Las malformaciones urogenitales constituyen aproximadamente la
tercera parte de todos los trastornos del desarrollo embriológico, lo que
da una idea de su extraordinaria importancia clínica.
En este tema se exponen las malformaciones urinarias de uno y otro
sexos y las genitales masculinas.
Desde el punto de vista clínico se dividen en externas e internas. Las
externas se presentan en el hábito exterior del niño y se diagnostican casi
en su totalidad por un simple examen físico; asimismo, se manifiestan
por el síndrome malformativo genital externo que denota la existencia de
una alteración morfológica de los genitales externos. Incluyen, además,
diversas manifestaciones de la esfera psíquica, que a menudo acompañan
estas anomalías. El dismorfismo puede ser peneano, escrotal y combinado.
Las malformaciones internas renales, ureterales, vesicales y uretrales,
se manifiestan clínicamente de muy diversas formas: conforman varios
síndromes clínicos mediante los cuales se debe sospechar su existencia,
estos son los síndromes urinario infeccioso, urinario obstructivo bajo,
tumoral abdominal y con menor frecuencia los síndromes doloroso
abdominal, hipertensivo, de insuficiencia renal crónica y de incontinencia
urinaria.
Se debe destacar que en la actualidad es cada vez más frecuente la
detección subclínica de estas malformaciones, al descubrirse fortuitamente
por un estudio ultrasonográfico realizado por otra causa ajena al aparato
urinario, e incluso en el prenatal, mediante el examen por ultrasonografía
realizado durante el embarazo, lo que determina que con frecuencia se
pueda hacer un diagnóstico verdaderamente precoz de estas anomalías
y, por supuesto, un tratamiento con resultados más satisfactorios.
Anatómicamente, las malformaciones urogenitales se agrupan en
malformaciones del tracto urinario superior, malformaciones del tracto
urinario inferior y malformaciones genitales externas.
Malformaciones del tracto
urinario superior
Agenesia renal
Es la ausencia congénita de un riñón; se presenta aproximadamente
en 1 de cada 1 000 nacidos vivos y se asocia con mayor frecuencia a
diversas anomalías extrarrenales. La agenesia bilateral es incompatible
con la vida. El uréter falta en su totalidad casi siempre, aunque en ocasiones
puede estar representado por un conducto ciego. El riñón contralateral
sufre una hipertrofia compensadora y su uréter presenta un calibre mayor.
La agenesia renal no presenta síntomas y es un hallazgo del examen
ultrasonográfico pre o posnatal o del examen radiológico.
Hipoplasia renal
Generalmente la hipoplasia renal simple es una anomalía unilateral;
se caracteriza por la disminución congénita del tamaño del riñón, el cual
está constituido por un número menor de renículos que tienen una
estructura parenquimatosa normal y, por tanto, funcionalmente también
es normal. La arteria renal es proporcional en calibre al parénquima.
En ocasiones hay displasia asociada, en cuyo caso recibe el nombre
de hipodisplasia. Entre las hipoplasias bilaterales se describe la
oligomeganefronia, la cual está dada por riñones muy pequeños, con solo
el 20 % de nefromas; los glomérulos se hipertrofian al doble de su tamaño
normal y los túbulos tienen una longitud 4 veces mayor.
El riñón hipoplásico simple unilateral no debe presentar síntomas. Si
hay compromiso vascular asociado a una arteria de menor calibre, puede
provocar hipertensión. Si se acompaña de tejido displásico suele infectarse,
sobre todo si se asocia a una displasia de la unión ureterotrigonal, en
cuyo caso puede haber reflujo vesicoureteral. Si es bilateral, que es
infrecuente, se manifiesta desde la infancia por prematuridad, pobre
crecimiento e insuficiencia renal.
En la forma unilateral simple no complicada, que es más frecuente, el
diagnóstico puede ser fortuito o por ultrasonografía, en la que se observa
un riñón disminuido de tamaño con un contralateral aumentado. La
gammagrafía renal funcional DTPA o MAG-3 brinda una captación del
radiofármaco proporcional a la cantidad de parénquima existente. En el
urograma excretor se observa el riñón más pequeño, con un número
menor de cálices, pero su configuración es normal; el riñón contralateral
presenta una hipertrofia compensadora.
74
En la forma complicada con infección, trastornos vasculares o reflujo,
a menudo es más difícil distinguir la verdadera hipoplasia de la displasia
o de las atrofias pielonefríticas o isquémicas.
En las formas bilaterales como la oligomeganefronia, la biopsia renal
se hace necesaria para el diagnóstico.
La hipoplasia unilateral simple no complicada no requiere tratamiento.
Si hay compromiso vascular con hipertensión arterial debe valorarse la
nefrectomía, al igual que en los casos con infección no controlada. En las
formas bilaterales con insuficiencia renal crónica puede llegar a ser
necesario el tratamiento sustitutivo (diálisis-trasplante).
Displasia renal multiquística
Se caracteriza por un riñón constituido solo por quistes, sin
parénquima o con muy escasa cantidad de este; por lo general la pelvis
renal está ausente, al igual que los cálices; el uréter casi siempre es atrésico.
La función renal está abolida o es prácticamente inexistente.
Esta afección es la displasia quística más frecuente en el niño y junto
con la hidronefrosis congénita constituyen las 2 causas más comunes de
nefromegalia palpable en el recién nacido. Solo por excepción el
diagnóstico se hará en la vida adulta. La prevalencia es de
aproximadamente 1 por 4 000 nacidos vivos; la afección es
frecuentemente unilateral, con predominio del lado izquierdo; existe un
ligero predominio en el sexo masculino. Casi en el 20 % se asocia con
megauréter obstructivo contralateral; la bilateralidad es incompatible con
la vida.
Comúnmente, el diagnóstico del riñón multiquístico se hace por
ecografía prenatal y puede confundirse con la hidronefrosis con pelvis
intrarrenal. Se detecta con menor frecuencia y fortuitamente después
del nacimiento, cuando se realiza un estudio ultrasonográfico o radiológico
por otra causa. En ocasiones, el riñón multiquístico puede diagnosticarse
a partir de la palpación de una nefromegalia en un recién nacido.
La gammagrafía dinámica DTPA o MAG-3 evidencia la ausencia
funcional del riñón afecto y la posible existencia de procesos obstructivos
en el riñón contralateral. La presencia de infección o hipertensión debe
relacionarse con la afectación del otro riñón. En algunos casos puede ser
necesaria la TAC.
Históricamente el riñón multiquístico se ha tratado mediante
nefrectomía previendo una posible degeneración maligna, sin embargo,
en estudios longitudinales recientes se ha demostrado que más de la mitad
de los casos involucionan disminuyendo su tamaño; se ha reportado la
desaparición de algunos en la segunda década de la vida; no obstante, en 75
nuestro medio es mayoritario el criterio de hacer nefrectomía. Si se hace
tratamiento conservador debe realizarse control ultrasonográfico cada
3 meses, durante el primer año de vida, y cada 6 meses hasta los 5 años;
después se practicará anualmente para detectar involución o su posible
transformación neoplásica. En caso de obstrucción contralateral se
procederá a su reparación.
Enfermedad renal poliquística
Se caracteriza por el desarrollo difuso de quistes en el espesor del
parénquima renal, los cuales progresivamente van comprimiendo, lo que
determina isquemia y ulterior atrofia; esta afección es bilateral en casi
todos los casos. Se ha descrito una forma autosómica recesiva,
denominada variedad infantil, con una prevalencia de 1 cada 40 000
nacidos vivos y otra autosómica dominante, variedad adulto, que es más
frecuente; se presenta en 1 de cada 500 a 1 000 nacidos vivos, con una
marcada tendencia hereditaria que se hace evidente en casi el 60 % de
los casos.
