novela que acaba
de publicar, titulado Criadero de Curas, original del conocido escritor
D. Alejandro Sawa. Es un fidelísimo cuadro, tomado del natural, en que
el autor ha pintado magistralmente las miserias y vilezas de la vida del
Seminario. El protagonista, cuyo espíritu se rebela a permanecer en
aquel antro de corrupción y perversidad, huye de él; más apresado
luego, es encerrado en inmundo calabozo, y rodeado por sus verdugos,
que contemplan con satisfacción todos los detalles de su agonía.
La narración es interesantísima, y el estilo correcto y elegante. Véndese
esta obra, al precio de una peseta, en la Administración de El Motín,
Fuencarral, 119, principal izquierda, Madrid, y en las principales
librerías (Anónimo, 1888a: 4).
En este mismo número merece especial interés la sección “Luz y Sombra” porque
136
Pasados varios años, el semanario seguía recomendando obras de Sawa. El 3 de julio de 1908 en su
sección “A comprarlos”, por ejemplo, recomendaba Criadero de curas y La sima de Igúzquiza (Anónimo,
1908: 2).
343
femeninos, apasionados por la libertad, que alienta las más halagüeñas
esperanzas de progreso en nuestra patria.
Que las mujeres se decidan por la causa del libre pensamiento, y en
pocos años, la España de la Inquisición sabrá ponerse a la cabeza de los
pueblos emancipados (Anónimo, 1888b: 2).
Recordemos que Rosario de Acuña también era masona y que trabajó siempre por
el liberalismo. Esta condición fue digna de admiración por parte de Sawa en las mujeres,
feminismo.
Por otro lado, la muerte le llegó a Chíes muchos años antes que a Lozano, de modo
que este último se quedó al frente de la dirección. Solía rescatar artículos de su compañero
bastante a menudo e incluso puso a la venta su retrato: “rodeado de las más bellas y
oportunas alegorías. Resulta así un cuadro a propósito para ordenar los salones de los
Castrovido. Por último, el mismo año de su muerte se fundó en Portugalete (Bizkaia) una
recomendó las dos obras de Sawa que hemos mencionado137. Junto a los libros de Sawa
contaba con una literatura afín por su contenido o por el pensamiento de sus escritores.
137
Ver anexo III, imagen 8.
344
Estas mismas son las obras que condenaron los diarios conservadores y las
respectivamente). La crítica, firmada solo con una X, decía, entre otras cosas, lo siguiente:
Asimismo, otros diarios acusaron a Sawa, entre muchos otros como Dicenta,
Aralar. Diario Católico Fuerista, el 27 de febrero de 1896 (Anónimo, 1896a: 1), cuyo
firmaba un tal Benjamín (1896: 1). La cabecera del periódico iba seguida de un texto que
138
¿Se refieren a él como “h.º” (abreviatura de hermano) por ser masón?
139
No estamos muy seguros, pero suponemos que quiere hacer referencia a la matanza de frailes en Madrid,
en 1834, durante un motín anticlerical en el que asesinaron a más de setenta frailes. Los historiadores no
saben qué sucedió exactamente. Algunos creen que fue una conspiración masónica y otros que fue el pueblo
porque corría el rumor de que el clero envenenaba las fuentes.
345
decía: “Tratándose de una secta (la masonería) que lo ha invadido todo, no basta
otros dos periódicos, el 1 de mayo, y añadió que la masonería estaba detrás de todo, pues
abogaba por la enseñanza laica, entre otras cosas (Anónimo, 1896b: 2).
346
3.6. “Pilar”: un texto desconocido y sus posibles interpretaciones
autodenominaba en la última página de todos los números, que se publicaba los domingos
y contenía no solo chistes y caricaturas, sino también poemas, reflexiones y otra serie de
obras breves.
acompañada de un pequeño poema sin firmar que alababa las cualidades del escritor y lo
Es verdadero estilista
y profundo observador,
siendo de España el mejor
escritor naturalista.
(Anónimo, 1889: 1)
Se trata de una redondilla (abba) no muy elaborada y con una rima fácil, pero que
marcharse a París. Debemos añadir este poema a la lista que recoge Amelina Correa de
que creemos leer Hueso-Lules, firma que se repite a lo largo de la publicación, por lo que
140
Ver Anexo III, imagen 9.
347
se tratará del pseudónimo de uno de los dibujantes de La España Cómica. Retrata a Sawa
comenzar por la dedicatoria. Sawa se lo brinda “al Señor Luis Díaz Moreu” (1889: 3).
Luis Díaz Moreu (1854-1890), un político liberal que fue muchos años diputado por
El Defensor de Granada le dedicaba unas palabras de las que podemos averiguar por qué
Sawa lo admiraba:
Las ideas de Díaz Moreu encajan con las de Sawa, por lo que es normal que
dedique un artículo a un diputado liberal, activo en esos momentos, que aboga por el
progreso.
Pilar es madrileña: parece mentira que pueda decirse esto con la misma
tranquilidad que se diría: “Pilar es de Soria, o de las Montañas de León.”
Ha nacido en un jardín y parece su cuerpo amasado con jugo de
jazmines y claveles. Su presencia se anuncia por resplandores y
perfumes. A mí me ha hecho pensar muchas veces sí habrá cuerpos que
348
en vez de sangre se sientan animados interiormente por la savia fecunda
de las flores.
Es muy bonita, y sin embargo, su belleza más notable en el olor que
irradia. Yo la aspiro con tanta devoción como la contemplo. Si fuera
permitido decirlo, añadiría para completar mi pensamiento: “es una
mujer-flor.” La más graciosa combinación de elementos que conozco.
Su cabeza es de una inspiración que aturde; hace recordar por su tamaño
a la de Kearl, la mujer que ha destrozado más corazones ingleses, y por
su gracia a la Mary Duplessis como la describe Dumas en La dama de
las Camelias; tiene las entonaciones de color de las vírgenes de Murillo,
y los extremecimientos (sic.) nerviosos de las sibilas de Atica; su
extraordinaria gracia hace olvidar la corrección de su dibujo, quizá
demasiado clásico, y de consiguiente demasiado frío, con más realidad
de escultura que de vida; el peinado que generalmente usa, aumenta esta
ilusión: sin sombrero recuerda a Cibeles, y con gorrita de piel rusa con
que yo la conocí el invierno pasado, hace pensar en Minerva cómo la
soñó Praxíteles. Pero todo esto desaparece cuando habla; entonces
parece que hasta el pelo rezuma inteligencia, y que aquella cabecita de
pasionaria lleva en sí, y oculta amorosamente, yo no sé qué espléndidas
fulguraciones de sentimientos y de astros. Tiene en la voz
potencialidades inauditas y energías extrañas. La forma de esta
existencia debe ser un fiat lux tan poderoso como el que llenó de soles
el vacío.
Sería capaz de poner en música La Correspondencia con solo leerla en
voz alta. Sus palabras, hasta las más indiferentes, tienen las
palpitaciones del entusiasmo, y sus inflexiones de voz, hasta las más
suaves las armonías del himno; y sin embargo, hacerse perdonar estas
acumulaciones de majestad y de gracia, que son la adorable sinceridad
de su trato.
Diríase que ella de ella que admira nuestra vulgaridad o que reniega de
su gracia.
La he conocido hace poco tiempo, pero la he presentido hace una
eternidad: desde que comencé a ver mujeres feas por el mundo; es el
recurso de la desgracia y de la pena, construir mundos artificiales y
asomarse a la vida como a través de un sueño. Yo buscaba entonces una
mujer que me hiciese amar a la creación; soñaba despierto con esa mujer
349
imposible. Pero la realidad parecía complacerse en quitarle la razón a
mis sueños.
Oía voces de desfallecimiento y voces de consuelo. “No la busques si
no en tus imaginaciones; ese tipo de mujer está formado de sombras.
Búscala por la tierra, ese tipo de mujer está formado de humanidad y de
vida.” Y andaba, andaba con la obstinación de un convencido, en busca
de la realización de mis sueños. Por fin la encontré. Estas líneas son un
grito de satisfacción, un desahogo de felicidad. Por eso son
desordenadas e inconexas; yo quisiera transformarlas en suspiros y
besos; más besos que suspiros.
¿Que no la he descrito por completo? Cuando toda la humanidad me dé
participación en sus placeres, yo concluiré la descripción de esta
encantadora mujer que me ha hecho el efecto de si todo el cielo hubiera
bajado hasta mí para envolverme en sus magnificencias.
Alejandro Sawa
(Sawa, 1889: 3)141.
No sería la primera vez que le fascina un tipo de mujer así, pues recordemos que Eduardo
mujer extranjera que charlaba con él en la tertulia de la revista España. En este caso no
se trata de esa mujer, pues las charlas eran sobre lugares y anécdotas de París, por lo que
Sawa ya estaba de regreso en la capital española tras su estancia parisina, lo que sitúa sus
más, la mujer de esta descripción es española y Pierret era extranjera. Esto sería así en el
supuesto caso de que Pilar fuera realmente una mujer de carne y hueso.
141
Ver Anexo III, imagen 10.
350
Sin embargo, sostenemos que Pilar no existe como tal y que se trata de un texto
alegórico. No tenemos ninguna prueba de que esto sea así, por lo que solo podemos hacer
que lea el texto verá que está cargado de simbolismo y que lo más probable es que Sawa
no se esté refiriendo a nadie en concreto, sino que ha encontrado algo que le llena de
alegría. A nuestro parecer, y teniendo en cuenta todo lo que hemos analizado en los
Declaración de un vencido en 1887, pero puede que en este artículo se refiera a que ha
tomado contacto con ella. Teniendo en cuenta que este texto es de finales de 1889 y dice
1887-1888. Además, si Sawa se fue a París a finales de 1889, es muy probable que este
En primer lugar, dice que Pilar es de Madrid, pero que daría igual si fuese de otro
sitio. Dado que la masonería se extendía por toda la geografía española y también por el
posible que se refiera a esto cuando dice que es madrileña, pero que podría decirse igual
que es de otro lugar. Esto nos daría una pista para pensar que Sawa tomó contacto con
una logia madrileña, y no con una francesa, de ahí que no haya rastro de él el Gran Oriente
de Francia. En la misma línea, establece que la conoce hace poco, pero que la ha
presentido hace una eternidad. Esto nos da que pensar que sus principios morales no se
han alterado en absoluto, pero que ha encontrado algo que encaja con ellos. Parece que
Pilar es la materialización de su ideal. Por otro lado, afirma que ese tipo de mujer en la
tierra estaba formaba por humanidad, siendo la filantropía uno de los valores masónicos.
351
La masonería ama a la humanidad. Sin embargo, al final dice Sawa que acabará de definir
a esta mujer cuando toda la humanidad le dé “participación en sus placeres”, por lo que parece
En cuanto a la luz, la frase con la que se refiere a su existencia es que es “un fiat
lux tan poderoso como el que llenó de soles el vacío”. Si se hace la luz en ella y teniendo
en cuenta las identificaciones de Sawa con la luz, no hay duda de que le parece que es la
la Justicia, la Sabiduría, las Artes… O como la Libertad, que recordemos que se publicó
mundo142 y que lleva en la otra mano una antorcha encendida y posee una cabeza
luminosa.
Por último, también nos ha hecho pensar que se trata de una alegoría la similitud
que presenta con el texto de Pi y Margall donde definía lo que era para él la masonería:
almas y las conduce por la senda del amor y la Sabiduría” (Lera, 1980: 110). Si Sawa está
hablando de la masonería, habría gran similitud, pues él considera que se trata de una
“mujer-flor”. Sin olvidar que él decía en Iluminaciones en la sombra que las ideas que él
abrazaba también eran como flores” (Sawa, 1977: 176). Asimismo, el único
142
Ver anexo II, imagen 15.
352
pero que lo perdonaba por su agradable trato. Esto nos recuerda a un artículo de Sawa
Esto nos confirma que las reglas no eran del gusto de Sawa, pues prefiere la
libertad y el amor y cree que con ellos es posible cambiar la vida, nutrir la intelectualidad
e, incluso, llevar a cabo revoluciones. La masonería, a pesar de sus ideales tiene normas
estrictas y usa el compás y la regla como símbolos de rectitud. En ese aspecto, es clásica.
texto es acertada, pero sí creemos que es plausible. Es evidente, con la simple lectura del
colmado a su autor de satisfacción porque llevaba años esperando algo que se pareciese
a lo que ha encontrado. Además, sean cuales sean las intenciones, ya es suficiente aporte
353
354
CAPÍTULO III: CATÁLOGO COMPLETO DE
DE LA REALIDAD A LA FICCIÓN
355
356
1. Nociones previas sobre ficción y autoficción
utilizar este término y en qué modalidad de ficción entra cada una de las obras que vamos
a analizar en las que Alejandro Sawa aparece como personaje. Unas veces es el
protagonista, otras veces es un personaje secundario, unas veces se extraen sus rasgos
positivos, otras los negativos, a veces aparece en novelas, otras veces en cuentos y otras
en obras de teatro. Antes de su rescate como escritor, se oculta bajo otros nombres y se
distorsiona la identificación, frente a las obras de finales del siglo XX y principios del
XXI donde aparece con su propio nombre. Además, algunas obras se escriben en tercera
autor es personaje, entra en juego la autoficción. Por su parte, en las obras de teatro son
los propios personajes los que hablan y las veces del narrador pueden ser sustituidas por
las acotaciones, que a veces, sobre todo en el caso de Valle-Inclán, revelan más datos
sobre la obra.
Por el simple hecho de tratar obras literarias, ya sabemos que los hechos que se
nos van a presentar están literaturizados. Sin embargo, no es suficiente con esto, porque
las obras, de ahí la clasificación en tres etapas: cuando Sawa se literaturiza a sí mismo;
cuando lo hacen sus contemporáneos, que algunos son admiradores y otros detractores y
e investigadores optan por volver a convertir a Sawa en personaje más de cuarenta años
después y deciden hacerlo sin cambiarle el nombre. Por último, hay otro dato
fundamental, que es si los rasgos de Sawa se reflejan en personajes vivos o muertos. Esto
357
es así porque el velatorio de Alejandro Sawa ha sido objeto de ficción en tres ocasiones,
mímesis.143 El filósofo griego hacía una distinción entre el historiador y el poeta144: “El
historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa […] la
diferencia está en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro lo que podría suceder […]
pues la poesía dice lo más general, y la historia, lo particular” (1974: 159). Este fragmento
es comentado por Domínguez Caparrós, quien nos aclara que: “La imitación no es
concebida como algo fotográfico, sino verosímil. Se trata de un realismo que generaliza,
Debido a esto, el lector y el escritor hacen una especie de pacto tácito, por el que
el lector asume que lo que va a leer no es real y deja que el escritor le meta en el mundo
143
En tiempos de Platón y Aristóteles, se entendía la Literatura como un modo de imitación de la realidad.
Pese a que se denominaba Poesía, entendemos los términos como sinónimos.
144
Entendemos poeta por autor y Poética por Literatura, según la terminología aristotélica.
145
También se puede consultar Pozuelo Yvancos, J. M. (1993). Poética de la ficción. Madrid: Síntesis y
(2005). De la autobiografía. Teoría y estilos. Barcelona: Crítica, donde se desarrollan estas teorías y la
bibliografía que hay al respecto.
358
Además, cuando trata de la representación y la ficción, añade que “a ello se han
vinculable y solidario al de poiesis” (Pozuelo Yvancos, 1994: 275). Sobre esta teoría se
apoya Pérez Bowie y cita a Yvancos cuando dice que: “la ficcionalidad se produce, así,
cuando el lector es consciente de que los referentes de los signos no existen como algo
con existencia independiente del mensaje sino que son producidos por este: los mundos
en torno, son, exclusivamente, mundos que deben su existencia a las palabras (Pozuelo:
Esto lo tenemos que tener muy claro, pues cualquier anécdota o cualquier hecho
que aparezca en las siguientes páginas no va a existir más allá del texto literario. Ante
todo, debemos tener en cuenta que ninguno de los personajes que vamos a tratar es
llevadas a la ficción, en algunos casos con más mímesis que en otros, pero siempre
incierto, pero nunca es un asunto artístico […] es imagen de la persona y solo cuando se
146
Otra aclaración que debemos hacer es que aquí el estudio se ha acotado a obras miméticas, en tanto que
son representación de lo que podría suceder en la realidad, quedando fuera la literatura fantástica en la que
aparece lo sobrenatural. El caso más difícil de estudiar atendiendo a esta lógica sería el de Luces de bohemia
porque es esperpento y, por lo tanto, no aspira a recrear la realidad, sino a deformarla para que resulte de
lo más absurda. Sin embargo, a pesar de que Valle-Inclán muestra la cara más amarga de la sociedad del
modo más irrisorio, exagerando los vicios, reconocemos a la sociedad de principios del siglo XX detrás del
espejo que nos propone, por lo que no vamos a hacer una excepción de clasificación con esta obra.
El tema de la mímesis en Luces de bohemia ya lo hemos tratado con anterioridad en Santiago Nogales, R.
(2018). “Luces de bohemia y El señor de Pigmalión: crítica social y drama existencial mediante
desrealización”. Alfinge. núm. 30, 125-144. (Universidad de Córdoba) ISSN: 0213-1854.
359
enajena, cuando funciona como imagen es realmente personaje y no persona y existe
Dado que nuestra intención es hacer una comparativa entre la realidad y la ficción,
no podemos comparar simplemente unos hechos con otros, porque los de la ficción no
existen como tal, sino que se han escrito basándose en algo que sucedió o en algo que
aparece en otros textos. Por lo tanto, tenemos que establecer una decodificación del
que contiene; es, por tanto, en estas zonas del texto donde podrán establecerse las claves
define como “una falsa enunciación que contiene el relato de unas circunstancias más o
menos históricas y cuyo protagonista señala al propio autor” (2000: 534). El profesor
Romera Castillo llega a clasificar la autoficción como un género literario (1980) en el que
autobiografiar lo ficticio (2006: 19 y ss). En este segundo caso es donde nos encontramos,
pues para crear los personajes se emplean otros elementos que no son reales, se altera la
cronología, etc. El problema es que este término autoficción se utiliza desde el año
147
Los estudios que contienen la autoficción son bastante recientes y se siguen desarrollando en plena
actualidad. Prueba de ello es el tercer volumen del homenaje al profesor José Romera Castillo: Teatro,
(Auto)biografía y Autoficción, en Homenaje al profesor José Romera Castillo (2000-2018), Tomo III,
(2019). Laín Corona, G. y Santiago Nogales, R. (eds.), Madrid: Visor Libros, que hemos editado
recientemente, por lo que conocemos bien el estado de la cuestión.
360
Encarnación (1913), que encajaría en la literatura autoficcional, no se crearon pensando
en esta terminología que, sin embargo, les debemos aplicar. A pesar de ser novelas
contadas en primera persona la primera y en tercera las otras dos, donde sus protagonistas
son un reflejo de sus escritores, Sawa opta por llamar a su personaje Carlos Alvarado, y
Pío Baroja lo bautiza como Andrés Hurtado, dejando para Sawa al famoso Rafael
Villasús, mientras que Encarnación cuenta las peripecias de Tomás, que Dicenta también
basa en sí mismo, y donde aparece Alejandro Nava, inspirado en Sawa. Este juego de
cambio de nombres hace que tengamos que hablar ya no solo de autoficción, sino de pacto
fantasmático:
Molero se sitúa en la misma línea que Romera Catillo y establece que “a la lectura
autobiográfica a la que nos llevan las explícitas referencias al autor, y en menor grado
fabulación, legítimos en una ficción autobiográfica, que suponen una ruptura del
personaje novelesco con el biográfico” (Molero, 2000: 543). Gracias a esta ruptura se
pueden justificar las inexactitudes que vamos a ver en la ficción, empezando por la
bajo sospecha” (Molero, 2000: 541), pero existe un modo de conectar realidad y ficción,
361
Por eso, en el texto presentado como novela el receptor buscará
elementos para una codificación autoficcional en el grado de
referencialidad, valorando la imitación que hace de la realidad. En este
sentido, hay que destacar ciertos elementos textuales que, por su
evidente coherencia contextual, logran un gran efecto referencial, como
es el caso de la transcripción de documentos reales o el de las marcas
de historicidad (topónimos, temporalización datada por
acontecimientos históricos, etc.). De un modo efectivo serán signos de
rango pragmático todos aquellos en los que el receptor observe una
transposición de la instancia de escritura (Molero, 2000: 541-542).
Teniendo clara la teoría dentro de la que nos movemos y cómo está construida
cada obra, podemos proceder al análisis de todas ellas en lo relativo a sus conexiones con
pacto fantasmático, pero podemos encontrar el referente en el propio Sawa, quien aplica
al personaje hasta su propia visión del suicidio. Pío Baroja opta por crear a sus
protagonistas como su alter ego, pero no siempre con al mismo nivel de imitación. Pero,
en cualquier caso, opta por retratar a Sawa como personaje secundario y casi antagonista.
Para poder analizar ese personaje secundario hay que recurrir a los testimonios que ya
Ahora bien, el caso de Rafael Villasús hay que tratarlo en comparación con Max
Estrella, por lo que ahí tenemos una comparación intertextual. Cuando pasamos al caso
concreto de Luces de bohemia, estas teorías se difuminan no solo por el esperpento, sino
porque, a diferencia del resto de obras, esta pertenece a la dramaturgia. Valle-Inclán carga
362
por lo que difumina la referencia y hace que nos asalte la duda de si es, de algún modo,
literatura autoficcional.
está perdida, pero sí debemos incluirla en el estudio, a sabiendas de que es una novela en
la que Sawa es el protagonista, cosa que se puede justificar con testimonios reales.
Joaquín Dicenta crea a Tomás aplicando el pacto fantasmático, por el que no solo se
que Bark dijo sobre las relaciones de ambos, podemos analizar la correlación Sawa-Nava.
La última obra que encaja en esta teoría es la de Pepe Cervera, que en Alguien
debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, se pone a sí mismo, pero no como
investigación sobre los datos verídicos de Sawa. En cambio, cuando pasa a la tercera
persona, habla de Sawa como personaje y se inventan para él nueve historias con las que
rellenar vacíos de su biografía, asistimos a una mera ficción en la que no podemos buscar
una trasposición.
bohemio protagonista, pero que no aspiran a una identificación, sino que son mera
Juan Manuel de Prada escribe Las máscaras del héroe, creando también un juego
al meterse dentro de un protagonista y jugar con la voz del narrados, pero se aleja de la
363
intención, lejos de novelar hechos reales, es la de hacer literatura con la propia literatura,
como veremos en su análisis. Sawa aparece muerto, pero su velatorio es la fusión del de
Max Estrella con el de Villasús, por lo que su aparición solo se puede analizar con una
comparación intertextual.
texto que no sabemos cómo clasificar, pues se trata de una lectura dramatizada escrita a
modo de obra de teatro donde el narrador es uno de los personajes. Con datos reales va
contando la historia del otro personaje, que es Alejandro Sawa, a quien crea los diálogos
364
2. Alejandro Sawa literaturizado por sí mismo
desengaño vital
Globo). Ambos sufren idéntico desengaño porque Madrid les da la espalda, y ambos
padecen las consecuencias de la miseria. Sin embargo, Sawa decide que Carlos se suicide.
Es en este punto, en el desenlace, donde nos detendremos al final de este apartado para
averiguar las razones que llevaron al autor a terminar con su personaje. Por otro lado, este
triste final va a ser muy significativo, cuando analicemos a Max Estrella, pues
correspondencia, sino un paralelismo, pues les suceden cosas similares. Es decir, en las
acciones de Carlos Alvarado encontramos conexiones con la propia vida de Sawa, pero
solo en las dosis que este quiere, siendo a la vez un juego para el lector, pues la novela
está escrita en primera persona, el narrador es el personaje principal, que cuenta su propia
momento, que se trata de una novela de autoficción por personaje interpuesto. Sin
embargo, el asunto es mucho más complejo, puesto que, en la Nota al lector, Sawa dice
365
que se ve en la obligación de relatar la trágica historia de su amigo, para que el mundo la
ya anticipa que dentro de poco ni siquiera tendrá vida, es decir, ya se sabe de antemano,
antes de leer el resto, cómo acaba la historia. A partir de aquí, todo sucede en primera
persona, como si hubiese sido escrito por Carlos y publicado por Sawa. Comienza del
siguiente modo:
Después de relatar todas sus penurias, toda su degradación como persona, llega el
momento final, el momento de despedirse. Sawa vuelve a crear otra ficción, otro desdoble
de personalidad. Ahora es Carlos el que se inventa “que tenía un amigo”. Emplea esta
366
he dicho un amigo, y tú no has conocido a ningún amigo mío […] Tenía
mis mismos gustos, mis mismas inclinaciones y costumbres […]
Llegamos a Madrid al mismo tiempo; él un ser útil y de provecho, y yo
a hacer la vida que has conocido. Pues bien: ese amigo mío de que te
hablo, ha ido hasta más allá de lo que la dignidad humana consiente. Ha
soportado sobre sus hombros pesos increíbles […] Se ha matado hace
una semana aproximadamente. ¿Qué te parece a ti lo que ha hecho mi
amigo? Ya sabes por qué estoy triste (Sawa, 2009: 246-247).
Es interesante analizar estas palabras, no solo porque “el amigo” sea él mismo,
sino porque la descripción coincide con la de una persona con intenciones de ser algo en
cargado de sueños, cuando era honesto e íntegro. La parte canalla coincide con el modo
de referirse a sí mismo (“yo a hacer la vida que has conocido”). Debemos entender que
el ser humano tiene dos partes, una buena y una mala, una íntegra y otra miserable, una
digna y una canalla148. El problema es que todos los segundos atributos vienen para
Varios son los autores que han comentado este autobiografismo semioculto y
no encuentra a Sawa escondido tras Carlos, sino solamente parecidos: “En cuanto a la
situación del autor, no se podría hablar de identidad del autor y del personaje-narrador
Carlos. Pero sí que se podría hablar de una relación de semejanza en algunos aspectos
Por otro lado, son muchos más los estudiosos que aprecian la existencia de una
clara correlación. Por ejemplo, Gutiérrez Carbajo, que compara este juego autobiográfico
con las matriuskas rusas (2009: 87), pues dentro de una historia se encierra otra, y dentro
148
Retomaremos esto al analizar a Don Latino en Luces de bohemia.
367
de ésta, otra más, pero todas son la misma. Por un lado, existe la ficción de alguien que
cuenta la historia de su amigo que se ha suicidado, por otro lado, la historia del amigo, y,
por último, la historia que Carlos le cuenta a Carmen sobre el amigo que se ha quitado la
vida.
Amelina Correa lo denomina “el artificio literario del testimonio relatado por un
amigo” (2008: 122). No solo aprecia las similitudes en cuanto a los acontecimientos de
las vidas del autor y su personaje, sino que también comparten la personalidad: “también
(1977: 47), de ahí que escriba: “La historia de este vencido- ¿Sawa mismo?- le sirve de
“seudónimo transparente” (1977: 48) y como un “testamento” (1977: 50) con el que
consigue vencer.
368
En otras palabras. Hay un autor (implicado) que dedica la novela a un
conocido suyo. Hay también un sujeto (presuntamente real) de la
enunciación que, mediante una nota se pone en contacto con el lector,
y que asume la narración de la historia que sigue, en “forma
autobiográfica”. Y hay, por último, un sujeto del enunciado, que
comienza a narrar en primera persona, y que focaliza en sí mismo la
historia […] Pero es, en realidad, una historia contada por persona
interpuesta, aunque focalizada en el personaje, si tenemos en cuenta la
“Nota al lector”, donde se esgrimen razones de énfasis dramático para
justificar el procedimiento de la escritura. […] Pero hay otras
manifestaciones autobiográficas dentro de la novela. La víspera de
escribir el manuscrito, Carlos sale con Carmen, y le cuenta durante el
paseo su propia historia, como si le hubiera pasado a un amigo suyo
(1993: 304-305).
En ese mismo artículo (Navarro Mateo, 1993: 304-306), la autora compara los
datos biográficos de Alejandro Sawa con los de su personaje para que se descubran las
semejanzas entre ficción y realidad. En todas las historias que se cuentan Sawa está
contando la suya, si bien sazonada con las artes literarias e introduciendo secuencias de
autor en las mismas circunstancias,149 no hace tirar por la borda todas las conjeturas ni
desmantelar el puzzle que se ha formado. Todo lo contrario, el hecho de que Sawa decida
que Carlos se suicide aporta mucho acerca del autor. Es más, aquí ya nos atrevemos a
decir que mucho más puede aportar Sawa a su propio personaje de él mismo que lo que
puedan aportar de Sawa a sus personajes Baroja o Valle-Inclán. Ahora bien, hemos de ser
cautelosos, pues no se puede defender una coincidencia absoluta, por la sencilla razón de
149
Si bien ya vimos que puede que sí se suicidara, tal y como relataba Ernesto Bark.
369
los hechos reales y ficticios no se pueden superponer. Es por ello que hemos calificado a
un modo de levantarse contra la sociedad y un triunfo sobre ella por la diferenciación que
varias ocasiones: “era preciso sucumbir” (Sawa, 2009: 228, 242 y 243). Ante la
decidido apartarse. El libro no es más que una justificación para que se pueda comprender
el desenlace final. En el Libro Primero ya advierte: “El hombre que escribe este libro, el
hombre que ha vivido este libro, sabe lo que hace publicándolo […] Pero es forzoso que
se publique. Me retiro del campo, sí; pero quiero antes dejar dicho lo que los hombres
Además de culpar de nuevo a la sociedad, justifica que se quita del medio porque
solo la muerte, es el suicidio, que lleva un componente autodestructor. Tras una previa
marcada por el fracaso. A Carlos le sirve de denuncia, quiere dejar un documento que
debe ver la luz, de ahí que diga “es forzoso que se publique” y que aparezca un argumento
más para enmarcarlo dentro de la denominada novela social: “Puesto que Declaración de
un vencido es, según su propio subtítulo, una novela social, su autor no va a perseguir en
150
Dado que está escrita en primera persona y sus grandes dosis de romanticismo, la crítica ha dicho que
es la menos naturalista de Sawa. No es nuestro propósito aquí debatir ese tema, pero en la introducción de
Gutiérrez Carbajo podemos leer todo lo que se ha dicho sobe este asunto (2009: 9-108).
