Unidad 4.
OBLIGACIONES
4.1 Principios de las Obligaciones
Concepto de Obligación; deriva del prefijo ob y el verbo ligare, atar, unir,
vincular; de lo cual resulta que su primera connotación es la existencia de un
nexo entre dos o más objetos o sujetos.
Su definición jurídica es que la obligación es una relación jurídica entre dos o
más personas determinadas o indeterminadas, en virtud de la cual una de ellas
llamada acreedor, tiene la facultad de exigir a otra llamada deudor, la necesidad
de cumplir, una prestación o una abstención, que puede ser de dar, de hacer o
no hacer, de valor económico o de valor moral.
La obligación puede estimarse desde dos puntos de vista: si la consideramos
con relación al acreedor, entonces recibe el nombre de obligación activa, de
crédito o de derecho personal; si la estimamos respecto del deudor, recibe
entonces los nombres de obligación pasiva, de deuda o simplemente de
obligación, usando esta palabra en sentido restringido. En atención a la
definición dada con anterioridad, podemos decir que en ella existen tres
elementos fundamentales:
1. La relación jurídica
2. Los sujetos; es decir, las partes de la obligación jurídica, ellos son el
acreedor y el deudor
3. El objeto
La ejecución que los romanos hicieron de las obligaciones representa uno de
los temas que más influencia tiene en el derecho occidental. Los romanos
crearon una noción de obligación muy robusta y clara capaz de dotar de
seguridad a los negocios o tratos que se convenían. La noción de obligatio da
la idea de un vínculo, de una atadura, de una conexión de exigencia jurídica de
una persona respecto de otra.
En los casos en que la ley establezca como requisito que un acto jurídico deba
otorgarse en instrumento ante fedatario público, éste y las partes obligadas
podrán generar, enviar, recibir, archivar o comunicar la información que
contenga los términos exactos en que las partes han decidido obligarse,
mediante la utilización de medios electrónicos, ópticos o de cualquier otra
tecnología, en cuyo caso el fedatario público, deberá hacer constar en el propio
instrumento los elementos a través de los cuales se atribuye dicha información
a las partes y conservar bajo su resguardo una versión íntegra de la misma
para su ulterior consulta, otorgando dicho instrumento de conformidad con la
legislación aplicable que lo rige.
La teoría general de las obligaciones no es una creación directa de los clásicos
o de los bizantinos, sino más bien un producto de la reinterpretación
sistemática del Corpus iuris, que hicieron los pandectistas (La escuela
pandectística trataba de analizar los textos del derecho romano siguiendo el método
de la dogmática jurídica) alemanes del siglo antepasado. Aunque el Corpus iuris
no define el derecho real, desde el antiguo derecho romano se habían acuñado
definiciones célebres acerca de la obligación civil, sin embargo, las
Instituciones de Justiniano si definen la obligación como el iuris vinculum, quo
necessitate adstringimur alicuius solvendae rei, secundum nostrae civitatis iura,
(el vínculo de derecho que nos impone a pagar alguna cosa según el derecho
de nuestra ciudad civil).
De lo anterior se desprende la obligación como un vínculo jurídico entre dos o
más personas, de las cuales una o más (sujeto activo o sujetos activos) están
facultados para exigir de otra, u otras, cierto comportamiento positivo o
negativo (dare, facere, praestare, non facere), mientras que el sujeto o los
sujetos pasivos tienen el deber jurídico de observar este comportamiento,
deber sancionado mediante acción personal. Los elementos de la obligación
son, por tanto, uno o más sujetos activos (creditores, rei credendi), uno o más
sujetos pasivos (debitores, rei debendi) y un objeto, debe consistir en un dare,
facere o praestare. El objeto de la obligación es el comportamiento, que, a su
vez, eventualmente, se refiere a un bien material.
También se encuentra la definición del jurisconsulto Paulo que la concibe como
"obligationum substantia non in eo consistit, ut aliquid corpus nostrum aut
dservitutem nostram faciat, sed ut alium nobis obstringat at danum aliquid, vel
faciendum , vel prestandum". Es decir, la esencia de la obligación no consiste
en convertir algo en cosa o servidumbre nuestra; sino en compeler a otro para
darnos, hacernos o prestarnos algo.".
Como se mencionó anteriormente, una expresión generalísima que comprende
toda prestación es aquella que consiste tanto en “dare como facere” y aun
aquellas que no son un dar ni un hacer, como la constitución de una caución. El
término praestare sólo se ve empleado en las fuentes y en casos muy contados
como parte integrante de la formula procesal, con seguridad únicamente en las
acciones divisorias. “como cuando una persona se obliga a garantizar una
deuda. Sin embargo, aparece con frecuencia en la literatura para designar el
contenido de la prestación en general y de la responsabilidad por daños en
particular. También conviene saber que la conducta negativa del deudor era
configurada por un non facere o un pati que consiste en un abstenerse de algo;
es decir, no hacer o tolerar algo. Como ejemplo nos lo da el contrato de
arrendamiento en el cual el arrendador no debe obstaculizar al arrendatario en
el uso de la cosa arrendada.
Principios de las Obligaciones
A. Libertad de contratación En su vertiente positiva, la libertad de
contratación o de contratar resulta inherente a la personalidad humana y
a la actuación del hombre en sociedad. Como igual consecuencia del
postulado de libertad que rige en el ámbito, el Estado no puede erigirse
en instrumento de control de la actividad de los particulares ni puede
limitarla salvo que haya un interés colectivo o de terceros que justifique
la excepción. En este sentido, la “acción de o para contratar”, la
pretensión de que otro se obligue, es algo excepcional en el Derecho
que sólo puede ejercitarse cuando:
a) la voluntad de quien se niegue a consentir se haya anticipado de
alguna forma (surge aquí la figura del contrato preliminar o
precontrato o promesa de contrato);
b) exista un interés superior en el aprovechamiento de los bienes o
impuesto por su función social o colectiva.
ARTICULO 1832.- En los contratos civiles cada uno se obliga en la manera y
términos que aparezca que quiso obligarse, sin que para la validez del contrato
se requieran formalidades determinadas, fuera de los casos expresamente
designados por la ley.
B. El principio pacta sunt servanda alude al carácter vinculante del contrato.
El principio significa la vigencia del contrato hasta el cumplimiento de su
razón de ser. Al mismo tiempo, expresa que las partes que eligieron el
orden interactivo característico del contrato no pueden desistirlo o
desvincularse por contrario imperio unilateral.
C. Libertad de configuración En materia contractual, las partes gozan de
amplia libertad para escoger el tipo o modelo que, a su criterio, mejor
convenga a la consecución de sus objetivos, sin tener que someterse a
los que se encuentren al momento regulados. No hay aquí, pues, a
diferencia de lo que distingue las relaciones jurídico-reales, numerus
clausus. Junto a la elección del tipo, con inclusión de fórmulas no
previstas legalmente, la libertad de configuración hace también al
contenido del contrato, al alcance de las prestaciones y el modo, tiempo
y circunstancias en que éstas hayan de cumplirse.
El principio halla su sede normativa en el artículo 1839 del Código Civil, por el
que se establece que “Los contratantes pueden poner las cláusulas que crean
convenientes; pero las que se refieran a requisitos esenciales del contrato, o
sean consecuencias de su naturaleza ordinaria, se tendrán por puestas,
aunque no se expresen, a no ser que las segundas sean renunciadas en los
casos y términos permitidos por la ley.”
Por poner un ejemplo, se explica, así, la prohibición de las cláusulas de no
enajenar o vender a persona alguna, por ser contrarias a la libre circulación de
los bienes; o la imposición de un plazo mínimo de años para los
arrendamientos urbanos, por estar implicada la necesidad vital de vivienda, no
pudiendo quedar estar comprometida por plazos excesivamente perentorios,
etc.
D. Buena fe. De acuerdo con el pacta sunt servanda, la fidelidad al
compromiso de hacer o de abstenerse de hacer constituye un principio
central del Derecho romano, referido al “rígido vínculo que nace de un
contrato obligatorio válido”, cualquiera fuera su forma de expresión.
Aquella fidelidad es la exteriorización de una cualidad moral: la firme
disposición de respetar el compromiso asumido, que revela la rectitud
esencial del hombre de palabra, siempre digno de encomio y de honra.
Cicerón llega a afirmar que la fidelidad, entendida en el doble aspecto de
la sinceridad de las promesas y de los convenios y, a la vez, en la
necesidad de su pura observancia, es el fundamento de la justicia y se
inclina a entender, de acuerdo con la moral estoica, que la fe deriva de
sea, de forma tal que sea hecho lo que se ha sido dicho. De esa
manera, el término latino fides remite a la actual noción de buena fe
contractual heredada del Derecho romano, que se usa aquí y ahora para
denotar el criterio que ha de dirigir la conducta del contratante. Ese
criterio implica la sujeción al orden conveniente a la concreción del fin
económico y social común del contrato, que exige excluir toda mentira
con respecto a las obligaciones que se contraen, y supone una
interacción solícita en el cumplimiento de la palabra dada, según lo
deseado, esperado y “con-fiado” (“con fe”) recíprocamente por los
sujetos de la relación. Conforme queda sugerido por Cicerón, el principio
de buena fe comprende un modo calificado de cumplir el deber recíproco
de cooperación, que puede ser apreciado –para una intelección más
adecuada–, en el período de formación o en la etapa de cumplimiento
del contrato.
E. Reciprocidad en los cambios El principio de la reciprocidad en los
cambios, al que podríamos llamar de conmutatividad, en cuanto al
correlativo del fundamento en que hemos localizado la obligatoriedad de
los contratos, refiere la concreción de cierta igualdad o medida
conveniente, estricta y objetiva, que hace posible los tratos voluntarios,
con el efecto de evitar la concreción no consentida de una pérdida o de
una ganancia correlativa.
Es el sentido del artículo ARTICULO 1851.- “Si los términos de un contrato son
claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes, se estará al
sentido literal de sus cláusulas. Si las palabras parecieren contrarias a la
intención evidente de los contratantes, prevalecerá ésta sobre aquéllas”.
Así, en el contrato con prestaciones recíprocas, se presume que los términos
del intercambio tienen valores homogéneos. De este modo ocurre, con la
permuta, que opera el cambio de cosas materialmente disímiles de igual valor
real, apreciado este último según un margen de oscilación que se estima
razona Junto a estas dos dimensiones de la conmutatividad, como pilar y como
principio, todavía cabría hablar de la conmutatividad para clasificar toda una
clase de contratos: aquellos en que las prestaciones, el contenido contractual,
se encuentra prefijado en sus líneas maestras sin quedar expuesto a
eventuales contingencias, y que se distinguen de los aleatorios.
F. Efecto relativo En cuanto regla general, los contratos sólo obligan a las
partes, asimilando a éstas, llegado el caso, a quienes las sucedan en su
patrimonio a título universal. La máxima surge cuando los efectos de los
contratos sólo se extienden activa y pasivamente a las partes y a sus
herederos o sucesores universales, a no ser que las obligaciones que
nacieren de ellos fuesen inherentes a la persona, o que resultase lo
contrario de una disposición expresa de la ley, de una cláusula del
contrato o de su naturaleza misma.
En consecuencia, los contratos no pueden perjudicar a terceros, a
extraños (sí los derechos reales a los que pudieran con su cumplimiento
dar lugar), no teniéndose por tales a los herederos de aquéllos y siempre
teniendo en cuenta cómo procedan acerca de la aceptación de la
herencia: con beneficio o no de inventario, esto es, salvaguardando su
propio patrimonio del finado o no. Bien mirada, la proclamada y general
ineficacia frente a terceros supone justo correlato del principio de libertad
en la contratación, siquiera, en esa dimensión negativa de la que a su
respecto se hablaba. Los particulares son libres de contratar o no, no
pudiendo quedar obligados por el simple actuar de terceros, que de suyo
le son ajenos;
Artículo 1792.- Convenio es el acuerdo de dos o más personas para crear,
transferir, modificar o extinguir obligaciones.
Artículo 1793.- Los convenios que producen o transfieren las obligaciones y
derechos, toman el nombre de contratos.
Artículo 1794.- Para la existencia del contrato se requiere: I. Consentimiento; II.
Objeto que pueda ser materia del contrato.
Artículo 1795.- El contrato puede ser invalidado:
I. Por incapacidad legal de las partes o de una de ellas;
II. Por vicios del consentimiento;
III. Porque su objeto, o su motivo o fin sea ilícito;
IV. Porque el consentimiento no se haya manifestado en la forma que la
ley establece.
Artículo 1796.- Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento,
excepto aquellos que deben revestir una forma establecida por la ley. Desde
que se perfeccionan obligan a los contratantes, no sólo al cumplimiento de lo
expresamente pactado, sino también a las consecuencias que, según su
naturaleza, son conforme a la buena fe, al uso o a la ley.
Artículo 1797.- La validez y el cumplimiento de los contratos no puede dejarse
al arbitrio de uno de los contratantes.
Artículo 1798.- Son hábiles para contratar todas las personas no exceptuadas
por la ley.
Artículo 1799.- La incapacidad de una de las partes no puede ser invocada por
la otra en provecho propio, salvo que sea indivisible el objeto del derecho o de
la obligación común.
Artículo 1800.- El que es hábil para contratar, puede hacerlo por sí o por medio
de otro legalmente autorizado.
Artículo 1801.- Ninguno puede contratar a nombre de otro sin estar autorizado
por él o por la ley.
Artículo 1802.- Los contratos celebrados a nombre de otro por quien no sea su
legítimo representante, serán nulos, a no ser que la persona a cuyo nombre
fueron celebrados, los ratifique antes de que se retracten por la otra parte. La
ratificación debe ser hecha con las mismas formalidades que para el contrato
exige la ley.
Si no se obtiene la ratificación, el otro contratante tendrá derecho de exigir
daños y perjuicios a quien indebidamente contrató.
Artículo 1803.- El consentimiento puede ser expreso o tácito, para ello se
estará a lo siguiente:
I. Será expreso cuando la voluntad se manifiesta verbalmente, por escrito,
por medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra tecnología, o por
signos inequívocos, y
II. El tácito resultará de hechos o de actos que lo presupongan o que
autoricen a presumirlo, excepto en los casos en que por ley o por
convenio la voluntad deba manifestarse expresamente.
Artículo 1804.- Toda persona que propone a otra la celebración de un contrato,
fijándole un plazo para aceptar, queda ligada por su oferta hasta la expiración
del plazo.
