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Josué y los Jueces: Conquista y Fe

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JOSUE y LOS JUECES

(Josué, Jueces, Rut y 1 Samuel 1-8

JOSUÉ

Así como Exodo es el libro de la salida de los israelitas de Egipto; Josué lo es de la


entrada en la Tierra Prometida. El objetivo del Exodo se ve cumplido en Josué. Aún más,
las promesas de Dios dadas desde Abraham en adelante, vienen a cumplirse aquí. Ha
llegado a su colmo la maldad del amorreo (Gén.15:16), así que el juicio debe ser total (Ex.
34:12-16; Deut. 20:16-18). 11

I. ENTRADA EN LA TIERRA. (1:1 - 5)


Muerto Moisés, Dios comisiona a Josué para repartir la Tierra (1:6). En sus palabras, hay
una exhortación triple para Josué, en gradación ascendente (1:6; 1:7;1:18 b). Luego, la
promesa (1:5,9).
La promesa de la conquista, sin embargo, está condicionada a la fe del pueblo. Será de
ellos “todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” (1:3) Poner los pies en un
determinado lugar es un acto de fe premiado por Dios (3:13; 4:9; 10:24; 14:9).
Josué envía espías a Jericó. Rahab (el único personaje de este libro que está en Heb.11)
actúa por fe en defensa de ellos, y a su vez, es salvada del exterminio por una señal roja en
su ventana (2:18-19; 6:22-23), igual que los primogénitos en Egipto, salvados por la sangre.
(Ex.12:22-23).

Sin embargo, antes de la conquista debían ocurrir 4 hechos previos:


1. El paso del Jordán. Es el paso de la muerte a la resurrección. El arca (Cristo) fue
adelante (“el primogénito de los muertos”. Col. 1:18; Apoc.1:5), luego, todos los que creen
en Él. En ellos fue una figura, en nosotros es una realidad. Los sacerdotes que, en el fondo
seco del río sostienen el arca, es tipo de los vencedores en la iglesia, que permanecen en el
lugar de la muerte para que los demás reciban vida. Sólo en el espíritu de la resurrección
ellos podían vencer las batallas de Dios.
2. La Circuncisión. Mediante la circuncisión, les fue quitado el oprobio de Egipto (5:9), es
decir, ellos cortaron su vínculo con el mundo. Una vez que pasaron por la muerte a la
resurrección, ellos debían circuncidarse como testimonio de la victoria sobre la carne.
(Col.2:11; Fil.3:3).

3. La celebración de la Pascua. Israel pasó el Jordán el diez del mes primero (4:19), día
en que debía apartarse el cordero para la pascua. Cuatro días después la celebraron en los
llanos de Jericó (5:10). Tras 38 años, volvieron a comer la Pascua. Era la restauración de la
comunión con Dios, en virtud de la preciosa Sangre. Luego, el maná cesó. La provisión del
desierto da paso al alimento más sólido que ellos tendrían que procurarse.

4. La aparición del Varón con la espada desenvainada. Este es el Hijo de Dios


preencarnado, (como con Abraham en el Valle del Rey (Gén.14:17-20) y con Jacob en
Peniel (Gén.32:24-32) que se manifiesta a Josué, para infundirle ánimo. La visión de Dios
le da fuerzas para vencer, así también en Moisés (Ex.3), y en Gedeón (Jueces 6).

II. CONQUISTA DE LA TIERRA (6 - 12)


Primera fase: zona central. La primera ciudad es Jericó. Dios anuncia la toma de Jericó
como consumada (6:2; ver 1:3). El número siete reiterado cuatro veces es el sello de la
mayor perfección (6:4) Esta primera ciudad debía ser consagrada a Dios (6:19,24) como las
primicias de la tierra, y como señal de que recibirían todo Canaán de Él. Sin embargo, Acán
pecó y trajo la maldición sobre todo Israel, por lo que no pudieron derrotar a sus enemigos
(7:1-13). El manto babilónico (7:21), como todo lo de Babilonia, representa el espíritu de
ostentación y vanagloria, presente también en la iglesia en Jerusalén (Hech. 5:1-12) y que
recibe el más severo castigo. Una vez santificado el Señor en el valle de Acor, el pueblo
estuvo en condiciones de conquistar a Hai (cap.8). De esta segunda ciudad, ellos pueden
tomar botín (8:27). Luego, en el monte Ebal y el Gerizim leen la ley al pueblo, como lo
había mandado Moisés (Deut. 27:11-14). Pese a ello, no consultaron al Señor respecto de
los gabaonitas, que les engañaron, simulando vivir lejos de Gilgal, para que les respetaran la
vida (Deut.20:10-18). Josué y los príncipes son engañados, y pierden autoridad ante el
pueblo (9:18 b).
Segunda Fase: zona sur. De los muchos reyes que había en esta zona, sólo 5 logran
armarse de valor e ir contra los gabaonitas (no directamente contra Israel). Como siervos de
Israel, éstos piden ayuda y la reciben. La huida de los ejércitos fue acompañada de milagros
de parte de Dios (granizos gigantescos, el sol se detiene), y los israelitas toman ese mismo
día las ciudades de Maceda y Libna (10:28-30). Después, de una sola vez, toman Laquis,
Gezer, Eglón, Hebrón, Debir y todo el sur hasta Cades-Barnea y Gosén (10:40-43).

