LAS DROGAS
Alumna: krystel Magdaly Najera Tómas
Grupo: 102
Materia: laboratorio de investigación
Maestra: blanca elena cruz giles
Asesora: Cecilia
Escuela: bachilleres plantel # 31
Índice
¿Qué Son Las Drogas?
Las drogas son sustancias naturales o sintéticas que al ser ingeridas por una
persona pueden producir cambios psicológicos, físicos (orgánicos) y emocionales. aunque
algunas son utilizadas con fines médicos, para el tratamiento, previsión y diagnostico de
algunas enfermedades, gran parte de estas sustancias son utilizadas de maneras que
causan daño a la integridad de las personas que la utilizan y de quienes están a su
alrededor.
Como se dijo anteriormente, todas las drogas producen uno o varios pasos, cambios
físicos y psicológicos. Sin embargo, no todas las drogas generan adicciones, únicamente lo
podrían hacer aquellas que son llamadas “psicoactivas”, es decir, las que afectan el sistema
nervioso central (lo estimulan o lo “deprimen”), y que pueden generar abuso o dependencia
por parte de la persona que se ingiere.
Se cataloga como “uso de drogas” el consumo que no a provocado daños físicos o
psicosociales en el individuo. El “abuso” de estas sustancias ya implica un nivel de riesgo y
un malestar importantes en la persona. Cuando se habla del abuso, se entiende que se
encuentren presentes consecuencias físicas, sociales y psicológicas en persona.
La dependencia (o adicción) supone un deterioro significativo y un malestar
importante en el sujeto. Conlleva un desarrollo significativo de la tolerancia a la droga, (es
decir se desarrolla una necesidad constante de incrementar las dosis utilizadas para lograr
el efecto deseado, pues al utilizar las mismas dosis los efectos de la droga disminuyen), una
perdida de control sobre el consumo, una reducción de las actividades sociales, laborales o
recreativas, e incluye dedicar mucho tiempo a seguir, consumir o recuperarse de los efectos
del consumo.
Cabe aclarar que, en el período de la adolescencia, no siempre se dan adicciones
instauradas como tales, lo que es más común es que exista una conducta de abuso, pero de
ahí a la adicción, especialmente durante la adultez, la transición puede ser rápida. La
adicción puede darse en dos niveles, no excluyentes uno del otro: dependencia física y
dependencia psicológica. La dependencia física se da cuando el cuerpo de una persona
necesita de la droga para desenvolverse cotidianamente.
Este tipo de dependencia se relaciona con el desarrollo de la tolerancia a esta
sustancia, pero su característica fundamental es que cuando se deja de consumir la droga,
se presenta el “síndrome de supresión”, el cual es un estado de alteración física, conductual
y emocional que sigue a la suspensión del uso de la droga. Aunque las características de
este síndrome dependen del tipo y la cantidad de droga que se haya consumido y las
condiciones físicas de la persona, en general, se caracteriza por perturbaciones en el sueño,
el apetito, fatiga permanente, ansiedad y depresión. La dependencia psicológica se presenta
cuando la persona busca el uso compulsivo de la droga que consume, pues experimenta un
estado de placer que le exige la administración regular de esta sustancia y le hace sentir que
no puede dejar de consumir. También se genera cuando la persona piensa y siente que solo
con la droga puede enfrentar algunas situaciones de su vida.
Incidencia del consumo de drogas entre los adolescentes.
Al pensar en cuán significativo es el uso de drogas dentro de la población
adolescente, llama la atención el hecho de que muchos adolescentes suelen 394 expresar
que “todo el mundo fuma”, “todo el mundo toma” o “todo el mundo consume drogas”. Estas
expresiones dan a entender que el uso de sustancias se ha puesto de moda, y que, por
tanto, el consumo se justifica en un “si todos lo hacen, ¿por qué yo no?”, dejando expresado
entre líneas que “no puede ser tan malo entonces”, o bien, “que si todos lo hacen, es porque
debe ser normal”, o hasta “bueno”. Estar fuera de esta supuesta normativa social, podría
implicar una creencia, ya sea real o imaginaria, de que el rechazo por ello ocurriría.
A pesar de esta concepción popular bastante generalizada, lo cierto en todo esto, es
que la mayor parte de los y las adolescentes no suelen tomar, fumar ni consumir drogas.
Inclusive, aunque existe un importante porcentaje de adolescentes que ha probado alguna
vez alguna de estas drogas, este porcentaje no llega a alcanzar nunca la mayoría, es más,
ni tan siquiera en “la mitad” en el consumo de tabaco y drogas. En el caso del alcohol, este
porcentaje alcanza cifras más altas, pero que descienden significativamente al hablar de un
consumo regular.
A continuación, se presentan los resultados que demuestran en la “Encuesta
Nacional sobre Conductas de Riesgo en los y las Adolescentes de Costa Rica” (2001),
realizada por el Programa Atención Integral de la Adolescencia, lo expresado anteriormente.
Consumo de Tabaco
Únicamente 5.6% del total la población de 10 a 12 años y 11 meses ha probado
alguna vez un cigarrillo. Entre las mujeres de estas edades el porcentaje es de 5.1%, y entre
los hombres asciende ligeramente a 6.2%. El porcentaje de quienes reportaron continuar
fumando, es aún menor, pues desciende a 0.3%, tanto entre los hombres como entre las
mujeres.
En la población de 13 a 17 años y 11 meses, se señala que es 34.3% del total, el
porcentaje correspondiente a adolescentes que han fumado alguna vez un cigarrillo
completo. Entre las mujeres, el porcentaje correspondiente es de 28.2% y entre los hombres
asciende significativamente a 40.1%.
Sin embargo, como se puede comprobar, estos porcentajes no alcanzan nunca la
categoría de “mayoría”, y descienden de manera importante ante la pregunta de si se
continúa fumando actualmente: únicamente 14.9% de la población total dice hacerlo, 20.6%
de los hombres y 8.9% de las mujeres.
Consumo de Alcohol
En la población de 10 a 12 años y 11 meses de edad, 16% expresa haber probado
alguna bebida alcohólica, 13.8% de las mujeres, y 18.2% de los hombres. Pero al preguntar
si el consumo continuaba haciéndose regularmente (al menos una vez por semana), el
porcentaje desciende a 0.9% del total, para un correspondiente 0.3% de las mujeres y 1.4%
de los hombres.
En los y las adolescentes de 13 a 17 años y 11 meses, se reporta que 62.6% de la
población ha probado alguna vez alguna bebida alcohólica, siendo similares los porcentajes
según sexo: 63.9% de los hombres y 61.4% de las mujeres. Sin embargo, al preguntarse por
un consumo regular, únicamente un 11.1% de la población total dice tenerlo, presentándose
en 8.6% de las mujeres y 13.5% de los hombres.
Consumo de sustancias ilegales
En los y las adolescentes de 10 a 12 años y 11 meses, los porcentajes son poco
significativos, pues es 0.5% de la población total, quien reporta haber probado alguna vez
alguna droga, presentándose un 0.7% de las mujeres y un 0.35% de los hombres. En este
caso, no se indagó si el consumo se continuó regularmente.
En la población entre los 13 y 17 años y 11 meses, se encontró que 8.9% del total
había probado alguna vez alguna droga, presentándose 5.1% de las mujeres y 12.5% de los
hombres. En esta población, el porcentaje referido a adolescentes que continuaron
consumiendo es relativamente bajo, pues corresponde a un 2.2% del total.
¿Cómo actúan las drogas en el cuerpo humano?