Artículo 1805.- Cuando la oferta se haga a una persona presente, sin fijación
de plazo para aceptarla, el autor de la oferta queda desligado si la aceptación
no se hace inmediatamente. La misma regla se aplicará a la oferta hecha por
teléfono o a través de cualquier otro medio electrónico, óptico o de cualquier
otra tecnología que permita la expresión de la oferta y la aceptación de ésta en
forma inmediata.
Artículo 1806.- Cuando la oferta se haga sin fijación de plazo a una persona no
presente, el autor de la oferta quedará ligado durante tres días, además del
tiempo necesario para la ida y vuelta regular del correo público, o del que se
juzgue bastante, no habiendo correo público, según las distancias y la facilidad
o dificultad de las comunicaciones.
Artículo 1807.- El contrato se forma en el momento en que el proponente reciba
la aceptación, estando ligado por su oferta, según los artículos precedentes.
Artículo 1808.- La oferta se considerará como no hecha si la retira su autor y el
destinatario recibe la retractación antes que la oferta. La misma regla se aplica
al caso en que se retire la aceptación.
Artículo 1809.- Si al tiempo de la aceptación hubiere fallecido el proponente, sin
que el aceptante fuere sabedor de su muerte, quedarán los herederos de aquel
obligado a sostener el contrato.
Artículo 1810.- El proponente quedará libre de su oferta cuando la respuesta
que reciba no sea una aceptación lisa y llana, sino que importe, modificación de
la primera. En este caso la respuesta se considerará como nueva proposición
que se regirá por lo dispuesto en los artículos anteriores.
Artículo 1811.- La propuesta y aceptación hechas por telégrafo producen
efectos si los contratantes con anterioridad habían estipulado por escrito esta
manera de contratar, y si los originales de los respectivos telegramas contienen
las firmas de los contratantes y los signos convencionales establecidos entre
ellos. Tratándose de la propuesta y aceptación hechas a través de medios
electrónicos, ópticos o de cualquier otra tecnología no se requerirá de
estipulación previa entre los contratantes para que produzca efectos
Artículo 1812.- El consentimiento no es válido si ha sido dado por error,
arrancado por violencia o sorprendido por dolo.
Artículo 1813.- El error de derecho o de hecho invalida el contrato cuando
recae sobre el motivo determinante de la voluntad de cualquiera de los que
contratan, si en el acto de la celebración se declara ese motivo o si se prueba
por las circunstancias del mismo contrato que se celebró éste en el falso
supuesto que lo motivó y no por otra causa.
Artículo 1814.- El error de cálculo sólo da lugar a que se rectifique.
Artículo 1815.- Se entiende por dolo en los contratos, cualquiera sugestión o
artificio que se emplee para inducir a error o mantener en él a alguno de los
contratantes; y por mala fe, la disimulación del error de uno de los contratantes,
una vez conocido.
Artículo 1816.- El dolo o mala fe de una de las partes y el dolo que proviene de
un tercero, sabiéndolo aquélla, anulan el contrato si ha sido la causa
determinante de este acto jurídico.
Artículo 1817.- Si ambas partes proceden con dolo, ninguna de ellas puede
alegar la nulidad del acto o reclamarse indemnizaciones.
Artículo 1818.- Es nulo el contrato celebrado por violencia, ya provenga ésta de
alguno de los contratantes o ya de un tercero, interesado o no en el contrato.
Artículo 1819.- Hay violencia cuando se emplea fuerza física o amenazas que
importen peligro de perder la vida, la honra, la libertad, la salud, o una parte
considerable de los bienes del contratante, de su cónyuge, de sus
ascendientes, de sus descendientes o de sus parientes colaterales dentro del
segundo grado.
Artículo 1820.- El temor reverencial, esto es, el solo temor de desagradar a las
personas a quienes se debe sumisión y respeto no basta para viciar el
consentimiento.
Artículo 1821.- Las consideraciones generales que los contratantes expusieren
sobre los provechos y perjuicios que naturalmente pueden resultar de la
celebración o no celebración del contrato, y que no importen engaño o
amenaza alguna de las partes, no serán tomadas en cuenta al calificar el dolo o
la violencia.
Artículo 1822.- No es lícito renunciar para lo futuro la nulidad que resulte del
dolo o de la violencia.
Artículo 1823.- Si habiendo cesado la violencia o siendo conocido el dolo, el
que sufrió la violencia o padeció el engaño ratifica el contrato, no puede en lo
sucesivo reclamar por semejantes vicios.
Artículo 1824.- Son objeto de los contratos:
I. La cosa que el obligado debe dar;
II. El hecho que el obligado debe hacer o no hacer.
Artículo 1825.- La cosa objeto del contrato debe: 1o. Existir en la naturaleza.
2o. Ser determinada o determinable en cuanto a su especie. 3o. Estar en el
comercio.
Artículo 1826.- Las cosas futuras pueden ser objeto de un contrato. Sin
embargo, no puede serlo la herencia de una persona viva, aun cuando ésta
preste su consentimiento.
Artículo 1827.- El hecho positivo o negativo, objeto del contrato, debe ser: I.
Posible; II. Lícito.
Artículo 1828.- Es imposible el hecho que no puede existir porque es
incompatible con una ley de la naturaleza o con una norma jurídica que debe
regirlo necesariamente y que constituye un obstáculo insuperable para su
realización.
Artículo 1829.- No se considerará imposible el hecho que no pueda ejecutarse
por el obligado, pero sí por otra persona en lugar de él.
Artículo 1830.- Es ilícito el hecho que es contrario a las leyes de orden público
o a las buenas costumbres.
Artículo 1831.- El fin o motivo determinante de la voluntad de los que contratan,
tampoco debe ser contrario a las leyes de orden público ni a las buenas
costumbres.
Artículo 1832.- En los contratos civiles cada uno se obliga en la manera y
términos que aparezca que quiso obligarse, sin que para la validez del contrato
se requieran formalidades determinadas, fuera de los casos expresamente
designados por la ley.
Artículo 1833.- Cuando la ley exija determinada forma para un contrato,
mientras que éste no revista esa forma no será válido, salvo disposición en
contrario; pero si la voluntad de las partes para celebrarlo consta de manera
fehaciente, cualquiera de ellas puede exigir que se dé al contrato la forma legal.
Artículo 1834.- Cuando se exija la forma escrita para el contrato, los
documentos relativos deben ser firmados por todas las personas a las cuales
se imponga esa obligación. Si alguna de ellas no puede o no sabe firmar, lo
hará otra a su ruego y en el documento se imprimirá la huella digital del
interesado que no firmó.
Artículo 1834 bis. - Los supuestos previstos por el artículo anterior se tendrán
por cumplidos mediante la utilización de medios electrónicos, ópticos o de
cualquier otra tecnología, siempre que la información generada o comunicada
en forma íntegra, a través de dichos medios sea atribuible a las personas
obligadas y accesible para su ulterior consulta.
4.1.1 Como vinculo jurídico
Existe un principio ético que impregna el contrato desde su nacimiento hasta su
conclusión: el principio de confianza o buena fe; por eso, el Código Civil
sanciona los contratos celebrados en fraude de acreedores, simulación de
contratos y contratos cuyo objeto contiene vicios ocultos, como lo establece el
artículo 2142 del código civil federal. Con razón, la Suprema Corte de Justicia
de la Nación ha declarado: que la buena fe es la base inspiradora de todo
derecho y debe serlo, por ende, del comportamiento de las partes en todas sus
relaciones jurídicas y en todos los actos y procesos en que intervenga
En congruencia con lo anteriormente expuesto, podemos definir la obligación
civil como la relación jurídica o nexo causal por virtud de la cual un sujeto
llamado deudor queda vinculado jurídicamente respecto de otro sujeto llamado
acreedor a realizar una conducta que puede consistir en un dar, en un hacer o
en un no hacer.
La obligación jurídica como lo hemos mencionado antes, es pues ante todo un
vínculo jurídico en virtud del cual un sujeto se encuentra obligado para con otro
sujeto a realizar una determinada prestación que puede consistir en dar, un
hacer o un no hacer, siendo característico de esta el ser relativa, esto es que se
trata de sujetos determinados y que es correlativa, es decir, frente al derecho
subjetivo de crédito del acreedor existe un deber jurídico del deudor que le
compete a cumplir la prestación, no podemos separar ambas situaciones
jurídicas de tal forma que ambas se condicionan recíprocamente. El derecho
subjetivo de crédito del acreedor de exigir la prestación no puede existir en
forma aislada sin la existencia del deber jurídico correlativo. Lo anterior aunado
al hecho de que la obligación tiene un contenido patrimonial y que goza de una
temporalidad limitada, es decir, la obligación nace para ser cumplida y cumplida
se extingue, conformando las notas características que nos definen y nos
ayuda a distinguir este instituto dentro del Universo Jurídico.
Entre las teorías más importantes acerca de la esencia del vínculo jurídico
tenemos las siguientes:
Teoría Clásica; enunciada en su forma más completa por SAVIGNI ve la
esencia del vínculo en la conducta o en los actos del deudor, es la sustracción
de determinados actos a su esfera de libertad y en el sometimiento de los
mismos a la voluntad del acreedor, las relaciones jurídicas pueden caer sobre
cosas o sobre personas, en el caso de la obligación a determinados actos.
Brinz impugno esta teoría clásica al determinar que extraer de la persona del
deudor sus actos y considerándola como cosa u objeto del señorío del
acreedor lo cual es erróneo.
Teoría Patrimonialista; a partir de la crítica de Brinz surge la teoría
patrimonialista la cual propugnaba que independientemente de los actos que
debe realizar el deudor, el interés del acreedor puede satisfacerse al margen de
esta conducta y esta no puede ser la esencia del vínculo obligacional.
El acreedor puede ver satisfecho su interés en el patrimonio del deudor, de allí
la expresión es el patrimonio el que debe al patrimonio. Sin embargo, a las
teorías patrimonialistas se les ha objetado que la relación jurídica solo puede
darse entre personas y que busca la esencia de la obligación en la parte
patológica, en el incumplimiento.
Esencia del Vínculo Obligacional; actualmente la doctrina mayoritaria ve la
esencia del vínculo en dos aspectos que conforman el fenómeno del vínculo
obligacional. El débito y la responsabilidad, es decir, el débito del deudor no era
exigible si no se le añadía un hecho generador de garantía la responsabilidad.
Así lo propiamente vinculado es la conducta del deudor, no en el sentido de
que sus actos, sean objeto del señorío del acreedor, sino por cuanto un sector
de su comportamiento, antes jurídicamente indiferente, queda polarizado, a
consecuencia del vínculo en una determinada dirección y sentido, en el de la
prestación. Pero si el deudor incumple la misma vinculación acarrea
inevitablemente y casi inevitablemente que el interés del acreedor se satisfaga
en el patrimonio del deudor.
La esencia toda de la obligación se centra en el concepto del vínculo, el cual es
un vínculo abstracto que liga a la persona del deudor a la del acreedor y es un
vínculo de derecho caracterizado por las necesidades que no consiente a que
se halla sujeto a ella el eludirla arbitrariamente, es un ligamento que limita la
libertad individual del deudor y confiere al acreedor una facultad ejercitable
contra el obligado en virtud del cual este resulta constreñido a determinada
actividad (positiva o negativa) y aquel puede obtener satisfacción en el
patrimonio del obligado, en el caso del incumplimiento.
El deudor tiene un deber jurídico siendo así su transgresión deriva en
responsabilidad jurídica. No quedará impune el incumplimiento, el acreedor
tendrá facultades para ejercer el derecho de crédito que consistirá en el
cumplimiento de la prestación proyectada.
4.1.2 Como consecuencias de derecho
Al omitir la ética en la materia de obligaciones se puede complicar dicho vínculo
que se hace presente entre las partes, acreedor y deudor, puesto que no obran
conforme a principios éticos sino que los envuelve un aspecto material, como
puede ser la constante búsqueda de intereses económicos, intereses de poder
o bien la falta de moral, debemos considerar que en tales motivos conllevan a
la intervención del derecho al proteger el interés jurídico de ambos sujetos y la
consecución de la justicia, en función de dar al acreedor y al deudor lo que les
corresponde, es decir, lo que les es suyo y les pertenece.
Retomando el tema de obligaciones creemos que debemos considerarla
“...como una ligadura física o sujeción moral que genera distinciones entre las
obligaciones jurídicas y las morales; en las primeras se entiende la
obligatoriedad y la exigibilidad, mientras que en las segundas se anexa a lo
anterior una consecuencia”. Finalmente, cualquiera que fuese el asunto
siempre va a existir una consecuencia y en algunos puede derivar importantes
consecuencias jurídicas. Como obligación del profesionista, en especial
hablando del abogado o el experto en derecho, debe ser la procuración de la
justicia, la aplicación de esta, conforme a derecho, es decir, sin tomar caminos
o salidas fáciles, también tenemos como obligación promover los valores, o
sea, ser hombres virtuosos.
El Código Civil Federal en los siguientes artículos señala las sanciones a que
se hacen acreedores cualquiera de las dos partes por el incumplimiento en sus
obligaciones-.
El artículo 2104 del Código Civil Federal señala. - El que estuviere obligado a
prestar un hecho y dejare de prestarlo o no lo prestare conforme a lo
convenido, será responsable de los daños y perjuicios en los términos
siguientes:
I. Si la obligación fuere a plazo, comenzará la responsabilidad desde el
vencimiento de éste;
II. Si la obligación no dependiere de plazo cierto, se observará lo
dispuesto en la parte final del artículo 2080.
El que contraviene una obligación de no hacer, pagará daños y perjuicios por el
sólo hecho de la contravención.
Artículo 2105.- En las obligaciones de dar que tengan plazo fijo, se observará lo
dispuesto de la fracción I del artículo anterior.
Si no tuvieren plazo cierto, se aplicará lo prevenido en el artículo 2080, parte
primera.
Artículo 2106.- La responsabilidad procedente de dolo es exigible en todas las
obligaciones. La renuncia de hacerla efectiva es nula.
Artículo 2107.- La responsabilidad de que se trata en este Título, además de
importar la devolución de la cosa o su precio, o la de entrambos, en su caso,
importará la reparación de los daños y la indemnización de los perjuicios.
Artículo 2108.- Se entiende por daño la pérdida o menoscabo sufrido en el
patrimonio por la falta de cumplimiento de una obligación.
Artículo 2109.- Se reputa perjuicio la privación de cualquiera ganancia lícita,
que debiera haberse obtenido con el cumplimiento de la obligación.
Artículo 2110.- Los daños y perjuicios deben ser consecuencia inmediata y
directa de la falta de cumplimiento de la obligación, ya sea que se hayan
causado o que necesariamente deban causarse.
