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La Eutanasia: El camino hacia la dignidad al final de la vida
Karol Quintero
Universidad Popular del Cesar
Expresión Oral y Escrita
Docente. Yulieth Romero Escorcia
19 de noviembre del 2024
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Introducción:
La muerte digna de quienes sufren enfermedades terminales o
crónicas y padecen insoportables dolores y sufrimientos mediante la eutanasia,
especialmente de niños, niñas y adolescentes
(NNA), es un reclamo que hacen cada vez más amplios sectores
de opinión y que también tiene su rechazo por parte de la religión, instituciones
hospitalarias y personas naturales y jurídicas
con múltiples argumentos morales o religiosos.
En el contexto de la relación entre el consentimiento
sustituto y la autonomía subrogada, existe una intersección
conceptual que se evidencia en la toma de decisiones sobre
tratamientos médicos al final de la vida cuando un paciente no
puede manifestar sus preferencias. El consentimiento sustituto,
en el ámbito de la muerte digna, se refiere a la facultad de un
representante legal o familiar para tomar decisiones médicas
en nombre de un paciente que no puede expresar sus deseos
sobre tratamientos al final de la vida. Este concepto se aplica
en escenarios donde el paciente se encuentra incapacitado para
Eutanasia en niños, niñas y adolescentes y consentimiento sustituto36
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decidir acerca de cuidados paliativos, sedación terminal u otros
tratamientos destinados a asegurar un final de vida digno y sin
sufrimiento. Por eso, se tuvieron en cuenta los dos conceptos a
partir de esta perspectiva y frente a las posiciones de diferentes
autores.
Tanto el consentimiento sustituto como la autonomía su-
brigada convergen en la toma de decisiones en nombre de otra
persona en el contexto del derecho a tener una muerte digna.
Esta implica importantes consideraciones éticas y legales para
preservar la voluntad y la dignidad del paciente en situaciones
terminales y otras enfermedades.
Ante la imposibilidad de expresar sus deseos, el consentimiento sustituto adquiere un rol
primordial al facultar a un representante legal o familiar para
tomar decisiones en representación del paciente, asegurando
así el cumplimiento de los valores y deseos de este, en lo que
respecta a su atención al final de la vida. Morir en medio de dolores insoportables puede
ser un “tormento” en vida, pero también podría ser un acto de humanidad
para quien padece innecesariamente y reclama como derecho
fundamental morir con dignidad. La decisión de la eutanasia
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en NNA y su aplicación genera dilemas jurídicos y bioéticos que
involucran el ejercicio de la autonomía personal o subrogada.
Por lo tanto, se hace necesario contextualizar en relación con
este tema.
Eutanasia: el camino hacia la dignidad al final de la vida
La eutanasia es uno de los temas que me hizo pensar profundamente sobre el significado
de la vida, la muerte y el sufrimiento humano. Vivimos en una sociedad que muchas veces tiene
miedo de hablar de la muerte, pero creo que el tema debe abordarse desde una perspectiva
humana y ética. Apoyo la eutanasia como una opción para asegurar una muerte digna,
especialmente cuando el dolor físico y emocional es insoportable.
En mi opinión, la dignidad debería estar en el centro de nuestras decisiones sobre la vida
y la muerte. He escuchado muchas historias de personas con enfermedades terminales que han
caído en un dolor que no sólo les afecta físicamente, sino que también afecta sus espíritus y los
de sus seres queridos. ¿No sería más humano dejarles elegir un final pacífico y sin dolor que
obligarlos a seguir viviendo en un dolor sin fin? Creo firmemente que, al aceptar la eutanasia
como opción, Respetamos el derecho de cada uno a determinar su propio cuerpo y destino.
Entiendo que algunas personas afirmen que la vida es sagrada y que sólo debería terminar
cuando “se acabe el tiempo”. Sin embargo, me pregunto: ¿quién tiene derecho a definir ese
“momento” sino la persona que lo vivió? Obligar a alguien a prolongar su vida en contra de su
voluntad, especialmente cuando no hay esperanzas de recuperación, es en mi opinión un acto
cruel que va en contra del valor de la vida.
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Además, creo que la eutanasia no es sólo una cuestión personal, sino también una
cuestión de salud pública. En algunos países que permiten esta práctica, regulaciones estrictas
garantizan que las personas puedan tomar esta decisión de manera informada, voluntaria y
segura. Esto no sólo evita sufrimientos innecesarios, sino que también protege a quienes pueden
ser vulnerables al abuso o la manipulación.
Sin embargo, me doy cuenta de que esta pregunta plantea dilemas morales y religiosos
que no se resuelven fácilmente. Algunos creen que permitir la eutanasia podría conducir a
decisiones irresponsables o amenazar la confianza en los médicos. Sin embargo, creo que un
marco legal sólido, junto con un apoyo médico y emocional adecuado, puede minimizar estos
riesgos y garantizar que la eutanasia se convierta en una opción verdaderamente viable.
En general, creo que la eutanasia es una cuestión de compasión y respeto. No se trata de
disminuir el valor de la vida, sino de reconocer que, en algunos casos, permitir que alguien elija
un fin honorable puede ser el mayor acto de compasión. Al aceptar este derecho, no sólo
respetamos la autonomía individual, sino que afirmamos nuestra humanidad al priorizar el
bienestar y la dignidad sobre el miedo a la muerte.