370
este caso anomalías genéticas de sus personajes, sino las anomalías sociales de la historia
que han acabado configurando un presente enfermo” (Correa Ramón, 2008: 124).
lo que no quería ser, solo puede escapar de un modo. La vía de escape ante la frustración
acuerda de Carmen: “¡Carmen, sobre todo…! Una ramera, ¡sea!, pero yo añado: la digna
ascenso, obligándole a conformarse con esa vida. Sin apenas darse cuenta, Carlos pasó
de ser un joven y entusiasta periodista que llega a Madrid, a convertirse en una especie
de chulo, mantenido por una prostituta a la que ni siquiera ama. El mayor problema no es
momento, lo consentía:
una ramera, sino que cuando esta no le da lo que le pide, llega a maltratarla. Tal cosa
hubiese sido impensable para él unos años atrás, pues Carlos siempre condenó tal
conducta. Pero ahora no, ahora no era capaz de mostrar al hombre honrado que llevaba
371
principio sentí vergüenza y ganas de emprenderla conmigo a bofetadas
por la depravación y la cobardía de mi conducta. Siempre he creído
digno del grillete, cuando menos, al hombre que se rebaja hasta dejar
caer su mano sobre la mejilla de una mujer o de un niño. Pero a esta
pregunta de mi memoria, cargada de rencores y de ruinas - ¿no te han
obligado a que seas canalla?-se desvanecían todas mis susceptibilidades
y volvía a colocarme precipitadamente mi mascarilla de miserable, no
fuera que alguien pudiera sorprenderme con mi propia fisonomía de
hombre honrado, en cuyo caso sí que me hubiera muerto de vergüenza
(Sawa, 2009: 241).
bien, que no se sienta culpable no quiere decir que no sepa que ha tocado fondo y que no
hay solución para remediar su situación y su vida. De un modo muy metafórico dice:
“Ocurre con las más grandes desgracias, que, como los venenos, son contadas las que no
tienen su antídoto” (Sawa, 2009: 242). Al principio se refugia en el alcohol, pero después
dice: “ni aun la embriaguez me daba el consuelo que le pedía” (Sawa, 2009: 242).
Tampoco tenía amor, que hubiese sido su mejor antídoto, ni otro aliciente, ni siquiera una
esperanza: “Un amor me hubiera salvado. No amaba a nadie. Una gran fe me hubiera
Todas estas reflexiones y caóticas circunstancias son las que llevan al protagonista
tocado vivir, contra la sociedad que lo ha condenado, contra la ausencia de una tabla de
372
desafío, en esa decisión nadie va a tomar partido más que él, es un modo de vencer al
vez de dejarse arrastrar por la corriente, le planta cara de único modo posible. Es
tremendista y radical, pero no carente de razón. Artigue acierta al decir que: “la
que para algunos poetas es lo mismo. Así lo escribió Antonin Artaud: «me autodestruyo
Gutiérrez Carbajo recuerda que “el suicida siempre se suicida contra alguien, y él
lo hace decididamente contra la sociedad” (2009: 86). Sin que se olvide que, a la vez, tal
123).
373
Por último, debemos hacer referencia a las últimas palabras de esta novela. Carlos
su decisión es unilateral y voluntaria, elige ser sublevado antes que imbécil, de modo que
no hay cabida para el drama, el miedo o la pena. Menos aún, cuando va a poner fin a todos
los males: “¿A qué esta emoción? ¿No voy a cegar la fuente viva de todos mis pesares?
¡Abajo las lágrimas! ¡Viva la alegría! ¡Quiero morir cantando para asombrar a la gente!”
abandonar antes que ser como el resto. Pero también lo mata por romántico. El suicidio
es simbólico también porque Sawa es un naturalista romántico y, por eso crea a Carlos,
que es un periodista que se suicida, una especie de Larra, o de joven Werther (Navarro
Mateo, 1993: 305). El suicidio representa una apatía hacia una vida insoportable, una vía
de escape, que muestra la libertad sobre sí mismo cuando de todo lo demás se es esclavo.
valores inalcanzables. Todas esas cualidades las reúne el bohemio por excelencia y, por
extensión, también las tiene Carlos Alvarado Rodríguez. El autor ha puesto ante su
hubiese sido vivir dignamente, pero esa opción no se le da. Hacerle morir es un modo de
dignificarle porque muere cuando aún queda algo bueno en su fondo. Si Carlos hubiese
contado su historia sin más, si no se tratase de una justificación para entender su decisión,
diferenciarse del resto, nada de lo que ha contado tendría sentido. En vez de una forma
de protesta, la novela hubiese sido una apología del conformismo, a la vez que el
374
protagonista se mimetizaría con sus, ahora semejantes, que tanto le decepcionaron. En
este sentido, las muertes de Max Estrella y Carlos Alvarado no son tan diferentes.
Es muy significativo que la primera vez que Sawa es personaje lo hace él mismo y le da
el final que él mismo tuvo, es decir, el suicidio. Los suicidios están motivados por
diferentes causas, pero el desengaño del Sawa real también existió, de modo que a su
personaje lo hace coherente con sus propios principios. Una muestra más de que el
375
376
3. Alejandro Sawa literaturizado por sus contemporáneos
Sawa151
No hay lugar a duda de que el personaje más famoso inspirado en el rey de los
bohemios por antonomasia es Max Estrella, sin embargo, antes de llegar a él, hay que
recorrer otro camino que lleva a obras anteriores a Luces de bohemia y, curiosamente, son
curiosamente porque las relaciones entre Alejandro Sawa y Pío Baroja se debatieron
siempre entre el odio y el reconocimiento mutuos, como ya vimos en el Capítulo II. Ahora
bien, es curioso que no se les haya prestado demasiada atención a las tres primeras obras
sido estudiado por comparación con Max Estrella, con quien tiene muchas similitudes,
pero también sustanciosas diferencias; sin embargo, existen más obras en las que
Alejandro Sawa se deja entrever, acentuando muchísimo los caracteres que configuraban
vida bohemia. Se trata de personajes que tienen intervenciones más extensas que Villasús
y, lo más llamativo, es que fueron creados en vida de Sawa. El simple hecho de que Baroja
recurra tanto al sevillano y a su entorno para crear a los bohemios de sus novelas le da a
Sawa plena vigencia en su tiempo como modelo; en este caso, es ejemplo contrario a lo
que Baroja quería predicar, pero eso conlleva el efecto colateral de concederle relevancia,
aunque sea por contraposición. Por supuesto, esta circunstancia es para la investigación
151
De los personajes de Pío Baroja de caracterización bohemia inspirados en Sawa publicamos el artículo:
Santiago Nogales, R. (2018). “El reflejo de Alejandro Sawa en los personajes bohemios barojianos”, en
Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 36, 307-324. (UCM) ISSN-e: 1988-2556.
377
un arma de doble filo: por un lado, sirve para dar cuenta de la fama que Sawa tenía en
vida, pese al arrinconamiento que sufrió tras una muerte rodeada por la ceguera, la
pobreza y la soledad; asimismo, abre la puerta a analizar a otros personajes que nunca se
han tenido en cuenta más que superficialmente. Por otro lado, es un impedimento porque,
Este apartado tiene por objetivo estudiar a todos los personajes barojianos que en
algún momento la crítica ha identificado con Alejandro Sawa, compararlos con datos
identificación.
378
3.1.1. Juan Pérez del Corral y Betta
mística) (1901) y Paradox rey (1906). Parece que subyace en este protagonista una
con otro personaje, a quien Baroja llama Juan Pérez del Corral, que mucho tiene que ver
descripciones de tal personaje son las que siguen a continuación. Los hemos
seleccionados por ser los más identificables con la vida de Sawa, criticada bajo los
152
Tras los protagonistas de las novelas de Pío Baroja se suele esconder el propio escritor de un modo
autoficcional.
379
Salieron los tres a la calle, y como Pérez del Corral se marchaba, Amancio
empezó a hablar mal de él, diciendo que era lo más insolente, vanidoso y
majadero que podía ser un hombre […] (Baroja, 1998: 147). Pérez del Corral
mentía con una tranquilidad admirable, […] Tenía una memoria admirable,
una petulancia de damisela, una soberbia satánica y, a veces, rasgos de un
desprendimiento y de una generosidad de gran señor. [...] Algunas noches,
cuando salía del café la tribu harapienta, Pérez del Corral arrastraba a las
masas a la plaza de Oriente, y allí arengaba a los reyes de piedra, o,
acercándose a un árbol, para dar pruebas de sus facultades de actor, gritaba,
no se podía decir que declamaba, un parlamento de Don Juan Tenorio o de
Los amantes de Teruel (Baroja, 1998: 160).
De Sawa se dijo que conocía de memoria sus propios artículos, así como los versos
de Paul Verlaine y toda una serie de anécdotas que declamaba en las tertulias con gestos
exagerados y gran solemnidad dramática. Debía ser todo un espectáculo, si bien muchos,
descuidadamente y por pura necesidad que pagasen otros, lo que le confirió fama de
Por otro lado, Ernesto Bark hablaba, en su Santa Bohemia, de un proyecto que
380
—Bueno —interrumpió Silvestre ¿Y qué pito voy a tocar yo en esta
revista? (Baroja, 1998: 142).
Ese mismo fragmento en el que Paradox no tiene ningún interés en colaborar con
Pérez del Corral entronca con una propuesta que Sawa hizo realmente a Baroja para
y egolatría, Baroja dedica unos párrafos al trato personal que tuvo con Sawa, poniendo
de manifiesto que, pese a que ambos habían disfrutado de la vida parisina, poco tenían
Siguiendo con las peripecias de Pérez del Corral debemos destacar otro episodio:
A Alejandro Sawa lo ahogaban las deudas económicas hasta tal punto que murió
en la más absoluta miseria. Para obtener dinero empeñaba todo lo que podía en el Monte
de Piedad (Correa Ramón, 2008: 242-243) y rogaba a sus amigos, con gritos de
desesperación en forma de misiva, que tuviesen a bien prestarle unas pesetas. El caso más
381
notorio ocurrió con Rubén Darío, a quien hizo no pocas llamadas de auxilio y acabó, ante
la negativa del nicaragüense, por reclamarle una deuda casi olvidada. Por el contrario, el
poeta José del Castillo Soriano (1849-1928) sí se solidarizó con el bohemio dándole una
pequeña ayuda (Correa Ramón, 2008: 234-235), al igual que hizo su íntimo amigo
Enrique Cornuty (Correa Ramón, 2008: 251). A Baroja también le pidió dinero, no en
calidad de amigo sino con prepotencia y capricho y sin intenciones siquiera de devolver
De igual modo y a propósito de los juegos de azar, también se sabe que Alejandro
se dejó seducir los “tapetes verdes” (Correa Ramón, 2008: 202). Por supuesto, el asunto
382
una sola intervención, deja entrever los peores vicios que tenía y las penurias por las que
pasaba Alejandro.
Asimismo, son abundantes los comentarios de reproche hacia los mundos que
Baroja rechazaba. En la misma novela que estamos tratando, se puede leer la siguiente
opinión: “Como parece, según los descubrimientos modernos, que hay una Providencia
protectora especial de los golfos y de los abandonados, lo que no impide que de vez en
cuando los deje morirse de hambre para que aprendan” (Baroja, 1998: 215).
Se trata de una sentencia muy dura. Ahora bien, es bastante probable que se dirija
en términos generales. En sus Memorias, Baroja relata cómo se encontraba con Alejandro
hacia ellos, optó por la crítica feroz, lamentándose porque no sufriesen más males
aquellos que deberían penar por sus conductas. La frase “lo que no impide que de vez en
cuando los deje morirse de hambre para que aprendan” es especialmente cruel. A pesar
de tratarse de una ficción donde Paradox no es del todo Baroja y Corral no es del todo
Sawa, sino solo esencias o modelos, se entiende que Baroja aprobaba la muerte de algún
Quizás, lo que más llama la atención es que faltaban aún ocho años para que Sawa
casualidad, por lo que lo consideramos más anecdótico que científico. Nos vamos a referir
a dos momentos de la novela: cuando Pérez del Corral está desaparecido por un tiempo
y, de repente, envía una carta a Paradox para que acuda en su auxilio y cuando el personaje
383
Sr. D. Silvestre Paradox
Estimado amigo: Me encuentro enfermo, muy enfermo. No tengo quien
me cuide. Venga usted, si puede, a verme. Mi casa, calle de Castillejo
(Cuatro Caminos), 4, piso tercero, letra D.
Suyo afectísimo,
Juan Pérez del Corral (Baroja, 1998: 228).
Paradox data de 1901, cuando Sawa aún no estaba ni ciego, ni enfermo, ni recluido en su
casa. Las cartas de auxilio (ya fuese económico o espiritual) a sus amigos son de años
posteriores. Sin embargo, son casi premonitorias esas palabras de “me encuentro
enfermo” o “venga usted, si puede a verme”. ¿Cuántas veces no suplicaría a Rubén Darío
Con respecto a la muerte de Pérez del Corral, Paradox aparece como el alma
ocupa de que lo trasladen en camilla al hospital, le visita (de hecho, es la única visita que
Baroja ofreciese una visión habitual y castigadora al tipo de vida que los de la condición
de Pérez del Corral llevan. Además, opta por la tuberculosis, asociada casi por definición
a la “golfemia”.
153
La carta que Baroja hace escribir a Pérez del Corral pidiendo auxilio a Paradox se parecen demasiado a
tres misivas reales que Sawa escribió a Darío en 1905: “Mi gran Rubén: estoy malo […] Un gran saludo de
admiración y un gran abrazo de amistad”; “[…] Ven en mi ayuda […]” y “[…] Ven, ven en seguida. Te
aguardo con impaciencia. Mis dos manos.” Las cartas originales manuscritas son las que hemos analizado,
que se encuentran en el Archivo Rubén Darío, docs. 2008, 2009 y 2010. Reproducidas en Álvarez, 1963:
62-63.
384
Por otra parte, el segundo personaje que vamos a tratar de esta novela es Betta:
“Otra de las figuraciones importantes del café era Betta, que se pasaba la vida
alcoholizado, siempre impasible con su bello rostro árabe, de barba y pelo negrísimos, la
pipa en la boca” (Baroja, 1998: 160). La descripción de Betta también encaja con la figura
del bohemio, pues de Alejandro se decía que tenía cabeza de griego154, era moreno, con
barba y fumaba en pipa. El profesor Gutiérrez Carbajo dice que: “Allen Phillips no
encuentra mucho parecido entre Alejandro Sawa y Juan Pérez del Corral, descontados los
rasgos genéricos de todo bohemio, y ve más semejanzas con Betta, otro de los personajes
El problema es que en las páginas siguientes de la novela se dice de Betta que era
madrugada y entraba ceremonioso en los cafés. Esto abre bastantes interrogantes sobre la
identificación del personaje. Puede ser Rubén Darío, quien también era de tez oscura,
tenía problemas con la bebida y frecuentaba las tertulias; o Valle-Inclán, pues Betta
acompaña a Corral a exigir una satisfacción, lo que recuerda que el gallego era aficionado
a batirse en duelo; incluso podría ser un desdoble de Sawa y de todos aquellos de quienes
guardaban cierta similitud, tal y como comenta Gutiérrez Carbajo al hablar de “rasgos
genéricos de todo bohemio”. Además, como veremos un poco más adelante, puede que
Sawa en alguna ocasión también se batiera en duelo. O quizás, solo sea un invento de
Baroja que funciona a modo compañero de Pérez del Corral155. En cualquier caso, ante la
154
Griego y árabe se podrían aceptar como equivalentes por analogía dada la similitud de rasgos que se
pretenden destacar: pelo negro, ojos oscuros y barba.
155
Se podría vislumbrar una especie de Don Latino o de viejo borracho de melenas que llega al entierro de
Villasús.
385
imposibilidad de establecer un vínculo fiable, dejaremos apuntadas estas posibles
novela hubiese sido simplemente eso, una narración contada desde el punto de vista de la
moral de Baroja. Pero al ser identificables ciertos comportamientos precisos, cabe esperar
una mala reacción por parte de Alejandro quien, claro está, pudo leer la novela. De hecho,
en Juventud, egolatría, el vasco menciona que Sawa se molestó por haber sido retratado
en una novela: “Pasado algún tiempo, le dijeron a Alejandro que yo le había pintado en
una novela y me tomó cierto odio. A pesar de esto, de cuando en cuando nos veíamos y
perfectamente pudo ser él la causa del enfrentamiento, no hay que perder de vista que
faltan otras dos novelas barojianas por analizar que se publicaron en vida del sevillano y
386
3.1.2. El francés Caruty y el ruso Ofkin
(1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1904), cuando Baroja hace el retrato de un
personaje francés que también se ha identificado con Sawa. Así lo dice Iris Zavala: “Se
dice que el francés de Aurora roja (1904), de Baroja, es Sawa” (Zavala, 1977: 35). Es un
caballero al que Baroja llama Caruty, procedente de Francia que no habla correctamente
las miserias que pasaba. Es más, Baroja recordaba que el bohemio sevillano también
sigue:
387
hablaba incorrectamente el castellano y parte porque sus teorías eran
incomprensibles (Baroja, 1904: 90).
Si tomamos por bueno el juicio: “Se dice que el francés de Aurora roja (1904), de
anguloso, ni bizco, ni estaba torcido. Su barba era tupida, no limitándose a una perilla y,
quizás lo más llamativo, en 1904 era un señor de cuarenta y dos años y no un joven. Esto
último nos hace despojar de contemporaneidad al texto respecto a su propio tiempo, cosa
que podríamos aceptar dado que Baroja no se centra, como ya se ha visto en el epígrafe
anterior, en episodios concretos, sino que condensa anécdotas y rasgos dando una visión
encaja al superponerse con Sawa en cuanto a su aspecto, aunque parece que sí lo hace en
sus intervenciones: “[…] yo he recitado los versos de papá Verlaine […]” (Baroja, 1904:
122), “Caruty habló de sus paseos con el papá Verlaine, borracho por las calles de París
[…]” (Baroja, 1904: 123). Referirse a Verlaine como “papá” nos hace evocar la
admiración que tenía Sawa por quien consideraba su maestro, quien fue su amigo durante
su estancia en París y la gran tristeza en la que se vio sumido tras la noticia del
fallecimiento de su mentor. Sin embargo, Verlaine era todo un referente francés para los
388
Existe otro pasaje protagonizado por Caruty, que es su intervención
interrumpiendo un mitin:
Era Caruty que se había subido al asiento, pálido, con la mano abierta.
— ¡Fuera! ¡Fuera!, que se siente—gritaron todos, creyendo quizás que
intentaba replicar al orador.
—No, no me sentaré—dijo Caruty—. Tengo que hablar. Sí. Tengo que
decir: ¡Viva la Anarquía! ¡Viva la Literatura! (Baroja, 1904: 136).
Cornuty fue el que en un mitin anarquista del Teatro Barbieri gritó con entusiasmo:
-¡Viva la anarquía! ¡Viva la Literatura!
Esta equiparación de la anarquía con la literatura no se podía considerar disparatada,
sino más bien certera, porque la anarquía de ese tiempo era cosa más literaria que
política (Baroja, 1949: 837).
la identificación del francés con Sawa, habla del tal Enrique Cornuty y se refiere tanto a
Enrique Cornuty, el francés que importó el decadentismo a España, fue de los primeros
1977: 30).
conocido durante su estancia en París. La doctora Correa especifica que: “El francés
Enrique Cornuty (había) venido con toda probabilidad desde París poco después de que
lo hiciera Sawa […]” (Correa Ramón, 2008: 252), pese a que Baroja afirma que volvieron
389
juntos: “Cornuty me dijo que llegó a Madrid con Alejandro Sawa: alquilaron entre los
dos un cuarto […]” (Baroja, 2006: 68). Sea como fuere, lo cierto es que eran amigos,
habían convivido en París y ahora lo hacían en Madrid. Cornuty era de origen francés y
parecido entre Caruty y Cornuty, podemos afirmar que el francés de Aurora roja no
pretende encarnar a Alejandro Sawa sino a su amigo Enrique Cornuty, con quien no
desarrapados.
Alonso Zamora Vicente recoge que los hermanos Baroja recordaban que Cornuty
156
Circulaba el rumor de que Verlaine se había muerto en sus brazos.
390
natural disparatado y su poca consistencia. Murió anónimamente, en
París, atropellado por un camión. Jamás logró emplear el verbo ser, que
siempre se convertía en estar, ni supo utilizar pedir, que siempre salía
en preguntar: “Amigo, usted que está un amigo devoto, ¿no podríamos
entrar en uno de esos lugares de delicias, donde yo podría preguntar
café?” A los Baroja les llamaba mucho la atención que Cornuty,
hablando de su padre, dijera siempre esto: “El pequeño industrial que
está mi padre no comprende mismo de la literatura. Yo le odio a él y a
mis hermanos, y mi mayor placer estaría en verles ahorcados en un
jardín reducido.” Lo del jardín reducido era una de las cosas que don
Pío recuerda siempre de aquel tipo. Por lo visto, en esa dimensión
espacial, la horca era más horca. La verdad es que el pobre Cornuty,
autor de Haderías dolorosas, es otro de esos espectros desheredados y
contradictorios que hacen bulto en las tertulias y divierten a los demás.
Fue una de las principales víctimas de la gorronería de Alejandro Sawa,
etcétera (Zamora Vicente: 1973: 43 y ss).
Además de la exactitud de las crudas palabras sobre el deseo que Cornuty tenía
respecto al desenlace de su familia, lo cierto es que Alejandro Sawa nunca podría haber
hecho semejante comentario dado que no solo apreciaba y tenía buen trato con sus
hermanos, sino que una profunda desolación lo invadió cuando falleció su padre a quien
Continuando con Enrique Cornuty, también los hermanos Baroja son los autores
de las dos descripciones físicas más extendidas de él. Ricardo decía: “Era Cornuty
flaquísimo. Cara de tártaro, ojos semibizcos […]” (Baroja, 1969: 27); y Pío aportaba con
más sarcasmo: “Cornuty parecía la inicial de una letra gótica: era flaco, juanetudo, con
los ojos torcidos y una perilla de chivo” (Baroja, 1947: 94). Y del mismo modo que Sawa
lo pintó como un “joven francés anguloso, torcido, raro, con los ojos bizcos, los pómulos
salientes y una perilla de chivo”, Cornuty encaja a la perfección con estas palabras.
391
El otro personaje que se aparece junto al francés en Aurora roja es un ruso:
Otro de los presentados fue un judío que se llamaba Ofkin. […] Tenía
el pelo castaño, la barba en punta, la mirada azul; era muy pálido; […]
Hablaba una mezcla de castellano, de italiano y de francés. […] El
auditorio del juego de bolos no se entusiasmó con el protylo tanto como
el judío ruso (Baroja, 2006: 84).
la cantidad de lenguas que habla y que lo llamaban “el judío ruso”. Alejandro Sawa tenía
un íntimo amigo llamado Ernesto Bark, que ya vimos que era el autor de La Santa
sombra iba a ser para ese grupo una especie de catecismo. Pues bien, Sawa en su obra
Ernesto Bark, que lleva una llama por pelos en la cabeza, y cuyos ojos
árticos lanzan miradas de fuego que ignoran las más ardientes pupilas
meridionales […] Nació en Riga o en Dorpart. […] En el sintético
lenguaje moderno podría llamársele un excesivo. ¿Tuvo, allá en sus
mocedades, curiosidad del mundo? Recorrió Europa. ¿Tuvo el ansia
intelectual de convertir la idea en dinamita? Fundó en Ginebra un
periódico revolucionario. ¿Quiso diluirse en arte y armonía? Fue
virtuoso en Italia (Sawa, 1977: 213).
Los ojos árticos se corresponden con la mirada azul, y Sawa nos informa de que
su amigo residió en Italia, lo que también nos explica el dominio de la lengua italiana.
También apunta el dato de su nacionalidad. Siendo que Estonia nos podría hacer rechazar
la procedencia rusa, lo cierto es que había cierta confusión con respecto a sus orígenes
exactos, pues se llegó a decir que era ruso, polaco o incluso alemán. La explicación nos
la da Thion Soriano-Mollá:
392
Solía denominarse livonés, “el letón revolucionario”, según Pío Baroja;
cuando no, decía ser ruso, polaco, alemán... y español adoptivo. En
realidad, la aureola de incertidumbre que creó en torno a su
nacionalidad no es sino el resultado de sus afanes nacionalistas,
patrióticos y, a la vez, cosmopolitas. Ernesto Mauricio Enrique Bark era
hijo de Woldemar Heinrich Bark y Corinne Schultz, de origen estonio
y alemán. Ernesto Bark nació en Kaava, dominio parroquial de Laiuse,
cerca de Tartu (Dorpart), en la actual Estonia, el día 23 de Marzo de
1858. La multiplicidad de gentilicios que utilizaba se deben en parte a
la conflictiva historia de Estonia y Letonia, países dominados
constantemente por Polonia, Alemania y Rusia. Merced a ello, Bark se
confiere en el prólogo de España y el extranjero las nacionalidades:
“alemana etnográficamente, la rusa por política (y por desgracia) y la
española por afirmación y amor...” (Thion, 1998: 15).
[…] cooperar con los revolucionarios rusos era una obligación moral
[…] (Thion, 1998: 21).
El quehacer periodístico de Bark para estrechar las relaciones
internacionales continuó en Madrid hacia 1887. Por aquel entonces,
Isidoro López Lapuya, abogado muy activo en política, organizaba
movimientos de emigración de judíos. Gran parte de ellos eran de
origen ruso, López Lapuya desconocía la lengua y solicitó ayuda a
Ernesto Bark como intérprete. A partir de entonces nació una gran
amistad. Juntos proyectaron editar un libro en favor del pueblo judío y
un periódico que se constituyese en portavoz de los judíos esparcidos
por toda Europa (Thion Soriano-Mollá, 1998: 66). […] junto con
Isidoro López Lapuya encontraría un primer campo de acción ayudando
a los judíos de origen ruso que llegaban a España […] (Thion, 1998:
304-305).
393
De este modo, la referencia de Baroja al personaje de Ofkin como “el judío ruso”
estaría más que justificada. A pesar de que Sawa ya mencionaba que su amigo Bark
residió en Italia, se nos confirma al decir: “Se le acusaba de sus actividades políticas en
Suiza contra el poder ruso. Bark consiguió huir y se refugió durante algún tiempo en
Italia” (Thion, 1998: 23). Igualmente vivió en París, lo que justifica que hablase francés
y desvela que, al igual que Cornuty, ya conocía a Sawa de aquel tiempo como residente
en la capital francesa157:
relación con él es más que evidente al corresponderse los dos caracteres con dos íntimos
amigos suyos.
157
No olvidemos que Pío Baroja viajaba con frecuencia a París y, pese a no relacionarse apenas con los
bohemios allí residentes, es posible que supiese que allí vivían Alejandro Sawa, Enrique Cornuty y Ernesto
Bark y que, además, eran buenos amigos entre ellos.
394
3.1.3. Fermín García Pipot y César Andión158
segunda parte de la trilogía El pasado, que engloba La feria de los discretos (1905), Los
En Los últimos románticos, junto con otro tipo (Fermín García Pipot,
que frecuentaba La Taberna Alsaciana con otros bohemios y
revolucionarios de distinta factura) hay un poeta afrancesado (que
recitaba en todo momento no a Verlaine como Sawa sino a Baudelaire)
llamado César Andión pintado de una manera poco generosa, en cuyo
carácter y modo de ser puede reconocerse más fácilmente a Sawa,
modelo de tantos retratos (Phillips, 1985: 347).
Sin embargo, Zavala opta por asignar a Sawa otro personaje de esa misma novela
de Baroja:
¡Qué extraño personaje este Sawa! Bohemio triste, recordado por don
Pío y Manuel Machado como la primera persona que habló en España
de Verlaine. “Era un pobre hombre sin ninguna penetración —escribe
Baroja con falta de generosidad y poca perspicacia—, moreno, con
cierto aire apostolar, melenas y barbas negras” (Memorias, VII: 136-
137). Pero ya mucho antes se había interesado por él. Fermín García
Pipot, el bohemio de Los últimos románticos (1906), es personificación
de Sawa: flaco, capa española y un perro de lanas (Zavala, 1977: 36).
Esta contradicción se merece una pequeña reflexión. Tras leer los fragmentos que
mejor informan sobre ambos personajes, podemos elaborar algún juicio contundente
158
Pese a que en toda referencia aparece Andión, lo cierto es que el personaje se apellida Andion, sin tilde,
como muestra la edición de Los últimos románticos de 1919 que aquí se cita. El apellido correcto es Andión
y, además, hemos decidido aplicar la acentuación actual.
