Me gustaría empezar agradeciendo por la disposición en la lectura de esta
suerte de carta; entre que no es común, entiendo que tampoco es fácil
encontrarse con este tipo de información, extensa, y tener que revisarla, ya
que consume tiempo y hasta estabilidad; a lo que va la segunda mención, el
pedir las disculpas por dos cosas, mi renuncia y la inestabilidad que la
lectura de la presente pueda generar; sin duda, intentaré explicarlo en los
siguientes párrafos.
Conozco la universidad desde el 2009, he conocido a muchas personas, he
visto cada estadío y transformación que ha tenido la Ruiz; he tenido la
suerte de tomar un café y conversar con Vicente Santuc, así como haber
visto a diversos cargos ser llenados por eternas personas. Muchos valen y
han valido la pena porque han entendido e interiorizado el valor de la
universidad y la han hecho crecer bajo esa filosofía; sin embargo, también
he tenido la oportunidad de conocer gente que lleva años en algunos
puestos, que conocen muy bien a la universidad, a las personas y a la
cultura de la UARM, pero no han logrado interiorizarlo, ni mucho menos lo
pueden expresar, generando un ambiente poco grato para el resto que los
rodea.
Conozco la cultura organizacional, la conozco desde hace mucho, y
justamente se necesita tiempo para conocer una cultura organizacional, ya
que es algo que se evidencia a largo plazo; pero no me hubiera podido
imaginar el clima laboral que impera en algunas áreas; si bien es cierto, hay
otras áreas que tienen la bendición de contar con una persona con el
paradigma de líder a la cabeza del equipo y potencia a su personal y, por
consiguiente, a su área; hay otras áreas que tienen la mala suerte de contar
como cabeza a una persona con el antiguo paradigma de jefe, y opaca el
deseo de progreso en su personal.
Esto último es lo que sucede en lo que actualmente es la Oficina de
Servicios Académicos y Registros (OSAR) que comprende a Gestión
Académica (fusión de Secretaría Académica y Registros Académicos) y a
Grados y Títulos, al mando de Katherina Carrillo (anterior jefa de Registros
Académicos).
La Srta. Carrillo cuenta con el antiguo paradigma del jefe como estandarte,
ella no enseña ni explica, solo menosprecia y denigra, ella no lidera, solo
ordena y trata al miedo, presume su posición y muestra más preocupación
por los procesos y su propia imagen, que por las personas de su equipo.
Claro está, considero que es lo suficientemente maliciosa como para no
demostrarlo o agredir directamente con insultos, pero poco le falta.
Sus métodos son humillar delante de todos a quien no sabe, con
interrogantes como “¿me preocupa que no sepas estas cosas?”, “creo que
todavía te falta mucho para la posición que ocupas”, “tú, parece que no
sabes todavía dónde estás”, “si te encuentras así, yo pensaría dos veces en
presentarme, porque tu imagen, a mí, dice mucho”, entre otros.
Y ese mal clima no es solo por ella, sino también por su equipo de Registros
Académicos, que lleva años con ella, como la Sra. Lucia Cama, quien cuenta
con una lengua viperina venenosa, mayor que la de la Srta. Carrillo, ya que
de ella si se escucha hablar mal de estudiantes, docentes, administrativos y
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en general de cualquier persona, frases recurrentes como “Esa es una
tonta”, “ay que torpe eres”, “me desespera su torpeza”, “no leen”, “son
tontos”, “pero quien soy yo para juzgar”, entre otros; pero de ellas
comentaré más adelante.
Para poner en contexto mi posición y decisión me gustaría comentar que
tengo cierto recorrido laboral, cuento con diez años de experiencia en el
sector educación, he manejado todo nivel de un área de Registros
Académicos, realizando tanto la creación y manejo de los Registros de
Nóminas y Actas, el Censo anual, emisión de carné, expedición de títulos a
nombre de la nación, trámites directo con MINEDU y procesos de
Licenciamiento y Acreditación. He podido manejarme solo a nivel de
instituto con relación a Registros Académicos; y cuando tuve la posibilidad
de pasar a ver la gestión en universidades, tomé la oportunidad, llegando a
la universidad Norbert Wiener, la cual dejé por la Ruiz de Montoya, ya que
ésta es mi casa de estudios, es mi alma mater, comparto su visión y misión
humana, y quería entregarle algo de lo que sé, a cambio de todo lo que me
ha dado; pero, siendo sincero, ando en una cuerda floja de
arrepentimiento/resignación por la decisión de venir como administrativo
aquí.
