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Rusia y su rol en el poder mundial

Geo

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CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

PRESENTACIÓN

Los Cuadernos de Geografía Política (CGP) son el resultado del trabajo de


integrantes del Grupo de Estudios de Geografía Económica y Comercio
Internacional (GECI), en el marco del Observatorio Geohistórico (OGH) y el
Programa de Estudios Geográficos (PROEG) del Departamento de Ciencias Sociales
y el Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO) de la Universidad Nacional de
Luján (UNLu).
Por un lado, se pretende que los CGP sean un insumo académico que
contribuyan al desarrollo del Observatorio de Comercio Internacional (OCI) del
Departamento de Ciencias Sociales (UNLu) y, al mismo tiempo, que acompañen la
labor del Observatorio Geoeconómico (OGE) del Colectivo GeoEcon.
Concretamente, los CGP tienen el objetivo de complementar las lecturas de
las/os estudiantes por medio de una selección de materiales educativos referidos a
distintos debates en torno a la política nacional, regional e internacional desde una
perspectiva geográfica.
Por último, consideramos que los CGP deben permanecer a disposición de
docentes, graduados y estudiantes para su empleo como herramienta didáctica. Por
tal motivo, los CGP integran un acervo de materiales educativos organizados en el
Portal Coordenadas ([Link]) y preparados para su
descarga en formato PDF.
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

EQUIPO DE TRABAJO

DIRECTOR

Prof. Omar Gejo (GECI-OGH-UNLu)

SECRETARIO DE REDACCIÓN

Prof. Alan Rebottaro (GECI-OGH-UNLu)

INVESTIGADORES ASESORES

Mg. Gustavo Alves (OCI-UNLu)


Lic. Ana Laura Berardi (UNMdP)
Dr. Zeno Crocetti (ILAT-UNILA)
Lic. Susana Fratini (GECI-OGH-UNLu)
Prof. Mariano Iscaro (FCA-UNMdP)
Prof. Gustavo Keegan (GECI-OGH-UNLu)
Dra. Ana María Liberali (UNMdP/UNICEN/UBA)
Lic. Osvaldo Morina (GECI-OGH-UNLu)
Dr. Martín Martinelli (OGH-UNLu/CLACSO)
Lic. Solange Redondo (ISFD N° 45/UBA)
Prof. Diego Solimeno (ISFD N° 19/UNMdP)
Lic. Graciela Suevo (GECI-OGH-UNLu)
Lic. Alberto Virdó (GECI-OGH-UNLu)
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

RUSIA EN EL CONCIERTO DE PODER MUNDIAL,


A LA LUZ DE LA GUERRA EN UCRANIA

ESTEBAN MERCATANTE

IDEAS DE IZQUIERDA | 18 de septiembre de 2022

La invasión de Rusia a Ucrania le dio un carácter más urgente a un debate que ya


venía planteado de antes respecto del lugar de la Federación en el concierto
internacional. La agresión claramente reaccionaria llevada a cabo por el gobierno
de Putin, producto de la cual se anexó buena parte del Dombás, que se suma al
territorio de Crimea ocupado en 2014, ha llevado a más de una corriente o autor a
plantear el carácter imperialista liso y llano de este país. Creemos que realizar una
caracterización solo a partir de este elemento no permite dar cuenta
adecuadamente del carácter de Rusia.

Como ya adelantamos en un artículo reciente, creemos que la Rusia capitalista que


se conformó con la restauración burguesa durante 1989-1991 y los años turbulentos
que siguieron, integra el conjunto de formaciones intermedias para las cuáles
hemos propuesto la categoría de dependencia atenuada o con rasgos atenuados.
Con esta categoría nos referimos a aquellas formaciones que, sin perder la
condición subalterna, muestran una mayor capacidad, siempre en términos
relativos y en comparación con los países dependientes, para orientar la política
estatal en defensa de los intereses de sectores de la clase capitalista nacional, y
pujar por ellos más allá de sus fronteras, por lo general dentro de los límites de su
periferia más inmediata.

Dentro de este conjunto, Rusia se presenta como veremos como un caso particular,
en el que una notable debilidad económica va de la mano de un poderío militar –
traducido también en márgenes de acción geopolítica– superior al de algunos

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países imperialistas. La peculiaridad del desarrollo desigual y combinado de la


formación rusa y los rasgos de su Estado y aparato militar, son inseparables de la
dialéctica revolución socialista-restauración capitalista.

