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República de Colombia

Corte Suprema de Justicia

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN PENAL

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR


Magistrada ponente

SP – 16227-2015
Radicación n° 42510
(Aprobado Acta n° 424)

Bogotá D.C., veinticinco (25) de noviembre de dos


mil quince (2015).

Decide la Sala el recurso extraordinario de casación


interpuesto por la defensora de los procesados CARLOS
ALBERTO FERNÁNDEZ RUÍZ, MANUEL HERMINSUL SANTOS
LONDOÑO, ERICK ANDERSON GÓMEZ ACOSTA, OSCAR
ORLANDO DUQUE VERA y JOSÉ DEL CARMEN RAMIREZ
contra el fallo del 23 de mayo de 2013, mediante el cual

1
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

el Tribunal Superior de Villavicencio revocó la sentencia


de primera instancia proferida el 17 de mayo de 2011 por
el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de esa ciudad, que los
absolvió “de los cargos acusados como coautores de los
delitos de secuestro agravado y secuestro simple
agravado”. El Tribunal condenó a los procesados a las
penas de 80 meses de prisión e “inhabilidad para el
ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo
término”, por hallarlos penalmente responsables del delito
de privación ilegal de la libertad (Art. 174 del Código
Penal), en la modalidad de concurso homogéneo de
conductas punibles.

HECHOS

El Tribunal los enuncia de la siguiente manera:

Los hechos ocurren el día 23 de enero de 2009 entre las 12:00


M., y las 2:10 P.M., en la vía que de Villavicencio conduce al
municipio de Puerto López (Meta), cuando a la altura del río
Ocoa, fueron privados de la libertad los señores Segisbrando
Linares y Edilbardo Daza Martínez, por parte de miembros de la
SIJIN aquí procesados, quienes pretextando la existencia de una
orden de captura con fines de extradición (para ese momento
inexistente) adelantaron el procedimiento dentro del cual
exigieron el pago de una suma de dinero a cambio de no dejarlos
a disposición de la autoridad competente; finamente hacia las
2:10 p.m., fueron llevados a las instalaciones de la SIJIN y por
órdenes superiores, fueron entregados a miembros de la SIPOL y
trasladados al Comando de Policía Meta, pues para ese momento
la Policía Nacional y el GAULA habían sido alertados de un posible
secuestro de dichas personas.

2
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

La detención la efectúa primeramente el agente de la Policía


Giancarlo Barragán Sanabria, por solicitud del procesado OSCAR
ORLANDO DUQUE quien minutos antes se había hecho presente
en el puesto de control indicando las placas y características del
rodante. Más tarde aquel hizo detener el vehículo donde se
transportaban los señores Segisbrando Linares, Edilbardo Daza y
Milena Margarita Mendoza, para practicar una requisa y
verificación de documentos. Después arrimaron al sitio en un
vehículo particular dos hombres vestidos de civil que se
identificaron como agentes de la SIJIN, uno de los cuales resultó
ser el ahora procesado OSCAR ORLANDO DUQUE VERA (del otro
aún se desconoce su identidad), les solicitaron la cédula de
ciudadanía y falsamente le manifestaron a Linares Leguizamón
que existía en su contra una orden de captura con fines de
extradición hacia España. Enseguida fueron trasladados hasta el
“Hotel Maraná” donde se hospedaban los detenidos con el fin de
dejar en dicho sitio a la señora Milena Margarita Mendoza, novia
de uno de los detenidos; luego hacen presencia en el sitio los
señores MANUEL HERMINZUL SANTOS LONDOÑO, ERICK
ANDERSON GÓMEZ ACOSTA y JOSÉ DEL CARMEN GONZÁLEZ
RAMÍREZ a bordo de una patrulla de criminalística de la SIJIN y en
una moto de alto cilindraje arribó el señor CARLOS ALBERTO
FERNÁNDEZ RÚIZ, todos miembros activos de la SIJIN.
Posteriormente los detenidos fueron trasladados a las
instalaciones de la SIJIN, después al Comando de Policía y luego
asesorados y acompañados por oficiales de la Policía hasta las
instalaciones de la URI para formular denuncia por el delito de
secuestro extorsivo en contra de los miembros de la SIJIN que
adelantaron el procedimiento.

Según la denuncia de los detenidos (quienes no declararon en el


juicio oral por cuanto uno de ellos se encuentra huyendo y el otro
fue extraditado a España), los miembros de la SIJIN les exigieron

3
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

primeramente la suma de $500.000.000 millones de pesos y


luego $200.000.000, para no hacer efectiva la orden de captura
con fines de extradición y no dejarlos a disposición de las
autoridades correspondientes. Por tal motivo Segisbrando
Linares se comunica con su padre el señor Segis Oswaldo Linares
y le comunica sobre la petición de los policiales, quien manifestó
que no entregarían ningún dinero y que los pusieran a
disposición de la autoridad competente; como éste aconsejó a su
hijo que si no lo llevaban ante una autoridad saliera corriendo y
se encerrara mientras él llegaba o verificaban el operativo, éste
es sujetado por los hombres y conducido contra su voluntad a la
patrulla de policía, para ser trasladado nuevamente hasta las
inmediaciones del río Ocoa, en donde insistieron en la petición
monetaria a cambio de su libertad.

ACTUACIÓN RELEVANTE

El 16 de febrero de 2009 la Fiscalía le formuló


imputación a ERICK ANDERSON GÓMEZ ACOSTA, MANUEL
HERMINZUL SANTOS LONDOÑO, CARLOS ALBERTO
FERNÁNDEZ RUIZ, ÓSCAR ORLANDO DUQUE VERA y JOSÉ
DEL CARMEN GONZÁLEZ RAMÍREZ por los delitos de
secuestro y secuestro extorsivo agravado, previstos en los
artículos 169, 170 numerales 5 y 12 del Código Penal 1,
en calidad de coautores. Los imputados no se allanaron a
los cargos2. En la misma fecha se les impuso medida de

1
«Art. 172. Circunstancias de agravación punitiva.
(…)
5. Cuando la conducta se realice por persona que sea servidor público o que sea
o haya sido miembro de las fuerzas de seguridad del Estado.
(…)
12. Si la conducta se comete utilizando orden de captura o detención falsificada o
simulando tenerla.»
2
Fol. 22 del cuaderno No. 1.

4
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

aseguramiento consistente en detención preventiva en


centro carcelario.

En audiencia celebrada los días 3 y 13 de julio de


2009 la Fiscalía formuló acusación en contra de los
acusados, bajo los mismos presupuestos fácticos y
jurídicos de la imputación3. La audiencia preparatoria se
llevó a cabo el 20 de noviembre de la misma anualidad 4.

La audiencia de juicio oral se inició el 24 de


diciembre de 2010 y terminó el 28 de abril de 2011. En su
alegación final la Fiscalía solicitó la condena de los
acusados por los delitos incluidos en la acusación, pero el
Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado de
Villavicencio los absolvió de todos los cargos.

La Fiscalía interpuso el recurso de apelación frente al


fallo de primera instancia, que fue revocado por el
Tribunal Superior de Villavicencio mediante proveído del
23 de mayo de 2013. El fallador de segunda instancia
condenó a los procesados a las penas principal de prisión
de 80 meses y la accesoria de inhabilidad para el ejercicio
de derechos y funciones públicas por el mismo término,
por hallarlos penalmente responsables del delito de
privación ilegal de la libertad, previsto en el artículo 174
del Código Penal, a título de coautores. Adicionalmente,
les negó la suspensión condicional de la ejecución de la
pena y les concedió la prisión domiciliaria.

3
Fol. 104 del cuaderno No. 2.
4
Fol. 151 del cuaderno No. 2.

5
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

En desacuerdo con el fallo, la defensora de los


acusados interpuso recurso extraordinario de casación. En
su demanda incluyó un cargo principal y uno subsidiario.
En el primero, orientado a demostrar la violación de las
garantías debidas a los procesados, incluyó varios
aspectos: (i) la violación del derecho a ser juzgado por el
juez natural, (ii) la trasgresión del principio de
congruencia, y (iii) la afectación de los derechos de
defensa y contradicción. El segundo, centrado en el
supuesto desconocimiento de las reglas de producción y
apreciación de la prueba sobre la que se funda la
sentencia.

El 18 de febrero de 2015 esta Corporación decidió


inadmitir la demanda de casación presentada por la
defensora de los procesados, salvo “en el punto
relacionado con la violación del principio de congruencia”.

LA DEMANDA DE CASACIÓN

Bajo la égida de la causal segunda de casación,


consagrada en el artículo 181, numeral 2º, de la Ley 906
de 2004, la impugnante sostiene que el Tribunal le violó
las garantías a sus representados, concretamente el
derecho de defensa.