Artículo 2111.- Nadie está obligado al caso fortuito sino cuando ha dado causa
contribuido a él, cuando ha aceptado expresamente esa responsabilidad, o
cuando la ley se la impone.
Artículo 2112.- Si la cosa se ha perdido, o ha sufrido un detrimento tan grave
que, a juicio de peritos, no pueda emplearse en el uso a que naturalmente está
destinada, el dueño debe ser indemnizado de todo el valor legítimo de ella.
Artículo 2113.- Si el deterioro es menos grave, sólo el importe de éste se
abonará al dueño al restituirse la cosa.
Artículo 2114.- El precio de la cosa será el que tendría al tiempo de ser
devuelta al dueño, excepto en los casos en que la ley o el pacto señalen otra
época.
Artículo 2115.- Al estimar el deterioro de una cosa se atenderá no solamente a
la disminución que él causó en el precio de ella, sino a los gastos que
necesariamente exija la reparación.
Artículo 2116.- Al fijar el valor y deterioro de una cosa, no se atenderá al precio
estimativo o de afecto, a no ser que se pruebe que el responsable destruyó o
deterioró la cosa con objeto de lastimar los sentimientos o afectos del dueño; el
aumento que por estas causas se haga, se determinará conforme a lo
dispuesto por el artículo 1916.
Artículo 2117.- La responsabilidad civil puede ser regulada por convenio de las
partes, salvo aquellos casos en que la ley disponga expresamente otra cosa.
Si la prestación consistiere en el pago de cierta cantidad de dinero, los daños y
perjuicios que resulten de la falta de cumplimiento no podrán exceder del
interés legal, salvo convenio en contrario.
Artículo 2118.- El pago de los gastos judiciales será a cargo del que faltare al
cumplimiento de la obligación, y se hará en los términos que establezca el
Código de Procedimientos Civiles.
Artículo 2119.- Habrá evicción cuando el que adquirió alguna cosa fuere
privado del todo o parte de ella por sentencia que cause ejecutoria, en razón de
algún derecho anterior a la adquisición.
Artículo 2120.- Todo el que enajena está obligado a responder de la evicción,
aunque nada se haya expresado en el contrato.
Artículo 2121.- Los contratantes pueden aumentar o disminuir
convencionalmente los efectos de la evicción, y aun convenir en que ésta no se
preste en ningún caso.
Artículo 2122.- Es nulo todo pacto que exima al que enajena de responder por
la evicción, siempre que hubiere mala fe de parte suya.
Artículo 2124.- El adquirente, luego que sea emplazado, debe denunciar el
pleito de evicción al que le enajenó.
Artículo 2125.- El fallo judicial impone al que enajena la obligación de
indemnizar en los términos siguientes.
Artículo 2126.- Si el que enajenó hubiera procedido de buena fe, estará
obligado a entregar al que sufrió la evicción.
I. El precio íntegro que recibió por la cosa;
II. Los gastos causados en el contrato, si fueren satisfechos por el
adquirente;
III. Los causados en el pleito de evicción y en el de saneamiento;
IV. El valor de las mejoras útiles y necesarias, siempre que en la
sentencia no se determine que el vencedor satisfaga su importe.
Artículo 2127.- Si el que enajena hubiere procedido de mala fe, tendrá las
obligaciones que expresa el artículo anterior, con las agravaciones siguientes:
I. Devolverá, a elección del adquirente, el precio que la cosa tenía al
tiempo de la adquisición, o el que tenga al tiempo en que sufra la
evicción;
II. Satisfará al adquirente el importe de las mejoras voluntarias y de
mero placer que haya hecho en la cosa;
III. Pagará los daños y perjuicios.
Artículo 2128.- Si el que enajena no sale sin justa causa al pleito de evicción,
en tiempo hábil, o si no rinde prueba alguna o no alega, queda obligado al
saneamiento en los términos del artículo anterior.
Artículo 2129.- Si el que enajena y el que adquiere proceden de mala fe, no
tendrá el segundo, en ningún caso, derecho al saneamiento ni a indemnización
de ninguna especie.
Artículo 2130.- Si el adquirente fuera condenado a restituir los frutos de la cosa,
podrá exigir del que enajenó la indemnización de ellos o el interés legal del
precio que haya dado.
Artículo 2131.- Si el que adquirió no fuere condenado a dicha restitución,
quedarán compensados los intereses del precio con los frutos recibidos.
Artículo 2132.- Si el que enajena, al ser emplazado, manifiesta que no tiene
medios de defensa, y consigna el precio por no quererlo recibir el adquirente,
queda libre de cualquiera responsabilidad posterior a la fecha de consignación.
Artículo 2133.- Las mejoras que el que enajenó hubiese hecho antes de la
enajenación, se le tomarán a cuenta de lo que debe pagar, siempre que fueren
abonadas por el vendedor.
Artículo 2134.- Cuando el adquirente sólo fuere privado por evicción, de una
parte, de la cosa adquirida, se observarán respecto de ésta las reglas
establecidas en este Capítulo, a no ser que el adquirente prefiera la rescisión
del contrato.
Artículo 2135.- También se observará lo dispuesto en el artículo que precede
cuando en un solo contrato se hayan enajenado dos o más cosas sin fijar el
precio de cada una de ellas, y una sola sufriera la evicción.
Artículo 2136.- En el caso de los dos artículos anteriores, si el que adquiere
elige la rescisión del contrato, está obligado a devolver la cosa libre de los
gravámenes que le haya impuesto.
Artículo 2137.- Si al denunciarse el pleito o durante él, reconoce el que enajenó
el derecho del que reclama, y se obliga a pagar conforme a las prescripciones
de este Capítulo, sólo será responsable de los gastos que se causen hasta que
haga el reconocimiento, y sea cual fuere el resultado del juicio.
Artículo 2138.- Si la finca que se enajenó se halla gravada, sin haberse hecho
mención de ello en la escritura, con alguna carga o servidumbre voluntaria no
aparente, el que adquirió puede pedir la indemnización correspondiente al
gravamen, o la rescisión del contrato.
Artículo 2139.- Las acciones rescisorias y de indemnización a que se refiere el
artículo que precede, prescriben en un año, que se contará para la primera,
desde el día en que se perfeccionó el contrato y para la segunda, desde el día
en que el adquirente tenga noticia de la carga o servidumbre.
Artículo 2140.- El que enajena no responde por la evicción:
I. Si así se hubiere convenido;
II. En el caso del artículo 2123;
III. Si conociendo el que adquiere el derecho del que entabla la evicción,
lo hubiere ocultado dolosamente al que enajena;
IV. Si la evicción procede de una causa posterior al acto de enajenación,
no imputable al que enajena, o de hecho del que adquiere, ya sea
anterior o posterior al mismo acto;
V. Si el adquirente no cumple lo prevenido en el artículo 2124;
VI. Si el adquirente y el que reclama transigen o comprometen el
negocio en árbitros sin consentimiento del que enajenó;
VII. Si la evicción tuvo lugar por culpa del adquirente.
Artículo 2141.- En las ventas hechas en remate judicial, el vendedor no está
obligado por causa de la evicción que sufriere la cosa vendida, sino a restituir el
precio que haya producido la venta.
Artículo 2142.- En los contratos conmutativos, el enajenante está obligado al
saneamiento por los defectos ocultos de la cosa enajenada que la haga
impropia para los usos a que se la destina, o que disminuyan de tal modo este
uso, que a haberlo conocido el adquirente no hubiere hecho la adquisición o
habría dado menos precio por la cosa.
Artículo 2143.- El enajenante no es responsable de los defectos manifiestos o
que estén a la vista, ni tampoco de los que no lo están, si el adquirente es un
perito que por razón de su oficio o profesión debe fácilmente conocerlos.
Artículo 2144.- En los casos del artículo 2142, puede el adquirente exigir la
rescisión del contrato y el pago de los gastos que por él hubiere hecho, o que
se le rebaje una cantidad proporcionada del precio, a juicio de peritos.
Artículo 2145.- Si se probare que el enajenante conocía los defectos ocultos de
la cosa y no los manifestó al adquirente, tendrá éste la misma facultad que le
concede el artículo anterior, debiendo, además, ser indemnizado de los daños y
perjuicios si prefiere la rescisión.
Artículo 2146.- En los casos en que el adquirente pueda elegir la indemnización
o la rescisión del contrato, una vez hecha por él la elección del derecho que va
a ejercitar, no puede usar del otro sin el consentimiento del enajenante.
Artículo 2147.- Si la cosa enajenada pereciere o mudare de naturaleza a
consecuencia de los vicios que tenía, y eran conocidos del enajenante, éste
sufrirá la pérdida y deberá restituir el precio y abonar los gastos del contrato
con los daños y perjuicios.
Artículo 2148.- Si el enajenante no conocía los vicios, solamente deberá
restituir el precio y abonar los gastos del contrato, en el caso de que el
adquirente los haya pagado.
4.2 Elementos de las obligaciones
Según la teoría general de las obligaciones, sus elementos son personales,
reales y formales.
● Personales están constituidos por dos sujetos uno activo, acreedor que
tiene derecho a exigir la prestación en que la obligación consiste, y otro
pasivo, deudor que es el que tiene el deber de prestarle y cumplir la
obligación y también es necesario advertir que con frecuencia se da la
pluralidad de sujetos tanto activos como pasivos. Además, al referirnos
al deudor podemos diferenciar dos aspectos distintos de la obligación o
deuda es decir el deber de cumplir y obligación o responsabilidad, o sea
la sujeción en caso de incumplimiento”.
● Los elementos reales (objetos de la obligación) son siempre hechos del
sujeto pasivo, los que varían en naturaleza, determinación y número,
pudiendo consistir en dar, hacer o no hacer algo.
● Formales, causa eficiente de la obligación, es el hecho o acto que
establece la relación jurídica entre el deudor y el acreedor; y puede
consistir en contratos, cuasi-contratos, delitos o cuasi-delitos, aparte de
las disposiciones de la ley que con frecuencia establece ciertas
obligaciones como son la de dotar o la de alimentos que por eso se
llaman legales
La obligación está constituida por tres elementos lo que es indispensable
determinarlos para su configuración y que son el sujeto, objeto y el vínculo.
● SUJETOS: este elemento de la obligación está constituido por el sujeto
activo o acreedor que tiene derecho a la conducta del sujeto pasivo o
deudor el que tiene el deber jurídico de cumplir con ella. El derecho del
acreedor se puede exigir con una acción personal y solo es oponible a
una persona especifica: al deudor que es el único que puede violarlo.
“Los sujetos de la obligación podrán estar integrados por una o varias
personas, lo cual en nada altera su esencia.”
El acreedor es el sujeto activo de la obligación que es titular de un
derecho subjetivo, comúnmente llamado derecho personal o derecho de
crédito. El deudor es el sujeto pasivo de dicha relación que tiene a su
cargo un deber jurídico denominado deuda.
El vínculo jurídico que existe entre los sujetos activo y pasivo constituye
la obligación y por tanto los une. Esta clasificación tiene su fundamento
en que los elementos subjetivos de la obligación sean uno o varios. Las
obligaciones individuales no tienen nada de particular en ellas y estas
ofrecen poco contenido jurídico, lo que no sucede lo mismo con las
colectivas, más comúnmente llamadas mancomunadas, las que dan
origen a interesantes doctrinas, ya que en la práctica del comercio
humano es frecuente que aparezcan varias personas ligadas por un solo
vínculo, por cuya razón es necesario determinar su naturaleza y sus
efectos.
● OBJETO: este es otro elemento de la obligación y está constituido por la
conducta o comportamiento que el deudor debe observar en favor del
acreedor. Los romanos, ateniéndose al texto de las fórmulas procesales
describían el contenido posible de las obligaciones con los términos
dare, facere, praestare, non facere o pati. Dare significa la entrega de
una cosa (dar) y tiene por regla general y naturalmente fines de
enajenación; facere indica toda prestación consistente en hacer incluido
el dare, non facere o pati, no hacer o tolerar.
El objeto de la obligación es la prestación y debe reunir ciertos
requisitos: de ser posible tanto física como jurídicamente. La prestación
debe, además, ser lícita, no debe contrariar a la ley, ni a la moral o
buenas costumbres y finalmente debe ser determinada o determinable y
valorable en dinero, para evitar el daño que es el menoscabo que sufre
una persona, bien sea en su patrimonio, bien sea en sus bienes jurídicos
ideales por ejemplo en el honor. Es la conducta que el deudor queda
constreñido a realizar, y que puede consistir en un dar, hacer o un no
hacer.
● VINCULO: El Derecho romano modeló las relaciones de obligación de
manera más amplia que otros sistemas jurídicos. Ellas son resultantes
de una evolución y por cierto desde sus inicios encontramos el vínculo
de obligación entre acreedor y deudor los que presentaban también el
aspecto de una relación de poder. En los tiempos primitivos en efecto, el
deudor estaba por completo ligado, vinculado al acreedor (obligare) y
caía bajo su poder omnímodo si no se desligaba del vínculo mediante la
realización de la prestación que le incumbiera (solvere).
La relación jurídica, según el maestro Bejarano Sánchez, es “un vínculo
reconocido y disciplinado por el Derecho objetivo, y por lo que se refiere
a la relación jurídica de la obligación o derecho personal, es un vínculo
creado por el Derecho objetivo, el cual faculta al acreedor a exigir una
conducta del deudor y asegura su cumplimiento con la posibilidad de
obtener compulsivamente su acatamiento".
En efecto, el vínculo jurídico que caracteriza a la obligación no es otra
cosa que la coercibilidad o posibilidad de utilizar la fuerza para vencer la
actitud contumaz del obligado que distingue al derecho de los otros
sistemas normativos que rigen la conducta humana, la moral o los
convencionalismos sociales.
Finalmente expresamos que nos hemos sumado al pensamiento del jurista
Álvaro D´Ors quién afirma que las “relaciones de obligaciones son menos
estables que las de los Derechos reales, pues nacen precisamente para ser
extinguidas por el cumplimiento, y justamente en este cumplimiento que las
extingue está su utilidad.”
4.2.1 Hechos jurídicos y actos jurídicos
● Hecho jurídico.
Un hecho jurídico es el comportamiento de una persona o acto de la naturaleza
que tiene consecuencias jurídicas en un determinado territorio, una persona al
realizar un comportamiento puede estar realizando un hecho jurídico sin tener
conocimiento de ello, o puede estar realizándose a sabiendas de que su
comportamiento tendrá consecuencias jurídicas.
Se refiere a cualquier acontecimiento o suceso que tiene relevancia jurídica.