El grado superlativo de las capacidades militares en relación al lugar que ocupa la


formación capitalista de Rusia, el hecho de que es un país que se mantiene por
fuera –y forzado a hostilizar a– los entramados de la gobernanza imperialista, y la
ascendencia que esto le otorga sobre algunos países de su vecindad inmediata o
más lejanos que lo ven como un contrapeso relativo al imperialismo, lo convierte
en un caso de dependencia en extremo atenuada. Esta atenuación no se da en lo
económico donde su subordinación es más clara. No debemos perder de vista que
esta categoría transitoria da cuenta a la vez de una situación en cierta medida fluida
y dinámica: en los momentos de mayor disgregación que siguieron a la
restauración, Rusia se asomó al riesgo de desmembrarse y descender todavía más
en la escala de poder mundial; fue la estabilización y recuperación durante los años
de Putin le permitió reafirmar su posición en este estrato de potencias de rango
intermedio.

A continuación partiendo de un análisis de la formación económico-social de Rusia,


y de lo que muestra la guerra de Ucrania con su resultado aún abierto, buscaremos
demostrar los fundamentos de la caracterización planteada.

Baja productividad, poco valor agregado y alta dependencia de las materias


primas

El PBI de Rusia en 2021 ocupó el puesto número 12 en el ranking mundial de países.


Se trata del país de mayor superficie, y noveno en términos de población, pero en
términos de tamaño económico corre detrás de Brasil o Corea del Sur. Su economía
equivalió el año pasado a 7 % la de [Link].

Para darnos una magnitud del retroceso que atravesó Rusia desde el colapso de la
Unión Soviética, basta considerar que en 1985, según estimaciones de la ONU esta
tenía una economía que era la tercera del planeta, después de las de [Link]. y Japón,
y representaba algo menos de 22 % de la de la primera potencia imperialista. Hay

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CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

aspectos en los que esta formación resulta incomparable con el capitalismo


establecido desde 1991 y sesga las comparaciones. Pero más allá, y de que el
territorio de la URSS era mucho más extenso que el de la Federación actual, esta
reducción territorial no es el factor más determinante en el retroceso de la
economía, sino que lo es la involución que atravesó la misma. Desde que la
burocracia se convirtió en clase capitalista a través de una salvaje desposesión de
la propiedad nacionalizada, la economía rusa se redujo a paso acelerado. Durante
el gobierno de Boris Yeltsin, el PBI cayó no menos de 50 % acumulado (1). Entre
1992 y 1998, solo el año 1997 arrojó un magro crecimiento de 0,8 % del PBI (2).

La economía soviética atravesó desde la década de 1970 –o incluso antes– un


marcado estancamiento. La reconversión forzada al capitalismo que impuso la
burocracia tras la caída del muro de Berlín, encontró un aparato productivo que, si
bien era diversificado y complejo, tenía un formidable atraso. Solo 4 % del aparato
productivo estaba al nivel mundial, y entre 7 u 8 % de la producción podía tener
estándares adecuados para la exportación (3).

La Unión Soviética tenía en sus últimos años una productividad del trabajo que
equivalía al 60 % de la de [Link] a nivel del conjunto de la economía. En medio del
colapso económico de la década de 1990 este indicador llegó a desplomarse hasta
equivaler a un tercio del de la economía estadounidense. Aunque posteriormente
con la recuperación económica aumentó la productividad, sigue estando en 45 %
de la productividad de [Link]. por persona empleada (4). Hay estimaciones todavía
más dramáticas, que calculan que en sectores tan importantes como el bancario, la
construcción, el comercio minorista, la generación eléctrica y la metalurgia, la
productividad sería apenas 26 % la de [Link]. (5). Indudablemente, la brecha con el
imperialismo yanqui es todavía mayor que hace 30 años, y para peor, esto ocurre
con una economía mucho menos diversificada y compleja, ya que la infraestructura
industrial atravesó un duro desguace desde la restauración.

