Impugnación de Filiación en el Código Civil
Impugnación de Filiación en el Código Civil
, mayo 2015
Sección 3ª
De la impugnación
Añadido por art. 1 de Ley núm. 11/1981, de 13 mayo
Artículo 136.
Doctrina-comentario
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frente al progenitor de quien la sentencia dijo no ser padre/madre (art. 1252 II CC) (en el
mismo sentido Cámara, Com. Edersa, III-1, p. 812); y, por su propio fundamento, no hay
diferencia entre la filiación matrimonial y la no matrimonial;
b) Las acciones de declaración negativa son más variadas en su tipología, pues sin abordar
el problema de la relación biológica cuestionan (y con su ejercicio se debate judicialmente) la
filiación formal en diferentes terrenos: la existencia del título de determinación, su nulidad
absoluta, su anulabilidad (p. ej., por vicios del consentimiento); y creo que también deben ser
incluidas en este grupo aquéllas en que se niega o discute la matrimonialidad de la filiación,
pero no la paternidad/maternidad ya determinadas.
El régimen jurídico de tales acciones es diferente. En los arts. 136-141 CC, además de
mezcladas unas y otras, y faltan algunas: los arts. 136, 137 y 139 regulan acciones de
impugnación stricto sensu; la de los arts. 138-I y 140 son acciones declarativas que sólo
pretenden anular el título de determinación; y en ningún otro precepto se regulan las
acciones sobre inexistencia o nulidad del título de determinación o la no matrimonialidad de
la filiación, a las que, por su naturaleza, se puede estimar imprescriptibles, y legitimada para
su ejercicio toda persona que pueda acreditar un interés directo y legítimo (cfr. Peña, Com.
Fam. Tecnos, I, p. 992). Distinta de todas esas acciones, y que afectan también
negativamente a la filiación ya determinada al título de su determinación, más no
impugnatorias de la filiación por no discutirse en ellas la realidad de la misma—, son las de
rectificación de la inscripción en el RC ex art. 114 (v. com.).
Pues bien: el sistema de impugnación ha pasado a ser ahora del tipo más abierto y liberal, en
el que no se indica (aunque se adivina) ni el objeto a probar ni los medios probatorios, ni otra
cosa, salvo las personas legitimadas y el plazo de ejercicio de la acción: se trata,
sencillamente, de demostrar la no paternidad del marido sin limitación objetiva ni probatoria
alguna.
II. Impugnación de la presunta paternidad del marido. 1. Idea general. Este supuesto se
relaciona con la filiación matrimonial del nacido después de los 180 días siguientes al
matrimonio y dentro de los 300 siguientes a su disolución o separación de los cónyuges (el
caso tipo del art. 116). Se trata de demostrar que no existe en la realidad la presunta
paternidad del marido, según el citado precepto, y legalmente determinada. Es una acción de
impugnación de filiación stricto sensu, que puede ejercitarse como autónoma pero también
acumulada a una acción de reclamación de otra filiación (art. 134). Se halla regulada en los
arts. 136 y 137, en los que se aborda sólo cuestiones de legitimación activa y de caducidad
de la acción, dejando irresueltos importantes problemas, como veremos.
Puede observarse que, a diferencia del viejo art. 108 II CC, viene concebida en términos muy
abiertos, sin tipificación ni limitación de supuestos, ni otra restricción para su ejercicio que la
necesidad de un principio de prueba de los hechos en que se funde la demanda (art. 127 II),
no incompatible con la libre prueba en la investigación de la verdadera filiación.
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b) Herederos del marido. Sólo en los supuestos de que el marido fallezca antes de transcurrir
ese plazo de un año (en cuyo caso podrán ejercitarla los herederos en el tiempo restante), o
sin conocer el nacimiento (el mismo plazo y cómputo). En esas dos hipótesis está legitimado
«cada heredero», individualmente, y se trata, en ambas, de legitimación propia, pues tienen
otra ex art. 130 para continuar la acción iniciada por su causante (el marido). Para ellos, y en
este caso, no se trata de una verdadera sucesión mortis causa de la acción del marido (que,
por su naturaleza, no forma parte de la herencia ni se recibe por ese mecanismo), sino que
pasa a los herederos ope legis: de ahí algunas de sus particularidades.
