Constructivismo en Relaciones Internacionales
Constructivismo en Relaciones Internacionales
Perspectivas constitutivas y/o interpretativas de las RRII, representadas por el constructivismo como principal teoría
que cuestiona los consensos materialistas y racionalistas previos en la disciplina en el marco del paradigma
reflectivista en las RRII.
Elementos como las ideas, el rol del lenguaje, la cultura, los discursos, perspectivas interpretativas. Rol de las ideas y
de los elementos ideacionales en la comprensión de la realidad internacional.
Surgimiento: década del 80. Frente a la síntesis racionalista que parecía dominar el mainstream de la disciplina,
emerge una mirada de nuevas aproximaciones críticas con el racionalismo en RRII: catalogadas por Keohane en 1992
como reflectivistas, incluyendo el constructivismo, el postestructuralismo, el feminismo, entre otras. Mirada
interpretativa del mundo social, se identifica a la realidad internacional como una construcción social.
Pueden clasificarse como teorías constitutivas. El objetivo de estas teorías es problematizar las condiciones sobre
cómo la realidad internacional llega a ser lo que es, cómo se construye el sistema internacional, cómo se construye la
realidad internacional. Así, la cuestión es problematizar los supuestos que nos llevan a asumir a la política
internacional como inmutable, para entender y estudiar los procesos sociales que llevan a la constitución del mundo
tal y cual lo conocemos hoy.
Importancia a partir de la década del 90. Argumento central: la realidad internacional se encuentra construida
socialmente, es una construcción social. En otras CsSs ya había sido desarrollada, se consolida en las RRII a partir del
constructivismo. Teorías realistas, liberales y estructuralistas, tenían un fuerte componente de determinación
material. Esta primacía de lo material por sobre lo discursivo viene a ser cuestionada por el constructivismo,
destacando el papel de las ideas, discursos y normas en la constitución de identidades e intereses por parte de los
actores sociales que participan en la política internacional. Observar factores materiales pero también entender
cuáles son las ideas que los agentes, los actores de lo internacional tienen, cuáles son las normas que están
operando inter subjetivamente en la relación entre actores, cuáles son los discursos que operan en un determinado
contexto y cómo todos estos elementos construyen a los actores internacionales como actores sociales, moldeando
sus identidades y sus intereses.
Otro aporte es que los agentes sociales se constituyen junto con las estructuras de la realidad internacional. Hay una
co-construcción entre ambas esferas estructura-agente.
Comprender los procesos de imaginación y los procesos de comunicación. Conceptos centrales: identidad y
socialización, normas, discursos, instituciones. Es importante recuperar la obra de Wendt sobre anarquía.
Instituciones como conjunto de identidades e intereses relativamente estable, entidades cognitivas que no existen
en forma independiente de las ideas de los actores sobre el funcionamiento del mundo. Estas instituciones actúan
reproduciendo las identidades sociales de los actores que definen un marco estructural. Ese marco estructural está
definido por ciertas instituciones como la autoayuda, la diplomacia, la soberanía, el equilibrio de poder, entre otras.
Constriñen el campo de lo que es posible realizar o pensar en el marco de la política internacional. Los intereses que
tienen los actores sociales no son exógenos, no son independientes de los procesos de interacción social. No derivan
de elementos materiales exclusivamente, también identidad.
Otra teoría es la escuela inglesa en RRII. Surge del comité británico para el Estudio de la Política Internacional en la
década de los 50 como una forma de orientar la acción de Reino Unido en el mundo post2ww. Corriente teórica que
se planteó para debatir con las posiciones realistas y liberales, como un puente o término medio. Distingue 3
conceptos:
Sistema intnac: interacción entre los estados que se consideren como parte de un todo. Visiones realistas.
Sociedad intnac: principales contribuciones de la escuela inglesa, conjunto de estados que son conscientes de
intereses y valores comunes con una identidad derivada de su participación en la misma sociedad. Sociedad de
estados o sociedad de sociedades. Compuesta por todas las sociedades nacionales.
Sociedad Mundial: sociedad integrada por individuos con lazos transnacionales donde las fronteras nacionales tienen
menor importancia.
Responder la pregunta por el cómo es posible que, a pesar de la anarquía experimentada en el sistema
internacional, se observa un considerable grado de orden y de cumplimiento de las reglas del sistema internacional.
Esto es, si el mundo fuera como el realismo predice, la anarquía generaría un comportamiento desordenado, y en
consecuencia no tendríamos reglas, ni instituciones a nivel internacional. Estas instituciones y este acatamiento a las
reglas del sistema estarían mostrando que no solamente estamos ante la presencia de un sistema internacional, sino
más bien de una sociedad internacional.
