Requisitos y Prohibiciones de Adopción
Requisitos y Prohibiciones de Adopción
, mayo 2015
Sección 2ª
De la adopción
Rúbrica modificado por art. 2 de Ley núm. 21/1987, de 11 noviembre
Artículo 175.
No pueden ser adoptantes los que no puedan ser tutores de acuerdo con
lo previsto en este código.
3. No puede adoptarse:
1.º A un descendiente.
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3.º A un pupilo por su tutor hasta que haya sido aprobada definitivamente
la cuenta general justificada de la tutela.
4. Nadie podrá ser adoptado por más de una persona, salvo que la
adopción se realice conjunta o sucesivamente por ambos cónyuges o por
una pareja unida por análoga relación de afectividad a la conyugal. El
matrimonio celebrado con posterioridad a la adopción permitirá al
cónyuge la adopción de los hijos de su consorte. Esta previsión será
también de aplicación a las parejas que se constituyan con posterioridad.
En caso de muerte del adoptante, o cuando el adoptante sufra la
exclusión prevista en el artículo 179, será posible una nueva adopción del
adoptado.
Doctrina-comentario
I. La adopción es una clase de filiación. El art. 175 no define la adopción por lo que hay
que acudir al 108 CC: «La filiación puede tener lugar por naturaleza y por adopción» y «la
filiación matrimonial y la no matrimonial, así como la adoptiva plena, surten los mismos
efectos, conforme a las disposiciones de este Código». La adopción es una filiación que tiene
los mismos efectos que la matrimonial y la no matrimonial (art. 14 CE). Al no hacerse
acepción de filiaciones, los problemas de la adopción son previos a su constitución; una vez
constituida no hay diferencia, en principio, con las restantes filiaciones. El legislador se ha
olvidado en el art. 108 II de suprimir la expresión «adopción plena» pues ya no hay dos
clases de adopción. Pueden subsistir las menos plenas de la Ley de 24-IV-58 y las simples
de la de 4-VI-70. La disp. tran. 2.ª L 21/87: «Las adopciones simples o menos plenas
subsistirán con los efectos que les reconozca la legislación anterior, sin perjuicio de que
pueda llevarse a cabo la adopción regulada por esta Ley si para ello se cumplen los
requisitos exigidos en la misma». Otra alusión en la disp. tran. 1.ª: «En los expedientes de
adopción plena pendientes ante los Tribunales a la entrada en vigor de esta Ley regirá en
todo la legislación anterior, a menos que los solicitantes interesen la aplicación de la nueva
Ley. Quedarán sobreseídos los expedientes de adopción simple en los que no haya recaído
resolución judicial».
II. Capacidad para adoptar. En la nueva Ley no se alude a capacidad; sólo se exige la edad
de 25 años, y una diferencia con el adoptando de 14 años. Pero el adoptante debe tener
capacidad de obrar (Leal, Menores 1988; Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 197) por lo
que no puede adoptar un incapacitado. Puede haber adoptantes menores de 25 años: en
caso de que adopte un matrimonio o cuando lo haga una pareja unida de forma permanente
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por relación de afectividad análoga a la conyugal, basta que uno de los dos tenga 25 años y,
ambos, 14 más que el adoptando. El cónyuge del adoptante, en adopción conjunta, puede
incluso ser menor de edad si, para el matrimonio, ha obtenido dispensa (art. 48 CC)
(Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 198). La adopción conjunta es el medio social más
idóneo en interés del menor ya que una adopción unilateral es también un medio de orfandad
(Álvarez Caperochipi, Familia, II, p. 171). La posibilidad de adoptar parejas no casadas
(sorprende que se contemple en una disp. ad.) plantea problemas de prueba; pero del largo
procedimiento administrativo hasta la «propuesta de adopción» y de las posibilidades que
tiene el Juez para practicar «cuantas diligencias estime oportunas» (art. 1826 LEC) debe
resultar si hay o no unión permanente por relación de afectividad análoga a la conyugal (igual
Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 198).
III. Capacidad para ser adoptado. Sólo puede adoptarse a menores no emancipados,
excepto si han mantenido una relación de acogimiento o convivencia iniciada antes de que el
adoptando hubiera cumplido 14 años (art. 176.2.4.ª). Cabe también esta posibilidad para los
mayores incapacitados si se ha dado igual convivencia (Peña, Derecho de familia, p. 469, n.