Dos elementos marcaron un parteaguas para la dinámica del capitalismo ruso, y le


permitieron una recuperación relativa, pero que como vimos no revirtieron todo el
deterioro que trajo la debacle de la restauración. Por un lado, el ordenamiento

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político que permitió el relevo de Yeltsin por Vladimir Putin, sobre lo que
volveremos más adelante. Segundo, el boom de los precios de los commodities,
que dio un formidable oxígeno a la economía rusa. A las exportaciones energéticas,
se les sumará un desarrollo formidable del agronegocio, que permitirá en pocos
años que Rusia pase de una posición irrelevante en los mercados cerealeros a
competir con Ucrania por el primer lugar en la exportación de trigo.

Este solo elemento, el rol determinante de los precios de la energía para la dinámica
del capitalismo ruso, es suficiente para darnos una idea de la precariedad sobre la
que se apoya.

Desde 1999 en adelante el comercio exterior y la cuenta corriente de la balanza de


pagos fueron holgadamente superavitarios todos los años, permitiendo una
acumulación astronómica de reservas en las arcas del Banco Central de Rusia. De
acuerdo al Banco Mundial, las reservas pasaron de USD 12,3 mil millones en 1999, a
479 mil millones en 2007. Antes de la guerra de Ucrania alcanzaron un máximo de
633 millones, casi la mitad de las cuáles fueron congeladas por EE. UU. como
represalia a la invasión, en un acto con pocos precedentes que violó la intangibilidad
conferida a los activos de los bancos centrales.

Que los precios del gas y petróleo se mantuvieran desde comienzos del nuevo
milenio bien por encima de los niveles de la década de 1990, más allá de los
altibajos, permitió al Estado ruso compensar en parte el lastre de este atraso
económico, atraso que en una economía capitalista se traduce en mayores costos
y menor competitividad (dificultades para exportar y para evitar que las
importaciones abarroten el mercado local, desplazando a la producción nacional).
Las empresas energéticas que permanecieron siempre en manos estatales o que
fueron renacionalizadas (como la firma Yukos de la que el oligarca Mijaíl Jodorkovski
se apropió durante la restauración y fue expropiada durante el gobierno de Putin),
subsidiaron ampliamente la energía para la industria, permitiendo así compensar
en parte los lastres de competitividad gracias a la renta hidrocarburífera (6).
También la depreciación del rublo, que de acuerdo con el FMI estuvo

7
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

sistemáticamente 10 o 20 % por debajo de los valores estimados de paridad, sirvió


para compensar la falta de competitividad (7).

Gracias a la renta hidrocarburífera, esta cuenta de subsidios que permitió revitalizar


la economía de Rusia a pesar de sus debilidades productivas, fue acompañada de
niveles manejables de déficit público, que evitaron volver a afrontar episodios
críticos en materia de deuda después de la crisis de 1998.

La alta dependencia de exportación de commodities energéticas tiene también otro


costado no menor, desde el punto de vista de las herramientas de poder del Estado
ruso: al estar estas ventas en manos de empresas estatales, que actúan guiadas no
solo por consideraciones económicas sino también por los intereses del Kremlin, y
al tener entre sus compradores más importantes a varios ricos Estados europeos,
entre ellos Alemania, esto permite usar las ventas de commodities energéticos
como una herramienta de presión. Esto tiene algunos límites, desde ya, porque el
Estado ruso no puede permitirse hacer nada que dañe severamente la generación
de divisas, que su estructura productiva desarticulada necesita para producir, a lo
que se suma la dependencia de bienes importados que no tienen sustituto local.
Pero Rusia ha hecho un considerable uso de esta arma que le otorga su comercio
exterior, como discutiremos más adelante.

La estabilización económica desde el comienzo de milenio, acompañada de un


crecimiento bastante vigoroso durante la primera década y más moderado en la
siguiente, no puede llevar a engaño. El capitalismo ruso salió de la terapia intensiva
que caracterizó su primera década de existencia, y puso freno a la regresión social
e involución del aparato productivo que caracterizó ese período, pero no los
revirtió.