Luego de trascribir los derechos del procesado a que


hace alusión el artículo 8º del ordenamiento en mención,

6
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

la libelista resalta que existió una “mala imputación por


parte de la Fiscalía”, tal y como lo dejó sentado el
Tribunal, y que con el cambio en la calificación jurídica
(parece referirse al realizado por el fallador de segunda
instancia) se le violó a sus representados el derecho a la
defensa, “ya que los imputados no tuvieron oportunidad
de controvertir los cargos por los cuales inicialmente
fueron imputados”.

Agrega que “si hubiese existido desde un principio el


conocimiento de ser juzgados bajo diferentes
presupuestos de los que inicialmente fueron llamados a
juicio, probablemente hubieran podido argumentar con su
defensa otros argumentos para acogerse o controvertir
los mismos, por lo tanto no pudieron ejercer frente a la
última conducta asignada por el Tribunal, su debido
derecho de defensa”.

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN ORAL

1. Intervención del recurrente

La apoderada de los procesados resaltó que la


privación de la libertad que se le atribuye a sus
representados no constituye un acto propio de sus
funciones, porque no existía orden de captura en contra
de las víctimas y, por tanto, no tenían asignada la misión
de aprehenderlas, a lo que debe sumarse que para
cuando ocurrieron los hechos estaban de descanso,

7
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

franquicia o permiso. Precisamente por eso –agrega- el


asunto no era de competencia de la justicia penal militar,
como lo declaró esta Corporación en el auto proferido el
18 de febrero de este año, a través del cual se pronunció
sobre la admisibilidad de la demanda de casación.

Dice que el delito de privación ilegal de la libertad


tiene como elemento estructural que el sujeto activo
actúe en ejercicio de sus funciones, y como sus
representados no actuaron en ejercicio de su cargo –
itera-, no podían incurrir en el ilícito de que trata el
artículo 174 del Código penal.

De otro lado, resalta que la Fiscalía durante la


imputación, la acusación y la sustentación del recurso de
apelación que interpuso contra la sentencia absolutoria
mantuvo la tesis de que la conducta de los procesados
encaja en los delitos de secuestro simple y secuestro
extorsivo (ambos agravados), precisamente porque
actuaron por fuera de sus funciones como efectivos de la
SIJIN.

A pesar de ello, el Tribunal cambió la calificación


jurídica bajo el argumento de que los policiales no
incurrieron en los delitos de secuestro, simple y extorsivo,
porque abusaron de su función al aprovechar la franquicia
de que estaban disfrutando para retener a las víctimas
sin que mediara orden de captura. Para ello –añade- el
fallador de segunda instancia trajo a colación el

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

reglamento interno de la Policía donde se habla de la


disponibilidad permanente del personal, para concluir que
los agentes nunca se despojan de su condición de
servidores públicos ni abandonan su función.

La impugnante concluye que la nueva calificación


jurídica que introduce el Tribunal en la sentencia
condenatoria tiene una sanción menor que la invocada
por la Fiscalía, pero no comparte su núcleo fáctico, en la
medida en que en el secuestro se sustrae, retiene,
arrebata u oculta a una persona con la intención de
obtener un determinado provecho, mientras que “el
objeto de la privación ilegal de la libertad es que un
servidor público, abusando de sus funciones, prive a otro
de la libertad, es decir, teniendo esas facultades y no
obrando dentro de las garantías establecidas por el
ordenamiento jurídico”.

Concluye que al proceder de esa manera el Tribunal


violó los derechos de los procesados, por lo que solicita a
la Corte que declare la nulidad de la sentencia
impugnada, de tal manera que cobre vigencia el fallo
absolutorio emitido en primera instancia.

2. Intervención de la Fiscalía General de la


Nación.

La delegada de la Fiscalía General de la Nación inicia


su disertación resaltando la importancia del principio de

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

congruencia en el sistema de tendencia acusatoria


regulado en la Ley 906 de 2004, tanto en el ámbito del
derecho de defensa como en el de la división de las
funciones asignadas a fiscales y jueces.

Luego, resalta los eventos en que según la ley y la


jurisprudencia los jueces se pueden apartar de la
calificación jurídica propuesta por el ente acusador, para
lo que se apoya en la sentencia emitida por esta
Corporación el 3 de junio de 2009, bajo el radicado 28649.
A continuación, somete el caso objeto de análisis a
las reglas que en su sentir gobiernan la congruencia en el
contexto de la Ley 906 de 2004, y a partir de ello
concluye que el Tribunal actuó irregularmente al
apartarse de lo planteado por la Fiscalía a lo largo de toda
la actuación en el sentido de que la conducta de los
procesados encaja en los delitos de secuestro simple y
secuestro extorsivo, con las circunstancias de agravación
incluidas en la imputación y la acusación.

En su opinión, el Tribunal se equivocó al concluir que


los procesados estaban incursos en el delito de privación
ilegal de la libertad, porque en este caso puede inferirse
que los policiales retuvieron a las víctimas con el fin de
obtener de ellas un provecho ilícito, lo que constituye una
de las notas características del delito de secuestro, tal y
como acertadamente lo sostuvo la Fiscalía durante toda la
actuación. Ese elemento subjetivo –la finalidad del agente
de exigir algo a cambio de la libertad- no forma parte del

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

delito regulado en el artículo 174 del Código Penal, como


sí lo es que el agente actúe abusando de sus funciones, lo
que supone la calidad de servidor público y la
competencia para disponer de la libertad, que por regla
general está reservada a fiscales y jueces –resaltó-.

Hace hincapié en que los procesados no realizaron su


conducta abusando de su cargo, porque no existía orden
judicial de aprehensión ni medió alguna situación que
justificara la captura en flagrancia; su propósito era
privarlos de la libertad y exigirles la entrega de una
cuantiosa suma de dinero, para lo que simularon la
existencia de una orden judicial de captura, lo que
constituye una circunstancia de agravación del secuestro
–concluyó-.

Así, la calificación jurídica introducida por el Tribunal


al revocar la sentencia absolutoria “no respeta el núcleo
central de la acusación, porque si bien es cierto el delito
de secuestro comparte un elemento común con el de
privación de la libertad, involucran elementos fácticos
diferentes, sin que sea dable afirmar que se está frente a
conductas similares”.

Basada en lo anterior, solicita a la Corte casar la


sentencia recurrida y, en consecuencia, proferir el
respectivo fallo de reemplazo.

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

3. Intervención de la Procuraduría General de


la Nación.

La delegada del Ministerio Público también se ocupa


de resaltar el sentido y alcance del principio de
congruencia, principalmente su importancia para el
ejercicio de la defensa. Además, hace un recuento de los
eventos en que el juez puede apartarse de la calificación
jurídica realizada por la Fiscalía.

Frente al caso que ocupa la atención de la Sala, hace


notar que la Fiscalía formuló acusación por los delitos de
secuestro simple y secuestro extorsivo, y que al sustentar
el recurso de apelación que abrió la puerta a la
intervención del Tribunal mantuvo esa calificación
jurídica, lo que en su sentir es acertado porque es claro
que la conducta de los procesados se enmarca en los
delitos consagrados en los artículos 168, 169, 170 y 171
del Código Penal. Resalta que esta Corporación, al
analizar un caso semejante (CSJ SP, 29 Jul. 2015, Rad.
39180), optó por la misma calificación jurídica incluida
por la Fiscalía en la acusación.

Por tanto, la delegada del Ministerio Público dice que


la Sala Penal del Tribunal Superior de Villavicencio no sólo
se equivocó en la calificación jurídica, sino que además
violó el principio de congruencia en la medida en que no
respetó “la imputación fáctica, el bien jurídico tutelado y
la tipicidad estricta”.

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Califica de “aberrantes” los yerros del fallador de


segundo grado y resalta que los mismos no pueden
corregirse a través de una sentencia de reemplazo, como
lo solicita la delegada Fiscalía General de la Nación,
porque la defensa tiene la calidad de impugnante único y,
en consecuencia, emitir la condena por los delitos
procedentes (secuestro simple y secuestro extorsivo)
conllevaría la trasgresión del principio de non reformatio
in pejus. En consecuencia, considera que el único camino
viable es casar la sentencia recurrida “para reconocer que
se violó el principio de congruencia”.

CONSIDERACIONES DE LA CORTE

1. El cargo formulado

Se plantea un cargo bajo la égida de la causal


segunda de casación, consagrada en el artículo 181 de la
Ley 906 de 2004, por la supuesta violación del principio
de congruencia por parte del Tribunal Superior de
Villavicencio al resolver el recurso de apelación
interpuesto por la Fiscalía en contra de la sentencia
absolutoria proferida por el juez de primera instancia.

2. Para el estudio y decisión de la censura propuesta,


la Corte abordara los siguientes temas: (i) la falta de
interés jurídico de la defensa para impugnar el fallo del
Tribunal por trasgresión al principio de congruencia, (ii) la

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

afectación de los derechos de los procesados, y (iii) la


armonización de los principios de legalidad y de non
reformatio in pejus.