En más del 85 % (forma adulta) se ha aislado el gen PKD-1, en el
cromosoma 16. En la variedad infantil se señalan anormalidades en el
brazo corto del cromosoma 6. Hoy día se prefiere emplear los términos
forma autosómica dominante y no variedad adulto, así como forma
autosómica recesiva y no variedad infantil, pues se han descrito casos de
la primera en la edad infantil y de la segunda en adultos jóvenes.
Macroscópicamente el riñón poliquístico infantil está constituido por
una gran masa de pequeños quistes corticales de tamaño más uniforme
que en el adulto; al corte presenta una estructura similar a un panal de
abejas, con muy escaso parénquima renal. En contraste con el tipo adulto,
esta variedad tiene la tendencia a una disminución en el tamaño del riñón
por fibrosis progresiva; se asocia a lesión hepática, consistente en
hiperplasia de los conductos biliares y fibrosis portal.
La variedad adulto presenta quistes que parten de cualquier sector
de la nefrona y del sistema colector; estos pueden medir desde pocos
milímetros hasta varios centímetros y, por tanto, originar una nefromegalia
importante que puede llegar a medir de 30 a 40 cm de largo, con un peso
de 8 kg, lo que se asocia a veces a la infección y la litiasis; también se
acompañan de quistes en el hígado, el páncreas y los ovarios, y
ocasionalmente aneurismas cerebrales.
En el estudio ultrasonográfico prenatal el hallazgo de oligohidramnios
con grandes riñones ecogénicos hace pensar en esta entidad. En el neonato
la variedad infantil recesiva puede manifestarse por un síndrome tumoral
abdominal, dado por una nefromegalia bilateral y hepatoesplenomegalia,además de un distrés
respiratorio, dado por una hipoplasia pulmonar.
Las manifestaciones de insuficiencia renal progresiva se presentan en
todos estos casos, así como la hipertensión portal por disfunción hepática.
El hallazgo en la ultrasonografía de grandes riñones ecogénicos, con
pequeñas zonas ecolúcidas, y el cuadro clínico permiten brindar el
diagnóstico en la mayoría de los casos. Generalmente, la urografía
excretora no es posible llevarla a cabo, por la insuficiencia renal que
presentan.
La variedad adulto se manifiesta generalmente entre la tercera y quinta
décadas de la vida, aunque se puede presentar en la infancia e incluso
detectarse en el estudio ultrasonográfico prenatal.
El cuadro clínico se caracteriza por una nefromegalia bilateral
palpable, de superficie polilobulada, que a veces es asimétrica en sus
dimensiones, simulando ser unilateral; puede acompañarse de infección
urinaria recurrente y hematuria microscópica que en ocasiones se hace
macroscópica ante traumas ligeros.
La hipertensión arterial está presente en casi el 75 % de los casos,
pero en general es poco severa; las manifestaciones de insuficiencia renal
aparecen muy lentamente y en general se toleran bien durante gran parte
de la enfermedad.
El diagnóstico se hace por los antecedentes familiares de la
enfermedad y el cuadro clínico descrito. La ultrasonografía muestra la
imagen de unos riñones grandes con zonas ecolúcidas de diversos tamaños,
correspondientes a los quistes. El urograma excretor revela unos cálices
elongados en sentido longitudinal y comprimidos en el transversal, que
dan una imagen comparable con "patas de arañas".
A menudo este estudio se hace difícil por la insuficiencia renal que
impide la adecuada eliminación del contraste. La gammagrafía con DTPA
o MAG-3 evidencia el deterioro de la función renal. Solo en casos
excepcionales será necesaria la realización de una TAC.
Cuando la forma autosómica recesiva sobrepase el período prenatal,
debe ser estrechamente seguida, teniendo en cuenta el inexorable deterioro
de la función renal. La hipertensión (difícil de controlar), las infecciones
y la deshidratación, complican la evolución; el 50 % de los casos morirá
antes de los 10 años de edad. La forma dominante tipo adulto se desarrolla
sin síntomas hasta la tercera década de la vida. La infección urinaria, la
hematuria por traumas y la infección de los quistes pueden complicar la
evolución. Comúnmente la hipertensión arterial se tolera bastante bien,
al igual que la insuficiencia renal, que suele evolucionar lentamente; esta
entidad puede transcurrir asintomática durante toda la vida, pudiendo
ser un hallazgo de necropsia.
En la forma infantil son de suma importancia las medidas
antiinfecciosas, antihipertensivas y de soporte hidromineral tendiente a evitar que se agrave la
insuficiencia renal existente. El tratamiento
sustitutivo (diálisis-transplante) puede ser una opción a tener en cuenta
si el niño llega a la edad que lo permita. Las alteraciones en las pruebas
funcionales hepáticas junto con la fiebre deben ser prontamente evaluadas
por la posibilidad de una colangitis bacteriana que sería una grave
complicación.
En la forma adulta se evitarán o tratarán las infecciones urinarias y la
deshidratación, que descompensan la insuficiencia renal crónica, así como
la hipertensión arterial, si está presente, y se evitará la exposición a
traumatismos abdominales. Si los quistes se infestan, el tratamiento será
con antibióticos; excepcionalmente se puede drenar alguno. En casos
avanzados de terapéutica, se procederá a diálisis-transplante renal.
Quiste renal simple
Los quistes renales se observan con frecuencia en los adultos; en los
niños aparecen después de los 5 años; pueden ser únicos o múltiples, a
veces multiloculados y no se comunican con las vías urinarias. El quiste
se reviste de una capa epitelial de células planas.
Se pueden presentar en uno y otro sexos y por lo general no provocan
síntomas. En caso de quiste de polo inferior de gran tamaño puede
presentarse como una masa abdominal palpable con contacto lumbar,
redondeada y lisa. Excepcionalmente se manifiesta por dolor y hematuria
después de un traumatismo.
El diagnóstico se hará por ecografía renal ante una tumoración
esférica bien delimitada y con ausencia de ecos internos; la gammagrafía
renal TcDMSA muestra la zona hipocaptante. Si el diagnóstico es dudoso,
se indicará la urografía excretora y la TAC.
En la mayoría de los casos la conducta es expectante, por tanto, el
tratamiento solo se aplica en los quistes grandes que provocan síntomas;
para ello se cuenta con diferentes variantes que incluyen desde la punción
e inyección de sustancia esclerosante hasta la exéresis por cirugía
laparoscópica o cirugía abierta.
Ectopia renal
La ectopia renal simple se considera una anomalía del ascenso del
riñón, que no llega a su localización normal en la fosa renal. Se debe
diferenciar de la ptosis renal, en la cual el riñón está en su lugar, pero se
desplaza hacia abajo. Se presenta en 1 de cada 900 personas, sin
preferencia significativa entre los sexos; predomina ligeramente en el lado izquierdo y, por ende, la
bilateralidad es poco común. Se clasifica en
pélvica, sacroilíaca y torácica (no es muy frecuente).
El riñón suele ser más pequeño y presenta lobulaciones fetales; la
pelvis renal está en posición anterior y el uréter es corto. La ectopia
puede asociarse a la agenesia renal contralateral, así como a anomalías
genitales.
