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Capítulo 2: Los Ojos Del Pasado

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Capítulo 2: Los ojos del pasado

Adriana retrocedió un paso, aún sosteniendo la lámpara. La luz temblorosa proyectaba


sombras extrañas en las paredes del desván, distorsionando la silueta de Julián. Pero no era él.
Algo en su presencia era... incorrecto. Sus ojos, habitualmente cálidos, parecían ahora fríos y
vacíos, como si todo rastro de humanidad se hubiera desvanecido.

"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó Adriana con un hilo de voz. La llave de bronce seguía
apretada en su hombre.

"Te lo advertí", respondió Julián, pero su tono era monótono, carente de emoción. "Te dije que
no salieras al anochecer".

"¿Qué está pasando? ¿Por qué estás aquí ahora, después de tanto tiempo?", insistió ella,
tratando de mantener la compostura. Quería creer que era realmente él, pero la duda le
corroía el alma.

Julián no respondió de inmediato. Dio un paso hacia adelante, y Adriana sintió cómo el aire en
el desván se volvió

"Hay cosas que no entiendes. Cosas que nunca deberías encontrar". Sus ojos se desviaron hacia
el espejo que Adriana había descubierto en el armario. "Ese espej

Adriana sintió un escalofrío recorrerle la espalda. "¿El espejo? Solo estaba ahí. ¿Qué tiene de
especial?"

Julián extendió la mano, señalando el objeto con un gesto casi mecánico. "No es solo un
espejo. Es una puerta. Una conexión con algo que no pertenece a este mundo".

Adriana miró el espejo. Su reflejo seguía siendo normal, pero sentía que había algo más, algo
que se movía justo fuera del alc.

"Al lugar donde las sombras toman forma", respondió Julián. "A un mundo donde los ecos de
los muertos se encuentran refugio. Si s

Adriana tragó saliva, sintiendo que su garganta se cerraba. Las palabras de Julián resonaban en
su mente, pero aún no podía procesar completamente lo que significaban. "No entiendo.
¿Cómo sabes todo?

Antes de que Julián pudiera responder, un estruendo sacudió la mansión. El sonido resonó a
través de los muros como si algo pesado hubiera caído desde gran altura. Adriana soltó un grito
y giró la lámpara hacia la escalera, esperando ver la fuente del ruido. Sin embargo, cuando
volvió la vista hacia Juliá

"¡Julián!", gritó, su voz quebrándose. Pero

El miedo comenzó a apoderarse de ella. Las paredes del desván parecían cerrarse, como si el
espacio se encogiera a su alrededor. Con la lámpara en una mano y la llave en la otra, baje las
escaleras a toda prisa, deseando escapar de la atmósfera opresiva de ese lugar. Cuando llegó al
pasillo, todo estaba en silencio.

Adriana trató de controlar su respiración. "Solo estoy imaginando cosas", se dijo a sí misma,
pero no lo creía. Algo estaba terriblemente mal en esa casa, y Julián sabía más de lo que le
había contado.
De repente, sintió un susurro en su oído, suave pero claro como el cristal: "No estás sola". Se
giró bruscamente, levantando la lámpara, pero el pasó

Caminó hacia la sala principal, sus pasos resonando en el suelo de madera. Allí, en el centro de
la habitación, estaba el gran reloj de péndulo que había pertenecido a su abuelo. El péndulo
oscilaba lentamente, marcando un ritmo hipnótico que parecía calmar su mente... hasta que
notó que el péndulo estaba girando.

Adriana quedó paralizada, observando el movimiento antinatural del reloj. El sonido del tic-tac
se hizo más fuerte, como si reverberara dentro de su cabeza. De repente, el reloj se detuvo con
un chasquido seco, y la puerta frontal de la mansión se abrió de golpe, dejando entrar una
ráfaga.

Adriana se giró hacia la entrada, sus ojos buscando desesperadamente alguna explicación. La
lluvia caía a cántaros afuera, pero lo que más la desconcertó fue la figura que estaba parada en

"¿Quién eres?", preguntó Adrián.

La mujer no respondió. En cambio, levantó una mano pálida y señaló directamente a Adriana.
En ese momento, un dolor punzante atravesó su pecho, como si algo invisible la hubiera
golpeado. Cayó de rodillas, soltando la lámpara, que rodó por el suelo y apagó su luz.

El silencio se apoderó de la habitación. Adriana levantó la vista, pero la mujer había


desaparecido.

Entre jadeos, Adriana se puso de pie, su mente llena de preguntas sin respuesta. ¿Quién era
esa mujer? ¿Qué relación tenía con Julián y con el espejo? Y, lo más importante, ¿por qué
sentía que había despertado algo que nunca debía ser perturbado?

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