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El Color: Percepción y Significado Visual

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Introducción
El color es una vivencia inmediata, es el puente entre el ser humano y su entorno, es
dato fundamental para la percepción a través de la cual aprehendemos el mundo. El
color está presente en todos lados desde una simple decoración de objetos utilitarios
hasta las prácticas sociales que lo convierten en un signo artístico o de consumo,
vinculado a códigos más o menos universales. Las señales de tránsito, los uniformes que
diferencian distintas profesiones, la moda, el diseño gráfico, las banderas, son algunos
ejemplos de usos codificados que el hombre le a dado color con el fin de ordenar el
mundo, de entenderse y de comunicarse.
Pensar el color como elemento propio del lenguaje nos lleva a hacer una serie de
consideraciones de orden físico, químico, fisiológico, material y perceptivo. El color es
parte de un discurso visual donde las creaciones humanas se manifiestan por medio de
imágenes visuales donde se origina un lenguaje en función de las necesidades y deseos
individuales o sociales, con la intención de comunicarse con otros/as que requiere
códigos compartidos que vehiculicen aquello que se quiere decir. Estos sistemas
establecidos hacen posible la legibilidad de los mensajes y su decodificación aunque
siempre están sujetos al contexto histórico y cultural de una comunidad humana.
Piénsese por ejemplo en el significado de los colores en los rituales de distintas
religiones en las que un mismo color puede significar diferentes cosas, por ejemplo el
color azul para María, el rojo para Jesús, en el cristianismo, para krisma el dios indio
tiene su piel azul aludiendo a su origen celeste y las mojas y monjes budistas llevan
hábitos naranjas mientras que en el catolicismo los lleva marrones, grises, negros y
blancos según el libro “Psicología del color” de Eva Heller. Por otro lado existen
codificaciones más universales o globalizadas como es el campo publicitario, en donde
el dorado por ejemplo simboliza lujo y poder. Así podemos concluir que el color es
parte de la configuración de la imagen, es decir un elemento fundamental en el lenguaje
visual.

La percepción de los colores


En el proceso de percepción visual existen tres elementos fundamentales sin los
cuales no hay percepción alguna: la luz, el objeto y el sistema visual humano, cuyo
órgano receptor es el ojo.

Sin luz los ojos no pueden apreciar ninguna forma, color, espacio o movimiento.
Sin luz no hay sensación visual.

La luz es una clase de radiación electromagnética que viaja en línea recta, en


forma de ondas con diferentes amplitudes y longitudes de ondas.
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Dirección de la luz

Amplitud
de onda

Longitud
de onda

La amplitud de la onda determina la cantidad de energía radiante (dimensión


cuantitativa) y la longitud, el tipo de energía (dimensión cualitativa).

La radiación electromagnética viaja en el espacio a una velocidad cercana a los


300.000kms/h en un espectro continuo de longitudes de ondas que van desde las muy
cortas hasta las muy largas.

Ondas cortas Ondas largas

Rayos Gamma Rayos X Rayos Luz visible Rayos Ondas Micro T.V. Radio
Ultraviol Infrarrojos radar ondas

Como se ve en el gráfico anterior, la luz visible solo ocupa una estrecha franja del total
del espectro visible y corresponde a las radiaciones que llegan en mayor cantidad a la
superficie terrestre. La longitud de onda de este sector varía desde los 380 nms
(nanómetros= 0,000.000.001m) a los 760 nms aproximadamente, correspondiendo la
más larga al extremo rojo y la más corta al extremo violeta. Entre ellas se ubican el
anaranjado, el amarillo, el verde, el azul. Algunos autores, entre ellos el mismo Newton,
incluyen un séptimo color, el índigo, antes del violeta.

Ahora bien, hemos dicho que sin luz no hay sensación visual. Es un hecho
comprobado que vemos un objeto a causa de la luz que refleja. Las diferencias o
contrastes entre él y su entorno dependen de las características de la fuente de luz, de las
cualidades reflectantes de la superficie de los diversos objetos del entorno y del
observador que recibe los estímulos lumínicos.