Las corporaciones rusas, un jugador de segundo orden en la arena internacional

No es sorprendente que Rusia, por el tamaño de su economía y su relevancia en el


comercio mundial de petróleo y gas, tenga algunas grandes corporaciones que por
valor de activos y facturación se ubiquen en los primeros puestos de los rankings
internacionales. Cuatro firmas de origen ruso están entre las 500 empresas más
8
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

grandes del mundo según Global Fortune 2022. Para poner esta participación entre
las firmas líderes en perspectiva, digamos que es inferior a de otras economías de
rango intermedio. Brasil cuenta con 8 en el ranking, e India con 9. En un trabajo de
2009, Ted Hopf cita un estudio del Boston Consulting Group que observaba que
solo 7 firmas de Rusia podían entrar en la categoría de jugadores globales (“global
challengers”), mientras que India contaba con 21 y China con 44 (8). Desde
entonces, estas economías agrandaron su ventaja respecto de Rusia.

La posición de Rusia en lo referente a la inversión extranjera directa (IED) a partir de


los datos que releva el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
permite darse una idea del grado de internacionalización alcanzada por el capital
de Rusia y su posición relativa a otros Estados. Podemos observar el boom de los
precios de los commodities dio aire a la expansión internacional de sus empresas.
Además, la elevada liquidez global que estimuló numerosas burbujas en la
economía global durante las últimas décadas, alimentada por la política de los
principales bancos centrales del mundo de fijar tasas de interés bajas y responder
a las sucesivas crisis inyectando dinero, estimularon en Rusia el endeudamiento para
financiar la expansión.

Los ingresos generados por los precios mundiales récord de la energía y la


disponibilidad de crédito barato en los Estados Unidos y Europa significaron que
era barato para las principales empresas de Rusia pedir prestado en moneda
extranjera: en promedio, el costo en rublos de los préstamos en dólares fue del 1
por ciento entre 2003 y mediados de 2007. Por lo tanto, hubo una oleada de
préstamos por parte de las principales empresas de Rusia, como la empresa de
aluminio Rusal, y de muchas empresas estatales, incluida la compañía petrolera
Rosneft y el gigante del gas Gazprom. Este préstamo se hizo en parte para generar
ingresos de inversión para el desarrollo en Rusia en ausencia de un sector bancario
nacional desarrollado, y en parte para financiar compras de empresas o inversiones
fuera de Rusia, a medida que las empresas invirtieron tanto en el upstream como
en el downstream, y se desarrollaron como actores globales en metales y energía.
El endeudamiento en los mercados globales convenía al gobierno ruso, ya que

9
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

creaba inversiones, y convenía a las empresas involucradas, ya que distribuía sus


activos y, a veces, su propiedad, más allá de Rusia (9).

Entre 2002 y 2013, año de mayor flujo saliente de IED generada por Rusia, esta se
multiplicó por 20. El stock de IED entre 2000 y 2021 creció por igual múltiplo. Pero
estos números, por impresionantes que puedan resultar a primera vista, no fueron
una particularidad rusa. En igual período, países como México o Colombia
aumentaron su stock de IED saliente en una proporción aún mayor, de 23 veces
(aunque el stock total de IED saliente de México era en 2021 la mitad del de Rusia y
el de Colombia menos de un quinto). Países como India vieron multiplicar su stock
saliente de IED durante 2000-2021 en una friolera de 121 veces, y China 96 veces.
Como vemos, el despliegue de Rusia está en línea con lo que ocurría en otros países
de desarrollo intermedio, y bien lejos de la expansión que atravesaron algunas de
las economías más dinámicas.

La IED generada por Rusia se encuentra extremadamente concentrada en los países


de su periferia más cercana. Armenia, Uzbekistán, Bielorrusia, Moldavia, Kazajistán,
suman tres cuartos del stock (10), dando cuenta de una expansión internacional muy
limitada.