11). No puede adoptarse a un nasciturus (Díez Picazo y Gullón, Sistema, IV5, p. 114; Peña,
Derecho de familia, p. 469, n. 10; Feliú, Comentarios, p. 114; Lacruz/Sancho, Elementos,
IV-23, p. 199; contra, O’Callaghan, Compendio, IV2, p. 246). El CC no dice que el
adoptando tenga que ser un nacido, pero se deduce que debe serlo de que el asentimiento
de la madre no puede prestarse hasta pasados 30 días desde el parto (art. 177.2 in fine CC)
(Álvarez Caperochipi, Familia, II, p. 178). No es necesario que persista la convivencia una
vez que el acogido o conviviente haya alcanzado la mayoría de edad.
3. Está prohibida la adopción al tutor hasta que se haya aprobado definitivamente la cuenta
general justificada de la tutela (v. com. art. 176).
adopción conjunta de pareja matrimonial o no. En caso de adopción por una sola persona y
siendo menor el adoptado, podría quedar desamparado y caer en condiciones de
adoptabilidad. En caso de adopción por una pareja, muriendo un cónyuge puede el
sobreviviente contraer nuevas nupcias o iniciar una relación estable; el segundo cónyuge
podrá adoptar al hijo adoptivo de su consorte (art. 176.2.2.ª CC). Más raro es el otro
supuesto: cuando se priva al adoptante de las funciones tuitivas; se exige sentencia fundada
en el incumplimiento de los deberes inherentes a la patria potestad o recaída en causa
criminal o matrimonial (art. 170 CC), o el juicio declarativo ordinario que corresponda (art.
1832 LEC). En este caso cabe una nueva adopción. O’Callaghan (Compendio, IV2, p. 258)
entiende que si se produce, la anterior se extingue. Aunque el precepto no lo dice sería
extraño que subsistiera la adopción con eficacia sólo para el adoptado y, simultáneamente,
que naciera una nueva adopción; ello supondría que el adoptado tendría dos adoptantes, o
más, porque la primera adopción podía haber sido conjunta y la segunda también puede
serlo. Esto parece poco razonable. Por eso la interpretación correcta será la de que si se dan
los supuestos de hecho del 179 y recae resolución judicial excluyendo de las funciones
tuitivas, la adopción no se extingue pero si, en virtud del 175, hay una adopción nueva, la
primera se extinguirá (Feliú, Comentarios, p. 212) del mismo modo que se extingue la patria
potestad cuando se adopta (art. 169.3.º CC). ¿Quid si el adoptado, una vez alcanzada la
plena capacidad, rehabilita la primera adopción? (plantea el problema Arce, RGLJ 1987, p.
782).
Artículo 176.
2.ª Ser hijo del cónyuge o de la persona unida al adoptante por análoga
relación de afectividad a la conyugal.
3.ª Llevar más de un año en guarda con fines de adopción o haber estado
bajo tutela del adoptante por el mismo tiempo.
Doctrina-comentario
II. El interés del adoptando. La resolución judicial tendrá siempre en cuenta el interés del
adoptando. La E. de M. L 21/87 dice que el régimen anterior «no estaba suficientemente
fundado en la necesaria primacía del interés del adoptando», lo que no es cierto
(Valladares, PJ 1988, p. 50, recuerda el viejo art. 173 CC) (v. también STS 18-III-87, 20-IV-
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III. La propuesta previa. 1. Regla general. La propuesta previa es la regla general. Hace las
veces de una demanda o instancia. Está regulada en el art. 1829 LEC. Con esta exigencia se
trata de evitar el odioso tráfico de niños y controlar las condiciones de idoneidad de los
adoptantes. Dice este artículo en la letra c) que cabe revocación de los asentimientos (lo que
es igual a un desistimiento unilateral) siempre que se haga antes de la presentación de la
propuesta ante el Juzgado y debe caber también hecha ya la propuesta por la entidad; no
admitirlo sería gravemente perjudicial para el adoptando, teniendo que pasar —sin quererlo
— al poder y compañía del adoptante. En caso de que a la propuesta haya precedido una
tutela o guarda por parte de la entidad pública, el Fiscal que, por imperativo del art. 174 CC
tiene la superior vigilancia de estas situaciones deberá conocer de la existencia de la
propuesta previa, y poderse oponer a la misma, si de los informes de la Entidad aparece que
la adopción no resulta beneficiosa para el menor.