Al momento de ser introducidas al cuerpo humano, las drogas atraviesan por un
proceso que consta de cuatro momentos: la absorción de la droga por el cuerpo, la
distribución de la droga en el cuerpo, la biotransformación y la eliminación de la droga
(Souza y Machorro, M.; Guisa, V.; Barriga, L.D.; y Sánchez, R., 1997).
La absorción, se refiere al proceso por el cual la droga, a través de los tejidos, pasa
al torrente sanguíneo. Cuando se administra una droga, se debe tener claro la ruta de
administración (vía oral, vía rectal, inyección - intravenosa, intramuscular o subcutánea -,
inhalación, absorción a través de la piel, absorción a través de las membranas mucosas), la
dosis (cantidad), y la forma de la dosis (en líquido, tableta, cápsula o inyección), la presencia
de alimento en el estómago, el nivel de acidez del aparato digestivo, entre otros, pues con
estos datos se puede determinar la concentración de esta sustancia en la sangre y con ello
la intensidad de los efectos durante un determinado período de tiempo (Julien, 1998; Souza
y Machorro, M.; Guisa, V.; Barriga, L.D.; y Sánchez, R., 1997).
“los medicamentos con alta liposolubilidad [solubles en las grasas] ... cruzan con
facilidad las membranas celulares y llegan con rapidez al corazón, cerebro, hígado, riñones
y otros tejidos altamente irrigados, aunque se distribuyen con mayor dificultad en los
músculos, y más lentamente aún en el tejido graso del organismo. De modo que los
fármacos que no atraviesan con facilidad las membranas celulares se distribuyen en
términos generales de manera restringida.
Es una pequeña proporción del total de droga que contiene el cuerpo, la que entra
luego a interactuar con los receptores corporales. El resto de dicha sustancia circula en
diferentes áreas del cuerpo, ocasionando lo que serían los efectos secundarios. Las
membranas del cuerpo que se ven involucradas en la distribución de las drogas son: las
membranas de las células, las paredes de los vasos capilares del sistema circulatorio, la
barrera de sangre del cerebro y la barrera de placenta.
La biotransformación de la droga ocurre en las células del hígado, sitio donde se
llevan a cabo los procesos metabólicos ayudados por enzimas. También intervienen en esta
acción el plasma sanguíneo, la función del sistema renal y el aparato gastrointestinal.
Gracias a este proceso, las características de la droga son modificadas para producir su
inactivación y eliminación (Souza y Machorro, M.; Guisa, V.; Barriga, L.D.; y Sánchez, R.,
1997).
La eliminación de la droga del cuerpo ocurre principalmente por medio de la orina.
Solamente las drogas que el intestino no absorbe, así como los productos residuales de
otras drogas que se eliminan por la bilis, se desechan del cuerpo a través de las heces. Por
su parte, el sudor, la saliva y la respiración resultan vías de poco significado para la
eliminación final de las drogas (Souza y Machorro, M.; Guisa, V.; Barriga, L.D.; y Sánchez,
R., 1997).
Pese a que existen ciertos factores que inciden en la velocidad de eliminación de la
sustancia (como factores genéticos, edad, sexo, peso), esta velocidad no se acelera ni se
retarda, sino que es constante.
En el proceso de absorción, distribución, metabolización y eliminación de una droga
en el cuerpo, se puede hacer referencia a las interacciones de la droga con los receptores
del sistema nervioso central responsables de producir el efecto característico de la droga en
el cuerpo. Estas son reacciones de índole químico y físico. Para comprenderlas, se debe
tomar en cuenta que las sustancias químicas transmiten información dentro de los
organismos, y esto lo hacen por medio de transmisores contenidos en el sistema nervioso,
cada uno de los cuales actúa con una parte de la célula llamada receptor. Esto implica
células que liberan la sustancia y moléculas que detectan su presencia, en un proceso
llamado transmisión sináptica (Carlson, s.f.) y que responde al contacto virtual que se lleva a
cabo entre dos o más neuronas.
En este proceso, las moléculas de una droga psicoactiva, se unen con receptores
específicos de la neurona, lo cual ocasiona cambios en la neurona que resultan en la
respuesta farmacológica característica del uso de drogas (Julien, 1998).
¿Cómo se clasifican las drogas psicoactivas?
En la actualidad se comercializan muchos tipos de drogas y existen diversos criterios
para la clasificación de las mismas, entre ellos: el origen de las mismas, el uso terapéutico,
el mecanismo de acción, el efecto sobre el organismo, la estructura química o
farmacológica, y el estado legal.
Para efectos del presente apartado se tomarán únicamente las últimas tres
clasificaciones:
Clasificación según sus efectos sobre el organismo:
Al clasificar las drogas, se debe tomar en cuenta que estas sustancias psicotrópicas
generan distintos efectos en el Sistema Nervioso Central (SNC), debido a las propiedades
químicas y farmacológicas que tienen. Según Souza y Machorro, M.; Guisa, V.; Barriga,
L.D.; y Sánchez, R. (1997) una clasificación de gran utilidad es la planteada por NIDA
(National Institute of Droug Abuse) la cual determina que los fármacos pueden tener efectos
estimulantes o depresores de las funciones del SNC, “provocando ya sea efectos sedantes o
de alertamiento en mayor o menor medida” (p.30).
En este sentido, se puede clasificar las drogas en depresoras, estimulantes o
alucinógenas:
Depresoras: estas drogas se unen al receptor y bloquean o inhiben las funciones del
mismo. Se le llaman sustancias depresoras del sistema nervioso, pues causan efectos tales
como disminuir el estado de alerta hacia el ambiente, reducir la respuesta a la estimulación
sensorial, reducir el funcionamiento cognitivo, disminuir la espontaneidad y reducir la
actividad física. Entre estas se encuentran: alcohol, sedantes, hipnóticos, ansiolíticos,
disolventes volátiles y opiáceos como opio, morfina, heroína, entre otros.
Estimulantes: las drogas de este tipo al unirse al receptor, producen acciones que
simulan o potencian las funciones del transmisor. Además, actúan bloqueando la inhibición o
produciendo excitación directa en las neuronas. Se les llaman sustancias estimulantes del
sistema nervioso, pues cambian el humor, produciendo euforia, incrementa el estado de
alerta, reducen la fatiga, producen un sentimiento de mucha energía, disminuyen el apetito y
quitan el aburrimiento. Algunos de sus efectos secundarios pueden ser ansiedad, insomnio e
irritabilidad. Entre las drogas estimulantes se puede mencionar la cocaína y anfetaminas.
Alucinógenos: Estas son sustancias naturales o fabricadas químicamente, que
alteran la percepción, el pensamiento, la orientación y la memoria y en algunos casos
producen comportamientos similares a los que se observan en los pacientes psicóticos. Los
efectos de los alucinógenos, suelen notarse unos veinte o treinta minutos después de haber
sido ingeridos. Anteriormente se les llamaba psicodélicos. Algunas de estas drogas son:
LSD y el grupo de cannabinoides (como la marihuana).
Alcohol etílico:
El alcohol es una droga legal y socialmente aceptada. Se encuentra presente en
bebidas como cerveza, guaro, ron, vino, whiskey, etc., y en medicamentos para la tos. Es un
depresor del sistema nervioso central.