Si miramos tanto la IED generada desde Rusia hacia el exterior como la que se
radicó en Rusia desde el extranjero, comprobaremos que la posición neta del país
no fue la de generador de inversiones sino la de receptor neto. Esta posición neta
deudora en el capítulo de inversión extranjera es una característica de los
capitalismos dependientes, mientras que los países imperialistas suelen tener más
stock de IED saliente del que reciben del exterior, o en el peor de los casos tener un
balance más o menos equilibrado entre ambos stocks (11). En el caso de Rusia, la
expansión de sus firmas en el extranjero se dio de la mano de un aumento
aproximadamente similar de ingreso de IED en el país, por lo cual la posición neta
se modificó muy poco. Por cada 3 dólares de IED salientes de Rusia en 2021, había
4 de IED entrante. La consecuencia de esta brecha negativa es que, si suponemos
iguales rendimientos de ambos flujos de la IED –suposición poco realista pero que
sirve para simplificar–, las rentas que la economía rusa recibe del exterior son solo

10
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

el 75 % de las que genera a capitales extranjeros. Esto muestra una posición de


Rusia mucho menos comprometida que la media de los países dependientes, pero
lejos de las de cualquier país imperialista o incluso de la “periferia próspera”.

El poderío militar de Rusia y el desafío ucraniano

El poderío militar de Rusia es el elemento que desentona en la caracterización de


Rusia como un país intermedio, elevando su posición. En esto se apoyan
conceptualizaciones como la de “imperialismo militar” propuesta por Matías
Maiello, que tiene un sentido más bien “negativo” en el sentido de definir a Rusia
como un país que no puede ser caracterizado como imperialista excepto en este
terreno.

El de Rusia es el quinto presupuesto militar del mundo, superado por los de [Link].,
China, Gran Bretaña e India. Es decir que el esfuerzo económico que realiza Rusia
para mantener su ejército es muy superior al de otras economías de mayor
envergadura que invierten menos, entre ellos los imperialismos alemán (séptimo
presupuesto militar) o japonés (octavo lugar).

Con alrededor de un millón de efectivos y otros dos millones de personal de reserva,


el ejército ruso se encuentra entre los 4 más numerosos del mundo.

A esto se suma ser uno de los países con mayor poderío nuclear, lo que actúa como
un enorme disuasivo contra cualquier ataque de otras potencias a su territorio. El
poder nuclear y el volumen militar son herencias de la Unión Soviética. A esto se
sumó un esfuerzo de inversión y mejora técnica de la industria militar que rindieron
algunos frutos. Desde la guerra de Georgia en 2008 en adelante, Rusia pudo
mostrar músculo militar y tener éxito en todas las intervenciones militares que llevó
a cabo hasta la invasión a Ucrania, de resultado aún incierto y que en las últimas
semanas viene mostrando noticias menos alentadoras.

Pero a pesar del gasto gigantesco y las capacidades militares contantes y sonantes,
hay un aspecto “cualitativo” de estas capacidades que es altamente dependiente
del desarrollo capitalista. Tiene que ver con la capacidad de incorporar armamento
11
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

que se encuentre al nivel de la tecnología más avanzada. En esto, el poder militar


de Rusia se choca con los límites que le impone una estructura productiva muy
desarticulada.

Como observa Stephen Bryen desde el diario prooccidental Asia Times, desde la
caída de la URSS el gasto militar se desplomó duramente, antes de volver a
recuperarse después de lograr la estabilización de la economía y de la llegada de
Putin al poder. Pero a pesar de aumentar el gasto presupuestario, “la producción y
la modernización de la defensa todavía están muy rezagadas. En términos prácticos,
la falta de dinero para la inversión en defensa en Rusia significó que los equipos no
se mantuvieran ni mejoraran” (12). Debido a las décadas perdidas, “los rusos
tuvieron que recurrir a proveedores occidentales para obtener nuevos sistemas.
Este fue especialmente el caso de la electrónica, las cámaras y los sensores”. En
algunos terrenos esta tecnología –que es “comercial” y no dirigida especialmente a
fines militares, cuya circulación los Estados suelen restringir– puede suplir las
falencias, pero en áreas más sensibles muestra muchas limitaciones. Entre ellas: el
hardware comercial no suele ser muy seguro contra la piratería o la intrusión; a
menudo puede ser acceda y contiene “bugs”; el enemigo conoce bien los sistemas
utilizados; estos sistemas rara vez utilizan cifrado u otras herramientas de seguridad
(13). Otra consecuencia de las estrecheces presupuestarias relativas –es decir,
mucho presupuesto respecto de otros países pero insuficiente para sostener un
ritmo aceptable de renovación del equipamiento militar ruso– fue que “el dinero se
destinaría primero a artículos de prestigio y solo después a mejorar el hardware
antiguo”. Por ejemplo, “mejorar el blindaje y los sistemas de control de fuego en los
tanques fue muy lento. Nunca se implementaron actualizaciones importantes,
incluidos los sistemas de protección activa”. La mayor parte de los tanques
destruidos por el ejército ucraniano, equipado con armas europeas y
estadounidenses, carecía de armadura mejorada. No estaban equipados con
sistemas de defensa activos, observa Bryen. Aunque como casi todos los análisis
sobre la guerra de Ucrania este está sesgado, en este caso en contra de Rusia, no
deja de plantear muchos elementos pertinentes sobre puntos débiles del poder
militar ruso.