Tensión entre orden y justicia. El orden refiere a esta aceptación y acatamiento de las reglas, pero que no
necesariamente están basadas en algún tipo de principio de justicia, sino que puede estar basado en el dominio de
unos sobre otros. Para legitimidad (reglas y normas) necesita justicia. Sociedad más justa puede significar pérdida del
orden por la aparición de nuevos actores y cuestionamiento a reglas existentes. Ganar orden puede ir en contra de la
justicia, por la definición de reglas por parte de pocos actores.
Identidades configuran intereses: no hay intereses antes de saber quién soy como actor intnac. Deriva de los
estudios de psicología social. Ejemplo: Estado liberal, es más proclive interés protección y defensa de los DDHH.
Sistema internacional como ámbito constitutivo. No habría una diferencia intrínseca o esencialista entre la
política nacional y la política internacional. El ámbito de lo internacional, condiciona, define y modifica la propia
identidad del actor. Política nacional y la política internacional se van construyendo en forma articulada entre sí.
Lógica de lo apropiado: Estados y otros actores de la política internacional no toman decisiones basadas en un
cálculo racional de costos beneficios, sino que toman decisiones juzgando el contexto y respondiendo a la
pregunta ¿Qué es lo que yo como actor de la política internacional en este contexto debería hacer? ¿Cuál es mi
reacción apropiada? Esta reacción apropiada puede ser en algún momento actuar de forma egoísta, de forma
agresiva, pero en otras oportunidades puede ser entrar en un proceso cooperativo con otros. La respuesta a que
es lo apropiado está definida también por mi propia identidad.
Actores internacionales son agentes sociales implica reconocer que sus preferencias y su propio carácter no es
previo al proceso de interacción social, es decir, la interacción. Las relaciones internacionales moldean las
identidades y los procesos de conformación del propio Estado o actor como tal.
Intereses endógenos: no son independientes del propio proceso de interacción social.
Aprendizaje complejo: Aprendizaje no es solamente cómo ganar el juego. Reflexivo sobre las propias reglas del
juego, son contextuales y no definidas. Pueden ser modificadas y redefinir el juego.
Escuela inglesa: pasado y presente
Inició como Gemeinschaft (comunidad con fuertes lazos personales y profesionales) y se convirtió en una
Gesselschaft (red global de académicos). Seminarios regulares. Figuras clave como Manning, Wight, Bull, Watson,
James y Vincent. Critica la aproximación científica norteamericana -> segundo gran debate en la disciplina.
Papel de la historia en la Escuela Inglesa.: No es solo un registro del pasado, es el sustento esencial de las RRII y
construye la realidad social.
Idea de Wight sobre la teoría internacional como conjunto de preguntas sobre la naturaleza de las relaciones
interestatales, cristalizadas en 3 tradiciones: hobbesiana, grociana y kantiana; o realismo, racionalismo y
revolucionarismo.
Racionalismo deriva de la idea Lockeana de que incluso en el estado de naturaleza, los seres humanos pueden seguir
la razón, actuar racionalmente, y comportarse razonablemente el uno hacia el otro. Señala la capacidad de los
estados soberanos de coexistir bajo la anarquía y de desarrollar apropiadamente relaciones sociales. Se extiende
desde Hobbes en un extremo hasta Kant en el otro. Qué condiciones históricamente contingentes han permitido a
los estados darse cuenta de su potencial para la coexistencia y la cooperación, y qué otras condiciones deben
cumplirse para aumentar el grado en que esto es realizado en el mundo contemporáneo, es un problema central del
proyecto de investigación racionalista.
La relación entre el conocimiento histórico y el estudio y la práctica de las rrii es una relación compleja:
Siguiendo a Butterfield, Wight y Bull, las aproximaciones al estudio de las rrii atemporales son inadecuadas
porque es una materia intrínsecamente histórica.
Siguiendo a Watson y Bull, los estudios empíricos son inadecuados si ignoran la dimensión ideológica de la
materia. Debe prestarse atención a la unicidad de cada entidad y evento. Por otro lado, no está mal buscar
generalizaciones históricas pero el alcance de la investigación debe ser amplio y mostrar diferencias y
similitudes.
Wight y Bull: El conocimiento histórico hace posible y constriñe nuestras especulaciones sobre las opciones
futuras. En nuestro pensamiento hay poco y nada nuevo: Bull habla de la tiranía de los conceptos, que es la
dificultad de pensar fuera del marco conceptual históricamente dominante. La historia de la política
internacional puede ser vista como historia de recurrencia y repetición, pero al escribir la historia de la
sociedad internacional moderna es posible ver signos de progreso hacia un mundo más racional. Sostienen
que las narrativas históricas de la política mundial están entrelazadas con las teorías acerca de las
características fundamentales de la política mundial.
