Comentario sobre Acción de Filiación
Comentario sobre Acción de Filiación
, mayo 2015
Sección 2ª
Acciones de filiación. Acción de reclamación
Añadido por art. 1 de Ley núm. 11/1981, de 13 mayo
Artículo 131.
Cualquier persona con interés legítimo tiene acción para que se declare la
filiación manifestada por la constante posesión de estado.
Doctrina-comentario
Las acciones de reclamación son, pues, aquéllas con las que se pide un pronunciamiento
afirmativo de paternidad/maternidad cuando no ha quedado determinada formalmente la
filiación, sea respecto de los dos progenitores, ya respecto de uno. También es acción de
reclamación la que pretende un pronunciamiento de filiación distinta de la formalmente
existente, que se considera incorrecta, no veraz, y se pretende sustituirla por la reclamada;
pero en este caso habrá de dejarse sin efecto la anterior (art. 113 II CC), ejercitando
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Son de aplicación aquí las normas generales: tanto la regla del art. 113 II, y su concreción
especial en el 134 II, como las de los arts. 127 y ss. CC, a las que me remito.
El art. 131 plantea muchos interrogantes. Para Díez-Picazo y Gullón (Sistema, IV5, p. 349),
Lledo (Acciones, pp. 75 y 98) y Serna Meroño (Reforma, p. 308), la de este artículo es una
acción declarativa que contraponen a la del art. 132, acción de reclamación. En opinión de
Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 969), «tiene la naturaleza de las acciones de reclamación y,
por tanto, tiene por fin no ya que se declare judicialmente la existencia de un título de
legitimación, la posesión de estado, sino la realidad misma de la filiación que con la posesión
de estado se manifiesta».
No creo que se trate de esto. En mi opinión, la posesión de estado juega aquí un doble
papel: de un lado, como criterio diferenciador de la legitimación activa; y de otro, es un hecho
de gran trascendencia para la declaración de la paternidad/maternidad, al igual que en el art.
135. Pienso que en ambos casos y artículos desempeña parecido papel. Si tenemos en
cuenta, además, que el art. 127 I dice que «en los juicios sobre filiación será admisible la
investigación de la paternidad y de la maternidad de toda clase de pruebas…», y el art. 39 II
CE que «la ley posibilitará la investigación de la paternidad…», creo que cuando se ejercite
la acción del art. 131 y se pida una declaración de filiación habrá de probarse (como en todo
proceso, como en el caso del art. 132) la filiación pretendida (cfr. STS 19-XI-85 y 3-XII-88); es
para ello prueba especial y muy fuerte la posesión de estado de la misma, y si no se opone la
parte demandada, triunfará la acción. Pero si el demandado niega la paternidad/maternidad,
cada parte puede y debe servirse de toda clase de pruebas en demostración de lo que
alegue, y demostrar cumplidamente (lo que no será difícil con las nuevas pruebas biológicas)
su no paternidad. (No será nada insólito que un demandado se oponga a la acción del art.
131 y niegue su paternidad alegando sencillamente que trataba como hijo al que lo es de la
mujer con la que vive, casado o no, por afecto a aquél o a ésta; y pienso que en tal caso
nadie puede impedirle probar que no es veraz la filiación así poseída, y que él no es padre.)
La STS 30-VI-88 (quizá la primera en la que el Alto Tribunal aborda la cuestión de referencia)
se decanta en el sentido que acabo de apuntar: en aquel pleito, no obstante no haberse
probado la posesión de estado en que apoyaba el actor su demanda, hubo pronunciamiento
de paternidad, basada en otras pruebas (precisamente «las declaraciones y afirmaciones de
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III. Régimen jurídico de esta acción. Por razón de la ubicación de este precepto, y por su
propia expresión, que no distingue (como sí lo hacen, en cambio, los dos artículos
siguientes), resulta que el art. 131 es aplicable tanto a la filiación matrimonial como a la no
matrimonial. En cuanto a la posesión de estado, además de los elementos que la conforman
(v. com. art. 113), alude este precepto a que sea «constante» (requisito al que no se refiere el
Código en ninguna otra norma, lo que lo hace más enigmático), que cabe entender en el
sentido de que aquélla sea actual, no interrumpida (Peña, Com. Fam. Tecnos, I, pp. 971-
972), y, muy verosímilmente, que no exista otra posesión de estado contradictoria con la
filiación que se pretende.
