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Proporcionalidad y Legalidad Tributaria

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Gómez Islas Juan Carlos.

Argumento pragmático o consecualista.

PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD Y LEGALIDAD TRIBUTARIA.

El principio de proporcionalidad y legalidad tributaria es fundamental en la


construcción de un sistema fiscal justo y equitativo, su correcta aplicación permite el acceso
a una justicia social y al desarrollo económico del país o entidad federativa en su caso,
dentro del marco normativo del país este principio está garantizado dentro del orden
constitucional y jurisprudencial.

Contenido en el artículo 31, fracción IV de la CPEUM, se subraya la obligación que


tenemos los ciudadanos de contribuir a los gastos públicos de forma equitativa de acuerdo a
la capacidad económica, asegurando una distribución justa de la carga fiscal:

“Artículo 31. Son obligaciones de los mexicanos:



IV. Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como de los Estados, de la
Ciudad de México y del Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que
dispongan las leyes.”

En relación al párrafo anterior, la obligación del gobernado de cubrir aquellas


contribuciones impuestas por el Estado siempre y cuando se establezcan atento a los
siguientes principios constitucionales:

a) Principio del destino de las contribuciones;


b) Principio de proporcionalidad tributaria;
c) Principio de equidad tributaria; y,
d) Principio de legalidad fiscal.

En primer instancia, es menester establecer que el principio de legalidad tributaria


previsto en el artículo 31, fracción IV constitucional, consiste en los elementos esenciales de
la contribución deben de estar consignados o definidos en un acto formal y materialmente
legislativo, ese principio de legalidad tributaria, que el Pleno de la SCJN determinó mediante
el siguiente criterio jurisprudencial:

Registro digital: 232797


Instancia: Pleno
Séptima Época
Materia(s): Constitucional, Administrativa
Fuente: Semanario Judicial de la Federación.
Volumen 91-96, Primera Parte, página 173
Tipo: Jurisprudencia

IMPUESTOS, PRINCIPIO DE LEGALIDAD QUE EN MATERIA DE, CONSAGRA LA


CONSTITUCION FEDERAL.
El principio de legalidad se encuentra claramente establecido por el artículo 31 constitucional, al
expresar, en su fracción IV, que los mexicanos deben contribuir para los gastos públicos de la
manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes y está, además, minuciosamente
reglamentado en su aspecto formal, por diversos preceptos que se refieren a la expedición de la
Ley General de Ingresos, en la que se determinan los impuestos que se causarán y recaudarán
durante el período que la misma abarca. Por otra parte, examinando atentamente este principio de
legalidad, a la luz del sistema general que informa nuestras disposiciones constitucionales en
materia impositiva y de explicación racional e histórica, se encuentra que la necesidad de que la
carga tributaria de los gobernados esté establecida en una ley, no significa tan solo que el acto
creador del impuesto deba emanar de aquel poder que, conforme a la Constitución del Estado,
está encargado de la función legislativa, ya que así se satisface la exigencia de que sean los
propios gobernados, a través de sus representantes, los que determinen las cargas fiscales que
deben soportar, sino fundamentalmente que los caracteres esenciales del impuesto y la forma,
contenido y alcance de la obligación tributaria, estén consignados de manera expresa en la ley, de
tal modo que no quede margen para la arbitrariedad de las autoridades exactoras ni para el cobro
de impuestos imprevisibles o a título particular, sino que el sujeto pasivo de la relación tributaria
pueda, en todo momento, conocer la forma cierta de contribuir para los gastos públicos del Estado,
y a la autoridad no queda otra cosa sino aplicar las disposiciones generales de observancia
obligatoria, dictadas con anterioridad al caso concreto de cada causante. Esto, por lo demás, es
consecuencia del principio general de legalidad, conforme al cual ningún órgano del Estado puede
realizar actos individuales que no estén previstos y autorizados por disposición general anterior, y
está reconocido por el artículo 14 de nuestra Ley Fundamental. Lo contrario, es decir, la
arbitrariedad en la imposición, la imprevisibilidad en las cargas tributarias y los impuestos que no
tengan un claro apoyo legal, deben considerarse absolutamente proscritos en el régimen
constitucional mexicano, sea cual fuere el pretexto con que pretenda justificárseles.