Cuando el riñón se localiza en el lado contralateral y el uréter cruza
la línea media y desemboca en el hemitrígono correspondiente, se
denomina ectopia renal cruzada. Se presenta en 1 de cada 2 000 personas
y es más común en el varón y del lado izquierdo; en el 90 % de los casos
se fusiona al riñón opuesto. La mayoría de los pacientes con ectopia
renal son asintomáticos, a veces se diagnostica por una ultrasonografía
fortuita o por la palpación de una masa abdominal, fija, no deslizable,
que la diferencia de la ptosis renal. La ecografía renal muestra su
localización, mientras que la gammagrafía Tc DMSA confirmará el
diagnóstico. El urograma excretor brinda la situación del riñón y la
cortedad del uréter, lo que lo diferencia de la ptosis renal, donde este se
ve largo y flexuoso.
El tratamiento dependerá de las complicaciones, que pueden ser la
infección urinaria, la litiasis renoureteral y la hidronefrosis.
Fusión renal: riñón en herradura
El riñón en herradura es una forma de fusión en la que ambos riñones
se unen por el polo inferior mediante un istmo que puede ser voluminoso
y vascularizado o escaso y fibroso; se acompaña de malrotación de la
pelvis y los cálices, los cuales están rotados hacia dentro; los uréteres van
de fuera a dentro cruzando por delante del istmo, lo que pudiera
determinar compresión y obstrucción de los mismos.
Tiene una predisposición genética, se presenta en 1 de cada 500
personas y es más frecuente en el sexo masculino. Casi siempre aparece
de forma asintomática, pero a veces puede provocar manifestaciones de
infección o de obstrucción. Por lo común el examen físico es negativo,
aunque en el niño puede existir una masa abdominal palpable, relacionada
con un istmo grueso.
La ultrasonografía renal permite hacer el diagnóstico; la gammagrafía
TcDMSA brinda las características del riñón y del istmo y la urografía
excretora confirma la posición de los riñones, así como de los uréteres
cuando se va a realizar tratamiento quirúrgico, el cual consiste en la
resección del istmo y la remoción de otros factores obstructivos. Las
complicaciones son hidronefrosis, infección urinaria y litiasis por mal
vaciado de la pelvis renal. De no existir estas, no requiere tratamiento. 79
Otros tipos de fusión son las asociadas a ectopias renales:
- Riñón en L: cuando se une el polo inferior de un riñón con el polo
superior del contralateral.
- Riñón en rosca o en disco: cuando se unen en ambos polos.
- Riñón en torta: cuando constituyen una masa parenquimatosa.
Hidronefrosis congénita
Concepto y generalidades
La hidronefrosis congénita es la dilatación de la pelvis y los cálices
por la orina retenida, como resultado de un trastorno urodinámico
preexistente al nacimiento, lo que puede determinar un aumento inicial
de la presión intracavitaria e isquemia del parénquima, con alteración
variable de la función renal. Debe diferenciarse de la pielectasia simple,
que es la dilatación de la pelvis sin alteración parenquimatosa renal, y de
la megacaliosis, que es la dilatación caliceal no obstructiva sin pielectasia.
La hidronefrosis congénita puede ser bilateral, pero se observa con
mayor frecuencia del lado izquierdo; afecta predominantemente el sexo
masculino. Antes de existir la ultrasonografía era la causa más común de
nefromegalia palpable en el niño y a su vez la tumoración abdominal
palpable más frecuente, lo que no sucede en la actualidad, gracias al estudio
ultrasonográfico prenatal que se realiza rutinariamente. La hidronefrosis
congénita constituye el hallazgo más frecuente en la ecografía de la mujer
gestante (1 x 1 000 aproximadamente).
Etiología
La hidronefrosis congénita puede ser obstructiva, de causa intrínseca,
como la provocada por la estenosis del ostium pieloureteral, por hipoplasia
del uréter yuxtapiélico o por la existencia de repliegues valvulares mucosos,
y de causa extrínseca por la compresión de vasos anómalos o bridas.
También puede ser obstructiva funcional por la alteración en la disposición
de las fibras musculares, y no obstructiva como ocurre en la hidronefrosis
transitoria del lactante (la más frecuente).
Patogenia de la lesión renal
La dilatación progresiva de las cavidades pielocaliceales y
fundamentalmente la liberación de sustancias vasoactivas (angiotensina
II, tromboxano A2 y hormona antidiurética) determinan la isquemia y
ulterior atrofia del parénquima renal, el cual se va laminando hasta quedar
convertido en varios bolsones de paredes delgadas, llenos de orina.
La alteración funcional estará en proporción con el deterioro del
parénquima renal. Si se sobreañade una infección (hidronefrosis infectada)
el proceso de destrucción parenquimatosa renal se acelerará y la afectación
funcional será mucho mayor. Cuando la disposición anatómica de la pelvis
es extrarrenal, su dilatación amortigua el daño sobre el parénquima; por
el contrario, en casos de pelvis intrarrenal, la dilatación de los cálices es
mayor, lo que determina un rápido e intenso deterioro del tejido y de la
función renal.
Patología
En los casos graves el riñón hidronefrótico obstructivo se caracteriza
por bolsones llenos de orina, que puede o no estar infectada, rodeado de
parénquima que en ocasiones no pasa de pocos milímetros de espesor
por el grado de atrofia tan intenso. Cuando la pelvis es extrarrenal puede
llegar a ser enorme y rebasar a veces la línea media. En los casos de
estenosis el ostium pieloureteral tiene un aspecto nacarado y puntiforme
que no permite el paso de un catéter ureteral N.4F (obstrucción parcial).
El uréter por debajo del obstáculo es normal. Hoy día, el diagnóstico
perinatal ultrasonográfico evita que el riñón llegue a tal grado de deterioro,
si se trata quirúrgicamente en el momento oportuno.
En caso de tratarse de una hidronefrosis no obstructiva, el cuadro
patológico es diferente, según sea hidronefrosis transitoria o una atonía por
displasia muscular. En el primer caso las cavidades pielocaliceales se dilatan
por el gran volumen urinario que presentan el feto, el neonato y el lactante,
en relación con la insuficiencia renal fisiológica, que se caracteriza por el
flujo plasmático renal disminuido y una reabsorción deficiente por inmadurez
tubular, a lo cual se añade un determinado grado de falta de desarrollo de la
musculatura pielocaliceal que es más marcada del lado izquierdo. Estas
alteraciones constituyen la denominada fisiología de tránsito que tiende a
normalizarse en la medida en que el lactante se aproxima al año de edad.
En la atonía por displasia muscular de la pelvis renal, esta se dilata por
una alteración congénita de las fibras musculares, que son escasas y distróficas,
separadas por tejido colágeno, todo lo cual impide una peristalsis normal; en
estos casos la afectación de los cálices y del parénquima renal suele ser de
ligera a moderada.
Cuadro clínico
Casi siempre la hidronefrosis congénita no provoca síntomas durante un
largo periodo y solo puede descubrirse fortuitamente por ultrasonografía
abdominal, realizada por otra causa, o detectarse prenatalmente por la ecografía que se realiza durante
el embarazo, lo cual ocurre cada vez con
mayor frecuencia.
Cuando provoca síntomas, lo común es que se evidencie por
manifestaciones de infección urinaria, hematuria ligera relacionada con
un traumatismo abdominal poco intenso, o molestias dolorosas que
pueden ser epigástricas o abdominales difusas en el niño pequeño.
Cada vez es menos frecuente la palpación de una nefromegalia
hidronefrótica congénita.
Generalmente, cuando el diagnóstico se hace por ultrasonografía, el
examen físico es negativo; en otros casos puede haber dolor en las zonas
costomusculares y ureteral superior; la orina puede ser algo turbia o
hemática y en casos avanzados puede palparse una tumoración con
contacto lumbar, de superficie lisa y renitente, mate a la percusión. La
hipertensión arterial es infrecuente.
