28/11/24, 19:11 Thomson Reuters ProView - Comentario del Código Civil. 1ª ed.
, mayo 2015
CAPÍTULO II. De las medidas voluntarias de apoyo [Arts. 254 a 262]
§ 1 Real Decreto de 24 julio 1889. Código Civil
LIBRO I. De las personas [Arts. 17 a 332]
TITULO XI. De las medidas de apoyo a las personas con discapacidad para el ejercicio de su capacidad
jurídica [Arts. 249 a 299]
CAPÍTULO II. De las medidas voluntarias de apoyo [Arts. 254 a 262]
CAPÍTULO II. De las medidas voluntarias de apoyo [Arts. 254 a 262]
CAPÍTULO II
De las medidas voluntarias de apoyo
Añadido por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio
Sección 1.ª
Disposiciones generales
Añadido por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio
Artículo 254.
Cuando se prevea razonablemente en los dos años anteriores a la
mayoría de edad que un menor sujeto a patria potestad o a tutela pueda,
después de alcanzada aquella, precisar de apoyo en el ejercicio de su
capacidad jurídica, la autoridad judicial podrá acordar, a petición del
menor, de los progenitores, del tutor o del Ministerio Fiscal, si lo estima
necesario, la procedencia de la adopción de la medida de apoyo que
corresponda para cuando concluya la minoría de edad. Estas medidas se
adoptarán si el mayor de dieciséis años no ha hecho sus propias
previsiones para cuando alcance la mayoría de edad. En otro caso se
dará participación al menor en el proceso, atendiendo a su voluntad,
deseos y preferencias.
Modificado por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio
Doctrina-comentario
I. Dificultades de interpretación. No puede ser más desafortunada la redacción de este
precepto. Obsérvese que una simple lectura del mismo conduce a la idea de que las
personas jurídicas únicamente podrán excusarse cuando carezcan de medios suficientes
para el adecuado desempeño de la tutela, y dicha causa o motivo de excusa sólo se podrá
alegar dentro del plazo perentorio de quince días a contar desde que tuvieron conocimiento
del hecho de su nombramiento como tutores (cfr. arts. 251 II y 252 CC). Interpretación que,
desde el terreno de la más elemental y pura lógica, resulta de todo punto incomprensible y
absurda, pues se llega al resultado de estimar que una persona jurídica puede excusarse
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antes de comenzar el ejercicio de la tutela, para lo cual basta que alegue y la autoridad
judicial aprecie que tiene carencia de medios suficientes para su adecuado desempeño;
pero, en cambio, si esta carencia de medios sobreviene con posterioridad, durante el
ejercicio de la tutela, no constituye causa de excusa y no puede alegarse, aunque dicha
circunstancia pueda redundar en un mal desempeño de la tutela en detrimento del menor o
incapacitado. Incluso, quizá, con evidente perjuicio de otros tutelados que también se
encuentran bajo la protección y guarda de la misma persona.
Para evitar estas consecuencias, y procurar el beneficio del tutelado, no hay otro camino que
el de acudir a las causas de remoción de la tutela. Y, concretamente, estimar que la carencia
de medios es subsumible en la «imposibilidad absoluta de hecho» a que se refiere el art.
244.1.º CC (cfr. art. 247 CC); pues, si la carencia de medios suficientes para el adecuado
desempeño de la tutela constituye una realidad evidente y constatada, la autoridad judicial no
debe esperar a que la misma pueda dar lugar a «Un incumplimiento de los deberes propios
del cargo» o a que, por analogía, sea equiparable a «una notoria ineptitud» (cfr. art. 247 CC),
y si lo hiciera no ofrece la menor duda que incurriría en responsabilidad por culpa o
negligencia, no se olvide que el art. 216 CC establece que «las funciones tutelares
constituyen un deber, se ejercerán en beneficio del tutelado y estarán bajo la salvaguarda de
la autoridad judicial.
Por otra parte, no se puede dejar de recordar que este camino no es satisfactorio; pues la
remoción, aunque se produzca por «imposibilidad absoluta de hecho», da lugar a la
inhabilidad de la persona en quien concurre esta circunstancia para el ejercicio de todas las
demás tutelas, no sólo presentes, sino también futuras (cfr. arts. 243.2.º y 247 CC).