3. Legitimación pasiva. Aunque calla a este respecto el Código, cabe entender que si acciona
el marido, deberá demandar al hijo (a quien pretende privar de su paternidad), y por la
indivisibilidad de la filiación matrimonial, a la madre: a ésta, en interés propio (ya que le
afecta muy directamente el que pretendan decir que su hijo fue engendrado por persona
distinta del marido), independientemente de la representación que pueda ostentar del hijo
impugnado. Idéntica legitimación pasiva cuando accionen los herederos del marido. Y
cuando sea el hijo (en su caso, los herederos de éste) quienes ejerciten la acción, deberán
dirigirla contra el presunto padre y la madre, por idénticas razones al caso anterior, y,
fallecido cualquiera de ellos, contra sus respectivos herederos (aplicación analógica del art.
130). En todo caso estará legitimado el MF.
La no paternidad del marido ha podido ocurrir por falta de cohabitación con la madre en el
periodo legal de concepción o, si la hubo, por no haber nacido el hijo de esas relaciones, sino
de otras. Por tanto, una de esas dos cosas deberá probar cumplidamente el actor: la no
cohabitación matrimonial, o la infecundidad de las relaciones conyugales (en esos mismos
términos, la STS 14-X-85).
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a) Respecto del marido. Frente a los plazos breves y distintos según los casos (dos, tres y
seis meses) de la legalidad anterior, el actual art. 136 amplía y unifica el plazo para todos los
casos: un año desde la inscripción de la filiación (por tanto, la de la maternidad integrada con
la inscripción del matrimonio que permita deducir la paternidad del marido) en el Registro
Civil, «plazo (que) no correrá mientras el marido ignore el nacimiento»: para conocerlo debe
tener noticia, no sólo de su ocurrencia fáctica, sino de los datos que permitan presumir su
paternidad (fecha del nacimiento, sobre todo). Ya bajo la anterior legalidad las STS 24-I-47 y
14-X-63 habían dicho que la inscripción del nacimiento del hijo en el Registro Civil no implica
conocimiento del nacimiento por el presunto padre, y que el comienzo del plazo para
impugnar era a partir del momento del verdadero conocimiento del nacimiento (basándose,
entre otras razones, en antecedentes históricos: Pr. 1851 y Ley Matrimonio Civil, art. 58).
En todos los casos se trata de plazo de caducidad —con todas las consecuencias que ello
implica: no necesidad de que sea invocada por la parte a que favorece, apreciabilidad de
oficio por el Juez, y no ser interrumpible por los medios que el art. 1973 CC indica para la
prescripción—: transcurrido el mismo por cualquier causa, sin haber impugnado, se habrá
consolidado la filiación y devendrá inatacable. Se pregunta Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p.
997) si en el caso de no impugnación por imposibilidad subjetiva habrá posibilidad de
ejercicio ulterior de esa acción. Apela, en su razonamiento (sin respuesta concreta) al art. 24
de nuestra Constitución y al Convenio de Roma sobre protección de los derechos humanos y,
entre ellos, «al derecho del marido al respeto de su propia vida familiar que —con deshonor
(cfr. art. 18 CE y LO 5-V-82)— parece violado por la atribución de una falsa paternidad».
No obstante el silencio legal, y aunque parece indicar otra cosa el art. 136.I, creo que no hay
inconveniente en que el marido pueda impugnar si tiene noticia del alumbramiento por su
mujer en época en que pueda actuar la regla pater is est, y antes de la inscripción del niño en
el Registro. Pudiera ser obstáculo para ello el art. 115 CC, con arreglo al cual antes de la
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inscripción del recién nacido no hay filiación matrimonial determinada legalmente, y, por
tanto, resultaría improcedente pretender impugnar lo que no existe. Sin embargo, actuar con
ese rigor puede perjudicar al marido si la madre hace tardíamente una inscripción del
nacimiento de la que no se entere aquél, pues una legal y rigurosa interpretación del art. 136
puede dar lugar a una caducidad de la acción si transcurre más de un año desde la
inscripción. No veo grave inconveniente, para evitar ese riesgo y perjuicio innecesario, en
permitir al marido que inste la impugnación antes de la inscripción del nacimiento, al modo
del «désaveu préventif» francés; tendrá que empezar probando la maternidad de su esposa,
y demás. En el mismo sentido, Peña (Com. Fam. Tecnos, I), para quien «el texto del Código
debe ser entendido en el sentido del Proyecto: el marido podrá ejercitar la acción de
impugnación de la paternidad hasta trancurrido un año desde la inscripción».
b) En cuanto a los herederos del marido: idéntico plazo si éste falleció sin conocer el
nacimiento; y si falleció antes de transcurrir el año, la acción corresponde «a cada heredero»
(es importante subrayar esto) por el tiempo que faltare para completarlo. En la primera
hipótesis deberán concurrir, en línea de principio, los mismos requisitos para el cómputo del
año que respecto del marido (inscripción de la maternidad y del matrimonio, y conocimiento
efectivo por el heredero legítimo del nacimiento del hijo y circunstancias suficientes). Creo
que también los herederos podrán impugnar la filiación antes incluso de la inscripción del
nacimiento, a modo de désaveu préventif, como dije.