2.1. La falta de interés jurídico de la defensa para


impugnar el fallo del Tribunal por trasgresión al principio
de congruencia

De los cargos incluidos por la impugnante en su


demanda sólo se admitió el atinente a la falta de
congruencia entre la acusación y el fallo condenatorio
emitido por el Tribunal Superior de Villavicencio.

De tiempo atrás esta Corporación ha sostenido que


cuando se alega la trasgresión al principio de
congruencia, lo procedente no es decretar la nulidad sino
ajustar la sentencia a la acusación, para de esa manera
corregir el yerro atribuido al fallador de primera y/o
segunda instancia (entre otras, CSJ SP, 11 Dic. 2003, Rad.
19775 y CSJ SP, 25 May. 2015, Rad. 42287).

En este caso, si la Corte encontrara probado el yerro


que la demandante le atribuye al Tribunal, el remedio no
sería la nulidad, como ésta lo solicita, sino que tendría
que ajustar la sentencia a la acusación, en la que se
incluyeron cargos por secuestro y secuestro extorsivo, lo
que generaría un evidente perjuicio al apelante único,
toda vez que, según se indicará más adelante, le asiste
razón a la delegada de la Fiscalía General de la Nación y

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

del Ministerio Público en cuanto afirman que están dados


los presupuestos fácticos de los delitos en mención.

De otro lado, la jurisprudencia de esta Sala también


ha aclarado que la defensa no tiene interés jurídico para
recurrir cuando su pretensión es contraria a los intereses
del procesado (CSJ SP, 11 Dic. 2003, Rad. 19775, CSJ AP
20 Oct. 2014, Rad. 38044, CSJ SP, 09 Sep. 2015, Rad.
44485, entre otras), y, visto de otra manera, para que
exista dicho interés es necesario que el fallo objeto de
demanda haya ocasionado un daño o perjuicio (CSJ AP, 31
Agos. 2011, Rad. 36.928, CSJ SP, 27 Jun. 2012, Rad.
38857, entre otras).

En este orden de ideas, se hace evidente que la


defensa no tenía interés jurídico para impugnar el fallo
condenatorio por la supuesta trasgresión al principio de
congruencia, porque (i) la decisión procedente (ajustar el
fallo impugnado a la acusación) generaría una situación
claramente desventajosa para los procesados, con la
consecuente trasgresión del principio de non reformatio in
pejus, y (ii) el error en la calificación jurídica, que se le
atribuye al Tribunal, antes que perjudicar a los procesados
los benefició ampliamente, según se indica en el siguiente
apartado.

Por tanto, desde ya se anuncia que la demanda será


desestimada.

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

2.2. La afectación de los derechos de los procesados

Encuentra la Sala que el Tribunal, al separarse de la


calificación jurídica propuesta por la Fiscalía a lo largo de
toda la actuación, no generó perjuicio a los procesados y,
por el contrario, los benefició ampliamente, en detrimento
del principio de legalidad. Para desarrollar este
planteamiento abordará los siguientes aspectos: (i) el
desarrollo legal y jurisprudencial del principio de
congruencia, y (ii) la aplicación de estas reglas al caso
objeto de análisis.

2.2.1. El desarrollo legal y jurisprudencial del


principio de congruencia

El artículo 448 de la Ley 906 de 2004 dispone que “el


acusado no podrá ser declarado culpable por hechos que
no consten en la acusación, ni por delitos por los cuales
no se ha solicitado condena”.

Esta norma ha sido objeto de un amplio desarrollo


jurisprudencial, analizado en detalle recientemente por
esta corporación en la decisión CSJ SP, 25 May. 2015, Rad.
44287, que será reproducida dada su importancia para la
solución del caso objeto de análisis.

Como ya ha tenido oportunidad de precisarlo esta Corporación, el principio


de congruencia constituye una garantía derivada del debido proceso
consagrado en el artículo 29 de la Constitución Política y su finalidad es
asegurar que el sujeto pasivo de la acción penal sea condenado, si hay
lugar a ello, por los mismos cargos por los que se le acusó, sin lugar a

16
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

sorprendérsele a última hora con imputaciones frente a las cuales no tuvo


oportunidad de ejercer el derecho de defensa y contradicción.

La incongruencia entre acusación y fallo no se encuentra expresamente


reconocida como causal de casación en la Ley 906 de 2004, como si
aparecía en la causal segunda reglada en el numeral 2º del artículo 207 de
la Ley 600 de 2000 y en otros estatutos, pero no se discute que cuando se
profiere un fallo con desconocimiento de los parámetros de la acusación,
se afectan las reglas del debido proceso en su estructura básica, así como
las garantías debidas a los intervinientes, motivo por el cual tal
incorrección es demandable bajo la égida de la causal segunda dispuesta
en el artículo 181 de la citada legislación procesal del 2004.

En efecto, el artículo 448 de dicha normatividad establece:


“El acusado no podrá ser declarado culpable por hechos que no consten
en la acusación, ni por delitos por los cuales no se ha solicitado condena”.

Sobre el alcance de la norma en comento la Corte ha señalado que su

quebranto se produce por acción o por omisión cuando se: i) condena por

hechos distintos a los contemplados en las audiencias de formulación de

imputación o de acusación, o por delitos no atribuidos en la acusación, ii)

condena por un delito no mencionado fácticamente en el acto de

formulación de imputación, ni fáctica y jurídicamente en la acusación, iii)

condena por el delito atribuido en la audiencia de formulación de la

acusación, pero deduce, además, circunstancia, genérica o específica, de

mayor punibilidad, y iv) suprime una circunstancia, genérica o específica,

de menor punibilidad que fue reconocida en la audiencia de formulación

de la acusación5.

El referido precepto, como de tiempo atrás lo ha dilucidado la Sala, alude


a la correspondencia personal (el acusado), fáctica (hechos) y jurídica
(delitos), que debe existir entre la acusación, la intervención del delegado
de la Fiscalía durante la etapa del juicio y la sentencia; conformidad que,
referida al debido proceso y al derecho de defensa, se ajusta al principio
de congruencia e implica que los jueces no pueden desconocer la
acusación dictando otra oficiosamente, pues se trata de un proceso
5
Cfr. Sentencias del 6 de abril de 2006. Rad. 24668, del 28 de noviembre de 2007. Rad.
27518 y del 8 de octubre de 2008. Rad. 29338.

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

adversarial que involucra, de un lado, al ente investigador y, del otro, al


procesado y su defensor, en una relación contenciosa en cuyo desarrollo
se debe materializar la igualdad de armas, e impone hacer valer en toda
su extensión el principio de imparcialidad.

Es necesario anotar, sin embargo, que desde la SP, 27 jul. 2007. Rad.
26468, la Corte viene admitiendo la posibilidad de variar en el fallo la
calificación jurídica atribuida en la acusación, es decir, condenar por un
delito distinto al contemplado en ésta.

Sobre el particular, se precisó en la reseñada decisión que el fiscal bien


puede “solicitar condena por un delito de igual género pero diverso a
aquél formulado en la acusación –siempre, claro está, de menor entidad-,
o pedir que se excluyan circunstancias de agravación, siempre y cuando -
en ello la apertura no implica una regresión a métodos de juzgamiento
anteriores- la nueva tipicidad imputada guarde identidad con el núcleo
básico de la imputación, esto es, con el fundamento fáctico de la misma,
pero además, que no implique desmedro para los derechos de todos los
sujetos intervinientes” (subrayas fuera de texto) y sin que se haga más
gravosa la situación del acusado.

No obstante, ya en SP, 16 mar. 2011. Rad. 32685, había puntualizado la


Sala que los jueces pueden efectuar el cambio de la calificación jurídica sin
ser necesario que medie solicitud expresa de la Fiscalía. Sobre el
particular, textualmente señaló:

“Si bien en el precedente citado por el defensor de NELSON ENRIQUE GALVIS


ROJAS6, la Corte consideró que en la sistemática prevista en la ley 906 de
2004 el juez puede condenar al acusado por un delito distinto al formulado
en la acusación, siempre y cuando (i) el ente acusador así lo solicite de
manera expresa, (ii) la nueva imputación verse sobre una conducta
punible del mismo género, (iii) la modificación se debe orientar hacia un
delito de menor entidad, (iv) la tipicidad novedosa debe respetar el núcleo
fáctico de la acusación, y (v) no se debe afectar los derechos de los
sujetos intervinientes, aquella primera exigencia merece ser modificada
en el sentido que los jueces de instancia se pueden apartar de la
imputación jurídica formulada por la fiscalía hacia una degradada, siempre
y cuando la conducta delictiva que se estructura en esta etapa procesal no
obstante constituir una especie distinta a la prevista en la acusación, esté
comprendida dentro del mismo género, comparta el núcleo fáctico y la
6
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal, sentencia del 3 de junio de 2009.
Rad. 28649.

