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Opresión de género en Bernarda Alba

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Línea de indagación: La opresión de género y la voz silenciada de la mujer en La

casa de Bernarda Alba

Corpus: “Ensayo literario”

Autor: federico García Lorca

La opresión de género y la voz silenciada de la mujer en La casa de Bernarda

Alba

Federico García Lorca, destacado miembro de la Generación del 27,

combina modernismo, vanguardismo y elementos del folclore español para

abordar temas sociales creando obras liricas y simbólicas. En La casa de

Bernarda Alba (1936), Lorca explora la opresión de la mujer y la desigualdad de

género a través del control autoritario de Bernarda sobre sus hijas tras la muerte

de su esposo, mostrando cómo su autoridad y control sobre sus hijas reflejan las

tensiones sociales de la época.

Este ensayo analizará cómo se refleja esta opresión en los pensamientos y

acciones de Bernarda, explorando la desigualdad de género y las normas sociales

que revelan las dinámicas de poder y el control patriarcal. Para ello, es válido

cuestionarse: ¿Cómo se refleja la opresión a la mujer en los pensamientos y

acciones de Bernarda? Ante ello, se desarrollarán tres argumentos: primero, la

desigualdad de género manifestada en la percepción de las mujeres como

dependientes de los hombres; segundo, el machismo que Bernarda refleja sobre

sus hijas; y tercero, el autoritarismo que ejerce sobre ellas.


En primer lugar, la desigualdad de género manifestada en la percepción de

las mujeres como dependientes de los hombres. Ésta se refleja en las actitudes de

bernarda, reforzando el papel tradicional que somete a las mujeres al ámbito

doméstico:

BERNADA.

Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu

padre. Hilo y aguja para las hembras.

Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.

(Lorca, 1936, p.54)

El uso de paralelismos enfatiza la división de roles de género en la sociedad

patriarcal. Bernarda utiliza un lenguaje impositivo, que subraya su carácter

despótico y su papel como guardiana de las normas sociales, el hecho de que las

mujeres sean relegadas a las labores domésticas y los hombres sean asociados

con la fuerza y el control no solo define sus funciones, sino también sus valores y

derechos en la sociedad.

Sumado a esto, Bernarda refuerza la opresión patriarcal al restringir incluso

la mirada de las mujeres hacia los hombres, una acción que simboliza la supresión

de sus deseos y su autonomía emocional:

Bernarda: Las mujeres en la iglesia no deben mirar más hombre que

al oficiante, y a ése porque tiene faldas. Volver la cabeza es buscar el

calor de la pana

(Lorca, 1936, p.50)

En esta cita se puede observar que, Lorca utiliza un lenguaje autoritario

para evidenciar el control constante de Bernarda sobre las mujeres, reflejando la


opresión social y religiosa de la época. La contradicción entre "mirar más hombre"

y "al oficiante" subraya la prohibición de cualquier deseo o interacción emocional

fuera de lo permitido. La frase “buscar el calor de la pana” simboliza el deseo

reprimido de las mujeres, que es visto como inapropiado. El tono moralista de

Bernarda y su reclusión de las mujeres dentro del hogar destacan la restricción de

su libertad física y emocional, lo que critica la sociedad patriarcal que limita la

autonomía femenina.

En resumen, Bernarda perpetúa la desigualdad de género al imponer roles

tradicionales que confinan a las mujeres al ámbito doméstico y les niegan

autonomía. A través de sus normas y su control, refuerza la opresión patriarcal

convirtiéndose en un agente que reproduce las mismas estructuras que

subordinan a las mujeres, evidenciando la internalización y transmisión de estas

normas en su entorno familiar.

En segundo lugar, el machismo que Bernarda refleja sobre sus hijas. Esto

refuerza la idea de que las hijas deben conformarse al modelo tradicional que las

confina al ámbito doméstico y las condiciona a depender de las estructuras

patriarcales.

BERNARDA: Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que

dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle.

Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas.