2. Legitimación pasiva. Aunque es cuestión esta sobre la que guarda silencio el Código, hay
acuerdo en la doctrina en que deben ser demandados todos aquéllos a quienes afecten la
acción reclamada y no sean ya parte actora. En consecuencia, si sólo accionó el padre o la
madre, individualmente, sin mencionar la identidad del otro progenitor, no ha lugar a
convocar al proceso a ese no mencionado. Mas en el caso de que quien accione sea el
sedicente padre, e identifique al hijo como el alumbrado por determinada mujer, entiendo que
debe ser demandada también ésta, pues se la hace así también protagonista, con aquella
afirmación de maternidad y luego la de la paternidad reclamada, de hechos graves que le
afectan muy directamente, por lo que debe ser oída procesalmente, ya que es posible que
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Fallecida la persona legitimada pasivamente, lo estarán sus herederos (así, también, Peña,
Com. Fam. Tecnos, I, p. 977). Otro legitimado pasivamente, necesario, es el Ministerio Fiscal
(art. 3.º VI EOMF). No es preciso, en cambio, demandar a todos los interesados o posibles
afectados por la sentencia, porque aparte de la enorme dificultad de su determinación, el art.
1252 II CC establece que les alcanza la eficacia de la sentencia (cosa juzgada) «aunque no
hubiesen litigado», lo que se compensa con la preceptiva intervención del Ministerio Fiscal;
ello sin perjuicio de la intervención de los terceros interesados como coadyuvantes
adhesivos, que la doctrina procesalista cree admisible (cfr. Montero, Intervención adhesiva,
pp. 175 y 250; Prieto Castro, Tratado, I , p. 401), y reconocen explícitamente en y para
esta acción de reclamación algunos códigos extranjeros (como el italiano art. 276).
IV. La excepción del párrafo segundo. El art. 113.2, como regla general (y en términos más
específicos, el art. 134 II), impide que pueda reclamarse una filiación en tanto resulte
acreditada otra contradictoria. Por tanto, cuando haya determinada formalmente una filiación
distinta de la pretendida aquí (y manifestada por la posesión de estado), habrá de ejercitarse
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Artículo 132.
Doctrina-comentario
Excepcionalmente, si falleciere el hijo antes de transcurrir cuatro años desde que alcance
plena capacidad, o dentro del año siguiente al descubrimiento en que pueda fundar su
demanda (hoy relativamente fácil por la eficacia de las biológicas), la acción corresponde a
sus herederos. Obsérvese que en este caso los herederos del hijo ejercitan la acción de éste;
supuesto distinto del que prevé el art. 130.
III. La reclamación de filiación matrimonial en los supuestos de los arts. 117 y 118 CC .
Hay supuestos marginales de filiación matrimonial no cubiertos por la presunción del art. 116
(los de los arts. 117 V y 118), y como las normas del art. 131 y ss. no distinguen, parece
evidente que siempre que pueda haber y demostrarse una filiación matrimonial (procreación
a marito de mujer casada), y no quede determinada extrajudicialmente, cabrá reclamarla ante
los tribunales.
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184 RRC). Pero las personas legitimadas ex arts. 131 y 132 CC pueden reclamarla,
demostrando cumplidamente (en los términos vistos para tales preceptos) la paternidad del
marido o, en su caso, la maternidad.
Artículo 133.