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

nueva atribución soportada en los medios de prueba sea más favorable a


los intereses del procesado” (subrayas fuera de texto).

Así en CSJ AP, 28 mar. 2012. Rad. 36621, en la cual se citaron decisiones
anteriores, la Corporación expresó:

“Necesario es señalar, en pos de consolidar una línea jurisprudencial


sólida frente a tal temática, que con la entrada en vigencia de la Ley 906
de 2004, la Sala ha superado la tesis, en su momento reinante sobre el
denominado principio de congruencia estricto 7, para abrir paso a una
postura morigerada frente a las facultades del juez en la sentencia 8:

‘…Ahora, si bien el principio de congruencia impide al juez, cuando dicta el


fallo, modificar completamente la denominación jurídica de los hechos,
ello no es óbice para degradar la conducta a favor del procesado; por
ejemplo, tomando en cuenta circunstancias que redunden en beneficio del
procesado, atenuantes específicas o genéricas, o incluso condene por una
ilicitud más leve, siempre y cuando no se afecten los derechos de los
demás intervinientes’” (subrayas fuera de texto).

Por su parte, en CSJ AP, 3 jul. 2013. Rad. 33790 se dijo:

“Lo expuesto en manera alguna implica sostener que, de acuerdo con lo


acreditado en la fase probatoria del juicio, el juez no se halle facultado
para condenar por un delito de menor entidad al imputado por la Fiscalía,
para excluir circunstancias genéricas o específicas de agravación punitiva
o para reconocer cualquier clase de atenuante genérica o específica que
observe configurada, es decir, variar a favor del acusado la calificación
jurídica de la conducta específicamente realizada por la Fiscalía, pero
respetando siempre el núcleo fáctico de la acusación objeto de
controversia en el juicio oral, como la Corte ha tenido ocasión de
reiterarlo…” (subrayas fuera de texto).

Más recientemente, en CSJ SP, 12 mar. 2014. Rad. 36108, sostuvo la


Corporación:

7
“…la jurisprudencia de la Sala ha acogido lo que podría denominarse como el principio de
congruencia estricto, bajo el entendido que el juez no puede condenar por conducta
punible diferente a aquella por la que se acusó, ni siquiera para favorecer al implicado, al
paso que, para el fiscal la congruencia es flexible o relativa, en tanto que puede pedir
condena por delitos diferentes al de la acusación siempre que la nueva calificación se
ajuste a los hechos y sea favorable para el acusado”. Cfr. Sentencia del 27 de julio de
2007. radicación número 26468.
8
Cfr. Sentencia del 7 de septiembre de 2011, radicación 35293.

19
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

“… la doctrina de la Corte ha entendido que debe existir congruencia


entre la acusación y la sentencia en los términos previstos por el art. 448
del C. de P.P., en su doble connotación fáctica y jurídica, siendo posible, de
manera excepcional, que el juez se aparte de la exacta imputación jurídica
formulada por la Fiscalía, en la medida que la nueva respete los hechos y
verse sobre un delito del mismo género y el cambio de calificación se
oriente hacia una conducta punible de menor o igual entidad, siempre y
cuando además se respete el núcleo fáctico de la acusación, así por
ejemplo en CSJ SP, 27 Jul. 2007, rad. 26468 de 2007, CSJ SP, 3 Jun. 2009,
28649/09, CSJ AP. 7 Abr. 2011, rad. 35179 de 2011 y CSJ SP, 24 Jul. 2012,
rad. 32879” (subrayas fuera de texto).

En AP, 24 sep. 2014. Rad. 44458 reiteró la Corte, que cuando de manera
excepcional el juez pretenda apartarse de la exacta imputación jurídica
formulada por la Fiscalía, aun tratándose de la denominada congruencia
flexible, es necesario que respete los hechos, se trate de un delito del
mismo género y el cambio de calificación se produzca respecto de una
conducta punible de menor o igual entidad.

También se destacó en la providencia del 15 de agosto de 2013, la Sala


ratificó su propósito de consolidar una línea jurisprudencial sólida que
dejara atrás ese concepto rígido de congruencia estricta, el cual impedía al
juez modificar al momento de dictar el fallo la denominación jurídica
efectuada por la Fiscalía, para abrir paso a una postura que faculte la
potestad oficiosa para degradar la conducta a favor del procesado,
siempre y cuando se respete el núcleo fáctico de la acusación y no se
afecten los derechos de los demás intervinientes.

Es incuestionable que al mantener el núcleo esencial de la imputación


fáctica se garantiza plenamente el ejercicio del derecho de defensa, pues
esa es la base de la cual se deriva la calificación jurídica que, realmente,
corresponde aplicar, y por ello, en cuanto se conserve el aspecto medular
de los hechos, no es factible predicar la violación de la referida garantía,
pues el acusado directamente o a través de su defensor ha tenido en tal
caso la oportunidad de desvirtuarlos mediante la aportación de pruebas o
de controvertir el alcance dado a los mismos a través de argumentaciones
de carácter intelectual, comportando su adecuación jurídica una labor que
únicamente cobra carácter definitivo en el respectivo fallo.

20
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

2.2.2. La aplicación de estas reglas legales y


jurisprudenciales al caso objeto de análisis

Tanto la impugnante como las representantes de la


Fiscalía y del Ministerio Público hicieron alusión a varios
aspectos, que aunque se encuentren relacionados entre sí
son perfectamente diferenciables, a saber: (i) la falta de
congruencia entre la acusación y el fallo condenatorio,
que constituye el objeto central de la censura, y (ii) los
errores cometidos por el Tribunal de segunda instancia al
realizar la calificación jurídica.

En aras de lograr claridad y precisión, la Sala


analizará por separado cada uno de estos aspectos.
Primero, para establecer si por el hecho de que el Tribunal
haya optado por una calificación diferente a la propuesta
por la Fiscalía a lo largo de la actuación, se violaron los
derechos de los procesados en el contexto del principio de
congruencia. Segundo, para establecer la solución que
debe dársele al yerro que se le atribuye al juzgador de
segunda instancia en la interpretación y selección de las
normas aplicables al caso.

En este apartado se abordará el primero de los


asuntos propuestos. Para ello, se tendrán en cuenta los
criterios desarrollados por la jurisprudencia para definir si
el cambio de calificación jurídica realizado por el fallador
(respecto de la acusación) afecta los derechos del
procesado, a saber: (i) la congruencia fáctica entre la

21
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

acusación y el fallo impugnado; (ii) la conducta por la que


se emite condena debe ser de igual o menor entidad que
la propuesta en la acusación, (iii) el delito por el que se
condena debe ser del mismo género de los incluidos en la
acusación, y (iv) que con el cambio de calificación jurídica
no se cause perjuicio a los sujetos procesales y demás
intervinientes.

[Link]. La congruencia fáctica entre la acusación y el


fallo impugnado

Del cotejo de la acusación y de los hechos declarados


por el Tribunal en el fallo condenatorio se deduce que el
núcleo fáctico planteado por la Fiscalía no fue alterado por el
juzgador de segunda instancia.

La acusación se formuló en los siguientes términos:

Denunció Segisbrando Linares Leguízamo, piloto de aviones y


administrador de empresas de profesión, que el día 23 de enero
de 2009, hacia las 12:30 del día, cuando se desplazaba en su
camioneta de placas CZC-042 del hotel “Maraná”, ubicado en el
kilómetro 14 de la vía a Puerto López, con destino a Villavicencio
para buscar a un odontólogo que le revisara un diente que se le
había partido, en compañía de su novia Milena Mendoza y el
empleado Edilberto Daza, al llegar al puesto de control instalado
por la Policía de Carreteras a la entrada de Villavicencio, frente a
la estación de servicio Ocoa, fue abordado por el patrullero
Giancarlo Alberto Barragán Sanabria, quien les ordenó bajarse, los
requisó y se apartó un poco de ellos e hizo una llamada por
celular, procedimiento a informarles que debían esperar porque

22
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

venían unos agentes de la SIJIN para hacerles unas preguntas; uno


de ellos momentos antes le había solicitado el favor de que
cuando pasara esa camioneta, la retuviera y les avisara. De ahí
que a los diez minutos llegó un Montero de color azul donde iban
dos hombres de civil, quienes les exigieron la cédula y se
presentaron como agentes de la SIJIN, uno de ellos, el de camisa
salmón, le dijo a Segisbrando que tenía orden de capturada, del
acompañante del policial, a la fecha de hoy no tenemos su
identificación; por lo cual el agente de la SIJIN le informó que si le
entregaba quinientos millones de pesos no lo conducía a la SIJIN, y
le colaboraría; sin embargo, como estaban en la mitad de la
carretera dispusieron hacerlos devolver hacia el hotel Maraná, por
lo que Segisbrando, Milena y el agente de la policía que resultó ser
OSCAR ORLANDO DUQUE RIVERA, que vestía camisa salmón, se
subieron a la camioneta de las víctimas, y a Edildardo lo hicieron
subir al campero Montero conducido por el acompañante de

OSCAR ORLANDO.

