28/11/24, 19:03 Thomson Reuters ProView - Comentario del Código Civil. 1ª ed.
, mayo 2015
Sección 3ª. De la celebración en forma religiosa [Arts. 59 y 60]
§ 1 Real Decreto de 24 julio 1889. Código Civil
LIBRO I. De las personas [Arts. 17 a 332]
TITULO IV. Del matrimonio [Arts. 42 a 107]
CAPITULO III. De la forma de celebración del matrimonio [Arts. 49 a 60]
Sección 3ª. De la celebración en forma religiosa [Arts. 59 y 60]
Sección 3ª. De la celebración en forma religiosa [Arts. 59 y 60]
Sección 3ª
De la celebración en forma religiosa
Rúbrica modificado por art. 1 de Ley núm. 30/1981, de 7 julio
Artículo 59.
El consentimiento matrimonial podrá prestarse en la forma prevista por
una confesión religiosa inscrita, en los términos acordados con el Estado
o, en su defecto, autorizados por la legislación de éste.
Modificado por art. 1 de Ley núm. 30/1981, de 7 julio
Doctrina-comentario
I. El matrimonio en forma religiosa. Como se ha indicado en el comentario al art. 49 CC —
que encabeza su Lib. I, Tít. IV, Cap. III: «De la forma de celebración del matrimonio»—, el
referido precepto previene que los españoles pueden contraer matrimonio en forma
exclusivamente civil (según su núm. 1.º) o también «en la forma religiosa legalmente
prevista» (núm. 2.º); y esta segunda modalidad es la que desarrollan los arts. 59 y 60 CC,
ubicados en la sección tercera del referido capítulo bajo la rúbrica «de la celebración en
forma religiosa». El referido art. 59 sanciona la posibilidad de que «el consentimiento
matrimonial podrá prestarse en la forma prevista por una confesión religiosa inscrita…»,
posibilidad ésta que se establece en función de un solo tipo de matrimonio sujeto a las
prescripciones de la ley estatal (art. 44 CC: derecho a contraer matrimonio «conforme a las
disposiciones de este Código»), y que tiene su base o fundamento en el consentimiento
matrimonial de ambos contrayentes (cfr. art. 45 CC). Y como quiera que los mentados
preceptos se ubican en el Lib. I, Tít. IV, Cap. II bajo la rúbrica «de los requisitos del
matrimonio», de esta sistemática acogida por el legislador resulta que los arts. 44 y 45 CC se
aplican a cualquier tipo de matrimonio que quieran contraer los españoles. Mientras que el
siguiente Cap. III, bajo la rúbrica «de la forma de celebración del matrimonio», regula el
aspecto formal de la prestación del consentimiento matrimonial, requisito también necesario
para la validez del matrimonio por tratarse de un acto o negocio formal. Pero así como los
requisitos de fondo ex arts. 44 y 45 CC afectan a todos los españoles que quieran contraer
válidamente matrimonio, en cambio la exteriorización en forma del consentimiento
matrimonial puede realizarse por la doble vía de ajustarse a una forma estrictamente civil (cfr.
arts. 49.1.º y 51-58 CC) o a la forma prescrita por una determinada confesión religiosa (arts.
49.2.º y 59 y 60 CC). De lo cual resulta que el art. 59 que ahora se comenta, se refiere sólo a
las cuestiones de forma, o sea a la posibilidad de contraer matrimonio en forma civil o en
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forma religiosa; pero este matrimonio vendrá sujeto en todo caso a las prescripciones de la
ley estatal, conforme resulta del art. 44 CC y de la inserción del art. 59 en un capítulo que
trata «de la forma de celebración del matrimonio». Es decir que el repetido precepto viene a
sancionar la validez de aquellos matrimonios contraídos por los españoles ante el ministro
competente según las reglas de una determinada confesión religiosa, de acuerdo con los
ritos y formalidades establecidos por la misma; así como la validez de aquellos matrimonios
que una determinada confesión religiosa pueda regular con respecto a ciertas personas o en
atención a circunstancias especiales (como podrían ser, a título de ejemplo, los matrimonios
en peligro de muerte o en forma secreta según la legislación canónica).