Orígenes en disputa:
Departamento de RRII de la London School of Economics dirigida por Manning e incluye académicos como
Wight y Bull. Formaron una comunidad intelectual unida cuyo enfoque fue el estudio de la sociedad
anárquica de estados como un marco institucional de la política mundial.
Creación del Comité Británico de Teoría de Política Internacional, liderado por Butterfield. Principales
representantes Wight, Bull y Watson. Creación de los textos clave, ej. "The Anarchical Society" de Hedley
Bull, publicado en 1977.
Manning tuvo gran influencia formativa en cómo se pensaban las RRII en todo UK. Se preguntaba si las RRII podían
tener suficiente substancia intelectual y función social para justificar ser enseñadas como programa universitario y
dedicó a su vida a elaborar uno respetable y socialmente útil.
La concepción de Manning estaba fundamentada en su formación como estudiante de derecho y jurisprudencia, y en
su experiencia de la Primera Guerra Mundial, la Liga de Naciones, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, y la
descolonización y sus secuelas, especialmente con respecto a esta última desarrolló una visión legalista fuertemente
eurocéntrica. Fue un firme creyente de la importancia de tomar seriamente las obligaciones legales como base del
orden internacional. El núcleo era la idea de la sociedad internacional como marco de la política mundial, anárquica
en su estructura, pero capaz de crear orden y asegurar cierto grado de justicia a través del trabajo de sus
instituciones clave.
Dos proposiciones generales: los intentos de generalización tienen diversas limitaciones pero pueden producir
algunos conocimientos; el conocimiento histórico ofrece una gran comprensión sobre rrii pero con limitaciones.
Darle importancia a la comprensión histórica pero emanciparnos de la tiranía de los conceptos.
Dos tipos de teoría (no hay una que capture completamente las características):
Generalizaciones inductivas derivadas de los hechos históricos: conocimiento histórico proporciona material.
Conjunto de proposiciones generales acumuladas: busca ejemplos de teoría en la historia del pensamiento
internacional y del pensamiento en la práctica.
La política mundial, según ellos, tiene algunos elementos que han sido mejor capturados por la tradición de
pensamiento realista, algunos a los que la tradición realista ha prestado especial atención y otros que se ajustan a la
representación revolucionarista. De ahí la afirmación de Little y Buzan de que la perspectiva de la Escuela Inglesa es
encomiablemente pluralista. Sin embargo, quienes fundaron la Escuela Inglesa fueron comprensivos con la
representación realista. Captura lo que es en efecto la estructura constitucional duradera de la política mundial que
tiene sus orígenes históricos en Europa, y que ha llegado a abarcar el mundo a través del imperialismo y la
descolonización.
Estudios históricos y su relación con la teoría: Tres ejemplos de trabajos históricos de la Escuela Inglesa:
La escuela inglesa fue una fuerza dominante en GB en la d70, pero no representa la manera británica o inglesa de
pensar. Hoy en día es una de las alternativas dentro de una obra distinta y significativa.
Constructivismo en RRII.
Papel de las ideas en la construcción de la realidad social y la identidad de los actores. Muestra que los hechos
sociales tienen otras funciones además de causa. Desafía los supuestos realistas sobre la anarquía y la autoayuda,
argumentando que la anarquía es lo que los estados hacen de ella. Se examinan los procesos de formación y
transformación de identidades estatales a partir de la influencia de las ideas. Implicaciones en la política exterior,
concluyendo que la identidad de un estado influye en sus intereses y acciones en el escenario intnac.
Watson analizó los sistemas de estados concluyendo que tienden a oscilar entre la autonomía y la hegemonía, con
una inclinación hacia el dominio o el imperio, aunque enfrentan presiones para preservar la independencia. Clasificó
los sistemas en tres fases históricas: sistemas antiguos, sociedad internacional europea y sociedad internacional
global. Tras la caída de la URSS, predijo una hegemonía conjunta liderada por Estados Unidos, que generaría
resistencia, pero fortalecería el orden internacional si las potencias mayores dialogaban y atendían las necesidades
de las menores.
Aportes y críticas:
1. Generalización limitada: Su idea de que los sistemas de estados se reproducen con potencias dominantes es
imprecisa y no permite predicciones concretas.
2. Necesidad de contexto histórico: La comprensión del presente requiere análisis específicos más allá de
generalizaciones.