puede destinar los frutos de los bienes del hijo adoptivo al levantamiento de las cargas del
matrimonio (art. 165 II CC) sin tener que rendir cuentas. En este caso, de querer el tutor
adoptar al tutelado podrá solicitar en doble procedimiento paralelo su adopción y la cesación
de sus funciones con presentación de la cuenta general justificada de su actuación,
solicitando su aprobación. Tanto los artículos de la LEC destinados a regular el procedimiento
adopcional como los del CC relativos a la tutela conceden al Juez amplias posibilidades de
actuación: «cuantas diligencias estime oportunas para asegurarse de que la adopción…»
resultará beneficiosa para el menor (art. 1826 LEC; Castán/García Cantero, Derecho Civil,
Adición a V-2, p. 24). Puede detectar el Juez que hay un conflicto de intereses entre tutor y
tutelado y estimar la conveniencia de nombrar un defensor judicial, lo que efectuará de oficio
o a petición del MF, del mismo tutor o de cualquier otra persona capaz de comparecer en
juicio (v. arts. 279, 299 y 300 CC) designando a quien estime más idóneo. El tutelado pasará
así por la situación de encontrarse sometido a tutela, de estar bajo la guarda y amparo de un
defensor judicial y si la cuenta general se aprueba y el Juez estima beneficiosa la adopción,
bajo la patria potestad de quien antes fue su tutor (Peña, Derecho de familia, p. 470, n. 16).
d) «4.ª Ser mayor de edad o menor emancipado». Este supuesto es parecido —o puede
serlo— al anterior, dados los términos del art. 175.2 (sólo puede adoptarse a un mayor o
menor emancipado cuando haya habido una situación no interrumpida de acogimiento o
convivencia [aquí cabe que sea por estar tutelado por quien quiere adoptarle] iniciada antes
de que el adoptando hubiere cumplido los 14 años). Adoptar a un mayor puede ser de poco
interés para él, salvo su expectativa sucesoria como legitimario. Sociológicamente resulta
que los niños sin problemas y en situación de adoptabilidad encuentran en seguida unos
padres adoptivos. Y al llegar a la mayoría de edad saldrán de la patria potestad. Pero los que
permanecen sin que nadie les atienda son los que tienen alguna dificultad física o psíquica y,
entonces, sería conveniente que junto a la adopción o posteriormente se iniciara un
procedimiento judicial de incapacitación de forma que el adoptado permaneciera bajo una
suerte de patria potestad rehabilitada de sus adoptantes (art. 171 CC). Cuando no se
requiera propuesta previa, la solicitud del adoptante expresará las circunstancias que indica
el penúltimo párrafo del art. 1829 LEC.
IV. Adopción post mortem. La posibilita el apdo. 3 del art. 176 CC cuando el adoptante
hubiera fallecido después de prestar su consentimiento ante el Juez, pero antes de que éste
haya dictado resolución, siempre que ésta sea favorable. El adoptando tiene que ser alguna
persona de las contempladas en el art. 176.2, 1.ª, 2.ª o 3.ª circunstancias (sobrino, hijastro o
tutelado). El Juez debe sopesar muy cuidadosamente si el interés del menor aconseja esa
adopción que desemboca en la situación de huérfano en lugar de la de hijo adoptivo (Gil-
Robles, BICAM 1988-4, p. 14). No hay razón para que esta solución no se posibilite también
cuando el expediente se inicie mediante propuesta de la Entidad que ha seleccionado a un
adoptante (Díez-Picazo y Gullón, Sistema, IV5, p. 310). Esta adopción producirá todos los
efectos en orden a los apellidos y en la sucesión, pudiendo ser de aplicación, en este caso, lo
dispuesto en el art. 801 CC para los herederos instituidos bajo condición suspensiva, siendo
la condición la resolución judicial favorable. Respecto de los apellidos las RDGR 16-V-74 y
25-II-75 atribuyeron el primer apellido del marido difunto al hijo adoptado sólo por la viuda (v.
art. 201 RRC reformado en 1986).
2. Salvo que convenga otra cosa al interés del menor, la Entidad Pública
procederá a suspender el régimen de visitas y relaciones con la familia de
origen cuando se inicie el período de convivencia preadoptiva a que se
refiere el apartado anterior, excepto en los casos previstos en el artículo
178.4.
Artículo 177.