La capacidad física de los objetos o superficie de los mismos para absorber y


reflejar luz recibe el nombre de luminancia o reflectancia y es constante en toda su
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superficie. Según la intensidad de la luz que incide en ella una superficie reflejará más o
menos luminosidad.

A los factores físicos de este proceso se le suman los fisiológicos y psicológicos


dados en los ojos y en el sistema nervioso del observador. En primer lugar diremos que
sin luz tampoco hay color. Esto significa, en sentido estricto, que el color sólo existe en
el ojo y el sistema nervioso del espectador una vez que la luz ha entrado al ojo,
estimulado la retina y desencadenado un proceso perceptivo. La radiación
electromagnética no posee esa cualidad a la que nosotros llamamos “color”. Para que un
fenómeno cromático cobre efecto es necesario que cierta radiación, cuya longitud de
onda está comprendida en el espectro visible incida en el ojo. Veamos el siguiente
gráfico.

Ojo

Cerebro

Fuente de luz Nervio Óptico

Objeto Diferentes Sensaciones


de color y forma

Percepción visual

Para comprender mejor este proceso puede resultarnos útil recordar, en primer
término la experiencia que Isaac Newton realizo en el siglo XVIII, descomponiendo un
haz de luz blanca mediante un prisma de cristal en seis componentes que son
visualizados como seis colores diferentes. Posteriormente diferenció un séptimo color
conocido como índigo o añil. La radiación electromagnética se refracta o “dobla” al
pasar de un medio a otro, lo que produce la descomposición o apertura en abanico del
espectro luminoso.

Cuanto mayor sea la longitud de onda más se refracta. La longitud más larga es la
roja y la más corta la violeta.

Rojo
Anaranjado
Amarillo
Verde
Azul
Índigo

Violeta
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Si se realiza el proceso inverso de hacer pasar el espectro descompuesto por un


prisma invertido, se recompone el haz de luz blanca, lo cual comprueba y ratifica que
esta está compuesta por diferentes longitudes de ondas que el cerebro humano
decodifica como colores.

En segundo lugar debemos considerar que la superficie de los infinitos objetos que
nos rodean posee la propiedad química de absorber –o sustraer- y reflejar
selectivamente ciertas longitudes de onda; las reflejadas son las que nuestro ojo registra
como estímulo de color. Si vemos una manzana roja es gracias a que su superficie tiene
la capacidad de reemitir las ondas electromagnéticas que nuestro sistema visual
interpreta como “color rojo de una manzana”.

Cerebro

Ojo

Onda larga roja

Manzana roja

Ondas absorbidas

Del mismo modo, debido al fenómeno de reflexión y reflexión selectiva, vemos


blanco cuando una superficie refleja todas las longitudes de ondas de radiación visible y
negro cuando una superficie las absorbe a todas. Si se trata de grises acromáticos la
reflexión equivaldrá a un porcentaje de cada una de las longitudes que interpretamos
como color.
El aspecto cromático del objeto, material o superficie ha recibido el nombre de
“color local”, “color de cuerpo” o “color de superficie”. Algunos autores diferencian el
color local del color de superficie tomando al primero como la sensación cromática que
se produce a partir de las modulaciones superficiales que ofrece una superficie sometida
a la interacción del entorno: luces y sombras, reflejos de colores aledaños, etc. Para el
Psicólogo David Katz un estímulo cromático puede provocar una sensación o una
percepción según sea la forma en que éste se nos presente. La primera puede dar
“colores planos” mientras que la segunda dará “colores de superficie”. Un color plano
es aquel que se nos aparece cuando miramos los matices del espectro o un material
cualquiera a través de una mirilla que sólo nos deja ver una porción de él ocultándose el
objeto al cual pertenece. De esta manera vemos una porción chata de color. Los colores
de superficie son aquellos que identificamos como cualidad de un objeto. Los planos se
caracterizan por mostrar una estructura más fluida que se aleja de la experiencia que
proporciona ver objetos coloreados bien determinados.