En la acusación se agrega lo siguiente:

Al llegar al hotel Maraná no entraron sino que se quedaron frente


al mismo, eso sí, mandaron a que lo hiciera Milena Margarita y se
quedó OSCAR y la otra persona al frente del hotel al igual que los
señores Segisbrando y Edildardo, por lo que seguidamente se
aparecen en el lugar los señores MANUEL HERMINZUL SANTOS,
ERICK GÓMEZ y JOSÉ DEL CARMEN, este último conductor, en la
camioneta de la Policía Nacional, del área de criminalística, de
placas GGZ017, y el señor CARLOS ALBERTO FERNÁNDEZ lo hizo
en una moto de alto cilindraje, por lo que en ese momento el
sub- intendente SANTOS en su calidad de comandante les
manifestó a las víctimas que a partir de ese instante él era el que
asumiría el cargo como jefe del operativo y que el mismo
consistía en que el señor sería capturado por cuanto tenía orden
de captura vigente por parte del gobierno de España, y que

23
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

solamente no continuará con el requerimiento siempre y cuando


les entregaran la suma de quinientos millones de pesos, motivo
por el cual el señor Segisbrando llama telefónicamente a su
padre, señor Segis Oswaldo a fin de que le ayude a reunir la plata
para tal fin, pero al hablar con él, al igual que lo hizo con OSCAR
ORLANDO, aquel les manifestó que no cancelaría ningún dinero y
que si lo necesitaba que lo pusieran a disposición de la autoridad
competente, y que si no lo llevaban ante la autoridad
competente que entonces saliera corriendo y se encerrara en un
cuarto y que no saliera por ningún motivo, y que mientras tanto
llamara a la policía uniformada o al Ejército, por lo que cuando
éste intenta hacerlo, es aprehendido por un brazo al igual que lo
hicieron con Edildardo y en contra de la voluntad de estos los
subieron a la camioneta panel de la Policía y los condujeron
hacia orillas del rio Ocoa, lugar donde los mantuvieron un tiempo
prudente mientras ellos tomaron cerveza y gaseosa.

Luego, la Fiscalía agrega:

Estando en ese lugar, después de una larga exigencia


nuevamente de los quinientos millones, JOSÉ DEL CARMEN recibe
una llamada donde al parecer le informan que debe salir del
lugar, al igual que previa llamada que hiciera otro de los
policiales, procede a decirle que para dejarlos libres deben
cancelar la suma de doscientos millones de pesos, a partir de ese
momento todos cinco se ponen muy nerviosos y como JOSÉ DEL
CARMEN se va en su camioneta a atender el llamado, los otros
policiales abordan un taxi que pasaba por el lugar y allí se sube la
persona que iba con una cachucha, Segisbrando y Edildardo, y
los otros tres policiales se fueron en el Montero azul y en la
motocicleta de cilindraje 200, y llegaron no a la SIJIN sino que lo
hicieron a una cancha de baloncesto que queda retirada y detrás
de esas instalaciones, allí duraron más de diez minutos
exigiéndole por la liberación la suma de doscientos millones de

24
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

pesos, donde le insistían que era la última oportunidad que tenía


porque o si no lo que seguía era entregarlos al comandante de la
SIJIN para que hiciera efectiva la orden de captura. Al rato
reciben una llamada, por lo que se colocan mucho más nerviosos
y finalmente los llevan a la SIJIN donde los recibe inicialmente el
capitán Forero del GAULA y seguidamente el mayor Granados,
este último le informó a las víctimas que podían formular
denuncia porque no existían antecedentes en su contra y por el
mal proceder de los policiales…”.

Por su parte, el Tribunal describe los hechos de la


siguiente manera:

Los hechos ocurren el día 23 de enero de 2009 entre las 12:00


M., y las 2:10 P.M., en la vía que de Villavicencio conduce al
municipio de Puerto López (Meta), cuando a la altura del río
Ocoa, fueron privados de la libertad los señores Segisbrando
Linares y Edilbardo Daza Martínez, por parte de miembros de la
SIJIN aquí procesados, quienes pretextando la existencia de una
orden de captura con fines de extradición (para ese momento
inexistente) adelantaron el procedimiento dentro del cual
exigieron el pago de una suma de dinero a cambio de no dejarlos
a disposición de la autoridad competente; finamente hacia las
2:10 p.m., fueron llevados a las instalaciones de la SIJIN y por
órdenes superiores, fueron entregados a miembros de la SIPOL y
trasladados al Comando de Policía Meta, pues para ese momento
la Policía Nacional y el GAULA habían sido alertados de un posible
secuestro de dichas personas.

La detención la efectúa primeramente el agente de la Policía


Giancarlo Barragán Sanabria, por solicitud del procesado OSCAR
ORLANDO DUQUE quien minutos antes se había hecho presente
en el puesto de control indicando las placas y características del
rodante. Más tarde aquel hizo detener el vehículo donde se

25
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

transportaban los señores Segisbrando Linares, Edilbardo Daza y


Milena Margarita Mendoza, para practicar una requisa y
verificación de documentos. Después arrimaron al sitio en un
vehículo particular dos hombres vestidos de civil que se
identificaron como agentes de la SIJIN, uno de los cuales resultó
ser el ahora procesado OSCAR ORLANDO DUQUE VERA (del otro
aún se desconoce su identidad), les solicitaron la cédula de
ciudadanía y falsamente le manifestaron a Linares Leguizamón
que existía en su contra una orden de captura con fines de
extradición hacia España. Enseguida fueron trasladados hasta el
“Hotel Maraná” donde se hospedaban los detenidos con el fin de
dejar en dicho sitio a la señora Milena Margarita Mendoza, novia
de uno de los detenidos; luego hacen presencia en el sitio los
señores MANUEL HERMINZUL SANTOS LONDOÑO, ERICK
ANDERSON GÓMEZ ACOSTA y JOSÉ DEL CARMEN GONZÁLEZ
RAMÍREZ a bordo de una patrulla de criminalística de la SIJIN y en
una moto de alto cilindraje arribó el señor CARLOS ALBERTO
FERNÁNDEZ RÚIZ, todos miembros activos de la SIJIN.
Posteriormente los detenidos fueron trasladados a las
instalaciones de la SIJIN, después al Comando de Policía y luego
asesorados y acompañados por oficiales de la Policía hasta las
instalaciones de la URI para formular denuncia por el delito de
secuestro extorsivo en contra de los miembros de la SIJIN que
adelantaron el procedimiento”.

Según la denuncia de los detenidos (quienes no declararon en el


juicio oral por cuanto uno de ellos se encuentra huyendo y el otro
fue extraditado a España), los miembros de la SIJIN les exigieron
primeramente la suma de $500.000.000 millones de pesos y
luego $200.000.000, para no hacer efectiva la orden de captura
con fines de extradición y no dejarlos a disposición de las
autoridades correspondientes. Por tal motivo Segisbrando
Linares se comunica con su padre el señor Segis Oswaldo Linares
y le comunica sobre la petición de los policiales, quien manifestó

26
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

que no entregarían ningún dinero y que los pusieran a


disposición de la autoridad competente; como éste aconsejó a su
hijo que si no lo llevaban ante una autoridad saliera corriendo y
se encerrara mientras él llegaba o verificaban el operativo, éste
es sujetado por los hombres y conducido contra su voluntad a la
patrulla de policía, para ser trasladado nuevamente hasta las
inmediaciones del río Ocoa, en donde insistieron en la petición
monetaria a cambio de su libertad.

De esta manera, queda claro que el fallador de


segunda instancia no alteró el núcleo fáctico de la
imputación. Frente a este punto cabe aclarar que una cosa
es que en la sentencia se cambien -por supresión, adición o
tergiversación- los hechos planteados por la Fiscalía en la

acusación (lo que no ocurrió en este caso), y otra muy


distinta que se discuta sobre el sentido y alcance de los
hechos descritos en abstracto por el legislador como
presupuesto de una determinada consecuencia jurídica,
pues esto último, sin duda, está en el ámbito de la
interpretación y aplicación de la ley.