Doctrina-comentario
que atender a si quiere o no integrarse como hijo del adoptante/s y contar simplemente la
edad cronológica. Para bien informar la voluntad adopcional, la disp. ad. 1.ª L 21/87 in fine
señala que «desde que una persona es seleccionada por la Entidad pública como adoptante,
podrá solicitar que la Entidad le proporcione los datos que posea sobre la salud del menor».
La declaración de voluntad es de consentir en adoptar a persona determinada y de ser
adoptado por persona/s determinadas. Hasta tanto no recaiga resolución judicial cabe la
revocación de estos consentimientos. Ver otros desarrollos acerca del consentimiento y su
valor en com. art. 176.
1. El cónyuge del adoptante. Si el adoptante está casado no puede consentir sin que su
cónyuge asienta a la adopción que el consorte pretende. Cabe aquí que el consorte sea
padre o madre (natural o adoptivo) o que no lo sea, pero en ambos casos tiene que asentir:
si es padre o madre y asiente, resolviendo el Juez favorablemente, se habrá completado una
relación paterno-filial respecto de los dos titulares de la patria potestad, pero si no es padre o
madre y no quiere adoptar, pero sí asentir en la adopción por su consorte, la relación
paterno-filial será incompleta, dándose un caso como el contemplado por el art. 1362.1 II
(«hijos de uno solo de los cónyuges») deduciéndose de este artículo que aunque el que
asiente no se convierta en padre adoptivo, la adopción por su consorte provoca, también
para él, consecuencias jurídicas. En este caso no se requiere propuesta previa de la Entidad
pública.
2. Los padres del adoptando a menos que estén privados legalmente de la patria potestad o
se encuentren incursos en causa para su privación o que el hijo se hallare emancipado. Esta
regla se completa con la del núm. 3.1.º: Deberán simplemente ser oídos por el Juez los
padres que no estén privados de la patria potestad, cuando su asentimiento no sea necesario
para la adopción. No es preciso que el asentimiento sea expresado conjuntamente pudiendo
hacerse por separado (Díez de Lezcano, RCDI 1988, p. 27).
1. Padres no privados de la patria potestad. Son aquellos que cumplen correctamente con
sus deberes, que no le es imposible cumplirlos ni los han cumplido indebidamente. Es decir,
padres que no han desamparado a sus hijos (art. 172 CC). Éstos tienen que asentir a la
adopción pretendida.
El supuesto que contemplamos en este apartado es el sub 1. Los padres tienen que asentir
salvo que «se encuentren imposibilitados para ello». La madre no podrá asentir «hasta que
hayan transcurrido treinta días desde el parto» (art. 177.2 in fine), cautela dictada en
consideración a que la madre pueda recuperarse del puerperio y se encuentre en plena
libertad y conciencia para calibrar el acto de asentimiento a la adopción de su hijo (STS 18-
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III-87), aunque también puede entenderse referida a las facultades que en las normas del RC
se conceden a la madre para que pueda desconocer la maternidad (art. 47 III LRC) (Gil,
Reforma, p. 73).
2. Supuesto de los padres. Es el caso de los padres que han sido privados legalmente de la
patria potestad (supuesto sub 2). Hay que acudir al art. 170 CC, que exige para esta
privación sentencia fundada en el incumplimiento de los deberes inherentes a la misma
(patria potestad), o dictada en causa criminal o matrimonial. Éstos no tienen que asentir ni
ser oídos («no se precisa siquiera su citación en el expediente», dicen Lacruz/Sancho,
Elementos, IV-23, p. 207). Tampoco tienen que asentir cuando son citados en el expediente y
no comparecen (art. 1831 III LEC).
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IV. Audiencia. Es mera opinión (Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 207) para ilustrar el
conocimiento del Juez y fundar su decisión (Díez de Lezcano, RCDI 1988, p. 30). Pero es
preceptiva salvo imposibilidad.
1. Los padres que se encuentren en el supuesto sub 3 (v. infra II): cuando se encuentren
incursos en causa para su privación (de la patria potestad) ¿Quién debe apreciar esta
situación? Parece que debe ser el mismo Juez instructor del expediente adopcional y lo hará
en el propio expediente (Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 207; Pillado, RDP 1987, p.
453; Valladares, PJ 1988, p. 49). En este caso, el art. 1827 LEC dice que si «los padres
citados sólo para audiencia comparecieren alegando que es necesario su asentimiento… se
interrumpirá el expediente y la oposición se ventilará ante el mismo Juez por los trámites del
juicio verbal». No aclara el precepto si la sentencia desestimatoria produce efectos sólo en el
expediente de adopción y hace innecesario el asentimiento o bien produce efectos de cosa
juzgada y priva de la patria potestad.