Diagnóstico
Puede hacerse prenatalmente cuando la hidronefrosis se detecta por el
estudio ultrasonográfico rutinario durante el embarazo o en el periodo
posnatal descubrirse fortuitamente por otra causa, o bien por las
manifestaciones antes descritas.
El ecograma renal demostrará la hidronefrosis, al poner de manifiesto
una pelvis dilatada y bolsones caliceales con un parénquima renal que puede
estar afinado. Cuando es unilateral tiene gran valor detectar una hipertrofia
compensadora en el riñón contralateral.
Por lo general la gammagrafía renal con DTPA o con MAG-3 muestra
un déficit variable en la incorporación del radiofármaco, con retardo en el
tránsito y en la excreción, en dependencia de la magnitud del fenómeno
obstructivo. Si se trata de una hidronefrosis transitoria del lactante, las
alteraciones en la incorporación, el tránsito y la excreción tienden a irse
normalizando en estudios evolutivos, a la inversa de la obstrucción en la cual
el déficit funcional tiende a incrementarse. En los casos de atonía pélvica por
displasia muscular el defecto de incorporación es menor o muy ligero, con
un retardo variable en la excreción que cesa con la inyección de furosemida.
En el urograma excretor (vista simple) se visualizará un agrandamiento
de la sombra renal y el rechazamiento de las asas intestinales cuando la
nefromegalia es muy marcada; en las vistas contrastadas se hará evidente un
retardo en la eliminación de la sustancia yodada, así como la dilatación de los
cálices y la pelvis, por lo que a menudo tendrá un contorno inferior
redondeado, visualizándose mal el uréter.
Cuando el compromiso es extrínseco se puede observar un trazo
rectilíneo oblicuo o transversal, correspondiente a un vaso anómalo o a una brida congénita. La
pielografía percutánea puede ser necesaria
ocasionalmente. La ureteropielografía retrógrada es de uso excepcional
en el niño. La cistouretrografía miccional se realizará para descartar un
reflujo coexistente con la hidronefrosis congénita.
El ultrasonido Doppler ha adicionado una nueva dimensión en el
estudio de las obstrucciones pieloureterales mediante la medida de la
resistencia vascular intrarrenal que debe estar elevada (más de 0,70) por
efecto de la vasoconstricción que ocurre en el riñón obstruido.
Evolución, pronóstico
y complicaciones
En general y debido al diagnóstico muy precoz que se hace hoy día, el
pronóstico de la hidronefrosis congénita es bueno. En cuanto a la
hidronefrosis transitoria del lactante, que en la mayoría de los casos es
unilateral, el pronóstico es muy favorable; evoluciona con ecografía y
gammagrafía dinámicas seriadas, las cuales evidencian la regresión
progresiva de las alteraciones.
Cuando se demuestre que la causa es obstructiva, la pieloureteroplasia
oportuna brinda muy buenos resultados; de no ser así, el riñón se irá
deteriorando progresivamente con la alteración funcional consiguiente,
que en casos bilaterales puede llevar a una insuficiencia renal grave.
La infección sobreañadida ensombrecerá el pronóstico.
Tratamiento
Las dilataciones pielocaliceales detectadas por ultrasonografía en los
periodos prenatal y posnatal inmediatos, deben evaluarse con mucha
cautela cuando la gammagrafía funcional con DTPA o MAG-3 revela un
buen funcionamiento parenquimatoso, pues factores transitorios
relacionados con la fisiología del feto, el neonato y el lactante, pueden
inducir a una conducta quirúrgica innecesaria y a veces yatrógena, por
tanto, cuando se sospeche una hidronefrosis transitoria en un lactante, la
conducta será el seguimiento con ecografía renal mensual y gammagrafía
Tc DTPA o MAG-3 (siempre con el mismo radiofármaco), cada 2 o 3
meses, según la magnitud de la dilatación, además de la quimioprofilaxis.
Si la causa es funcional transitoria, tanto la ecografía como la gammagrafía
funcional irán mejorando, hasta su normalización.
En caso de deterioro funcional progresivo, la hidronefrosis es de causa
obstructiva y se impondrá un tratamiento quirúrgico. La pielouretero-
plastia por la técnica de Anderson-Haynes brinda muy buenos resultados.
En casos muy marcados o complicados puede ser necesaria una nefrostomía
temporal previa.
Megauréter obstructivo primario
Concepto y etiología
El término megauréter significa uréter aumentado de calibre, sin
implicaciones causales. En la práctica clínica se refiere a uréteres dilatados,
de manera ostensible imagenológicamente.
El megauréter casi siempre se debe a reflujo o a obstrucción, aunque
también se puede observar en algunas atonías posinfecciosas o
posobstructivas y en poliurias importantes como la diabetes insípida.
El megauréter obstructivo primario (MOP) se debe a una alteración
congénita intrínseca del uréter distal; puede ser orgánico, como los
originados por estenosis distal, hipertrofia de fibras musculares circulares
y repliegues valvulares, o funcional, por la existencia de un segmento
adinámico o aperistáltico yuxtavesical, de 0,5 a 4 cm de longitud, el
cual, sin estar obstruido mecánicamente, se comporta como tal por la
presencia de fibras musculares displásicas con abundante tejido
colágeno, que no permiten la conducción de la onda peristáltica; en
ocasiones, una mala disposición de las fibras musculares puede provocar
un trastorno similar.
En cualquier caso, el uréter se dilata por encima del obstáculo, en
dependencia de su naturaleza y magnitud, siendo un factor predisponente
para la infección urinaria y un peligro potencial para la función renal.
Megauréter obstructivo
Primario
- Funcional:
Segmento adinámico.
Transposición de fibras musculares.
- Orgánico:
Estenosis ureteral.
Hipertrofia de fibras circulares.
Repliegues valvulares.
Secundario:
- Valva de uretra posterior.
- Vejiga neurogénica.
- Ureterocele.
- Síndrome de Hinman.
- Litiasis.
- Compresiones vasculares.
- Compresiones tumorales.
Cuadro clínico y diagnóstico
El MOP es más frecuente en los varones y, aunque puede ser bilateral,
se observa más a menudo del lado izquierdo. Los niños que lo padecen
asisten a la consulta por un cuadro de infección urinaria, sin embargo,
cada vez es más común el hallazgo de la dilatación ureteral mediante una
ecografía pre o posnatal.
El diagnóstico se basa en la detección de la dilatación mediante una
ecografía o por un urograma con una cistografía miccional que no muestra
reflujo con vejiga y uretra normales.
En el MOP funcional la dilatación suele estar más localizada en el
tercio inferior; puede existir una escasa dilatación de la pelvis y los cálices,
con ligera repercusión funcional, como se demuestra en los estudios
gammagráficos y el urograma excretor, donde se observa, además, que el
uréter termina en una porción más estrecha, de calibre normal, que es el
segmento adinámico. En el MOP orgánico la dilatación suele ser mayor y
la repercusión funcional es más severa: el uréter termina de forma
redondeada.
El MOP se debe distinguir del megauréter obstructivo secundario, el
cual se origina por causas extrínsecas al uréter, como se observa en la
repercusión alta de diversos procesos: valva de uretra posterior, vejiga
neurogénica, ureterocele, síndrome de Hinman, litiasis y compresiones
vasculares y tumorales.
Tratamiento
Si no hay infección y su repercusión en la función renal es ligera,
como sucede en la mayoría de los casos, el MOP funcional se puede
manejar conservadoramente, en espera de una regresión progresiva de la
dilatación por el efecto de una hipertrofia muscular por encima del
segmento adinámico, por tanto, se establecerá una quimioprofilaxis, al
menos durante el primer año de vida, y se indicarán ecografía, gammagrafía
y urocultivos periódicos.