Sus efectos dependen de diversos factores, entre ellos el volumen corporal, el sexo,
la edad, la frecuencia con que se consuma, las cantidades que se ingieran, etc. Al ser el
alcohol un inhibidor del sistema nervioso, este bloquea funciones de la corteza cerebral que
están ligadas al control de los valores morales, por lo que entre sus efectos está la
desinhibición, razón por la cual erróneamente se puede creer que el alcohol es un
estimulante. También disminuye la capacidad para recibir y analizar información, la
sensibilidad al dolor, interfiere con la memoria reciente, la coordinación de los movimientos y
disminuye el estado de alerta ante los estímulos del ambiente y puede provocar violencia en
el individuo.
Su consumo permanente puede dañar el hígado y el sistema digestivo (gastritis),
disminuir las defensas y alterar la memoria, la capacidad de atención y la asociación de
ideas. Cuando una persona que consume regularmente deja de ingerir alcohol, se pueden
producir delirios, temblores, alucinaciones, convulsiones y hasta la muerte.
Esta sustancia se metaboliza en el hígado (aproximadamente solo un 5% de lo que
se consume se elimina por orina y sudor). El hígado de una persona sana de unos 25 años
de edad, tiene la capacidad de metabolizar en una hora (60 minutos) una cerveza (una lata
de las pequeñas o una botella), un trago de destilados de una onza o una copa de vino de 4
a 5 onzas2. La cantidad de alcohol que se ingiera y que supere esta velocidad constante de
metabolización, se concentra libre en la sangre. El grado de concentración en la sangre es el
que determina los efectos del alcohol. Partiendo de una medida de tiempo de una hora,
según la cantidad de alcohol que se ingiere, los efectos y sensaciones que se presentan
podrían ser
• Cuando se han consumido de 2 a 3 cervezas se da una embriaguez leve. Algunas
de las sensaciones que se presentan en esta fase de la ebriedad pueden ser: calor leve,
sensaciones de ligero placer, ligera extroversión, sensación de alerta, disminución de
preocupaciones.
• Al consumir 4 cervezas la embriaguez se cataloga como media. Esta produce
animación, conductas exageradas, verborrea o melancolía.
• 5 cervezas: Embriaguez aguda. Los efectos incluyen trastornos de coordinación
visomotriz y del equilibrio, ideas fijas y perseverantes.
• 6 o 7 cervezas: Intoxicación grado I. Los efectos son trastornos significativos en los
reflejos y en la visión, lenguaje lento y torpe, incoherencia.
• 8 cervezas: Intoxicación grado II. Se produce un trastorno severo de la visión y la
coordinación motriz, lagunas mentales y conducta automática.
• 10 cervezas: Intoxicación grado III. Produciéndose reacción de estupor y pobre
respuesta a estímulos.
• 14 cervezas: Intoxicación grado IV. Se corre el riesgo de entrar en coma
alcohólico, depresión severa de la respiración.
• Más de 14 cervezas: Intoxicación mortal. Se puede generar un paro respiratorio.
Opiáceos:
Los opiáceos son depresores del sistema nervioso central que generan dependencia
en períodos muy cortos. Los hay lícitos (únicamente bajo prescripción médica), como la
morfina, la codeína y la metadona; e ilícitos, como la heroína y el opio.
Tienen un efecto analgésico (inhibidor del dolor) y provocan somnolencia,
embotamiento, pérdida de conciencia, incapacidad para concentrarse, dificultades para la
elaboración mental, apatía, letargo, agudeza visual y falta de motivación.
Los opiáceos suelen inyectarse (por esto quienes lo consumen suelen tener marcas
en sus extremidades), pero también se pueden ingerir oralmente. El opio y la heroína
también se fuman, y la heroína puede también inhalarse.
Cannabis ( Marihuana y Hachís):
El cannabis sativa es la planta del cáñamo. Cuando las preparaciones de esta planta
contienen principalmente hojas y unidades floridas con resina (lo cual tiene un aspecto como
el del perejil seco mezclado con tallo y puede contener semillas), se le llama “marihuana”. El
“hachís” (llamado hash o hashísh) es la resina del cannabis (su apariencia es como el de
tortas de color pardo o negro). Ambas suelen fumarse o algunas veces, comerse y pueden
producir dependencia psicológica.
Algunos de los nombres que se le dan a la marihuana son: mota, grifa, yesca, ganja,
la “g”, verde, hierba, chora, belula, grilla, chipiturca, doradilla, morisqueta, entre otros.
Tras su consumo, puede producirse un comportamiento descontrolado, pueden
disminuir las inhibiciones, las alteraciones del estado de ánimo y el apetito puede aumentar.
Dado que el consumo de cannabis deprime el sistema nervioso central, este puede
anular o debilitar la memoria inmediata y la comprensión, alterar el sentido del tiempo y
reducir la capacidad de realizar tareas que requieren concentración y coordinación, como la
conducción de un automóvil. Pueden alterarse la motivación y el entendimiento, lo cual
dificulta el aprendizaje. Los estudiantes no retienen los conocimientos que adquieren
mientras están “intoxicados”. Tras un consumo permanente, estas sustancias pueden llegar
a producir paranoia y psicosis.
Pese a ser una droga con efectos sedativos, en altas dosis puede producir euforia y
alucinaciones, efectos similares a los de los alucinógenos.
Sedantes, Hipnóticos y Ansiolíticos
Se incluyen en este grupo las benzodiacepinas y los barbitúricos, que actúan como
depresores de Sistema Nervioso Central.
Las benzodiacepinas generalmente se consumen por vía oral, y producen un efecto
ansiolítico y de relajación muscular en las personas. Entre las más comunes se encuentran:
diazepan, flunitrazepan y valium. El consumo prolongado y frecuente de este tipo de drogas
puede generar dependencia física y psicológica, promoviéndose la adicción.
Por su parte, los barbitúricos se presentan en cápsulas que se ingieren oralmente.
Pueden producir alucinaciones y trastornos en la percepción, en la coordinación motora y
pérdida de control en los impulsos sexuales y agresivos. En dosis altas, o combinadas con
otras drogas como el alcohol, estas sustancias pueden llegar a ser letales. Al ser
consumidos por períodos prolongados, pueden producir fallos serios en la memoria.
Algunos de los nombres que se le dan popularmente a los barbitúricos son: pastas,
barbas, cacahuates, alivianadores, chaquetas amarillas, muñecas amarillas, seconal,
pájaros rojos, muñecas rojas, arco iris, entre otros.
Cocaína (en sus diversas formas):
La cocaína estimula el sistema nervioso central, y puede provocar dependencia
psicológica y fisiológica. La tolerancia a esta droga se desarrolla con rapidez.
Su apariencia es la de un polvo blanco y cristalino. Se suele inhalar por las fosas
nasales, pero también se inyecta o se fuma, muchas veces diluído con otros ingredientes.
Entre los nombres que se le dan comúnmente están: coca, perica, cocacola, nieve, copos,
polvo, dulce, bernice, cocoa o la “C” grande.
Su consumo provoca sensaciones de fuerza muscular y de viveza mental y aumenta
el ritmo cardiaco y respiratorio. También puede producir sudoración, dolor de cabeza, visión
borrosa, mareos, ansiedad y trastornos psicóticos. Su inhalación frecuente puede dañar el
tabique nasal, y el consumo de altas dosis tiende a provocar sentimientos de ansiedad y una
actitud paranoide. El consumo constante de la misma, puede provocar daños al sistema
nervioso y al cerebro principalmente, pero también al sistema respiratorio, al cardiovascular,
al digestivo y al reproductor.
Una de las formas en que comúnmente se presenta la cocaína es el crack (llamado
popularmente “piedra” o “papa”), el cual provoca alucinaciones táctiles, paranoia y ataques
de aplopejía, produciendo un acelerado deterioro en la persona. Puede presentarse en
comprimidos de color castaño o beige o en piedritas cristalinas y es sumamente adictivo.