2. Los padres, cuando el hijo esté emancipado. A diferencia del caso anterior los padres en
éste no conservan la patria potestad (art. 169.2.º CC) y el legislador ha estimado que hay
«simplemente» que oírles.
4. El adoptando menor de 12 años, si tuviere suficiente juicio. Hay que oírle siempre que
pueda expresarse, por lo menos para saber si tiene juicio suficiente o si carece de él.
Artículo 178.
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Doctrina-comentario
I. Eficacia. Principio general: ruptura de los vínculos con la familia anterior. El art. 178
determina parte de los efectos que la adopción provoca, y comienza con la afirmación
rotunda de que «produce la extinción de los vínculos entre el adoptado y su familia anterior».
En el Preámbulo de la L 21/87 se hace un canto a la integración familiar del menor en su
nueva familia indicando que queda consagrada la «completa ruptura del vínculo jurídico que
el adoptado mantenía con su familia anterior»; como consecuencia se crea —sigue diciendo
el Preámbulo— ope legis «una relación de filiación a la que resultan aplicables las normas
generales de filiación contenidas en los artículos 108 y siguientes del Código Civil». La
familia anterior es un término amplio que engloba tanto a la natural (matrimonial y
extramatrimonial) como a la adoptiva, al posibilitar el art. 175, en relación con el 179, una
adopción sucesiva, sin perjuicio de otros supuestos que la ley no ha reflejado, como el caso
de adopción sucesiva por fallecimiento de los adoptantes. En estos casos la segunda
adopción rompe los vínculos con la familia adoptiva anterior.
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II. Desde cuándo se producen los efectos. Los efectos de la adopción comienzan cuando
la resolución judicial es firme. La firmeza puede darla la resolución no recurrida o la
resolución de la apelación, porque el art. 1831 IV LEC dice que «el auto por el que se
acuerda la adopción será susceptible de apelación en ambos efectos». Hay un supuesto, sin
embargo, en el que los efectos se retrotraen a un momento anterior a la resolución judicial
firme, y es cuando la adopción se constituye con el adoptante ya fallecido, siempre que haya
prestado consentimiento a presencia judicial y el adoptando sea sobrino, hijastro, acogido
legalmente o tutelado del adoptante muerto, entre la expresión del consentimiento y la
resolución judicial. Cabe en este caso una pendencia del estado civil de filiación del que
deriva el estatuto personal (nacionalidad y vecindad civil) (Peña, Derecho de familia, p. 478,
n. 42). Estado de pendencia que puede prolongarse si el auto aprobando la adopción es
apelado. No cabe recurso de casación. Firme el auto hay que promover la inscripción en el
RC. Para esto v. art. 25 LRC. La inscripción se practica al margen de la de nacimiento del
adoptado (art. 46 LRC).
Puede haber problemas en caso de adoptante único que después de la adopción casa con el
progenitor biológico, convirtiéndose la relación biológica en jurídica con posterioridad a la
boda. De acuerdo con los principios inspiradores de la ley, esta situación no tendría que
afectar ni a la filiación adoptiva (lo dice además el 180.4 CC) ni a la natural; pero la adopción
extingue los vínculos con la familia anterior (¿También con la familia anterior, determinada
luego de la adopción?) (cfr. art. 112 II CC). El principio de integración familiar que se explicita,
entre otros, en los arts. 172.4, 173.1 y 175.4 abogan por que en el supuesto imaginado el hijo
sea adoptivo de uno de los consortes y natural del otro; incluso con el propio articulado del
CC podría llegarse —cree Peña (Derecho de familia, p. 480, n. 47)— a la misma solución,
porque la adopción extingue el vínculo natural; la boda posterior permite adoptar al hijo del
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consorte; puede pretenderse una posterior adopción que completará la relación respecto de
ambos adoptantes. La prohibición de la adopción de descendientes (art. 175.3.1.º CC) se
obvia con la ruptura de los vínculos con la familia anterior (pero al no estar determinada no
había filiación, que es concepto jurídico y no sólo biológico). La solución más «natural» será
considerar al hijo como adoptivo de uno y natural de otro.