II. Requisitos del matrimonio en forma religiosa. Se establecen en la proposición última
de este art. 59, conforme al cual se exige —en primer lugar— que se trate de «una confesión
religiosa inscrita»; extremo éste que se desarrolla en el RD 142/81, sobre Registro de
Entidades Religiosas, y en particular en su art. 2.º A) que previene la inscripción de «las
Iglesias, Confesiones y Comunidades religiosas», si bien debe notarse que el requisito de la
inscripción no afecta a las entidades religiosas que ya gozaban de personalidad jurídica y de
plena capacidad de obrar en la fecha de entrada en vigor de la LOLR (y que tiene particular
relevancia con respecto a la Iglesia Católica, según lo prevenido en la disp. tr. 1.ª del Acuerdo
entre el Gobierno español y la Santa Sede de 3-I-79). El art. 59 establece, además, un
segundo requisito, cual es el de que la confesión religiosa de que se trate, haya establecido
el correspondiente acuerdo con el Estado español o —subsidiariamente— que la legislación
estatal reconozca eficacia civil a los matrimonios celebrados de acuerdo con los requisitos
que prescriba una determinada confesión religiosa. La posibilidad de establecer acuerdos o
convenios entre el Estado y las confesiones religiosas estaba ya prevista en el art. 7.º LOLR,
y se hace una particular aplicación de la misma en este art. 59, en sede de matrimonio
contraído conforme a los ritos o formalidades de las confesiones religiosas. La otra
posibilidad que ofrece el repetido art. 59, en su proposición última, de poder celebrar el
matrimonio de acuerdo con la forma establecida por una determinada confesión religiosa, se
supedita al requisito de que dicha forma de contraer matrimonio venga autorizada por la
legislación del Estado, posibilidad ésta que fue cuestionada al discutirse el art. 59 en el
Congreso de los Diputados y en el Senado, y tras la aprobación del artículo por un sector de
la doctrina. A favor de la solución adoptada puede aducirse que la posibilidad de celebrar el
matrimonio en una determinada forma religiosa, si así lo autoriza la legislación del Estado,
puede operar como una particular manifestación del conocido principio del favor matrimonii,
especialmente tratándose de confesiones religiosas de carácter minoritario de escaso
arraigo, con respecto a las cuales aparezca dudosa la posibilidad primaria de que se llegue a
establecer el correspondiente acuerdo matrimonial con el Estado español.
No habiéndose dictado hasta ahora la ley marco que reclama la proposición última del art.
59, hoy día sólo es posible contraer matrimonio en forma exclusivamente civil o de acuerdo
con las formalidades del ordenamiento canónico, a tenor de lo prevenido en el Acuerdo entre
el Gobierno español y la Santa Sede de 3-I-79.
LUIS Puig Ferriol
Artículo 60.
1. El matrimonio celebrado según las normas del Derecho canónico o en
cualquiera de otras formas religiosas previstas en los acuerdos de
cooperación entre el Estado y las confesiones religiosas produce efectos
civiles.
2. Igualmente, se reconocen efectos civiles al matrimonio celebrado en la
forma religiosa prevista por las iglesias, confesiones, comunidades
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religiosas o federaciones de las mismas que, inscritas en el Registro de
Entidades Religiosas, hayan obtenido el reconocimiento de notorio arraigo
en España.
En este supuesto, el reconocimiento de efectos civiles requerirá el
cumplimiento de los siguientes requisitos:
a) La tramitación de un acta o expediente previo de capacidad
matrimonial con arreglo a la normativa del Registro Civil.
b) La libre manifestación del consentimiento ante un ministro de culto
debidamente acreditado y dos testigos mayores de edad.
La condición de ministro de culto será acreditada mediante certificación
expedida por la iglesia, confesión o comunidad religiosa que haya
obtenido el reconocimiento de notorio arraigo en España, con la
conformidad de la federación que, en su caso, hubiere solicitado dicho
reconocimiento.
3. Para el pleno reconocimiento de los efectos civiles del matrimonio
celebrado en forma religiosa se estará a lo dispuesto en el Capítulo
siguiente.
Modificado por disp. final 1.12 de Ley núm. 15/2015, de 2 julio
Doctrina-comentario
I. Matrimonio celebrado en forma religiosa y matrimonio canónico. En el comentario al
anterior art. 59 se ha puesto de relieve que de acuerdo con lo establecido en dicho precepto,
en relación con los arts. 44, 45 y 49 CC, la reforma de 1981 había instaurado en nuestro país
un solo tipo o clase de matrimonio sujeto a las prescripciones de la ley civil, pero que en
cuanto a la forma podía celebrarse conforme a los ritos o ceremonias prescritas por la propia
ley civil o por las que pueda establecer una determinada confesión religiosa. En el
comentario a este art. 60 interesa precisar si la anterior afirmación vale para todos los
matrimonios celebrados en forma religiosa o si, por el contrario, el mentado precepto
excepciona de este régimen general los matrimonios sujetos a la legislación canónica. Al
respecto se observa que el repetido art. 60 se vale de una dualidad de expresiones, como
son matrimonio celebrado «según las normas del Derecho canónico» y de matrimonio
celebrado «en cualquiera de las formas religiosas previstas»; y relacionando dicho art. 60
con el art. VI 1 del Acuerdo entre el Gobierno español y la Santa Sede de 1979, según el cual
«el Estado reconoce efectos civiles al matrimonio celebrado según las normas del Derecho
canónico», desde diferentes perspectivas se ha afirmado que el CC en ninguna norma
establece que el matrimonio canónico sea para el Estado una mera o simple forma de
celebración, sino que la afirmación vale sólo para el matrimonio celebrado según el derecho
de las confesiones religiosas distintas a la católica, pero no para ésta (así García Cantero,
Com. Edersa, II, pp. 140 y ss.). Es decir que el art. 60 vendría a establecer que el matrimonio
canónico se rige, tanto para las cuestiones de fondo como para las de forma, por las normas
del Derecho canónico; mientras que el contraído en otra forma religiosa distinta de la católica
se regularía, en cuanto al fondo, por la legislación estatal, y en cuanto a la forma, por la
normativa de aquella particular confesión religiosa.