El MOP orgánico se debe tratar quirúrgicamente mediante la resección
del segmento obstructivo y la reimplantación del uréter en la vejiga; a
veces, puede ser necesario un afinamiento del conducto.
Duplicidad ureteral
Después del reflujo vesicoureteral, la duplicidad ureteral (DU) es la
anomalía congénita más frecuente del uréter; puede ser incompleta o
completa hasta su desembocadura, uni o bilateral; afecta a ambos lados
aproximadamente por igual, y predomina en las hembras, en una proporción 2:1. Existe una tendencia
familiar genéticamente determinada
por un rasgo autosómico dominante.
La DU incompleta, conocida también como uréter bífido o en Y, es
más común que la completa; se presenta en 1 de cada 125 personas y la
mayoría de las veces es un hallazgo incidental que no causa manifestaciones
clínicas.
La DU completa se observa en 1 de cada 500 niños; los uréteres
desembocan de forma independiente en la vejiga: el correspondiente al
segmento superior lo hace en posición más caudal y media y el del segmento
inferior, más cefálico y lateral. El uréter del segmento superior puede
asociarse a fenómenos obstructivos como el ureterocele y la estenosis
distal del uréter, así como a una desembocadura éctopica extravesical. El
uréter del segmento inferior se asocia a menudo al reflujo vesicoureteral.
El diagnóstico se hace por las manifestaciones clínicas de infección,
obstrucción o de incontinencia urinaria, que puedan estar presentes. La
ecografía renal es la que evidencia la duplicidad, lo que se apreciará con
más detalles en el urograma excretor que mostrará un grupo caliceal
superior, a menudo hipoplásico y a veces hidronefrótico, y un grupo
caliceal inferior basculado hacia abajo y afuera.
La cistouretrografía miccional revela si existe reflujo al sistema
inferior; esta brinda una imagen de "flor mustia".
La gammagrafía renal TC-DMSA mostrará la hipocaptación del
sistema superior cuando esté obstruido o del sistema inferior si hay reflujo
e infección.
Si no hay lesiones asociadas, el tratamiento es expectante. Si existe
obstrucción, reflujo o desembocadura ectópica se tratarán quirúrgica-mente,
de acuerdo con su naturaleza y magnitud; la nefrectomía polar superior con
ureterectomía parcial es el proceder más utilizado, entre otros.
Ureterocele
El ureterocele es la dilatación quística del uréter submucoso, causada
generalmente por la obstrucción del meato ureteral; puede presentarse
en un uréter simple o en la duplicidad ureteral. Su prevalencia es de
1 cada 500 personas: en el adulto predomina la forma simple y en el
niño, el ectópico de gran tamaño.
El paciente con ureterocele puede estar asintomático o presentar
síntomas y signos de obstrucción o de infección urinaria. La ultrasonogra-
fía pondrá en evidencia el ureterocele y la dilatación retrógrada. En el
adulto la urografía excretora mostrará la falta de lleno en la vejiga, rodeada
de un halo periférico radiotransparente en forma de "cabeza de cobra";
en el niño puede llegar a ocupar gran parte de la vejiga y pondrá en evidencia la repercusión sobre el
tracto urinario superior. La gammagrafía
renal dinámica mostrará una curva obstructiva, así como un déficit en la
función renal del segmento superior. El tratamiento será endoscópico o
a cielo abierto e irá desde el destechamiento del ureterocele hasta la
nefrectomía polar superior con ureterectomía parcial, según el caso.
Uréter ectópico extravesical
El uréter ectópico extravesical es el que desemboca fuera de la vejiga.
Es más frecuente en las hembras y casi siempre se asocia a una duplicidad
ureteral completa. El uréter del segmento superior displásico es el que
desemboca ectópico: lo hace con mayor frecuencia en el introito vaginal,
en la vagina o en la uretra; en el varón es excepcional y puede desembocar
en las vesículas seminales y en la uretra posterior. La obstrucción ureteral
puede acompañar a la desembocadura éctopica.
Clínicamente se sospecha en las niñas que asisten a la consulta por
incontinencia urinaria en forma de escurrimiento, que coincide con
micciones normales, lo que se puede comprobar frecuentemente, en el
examen físico con el hallazgo del meato ureteral éctopico en el introito,
lo cual se facilita con el uso de colorantes de la orina.
La ecografía renal y el urograma excretor permiten diagnosticar una
duplicidad con gran deterioro del segmento superior, lo que se confirmará
con la gammagrafía renal Tc-DMSA. La cistoscopia confirmará que del
lado de la duplicidad solo hay un meato y la colposcopia puede localizar
una desembocadura en la vagina.
Casi siempre el tratamiento consiste en nefrectomía del polo superior
displásico con ureterectomía parcial distal.
Reflujo vesicoureteral
Concepto y generalidades
El reflujo vesicoureteral consiste en el retorno patológico de la orina
vesical hacia el uréter y las cavidades pielocaliceales, lo que se produce
comúnmente durante la micción o en cualquier circunstancia que aumente
la presión intravesical como toser, reír, etc., constituyendo un factor
predisponente para la infección urinaria. El reflujo primario es la anomalía
congénita urinaria más frecuente, se presenta en el 1 % de los niños
asintomáticos, pero en casos con infección urinaria ocurre entre el 30 y
50 %; en niños con dilatación pielocaliceal detectada por ultrasonografía
prenatal aparece entre el 10 y el 15 %.
El reflujo se observa mayormente en niños menores de 3 años que
asisten a la consulta por infección urinaria. Afecta por igual a ambos
sexos, pero los reflujos de alto grado predominan en los lactantes varones.
A menudo es bilateral y cuando es unilateral es más frecuente en el
lado izquierdo. Los niños de la raza negra tienen mucha menor propensión
a presentar reflujo (10 a 20 por 1). Su incidencia es común entre hermanos
(del 25 al 30 %), con modo de transmisión hereditaria, no bien definida,
pero probablemente de carácter poligénico y multifactorial.
Cuando el reflujo vesicoureteral se combina con infección, elevada presión
vesical o ambas, se asocia al daño renal, el cual en forma aguda se manifiesta
como pielonefritis y en forma crónica, como nefropatía de reflujo.
Mecanismo valvular de la unión
ureterovesical
La porción intravesical del uréter está formada por 2 segmentos: el
intramural, contenido en el espesor de la pared muscular de la vejiga, y el
submucoso, que transcurre a manera de un túnel por debajo de la mucosa.
Cuando la vejiga se va llenando, este segmento submucoso es comprimido
por la orina (contra la pared muscular) y se crea un mecanismo valvular
que impide el reflujo. Se ha establecido que la competencia de la válvula
vesicoureteral es óptima cuando la relación entre la longitud y el diámetro
del túnel submucoso es de 5 a 1 cm.
Algunos autores establecen que aparte del mecanismo valvular pasivo
antes descrito, existe un mecanismo activo intrínseco muscular que
provoca estiramiento y oclusión del segmento submucoso.
Patogenia
El reflujo es primario cuando se origina por un retardo en la
maduración de las fibras musculares longitudinales del segmento
submucoso del uréter o por un trastorno en su muscularización, lo que
puede establecer la cortedad del túnel submucoso y un determinado
desplazamiento lateroexterno del meato ureteral. El reflujo primario
constituye casi el 80 % de todos los reflujos y tiende a desaparecer con el
desarrollo muscular y el crecimiento del segmento submucoso, en
aproximadamente 2 o 3 años.