Tercera Fase: zona norte. Jabín, rey de Hazor, que era cabeza de los reinos del norte,
inicia una ofensiva multitudinaria contra Israel. Al igual que en ocasiones anteriores, Josué
y el pueblo “vinieron de repente” sobre sus enemigos y el Señor los entregó en sus manos.
Así pues, tanto al sur (11:16), como al norte (11:17) Josué prevaleció. En total, cayeron 31
reyes (12:7-24).
Entre los conquistadores merecen mención especial dos: Caleb, quien reclamó para sí
Quiriat-arba (Hebrón) y la conquistó, echando de allí a tres gigantes, hijos de Anac
(14:6-15; 15:14); y Otoniel, sobrino de Caleb, quien se ganó, por su valor, a Acsa, hija de
Caleb, y la ciudad de Debir, y, por medio de Acsa, el don de las fuentes (15:18-19).
Sin embargo, la conquista no fue completa. Los israelitas buscaron asentarse rápidamente
y descuidaron obedecer al Señor. Si necesitaban más tierra, la conquistaban (19:47); si no,
no se esforzaban. Al sur-oeste, quedaron principalmente los filisteos (entre ellos, los
gigantes de Gat) y al norte diversos pueblos, lo cual traerá consecuencias. Antes de morir,
Josué les advierte sobre ello (23:12-13); Posteriormente, se convertirían a sus dioses,
especialmente las tribus del norte, lo que desembocó en la caída definitiva de Israel.

III. REPARTICION DE LA TIERRA. (13- 24)


Moisés había repartido la tierra al oriente del Jordán a Rubén, Gad y media tribu de
Manasés. Ahora correspondía a Josué entregar la tierra a las nueve tribus y media restantes
(13:7). Como los levitas no recibieron tierra con las demás tribus (13:33), la tribu de José se
dividió en sus dos hijos: Efraín y Manasés. La tierra fue repartida por suerte delante de Dios
(14:2). Hacia el sur está Judá, con 87 ciudades, (Gaza, Hebrón, Rabá, etc.). Dentro de Judá,
se ubica Simeón (Beerseba, Siclag). En el centro están Benjamín (Gabaa, Jericó, Ramá,
Mizpa, Jerusalén), Dan (Dan, Estaol), y Efraín (Bet-el, Silo, Gilgal). Hacia el norte,
Manasés (Siquem, Jabes, Ramot), Isacar (Sunem), Zabulón, Aser (Hamón, Caná) y
Neftalí (Bet-semes, Cedes), más el resto de Dan, que no alcanzó territorio en el sur.
Los levitas recibieron 48 ciudades: 23 para los coatitas (aquí están incluidos los
sacerdotes), 13 para los gersonitas y 12 para los meraritas. Las de los sacerdotes quedaron
ubicadas en el centro-sur del país (8 en Judá, 4 en Benjamín y 1 en Simeón); el resto de los
coatitas recibieron dos en Manasés occidental, 4 en Efraín y 4 en Dan; los gersonitas
recibieron 2 en Manasés oriental., 4 en Isacar, 4 en Aser y 3 en Neftalí; en tanto que los
meraritas recibieron 4 en Rubén, 4 en Gad y 4 en Zabulón.
De esas 48, seis eran ciudades de refugio: tres estaban ubicadas al oriente del Jordán
(Beser en Rubén; Ramot en Gad; y Golán en Manasés) y tres al occidente (Cedes en
Neftalí; Siquem en Efraín; y Hebrón en Judá, para los sacerdotes). Estaban equidistantes en
todo el territorio de Israel.
Este libro termina con un fervoroso discurso de Josué, en que llama al pueblo a huir de la
idolatría y a servir a Dios (24:15).
Desde el Exodo hasta Josué hay una alegoría de la vida cristiana. El mar Rojo nos separa
del mundo y nos introduce, por la bendita Sangre, en la condición de hijos de Dios, para
luego iniciar un aprendizaje en el desierto. De allí al río Jordán, que da paso a la vida
cristiana victoriosa. Más acá del Jordán está la tierra de reposo, la herencia que tenemos en
Cristo. Nuestro Josué, Cristo, nos hace pasar por el fondo del río y nos instala en la Tierra.
Aquí, por medio de sucesivas victorias sobre los cananeos, conquistamos nuestra herencia.
Más acá del Jordán, está la circuncisión, y la pascua. La circuncisión echa de nosotros el
cuerpo pecaminoso carnal (Col.2:11), y la Pascua reanuda nuestra comunión con Dios.
Ahora podemos vencer.

