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Afrodita y Atenea: Diosas de Grecia

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Afrodita era la antigua diosa griega del amor, la belleza, el deseo y todos los aspectos de la

sexualidad. Podía provocar tanto a dioses como a hombres mortales para que realizaran actos
ilícitos con su belleza y les susurraba cosas dulces al oído. Afrodita nació cerca de Chipre, de los
genitales mutilados del dios del cielo Urano. Afrodita tuvo una influencia mucho más amplia que la
que tradicionalmente se le ha dado, de una simple diosa del amor.

Adorada por hombres, mujeres y funcionarios de la ciudad-estado, Afrodita también tuvo un papel
importante en el comercio, el campo de batalla y en la política de las ciudades de la Antigua
Grecia. Además, Afrodita fue honrada como protectora de aquellos que navegaban el océano y, lo
que resulta menos sorprendente, de las cortesanas y prostitutas. La diosa Romana equivalente fue
Venus.

Atenea (Athena o Palas Atenea) era la diosa de la sabiduría en la mitología griega. Es una de las
diosas más importantes y reverenciadas, además de ser una de las deidades olímpicas. En el
panteón romano se la conoce como Minerva.

Esta diosa destaca por su gran inteligencia, motivo por el cual es la diosa de la sabiduría. Sin
embargo, dado que su culto es antiquísimo, en la más remota antigüedad fue considerada la diosa
de la guerra y de los trabajos manuales.

Su imagen es icónica: se la representa como una joven de ojos azules y facciones serias pero
agradables. Lleva una armadura cubierta con la égida (manto de piel de la cabra Amaltea adornada
con la cabeza de medusa), aunque a veces la lleva sobre el escudo. Aparece
Zeus era el nombre del dios supremo de la religión y mitología de la Antigua Grecia. Era
considerado el padre de los dioses y de los seres humanos, y el regidor supremo del Olimpo, la
cima montañosa en la cual habitaban los dioses. Se lo representaba como un hombre barbudo
que portaba una corona y un cetro, y en ocasiones un relámpago, pues a él estaba consagrado el
cielo, el trueno y la energía, además del águila, el toro y el roble.

En la mitología griega, Zeus había sido el hijo más joven de los dioses Rea y Cronos. Cronos
gobernaba el universo luego de haber vencido y castrado a su padre, el dios Urano, y una profecía
le vaticinaba que sufriría un destino similar a manos de uno de sus hijos.

Por esa razón, Cronos devoraba a sus hijos tan pronto nacían, hasta que su esposa, deseosa de
conservar al más joven de sus hijos, le entregó en su lugar una piedra envuelta en pañales. Fue así
que Rea pudo parir a Zeus en secreto y esconderlo en una cueva del monte Ida, en Creta, hasta
que el dios tuvo edad para desafiar a su padre.

Ares desempeña un papel relativamente limitado en la mitología griega, tal como


se representa en las narrativas literarias, aunque a menudo se alude a sus
numerosos romances y a su abundante descendencia. A diferencia de su
contraparte romana más noble, Marte, Ares era un dios impopular y nunca se
desarrolló más allá de la imagen de un divino carnicero enloquecido.

En consecuencia, solo unos pocos epítetos nos han llegado. Como era de esperar,
pocos de ellos son halagadores: “la perdición de los mortales “, “el asesino de
hombres”, “el asaltante de la ciudad”, “el traqueteo de armaduras”, “el brazo de
apoyo”.

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