VI. Otros efectos de la filiación adoptiva. Ya he dicho que, con la adopción, se constituye
un status familiae. Y también me he referido a los apellidos y a la patria potestad. En general
se producen todos los efectos propios de la integración en una familia que, en este caso,
surge no por nacimiento, sino adoptivamente. Por ello habrá derecho de alimentos y demás
del art. 154 CC, derechos sucesorios como herederos forzosos (arts. 807 y ss. CC). También
prevé el CC la adquisición de la nacionalidad en el art. 18. Y, recíprocamente, los familiares
adoptivos tendrán también derecho de alimentos (art. 143 CC) y derechos sucesorios (art.
812 CC).
Artículo 179.
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I. Exclusión de las funciones tuitivas y demás derechos. Cuando los padres no cumplen
los deberes que comporta la patria potestad (art. 154 CC), pueden ser privados total o
parcialmente de ella por sentencia fundada en el incumplimiento de los deberes inherentes a
la misma o dictada en causa criminal o matrimonial (art. 170 CC), y más específicamente
debe tenerse en cuenta el art. 111.1.º (no es de aplicación el núm. 2°). Sobre esta situación
general se inserta una especial norma referida al supuesto de que los padres sean adoptivos.
Lo que lleva a considerar desmentida o excepcionada la situación general con lo dispuesto
en el 179 (Castán/García Cantero, Derecho Civil, Adición a V-2, p. 26). El incurrir en causa
de privación de la patria potestad hace que quede excluido de las funciones tuitivas. Es una
privación parcial de la potestad (en cuanto no extingue la adopción; cfr. Pillado, RDP 1987,
p. 451; Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 211) que comprende las funciones tuitivas (en
el plano personal: velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo; en el plano
patrimonial: representarle y administrar sus bienes) (v. art. 164 CC), los demás derechos que
por ley le correspondan respecto del adoptado: derecho de alimentos (art. 143 CC), derecho
a aplicar los frutos de los bienes del menor, en la parte que corresponda, al levantamiento de
las cargas familiares (art. 165 II CC), o en sus herencias (art. 807 CC para la sucesión
forzosa) (Gil-Robles, BICAM 1988-4, p. 15). Incluso el art. 179, al especificar un especial
régimen para los adoptantes incumplidores, puede implicar los efectos que señalan los arts.
756.1.º (incapacidad para suceder) y 854 (desheredación). Puede producirse este mismo
efecto sin incumplimiento de las obligaciones como padre: en caso de adopción doble se
trata de que, al separarse o divorciarse los padres, la patria potestad sobre los hijos fuera
atribuida a uno solo de ellos, perdiéndola el otro. No tiene que haber necesariamente
incumplimiento de los deberes derivados de la patria potestad, sino que la pérdida estará
fundada en la inestabilidad de la pareja y la consiguiente imposibilidad de convivencia
(Padilla, Adopción, p. 122) (v. arts. 90 y ss. CC; para la privación de la patria potestad, art.
92 III).
La exclusión de los derechos que por ley correspondan se extiende también a los
descendientes del adoptado. No ocurre lo mismo a la inversa: el adoptado conserva los
derechos respecto del adoptante y de la restante familia adoptiva. Incluso esta exclusión no
afecta a los familiares del adoptante, pues al ser una norma sancionadora debe interpretarse
restrictivamente (Valladares, PJ 1988, p. 54). Pena civil la llama Feliú (Comentarios, p.
178).
II. Legitimación. Puede pedir esta exclusión de las funciones tuitivas el MF, el adoptado o su
representante legal. Pero ¿quién es el representante legal del adoptado? Es claro que el
adoptante, y no va a pedir él mismo la exclusión, ni estaría legitimado para ello dado el
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carácter de función que tienen los deberes derivados de la patria potestad. Puede pensarse
en la entidad pública del art. 172 si el adoptado, menor, ha quedado desamparado; pero el
efecto del desamparo es automático y no tendría que acordar nada el Juez. Otro supuesto es
el ya mencionado de que se haya atribuido la potestad a un adoptante (en adopción plural)
por causas que no tengan relación con los hijos y el adoptado quede bajo el cuidado de uno
de los cónyuges; pero esta incidencia en la guarda y cuidado de los hijos no priva de la patria
potestad al cónyuge que no haya quedado al cuidado de los hijos (art. 90 CC). Puede ser
conveniente para los hijos «que la patria potestad sea ejercida total o parcialmente por uno
de los cónyuges» (art. 92 IV CC). Puede ser «representante legal» el mencionado en el art.
