Las campanas que indicaban el partir, le sentenciaron la hora de ya no
mirar más hacia atras. Poco y nada entonces tenía, poco y nada
entonces esperaba.
Durante las primeras horas, sus ojos se encontraron con James, un
muchacho similar a su edad, rehuyente de los dogmaticos, justiciero por
naturaleza, retraído sin más. Frank se acercó a aquel muchacho, para
preguntarle cuál era el destino.
Hey, disculpa, vagaba por aquí y me preguntaba hacia dónde es que se
dirige este barco.
Ah, si- respondió cabizbajo- nos dirigimos a Atlantis, la ciudad
perdida, la ciudad hundida en muertos. Aquella ciudad en que
puedes permanecer con vida o retirarte muerto.
(dubatitativo)...hm..no tengo entonces de qué preocuparme, he
llegado aquí en busca de la nada. Aún no se me hace demasiado
tarde, para todo lo que tenía que llegar, siempre fue tarde.
Supongo entonces, que esta es la única forma que la vida tiene
para hacerme resentir.
Qué raro!, por supuesto, yo nunca te he visto antes. Cómo te
llamas?, de a donde vienes?
Frank parecía no querer responder, ya sabes, sabes que si
respondes y en rotunda sinceridad, tarde sabrás que debiste
separar las ovejas del rebaño. Se limitó a contestar: me llamo
Frank y tú?, cómo te llamas?.
James, me llamo James...
La conversación fue interrumpida cuando se alertó la hora del té. Dada
las 19:00 hrs, todo el mundo debía en su propio mundo obedecer el
llamado. Ya sabes, o estás dentro o estás fuera. Nadie aquí quiere ser
presa muerta
Bebías la cerveza, ignoras la gravedad, tú sabes que a partir de esta
decisión, nos diremos normas que pueden ser interpretadas según sea la
conveniencia y el momento, porque ya estábamos locos sin saberlo,
porque ya estábamos en deuda y no hacía falta palabra para
desentreñarlo. Tú sabes que esto es un problema y que pendemos del
péndulo con gracia para sobrellevar las bienaventuranzas. Tú traes el
contrato, yo me resisto a firmar, luego te engaño con que se trata de
una simple carta, sin remitente y tú comienzas a hablar sin hablar, para
dejar que el agua corra.