Doctrina-comentario
I. Acción de reclamación de filiación no matrimonial. La que contempla este art. 133 (no
única, pues también la hay en el art. 131, común a la filiación matrimonial y la no matrimonial,
y en el 134) es una acción de reclamación stricto sensu, es decir, de las que persiguen el
establecimiento judicial de una concreta filiación (extramatrimonial) no determinada
formalmente. Esa declaración de filiación puede ser respecto de uno (paternidad o
maternidad) o de los dos progenitores, bien partiendo de una filiación totalmente
desconocida, o conocida respecto de uno de ellos.
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Este art. 133 se refiere únicamente al caso en que no hay posesión de estado de filiación (no
matrimonial), pues la hipótesis en que la haya está cubierta y regulada por el art. 131; y
aborda sólo problemas (y no todos) de legitimación y de duración de la acción. Otros, como
los relativos a los elementos objetivos de la misma, son tratados en el art. 135. Concreto
aquí, pues, mi atención en aquéllos y para la hipótesis que el precepto prevé.
2. Los herederos del hijo. Son llamados y se les permite accionar «Si el hijo falleciere antes
de transcurrir cuatro años desde que alcanzare plena capacidad…». Esos herederos pueden
accionar individual o conjuntamente, y es indiferente por qué título sean herederos, con tal de
que realmente tengan esa calidad sucesoria. En el Proyecto del Gobierno se preveía que en
ese caso del fallecimiento del hijo correspondiera la acción de este artículo a los
descendientes, y no a los herederos. Creo, con Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 980), que era
preferible la solución de aquél, habida cuenta de lo ceñidas que se hallan estas acciones a la
familia e intereses familiares extrapatrimoniales. Ahora será posible el ejercicio de esta
acción por herederos ajenos a la familia, movidos quizá por alicientes económicos u otros
ajenos a lo familiar, frente a lo que me temo que no sea argumento suficiente las razones
éticas y de buena fe que Peña invoca.
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En derecho alemán, el § 1600.n) BGB legitima al progenitor, junto con el hijo, para reclamar
la paternidad, si bien el párrafo 256 de la ZPO exige que haya un «interés digno de
protección» para ejercitar la acción (interés que la doctrina alemana encuentra siempre
justificado en el sedicente progenitor).
III. Legitimación pasiva. Nada dice en este punto el Código. A pesar de ese silencio, cabe
entender que, mientras viva, se halla legitimada, en primer lugar, la persona contra o
respecto de la que se pretenda la declaración de paternidad o maternidad; de otro lado, si se
reclama únicamente la maternidad, no es preciso convocar al proceso al padre; pero si se
reclama la paternidad, creo que debe ser demandado no sólo el presunto padre, sino
también la madre (si consta determinada la maternidad), ésta personalmente y en interés
propio (salvo que ella accione en representación del hijo menor o incapacitado, claro está),
pues la paternidad del identificado ya como alumbrado por cierta mujer presupone unas
relaciones entre el demandado y esta última sobre lo que no se puede debatir en un pleito sin
que ella (que es la que más tiene que decir) tenga la oportunidad de ser oída: en el mismo
sentido, Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 949); para Cámara (Com. Edersa, III 1, pp. 770 y
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ss.), en cambio, no sería necesario demandar formalmente a la madre, pero ésta puede
intervenir en el proceso como coadyuvante adhesivo.
2. Si el hijo falleciere antes de transcurrir cuatro años desde que alcance plena capacidad, o
durante el año siguiente al descubrimiento de las pruebas en que se funde la demanda, su
acción corresponde a sus herederos por el tiempo que faltare para completar dichos plazos
(art. 133 II). Puede observarse que la legitimación de estos herederos es idéntica a la que
tiene la filiación matrimonial (art. 132, al que me remito).
3. Por imperativo del art. 113, no es posible reclamar una filiación cuando exista otra
determinada incompatible: por ello, y en este caso, habrá de dejarse sin efecto la filiación
contradictoria, bien impugnándola previamente, o ejercitando la acción de impugnación (de la
contradictoria) junto con la reclamación (de la que interesa dejar determinada): art. 134. Son
también de aplicación en este caso y acciones las normas generales y comunes a todas las
de filiación (arts. 127 a 130).