Los hechos jurídicos tienen consecuencias legales, pero no es necesario que
suceda directamente por la voluntad de las personas involucradas, como sí
ocurre con los actos jurídicos.
Estos hechos pueden ser naturales, como el nacimiento de una persona o el
fallecimiento de alguien, o pueden ser voluntarios, como firmar un contrato.
El hecho jurídico puede estar propiciado por:
1. Comportamiento de la persona:
● Voluntario: Se hace queriendo por parte del individuo, aunque
puede desconocer las consecuencias jurídicas. Por ejemplo, la
compra de un bien inmueble.
● Involuntario: Se realiza por una acción o comportamiento del
individuo que no ha sido voluntario, por ejemplo, es hecho jurídico
involuntario la muerte o el nacimiento, los cuales tienen
consecuencias jurídicas.
2. Hecho natural: Esto se refiere a actos de la naturaleza que tienen
consecuencias jurídicas, como:
● Desastres naturales que arrasan propiedades y hacen que nazca
una obligación jurídica, por ejemplo, entre asegurado y
aseguradora. Estos desastres se conocen como fuerza mayor.
● Hechos que no han sido propiciados ni por la naturaleza ni por el
comportamiento humano porque no había manera de prevenir,
como, por ejemplo, accidente de dos vehículos sin culpa de los
conductores. Esto es conocido como caso fortuito.
Características:
▪ Comportamientos que producen efectos jurídicos.
▪ Las consecuencias del hecho jurídico es creación, modificación,
transferencia, transmisión o extinción de un derecho.
▪ Puede intervenir una o dos personas.
▪ Si el hecho jurídico es realizado solo por una persona se conoce a esta
persona por el autor.
▪ Pueden ser unilaterales y bilaterales.
▪ Pueden ser humanos o naturales.
▪ Si son humanos pueden ser voluntarios o involuntarios.
▪ Pueden ser actos jurídicos o no jurídicos.
Los hechos que pueden integrar el supuesto de hecho a los que la norma les
vincula consecuencias jurídicas (hechos jurídicos) son muy variados y se han
hecho de ellos distintas clasificaciones y subclasificaciones.
Naturaleza de los hechos jurídicos
Entre las teorías que disputan la explicación de la esencia o naturaleza de los
hechos jurídicos, se anotan dos ideas principales y algunas derivaciones.
Todas se ocupan de explicar qué significan los hechos en vinculación con el
derecho y cómo se produce su incidencia y efectos en la vida, como también la
razón, si es que la hay, para que sean receptados y previstos como tales.
❖ Tesis tradicional
Esta corriente de opinión que tiene mucha y buena difusión entre los juristas
locales toma en consideración al hecho en sí mismo para determinar
cuándo y cómo pasa a integrar la categoría de jurídico. Tiene una conexidad
inmediata con la causalidad material y la jurídica y, para ello, primero
analiza el hecho y luego sus consecuencias.
El hecho pasa a ser una especie de condición lógica sine qua non para la
producción de efectos que interesan al derecho. Es imprescindible la
existencia de un nexo de causalidad natural de lo fáctico que pueda
producir el efecto jurídico. Claro está que resulta importante aclarar que los
hechos por su sola sustancia no pueden lograr la consecuencia en el
mundo del derecho, pues están siempre en el cuerpo de la ley, pero ello
solo resulta una especie de antecedente que da eficacia a la consecuencia
En el mismo orden de ideas no puede dejar de admitirse sin embargo que
los hechos, fenómenos temporales, no producen por sí mismos efectos
jurídicos, se agrega entonces que es la norma la que atribuye a los hechos
el ser productores de efectos.
❖ Teoría preceptiva (fattispecie)
Es la que hoy prevalece entre los autores y explica satisfactoriamente la
naturaleza de los hechos jurídicos. A modo de síntesis, es posible afirmar que,
si bien la ley tiene un contenido de abstracción, ya que generaliza los diversos
casos que enfrenta y plantea, prevé como presupuesto de hipótesis diversos
hechos que contempla para su concreción. De allí que ello lleve a considerar a
los hechos jurídicos como “aquellos a los que el derecho atribuye
trascendencia jurídica para cambiar las situaciones preexistentes a ellos y
configurar situaciones nuevas a las que corresponden nuevas calificaciones
jurídicas”
También se ha señalado que un hecho jurídico es, por tanto, cualquier situación
en el mundo prevista por el derecho como causa de efectos jurídicos, en la que
se incluyen hechos naturales y humanos en una unidad integradora, sin
perjuicio de su distingo en la génesis Por su parte, Albaladejo, entre los más
conspicuos civilistas españoles, enseña que hecho jurídico es todo
acontecimiento o estado –en general todo suceso o falta del mismo (ya que
también hay hechos negativos)– el que por su sola realización, o juntamente
con otros, liga el Derecho objetivo, la producción de un efecto, que es efecto
jurídico precisamente en cuanto dispuesto por ese derecho objetivo.
❖ Otras tesis intermedias
Las ideas no se agotan en las dos posturas expuestas, pues hay otras tesis
que podrían calificar como “intermedias”, en las que aparecen diferentes
factores para explicar la esencia de los hechos jurídicos. Una de ellas es la que
desarrolla el profesor Albaladejo en la doctrina española. Al respecto, señala
que, además de lo ya indicado, hay autores que entienden que tanto la norma
como el hecho resultan causas del efecto jurídico. Y agrega que, en su
personal opinión, “ambos norma y hecho –unidos– son una especie de
concausa de las consecuencias”
También surgen ideas alrededor de la causa para atribuirla a uno u otro en
forma de un balanceo valorativo, incluyendo este elemento como anterior o
situación jurídica previa que viene a alterar al hecho al que la norma fuerza de
modificación en determinados y precisos casos, aun cuando su concurrencia
sea ocasional con otros hechos.
El tema se llena de complejidades, pues los hechos pueden ingresar por
concurrencia causal o meramente ocasional, pero en ambos casos no
renuncian a tener carácter de jurídicos. Es buen ejemplo el “granizado en un
campo”, que generalmente acompaña a una lluvia copiosa o torrencial: en
principio es un simple elemento fáctico, pero si el dueño de la tierra arrasada
había contratado un seguro por dicho riesgo, el mentado “granizo” pasa a tener
categoría de hecho jurídico.
Clasificación:
▪ Hechos naturales o externos y hechos humanos o
internos
Hechos naturales o externos son aquellos que provienen de la naturaleza sin
ninguna intervención de la conducta humana, ni para facilitar ni para impedir su
realización. Ejemplo, el nacimiento y la muerte de una persona, el aluvión, la
avulsión, un terremoto, la lluvia, la sequía, la enfermedad, un rayo, la
tempestad, las plagas, el transcurso del tiempo. En algunos de estos ejemplos,
la distinción parece difícil debido a que puede estar presente la actividad
humana, v. gr., la muerte puede ser resultado de un suicidio o de un homicidio;
la concepción natural sino humanos.
En otros casos, la actividad humana puede colaborar para que se verifique el
hecho natural como el nacimiento por cesárea cuando el parto no se puede
verificar por sus vías normales; sin embargo, el efecto jurídico: persona
humana, se produce independientemente de la actividad humana; por tanto,
este hecho es siempre natural
El ordenamiento jurídico confiere efectos al hecho natural por su sola
verificación, permaneciendo extraño el comportamiento humano. Por ejemplo,
en la accesión por aluvión el efecto adquisición originaria de la propiedad
depende de la efectiva verificación de las uniones de tierras que se forman
sucesiva e imperceptiblemente en los predios situados a lo largo de los ríos o
torrentes
▪ Hechos simples y complejos
Un hecho jurídico simple es cuando un solo acontecimiento previsto por la
norma es suficiente para producir los efectos jurídicos señalados por la propia
norma. Ejemplo, el mero hecho del nacimiento (hecho físico) determina el
principio de la persona natural (art. 1), este efecto está vinculado a la sola
salida (natural o lograda por medios quirúrgicos) del nuevo ser, con vida, del
claustro materno, aunque viva solamente por algunos instantes, ya que nuestra
ley no exige otros elementos para el surgimiento de la persona, como sucede
con otras legislaciones; el Código español, art. 29, señala: se es persona desde
que se nace, siempre que el nacido tenga figura humana y viva veinticuatro
horas; la legislación francesa y la italiana, exigen además del nacimiento, la
viabilidad, es decir, la aptitud del recién nacido para seguir viviendo. En estas
legislaciones, es complejo el presupuesto de hecho que da origen a la persona
humana.
Hecho jurídico complejo es aquel para el cual el ordenamiento jurídico
establece que un determinado efecto jurídico sólo se producirá si concurren,
simultánea o sucesivamente, una pluralidad de hechos singulares. Cada uno
de los hechos singulares “forma parte del supuesto de hecho entendido como
un conjunto de requisitos que el ordenamiento jurídico reconoce como
fundamento de una consecuencia jurídica”
▪ Hechos positivos y negativos
Como su nombre lo indica, el hecho jurídico positivo consiste en una
realización (el acaecimiento de un suceso natural, una acción humana), una
granizada que destruyó los sembrados, el matrimonio, el contrato, el robo.
En cambio, el hecho jurídico negativo consiste en la falta de un acontecimiento,
en una omisión. Por ejemplo, el adquirente que no pidió ni cuidó que se citara a
su transferente con la demanda en el proceso de evicción, pierde el derecho al
saneamiento por dicha causa; si el adquirente no exige el saneamiento dentro
del plazo de un año a partir de la fecha en que fue despojado del bien,
mediante sentencia judicial o resolución administrativa firmes, caduca su
derecho; todos los casos de pérdida de una acción o de un derecho por
prescripción o caducidad se deben a que el titular ha omitido realizar las
acciones pertinentes para su conservación los hechos positivos son los más,
pero los hechos negativos no dejan de ser un número considerable como se
deduce de los ejemplos mencionados.
▪ Hechos voluntarios e involuntarios
Precisemos previamente algunos conceptos: A los hechos que provienen de la
conducta humana, se les llama específicamente actos humanos, o
simplemente actos, los mismos que pueden ser voluntarios o involuntarios.
La voluntad o querer es una potencia del sujeto para obrar o abstenerse, para
admitir o repeler algo, con libre determinación, con conciencia de la resolución
que se adopta. La voluntad es movida por el conocimiento intelectivo que
permite que el sujeto no obre por instinto, ciegamente, sino con conocimiento
de causa, a sabiendas de lo que quiere y por qué lo quiere.
Como proceso psicológico la voluntad recorre las siguientes etapas: la
conciencia de los motivos, en que el sujeto advierte (toma conocimiento) la
situación planteada, positiva o negativa, original o ya establecida; la
deliberación sobre la actitud, en que se examina la conveniencia o no de las
diversas posibilidades o alternativas que se le presentan; el sujeto piensa y
repiensa una situación, analiza los “pros” y los “contras”, a fin de poder salir del
estado de cavilación y perplejidad
Para que exista voluntad jurídica se requiere que el sujeto obre con
discernimiento (aptitud para valorar su comportamiento como bueno o malo),
intención (realiza el acto que desea) y libertad (actúa espontáneamente), como
elementos internos de la voluntad y, además, que esta voluntad interna sea
manifestada; la manifestación constituye el elemento externo de la voluntad.
Toda acción humana consciente presenta un lado interno: la voluntad, y un lado
externo: el comportamiento mediante el cual se exterioriza la voluntad; a esto
se conoce como manifestación de voluntad
La voluntad es el elemento dinámico por excelencia del mundo jurídico y el
factor central de todo acto humano.
El concepto de hecho jurídico no aparece explícitamente en leyes como
el Código Civil Federal. Esto quiere decir que no establece una lista específica
de elementos para todos los tipos de hechos jurídicos, ya que estos pueden
variar dependiendo del tipo de hecho en cuestión.
Aunque sí se pueden identificar algunos elementos generales que suelen estar
presentes en los hechos jurídicos como:
o Existencia de un suceso o acontecimiento: el hecho jurídico implica la
ocurrencia de un suceso o acontecimiento que tenga relevancia jurídica.
Puede ser un evento natural, como el nacimiento o la muerte de una
persona, o un suceso voluntario, como un accidente o la compra de
un bien inmueble.
o Causalidad: el hecho jurídico debe tener una causa que lo origine. Esta
causa puede ser natural, como una enfermedad que provoque el
fallecimiento de una persona, o voluntaria, es decir una conducta o
acción realizada por un individuo como redactar un testamento.
o Relevancia jurídica: el suceso o acontecimiento debe tener
trascendencia o importancia desde el punto de vista jurídico. Es decir,
debe generar consecuencias legales que impactan en los derechos u
obligaciones para las personas involucradas.
o Posible ausencia de voluntad dirigida a producir consecuencias jurídicas:
como se mencionó anteriormente, el hecho jurídico no requiere de la
voluntad de las personas involucradas para su existencia, a diferencia
del acto jurídico. Puede surgir de manera espontánea, sin una intención
premeditada de generar efectos legales.
● Actos Jurídicos
Se define el acto jurídico como la manifestación de voluntad hecha con el
propósito de crear, modificar o extinguir derechos, y que produce los efectos
queridos por su autor o por las partes porque la ley sanciona dicha
manifestación de voluntad.
El maestro Rojina Villegas dice: El acto jurídico es la manifestación expresa o tácita de
la voluntad realizada con la intención de crear, transmitir, modificar o extinguir
derechos y obligaciones, las cuales son reconocidas por la ley.
En otras palabras, puede decirse que un acto jurídico es una manifestación de
voluntad cuyo fin es provocar consecuencias de derecho. Estos resultados son
reconocidos por medio del ordenamiento jurídico.
La base del acto jurídico, pues, la conforma la declaración de voluntad, la cual
debe ser consciente de los efectos que tendrá el primero, de acuerdo a lo que
estipulen las leyes. El acto jurídico busca una variación del estado de las cosas
y provoca las ya mencionadas consecuencias de tipo jurídico.
Elementos del acto jurídico
Para el derecho, un acto jurídico debe contar con ciertos elementos para que
se reconozca su existencia, y posteriormente cumplir con determinados
requisitos que le otorguen validez; por ello es necesario saber que hay una
distinción entre los elementos de existencia y los requisitos de validez.
Recuerda que el acto jurídico es la modificación del mundo exterior en la cual
las consecuencias de Derecho se generan precisamente por la voluntad
humana. Lo que busca la persona coincide con los resultados o consecuencias
jurídicas del acto.
REQUISITOS DE EXISTENCIA DEL ACTO JURÍDICO.
