RESUMEN DE GEOGRAFÍA – CIRCUITOS PRODUCTIVOS.
¿Qué es un circuito productivo?
Un circuito productivo es la combinación de distintas actividades que están necesariamente encadenadas
para generar un flujo productivo de determinados bienes. Se inicia con las actividades primarias: la extracción de
recursos naturales y la obtención de materias primas. Continúa con el transporte de los productos primarios hacia
los centros de consumo o las fábricas para elaborar bienes secundarios. A lo largo de todo el circuito, los bienes van
adquiriendo valor; es decir, cuando la materia prima se elabora, en esa transformación el producto aumenta su valor
porque se le va sumando trabajo, tecnología y también otros productos para lograr el bien terminado.
El concepto de circuito productivo permite diferenciar las distintas etapas de la producción, observar qué
actores intervienen en ellas y cómo se relacionan entre sí. Para ello hay que tener en cuenta la capacidad que tiene
cada actor de influir en las actividades dentro del circuito productivo, a través de la imposición de precios, de la
utilización de mano de obra y de tecnología.
Los circuitos agroindustriales.
La agroindustria es un sistema dinámico que implica la combinación de dos procesos, el agrícola y el
industrial, con el objetivo de transformar los productos provenientes del campo. Está integrada por distintas etapas:
la fase de producción agrícola, el transporte de las materias primas y la comercialización nacional e internacional.
Muchas regiones de nuestro país se asocian con determinados circuitos productivos, por ejemplo, la región
de Cuyo se vincula con la producción de vinos. Es decir, algunas regiones se han especializado en la elaboración de
ciertos productos y su economía depende, en gran medida, de la comercialización de estos.
En algunos casos, la fase primaria e industrial se desarrollan dentro de la misma región, en otros están
separadas. De esto dependerá la cantidad de valor agregado que queda en la región donde se inicia el proceso. Esto es
importante porque el producto tiene más valor cuanto más elaborado está, con lo cual las mayores ganancias se
encuentran, en la mayoría de los casos, en los eslabones industrial y comercial del circuito.
En las últimas décadas la agroindustria nacional ha experimentado grandes transformaciones como
consecuencia de la apertura y desregulación de la economía nacional de principios de la década del 90, y también de
una importante modernización, (siembra directa y transgénicos). Entre los actores vinculados a estas
transformaciones se encuentran grandes empresarios nacionales e internacionales muchas veces asociados con
figuras tales como los pools de siembra o transnacionales. Además, han ingresado a los circuitos productivos nuevos
actores de importancia: las grandes cadenas de supermercados que por su gran capacidad de compra pueden ejercer
un cierto control en el precio de los productos primarios.
Paralelamente, estos cambios han generado varias problemáticas, por ejemplo, muchos pequeños y medianos
productores primarios e industriales no han podido incorporar toda la tecnología rápidamente y se les hace difícil
competir en el mercado con los nuevos actores. Esta situación conduce a un proceso de concentración económica de
la producción en manos de los grandes productores y empresarios que elimina del circuito a los pequeños y
medianos productores (pymes).
Los circuitos agroindustriales del área pampeana.
La producción desarrollada en las provincias pampeanas ha sido históricamente la más importante en la
economía nacional. El acceso a infraestructuras de transporte, como la red vial y ferroviaria, y a los principales
puertos del país y a los centros de consumo, le dan una posición de ventaja con respecto al resto de las regiones del
país.
Dentro de la producción que se desarrolla en esta región, se destacan la lechera (y derivados lácteos), las
basadas en el trigo y en el girasol, maíz y soja para la elaboración de aceites. Cada circuito productivo en esta región
se desarrolla y concentra en determinadas zonas y los actores que están involucrados, como también sus
problemáticas, son diferentes.
La producción lechera.
La cadena láctea conforma uno de los complejos agroalimentarios más importantes y dinámicos dentro de la
economía argentina. Las principales regiones lecheras del país se especializan para el abasto (consumo) o para la
industria (subproductos: leche descremada, cremas, quesos, mantecas, etc).
Alrededor del 20% de la producción de leche y derivados se destina al mercado externo. Los productos de
exportación más importantes son las leches en polvo, algunos tipos de queso, suero de queso y sus derivados
(productos deshidratados). El 80% de la exportación está representada por leches en polvo enteras, descremadas y
fortificadas; el 20% de lo exportado son quesos.