Artículo 134.
...
Párr. 2º derogado por disp. derog. única.2.1º de Ley núm. 1/2000, de 7 enero
Doctrina-comentario
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para el caso en que pretenda reclamarse la (verdadera) filiación de una persona que ya la
tiene formalmente determinada. A tal supuesto provee, y con la excepción del caso de
determinación de esta última por sentencia firme (cfr. pár. II), este art. 134 (v. también ley 70-
II Comp. Navarra, en términos casi idénticos).
Tanto por la situación de este precepto como por sus propios términos, es aplicable tanto a la
filiación matrimonial como a la no matrimonial, y para la paternidad o la maternidad,
indistintamente. En la práctica, sin embargo, el supuesto más frecuente es el de la
impugnación de la filiación paterna matrimonial y reclamación de la no matrimonial
(propiciado por la posibilidad de divorcio y de determinar ahora la filiación extramatrimonial
adulterina respecto del progenitor verdadero).
2. Naturaleza y régimen jurídico de esta acción. Parece innecesario (amén de inútil, por ser
planteamiento puramente teórico) discutir si en este caso estamos ante una especie de
acción mixta de reclamación-impugnación, como entienden algunos (Peña, Lledo), o de un
supuesto de acumulación especial en la que una pretensión, la impugnatoria, es accesoria de
otra principal, la reclamatoria (tesis de Quesada González, que creo preferible). V. STS 5-XI-
87, que parece decantarse también en este último sentido. De todas formas, entiendo que la
norma del art. 134 no autoriza simplemente una ordinaria acumulación de esas dos acciones
(como sugiere a primera vista la expresión «permitirá en todo caso…»), pues dicha
acumulación sería siempre posible sin necesidad de tal precepto y por aplicación de las
reglas generales de la LEC (arts. 156 y concordantes); en tal caso, el actor debería tener
legitimación activa para cada una de las acciones acumuladas, y ejercitarlas dentro del plazo
previsto para una y otra, y aquí no hay tal.
Si nos atenemos a su mecánica funcional, que importa más y define mejor la figura, tanto por
la situación del art.134 (entre los dedicados a las acciones de reclamación) y por la expresión
«conforme a los artículos anteriores», como porque la finalidad esencial de las acciones
conjugadas a que alude es la determinación de la verdadera filiación (para lo que se opone la
contradictoria ya existente, que hay que impugnar y hacer desaparecer), resulta que la
acción primaria y principal es la de reclamación, cuyo régimen jurídico y protagonismo se
impone. La de impugnación de la filiación contradictoria es accesoria respecto de ella,
meramente instrumental, e inevitable. Sobre esta cuestión hay acuerdo prácticamente de
toda la doctrina (Albaladejo, Derecho Familia, p. 248; Lacruz/Sancho, Elementos, IV, p.
631; Cámara, Com. Edersa, III-1 , pp. 666 y ss.); Peña, Com. Fam. Tecnos, I, p. 982; Lledo,
Acciones, p. 136; Quesada González, RJC 1987, p. 931), y es el criterio de la
jurisprudencia. La STS 3-VI-88 dice que en este caso «no es la acción de impugnación de
filiación la que principalmente se esgrime, sino la de reclamación de aquélla, y sólo como
consecuencia de la misma, inseparable, la impugnación de la paternidad contradictoria; (…)
la impugnación es accesoria de la reclamación por ser ambas (filiaciones) contradictorias y
no poder subsistir conjuntamente». Aunque con menos claridad, fue ése también el régimen
que se aplicó en la STS 5-XI-87, y con anterioridad en la SAT Palma de Mallorca 4-IV-86, una
de las primeras que planteó y resolvió con claridad esta cuestión.