Artículo 137.
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1. El hijo. Importante innovación de la L 11/81 ésta de conceder al hijo acción para impugnar
su propia filiación. Puede accionar por sí mismo el hijo mayor de edad o emancipado (art.
323 II) que sea plenamente capaz: es decir, que no se halle incapacitado judicialmente; en
caso de estarlo parcialmente, habrá que estar a lo que disponga la sentencia de
incapacitación (art. 210). Tiene tratamiento específico el caso de minoría de edad o
incapacidad. La acción del hijo tiene duración distinta, según tenga o no posesión de estado
de filiación matrimonial (art. 137 III).
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2. Los herederos del hijo. Sólo están legitimados «si falta en las relaciones familiares la
posesión de estado de filiación matrimonial». Es dudoso que esta posesión de estado se
limite al tractatus como parece sugerir esa frase y algún autor (Peña, Com. Fam. Tecnos, I, p.
999), y sea diferente a la normal, con sus tres requisitos (cfr. STS 14-X-85, con referencia a
la disp. tran. 4.ª L 13-V-81, que exige los tres requisitos, incluida la reputación). También aquí
sin perjuicio de lo previsto en el art. 130, como cuando se trata de los herederos del marido.
No creo que la mención de las palabras «en interés del hijo» suponga aquí la exigencia de un
requisito complementario (como entienden Cámara, Com. Edersa, III-1, pp. 834 y ss., y
Martínez Sanchiz, RDN 1986, p. 92) ni tenga otro sentido que el de dar a entender que la
acción de la madre o del MF, en este caso es en nombre e interés del hijo (por lo que se le
exige también que ostente la patria potestad) y no en nombre y legitimación propia, como he
dicho (en el mismo sentido, Peña, Com. Fam. Tecnos, I, p. 1000).
2. Si hay posesión de estado de filiación matrimonial (no aludida expressis verbis esta
hipótesis, pero implícita): la acción del hijo dura un año desde la inscripción de la filiación,
tanto si actúa el proprio nomine, en cuyo caso «el plazo se contará desde que alcance la
mayoría de edad o la plena capacidad legal» (art. 137 I) (o la emancipación); como si actúa
representado por su madre, titular de la patria potestad, o por el MF (art. 137 II).
Artículo 138.
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a) Los consentimientos expresos o tácitos que, según el art. 117, impiden al marido destruir
la presunción de paternidad mediante la declaración auténtica en contrario. El problema,
aquí, puede estar en el alcance de «reconocimiento tácito», o, más en concreto, si puede
determinarse como tal el conocimiento por el marido del embarazo de su mujer antes del
matrimonio, y aún su mera inactividad (no formular voluntariamente la declaración contraria a
su paternidad). Lacruz/Sancho (Elementos, IV, p. 641) las considera como reconocimiento
presunto. No estoy seguro de que, a los efectos del art. 138 I, deban considerarse como
reconocimientos tácitos o presuntos, sobre todo cuando el art. 117 menciona el conocimiento
del embarazo separado de los reconocimientos, y la no formulación de la declaración
auténtica en contrario puede obedecer a otras razones. Creo, por ello, que siendo
declaración de voluntad tácita la que se infiere de unos hechos determinados (ex factis
circunstantiis) interpretados en el contexto en que se producen, habrán de ser valorados así
los hechos que serían constitutivos de reconocimiento tácito para estimar si lo es o no, y sólo
entonces, y en cada caso concreto, podrá hablarse de tal reconocimiento.
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c) El reconocimiento formal ex art. 120.1 por medio del cual queda determinada legalmente la
filiación (como extra-matrimonial, inicialmente) del nacido antes del matrimonio de sus
padres, que por este acto se convierte en matrimonial (art. 119). De los otros medios de
determinación de la filiación del art. 120, la paternidad acreditada por resolución recaída en
expediente del Registro Civil se halla sujeta a impugnación normal (art. 138-II), y la sentencia
firme es inimpugnable. En cuanto a la maternidad, cfr. arts. 139 y 141 CC.