12
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

La herencia de un gran poderío militar, renovado y parcialmente modernizado, que


el Estado capitalista ruso recibió de la Unión Soviética, fue clave para revertir el
retroceso del lugar de Rusia en el mundo sufrido durante la década que siguió a la
restauración burguesa. La disposición para ponerla en juego, incluso afrontando la
amenaza de sanciones y aislamiento internacional, como ocurrió en 2014 cuando
ocupó Crimea y nuevamente en febrero de este año cuando lanzó la invasión a
Ucrania, lo convierte en uno de los actores más desafiantes al “orden basado en
reglas” del cual EE. UU. y sus aliados de la OTAN se pretenden custodios.
Operaciones como la de Georgia en 2008, la ocupación de Crimea o las operaciones
en apoyo al gobierno de Bashar Al-Asad en Siria desde 2015, que fueron
determinantes para cambiar el curso de la guerra en favor del régimen, fueron
centrales para la proyección de fuerza de Rusia que pesó de manera clave en los
cálculos de todas las potencias.

La guerra en Ucrania, mucho más ambiciosa que todas las operaciones que lanzó
Rusia en los últimos 20 años, también muestra más crudamente las debilidades que
ya señalamos en el poder militar ruso. Los objetivos iniciales parecían ir mucho más
allá de la ocupación de la zona del Dombás, donde ahora se concentran los
combates. Si las fuerzas concentradas en los primeros días alrededor de Kiev y el
ataque con misiles que llegó incluso más al oeste eran parte de un plan de
ocupación más extendido o apuntaban a una operación relámpago de “cambio de
régimen” sin ocupación permanente es motivo de especulación; pero lo cierto es
que las fuerzas desplegadas por Rusia inicialmente nunca fueron suficientes para
plantearse seriamente las metas. El inicio de la campaña estuvo marcado además
por severas fallas en la logística que impusieron un avance muy trabado, y las tropas
y tanques rusos quedaron muy expuestos a los contraataques Ucranianos en sus
flancos. Aunque al precio de fuertes pérdidas, en la segunda fase de las operaciones
el gobierno de Putin apuntó a objetivos más acordes con los medios desplegados,
concentrándose en el Este del país, donde fue logrando consolidar la ocupación de
más del 20 % del territorio Ucraniano, pudiendo hacer pesar la superioridad de sus
fuerzas aunque no sin grandes costos.

13
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

En las últimas semanas, sin embargo, el ejército ruso se muestra más bien
empantanado, y las fuerzas ucranianas estuvieron lanzando ataques y recuperando
algo de terreno. Esto abrió por primera vez interrogantes serios sobre la posibilidad
de que Rusia se asiente duraderamente en esta porción del territorio ucraniano. Si
se profundizaran los retrocesos rusos en la guerra, la dimensión clave para la
proyección de poder de Rusia se vería seriamente comprometida.

El gobierno de Putin no puede permitirse nada que parezca una derrota; mientras
que Kiev, con apoyo de EE. UU. y la UE, ve reafirmada la decisión de no aceptar una
negociación con Moscú que involucre ceder parte del sudeste del país después de
las últimas victorias, por más que estas sean limitadas desde el punto de vista del
territorio que recuperó. Todo hace pensar entonces en una escalada. En lo militar,
algunos analistas, como George Friedman de Geopolitical Futures, considera
probable veamos próximamente un serio aumento de las tropas volcadas por Rusia
en Ucrania para asegurarse una victoria (14).