II. Legitimación activa. Según este artículo, la legitimación activa para el ejercicio conjunto
de ambas acciones queda circunscrita al hijo y al progenitor; la remisión que hace a «los
artículos anteriores» obliga a hacer las distinciones previstas en ellos. Obsérvese que en
muchos casos quedará notablemente ampliada esa legitimación respecto de la que cabría en
defecto de este régimen especial, sobre todo en el supuesto (muy frecuente en la práctica
forense) de reclamación de paternidad extramatrimonial con impugnación de la matrimonial,
en que no lo estaría el progenitor. Tal ampliación se halla contenida implícitamente en la frase
«permitirá en todo caso impugnación…», que da toda su particularidad a esta acción.
1. El hijo. Puede promover estas acciones por sí mismo si es mayor de edad o menor
emancipado; si es menor de edad pueden accionar en su nombre e interés su representante
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2. El progenitor. El art. 134 habla de «el progenitor» (no «un progenitor»), con lo que hay que
entender limitada la legitimación al progenitor cuya paternidad o maternidad se reclama en el
proceso: el sedicente padre, si reclama paternidad (v. STS 10-III-88, que reconoció
legitimación al progenitor no matrimonial que reclamaba esta paternidad al tiempo que
impugnaba la matrimonial inscrita y no veraz), o la madre si se trata de maternidad. Y sólo a
ese progenitor precisamente (por lo menos, cuando se reclame paternidad o maternidad;
más dudoso cuando uno de ellos reclame conjuntamente una y otra), por ser de
interpretación estricta este precepto. En el caso que resolvió la STS 5-XI-87 accionaba la
madre en nombre propio y en el de su hija menor, y con referencia a la legitimación de dicha
señora y del progenitor dijo esa sentencia que «si partimos de la reconocida doctrina que
entiende la legitimación no sólo para el proceso sino para la titularidad de la acción, en
defensa de un interés protegible, es indudable que este interés existe, como interés legítimo,
protegido por la Constitución, en la madre y en el padre biológico, como personas
afectadas…».
3. Los herederos. Están legitimados para continuar las acciones ya entabladas los herederos
del actor (art. 130), sea éste el hijo o el progenitor (así, también, Lledo, Acciones, p. 137).
Mas, habida cuenta del carácter excepcional del art. 134, lo que impone una interpretación
estricta, no estarán legitimados, en principio, los herederos del hijo en los supuestos a que
aluden los arts. [Link] y [Link] (en el mismo sentido, Peña, Com. Fam. Tecnos, I, p. 983 y
Quesada González, RJC 1987, p. 942).
III. Plazo del ejercicio de la acción. El régimen del ejercicio conjunto de esta acción de
reclamación-impugnación es, como dije, el de la acción de reclamación. El art. 134 I se
remite «a los artículos anteriores», con lo que hay que tener en cuenta la ausencia del límite
temporal del art. 131, la imprescriptibilidad del 132 y el «toda la vida del hijo» del 133. Por
otro lado, el propio art. 134 I al ejercitar la acción de reclamación permite la impugnación «en
todo caso», lo que para Peña (Com. Fam. Tecnos, p. 984) significa que la acción «no tiene
límites temporales en función de unas u otras circunstancias» y puede ejercitarse cualquiera
que sea el tiempo transcurrido; por tanto, también pasados los plazos de ejercicio de la
acción impugnatoria. Para Cámara (Com. Edersa, III-1, p. 667) no hay plazo de caducidad.
Lledo (Acciones, p. 132) cree preferible, en cambio, para mayor seguridad, que la acción se
ejercite dentro de los plazos previstos para cada una de las acciones acumuladas, y, por
tanto, en los más breves (en general) de la impugnación.
IV. Efectos. Dependerán del triunfo, o del fracaso de la(s) acción(es) ejercitada(s). Pero el
problema principal se plantea en el supuesto de que de las pruebas practicadas en el
proceso haya méritos para concluir que es inexacta la filiación reclamada y también la formal
impugnada. ¿Podrá y deberá el Juez estimar la impugnación y desestimar la reclamación?