395
sobre cuáles son las coincidencias o incongruencias que hay para identificar o no a Sawa
con ellos. En primer lugar, el protagonista de Los últimos románticos, Fausto, conoce a
396
Puede que Zavala acierte en lo de flaco, capa española y perro de lanas, pues es
cierto que a Sawa siempre le acompañaban sus perros. También se podría relacionar con
que aquello de que es raro o que ofrece un lugar pobre para vivir. Es más, Baroja hace
que resida en la calle Galande de París, que se encuentra en el Barrio Latino, barrio en el
que residió Sawa durante su estancia parisina, y que le gusten los juegos de mesa. Más
allá de estas pequeñas coincidencias, nada se puede sacar en claro. Menos aún tras leer
que Pipot era tartamudo (pese a que el hablar a gritos sí se pudiese relacionar con sus
exageradas declamaciones). También se dice que hablaba catalán, y aunque Sawa residió
en Barcelona, fue por poco tiempo. A pesar del perfecto castellano y el argot de París,
mejor hubiera sido sustituir el catalán por el andaluz. Sin embargo, el personaje habla
andaluz cuando coge la guitarra. ¿Quiere condensar así Baroja todos los lugares
134), cuando el propio Pío Baroja era médico. Además, Pipot tiene demasiado
charlaban pero no iban juntos de taberna en taberna. Con ello, no pretendemos vislumbrar
en Fausto a Baroja, sino dar a entender que, si Baroja no convivía con Sawa, le resultaría
imposible relatar sus peripecias con precisión. Aunque fuese de oídas, tampoco serían
fieles a la realidad; y, en el hipotético caso de que intentasen ser realistas, forman parte
de una novela donde la literatura difumina toda correspondencia verosímil. Todo ello sin
perder de vista que toda semejanza con Sawa debería tener cierta carga de connotaciones
negativas de la bohemia, cosa que aquí no sucede de modo flagrante. Por último, el hecho
intención de crónica que pudiese tener, incluso si aceptásemos los juegos cronológicos
397
barojianos y nos imaginásemos a un Sawa de unos cuarenta y cinco años residiendo aún
en París...
En definitiva, son bastante débiles los hilos con lo que se pueden sujetar los
argumentos para identificar a Sawa con Pipot. Pero podemos llegar a distinguir cierta
esencia o inspiración por parte del vasco en el sevillano, teniendo presente, en todo
Andión:
398
Don Fausto se sintió hondamente mortificado. Entraron en un café;
Andión pidió ajenjo y comenzó a echar agua poco a poco en la copa. —
La musa verde, ¿eh?... — murmuró — todos los grandes hombres beben
ajenjo...
Ahora te recitaré algo del maestro.
— ¿De qué maestro?—preguntó don Fausto. — ¿De qué maestro ha de
ser?... Del único, de Baudelaire; ¿tú entiendes el francés?
—No muy bien. —Entonces eres un pobre diablo. — ¡Pse!
— ¿Y por qué no entiendes bien el francés? —Porque hace poco tiempo
que estoy aquí.
A usted le sucedería lo mismo. —A mí no... porque soy Dios—. […]
No, no me mire usted con esos ojos espantados, señor don Fausto
Bengoa: usted no es nadie a mi lado. Porque haya usted escrito unos
cuantos artículos despreciables, no crea usted que puede compararse
conmigo.
A los pocos días don Fausto vio a Yarza y le preguntó: — ¿Quién es
ese César Andión? — ¿Ha ido a pedirle a usted dinero? —Sí. ¿Quién
es? —Un bohemio de tantos, de esos que han dejado pasar la hora de la
gloria y no han llegado a tiempo más que para la del ajenjo.
— ¿Ha escrito algo? —Sí; creo que sí. — ¿Y tiene talento? —Eso dicen.
— ¿Y de qué vive? —Vive del prestigio de lo que pudo hacer.
Algunos amigos suyos dicen: ¡El día que ese se ponga a trabajar! —
¿Pero vale o no? —Yo creo que no. Tiene un repertorio de frases e
ingeniosidades y salidas que son patrimonio común de todas las
tabernas del barrio Latino. El primer día ese repertorio sorprende un
poco, luego cansa (Baroja, 1919: 283 y ss).
César Andión interviene casi al final de la novela y tiene un papel bastante más
secundario que Pipot. Ahora bien, encaja muchísimo mejor con las características
sawianas. O, dicho de otro modo, encaja con lo que Baroja pensaba de él y con el concepto
que tenía de la bohemia. Tengamos en cuenta que Pipot es del agrado de Fausto, siendo
que la presentación de Andión comienza con “La literatura le dio algunos disgustos a don
Fausto”. Se matiza claramente que es un bohemio, andaluz, que vivía en París y tenía los
399
aires del Barrio Latino (aunque vuelva a situarlo ya canoso en la ciudad francesa), además
de que daba grandes apretones de manos. Lo tilda de vago, idea que muchos tenían de
Sawa, embaucador, escandaloso (una vez más en conexión con sus ademanes exagerados)
Phillips, es un cambio por Verlaine). Asimismo, es arrogante, opinión que no solo tiene
Baroja, pues muchos son los que hablan de su soberbia y del convencimiento de su
superioridad. Acepta que tiene talento pero que es más lo que escribió que lo que escribe,
y esto también enlaza con las confesiones que hacía Baroja en Juventud, egolatría sobre
incompatibilidad entre sus estilos. Sin perder de vista que la producción novelística de
Sawa se concentra en sus años de juventud, quedando para la posteridad su faceta como
En concreto, el ajenjo del que habla Baroja no es más que la absenta, un licor verde de
muy alta graduación159, del que decían con ánimo jocoso que “hacía aparecer a las
musas”. Pero, sin duda, el episodio que más se acerca a la realidad es en el que Andión
pide a Fausto dinero para que pagase las consumiciones. Ya se ha visto cómo Baroja narra
el momento en el que conoció a Sawa, cómo le pidió tres pesetas y las fue a buscar a su
casa para pagar lo que Sawa y Cornuty habían bebido en la taberna. El problema viene a
la hora de trasladar las anécdotas a la realidad pues nos volvemos a encontrar con esa
condensación del tiempo de la que hablábamos. Las tres pesetas no son los “cinco o seis
Barrio Latino de París. Y porque si Andión es Sawa, Fausto tiene que ser Baroja, que es
quien realmente prestó el dinero. Y no es así porque don Fausto tiene una hija cuando
159
Aproximadamente, setenta grados.
400
Baroja permaneció toda su vida soltero y no tuvo descendencia. Aunque en la ficción todo
está permitido.
Tras este riguroso estudio de los personajes barojianos de los que en algún
No podremos nunca saber a ciencia cierta qué personaje bohemio de Baroja causó
realidad: Juan Pérez del Corral encarna de un modo exagerado la personalidad de Saway
su desenlace entre llamadas de socorro fue casi premonitorio, y el simple hecho de hacerle
morir de tuberculosis, sería motivo suficiente para que el bohemio sevillano se molestase.
En cuanto a Betta, poco habría que decir, pues se trata de una aparición fugaz y se le
describe como un tipo callado; aunque pudiese encajar en la descripción, no sería difícil
responde a la descripción física, pero esto nos da a entender que Baroja siempre toma un
mismo tipo de modelo cuando quiere reflejar ese tipo de vida. No hay duda de que
Alejandro era el líder y el más significativo, por eso no es de extrañar que el escritor
vasco, pese a no querer calcar estrictamente a Sawa en sus novelas, tome de él ciertos
Respecto a García Pipot y César Andión, no hay lugar a dudas de que la balanza
se inclina a favor del último. A Pipot le sucede algo parecido a Betta: encaja en la
descripción, sobre todo en lo relativo a las penurias económicas y la debilidad por los
perros, pero falla en detalles de suma importancia como la tartamudez, sus estudios de
401
acerca más a la realidad, quizás es el más identificable con Sawa de todos los personajes
bohemios barojianos y, dado que Los últimos románticos datan de 1906, tiene tantas
probabilidades como Juan Pérez del Corral de ser conocido por Sawa y constituir el
motivo de su enfado.
En cuanto a Aurora roja, ha quedado más que demostrado quiénes pretender ser
el francés y el ruso. Evidentemente, como ha ocurrido con todos los personajes, también
están literaturizados, sin embargo, tienen apoyos bastante literales en la realidad que los
hace perfectamente reconocibles. Esto no rompe del todo el vínculo con Alejandro Sawa
pues, aunque esta vez no fue el elegido para encarnar a los desarrapados, lo fueron dos
amigos suyos muy cercanos, con quienes compartía un estilo de vida y a Baroja le sirven
igualmente para transmitir la misma esencia. Es más, viene al caso dejar apuntado que
Valle-Inclán también tomó como modelo a Ernesto Bark y a Enrique Cornuty para crear
otros dos personajes, dando cuenta de lo significativos que eran como personas. Estos son
la señorita Cornuty de La cara de Dios (1900), quien igual que Cornuty es bizca, solo que
describe como: “un hombre alto, abotonado, escueto, grandes barbas rojas de judío
alemán, fichado en los registros policíacos como anarquista ruso y conocido por el falso
nombre de Basilio Soulinake” (Valle-Inclán, 1987: 183-184). Parece que Bark también
a quien se le hace dudar de la muerte de Max, cuando lo cierto es que tal duda, como
vimos, vino del gallego y no del estonio. Si bien estas ya son otras historias, nos sirven
para demostrar que tanto Alejandro Sawa como su círculo más íntimo gozaban, para bien
402
o para mal, de suficiente fama y eran lo bastante significativos como para transmutarse
en personajes de novelas.
403
404
3.2. Alejandro Sawa en El árbol de la ciencia, de Pío Baroja y Luces
Inclán inmortalizase a Max Estrella, Baroja creó a Rafael Villasús. Sin embargo, Villasús
Max. Pero, antes de adentrarnos en el comparatismo entre las obras de Baroja y Valle-
Inclán, vamos a tratarlas por separado para intentar analizar sus coincidencias con la vida
de Alejandro Sawa. Sin embargo, es una confusión habitual analizar a Rafael Villasús y
a Max Estrella como si del mismo Alejandro Sawa se tratase. Si Sawa no estaba
o Max Estrella. Puede compartir con ellos lo que Baroja o Valle hayan querido que
comparta, pero eso no equivale a una total identificación. Con ese tipo de asociaciones lo
carne y hueso bajo el mito de los personajes, cuando lo cierto es que ni siquiera Sawa
vencido, que era una novela autobiográfica. En esta obra, el propio sevillano se hace
malagueño, manipula su historia, cambia datos y deja entrever parte de su vida, pero no
es más que un juego, aquel de la autobiografía por personaje interpuesto. Además, cuando
uno habla de sí mismo, por la propia naturaleza del yo, la objetividad se difumina.
También lo hace cuando alguien se posiciona para contar una historia a partir de unos
personajes, que han sido creados para provocar unos sentimientos o transmitir una serie
405
de ideas. Por supuesto, esto abriría la puerta a un sustancioso debate en el que la Teoría
análisis ya hay un corpus previo. Siempre se parte del estado de la cuestión, es decir, hay
que tener en cuenta todo lo que se ha escrito al respecto; eso da muchas pistas y es una
información valiosísima, pero también es una contaminación por teoría previa. Cuando
se recurre al texto original, uno ya sabe qué es lo que se ha dicho de él, de modo que no
se enfrenta a nada desde cero, sino con una predisposición a percibir algo e interpretarlo
a los personajes a los que nos hemos enfrentado, respecto a la contraposición entre Max
Estrella y Rafael Villasús sí hay cierta bibliografía. Es por eso por lo que vamos a andar
con mucha cautela en este apartado, analizando los textos originales y sometiendo a
tildándolo de un pobre diablo bohemio, por lo que ya se puede presuponer que todo lo
que tenga que ver con él tendrá connotaciones negativas. Aun así, poca información es la
aparición de Villasús. Ahora bien, hay un dato bastante significativo: Villasús vive en la
alter ego de Baroja sin lugar a duda, va a su domicilio160 y, como ya se vio, en Juventud,
egolatría, de Baroja contaba que un día fue a casa de Sawa, que vivía en la cuesta de
160
Va a casa de Villasús porque es médico, igual que Pío Baroja. Esta novela, a diferencia de las anteriores,
la crítica la ha considerado como la más autobiográfica de todas: “lo primero que pensó o debió pensar al
componer la figura de Andrés Hurtado fue en sí mismo, en las sensaciones e impresiones que tuvo al
encontrarse con ese mundo, siendo como era un joven sensible e ilusionado ante el porvenir de la ciencia
[…] Este paralelismo se acentúa aún más en los casos concretos que describe en la novela y que son
recreación de casos reales que el autor vivió” (Caro Baroja, 2005: 21-23).
406
Santo Domingo”. Esa es la primera relación con la realidad. En El árbol de la ciencia se
narra así:
Sawa no escribía comedias y solo tenía una hija, y no dos, como tenía Villasús,
presentación, más atención merece todo el “Capítulo VIII”, donde se narra el velatorio
161
A pesar de haber residido en esta calle, Sawa falleció en su domicilio de la calle Conde Duque, número
3.
407
— ¿Es usted el médico? —le preguntó uno de ellos a Andrés con
impertinencia.
—Sí; soy médico.
—Pues reconozca usted el cuerpo, porque creemos que Villasús no está
muerto. Esto es un caso de catalepsia.
—No digan ustedes necedades —dijo Andrés
Todos aquellos desarrapados, que debían ser bohemios, amigos de
Villasús, habían hecho horrores con el cadáver: le habían quemado los
dedos con fósforo para ver si tenía sensibilidad […]
En esto entró un viejo de melena blanca y barba también blanca,
cojeando, apoyado en un bastón. Venía borracho completamente. Se
acercó al cadáver de Villasús, y con una voz melodramática gritó:
— ¡Adiós, Rafael! ¡Tú eras un poeta! ¡Tú eras un genio! ¡Así moriré yo
también! ¡En la miseria!, porque soy un bohemio y no venderé nunca
mi conciencia. No.
Los desarrapados se miraban unos a otros como satisfechos del giro que
tomaba la escena (Baroja, 2005: 264 y ss).
con poca delicadeza y de forma disparatada, el velatorio de un poeta ciego que estuvo
agonizando tres días y tres noches. Andrés Hurtado se compadece, una vez más,
llamándolo “¡Pobre hombre!” Y dice que desafió a la riqueza, lo que quiere decir que el
fallecido estaba en la ruina; es más, de estar en su sano juicio, piensa que creería que
había hecho bien. Sawa prefería tener talento a tener pantalones y, pese a faltarle qué
comer, prefería su integridad moral antes que venderse a la censura. Igualmente, murió
dado que casi todos los asistentes pertenecían a su círculo más íntimo y Baroja no se
encontraba dentro. Entre los testimonios que se dieron de primera mano no hay ni rastro
408
genio muerto. Lo único que puede relacionarse con el episodio de la catalepsia es un clavo
testimonio de Ernesto Bark. Eso es lo más semejante a aquella duda sobre la muerte que
Baroja recrea. Además, si Baroja conoció el revuelo que creó Bark debió ser solo porque
alguien se lo contaría. Por todo ello, solo podemos concluir que la muerte de Villasús es
una mera inspiración y no aspira a ser una crónica. El vasco creó un personaje bohemio,
pobre y que murió ciego y loco; y así, aprovechó para criticar la vida bohemia. Villasús
es totalmente secundario, al igual que Sawa fue secundario en la vida de Baroja. De ahí
que el personaje tome los rasgos más significativos de las sonoras circunstancias que
viceversa. Dice García Besada que Villasús es solo “un elemento más de aquel ambiente
degradado que Baroja nos muestra” (2001: 59). Ahora bien, la fugacidad de su aparición
no es impedimento para que su descripción sea más hiriente que la de otros personajes:
Pese a ello, la puerta del debate sigue abierta. El problema es que esas líneas de
Baroja se parecen demasiado a las que escribiría Valle-Inclán para contar el velatorio de
Max Estrella. Con la salvedad de que Villasús es una mera anécdota en El árbol de la
ciencia y Max lo es todo en Luces de bohemia. Siendo bien distintas en todo lo demás las
409
obras, y partiendo de que una es una novela y la otra una obra de teatro, comparten un
pasaje:
DON LATINO: ¡Ha muerto el Genio! ¡No llores, hija mía! ¡Ha muerto
y no ha muerto!... ¡El Genio es inmortal!... ¡Consuélate, Claudinita,
porque eres la hija del primer poeta español! ¡Que te sirva de consuelo
saber que eres la hija de Víctor Hugo! ¡Una huérfana ilustre! ¡Déjame
que te abrace! […]
DON LATINO: ¡Madama Collet, es usted una viuda ilustre, y en medio
de su intenso dolor debe usted sentirse orgullosa de haber sido la
compañera del primer poeta español! ¡Murió pobre, como debe morir
el Genio! ¡Max, ya no tienes una palabra para tu perro fiel! ¡Max,
hermano mío, si menor en años, mayor en... […]
¿Te acuerdas, hermano? ¡Te has muerto de hambre, como yo voy a
morir, como moriremos todos los españoles dignos! ¡Te habían cerrado
todas las puertas, y te has vengado muriéndote de hambre! ¡Bien hecho!
¡Que caiga esa vergüenza sobre los cabrones de la Academia! ¡En
España es un delito el talento! […] (Valle-Inclán, 1987: 178 y ss).
410
A pesar de ocurrir los mismos hechos, debemos tener en cuenta que no ocurren
del mismo modo. Valle-Inclán hace más extensa la escena, con muchas más
intervenciones de los personajes. Esto es así por dos motivos: en primer lugar, porque lo
que es una anécdota secundaria para Baroja, constituye parte de la trama central de Valle-
Inclán; sin olvidar que en Luces de bohemia pertenece al desenlace y el punto más álgido
presuponer que los hechos coinciden por casualidad. Es decir, Valle-Inclán publica Luces
mientras que El árbol de la ciencia data de 1911. Con toda seguridad, el escritor gallego
lo leyó. Por eso, repite los hechos, pero ahora desde su propia perspectiva, que difiere
bastante de la que tiene Baroja desde el punto de vista de Andrés Hurtado, pues Valle-
Inclán era amigo de Alejandro Sawa y asistió a su entierro. Es más, con Luces de bohemia
pretende rendirle homenaje, pero, con el entierro, intenta remediar lo que Valle-Inclán
parecida a la de Don Latino, ambos se lamentan por lo mismo, emplean hasta las mismas
catalepsia y, también en ambas, se hace una prueba consistente en quemar los dedos con
un fósforo para comprobar la muerte. Por supuesto, esta relación ya ha sido estudiada, si
bien no es muy amplia la bibliografía. Algunos creen que es un plagio por parte de Valle-
Inclán, otros que mucho ha tenido que ver esa escena en la génesis de Luces de bohemia,
Alejandro Sawa, aunque tomar por buena una reconstrucción que parte de una ficción no
411
sería adecuado. Es fundamental tener claro lo que se ha dicho al respecto para saber en
Inman Fox es citado por Pío Caro Baroja en su edición de El árbol de la ciencia,
justo en el capítulo que trata la muerte de Villasús. Y ahí, en una nota al pie, se sostiene
En la aclaración dice “en todo su detalle”, cosa que confirma que Valle-Inclán
hace una reconstrucción a partir de otra reconstrucción. Es decir, los detalles de Baroja
son tomados por Valle-Inclán, quien, puesto que había asistido al sepelio, podría haberlos
ciencia. Esta cita también dice explícitamente que está “literaturizado”, de lo que se
desprende que no está contando la muerte de Alejandro Sawa, sino que la está novelando,
confirmando así que es tan solo una inspiración en la que no se puede buscar una verdad.
Quizás, esta postura de Fox es la más prudente. Otros autores se han aventurado
a indagar mucho más sobre esta relación. Pero, al estudiar a Sawa como personaje y no
como persona, se deben tener en cuenta dos vertientes: por un lado, cuáles son los puntos
162
Nota al pie número 104.
412
de apoyo sobre la realidad, qué grado de ficción impregna las escenas y por qué; por otro
lado, más importante que el estudio de un pasaje que se repite en dos obras respecto a sus
Otros autores que han tratado esta cuestión han sido Allen Phillips, Ricardo
medida, las opiniones de todos los demás (Phillips, 1976: 29 y ss)164. Salvando los
detalles, casi todos los investigadores coinciden en destacar la relación entre las obras,
pero moviéndose en un espectro que va desde el plagio hasta una leve relación.
entender, rechaza cosas parcialmente admisibles y toma por ciertas otras que deberían
163
Ricardo Senabre escribe “Baroja y Valle-Inclán, en dos versiones de la muerte del poeta Alejandro
Sawa” (1960), donde llega a la conclusión de que el viejo borracho de melenas de El árbol de la ciencia es
Valle-Inclán (a este texto no hemos tenido acceso, conocemos el contenido de una de sus páginas por lo
que dice Phillips, 1976: 31, dado que dicha página se la proporcionó un amigo, según dice en la nota al pie
número 22); Peter Dunn es autor de “Baroja y Valle-Inclán: la razón de un plagio” (1967), y no duda en
que Valle-Inclán se basó en la obra de Baroja; Idelfonso-Manuel Gil escribió “De Baroja a Valle-Inclán”
(1975), donde expone que la correlación Villasús-Max Estrella con Sawa se ha llevado demasiado lejos.
Sobre este último texto volveremos al tratar la figura de Max Estrella en concreto.
164
En sus respectivas notas al pie desarrolla el debate.
413
muerte de Sawa, y cada uno a su modo reelabora aquella realidad
penosa para aprovecharla en su propia creación artística [...] No
olvidemos que frecuentó la casa de Sawa (Phillips, 1976: 29-30).
Por último, García Besada se aparta de esta postura que, en mayor o medida
qué desestimable y qué alcance tiene la relación entre los pasajes que tratamos. Nuestra
posición se acerca a la de Dunn, pues dice que Valle-Inclán toma como punto de partida
la obra de Baroja, pero reacciona contra ella “de una manera moral, artística y personal”
El árbol de la ciencia y Luces de bohemia son dos obras totalmente distintas, con
por el contrario, quien no suele simpatizar con sus personajes, se compadece de Max,
un ciego que ve lo que otros no. Pero Max está creado “a partir de”. En la génesis de
Luces de bohemia está Villasús: Valle-Inclán no contaría esa escena del modo que lo
hace de no ser porque ya lo hizo Baroja. Así, el velatorio de Max Estrella se define por
414
de los mismos acontecimientos. Y por acumulación porque, dado que él estuvo allí,
que Luquero recogía en un artículo que publicó en el Diario de Ávila que quien alarmó
al resto con esas conjeturas fue Valle-Inclán y que por eso buscaron un espejo para hacer
Pero es que resulta que tal clavo existió, y existió como Valle lo retrata,
y que, probablemente, el hecho de que ese clavo hiriera la sien de Sawa,
produjo la suficiente impresión estremecedora para que no fuese
olvidado. Muchos otros elementos podrían haber sido recordados en el
ambiente triste y helado del sotabanco donde se vela el cadáver [...] Lo
hirió y brotó sangre. ¿No tenemos derecho a pensar ahora que la
afirmación de Soulinake, sosteniendo que Sawa no estaba muerto. Pudo
decirse en serio en algún momento, quizá en el instante inmediato al
hilillo de sangre, que causaría el natural asombro, y que, cosa bien
natural, se echase de menos la presencia de una “autoridad
completamente mundial” que refrendase o aclarase la situación? Sí,
claro que sí (Zamora Vicente, 1988: 125-126).
Sin embargo, nosotros creemos que el clavo no fue el culpable del revuelo en el
velatorio real de Alejandro Sawa, pues ya vimos que Ernesto Bark confesó que Sawa se
intentó suicidar con una inyección de morfina puesta por su mujer, en la que él mismo
había introducido una dosis muy superior a la habitual. Además, Bark también contaba
que él mismo fue el que libró una lucha con los sepultureros para que no se llevasen el
415
cuerpo inmediatamente para enterrarlo, por si se trataba de un caso de catalepsia. De
Estos actos son los que mejor encajan con la escena de Luces de bohemia citada
en la que Basilio Soulinake dice que la muerte de Max no es tal, pues se trata de un caso
de catalepsia. De hecho, no solo la crítica ha visto en este personaje a Ernesto Bark, como
muestran Zamora Vicente o Thion Soriano-Mollá, sino que el propio Bark se sintió
identificado:
de noviembre de 1922, una entrevista que había concedido al periodista Ernesto López-
Parra unos meses antes. En ella no solo comentaba el asunto de la morfina, sino que
416
Evidentemente, no se trata de un artículo, sino de Luces de bohemia, cuya primera
Además del revuelo que causa este personaje por el asunto de la catalepsia, pues
este era un temor real que tenía Ernesto Bark y no le agradaría que Valle-Inclán lo
ridiculizara.
que hizo Alejandro Sawa cuando le dedicó a su amigo estonio unas palabras en
Iluminaciones en la sombra:
Ernesto Bark, que lleva una llama por pelos en la cabeza, y cuyos ojos
árticos lanzan miradas de fuego que ignoran las más ardientes pupilas
meridionales, me produce, por efecto puramente material, por sensación
física, el efecto de un hombre de los trópicos que con el cerebro en
fuego viniera a comunicarnos sus ígneas impresiones arreboladamente.
417
Yo afirmo su sinceridad estética y filosófica; pero me deslumbra la
llama de ese terrible penacho de pelo rojo que arde en su frente. Nació
en Riga o en Dorpart (Sawa, 1977: 213).
La doctora Thion revela que: “Ernesto Mauricio Enrique Bark era hijo de Woldemar
Heinrich Bark y Corinne Schultz, de origen estonio y alemán. Bark nació en Kaava,
Marzo de 1858” (Thion, 1998: 15). Por lo tanto, algo tiene de alemán y mucho más de
eslavo. Es decir, aunque en Luces de bohemia sea contradictorio por presentarse como
valleinclanesco” dice que a Bark “Valle-Inclán (lo) llamó por «el falso nombre de Basilio
Para finalizar este apartado, diremos que Max Estrella y Rafael Villasús tienen
una similitud que no es casual, pero que, a pesar de ser los personajes a los que más
418
perder de vista que todo lo importante relativo a Villasús sucede estando el personaje de
cuerpo presente, intentando reproducir una escena que Baroja no presenció. Nos parecen
mucho más importantes los personajes bohemios vivos en los que Baroja, ya sea por
apariencia o por comportamiento, dejan entrever, en mayor o menor medida, que Sawa y
El círculo más íntimo de Alejandro Sawa estaba configurado por: “sus amigos:
Valle-Inclán, Zamacois, Darío, Bark, Nakens, Enrique Cornuty, Salvador Rueda, Gómez
Carrillo” (Zavala, 1977: 35). Baroja transmuta en personajes a Bark y Cornuty, y puede
que a Darío. Valle-Inclán, por su parte, toma a Darío, como veremos en el apartado
dedicado exclusivamente a Luces de bohemia, y a Bark. Por lo tanto, podemos decir que
419
420
3.2.2. El Masón Ilustrado y El Pretil de los Consejos: referencias
respectivamente
en el tiempo. Si bien se presenta como una revista, lo cierto es que su director no tiene
otro nombre en la novela, sino que las veces que se le menciona es “el director del Masón
Ilustrado”. La primera vez que lo presenta Pío Baroja es para aportar el dato de su
apariencia siniestra: “El otro, un tipo de aire siniestro, barba negra y anteojos, era nada
menos que el director de la revista El Masón Ilustrado” (Baroja, 2005: 101). Antes de
analizar al personaje como tal y las intenciones que tiene Baroja de criticar la masonería
con su aparición, vemos que el modo de referirse a él tiene que ver con la época en la que
se inserta la publicación. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la masonería
con otros movimientos librepensadores. Casi podría decirse que, en esos momentos, ser
masón “estaba de moda”. Sin embargo, Baroja opta por añadir el calificativo de
llevan implícita una intención de crítica por parte de Baroja y, lo más importante, se
421
Ilustrado comenzaron a subir una ancha escalera hasta llegar a las guardillas,
alumbrándose con fósforos” (Baroja, 2005: 102-103). Una vez en casa de Villasús, se
terreno conquistado”: “Los dos saineteros hicieron gala de su ingenio, sacando a relucir
una colección de chistes viejos y manidos. Ellos dos y los otros, Casares, Aracil y el
hicieron una porción de horrores con una mala intención canallesca” (Baroja, 2005: 103).
Sawa, pero, en cualquier caso, todas estas intervenciones ocurren en casa de Villasús, por
422
Claramente, es una crítica de Baroja hacia los masones, pues el masón se
aprovecha del lugar donde ha sido recibido y, además, se porta mal con la persona que
vive ahí. Es posible que Baroja refleje que Sawa había sido engañado y embaucado por
la masonería y esta no le devolvía lo que esperaba. Debemos tener en cuenta que, pese a
que se critica a Villasús, se hace desde la perspectiva de “pobre diablo”, mientras que al
masón se le tilda de “mala bestia”. Sin embargo, no podemos aportar ninguna prueba de
que esta sea la intención real de Baroja. Lo dejamos apuntado a modo de interpretación
quedado demostradas.
Por su parte, en Luces de bohemia también hay una referencia masónica, aunque
Consejos” (Valle-Inclán, 1987: 55). En esa calle se encontraba en esos momentos el Gran
Oriente Nacional Español. Así lo recoge Répide en su obra Las calles de Madrid, donde
dice que en el número 5 del Pretil de los Consejos estaba la residencia social del Gran
Maestre de la Masonería Española (1967: 165-166). Además, con este domicilio social
423
Además, el Boletín Oficial y Revista Masónica del Grande Oriente Español tenía
La única referencia que hemos encontrado a este respecto relacionada con Luces
de bohemia es la que da Miguel Ángel Buil Pueyo, bisnieto del editor Gregorio Pueyo,
abusos y necesidad recíproca, por lo que era una ardua tarea la de buscar editor. Dentro
sitúa Valle-Inclán, pero, con la construcción de la Gran Vía, nada se conserva de aquel
establecimiento.
165
Ver Anexo III, imagen 11.