El reflujo es secundario cuando se produce por causas ajenas a la
muscularización del segmento submucoso, como es el caso de la duplicidad
ureteral completa, que es donde se observa con más frecuencia el reflujo al
uréter del sistema inferior, por tener el meato ureteral desplazado hacia
fuera y con el túnel submucoso más corto; también en la desembocadura intra o paradiverticular del
uréter, en las infecciones específicas (tuberculosis
o bilharziosis) que provocan inflamación y fibrosis de la válvula; en la
yatrogenia quirúrgica (prostatectomía, cistectomía parcial, etc.) y en casos
de vejiga neuropática con alteración neurológica intrínseca del mecanismo
valvular.
Las infecciones urinarias inespecíficas y las obstrucciones infravesi-
cales difícilmente provocarán reflujo si la unión ureterotrigonal está bien
constituida, sin embargo, cuando la válvula es limítrofe o fronteriza, es
decir, con una estructura muscular deficiente y una longitud del segmento
submucoso más corta, esta puede hacerse incompetente por efecto de
una infección o una obstrucción.
Por otra parte, sí es frecuente que un reflujo primario pueda ser
perpetuado o agigantado por una obstrucción infravesical o una
hiperpresión intravesical.
Patología
La lesión renal más temida en el reflujo es la cicatriz que se produce
como consecuencia de la infección; esta lesión se localiza más a menudo
en los sitios donde ha habido reflujo intrarrenal, habitualmente en ambos
polos, lo que se acompaña de deformidad y retracción de los cálices
subyacentes determinando irregularidades en la superficie de la corteza
renal, todo lo cual constituye la nefropatía de reflujo adquirida.
La nefropatía puede ser congénita si un reflujo intrauterino ha
producido alteración de la nefrogénesis (displasia renal), con disminución
global del parénquima, lo que da lugar a un riñón pequeño congénito.
Las cavidades pielocaliceales y el uréter en casos de reflujo de alto
grado se ven dilatados e hipotónicos, a lo cual contribuye la infección
crónica, pudiendo llegar a ser el uréter marcadamente tortuoso.
El riñón de los niños menores de 1año es particularmente proclive a
este tipo de lesión, por ser las papilas renales más vulnerables al reflujo
intrarrenal debido a la falta de desarrollo de las mismas, a lo que se añade
la insuficiencia del sistema inmune y un determinado grado de depresión
neuromuscular fisiológica de las vías urinarias.
En caso de reflujo de alto grado se encontrará un importante residuo
vesical posmiccional, motivado por la orina que refluye y después retorna,
lo que predispone a la infección.
Cuadro clínico
Si la infección urinaria no es complicada, el reflujo puede ser asintomático;
si dicha infección está presente, los síntomas dependerán de la edad del paciente, como ya se explicó en
este tema. En los niños mayores puede haber
dolor lumbar uni o bilateral en el momento de la micción.
En los casos con reflujo primario, el examen físico comúnmente es
negativo; en el reflujo secundario el examen físico estará relacionado con
los hallazgos clínicos de la enfermedad causal.
Diagnóstico
Lo más frecuente es que el reflujo vesicoureteral sea puesto de
manifiesto en el estudio de una infección urinaria, o ser descubierto en el
estudio posnatal de una dilatación prenatalmente detectada por
ultrasonografía rutinaria, o bien en el curso de un pesquisaje familiar
entre hermanos del paciente con reflujo, supuestamente sanos.
El trípode imagenológico en el que se apoya el estudio es:
ultrasonografía, cistouretrografía miccional y gammagrafía DMSA.
El examen ultrasonográfico del tracto urinario puede evidenciar una
dilatación pielocaliceal de magnitud variable, con un parénquima que
puede estar globalmente afinado (nefropatía de reflujo congénito), o
reducido en espesor de modo focal (nefropatía de reflujo adquirida
posinfecciosa); también es posible apreciar un aumento de la ecogenicidad
del parénquima renal por el efecto de las cicatrices.
En la mayoría de los casos el uréter no se visualiza y solo es posible
identificarlo en reflujos de alto grado. Las características de la vejiga en
cuanto a tamaño, contornos y grosor de la pared pueden alertar en relación
con una vejiga neuropática, o con una obstrucción infravesical que esté
complicando el reflujo. En casos de reflujo de alto grado se detectará un
importante residuo posmiccional.
Se debe tener en cuenta que una ultrasonografía urinaria normal no
excluye la existencia de un reflujo de bajo grado (I a III), que constituye
la mayoría de los casos.
La cistouretrografía miccional (CUGM) es por excelencia, el estudio
para diagnosticar el reflujo vesicoureteral. De haber infección, se debe
realizar cuando el urocultivo esté negativo y preferiblemente bajo
quimioprofilaxis antibiótica.
De acuerdo con la clasificación internacional, el reflujo se divide en
los grados siguientes:
- Grado I: reflujo solo en un uréter no dilatado.
- Grado II: el reflujo llega a la pelvis y los cálices renales, pero sin
dilatación.
- Grado III: hay una marcada dilatación del uréter y las cavidades
pielocaliceales, con ligero borramiento de la imagen papilar.
- Grado IV: existe mayor dilatación, con ligera tortuosidad del uréter;
los cuellos caliceales y las papilas se ven algo borrados, pero todavía
es posible identificar la impresión papilar.
- Grado V: hay una gran dilatación, con marcada tortuosidad del uréter
y borramiento completo de la impresión papilar.
La CUGM no solo brinda el diagnóstico positivo del reflujo, sino que
permite observar el tamaño y contorno de la vejiga (obstrucción
infravesical, disfunción neurógena) y el grado de permeabilidad de la
uretra (valva de uretra posterior); también puede aportar datos
morfológicos sobre el riñón y detectar el reflujo intrarrenal, cuando el
contraste tiñe el interior de los tubos colectores.
La cistografía con radioisótopos, que supone el uso de 50 a 100 veces
menos radiaciones que la CUGM, es más fiel para detectar el reflujo,
aunque tiene el inconveniente de que no permite determinar su grado; es
el método más recomendado para el seguimiento evolutivo, después de
realizado el diagnóstico positivo con la CUGM convencional.
La gammagrafía Tc-DMSA permite detectar cicatrices relacionadas
con las infecciones urinarias que complican el reflujo; se manifiestan por
zonas "frías" o de hipofijación del radiofármaco, que en la fase aguda se
interpretan como inflamatorias, pero en el estudio que se realiza 3 meses
después de la última infección aguda, se interpretan como cicatrices.
Se debe tener en cuenta que en un primer estudio, es posible que la
zona cicatrizal no se evidencie; esta se pondrá de manifiesto varios meses
después, en estudios de seguimiento.
En la nefropatía de reflujo congénita la hipofijación es global, en un
riñón más pequeño.
La gammagrafía Tc-DMSA también brinda información con respecto
al funcionamiento renal y permite precisar la función renal relativa.
El urograma excretor aporta datos que pueden obtenerse por los
estudios precedentes, por lo que hoy día se realiza con menor frecuencia;
no obstante puede ser útil, especialmente cuando se contempla el
tratamiento quirúrgico. En general, en los reflujos de bajo grado el
urograma suele ser normal; en los de alto grado (IV y V) el tracto urinario
superior aparecerá dilatado, con irregularidad de los cálices y un
parénquima disminuido, en dependencia de la magnitud de la nefropatía
existente. La dilatación del tercio inferior del uréter en placas de
vaciamiento suele ser un indicio de reflujo.
El urograma excretor, como los estudios morfológicos precedentes,
puede evidenciar alguna afección causal del reflujo como vejiga
neuropática, divertículo vesical congénito, duplicidad ureteral, etc.
