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Arte y terapia: Silvana Silveira

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Expresión, comunicación y terapia

Participó en la Primera Residencia Artística realizada a comienzos de este año en las Termas de
Guaviyú, un tipo de actividad en la que se involucra con bastante regularidad en encuentros que se
realizan en el continente europeo, con la presencia de artistas de todo del mundo.
La extensa trayectoria de Silvana Silveira habla de una primera etapa vinculada al retrato y a un
realismo de interferencias abstractas, que la han conducido a un tiempo presente d experimentación
abierta con la abstracción.

Las funciones del arte

Hay creadores que solo están interesados en poner sobre la tela su mundo interior, que entre sus planes
no está contactar con el otro, comunicar sus estados del alma, aunque eso efectivamente pudiera llegar
a suceder. Otros están más que nada al servicio del impacto que su producto artístico pudiera provocar
en el prójimo, que ya componen pensando en los intereses estéticos del probable público; y finalmente
hay quien pinta como una especie de cura, como un ejercicio terapéutico.
En Silvana Silveira, sin embargo esas tres funciones confluyen.
“Yo pinto para expresarme, y para llegar a la gente y también para comunicar, ni que hablar. Pero la
pintura es además una terapia: cuando estoy estresada, saturada de problemas cotidianos o de trabajo,
yo me pongo allá arriba, en la habitación que era el dormitorio de mi hija y que arreglé para convertirla
en mi taller, y ahí me descargo”, explica.
Al taller se accede subiendo por una escalera que nace en el garaje, y siendo un lugar que provoca una
muy buena impresión por lo ordenado y la prolijo, se lo presiente como un espacio acogedor para
emprender la tarea creativa. Allí se pudo apreciar parte de la nueva producción de Silveira, algunos
cuadros que esperan ser terminados y varios otros que, perteneciendo a su primera etapa artística,
formaron parte de exposiciones como la realizada diez años atrás en S'Cultura, el espacio de arte
comandado por María Teresa Delgado.
Dicha exposición se denominó “Lo nuestro” y estaba conformada mayoritariamente por óleos -entre los
que destacaban obras como “Pulpo”, “Tormenta en el mar” y “Abstracción marina”-, alguna aguada, y
dos retratos que son parte de una línea de trabajo, que está entre las preferidas de la pintora sanducera.
“A mi me gusta mucho el dibujo a lápiz, me gusta captar la expresión de las personas y trasmitir eso,
porque hay mucha gestualidad distinta en los rostros humanos. Por ejemplo, yo hice un retrato del papa
Juan Pablo II, que para mi tenía un carisma especial porque como que él transmitía, como que era una
persona confiable, sensible, y entonces eso lo pinté . También dibujé a la madre Teresa de Calcuta,
porque yo la admiraba mucho en su calidad tanto religiosa como en toda la obra que realizó. Era una
persona que en todos lados colaboraba, que iba a todo el mundo”, señala.
Los cuadros de aquella exposición tenía dos motivos bien marcados, el mar y el carnaval, y en cuanto
a la coloración, el azul aparecía como tinte predominante, acaso porque entonces atravesaba una etapa
más calma de su vida.
“Tengo todavía compañeras de Bellas Artes que me dicen: “yo ya sé cuál es tu cuadro, no preciso que
me lo digan, porque siempre vira al azul. Es uno de mis colores preferidos, capaz que
inconscientemente lo voy incorporando siempre”, comenta.

Técnicas

En la actualidad viene experimentando con el collage y con cajas de vino con las que hace máscaras
exponiendo la parte plateada de adentro. En cuanto a sus nuevos cuadros, se inscriben en la órbita de lo
abstracto, dándole rienda a una paleta de colores más amplia y vitalista -donde destaca el blanco, el
amarillo, o el violeta-, y al trabajo con las texturas que se salen del plano.
“Yo he trabajado muchos cuadros con relieve. Inclusive cuando participé en algunos encuentros de
artistas plásticos en Europa, yo llevé enduído y arena para dar texturas, y me preguntaban qué era el
enduído porque no lo conocían, y yo les explicaba que se usaba para tapar los agujeros que quedaban
en la pared después de sacar un clavo. También texturizo con el mismo óleo y con un nuevo material
como el acrílico, con el que he empezado a trabajar hace poco, y que he notado que es más práctico de
trabajar y tiene un secado más rápido”, dice con seguridad.
En cuanto al método de composición, tanto puede crear directamente sobre el lienzo, como tener un
modelo tomado de una fotografía como punto de partida.
“Si veo una imagen en una fotografía no la repito tal cual, sino siempre cambiándole cosas, poniendo la
parte de uno o llevándolo más a la abstracción. A veces pasa que arranco a pintar y avanzando enla
creación, empiezo a no sentirme conforme con lo que vengo haciendo. Cuando eso pasa puedo volver a
pintar el lienzo con un fondo blanco para empezar de nuevo, o puedo abandonar la pintura por un
tiempo, dejarla descansar por unos días. Pasado ese tiempo, la pongo en el caballete, la miro de lejos, la
doy vuelta y ahí uno le va encontrando la vuelta. Porque a veces está la idea y está plasmada y uno se
quedó conforme con eso, pero sucede que no da con el color y uno dice: 'esto no es lo que yo buscaba,
no es lo que yo quería”, puntualiza.
“Yo hasta que el color no me convence no doy por terminado el cuadro. Lo tengo en la mente y lo voy
buscando pero también a veces aparecen cosas que uno no espera y el cuadro agarra otro camino que
uno no tenía previsto cuando se puso a pintar. Si eso pasa y uno queda a gusto con el resultado, si uno
esta convencido de que así está bien, entonces el cuadro esta terminado. Después que a las personas les
guste o no les guste ya es otra cosa”, agrega.