JUECES

Estudiaremos muy estrechamente Jueces y Rut. Históricamente, Rut debe ubicarse en los
primeros capítulos de Jueces (Booz era hijo de Rahab, la ramera de Jericó. Mat.1:5), tal vez
en el período de Otoniel o Aod (3:7-30). Rut, al igual que Booz, pertenece a la generación
siguiente a la de Josué. El hambre que hubo en la tierra (Rut 1:1) posible-mente se debió a
la primera apostasía, luego de la muerte de Josué (Jueces 2:11-13; 3:7).
Desde el primer juez (Otoniel) hasta el último (Sansón), hay una línea cronológica (caps.
1 al 16). Pero los últimos capítulos de Jueces (17 al 21) se ubican históricamente en los
primeros años luego de la muerte de Josué, y son una muestra de la idolatría y la
inmoralidad que caracterizaban ya al pueblo. El episodio de Jonatán, el joven levita (Jueces
17 y 18), debe leerse a la luz de los hechos narrados en Josué 19:47, en tiempos en que la
tribu de Dan, la última tribu en poseer su tierra, conquista la ciudad de Lesem (Lais). En
tanto que el episodio de Jueces 19 al 21 ocurre hacia el fin de los días de Finees, nieto de
Aarón (20:27-28), el mismo que santificó al Señor en Baal-peor (Núm.25). El primer
episodio nos muestra la corrupción religiosa de la tribu de Dan; el segundo, la decadencia
moral del pueblo y del sacerdocio.
La frase que resume este período es: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno
hacía lo que bien le parecía.” (17:6; 18:1; 19;1; 21:25).
El cap. 1 revela la causa de la decadencia y ruina de Israel: se conforma con una conquista
incompleta y convive con naciones idólatras. Al ver esto, el ángel del Señor sube de Gilgal
(lugar de adoración en tiempos de Josué) a Boquim (lugar de llora-dores), y les anuncia las
consecuencias de su desobediencia. El enemigo será dejado allí como un azote en sus
costados, para probar al pueblo (2:22), para ver si obedecerían o no a su palabra (3:4) y para
ejercitar al pueblo en la guerra (3:2).
Los libros de Josué y Jueces pueden compararse a la iglesia apostólica del siglo I, y a la
iglesia posterior, respectivamente. Primero victoriosa y luego en su ruina. En los días de
Josué hubo victoria, libertad, fe, obediencia, gozo, fortaleza, unidad, liderazgo espiritual; en
los días de los jueces hay derrota, esclavitud, incredulidad, rebelión, tristeza, debilidad,
división e imperio de la carne, con sus obras (Gál.5:19-23). Jueces es la iglesia profesante,
que ya se vislumbra en 2ª Timoteo. En tal condición, el Señor se suscita un testimonio, la fe
personal de unos pocos que se humillan ante Dios y reconocen su estado de ruina: los
vencedores, a través de los cuales el Señor puede salvar momentáneamente al pueblo. Estos
no son sobresalientes, sino que llevan el sello de su propia debilidad. (Otoniel, hijo del
hermano menor de Caleb, Aod era zurdo, Samgar era un boyero, Débora, una mujer, Barac,
falto de carácter, Gedeón, de una familia pequeña, Jefté, hijo de una ramera, Sansón, de
escasa moralidad). Sus armas son risibles, como una aguijada de bueyes, unas trompetas,
cántaros y antorchas, o la quijada de un asno. Los demás jueces: Tola, Jair, Ibzán, Elón, y
Abdón, ricos y prósperos, sólo mantuvieron los triunfos de aquéllos.
En todo este período, Israel sigue una línea de altos y bajos, según el siguiente esquema:
(1) Caída: “Hicieron los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová” (3:7; 3:12; 4:1;
6:1; 8:33; 10:6; 13:1)
(2) Castigo: “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel”
(3) Arrepentimiento: “Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová” y
(4) Restauración: “Y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel”. Esto ocurre siete
veces, bajo la servidumbre de siete naciones (Mesopotamia, Moab, Filistea (dos veces) la
cananea de Jabín, Madián y Amón).