La anterior aclaración es necesaria porque durante su


intervención la impugnante sostuvo que si bien el delito de
privación ilegal de la libertad tiene una pena menor que los
punibles de secuestro incluidos por la Fiscalía en la
acusación, no comparten el núcleo fáctico. A su turno, la
delegada de la Fiscalía, luego de ahondar en
consideraciones jurídicas sobre el sentido y alcance de los
tipos penales objeto de discusión, anotó que con su decisión
el Tribunal no respeta el núcleo central de la acusación,
“porque si bien es cierto el delito de secuestro comparte

27
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

un elemento común con el de privación de la libertad,


involucran elementos fácticos diferentes, sin que sea
dable afirmar que se está frente a conductas similares”.

De otro lado, la representante del Ministerio Público,


basada en los precedentes de esta Corporación sobre las
normas aplicables a este tipo de casos, sostuvo que el
fallador de segunda instancia “violó el principio de
congruencia en la medida en que no respetó la
imputación fáctica, el bien jurídico y la tipicidad estricta”.

Sin embargo, valga aclararlo, ninguna de las


intervinientes cotejó los hechos incluidos en la acusación
con los declarados en el fallo impugnado, con la finalidad
de demostrar que en la condena se incluyeron aspectos
factuales no considerados por la Fiscalía. Sus argumentos
se orientaron a demostrar que la calificación jurídica
realizada por el Tribunal es equivocada, aspecto que será
analizado en el siguiente apartado.
Así, encuentra la Sala que el Tribunal no se apartó del
núcleo fáctico de la imputación, lo que permite concluir que
no se generó perjuicio a los procesados a la luz de este
primer aspecto del principio de congruencia.

[Link]. La atribución de una conducta punible de igual


o menor entidad a la considerada por la Fiscalía en la
acusación

28
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Según se indicó en el numeral anterior, el Tribunal tuvo


como presupuestos factuales que los procesados, miembros
activos de la SIJIN, retuvieron ilícitamente a las víctimas con
el fin de exigirles dinero a cambio de no hacer efectiva una
orden de captura con fines de extradición, para ese
entonces inexistente. El fallador de segunda instancia realizó
una particular interpretación de uno de los elementos
estructurales del tipo consagrado en el artículo 174 del
Código Penal (“abusando de sus funciones”), para concluir que
en este caso los procesados realizaron la conducta objeto de
reproche en ejercicio de su rol de agentes de la Policía
Nacional, bajo el entendido de que el mismo no se
interrumpe por el hecho de estar disfrutando de franquicia o
permiso.

A partir de esa interpretación, el Tribunal le atribuye a


los procesados una conducta punible mucho más benigna
que la planteada por la Fiscalía en la imputación, acusación
y escrito de apelación. Para arribar a esta conclusión basta
con comparar los montos de la pena de prisión dispuestas
para estos delitos: 48 a 90 meses para la privación ilegal de
la libertad (Art. 174), 192 a 360 meses para el secuestro
simple (Art. 168) y 320 a 504 meses para el secuestro
extorsivo (Art. 169).

Considera la Sala acertado lo que plantean la delegada


de la Fiscalía y la representante del Ministerio Público en el
sentido de que esa situación extremadamente ventajosa
para los procesados se suscitó porque el Tribunal realizó un

29
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

análisis jurídico muy diferente al planteado por esta


Corporación en casos semejantes. En efecto, en la decisión
CSJ SP, 29 de Jul. 2015, Rad. 30180, donde se analizó el caso
de varios agentes del DAS9 que aprovecharon la existencia
de una orden de captura para privar de la libertad a un
ciudadano, no con la intención de dejarlo a disposición de las
autoridades sino de constreñirlo para que les entregara diez
millones de pesos y dos mil dólares, se concluyó que
incurrieron en el delito de secuestro extorsivo y no en el de
concusión. Esta postura fue reiterada en la decisión CSJ SP,
25 May. 2015, Rad. 42287, donde se analizó un caso con
marcada analogía fáctica con el que ahora ocupa la atención
de la Sala.

De esta manera, es claro que los procesados fueron los


únicos beneficiados con la errada calificación jurídica que se
le atribuye al Tribunal. Como bien lo anota la delegada del
Ministerio Público, dicho error podría constituir una violación
directa de la ley sustancial, que no puede ser enmendado
por la Corte por las razones que se expondrán más adelante.
Basta por ahora resaltar que, según lo analizado hasta
ahora, el yerro sólo afectó, y gravemente, el principio de
legalidad.

[Link]. El delito por el cual se condena debe ser del


mismo género del o los incluidos en la acusación

Frente a este aspecto existe una importante diferencia


entre este caso y los analizados por la Sala en las decisiones
9
Dependencia que existía para cuando ocurrieron esos hechos.

30
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

atrás citadas. En el asunto conocido bajo el radicado 42287,


que tiene profunda similitud procesal con el que ahora se
resuelve, en la medida en que la Fiscalía acusó por
secuestro, el juez de primera instancia profirió fallo
absolutorio y el Tribunal revocó la decisión y condenó a los
procesados por el delito de concusión, se hizo hincapié en
los diferentes bienes jurídicos tutelados con el tipo penal
incluido por la Fiscalía en la acusación y el que fue elegido
por el Tribunal al proferir la condena, pues mientras el
secuestro hace parte del Título III que trata de los delitos
contra la libertad y otras garantías, el de concusión está
incorporado al Título XV, que regula los delitos contra la
administración pública.

Al margen de la discusión suscitada en esa


oportunidad, en este caso debe resaltarse que los delitos
incluidos por la Fiscalía en la acusación (secuestro simple y
secuestro agravado), y el elegido por el Tribunal para
adecuar la conducta de los procesados (privación ilegal de la
libertad), hacen parte del Título III, que trata de los delitos
contra la libertad y otras garantías.

En cuanto a los presupuestos de orden factual


establecidos por el legislador como presupuesto de las
respectivas consecuencias jurídicas, los delitos en mención
comparten el aspecto principal, esto es, que una persona
sea privada de la libertad.

31
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Como es lógico, en torno al aspecto fáctico principal (la


privación de la libertad de una persona), íntimamente ligado
a la afectación o puesta en peligro del bien jurídico, se
establecen diferentes presupuestos que dan lugar a un
mayor o menor reproche punitivo. Así, por ejemplo, se
dispone una pena mayor cuando el secuestro se realiza con
alguno de los fines previstos en el artículo 169, la pena se
disminuye si voluntariamente la víctima es dejada en
libertad dentro de los primeros 15 días de retención y sin
que se haya alcanzado el fin buscado por el sujeto activo,
etcétera.

Incluso, la calidad de servidor público es considerada


en varios de los tipos penales incluidos en el Título III, bien
como agravante del secuestro extorsivo (Art. 170, numeral
5º), o como elemento estructural del tipo (Art. 174)

De esta manera, considera la Sala que el error en la


calificación jurídica, atribuido al Tribunal, sólo tuvo el alcance
de generar un notorio beneficio a los procesados. No se
advierte que dicho cambio los haya puesto de alguna
manera en indefensión, aspecto que prácticamente fue
omitido por la impugnante y los demás intervinientes en sus
respectivas exposiciones, pues se limitaron a hacer
apreciaciones genéricas sobre el principio de congruencia y
la trasgresión del mismo por parte del sentenciador de
segundo grado, lo que será objeto de análisis en el siguiente
apartado.

32
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

[Link]. La generación de un perjuicio concreto a los


procesados o a otros intervinientes

Según lo explicado en precedencia, el Tribunal no se


alejó del núcleo fáctico de la acusación, por lo que, en este
ámbito, no se generó ninguna situación de indefensión para
los procesados.

También se aclaró que el error atribuido al Tribunal,


consistente en calificar jurídicamente los hechos como
privación ilegal de la libertad y no como secuestro, tal y
como correspondía, dio lugar a la afectación del principio de
legalidad, conforme lo denunciaron la delegada de la
Fiscalía y la representante del Ministerio Público, con un
marcado beneficio para los procesados en la medida en que
se les impuso una pena mucho menor a la que debió
aplicarse si el fallador de segunda instancia hubiera acertado
en la interpretación y selección de las normas aplicables al
caso.

De otro lado, no obstante las diferencias entre los


delitos de secuestro (Arts. 168 a 171 del Código Penal) y el
de privación ilegal de la libertad (Art. 174 ídem), son
conductas punibles del mismo género en la medida que se
relacionan con el mismo bien jurídico y comparten el
elemento principal (la privación de la libertad de una
persona). Desde esta perspectiva tampoco se avizora algún
perjuicio para los implicados.

33
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Sumado a lo anterior, en la demanda la impugnante se


limitó a decir que el Tribunal le violó a sus representados el
derecho de defensa “ya que los imputados no tuvieron
oportunidad de controvertir los cargos por los cuales
inicialmente fueron imputados”, y luego agrega que “si
hubiese existido desde un principio el conocimiento de ser
juzgados bajo diferentes presupuestos de los que
inicialmente fueron llamados a juicio, probablemente
hubieran podido argumentar con su defensa otros
argumentos para acogerse o controvertir los mismos, por
lo tanto no pudieron ejercer frente a la última conducta
asignada por el Tribunal, su debido derecho de defensa”.