Los elementos de existencia son de tal importancia que se denominan
esenciales, de tal manera que, si falta alguno de ellos, el derecho considera al
acto jurídico inexistente, es decir, la nada jurídica.
▪ Voluntad.
El primer elemento de existencia del acto jurídico es la manifestación de la
voluntad del hombre. Cabe aclarar que, en el Código Civil, artículo 2224, así
como diversos autores, se emplean como sinónimos consentimiento y
manifestación de la voluntad. Podemos inferir que la manifestación de la
voluntad es un acto individual consistente en emitir una deliberación, mientras
que el consentimiento implica a más de un sujeto, por lo que la manifestación
de la voluntad es la determinación individual de un sujeto, en tanto el
consentimiento es el acuerdo de voluntades.
Existen actos jurídicos en los que participa una sola persona (actos jurídicos
unilaterales, como la declaración unilateral de la voluntad, por ejemplo, una
convocatoria), por lo tanto, en ellos no podemos hablar de acuerdo de
voluntades. En cambio, en todos los actos jurídicos, tanto unilaterales como
multilaterales (dos o más sujetos), existe una manifestación de la voluntad de
un individuo si el acto jurídico es unilateral, o de varios si el acto es multilateral.
Podemos definir la manifestación de la voluntad como la exteriorización de un
deseo o propósito que se efectúa por una declaración expresa o por actos que
revelen en el sujeto el ánimo de realizar acciones que el derecho reconoce y a
las cuales imputa consecuencias jurídicas.
La manifestación de la voluntad puede ser expresa o tácita.
3. Expresa, cuando la voluntad se manifiesta por medio de las formas en
que el hombre se comunica, es decir, en forma oral, escrita o por signos
inequívocos. Por ejemplo, un contrato puede celebrarse de manera
verbal, de palabra, mediante un escrito, por una simple inclinación de
cabeza o cualquier gesto que manifieste tal aceptación.
4. Tácita, cuando la voluntad se exterioriza mediante actos que la hagan
suponer, es decir, mediante los cuales podamos inferir lógicamente su
existencia. Se considera manifestación tácita cuando se desprende de
hechos u omisiones que de manera necesaria e indudable revelan la
determinación o el propósito de celebrar el acto jurídico.
Un ejemplo de lo expuesto lo podemos apreciar cuando en una tienda
tomas un producto que está a tu alcance, sin decir palabra entregas el
importe de la mercancía al expendedor y éste lo recibe. En este acto no
hubo una sola palabra, pero sí se presentaron signos inequívocos, a
partir de los cuales se considera la existencia de la manifestación de las
voluntades.
▪ Objeto.
El segundo elemento del acto jurídico es el objeto física y jurídicamente
posible, sin embargo, es importante señalar que el objeto del acto jurídico,
además de ser física y jurídicamente posible, requiere ser estudiado desde
otros puntos de vista, como lo haremos en su oportunidad.
Entendemos que el objeto es físicamente posible cuando ninguna ley de la
naturaleza constituya un obstáculo insuperable para la celebración del acto
jurídico; es decir, los actos jurídicos no pueden consistir en la realización de
cosas absurdas o evidentemente imposibles de realizar, como la celebración de
un contrato de transporte al Sol.
El objeto se considera jurídicamente posible cuando ninguna norma de
derecho constituya o sea un obstáculo insuperable para realizar el acto jurídico,
es decir, puede suceder que físicamente podemos llevarlo a cabo, pero una
norma jurídica impide su realización, como podría ser pretender vender el
Zócalo de la Ciudad de México, el Palacio de Bellas Artes o convertirnos en
propietarios de una calle.
El objeto puede ser apreciado desde el punto de vista de la finalidad que
persigue el acto jurídico, que es propiamente la producción de consecuencias
jurídicas. En este sentido, se habla jurídicamente de los objetos directo e
indirecto.
o Objeto directo. Es la producción de consecuencias jurídicas; éstas
consisten en crear, transmitir, modificar o extinguir derechos y
obligaciones.
o Objeto indirecto. Se refiere a los medios mediante los cuales se crearán,
transmitirán, modificarán o se extinguirán derechos y obligaciones; es
evidente que esto podrá realizarse mediante un dar, un hacer o un no
hacer; por ejemplo, en la compra-venta de un auto, el objeto directo es
transmitir la propiedad del mismo al comprador y el objeto indirecto
consistirá en dar el vehículo (un dar).
Objeto como “cosa” o prestación material del acto jurídico. La cosa objeto del
acto jurídico debe estar en el comercio, ser determinada o determinable en
cuanto a su especie y existir en la naturaleza, según el artículo 1825 del Código
Civil, que transcribimos a continuación:
La cosa objeto del contrato debe:
1º Existir en la naturaleza.
2º Ser determinada o determinable en cuanto a su especie.
3º Estar en el comercio
Causa. El artículo 1467 del Código Civil señala que la causa es el motivo que
induce al acto o contrato.
▪ Solemnidad.
El tercer elemento de existencia de los actos jurídicos es la solemnidad, que es
la formalidad especial exigida por la ley para realización de ciertos actos
jurídicos como requisito imprescindible para su existencia; se presenta
básicamente en materia civil. El acto del matrimonio debe celebrarse ante un
juez del Registro Civil y mediante otras formalidades especiales exigidas por la
ley, cuya omisión ocasiona que se considere el acto como inexistente. Artículo
146 del Código Civil: “El matrimonio debe celebrarse ante el juez del Registro
Civil y con las formalidades que esta ley exige”.
ELEMENTOS DE VALIDEZ DEL ACTO JURÍDICO.
Garantizan la eficacia de los actos jurídicos.
✔ Voluntad exenta de vicios.
Para la completa eficacia jurídica de la voluntad se requiere que no esté
viciada. Según el 1451 del Código Civil, son vicios del consentimiento el error,
la fuerza y el dolo. La doctrina agrega a esta enumeración a la lesión.
Los vicios en la manifestación de la voluntad de un acto jurídico son los
factores que afectan o impiden la libre manifestación de la voluntad de los
participantes en un acto jurídico. En un acto jurídico la manifestación de la
voluntad debe ser libre, sin estar afectada por algún elemento que la
distorsione; estos elementos se conocen como vicios.
Error
En términos generales, se entiende como error la falsa apreciación de la
realidad, es decir, la equivocada interpretación de esta. La ignorancia de una
cosa, de un hecho o de un derecho o la carencia de conocimientos respecto de
una materia.
Existen tres tipos de error:
1. Error obstáculo: Se denomina de esta manera a un error de tal
naturaleza que impide el nacimiento del acto jurídico; son errores
radicales que impiden su formación
2. Error nulidad (de hecho, o de derecho): Es un error cuya presencia no
impide que el acto jurídico nazca, aunque el mismo esté afectado de
nulidad, es decir, son errores de gravedad media que no impiden la
realización del acto, pero conceden una acción de nulidad en su contra.
A este error se hace referencia en el artículo 1813 del Código Civil, que
transcribimos a continuación: “El error de derecho o de hecho invalida el
contrato cuando recae sobre el motivo determinante de la voluntad de
cualquiera de los que contratan, si en el acto de la celebración se
declara ese motivo o si se prueba por las circunstancias del mismo
contrato que se celebró éste en el falso supuesto que lo motivó y no por
otra causa.” Según este artículo, existen dos especies de errores
nulidad: el error de hecho y el error de derecho; ambos invalidan el acto.
o Error de hecho. Comete error de hecho quien partiendo de
un hecho falso celebra un acto jurídico, orientando la
determinación de su voluntad influenciado por el error de
hecho cometido. Tomaremos el siguiente ejemplo del jurista
Ortiz Urquidi: “Una persona creyendo que su único hijo
murió en la guerra, así lo declara en su testamento,
agregando que, por tal razón, instituye como su único y
universal heredero a su sobrino Juan. Abierta la sucesión,
el hijo a quien se creía muerto, regresa, entabla el juicio de
nulidad de testamento y naturalmente lo gana, pues el
testador sufrió un error de hecho.”
o Error de derecho. Se refiere al desconocimiento o falsa
interpretación de una norma jurídica; cuando el motivo
determinante de la voluntad se funda en la creencia falsa
respecto a la existencia o interpretación de esa norma
jurídica y fue el motivo de la celebración del acto jurídico.
3. Error indiferente: Se refiere a errores leves que son intrascendentes; el
acto es válido, es decir, el error no impide que el acto jurídico nazca. De
mismo modo, el error de cálculo o aritmético corresponde al error
indiferente considerado en el artículo 1814 del Código Civil, conforme al
cual sólo da lugar a la rectificación o reparación del cálculo mal hecho,
sin tener consecuencias jurídicas posteriores.
Dolo y mala fe
Tanto el dolo como la mala fe están perfectamente definidos en el artículo
1815 del Código Civil: “Se entiende por dolo en los contratos cualquier
sugestión o artificio que se emplee para inducir a error o mantener en él a
alguno de los contratantes; y por mala fe la disimulación del error de uno de
los contratantes, una vez conocido.” En la mala fe no se provoca el error (en
el dolo sí), simplemente el contratante culpable se aprovecha del error que
advierte en la otra parte y no avisa de esa circunstancia con toda intención
de aprovecharse de ella.
Veamos un ejemplo de cada uno. Una persona, a sabiendas que el motor
de su automóvil está a punto de desbielarse, actúa con dolo si decide
hacerle arreglos mínimos para hacer creer a un tercero que se encuentra en
buen estado (se actúa con dolo).
Violencia
Esta puede ser física o moral, misma que se regula en el artículo 1819 del
Código Civil: “Hay violencia cuando se emplea la fuerza física o amenazas que
importen peligro de perder la vida, la honra, la libertad, la salud o una parte
considerable de los bienes del contratante, de su cónyuge, de sus
ascendientes, de sus descendientes o de sus parientes colaterales dentro del
segundo grado.”
La violencia física busca coaccionar la voluntad de la persona, aplicando dolor,
agresión física o privación de la libertad a fin de conseguir de la víctima el
sentido que desea el agresor para la celebración de un acto jurídico. Por
ejemplo, la privación de la libertad a una persona para que firme un contrato
que estipula que se compromete a vender o regalar su casa.
El enviciamiento de la voluntad por uso de la violencia moral se refiere a las
amenazas —pero no a cualquier amenaza, sino a aquella que importe peligro
de perder la vida, la honra, la libertad, salud o patrimonio del contratante, de su
cónyuge o de sus ascendientes o descendientes— que se utilizan como medio
para la celebración de un acto jurídico. Por ejemplo, cuando existe la amenaza
de golpear a los familiares de una persona si ésta no vende una propiedad.
Lesión.
Si una persona sufre un daño pecuniario desproporcionado por la realización
de un acto jurídico, estamos hablando de un vicio de voluntad basado en
lesión, es decir, la persona que lo sufre recibe un perjuicio por la desproporción
que existe entre el provecho que percibe y la obligación que contrae.
Al respecto, en el artículo 17 del Código Civil se establece: “Cuando alguno,
explotando la suma ignorancia, notoria inexperiencia o extrema miseria de otro;
obtiene un lucro excesivo que sea evidentemente desproporcionado a lo que él
por su parte se obliga, el perjudicado tiene derecho a elegir entre pedir la
nulidad del contrato o la reducción equitativa de su obligación, más el pago de
los correspondientes daños y perjuicios. El derecho concedido en este artículo
dura un año.”
✔ Capacidad.
El jurista Raúl Ortiz Urquidi comenta: “La capacidad, en Derecho, no es una,
pues hay dos especies de ella: la de goce y la de ejercicio, en la inteligencia de
que a la de goce se le llama también capacidad de derechos o titularidad, y a la
de ejercicio capacidad de obrar o negociar”.
La capacidad de goce es la aptitud que tiene la persona para ser titular de
derechos y obligaciones. Como podrás observar, de esta definición se deduce
que esta capacidad la tenemos todos por el solo hecho de ser personas; se
tiene desde el nacimiento y el Estado reconoce la existencia de esta capacidad
antes de nacer, basta haber sido concebidos para estar bajo la protección de la
ley, es decir, para que se nos reconozca la capacidad de goce.
La capacidad de ejercicio es la aptitud para ejercer por sí mismos los derechos
y las obligaciones. Esta capacidad se adquiere, por regla general, a la mayoría
de edad, es decir, a los 18 años, aunque existen excepciones, como veremos
más adelante. De acuerdo con lo anterior, las personas que intervienen en un
acto jurídico necesitan tener capacidad de ejercicio, en virtud que los actos
generan consecuencias de derecho y por lo tanto crean obligaciones, las
cuales deben cumplirse necesariamente.
De esto se desprende que, para que un acto jurídico tenga validez perfecta y
surta todos sus efectos jurídicamente hablando, las personas que intervienen
en él deben tener capacidad de ejercicio, lo cual supone poseer la capacidad
de goce.
La capacidad de ejercicio, llamada también capacidad total, implica la
posibilidad jurídica del sujeto para hacer valer directamente sus derechos,
celebrar en nombre propio actos jurídicos, contraer y cumplir obligaciones, así
como ejercitar acciones ante los tribunales. Ortiz Urquidi comenta: “La
capacidad de ejercicio es la aptitud que tienen determinadas personas para
hacer valer sus derechos y cumplir sus obligaciones por sí mismas”.
Los incapaces, como regla general, la ley presupone que cualquier persona
tiene capacidad total (de goce y de ejercicio), sin embargo, no siempre es así,
por esto la ley señala casos de excepción, es decir, existen personas que aun
siendo mayores de edad no tienen la capacidad de ejercicio.
A estas personas se les denomina incapaces o en estado de interdicción; a
ellas se refiere el artículo 450 del Código Civil que transcribimos a
continuación:
Tienen incapacidad natural y legal:
I) Los menores de edad
II) los mayores de edad, que, por causa de enfermedad reversible o
irreversible, o que, por su estado particular de discapacidad, ya sea de
carácter físico, sensorial, intelectual, emocional, mental o varias de ellas
a la vez, no puedan gobernarse, obligarse o manifestar su voluntad, por
sí mismos, por algún medio que la supla.
De acuerdo con esto, las personas a las que se refiere el artículo transcrito
anteriormente no pueden celebrar actos jurídicos por sí mismas. Además,
podemos inferir que exclusivamente la ley otorga la capacidad de ejercicio, esto
es, no puede darse capacidad de ejercicio por voluntad de las partes mediante
contrato o por cualquier otro acto jurídico; sólo por mandato de ley se dice
quiénes tienen capacidad y quiénes están impedidos para tenerla.
La celebración de un acto jurídico válido y eficaz requiere forzosamente que las
personas que en él intervienen cuenten con capacidad de ejercicio.