Resultado que sólo puede salvarse si, como se ha apuntado, se entiende que en este caso
no es de aplicación lo dispuesto en el art. 243.2.º CC; sobre todo si se tiene en cuenta que
«quizá la insuficiencia de medios se presente normalmente en términos parciales y no
totales, de manera que implique únicamente la imposibilidad de asumir nuevas tutelas o una
parte de las que previamente se tuviese, o coyunturalmente, una vez superada la situación»
(R. Bercovitz, Com. Nac. Tecnos, p. 427).
II. Interpretación que se propone. Pero considero tan disparatado llegar a semejante
conclusión, que me resisto a seguir tal vía interpretativa, y prefiero acudir a las reglas de la
lógica formal, a aquellas que excluyen la contradicción y los resultados absurdos. Pues por
esta vía, sin forzar el precepto legal, simplemente interpretándolo en relación con el artículo
que le precede, se puede deducir que el legislador no ha pretendido semejante resultado,
sino que lo que realmente ha querido decir es lo siguiente: la persona jurídica puede,
también, excusarse de continuar ejerciendo la tutela cuando le sobrevenga la carencia de
medios suficiente para el adecuado desempeño de la misma, y ello aunque no hubiere otra
persona de parecidas condiciones para sustituirla; es decir, con esta interpretación se da
cumplimiento a lo preceptuado en el artículo que se comenta: lo dispuesto en el artículo 253
CC no se aplicará a las personas jurídicas.
Ahora bien, si se acepta esta interpretación, según la cual, las personas jurídicas también
pueden excusarse del ejercicio de la tutela por causa de excusa sobrevenida, aunque no
haya otra persona de parecidas condiciones» para sustituirles, se evita el absurdo de que sí
puedan excusarse por causa sobrevenida las personas físicas y no las jurídicas, pues no hay
razón que justifique la diferencia; además, se salva el inconveniente de tener que acudir, si
fuere necesario, a la remoción por causa de «imposibilidad absoluta de hecho»; y se conjura
el peligro de que surja la necesidad de llegar a la remoción por «incumplimiento de los
deberes del cargo» o por «notoria ineptitud». Sin embargo, es cierto que no se solucionan
todos los problemas, pues se pone de manifiesto otro inconveniente: el de la aceptación de la
excusa por parte de la autoridad judicial deja sin garantizar previamente un nuevo tutor para
el menor o incapacitado; pero, este resultado, como se ha propuesto, podría ser soslayado
«Si se excluye del ámbito de las excusas a las personas jurídicas que tengan el carácter de
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Administraciones públicas. Éstas siempre garantizarían en último término una sustitución»
(R. Bercovitz, Com. Nac. Tecnos, p. 427). Es decir, se parte de la idea de que un Estado
social de Derecho tiene obligación de crear las Entidades necesarias a esta finalidad,
aportando los recursos que fueren precisos, así como fomentar la creación de Asociaciones o
fundaciones cuyos fines sean la protección de menores y de disminuidos físicos, sensoriales
y psíquicos.
José Manuel Lete del Río
Artículo 255.
Cualquier persona mayor de edad o menor emancipada en previsión o
apreciación de la concurrencia de circunstancias que puedan dificultarle el
ejercicio de su capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las
demás, podrá prever o acordar en escritura pública medidas de apoyo
relativas a su persona o bienes.
Podrá también establecer el régimen de actuación, el alcance de las
facultades de la persona o personas que le hayan de prestar apoyo, o la
forma de ejercicio del apoyo, el cual se prestará conforme a lo dispuesto
en el artículo 249.
Asimismo, podrá prever las medidas u órganos de control que estime
oportuno, las salvaguardas necesarias para evitar abusos, conflicto de
intereses o influencia indebida y los mecanismos y plazos de revisión de
las medidas de apoyo, con el fin de garantizar el respeto de su voluntad,
deseos y preferencias.
El Notario autorizante comunicará de oficio y sin dilación el documento
público que contenga las medidas de apoyo al Registro Civil para su
constancia en el registro individual del otorgante.