424
brasero, donde quema tablas que echan un humo irrespirable”. Ese
brasero es el que sigue proyectando su humo maloliente, en espirales de
pobreza y desamparo, y ya definitivamente, desde las páginas de Luces
de Bohemia. No importa que nos equivoquemos en el margen
detectivesco de las localizaciones rigurosas: eso no importa. Sí es en
cambio válida la visión que despierta de horas de frío y de cansancio,
paseadas sin rumbo, acostadas al refugio de una tertulia entre libros -
libros ajenos- en un rincón de editor -que quizá nos engañe-, sin más
bagaje que el desaliento y la bien hincada vocación de escribir. En ese
mote, Zaratustra, cuánto de la charla sobre Nietzsche se deja entrever,
ese Nietzsche que llenó de pasmo a la juventud del 98 (Zamora Vicente,
1967: 30).
mención que hace sobre el testimonio de Pío Baroja revela aquello del brasero y el
ambiente casi irrespirable, pero no sobre el cambio de ubicación. Miguel Ángel Buil
Pueyo recoge los testimonios de muchos otros que se referían a la trastienda como la
cueva, o un lugar poco atrayente, lleno de libros amontonados, techo bajo y telarañas
(Buil Pueyo, 2010: 50-51). La calle original se prestaba a acoger un lugar así:
425
La cueva de ZARATUSTRA en el Pretil de los Consejos. Rimeros de
libros hacen escombro y cubren las paredes. Empapelan los cuatro
vidrios de una puerta cuatro cromos espeluznantes de un novelón por
entregas. En la cueva hacen tertulia el gato, el loro, el can y el librero.
ZARATUSTRA, abichado y giboso -la cara de tocino rancio y la
bufanda de verde serpiente-, promueve, con su caracterización de
fantoche, una aguda y dolorosa disonancia muy emotiva y muy
moderna. Encogido en el roto pelote de una silla enana, con los pies
entrapados y cepones en la tarima del brasero, guarda la tienda. Un ratón
saca el hocico intrigante por un agujero (Valle-Inclán, 1987: 55).
Por otro lado, pese a que los editores tenían mala fama, y así se muestra en Luces
de bohemia, Pueyo siempre tenía alguna deferencia con los escritores como, por ejemplo,
entre los bohemios, existe otro motivo por el que Pueyo puede pasar a llamarse Zaratustra,
Muchos son los testimonios que recoge Buil Pueyo, de Emilio Carrère, Eduardo
Zamacois, Diego San José… (2010: 59-60), donde se describe la relación entre los
cuñados: Ramón intentaba frenar a Gregorio, pues temía que les arruinara, ya que era
demasiado benevolente con los escritores. Uno de dichos testimonios es anónimo, pero
426
en él se relata que uno de los poetas lo acabó apodando Nietzsche, debido a la fama de
malhumorado y huraño que tenía el filósofo. Quizás, esta anécdota tenga más que ver con
nombre así porque, si uno es Nietzsche, el otro puede ser Zaratustra. Si el cuñado lo
Consejos, Buil Pueyo realizó una consulta en el fondo sobre Masonería del Archivo de
varios escritores que se iniciaron, así como con Juan Gris, quien hizo el exlibris de su
Sin embargo, Alejandro Sawa poca relación debía de tener con Gregorio Pueyo,
Todo lo contrario ocurre con Valle-Inclán, quien no solo tiene varias obras publicadas en
esa editorial, sino que se sabe que frecuentaba la tertulia de la trastienda de Mesonero
inclinación que Valle tenía hacia este editor tras comprobar la correspondencia que
mantuvo el gallego con Rubén Darío cuando este último estaba buscando un editor y
Pueyo. Darío, ignorando las recomendaciones de su amigo, optó por otro. A esto le
donde la logia masónica es una referencia que más tiene que ver con el escritor que con
166
Docs. 2029 y 2030 del Archivo Rubén Darío. UCM.
427
el editor. Además, ya vimos que es posible que Sawa se sintiera traicionado, ya que al
final de sus días le escribía a Darío diciéndole que creía que ningún hombre se había
sentido de verdad su hermano y que había sido abandonado por todos. Sin olvidar que en
Iluminaciones en la sombra llegó a escribir que había dado la espalda al Oriente y que
sus pupilas ateas ya no lo reconocían. Es evidente que Sawa estaba defraudado en sus
últimos años de vida y Valle-Inclán tendría constancia de ello. Es posible que haya una
siente engañado económicamente, pero va al mismo sitio donde en realidad está la sede
de la logia, donde podría haber ido Sawa a decir que se sentía engañado espiritualmente.
428
3.3. Luces de bohemia, de Ramón del Valle-Inclán: nuevas
aportaciones
algunas escenas, Luces de bohemia no fue bien entendida en España y se concibió como
irrepresentable168.
Luces de bohemia por entregas durante todas las semanas169, desde el 31 de julio al 23 de
con respecto al texto original171, empezando por la inclusión de tres escenas nuevas, entre
otros muchos detalles. Pese a que la versión de 1924 es la que se toma como referencia
folletín para apreciar cómo la obra de teatro maduró y pasó de ser una crítica social satírica
a una crítica mucho más dura, que podríamos denominar como sociopolítica.
167
De la comparación entre las dos versiones de Luces de bohemia y cómo afecta esto a la identificación
Max Estrella-Sawa publicamos el capítulo de libro: Santiago Nogales, R. (2018). “Luces de Bohemia de
1920 a 1924: incoherencia histórica para la crítica socio-política”, en Espacios de libertad: nuevos modos,
medios y motivos de creación literaria y comunicación social. Coord. y ed. Fidel López Criado. Santiago
de Compostela: Andavira Editora, 203-213.
168
El 21 de marzo de 1963, en el Palais de Chaillot de París y con el nombre Lumières de bohème, subió a
las tablas por primera vez.
169
Concretamente, los sábados.
170
Fundada por José Ortega y Gasset (1883-1955) en 1915 y dirigida por él durante un año. De 1916 a 1922
su director fue Luis Araquistáin (1886-1959).
171
Zamora Vicente, en su obra La realidad esperpéntica (Aproximación a “Luces de bohemia”), hace un
cuadro comparativo entre los textos de ambas versiones, pues incluso en las intervenciones que comparten
ambas, hay sustanciosas diferencias. Principalmente, en lo relativo a los diálogos. Ver Zamora Vicente,
1988: 185 y ss.
429
El texto de 1920 contaba con doce escenas, a diferencia de la versión definitiva
que llegó a tener quince. Estas tres nuevas no fueron una mera añadidura, sino que se
De este modo, la famosa escena duodécima, en la que Max Estrella define el esperpento
como: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos” (Valle-Inclán, 1987: 168),
vivió Sawa, pero sí Valle-Inclán, y esto hace que se distorsione la identificación y Valle-
Inclán aporte a Max aún más de sí mismo. De este modo, en la versión de 1920 hay menos
Pasando directamente al análisis de esas tres nuevas escenas, diremos que tales
son las segunda, sexta y undécima, que se corresponden exactamente con la conversación
en la Cueva de Zaratustra, el paso de Max por el calabozo donde coincide con un paria
catalán y la muerte de un niño en la calle a causa de la represión por las protestas. Como
podemos apreciar, simplemente por los temas que se tratan, con la inclusión de estos tres
lo hace con el debate que entre el librero Zaratustra, Max, su inseparable y miserable
compañero Don Latino y Don Gay, quién acaba de llegar de Londres y percibe el atraso
de las tierras españolas. Con un irónico “¡Viva España!” (Valle-Inclán, 1987: 56), que
sale del pico de un loro, como premisa, se despliega una conversación de la que puede
español:
430
DON GAY: […] La creación política es ineficaz si falta una conciencia
religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres.
MAX: Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la
gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas
de la vida y de la muerte. La Vida es un magro puchero; la Muerte, una
carantoña ensabanada que enseña los dientes; el Infierno, un calderón
de aceite albando donde los pecadores se achicharran como boquerones;
el Cielo, una kermés sin obscenidades […] Este pueblo miserable
transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas
costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato
cuando se les muere (Valle-Inclán, 1987: 62).
alboroto que causa en las calles. Allí conoce a un preso que se llama Mateo. Se trata de
quien, al igual que Max, lamenta que ni el trabajo ni la inteligencia se tengan en cuenta
en el país:
La crítica ha visto tras este preso a Mateo Morral (1880-1906), el joven anarquista
de Sabadell responsable del atentado que sufrieron Alfonso XIII (1886-1941) y Victoria
431
Mayor, en el que fallecieron veinticinco personas172. El anarquista intentó huir, pero fue
circunstancias que dieron lugar a gran polémica: pese a que el informe posterior recogía
que el preso se suicidó, las pruebas apuntan a que el disparo que presentaba no se lo podía
haber hecho a sí mismo, entrando en juego la teoría sobre su asesinato a manos de sus
Luces de bohemia, le espera un final bastante parecido al que sostiene esta hipótesis: en
la escena XI sabemos, gracias al personaje del sereno, de la muerte del preso que estuvo
No es casualidad que Valle-Inclán elija esta escena para la muerte del preso, pues
se trata de la tercera escena incluida en 1924, en la cual aparece un niño muerto en brazos
solo quedan en la calle una madre con su hijo fallecido a causa de una bala perdida en la
carga policial contra la protesta obrera y la gente que ahí se queda a opinar sobre lo
sucedido:
MAX: ¿Qué sucede, Latino? ¿Quién llora? ¿Quién grita con tal rabia?
DON LATINO: Una verdulera, que tiene a su chico muerto en los
brazos. […]
EL TABERNERO: Son desgracias inevitables para el restablecimiento
del orden. […]
MAX: Latino, ya no puedo gritar... ¡Me muero de rabia!... Estoy
mascando ortigas. Ese muerto sabía su fin... No le asustaba, pero temía
el tormento... La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la
172
Se trata de un hecho no comprobado, pero se especula con que fue un complot de la masonería, ya que
se vieron implicados Mateo Morral junto con José Nakens y Francisco Ferrer i Guardia (1859-1909) y, al
parecer, los tres eran masones, anarquistas y librepensadores. Morral murió y Nakens cumplió nueve años
de prisión por este suceso.
432
Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y
vergüenza. Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una
triste velilla en la trágica mojiganga. ¿Has oído los comentarios de esa
gente, viejo canalla? Tú eres como ellos (Valle-Inclán, 1987: 160-164).
Ese niño no es más que una muestra de las injusticias y una víctima de las
represalias por las protestas. Sin embargo, esa acción policial queda impune, asumiéndola
algunos como consecuencia del sistema o daño indirecto de los altercados. Otros, entre
ellos Max Estrella, lo condenan. Sin embargo, la crueldad que Valle-Inclán denuncia no
viene solo de la autoridad. Pese a que en la obra se identifican perfectamente los dos
bandos: el de las autoridades y el del pueblo desheredado, la crítica es para todos: tanta
muerte de un inocente (que es doblemente inocente: es un niño y no tiene nada que ver
con las reyertas), como el tabernero que, pese a pertenecer al otro bando, justifica la
acción o, al menos, le quita importancia. Esta misma actitud adopta Don Latino, en
corrupción, Max solo encuentra una salida, el suicidio: “llévame al Viaducto. Te invito a
regenerarte con un vuelo” (Valle-Inclán, 1987: 164). Esto se relaciona directamente con
el Regeneracionismo, como la teoría de los intelectuales que pretendían llevar a cabo una
revolución “desde arriba” que devolviese la integridad a España. Para Max esto ya no es
posible desde el momento que son más los hipócritas que los honestos.
Por otro lado, debemos detenernos en el trato que Valle-Inclán concede a estos
personajes añadidos en 1924. Es cierto que Max Estrella no es fruto del esperpento, pero
mayoría de obras tradicionalmente clasificadas dentro del ciclo esperpento del escritor
gallego, podemos observar que nunca clasifica a los personajes en buenos o malos, ni los
433
juzga moralmente, ni hay correctivo alguno para sus actos. Simplemente, se limita a tomar
de los integrantes de la sociedad sus peores vicios y, a partir de ellos, crea unos personajes
caricaturizados y deformados que muestran la miseria del ser humano del modo más
irrisorio. El resultado del esperpento es una imagen que sirve de crítica porque el lector
se ocupa de juzgar lo que le llega, espantándose y riéndose a la vez. Sin embargo, este
sentimiento tan dual y aparentemente contradictorio no nos lo provoca Max Estrella, pero
tampoco lo hacen el preso catalán y la madre que tiene a su hijo muerto en los brazos.
disturbios son los ejemplos que Valle-Inclán decide introducir para hacer más sangrante
su crítica. Quien lleva a cabo el acto entra en el elenco de los esperpentizados, pero quien
sufre las consecuencias de un Madrid deshecho sin haber llevado, como dice Max, “una
triste velilla en la trágica mojiganga”, merece los respetos del escritor. De este modo, las
Luces de bohemia de 1924 son mucho más amargas que las de 1920, su crítica es más
en Jeanne Poirier y Helena Rosa (mujer e hija de Alejandro Sawa), han sido arrinconadas
en casi todos los estudios de los personajes de Luces de bohemia, que se han limitado a
mencionar dicha correspondencia con la familia de Sawa174. Sin embargo, al igual que
ocurre con Max, ellas tampoco participan del esperpento. Pertenecen al bando de las
víctimas. Víctimas de Max porque las deja desamparadas, pero Max muere por no entrar
173
En el texto de 1920, de nombre propio se llama Margot. Así la llama Max en la entrega del 2 de octubre
(Valle-Inclán, 1920: 16). Este nombre desaparece y en la versión de 1924 tan solo se hace referencia a ella
como Collet (Valle-Inclán, 1987: 171).
174
Como ya adelantamos y analizaremos unos epígrafes más adelante, sus nombres están basados en las
novelas de Colette sobre el personaje de Claudine.
434
en el juego de la degradación, lo que le lleva a no conseguir sustento para su familia y
abandonarla en la más absoluta pobreza. De este modo, las dos mujeres, que acaban
individuo sano suele ser aniquilado por sus degradados semejantes, o bien, acaba optando
Declaración de un vencido175 en la que el protagonista, Carlos Alvarado, opta por este fin
este modo, la sociedad sigue sin él, sin variar en absoluto su comportamiento, al igual que
Madrid sigue sin Max, y sin su mujer y su hija, y sin el preso catalán y sin el niño muerto,
desde el momento que muestra, ya no solo a los habitantes de los ambientes más sórdidos,
pone en boca de este personaje una sentencia que cierra definitivamente esta teoría: “la
175
En esta novela, al igual que ocurre en Luces de bohemia, el autor hace una crítica social repasando los
acontecimientos políticos del momento, pero, en este caso, se lleva a cabo de un modo realista y siguiendo
una cronología lineal.
435
madrigales, guiado por su alter ego, don Latino de Híspalis, por
diversos lugares madrileños […] hasta verle morir en el quicio oscuro
de su propia casa. Todo el mundo está de acuerdo en que detrás de ese
desventurado personaje se esconde la figura de Alejandro Sawa, poeta
y escritor que muere ciego y loco en Madrid, en 1909 (Zamora Vicente,
1987: 18).
sabemos que Max Estrella, el famoso Max Estrella, está inspirado en Alejandro Sawa. Lo
curioso es lo mal que han tratado la Historia y la Literatura al de carne y hueso y cómo
sabido darle forma. El propio Valle-Inclán también aporta mucho de sí mismo a Max, no
complica aún más cuando entran en juego otros personajes como Don Latino o el Marqués
que asiste al entierro de Max y conversa con un tal Rubén, que no es otro que Darío176. Y
pretenden representar a personas reales, solo toman de ellas ciertas características. Pese a
que Max entre en ese pequeño grupo de no esperpénticos, eso no quiere decir, ni mucho
menos, que se le pueda tomar por un personaje realista. Este es uno de los motivos por
los que al superponer a Sawa y Max no encajan a la perfección. Se trata, más bien, de una
especie de homenaje por parte de Valle-Inclán a Sawa; tal vez, por compasión hacia un
escritor maldito, cuyo mérito no supo valorar la sociedad; tal vez, para recordar a un
176
Valle-Inclán no le cambia el nombre a este personaje y le hace asistir al funeral de Max Estrella, aunque
el verdadero Rubén Darío no asistió al de su amigo Alejandro Sawa.
436
amigo; quizás, por admiración; pero, seguro que para rectificar los episodios barojianos
que protagonizó Rafael Villasús en El árbol de la ciencia dejando en tan mal lugar a los
bohemios, por quienes Pío Baroja no tenía ninguna simpatía. En cualquier caso, Valle-
Inclán a su amigo Alejandro “le concede una gloria final, definitiva: hace de él el inventor
Max Estrella y Alejandro Sawa son dos andaluces llegados a Madrid con
expectativas. Max es un poeta bohemio, “el primer poeta español” (Valle-Inclán, 1987:
178 y ss)177, si bien Sawa era novelista y cronista, también bohemio, el último bohemio.
Ambos colaboraban con periódicos, de los cuales son despedidos178, cosa que impide que
puedan mantener a sus familias. Los dos se quedan ciegos y no pueden seguir escribiendo
debemos perder de vista la mezcla de historia y literatura que Zavala nos recuerda:
Personalidad escurridiza, que tal vez nadie captara con genio tan
brillante que Valle-Inclán en sus Luces de Bohemia, con gran dosis de
literatura e historia. En boca de Sawa -Max Estrella- pone su definición
del esperpento; él, ciego como Homero y Belisario, el Hermes
hispánico, define la estética-política valleinclanesca (Zavala, 1977: 39).
177
Así lo denomina Don Latino en varias ocasiones tras su muerte.
178
Luces de Bohemia comienza con la retirada de la colaboración de un periódico a Max, dejándole sin
sustento alguno. Recordemos que, tras el fallecimiento del verdadero Alejandro Sawa, Valle-Inclán envió
una carta a Rubén Darío en la que le decía: “[…] y una carta donde le retiraban una colaboración de sesenta
pesetas que tenía en El Liberal, le volvieron loco en los últimos días. Una locura desesperada. Quería
matarse […]”.
179
Alejandro Sawa se negaba a pasar la censura y de ahí las dificultades que tenía para publicar sus artículos.
Quizás, esto esté directamente relacionado con el comentario de Max que veíamos más arriba a propósito
de su satisfacción de no haber llevado una vela en la “mojiganga”.
437
Como podemos apreciar, se identifica a Max con Sawa, pese a que se matiza que
en todas las facetas. Zamora Vicente llega a decir que “Alejandro Sawa ya no es otra cosa
que Máximo Estrella” (Zamora Vicente, 1967: 35). Hacerlos coincidir a la ligera no tiene
Historia significaría utilizar a Sawa como marioneta que dice lo que a Valle-Inclán se le
antoja. Es cierto que, por proximidad ideológica, las opiniones de Alejandro no hubiesen
distado de las de su amigo Ramón, si aquel hubiese vivido los once años que separan su
presuponer nada, de tal modo que tan solo hemos de tomar por cierto que las ideas
de las más diversas fuentes, incluso reflejos del mismo Valle-Inclán” (Correa Ramón,
1993: 8-9).
por ello elige a Alejandro Sawa como inspiración para su personaje principal: a pesar de
ser ciego, tiene buen ojo crítico. María José Navarro dice que Max es un ciego que ve lo
que otros no (Navarro Mateo, 1993: 308): percibe la miseria y la corrupción, aprecia la
literatura y es el candidato perfecto para hacerle testigo de los infiernos madrileños que
Valle-Inclán quiere plasmar. Pero, el desajuste temporal hace que sea el gallego quien
realmente nos cuenta una realidad que vivió. Además, si se comparan las vidas reales de
438
Valle-Inclán y Sawa, hay claras semejanzas, lo que permite la fusión de ambas en Max
Estrella:
Ambos escritores comenzaron sus estudios de Derecho, pero los abandonaron para
buscando la gloria y confiando en el ser humano. Solo hasta que se desengañaron de ese
Esto también lo sostiene Gil, cuando dice “Max Estrella tiene del Sawa real mucho
menos que del real Vall-Inclán que le atribuyó sus propias ideas, en vez de inventarle las
que le pudieran corresponder como criatura de ficción; ni quiera se preocupó por dotarlo
de un lenguaje propio: lo usó como portavoz suyo” (1975: 18). Y nosotros añadimos que
premeditada para que el lector se haga una idea, en tan solo un par de horas de lectura, de
verdad absoluta, como es el caso del Ministro que aparece en la obra ofreciendo dinero a
439
La minoría lectora, el público en que piensa Valle Inclán, reconoce al
Ministro de Luces de Bohemia. Se trata de Julio Burell,
periodista amigo de los intelectuales, […] ministro de la Gobernación
en 1917 (Zamora Vicente, 1967: 29 y 30).
Tras un paseo por los infiernos madrileños, tras las últimas horas del protagonista,
visitando todos los estratos de la sociedad, tras comprobar el mal fondo de las gentes, la
Pero antes de eso, su viejo amigo sintió lástima de un pobre fracasado, de ahí que
440
EL MINISTRO: ¡Adiós, Genio y Desorden! […]
MAX: Conste que he venido a pedir un desagravio para mi dignidad y
un castigo para unos canallas. Conste que no alcanzo ninguna de las dos
cosas y que me das dinero y que lo acepto porque soy un canalla. No
me estaba permitido irme del mundo sin haber tocado alguna vez el
fondo de los Reptiles. ¡Me he ganado los brazos de Su Excelencia!
(Valle-Inclán, 1987: 132 y ss).
material, pero cuando todo está perdido, es otro que sucumbe…Unas horas antes se decía
de él:
llega el momento en el que los más íntegros se rebajan ante el dinero tentador. Igual que
Max dijo al ministro “¡Qué remedio!”, a la vez que se sentía un canalla, Sawa confiesa el
441
ansia con el que acepta dinero para contrarrestar sus penurias, a la vez que le da asco
confesaba que por unas monedas había vendido una obra de su autoría.
Por otro lado, el simple hecho de poner a conversar a Max Estrella con un ministro
de 1917, cuando Sawa había fallecido en 1909, sabiendo que Julio Burell y Cuéllar (1859-
1919) tuvo trato con Valle-Inclán, confirma aquello de que Max es un conglomerado de
atributos procedentes de diversas fuentes. Sin negar que el propio Sawa es la inspiración
principal y el punto de arranque, Valle-Inclán nos sigue demostrando que habla por él. A
fecha de publicación. Antonio Maura (1853-1925) es criticado con frases tipo “¡El Rey
imagen a raíz de la Semana Trágica de julio de 1909. Es a partir de aquí cuando los
Puede que esa huelga se refiera a la del 26 de julio de 1909, que se extendió por
del Gobierno de movilizar a los reservistas para ir al conflicto de Marruecos. Todo esto,
sin perder de vista que los enfrentamientos armados entre obreros y militares venían
voces que defendían una España democrática. Tampoco sería disparatado decantarse por
442
la huelga general de la crisis de 1917. Pese a que en esos momentos hablamos de los
Maura, también fue una huelga de protesta en las calles. En ambos escenarios la represión
viene de la mano del Ejército y, entre multitud, violencia y confusión, abundantes serían
los accidentes, representados en el niño muerto al que su madre llora de la escena XI.
detención del preso Mateo con el que Max conversa en prisión. Mateo es el arquetipo de
figura de Mateo Morral por ser un conocido anarquista de la industria textil catalana, pese
a que en Luces de bohemia se halla en el calabozo por su agitación social y no por ser el
autor del atentado contra Alfonso XIII. Es más, el verdadero Mateo Morral murió en
político180, Burell no coincide con Maura, pero Valle-Inclán sabe de todos ellos y los hace
convivir en una sola noche. He ahí la confirmación de que Luces de bohemia no refleja
el tiempo histórico y lineal, sino uno condensado que sirve para la crítica de todo un
sola noche que sirve de muestra de todo un período, pues Luces de bohemia es el “periplo
tiene que ver con el comienzo de Luces de bohemia y la actitud de Sawa de negarse a
180
Aunque lo conocía y admiraba.
443
tachar, lo que le condujo a que le retirasen colaboraciones en los periódicos. Hay que
recordar que no estaba dispuesto a suavizar sus textos, sabía de su talento y no admitía
obra, no lo es menos que nunca echó sobre ella un borrón. Lo despedían de los periódicos,
Alvarado, que fue despedido de La voz pública; como en la primera escena de Luces de
bohemia, cuando el Buey Apis le manda una carta de despido a Max. Este, firme en sus
MAX: No lo digas en burla, idiota. ¡Me sobran méritos! Pero esa prensa
miserable me boicotea. Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para
medrar hay que ser agradador de todos los Segismundos. ¡El Buey Apis
me despide como a un criado! ¡La Academia me ignora! ¡Y soy el
primer poeta de España! ¡El primero! ¡El primero! ¡Y ayuno! ¡Y no me
humillo pidiendo limosna! ¡Y no me parte un rayo! ¡Yo soy el
verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico! ¡Muera
Maura! (Valle-Inclán, 1987: 85).
Por otro lado, el personaje es consciente de que necesita dinero para vivir y
mantener a su familia. Hasta tal punto llegó, que tuvo que empeñar su propia vestimenta
para hacer dinero. Sentado en la cama, enrollado en una sábana, ya en sus últimos días,
defendió el arte con el mismo espíritu de antaño. Recordemos que Cansinos Assens fue a
visitarle, y se lo encontró en esa precaria situación, defendiendo que era mejor no tener
pantalones a no tener talento. Era mejor estar en la más absoluta miseria, y así no
“transigir con el vulgo” (Correa Ramón, 1008: 242). Esto hace recordar los empeños en
el Monte de Piedad, que puede relacionarse con la escena de Luces de bohemia en la que
Max llega a empeñar su capa (Valle-Inclán, 1987: 69). Don Latino, recodándonos a
aquellas palabras de Rubén Darío que reprochaba a Sawa póstumamente que no había
444
sido práctico, dice “No has tenido el talento de saber vivir” (Valle-Inclán, 1987: 70). A
lo que Max contesta “Mañana me muero, y mi mujer y mi hija se quedan haciendo cruces
MAX: ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde
gano yo veinte duros, Collet?
MADAMA COLLET: Otra puerta se abrirá.
MAX: La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente (Valle-
Inclán, 1987: 45-46).
por medio de una carta del Buey Apis, nos volvemos a encontrar que realidad y ficción
se vuelven a cruzar. Valle-Inclán envió una carta a Rubén Darío afirmando que a Sawa le
habían retirado una colaboración con El Liberal de sesenta pesetas y que “quería
matarse”. La carta de despido del Buey Apis en Luces de bohemia y esta intervención de
Max proponiendo el suicidio colectivo es, quizás, la más realista de toda la obra. Zamora
Vicente, en Asedio a Luces de bohemia analiza esto, indicando que se entra en la obra
445
suicidio colectivo?”. “Con cuatro perras de carbón podíamos hacer el
viaje eterno”. El escueto Quería matarse, de la carta de Valle Inclán, se
agiganta, se reitera en el “regenerarnos en un vuelo”, frase con que Max
invita a su lazarillo a tirarse por el Viaducto de la calle de Segovia. No,
no se trata de una frasecilla (Zamora Vicente, 1967: 36-37).
asumir que no existe otra escapatoria, por lo que se asemeja bastante la opinión de Max
se demuestra que la sociedad está corrompida y que una persona íntegra no tiene lugar en
ella. Las intenciones de crítica son muy similares en ambas obras. Consideramos que
Carlos Alvarado y Max Estrella representan dos muertes de una misma persona. La
juventud, ilusa y desengañada, muere con Carlos; Max se muere de asco, por amar
placer de crear el esperpento que hoy en día sigue teniendo tanta importancia. Pero la
realidad es que un autor que fue muy brillante y muy desgraciado se murió en trágicas
borracho.
hechos verídicos, aquí debemos resaltar que también estuvo rodeada de literatura, antes
literatura, por lo que se emiten de él los siguientes juicios. Iris Zavala recrea esta ilusión
446
Solo los recuerdos parisinos lo mantenían; trágica historia que ya había
novelado Sawa en su transparente Declaración de un vencido. Lecturas
de antaño le habían enseñado que no hay belleza sin melancolía, y que
algunos poetas, absolutos, como los llamó Verlaine, son malditos. La
luz interior de la poesía iluminaba sus sombras […] ¡El hambre y la
miseria lo arman caballero! Y así, escribiendo artículos y cuentos, que
a veces no verían la luz, evocando su juventud de Barrio Latino, murió
Sawa […] dejando en la total miseria- como recuerda Valle-Inclán en
Luces de Bohemia- a su mujer y a su hija […] (Zavala, 1977: 53).
[…] llevaba ya mucho tiempo de vivir en otros mundos. Aspecto
levantino, cabellera negra, sombrero de artista, un “rembrandt”, de alas
anchas, pero siempre impregnado de literatura […] (Zavala, 1977: 40).
El “divino” Alejandro, de alma inflamada y espíritu superior (Zavala,
1977: 39).
Amelina Correa sigue la misma línea y matiza que la muerte de Sawa se confunde
Y Allen Phillips sentencia que Sawa fue “víctima de su bohemia” (1976:3 5).
Ahora, cabe preguntarse si Max muere loco o cuerdo. No hay duda de que es uno
de “nuestros mejores locos quijotescos” (Artigue, 2010: 457), pero si Sawa murió
envuelto en delirios, parece que Valle le concede el honor de morir lúcido, consciente de
que no quiere vivir. Al igual que El Quijote, después de tantas luchas en causas perdidas,
447
recupera su cordura para morir, a sabiendas de que se va porque nadie comparte sus
anhelos.
Max se muere como él mismo decía que se mataban los jóvenes, por amar
demasiado la vida. En el fondo fue un romántico, que hubiese deseado que la realidad
fuese de otra manera, que recurrió al escapismo, pero a su modo: abandonó con todas las
consecuencias, detestando el tiempo que le tocó vivir y riéndose de todos, se vengó con
su propia muerte. Igual que Carlos Alvarado. Valle libra a Max de una larga agonía como
Dice Ángela Ena que “es cierto que el inmortal Max Estrella valleinclaniano ha
ser el padre de esta obra que tantas veces ha subido a las tablas, sino también por prestar
muchas de sus ideas a Max, principalmente las políticas, las cuales no hubiesen distado
de las de Sawa si este hubiese vivido esos once años que lo separan del personaje.
arrastraba en la obra barojiana. Sin embargo, Max Estrella también ha sido un gran
perjuicio para Alejandro Sawa. Y esto seguirá siendo así. Hemos observado que, en la
gran mayoría de los casos, siempre que hay que hablar sobre Sawa, se comienza haciendo
una referencia a Max Estrella, pues este siempre será más famoso que aquel.