✔ Objeto lícito.
Para Eugenio Velasco, es aquél que cumple con todas las exigencias legales
contenidas en el artículo 1461 del Código Civil, es decir, realidad,
comerciabilidad y determinación, si se trata de una cosa, y además la
posibilidad física o moral para realizarse, si se trata de un hecho.
La ley no define el acto lícito, pero sí qué es un acto ilícito; en el artículo 1830
del Código Civil se señala: “Es ilícito el hecho que es contrario a las leyes de
orden público o a las buenas costumbres.” Si interpretamos en sentido
contrario (contrario sensu) esta disposición, podemos afirmar que todo acto es
lícito si no está expresamente prohibido por la ley o por las buenas costumbres.
Los actos jurídicos necesitan ser lícitos en todas sus manifestaciones para que
el derecho los proteja y se reconozca su validez, tal como se prevé en el
Código Civil en su artículo 2225, que dice: “La ilicitud en el objeto, en el fin o en
la condición del acto produce su nulidad, ya absoluta, ya relativa, según lo
disponga la ley.” Podemos deducir válidamente que la licitud de un acto
depende de su contenido, es decir, de su objeto, fin o motivo; la ilicitud en cada
uno de estos trae como consecuencia que el acto sea considerado como
ineficaz.
El objeto sobre el que recae el acto jurídico debe existir, no debe estar
prohibido por ninguna ley, debe ser determinado y determinable, y estar en el
comercio. Para saber si un acto es válido, debemos reconocer que el objeto no
sea prohibido por la ley. El fin o motivo del acto persigue, como consecuencia
última, producir consecuencias de derecho de acuerdo con la ley y no
simulaciones o cosas parecidas que no estén debidamente reguladas en algún
ordenamiento jurídico.
En el Código Civil, artículo 1831, se dice al respecto: “El fin o motivo
determinante de la voluntad de los que contratan tampoco debe ser contrario a
las leyes de orden público ni a las buenas costumbres.”
El fin o motivo, como contenido del acto, se refiere a la causa o razón de la
voluntad para crear consecuencias jurídicas; estas causas no deben estar
prohibidas por la ley
✔ Formalidad
Son las maneras en que se debe llevar a cabo la manifestación de la voluntad
en la celebración de un acto jurídico. Los actos, y con ello la expresión de la
voluntad de los contratantes, deben realizarse de acuerdo con las formas
especiales que marca la ley. En el artículo 1832 del Código Civil se estipula:
“En los contratos civiles cada uno se obliga en la manera y términos que
aparezca que quiso obligarse, sin que para la validez del contrato se requieran
formalidades determinadas, fuera de los casos expresamente designados por
la ley.”
Inexistencia del acto jurídico
Cuando en un acto jurídico falta alguno de los elementos enunciados, ese acto
jurídico se considera inexistente, esto quiere decir que no se produjeron las
consecuencias jurídicas deseadas.
Todos los actos jurídicos que son inexistentes tienen las siguientes
características:
▪ Oponible por cualquier interesado.
En los actos jurídicos puede invocarse su inexistencia por cualquier persona
que tenga interés jurídico para que no surta sus efectos, en virtud de que es la
nada desde el punto de vista jurídico.
▪ Imprescriptible.
El transcurso del tiempo no puede convalidar el acto inexistente, es decir, el
tiempo no puede convertir un acto inexistente en un acto existente, esto es, con
consecuencias jurídicas. Cuando una persona mediante contrato vende a otra
un objeto que no le pertenece, aunque transcurran varios años, el contrato de
compraventa como acto jurídico siempre será inexistente, ya que el objeto no
pertenece a quien lo vendió y nadie puede disponer de lo que no le pertenece.
▪ Inconfirmable.
No puede ser convalidado por ratificación, expresa o tácita; en el derecho sólo
se puede ratificar un acto cuando está viciado, pero no cuando es la nada
jurídica, esto es, no se pude ratificar lo que no existe.
▪ Clasificación del acto jurídico
El acto jurídico se clasifica en: • Unilateral. • Bilateral o multilateral. En el acto
jurídico, a diferencia del hecho, sí hay intención de producir consecuencias
jurídicas
✔ Es acto jurídico unilateral aquel en el que sólo interviene una voluntad
para su creación, por ejemplo, una donación, en la cual una persona
transfiere a otra la propiedad de una cosa de manera gratuita, es decir,
únicamente existe una voluntad: la de quien otorga la donación.
✔ Es acto jurídico bilateral o multilateral aquel en el que intervienen dos o
más voluntades que buscan crear efectos jurídicos; en un contrato de
compraventa de una casa, las voluntades son, por una parte, la de
adquirir una casa y por la otra la voluntad de vender. En el acuerdo de
voluntades para crear una persona moral existirán tantas voluntades
como socios existan.
Rojina Villegas además menciona la siguiente lista:
▪ Actos consensuales, formales y solemnes.
✔ Consensuales. Son aquellos actos jurídicos que se perfeccionan por
el simple consentimiento de las partes y desde ese momento se
obligan mutuamente al cumplimiento de lo pactado; para su validez
no requieren ninguna formalidad; si bien pueden revestir la forma
escrita, no es necesario que la tengan para que sean válidos;
asimismo pueden realizarse verbalmente, inclusive mediante signos
inequívocos, por hechos o conductas (consentimiento tácito) que
presupongan este consentimiento o presuman el mismo.
✔ Formales. Son los actos que necesariamente requieren para su
validez constar por escrito, ya sea escrito privado, es decir, hecho
entre las partes y con la asistencia de testigos, o público, esto es,
otorgado ante notario público (un ejemplo de este último es la
compraventa de inmuebles).
✔ Solemnes. Estos actos observan una forma especial, por escrito y
ante funcionario determinado; si no se cumple alguno de estos
requisitos, se sanciona como inexistente. El matrimonio es el ejemplo
más claro de acto solemne, pues se celebra ante el juez del Registro
Civil con las formalidades que la ley exige.
▪ Actos de derecho de familia y derechos patrimoniales.
✔ De derecho de familia. Son los que regulan los intereses concernientes a
las personas que componen el círculo familiar. Se caracterizan porque
los particulares sólo los constituyen, pero la ley los regula. Por ejemplo,
el matrimonio.
✔ De derechos patrimoniales: Son los que tienen por objeto crear,
modificar o extinguir un derecho, y se refieren a relaciones de carácter
pecuniario. Se caracterizan porque los particulares los crean, y
modifican. Son los más comunes.
▪ Actos entre vivos o por causa de muerte
✔ Entre vivos: Aquel cuyos efectos se producen normalmente en vida de
su autor, y que, para producirlos, no requieren ni suponen la muerte de
éste. Son todos los actos que no sean el testamento.
✔ Por causa de muerte: Aquel cuyos efectos se realizan en virtud y
después de la muerte de su autor, y que, para producirlos plenamente,
suponen y requieren de dicha muerte. Por ejemplo, el testamento.
El único efecto del testamento que se produce en vida de su autor, son las
donaciones revocables.
▪ Actos gratuitos y onerosos
✔ Gratuito o de beneficencia: Aquel que sólo tiene por objeto la utilidad de
una de las partes, sufriendo la otra todo el gravamen. Hay una falta de
equivalencia en las prestaciones. Por ejemplo, la donación, en que
solamente el donatario reporta toda la utilidad del acto, y el donatario,
sufre todo el gravamen.
✔ Acto oneroso: Aquel que tiene por objeto la utilidad de ambas partes,
gravándose cada uno a beneficio del otro, es decir, imponen un
gravamen que es compensado por el beneficio que procuran.
Se divide en conmutativo y aleatorio.
o Es conmutativo cuando cada una de las partes se obliga a dar o
hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra
parte debe dar o hacer a su vez y, además, las partes pueden
evaluar el beneficio o pérdida que les causará el contrato.
o Es aleatorio cuando el equivalente consiste en una contingencia
incierta de ganancia o pérdida, siendo imposible la evaluación
anticipada de ganancia o pérdida.
▪ Acto sin modalidad o con modalidad.
✔ Puro o simple o sin modalidad: Aquel que produce los efectos previstos
por su autor o las partes, sin alteraciones o modificaciones posteriores
(modalidades). Por ejemplo, la compraventa en que el precio se pacta al
contado.
✔ Sujeto a modalidad: Aquel en que sus efectos normales son alterados
por la incorporación de ciertas cláusulas especiales agregadas por
voluntad de su autor o de las partes o por disposición de la ley,
denominadas modalidades. Por ejemplo, la compraventa sujeta a plazo.
▪ Actos principal y accesorio
✔ Principal: Es el que puede subsistir en la vida del derecho por sí mismo
sin la necesidad de otro acto principal. Por ejemplo, la compraventa.
✔
Accesorio: Es el que necesita para subsistir la existencia de una
obligación principal, asegurando el cumplimiento de ésta. Lo accesorio
sigue la suerte de lo principal, de modo que cuando se extingue lo
principal también se extingue lo accesorio. Por ejemplo, la prenda, la
hipoteca y la fianza.
Los actos accesorios se diferencian a los actos dependientes en que éstos
últimos son los que tienen su existencia y efectos subordinados a otros actos,
sin asegurar su cumplimiento. Por ejemplo, son actos dependientes las
capitulaciones matrimoniales, que sólo producirán efectos una vez celebrado el
matrimonio.
▪ Actos nominados o innominados
✔ Típicos o nominados: Son los que están regulados por la ley
✔ Atípicos o innominados: No están regulados por la ley.
▪ Actos constitutivos, declarativos o traslativos
✔ Constitutivos: Crean derechos o situaciones jurídicas nuevas. Por
ejemplo, el matrimonio.
✔ Declarativos: Reconocen derechos o situaciones preexistentes. Se
caracterizan porque tienen efecto retroactivo, en el sentido de que
producen sus efectos desde el momento en que se originó la relación
jurídica y no desde que se constató. Por ejemplo, el acto de partición
que pone fin a la comunidad.
✔ Traslativos: Transfieren a un nuevo titular un derecho preexistente. Por
ejemplo, la cesión de un crédito.
▪ Actos instantáneos o sucesivos
✔ Instantáneo: Produce naturalmente todos sus efectos en un solo
instante. Por ejemplo, la compraventa de un bien mueble al contado.
✔ Sucesivo: Sus efectos se van produciendo en el tiempo. Por ejemplo, al
arrendamiento, en que el pago de las rentas se va produciendo en el
tiempo, mes a mes.
▪ Actos de libre discusión o adhesión.
✔ Libre discusión. Son aquellas en que las partes puede discutir y
establecer libremente su contenido y sus cláusulas. En general,
corresponde a la mayoría de los contratos que se celebra entre los
particulares.
✔ De adhesión. Son aquellos que no permiten la libre discusión de su
contenido ni sus cláusulas, sino que el destinario solamente puede
aceptar celebrar o no el contrato tal cual fue establecido por el oferente,
sin haber margen de discusión alguna de sus cláusulas. Corresponden
por ejemplo a los contratos bancarios, de seguros y de apertura de línea
de crédito de tarjetas de casas comerciales.
▪ Actos simulados o no simulados.
✔ No simulados o ciertos. Son aquellos en que la voluntad real coincide
con la voluntad declarada, es decir, el acto celebrado es el que
realmente deseaban celebrar las partes.
✔ Simulados. Son aquellos en que no la voluntad real no coincide con la
voluntad declarada, por ejemplo, las partes celebran una donación
cuando en realidad quieren y desean celebrar una compraventa.
▪ Actos causales y abstractos
✔ Causales, concretos o materiales: Son los que para su formarse
requieren de la causa como elemento esencial, de modo que, si la causa
falta o es ilícita el acto es inexistente o nulo.
✔ Abstractos: Son los que para su perfeccionamiento no requieren de la
causa. Se constituyen abstraídos de la causa, de modo de que si falta o
es ilícita el acto es válido. Estos actos no es que no tengan causa, sino
que no se toma en cuenta la causa para la constitución del acto.
El fundamento de su existencia es dar seguridad a la adquisición de ciertos
derechos y hacer expedita su circulación. Dan seguridad evitando que el
deudor, pretendiendo falta o ilicitud de causa, impida la adquisición de ciertos
derechos. Y hacen expedita la circulación de ciertos derechos facilitando
negocios, pudiendo utilizarse para fines diversos.
Estos actos se caracterizan porque son formales, y están establecidos por la
ley. Son formales porque prescinden de todo fundamento material o sustancia.
Sus formalidades vienen a reemplazar a la causa, y permiten precaver de las
consecuencias graves que de ellos derivan. Y que están establecidos por la ley
significa que sólo la ley puede crearlos, debido a que la exigencia de la causa
como requisito esencial está establecida por la ley, por lo tanto, sólo una ley
puede contravenir esa disposición.
Algunos tipos de actos abstractos son:
a) La delegación; es la sustitución de un nuevo deudor al antiguo, con el
consentimiento de éste (art. 1631). La obligación que contrae el
delegado frente al acreedor es abstracta.
b) Fianza (art. 2335). La obligación que contrae el fiador frente al
acreedor es abstracta, de modo que el fiador no puede oponer al
acreedor las excepciones nacidas de su relación con el deudor.
c) Titulo de crédito es un documento que contiene la promesa de cumplir
una prestación a favor de quien lo presente al deudor. Son la letra de
cambio, el cheque, y los títulos o documentos al portador.
Sus características son que el derecho debe ser incorporado en el
documento, ya que es necesario poseer el documento para ejercer,
transferir y extinguir el derecho; literalidad, significa que obliga
exclusivamente en los términos señalados en el documento; formalidad,
en el sentido de que debe cumplir estrictamente con los requisitos de
forma prescritos por la ley; autonomía, ya que confiere a cada nuevo
titular un derecho nuevo, independiente del anterior titular; y su carácter
abstracto, porque está desvinculado del acto jurídico fundamental que
dio origen a la emisión del documento o su transferencia.
Ineficacia de los actos jurídicos
El resultado material de los actos jurídicos no es siempre el mismo, puede ser
que por error alguno de los contratantes rechace el bien que recibió o que el
error sea menor y dé lugar a una corrección. Pensemos en el ejemplo de
comprar un automóvil sin cenicero; sería absurdo devolver el automóvil por tal
motivo, lo lógico sería colocar la parte faltante.
El resultado de que un acto jurídico no reúna los elementos de existencia o los
requisitos de validez dará lugar a la ineficacia del acto. Se dice que es ineficaz
un acto si no es funcional, si no produce los resultados óptimos para los cuales
fue realizado. ¿Será lo mismo un acto en el que no hay voluntad, a otro donde
existe, pero está viciada? Los actos jurídicos pueden ser ineficaces cuando no
produjeron los resultados deseados.