La producción de leche en nuestro país se caracterizó desde sus inicios por ser parte de una economía de
pequeños y medianos productores tamberos. Existió siempre un gran número de tambos que abastecían a un
número reducido de empresas lácteas. Estas empresas, por su gran tamaño, tenían una mayor capacidad para
negociar el precio de la leche con los tamberos. Ante esto, y como estrategia, muchos tamberos se asociaron en
cooperativas.
La situación de desventaja para los pequeños productores tamberos empeoró a partir de la década de 1960,
cuando comenzaron a incorporarse tecnologías al sector (como la usina lechera), con lo aumentaron los costos de
producción. Esto se agudizó con las medidas de los años 90, como la apertura y la desregulación de la economía que
permitieron el ingreso de un nuevo actor económico: las grandes cadenas de hipermercados y supermercados que
tienen la capacidad de fijar los precios a su favor. Todo esto dio como resultado una disminución del número de los
pequeños y medianos productores, que no pudieron sostener su producción frente a la competencia. Entonces se fue
dando una mayor concentración económica en manos de un reducido número de grandes empresas nacionales y
transnacionales.
La producción de la harina de trigo.
La producción de granos y harina de trigo tiene gran importancia en el conjunto de la economía nacional. Esta
producción se concentró, históricamente, en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Aunque se han ido
incorporando otras provincias, como La Pampa y Entre Ríos, que tienen menor participación en la producción
nacional.
Como el trigo debe ser molido para la elaboración de harinas, la ubicación de la industria molinera es
importante por el costo que implica su traslado. Entonces la molienda generalmente coincide con las zonas
productoras. A su vez, la harina de trigo se utiliza como insumo para elaborar otros productos.
En cuanto a la comercialización, cabe resaltar que el 99% de la harina que se consume en el mercado interno
es de origen nacional. Las exportaciones de la cadena de trigo están representadas por el trigo en grano (alrededor
del 50%), y Brasil es, hasta ahora, el principal destino. Las ventas externas de harina de trigo giran en torno al 15%
de la producción. Las exportaciones tienen su principal origen en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires (donde se localizan varias industrias), que concentran el 65% y, en menor medida, provienen de
Córdoba (20%) y de Santa Fe (12%).
Paralelamente se viene observando una tendencia que va en aumento, y es la concentración económica en
todas las etapas del circuito. En definitiva, esto resulta una competencia muy difícil para aquellas pequeñas o
medianas empresas que quieren ingresar al mercado.
Una problemática relacionada con esta actividad es que los productores de trigo generalmente prefieren
exportar el producto y no venderlo en el mercado local, porque a nivel internacional logran mejores precios que
dentro del país, donde deben negociar la venta de su producción con grandes industrias.
El circuito de la carne.
Nuestro país es uno de los principales consumidores y productores de carne del mundo. Esta actividad ha
contribuido a nuestro desarrollo local y a la inserción de nuestra economía en los mercados internacionales. La zona
ganadera por excelencia abarca las provincias pampeanas. Los distintos cortes de carne se comercializan en el
mercado interno y en el externo, pero también se utilizan como insumo para la elaboración de subproductos.
Precisamente, el sector industrial en el que se faena a los animales se concentra en la provincia de Buenos
Aires, donde se procesa casi el 60% de toda la producción nacional. Esto genera grandes desigualdades entre los
productores propios de la región y los del resto del país, teniendo en cuenta los costos de transporte que debe
sobrellevar cada uno.
Desde la década de 1970 se observan en la región algunas transformaciones que afectaron a la producción de
carne, entre ellas, un proceso de agriculturización que aún continúa. Esto es resultado de un cambio en la demanda
de los mercados externos, sobre todo del europeo, que redujo sus compras de carne y aumentó las de cereales, en
particular, de oleaginosas.
De esta manera, comenzó a disminuir el stock de carnes, especialmente para el consumo interno, situación
que se agravó porque los productores ganaderos prefieren vender lo que producen en el mercado externo, donde
logran mejores precios con respecto al mercado interno. Esta situación da como resultado un aumento del precio de
la carne dentro del país por la falta de oferta de este producto.
Para afrontar estas problemáticas algunos gobiernos fijan cantidades para la exportación, de modo que el
mercado interno también pueda abastecerse además de mantener ciertos niveles de precios en el mercado local.
Todo esto provoca grandes conflictos que vinculan al gobierno, los productores ganaderos y los consumidores, donde
cada uno responde a sus diferentes intereses.
Los circuitos agroindustriales del área extrapampeana.