3. Enfoque racionalista: Destaca la importancia de que las potencias mayores atiendan las demandas de las
menores para mantener el orden internacional.
Libro de Bull y Watson 1984. Conclusión: 1) aunque nuevos participante en la socintnac han tratado de remodelar las
normas existentes para reducir las discriminaciones contra ellos, han aceptado el marco institucional de la sociedad
2) no pueden prescindir de él, incluso en sus relaciones mutuas; y 3) que los principales elementos de todas las
sociedades contemporáneas han aceptado un cultura cosmopolita de la modernidad sobre la que descansan las
instituciones internacionales legales, diplomáticas y administrativas.
Las instituciones son medios racionales, funcionales y pragmáticamente necesarios para la coexistencia y
cooperación de comunidades políticas independientes. Está implícito en la visión de Watson y Bull de que los
Estados de Asia y Africa tienen fuertes intereses en aceptar las reglas e instituciones de la socint porque no podrían
prescindir de ellas incluso en sus relaciones de unos con otros. Manning sostiene que los estados necesitan aceptar
el derecho positivo intnac originado en Occ para poder coexistir y cooperar.
HLA HART “Contenido minimo del derecho natural” dadas las características de los seres humanos, es racional o
necesario que las normas sociales tengan unos pocos principios básicos en común (derecho natural), cubriendo las
necesidades básicas humanas.
La Escuela Inglesa caracteriza la expansión de la sociedad internacional europea como exitosa, destacando
instituciones como el derecho internacional y la diplomacia, consideradas formas racionales de organizar las
relaciones internacionales.
Onuma: Señala el uso del derecho internacional para justificar conquistas coloniales y pide que este aspecto sea
integrado en las narrativas históricas.
Suzuki: Argumenta que la narrativa de la Escuela Inglesa es inadecuada si ignora los aspectos coercitivos de la
expansión y la describe como inevitable debido a su racionalidad. Resalta que las naciones "civilizadas" occidentales
actuaron de manera incivilizada hacia los de fuera y que Japón adoptó este comportamiento hacia sus vecinos
menos "civilizados" según estándares occidentales. Propone evaluar la sociedad internacional no solo por sus
ventajas para los miembros, sino también por lo que ha negado a los no miembros. Suzuki no sugiere reemplazar la
narrativa de la Escuela Inglesa con enfoques chino-céntricos o nipona-céntricos. Más bien, considera necesario
buscar contranarrativas en tradiciones fuera del racionalismo occidental, como el realismo, el revolucionarismo y
otras tradiciones políticas globales, para ofrecer una perspectiva más inclusiva sobre la historia de la sociedad
internacional.
Buzan y Little amplían el análisis de las Relaciones Internacionales al incluir sistemas históricos como imperios, tribus
y clanes, superando el enfoque tradicional centrado en Westfalia. Dividen los sistemas en preinternacionales,
jerárquicos (imperios), económicos, y completos (interacciones político-militares, económicas y socioculturales).
Argumentan que el sistema global actual surge de la expansión y fusión de sistemas regionales, con los sistemas
económicos cubriendo áreas más grandes que los político-militares.
Observan tendencias actuales como disparidad entre democracias industrializadas (zona de paz) y estados débiles
(zona de guerra), predominio de interacciones económicas sobre político-militares (obsolencia guerra como poder),
amenazas ambientales, supervivencia del capitalismo, complicación reglas, normas e instituciones intnac., impacto
del Internet en cambios cualitativos en características económica, surgimiento de actores no estatales.
Adoptan un enfoque pluralista, combinando realismo, racionalismo y revolucionarismo, y critican al neorrealismo
por su enfoque limitado. Subrayan la importancia del conocimiento histórico para evitar generalizaciones y
comprender el presente en un contexto global más amplio.
Observaciones finales
El racionalismo sugiere que las comunidades políticas soberanas pueden coexistir y cooperar sin alteraciones
estructurales radicales a nivel internacional. Pero ciertas condiciones deben darse:
Watson sugiere que, en el mundo post-Guerra Fría, las grandes potencias, lideradas por Estados Unidos, deben
dialogar con las potencias menores para atender sus demandas, promoviendo un orden internacional más inclusivo.
En The Anarchical Society, Bull propone que la preservación y fortalecimiento de la sociedad internacional es
esencial para alcanzar objetivos como la justicia social, el control ambiental, la paz y la seguridad. Destaca la
importancia de la colaboración entre grandes potencias en torno a intereses comunes.
Bull advierte que un consenso limitado a las grandes potencias no será sostenible si ignora las demandas de Asia,
África y América Latina. Subraya la necesidad de una cultura cosmopolita que incorpore elementos no occidentales
para garantizar su autenticidad y universalidad.