A pesar de tener una sólida experiencia, no tuve temor en aceptar una
posición de asistente, asumir el reto de mantenerme en una posición así,
porque quería ir aprendiendo la gestión interna para ir ascendiendo; tanto
con mi experiencia laboral y como con mi experiencia como estudiante de la
UARM, aprendí rápido la gestión; sin embargo, también entendí las cosas
que se hacen mal y que te he compartido en una primera reunión que
tuvimos.
A los meses de ingresar, y dado la salida de la sra. Maritza Perez, asistente
de grados y títulos hasta febrero de 2024, Katherina Carrillo, al no querer
perder tiempo en la búsqueda de un personal, reconoce mi experiencia y
me propone tomar la posición de Analista de Grados y Títulos; posición que
acepté, y que ella se encargó de anunciarlo a todo el equipo.
Sin embargo, por temas internos de Gestión del Talento Humano, no se me
pudo facilitar el cargo cedido por Katherina y, en vez de pedir una concesión
para que se me otorgue la posición, la respuesta de Katherina a GTH fue
que ellos debían conversar conmigo. GTH llega a un acuerdo conmigo donde
se me iba a dar la concesión de un aumento en el sueldo, mencionado como
bono, y cuando se cumpla el tiempo de mi contrato, se me renovaría como
analista, ya que para esa fecha tendría el tiempo mínimo que pide GTH para
ascender. Por mi parte, acepté la propuesta de GTH dado que ya me
encontraba asumiendo la posición de asistente, analista y coordinador de
grados y títulos, mientras recibía capacitaciones con la sra. Maritza Perez;
sin embargo, al comentarle ese acuerdo a Katherina Carrillo, ella se mostró
a la defensiva y solo atinó a decirme “la pelota está en tu cancha, si eso es
un impedimento para ti, es tu decisión; si estás de acuerdo, también es tu
decisión” (febrero 2024 en el Edificio C). Tal vez esta fue la primera vez que
sentí que me estaba dando la espalda y manipulando a la vez.
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A mi cargo estaba la, en ese momento, practicante Adriana Villanueva, a
quien también la estaban menospreciando, tratándola de tonta, porque las
formas de enseñanza que tenía el antiguo equipo de Registros Académicos
no funcionaron con ella; siendo algo que no era culpa directa de la srta.
Villanueva, sino de los mismos procesos del antiguo equipo de Registros
Académicos; por ejemplo, y esto incluso lo trajo a colación la misma
Katherina Carrillo en una reunión con todo el equipo “cuando se puso a un
personal nuevo en la ventanilla, fue un fracaso completo, porque no pudo
responder como queríamos” (marzo 2024 en el Edificio C), siendo algo
indignante de escuchar, más por la forma cegada de pensar en que uno se
tiene que adaptar a formas erradas de enseñanza, y el fallo de uno es por
incompetencia propia de uno, mas hay una imposibilidad de pensar que el
error se encuentra en los procesos y formas a cargo de la Srta. Carrillo.
Y a pesar de intentar hacer todas las cosas bien, no voy a negar que es
inevitable cometer errores, y yo acepto que he cometido errores, pero, como
indiqué anteriormente, la Srta. Carrillo cumple con el antiguo paradigma del
“jefe” y, en vez de enseñar o ser atinada en explicar, solo tiende a indicar
que está mal y que le preocupa que uno no esté comprendiendo los
procesos, es decir, denigra al personal.
A pesar de, por la misma experiencia y madurez de uno, expliqué mi actuar,
pero al entender el error y prometer enmendarlo, a la srta. Carrillo le gusta
más la demostración más teatralizada, que la persona pida perdón con
lágrimas en los ojos, o demuestre estar al borde de un ataque de nervios
para que ese actuar le demuestre y le dé la seguridad de que uno
comprende los procesos; y no pretendo ser la persona con mayor madurez
emocional del grupo, pero mi forma de ser implica que haya cierta
racionalidad sobre la demostración de mi error y promesa de corrección;
pero para la srta. Carrillo, eso implica que yo no tengo claros los procesos y
teme por el futuro del área que pone a mi cargo.