103.1 II: «excepcionalmente los hijos podrán ser encomendados al cuidado de otra persona
y, de no haberla, a una institución idónea, confiriéndoseles las funciones tutelares que
ejercerán bajo la autoridad del Juez». Otro supuesto es el de que el adoptado, alcanzada la
mayor edad, caiga en tutela y que el Juez no la atribuya a los padres, sino a alguna de las
otras personas mencionadas en el art. 234 CC, lo que puede hacer en aplicación del último
párrafo del artículo («alterar el orden del párrafo anterior»). En este caso de tutela conferida a
persona distinta del adoptante, hay exclusión de las facultades tuitivas que habrán pasado al
tutor, pero se le puede privar al adoptante de los derechos en la herencia del adoptado.
Pillado (RDP 1987, p. 453) dice que el precepto se refiere al defensor judicial del art.
299.1.º
El adoptado puede pedir los efectos que venimos contemplando. El 179.2 vuelve a señalar la
legitimación del adoptado, pero indicando que la tiene una vez alcanzada la plena capacidad
y durante el plazo de dos años. ¿Si está emancipado? Podría solicitar del Juez la privación
dada su capacidad para comparecer en juicio. Pasados los dos años no puede ejercitar esta
acción (en la faceta personal no tendrá ya interés, pues ha salido de la patria potestad) pero
sí puede pedir la adopción de medidas en orden a pérdida de derecho de alimentos,
indignidad sucesoria o desheredación.
III. Eficacia. De las discusiones parlamentarias resulta que la privación de las facultades
tuitivas y de los derechos sucesorios se produce desde que recae resolución judicial, y no
antes. Del art. 179 surge cierta incapacidad sucesoria parcial (la legal, puesto que el
precepto dice «de los derechos que por ley»); resulta fundada la aplicación analógica del 757
CC.
IV. Procedimiento. Lo determina el art. 1832 LEC: «El juicio declarativo ordinario que
corresponda», que será de menor cuantía (art. 484.2 LEC) y en el que actuará como parte el
MF. El mismo 1832 señala que «durante la sustanciación del procedimiento el Juez adoptará
las medidas de protección oportunas sobre la persona y bienes del adoptado menor o
incapaz».
V. Rehabilitación. Al igual que en el art. 111 III cabe que el propio hijo, llegado que sea a su
plena capacidad, determine que dejen de producir efecto estas restricciones. Sólo cabe decir
que es una singularidad poco comprensible desde que el adoptado es un hijo con todas las
consecuencias. Con el art. 111 sobraría, siendo redundante lo dispuesto en el 179.3. No hay
plazo de caducidad.
Artículo 180.
1. La adopción es irrevocable.
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28/11/24, 19:08 Thomson Reuters ProView - Comentario del Código Civil. 1ª ed., mayo 2015
Doctrina-comentario
perdurar toda la vida de los implicados; el temor de que los padres naturales puedan
recuperar al hijo es algo que se detecta en la vida diaria. Por ello el ordenamiento persigue
dotarla de la máxima estabilidad (O’Callaghan, Compendio, IV2, p. 256; Peña, Derecho de
familia, p. 487), sustrayendo la continuidad de la misma a la voluntad de los particulares
implicados en ella. Expresión de la estabilidad que tiene la filiación adoptiva es el apdo. 4 del
180: «La determinación de la filiación que por naturaleza corresponda al adoptado no afecta
a la adopción». En la regulación de la L 21/87, la adopción es origen de vínculos familiares,
por lo que la muerte de adoptante/s o adoptado no extingue todos los efectos que la
adopción produce; subsisten las relaciones de parentesco. Sólo desaparecerían totalmente
los efectos de una adopción como consecuencia de otra nueva ya que, en ese caso, «la
adopción produce la extinción de los vínculos jurídicos entre el adoptado y su familia
anterior» (art. 178.1 CC). La familia anterior puede ser adoptiva, porque como prevé el art.
175.4: «En caso de muerte del adoptante, o cuando el adoptante sufra la exclusión prevista
en el artículo 179, es posible una nueva adopción del adoptado».