La cistoscopia, muy empleada en otros tiempos, hoy día se practica
en casos excepcionales, ya que sus resultados, a menudo, son
contradictorios. Su indicación se basa en la localización y el aspecto del
meato ureteral y en la medida del segmento intravesical, sobre todo con
fines pronósticos.
El estudio urodinámico se indica cuando se sospecha clínicamente
que la permanencia de un reflujo se relaciona con una hiperpresión vesical.
Evolución, pronóstico
y complicaciones
El reflujo primario tiene una evolución progresiva a la resolución
espontánea, si se controla la infección asociada y no están presentes los
factores que lo perpetúen, como la obstrucción y la hiperpresión. Por lo
general, el reflujo secundario no se resuelve espontáneamente y su remisión
se relaciona con la de la causa que lo produce.
El pronóstico del niño con reflujo depende esencialmente de la
magnitud del daño renal existente, tanto congénito como adquirido.
La complicación más frecuente es la infección, que aumenta
marcadamente la morbilidad del reflujo, y la más grave y temida es la
formación de cicatrices uni o bilaterales, que posteriormente se traducirán
primero en proteinuria, después en hipertensión arterial y más tarde, en
casos bilaterales, en insuficiencia renal crónica. Esta situación es
particularmente compleja en las niñas, teniendo en cuenta el futuro
obstétrico, donde una nefropatía de reflujo, aunque sea unilateral, es
capaz de provocar hipertensión, preeclampsia, prematuridad y muerte
fetal. En general, la hipertensión ha sido observada en el 10 al 15 % de
niños con reflujo, lo que ocurre más a menudo cuando las cicatrices son
bilaterales. La nefropatía de reflujo es responsable del 50 % de niños y
del 10 % de adultos con insuficiencia renal terminal antes de los 30 años.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento del reflujo vesicoureteral es preservar la
función renal, evitando o erradicando la infección urinaria, previniendo
la formación de cicatrices renales y logrando la desaparición o la
atenuación del reflujo.
Básicamente, el tratamiento del reflujo primario es conservador. La
infección se evitará mediante la quimioprofilaxis, por largos periodos,
hasta que desaparezca o se atenue el reflujo; en algunos casos con alta
presión vesical puede ser útil el uso de anticolinérgicos (propantelina,
oxibutinina, etc.). La micción en 2 tiempos, 2 o 3 min después de vaciada la vejiga, puede ayudar a
aminorar el residuo vesical posmiccional; en
todos los casos, una higiene perineal estricta (en la hembra) y del saco
prepucial (en el varón) serán de utilidad.
Si el reflujo se prolonga, luego de 1a 2 años de tratamiento
quimioprofiláctico, este se debe suspender y se comprobará la ausencia de
recurrencias, una vez superada la fase de mayor vulnerabilidad. Se debe
tener presente que un reflujo sin infección y sin hiperpresión en un niño
asintomático, preferiblemente varón, puede evolucionar de forma
satisfactoria, sin riesgo de complicaciones.
El tratamiento quirúrgico se indica en las circunstancias siguientes:
- Infección urinaria recurrente no controlada.
- Dificultad para realizar el tratamiento quimioprofiláctico.
- Reflujo asociado a otra anomalía de la unión ureterovesical que
exija tratamiento quirúrgico.
- Reflujo que persiste en las niñas, en las cercanías de la pubertad,
por la posible complicación durante un eventual embarazo.
Este tratamiento consiste en modificar la unión vesical, con el fin de
lograr un mecanismo valvular competente, lo cual se resuelve con la cirugía
abierta (reimplante ureteral) por las vías laparoscópica o endoscópica,
inyectando diversas sustancias (colágeno, cartílago, etc.) que modifican
la unión ureterotrigonal.
El tratamiento del reflujo secundario se puede orientar siguiendo en
general los mismos parámetros del reflujo primario, y se enmarcará en
las características y el tratamiento de la causa que lo produce.
Malformaciones del tracto
urinario inferior y del testículo
Dr. Julio César Morales Concepción
Dr. Gerardo Casanova López
Anomalía de la vejiga
Extrofia vesical
La extrofia vesical es una anomalía congénita grave, de difícil
resolución, que se presenta aproximadamente en 1 de cada 30 000 a
50 000 recién nacidos, en la cual se destacan las características siguientes:
- Exposición de la vejiga evertida, sin pared anterior, a través de una
dehiscencia cutánea del hipogastrio.
- Uretra abierta en su cara anterior, deformidad conocida como
epispadia.
- Separación de las 2 ramas del pubis.
- Otras malformaciones genitourinarias.
Cuadro clínico
La extrofia vesical es una malformación tan llamativa que puede ser
fácilmente reconocida a la inspección por cualquier médico general,
siempre que exista un previo conocimiento teórico de la misma.
Al nivel del abdomen, específicamente en el hipogastrio, se observa
la protrusión de la pared posterior de la vejiga, con su mucosa evertida
de color rojizo; pueden existir, además, ulceraciones y formaciones
polipoideas. Es posible observar el trígono vesical con la emisión de orina
a través de los meatos ureterales, lo que provoca una incontinencia total.
Existe un defecto o diástasis de los músculos rectos abdominales y
separación de las ramas óseas del pubis.
En el examen de los genitales externos se observa una epispadia
completa, que conforma el llamado complejo extrofia-epispadia. Puede
haber otras anomalías como la criptorquidia, deformidades del pene y
hernias inguinales.
Puede existir insuficiencia renal crónica y se reporta la degeneración
maligna de la pared vesical extrofiada.
Tratamiento
El problema de la extrofia vesical no radica en su diagnóstico, sino
precisamente en su tratamiento, el cual resulta muy difícil por las
complejas alteraciones que se han descrito. Entre las variantes que se
plantean para el manejo quirúrgico de esta anomalía se encuentran:
- Intentar la corrección completa y restablecer el mecanismo de la
micción y la función sexual. Este sería el método ideal, pero requiere
de gran experiencia y de numerosos actos quirúrgicos.
- Extirpación de la vejiga y creación de derivaciones urinarias.
Anomalías de la uretra
Hipospadias
El hipospadias es un defecto congénito de la uretra: el meato
desemboca ventralmente en cualquier parte, menos en el extremo distal
del glande, como es correcto.
De acuerdo con la localización del meato, el hipospadias se
denominará:
- Glandular, si se abre en la parte proximal del glande.
- Coronal, si su abertura se produce al nivel del surco balanoprepucial.
- Peneana, si el orificio está situado al nivel del pene.
- Penoescrotal.
- Perineal, si su orificio está situado en esos sitios anatómicos.
La diferenciación sexual y el desarrollo de la uretra comienzan en la
8va. semana del embarazo y se completan a las 15 o 16 semanas.
Este conducto se forma por la fusión de los pliegues uretrales, situados
a lo largo de la superficie ventral del pene hasta la corona del glande.
Esta porción de la uretra al nivel del glande, se formará por la canalización
de un cordón ectodérmico que ha crecido a través del glande para
comunicarse con los pliegues uretrales fusionados.
El hipospadias es el resultado de la fusión incompleta de los pliegues
uretrales. Ocurre en 1 de cada 300 varones. Se conoce que los estrógenos
y progestágenos empleados durante el embarazo aumentan su incidencia.
También se ha establecido la herencia familiar, pero no se han reconocido
los trastornos genéticos.
El hipospadias del varón tiene evidencias de feminización, por tanto,
todos los pacientes en los que el meato sea penoescrotal o perineal, deben
considerarse con un potencial de problema intersexual y requerirán una
apropiada evaluación.