Anfetaminas y sustancias derivadas:
Las anfetaminas se presentan en cápsulas, píldoras o tabletas. Algunas se ingieren
oralmente, otras se inyectan o se inhalan por las fosas nasales.
Al consumirse, además de la agitación, la sudoración y el aumento de la presión
arterial, pueden producir inquietud, ansiedad, euforia, hiperactividad, insomnio, pérdida de la
realidad, del control, del apetito y mal humor.
Las personas que consumen anfetaminas por períodos prolongados pueden contraer
una psicosis que produce alucinaciones, delirios y paranoia, síntomas que desaparecen
generalmente si se suspende el uso de la droga.
Algunos de los nombres populares utilizados para llamar a las anfetaminas son:
acelete, azote, ruedas, alegradoras, abejorros, desoxyn, bencedrina, dexedrina, 402
bifetamina, camioneras, dentroanfetamina, entre otros.
Entre las drogas derivadas de las anfetaminas, se encuentran las metanfetaminas
(presentadas en polvo blanco, píldoras o en una pieza parecida a un trozo de parafina).
Algunas veces son llamadas popularmente acelere, metacristal, conecte, dados, crank, o
cristal.
Tabaco
Esta sustancia comúnmente llamada “blanco”, tiene a la nicotina como su principal
sustancia psicoactiva. El tabaco es un estimulante del sistema nervioso central y puede
provocar dependencia física y psicológica.
Entre sus efectos está el de reducir el apetito, lo que provoca pérdida de peso en
algunas personas. La nicotina produce que se aumenten las actividades motoras y las
funciones cognitivas, pero después del estímulo, se produce un periodo depresivo
Puede provocar un olor desagradable en el aliento, los dedos y la ropa y dar un color
amarillento a los dientes. Una particularidad de esta droga, es que afecta tanto a quien fuma
como a quien se encuentra cerca de una persona que se encuentre fumando.
Su uso prolongado puede provocar principalmente, cáncer en el pulmón, pero
también en la laringe, faringe, páncreas, esófago, riñones, vesícula y páncreas. Puede
generar también enfisema pulmonar, bronquitis y alteraciones cardiovasculares
Consecuencias del consumo de las diferentes drogas.
En general, las drogas pueden tener diversos efectos en el nivel orgánico, los cuales
inevitablemente se perciben en la esfera psicosocial del individuo, quien así, puede ver
afectada su vida en distintas dimensiones.
Según el tipo de droga que se consuma, las consecuencias podrían tener ciertas
variaciones, pero existen una serie de consecuencias en las dimensiones física, psicológica
y social (entrelazadas entre sí desde una visión de ser humano integral) que convergen
inevitablemente en el consumo de cualquier droga.
Antes de entrar más a fondo en cada una de estas dimensiones, cabe aclarar que las
mismas y el grado de riesgo que impliquen al adolescente, pueden irse experimentando a
corto, mediano y largo plazo, dependiendo en gran medida de que el individuo esté usando,
abusando o dependiendo de las drogas.
Consecuencias físicas
En el apartado anterior se hicieron explícitas las consecuencias físicas
correspondientes al consumo de las diferentes drogas. Sintetizando, se puede decir que
todas las drogas actúan sobre el sistema nervioso central y afectan, en gran medida, las
funciones cerebrales, deteriorando áreas como las de la percepción, la memoria y el
aprendizaje. Muchas de ellas tienen consecuencias sobre órganos específicos, como por
ejemplo, el hígado dañado por el alcohol o los pulmones por el tabaco. Además, los
diferentes sistemas del cuerpo humano (digestivo, respiratorio, cardiovascular, reproductor,
nervioso) pueden afectarse de distintas maneras.
La adicción física y psicológica puede llevar al individuo a una intoxicación. Esta es
una condición en donde el sujeto vive una alteración general del estado de su salud, tanto a
nivel de su conciencia, como de su percepción, comportamiento y funciones
psicofisiológicas, perturbaciones todas relacionadas con los efectos farmacológicos de la
droga consumida. Además de esto, pueden presentarse complicaciones como vómitos,
delirios, convulsiones, paro cardio-respiratorio, coma y hasta la muerte.
Consecuencias psicosociales
Las consecuencias psicológicas (en el nivel emocional, conductual y cognitivo) y
sociales se presentan completamente entrelazadas entre sí, por lo que se plantean en este
apartado como “consecuencias psicosociales”, entre las cuales se muestran las siguientes:
a) Cambios en las actitudes y en el carácter. Un/a adolescente que
consume puede presentar irritabilidad, ansiedad, impulsividad, agresividad,
indiferencia hacia aspectos que solían importar, desconcentración, confusión. Las
actitudes y el carácter se muestran diferentes al que se tenía antes de iniciar el
consumo. Estos cambios empiezan a notarse a un corto plazo, pero se va n
incrementando conforme la intensidad del consumo aumenta.
b) Conductas inusuales. El o la adolescente que consume drogas puede
empezar a tener comportamientos inusuales en él o ella, como mentiras constantes,
manipulación, comportamientos agresivos, incumplimiento de obligaciones,
conductas de acoso sexual, entre otras.
c) Pérdida de control sobre las propias conductas y emociones, sobre las
relaciones interpersonales, sobre el trabajo, el estudio y la vida en general.
d) Alteración en la apariencia personal. Además de los cambios físicos
evidentes, como la pérdida de peso corporal, se puede dar un descuido hacia el
propio cuerpo y la apariencia general, lo cual puede resultar en un reflejo de lo que la
persona vive por dentro.
e) Postergación o abandono de los proyectos de vida y
responsabilidades. Entre el uso y la dependencia, el consumo de drogas va tomando
cada vez más importancia. Entre mayor sea la intensidad del consumo, mayor es el
tiempo que se dedica al mismo (a conseguir, preparar y usar), lo que produce que
quien consume tenga que empezar a “robarse el tiempo” dedicado a otras
actividades (entre ellas, sus responsabilidades y el dedicado a lograr los proyectos
que se había planteado para la vida). La droga va ocupando el lugar más importante
en la vida de la persona. Esto provoca que se empiecen a abandonar esferas
importantes para el desarrollo y crecimiento personal, como podrían serlo el estudio,
el trabajo y la familia.
f) Pérdida de “la propia voz”. Con esto se quiere decir, que a la persona
que consume drogas, se le dificulta cada vez más transmitir lo que quiere, siente y
piensa, lo que responde a una gran confusión personal que va haciendo que la
persona calle cada vez más y se vaya “borrando” a sí misma, es decir, su identidad
se torna cada vez más difusa, borrosa y deteriorada.
g) Baja autoestima. Los efectos del consumo sobre el cuerpo y sobre la
vida de una persona, son devastadores y pueden provocar fuertes sentimientos de
vergüenza y culpabilidad en un o una adolescente que consume drogas, lo cual
incide directamente sobre su autoestima.
h) Desmotivación. Se presenta una desmotivación y apatía generalizada.