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No parece admisible esta interpretación del art. 60 por las razones expuestas en el
comentario a los arts. 49 y 59 CC. A las cuales podría añadirse todavía que la tesis de que el
art. 60 remite a la legislación canónica en bloque, es decir tanto a la relativa al fondo como a
la forma del matrimonio, tenía un claro fundamento bajo la legalidad anterior, pues el
derogado art. 75 CC invocaba la legislación canónica para todo lo relativo «a su constitución
y validez y, en general, a su reglamentación jurídica (del matrimonio canónico)»; y es
evidente que una norma semejante falta en la normativa actual, pues el art. 60 se ubica en
una sección que se titula «de la celebración del matrimonio en forma religiosa», de lo cual
resulta que en contraste con el régimen jurídico anterior, que se remitía íntegramente a las
prescripciones de la legislación canónica, para el legislador actual el giro «normas del
Derecho canónico», que aparece tanto en el art. VI.1 del Acuerdo de 1979 como en el art. 60
CC, no tiene otro sentido que el de normas relativas a la forma canónica de celebración del
matrimonio. Tesis que se reafirma todavía si se toma en consideración el iter legislativo que
llevó a la actual redacción de los arts. 59 y 60 CC, y en particular del rechazo por el
Congreso de los Diputados de una enmienda que pretendía desdoblar en dos la sección
tercera «de la celebración en forma religiosa», con el fin de regular en una de ellas el
matrimonio celebrado en forma religiosa y en otra el celebrado conforme a las normas del
Derecho canónico, con el fin precisamente de sustraer éste a la normativa del Estado en
cuanto a las cuestiones de fondo, y por tanto de ello resulta que el criterio del legislador no
es otro que el de someter a un mismo régimen todos los matrimonios celebrados en forma
religiosa (lo cual, por otra parte, es lo más acorde con los principios que deben presidir la
actuación de un Estado que se proclama aconfesional). Postura ésta que ya mantenía el
proyecto de ley presentado al Congreso de los Diputados, pues en palabras del entonces
Ministro de Justicia la primera de las directrices que informaba el proyecto de ley, era
«atribuir los mismos efectos a todos los matrimonios celebrados con arreglo a las
confesiones religiosas inscritas en el Registro y no sólo a la Católica, por el principio de no
discriminación entre religiones»; de cuyas palabras resulta que si todos los matrimonios
celebrados en forma religiosa producen los «mismos» efectos civiles, es porque el legislador
actual establece un régimen uniforme para todos los matrimonios celebrados en forma
religiosa, centrado en una remisión a normativa distinta a la estatal sólo en cuanto a las
cuestiones de forma para la exteriorización del consentimiento matrimonial, pues —añadía el
propio Ministro— la nueva normativa «supone, ni más ni menos, que la recuperación por el
Estado de la soberanía en materia de efectos civiles de los matrimonios». Y por si ello no
fuera suficiente, las palabras del propio Ministro de Justicia en relación con el art. 60
aprobado por la Comisión de Justicia, desvanecen toda posible duda, pues claramente
señala que la expresión «normas» del Derecho canónico que aparece en el artículo, es un
reproducción exacta de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, y no tiene otro sentido que
el de normas que regulan «las formas del matrimonio», por cuanto la reforma —añade— se
inspira en el principio de establecer un único matrimonio, que se celebra de acuerdo con
distintas formas. Por tanto —concluye— «no se recibe todo el Derecho canónico, sino que se
recibe sólo lo que se refiere a las formas de matrimonio…».
Del examen de los precedentes legislativos que llevan al actual art. 60, creo puede colegirse
que confirman la interpretación que aquí se ha propuesto del sistema matrimonial español,
según resulta también de los arts. 49 y 59 CC. Y por ello no puede afirmarse que el art. 60
quiera dispensar un trato de favor al matrimonio canónico, frente al celebrado de acuerdo con
los ritos o formalidades de las otras confesiones religiosas. Pues la remisión que hace el
legislador civil a las normas sobre matrimonio de las distintas confesiones religiosas, tiene un
sentido unívoco: remisión a las normas sobre ritos o formalidades que establezca cada
confesión religiosa para la válida exteriorización del consentimiento matrimonial.
II. Eficacia del matrimonio celebrado en forma religiosa. Añade la proposición última del
art. 60 que «para el pleno reconocimiento de los mismos (efectos civiles del matrimonio
celebrado en forma religiosa) se estará a lo dispuesto en el Capítulo siguiente», que trata de
la inscripción en el RC del matrimonio, tanto si se ha celebrado en forma civil o con arreglo a
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una determinada forma religiosa. En consecuencia la trascendencia que deba reconocerse a
la inscripción registral, en orden a la eficacia inter partes o frente a terceros del matrimonio
celebrado en forma religiosa, se regula en el Lib. I, Tít. IV, Cap. IV CC, a cuyo comentario me
remito.
LUIS Puig Ferriol
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