Dentro de lo que menciono se puede entender que la srta. Carrillo no tiene
manera racional de manejar el error; ella pretender mantenerse en un
pedestal, impoluta, siendo el resto los que obran mal. Ese tipo de actuar
cala en su personal, y por eso ha habido, sigue habiendo, y seguirá
habiendo deserción en el personal a su cargo, porque la toxicidad en la que
se vive solo es grata para quienes tienen ese mismo perfil.
Siguiendo un poco con el recorrido que he tenido en el área, y tras los
errores que tuve, formé a la Srta. Adriana Villanueva para que vaya
liderando los procesos, le enseñé cosas que no sabía, porque ya tenía el
presentimiento de que la srta. Carrillo no se encontraba contenta con que
yo ocupe un cargo mayor que el de un asistente.
Luego de un par de meses de limitar mis labores y menospreciar mi
esfuerzo; de mayo a junio, y bajo la justificación de que hubo deserción de
personal del equipo de Gestión, la srta. Carrillo decidió limitar mi trabajo en
Grados y Títulos, pasando a la zona de Atención SAR medio tiempo; dándole
también mayor poder de acción a la practicante Adriana Villanueva.
Aquí me gustaría hacer un paréntesis para hacer énfasis en lo denigrante
que ha sido para mí el tener que soportar que, aun con mi experiencia y
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recorrido, aun con un anuncio de un cargo mayor, se me pase por encima y
se me quiten mis funciones, para relegarme a dar atención a otra área por
las noches, y que todo lo referente a Grados y Títulos, lo asuma una
practicante sin experiencia laboral previa.
A pesar de dicha denigración, con la promesa de retornar cuando ingrese
nuevo personal; la srta. Carrillo superó nuevamente los límites de
denigración a mi persona, ya que solicitó a GTH que mi renovación de
contrato siga siendo como asistente de grados y títulos, y que me quiten el
bono porque dejaría de asumir las funciones (que nunca llegue a asumir
íntegramente por decisión de ella) de analista. Y dicha renovación implicó
que, para julio y agosto, pase íntegramente mi tiempo laboral para apoyar a
la oficina de Gestión Académica, dejándome la Atención de las noches, y la
atención integra durante la matrícula.
Yo entiendo que puede hablar un poco mi orgullo aquí, pero siento que no es
dable ni admisible el trato que he recibido por parte de la srta. Carrillo; a
una persona con experiencia profesional directa en el área de necesidad,
con conocimiento de la cultura organizacional, egresado de la casa, se me
trató peor a que a un practicante, invirtiendo los papeles y haciendo que la
practicante participe activamente de todas las decisiones, sobrepasando la
autoridad y/o respeto de la persona con mayor expertis.
A partir de septiembre, la srta. Carrillo me retorna a Grados y Títulos para
servir en las funciones menores, ya que las labores de peso, que se supone
tenía a mi cargo en un inicio pasaron a ser parte de las labores de la
prácticante y actual asistente, la Srta. Adriana Villanueva.
Sin perjuicio de ello, fui asumiendo las labores para apoyar al área y a mis
compañeras; sin embargo, notaba que, por ese mismo maltrato que
también ha vivido la Srta. Adriana Villanueva, ella se siente tan asustada de
la Srta. Carrillo, que entorpece el proceso, ya que vive con una constante
neurosis de tener que revisar todo lo que se hace en el área, revisando
hasta la redacción de mis correos, por lo que retrasaba el envío de estos con
días y hasta semanas, por no sentirse segura de enviarlo.
La Srta. Adriana Villanueva es una buena chica, desgraciadamente, el
pésimo ambiente laboral ha hecho que ella misma se intoxique y genere ese
tipo de faltas de respeto, como lo es rehacer el trabajo de sus compañeros,
revisar con antelación todo correo y/o base que se requiera. Además de que
parece que vive en una constante crisis de ansiedad, ya que se encuentra
aspirando y suspirando de ansiedad, de neurosis, todo el día, lamentándose
de cualquier cosa referente a lo laboral; lo que genera desgaste en los que
nos encontramos a su alrededor. Todo por la mala gestión del personal que
tiene la Srta. Carrillo.