Al mismo tiempo, el Kremlin estaría mostrando en las últimas semanas algo que los
gobiernos de la UE ya temían, que es la disposición a máxima potencia su
equivalente del “arma económica” que fueron las sanciones con las que las
potencias respondieron a la guerra: Rusia puede apelar al chantaje energético.
Como dijimos más arriba, ser proveedor de commodities energéticos, cuando este
comercio lo manejan empresas estatales y cuando los principales clientes son ricos
y poderosos –y socios de la principal potencia con la que Rusia está
estratégicamente enfrentada– otorga algún nivel de poder sobre esos clientes. Si
bien como parte de los paquetes de sanciones que se vienen anunciando desde
que comenzó la guerra, los países de la OTAN y algunos otros aliados anunciaron
como parte de las sanciones económicas que dejarán de comprarle gas y petróleo
a Rusia, esto es mucho más fácil de anunciar que de materializar. En el caso del gas,
Alemania dio de baja, como resultado de la guerra, el ambicioso proyecto de
gasoducto Nord Stream 2. Este era un tendido que [Link]. miraba con mucha
preocupación, porque implicaba un estrechamiento de lazos entre Berlín y Moscú,
pero nunca logró, hasta el 23 de febrero, que su socio europeo desistiera de llevarlo
a cabo. Pero a través del Nord Stream 1, Alemania y otros países de Europa

14
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

siguieron recibiendo gas regularmente, hasta el momento en que Gazprom anunció


que ya seguiría enviándolo, unas semanas atrás. Antes de este corte total, durante
los últimos meses hubo reiteradas suspensiones y reducción del volumen
transportado, que la empresa atribuyó siempre a dificultades técnicas cuya
resolución se encontraba dificultada por falta de insumos a causa de las sanciones
contra Rusia.

La energía, si escasea, afecta a todo: la producción, el transporte, la calefacción.


Incluso si se puede conseguir, en estas condiciones eso solo ocurre a precios más
elevados. Esto genera toda una serie de trastornos, amenazando la actividad
económica, afectando las ganancias empresarias, y elevando el costo de vida, que
ya venía golpeado por un alza inflacionaria sin precedente hace décadas en los
países ricos. Rusia muestra así que tiene la llave del malestar social en Europa, y
busca hacer valer eso como represalia y advertencia a los países que apoyan a
Ucrania con armamento, inteligencia militar y asistencia financiera. De esta forma,
el arma energética dirigida contra la UE pretende aislar a Kiev para debilitarla, y
hacer valer su fuerza militar.

El problema de esta estrategia, tal como ocurrió con las sanciones occidentales
respecto de Rusia, es que no hay relación directa entre los tiempos de los daños
económicos que producen medidas de este tipo, y la decisión de los gabinetes
militares o las cancillerías. Para la UE, y especialmente para Alemania, que viene
amasando ambiciones de recuperar un peso propio en la geopolítica global, dejarse
chantajear por Rusia y ceder a sus pretensiones sería humillante. No hacerlo, puede
crear una situación explosiva en un continente que ya atravesó durante la última
década y media convulsiones y polarización política como resultado de la Gran
Recesión, primero, y de la crisis del covid, después, y donde hoy la lucha de clases
está cada vez más caliente.

Son todas malas opciones, pero nada augura que este intento de Putin de hacer
pesar su rol de proveedor energético pueda torcer el sistema de alianzas de Ucrania
como para impactar sobre el resultado de la guerra, sobre todo considerando que
difícilmente EE. UU. se vea conmovido por los apuros energéticos de la UE. Estos,

15
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

por el contrario, favorecen su intento de reemplazar a Rusia como proveedor de


gas y petróleo al viejo continente.

Una pugna por no perder posiciones

La invasión a Ucrania es una acción de agresión, en la cual Rusia pretende como


mínimo anexar una parte del territorio del sudeste de ese país. Pero, si bien esta
ocupación se inscribe en una ambición del Estado ruso de recuperar la grandeza
territorial del Imperio de los Zares o de la Unión Soviética, se inscribe dentro de una
trayectoria más bien defensiva y de contragolpe en la que viene actuando la Rusia
de Putin más allá de los discursos grandilocuentes de Putin sobre la necesidad de
recuperar el glorioso pasado imperial.