2. Régimen jurídico. A través de esta acción preténdese dejar ineficaz (especie de anulación
de negocio jurídico, si bien no cabe aplicar por analogía todas las normas de esa figura
referida al negocio patrimonial) este título de determinación de la filiación que es el
reconocimiento. No se trata, pues, de una acción de impugnación stricto sensu, sino de
acción declarativa negativa. El art. 138 se remite al 141, que regula la impugnación de los
reconocimientos de filiación extra-matrimonial por vicio de consentimiento. Sin perjuicio de
estudiar con más detenimiento los principales problemas al comentar ese artículo, me referiré
ahora a los que interesan en cuanto a la impugnación de filiación matrimonial.
b) Legitimación pasiva. Habida cuenta de que acciona el padre reconocedor, y que estamos
ante una filiación ya matrimonial, y como tal, indivisible (el hijo sólo es matrimonial si ha sido
engendrado por el marido de su madre), habrán de ser demandados tanto el hijo (a quien el
actor pretende privar de paternidad) como la madre (pues el padre lo es o no es en función
de esa maternidad concreta) (en el mismo sentido, Cámara, Com. Edersa, III-1, p. 895).
d) Elementos formales: plazo de ejercicio de la acción. El art. 141, al que se remite el 138-I,
dice a este respecto que «la acción caducará al año del reconocimiento o desde que cesó el
vicio de consentimiento». Se trata, pues, de un plazo de caducidad; en cuanto a su cómputo,
v. com. art. 141.
a) De exclusión. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que no puede afectar a los hijos
concebidos en matrimonio, caso-tipo de filiación matrimonial (impugnación ex arts. 136 y
137): luego sólo puede referirse ya a alguno de los supuestos de los arts. 117, 118 y 119. Por
otra parte, tampoco alcanza a los hijos matrimoniales cuya filiación fue determinada por
algún tipo de reconocimiento (impugnación regida por art. 138-I en relación con 141).
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b) Casos incluidos: a’) en cuanto al art. 117, caben en primer lugar los casos en que el
marido no destruyó la presunción de paternidad (con declaración auténtica en contrario)
porque no quiso o no le pareció oportuno (quizá porque entonces no albergaba ninguna duda
sobre su paternidad), o si no lo hizo por haber conocido el embarazo antes de casarse.
Entiendo que también cabe esta impugnación en supuestos de reconocimiento expreso o
tácito en que no hubo vicio de consentimiento, si luego tiene el marido graves dudas sobre su
paternidad al enterarse, p. ej., de otras relaciones de su mujer contemporáneas con la suyas.
En todas esas hipótesis creo que no puede negarse al marido la acción de impugnación
porque aunque el hijo ha quedado inscrito como suyo ex art. 117, no puede ser más eficaz o
enérgica esta presunción que si hubiera sido concebido en matrimonio; y si en este último
caso se concede acción al marido para impugnar su paternidad sin otro condicionamiento
que ejercitarla dentro de plazo, no se puede negar idéntico derecho al mismo padre presunto
en este caso en que la presunción es más débil y vulnerable. El art. 138-II, que no distingue,
es suficiente para acoger esos supuestos.
b’) Por lo que respecta a los hijos nacidos después de los 300 días siguientes a la separación
de los cónyuges (art. 118), además de la impugnación del reconocimiento del marido (y en su
caso, del consentimiento de la esposa) que permite su inscripción como matrimonial, por
vicios de consentimiento, también podrá impugnarse la paternidad demostrando que el hijo
no ha sido procreado por el marido: p. ej., si se entera éste, después de dicha inscripción, de
que su esposa, separada legalmente, está conviviendo con otro varón. Si el marido puede
impugnar una paternidad ante un hecho parecido cuando su esposa tiene obligación de
fidelidad y la presunción de paternidad es más enérgica, ¿cómo habría de privársele de
acción de impugnación de paternidad (que busca demostrar que no hay relación biológica de
filiación) en este caso y en un sistema presidido por el principio del art. 39 II CE y 127 I CC?
También aquí el art. 138 II es suficientemente abierto para incluir este supuesto; y los arts.