448
3.3.2. Don Latino de Híspalis: nuevos matices sobre este
personaje
Max Estrella, en ciertas ocasiones se le ha identificado con la peor parte de Sawa, como
una especie de desdoble. Dado que, en cierto modo, Don Latino se relaciona con
Alejandro Sawa y nosotros queremos tener el catálogo completo de todos los personajes
de su figura. Muchos han sido los esfuerzos por buscar su equivalente en la realidad. Si
más su parte ficticia y, por ello hay que andar con cautela. Ya hemos dicho que Luces de
bohemia acepta una lectura múltiple y acumulativa, además de que la obra no está
explicada por Valle-Inclán. No existe una tabla de personajes con sus referentes, ni el
escritor pretendía hacer un reflejo realista. Y menos después de incluir las tres escenas
nuevas. Ver a Alejandro Sawa detrás de Don Latino lo lleva a convertirse en otro de esos
personajes que “son y no son”, y vuelve a desequilibrar la balanza a favor del personaje
Luces de bohemia.
Al igual que en lo relativo a la relación de Rafael Villasús con Max Estrella, Allen
Phillips también hace un repaso sobre las teorías que ha habido sobre la identificación de
Don Latino. La primera que no le convence es la de Senabre (1960: 10), porque afirma
que la creación de Don Latino está ligada a la escena que se vio de la muerte de Villasús,
449
Como no me parece muy convincente la tesis de Senabre, me permito
abrir aquí un breve paréntesis sobre la figura nunca del todo identificada
de don Latino de Híspalis. Azorín, a quien consultó Guillermo de Torre
sobre la identidad de los personajes de Luces de bohemia, no pudo
precisar la filiación del asiduo compañero de Max Estrella (Phillips,
1976: 32).
pensar que no hay relación entre ambos personajes, cuando, sus intervenciones en ese
pasaje son casi idénticas. Es decir, en la génesis de Don Latino está el viejo de melenas
identidad a su modo. O bien, es posible que creara a Don Latino primero y luego pensara
Torrente Ballester, por su parte, vio en Don Latino a Diego San José (1961: 6)181
y Hernández Luquero dijo a Allen Phillips que Don Latino “siempre le había hecho pensar
en otro tipo bohemio, Vicente del Olmo, que llevaba constantemente del brazo a Sawa en
No hay duda de que Don Latino representa los peores vicios y participa de la personalidad
de Sawa en su lado más terrible. Las palabras de este estudioso son sumamente
interesantes. Pero no se puede obviar que comienza tirando por tierra la labor de los
181
Recogido también por Phillips, 1976: 32-33.
450
vida que nos tranquilice. Se ha pensado en muchas personas con
ingenua terquedad detectivesca. Se ha propuesto incluso que se trata de
un disfraz de Diego San José lo que me parece fuera de toda
posibilidad. Los críticos más sensatos se limitan a decir que es de
dudosa identificación. ¿Qué más quería Valle Inclán? Pienso que no
hay que buscar mucho. Yo quiero ver en Don Latino al propio Sawa.
Es un desdoblamiento de la personalidad. Lo que Sawa habría hecho en
el envés de su cara noble y avasalladora. El otro Sawa. El que, lejos de
la sabiduría verlainiana, engaña a quien puede y vive del sablazo
ocasional; el que es de Hispalis (Alejandro Sawa no nació en Málaga,
como se creía, sino en Sevilla); el que vivió en París de la Editorial
Garnier (como Zamacois ha recordado en sus memorias); el hombre que
andaba y andaba por las calles de Madrid con un perro, ese perro que
Sawa empleaba para llamar la atención, que usaba seguramente no por
afición canina, sino por elemental necesidad de lazarillo […] (Zamora
Vicente, 1987: 38 y ss).
Es cierto que Zamora Vicente dice “yo quiero ver en Don Latino…”, por lo que
es consciente de que se trata de una opinión. Sin embargo, todas las identificaciones de
Don Latino son suposiciones con mayor o menos probabilidad de ser ciertas. Aquí solo
podemos debatir lo que se ha dicho y dar argumentos a favor de una postura u otra.
pedante y altivo que recuerda lo que fue. Además, viene de Híspalis, es decir, de Sevilla,
la ciudad que fue la cuna del autor que estamos tratando. Es más, aparece según
451
sí está esperpentizado. Parece que su nombre, su carta de presentación, anticipa su vida,
sus lugares de residencia y a la vez lo satiriza. En cierto modo, y presuponiendo que puede
simbolizar una parte de Sawa, Valle-Inclán también estaría deformándolo a él. Antes, era
un andaluz que vivió la bohemia en París; ahora, se había convertido en un borracho que
se deja sobornar y se esconde tras una fachada. La alusión a París y Sevilla ya nos parecía
suficiente para descartar a otros candidatos. Sin embargo, debemos analizar otros
aspectos.
Hace compañía a Max y le guía, si bien es cierto que flaquea en la lealtad. Debemos
recordar que Sawa era un gran amante de los perros, siempre tenía uno, cuando no varios.
Al principio tan solo por gusto, tras su ceguera los tenía por necesidad. En Iluminaciones
en la sombra decía: “¿No proclamo yo la amistad para los perros? ¿Por qué no la he de
expresar también para los hombres? ¿Qué los hombres son éticamente inferiores? ¡Acaso
de las nobles cualidades que tanto admiraba Sawa. Además, un perro saltó por encima del
ataúd de Sawa en su entierro (Phillips, 1976: 35) y, dado que Valle-Inclán estaba presente,
pudo inspirarse en este hecho para crear a Don Latino, pues el personaje no deja de ser
Decía de Max: “¡me ha vencido en esto como en todo!” (Valle-Inclán, 1987: 180). ¿Ha
ganado Max porque se ha ido primero? Creemos que no. Ha ganado porque no han podido
con él, porque su muerte es una protesta, como la de Carlos Alvarado. Esto es un
vencido, por lo que el personaje parece el abatido, pero es el que vence porque, como
452
decía el profesor Gutiérrez Carbajo, se suicida contra la sociedad. La sociedad de Luces
de bohemia no gana, porque Don Latino pasa a formar parte de un “círculo de bellacos”.
Lo peor del ser humano permanece y las buenas cualidades se evaporan. Las ilusiones de
Carlos Alvarado y sus nobles sentimientos e ideales desaparecieron. Sawa quiso que se
suicidase, pero Sawa se quedaba, para hundirse en la miseria, para distraerse con lo fugaz,
para saborear el fracaso. Max, hundido y desengañado, se muere de asco porque no puede
vivir, pero Don Latino, materialista, egoísta y sin escrúpulos, sí sobrevive, porque
Valle -Inclán crea una conversación entre Max y Don Latino, que bien podría ser
otro reproche de Sawa hacia sí mismo, donde la parte noble reprende a la canalla:
porque no quería ser como todos. Max reprocha a Don Latino que es uno más que
miserables. Don Latino es la victoria del determinismo histórico-social. Sin duda, Valle-
453
Inclán conocía las ideas de Sawa sobre el suicidio y había leído Declaración de un
vencido.
Menos extendida está la teoría de Fraile, quien califica a Don Latino como un
súbdito de la bohemia “golfa”. Esto nos recuerda bastante a la confesión de Ernesto Bark
sobre a idea que tenía Sawa de fundar una asociación que dejase fuera de la bohemia a la
«Golfearía», esa que Sawa, Ernesto Bark, Zamacois, Carrére y otros no querían que nadie
confundiera con la «Bohemia»” (Fraile, 1983: 97). A continuación, Fraile elabora una
posible teoría diferente a la de Zamora Vicente sobre el nombre del personaje, basándose
en la etimología:
El problema de esta teoría es que los términos hay que forzarlos, mientras que la
teoría de Zamora Vicente es casi evidente. Por otro lado, Fraile rechaza el simple hecho
—José San Germán Ocaña, Vicente del Olmo—, por el simple hecho de haber
¿Puede ser Don Latino de Híspalis la otra cara de Max Estrella? Dividir
a un personaje de esperpento en dos, en lo que tiene de bueno y en lo
que tiene de malo, es un acto de caridad antiesperpéntico y, en mi opi-
nión, poco probable por parte de Valle. E innecesario, además, si, como
454
en este caso, los personajes no son de una sola cara, de una sola pieza.
Don Latino de Híspalis tiene también complejidad de identidad en
abundancia para ser él mismo, para ser otro (Fraile, 1983: 97).
Fuese o no cierto que Valle tenía las intenciones de desdoblar a Sawa en Max y
sociedad para exagerarlas, ¿hay algo más deformador que partir en dos a una persona y
atribuir todo lo malo en un solo ser? Si los personajes no aspiran a ser reales, no hay que
buscar a alguien concreto detrás, encajaría bien en la técnica que un personaje fuese solo
un conjunto de rasgos. Es más, ya hemos visto que Valle-Inclán presta a Max su ideología,
siendo que en la misma obra aparece el Marqués de Bradomín, alter ego del gallego. En
ese caso estaríamos ante una duplicidad de la misma persona. Sin embargo, eso no ha
Además, si Max no está entre los esperpentizados, puede que su lado más ruin sí
lo esté. Para mantener intactas sus buenas cualidades, Valle-Inclán no tiene más remedio
que crear dos personajes. Uno íntegro y otro canalla y esperpéntico. Desterramos así la
Fraile acepta que Don Latino sea un desdoble, pero no lo ve como una parte buena
reflejada en Max y otra mala reflejada en Latino, sino como una despersonalización, que
455
la biografía personal para acercarse a la biografía de grupo, de casta
[…]
Si Valle quería acuñar las dos caras de una misma moneda, ¿por qué no
igualó, ostensiblemente, la apariencia personal de ambos, y trenzó, en
blanco y negro, sus pasos, problemas, amistades, oficios, encuentros,
manteniendo lo noble en uno y lo despreciable en otro? ¿Por qué Max
está muerto y Latino vivo en la escena XIII? ¿Qué sentido tendría
entonces la escena última? […] El arte consiste en singularizar con
plurales (Fraile, 1983: 98).
Nosotros creemos que Valle-Inclán pretende hacer una crítica social de la que
nadie se salva, pero desde una perspectiva tan pesimista que considera que todo el mundo
está corrupto, de modo que no hay cabida para un ser como Max Estrella, pero sí para
Don Latino. Poner las malas costumbres de Sawa en el personaje de Don Latino y dejarlo
vivo nos lleva a pensar que estábamos en lo cierto al afirmar que Don Latino se queda
porque es un canalla, porque es capaz de adaptarse al mundo y sobrevivir, cosa que Max
no supo hacer. Es cierto que Don Latino también podría ser un estereotipo en el que se
reúnen las peores cualidades que, en algún momento, puede presentar cualquiera: traición,
los vicios. Él mismo confesó que llegó a traicionar sus propios principios, que se sentía
456
sombras. Fraile nos rebatiría que: “Don Latino, no siempre malo. No es malo, por
ejemplo, aunque esté lleno de vanidad, en la escena VII” (Fraile, 1983: 99), a lo que
podríamos decir que, en ese caso no sería una representación de todo lo negativo en
general, además, Max no es siempre bueno y honesto: llega a aceptar el dinero del
Ministro. Más que una razón para rechazar que son dos partes de la misma persona, esta
conocida e identificable personalidad y por su terrible final. Pero es eso, un ideal que se
destruye. Y Don Latino, que no es un ideal, sino una mera demostración de saber vivir y
mantenerse a cualquier precio, es el que hace que ese ideal se destruya. De hecho, es el
causante de todo, la excusa que busca Valle-Inclán para que Max salga de paseo y
Por todo lo anteriormente expuesto y por ser algo tan controvertido y que acepta
conjetura. Eso sí, bastante consecuente y rigurosa con el resto de la investigación. Pero,
para sostenerla, debemos añadir más argumentos, como el de analizar la ceguera de Don
Existe un dato muy curioso por lo desconcertante que es. Aparece en la primera
octubre de 1920, en la revista España. La obra sufrió algunos cambios, empezando por la
inclusión de las tres escenas más cargadas políticamente que hay y que ya analizamos.
Pues bien, en la primera escena de la primera publicación, se presenta a Don Latino del
siguiente modo en una de las acotaciones: “Entra un ciego asmático, quepis, anteojos, un
457
perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es Don Latino de Híspalis” (Valle-Inclán,
1987: 49).
de la pareja, es cuando lo convierte en perro. O, puede que primero decida que sea el guía
y luego elimine su ceguera. Esto, podría tener sentido, de no ser por la cantidad de datos
que aporta esa misma versión de 1920 sobre la vista de Don Latino.
Para que Don Latino fuese ciego de verdad en la primera versión, muchas cosas
deberían haber cambiado entre ambas versiones de Luces de bohemia. Sin embargo, las
conversiones entre ambos protagonistas son casi idénticas. Don Latino, en la primera
versión sigue haciendo de guía, y sigue diciendo a Max: “No tuerzas la boca” (si era
182
Ver Anexo III, imagen 12.
183
Al hacer de guía de Max Estrella, se convierte en una especie de Virgilio, como apuntaba Darío
Villanueva (1994: 66).
458
ciego, ¿cómo sabía que la tenía torcida?); “cuando te pongas los dientes” (¿cómo sabía
que la vieja pintada no tenía dientes si les había chistado de lejos?; pero lo que mejor
confirma que Max lleva a Don Latino para que haga de “sus ojos”, es cuando le dice
textualmente: “Latino, préstame tus ojos para buscar a la marquesa del Tango”. Además,
¿qué sentido tiene describir a alguien como “un ciego” con “anteojos”? (Valle-Inclán,
1920).
Zamora Vicente también reparó en este dato de la ceguera de Don Latino, pues ya
vimos que hizo un cuadro comparativo en las palabras que cambiaron de una versión a
otra, es decir, de 1920 a 1924. Su teoría es que tras Don Latino se esconde el Sawa que
no podía invitar por falta de recursos económicos. Además, cree que Valle-Inclán borró
459
prioridad relevante sobre la queja social, que llegará después, con los
añadidos (Zamora Vicente, 1988: 50-51).
Nosotros apoyamos en gran parte estas teorías de Zamora Vicente, sobre todo la
afirmación de que Luces de bohemia son más sociales y menos personales en su segunda
versión, pues ya demostramos que, en la obra de 1924, Valle-Inclán tiene que prestar sus
ideas a Max para que opine de acontecimientos político-sociales que Sawa no vivió. Sin
embargo, creemos que Don Latino nunca ha sido ciego en la ficción, pues tiene que ver
el mundo para guiar a Max por sus peores senderos, mientras que Max, a pesar de ser
ciego de verdad, ve lo que otros nos, como las “sagradas cualidades mayúsculas”. Don
Latino siempre ha sido el despreciable que mira por su interés y que guía a Max a su
antojo. Pero, evidentemente, alguna explicación ha de tener ese dato que aparece en la
versión de 1920. Lejos de poder conocer la verdad, sí diremos que, antes de leer las teorías
es que se trata de un error de imprenta, sin más. En la misma acotación se habla de Max,
otro en la misma acotación. Por otro lado, puede ser un sutil juego intencionado. Si en un
primer momento Valle-Inclán lo describe como ciego, pero en la obra hace que vea,
metafóricamente puede estar aludiendo a que Don Latino es el desdoble de Max y por
ello también le hace ser ciego, pero, por estar en el lado opuesto a las virtudes, le hace
llevar literatura mala; es decir, puede ser parte del propio esperpento, del propio disparate
caricaturesco. Puesto que Max no está esperpentizado, Don Latino, si es su lado malo, sí
tiene que participar de la deformación. Otra opción es que siga siendo una metáfora, pero
para indicar que era un borracho que “iba ciego”, y de ahí que luego aclare que llevaba
gafas, haciendo referencia a que su ceguera no era de la vista, sino por el hedor a
460
aguardiente. Otra opción es que Valle-Inclán estuviera pensando en Sawa durante la
esperpéntico de Max. Para reforzar esta postura, consideramos oportuno citar la escena
en la que Max y Don Latino conversan con Rubén. El intercambio de palabras entre los
Igual que hacer asistir a Rubén al velatorio de Max porque Darío no fue al de Sawa
y con la misma intención que reproducir el término “Ella” para referirse a la muerte como
lo hacía el propio Darío, este diálogo también está cargado de reproche hacia Rubén
Darío. Don Latino le dice a Rubén que se conocen de años atrás en París y que se tuteaban,
y Rubén contesta que lo había olvidado porque tiene mala memoria. Es una clara
reminiscencia de las misivas de auxilio que Sawa le mandaba a Darío, quien parecía
haberse olvidado de que fue el sevillano quien le introdujo en los círculos literarios
parisinos cuando aún no era un consagrado poeta. Al volver a Madrid, a Darío parece
habérsele olvidado todo lo que Sawa hizo por él. Incluso después de acordar los pagos
por las crónicas, tampoco los abonó. Posiblemente, a esos artículos que Sawa escribió y
461
aparecieron con la firma de Darío en La Nación, de Buenos Aires, haga referencia lo de
Es cierto que Max replica a Don Latino “¡Si no has estado nunca en París!” (Valle-
Inclán, 1987: 141). Pero esto puede significar que en París estuvo la parte noble e idealista
de Sawa, de hecho, al volver a la capital española solo sueña con volver a París, lo
pensando en el ideal como Max, pero siendo un poco más ruin, como Don Latino.
Otro argumento que serviría para sostener esta teoría del desdoble es la relación
La técnica de desdoble de Sawa ya la hizo el propio escritor sobre sí mismo cuando hace
que Carlos Alvarado cuente que él llegó a Madrid para hacer cosas nobles y un amigo
suyo se tuvo que quitar la vida porque se había corrompido. Pone en dos personas
diferentes sus virtudes y sus defectos, que son un personaje basado en él y un amigo que
ese personaje se inventa para verter sus peores vicios y hacer entender, con semejante
metáfora, que en su interior conviven una parte buena y una mala a la que debe aniquilar,
Ya decíamos que vemos conexión entre las muertes de Carlos Alvarado y de Max
Estrella. Además, Max también se muere como protesta. Se muere porque no soporta la
sociedad que le ha tocado vivir. Primero, nos da un paseo por todos los estratos para que
así comprendamos el sentido de su muerte. Esto opera del mismo modo que Declaración
de un vencido, cuya narración no es más que la explicación para entender el suicidio del
Carlos Alvarado. Este paralelismo entre los personajes nos hace admitir que también
462
Además, recordemos que Sawa, en Iluminaciones en la sombra, se hizo a sí mismo
Yo soy el otro; quiero decir, alguien que no soy yo mismo. ¿Que esto
es un galimatías?
Me explicaré. Yo soy por dentro un hombre radicalmente distinto a
como quisiera ser, y, por fuera, en mi vida de relación, en mis
manifestaciones externas, la caricatura, no siempre gallarda, de mí
mismo (Sawa, 1977: 75).
¿Estaría Valle-Inclán pensando en estas palabras cuando creó a Max haciendo que
Recordemos que los masones, durante sus tenidas, intentan ser personas diferentes,
personas mejores. Dicen que dejan fuera de los templos su peor parte intentan cultivar
Por último, respecto a la tenencia de un perro por parte de Don Latino, también
queremos aportar algo. Puede ser otro desdoble, pues Don Latino es el perro lazarillo de
Max y, a su vez, lleva un perro. Sawa siempre tenía perros y adoraba las nobles cualidades
de estos animales, pero también vimos, en el artículo de Luquero de 1974, que se llegó a
463
464
3.3.3. Rubén y el marqués: el reflejo en la ficción de la deuda
dariana
Valle-Inclán se esconde detrás del Marqués, que es el de Bradomín, su alter ego. Como
ya se vio, aquí es donde se produciría ese desdoble del propio autor al haberle aportado
Por otro lado, está Rubén, que es Rubén Darío, a quien Valle-Inclán no esconde
bajo otro nombre ficticio. La conversación que tienen se ha analizado siempre desde su
tono de diálogo filosófico; sin embargo, dado que nuestro propósito es el de buscar
sepelio de Sawa, acompañándose de Darío, a quien lleva al entierro para indicar que allí
465
EL MARQUÉS: Nosotros divinizamos la muerte. No es más que un
instante la vida, la única verdad es la muerte... Y de las muertes, yo
prefiero la muerte cristiana.
RUBÉN: ¡Admirable filosofía de hidalgo español! ¡Admirable!
¡Marqués, no hablemos más de Ella! (Valle-Inclán, 1987: 192).
reminiscencia de aquella lacónica nota que envió a casa de Sawa para justificar su
En Luces de bohemia, aparece otra vez esta referencia, pero en vez de cuando Max
Estrella ya está muerto, el personaje de Rubén habla con él en vida en los mismos
términos y manifiesta igualmente sus temores ante los misterios de ultratumba, volviendo
466
MAX: Para mí, no hay nada tras la última mueca. Si hay algo, vendré a
decírtelo.
RUBÉN: ¡Calla, MAX, no quebrantemos los humanos sellos!
MAX: Rubén, acuérdate de esta cena. Y ahora mezclemos el vino con
las rosas de tus versos. Te escuchamos.
(RUBÉN se recoge estremecido, el gesto de ídolo, evocador de terrores
y misterios) (Valle-Inclán, 1987: 140 y ss).
1994: 69), la acotación es tan significativa como el propio texto, ya que muestra el temor
del personaje de Rubén hacia la muerte. Pero, sin duda, la intervención más espléndida
Valle-Inclán la deja para el final. Y es el Marqués el que da una lección, que creemos que
se trata de un reproche de Valle-Inclán hacia Rubén Darío, pese a que este ya había
467
EL MARQUÉS: Mis Memorias se publicarán después de mi muerte.
Voy a venderlas como si vendiese el esqueleto. Ayudémonos (Valle-
Inclán, 1987: 195 y ss).
Antes de explicar el juego del reproche, no está de más que aclaremos por qué
Según los datos, el episodio del contacto con la vida rural acomodada de Valle-
Inclán tuvo lugar durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial, es decir, a
partir de 1914. Aprovechamos para recordar que la muerte de Sawa fue en 1909, de modo
que nada tienen que ver unos acontecimientos con otros por hallarse dispares en el tiempo.
Esto muestra, una vez más, que Luces de bohemia no busca una exactitud histórica o
cronológica, sino la conexión con diversos episodios, anécdotas o datos de la vida real,
468
que tenía para el día siguiente. Al igual que retrasó su deuda con Sawa y luego fue
demasiado tarde, al igual que dejó para otro día rendirle un homenaje en vez de acudir a
su entierro. Quizás, la puerta del cementerio simboliza la agonía de Sawa, cuando ya tenía
un pie más allí que aquí. En ese momento no debió “dejarlo para mañana”. El personaje
del Marqués le dice a Rubén que los propósitos que se dejan para más tarde acaban
bandolero, o sea, a un editor. Recuerda a ese Sawa insobornable que defendía el talento
por encima del dinero, que hablaba de robo al referirse a la venta de su talento. Pero que,
marqués necesitaba dinero porque estaba arruinado, Sawa necesitaba dinero y trabajó para
Darío, escribiéndole artículos para que los firmase como suyos. El Marqués quiere
publicar sus Memorias, que se podrían incluso corresponder con las más íntimas
nicaragüense porque quería que su obra más preciada viese la luz; obra que, al final, fue
póstuma, como lo serían las Memorias del Marqués. Al fin y al cabo, Sawa también estaba
vendiendo su esqueleto.
una invitación a hacer algo. Valle-Inclán invitó a Darío en aquella carta a hacer algo por
469
pero, como ya se vio, a pesar de ser muy revelador en lo que a la figura de Alejandro
Sawa se refiere y aporta algo de sus años parisinos, además de que puede tener una gran
470
3.3.4. La recuperación de la vista de Max Estrella
MAX: ¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo veo!
¡Magníficamente! ¡Está hermosa la Moncloa! ¡El único rincón francés
en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet! ¡Hay que
volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!
MADAMA COLLET: Estás alucinado, Max.
MAX: ¡Veo, y veo magníficamente! MADAMA COLLET: ¿Pero qué
ves?
MAX: ¡El mundo!
MADAMA COLLET: ¿A mí me ves?
MAX: ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!
MADAMA COLLET: Siéntate. Voy a cerrar la ventana. Procura
adormecerte.
MAX: ¡No puedo!
MADAMA COLLET: ¡Pobre cabeza!
MAX: ¡Estoy muerto! Otra vez de noche.
(Valle-Inclán, 1987: 48-49).
471
ser el muerto... Pero por esas coronas, me inclino a pensar que el muerto
eres tú.
MAX: Voy a complacerte. Para quitarte el miedo del augurio, me
acuesto a la espera. ¡Yo soy el muerto! ¿Qué dirá mañana esa canalla
de los periódicos?, se preguntaba el paria catalán.
(Valle-Inclán, 1987: 172-173).
siempre relacionadas con París. En la primera, Max Estrella propone a Collet que vuelvan
Seguramente, Valle-Inclán introdujo estos pasajes por varios motivos y con varias
intenciones. En primer lugar, porque Alejandro Sawa siempre estuvo obsesionado con
Iluminaciones en la sombra. Por eso, Valle-Inclán hace que las alucinaciones de Max
Estrella estén relacionadas con París, incluso con Victor Hugo, figura, como ya vimos,
Sin embargo, las cosas de la vida real no las ve, pues a Max Estrella le basta con
tocarlas. De este modo, sus alucinaciones se convierten en el ideal, pues no las puede
palpar.
Por otro lado, esto también tiene una conexión con la realidad. Cuando
analizábamos los testimonios sobre Alejandro Sawa, rescatamos uno de Pierre Rien,
10 de octubre de 1920, y en el que se narraba que el escritor, estando ya ciego, decía que
estaba recobrando la vista. Sin embargo, cuando no apreciaba la luz del quinqué, llegaba
a decir a su mujer que no lo había encendido; para comprobarlo, ponía la mano encima y
472
se quemaba, si bien no lo reconocía o bien, la ilusión por recobrar la vista era más
poderosa.
Por lo tanto, podemos decir que, una vez más, en Luces de bohemia está reflejado
Max Estrella a Rubén, para manifestar que en el de Sawa tendría que haber estado Darío,
aquí también introduce connotaciones. Recuperar la vista implica hacerse la luz y, para
Sawa, sus años luminosos se desarrollaron en París, de tal modo que la vuelta a Madrid,
esté ciego. Por ello, creemos que Valle-Inclán hace que las alucinaciones de Max Estrella
tengan relación con París, porque para Sawa la luz también es París.
473
474
3.3.5. Madama Collet y Claudinita: referencias a la obra
Claudine, de Colette
es en este epígrafe, dedicado a las nuevas aportaciones sobre Luces de bohemia, donde
debemos desarrollarlo.
Es evidente que Valle-Inclán hace que la mujer de Max Estrella sea francesa para
que se asemeje a Jeanne Poirier y que la hija sea una adolescente para que se corresponda
con Helena Rosa Sawa. Esta ha sido la afirmación unánime de los estudiosos. Sin
apodo en algunas novelas que ella había escrito. Tal fue el caso de las famosas
“Claudinas”. Estas novelas las escribió Colette entre 1900 y 1903 y, en la portada de la
bohemia quisiera reflejar no solo la amistad de Sawa con aquella extranjera que imitaba
475
a Claudine, sino también que su propia mujer, además de ser francesa, era quien le
escribía las cartas durante los últimos años y a quien él dictaba sus escritos, si bien él
aportaba su firma intentando que los trazos de esta no revelasen su ceguera. Del mismo
Al final, puesto que el público conocía que la autora era Colette, acabaron
llamándola Colette Willy, y por eso Mendaro la llama así en su historia (1958: 71).
Aunque debemos recordar que escribió Collet. Es posible que Valle-Inclán también
creyese que así se escribía, haciendo aún más evidente la conexión. Sin perder de vista
que Valle-Inclán escribía en la revista España, por lo que es posible que conociese la
existencia de Pierret.
476
3.4. La invisible, de Ernesto Bark: un texto perdido
Ernesto Bark tiene una gran relevancia en esta investigación. No solo dio
en Luces de bohemia, sino que, además, hizo que Alejandro Sawa fuera el protagonista
de su novela La invisible, de la trilogía Alborada. Los tres libros de los que se componía
eran: Alborada, La Invisible y Aurora Boreal, todas ellas denominadas “novelas político-
sociales contemporáneas”, pues así aparece en La Santa Bohemia, cuando, al final del
Bark: “De su novela Alborada sabemos que Sawa es el protagonista” (Zavala, 1977: 22).
En la propia obra, Sawa hace mención al texto, a lo que Bark decía de él, así como que le
Ernesto Bark me envía un libro suyo que intitula novela, del que yo
resulto protagonista, yo, mi ser físico, mi pobre envoltura material, en
unión de un esqueleto. No me quejo de la compañía […]
En ese libro que acaba de enviarme, más de la mitad me está
consagrado. Hombre de llamas, consume mucho y purifica mucho. De
mí dice cosas bellas y generosas también, y algunas que son como la
expresión de una cólera malsana: las llamas son así (Sawa, 1977: 213-
214).
protagonista encarnaba la figura de Alejandro Sawa. Al recibir este regalo, Sawa realizó
184
Ver anexo IV, imagen 6.