La gravedad del caso deriva de que podría quedarse el hijo sin filiación alguna.
La doctrina parece dividida al respecto. Cámara (Com. Edersa, II-1 , pp. 672 y ss.) entiende
que el Juez decidirá cuál de las dos filiaciones es la más probable e incluso descartará
ambas si se demuestra que la impugnada no es exacta sin que se haya probado la
pretendida. Peña (Com. Fam. Tecnos, I, p. 982, y Derecho Familia, p. 447) dice, en cambio,
que sólo podrá triunfar la impugnación en el caso de que se acuerde la declaración de la
filiación reclamada (cfr. art. 318.2 CC francés, en el mismo sentido). Quesada González
(RJC 1987, pp. 935 y ss.) opina que si el actor no actuó fraudulentamente (y habría fraude si
lo único que se persigue es impugnar una filiación por la vía del art. 134 reclamando a la vez
otra que ya sabe que no puede prosperar porque no responde a la realidad), deberá triunfar
la impugnada aunque no tenga éxito la acción de reclamación, de acuerdo con el principio de
veracidad de los arts. 39 II CE y 127 CC; mas si actuó fraudulentamente, no deberá
prosperar una impugnación sin el éxito de la acción de reclamación. Parece atinada esta
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distinción y más justa su solución que aquellas dos, excesivamente lineales y rígidas, en uno
u otro sentido.
Artículo 135.
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Doctrina-comentario
En cuanto a la maternidad, el actor deberá probar el hecho del parto y la identidad del hijo
con el alumbrado por la demandada como madre (cfr. art. 139, que alude a los dos hechos).
Es simple cuestión de prueba, casi siempre directa, de un elemento fáctico, a hacer con
cualquier medio probatorio. Cuando no haya prueba directa del parto (dice este art. 135, lo
que es extensivo al hecho de la identidad del hijo), podrá recurrirse a los otros medios
probatorios (prueba indirecta, presunciones de hecho) que menciona dicho precepto: el
reconocimiento expreso (no formal) o tácito, la posesión de estado u otros hechos de los que
se infiera la maternidad de modo análogo (esta norma habla de «filiación», que comprende
paternidad y maternidad, y valen tales medios para ésta tanto como para aquélla).
II. Contenido y alcance del art. 135. En él aparecen varios hechos (verdaderas
presunciones facti, que no iuris) de los que el juzgador podrá deducir y declarar la paternidad
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reclamada. De este precepto dice la STS 30-VI-88 que «consagra un numerus apertus en
cuanto a las pruebas que se practiquen en el proceso», y la de 26-V-88, que «refleja un
sistema en cierto modo parecido al francés, en el que, sin sancionar plenamente el principio
de la prueba libre, ni admitir el de presunciones legales, introduce en materia interpretativa
un criterio de gran amplitud que autoriza al Juez, acudiendo a las presunciones seu iudicis, a
declarar o no la filiación reclamada, tomando en principio como punto de partida los hechos
base que el legislador señala, para conceder en el último párrafo la facultad de poner en
juego lo dispuesto en el art. 4.º I CC en orden a permitir que se tomen en consideración otros
hechos de los que se infiera la filiación de modo análogo (SS 7-II y 8-VIII-86, 10-VI, 27-VI y
17-VII-87, entre las más recientes)» (cfr. también STS 14-XI-87).
Denominador común de todos los casos y hechos que contempla este art. 135 —que no
constituyen, en puridad, medios de prueba, sino sencillamente eso, hechos que deben
quedar establecidos con los medios probatorios de nuestro ordenamiento procesal— es que
el juzgador deberá valorar (con plena libertad de apreciación de los hechos invocados y
pruebas aportadas: el art. 135 dice con claridad que «podrá declararse la filiación …») lo que
cada uno de ellos (reconocimiento, posesión de estado, convivencia, otros hechos…) puede
significar en el mecanismo lógico deductivo de la presunción judicial por la que de ellos
infiere el tribunal la paternidad, desestimando la acción si otros hechos logran demostrar que
no hay verdadera paternidad detrás de aquellos indicios: es decir, que no debe haber
pronunciamiento automático de paternidad con la sola alegación y prueba del reconocimiento
o de la posesión de estado (como ocurría antes de 1981 con esos mismos hechos del art.