Existen tres grados de ineficacia:
1. Inexistencia. Se presenta si falta cualquiera de los elementos de
existencia del acto jurídico (voluntad, objeto o solemnidad).
2. Nulidad absoluta. Ocurre cuando el acto carece de licitud. A un acto
afectado de nulidad absoluta se le denomina acto nulo.
3. Nulidad relativa. Se refiere a la presencia de incapacidad de alguna de
las partes, a la falta de formalidad y a la existencia de ciertos vicios de la
voluntad. Al acto afectado de nulidad relativa se le llama acto anulable.
Los efectos de la nulidad absoluta se establecen en el artículo 2226 del Código
Civil: “La nulidad absoluta por regla general no impide que el acto produzca
provisionalmente sus efectos, los cuales serán destruidos retroactivamente
cuando se pronuncia por el juez la nulidad. De ella puede prevalerse todo
interesado y no desaparece por la confirmación o la prescripción.”
Características de la nulidad absoluta
▪ Es imprescriptible porque se puede solicitar en cualquier tiempo;
▪ Es inconfirmable, puesto que la voluntad de las personas no puede
hacer que un acto sea lícito; la licitud sólo la determina el derecho y no
los particulares.
▪ Como se desprende del artículo antes citado (2226), el acto afectado por
nulidad absoluta produce efectos provisionales que se destruyen cuando
se declara la nulidad judicialmente.
▪ Aquel que resulte perjudicado puede pedir que se declare la nulidad.
Características de la nulidad relativa
▪ Su conceptualización es por el método de exclusión, por lo cual la
nulidad relativa se produce cuando un acto jurídico no cumple con las
características de la nulidad absoluta, teniendo como semejanza ambas
nulidades el hecho de que una vez declaradas por la autoridad judicial,
el acto impugnado es integral y retroactivamente destruido.
▪ La nulidad relativa siempre produce efectos provisionales mientras no se
declare su anulabilidad.
▪ Es prescriptible, es decir, si no se hace valer en un determinado tiempo,
se pierde el derecho de solicitar la anulabilidad del acto jurídico. Por
ejemplo, en el artículo 2237 del Código Civil se dice que, si un acto
jurídico se presenta u origina por violencia, se tienen seis meses para
solicitar su anulabilidad, contados desde que cese ese vicio en el
consentimiento.
▪ Es confirmable o convalidable, es decir, se puede corregir la situación
que dio lugar a la anulabilidad, por ejemplo, cuando la ley exige que un
contrato sea de manera formal (por escrito) y se celebra verbalmente,
las partes de común acuerdo lo pueden convalidar realizando un
contrato por escrito.
▪ La anulabilidad sólo puede hacerse valer por el perjudicado.
● Diferencias entre hecho y acto jurídico
Las principales diferencias entre hecho y acto jurídico se pueden observar a continuación:
4.3 Fuentes y tipos de obligaciones
● Fuentes de las obligaciones
Justiniano señaló cuatro fuentes de las obligaciones: contratos, delitos,
cuasicontratos y cuasidelitos. Sin embargo, a lo largo del Corpus iuris
encontramos varias citas que demuestran que, para los bizantinos, estas cuatro
fuentes no agotaban la materia en cuestión, mencionando como fuentes
adicionales la pollicitatio y el votum.
En cuanto a las cuatro fuentes justinianeas, consideremos que:
1. El contrato puede definirse como un acuerdo entre varias personas, que
tiene por objeto producir una o más obligaciones civiles.
2. El delito es un hecho humano contrario al derecho y castigado por la ley.
3. El cuasicontrato es una figura parecida al contrato por su licitud y sus
consecuencias, pero en el cual no se encuentra el consentimiento entre
los sujetos como elemento constitutivo, lo cual separa los cuasicontratos
de los contratos.
4. El cuasidelito es un acto ilícito, pero que el derecho romano no
clasificaba entre los delitos. Produce una obligación entre el autor del
acto y el perjudicado.
5. En relación con la pollicitatio, consistía en la oferta hecha al público en
general. El votum eran ofertas hechas por justa causa a una ciudad o un
templo
▪ Pactos
Los pactos tenían diferentes formas de clasificarse y materializarse, sin
embargo, aunque no existe unanimidad de opiniones entre los romanistas
sobre este punto, hay argumentos que permiten suponer que los simples
pactos, los pactos nudos, tenían cierto efecto jurídico; engendraban
obligaciones naturales, de modo que su cumplimiento voluntario no podía
considerarse como un pago de lo indebido o una donación.
En el derecho Justinianeo, si el pactum nudum no producía acción, cuando
menos ofrecía una defensa al producir una exceptio. Este principio general tuvo
antecedentes en plena época clásica.
Entre éstos, se distinguen tres categorías:
a. Pactos adyectos.
Puesto que en contratos de buena fe el juez debía tener en cuenta la
intención de las partes y las demás circunstancias del caso, era natural que
los pactos concertados por las partes en el momento de celebrarse un
contrato de buena fe tuvieran eficacia procesal.
b. Pactos pretorios.
En interés de la vida económica, el pretor concedía acciones y excepciones
con fundamento en algunos pactos, los cuales, por esta razón, pasaron de
la categoría de pactos nudos a la de pactos vestidos.
c. Pactos legítimos.
Varias constituciones imperiales concedían una actio ex lege para exigir el
cumplimiento de algunos pactos, hasta entonces nudos. Como tales pactos
legítimos debemos mencionar:
1. Lo promesa de dotar.
2. La promesa de donar.
3. El convenio de someter eventuales pleitos futuros a la opinión de uno
o varios árbitros.
▪ Los cuasicontratos
Los cuasicontratos se parecían a los contratos por ser lícitos y engendrar
obligaciones, pero diferían de ellos por la falta de consentimiento. Los casos
más conocidos eran los siguientes:
1. La aceptación de una herencia, que podía crear deberes del heredero a
favor de legatarios o fideicomisos
2. La aceptación de un legado que podía crear deberes del legatario a
favor de un fideicomisario.
3. La copropiedad nacida de circunstancias ajenas a un acuerdo de las
voluntades de los copropietarios, como cuando nace de un legado,
herencia o donación, o de la commixtio.
4. La aceptación de la tutela, que creaba deberes a cargo del tutor y a
favor del incapaz. Como éste ni siquiera podía dar un consentimiento
válido, era evidente que equivalía a un cuasicontrato.
5. La tenencia de ciertos objetos (como un testamento), que obliga a
mostrarlos a otros interesados debe ser sancionada por la actio ad
exhibendum.
Los tres cuasicontratos más conocidos son:
a. Gestión de negocios: para evitar un daño a algún amigo o vecino
ausente, alguien podía intervenir en su favor, sin haber recibido
instrucciones al respecto.
b. Enriquecimiento ilegítimo: este cuasicontrato nació como repercusión de
varias acciones, creadas por los pretores en los casos en que había un
traspaso de riqueza entre dos personas, no completamente justificado
por la conciencia jurídica.
c. La lex rhodia de iactu: según esta ley, la pérdida que sufrían los
propietarios de mercancías, arrojadas de un barco para salvar éste,
debía repartirse entre todos los interesados, en proporción a su interés.
▪ Delitos
En la antigua Roma encontramos delitos públicos (crimina) y delitos privados
(delicta).
Los primeros ponían en peligro evidente a toda la comunidad. Se perseguían
de oficio por las autoridades o a petición de cualquier ciudadano y se
sancionaban con penas públicas. Tenían orígenes militares y religiosos.
Los segundos causaban daño a algún particular y sólo indirectamente
provocaban una perturbación social. Se perseguían a iniciativa de la víctima y
daban lugar a una multa privada en favor de ella.
Fueron evolucionando desde la venganza privada, pasando por el sistema del
talión y por el de la "composición" voluntaria. Esos delitos privados eran actos
humanos, contrarios al derecho o a la moral, de consecuencias materiales a
veces intencionadas, pero de consecuencias jurídicas no intencionadas, que
daban lugar, no sólo a una indemnización, sino también a una multa privada en
favor de la víctima, y que únicamente podían perseguirse a petición de ésta. No
se trataba necesariamente de actos dolosos.
Entre los antiguos delitos privados debemos distinguir tres del ius civile y cuatro
del ius honorarium.
I. Los del ius civile eran: robo, daño en propiedad ajena y lesiones.
II. Los del ius honorarium eran la rapiña, la intimidación, el dolo y fraus
creditorum.
▪ Cuasi-delitos
Existen estudiosos del Derecho romano que consideran que los cuasidelitos
implican una responsabilidad por actos culpables ajenos. Así encontramos
cuatro figuras respecto a los cuasidelitos:
1. Effusum et deiectum. Cuando un líquido arrojado o un objeto sólido
caído desde un edificio sobre la vía pública causaba un daño, el
habitante principal del edificio respondía por el doble del valor causado.
2. Positum vel suspensum. Cuando se ha colocado o colgado sobre la vía
pública un objeto que podría causar un daño, cualquier ciudadano podía
denunciar el peligro y recibía entonces, en recompensa, una multa
privada de diez mil sestercios.
3. El juez que "hacia suyo el litigio", dictando una sentencia injusta. Es
posible que, originalmente, este cuasidelito se basara en la culpa del
juez y que esta figura, una vez establecida, se extendió luego al caso de
dolo judicial.
4. Robos y daños sufridos en naves, hoteles y establos. Aquí debemos
distinguir varias posibilidades. Si el culpable resultaba ser esclavo del
hotelero, barquero o propietario del establo, a su dueño le correspondía
pagar la indemnización, más la eventual multa privada, pudiendo,
empero, optar por el abandono noxal. En cambio, si el culpable era un
empleado libre, el patrón respondía eventualmente con fundamento en
la Lex Aquilia, por haber seleccionado torpemente a su personal.
La ley
Desde el punto de vista jurídico es una norma jurídica en que el Estado se
dirige a sus súbditos para fijar entre ellos y el mismo los límites de lo permitido.
El contrato, elementos de existencia, requisitos de validez
Un contrato es un acuerdo de voluntades que crea o transfiere derechos y
obligaciones. El contrato puede definirse como un acuerdo entre varias
personas, que tiene por objeto producir una o más obligaciones civiles Los
contratos se encuentran regulados en el Código Civil Federal de México,
artículos 1792 a 1859.
REQUISITOS PARA LA EXISTENCIA DEL CONTRATO:
De acuerdo al artículo 1794 del código Civil Federal tiene 2 elementos de
existencia:
El consentimiento: se refiere a la manifestación de la voluntad de las partes, ya
sea de forma expresa o de forma tácita
El objeto: se refiere en primer lugar a objetos materiales como pueden ser
bienes, como también se refiere al propósito del contrato es decir la obligación
que se crea, por ejemplo, en un contrato de arrendamiento el objeto sería el
bien arrendado, pero también sería el derecho a usar el bien y la obligación de
pagar la renta.
ELEMENTOS DE VALIDEZ DEL CONTRATO:
Los elementos de validez se obtienen de la interpretación en sentido contrario
del artículo 1795 del código Civil Federal y son:
La capacidad de las partes
El consentimiento libre de vicios (es decir, circunstancias que no permitan que
la persona esté de manera libre de acuerdo con la suscripción del contrato)
Un objeto lícito (legal, que no sea contrario a la ley, que no sea un delito, o que
no esté prohibido).
La formalidad o solemnidad requerida por la ley.
Tipos de obligaciones
Las modalidades de las obligaciones son elementos variables y accidentales
que modifican los efectos normales de las obligaciones sin alterar su
naturaleza. Las obligaciones son aquel vínculo legal basado en un derecho por
el cual las personas están obligadas a hacer algo, entregar algo, realizar un
servicio o abstenerse de hacer algo. Esas modalidades alteran los efectos de
las obligaciones cuestionando la existencia de los derechos que las avalan,
retrasando su práctica o agravando las obligaciones con otras accesorias. Lo
primero es distinguir inicialmente entre obligaciones puras y modales antes de
explicar las modalidades de las obligaciones.
Son hechos que alteran o modifican a la obligación en relación con 3 aspectos:
La existencia de la obligación, a través de las condiciones, ya sea suspensiva o
resolutoria.
La exigibilidad de la obligación, por medio del plazo o término.
La complejidad de la obligación, si comprende una pluralidad de sujetos u
objetos.
La obligación que carece de modalidades se denomina “pura o simple”, la cual
existe y es exigible desde luego, figurando en sus elementos un solo sujeto
activo y un solo sujeto pasivo, así como un solo objeto.
Tipos de obligaciones
Obligaciones puras
Las obligaciones puras se entienden en contraste con las obligaciones
modales, puesto que las obligaciones puras y simples producen efectos desde
su origen sin depender de condición alguna. Justamente lo contrario a las
modales, que se ven modificadas por una condición o cargo, o quizás
dependen de un plazo.
Un ejemplo de este tipo de obligaciones es alguien que presta dinero a un
amigo y de ahí surge la obligación pura de devolver el dinero sin condición
alguna de plazo, lugar u otros aspectos.
Esta es una definición restringida, sobre todo teniendo en cuenta que una
obligación ya no se considera pura desde el momento en el que se ve afectada
no solo por una condición o cargo, sino también por un plazo.
Obligaciones modales
Las obligaciones modales son aquellas que dependen de alguna circunstancia
externa. Las modalidades son: la condición, el plazo o el cargo.
Condiciones a plazo
Nuestro Código Civil en su artículo 1938 nos ofrece el concepto, al decir: “la
obligación es condicional cuando su existencia o su resolución dependen de un
acontecimiento futuro e incierto”, efectivamente la condición es un
acontecimiento, evento o hecho futuro y de realización incierta; es decir, que
todavía no se ha verificado y que, además, se ignora si se verificará alguna
vez.
Especies de condición
Puede ser suspensiva o resolutoria, la primera se encuentra reglamentada por
nuestro Código Civil en el artículo 1939, que a la letra dice: “la condición es
suspensiva cuando de su cumplimiento depende la existencia de la obligación,
aspecto muy discutido, pues de ser observado literalmente, resultaría que la
obligación misma mientras no se presente la condición no ha nacido, cosa que
desde luego se ha catalogado como errónea”.
Por su parte el artículo 1940, dispone: “La condición es resolutoria cuando
cumplida resuelve la obligación, volviendo las cosas al estado que tenían,
como si esa obligación no hubiera existido”. Este concepto lo consideramos
aceptable, Sin embargo, trataremos de dar un concepto que vaya de acuerdo
con el ofrecido para la condición suspensiva.