477
Esta novela no ha sido localizada. Sin embargo, puesto que sabemos por otros
testimonios y por el propio Sawa que existe y que él aparece como personaje protagonista,
estamos obligados a introducirla en uno de los apartados de esta tesis, en el Capítulo III,
pues nuestro objetivo es recoger un catálogo completo de todos los personajes que han
Al mencionar La Invisible, aparece una nota al pie185 donde se dice: “El impresor
José Pueyo incluía en su catálogo de librería desde 1897 la novela de Bark, La Invisible,
que el escritor subtitulaba al igual que Los Vencidos, Novela contemporánea político-
Respecto a Los vencidos, Dolores Thion publicó una edición en 2005, con el texto
Nos parece especialmente interesante la que sigue a continuación, pues nos muestra que
tanto Bark como Sawa, eran personajes en vida y buscaban valores superiores: “Bark
185
Nota número 11.
478
finisecular: un creador de su propia leyenda y personaje de su misma existencia, soñador
y generoso, que abnegó su existencia a la lucha por el ideal” (Thion, 2005: 26).
479
480
3.5. Encarnación, de Joaquín Dicenta: el retrato más certero de
Alejandro Sawa
Dejando a un lado a Rafael Villasús y a Max Estrella, personajes tan conexos entre
sí, pero en el lapso de tiempo que va de la aparición de uno a la del otro, concretamente
en 1913, Joaquín Dicenta publica Encarnación. Aquel amigo que intentaba hacer una
elogias para quien consideraba su hermano, y quien fue uno de los integrantes de la
reducida lista de asistentes al sepelio de Alejandro Sawa, cuatro años después, retrataba
punto de vista que poco o nada tiene que ver con los personajes que ya han aparecido.
ciencia, en las que los novelistas literaturizaban su biografía, Joaquín Dicenta encarna a
Tomás, novelando una serie de vivencias acontecidas a finales del siglo XIX. con un
joven Alejandro Nava. Sin embargo, en vez de la primera persona, recurre a la tercera,
pila, sino que establece un parecido fonético con el apellido (Sawa/Nava, puesto que la
Rafael Villasús, Max Estrella, Fermín García Pipot, César Andión o Juan Pérez del
Corral, parece que Dicenta quiere dejar evidencia de quién es cada personaje de su novela
o, al menos, condensar su esencia sin perder de vista que, una vez más, es en el campo de
481
En este caso, los hilos que atan al personaje a la realidad son muchísimo más
fuertes que en cualquiera de los casos anteriores, y esto tiene justificaciones bien claras:
Joaquín Dicenta novela desde sus vivencias, las cuales ha compartido con Alejandro Sawa
y puede enmarcarlo en unos hechos que más o menos se dieron del modo en que se
cuentan. Esto lo aleja de Valle-Inclán, pues pese a que el gallego también era amigo de
historicidad, sino que se entremezclan las ideas y sucesos políticos de un tiempo que
Valle-Inclán vivió, pero Sawa no lo hizo. Es más, como ha quedado demostrado, la obra
de teatro parte de El árbol de la ciencia para redimir lo que a ojos de Valle-Inclán era una
difamación del velatorio de Sawa. Igualmente, Dicenta se distancia de Pío Baroja, quien
ya se apuntó que recurría al sevillano como referente de la bohemia en sus novelas, pero
en contraposición a su alter ego. Todo ello, teniendo en cuenta que Baroja no convivió
con Sawa porque no les unía amistad, de tal modo que todos los personajes referidos
condensan la esencia del bohemio por antonomasia, pero los hechos se limitan a una
subjetividad, pero en el mismo sentido que lo hacía Prudencio Iglesias Hermida, es decir,
cronológica, hace que esta obra nos parezca la más relacionada con el Sawa real. Por ello,
es el texto que mayor atención merece por la cantidad de puntos de conexión que presenta,
Academia de Artillería, cosa que enorgullece a su madre, pero que después es expulsado:
482
Tales esperanzas se vinieron abajo con la rebeldía del mozo. ¡Dos años
perdidos! ¡Tomás expulsado de la Academia cuando sus estudios
estaban a punto de finar! […]
Cuando, terminados brillantemente sus estudios preparatorios, ingresó
Tomás en la Academia de Artillería, fue gran dicha la de Dolores […]
volvió a su domicilio vestido de paisano.
Tremendo fue el desengaño de la madre; copioso el caudal de sus
lágrimas (Dicenta, 1913: 8-10).
Joaquín Dicenta, que tiene, como Alejandro, tan solo diecinueve años
de edad, puesto que había nacido el 3 de febrero de 1862, se convertirá,
en efecto, en su entrañable amigo de estos días de inquietudes, de luchas
y de profundos anhelos de cambio. Arribado a Madrid después de un
intento fallido en la Academia de Artillería de Segovia, de donde al
parecer fue expulsado debido a su indisciplina (Correa Ramón, 2008:
67).
483
Conviene señalar que las identidades que subyacen bajo los personajes
que protagonizan Encarnación resultan en su mayoría perfectamente
identificables. Así, Alejandro Sawa se convierte en “Alejandro Nava”,
Manuel Paso en “Manuel Gaso”, etc. Joaquín Dicenta va a relatar en su
novela el ambiente en que vivían estos jóvenes compañeros de tertulias
y de inquietudes literarias, que participan activamente en la creación de
nuevos y efímeros medios de prensa, asisten a fiestas y se divierten,
pero también se ven obligados un día tras otro a agudizar el ingenio para
conseguir los medios económicos necesarios para seguir subsistiendo
(Correa Ramón, 2008: 68).
Los dos aprendices de artista que pretendían ir con Tomás al baile eran
un pintor, Manuel López Guerrero, y un literato, Alejandro de Nava.
Tenían gran talento los dos. Así tuvieran ropa negra y sombreros de
copa […]
Lo del negro traje, a medias podía resolverse. Alejandro gastaba un
terno azul que, de noche, y con misericordia […] por negro se podía
admitir (Dicenta, 1913: 29-30).
Solo con estas palabras ya se deja entrever que Joaquín Dicenta opina que Sawa
económicamente, pues no solo debe hacer pasar el azul por negro, sino que no tienen
medios económicos para alquilar un sombrero. La solución que Nava propone entronca
con la referencia de la profesora Correa cuando apunta que debían agudizar el ingenio: a
Nava se le ocurre escribir artículos impactantes en la hora de la que disponen hasta que
comience el baile, con el fin de sacar dinero para alquilar dichos sombreros (Dicenta,
1913: 30-31). En esta misma trama llama la atención que Nava pregunte por el precio del
alquiler en francos en vez de en pesetas, pues es la primera referencia que hace Dicenta a
484
la obnubilación de Sawa con París. Y, a continuación, establece una comparativa con
Vino don Elías a su hora aquella noche, y hubo sorpresa final en los
artículos. La producida por el remate del artículo de Alejandro fue tan
estupenda […]
Alejandro estaba magnífico con su traje azul, depósito abierto de
bencina, y su sombrero de copa angosta y alas planas; por bajo de estas
salía el negrísimo pelo, cortado a lo Daudet.
–Mi chistera es parisina, completamente parisina – exclamaba
Alejandro –. Parezco un doctor de la Sorbona (Dicenta, 1913: 32).
Esto recuerda a las múltiples comparaciones que se han hecho de Sawa con
largo de la novela no son pocas veces las que se alude a su melena morena y la oscuridad
de su piel. De Sawa se decía que tenía cabeza de griego o rostro de árabe, y a estas
(1913:65).
Incluso recrea las peticiones de dinero que Sawa hacía a sus conocidos con cierto
humor:
485
[…] con hambre y con jayeres.
¿Jayeres es dinero, verdad? – preguntó Alejandro.
[…]
–Gracias por la dádiva de ese nombre. Es el único que no he puesto en
circulación para pedir prestado. Lo emplearé en el primer caso que
advenga (Dicenta, 1913: 46-47).
Cabe traer a colación las llamadas de auxilio que Sawa hizo en numerosas
Soriano fue generoso con él, o el testimonio de Baroja. El problema que se deriva es
cronológico: ¿ya en su juventud Sawa pedía dinero para subsistir? El Sawa que pretende
principios del siglo XX. Por supuesto, la solvencia no es predicable de ninguna etapa de
su vida, pero es más probable aún que Dicenta condense en Nava toda la esencia
sawiana186. Es decir, se produce una condensación que desafía al tiempo, de igual modo
barojianos. Sin embargo, el joven Nava veinteañero ha residido en París seis semanas y
vuelve contando todo tipo de anécdotas. Esto bien recrea una actitud propia del Sawa que
residió años en la capital francesa, o bien hace alusión a esos posibles viajes a París
Alejandro Nava, que había pasado mes y medio en París, del que
regresó a limosna de los compatriotas, refería frente al veladorcito
donde merendaba la familia Madora, aventuras fantásticas corridas por
él en la francesa capital. Estaba graciosísimo desde su retorno. Él,
andaluz neto, sevillano187 de pura cepa, hablaba con pronunciación
186
Debemos tener en cuenta que Encarnación es de 1913 y Sawa ya ha fallecido, siendo que Dicenta trató
con él hasta sus últimos días.
187
Dicenta hace coincidir también el origen sevillano.
486
parisién, casi en olvido del español idioma. Sabiéndose de memoria
Madrid, aparentaba ignorar el nombre de las calles.
[…]
“Esta señorita está a mi lado – dije – y le defiendo, señor, de tocarla.”
“esta señorita es de todo el mundo”, repuso. Yo, entonces, levantando
el… comment s´apelle? – preguntó Nava cogiendo el soporte en que
descansa la tacita de té – comment s´apelle ça?...
– Platillo, Alejandro – contestó gravemente Pérez Guerrero
– Perfectamente, platillo – repuso el orador – Levanté el platillo…
– Y continuaba la narración de su aventura, terminada con un duelo a
espada española, durante el cual recibió dos heridas, y su adversario una
que le hizo caer redondo. “No muerto, afortunadamente”, añadía
Alejandro (Dicenta, 1913: 70-71).
Dado que Alejandro Nava es un ente de ficción, no podemos tomar nada como
verdad absoluta, pero el hecho de que Dicenta haga viajar a Nava solo seis semanas a
parís, cuando Sawa estuvo seis años, es posible que la breve estancia se refiera a un viaje
anterior al conocido. Esto disiparía las dudas y podría dar veracidad al asunto del beso de
Victor Hugo, en el hipotético caso de que esto hubiera sucedido antes de 1885. Es más,
en la novela se dice que volvió gracias a la limosna de sus amigos. Recordemos que
Bonafoux, en aquel artículo titulado “Sawa, su perro y su pipa”, llegó a decir que Sawa
había hecho un viaje para conocer a Victor Hugo y que se había ido a París a pie. A
sabiendas de que esto es una exageración, no sería descabellado pensar que, debido a sus
tiene otras conexiones con la realidad de las que estamos seguros. Tal es el caso de la cita
“esta señorita es de todo el mundo”, que es un claro guiño a la novela La mujer de todo
el mundo.
487
Por otro lado, y aunque en un primer momento pueda parecer una fantasía, está el
perdió el brazo a causa de una discusión con el escritor y periodista Manuel Bueno (1874-
posteriormente la herida se gangrenó y acabó provocando tal infección que tuvieron que
amputarle el brazo.
una noticia en el poco conocido diario granadino, La Alianza, del día 17 de septiembre
de 1895, si bien especifica que se trata de una noticia del día 15, en la que se informa de
cómo han quedado ciertos duelos que se han celebrado. Comienza diciendo: “Se han
celebrado varios duelos de los que hay concertados” (Anónimo, 1895: 3), para continuar
especificando quiénes han salido ilesos y quiénes heridos. Entre los heridos se encuentra
Luis Paris, aquel que escribió sobre la “Gente Nueva”. Posteriormente, se dice “Los
lances pendientes con los señores Delorme, Sawa y Dionisio Pérez, se arreglaron por
medio de actas satisfactorias que firman los señores Cuéllar, Méndez y Báez” (Anónimo,
1895: 3)188.
En primer lugar, si bien es cierto que el duelo no se celebra porque median actas
escritas, no lo es menos que si se han desafiado en un momento dado, es posible que esta
práctica se haya llevado a cabo más a menudo, por lo que no debemos descartar que los
contrincantes se hayan batido en duelo alguna vez tomando las armas. Por otro lado, no
se nos da el nombre del Sawa, por lo que podría ser Alejandro o cualquiera de sus
188
Ver Anexo III, imagen 13.
488
hermanos. Nos decantaríamos por Alejandro porque el Delorme que se cita, que también
ha firmado un acta es Rafael Delorme (1867-1897), uno de los escritores miembros del
grupo Germinal, amigo de Alejandro Sawa, Joaquín Dicenta, Ernesto Bark y Eduardo
Zamacois, entre otros, por lo que cabría la posibilidad de que el motivo de su duelo
estuviera próximo al del motivo de Sawa. El otro nombre que aparece es el de Dionisio
Pérez (1872-1935), quien también era escritor, político y periodista. Cuéllar189, Méndez
y Báez no sabemos quiénes son, ni qué motivos tendrían para enfrentarse a los escritores.
Sin duda, el dato que más nos desconcierta es el de la fecha, pues hasta 1896 no
regresó Sawa de París. Esto nos haría pensar que volvió entre medias, antes del regreso
definitivo, que se retó por medio de alguna misiva o telegrama, o que el Sawa que aparece
sus aires de superioridad y de sus ideas del honor y la integridad moral, no es de extrañar
emplearon bien pistolas, bien sables. La anécdota de Alejandro Nava en la ficción habla
siglo XIX con la diferencia de que el sable tiene la hoja curva, mientras que la de la espada
es recta. Salvo esa diferencia, es posible que el Alejandro Sawa de carne y hueso se batiese
Dejando de lado esta anécdota tan sensacionalista, existe otro dato que también
entra en conexión con la realidad. El personaje Alejandro Nava dice “comment s´apelle
189
Julio Burell tenía como segundo apellido Cuéllar, pero, si fuera él, el periódico citaría al señor Burell y
Cuéllar o solo Burell, por lo que hay pocas posibilidades de que se refiera a él.
489
ça?”, cuando no se acuerda de cómo se dice una palabra en español. Cuando analizamos
los testimonios sobre Sawa, Luis Ruiz Contreras, en sus Memorias de un desmemoriado,
en vez interrumpía su discurso con un Comment s´apelle ça? Levantaba el brazo; rozaba
el pulgar con el índice para producir un chasquido; erguía la cabeza como si esperase que
Varona, el violinista, Gaso, Pérez Guerrero, Nava, la oradora del club, Paquito, Ernestín
y los fieles del rincón solitario discutían por turno o en montón para exponer, entre teorías
(Dicenta, 1913: 73). Además, “sobre ellos flotaba la belleza”190 (Dicenta, 1913: 73) y se
reunían en el Cenáculo de Lisboa (1913: 61). Se está refiriendo al Café Lisboa. Esto es
Es indiferente que Joaquín Dicenta opte por un café concreto, pues las veces de
lugar de reunión de literatos e intelectuales durante largas noches, que eran habituales en
el centro de la capital, podía cumplirlas cualquier otro café: Café Pombo, Café Gijón,
190
Nos recuerda a las palabras de Rubén Darío en el prólogo de Iluminaciones en la sombra, donde decía
que Sawa amaba la Belleza y las sagradas cualidades mayúsculas.
490
Café Comercial, Café Colonial, Nuevo Café Levante… Además, recordemos que el
proyecto del Cenáculo de Bark y Sawa se llevaba a cabo en el Café Mercantil. Sin perder
de vista, que Bark contaba en La Santa Bohemia que Sawa dejó la dirección del grupo a
Dicenta: “Sawa, quien había dejado la dirección del grupo a Joaquín Dicenta y Rafael
Delorme, su fiel escudero” (Bark, 1913: 21). Por lo tanto, las referencias a las reuniones
en los cafés con Alejandro Nava es una clara reminiscencia de aquellas tertulias y aquellos
proyectos. Tampoco debemos obviar que Bark cita a Delorme, quien también estaba
de Sawa hace que la suposición de que el Sawa que aparece en la noticia del duelo sea
altas horas de la madrugada recitaba de memoria sus artículos y los versos de Verlaine),
publicación con dicho nombre, pero sí algunas cuya esencia puede querer representar:
491
Ernesto Bark […] junto con Eduardo Zamacois, será uno de los
fundadores en 1897 de la revista Germinal, que aglutinaría en torno a
sí a buena parte de los autores innovadores de la época abriendo camino
hacia lo que se ha considerado tradicionalmente como generación del
98, previamente había creado en 1888, junto con Joaquín Dicenta,
Isidoro López Lapuya, Antonio Palomero y Ricardo Fuente lo que
puede considerarse un antecedente del grupo de Germinal, denominado
Agrupación Demócrata-Socialista (Correa Ramón, 2008: 119-120).
de tal modo que Sawa ya no era aquel joven veinteañero, pero sí el que había regresado
de París, cosa que encajaría con las alusiones que se hacer a dicha ciudad. Pero, pese a la
amistad que mantenía con los fundadores de Germinal, él mismo no publicó hasta que la
Por otro lado, años antes, podemos encontrar los precedentes de Germinal en la
Agrupación Demócrata-Socialista:
492
primeros portavoces de la Agrupación fueron La Piqueta (Madrid,
1888) y El Radical (Madrid, 1889) (Thion, 1998: 29).
[…]
La mayoría de los compañeros de Bark siguieron una trayectoria
periodística semejante y participaron hacia 1897 en la constitución de
un grupo socio-político representativo bajo el nombre de Grupo
Germinal. A él llegaron muchos intelectuales entre los cuales Joaquín
Dicenta se erigió como cabecilla. Su portavoz salió a la luz el 30 de
abril de 1897, como órgano del socialismo en política, del Naturalismo
del último Zola en literatura y con especial interés por los problemas
sociales y políticos. Aquel “proletariado intelectual”, en palabras de
Bark, creía en la capacidad regeneradora del arte que permeabilizaba a
las conciencias sus ideas fuerza y transformaba paulatinamente al
público (Thion, 1998: 48).
de una crónica de París, a modo de corresponsal: “Una crónica de París que en esta época
del año por la que atravesamos […] He aquí por qué esta crónica de París […]” (Zavala
y Chavarría, 2008: 67-69). Claro está, esto entronca a la perfección con el anuncio que
vocifera Nava en Encarnación: “¡El Rebelde, con una crónica de su corresponsal en París,
el gran novelista Alejandro Nava!”, pues se trata de una crónica de París escrita por un
191
Salvo el texto “Cabeza de estudio: Pilar”, que rescatamos y analizamos oportunamente en el capítulo
anterior, que data de diciembre de 1889.
493
A todo lo anterior hay que añadirle un apunte que se deriva de una publicación
Después de todo, parece que El Rebelde es una ficción creada por Dicenta para
concentrar la relación de Alejandro Sawa con la prensa y su compromiso social, así como
dejar de manifiesto el lugar referencial que ocupaba entre sus compañeros durante un
largo lapso de tiempo que abarca desde las andanzas madrileñas de juventud, hasta su
regreso de París. De este modo, Alejandro Nava es la esencia de Alejandro Sawa, con
todos los rasgos que conformaron y que han sido aglutinados en una novela en la que no
importa su exactitud temporal, pero que es mucho más concreta que Luces de bohemia, y
enfermo y desengañado, cuyo velatorio resultó ser casi esperpéntico por las terribles
circunstancias que lo rodearon. El personaje de Alejandro Nava comparte más con los
bohemios barojianos que con Max Estrella. De hecho, Baroja también recreaba el regreso
de París. La gran diferencia reside en el modo de tratar a los personajes. Mientras Baroja
lado del protagonista, resaltando sus cualidades y haciendo un homenaje a su amigo, del
494
que conoce hechos más concretos porque lo vivió como testigo, y no a través de terceras
495
496
3.6. La sombra de Verlaine, de José Montero: un cuento bohemio y
alegórico
Alejando Sawa (Correa Ramón, 2008: 298; Zavala, 1977: 61). Con solo prestar atención
a dicho título, ya se puede relacionar a Sawa con el personaje de este relato breve,
Madrid recitando sus versos de memoria y como abanderado de las nuevas corrientes que
en París estaban en boga y de las que Verlaine era el máximo representante. De este modo,
La sombra de Verlaine hace pensar en alguien que imita a Paul Verlaine y, sin duda,
Alejandro Sawa era dicho imitador por antonomasia. Sin perder de vista que su muerte
causó gran impresión en el bohemio sevillano. Sin embargo, poco fundamento tendría un
varios rasgos que sugieren la figura del bohemio, a la vez que otros datos hacen cuestionar
que José Montero quisiera plasmar a Sawa con evidencia. A diferencia de Dicenta o
Valle-Inclán, que quieren dejar de manifiesto en quién están pensado y se lo ponen fácil
al lector para que identifique rápidamente a los personajes, Montero hace algo más
parecido a Baroja. Ya vimos, dentro de este capítulo, que el vasco seguía una técnica
tomaba no solo sus características principales y las difuminaba, sino que también recurría
a su entorno. De este modo, César Andión, Fermín García Pipot y Juan Pérez del Corral
coincidían en muchos rasgos con Alejandro Sawa, pero diferían en otros tantos; y esto
la cantidad de información que se da en un relato que apenas ocupa dos páginas (pues el
497
tamaño de las ilustraciones es considerable). Del mismo modo, es sorprendente que el
espacio dedicado a la descripción es tanto o más que el dedicado a la acción. Sin lugar a
duda, lo que prima en este cuento no es la historia de amor que subyace, sino la recreación
de la figura de un bohemio:
498
novia, con tu pipa de humo azulado y tu copa de ajenjo donde irradiaba
corno una luz mágica la esmeralda del vino. […]
Desfallecido y pálido, como si la emoción hubiérase adueñado de su
espíritu, recitaba los versos del pobre poeta:
[…]
Después, ante el asombro del concurso, llamaba al camarero, con la
altivez de un César;
—¡Garçon, garçon! Ajenjo, dame ajenjo...
Y ante la copa, que brillaba con extraño fulgor, entornaba los ojos y
echaba hacia atrás la leonina cabeza, llena de sueños.
—¡Oh!—declamaba lánguidamente, adormilado por el néctar.—Yo
tengo tus estrofas sobre mi corazón, como la palma de una novia que se
muere de amores. Verlaine divino, la gloria fue tu reina y la copa de
ajenjo la fragua en que forjaste tus ideas. El ajenjo y la gloria te
emborracharon la vida y te abrieron, las puertas de la inmortalidad,
como las de un alcázar. ¡Yo también, como tú, he de morir borracho de
ajenjo, borracho de gloria! (Montero, 1914).
Aunque uno de los primeros datos que da Montero es que el poeta era de tierras
cántabras y ello hace que la figura de Sawa comience apartándose del personaje, existen
mucho más rasgos que lo acercan: viene de París totalmente obnubilado por Verlaine y
París”, tiene una cabellera negra y rizada que lo caracteriza, bebe ajenjo, usa capa
dudas de que Montero se ha basado en Alejandro Sawa, sin embargo, no quiere dar una
visión próxima a sucesos reales, sino solo crear un prototipo para contar otro tipo de
historia: el de un amor con una joven rubia de ojos claros que se sentaba al fondo del café
a esperar a un príncipe azul y encontró consuelo en los brazos del poeta (Montero, 1914).
El juego se refuerza al dar a entender que el protagonista tenía talento, pero lo desperdició
y, pese a querer morir borracho de ajenjo y de gloria, murió solo borracho: “¡El pobre
499
Rembrandt, había muerto borracho, pero sin gloria!” (Montero, 1914) Efectivamente,
cinco años antes de la publicación de este relato, había muerto Sawa, sin gloria. Como
Alejandro Sawa se encuentra el bigote. Barbas y bigotes eran habituales en los círculos
lleve bigote, pero, al compararlo con Sawa, lo lógico hubiese sido mantenerle la
característica barba, de igual modo que se le mantiene la negra y rizada cabellera. Este
rasgo, sumado al del gentilicio cántabro, confirman que José Montero sigue la estrategia
vez lo disfraza y toma otros elementos de sus alrededores para acabar de conformar al
personaje.
Todo esto recuerda a que Fermín García Pipot, quien también tenía solo bigote y
Baudelaire), bebe ajenjo (y en su intervención, al igual que en esta, la musa verde192 cobra
simple consecución de lo primero, y aquello que Baroja dijo de César Andión: “Un
bohemio de tantos, de esos que han dejado pasar la hora de la gloria y no han llegado a
192
El ajenjo se solía denominar “la musa verde”, pues debido a la alta graduación, solo consumirlo conducía
a la ebriedad, de modo que los escritores se inspiraban en esos momentos de éxtasis.
500
Volviendo al cuento publicado en La Esfera, merecen una atención detallada las
ilustraciones. Están firmadas por Yzquierdo Durán y pretenden dar soporte al relato
recreando dos escenas: la primera es la reunión de cuatro tipos en una de las mesas del
y capa, que es el mismo que pasea en el segundo dibujo con la supuesta muchacha que
investigación por la sencilla razón de que al fondo, sentado, mirando hacia abajo para leer
que sería un reflejo físico del mismo Alejandro Sawa194. Es más, el dibujo se parece
muchísimo a otros dibujos del bohemio, como el de la portada de Historia de una reina
comparar los dibujos con las últimas fotografías de Alejandro, en todas se aprecia la
misma forma de las entradas del pelo en la frente, singularidad que mantiene el dibujo de
Durán. Además de la característica pipa que lleva en todas las ilustraciones. El lector de
este cuento, que no se podría entender solo con el texto, asiste a un juego de desdoble:
rasgos físicos en uno de los contertulios del café. Igual que Pipot y Andión se repartían
características sawianas y discrepaban en otras bien distintas, o del mismo modo que la
crítica ha visto en Don Latino de Híspalis la otra cara, la más terrible, de Alejandro Sawa,
basado, una vez más, en quien condensaba la idea generalizada que ayuda a configurar
dicho prototipo.
193
Ver Anexo II, imagen 16.
194
Ver Anexo II, imagen 16.
501
Para finalizar con este personaje que tan inadvertido ha pasado, merece la pena
que nos detengamos en la aparición, una vez más, del color azul, la Belleza (con
mayúscula) y la luminosidad; tres rasgos distintivos de la vida y la obra sawiana que han
El color azul se emplea para referirse al príncipe Azul que esperan las damas pero
que nunca llega, en su lugar, el que enamora a la chica triste rubia de ojos también azules
es el bohemio, ocupando así el lugar de “Príncipe Azul”. De igual modo, el bohemio hace
supuesto, esto de hacer alusiones constantes a este color no es casualidad, como ya se vio
Continuando con las palabras darianas, cabe recordar que el nicaragüense dijo en
ese mismo prólogo que “Amaba el excelente escritor la Belleza, la Nobleza, la Bondad,
todas las sagradas cualidades mayúsculas” (Darío, 1977: 71), y Montero describe en el
relato: “El bohemio ponía las estrofas en sus labios, como una divina consagración de la
importación […] de un poeta joven que tiene de la vida una visión luminosa y amplia”
(Montero, 1914). Esto parece entroncar con la percepción de la vida de Sawa en clave de
luminosidad, pues siempre defendía la luz en tanto que era progreso, poesía y vida, y
asociaba con las tinieblas a los detractores de los mismos. De hecho, cuando el bohemio
del cuento enferma y la muchacha se siente sola y triste se dice: “Así muchos días,
muchos, hasta uno en que las sombras del anochecer sorprendieron a la artista” (Montero,
502
En cuanto a la descripción de esta dama, el bohemio protagonista le dice: “tienes
el cabello oloroso y rubio como el de una princesita del Rhin; los ojos claros y serenos,
como los de la musa de Cetina, el excelso; los labios encendidos y trágicos, como los de
Margarita Gautier […] tu amor me emborracha tanto como la gloria […]” (Montero,
1914). A pesar de ser un personaje inventado, por un lado creemos que puede tratarse de
la descripción de ideal, como si este fuera una mujer inalcanzable para el poeta. Por otro
lado, es innegable el parecido de esta mujer con Pierret, aquella mujer extranjera rubia y
de ojos claros que describió Eduardo Mendaro, con la que Sawa charlaba hasta altas hora
en la tertulia de la revista España, de modo que no podemos descartar que se trata de una
alusión a esta mujer. Además, el cuento empieza diciendo que estaban de tertulia en el
café. Asimismo, también nos recuerda a aquella “Pilar” que Sawa describió en el artículo
que hemos rescatado de 1889, de modo que reforzaría la idea del poeta que ha encontrado
algo que le llena y le acerca al ideal, pero que se simboliza en una mujer. Puede tratarse
hay suficientes datos, pero hay un elemento que merece ser citado. El cuento comienza
con las siguientes palabras: “Era una tertulia de gente moza. Pintores, músicos y poetas,
que descansaban de los azares de su vida bohemia en los divanes del café. Águilas que
volaban muy alto, por los espacios del ideal, todas las tardes plegaban sus alas y se
posaban junto a la mesa de blanco mármol” (Montero, 1914). No hay duda de que el
término águila se emplea de igual modo que lo hacían los masones, igual que hizo Juan
en la sombra. Además, el hijo de José Montero, quien se llamaba José Montero Alonso
503
expediente abierto, según consta en el Archivo de Salamanca (legajo 1481, expediente
48), por lo que no sería de extrañar que su padre también conociera la simbología.