Bull reconoce que la cultura cosmopolita naciente está dominada por valores occidentales, pero argumenta que para
sostener una sociedad internacional universal, esta debe integrar ideas y valores de culturas no occidentales. Solo así
podrá ser verdaderamente inclusiva y funcional en el futuro.
CONSTRUCTIVISMO
Teoría se enseña distinto. Teoría analítica pero carece de faceta descriptiva (abogar en favor de algo determinado).
Dificultades: Lenguaje metateórico, diversidad de enfoques, hecho de que esta teoría no constituye un marco
orientador de política exterior.
Origen debate racionalismo-reflectivismo d80. Discutió neorrealismo y neoliberalismo. Abordajes muy variados. Se
separa el constructivismo convencional/positivista del crítico/postpositivista y segmentaciones al interior de c/u.
Definición
El constructivismo en las Relaciones Internacionales se define por su énfasis en cómo las ideas compartidas y las
estructuras sociales influyen en la política internacional. Principales conceptos:
Principios básicos: Las asociaciones humanas se basan en ideas compartidas más que en fuerzas materiales
(idealismo). Las identidades e intereses se construyen socialmente, no son innatos (holismo).
Centralidad de la agencia (Klotz y Lynch): Las acciones de los agentes, influenciadas por el contexto social, son claves
para las continuidades estructurales y los cambios. Identidades e intereses de los agentes son producto de la
interacción social.
Marco dual social-material (Checkel): El entorno en el que actúan los agentes es tanto social como material. Este
contexto constituye a los agentes y define sus intereses a través de la interacción con las estructuras.
En resumen, el constructivismo rechaza el materialismo y el individualismo metodológico, subrayando que los
intereses de los estados surgen de su interacción con las estructuras sociales, enfatizando el papel de las ideas y las
normas compartidas.
Los intereses de los estados emergen de y son endógenos con respecto a la interacción con las estructuras.
Los orígenes del constructivismo en el debate racionalismo-reflectivismo
El constructivismo en las Relaciones Internacionales tuvo su origen en el debate entre el racionalismo, basado en el
positivismo, y el reflectivismo, vinculado al post-estructuralismo y el post-modernismo. Este debate cuestionó los
fundamentos epistemológicos y ontológicos de la disciplina, lo que permitió el surgimiento del constructivismo como
una alternativa.
El reflectivismo, en contraste, rechazaba el positivismo y se centraba en cómo el lenguaje y los marcos conceptuales
dan significado al mundo, cuestionando la existencia de verdades absolutas. Adoptaba una postura relativista, donde
toda experiencia humana estaba mediada por el discurso y el contexto social. Autores como Richard Ashley, James
Der Derian y Michael Shapiro exploraron el rol del poder y los discursos en la construcción de la realidad, influidos
por el post-modernismo y el post-estructuralismo.
A pesar de las diferencias, existe una superposición entre ambos enfoques. Algunos "constructivistas reflectivistas"
enfocan sus investigaciones en el rol de los discursos, adoptando perspectivas más cercanas al post-estructuralismo
o post-modernismo, en lugar de trabajar exclusivamente con preguntas propias del Constructivismo. No obstante,
esta superposición no elimina las diferencias metodológicas y teóricas que separan al Constructivismo del
Reflectivismo como enfoques distintos dentro del campo de las Relaciones Internacionales.
En síntesis, el constructivismo surgió como una respuesta tanto al racionalismo como al reflectivismo, situándose
entre ambas posturas. Su énfasis en cómo las interacciones sociales y las ideas compartidas constituyen la realidad
política ha transformado el estudio de las Relaciones Internacionales, ofreciendo una alternativa que combina
elementos críticos con enfoques prácticos.
Es útil traducir las aclaraciones metateóricas a conceptos clave del constructivismo convencional y sus preguntas de
investigación. Esto permite reseñar aportes empíricos organizados en torno a tres elementos de Price y Reus-Smit:
Aunque estos elementos están interconectados y presentan cierta circularidad, esta segmentación facilita analizar
las contribuciones del constructivismo convencional.
Lo ideacional y lo material
El constructivismo sostiene que la realidad social no es algo dado, sino que se crea a través de la acción con sentido,
donde lo ideacional (ideas, normas y significados) juega un papel central. Los significados compartidos se estabilizan
en el tiempo, creando un orden social compuesto por estructuras e instituciones. Estas estructuras incluyen normas
que establecen expectativas sobre los comportamientos legítimos de los actores internacionales. Algunos hechos,
conocidos como hechos constitucionales, solo existen porque se les atribuye un significado compartido entre los
actores.