Cada vez se va presentando una menor respuesta a los estímulos del ambiente, y
una mayor pérdida de interés hacia la vida en general.
i) Depresión. La situación que vive interiormente la persona que
consume, y la forma en que afecta todas las situaciones a su alrededor, pueden
provocar que el o la adolescente vaya perdiendo el sentido que le encuentra a la vida
y a su quehacer diario, lo cual puede producir una depresión. Esta situación puede
resultar muy peligrosa, pues en una depresión, el consumo de drogas se podría
incrementar hasta llegar a niveles de intoxicación o hasta de muerte.
j) Intentos o deseos, conscientes o inconscientes de autodestrucción. El
consumo de drogas por sí mismo es una conducta autodestructiva, pero esta se
puede incrementar con los sentimientos de culpa y el rechazo a sí mismo, así como
con el desmoronamiento del mundo interior y exterior del individuo. Estas situaciones
pueden ser conscientes o inconscientes, y bajo estas mismas condiciones, pueden
llevar al sujeto a desear o intentar autodestruirse de muchas maneras.
Generalmente, existe una dificultad en las personas que abusan o dependen de las
drogas para reconocer qué es lo que realmente les hace daño. Esta indiferenciación
produce gran angustia, por lo cual muchas 406 veces se opta por la autoagresión
con tal de intentar destruir aquello que daña
El Impacto De Las Drogas En La Salud Física y Mental
El uso de drogas, ya sea de manera recreativa o abusiva, tiene un efecto negativo
profundo en la salud tanto física como mental de los individuos. Las sustancias
psicoactivas (legales e ilegales) pueden afectar diversos órganos y sistemas del
cuerpo, además de generar trastornos psicológicos y emocionales que, en muchos
casos, pueden convertirse en enfermedades crónicas. La comprensión de estos
efectos es clave para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de las personas
afectadas.
1. Efectos de Las Drogas en la Salud Física
Las drogas tienen la capacidad de alterar el funcionamiento normal del cuerpo,
desde los órganos vitales como el corazón y los pulmones hasta el sistema nervioso
y el hígado. Dependiendo del tipo de sustancia consumida, los efectos pueden ser
inmediatos o acumulativos, y a menudo los daños son irreversibles.
a. Sistema Nervioso Central (Cerebro y Médula Espinal)
El cerebro es el principal órgano afectado por las drogas, ya que la mayoría de las
sustancias psicoactivas alteran la química cerebral. Estas sustancias pueden
modificar la liberación y absorción de neurotransmisores, lo que interfiere en la forma
en que el cerebro regula los procesos cognitivos y emocionales.
Estimulantes como la cocaína, las anfetaminas y las metanfetaminas aumentan la
liberación de dopamina, norepinefrina y serotonina en el cerebro, lo que genera
sensaciones de euforia, energía y placer. Sin embargo, este "subidón" tiene efectos
negativos a largo plazo, ya que puede destruir las neuronas en el cerebro, causar
trastornos del estado de ánimo, y generar efectos adversos en la memoria, la
capacidad de concentración y el aprendizaje.
Opiáceos como la heroína, la morfina y los analgésicos opioides producen un fuerte
efecto analgésico y eufórico al activar los receptores de opioides en el cerebro. Con
el uso prolongado, estos fármacos pueden reducir la cantidad de dopamina
disponible para el cerebro, lo que lleva a la tolerancia (requiere mayores dosis para
obtener los mismos efectos) y la dependencia física y psicológica.
Alucinógenos (LSD, psilocibina, DMT) alteran las percepciones sensoriales,
haciendo que los usuarios experimenten alucinaciones visuales, auditivas o táctiles.
Aunque en algunos casos el uso es recreativo y no produce dependencia, el abuso
frecuente de estos puede inducir trastornos psicológicos graves, como psicosis o
trastornos de ansiedad. En casos extremos, el uso crónico puede llevar a
trastornos del pensamiento y del comportamiento, que a veces se vuelven
permanentes.
Depresores del sistema nervioso central (como el alcohol y las benzodiacepinas)
actúan ralentizando las funciones cerebrales, lo que produce sedación, relajación y
pérdida de inhibiciones. Aunque el uso ocasional puede no ser problemático, el
consumo crónico de alcohol o sedantes puede dañar el cerebro de manera
irreversible, provocando pérdida de memoria, alteración del juicio y daño neuronal.
Además, las drogas que inhiben la función cerebral pueden ser extremadamente
peligrosas cuando se combinan, como en el caso del alcohol con benzodiacepinas, lo
que puede generar efectos sedantes extremos y poner en riesgo la vida.
b. Sistema Cardiovascular (Corazón y Vasos Sanguíneos)
El sistema cardiovascular también se ve fuertemente afectado por las drogas.
Muchas sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central incrementan el ritmo
cardíaco y la presión arterial, lo que puede generar complicaciones cardiovasculares
severas.
Las anfetaminas y la cocaína son conocidas por sus efectos estimulantes sobre el
corazón. Estas sustancias aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo
que pone una enorme carga en el sistema cardiovascular. Con el uso prolongado,
esto puede llevar a problemas como hipertensión, arritmias (latidos irregulares del
corazón) y un mayor riesgo de infarto de miocardio (ataque al corazón).
El alcohol, especialmente cuando se consume en grandes cantidades, también
aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El abuso crónico de alcohol
puede llevar a cardiomiopatía (debilitamiento del músculo cardíaco), insuficiencia
cardíaca congestiva, y arritmias. Además, el alcohol aumenta el riesgo de ictus
(accidente cerebrovascular) debido a sus efectos sobre la coagulación sanguínea.
El tabaco y el consumo de cigarrillos son dos de los factores de riesgo más
importantes para las enfermedades cardiovasculares. El humo del tabaco contiene
toxinas que afectan las arterias y los vasos sanguíneos, contribuyendo a la
aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) y enfermedades coronarias.
Además, fumar tabaco puede llevar a un mayor riesgo de infartos de miocardio y
accidentes cerebrovasculares.
c. Sistema Respiratorio (Pulmones y Vías Respiratorias)
El uso de drogas inhaladas o fumadas es especialmente perjudicial para los
pulmones y las vías respiratorias. La marihuana, el tabaco, la cocaína y otras
sustancias inhaladas tienen efectos nocivos inmediatos y a largo plazo.
El tabaco es el principal responsable del daño a largo plazo en el sistema
respiratorio. Fumar puede causar bronquitis crónica, enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC), y cáncer de pulmón. También puede afectar la
capacidad de los pulmones para eliminar toxinas y partículas, lo que aumenta la
susceptibilidad a infecciones respiratorias.
El consumo de marihuana también afecta negativamente los pulmones. Fumar
marihuana puede irritar las vías respiratorias, provocar tos crónica y contribuir al
desarrollo de enfermedades respiratorias similares a las del tabaco, como la
bronquitis. Aunque la marihuana se asocia comúnmente con efectos psicoactivos,
su uso frecuente aumenta el riesgo de infecciones pulmonares y enfermedades
respiratorias.
Las drogas inhaladas, como la cocaína o los solventes volátiles, tienen efectos
inmediatos y directos sobre los pulmones. El consumo de cocaína puede llevar a
daños en las vías nasales, como perforación del tabique nasal, y el uso de
solventes puede provocar daño pulmonar severo, así como bronquitis y
emfisema.
d. Sistema Hepático y Renal (Hígado y Riñones)
El hígado y los riñones son órganos responsables de filtrar las toxinas del cuerpo, y
muchos de los efectos adversos de las drogas están relacionados con su sobrecarga
o daño a estos órganos vitales.
El alcohol es la principal causa de daño hepático, y su consumo excesivo y
prolongado puede provocar cirrosis hepática, hígado graso y, en casos graves,
insuficiencia hepática. El hígado es esencial para metabolizar el alcohol, y el abuso
crónico sobrecarga este proceso, resultando en inflamación y daño a largo plazo.