136 y 137, por otro lado, no hacen distinción de casos dentro de la filiación matrimonial, y
ésta también lo es.
c’) Hijos habidos antes del matrimonio (art. 119). Cabe impugnar no sólo la paternidad
determinada por resolución recaída en expediente del RC ex art. 120.2 CC, sino la
determinada por el reconocimiento cuando no haya vicio de consentimiento y la paternidad
determinada no coincida, y pueda demostrarse así, con la real (valen los mismos argumentos
de los casos anteriores). Así lo creen, también, Lacruz/Sancho (Elementos, IV, pp. 642-643)
y Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 1003).
2. Régimen jurídico. En estos supuestos «Se atenderá a las normas contenidas en esta
sección». Se refiere a la sección 3.ª («de la impugnación»), y dentro de ella, a las normas
sobre impugnación de filiación matrimonial (pues de ella se trata en todos los casos
indicados). Esto se veía con más claridad en el Proyecto de Ley, donde el art. 138 era el
único de la sección dedicada a «la impugnación de la paternidad del marido». Por tanto, hay
una implícita remisión a los arts. 136 y 137 CC, cuyo régimen es aquí aplicable en todos sus
términos: legitimación activa y pasiva, hechos a probar (la no paternidad del marido),
caducidad de la acción, etc. En cuanto a la inscripción de la filiación, dato relevante para el
cómputo del plazo de ejercicio de la acción (arts. 136 y 137), será precisamente la inscripción
de la filiación como matrimonial (dice bien Peña, Com. Fam. Tecnos, I , p. 1003), y en la del
art. 119 sólo lo es a partir de la inscripción del matrimonio de los padres, cuando ésta sea
posterior a la determinación de la filiación.
Artículo 139.
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Diferente de la acción que contempla este art. 139 es la que tiene por objeto la rectificación
de la filiación materna por defectos formales, de acuerdo con los arts. 114 CC y 92 y ss. LRC,
y se puede alcanzar un resultado semejante (exclusión de la maternidad y supresión de la
misma en el Registro Civil) tras sentencia penal recaída en proceso de esa clase por
suposición de parto (art. 114 II CC).
II. Legitimación activa. La tiene, en primer lugar, y expresamente mencionada por el art.
139, «la mujer» (la esposa formalmente madre), cuando no esté incapacitada (aún menor de
edad, por ser mujer casada, estará emancipada, y podrá accionar per se: art. 323 CC); si lo
está, le representará en el ejercicio de esta acción su representante legal. Peña (Com. Fam.
Tecnos, I, p. 1.007) cree que en el caso de que la madre haya sido coautora del delito de
suposición de parto y de la consiguiente falsedad de la inscripción de nacimiento, debería
negársele legitimación para accionar impugnando su maternidad, sobre todo cuando haya
posesión de estado. No estoy seguro de que sea ésa la mejor solución, pues la vinculación a
los propios actos no es absoluta, y no ha de llegar a ella si son delictivos (la jurisprudencia
tiene dicho que nadie está vinculado por sus propios actos si son inválidos), máxime cuando
la relación jurídica derivada de esa falsa maternidad trasciende el interés y la situación de
quien la ha provocado. Por otro lado, la estabilidad del estado de filiación poseído (que no es
el único valor, ni siquiera el más eminente en el actual régimen de la filiación), no justifica su
prolongación cuando se levanta sobre una actividad delictiva, que su autor quiere rectificar.
¿Otros legitimados? El art. 139 parece restringirla a la propia madre, y así lo entienden
algunos autores (Albaladejo, Curso, IV, p. 259; Martínez Calcerrada, Nuevo Derecho
familia, I, p. 119). Otros (Lacruz/Sancho, Elementos, IV, p. 637; Martínez Sanchiz, RDN
1986, p. 93; Cámara, Com. Edersa, III-1, p. 880) piensan que no puede negarse al marido y
al hijo (especialmente a este último), igualmente afectados en esa filiación indivisible, habida
cuenta de la legitimación amplia del art. 140 para la filiación extramatrimonial, sobre todo
porque el 139 emplea las palabras «la mujer podrá ejercitar…»; solución que parece
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razonable (cfr. ley 70 Comp. Navarra, y art. 239 CC ital.), más, según creo, en vista de los
arts.136 y 137 (y por un principio de reciprocidad) que del 140 que los autores citados
invocan. Todo ello, obviamente, sin perjuicio de la legitimación activa a que haya lugar
cuando se impugne la maternidad ejercitando acción distinta a la del art. 139: [Link]., la acción
del 134 (en que están legitimados el hijo y el progenitor), o la de impugnación de filiación
matrimonial total.