Así paso en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras,


podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas

de hielo con el que podreis contar sábanas y embozos. Magdalena

puede bordarlas. (Lorca, 1936, p. 54)

De esta manera, se fortalece la opresión femenina mediante la imposición

estricta de aislamiento y roles domésticos tradicionales, evidenciando en su

decisión de mantener a sus hijas encerradas, justificándose por la tradición familiar

priorizando las apariencias sobre el bienestar emocional de sus hijas. La

instrucción de bordar el ajuar resalta cómo Bernarda moldea a sus hijas hacia un

destino limitado al matrimonio y el ámbito doméstico, ignorando sus deseos o

individualidades. Al mantenerlas bajo estrictas normas y privarlas de contacto con

el exterior, Bernarda no solo prioriza las apariencias sociales, sino que invalida el

derecho de las mujeres a desarrollar su identidad y autonomía. Lo que refuerza la

idea del machismo.

De esa forma, también Bernarda legitima el sufrimiento como parte

inevitable de ser mujer, perpetuando valores patriarcales:

Bernarda:

Eso tiene ser mujer.

Magdalena:

Malditas sean las mujeres. (Lorca, 1936, p.54)

Magdalena expresa una profunda frustración hacia su género, reflejando el

impacto emocional de la opresión patriarcal en las mujeres de la casa. Su rechazo

revela la carga emocional impuesta por los roles tradicionales. Bernarda, en

cambio, normaliza este sufrimiento al afirmar que es inherente a ser mujer,


legitimando la resignación y reforzando los valores patriarcales que perpetúan la

sumisión femenina como destino inevitable.

Para concluir, el pensamiento negativo, es decir el machismo de bernarda

reforzó el papel sumiso de las de las mujeres, viéndolas como seres inferiores

responsables únicamente del honor de su familia. Su actitud, que normaliza el

dolor y la sumisión, afecta emocionalmente a sus hijas he internaliza estas normas

patriarcales.

En tercer lugar, el autoritarismo que se ejerce sobre sus hijas se representa

mediante el poder absoluto que tiene la voz de Bernarda, reprimiendo cualquier

tipo de réplica o contradicción de las mujeres en la casa:

Bernarda: y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a

cara. ¡silencio! (A otra hija. ¡a callar he dicho! (a otra hija.) lágrimas

cuando estes sola. ¡nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la

hija menor de bernarda alba, ha muerto virgen. ¿me habéis oído?

¡silencio, silencio he dicho! ¡silencio! (Lorca,1936, p.141)

En esta cita, las palabras de bernarda actúan como símbolo de su control

absoluto, anulando cualquier tipo de expresión en la casa y perpetuando una

estructura opresiva basada en seguir normas rígidas que se deben cumplir si o si y

la represión emocional. Los signos de exclamación permiten no solo eliminar la

libertad de sus hijas, sino que también crea un ambiente de miedo y sumisión que

impide el cuestionamiento, de esta manera aludiendo a que cuando existe un

entorno opresivo para las personas se les priva de su autonomía y voz.

Asimismo, se hace presente la imposición de los roles de género sin la

presencia de un hombre, para el mecanismo de control:


Bernarda: Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el

cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para

el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles. (Lorca, 1936, p.

54)

Lorca utiliza a bernarda como un símbolo del patriarcado y autoritarismo

sobre las normativas que ella misma impone. Su control no solo se enfoca en

cortar la autonomía de sus hijas, sino que refuerza los roles de género en una

sociedad que oprime y priva a las mujeres.

Finalmente, el autoritarismo de Bernarda se manifiesta en su control

absoluto sobre su hogar, reprimiendo la expresión y anulando la autonomía de sus

hijas fortificando un ambiente de opresión y conflicto que desemboca en una

tragedia.

En conclusión, la opresión a la mujer se refleja a través de los

pensamientos y acciones de Bernarda evidente en la desigualdad de género

manifestada en la percepción de las mujeres como dependientes a los hombres,

expresado mediante el paralelismo y el lenguaje autoritario, el machismo que

refleja Bernarda sobre las mujeres en la casa y autoritarismo que ejerce sobre sus

hijas por medio de los signos de exclamación. Por lo expuesto, la casa de

Bernarda Alba no solo refleja conflictos sociales, sino que invita a cuestionar

estructuras opresivas y repensar las relaciones humanas en busca de equidad.

Lorca logra plasmar una crítica contundente hacia las estructuras patriarcales que

fortalecen la opresión femenina que se refleja en la España de su época y también

en nuestra realidad actual donde la desigualdad persiste, pero en forma más

sutiles igual de significativas.

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