Fuera del área pampeana, las distintas regiones de nuestro país se caracterizan por haber desarrollado
determinados productos; muchas de ellas han logrado una importante especialización, incorporando tecnología e
ingresando al mercado internacional.
La producción de azúcar de caña.
En nuestro país, el cultivo de caña de azúcar se localiza, sobre todo, en las provincias de Tucumán, Salta y
Jujuy, y en menor medida en Santa Fe y Misiones. El 40% del azúcar que se destina al mercado interno se consume
como tal. El 60% restante es utilizado como insumo industrial. Si bien la provincia con mayor producción es
Tucumán, tanto el rendimiento de azúcar por hectárea como la relación producción/ingenio favorecen claramente a
Salta y Jujuy, ya que no solo existen ingenios de gran dimensión sino también grandes productores primarios que
utilizan modernas tecnologías en la actividad (obtienen mayores rendimientos por hectárea cultivada y, en
consecuencia, un mayor poder en el control de los precios del producto).
El contexto es diferente en Tucumán, donde la actividad es desarrollada por pequeños productores cañeros,
con poca disponibilidad de tierras y de tecnologías. Su posición dentro del circuito productivo hizo que la relación
con los ingenios siempre fuera difícil, dado que estos últimos son unas pocas grandes empresas que tienen
considerable capacidad de negociación sobre el precio y la cantidad de caña que compran. Esta situación ha generado
numerosas crisis para el sector de los pequeños cañeros, sobre todo después de 1966, cuando muchos ingenios
cerraron porque el gobierno del momento dejó de subsidiarlos. Tanto es así que el número de productores cañeros
se ha reducido con el tiempo, lo que ha tenido como consecuencia un importante proceso migratorio.
Además, la situación del pequeño productor se agravó a partir de la desregulación y apertura económica de
los años 90, que resultó en una "modernización" con la presencia de empresas ajenas a la región que requerían
menor cantidad de fuerza de trabajo. Entonces, por un lado, se elevó la productividad primaria e industrial, con
niveles de producción y exportación récord, mientras desaparecían productores que no podían competir con los
nuevos actores.
Para muchos cañeros la solución ha sido la agremiación en cooperativas, lo que les permite negociar más
firmemente con los ingenios, comprar insumos de manera masiva y acceder a mejoras tecnológicas, sobre todo en
forma de maquinarias de uso compartido. Sin embargo, la mayoría de los pequeños productores suelen tener una
posición vulnerable en la cadena productiva.
El circuito olivícola.
La producción del olivo se concentra en las provincias de Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. De esta
actividad se puede obtener aceite de oliva o aceitunas de mesa.
El circuito productivo olivícola ha mostrado desde siempre una fuerte presencia de la pequeña producción en
el primer eslabón. Esta sufrió la crisis de la producción de aceite de oliva que se estancó desde la década de 1970
hasta 1990 aproximadamente. Las razones fueron, principalmente, el aumento de la producción y el consumo de
aceites de semillas, de más bajo costo y de buena calidad, en detrimento de los aceites de oliva.
Esta situación se revirtió desde los años 90 porque: (a) los precios internacionales comenzaron a aumentar y
(b) disminuyó la producción de la zona del Mediterráneo y finalmente se aplicó la Ley de Diferimientos Impositivos
(tenía como objetivo fomentar desde el Estado nacional la producción de olivos en zonas poco favorecidas; y
realizaba esto otorgando créditos y disminuyendo las cargas impositivas). De este modo ingresaron al circuito
productivo los valles áridos de La Rioja, Catamarca y San Juan.
Paralelamente al crecimiento de este cultivo, también se observa un proceso de concentración de la
producción que viene perjudicando a los pequeños productores, porque los actores que se beneficiaron con la ley
fueron un círculo reducido de grandes capitales que ingresaron al circuito del olivo con toda la capacidad tecnológica.
El resto de los pequeños productores (no beneficiados con la ley) sufrieron el impacto de la enorme competencia de
los grandes productores, que condujo a muchos a tener que dejar esta actividad.
Entre los pequeños productores y los grandes existen varias diferencias. Una de ellas es el destino de su
producción: los primeros producen principalmente aceitunas de mesa (producción que venden su a los acopiadores,
quienes luego la venden a los industriales), en cambio, los grandes productores orientan su producción a la industria
aceitera (la producción es de mayor calidad, lo cual les permite obtener ganancias más considerables a la hora de
vender la producción, que se orienta, principalmente, a la exportación. Aparte, le venden directamente al sector
industrial, con lo que obtienen mejores precios que los primeros.).