IV. Elementos objetivos de la acción. Según el art. 139, se ha de justificar «la suposición
del parto o no ser cierta la identidad del hijo». Excluidos aquí (filiación por naturaleza) los
problemas derivados de procreaciones asistidas (cfr. art. 10 L 35/88,), no parece que la no
maternidad, pueda tener otro origen que esos dos hechos.
b) No ser cierta la identidad del hijo. La prueba de tal identidad es difícil, pues requiere el
conocimiento o prueba de que los datos personales y registrales del hijo cuestionado
coincidan con los atribuidos al hijo de la tenida por madre; o, en defecto de datos registrales,
presupone el conocimiento directo, preciso e ininterrumpido, del desarrollo físico del hijo
discutido desde su nacimiento. En última instancia, la demostración de la no identidad
constituye una simple cuestión de prueba, casi siempre directa, de un elemento fáctico, que
se puede hacer también con cualquier medio probatorio (con independencia de su dificultad).
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II, es mayor la analogía entre la posición de marido y mujer en orden a la impugnación, que
la que hay entre la impugnación de filiación matrimonial y no matrimonial, como ya
argumenté al referirme a la legitimación del marido y del hijo, y de los herederos de la madre.
En consecuencia, la madre podrá impugnar su propia maternidad formal en los mismos
plazos que el art. 136 permite hacerlo al marido, con idéntico cómputo y legitimación de los
herederos de aquélla (cfr. Peña, Derecho Familia, p. 453, partiendo de posición próxima de
Martínez Sanchiz, RDN 1986, p. 95).
Artículo 140.
Párr. final modificado por art. 2.7 de Ley núm. 26/2015, de 28 julio
Doctrina-comentario
Este art. 140 es un precepto totalmente nuevo y supone una importante mejora respecto de
la legalidad anterior, donde el viejo art. 138, muy problemático, sólo concretaba las personas
legitimadas para ejercitar la acción a que se refería (impugnación del reconocimiento hecho a
favor del hijo no natural o con infracción de las prescripciones legales).
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La acción de impugnación del art. 140 comprende tanto la paternidad como la maternidad
(expresamente citadas), y su régimen es prácticamente idéntico sin otra diferencia que el
objeto de la acción (prueba de la no paternidad o no maternidad). Este precepto distingue
según falte o exista posesión de estado (cfr. arts. 131 y 132); mas creo que no se trata de
dos acciones distintas, sino que la diferencia de régimen se limita a la legitimación activa y
quizá a la duración de la acción (sobre la que calla el pár. I y señala plazo el II).
II. Legitimación activa. Hay aquí cierto paralelismo o simetría (aunque inversa, al modo de
la imagen del espejo con su original) con la acción de reclamación: se facilita, en uno y otro
caso, la adecuación de la filiación jurídico-formal a la situación formal posesoria: amplia
legitimación activa tanto para impugnar si falta la posesión de estado, como para reclamar la
filiación cuando la hay; y mucho más estrecha legitimación para impugnar cuando hay
posesión de estado de la filiación cuestionada, como para reclamar, si falta tal posesión.
Distingue, por lo demás, este artículo:
b) El progenitor, que a estos efectos sea el que formalmente figure como tal, sea por
reconocimiento (que no impugne por defecto formal o vicio de consentimiento) o por otro
título, salvo si fue declarado tal por sentencia firme (en cuyo caso no puede impugnar su
propia paternidad). No parece que deba excepcionarse de esta legitimación al reconocedor
de mala fe, que realizó un reconocimiento consciente de su imposible paternidad/maternidad
(reconocimiento de complacencia): nuestra ley no distingue, ni debe exceptuarse ese caso,
pues en una impugnación de filiación del tipo que ahora comento lo único que se debate es
el dato objetivo de la realidad biológica y la educación a la misma de la filiación formal (esa
tesis se ha impuesto en la doctrina italiana al comentar el art. 263 de su Codice, donde se
regula la impugnación del reconocimiento por defecto de veracidad).
c) Los afectados en su calidad de herederos forzosos: lo serán, en este orden, los que lo
sean o dejen de serlo si prospera la impugnación, y aquéllos cuya cuota legitimaria varía,
respecto del hijo o del padre/madre. No es necesario que se haya abierto ya la sucesión de
la persona que se tome en consideración (pues si el legitimario adquiría esa calidad después
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de caducada la acción según los criterios del art. 140 II, no podría impugnar ya y se frustaría
la finalidad de la norma).