Embajadora de Uruguay

“Yo creo que ya se nace”, dice Silveira para explicar por qué eligió la vía de la expresión plástica, en
vez de la musical o la literaria. El interés por la pintura se manifestó en ella desde pequeña, y es por eso
que se recuerda invariablemente dibujando o con el pincel en la mano.
“Siempre me gustó pintar pero nunca fui a ningún profesor ni a ninguna academia, entonces como que
eso lo tenía pendiente. Después cuando me casé y mis hijos eran chicos hice un curso en las Escuelas
Latino-Americanas, un curso por correspondencia, y me acuerdo que de noche después que todos se
dormían, me sentaba y hacía las láminas que me mandabancomo tareas para hacer. Más adelante tomé
cursos con el profesor y artista plástico arachán Javier Santamaría, que en esa época vivía en Paysandú
y que ahora le he perdido el rastro totalmente. Y finalmente estudié en Bellas Artes cuando estuvo en la
Casa de Cultura,. En ese curso hice todos los módulos: Cerámica, Tallado en madera, Fotografía.
Collage”, describe bajando datos de la memoria.
Con el tiempo comenzó a hacerse conocer exponiendo sus obras, no solo dentro de fronteras sino, por
ejemplo enviando varias de sus pinturas sobre la temática violencia de género, a una muestra itinerante
que se realizó en Argentina y otros países como Estados Unidos.
En 2013 participa por primera vez en un encuentro internacional organizado en Grecia por Zervas Art,
un club mundial de galerías fundado en 1999 para realizar este tipo de eventos, vincular a los creadores
de diferentes lugares, y generar exposiciones virtuales permanentes en su galería de arte en línea
([Link]/).
“Ellos nos avisan cuando tienen un encuentro y nos mandan las invitaciónes para los eventos que están
programados. Como a todos no se puede ir, elegimos, junto a las artistas plásticas con las viajo -
Cristina Galeano y Mabel Guinco- alguno de los tantos y hacia allí nos dirigimos. Ese encuentro en
Grecia se realizó en Patras, una ciudad ubicada a 180 km de Atenas que es donde está mismo la galería.
Nosotras nos financiamos los pasajes pero además de participar en el evento que lleva cinco o seis días,
aprovechamos para hacer turismo quedándonos una semana o diez días más y ahí nos dedicamos a
recorrer el lugar”, admite.
Igual que sucede en las Residencias que se vienen llevando a cabo en Paysandú, los artistas se reúnen
en un espacio donde se dedican a crear las obras que luego se exponen y quedan como acervo de la
Galería Zervas. Para llegar a la “zona de creación” los artistas son trasladados en micro desde el hotel
en el que se hospedan y una vez allí, les entregan todos los materiales que necesitan para dedicarse a la
tarea durante buena parte del día.
“Ganancia no tenemos si lo pensamos desde el punto de vista económico, es simplemente el gusto de
participar con artistas internacionales, y aprovechar para tomar clases master de varios profesores y
hacer muchos contactos. Referido a esto y para no volver a encontrarme con las mismas dificultades de
comunicación que tuve, comencé a estudiar inglés pensando en futuros encuentros. Hasta ahora me ha
venido salvando Cristina Galeano, que como se defiende bastante con ese idioma, ha sido la que hizo
posibles los contactos”, aclara.
Invitada por la misma Galería, participó también en encuentros realizados en Roma y en Estambul, en
los que casi siempre, se dan cita entre quince y veinte artistas que llegan desde distantes puntos
geográficos. Creadores europeos, de países asiáticos, de países árabes. En ninguna ocasión le pasó de
toparse con otro artista uruguayo, o con alguien de un país latinoamericano, lo que en alguna medida
puede llegar a vivirse como una pequeña hazaña: ser el único representante de esta región.
“Yo cuando voy llevo mi delantal de pintar con la banderita de Uruguay y arriba del caballete también
pongo la bandera uruguaya. En lo previo, uno imagina que a la bandera uruguaya no la conoce nadie y
que todo el mundo va a acercarse a preguntar “¿esta bandera de qué país es?, pero hay que decir que
después del mundial de Sudáfrica de 2010, hay muchísima gente que la ve y la reconoce, que ahora es
más fácil que ya sepan a qué país pertenece esa bandera”, asevera.

Leonardo Scampini

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