Finalmente, considerando la etapa de la comercialización, la mayor parte del aceite de oliva y de las aceitunas
frescas se venden en los supermercados, actores que pueden influir en los precios del producto por su gran
capacidad de compra y de venta de este.
El circuito algodonero
El algodón es un cultivo que se produce principalmente en las provincias de Santa Fe y Chaco; se utiliza como
materia prima en la industria textil. El primer paso luego de la cosecha es el desmote (obtención de las fibras); en la
región algodonera existen aproximadamente 160 equipos de desmote, de los cuales el 60% está situado en la
provincia del Chaco. En cuanto a las empresas textiles, estas se encuentran sobre todo en la provincia de Buenos
Aires y especialmente en la Ciudad de Buenos Aires.
Históricamente, la producción de algodón se basó en una economía de pequeños y medianos productores; sin
embargo, esto fue cambiando. Desde la década de 1970, la producción algodonera del Chaco sufrió cambios que
fueron modificando la estructura de los actores que desde siempre han estado vinculados a esta producción. Los
trabajadores y productores minifundistas fueron los que más sufrieron las crisis productivas y muchos quedaron
excluidos del sector.
Esto se dio como consecuencia de varios factores: (a) porque comenzaron a incorporarse al sector
importantes innovaciones tecnológicas (principalmente en maquinaria agrícola, de difícil acceso para el pequeño
productor); (b) porque en esos años se desarrolló una política económica que permitió el ingreso masivo de
productos importados textiles que comenzaron a competir con la industria nacional (esto mismo significó un duro
golpe para los textiles nacionales y afectó a todos los eslabones del circuito productivo).
En la década de 1990, la caída del precio del algodón se hizo notable, y en 2001 llegó a una situación que los
pequeños productores no pudieron sostener, por lo que se vieron obligados a dejar su producción. Muchos migraron
a la periferia rural o a los suburbios de ciudades como Resistencia, Corrientes y Rosario.
Además, en las últimas décadas se han incorporado más avances tecnológicos en la producción de algodón,
aumentando así los rendimientos del cultivo. Los grandes productores accedieron a estas innovaciones, mientras
que, el pequeño productor quedó marginado de los créditos y, por lo tanto, de este proceso de modernización.
Muchas veces se intenta paliar la situación de marginación del pequeño productor con la entrega de planes sociales o
a partir del fomento de la producción hortícolaganadera para el autoconsumo o de reducida capacidad de excedente
para su comercialización.
Por otro lado, el escaso incentivo de la producción, por sus bajos precios nacionales e internacionales, llevó a
que muchos productores reorientaran su producción hacia otros cultivos, entre ellos, la soja. Este cultivo avanzó en
gran medida en las áreas tradicionales del algodón.
Los frutales del Alto Valle.
El Alto Valle de Neuquén y Río Negro es una región frutícola intensiva, productora de frutas de pepita (peras
y manzanas), frutales de carozo y uva. Las industrias asociadas son las de empaque y conservación de frutas en
fresco, producción de jugos de frutas y vinos. Desde sus inicios esta producción se dirigió al mercado interno
mediante una producción bajo riego. Sin embargo, poco a poco esto se fue complementando con la inserción de la
manzana y la pera en el mercado exterior.
Los actores que desarrollan actividades en este circuito productivo son muy diferentes. Dentro de los
productores primarios, están quienes solamente se encuentran en el primer eslabón del circuito y venden su
producción a los empacadores y comercializadores (dentro de este grupo están quienes producen con formas
tradicionales poco tecnificadas, y no solo obtienen bajos rendimientos, sino que además sus frutas no son de buena
calidad y se venden a bajo precio a la industria).
En el circuito también hay actores que están integrados verticalmente, abarcan la producción primaria e
incluso los procesos de empaque y comercialización; así logran una mejor posición que los anteriores dentro del
mercado interno y externo. Además, existen grandes empresas que abarcan todo el ciclo de producción,
conservación, empaque y comercialización de fruta de producción propia y de otros productores. Este proceso se dio
especialmente en aquellas empresas que lograron algún financiamiento, lo cual les permitió acceder a los mercados
externos, más rentables y de volúmenes más estables.
En los últimos años apareció un nuevo actor, el agente comercial; este se especializa en la fase de la
comercialización, sobre todo de exportación. En general es un actor que solo se ocupa de comercializar fruta
producida y embalada por otros.