Aunque el constructivismo reconoce la importancia de los recursos materiales (como el poder y la riqueza), enfatiza
que su relevancia depende del contexto ideacional y de las identidades e intereses de los Estados. Alexander Wendt
argumenta que fenómenos como la autoayuda y la política de poder, comúnmente atribuidos a la estructura
anárquica del sistema internacional, son en realidad instituciones construidas socialmente a través de la interacción
entre los Estados.
Un aspecto clave del constructivismo es el papel de las normas, definidas por Finnemore y Sikkink como estándares
de comportamiento que tienen una naturaleza obligatoria. Estas normas estructuran los intereses y acciones de los
Estados y pueden influir o incluso redefinir sus políticas. Por ejemplo, en The Culture of National Security
(Katzenstein, 1996), se explora cómo las normas ideacionales influyen en las políticas de defensa y seguridad de los
Estados, destacando la importancia de los determinantes sociales en temas tradicionalmente dominados por
explicaciones materiales.
El constructivismo también resalta la mutua constitución de agentes y estructuras: las políticas de los Estados no
solo responden a las normas internacionales, sino que también las moldean y las reconstruyen en un proceso de
retroalimentación. Esto significa que las identidades estatales y las normas internacionales se influyen mutuamente
a lo largo del tiempo. Un ejemplo representativo de este enfoque es el trabajo de Richard Price y Nina Tannenwald
(Norms and Deterrence), donde analizan los tabúes internacionales sobre el uso de armas nucleares y químicas.
Según ellos, la abstención en el uso de estas armas no responde únicamente a cálculos costo-beneficio, sino a
normas internacionales que prohíben su empleo.
5 argumentos:
En conclusión, el constructivismo combina metodologías empíricas e interpretativas para estudiar cómo lo ideacional
y lo material interactúan en la política internacional. A través de esta perspectiva, muestra cómo las normas,
identidades e interacciones sociales estructuran los intereses y comportamientos de los Estados, transformando así
las dinámicas internacionales.
Las identidades como constitutivas de los intereses y las acciones
El constructivismo destaca que las identidades estatales son fundamentales para entender los intereses y acciones
de los Estados, rechazando la idea de que estos sean unidades homogéneas con intereses nacionales fijos definidos
únicamente en términos de poder o autoayuda. En cambio, las identidades se construyen socialmente a través de
interacciones, combinando autopercepciones subjetivas con representaciones compartidas entre actores. Estas
identidades moldean los intereses estatales, los cuales dependen de cómo los Estados perciben el orden
internacional y su posición deseada en él.
Las identidades no son permanentes ni estáticas; están en constante proceso de formación y transformación. Este
proceso puede originarse en el ámbito doméstico, a través de dinámicas sociales y políticas internas, o en el nivel
sistémico, mediante interacciones internacionales, normas y regímenes. Por tanto, los intereses de los Estados no
preexisten a sus identidades, sino que se construyen junto con ellas al interpretar las situaciones internacionales.
Un ejemplo de cómo la identidad afecta las dinámicas internacionales es la Guerra Fría, donde las características del
orden internacional no solo dependieron de la distribución del poder, sino también de la identidad del hegemón.
Esto demuestra que los factores ideacionales son tan importantes como los materiales para comprender las
relaciones internacionales.
El constructivismo también ha demostrado empíricamente cómo las ideas influyen en las identidades y políticas de
los Estados. Por ejemplo, Robert Herman estudió cómo las ideas reformistas dentro de la élite soviética
transformaron la identidad de la Unión Soviética, lo que impactó sus políticas exteriores. Este análisis muestra que
las circunstancias materiales, como cambios en la distribución del poder, no son suficientes para explicar las
decisiones de los Estados; las ideas y percepciones juegan un rol clave.
Además, las normas internacionales contribuyen a la construcción de identidades estatales, influyendo en los
intereses y comportamientos de los Estados. Sin embargo, el constructivismo enfatiza que estas identidades son
dinámicas y están sujetas a constante producción, reproducción e impugnación. Este enfoque permite entender
cómo las identidades evolucionan y cómo afectan no solo las políticas exteriores, sino también las estructuras y
dinámicas del sistema internacional.
Wendt adoptó fundamentalmente un enfoque estatocéntrico, a pesar de reconocer que gran parte de la identidad
surge a nivel doméstico, donde las distintas fuerzas sociales entran en complejas dinámicas. La identidad tiene una
doble dimensión: subjetiva (autopercepción) e intersubjetiva (sistémica, cómo me ven los demás). Surge de
dinámicas colectivas e interacciones, basándose en significados colectivos. La base de los intereses se encuentra en
la autopercepción, el lugar deseado en el SI y las situaciones intnac históricamente contingentes. Afirma que el
poder no tiene un significado intrínseco, si no que depende de la distribución de los intereses estatales.