Otoniel (3:5-11) tenía una historia de fe (1:12-15), y junto a su esposa Acsa, había
recibido una rica herencia. Teniéndola, podía servir al pueblo.
Aod (3:12-30). La espada de Aod, de doble filo, es la Palabra de Dios, aplicada en lo
secreto sobre sí mismo, que luego es usada contra el enemigo. La espada no debe ser
retirada del hombre viejo.

Samgar (3:31). Utiliza un arma despreciable. Así suele ser, para muchos, la Palabra de
Dios.
Débora y Barac (caps. 4 y 5) Aquí brilla la fe de las mujeres (Débora y Jael). Son
tiempos de anormalidad. No todas las tribus van a la batalla: Rubén, Dan, Aser y Manasés
se quedan (5:15-18).

Gedeón (caps. 6, 7 y 8). Ejemplo de humildad y valor. Sus armas son un tipo de las
armas de nuestra milicia (trompetas, cántaros y teas). Se libra del trono, pero no de caer con
el efod.

Tola (10:1-2). “Tola” significa “gusanito” y hace recordar al Señor, en el Salmo 22:6.

Jefté (10:6-12:7). Despreciado, como José, Moisés y el Señor Jesús, por sus hermanos,
como “bastardo”, (Juan 8:48; Mat.21:38). Jefté defiende con firmeza la herencia de Israel
ante el rey de Amón (11:23-24). Su hija es un ejemplo de fe.

Ibzán, Elón y Abdón (12:8-15) no son llamados a pelear, sino a mantener la paz lograda
por Jefté.
Sansón (caps.13-16), el nazareo, muestra en su carácter los rasgos de la decadencia
espiritual: su nazareato era un forma, más que una realidad; los dones no tenían
correspondencia con su vida. Era el más fuerte, pero a la vez el más débil de todos. Su
corazón estaba dividido entre el odio hacia los filisteos y el amor a las filisteas. Su
inconstancia, su concupiscencia (ver Prov. 7) y su vergonzoso fin son un tipo de la
cristiandad en ruinas.
Sansón precedió al profeta Samuel. Jueces 16 corresponde a la juventud de Samuel.