Veamos más de cerca lo que parece ser una contradicción. En el interior de un


campo visual determinado, los diferentes estímulos cromáticos provenientes de los
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diversos objetos y superficies son “acomodados o adaptados” por el ojo en función de


una buena visión. Para ello exagera los contrastes polarizando las diferencias con el fin
de ver mejor, podríamos pensarlo en estos términos:

-una vez acomodados los colores a las necesidades de la visión la relatividad sede
paso a la estabilidad. Esto es lo que permite que nuestra consciencia pueda diferenciar y
establecer asociaciones cromáticas referenciadas en experiencias previas para
finalmente reconocer un color ante cualquier situación lumínica.

-por otro lado, la acomodación del ojo procura una orientación segura y responde
históricamente al reaseguro de la supervivencia humana.

El proceso de diferenciación óptima se realiza cuantitativa y cualitativamente, es


decir respecto a la cantidad y calidad de luz recibida. En el primer caso interviene el iris
abriéndose y cerrándose, en el segundo caso operan los conos, células de la retina
diferenciadas entre sí por ser sensibles a las distintas áreas del espectro visible. Dicha
adaptación permite reconocer matices aún en situaciones lumínicas diferentes y, en
relación a un observador medio (con visión normal), estos fenómenos son observables
dentro de un marco de objetividad científica.

La diferenciación óptima de los colores en un campo visual requiere de un proceso


fisiológico de adaptación y cambio que tratándose de los colores de superficie se conoce
con el nombre de “contraste simultáneo” (esto lo desarrollaremos más adelante). Este
implica una modificación perceptiva recíproca de todos los colores del contexto
observado. Un color local no se modifica aisladamente sino en función y
simultáneamente a todos los otros colores que lo rodean.

En síntesis, “el órgano de la vista posee la capacidad de adaptarse a la iluminación


y a las circunstancias de contemplación de cada momento” (Küppers, 1980), por lo cual
se torna interesante considerar la fisiología del ojo humano.

Básicamente, sabemos que en la retina se alojan células fotosensibles que


intervienen en la visión de los colores: los conos y los bastones. Los conos son sensibles
a las diferentes longitudes de onda captando la cualidad que el cerebro traduce como
diferentes matices: rojo, amarillo, verde, etc. Estas células son sensibles a la luz roja, la
verde y la azul, pero como las sensaciones cromáticas que recibimos son provocadas por
estímulos compuestos, por lo general, estas células se activan todas a la vez en distintas
proporciones y es esto lo que permite decodificar los otros colores del espectro visible.

Los bastones son sensibles a la cantidad de luz recibida. Con poca iluminación
predomina la función de los bastones, más sensibles que los conos y de mayor número.
Una vez recibida la radiación electromagnética que ingresó por la pupila e impactó en la
retina, la información pasa al cerebro en forma de impulsos eléctricos a través del
nervio óptico, donde es decodificada e interpretada dando como resultado la percepción
del color.
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“el color nace cuando un estímulo lumínico motiva, al ojo intacto de un contemplador,
a producir una sensación cromática” (Küppers, 1980), de modo que el color es
“impresión sensorial del contemplador”. El ojo es el órgano receptor y traductor de la
información que la luz transmite desde lo observado hasta el cerebro donde se interpreta
dicha información.

Producción del color

Síntesis aditiva y sustractiva

Más allá del color como mera apariencia óptica, en lo dado fuera del ojo como
praxis del artista, del diseñador, el escenógrafo y en todo ámbito de producción
cromática, aún en la vida cotidiana, se observan diferentes formas de construir un color.
Este hecho resulta por demás de interesante a la hora de considerar al color como medio
de expresión.
Se diferencian dos tipos de síntesis o mezclas cromáticas: la mezcla aditiva y la
mezcla sustractiva. La mezcla promedial categorizada por algunos autores como un caso
particular, es también sustractiva; sólo que en ella la síntesis final se da en el aparato
visual, después de haberse alejado lo suficiente el observador del objeto coloreado.
Las distintas modalidades de producción del color responden a las distintas
síntesis.
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Antes de proseguir es necesario tener en claro lo siguiente: el proceso de


percepción visual es uno y el mismo para todas las modalidades, independientemente
del estímulo que se produzca por diferentes medios, como son luces, filtros translúcidos
o pigmentos opacos.
Una fuente luminosa natural o artificial emite luz, generalmente coloreada; un
filtro la transmite, y un pigmento opaco la reemite. Esta emisión, transmisión o
reemisión de luz coloreada es lo que interpretamos como color.
Franz Gerritzen (1976) diferencia el sistema aditivo; el sistema sustractivo y el
sistema partitivo.