135 original). El principio de la libre investigación y prueba de la paternidad del art. 127 CC
que opera en los procesos de filiación (y vale tanto para el actor como para el demandado)
impone esa conclusión. Sobre el juego y valoración de las presunciones del art. 135 y su
relación con los arts. 1249 a 1253 CC, v. STS 30-XI y 21-XII-89.
V. La posesión de estado. Sobre su concepto, requisitos y funciones, v. com. art. 113. Creo
que la que contempla este artículo no difiere, en cuanto hecho social y jurídico, de la que
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Esta convivencia debe tener lugar «en la época de la concepción», determinada según
criterios de verdad real. Parece aplicable aquí el criterio de la jurisprudencia y la doctrina
italiana (Cicu, Majello, Bucciante), que han entendido que cuando la convivencia haya
quedado interrumpida durante los primeros 120 días de los 300 que precedieron al
nacimiento, es admisible la prueba, según el resultado de la pericial médica, de que la
concepción tuvo lugar cuando todavía había convivencia. Por otro lado, si ésta se interrumpió
antes de los 300 días o se iniciara menos de 180 días antes del nacimiento, aunque no haya
habido convivencia en la época de la concepción entendida en sentido legal o formal, será
ella efectiva y suficiente para el éxito de la acción si se demuestra con pruebas biológicas
(grado de madurez del feto al tiempo del nacimiento) que el embarazo duró más de 300 días
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o menos de 180: en realidad, eso demostrará que hubo convivencia y relación sexual «al
tiempo de la concepción», en sentido real y efectivo.
VII. Otros hechos de los que se infiere la filiación, de modo análogo. Esta especie de
cláusula general de cierre es no sólo nueva en nuestra historia legislativa, sino insólita en
Derecho comparado. Únicamente se justifica en la propia necesidad que crea el sistema
casuista: evitar que queden fuera casos en que hubo cohabitación (el dato más importante)
con posibilidad de paternidad, no incluidos entre los anteriores. En vista de esos términos
legales y esta justificación, pueden considerarse comprendidos en este supuesto aquellos
hechos que per se no queden tipificados en los precedentes por faltar algún requisito; pero
que, conjugados con otros, o con particulares circunstancias (p. ej., la negativa a la prueba
hematológica, la promesa de matrimonio), permitan inferir la paternidad con análogo
fundamento a los anteriores supuestos legales. Nuestros tribunales han hecho frecuente
apelación a este apartado en sus pronunciamientos de paternidad. Veamos algunas
sentencias del TS (prácticamente todas confirmatorias de idéntico criterio de las de
instancia): la de 19-XI-85, relativa a un caso en que el demandado había efectuado
reconocimiento de la hija ante el cura párroco y dos testigos, además de la madre, en el acto
del bautismo, invocó la existencia de «unos hechos de los que se infiere la filiación, de modo
análogo», en lugar de basarse en el reconocimiento, como parecía indicado: la STS 27-VI-87
aducía el art. 135 y «un medio de prueba análogo al de la prueba hematológica directa» con
ocasión de un informe antropológico que demostró la existencia de un elevado número de
carácteres coincidentes entre el menor y el demandado, conjugado con la negativa de éste
sin causa justificada a someterse a la prueba hematológica; la STS 17-VII-87 invocaba como
fundamento último el art. 135 in fine en un caso en que la prueba biológica había arrojado un
98% de probabilidad de paternidad, concurrente con la convivencia del demandado con la
actora; la STS 14-XI-87 declaró una paternidad basándose en esos «hechos de los que se
infiere…» constituidos por unas relaciones de noviazgo interrumpidas al conocer el
demandado el embarazo, quien había comunicado su grupo sanguíneo por si era necesario a
la hora del parto, y su oposición a la extracción de sangre para la prueba hematológica (v.