Si la estabilización económica de las últimas dos décadas significó poner un freno


a la decadencia de la restauración sin revertir sus peores lastres, aunque el manejo
de los recursos energéticos y sus rentas haya disimulado la persistencia de esos
estragos, en términos geopolíticos el Estado ruso nunca dejó de acumular fracasos
en sus intentos de frenar el avance de la OTAN hacia sus fronteras. No bastó ningún
despliegue de poder duro o blando –este último muy escaso para el régimen de
Putin–, ni la utilización de su rol de proveedor energético o de inversiones como
parte de una estrategia de palo y zanahoria, para disuadir a los países vecinos,
exintegrantes del bloque soviético, de asociarse a la alianza occidental. La agresión
a Ucrania fue resultado de la amenaza de que este país –que estaba gestionando
su integración a la Unión Europea [15]– de que este país pudiera iniciar tratativas
también para ser parte de la OTAN, lo que reforzaría los lazos ya muy estrechos
desde 2014 con las fuerzas militares yanquis.

La ubicación agresiva y “disruptiva” de Rusia respecto de las relaciones interestatales


que la Rusia de Putin fue adoptando de manera cada vez más marcada durante los
últimos 15 años en sus intervenciones militares, y que con la operación en Ucrania
marcó un salto en calidad, busca forzar un freno a este avance de la OTAN,
expansión que viene marcando un continuo avasallamiento a las pretensiones del
Estado ruso sobre su tradicional espacio de influencia.

16
CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

Por lo analizado, creemos que es equivocado tanto ubicar a Rusia como una
potencia imperialista, pero también cometer el error simétrico, de realizar una
lectura campista de la situación mundial y concluir de su choque indirecto con las
potencias occidentales que pueda ser un aliado en las luchas antiimperialistas de
los pueblos oprimidos. Rusia impugna las pretensiones de las potencias en su
periferia inmediata, para lo cual no duda en echar mano de la agresión militar y la
opresión a otros pueblos. Por eso mismo, de ningún modo se propone desafiar y
subvertir el sistema de expoliación mundial imperialista, sino regatear dentro de él
términos que le sean más convenientes reafirmando su esfera de influencia.

Notas

(1) Ver en esta edición el artículo de Santiago Montag y Omar Floydpara un panorama de los costos
económicos y sociales de la transición.

(2) Bank of Finland Institute for Economies in Transition, Russian Economy—The Month in Review 6
(2000): 1, 3.

(3) Neil Robinson (ed.), The political economy of Russia, Plymouth, Rowman & Littlefield Publishers,
2013, p. 22.

(4) Datos de The Conference Board, Total Economy Database, 2018.

(5) Ibídem, p. 40.

(6) Eteri Kvintradze, “Russia’s Output Collapse and Recovery: Evidence from the Post-Soviet
Transition,” IMF Working Paper 10/89, 2010.

(7) Russian Federation. 2007 Article IV Consultation—Staff Report: Staff Statement and Public
Information Notice on the Executive Board Discussion, Washington DC, FMI, 2007, p. [Link] el rol
de la depreciación de la moneda en las economías capitalistas relativamente atrasadas, ver Pablo
Anino y Esteban Mercatante, “El fetichismo (bi)monetario, o las soluciones mágicas para el
capitalismo dependiente argentino”, Ideas de Izquierda, 17/07/2022.

(8) Ted Hopf, “Russia’s Place in the World. An Exit Option?”, PONARS Eurasia Policy Memo N.º 79

(9) Neil Robinson, ob. cit., pp. 40-41.

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CUADERNOS DE GEOGRAFÍA POLÍTICA | 20

(10) Ted Hopf, ob. cit.

(11) Por motivos diferentes a los que determinan el desequilibrio de inversión de los países
dependientes, la principal economía mundial, EE. UU. también se caracteriza en las últimas décadas
por recibir del extranjero más IED de la que generan sus firmas en otros países.

(12) Stephen Bryen, “Is Russian weaponry mainly junk?”, Asia Times, 02/09/2022.

(13) Ídem.

(14) George Friedman, “The War”, Geopolitical Futures, 13/09/2022, consultado en


[Link]

(15) Durante el Consejo Europeo del 23 de junio de 2022, Ucrania fue finalmente aceptado como
país candidato a la adhesión a la UE.

Fuente: [Link]
la-guerra-en-Ucrania

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