III. Legitimación pasiva. Si acciona el hijo deberá dirigir la demanda contra la madre sola, si
impugna la maternidad y no consta la paternidad; y contra ambos progenitores si impugna la
paternidad, porque aunque no sea indivisible la filiación extramatrimonial, determinada la
maternidad no es indiferente a la mujer que se diga que no es madre de su hijo el que
figuraba como tal: creo que debe estar presente en el proceso proprio nomine. Si acciona la
madre y no consta la paternidad, lo hará contra el hijo (o su representante legal, si es
incapaz). Si acciona el padre, como lo es en función de una maternidad concreta, deberá
dirigirse contra el hijo impugnado y su madre. Si accionan los perjudicados o los afectados en
su calidad de herederos forzosos, deberán dirigirse contra todos los titulares de la relación de
filiación combatida. Estará siempre legitimado también el Ministerio Fiscal.
2. Cuando haya posesión de estado (y los legitimados serán el hijo, el progenitor o los
afectados como herederos forzosos), «la acción caducará pasados cuatro años desde que el
hijo, una vez inscrita la filiación, goce de la posesión de estado correspondiente» (pár. II). El
plazo de cuatro años se computa a partir del momento en que concurran dos requisitos: la
inscripción de la filiación a impugnar, y la posesión de estado de la misma; con uno solo de
ellos no es suficiente para el inicio del plazo.
El art. 140 III tiene una norma especial («los hijos tendrán en todo caso acción durante un
año después de haber llegado a la plena capacidad»), que por su proximidad y alusión sólo
al hijo parece referirse al supuesto de que haya posesión de estado. Así lo entienden
Sancho y Lledó. En cambio, Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 1011) dice que el «en todo
caso» significa que el plazo especial del hijo alcanza tanto a cuando falte como cuando
exista posesión de estado, lo que no parece muy congruente con su propia posición de que
la acción es imprescriptible cuando falta la posesión de estado, en cuyo caso no puede regir
el plazo de caducidad de un año del pár. III. Así, pues, para accionar directamente el hijo, no
caduca la acción a los cuatro años desde la inscripción de su filiación: podrá hacerlo siempre
durante el primer año siguiente a su plena capacidad.
Artículo 141.
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Doctrina-comentario
Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 1019, y Derecho Familia, p. 456) considera como un supuesto
incluible en este artículo la impugnación por vicios de los consentimientos exigidos por los
arts. 123 y ss. para la eficacia del reconocimiento formal. En tanto que tales consentimientos
han de ser declaraciones de voluntad exentas de vicios, es evidente que si hay en ellas error,
dolo, violencia o intimidación no pueden ser eficaces en Derecho, y han de ser impugnables
por tal causa. Ahora bien: que ello deba hacerse por aplicación de las normas generales
(arts. 1265 y ss. CC), o directamente de este art. 141, me parece más dudoso, pues éste
habla de reconocimiento y no de otra cosa. En defecto de norma propia, y debiendo aplicar
por analogía unas u otras, es evidente que ese consentimiento está más próximo al
reconocimiento que al consentimiento contractual; y que el plazo de 4 años del art. 1301 es
excesivo aquí. Sólo por estas razones y siempre por analogía (con las oportunas salvedades)
cabe aplicar a tal caso el art. 141.
que si el reconocedor era menor o incapaz pueda ejercitar la acción su representante legal
antes de llegar aquél a la plena capacidad, en atención al carácter personalísimo de la acción
y los términos del art. 141: me inclino por la solución negativa. Este precepto permite
expresamente a los herederos del reconocedor ejercitar la acción o continuarla (ya
entablada) si falleciere antes de caducar.