RUT

La familia de Elimelec era de Belén de Judá. (Belén = “Casa del pan”) Ellos se fueron a
Moab por causa del hambre que había en Israel. Moab era un pueblo descendiente de Lot
(Gén.19:36-37), por tanto, pariente de Israel, aunque enemigo de Dios. Ellos intentaron
destruir a Israel con hechicerías, inmoralidad, idolatría y guerra (Núm.22-25; Jue. 3:12-14).
En tiempos de los jueces tuvieron guerra, alternada con períodos de paz. Elimelec
descendió a Moab buscando su propio bienestar, no por voluntad de Dios. Un efrateo (de
Efrata = Belén) huyó del hambre y se fue con los enemigos de Israel. En Moab murió él y
sus dos hijos, y, tras diez años, su esposa volvió de allá viuda y amargada (1:20-21). Sin
embargo, sus nueras han oído su débil testimonio y, al menos una, lo ha recibido: Rut. Y
aunque Noemí intenta desalentarlas, sólo Orfa se va y Rut la acompaña. Noemí culpa a
Dios de su tristeza, bien que fue ella y su marido quienes se apartaron. La declaración de
Rut (1:16-17) la pone entre los héroes de la fe. (Comp. Itai: 2ª Sam 15:19-22; Eliseo: 2ª
Reyes 2:2,4,6; Pedro: Juan 6:67-69; Apoc. 14:4: “Estos son los siguen al Cordero por
dondequiera que va”). Luego Noemí reconoce que ella se fue y que Dios la trajo con las
manos vacías (1:21). Noemí es figura de un creyente descarriado, mientras que Rut lo es de
quien está en su primer amor. No tiene tanto conocimiento, pero el amor y la fe rigen su
corazón.
En el cap. 2 se nos presenta a Booz (“En él hay fuerza”) un hombre “poderoso en
riquezas” (2:1). Booz es un tipo de Cristo. El mayordomo es un tipo del Espíritu Santo,
quien habla al Señor de Rut, (la iglesia). Booz es un hombre rico y generoso, que acoge a
Rut con misericordia, aun siendo extranjera. Allí tiene agua y también alimento. Él mismo
da testimonio a favor de Rut y habla a su corazón. Ella comienza haciendo un trabajo
menor: espigaba en el campo. La gracia de Booz la sienta a la mesa y la colma de
bendiciones. De lo recogido por Rut alcanza también para Noemí.
En el capítulo 3 vemos que la fe y la osadía de Noemí y Rut les llevan a hacer uso de sus
derechos en Israel. Booz (Cristo) no se niega a redimirlas; al contrario, bendice a Rut
(3:10-11) hace todo lo necesario para ello (3:18-4:1). La voluntad de Dios es que cada
creyente haga uso de sus derechos, según la palabra de Dios. Si bien Booz no estaba
obligado a casarse con Rut ni a redimir la heredad de Elimelec, está dispuesto a hacerlo, por
gracia.
En el cap. 4 vemos a Booz redimiendo a Rut. Lo hace de acuerdo a la ley de Israel. Antes
de poder redimir había que tener claro: (1) si alguien tenía el derecho de redimir (sólo un
pariente podía hacerlo. Por eso el Señor tuvo que participar de carne y sangre (Heb.2:14),
sólo podía hacerlo como hombre), (2) si tenía medios para hacerlo (el Señor era rico, 2ª
Cor. 8:9, pero Él vendió todo lo que tenía, Mat.13:46); y (3) si estaba dispuesto a redimir
(el amor de Cristo lo llevó a redimirnos Rom. 5:6-8). Booz (Cristo) reunía estas tres
condiciones, y por ello no sólo compra la heredad, sino también a Rut, y no para hacerla su
esclava, sino su esposa. Ahora, todas las riquezas de Booz son de ella. El hombre más rico
de la tierra toma a una mendiga y la hace su mujer. La pobre forastera de Moab ha venido a
ser la primera de las madres de Israel. Esta es la gracia de Dios. Rut (que significa
“satisfecho”) disfruta de toda su herencia.
Luego, el Espíritu Santo toma diez nombres de la genealogía de Fares, cinco en relación
con Egipto y el desierto, y cinco en relación con la tierra prometida. El cinco es el número
de la responsabilidad del hombre ante Dios. El libro, que comienza con un hombre de Belén
(Elimelec) concluye con el nombre de David, de Belén (1 Sam.16:1), antecesor del Señor
Jesús, nacido también en Belén.
SAMUEL,
EL ÚLTIMO DE LOS JUECES

Los primeros 8 capítulos de 1 Samuel tratan acerca de dos personajes: Elí y Samuel.
Ellos fueron los dos últimos jueces (4:18 y 7:6).
Elí representa la ruina del sacerdocio, y Samuel, el primer profeta (Hech. 3:24; 13:20)
inicia un período nuevo. Bajo el sacerdocio, Dios es el rey. Con la caída del sacerdocio, se
introduce un rey.
1ª Samuel comienza, sin embargo, con el testimonio de fe de una mujer. Ella es Ana
(“gracia”) quien era estéril. Dios le concede su petición, pero el hijo dado lo devuelve a
Dios. La figura de Samuel, en ascenso, contrasta con la de Elí y sus hijos, en decadencia. El
crecimiento de Samuel, los sucesivos pasos de su servicio (2:11, 18, 21, 26; 3:1,7,11-14,19)
hasta llegar a ser profeta de Dios (4:1a), son ejemplares para todo creyente.
La caída del sacerdocio coincide con un hecho lamentable: la captura del arca por parte de
los filisteos. Ello provoca la muerte de Elí. Dios defiende su testimonio entre ellos. Luego,
cuando el pueblo se arrepiente y se vuelve a Dios, bastará un solo acto de fe y una sola
batalla, para doblegar a los filisteos (cap.7). El pueblo tuvo paz todos los días de Samuel. El
secreto de su vida triunfante está en 7:16-17. Él habitaba en Ramá (“lugar alto”) y desde allí
seguía un itinerario de fe que contemplaba a Bel-el (“casa de Dios”), Gilgal (lugar de la
circuncisión, en que es juzgada la carne) y Mizpa (“atalaya”, el lugar del arrepentimiento.
7:6).
La conducta injusta de los hijos de Samuel da motivo para que el pueblo quiera seguir el
ejemplo de las naciones, y pida un rey. A Samuel y al Señor no les agradó la petición, pero
el Señor consintió, no sin antes hacerles ver lo que eso significaba: le desechaban a Él como
Rey. Pese a las advertencias de los males que les sobrevendrían, ellos insistieron en su
propósito. Se introduce de esta manera poco feliz, el período de los reyes de Israel.

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