504
4. Alejandro Sawa literaturizado en la actualidad
Hasta 1996 hay que avanzar para encontrarse con el último velatorio de Alejandro
Sawa. Es curioso que, ya a finales del siglo XX, su figura siga siendo tan atractiva como
para volver a aparecer en una novela. Nos estamos refiriendo a Las máscaras del héroe,
de Juan Manuel de Prada (1970). Con la Historia como telón de fondo, el autor novela
piel de Pedro Luis de Gálvez195, a quien pinta como un joven al que hace testigo de todo
aquello que decide contar en primera persona, ocurriendo algo similar a Villasús, donde
Respecto a las intenciones de la obra, el propio autor dice al comienzo que “Las
máscaras del héroe no aspira a la verdad sino a la recreación de la verdad. Con ello no
estamos afirmando que mentir y decir falsedades sea la única misión del arte, como quería
Oscar Wilde, sino que, con demasiada frecuencia, la verdad solo encubre la falta de
imaginación” (Prada: 1996: 14). Por eso, de Prada no se molesta en cambiar los nombres
Esta intención explica también el juego que se produce con el narrador: “Gálvez,
el antihéroe de la novela es el alter ego del narrador de la mayor parte de la novela -el
abúlico Fernando Navales-, un escritor que plagia las escrituras de su padre espiritual:
Gálvez” (Pouchet, 2015: 282). A causa de esto, “la relación simbiótica entre Gálvez y
195
(1882-1940), escritor bohemio y malagueño. Juan Manuel de Prada lo convierte en el personaje
protagonista.
505
Navales es motivo de la unidad estructural y temática de la novela” (Pouchet, 2015: 282).
Este juego consiste en mezclar la tercera persona con la primera. Parece que el narrador
habla en primera persona, pero a su vez es uno de los personajes, del que habla en tercera
Las máscaras del héroe no es una novela que tenga como objetivo
primordial la recreación documentalista de un amplio periodo de
nuestro pasado literario y cultural; en ella se mueven personajes
históricos (los estrictamente ficcionales son escasos) sobre la mayoría
de los cuales el lector posee una abundante información previa, aunque
la distancia temporal haya contribuido a dotarlos de una dimensión casi
legendaria. Pero la organización de la fábula y la capacidad
transfiguradora del lenguaje los somete a un proceso de
funcionalización que los arranca de su contexto histórico para
sumergirlos en ese universo fantasmagórico y degradado donde dejan
de ser individuos para adquirir la categoría de arquetipos (1998: 69).
A la vez que “los hechos históricos y sus protagonistas están, sin embargo, ahí: se
ha llevado a cabo una persecución exhaustiva de las fuentes” (Pérez Bowie, 1998: 69). A
causa de esto, podemos afirmar que Sawa es el personaje de Alejandro Sawa. Sin
506
de investigación, como obras literarias, por lo que el personaje de Alejandro Sawa no es
el escritor sin más, sino Rafael Villasús y Max Estrella mezclados y con el nombre
cambiado por el del escritor en el que se inspiraron. Esto se justifica porque “el proceso
identificador que propiciaría una lectura pragmática no se efectúa tanto sobre seres reales
como sobre personajes que han sido sometidos a un proceso previo de mitificación por la
literatura y por la memoria colectiva” (Pérez Bowie, 1998: 64). Es decir, el escritor
conoce de sobra las versiones de Sawa como Max y Villasús, y las presupone
Alejandro Sawa tan solo aparece en diez de las seiscientas páginas que componen
la novela196, pero tan sustanciosa es la aparición, así como las circunstancias que la
rodean, que aquí merece una comparación con los personajes que nos preceden.
Quizás, lo que más llama la atención es que no está vivo. Pese a que el lector asiste
a los velatorios de Rafael Villasús o Max Estrella, a ambos los conoce en vida (a pesar de
que la intervención de Villasús sea breve); sin embargo, al Alejandro Sawa de Las
máscaras del héroe se le menciona por primera vez para decir que ha muerto:
Esta noche ha ocurrido una tragedia que a todos nos pone de luto:
Alejandro Sawa ha muerto de pura miseria. Hizo un pucherito y rompió
a llorar con un llanto entrecortado y poco varonil, contradictorio de su
barba. Valle, que años atrás había oficiado de lazarillo para Alejandro
Sawa y había comulgado su palabra eucarística, se llevó las manos a las
sienes y se lamentó:
—¡Pobre Alejandro! La última vez que hablé con él me dijo que su
cuerpo estaba maduro para la tumba (Prada, 1996: 65).
196
En la edición que aquí se maneja Prada, 1996: 65-74.
507
Juan Manuel de Prada recurre a una frase de Villiers que Sawa había empleado en
una de las cartas que envió a Rubén Darío en la primavera de 1908 (el 31 de mayo),
unía ninguna amistad con Sawa, ni aprobaba su estilo de vida. En cambio, en esta ficción,
hasta se refiere a ella cariñosamente como “Juanita”, como si tratase habitualmente con
ella. En este mismo párrafo se produce otro desajuste con la realidad, pues de Prada cae
raza”.
Es curioso que dos de los personajes que deciden ir juntos a su velatorio sean
Baroja y Valle-Inclán:
508
José Manuel López de Abiada en su artículo “Imágenes literarias de la bohemia
aspecto y apunta:
indiferente que Valle-Inclán asistiese y Baroja no al velatorio real, pues la intención que
persigue de Prada es la de hacer ir a dicho velatorio a los dos escritores que ficcionaron
el sepelio de Sawa.
Lo que se crea es un juego con los asistentes en función de la perspectiva que cada
novelista quiere dar. A todo lo que ya hemos visto en relación con Max Estrella y Rafael
Villasús, hay que sumar la interacción de tres planos, que ya no son simplemente la
correlación o no entre ficción y realidad, sino que hay que tener en cuenta a qué escritores
de la realidad se elige para novelar y por qué. De este modo, se vuelve a producir en Las
máscaras del héroe la acumulación, no solo teniendo en cuenta lo que pudo ser verdad y
sazonándolo, sino que se escribe según lo que ya se ha escrito al respecto. Así, Valle-
Inclán atiende a lo que dijo Baroja y Juan Manuel de Prada a lo que escribieron ambos
noventayochistas. Es más, los dos aparecen como personajes y, como se ha visto antes,
sus apariciones representan que son ellos quienes ya han recreado, de algún modo, el
509
En esta misma línea, López de Abiada aprecia que “Las máscaras del héroe es en
no pocos aspectos una continuación tardía de Luces de bohemia” (López de Abiada, 2006:
287). Y lo justifica:
510
Con ello, parece que de Prada adopta una posición de corte barojiano con respecto
mentira aquello de que pertenecía a los márgenes. Ahora bien, Valle-Inclán no desprecia
situación económica y supo subirse al carro de quienes irrumpieron con fuerza en lo que
se conoció como modernismo y generación del 98; movimientos que quedaron tan
propósito de hablar sobre grupo de Germinal o la “Gente Nueva”, que sin duda, allanaron
en los últimos años por los estudiosos, llevó a considerarla como la de unos escritores
malogrados que se dieron más bien a la “golfemia”. Muchos ríos de tinta han corrido
simpatizante de aquel estilo de vida abanderado por Alejandro Sawa. Incluso, parte de la
crítica sostiene que es un pilar fundamental: “Joaquín Dicenta [...] junto con Alejandro
Pues bien, si Las máscaras del héroe es de corte valleinclanesco en tanto que se
presenta a los personajes como guiñoles y la actitud del autor se asemeja a la de Baroja,
sencilla razón de que Valle-Inclán utiliza la técnica deformadora sobre aquello que
considera merecedor de burla. En cambio, para Juan Manuel de Prada, Alejandro Sawa
entroncando con las palabras que Ernesto Bark plasmaba en La Santa Bohemia sobre la
idea del Cénaculo como asociación que solo aglutinaría a renombrados eruditos para
marcar la diferencia con la “golfemia”. Para Juan Manuel de Prada son unos “limosneros
de la literatura”.
tener un final de escarmiento para sus compatriotas. Así lo mostraba, como vimos
analizando a los personajes bohemios barojianos, con Pérez del Corral, y no lo hizo de
otro modo con Rafael Villasús, por cuya casa desfilaron un grupo de harapientos
bohemios y, entre ellos, un viejo melenudo de barbas blancas tras quien podría esconderse
Valle-Inclán. Tras Andrés Hurtado está Baroja, quien de verdad nunca estuvo allí. A partir
Pío por ningún lado porque no era amigo del fallecido y, sin embargo, se retrata a sí
mismo en su alter ego, el Marqués de Bradomín, quien pasea, tras el entierro, por el
cementerio con Rubén Darío, un amigo que sí debería haber acudido al sepelio. Entonces,
a finales del siglo XX, aparece un tercer velatorio de Alejandro Sawa, en que no hay
rastro alguno del autor de Azul…, porque lo que interesaba a Juan Manuel de Prada era
que acudieran juntos Valle-Inclán y Pío Baroja, por ser los dos escritores que, ahora junto
Centrándonos ya en las conexiones de Las máscaras del héroe con los velatorios
de Max Estrella y Villasús y sin perder de vista la realidad, podemos afirmar que en
Alejandro Sawa de 1996 no es un personaje sino una excusa para desplegar anécdotas y
512
mitos de la vida bohemia. Como hemos dicho antes, Alejandro no aparece vivo, frente a
Villasús, aunque sea poco tiempo, y Max Estrella. Todo lo que se dice de él es por acopio
de lo que hicieron Baroja y Valle-Inclán sumado a toda una serie de leyendas que
caballo entre la realidad y ficción que arrastramos a lo largo de toda esta investigación.
que envió a Darío, en Las máscaras del héroe, han retirado a Sawa una colaboración en
calle Negras. Es paralela a la calle Conde Duque, dirección en la que murió realmente
múltiples ocasiones con la calle Conde Duque). Sin embargo, aunque una buhardilla es
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mucho más bohemia y encaja en el tópico, lo cierto es que Sawa y su familia tenían
alquilado el piso principal, como se deriva de la firma de las cartas que hemos citado,
aunque estuviese en malas condiciones. Testimonio de esto dio Emilio Carrère: “Esta
casa, costrosa, vieja y paupérrima, es el pozo negro donde acabó de apagarse una vida
que empezó ardiendo como una antorcha. […] Esta casa horrida donde acabó parece un
la calle Negras. Sin perder de vista que lo llama callejón. ¿Se trata un guiño al
quizás también sea revelador que el autor diga que Sawa fue abandonado cuando más
necesitaba ayuda. Esto parece evocar dos testimonios que ya hemos comentado: la queja
del propio Sawa que en una carta le decía a Darío lo solo y abandonado que se sentía. Y
514
en la sombra: “Dejó pasar el buen tiempo. Vio llegar la vejez triste y se encontró
abandonado de todo y de todos, tan solamente con dos almas dolorosas a su lado […]”
Jeanne Poirier quien debe escribir lo que su marido le dicta letra a letra para conseguir
alguna colaboración en prensa o, incluso, para escribir cartas a los amigos. Sin embargo,
Helena Rosa.
Otro desajuste se produce con la estación del año. Algo similar, aunque no tan
extendido como la confusión de que el bohemio era malagueño, ocurre con la fecha de su
muerte. Dictino Álvarez la situaba en verano: “A primeros de agosto de 1909 moría […]”
(1963: 70), cuando lo cierto es que fue el 3 de marzo de ese año. Juan Manuel de Prada
sabemos si vuelve a caer en una típica confusión o, simplemente, forma parte de la novela
y la tormenta dramatiza aún más el panorama. Por supuesto, hay tormenta porque hay
515
claraboya, y hay claraboya porque hay buhardilla, y hay buhardilla porque hubiera sido
plausible que Sawa muriera así, alimentando su leyenda. Pero como en la realidad no
hubo ni callejón, ni buhardilla, ni claraboya, no importa que sea verano y caiga una
tormenta. Aquí, como tantas veces hemos repetido, interesa más por qué se ha novelado
barojiana, es decir, con desprecio e ironía, que vienen a expresar sus respetos ante el
muerto. Entre ellos destaca Ernesto Bark197, quien encarna idéntico papel que Basilio
197
Dado que Juan Manuel de Prada no cambia los nombres por otros inventados, sino que utiliza a los
propios escritores que rodeaban a Alejandro Sawa para hacerles personajes que intervienen en el pasaje del
velatorio, aquí aparecen Ernesto Bark, Enrique Cornuty o Emilio Carrère, quienes pertenecían al círculo
más íntimo del sevillano.
516
—¿Y qué hace, entonces? ¿Dormir la siesta?
Gálvez, que había leído las narraciones de Poe, en traducción de
Baudelaire, dijo:
—Tal vez nos hallemos ante un caso de catalepsia...—Eso, eso,
catalepsia —corroboró Ernesto Bark, dando un puñetazo al aire—.
Desde que entré aquí tuve ese presentimiento. Vamos a despertarlo
ahora mismo.
La noche añadía al cadáver de Alejandro Sawa una belleza meridional,
casi arábiga. La tormenta aniquilaba los contornos de las cosas y
arrojaba una metralla líquida que nos hacía viejos y pesimistas. Bark
agarró el cadáver de Sawa por las solapas de la chaqueta y lo zamarreó
con violencia, despeinándole la melena (Prada, 1996: 69 y ss).
Es evidente que la similitud no es casual, sino que el autor tiene en cuenta las dos
obras precedentes que trataron este asunto. Sin embargo, y confirmando aquello de que
Las máscaras del héroe se sitúa en la línea valleinclanesca, de Prada esperpentiza aún
más la escena cuando Bark zarandea al fallecido cogiéndolo de las solapas. Igualmente,
mantiene a Bark los estudios de medicina que Luces de bohemia atribuye a Soulinake. Ya
vimos, oportunamente, al analizar a aquel personaje, así como al ruso Ofkin de Aurora
roja, la gran confusión que suscitaba el origen de Bark. En este caso, aparece como
polaco, otras como ruso, incluso hemos visto que como eslavo… Pero, siempre es del
establece que Bark encabezaba la panda de “[…] miembros o cofrades de una especie de
sociedad cooperativa que Alejandro Sawa había acaudillado hasta su muerte” (Prada,
1996: 69). Y esta sociedad cooperativa es la Hermandad del Cenáculo del que Ernesto
Bark hablaba en La Santa Bohemia, en la que iban a contribuir entre los propios
expectación han causado en la realidad y en la ficción. Por un lado, el clavo que perforó
517
la sien de Sawa ya fallecido. La prueba del espejo para comprobar que no era un caso de
catalepsia también se recoge en esta novela, pero aquí la hace Emilio Carrère, siendo que
dedos del cadáver con un fósforo como se hace con Max Estrella y Rafael Villasús, pero
con idéntica función, aquí se opta por verter cera caliente sobre la herida:
de Victor Hugo. Si bien el caso del clavo parece real y tan solo se reitera con
en esta ficción y apuntar que circulaba el mito de que no se había lavado la cara más para
518
no borrar las huellas de los labios de Victor Hugo es, cuanto menos, literario y
líneas de esta investigación: Enrique Cornuty. Junto con Ernesto Bark, diríamos que son
los más enigmáticos compañeros del bohemio. Al igual que ocurría en Aurora roja, donde
el ruso y el francés son los reflejos de Bark y Cornuty, respectivamente, en este pasaje
ambos literatos tienen una intervención principal porque son característicos en la vida de
Alejandro Sawa. Sin embargo, en las listas de los asistentes al velatorio sí figuraba Bark,
cosa que no hacía Cornuty quien, posiblemente ya habría regresado a París. Así, se vuelve
francés. Luis Ruiz Contreras, contradiciendo aquella fama de gorrón que acompaña a
Sawa, en sus Memorias de un desmemoriado decía que: “Precisamente fue Sawa para
Cornuty algo más que un precursor verlainiano: fue su providencia; porque al verle por
519
completo desamparado, le acogió en su mísero desván. Alejandro Sawa era generoso en
En Las máscaras del héroe también se crea otra ficción en relación con Cornuty:
que le acompañaba el perro de Sawa. Ese perro negro grande que se llamaba Bel Ami y
que era recordado por Emilio Carrère: “entraba en el café Colonial acompañado de dos o
tres perros. Su preferido era un terranova negro que se llamaba «Bel Ami», como el
personaje de Maupassant” (1946), en Las máscaras del héroe aparece de este modo:
de negro entero, se opta por motearlo, de tal modo que parezca un perro sin raza, fruto de
diversos cruces. El papel del can es idéntico al del perro de otra de las esperpénticas
leyendas que acompañan a la muerte de Sawa: el perro que saltó por encima del ataúd.
En este caso el perro le lame la herida. Pero, lo más curioso es que acompaña a Enrique
Cornuty y es el francés quien se arrodilla llorando ante el muerto gritando que era su
amigo y que nunca habría otro como él. Esta escena es, sin lugar a duda, la equivalente a
la del viejo de melenas que se echa sobre Villasús y a la intervención de Don Latino
520
llorando ante Max Estrella, pues hay que recordar que al ruin compañero del protagonista
Dorio de Gádex, es decir, Antonio Rey Moliné, quien también aparece en Luces de
bohemia como el líder de los bohemios que formaban el “Epígono del Parnaso
Modernista” (Valle-Inclán, 1987: 83). En este caso se hace pasar por hijo de Valle-Inclán:
Esto es así porque, en la realidad, Dorio de Gádex “tenía la manía de hacerse pasar
Para acabar el análisis de aquello que la novela de Juan Manuel de Prada tiene que
la actitud de Valle-Inclán y Pío Baroja. Ya se ha dicho que el autor los selecciona por ser
los dos escritores que previamente habían contado una escena similar en sus obras, y
también se ha visto que Valle-Inclán disfrutaba de una posición económica poco acorde
a la propia del estilo de vida de sus compañeros de salidas. Es más, el escritor gallego sí
y de su buena posición social. Del mismo modo, el vasco también tuvo lugar; sin
embargo, Baroja nunca quiso ser de la panda de los bohemios que, según sus
convicciones, llevaban una vida disoluta. De este modo, ambos tienen una fama de
521
señoritos superiores en la estratificación social que llevan a estos irónicos comentarios
A modo de síntesis, podemos decir que esta novela es literatura hecha de literatura,
que Sawa no es Sawa, sino Villasús y Max Estrella, que sus personajes ya estaban
mitificados antes y que esta técnica tiene éxito gracias al distanciamiento temporal.
Terminamos, a propósito de esto, con una cita de Pérez Bowie sobre lo que es la obra Las
522
4.2. Alejandro Sawa y la Santa Bohemia, de Juan Diego Fernández:
ha dicho y se ha estudiado con más profundidad y rigor científico. Sin embargo, tiene
interés desde el punto de vista de que Alejandro Sawa aparece como personaje y aquí
La obra en sí, es decir, el texto pensado para ser recitado a modo de lectura
dramatizada no ocupa más de cuarenta páginas. Tan solo hay dos personajes como tal que
Personajes
la obra simplemente nos cuenta la vida de Alejandro Sawa con fragmentos de sus obras
que causó en su momento, la literatura a la que ha dado y el debate que ha habido sobre
el modo de trasladarla a la ficción. De hecho, dice la voz del narrador “el velatorio a la
2009: 74). Después, de un modo bastante escueto, cita dos textos de Luces de bohemia y
respectivamente (Fernández Rosado, 2009: 75). Sin embargo, creemos que también sigue
ese orden porque se guía por el libro de Allen Phillips, Alejandro Sawa. Mito y realidad,
para seguir los episodios de su vida. Dejando de lado el análisis de la obra de escritor por
La muerte de Alejandro Sawa, Capítulo II: Los primeros años: de Andalucía a Madrid
etapa: Otra vez en Madrid (1896-1909) (Phillips, 1976). De hecho, en la escena final,
trinidad por la que juraban los bohemios, el narrador dice que Alejandro está entre la
realidad y el mito: “Arte, Justicia y Acción. Los tres baluartes de la Santa Bohemia y un
ejemplo a seguir. Alejandro Sawa, entre la realidad y el mito” (Fernández Rosado, 2009:
105).
En cuanto a los textos de los que extrae los diálogos, encontramos, principalmente,
524
Este personaje también recurre a textos que ya hemos comentado de Bark, Iglesias
Poco más habría que añadir, salvo que la elección de los fragmentos está hecha a
conciencia y pueden resultar ingeniosos y bastante apropiados, dando una muestra muy
personaje sin pasar por un proceso en sí mismo de creación literaria, pues las palabras
que el personaje de Alejandro Sawa reproduce en esta obra son sus propias palabras.
Si bien la obra en sí misma no tiene otro interés académico, creemos que el libro
dentro del que se presenta puede tener sentido, pero solo de cara a una mera difusión
divulgativa que puede acercar al lector aficionado a conocer a muy grandes rasgos a
Estrella. Esto es así porque el volumen incluye un prólogo, a cargo de Francisco Ortuño
Millán, titulado “Max Sawa, una «bida»”, en el que entremezcla a Sawa con el personaje
de Max Estrella y plantea un modo de adaptar Luces de bohemia para que fuera solo La
noche de Max Estrella, prescindiendo del resto del elenco (Ortuño, 2009: 13 y ss).
Posteriormente, aparece el Manifiesto “La Santa Bohemia” por Ernesto Bark (Germinal,
1913), que no es otra cosa que la reproducción del texto de Bark La Santa Bohemia, donde
aparece la idea del Cenáculo que ya hemos analizado. No se trata de una edición
filológica, sino de una mera transcripción, carente de valor y sentido para el mundo
académico, pues para leerlo sin más aportaciones existe el texto original de la primera
edición. Al final, se recoge en poco más de media página una breve reseña biográfica de
Ernesto Bark, la cual tampoco tiene autoría reflejada. El siguiente texto es el de la lectura
Sawa con un perro y una pipa (Fernández Rosado, 2009: 67), al estilo de la descripción
525
de Luis Bonafoux en “Sawa, su perro y su pipa” (1909) y puede que emulando aquellas
dibujo es de Ximena Rodríguez Ruiz (Fernández Rosado, 2009: 2) y con toda seguridad
se trata de una niña siguiendo las indicaciones y atendiendo a los rasgos que le
proporciona un adulto.
Detrás del texto teatral, viene una especie de ensayo, de Carlos Álvarez-Nóvoa,
que se llama “La Mala Estrella de Alejandro Sawa”, donde hace una comparativa a rasgos
generales de Alejandro Sawa con Max Estrella, sin aportar nada que no se haya dicho ya
comparación entre los velatorios de Max Estrella y Rafael Villasús, para llegar a concluir
“tengo la impresión de que Valle-Inclán quiere dejar claro que está contando la misma
historia -aunque, vuelvo a insistir, mucho mejor escrita- con los mismos datos pero
movido por algo muy distinto: aquellas lágrimas que derramó ante el cadáver de Sawa
son las que le mueven a rectificar en tono malintencionado y vengativo que Baroja utiliza”
(Álvarez-Nóvoa, 2009: 140), sin aportar una sola cita al debate que esto ya suscitó entre
los críticos.
conseguido localizar, si bien hemos visto la misma referencia otra vez en La Bohème
littéraire espagnole de la fin du XIXe au début du XXe siècle. Esa referencia es el artículo
2011: 509). Álvarez-Nóvoa transcribe parte de esa publicación y saca como conclusión
que la agonía de Sawa empezó en un hospital y que al día siguiente murió en su domicilio:
526
Alguien nos llevó aquí, junto a la cama de este hombre delirante. Hemos
formado un semicírculo sobre él. Se encuentra bien; sobre esta mirada
anciana cabalga la ironía, pero se siente bien […] Al día siguiente
volvimos y ya estaba muerto. Había fallecido en su casa; trasladado ante
la mejoría de este estertor alegre. Poco tiempo después llegaron sus
antiguos amigos de la bohemia. Pronto representaron la tragicomedia.
Uno de ellos insistió en que no estaba muerto, en que era preso de un
ataque de catalepsia. Ni muerto lo dejaban en paz. Al fin, dos empleados
de la funeraria lo sacaron de allí (Álvarez-Nóvoa, 2009: 135)198.
Si bien el dato del hospital es sumamente novedoso, para nosotros tiene más
importancia que sea un testimonio más del asunto de la catalepsia. Es cierto que no dice
quién fue el causante del revuelo, pero eso ya lo sabemos por la propia confesión de Bark,
sin embargo, viene a reforzar que el suceso ocurrió en la realidad y por eso apareció en
El libro concluye con un poema de Mauricio Gil Cano, que no ha tenido gran
198
Remitiendo al artículo de Javier del Amo.
527
Y el escritor caído,
ángel negro del abismo,
loco y ciego, canta
su antigua agonía
y es un desierto el mundo
para su afán de albatros.
Y muere como un cisne
iluminando la sombra.
(Gil Cano, 2009: 149).
No hay duda de que es una composición que recuerda al poema que, como epitafio
incluirlo en la lista que recoge Amelina Correa con todos los poemas dedicados a Sawa
Por último, debemos recalcar que, aunque este libro no sea una buena edición y
carezca de rigor académico, contiene un texto en el que aparece Sawa como personaje y,
quizás, aspire a ser una especie de juego de imitación de lo que se hizo respecto a la figura
de Sawa: obras en las que salía como protagonista, poemas a modo de epitafio por su
528
4.3. Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, de Pepe
inventados199
Con el sugerente título Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa,
Pepe Cervera escribió un libro al que es difícil encasillar en una tipología y al que el
propio escritor quiere llamar por su hiperónimo: “–¿También son relatos? –No. –Una
(Cervera, 2016: 12). Trasladándonos a una dimensión a caballo entre realidad y ficción,
vida de Sawa y los perfecciona con datos inventados, pero plausibles. Dado que este modo
de escribir nos desconcertó en un primer momento, concretamos con el autor una cita
durante la celebración de la Feria del Libro de Madrid 2016, en la que nos aclaró tanto
escritor por Amelina Correa Ramón, Vicente Gallego y Richard Cardwell. A partir de
ellos, Cervera ha ido entretejiendo realidad con invención, dando voz a un Alejandro
que el propio escritor se pone en la piel del narrador saltando de la primera a la tercera
199
Del análisis de esta obra extrajimos la reseña: Santiago Nogales, R. (2016). Reseña de Cervera, P. (2016).
Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa. Palencia: Menoscuarto. Diablotexto Digital. 1,
252-255. ISSN 2530-2337. La realizamos a petición de la Universidad de Valencia, que nos consideró
expertos en este tema.
529
y disertaciones sobre el bohemio, asistimos a las explicaciones que de él hace a su mujer
de principios de siglo, consiguiendo que nos adentremos, no solo en la vida personal del
bohemio maldito, sino en toda su época. Pero, incluso en ese trance, se oyen los ecos del
presente, donde la voz del autor reflexiona elocuentemente para después reconducir la
Una lectura que, cuando uno la acaba, tiene la sensación de haber formado parte del
debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa no se le entrega solo el resultado, sino
un modo distinto, despojando a las hojas del sensacionalismo que arrastran las más
cotidianos. Así, el tan reiterado, supuesto y a la vez tan incierto beso que Victor Hugo dio
a Sawa en la frente (o en los labios) que, para su conservación, el bohemio optó por no
530
desengaño con la evidencia. Pero esa anécdota no aparecerá en el libro
que me he propuesto escribir. No, en este libro no gastaré palabra
alguna para comentar el dudoso beso de Victor Hugo, ni tampoco si
Alejandro Sawa se lavó la cara o se la dejó de lavar (Cervera, 2016: 98).
del sepelio en la que un clavo hirió la sien del fallecido y se dudó de la efectiva muerte,
a un Alejandro Sawa de dieciséis años que vive en Málaga, a un Sawa compañero y amigo
de Joaquín Dicenta, a un novio que conoce al tío de su querida Jeanne Poirier o a unos
debiera ser más ordinario y menos sensacionalista. Descubrimos que Sawa sigue siendo
que bien podría ser de carne y hueso. Sin embargo, tratándose de los episodios más
verosímiles de todos los que hemos citado de todas las obras en las que Sawa aparece
como personaje o, al menos, existe algún personaje basado en él, es la que menos
conexiones tiene con la realidad. En todos los demás casos hemos encontrado puntos de
apoyo con la realidad: dinero prestado a Baroja, la duda de una catalepsia a causa de la
información sobre la inyección de morfina que tenía Bark, vivencias con Dicenta o
Cornuty… Incluso en las dos últimas obras analizadas, ya a finales del siglo XX y
principios del XXI, donde Sawa aparece como personaje con su propio nombre, guardan
una correspondencia con la realidad: de Prada crea un juego a partir de lo que escribieron
531
Baroja y Valle-Inclán, mientras que Juan Diego Fernández emplea para estructurar su
lectura dramatizada testimonios sobre Sawa y fragmentos de sus propias obras. Aquí, en
cambio, se rellenan los vacíos de su vida con datos inventados. Esto hace que la figura de
Sawa se rehumanice, pues, evitando los pasajes más sensacionalistas, pierde parte de su
leyenda. Pero, a la vez, deja de ser Alejandro Sawa, para convertirse en lo que podría
haber sido.
Muchos de los datos que ahí se reflejan no son ciertos, pero tampoco aspiran a ser
un engaño, sino que, simplemente, se desconocen los verídicos y, por eso, los que se
aportan son los hilvanes para presuponer qué podría haber sucedido, para filosofar y
Los trazos presupuestos están muy bien inventados, y dan sentido a esta ficción,
la cual resulta sumamente verosímil. Tan es así que la doctora Correa Ramón, biógrafa
del bohemio, tras leer Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa, preguntó
al autor de dónde había sacado ciertos datos que a ella no le constaban entre sus archivos,
y la respuesta de Pepe Cervera fue bien clara: “es que me los he inventado”200.
Como buena muestra de cómo se desarrolla este libro podemos citar el pasaje en
el que Sawa conoce a su mujer. Comienza en primera persona, haciéndose una pregunta:
“¿Qué ocurrió, pues entre enero de 1889, pongamos enero, por ejemplo, y enero de 1892?
¿Cómo llegaron a conocerse Sawa y Jeanne Poirier, dónde, en qué momento decidieron
compartir sus vidas? ¿Cuál fue la relación que mantuvieron durante esos tres años?”
(Cervera, 2016: 99-100). A continuación, el autor emplea la primera persona del singular
doctora Correa:
200
Nos lo contaba así Pepe Cervera en la conversación que tuvimos con él.