también, entre otras, las STS 26-V-88, 3-VI-88 y 30-VI-88).
es la parte actora la que debe acreditar, en principio, la existencia de los hechos constitutivos
o básicos de su pretensión, y es en función de ello como jugará la alegación y prueba del
demandado. Para la prueba de la inexistencia de relaciones sexuales en la época de la
concepción, determinada según criterio de verdad real, se puede invocar, como en la filiación
matrimonial, la impotencia natural o accidental que acredite imposibilidad de verdadera
relación sexual apta para la generación, el alejamiento físico durante todo el tiempo hábil o
cualquier otra circunstancia que demuestre la ausencia de efectiva relación sexual en aquella
época.
2. Para el segundo supuesto, el demandado puede esgrimir, a su vez, dos argumentos: que
no fue él solo quien tuvo relaciones sexuales con la madre en la época de la concepción
(exceptio plurium concubentium); b) que el hijo que se le atribuye no puede ser suyo, por las
razones y con las pruebas que pueda aportar, sino de otro, aunque no indique de quién se
trata.
Sub a) Cuanto invoque la exceptio plurium, es evidente que si logra probar la existencia de
tales relaciones con tercero, al mismo tiempo que debilita la fuerza de la presunción de
hecho respecto de él, hace surgir idéntica presunción de paternidad contra el tercero en
cuestión. El tribunal podrá adoptar dos actitudes (que se registran también, entre otras, como
posiciones legales y jurisprudenciales en Derecho comparado): rechazar la demanda sin
pronunciamiento de paternidad alguno, o declarar la paternidad que de acuerdo con las
pruebas aportadas pueda ser más verosímil, dentro de un grado de certeza racional de
paternidad lo suficientemente fuerte como para que recaiga tal decisión, si es que no hay
prueba de la efectiva paternidad. De acuerdo con el sistema de nuestro Código, parece más
coherente y lógica esta segunda solución, si bien sólo será procesalmente viable si ha sido
convocado y parte en el proceso el tercero aludido y probado progenitor (si éste no es el
demandado).
Sub b) Si el demandado opta por negar su paternidad como imposible, sin más, tendrá que
probarlo, igual que en la filiación matrimonial. El principal problema radica en el rigor con que
se ha de hacer esa prueba de la no paternidad: si ha de ser idéntico al de la filiación
matrimonial (imposibilidad manifiesta o evidente de paternidad), o si bastará para la
absolución la prueba de dudas serias y racionales sobre la no paternidad del demandado. Si
bien la doctrina extranjera se halla dividida y en Derecho comparado parece predominar la
segunda posición (art. 262 III CC suizo y § 1600 o-2 BGB; en términos semejantes, el Código
austríaco), que pudiera estimarse mejor justificada hasta época reciente (principio del favor
legitimatis), pienso que hoy no procede hacer discriminación alguna donde no haya un
fundamento o base objetiva y razonable (recuérdese la jurisprudencia constitucional al
respecto), que yo no veo con claridad aquí, y porque el único principio que cabe invocar
ahora es el del favor filii, sin distinción de filiación, con lo que puede concluirse que la prueba
de la no paternidad del demandado habrá de hacerse aquí con el mismo rigor que en la
filiación matrimonial, demostrando la imposibilidad de paternidad, y mientras no se pruebe
así se mantendrá la filiación formal impugnada. Felizmente, las pruebas biológicas, que
tendrán en estos pleitos casi siempre la última palabra, no distinguen entre unos hijos y otros,
con lo que su objetividad y eficacia (creciente) resolverán aquellas dudas que cada día se
muestran más formalistas y bizantinas que justificadas.
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