III. Elementos objetivos de la acción. 1. Vicios del consentimiento invocables. El art. 141
menciona únicamente el error, la violencia y la intimidación. En el Proyecto del Gobierno sólo
cabía la impugnación del reconocimiento «no realizado libremente». También en el CC ital.,
art. 265, se limita la impugnación por vicios a la violencia (que incluye la intimidación), que
Majello justifica en la exigencia de tutelar la discrecionalidad del acto y en la
indisponibilidad del estado de filiación. En el BGB, en cambio, cabe la impugnación por
cualquier vicio de consentimiento, remitiéndose el § 1600 a las normas generales (§ 119 y
ss.) El Código francés no regula de forma específica este tipo de impugnación del
reconocimiento. Cfr. Comp. Navarra, ley 70. No alude el art. 141 al dolo, más como para que
sea relevante éste como vicio del consentimiento es preciso que la actuación insidiosa (en
este caso, del otro progenitor) induzca a error, produzca en el engañado una falsa
representación de la realidad (y si no ocurre así, no hay dolo), resulta que cuando se hayan
empleado palabras o maquinaciones insidiosas que hayan determinado el reconocimiento, se
podrá impugnar éste invocando el error, legalmente relevante.
4. Elementos comunes a todos los vicios. Tanto la violencia o intimidación como el error (y,
por su conducto, el dolo) han de ser causales o determinantes de la declaración del
reconocedor; es decir, ha de haber relación de causalidad entre el vicio del consentimiento y
la declaración impugnada, siempre requerida para el éxito de la acción de esta clase: tal
exigencia está presente en el art. 141: «… realizado mediante error…» (como lo está en el
art. 1265: «… prestado por error…»).
Como no se discute en este tipo de impugnación la realidad biológica, objeto de otra acción,
no ha lugar a invocarla ni a probarla: por tanto, lo único a probar en este proceso será el vicio
invocado. En este mismo sentido, la STS 23-XII-87 (relativa a un reconocimiento en acta
notarial): «el consentimiento fue prestado en razón a la intimidación de sufrir un mal
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IV. Elementos formales: caducidad de la acción. Dice el art. 141 que «la acción caducará
al año del reconocimiento o desde que cesó el vicio del consentimiento». El tiempo límite es,
pues, un año, con doble cómputo: desde la perfección del reconocimiento (cuando deviene
eficaz por el concurso de consentimiento y aprobaciones judiciales, en su caso), en cuyo
supuesto no se requiere nada más; o desde que haya cesado el vicio alegado: aquí habrá de
demostrarse cuándo cesó ese vicio si el final del término supera el plazo anual a partir del
reconocimiento.
Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 1.022) se pregunta si en este segundo caso puede
prolongarse indefinidamente el tiempo de ejercicio de la acción si el error (hipótesis más
verosímil) se desvanece largos años después del reconocimiento. Ante el riesgo e
inseguridad jurídica que ello supone, sugiere la aplicación analógica del plazo de cuatro años
del art. 140 II si hay posesión de estado, operando el año de caducidad del art. 141 cuando
no la haya. Dudo mucho de la exactitud de esa tesis, en vista de los términos claros del art.
141, sin discriminación, y de que nuestro Ordenamiento no sigue ese criterio restrictivo en
algunos casos de vicio del consentimiento que afecta a otros actos relativos al estado civil
(cfr. art. 76 CC).
V. Efectos del éxito de la acción. Supone la anulación y dejación sin efecto del
reconocimiento como título de determinación, y sólo en cuanto tal. Esa ineficacia es
retroactiva, sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 112-II. Mas, como dice Lacruz/Sancho
(Elementos, IV, p. 671), «es compatible que prospere la impugnación por demostrarse que
hubo vicio del consentimiento y que, sin embargo, incluso mediante reconvención, se
demuestre la paternidad biológica; lo que sucede entonces es que la filiación no queda
determinada por el reconocimiento, sino por sentencia».
Creo que no es posible en el ámbito de la filiación una especie de confirmación de que habla
Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 1.023, alegando sustancialmente que «lo que cuenta
básicamente en el reconocimiento es la voluntad de autor»), por declaración de voluntad en
tal sentido del reconocedor con capacidad suficiente y después de haber cesado el vicio: la
razón de mi posición adversa se halla en que en el reconocimiento no cuenta sólo la voluntad
de su autor, y que tanto su contenido como la relación (de filiación) que constituye son
materia indisponible. Tal «confirmación» antes de haber caducado la acción supondría que a
partir de ese momento y dentro del plazo de caducidad no podría impugnar ya el
reconocimiento, solución que no me parece correcta porque la acción es también
indisponible, la confirmación equivale funcionalmente a una renuncia anticipada (antes de
que caduque), y estimo que, aun hecha, nadie podría impedir la impugnación basada en el
art. 141. Lo único que puede hacer el reconocedor es, si quiere, no ejercitar la acción dentro
del plazo legal; mas eso no es confirmación, sino dejarla caducar voluntariamente, a lo que
tiene derecho.
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