En conclusión, el constructivismo aporta una perspectiva que trasciende las explicaciones basadas únicamente en
factores materiales o racionales, al resaltar la importancia de las identidades socialmente construidas en las
relaciones internacionales. Las identidades de los Estados, al ser dinámicas y contextuales, tienen un impacto crucial
en la definición de sus intereses, la formulación de sus políticas y la configuración del sistema internacional en su
conjunto.
El constructivismo se centra en la relación dinámica y mutua entre agentes y estructuras sociales, donde los agentes
(personas, grupos, Estados) no solo actúan en función de normas, identidades y significados preexistentes, sino que
también pueden reinterpretarlos y transformarlos. Este enfoque subraya cómo los agentes, a través de su discurso y
acción, pueden reconstruir las estructuras que influyen en la vida social y política.
Agentes y estructuras: un vínculo dinámico: Los agentes sociales no son entidades separadas de las estructuras, sino
que están mutuamente constituidos. Por un lado, los agentes están condicionados por el contexto normativo y
social; por otro, sus interpretaciones y acciones pueden legitimar, reproducir o transformar las estructuras
existentes. Por ejemplo, a través de discursos, los agentes pueden reinterpretar normas e identidades, difundiendo
nuevos significados que reconfiguran las prácticas sociales.
Agencia en las relaciones internacionales: Adler plantea que la evolución de significados colectivos y su
institucionalización ocurre mediante comunidades transnacionales de práctica, como las comunidades epistémicas y
de seguridad. Estas comunidades vinculan ideas con objetos concretos, las difunden a través de fronteras y permiten
su adopción mediante procesos de selección cultural y política, transformándolas en normas e instituciones estables.
Risse complementa esta visión al analizar cómo los procesos de argumentación y persuasión en las instituciones
internacionales facilitan la socialización y el aprendizaje social, generando cambios en las políticas exteriores de los
Estados. Checkel aplica esta perspectiva en su análisis micro de las interacciones en instancias internacionales.
Investiga cómo instituciones como la Unión Europea socializan a los Estados miembros, promoviendo cambios en
identidades e intereses a través del debate argumentativo, como en el caso de las políticas migratorias.
Norm entrepreneurs y construcción de marcos cognitivos: Finnemore y Sikkink destacan el papel de los norm
entrepreneurs, actores que construyen y promueven normas basadas en visiones sobre comportamientos deseables.
Estos agentes emplean estrategias discursivas para nombrar, dramatizar e interpretar problemas, vinculándolos a
marcos más amplios que buscan aceptación pública y establecen nuevas formas de abordar problemáticas
específicas.
Conclusión: El constructivismo ofrece una visión integral que conecta agentes y estructuras en un ciclo de mutua
constitución. Su interdisciplinariedad, que abarca desde análisis del discurso hasta teoría habermasiana, permite
explorar cómo las normas, identidades y prácticas emergen, se difunden y evolucionan en las relaciones
internacionales. Este enfoque subraya el protagonismo de los agentes en la transformación de estructuras,
estableciendo un marco único para comprender la política global.
Reflexiones finales: teoría analítica y prescriptiva ¿Existe una política exterior constructivista?
El constructivismo ofrece tres formas de entender la teoría: como herramienta, crítica y práctica cotidiana. Cada
enfoque plantea reflexiones distintas sobre su utilidad para analizar la política exterior y las dinámicas
internacionales.
1. La teoría como herramienta: En este enfoque, la teoría es un instrumento neutral diseñado para comprender el
mundo tal como es y formular políticas eficaces. Inspirado en las teorías de resolución de problemas identificadas
por Robert Cox, este uso busca estrategias eficientes para defender el interés nacional, ya sea desde enfoques
hegemónicos (como el realismo y el liberalismo) o desde perspectivas periféricas (como el realismo periférico o la
teoría de la autonomía). Ejemplo de su aplicación son los gobiernos de Menem y Kirchner en Argentina.
2. La teoría como crítica: Aquí, la teoría tiene dos tareas: explicar cómo el mundo llegó a ser lo que es y conjeturar
sobre formas de emancipación del status quo. Se reconoce la naturaleza histórica y socialmente construida de las
estructuras actuales, destacando los valores del teórico como un elemento central. Según Price y Reus-Smit, el
constructivismo, basado en la teoría social crítica, utiliza estos supuestos ontológicos y metodológicos para
demostrar que la realidad no es inevitable, sino que puede transformarse.