Los recién nacidos con hipospadias no deben ser circuncidados, pues
la piel del prepucio, que solo está presente en su porción dorsal, puede
utilizarse en la futura reconstrucción.
Aunque los que padecen hipospadias pocas veces refieren síntomas
clínicos, cuando son niños mayores o adultos señalan gran dificultad para
dirigir el chorro de orina, que con frecuencia saldrá múltiple y no único.
Como el pene tiene una incurvación ventral apreciable, debido a la cuerda
fibrosa que sustituye a la uretra no formada, causa una curvatura, sobre
todo en la erección, que dificulta o impide la actividad sexual, además de
provocar infertilidad; asimismo, obliga a quien lo padece a efectuar la
micción en posición sentado, con los catastróficos trastornos psicológicos
que ello implica. El meato hipospádico glandular es frecuentemente
estenótico y debe dilatarse.
Hay una incidencia relativamente elevada de testículo no descendido
en el hipospadias, por lo que se recomienda hacer un examen cuidadoso
del escroto para establecer la posición del testículo.
Frecuentemente, los pacientes con hipospadias escrotal o perineal
tienen un escroto bífido y genitales ambiguos, por lo que debe realizarse smear bucal para determinar la
cromatina sexual y un cariotipo, lo que
determinará adecuadamente el sexo genético.
La uretrocistoscopia es muy valiosa para determinar si los órganos
genitales sexuales internos masculinos están desarrollados normalmente. La
urografía excretora también se indica en estos pacientes para determinar
anomalías congénitas adicionales de los riñones y uréteres, sobre todo en los
hipospadias severos. Cualquier grado de hipospadias es una expresión de
feminización. Cuando el meato uretral desemboca en el escroto o el periné,
debe evaluarse cuidadosamente para decidir que el paciente no es una hembra
con síndrome adrenogenital. La uretroscopia y cistoscopia pueden ayudar
en la evaluación del desarrollo de los órganos reproductivos internos.
Esta anomalía debe repararse antes de la edad escolar y, si es posible,
antes de los 2 años, para evitar los trastornos psicológicos que provoca.
Se han descrito más de 150 técnicas o variantes para corregir
quirúrgicamente el hipospadias. Recientemente la reparación en un solo
tiempo, mediante el empleo de flaps vascularizados o fragmentos de piel
libres, gana cada día más adeptos entre los urólogos. También se utilizan
fragmentos de mucosa oral, vesical o de la vaginal del testículo. Las fístulas
ocurren en el 15 al 30 % de los casos, pero su reparación se considera una
pequeña reconstrucción en segundo tiempo. Durante muchos años, la
reparación en 2 tiempos produjo excelentes resultados y es un método mejor
para los cirujanos que ocasionalmente operan a este tipo de paciente.
Todas las operaciones deben tener como objetivo fundamental el
enderezamiento del pene, removiendo totalmente la cuerda ventral o dejando
su porción mucosa, y haciendo exéresis de las fibrosis adyacentes. Ello se
confirma produciendo la erección artificial en el salón de operaciones, antes
de la reconstrucción uretral.
En muchas técnicas exitosas para la reparación del hipospadias se utilizan
la piel local del prepucio, así como la mucosa de la placa uretral ventral para
la construcción de la neouretra. En años recientes también se han ideado
técnicas para el hipospadias distal, que han permitido un avance de la uretra
hacia el glande del pene, y son cosméticamente aceptables.
Después de la cirugía correctora, muchos pacientes pueden orinar en
posición de pie y depositar el semen en la vagina.
La mejoría de la apariencia cosmética y la prevención de formación de
fístulas, apoyan los grandes cambios en estas reparaciones.
Epispadias
El epispadias es una anomalía congénita del pene: la uretra se abre
parcial o totalmente en la parte dorsal del órgano, lo que da la impresión
de que falta la mitad superior de esta. Afecta a uno y otro sexos en una
proporción de 1:120 000 en los varones y 1:450 000, en las hembras. Al igual que el hipospadias del
varón desvía el pene hacia abajo, el
epispadias lo hace hacia arriba, describiendo un arco dorsal que lo
aproximará al pubis, mientras más posterior desemboque el meato uretral.
El epispadias del varón es glandular si la uretra se abre en la parte
dorsal del glande, el que lucirá ancho y aplanado. Se denomina peneano
cuando el meato uretral, ancho y abierto, está en cualquier parte del
pene, entre el glande y el pubis. Una cuerda fibrosa se extiende desde el
meato hasta el glande aplanado, cuando el meato está al nivel del pubis;
el pene también estará incurvado dorsalmente desde el meato hasta el
glande malformado.
Pocas veces el epispadias glandular se acompaña de incontinencia,
sin embargo, en el epispadias púbico se presenta el 95 % de este trastorno
y en el peneano hasta el 75 %.
En la hembra, el epispadias se caracteriza por un clítoris bífido y los
labios menores separados. Muchas veces está presente la incontinencia,
que es un problema común por el desarrollo anormal de los esfínteres
urinarios. Los huesos del pubis están separados, como en la extrofia
vesical. Constituye una extrofia mediana y en los casos más severos, el
epispadias y la extrofia coinciden.
La cirugía es imprescindible si existe incontinencia, al igual que para
extirpar la cuerda fibrosa dorsal, estirar el pene y fabricar una nueva
uretra hasta el glande del pene. La reparación del esfínter no ha resultado
muy exitosa, pero algunos autores han obtenido continencia completa al
interponer un tubo entre la uretra posterior y la vejiga, construido a
expensas de la pared anterior de esta última. Otros han usado esfínteres
artificiales con algún éxito.
La resección de la cuerda fibrosa y la uretroplastia con avances de
los meatos, han brindado éxitos en mantener resultados cosméticos y
funcionales aceptables. También se han hecho aumentos vesicales
combinándolos con esfínteres artificiales en los que la incontinencia no
puede corregirse.
Anomalías del testículo
Criptorquidia
Concepto y generalidades
En la criptorquidia el testículo no ha descendido a la bolsa escrotal y
está retenido en algún punto de su trayecto normal de descenso. Es una
de las afecciones más frecuentes en la infancia. Aunque en algunas
oportunidades puede estar asociada a síndromes que tienen su origen en alteraciones cromosómicas o
del eje hipófiso-hipotalámico, en la gran
mayoría de los casos su causa no está bien definida.
No guarda relación con el color de la piel. Aproximadamente en el
14 % de los casos hay un familiar con esta afección. Al nacimiento,
alrededor del 4 % de los varones tienen una criptorquidia, sin embargo,
durante los primeros 6 meses de edad la mayoría de estos descienden y al
año solo persiste en el 0,8 %. En pretérminos la prevalencia puede llegar
al 33 %. En el 70% es unilateral, con predominio en el lado derecho. En
una gran parte de los casos el testículo se localiza dentro del conducto
inguinal, siendo intraabdominal en el 10 %. El testículo estará ausente
en el 4 %. Su relación con la infertilidad y la degeneración maligna
constituye una gran preocupación clínica.
Ectopia testicular
El testículo ectópico no está en la bolsa escrotal, se localiza en algún
punto fuera del trayecto normal de descenso; lo más frecuente es la ectopia
intersticial donde el testículo se encuentra por delante del conducto
inguinal y debajo del tejido celular subcutáneo, el cual se palpa fácilmente;
menos frecuente puede encontrarse en la cara interna del muslo, en el
periné, en la raíz del pene o en la otra bolsa escrotal, lo que es muy raro.
El testículo ectópico y su cordón espermático son normales. El
tratamiento siempre es quirúrgico: la orquidopexia.