Síntesis o mezcla aditiva

Es la adición de diferentes luces coloreadas, utilizada en la pantalla televisiva, el


monitor de la computadora, el teatro, el ballet, la escenografía en general y en paisajes
urbanos, fuentes, fachadas de edificios, realce de monumentos, etc.
En esta síntesis en color resultante de la mezcla es siempre más claro que el más
claro de los componentes ya que es producto de la suma de las energías radiantes
mezcladas. Dada la adición de luz en dirección al ojo, las células receptoras son más
estimuladas, de allí que estos colores resulten “más luminosos”.

Modalidad de producción del color luz

Las luces monocromas generativas o primarias son:


el verde; el rojo-naranja y el azul-violeta.
Las secundarias, también llamadas binarias, son resultado de la mezcla de dos
luces primarias:
de luz verde y roja, se obtiene luz amarilla; de roja y azul, luz
magenta, y de azul y verde, luz cian.

Sumando las tres luces primarias se recompone la luz blanca. También se obtiene luz
blanca adicionando pares de luces complementarias, es decir una luz primaria y aquella
que se forma por la mezcla de las otras dos:
luz verde más magenta = luz blanca
luz roja-naranja más cian= luz blanca
luz azul-violeta más amarilla = luz blanca
La ausencia de luz, es negra o bien oscuridad absoluta. Así sucede en los
monitores de las PC o en las pantallas de TV. Si organizamos estas luces en un círculo
cromático obtenemos el siguiente gráfico
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Siempre que se complete la tríada de luces generativas se recompondrá la luz


blanca.

Síntesis o mezcla sustractiva

Tanto la mezcla de los colores o materiales translúcidos colocados uno encima de


otro, como de pigmentos opacos en una paleta es sustractiva. En este caso se resta o
sustrae energía radiante en una o más bandas de longitudes de onda del flujo lumínico
que llega al ojo, y esto se debe a las cualidades químicas y físicas de los distintos
materiales o pigmentos. En consecuencia, uno o más tipos de receptores son menos
activados por lo cual el color resultante es siempre más oscuro que ele más claro de los
componentes e la mezcla.
La síntesis de los tres colores primarios fundamentales da un color neutro
pudiéndose llegar al negro como efecto de falta de luminosidad.

Modalidad de producción con materiales o pigmentos translúcidos

Como hemos adelantado, se trata de la transmisión de luz a través de un material


translúcido. El color percibido será aquel que corresponda a las longitudes de onda que
han atravesado el filtro. Las restantes, que no llegan al órgano visual, son absorbidas por
esa superficie interpuesta entre una fuente de luz y la visión.

Observemos el siguiente gráfico:

Fuente de luz Transmisión de luz remanente

Filtro coloreado
Translúcido

Superficie de reflexión opaca


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En esta modalidad del color se pueden considerar colores primarios al magenta, al


cian y al amarillo. Con ellos se generan los secundarios azul-violeta; rojo naranja y
verde. La suma de los tres primarios da como resultado un color neutro que varía según
las propiedades de los materiales o pigmentos que se superponen por capas. Este neutro
puede acercarse al negro, a un gris o a un pardo.

Es bastantes común superponer materiales translúcidos como acetatos, plásticos o


celofanes; también en los vitraux funciona esta modalidad de color al traspasar la luz
blanca los vidrios coloreados.
Organizados en un círculo cromático se ven de la siguiente forma:

Mezcla de pigmentos opacos

Sería un error o un reduccionismo basar toda la teoría del color en las leyes de las
mezclas pigmentarias, pero esta es la realidad empírica con la que se encuentra el artista
plástico que trabaja con pigmentos u otros materiales coloreados.