En estas modalidades de las obligaciones la eficacia de la misma depende de
un plazo o término.
Este término es algo que va a suceder en el futuro y que extingue los efectos
de la obligación. Existen varios tipos de plazos, como el término expreso, el
término tácito, el término convencional y el término legal, entre otros.
A continuación, describiremos dos de los plazos más destacados: el
suspensivo y el extintivo.
Plazo suspensivo Tiene 3 consecuencias:
Mientras no ocurra la obligación no se puede realizar. La prescripción negativa
de deudas se detiene.
El deudor no puede hacer el pago a favor del acreedor.
Plazo extintivo
Se refiere a la existencia de un acontecimiento futuro que extingue los efectos
de una obligación.
Mancomunadas y solidaria
En los casos que una misma obligación contemple varios sujetos activos y
acreedores, o varios sujetos pasivos o deudores, aparece la modalidad de las
obligaciones mancomunadas y solidarias.
Mancomunada
En esta modalidad existen varios deudores o acreedores; por lo tanto, el crédito
o deuda está separada en partes iguales, aunque cada parte es distinta. En
estos casos existe una partición de las obligaciones que son independientes y
pueden ser exigidas por las partes de forma independiente, bien por parte de
los deudores o de los acreedores, según el caso concreto.
Ejemplo
Dos personas tienen un crédito mancomunado con otra persona (acreedor). Su
obligación es al 50 % cada uno y, para cumplir con la obligación, tienen que
pagar ambos su 50 % de la deuda.
Solidaridad
En esta modalidad el crédito o la deuda es un todo conjunto que ha de ser
abonado —o prestado, si es un servicio— de forma íntegra. Es decir, uno de
los deudores puede pagar todo al acreedor, o el deudor (sujeto pasivo) puede
pagar por completo a uno de los acreedores (sujeto activo).
Ejemplo
Dos personas tienen un crédito solidario con otra. Uno de ellos puede pagar en
totalidad cumpliendo con la obligación.
Existen dos formas de solidaridad:
Solidaridad activa
Hay dos o más acreedores conjuntos frente a un deudor o sujeto pasivo que
pueden demandar de forma conjunta o por separado el cumplimiento total de la
obligación.
Solidaridad pasiva
Existen 2 o más deudores (sujetos pasivos) conjuntos que hacen frente a la
totalidad de la obligación hacia un solo acreedor.
Alternativas y conjuntivas
Obligaciones conjuntivas
Cuando el deudor tiene una obligación conjunta de varios servicios o varias
cosas, no cumple su obligación hasta que no realiza toda su obligación en
conjunto.
Ejemplo
Un abogado tiene la obligación de asistir legalmente en dos casos totalmente
diferentes y sin relación alguna entre ellos.
Obligaciones alternativas
En estos casos la obligación se puede cumplir de forma alternativa eligiendo el
deudor, salvo que se haya regulado diferente. Cuando la alternativa esté entre
una cosa o un hecho y la elección es del acreedor, puede elegir cualquiera;
pero si es el deudor, tiene que entregar la cosa. Si la cosa objeto de la
obligación se extravía, el acreedor puede solicitar su valor económico o el fin
del contrato.
Ejemplo
Cuando existe un legado y el heredero puede elegir entre abonarlo al legatario
con uno o varios bienes lícitos.
Obligaciones facultativas
La función de la obligación facultativa se genera cuando el deudor tiene una
obligación consistente en una prestación única, aunque tiene la facultad de
resultar liberado de la obligación cumpliendo otra en su lugar.
4.4. Sanciones como otras consecuencias de derecho
Son aquellas situaciones jurídicas concretas que se presentan cuando se
realizan uno o varios supuestos de derecho.
Ahora en el concepto de consecuencias de derecho, se puede establecer una
cierta relación en la que explica que toda acción conlleva a una reacción, luego
entonces si un sujeto “a” agrede al sujeto “b” la reacción que tendrá el segundo
sujeto, será de agredir de la misma manera, desde luego que, porque traerá
consecuencias de derecho y tendrá que ser sancionado.
Las sanciones civiles son aquellas impuestas por un tribunal o autoridad
competente en el ámbito civil, con el fin de reparar un derecho que ha sido
vulnerado. Estas sanciones tienen como objetivo principal restablecer el
equilibrio y la justicia en una determinada situación.
Estas sanciones pueden adoptar diferentes formas, como el pago de una
indemnización económica a la parte afectada, la restitución de un bien o la
realización de determinadas acciones para reparar el daño causado. Además,
en algunos casos, se pueden imponer también sanciones coercitivas, como
multas o penas de arresto, para garantizar el cumplimiento de la obligación
impuesta.
Es importante destacar que las sanciones civiles se diferencian de las
sanciones penales, ya que estas últimas tienen como objetivo principal
sancionar y castigar conductas delictivas, mientras que las sanciones civiles
buscan reparar los daños causados por una violación de derechos
¿Cuáles son los diferentes tipos de sanciones?
Existen diferentes tipos de sanciones dependiendo del ámbito en el que se
cometió la infracción. A continuación, se detallan los principales tipos de
sanciones:
1. Sanciones penales: Son aquellas que se imponen como consecuencia de la
comisión de un delito. Estas pueden incluir penas privativas de libertad, como
prisión o reclusión, así como también multas económicas, trabajos comunitarios
o libertad condicional. Las sanciones penales se rigen por el Código Penal de
cada país y su objetivo principal es castigar al infractor y proteger a la
sociedad.
2. Sanciones civiles: Estas sanciones se aplican en el ámbito del derecho civil,
en situaciones en las que se produce un incumplimiento de un contrato o una
falta de deberes y obligaciones civiles. Las sanciones civiles pueden incluir el
pago de indemnizaciones, la restitución de bienes o derechos, así como
también la realización de acciones específicas para reparar el daño causado.
3. Sanciones administrativas: Son sanciones impuestas por la administración
pública como consecuencia de incumplimientos de normativas o regulaciones
específicas. Estas sanciones pueden variar dependiendo del área, como, por
ejemplo, sanciones en materia de tráfico, medio ambiente, salud pública, entre
otros. Las sanciones administrativas pueden incluir multas económicas,
suspensiones de licencias, clausuras temporales o definitivas, entre otras
medidas.
Es importante tener en cuenta que cada país tiene sus propias leyes y
regulaciones, por lo que las sanciones pueden variar en su forma y gravedad.
Además, las sanciones pueden ser proporcionales a la gravedad de la
infracción, buscando siempre generar un efecto disuasorio para evitar
conductas ilegales.
¿Cuáles son algunos ejemplos de sanciones?
Además de las sanciones legales, existen otros tipos de sanciones en
diferentes ámbitos. Por ejemplo, en el ámbito deportivo, las sanciones pueden
incluir la suspensión de un jugador o equipo, la pérdida de puntos o la
descalificación de una competición. Estas sanciones se aplican cuando se
detecta un comportamiento antideportivo, como el uso de sustancias
prohibidas, el dopaje o la conducta violenta.
En el ámbito escolar, las sanciones pueden incluir la suspensión de clases, la
expulsión temporal o permanente del centro educativo, o la realización de
tareas o trabajos adicionales como castigo por un mal comportamiento o por
incumplir las normas establecidas. Estas sanciones tienen como objetivo
educar y corregir el comportamiento de los estudiantes.
En el ámbito laboral, las sanciones pueden incluir la suspensión temporal o
definitiva del contrato de trabajo, la reducción de salario, la pérdida de ciertos
beneficios o incluso el despido. Estas sanciones se aplican cuando un
empleado incumple las normas internas de la empresa o comete faltas graves,
como el robo, la violencia en el lugar de trabajo o el incumplimiento reiterado de
sus responsabilidades.
¿Cómo se clasifican las sanciones penales?
Las sanciones penales se clasifican en tres tipos principales: sanciones de
carácter disciplinario, sanciones de carácter administrativo y sanciones de
carácter penal.
Las sanciones de carácter disciplinario son aquellas que se imponen en el
ámbito de la disciplina de una determinada profesión o actividad. Estas
sanciones están destinadas a corregir conductas indebidas o incumplimientos
de normas profesionales y su objetivo principal es mantener el buen
funcionamiento de la actividad o profesión en cuestión. Ejemplos de sanciones
disciplinarias pueden ser la suspensión temporal del ejercicio profesional, la
inhabilitación para ejercer la profesión o la amonestación pública.
Las sanciones de carácter administrativo son aquellas que se imponen por la
comisión de infracciones administrativas, es decir, incumplimientos de normas
establecidas por la administración pública. Estas sanciones tienen como
finalidad sancionar y corregir conductas que afectan al ordenamiento jurídico
administrativo y pueden ir desde multas económicas hasta la clausura de un
establecimiento.
Así mismo las sanciones administrativas que se imponen a los servidores
públicos por incurrir en irregularidades administrativas en el desempeño de su
empleo o comisión que van desde amonestación pública hasta inhabilitación
para desempeñar un empleo, cargo o comisión en el servicio público.
Por último, las sanciones de carácter penal son aquellas que se imponen como
consecuencia de la comisión de un delito. Estas sanciones son establecidas
por el Código Penal y tienen como objetivo principal la protección de la
sociedad y la prevención de futuros delitos. Las sanciones penales pueden ser
de diversa gravedad, desde penas de prisión hasta multas económicas o
trabajos en beneficio de la comunidad.
4.5 Extinción de las obligaciones
Los modos o causas de extinción de la obligación son los distintos hechos o
negocios jurídicos en virtud de los cuales aquella deja de existir. El código civil
Federal dedica en su TITULO QUINTO, denominado “Extinción de las Obligaciones”
CAPITULO I, del artículo 2185 al 2241 regula la extinción de las obligaciones,
mismos que posteriormente veremos.
No obstante, lo anterior las obligaciones se extinguen:
Por el pago o cumplimiento. Pagar lo que se debe.
Por remisión se da la condonación de la deuda.
Por la confusión de los derechos de acreedor y deudor. Concurren en una
persona la calidad de deudor y acreedor
Por la compensación. Dos personas son al mismo tiempo deudoras la una de la
otra.
Por la novación. Sustitución de una obligación por otra.
Prescripción. Se termina el tiempo para ejercer las acciones de reclamar el
derecho al cumplimiento de las obligaciones
Pérdida de la cosa que se debe. Cuando la obligación es de entregar un cuerpo
cierto
Por el evento de la condición resolutoria. Se da la condición estipulada
Declaración de nulidad o rescisión. Por vicios en el contrato o incumpliendo
Pago
Si bien las obligaciones también se extinguen por otras causas el pago es por
regla el cumplimiento de la prestación debida que trae como consecuencia la
extinción de las obligaciones.
Transmisión y extinción de las obligaciones Como la obligación crea un vínculo
de derecho entre el acreedor y el deudor, es una relación que en la mayor parte
de los casos se ha formado entre personas, de ahí que el acreedor no pueda
libremente ceder su crédito a otra persona porque variarían los extremos de la
relación. El acreedor no puede substituirse por otro, en principio, como
tampoco lo podrá el deudor. El crédito es un derecho anexo a la persona, que
sólo puede ser transmitido al heredero, continuador de la persona del difunto, o
entre vivos. Las necesidades prácticas obligaron a vender los créditos como un
elemento activo del patrimonio como lo son los demás bienes corporales y,
lógicamente, deberían ser objeto del mismo tratamiento, de manera que, si el
pater familias necesitaba dinero, en lugar de vender un bien vendía o cedía un
crédito.
Aunque la obligación se extinguía, comúnmente, cuando el deudor liquidaba la deuda
adquirida con lo cual se desligaba el vínculo contraído con el acreedor, en la
jurisprudencia romana se consideraban dos grandes formas de extinguir una
obligación.
Artículo 2185.- Tiene lugar la compensación cuando dos personas reúnen la calidad de
deudores y acreedores recíprocamente y por su propio derecho.
Artículo 2186.- El efecto de la compensación es extinguir por ministerio de la ley las
dos deudas, hasta la cantidad que importe la menor.
Artículo 2188.- Para que haya lugar a la compensación se requiere que las deudas
sean igualmente líquidas y exigibles. Las que no lo fueren, sólo podrán compensarse
por consentimiento expreso de los interesados.
Artículo 2206.- La obligación se extingue por confusión cuando las calidades de
acreedor y deudor se reúnen en una misma persona. La obligación renace si la
confusión cesa.
Artículo 2207.- La confusión que se verifica en la persona del acreedor o deudor
solidario, sólo produce sus efectos en la parte proporcional de su crédito o deuda.
Remisión de la Deuda Artículo 2209.- Cualquiera puede renunciar su derecho y remitir,
en todo o en parte, las prestaciones que le son debidas, excepto en aquellos casos en
que la ley lo prohíbe.
Artículo 2210.- La condonación de la deuda principal extinguirá las obligaciones
accesorias; pero la de éstas dejan subsistente la primera.
Artículo 2213.- Hay novación de contrato cuando las partes en él interesadas lo alteran
substancialmente substituyendo una obligación nueva a la antigua.
Artículo 2214.- La novación es un contrato, y como tal, está sujeto a las disposiciones
respectivas, salvo las modificaciones siguientes.
Artículo 2215.- La novación nunca se presume, debe constar expresamente.
Artículo 2220.- La novación extingue la obligación principal y las obligaciones
accesorias. El acreedor puede, por una reserva expresa, impedir la extinción de las
obligaciones accesorias, que entonces pasan a la nueva.
Artículo 2230.- La nulidad por causa de error, dolo, violencia, lesión o incapacidad,
sólo puede invocarse por el que ha sufrido esos vicios de consentimiento, se ha
perjudicado por la lesión o es el incapaz.
Artículo 2231.- La nulidad de un acto jurídico por falta de forma establecida por la ley,
se extingue por la confirmación de ese acto hecho en la forma omitida.
Artículo 2233.- Cuando el contrato es nulo por incapacidad, violencia o error, puede
ser confirmado cuando cese el vicio o motivo de nulidad, siempre que no concurra otra
causa que invalide la confirmación.
Artículo 2234.- El cumplimiento voluntario por medio del pago, novación, o por
cualquier otro modo, se tiene por ratificación tácita y extingue la acción de nulidad.
Artículo 2242.- Todos los derechos reales o personales transmitidos a terceros sobre
un inmueble, por una persona que ha llegado a ser propietario de él en virtud del acto
anulado, quedan sin ningún valor y pueden ser reclamados directamente del poseedor
actual mientras que no se cumpla la prescripción, observándose lo dispuesto para los
terceros adquirentes de buena fe.