El consumo de opiáceos y metanfetaminas también afecta negativamente el
hígado, ya que estas sustancias requieren ser procesadas por este órgano, lo que
puede llevar a hepatitis tóxica y otros trastornos hepáticos graves.
Los riñones también son vulnerables a los efectos del consumo de drogas. El uso de
sustancias como cocaína y heroína puede causar insuficiencia renal debido a la
presión arterial elevada y a la reducción del flujo sanguíneo a los riñones. Los
riñones también pueden resultar dañados por las sustancias químicas presentes en
los fármacos.
e. Sistema Inmunológico
El abuso de drogas debilita el sistema inmunológico, lo que aumenta la
susceptibilidad a infecciones y enfermedades graves.
Las personas que consumen drogas intravenosas, como la heroína o las
metanfetaminas, corren un alto riesgo de contraer infecciones debido al uso
compartido de agujas. Esto aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades como
VIH, hepatitis B y hepatitis C.
El consumo crónico de alcohol y tabaco también deprime la función inmunológica.
El alcohol inhibe la capacidad del cuerpo para producir células inmunológicas
eficaces, mientras que el tabaco afecta el funcionamiento de los pulmones y el
sistema respiratorio, lo que reduce la capacidad del cuerpo para combatir
infecciones.
2. Efectos de las Drogas en la Salud Mental
El impacto de las drogas en la salud mental es igualmente devastador. Las drogas no
solo alteran el equilibrio químico en el cerebro, sino que también influyen
profundamente en las emociones, los pensamientos, la cognición y el
comportamiento.
a. Dependencia y Adicción
La dependencia y la adicción son dos de los efectos más graves del consumo de
drogas. La dependencia se refiere a la necesidad física de la sustancia, mientras que
la adicción es la necesidad psicológica de continuar consumiendo la droga.
La dependencia física genera síntomas de abstinencia cuando la persona deja de
consumir la sustancia. Estos síntomas varían según la droga, pero pueden incluir
temblores, ansiedad, náuseas, insomnio, e incluso crisis convulsivas.
La dependencia psicológica implica una necesidad mental de consumir la
sustancia, a menudo relacionada con el deseo de evitar el malestar emocional o el
estrés. Esta forma de dependencia puede durar mucho tiempo, incluso después de
que los efectos físicos de la droga hayan desaparecido.
b. Trastornos Psicológicos
El uso de drogas aumenta significativamente el riesgo de desarrollar trastornos
mentales, tales como ansiedad, depresión, psicosis y trastornos del estado de ánimo.
Ansiedad y trastornos de pánico: Las drogas estimulantes como la cocaína y las
anfetaminas pueden desencadenar ataques de ansiedad o pánico, y el uso
prolongado puede contribuir a trastornos de ansiedad crónica.
Depresión: El abuso de alcohol y sedantes como las benzodiacepinas y los
barbitúricos puede inducir depresiones profundas, así como sentimientos de
desesperanza y desesperación. La depresión relacionada con las drogas puede ser
tanto un síntoma de la adicción como un efecto secundario de los cambios químicos
en el cerebro.
Psicosis: Las drogas alucinógenas como el LSD y la psilocibina pueden inducir
episodios psicóticos. Los usuarios pueden experimentar alucinaciones y delirios, y,
en algunos casos, estas condiciones pueden durar mucho después de que los
efectos de la droga hayan desaparecido.
c. Daños Cognitivos y de Memoria
El consumo crónico de drogas puede dañar la memoria a corto y largo plazo,
dificultando el aprendizaje y la toma de decisiones.
El alcohol y las benzodiacepinas pueden causar problemas de memoria a corto
plazo, haciendo que sea difícil recordar información reciente o tomar decisiones
acertadas. El daño cognitivo debido a estos factores puede durar incluso después de
que el consumo se haya detenido.
d. Riesgo de Suicidio
El abuso de sustancias está estrechamente vinculado al aumento de riesgos
suicidas. La depresión, la desesperanza y los trastornos emocionales asociados con
la adicción pueden hacer que la persona se sienta incapaz de hacer frente a las
dificultades de la vida. El aislamiento social, combinado con el malestar psicológico
y físico, puede aumentar significativamente el riesgo de suicidio.
Prevención y Educación sobre las Drogas
La prevención y la educación sobre el consumo de drogas son esenciales para frenar
la propagación del abuso de sustancias y sus consecuencias perjudiciales en la
salud, el bienestar social y el desarrollo económico de las personas y las
comunidades. Estas estrategias están diseñadas para evitar que los individuos
comiencen a consumir drogas, pero también para abordar el consumo existente y
promover una cultura de salud pública. La prevención efectiva debe ser integral,
multidimensional y accesible a diferentes grupos de población, especialmente a los
más vulnerables como los jóvenes.
1. Estrategias de Prevención
Las estrategias de prevención se centran en disminuir la probabilidad de que las
personas, sobre todo los adolescentes y jóvenes, inicien el consumo de drogas, pero
también buscan reducir el impacto de la drogadicción entre aquellos que ya han
comenzado a consumir. Estas estrategias se dividen en prevención primaria,
secundaria y terciaria, dependiendo del nivel de intervención y del grupo objetivo.
a. Prevención Primaria
La prevención primaria está dirigida a evitar que las personas, especialmente los
jóvenes, inicien el consumo de sustancias psicoactivas. Se basa en la
sensibilización, la educación y el fortalecimiento de habilidades que les permitan
tomar decisiones saludables desde el principio.
Educación en las escuelas: La escuela es un entorno fundamental para la
educación sobre las drogas. Los programas educativos deben incluir información
precisa y accesible acerca de los riesgos y las consecuencias del consumo de
sustancias, además de ofrecer herramientas para que los estudiantes puedan tomar
decisiones informadas. Estos programas deben ser adecuados para la edad y
basarse en la evidencia científica disponible, abordando temas como el abuso de
alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, heroína y otras sustancias.
Los programas pueden tener una estructura formal (como clases sobre el tema) o
informal (como actividades extracurriculares, charlas con expertos y testimonios).
Además de enseñar sobre los riesgos, deben abordar el desarrollo de habilidades
para la vida, como la autoconfianza, resolución de conflictos, gestión de
emociones y el manejo del estrés, habilidades que pueden ayudar a los jóvenes a
enfrentar presiones sociales y a resistir el consumo de sustancias.
Fortalecimiento de habilidades para la vida: Además de la información sobre los
riesgos de las drogas, es crucial que los programas de prevención ayuden a los
jóvenes a desarrollar habilidades sociales y emocionales que les permitan tomar
decisiones autónomas y saludables. Estas habilidades incluyen la capacidad para
decir no, resolver conflictos sin violencia, manejando la presión de grupo y
fortaleciendo la autoeestima.
Por ejemplo, en un programa exitoso de prevención, los jóvenes aprenderían no solo
sobre los efectos negativos de las drogas, sino también sobre cómo mantenerse
firmes ante la presión de amigos o familiares para probarlas. Los entrenamientos en
habilidades de vida pueden llevarse a cabo mediante juegos de rol, dinámicas
grupales y actividades interactivas.
Intervención familiar: La familia juega un papel crucial en la prevención del
consumo de drogas. Los padres que mantienen una comunicación abierta y honesta
con sus hijos, que establecen límites claros y que ofrecen un ambiente de apoyo,
disminuyen el riesgo de que sus hijos caigan en el consumo de sustancias. Los
programas de prevención familiar pueden enseñar a los padres cómo identificar
señales tempranas de consumo, cómo hablar con sus hijos sobre las drogas y cómo
mantener un entorno familiar saludable.