En la sustentación oral del recurso, la recurrente


ahondó en consideraciones de orden jurídico orientadas a
desvirtuar la calificación jurídica que hizo el Tribunal, para
finalmente reiterar que los derechos de sus representados
fueron trasgredidos. En suma, poco o nada dijo la
impugnante sobre el perjuicio efectivo que
supuestamente le fue causado a sus defendidos en el
contexto del principio de congruencia.

Por su parte, la representante de la Fiscalía centró su


atención en la explicación de por qué el Tribunal erró en la
calificación jurídica de los hechos, y dijo de paso que con ello
había desconocido el núcleo fáctico de la acusación. En
estos argumentos, claramente orientados a demostrar el
error en la interpretación y aplicación de la ley sustantiva, no
se incluyó de manera puntual lo atinente al perjuicio efectivo

34
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

que pudieron sufrir los procesados a raíz del yerro atribuido


al fallador de segundo grado.

Del mismo jaez son los planteamientos de la delegada


del Ministerio Público, pues sus ideas centrales se relacionan
con el sentido, alcance e importancia del principio de
congruencia, y sobre la calificación jurídica procedente
frente a los hechos declarados en el fallo condenatorio. Esta
interviniente tampoco se ocupó de analizar a fondo el
perjuicio efectivo que eventualmente se pudo causar a los
procesados por el hecho de que el Tribunal haya optado,
erradamente, por una calificación diferente a la planteada
por la Fiscalía en la acusación.

Al inicio de este apartado se resaltó que la impugnante


y quienes emitieron su concepto en calidad de no
recurrentes se refirieron a dos temas relacionados entre sí
pero perfectamente diferenciables. La Sala retoma ese
punto para hacer notar que los errores en la calificación
jurídica no implican necesariamente la trasgresión del
principio de congruencia, porque, a manera de ejemplo, es
posible que el fallador interprete y/o seleccione
incorrectamente las normas aplicables al caso, incluso
dentro del marco fáctico y jurídico propuesto por la Fiscalía,
o que sus equivocaciones lo lleven a optar por una
calificación jurídica diferente a la propuesta en la acusación,
pero sin desbordar el marco definido jurisprudencialmente
para realizar ese tipo de ajustes.

35
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Así, la fuerza de los argumentos frente a la errada


interpretación y/o selección de las normas, no se traslada
necesariamente a la supuesta trasgresión de los derechos
de los procesados por la adopción de una calificación jurídica
diferente a la planteada en la acusación, porque se trata de
asuntos sustancialmente diferentes. Tan es así, que los
errores en la interpretación y selección de la normatividad
aplicable al caso pueden tener como efecto que los
procesados, antes que sufrir algún perjuicio, se vean
ampliamente beneficiados, incluso a costa del principio de
legalidad, tal y como sucedió en este caso.

Por ello, la amplia disertación de las intervinientes


sobre los yerros del Tribunal en la interpretación, selección y
aplicación de las normas del Código Penal, no las excusaba
de sustentar sus conclusiones y pretensiones atinentes a la
violación de los derechos de los procesados en el contexto
del principio de congruencia.

No debe pasarse por alto que “la incongruencia entre


acusación y fallo no se encuentra expresamente
reconocida como causal de casación en la Ley 906 de
2004, como si aparecía en la causal segunda reglada en el
numeral 2º del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 y en
otros estatutos, pero no se discute que cuando se profiere
un fallo con desconocimiento de los parámetros de la
acusación, se afectan las reglas del debido proceso en su
estructura básica, así como las garantías debidas a los
intervinientes, motivo por el cual tal incorrección es

36
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

demandable bajo la égida de la causal segunda dispuesta


en el artículo 181 de la citada legislación procesal del
2004”(CSJ SP, 25 May. 2015, Rad. 42287).

De esta manera, además de demostrar la existencia


del error o la irregularidad, quien alegue la violación de
las garantías en el ámbito de la congruencia entre la
acusación y el fallo tiene la carga de demostrar su
trascendencia frente a los derechos del procesado, para lo
que resultan útiles los criterios desarrollados por la
jurisprudencia, a los que se hizo alusión en el numeral
2.2.1.

En el presente caso, según se indicó, no se avizora


que los procesados hayan sufrido algún perjuicio a raíz de
la calificación jurídica adoptada por el Tribunal, ni la
impugnante incluyó este aspecto en su disertación con un
nivel de profundad que permita llegar a una conclusión
diferente.

2.3. La armonización de los principios de legalidad y


de non reformatio in pejus

En los otros apartados se dejó establecido que la


impugnante, la delegada de la Fiscalía General de la
Nación y la representante del Ministerio Público hicieron
énfasis en que el Tribunal se equivocó al calificar los
hechos declarados en el fallo como privación ilegal de la
libertad (Art. 174 del Código Penal).

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

Conforme se indicó en el acápite anterior, el error en


la calificación jurídica no implica necesariamente la
afectación del principio de congruencia, porque una cosa
es la interpretación, selección y aplicación de las normas
penales, lo que en casación se debate en el terreno de la
violación directa de la ley sustancial, y otra muy diferente
que optar por una calificación jurídica diferente a la
propuesta en la acusación afecte los derechos del
procesado en el ámbito de la congruencia, aspecto este
que fue descartado en el numeral 2.2.

En cuanto a los yerros en la calificación jurídica,


encuentra la Sala que, en efecto, el Tribunal Superior de
Villavicencio se equivocó en la interpretación y selección
de las normas aplicables al caso. Sobre el particular, son
ilustrativas las consideraciones expuestas en los fallos
CSJ, 29 Jul. 2015, Rad. 30180 y CSJ SP, 25 May. 2015, Rad.
42287, donde, según se indicó en precedencia, se analizaron
casos con una marcada analogía fáctica con el que ahora
ocupa la atención de esta Corporación.

En el fallo radicado bajo el número 30180 se hizo


hincapié en que “la retención de una persona y la exigencia
dineraria para su liberación, estructura aquí el secuestro
extorsivo, sin que tenga incidencia que el capturado tenga
antecedentes penales o se trate de un delincuente, porque
la Constitución Política garantiza sin distingos el derecho a la
libertad…”; y más adelante se dejó sentado que “desde el

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Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

momento en que los funcionarios ingresaron de manera


irregular y retuvieron a (…) y, en vez de ponerlo a
disposición del Tribunal, decidieron exigir a cambio de su
libertad el pago de una suma de dinero, se alejaron de una
conducta funcional, pero no para omitir un acto propio de
sus cargos, sino que precisamente la condición de agentes
del DAS la utilizaron como medio para realizar la privación
de la libertad y exigir provecho económico a cambio de su
liberación”.

En el presente caso sucedió exactamente lo mismo,


en la medida que, según los hechos declarados en el fallo
condenatorio, los procesados, aprovechando su condición
de agentes de la SIJIN, privaron de la libertad a varias
personas, no con el fin de dejarlas a disposición de las
autoridades competentes, pues no existía orden judicial ni
mediaba situación de flagrancia, sino con un propósito
distinto, que según el fallador de segundo grado no fue
esclarecido y que en sentir de la representante de la
Fiscalía no era otro que exigir una elevada suma de
dinero.

En este caso, como bien lo anota la representante


del Ministerio Público, colisionan los principios de
legalidad y el de non reformatio in pejus, como quiera que
es ostensible que el Tribunal erró en la calificación jurídica
y a consecuencia de ello le impuso a los procesados una
pena muy inferior a la que correspondía, pero, de otro

39
Casación No. 42510
José del Carmen González Ramírez y otros

lado, el fallo de segunda instancia sólo fue impugnado por


la defensa.

De tiempo atrás esta Corporación se ha ocupado del


sentido y alcance del principio de non reformatio in pejus
en la Ley 906 de 2004, y de la forma cómo deben
resolverse las tensiones entre este principio y el de
legalidad. Así, en el fallo CSJ SP, 28 Oct. 2015, Rad.
43436, se reiteró:

Sobre la ampliación de la cobertura del principio de non


reformatio in pejus en la Ley 906 de 2004, la Corte
Constitucional, en la sentencia C-591 de 2005, precisó:

La nueva articulación y estructura constitucionales del


sistema acusatorio justifica extender el ámbito de aplicación
de la garantía procesal de la interdicción de la reformatio in
pejus, a cualquier situación, es decir, a toda decisión
adoptada por un juez de control de garantías o de
conocimiento que fuese susceptible de apelación por alguno
de los intervinientes en el proceso.