532
Amelina Correa Ramón, autora de la excelente biografía Alejandro
Sawa. Luces de bohemia, me cuenta que no existen detalles sobre esa
primera etapa. “Carecemos de los datos que necesitas en relación a
cómo conoció a Jeane Poirier”, me dice por correo electrónico. La
mayor parte de las noticias acerca de la relación amorosa entre ambos
procede del epistolario que han conservado sus descendientes, y está
correspondencia inicia justo del mes anterior al nacimiento de su hija
Helena Rosa, el 16 de noviembre de 1892.
Lamentablemente ese es un periodo vacío en la vida de Alejandro Sawa.
Cuánto hubiera ayudado que existiese un diario del propio escritor […]
(Cervera, 2016: 100).
persona y nos cuenta una biografía de Jeanne Poirier: “Jeanne Victoria Poirier Mercier
nace el cuatro de marzo…” (Cervera, 2016: 100). A lo largo de siete páginas conocemos
su infancia y su adolescencia, hasta que “llega a París para instalarse en casa de su tío
Vincent” (Cervera, 2016: 107). Así, el escritor prepara el terreno para inventarse cómo
fue el encuentro entre Jeanne y Sawa: “la primera vez que Jeanne Poirier puso la vista en
Alejandro Sawa, cuando aún no sabía que era Alejandro Sawa, fue aquella primavera de
Para dar verosimilitud al texto, incluye posibles diálogos. Después, Sawa conoce
al tío de Jeanne, cosa que también sería posible si ella hubiera vivido con su tío. Entre
medias, el escritor va emitiendo juicios, de modo que las historias están constantemente
Parece que Cervera quiere mezclar vida y literatura. Además de mezclar su propia
vida contándonos cómo fue investigando y descubriendo los hechos, también mezcla la
533
vida real de Sawa, pues no hay que perder de vista que parte siempre de datos verídicos
pretende. Como él mismo dice: “dos materias fundidas como se funde el magma para
cristalizar en roca volcánica” (2016: 164). Y eso es lo que ha escrito: un libro. Ni una
investigación, ni una novela, ni una biografía, ni una autobiografía, sino una mezcla de
todas ellas.
capítulos del libro y, a su vez, con una clasificación, a grandes rasgos, de las etapas de la
vida de Alejandro Sawa: Alejandro Sawa de niño; Alejandro Sawa se despide de Málaga;
Alejandro Sawa, el viaje; Alejandro Sawa en Madrid; Alejandro Sawa en la capital del
mundo; Alejandro Sawa y una dama española; Alejandro Sawa: Alex unas veces y “my
darling” otras; Alejandro Sawa y José María Gascón; Alejandro Sawa, un héroe en su
tumba.
Por otro lado, el propio escritor también se convierte en personaje porque narra en
primera persona cómo fue su descubrimiento de Alejandro Sawa, por lo que la autoficción
también entra en juego. De hecho, al final, nos cuenta cómo el escritorio se queda vacío,
los materiales recopilados durante años los guarda en una caja y “ahí, al alcance de la
mano, hay un libro sobre Alejandro Sawa, ahí mismo, sí, y alguien debería escribirlo”
(Cervera, 2016: 185), cuando quien lo ha escrito es el mismo y se corresponde con el libro
hay dudas, pues, en este caso, el autor lo cuenta en un prólogo titulado “No recuerdo
cuándo…”: “el atractivo que me suscita Alejandro Sawa «hombre» está muy por encima
534
de la importancia que se le pueda atribuir como escritor” (Cervera, 2016: 15). Le interesa
Para nuestra investigación no es un libro muy interesante porque los datos reales
se plasman tal cual en la obra y, desde el primer momento, ya conocemos las intenciones
del autor y de dónde ha sacado los datos. Las partes inventadas no guardan relación alguna
con ningún hecho concreto, por lo que la comparación y la interpretación quedan fuera
de juego. Sin embargo, es importante incluirlo aquí porque parte de hechos reales,
demostrando que los hechos reales de Sawa también son atractivos para una obra de
ficción; y porque Sawa vuelve a ser personaje. El último personaje, hasta el momento,
535
536
CONCLUSIONES
537
538
Después del desarrollo de todos nuestros argumentos y de la pertinente discusión
En primer lugar, ha quedado demostrado que Alejandro Sawa tuvo relación con
la masonería, como se desprende no solo de las relaciones con sus contemporáneos, sino
también del empleo del binomio luz-oscuridad en sus obras y del uso de cierta
terminología que no podría conocer de otro modo. Es cierto que no hemos encontrado un
motivo de descarte.
esta organización la conocía sobradamente y simpatizaba con ella. Hemos visto que la
terminología en clave de luces y sombras la emplea de igual modo que los masones; que
se refiere al Zodiaco como su techo, idéntico al de las logias; que se refiere al Oriente y
al Sol como fuentes de la sabiduría, empleando estas metáforas en el mismo sentido que
las usa la masonería; se autodenomina águila, al igual que lo llama así Rubén Darío, y
este animal es empleado por Juan Gris en su exlibris, siendo que el águila es el símbolo
de los iniciados que han contemplado la luz, pues el águila es el único ave capaz de mirar
de frente al Sol. Aunque Juan Gris se iniciase en una logia en París muchos años después,
encontramos en aquella sentencia en la que decía que había que la humanidad se tenía
que emancipar de su “eterno Oriente”. Recordemos que esta expresión es la empleada por
los masones para hablar de la muerte. Si bien otros términos pueden ser más ambiguos,
pues a cualquiera se nos ocurriría hablar del progreso en términos de luz o emplear el
abrazo fraternal por considerar a alguien tan allegado como nuestro hermano, siendo que,
además, existen más organizaciones en las que los integrantes se llaman entre ellos
539
este descubrimiento hemos podido establecer un hilo conductor que explica la ideología
de Sawa y cómo esta se mantiene igual a lo largo de toda su trayectoria, tanto personal
como literaria.
persona práctica en la vida, lo que le hizo morir en la más absoluta pobreza. Como
contraposición, tenemos a Rubén Darío quien, en la carta que hemos rescatado, reconoce
que se hizo masón por conveniencia. También hemos averiguado muchos datos de la
relación epistolar Sawa-Darío gracias a las cartas originales, a la carta que hemos
Sawa. Gracias a él, hemos podido averiguar que intentó importar un modelo francés de
rito iniciático para sus integrantes. La otra gran aportación de Bark es la confesión sobre
el suicidio de Sawa con una inyección de morfina con una dosis superior a la que su mujer
le administraba para paliar los dolores de la encefalitis. Esto le llevó al periodista estonio
a dudar de la efectiva muerte, pensando que podía tratarse de una catalepsia, de ahí que
pidiese a los sepultureros que se esperasen más tiempo. Esta averiguación es de suma
de la ciencia, en Luces de bohemia y en Las máscaras del héroe. Por lo tanto, no solo la
vida de Sawa, sino también su muerte fue lo suficientemente llamativa como para llevarla
a la literatura. Sin olvidar que su muerte también ocupó las portadas de los diarios más
importantes de Madrid.
540
Enlazado con lo anterior está nuestra segunda hipótesis, que también se ha
cumplido. Existen muchos personajes basados en Alejandro Sawa y sus acciones son el
reflejo de hechos reales. Además, estos personajes proliferan en los últimos años de vida
de Sawa, después de su muerte y en las últimas décadas, coincidiendo con su rescate como
escritor, existiendo un gran vacío en medio. Es más, mientras que en la literatura que
escriben sus contemporáneos Sawa aparece con otros nombres, en las tres últimas obras,
de 1996, 2009 y 2016, los autores quieren que se llame Alejandro Sawa para dejar
constancia de que es él abiertamente, pues lo consideran tan atractivo como para escribir
A pesar de que Max Estrella y Rafael Villasús seguirán siendo los personajes más
famosos y aunque hayan sido objeto de debate en numerosas ocasiones, creemos que
Por otro lado y por primer vez, hemos conseguido reunir a todos los personajes de
los que se ha dicho que era Alejandro Sawa y los hemos analizado a la luz de los sucesos
verídicos. De este modo, hemos extraído algunas conclusiones tan importantes como que
la deuda de Rubén Darío está escondida en Luces de bohemia, así como la supuesta
recuperación de la vista del protagonista o que los nombres de su mujer y su hija son los
tenido que rechazar la identificación, pero hemos conseguido establecer alguna conexión
con su entorno.
En cuanto al entorno, más allá de su círculo íntimo, también tenemos algo que
541
aquella época, estaba muy presente en la vida intelectual y se relacionaban con ella
literatos, políticos, médicos, profesores y toda una serie de profesionales liberales. Lo que
nos sorprende es que esto no se suela tener en cuenta en los estudios que tratan sobre la
ideología de los liberales finiseculares que anticiparon los comienzos del siglo XX en
aparece en todas las demás categorías. Todas las personalidades que hemos tratado en
este estudio tenían que conocer la masonería a la fuerza, hasta aquellos que la criticaban,
como Pío Baroja, o que no se relacionaron directamente con ella, como Benito Pérez
republicano y defensora de las mismas ideas, se encontraban masones, como hemos visto
las tinieblas el atraso, la corrupción y los vicios. Por eso, El Pontificado y Pío IX no es
influido por el seminario en el que estudió, Sawa alaba a Pío IX tras su muerte y lo
identifica con el progreso y, por lo tanto, con la luz. En el otro lado, se sitúan las tinieblas
mismos términos, por lo que se demuestra que no era un anticlerical convencido, sino que
estaba en contra de que la Iglesia no cumpliese con el mandato de Cristo y contra los
542
curas corruptos y viciosos. Este desengaño es el que le lleva a presentar a sacerdotes que
proceden de las sombras en sus obras naturalistas, como es el caso de Criadero de curas.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que anticlerical no es sinónimo de ateo, pues ya
a Dios.
aportaciones las que aquí sintetizamos, debemos ser realistas y reconocer las limitaciones
de esta investigación. En primer lugar, existe la gran dificultad que conlleva estudiar la
masonería por la discreción de esta organización. Hoy en día no se declaran una sociedad
secreta, pero sí discreta que, además, no hacen ningún tipo de propaganda o promoción.
Algunos de sus símbolos sí son conocidos y los hemos podido estudiar en ciertas
publicaciones, otros nos los han explicado los masones con los que hemos tratado, pero
existen infinidad de secretos que son solo revelados a los que se han iniciado. Además,
existe otra simbología que van descubriendo progresivamente según ascienden de grado.
Si bien todo esto es parte del funcionamiento de la organización, debemos asumir que es
casi imposible de determinar con toda exactitud mediante la aparición de sus nombres en
listas. Este problema existe en España a causa de la prohibición de la masonería que hubo
han estado sistematizados los registros, ni existen listas oficiales y porque los masones
suelen utilizar otros nombres durante sus tenidas; estos pseudónimos suelen ser
simbólicos y acostumbran a corresponderse con algún personaje que encarna los valores
que cierto masón quiere fomentar, lo que hace más difícil aún su identificación. En otros
países, como en Francia, que es el lugar donde hemos tenido la oportunidad de conocer
543
esta sociedad de un modo más abierto, pues la masonería está más extendida y no ha
sufrido represión, las limitaciones también existen. Los registros publicados por la Gran
Oriente de Francia son fiables a partir de 1940. Las listas oficiales se comenzaron a
exclusión directa.
masón no es masónica, de modo que no se puede estudiar como tal. Para poder determinar
como las que aquí hemos empleado. Hay que recurrir a su vida personal y las relaciones
con sus contemporáneos, así como rastrear si emplea ciertos términos y presenta una
interpretación, pero también es una posible nueva vía de investigación: analizar con estos
criterios a otros escritores. Asimismo, existen previsiones para el futuro que parten de
Sin embargo, puesto que tenemos bastante material recopilado y tienen relación con
feminismo en Alejandro Sawa y otros temas que son de plena actualidad como la
abusos…
Entre nuestros proyectos futuros también se encuentra dar forma de libro a esta
tesis, al menos a la parte dedicada a los personajes que se han identificado con Alejandro
544
Sawa y quizás, sería interesante analizarlos también desde el punto de vista de la
narratología.
finisecular a la que perteneció Sawa, a aquella “Gente Nueva” que abrió el camino para
la gran eclosión del modernismo y la generación del 98 y que no logró calar en la Historia
de la Literatura. Aquellos jóvenes con ideas nuevas, defensores del progreso y la libertad,
distinciones entre las implicaciones de cada categoría, deben seguir siendo estudiados,
llevan a cabo una importante labor de rescate y visibilidad. Personalmente, nos parecen
tan atractivos los márgenes del canon porque siempre nos descubren algo nuevo que
de primera fila, pues ya hemos visto que Ramón del Valle-Inclán, Pío Baroja o Rubén
Darío han sido fundamentales para esta investigación, lo que nos demuestra que la
literatura debe ser estudiada en su contexto para que se puedan establecer relaciones,
comparaciones y, sobre todo, para tener una visión más amplia y completa.
545
546
CONCLUSIONS201
201
Escribimos las conclusiones también en inglés para optar al Doctorado con Mención Internacional.
547
548
After the development of all our arguments and the relevant discussion of each of
In the first place, it has been shown that Alejandro Sawa had a relationship with
Freemasonry, as can be seen not only from his relations with his contemporaries, but also
from the use of the light-and-darkness binomial in his works and the use of certain
terminology that he could not have learnt elsewhere. It is true that we have not found a
document where his initiation into Freemasonry appears, but we have already seen that
In any case, even if Sawa was not initiated, it is clear that he knew the symbology
of this organisation well and sympathised with it. We have seen that the terminology
relating to light and shadow was used in the same way as the Masons used it; that the
Zodiac was referred to as a ceiling, identical to that of the lodges; that the East and the
Sun were referred to as sources of wisdom, with these metaphors being used in the same
way that Masonry uses them; that he calls himself an eagle, just as Rubén Darío calls him,
and this animal is used by Juan Gris in his ex libris, with the eagle being the symbol of
the initiates who have contemplated the light, as the eagle is the only bird capable of
looking at the sun. Although Juan Gris was initiated into a lodge in Paris many years later,
it is obvious that he also knew the symbology. Now the definitive proof is found in that
sentence in which he said that humanity had to be awakened from its “Eternal East”.
Remember that this expression is used by the freemasons to talk about death. Although
other terms may be more ambiguous, since it could occur to anyone to speak of progress
in terms of light or to use the fraternal embrace to consider someone to be as close as our
brother (as there are many other organisations in which the members call each other
brothers); no one outside Freemasonry would use the expression “Eternal East”. Thanks
549
to this discovery, we have been able to establish a guiding thread that explains Sawa’s
ideology and how it stays the same throughout his life, both personal and literary.
Sawa’s problem was that he took his idealism too far and was not a practical
person in life, which caused him to die in absolute poverty. In contrast, we have Rubén
Darío who, in the letter we have recovered, acknowledges that he became a Mason for
convenience sake. We have also found out many facts about the Sawa-Darío epistolary
relationship thanks to the original letters, the letter that we have supported that it is the
first of the epistolary and the testimony of Prudencio Iglesias Hermida, who also became
Ernesto Bark’s testimony has given us a great deal concerning Sawa’s thinking.
Thanks to him, we have been able to find out that he tried to import a French model of
literary round table, specifically that of La Plume of Le Soleil d’Or and that, in addition,
he added an initiatory rite for its members. Bark’s other great contribution is the
confession concerning Sawa's suicide by an injection of morphine with a higher dose than
his wife administered to alleviate the pain of encephalitis. This led the Estonian journalist
to doubt his actual death, thinking that it could be catalepsy, and so asking the
gravediggers to wait longer. This inquiry is of the utmost importance because the issue of
bohemia and in Las máscaras del héroe. Therefore, not only Sawa's life, but also his death
was striking enough to be a part of literature, not forgetting that his death also filled the
Linked to the above is our second hypothesis, which has also been met. There are
many characters based on Alejandro Sawa and their actions are the reflection of real
events. In addition, these characters proliferate in the last years of Sawa’s life, after his
550
death and in recent decades, coinciding with his recovery as a writer, but with a great gap
in between. Moreover, in the literature written by his contemporaries Sawa appears under
other names, while in the last three works from 1996, 2009 and 2016 the authors name
Alejandro Sawa in order to record openly that it is him, since he is considered just as
appealing to write about both at the end of the 20th century and in the 21st century.
Despite the fact that Max Estrella and Rafael Villasús will continue to be the most
famous characters and although they have been the subject of debate on numerous
occasions, we believe that we have contributed some things of interest concerning them.
Not only the issue of catalepsy in its correspondence with reality, but also the Masonic
On the other hand and for the first time, we have managed to gather all the
characters that Alejandro Sawa was said to have been and we have analysed them in the
light of the true events. As such we have drawn some important conclusions such as that
Rubén Darío’s debt is hidden in Luces de bohemia, as well as the supposed recovery of
sight of the protagonist or the names of his wife and daughter, that are the same names of
the writer Colette and his character Claudine. On other occasions, however, we had to
environment.
As for the environment, beyond his intimate circle, we also have something to say
and which emerges in the form of other secondary contributions. Freemasonry, at that
time, was very present in intellectual life and writers, politicians, doctors, professors and
a whole range of liberal professionals were related with it. What surprises us is that this
is not usually taken into account in studies dealing with the ideology of turn-of-the-
century liberals who anticipated the early twentieth century in defence of new values,
551
such as freedom, progress, education or philanthropy. There was no ideological
in all other categories. All the people that we have looked at in this study had to be
acquainted with freemasonry, even those who criticised it, such as Pío Baroja, or who did
not relate directly to it, such as Benito Pérez Galdós, who showed his knowledge in one
There were freemasons even at the head of a certain non-Masonic press, albeit one
of a liberal and republican nature and which defended the same ideas, as we have seen in
the case of El Motín. These ideas constitute the common denominator of the personalities
whether we move in the realm of reality, or pass through fiction, Sawa always puts the
focus of light on freedom, vitalism and progress, and identifies backwardness, corruption
and vice with darkness. Therefore, El Pontificado y Pío IX is no exception in his career
and deserved a review. At that time, influenced by the seminary in which he studied, Sawa
praises Pius IX after his death and identifies him with progress and, therefore, with the
light. On the other side, the darkness of ignorance is found. Later, when he speaks of Pius
X in a chronicle he does so in the same terms, so it can be seen that he was not a convinced
anticlerical, but was against the Church not fulfilling the mandate of Christ and against
corrupt and vicious priests. This disappointment is what leads him to feature priests who
come from the shadows in his naturalistic works, as is the case of Criadero de curas.
However, we must bear in mind that anticlerical is not synonymous with atheist, since we
references to God.
552
While we are satisfied with our findings and consider these contributions to be
decent, we must be realistic and recognise the limitations of this investigation. First, there
is the great difficulty involved in studying Masonry, due to the guardedness of this
organization. Today they are not said to be a secret society, but they are discreet in that
they do not undertake any kind of propaganda or promotion. Some of their symbols are
known and we have been able to study them in certain publications. Others have been
explained to us by the Freemasons with whom we have dealt, but there are countless
secrets that are only revealed to those who have been initiated. In addition, there is another
symbology that they gradually discover as they rise in the organisation. While all this is
part of the operation of the organisation, we must assume that it is a limitation for
research.
records. This problem exists in Spain because of the prohibition of Freemasonry that
existed during the Franco regime, because of the amount of documents that were
destroyed; because the records have never been systematised, nor are there official lists;
and because the Freemasons often use other names during their meetings. These
pseudonyms are usually symbolic and tend to correspond with a character that embodies
the values that a certain Mason wants to promote, which makes identification even more
difficult. Limitations also exist in other countries such as France, which is where we have
had the opportunity to get to know this society in a more open way since Freemasonry is
more widespread there and has not suffered any repression. The records published by the
Grand Orient de France are reliable from 1940 onwards. The official lists began to be
developed after World War II. Therefore, not finding a name does not imply direct
exclusion.
553
Focusing on the case of the writers, remember that the literary work of a Mason
Freemason, other research paths will have to be followed, such as those we have used
here. Their personal life and relationships with their contemporaries need to be looked at,
as well as if they use certain terms and present a certain ideology in any of their writings.
It is true that the above entails difficulties and problems of methodology and
interpretation, but it is also a possible new line of research: analysing other writers with
these criteria. There are also forecasts for the future that start from this research. As we
said at the beginning, some elements were left out because they lengthened the
investigation excessively and distorted it. However, since we have a considerable amount
of material related to some aspects already studied, we intend to issue some publications
that deal with feminism in Alejandro Sawa and other topics that are fully current, such as
family decline, abortion, euthanasia, prostitution, corruption, and abuse, among others.
Among our future projects is also to print this thesis as a book, at least the part
dedicated to the characters who have been identified with Alejandro Sawa, and it would
perhaps be interesting to analyse them from the point of view of narratology as well.
generation to which Sawa belonged, that “New People” that opened the way for the great
hatching of Modernism and the Generation of '98, but which failed to impress the History
of Literature. Those young people with new ideas, defenders of progress and freedom,
continuing the example of researchers like Amelina Correa or Dolores Thion, who carry
out important recovery and visibility work. Personally, the margins of the canon seem so
554
attractive to us because they always reveal something new that substantially enriches the
known landscape and opens up new avenues of research. Furthermore, the lesser known
authors are not in a separate space from those in the first row, since we have already seen
that Ramón del Valle-Inclán, Pío Baroja or Rubén Darío have been fundamental for this
research, which shows us that literature should be studied in context so that relationships
and comparisons can be established and, above all, for a broader and more complete
picture.
555
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582
ANEXOS
Anexo I: Epistolarios
583
1. Carta que hemos descubierto en la que Rubén Darío confiesa que no le interesan “ni el mandil
ni la casulla”. (Doc. 259. Archivo Rubén Darío. UCM).
584
585
2. Carta del 14 de julio de 1908, en la que Alejandro Sawa le reclama a Darío un pago por los
artículos que le escribió para La Nación de Buenos Aires, que aparecieron firmados por Darío.
El tono cordial se ha perdido por completo, le detalla cuáles son esos trabajos y echa cuentas de
lo que se le debe. En el margen superior izquierdo aparece “Con-Verbal”, que demuestra que la
contestación de Darío fue de palabra. La letra no es la de Sawa porque ya estaba ciego, pero sí
es su firma.
(Doc. 2016. Archivo Rubén Darío. UCM).
586
587
588
589
3. Carta que hemos descubierto en la que Sawa propone a Darío formalizar el contrato
por el que Sawa escribe artículos para Darío. La fechamos en 1905, antes de abril.
(Archivo del escritor Rubén Darío. Biblioteca Digital de Chile).
590
4. Encabezados de misivas que envió Rubén Darío durante el mes de julio de 1908. Se puede
comprobar que las mismas fechas se corresponden con Madrid y Asturias a la vez.
(Archivo Rubén Darío. UCM).
591
5. Aunque no figura fecha, es evidente que es del 3 de marzo de 1909. Esta carta es enviada por
Valle-Inclán a Rubén Darío, tras haberse personado en su casa sin obtener respuesta. Darío no
había asistido ni al velatorio ni al entierro de Sawa. Ese “algo podríamos hacer” se refiere a
publicar Iluminaciones en la sombra. En la última página dice que “quería matarse”.
(Doc. 2016. Archivo Rubén Darío. UCM).
592
Anexo II: Ilustraciones
1. Arriba, placa colocada en la calle San Pedro Mártir de Sevilla, donde nació Alejandro Sawa.
Abajo, placa colocada en la calle Conde Duque de Madrid, donde murió. En la de arriba solo se
habla del escritor, mientras que en la de abajo se relaciona con Max Estrella. (Fotografías
propias).
593
2. A la derecha, portada de la Constitución de Anderson (1723) traducida al castellano,
conservado en el Archivo de la Masonería de Salamanca (Fotografía propia). A la
derecha, portada del Diccionario Enciclopédico de la Masonería (1883)
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
594
4. Imagen de Manuel Ruiz Zorrilla en el
Diccionario Enciclopédico de la Masonería (1883).
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
5. La Luna y el Sol a cada lado del sitio de Gran Maestre, representando la noche y el día, la
oscuridad y la luz. Gran Logia de España. (Fotografía propia).
595
6. Portada de De mi museo y retrato de Alejandro Sawa (1909: 89). Única fotografía del libro
de Prudencio Iglesias Hermida. (Archivo propio).
596
8. Bóveda de la Gran Logia de España en la actualidad. Es azul y tiene pintado el Zodiaco.
(Fotografía propia).
9. Emblema del grado 33º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Se trata del águila bicéfala. De
izquierda a derecha: Diccionario Enciclopédico de la Masonería 1883: lámina 18 (Hemeroteca
Digital. Biblioteca Nacional de España); emblema masónico del Archivo de Masonería de
Salamanca (Fotografía propia); cuadro con el águila bicéfala que adorna la logia simulada del
Archivo de la Masonería de Salamanca, donde se ve también la bóveda azul con las estrellas y
la divisa masónica “Libertad, Igualdad, Fraternidad” (Fotografía propia).
597
10. Retrato de Alejandro Sawa publicado en el Heraldo de Madrid, el 26 de abril de 1927: 9.
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional).
11. A la izquierda, suelo de baldosas blancas y negras, las tres columnas que simbolizan la
Sabiduría, La Fortaleza y la Belleza y las piedras que representan a cada ser humano que se
tienen que pulir. A la derecha, una de las columnas J y B, adornada con granadas y motivos
vegetales, como flores de lis enroscadas. Gran Logia de España. (Fotografías propias).
598
12. Exlibris de Antonio Machado, Rubén Darío y Alejandro Sawa realizados por Juan Gris.
(Renacimiento Latino, 1905).
599
14. Emblema del Caballero Rosacruz grado 18º. El pelícano hembra es símbolo de entrega
porque se abre el vientre para dar de comer a sus crías alimentándolas con su propio organismo.
Arriba a la izquierda, emblema con el pelícano del Musée de la Franc-maçonnerie. Grand Orient
de France (Fotografía propia); arriba a la derecha, emblema similar del Archivo Masónico de
Salamanca (Fotografía propia); abajo a la izquierda, cuadro decorativo de la logia simulada del
Archivo Masónico de Salamanca (Fotografía propia); abajo a la derecha, mandil masón
decorado con el pelícano, conservado en el Archivo Masónico de Salamanca
(Fotografía propia).
600
15. La Libertad personificada en una mujer que guía al pueblo, en el primer número de
Germinal (30 de abril de 1897) (Biblioteca Virtual de Prensa Histórica) y la Masonería
personificada en una mujer que alumbra al mundo, en una lámina del Diccionario
Enciclopédico de la Masonería (1883). (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
16. Arriba, ilustración que acompaña a La sombra de Verlaine, La Esfera (18 de abril de 1914).
Abajo, de izquierda a derecha: caricatura de Sawa en la revista Don Quijote (14 de febrero de
1902), caricatura de Alejandro Sawa en la portada de El Cuento Semanal: Historia de una reina
(3 de mayo de 1907) y detalle de la ilustración de La Esfera, que se asemeja a los otros dibujos.
(Archivo propio).
601
602
Anexo III: Prensa
1. Portada del Boletín Oficial del Grande Oriente Español (27 de enero de 1908), donde aparece
la divisa masónica “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
2. Ejemplo de un escrito de Miguel Morayta en Soberana Gran Logia del Gran Oriente de
España, (8 de febrero de 1888: 16), donde se puede comprobar que los masones se despiden
con “un abrazo fraternal”. (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
603
3. Solicitud de ingreso en la masonería de Prudencio Iglesias Hermida. Boletín del Grande
Oriente Español (1912: 49). (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
604
5. Ejemplo de intervención de Joaquín Dicenta (hijo) en un boletín masónico. Versos de “El
corazón viajero”, Latomia, vol. II. Logia Unión (Madrid), 1933, 184. (Hemeroteca Digital.
Biblioteca Nacional de España).
6. Rien, P. (10 de octubre de 1920), “La ceguera de Alejandro Sawa”, El Defensor de Granada.
(Biblioteca Virtual de Prensa Histórica).
605
7. Ejemplo de anuncio de una novela de Sawa que ha puesto a la venta El Motín (9 de febrero de
1888). (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
8. Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico (14 de febrero de
1893) en el que se anuncian novelas de El Motín, entre ellas las de Alejandro Sawa.
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
606
9. Portada de La España Cómica (8 de diciembre de 1889) con la caricatura y los versos
dedicados a Alejandro Sawa. (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
607
10. Texto “Cabeza de estudio: Pilar” de Alejandro Sawa, en La España Cómica (8 de diciembre
de 1889). (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
608
11. Ejemplo de la portada del Boletín Oficial y Revista Masónica del Grande Oriente Español,
donde se ve su dirección en Pretil de los Consejos, 5, de Madrid. (Hemeroteca Digital.
Biblioteca Nacional de España).
12. Fragmento de la primera versión de Luces de bohemia, revista España (31 de julio de 1920,
9), donde aparece Don Latino ciego. (Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
609
13. Noticia sobre los duelos en la que aparece Sawa, en La Alianza (17 de septiembre de 1895:
3). (Biblioteca Virtual de Prensa Histórica).
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Anexo IV: Otros documentos
611
3. 1899. Postal con imagen del Gran Hotel De París, situado en la Puerta del Sol, donde se alojó
en numerosas ocasiones Rubén Darío. Desde allí escribió a Alejandro Sawa. (Archivo propio).
612
5. Documento de iniciación de Juan Gris (Musée de la Franc-maçonnerie. Grand Orient de
France. Fotografía propia).
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6. A la izquierda, la portada de La Santa Bohemia (1913), de Ernesto Bark, donde aparece el
retrato de Alejandro Sawa. A la derecha, página del final del libro donde se anuncian otras obras
de Bark, entre ellas la trilogía de la Alborada.
(Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España).
614