Séptima Epoca, Primera Parte:

Volúmenes 91-96, página 92. Amparo en revisión 331/76. María de los Angeles Prendes de Vera. 31
de agosto de 1976. Unanimidad de quince votos. Ponente: Carlos del Río Rodríguez.

Volúmenes 91-96, página 92. Amparo en revisión 1008/76. Antonio Hernández Abarca. 31 de
agosto de 1976. Unanimidad de quince votos. Ponente: Arturo Serrano Robles.

Volúmenes 91-96, página 92. Amparo en revisión 5332/75. Blanca Meyerberg de González. 31 de
agosto de 1976. Unanimidad de quince votos. Ponente: Ramón Canedo Aldrete.

Volúmenes 91-96, página 92. Amparo en revisión 5464/75. Ignacio Rodríguez Treviño. 31 de agosto
de 1976. Unanimidad de quince votos. Ponente: Arturo Serrano Robles.

Volúmenes 91-96, página 92. Amparo en revisión 5888/75. Inmobiliaria Havre, S.A. 31 de agosto de
1976. Unanimidad de quince votos. Ponente: Arturo Serrano Robles.

El contenido de la Tesis citada con anterioridad, evidencia que el principio de


legalidad tributaria radica, medularmente, en que las contribuciones estarán previstas en un
acto legislativo, es decir, han de provenir del órgano legislativo, y en ellas deben contenerse
sus elementos esenciales como es el sujeto, objeto, base, tasa y época de pago.

Entonces, en aras de tutelar la seguridad jurídica del sujeto pasivo, el principio de


legalidad exige que las contribuciones estén contenidas en un acto material y formalmente
legislativo, así como todos aquellos elementos que sirven de base para realizar el cálculo
del tributo.
Tales elementos deben estar fijados con la precisión necesaria para impedir el
comportamiento arbitrario o caprichoso de las autoridades involucradas en su recaudación y
generen al gobernado certidumbre sobre qué hecho o circunstancia se encuentra gravado.

Se debe precisar cómo se calculará la base del tributo, tasa o tarifa aplicable,
cuándo y dónde se realizará el entero respectivo y, en general, todo aquello que permita
conocer las cargas tributarias correspondientes en virtud de la situación jurídica en la cual
se encuentra o pretenda ubicarse.

Por su parte, el principio de equidad tributaria prevé que ante la ley todos los sujetos
pasivos de un impuesto ubicados en la hipótesis de causación deben guardar una idéntica
situación frente a la norma jurídica que lo regula a fin de evitar cualquier trato discriminatorio
ante situaciones análogas.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido que para cumplir con el


citado principio, el legislador tiene la obligación de crear categorías o clasificaciones de
contribuyentes a condición de que éstas no sean caprichosas o arbitrarias, es decir, que se
sustenten en bases objetivas las cuales justifiquen el tratamiento diferente entre una y otra
categoría, y que pueden responder a finalidades económicas o sociales, razones de política
fiscal o incluso extrafiscales.

Es aplicable al caso, la jurisprudencia P./J. 41/97, del Pleno de la Suprema Corte de


Justicia de la Nación, de rubro y texto:

