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Juan y su lucha por la educación

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INSTITUCIÍN EDUCATIVA PRIVADA “EL CAMINITO” FICHA DE COMUNICACIÓN

AULA:5TO GRADO FECHA:15-11-24

EL LUGAR MÁS BONITO DEL MUNDO

Un día empecé a preguntarme por qué mi abuela no me había mandado a la escuela. Y se me


ocurrió pensar en que si me quisiera de verdad, me habría mandado a la escuela en vez de tenerme
limpiando zapatos. Pero yo sabía que mi abuela era buena, ella no tenía la culpa de tener más
necesidad de dinero que yo de escuela. Un día decidí que no necesitaba la escuela para nada, que yo
solito aprendería a leer. Preguntaba a mis clientes qué letras aparecían en los letreros de los carteles.
Muy pronto ya puede leer «Coca - Cola», «Banco de la Nación», y hasta lo que estaba escrito debajo
del monumento a San Martín. Cuando se me acabaron los carteles de los alrededores, alguien me dio
un periódico y los clientes me ayudaron. Poco a poco empecé a ser capaz de leer casi todo. Cierto día
me di cuenta de que no tenía más remedio que hacerlo. Quiero decir, preguntarle a mi abuela de lo de
ir a la escuela. Le pedí a un amigo mío, Roberto un huérfano que vive en la calle, que me guardase mi
caja de lustrabotas, y me fui al mercado para hablar con la abuela.
Se sorprendió al verme porque creía que a esa hora yo estaría trabajando. Su sorpresa aumentó
al comunicarle mi deseo de asistir a la escuela. Fue como si le hubiese dicho «quiero ir a Marte».
Yo había pensado que si ella me decía que no, yo lo aceptaría, pero no lo hice.
— Eres muy pequeño —me dijo— sólo tienes cinco años.
— Abuela, no tengo cinco ¡Tengo siete!
—¿Que tienes siete? ¿Y por qué no me lo has dicho antes? Ustedes son muchos y no puedo
acordarme de la edad que tiene cada uno. Debiste habérmelo recordado en su momento. ¿Y cuánto
tiempo hace que tienes siete años? —me preguntó como sospechando una mala pasada de mi parte.
—Seis meses —le dije
—¡Y has dejado pasar todo este tiempo sin decirme nada!
—Era tan importante, que no podía hablar de ello.
—¡Justamente porque es importante para ti, me deberías haber hablado de ello! —dijo la
abuela— Tienes que luchar por tus cosas, y no importa si pierdes. Lo importante de veras es que no
dejes nunca de batallar por conseguir lo que de verdad quieres.
A la mañana siguiente, la abuela y yo fuimos a ver a la maestra de primer grado, doña Irene.
—Quiero entrar a la escuela —le dije.
—¿Cuántos años tienes? —me preguntó.
—Siete y medio.
—Pues sí, ya tienes la edad, pero no puedes empezar ahora. Entrarás el próximo año —dijo
doña Irene.
Me despidió con una sonrisa y se opuso a mirar unos papeles que tenía sobre la mesa.
Mi abuela no se movió. Por el contrario, argumentó acerca de mis deseos de asistir a la escuela.
Doña Irene levantó los ojos educadamente y la miró como para reprocharle que no se hubiese
enterado de lo que había dicho y que nos hubiéramos retirado ya. Nos explicó:
—Este chico tiene un retraso de tres meses. Los otros chicos están ya estudiando aritmética.
—¡Mi nieto Juan sabe aritmética!, ha trabajado conmigo en el mercado!
—Los otros ya empiezan a leer un poco — dijo doña Irene – este chico nunca podrá alcanzarlos.
—¡Yo se leer! dije:
Saqué una página de periódico del bolsillo de atrás y empecé a leer en voz alta.
Doña Irene me miró muy sorprendida.
—Bueno, en ese caso... dijo:
Así llegué a primer grado. Iba a la escuela desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde.
Después limpiaba zapatos. Tenía dinero para comprar libros y cuadernos y todos los demás que
necesitaba porque la abuela había guardado para mí, en su caja de hierro, todo lo que había ganado
como lustrabotas.

1. ¿Cómo aprendió Juan a leer?

2. ¿Cuántos años tenía Juan cuando acudió a la escuela?

3. ¿Dónde aprendió Juan sus nociones de aritmética?

4. ¿Qué otros personajes aparecieron en el cuento? Descríbelos brevemente.

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