Las características de las mezclas de materiales colorantes opacos parecen no


corresponderse con las leyes de la percepción visual, pero en realidad se trata de
procesos físicos y químicos diferentes de las otras mezclas y por lo tanto con diferentes
resultados. Por ejemplo si mezclo luz verde y roja obtengo luz amarilla pero si mezclo
pigmento opaco verde con pigmento rojo obtengo un neutro pardo o marrón.

Los pigmentos son materias colorantes sólidas de origen vegetal, animal, mineral
o sintético, que compuestos con diferentes aglutinantes dan pinturas al agua, al aceite o
sintéticas.

Tratándose de síntesis sustractiva, cuando se mezclan dos o más pigmentos el


resultado es siempre un color más oscuro que el más claro de los componentes dado que
la materia pigmentaria realiza una sustracción selectiva de las diversas longitudes de
onda según sea su propiedad de absorción. La reemisión de luz que refleja la superficie
coloreada tiene las cualidades del color que el aparato visual decodifica y le atribuye al
pigmento según la cantidad y calidad de luz que recibe el ojo. Básicamente un pigmento
o superficie azul se “ve” azul porque reemite longitudes de onda corta y absorbe ondas
medias y largas. Lo mismo sucede con el color de un material natural, ya sea un trozo
de madera o el pétalo de una flor.
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Una superficie blanca natural o pigmentada refleja, como ya hemos dicho, todas
las longitudes de onda de la energía radiante que recibe; una verde refleja las ondas
medias y absorbe todas las otras. Se trata de una reflexión y absorción selectiva que se
realiza a partir de las propiedades de la superficie del objeto o pigmento coloreado.

En la mayoría de los casos se trata de estímulos compuestos, de allí que se pueda


hablar de colores secundarios ubicados entre las tres luces fundamentales y de otros
intermedios entre estos, como un naranja-amarillento o un verde-azulado; pardos o
neutros que requieren de una nomenclatura específica fuera de círculos cromáticos y de
sistemas tridimensionales de organización del color.

Por la misma razón de absorción y reflexión selectiva podemos diferenciar blancos


colorados o grises y negros que nos son totalmente acromáticos.
En primer lugar, dentro de esta modalidad del color consideraremos la
clasificación tradicional de colores primarios:
el rojo; el amarillo y el azul,
colores que se muestran como irreductibles es decir indivisibles, y que por el
mismo motivo tampoco se pueden formar.

Esta mezcla de primarios no sólo pierde luminosidad, sino también pureza,


saturación. Dicho esto, tendremos en cuenta que al hacer mezclas pigmentarias se
deberá tener en cuenta la cualidad exacta de los matices de modo de conseguir el
resultado pretendido. Para ello es necesario un conocimiento previo que asegure la
correcta elección de los mismos y en nuestro caso derivará de la práctica, la exploración
y la observación. No se produce un naranja cercano al óptimo con cualquier amarillo y
cualquier rojo, esto se debe tener en cuenta a la hora de trabajar con mezclas.

Los secundarios o binarios de esta modalidad son:


el naranja, el verde y el violeta.
Resultan de la mezcla de dos primarios.
La otra modalidad de mezcla sustractiva de pigmentos opacos es la mezcla
magenta; amarillo y cian. Debemos notar que el magenta es un rojo (azulado) y el cian
un azul (verdoso). Algunas nomenclaturas usan ambos términos lo cual resulta muy
conveniente para entender que también sean primarios. Dicha modalidad o modelo es
utilizada en la imprenta, en la fotocopia color por ejemplo. Expresadas estas mezclas en
círculos cromáticos resultan los siguientes gráficos:

Es conveniente pensar en los colores primarios como tintes medios, que no


tienden ni a uno ni a otro de los dos restantes, así se mostrarán indivisibles y se correrá
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menos riesgo de perder saturación. Sin embargo lo más conveniente y adecuado es


explorar las mezclas con los diferentes colores primarios que ofrece el mercado para
utilizarlas según la necesidad y cuando sea conveniente. Un azul cobalto o ultramar con
un carmín o magenta puede darnos un excelente violeta, lo mismo un cian con un
magenta o un carmín, este conocimiento se debe adquirir en la práctica.

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