Estos programas también deben involucrar a los padres en la educación sobre el
manejo del comportamiento juvenil, la importancia de establecer normas y la
creación de un ambiente en el hogar donde los hijos se sientan escuchados,
comprendidos y respaldados.
Fomento de actividades saludables: Una de las maneras más efectivas de
prevenir el consumo de drogas es ofreciendo alternativas positivas. Actividades como
el deporte, el arte, la música, el voluntariado, o cualquier actividad que permita a los
jóvenes desarrollar sus talentos y pasiones pueden alejarles de la tentación de las
drogas. Además, estas actividades refuerzan la socialización positiva, el trabajo en
equipo y el sentido de pertenencia a una comunidad, aspectos que disminuyen el
riesgo de consumo de sustancias.
b. Prevención Secundaria
La prevención secundaria se centra en identificar a las personas que han comenzado
a consumir drogas, pero que aún no han desarrollado una adicción grave. Esta fase
de intervención temprana busca evitar que el consumo se convierta en un problema
crónico y de difícil tratamiento.
Detección temprana: La detección temprana es clave para intervenir antes de que
el consumo de drogas progrese. La identificación de los signos de consumo en fases
iniciales permite actuar rápidamente y proporcionar el apoyo adecuado. Los
profesionales de la salud, educadores y padres deben estar atentos a cambios en el
comportamiento de los jóvenes, como alteraciones en el rendimiento académico,
problemas de comportamiento, cambios de amigos o retraimiento social.
Intervención breve: Las intervenciones breves son una estrategia eficaz para
ayudar a las personas que han iniciado el consumo de drogas, pero que no han
llegado a ser dependientes. Este tipo de intervención está basada en el
asesoramiento y la motivación, y busca generar conciencia sobre los riesgos
asociados con el consumo y motivar a la persona a cambiar sus hábitos. Se puede
realizar en diversas formas, como entrevistas motivacionales, terapia cognitivo-
conductual o sesiones de orientación grupal.
Apoyo psicológico y emocional: En muchos casos, el consumo de drogas
comienza como una forma de lidiar con problemas emocionales o psicológicos, como
la ansiedad, la depresión o el estrés. Los programas de prevención secundaria
deben ofrecer apoyo psicológico para ayudar a los individuos a enfrentar sus
problemas emocionales sin recurrir a las drogas.
La orientación profesional en salud mental y los servicios de terapia psicológica son
esenciales para apoyar a las personas a comprender las razones detrás de su
consumo y brindarles estrategias para manejar sus emociones de manera saludable.
c. Prevención Terciaria
La prevención terciaria se refiere a la intervención dirigida a las personas que ya han
desarrollado una adicción a las drogas, con el objetivo de evitar la recaída y mejorar
su calidad de vida. Esta fase es crucial para las personas que han experimentado un
daño significativo por su consumo y buscan recuperar su bienestar.
Tratamiento de la adicción: El tratamiento de la adicción incluye diferentes
enfoques que pueden combinar terapia psicológica, intervención médica y apoyo
social. El tratamiento se basa en la comprensión de que la adicción es una
enfermedad crónica que requiere un enfoque multifacético. Existen varios tipos de
tratamientos disponibles, como la desintoxicación, la terapia cognitivo-conductual, la
terapia familiar, y el apoyo grupal.
Los programas de tratamiento también pueden incluir programas de metadona o
sustitutos farmacológicos para reducir la dependencia de sustancias como los
opioides. La desintoxicación es un paso fundamental, pero la rehabilitación a largo
plazo y el apoyo constante son esenciales para evitar la recaída.
Prevención de recaídas: La prevención de recaídas es uno de los mayores desafíos
en el tratamiento de la adicción. A menudo, las personas que han superado una
adicción enfrentan situaciones de estrés, ansiedad o presiones sociales que pueden
desencadenar una recaída. La terapia cognitivo-conductual y los grupos de apoyo,
como los 12 pasos, son fundamentales para ayudar a las personas a desarrollar
habilidades que les permitan manejar estos factores de riesgo.
Las estrategias de prevención de recaídas incluyen el desarrollo de una red de apoyo
social, cambios en el estilo de vida, el establecimiento de nuevos objetivos y la
identificación temprana de los desencadenantes emocionales o sociales que podrían
llevar al consumo de drogas nuevamente.
2. Programas de Educación sobre Drogas
La educación sobre el consumo de drogas debe ser continua, accesible y adaptada a
las diversas necesidades de la población. La educación no solo se debe limitar a las
escuelas, sino que debe extenderse a todos los ámbitos de la sociedad: familia,
comunidad, centros de trabajo, etc. A continuación, se detallan algunas estrategias
de educación sobre drogas.
a. Educación Escolar
Los programas escolares deben ser estructurados para abordar el tema del consumo
de drogas de una manera progresiva y adaptada a la edad de los estudiantes. Las
escuelas son el entorno ideal para enseñar a los jóvenes no solo sobre los efectos de
las drogas, sino también sobre cómo manejar las presiones sociales, las emociones
y los desafíos de la vida sin recurrir a las sustancias.
Currículos integrados: La educación sobre drogas debe formar parte de un
currículo más amplio que no solo se enfoque en la información sobre las sustancias,
sino también en la prevención de otros comportamientos de riesgo (como el bullying,
la violencia escolar y el abuso de tecnología). Los programas deben ser
interdisciplinarios, involucrando a los profesores de ciencias, psicología, educación
física, entre otros.
Actividades participativas: Además de las lecciones teóricas, las actividades
participativas, como los debates, juegos de rol, talleres y actividades artísticas, son
métodos efectivos para involucrar a los estudiantes de manera activa en el proceso
educativo. Estas actividades permiten a los jóvenes reflexionar sobre las
consecuencias de las drogas en sus vidas y proporcionarles las herramientas para
resistir presiones externas.
b. Campañas de Concientización en Medios de Comunicación
Las campañas mediáticas juegan un papel crucial en la sensibilización de la
población sobre los riesgos del consumo de drogas. Los medios de comunicación
masivos (televisión, radio, redes sociales) tienen un alcance muy amplio y pueden
ser utilizados para transmitir mensajes de prevención y educación.
Testimonios reales y casos de éxito: Las campañas pueden incluir historias de
personas que han sufrido las consecuencias del abuso de drogas o que han
superado la adicción. Estos testimonios sirven como ejemplos reales de los efectos
devastadores del consumo y muestran que es posible superar la adicción con
tratamiento y apoyo.
Informes científicos y educativos: Las campañas también pueden centrarse en la
difusión de información basada en la evidencia científica acerca de cómo las drogas
afectan al cerebro, los órganos vitales y la salud mental. Esto ayuda a las personas a
tomar decisiones informadas sobre el consumo de sustancias.
c. Apoyo Social y Comunitario
El entorno social y comunitario también es clave en la prevención y educación sobre
drogas. Los programas de prevención comunitaria pueden ofrecer un apoyo crucial a
individuos y familias en riesgo.
Redes de apoyo comunitario: El apoyo de amigos, vecinos y familiares es esencial
en la creación de entornos protectores que previenen el consumo de drogas. Las
actividades comunitarias, como programas deportivos, clubes juveniles y proyectos
de voluntariado, pueden ayudar a mantener a las personas ocupadas y fomentar la
integración social.
Centros de apoyo y recursos de ayuda: Las comunidades deben contar con
centros de información y apoyo donde los individuos puedan recibir asesoramiento y
orientación sobre el consumo de drogas, tratamiento para la adicción, y recursos
educativos. Estos centros deben ser accesibles para toda la población,
independientemente de su situación económica o social.