En tal sentido, el diseño constitucional de la garantía procesal


de la no reformatio in pejus conlleva a que ésta constituya ( i )
un límite a la actividad del ad quem en el sentido de que le
está vedado agravar la pena o sanción impuesta al
condenado o afectado en un proceso o procedimiento
administrativo; ( ii ) evite que este último sea sorprendido con
una sanción que no tuvo oportunidad de controvertir; y ( iii )
permita el ejercicio del derecho de defensa, ya que aleja el
temor al incremento de aquélla. Nada obsta, sin embargo,
para que el legislador amplíe el ámbito de protección de dicha

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Casación No. 42510
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garantía constitucional, a condición de que no vulnere alguna


disposición constitucional; tanto menos y en cuanto, el nuevo
modelo procesal penal, al igual que el respeto por los
derechos de las víctimas, justifican tal ampliación.

En efecto, en los sistemas acusatorios existe una tendencia a


limitar los poderes del superior jerárquico, a diferencia de lo
sucedido en los sistemas inquisitivos por cuanto, como los
sostiene Maier, en estos últimos, el recurso de apelación
contra la sentencia se encontraba íntimamente ligado con la
idea de delegación del poder jurisdiccional que gobernaba la
administración de justicia, de suerte que el poder que se
había delegado en el inferior debía devolverse por completo al
superior, lo que implicaba acordarle a este último amplios
poderes para revisar lo decidido por el a quo. Por el contrario,
en un modelo procesal penal de tendencia acusatoria, los
poderes del juez de segunda instancia se encuentran
limitados por lo decidido por el inferior jerárquico.

De igual manera, extender la prohibición de la reformatio in


pejus a cualquier situación es conforme con un principio
esencial de los sistemas acusatorios, cual es, la exigencia de
correlación entre la acusación y la sentencia. En efecto, la
imparcialidad del órgano jurisdiccional que se pretende
garantizar con el principio acusatorio exige que se impida
condenar por hechos distintos de los acusados o a persona
distinta de la acusada, es decir, debe existir una correlación
entre el acto de acusación y la sentencia.

Así mismo, ampliar la garantía de la interdicción de la


reformatio in pejus constituye un medio para asegurar en
mejor medida los derechos de la víctima a la justicia, la
verdad y la reparación, ya que cuando ésta se constituya en
apelante único, el superior jerárquico no podrá desmejorar la

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situación en relación con el disfrute de tales derechos


amparados por la Constitución y por los tratados
internacionales que hacen parte del bloque de
constitucionalidad.

En suma, el principio de la limitación al superior se potencia


mucho más en la filosofía y dinámica del nuevo sistema
procesal penal, pues tratándose de un sistema de partes
adquiere mayor sentido un límite para el superior. Por lo
tanto, la extensión que el legislador operó de la garantía de la
no reformatio in pejus es conforme con uno de los principios
básicos del sistema acusatorio, cual es, limitar las facultades
del superior jerárquico en sede de apelación.

En este orden de ideas, la Corte declarará exequible la


expresión ‘El superior no podrá agravar la situación del
apelante único’, del artículo 20 de la Ley 906 de 2004, por el
cargo analizado...”.

Sobre el mismo tema, esta Corporación ha resaltado que “…el


artículo 20 de la ley 906 de 2004 extiende la prohibición a las
providencias proferidas en segunda instancia, al señalar que
‘El superior no podrá agravar la situación del apelante único",
de modo que la prohibición de la reforma en peor cuando se
trata de recurrente único abarca las decisiones adoptadas en
dicha instancia...” (CSJ SP 21 julio 2010, Rad. 30460, reiterada
en CSJ AP, 14 May. 2015, Rad. 42763).

De otro lado, la Sala ha analizado la colisión que puede


presentarse entre los principios de legalidad de la pena y de
non reformatio in pejus. En el contexto del recurso
extraordinario de casación, ha concluido que a pesar de la
trascendencia del principio de legalidad, y así se esté ante su

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evidente trasgresión, no le es posible a la Corte tomar los


correctivos pertinentes cuando de ello se deriva una situación
más desventajosa para el acusado que tiene la calidad de
apelante único (entre otras, CSJ SC, 16 Sep. 2015, Rad.
38154). Esta misma lógica es aplicable a los Tribunales
Superiores de Distrito Judicial cuando al conocer el recurso de
apelación interpuesto exclusivamente por la defensa detectan
que el principio de legalidad ha sido quebrantado, pero los
correctivos generarían una reforma peyorativa para el
acusado (CSJ SC, 12 Dic. 2012, Rad. 35487)

A lo anterior debe agregarse que el artículo 188 de la


Ley 906 de 2004 consagra el principio de no agravación,
en virtud del cual “cuando se trate de sentencia
condenatoria no se podrá agravar la pena impuesta, salvo
que el fiscal, el ministerio público, la víctima o su
representante, cuando tuviere interés, la hubieren
demandado”.

Según las anteriores reglas, no le es dable a la Corte


corregir los errores del Tribunal y, en consecuencia, emitir
la sentencia de reemplazo, como parece solicitarlo la
representante de la Fiscalía, porque ello implicaría la
trasgresión de la garantía consagrada en el inciso
segundo del artículo 31 de la Constitución Política, que fue
ampliada en el artículo 20 de la Ley 906 de 2004 en la
medida que se dispuso que “el superior no podrá agravar
la situación del apelante único”, conforme lo analizó
ampliamente la Corte Constitucional en la sentencia atrás
citada.

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Casación No. 42510
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Desde esta perspectiva, la Sala considera que no es


procedente optar por la solución propuesta en el fallo
radicado bajo el número 42287 al que se ha venido
haciendo alusión, donde se planteó que la manera
correcta de armonizar el principio de legalidad y el de non
reformatio in pejus es ajustar la calificación jurídica pero
mantener la pena correspondiente a la conducta punible
de menor entidad por la que erradamente condenó el
fallador de segunda instancia.

La regla propuesta en el fallo en mención es


compatible con la manera como está regulado el principio
de non reformatio in pejus en el artículo 31 de la
Constitución Política, pues allí la garantía sólo abarca la
agravación de la pena, pero no encaja en la consagración
más amplia que del mismo se hace en el artículo 20 de la
Ley 906 de 2004, en la medida en que prohíbe agravar de
cualquier manera la situación del impugnante único.

No cabe duda que el cambio de calificación jurídica


puede agravar la situación del impugnante único, así la
pena se mantenga incólume. Basta para ello considerar, a
manera de ejemplo, que el ordenamiento jurídico
consagra la exclusión de beneficios frente a algunas
conductas punibles, como sucede con el artículo 38B del
Código Penal que prohíbe la prisión domiciliaria frente a
los delitos enlistados en el artículo 68A ídem, y con lo
dispuesto en el artículo 38G de la misma codificación,
que prohíbe la prisión domiciliaria luego de cumplida la

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mitad de la pena, cuando se trate de los delitos allí


referidos, entre los que se cuenta el de secuestro
extorsivo.

En consecuencia, la Sala no casará la sentencia


recurrida para enmendar los errores en que incurrió el
Tribunal al realizar la calificación jurídica de los hechos
declarados en el fallo, porque ello agravaría la situación
del impugnante único y, en consecuencia, violaría el
principio de non reformatio in pejus.

Lo expresado en precedencia hace evidentes las


graves consecuencias que pueden derivarse de los errores
judiciales asociados a la selección, interpretación y
aplicación de la ley sustantiva, por lo que tiene cabida el
llamado de atención que solicita la representante del
Ministerio Público para que los administradores de justicia
ejerzan su función con el cuidado inherente al importante
rol que les ha sido confiado. De igual manera, se recuerda
la importancia de que la Fiscalía haga uso de los recursos
procedentes cuando advierta algún error que pueda
socavar el principio de legalidad, como sucedió en el caso
que ahora se resuelve.

En síntesis, la demanda debe ser desestimada,


porque la defensa carecía de interés jurídico para
impugnar el fallo condenatorio, en la medida que los
errores atribuidos al fallador de segundo grado, antes que
perjudicar a los procesados, los benefició ampliamente.

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Además, porque al alegar la violación al principio de


congruencia la defensa tácitamente acepta el remedio
procesal procedente en estos casos, que no es otro que
ajustar la sentencia a la acusación, lo que daría lugar a
que los procesados fueran condenados por delitos más
graves y recibieran una sanción mucho más alta que la
que les fue impuesta en el fallo impugnado, con la
consecuente violación del principio de non reformatio in
pejus, que a su vez le impide a la Sala corregir los yerros
en que incurrió el fallador de segundo grado al realizar la
calificación jurídica de los hechos declarados en la
sentencia.

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal


de la Corte Suprema de Justicia administrando justicia en
nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE

No casar la sentencia impugnada.

Contra la presente decisión no procede ningún


recurso.

Notifíquese, devuélvase al Tribunal de origen y


cúmplase.

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JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ

EYDER PATIÑO CABRERA

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA

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Secretaria.

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