Suprema Corte de Justicia de la Nación Registro digital: 198403


Instancia: Pleno
Novena Época
Materias(s): Administrativa, Constitucional
Tesis: P./J. 41/97
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo V, Junio de 1997, página 43
Tipo: Jurisprudencia
EQUIDAD TRIBUTARIA. SUS ELEMENTOS.
El principio de equidad no implica la necesidad de que los sujetos se encuentren, en todo momento y
ante cualquier circunstancia, en condiciones de absoluta igualdad, sino que, sin perjuicio del deber de los
Poderes públicos de procurar la igualdad real, dicho principio se refiere a la igualdad jurídica, es decir, al
derecho de todos los gobernados de recibir el mismo trato que quienes se ubican en similar situación de hecho
porque la igualdad a que se refiere el artículo 31, fracción IV, constitucional, lo es ante la ley y ante la aplicación
de la ley. De lo anterior derivan los siguientes elementos objetivos, que permiten delimitar al principio de equidad
tributaria: a) no toda desigualdad de trato por la ley supone una violación al artículo 31, fracción IV, de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino que dicha violación se configura únicamente si
aquella desigualdad produce distinción entre situaciones tributarias que pueden considerarse iguales sin que
exista para ello una justificación objetiva y razonable; b) a iguales supuestos de hecho deben corresponder
idénticas consecuencias jurídicas; c) no se prohíbe al legislador contemplar la desigualdad de trato, sino sólo en
los casos en que resulta artificiosa o injustificada la distinción; y d) para que la diferenciación tributaria resulte
acorde con las garantías de igualdad, las consecuencias jurídicas que resultan de la ley, deben ser adecuadas y
proporcionadas, para conseguir el trato equitativo, de manera que la relación entre la medida adoptada, el
resultado que produce y el fin pretendido por el legislador, superen un juicio de equilibrio en sede constitucional.

El principio de proporcionalidad tributaria consiste en el hecho de que los sujetos


pasivos de un tributo deben contribuir a los gastos públicos en función de su respectiva
capacidad contributiva; es decir, para que un gravamen sea proporcional, es necesario que
el hecho imponible del impuesto establecido por el Estado, refleje una auténtica
manifestación de capacidad económica del sujeto pasivo, la cual debe entenderse como la
potencialidad real de abonar a los gastos públicos.

Sobre este particular la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al resolver diversas


controversias, ha sostenido, con depurada técnica Constitucional, que de lo dispuesto por el
citado artículo 31 fracción IV de nuestra Carta Magna se deduce que para la validez
Constitucional de los impuestos se requiere la concurrencia de tres requisitos de carácter
esencial, que consisten, el primero, en que aquellos se encuentren establecidos en una Ley;
el segundo, en que sean proporcionales y equitativos, y el tercero, en que se destinen al
pago de los gastos públicos.

En efecto, al resolver, entre otros, el amparo en revisión 6168/63, promovido por


Alfonso Córdova Mendoza y coagraviados, que fue fallado el 12 de febrero de 1974.

En tenor de lo anterior resulta irrefutable que los principios de proporcionalidad y


equidad tributaria, implican necesariamente una relación entre el monto del pago del
impuesto con la capacidad de tributación del contribuyente, y que los contribuyentes
ubicados en la hipótesis normativa fiscal serán tratados de manera idéntica.

El principio de proporcionalidad tributaria exige que las contribuciones se


establezcan con estricta observancia de la capacidad contributiva de los gobernados, de tal
manera que se generen únicamente respecto de hechos reveladores de riqueza.

Es decir, la proporcionalidad y equidad radican en que el monto del tributo se


establezca atendiendo a la capacidad contributiva del gobernado y, cuando se confiere igual
trato, a quienes se encuentren en idénticas circunstancias.

En el caso de los tributos en los cuales se omite gravar la totalidad del patrimonio,
sino una manifestación aislada de riqueza, como el relativo a las transmisiones
patrimoniales el principio de proporcionalidad tributaria reviste características particulares,
porque el legislador en modo alguno toma en cuenta la capacidad contributiva total del
contribuyente, en tanto el hecho imponible la adquisición de inmuebles y la base gravable la
conforma exclusivamente el valor de la parte del patrimonio obtenido, al que se aplica la
tarifa correspondiente.

Así, en este tipo de impuestos el principio referido se cumplirá cuando el


contribuyente tributa en relación directa con la parte del patrimonio adquirido, mediante la
aplicación de la tarifa correspondiente.

El simple establecimiento de una estructura de rangos, con cuotas y tasas aplicables


sobre el límite inferior en modo alguno conlleva a concluir que se está ante un mecanismo
progresivo, pues es necesario analizar su efectividad con la aplicación de la tarifa.

Lo anterior es así, ya que un rompimiento en la proporcionalidad de la tarifa


implicaría la omisión de expresar la parte real de la capacidad contributiva apreciada por el
legislador para imponer un tributo.

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