A partir de julio de 2024, se incorporó una coordinadora a la oficina de
Grados y Títulos, la Sra. Yelina Mariel Muñoz, y me gustaría decir que el mal
trato de la Srta. Carrillo disminuyó, puesto que ya no tenía un trato directo
con ella; sin embargo, e increíblemente, el mal trato se acrecentó. No hay
semana en que la Srta. Carrillo no busque menospreciar a la Sra. Yelina
Mariel Muñoz.
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Por todo le reclama y la denigra, nunca se encuentra conforme con su
actuar, si la Sra. Yelina Mariel Muñoz usa los recursos de los que dispone, no
es la forma; si habla con sus conocidos para aprender casos y resoluciones,
no debió hacerlo sin antes consultar (y en ese caso, la hubiera detenido por
no proceder como ella quisiese); si habla en una charla, no lo hizo bien (si
no es su voz, es su postura o su cabello o su rostro o sus manos). Que, si le
tienen que repetir algo o replicar alguna idea, para la Srta. Carrillo no es
dialogo, es que la Sra. Yelina Mariel Muñoz no entiende. La Srta. Carrillo
nunca se encuentra conforme, y eso también afecta a un personal al que le
lleva casi un año echándole barro.
Me he dado cuenta que la srta. Carrillo, en papel, busca personal con
experiencia en diversas empresas, con contactos y con expertis en temas
académicos; pero en realidad, eso es de papeles para afuera, porque no
deja trabajar.
Y peor porque eso termina alimentando la ansiedad y neurosis de la Srta.
Adriana Villanueva, quien, por querer sentir reconocimiento, termina
pisoteando el trabajo de su equipo.
Con obvia razón la srta. Carrillo lo permite, puesto que ni mi persona ni la
Sra. Yelina Mariel Muñoz, con nuestra experiencia y madurez emocional, nos
dejamos manipular e intentamos llevar la “fiesta en paz”, aunque también
implica que nos afecta el menosprecio y tenemos que aguantarlo; en
cambio, la Srta. Adriana Villanueva, al ser más joven emocionalmente, es
fácilmente manipulable por la Srta. Carrillo, quien presenta la mayor
autoridad, y la exhorta a sobrepasar nuestra autoridad.
Como anuncié anteriormente, el único personal que parece tolerar el trato
de la Srta. Carrillo, es la Sra. Lucia Cama y la Srta. Camila Montoya, personal
que viene trabajando con la Srta. Carrillo desde hace varios años; y es
comprensible que toleren ese maltrato, dado que ambas cuentan con un
perfil tan tóxico como el de la primera.
Durante el tiempo de convivencia, no hay día en que no escuche como
ambas se burlan de los estudiantes, llamándolos tontos o torpes, haciendo
burla de su apariencia; hablando mal de docentes, y de administrativos de
otras áreas.
Es cierto que he tenido más de una oportunidad de denunciar el mal trato,
el mal actuar, el ambiente laboral tóxico; sin embargo, no lo he hecho por
una simple razón, una denuncia de ese tipo no es hacia una persona, sino es
hacia la institución, y esta institución es mi casa, y no quiero hacerle eso a
mi casa, por lo que prefiero cortar el vínculo de la forma más sana posible,
porque por mi casa puedo hacer mucho, pero ni por mi casa merezco ser
humillado.
Si bien la presente me ha servido sin lugar a duda como un medio de
expresión de una catarsis personal, la presente es entregada íntegramente
con confidencialidad, y me gustaría que se mantenga de esa forma, ya que,
al haber conocido este tiempo a la Srta. Carrillo, no dudo en que ella no lo
verá como una oportunidad de mejora, sino como un ataque personal que
querrá responder; y mi intensión, más que buscar una represalia en su
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contra, es que, con su experiencia y pericia, le dé herramientas para lidiar
con distintos perfiles, tanto a ella, como a su personal; no sabe lo urgente y
la falta que hace que el personal de SAR vaya a terapia, una terapia donde
sientan que no habrá represalias y serán libres de expresarse; imagino que
relatos como el que he contado abundarán sorpresivamente; y si las cosas
no mejoran, la alta rotación del personal seguirá, ya que se encuentran
esperando otra oportunidad laboral antes de dejar ésta.
Me despido agradeciendo su atención y su discreción con la presente.