II. Extinción. El art. 180 sólo prevé una causa de extinción, pero además la establece con
grandes cautelas y de forma poco congruente con el resto del articulado del CC en esta
materia. En efecto, se establece que si el padre o la madre (por naturaleza, se entiende), sin
culpa suya, «no hubieren intervenido en el expediente en los términos del artículo 177»,
pueden pedir la extinción interponiendo la correspondiente demanda en el plazo de dos años
a partir de la constitución de la adopción; y añade que la extinción se puede acordar siempre
que «no perjudique gravemente al menor». No me parece congruente con el escaso
protagonismo que el art. 177 concede a los padres que tienen únicamente que «asentir» a la
adopción que otros realizan y de cuyo asentimiento se puede prescindir si se encuentran
imposibilitados para ello. Aunque no puedo dejar de reiterar lo ya manifestado en el com. art.
177 en el sentido de que si los padres no están imposibilitados para asentir, y no asienten, la
adopción no puede constituirse. En el caso —también del art. 177— en que los padres tienen
simplemente que ser oídos, se plantea el problema de si están legitimados para pedir la
extinción por esta falta de audiencia; lo resuelve el art. 1831 III LEC al establecer que puede
acordarse una adopción válidamente aun en el caso de que los padres sólo tengan que ser
oídos (art. 1831 II), pero añade «a salvo, en su caso, el derecho que a los padres concede el
artículo 180 del Código Civil». Sancho cree que «Si se trata de simple audiencia, subsanado
este defecto, y aunque en la prestada por los padres se muestren contrarios a la adopción, el
Juez podrá, no obstante, mantenerla; si se prefiere, reconstituirla; en cambio si la
intervención requerida era el asentimiento y lo niegan… el Juez queda vinculado a declararla
extinguida, salvo que la extinción perjudique gravemente al menor» (Lacruz/Sancho,
Elementos, IV-23, p. 213). A resaltar el margen de libertad que se concede al Juez en la
apreciación del perjuicio para el menor.
declaración o acuerdo, sea completado con otros hechos o actos». Con independencia de su
naturaleza, el problema en el que quiero fijarme es el de si son aplicables los vicios de los
negocios para intentar una declaración judicial de nulidad de una adopción viciada por
defecto de consentimiento, objeto o causa (art. 1261 CC) [Para el Derecho anterior, rigiendo
la Ley de 1958, afirmativamente, Serrano, ROPM 120, p. 151. Vigente la Ley de 1970, se
inclinan por la afirmativa Espín (Manual, IV, p. 423) y Fernández Martín-Granizo (ADC
1971, p. 725), y hoy GIL (Reforma, p. 81) y Díez de Lezcano (RCDI 1988, p. 15); en contra
Peña (Derecho de familia, p. 484) y Lacruz/Sancho (Elementos, IV-23, p. 213)] o por
defecto o ausencia de forma. La falta de consentimiento anula la adopción, tanto si se aplica
el art. 1261 CC como si se invoca el 238.3.º LOPJ. Debe tener significación también la causa;
la adopción es a título gratuito y debe fundarse en la liberalidad del adoptante y en el
beneficio para el adoptado; como acto o negocio a título gratuito es intuitu personae (Arce,
Estudios, p. 45) y puede ser ilícita (un elenco de móviles ilícitos en Serrano, Prólogo a
Rodríguez Carretero, Persona, pp. IV-V; Lacruz/Sancho, Elementos, IV-23, p. 174, y
Peña, Derecho de familia, p. 474). La voluntad puede estar viciada por error cuando la
consideración de la persona haya sido la causa principal de la adopción (art. 1266 CC).
Podría incluso pensarse en una adopción simulada, aunque la simulación en el campo del
Derecho de Familia es peligrosa porque puede resultar perjudicada la estabilidad y seguridad
del estado civil. Acordes con su conceptuación de acto procesal Peña (Derecho de familia, p.
463) y Lacruz/Sancho (Elementos, IV-23, p. 213) entienden que son inaplicables las
categorías de ineficacia de los negocios jurídicos, de manera que firme, la concesión de
adopción, cabe conseguir en juicio ordinario la nulidad sólo por las causas de nulidad de los
actos judiciales, y no cabe abrir ex novo el procedimiento de adopción. No obstante, la
jurisprudencia (resolviendo cuestiones suscitadas vigente la Ley de 1970), en STS 19-II-88,
defiende una concepción flexible del régimen de impugnación para «que prioritariamente
prevalezcan los intereses y preferencias del menor… evitando que las distintas y enfrentadas
argumentaciones jurídicas puedan postergar, oscurecer o perjudicar las puras situaciones
humanas y afectivas que deben informar las relaciones paterno-filiales».
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