Solo en defecto o por insuficiencia de estas medidas de naturaleza
voluntaria, y a falta de guarda de hecho que suponga apoyo suficiente,
podrá la autoridad judicial adoptar otras supletorias o complementarias.
Modificado por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio
Doctrina-comentario
I. Utilidad y ubicación de la norma legal. Se ha discutido por la doctrina tanto la utilidad o
conveniencia de este precepto como su ubicación a efectos sistemáticos. Por lo que se
refiere a la primera cuestión, hay que decir que no era necesario otorgar independencia a
esta disposición, la cual podía haberse insertado como art. 252 II CC; e incluso si se hubiera
eliminado no creo que hubiera sufrido lo más mínimo la comprensión del régimen de la
excusa sobrevenida en su aspecto procesal. No convence la razón justificativa de que
sobraban artículos en el Código, y para desecharla baste observar la existencia de artículos
duplicados, a pesar de que han quedado varios vacíos de contenido. En cuanto a la
ubicación, tampoco ofrece muchas dudas que hubiere sido más oportuno situar este
precepto a continuación del art. 252.
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II. Tiempo y plazo en que puede alegarse la excusa sobrevenida. La norma legal da
respuesta a una doble cuestión simultáneamente, se refiere no sólo a la ocasión o coyuntura
en la que puede alegarse la causa de excusa sobrevenida, sino también a la ausencia de
plazo o término para la misma.
1. Para el caso de que la causa de excusa sobreviniere después de nombrado el tutor y
durante el curso de la tutela, el presente artículo dice: podrá ser alegada en cualquier
momento; es decir, en cualquier ocasión o coyuntura, tan pronto como el motivo se haga
patente y sea demostrable. Es muy lógica esta posibilidad de alegación de la excusa en
cualquier momento; pues, normalmente, se tratará de aquellas causas de excusa en las que
los límites que han de determinar su concurrencia son enormemente imprecisos y pueden
incluso engañar al propio interesado, como así ocurre con el mal estado de salud crónico, el
menoscabo de la propia subsistencia o la avanzada edad. Por tanto, es lógico admitir la
posibilidad de alegación de la excusa en cualquier tiempo o momento, siempre que el tutor
justifique que su falta de salud, su propia subsistencia o a su avanzada edad, no le permite
atender adecuadamente a la persona y/o bienes del menor o incapacitado, resultándole
excesivamente gravoso el ejercicio del cargo.
2. Otra cuestión íntimamente ligada a la anterior, es la relativa a determinar si la excusa
sobrevenida, igual que la inicial, estará o no sometida al plazo de caducidad de quince días.
La respuesta debe ser negativa. A diferencia de la excusa inicial, que se encuentra sometida
al plazo perentorio de quince días a contar desde que se tuviere conocimiento del
nombramiento como tutor, la causa de excusa sobrevenida después de dicho nombramiento
y durante el ejercicio de la tutela no está sujeta a plazo alguno, ni de prescripción ni de
caducidad; y ello se deduce con meridiana claridad del presente artículo, al decir que «podrá
ser alegada en cualquier momento», y no establecer plazo alguno.
La exoneración de plazo o término para la excusa sobrevenida durante el ejercicio de la
tutela, que ya había sido reclamada por la doctrina respecto de la normativa derogada,
constituye un evidente acierto; pues, como se ha indicado antes, la apreciación de la
concurrencia de la causa de excusa se encuentra sujeta a la propia subjetividad de la
persona interesada en alegarla, lo que da lugar a que la mayoría de las veces, sino todas,
sea prácticamente imposible establecer un plazo. De ahí, precisamente, que no sólo la
oportunidad del planteamiento o alegación de la causa de excusa, sino también su
constatación, son cuestiones que la autoridad judicial viene obligada a resolver
conjuntamente; piénsese, por ejemplo, en el caso de una persona que es nombrada para
desempeñar un importante cargo público, y, en principio, estima que dicho cargo no le va a
impedir el normal y diligente ejercicio de la tutela que tiene encomendada, pero unos meses
más tarde (¿) constata la incompatibilidad de ambos cometidos.
José Manuel Lete del Río
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