Impacto Social y Económico del Consumo de Drogas
El consumo de drogas tiene un impacto profundo y multifacético en la sociedad. A
nivel macroeconómico, la drogadicción genera grandes costos sociales que afectan a
comunidades, gobiernos y economías enteras. A nivel microeconómico, las personas
que abusan de las drogas experimentan consecuencias personales devastadoras,
que a su vez afectan a sus familias y redes sociales. La interacción entre estos
factores crea una espiral de problemas que es costosa, tanto desde una perspectiva
económica como social. Este impacto se puede desglosar en varios ámbitos clave:
los costos económicos, la pérdida de productividad, el crimen relacionado con las
drogas y los problemas sociales derivados de la drogadicción.
1. Costos Económicos del Consumo de Drogas
El consumo de drogas representa una carga económica significativa para los
sistemas de salud pública, los gobiernos y las empresas privadas. Los costos
económicos no solo se derivan de la atención médica directa de las personas
afectadas por el consumo de sustancias, sino también de los efectos indirectos,
como la pérdida de productividad laboral y los gastos asociados con la criminalidad
relacionada con las drogas.
a. Gastos en Atención de Salud Pública
Uno de los principales costos económicos del consumo de drogas es el gasto en
servicios de salud. Las personas que abusan de las drogas tienen un riesgo elevado
de enfermedades y complicaciones médicas, lo que genera una alta demanda de
atención médica. Los costos relacionados incluyen:
Tratamiento de enfermedades asociadas al consumo de drogas: Las personas
que consumen drogas tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas,
como trastornos respiratorios (en el caso de los fumadores de tabaco o marihuana),
problemas cardiovasculares (en el caso de los consumidores de cocaína o
metanfetaminas), trastornos hepáticos (debido al abuso del alcohol) y enfermedades
infecciosas (como el VIH o hepatitis, por el uso compartido de agujas en
consumidores de opiáceos).
Servicios de rehabilitación: La rehabilitación de personas adictas a las drogas
requiere servicios médicos y psicológicos a largo plazo, los cuales incluyen
desintoxicación, terapia psicológica, programas de reinsertación social, y seguimiento
constante. Estos servicios pueden ser costosos para los sistemas de salud pública,
especialmente en países donde la cobertura médica es limitada o donde la
infraestructura para el tratamiento de adicciones es deficiente.
Atención de emergencias: El consumo de drogas está asociado con un mayor
riesgo de accidentes, sobredosis y otros problemas médicos urgentes que requieren
atención inmediata en hospitales y servicios de emergencia, lo que aumenta aún más
los costos de atención sanitaria.
b. Costos para el Sistema Judicial y Penal
El crimen relacionado con las drogas genera una carga económica significativa para
el sistema judicial, las fuerzas de seguridad y el sistema penitenciario. Los recursos
destinados a la lucha contra el tráfico de drogas, el procesamiento de delitos
relacionados con drogas y el encarcelamiento de los infractores se traducen en altos
costos para el estado. Estos costos incluyen:
Fuerzas de seguridad y lucha contra el narcotráfico: Los gobiernos deben
destinar recursos a la policía, la inteligencia y las agencias de control de drogas para
combatir el tráfico de sustancias. Esto involucra desde la vigilancia hasta las
operaciones de captura y decomiso, lo que requiere un gasto significativo en
personal, tecnología y equipo.
Sistema judicial y penitenciario: Los procesos judiciales para juzgar delitos
relacionados con las drogas también tienen un alto costo. Esto incluye desde la
contratación de jueces y abogados hasta los costos de encarcelamiento de los
individuos involucrados en el tráfico y consumo de drogas. Las prisiones deben alojar
a miles de personas encarceladas por delitos relacionados con las drogas, lo que
genera una carga para los sistemas penitenciarios, tanto en términos de
infraestructura como de personal. A largo plazo, muchos países enfrentan el desafío
de la sobrepoblación carcelaria debido a la criminalización del consumo y tráfico de
drogas.
c. Gastos Indirectos en Seguridad Social
El consumo de drogas genera una presión adicional sobre los sistemas de seguridad
social. Las personas con adicciones suelen necesitar subsidios para vivir, apoyo
social y acceso a beneficios de salud, especialmente si su capacidad para trabajar se
ve afectada. Los beneficios sociales incluyen:
Subsidios de incapacidad laboral: Aquellos que no pueden trabajar debido a su
adicción a las drogas pueden depender de pagos por incapacidad laboral, lo que
representa un costo significativo para los sistemas de bienestar social.
Programas de apoyo a la vivienda y asistencia social: Las personas que caen en
la pobreza debido a su dependencia de las drogas a menudo necesitan apoyo social
adicional, lo que genera un gasto extra para el gobierno en términos de servicios
sociales, programas de vivienda y asistencia alimentaria.
2. Pérdida de Productividad Laboral
El consumo de drogas también tiene un impacto directo sobre la productividad
laboral, tanto a nivel individual como colectivo. Las personas que abusan de las
sustancias experimentan dificultades para desempeñar sus funciones laborales de
manera efectiva, lo que reduce su capacidad para contribuir al desarrollo económico
del país.
a. Disminución del Rendimiento en el Trabajo
Las personas que consumen drogas a menudo enfrentan dificultades para mantener
el rendimiento laboral debido a los efectos de las sustancias en su salud mental y
física. Esto incluye:
Falta de concentración y memoria: Las drogas, especialmente las que afectan el
sistema nervioso central, pueden interferir con la capacidad de concentración,
memoria y toma de decisiones, lo que puede resultar en errores, accidentes
laborales y menor eficiencia
Conclusión
El impacto de las drogas en la salud física y mental es profundo y abarca diversos
aspectos del bienestar de una persona. Además de los daños inmediatos, las
consecuencias a largo plazo pueden ser severas, tanto a nivel individual como social.
La prevención, el tratamiento temprano y la rehabilitación son fundamentales para
reducir los efectos devastadores de las drogas en la salud de los consumidores. El
consumo de drogas tiene un impacto devastador tanto en la salud física como en la
salud mental. Los efectos pueden variar según el tipo de sustancia, la cantidad
consumida y la duración del consumo, pero los daños son generalmente graves y de
largo alcance.
El consumo de drogas tiene efectos devastadores tanto en la salud física como en la
salud mental. Las consecuencias de su abuso van desde daños irreversibles en los
órganos vitales hasta trastornos mentales graves que afectan la vida diaria. Es
esencial tomar medidas preventivas, proporcionar acceso a tratamientos eficaces y
ofrecer apoyo psicológico para quienes padecen de adicciones, con el fin de mitigar
estos efectos y promover la recuperación. l consumo de drogas tiene un impacto
profundamente negativo en la sociedad, no solo a nivel individual, sino también en
los ámbitos social y económico. Desde los costos asociados con la atención médica
y el crimen, hasta los efectos en la productividad laboral y la cohesión social, la
drogadicción crea un círculo vicioso que afecta a toda la comunidad. Combatir este
problema requiere enfoques integrales que incluyan prevención, educación,
tratamiento y apoyo para las personas afectadas, así como políticas públicas que
promuevan la rehabilitación y la reintegración social de aquellos que luchan contra la
adicción.
[Link]
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[Link]
de-la-adiccion/tratamiento-y-recuperacion
[Link]
Spanish/AR_2002_S_Chapter_I.pdf
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[Link]
de-la-adiccion/prevencion-del-abuso-de-drogas-la-mejor-estrategia