3. La teoría como práctica cotidiana: Este enfoque, propio del reflectivismo, entiende la teoría como una práctica
constante que todos los actores realizan. Tanto los académicos como los actores globales teorizan al interpretar
fenómenos sociales, construyendo significados que dan sentido a la realidad. Este proceso perpetúa ciertas
relaciones de poder, mientras anula otras interpretaciones posibles. Para el constructivismo, esta práctica cotidiana
demuestra cómo los discursos hegemónicos consolidan el poder, ofreciendo herramientas para relativizar su
dominación.
Constructivismo y política exterior: Aunque no fue diseñado específicamente para evaluar políticas exteriores, el
constructivismo es útil como marco para investigaciones empíricas en este campo. Al no ser prescriptivo respecto a
un orden internacional o tipo de política exterior, puede adaptarse para analizar casos sin imponer marcos
ideológicos. Su enfoque permite identificar cómo las ideas y los discursos configuran los intereses y las acciones de
los Estados, reconociendo el carácter construido de las relaciones de poder y las instituciones internacionales.
En el contexto latinoamericano, esta perspectiva es valiosa para evitar que los análisis de política exterior se alineen
automáticamente con intereses hegemónicos. El constructivismo permite comprender cómo los marcos realistas
pueden exagerar las desconfianzas entre Estados periféricos, mientras los enfoques liberales pueden restringir la
soberanía de los mismos en un sistema dominado por potencias. Al carecer de una dimensión prescriptiva rígida, el
constructivismo facilita investigaciones que consideran las necesidades y realidades locales, potenciando su
dimensión crítica para cuestionar los discursos hegemónicos y buscar una mayor autonomía regional.
Conclusión: El constructivismo, en su capacidad para combinar análisis crítico, empírico y práctico, se posiciona
como una herramienta versátil para entender las dinámicas internacionales y de política exterior. Aunque no
establece principios normativos, su enfoque en la construcción social del poder y las instituciones ofrece un marco
efectivo para analizar y relativizar las estructuras existentes, especialmente desde las perspectivas del Sur Global.
En su obra "La anarquía es lo que los estados hacen de ella", Alexander Wendt desarrolla un argumento
constructivista que desafía la visión racionalista predominante en las teorías de relaciones internacionales,
particularmente la noción de que la autoayuda y la política de poder son consecuencias naturales e inevitables de la
estructura anárquica del sistema internacional. Wendt sostiene que estas no son características inherentes de la
anarquía, sino instituciones socialmente construidas que emergen de las interacciones y prácticas entre los Estados.
Wendt señala que todas las teorías de relaciones internacionales están basadas en teorías sociales que estructuran
las preguntas fundamentales sobre la política mundial. Estas teorías sociales no determinan el contenido de las
teorías internacionales, pero influyen en los enfoques utilizados para comprender y explicar fenómenos como los
cambios revolucionarios en el sistema internacional. En este contexto, el debate se centra en si las identidades e
intereses de los Estados son exógenos (dados por la estructura) o endógenos (formados a través de la interacción).
2. La anarquía genera autoayuda: En ausencia de una autoridad central, los Estados compiten en un sistema
de autoayuda para sobrevivir.
3. El aprendizaje es conductista: Las instituciones internacionales pueden cambiar comportamientos, pero no
transforman identidades ni intereses.
Esta visión, según Wendt, limita la capacidad de los enfoques racionalistas para explicar cambios profundos en las
dinámicas internacionales, ya que considera que los intereses de los Estados son inmutables. Aunque algunos
neoliberales reconocen que las instituciones pueden fomentar cooperación, carecen de una teoría coherente para
explicar cómo las identidades e intereses se transforman.
El enfoque constructivista
Las identidades e intereses son endógenos y se construyen a través de las interacciones entre los Estados.
La anarquía no determina la autoayuda: La autoayuda y la política de poder no son propiedades inherentes
de la anarquía, sino el resultado de prácticas sociales.
Las instituciones pueden transformar identidades e intereses mediante el aprendizaje complejo y cambios
en las normas compartidas.
El constructivismo enfatiza que las normas, los significados compartidos y las prácticas intersubjetivas son
fundamentales para la construcción de las identidades e intereses estatales. Esto implica que las instituciones
internacionales y las dinámicas de interacción pueden modificar las prioridades y acciones de los Estados, abriendo
espacio para la cooperación y el cambio.
Aporte de Wendt
Wendt busca tender un puente entre las tradiciones racionalista y reflectivista, así como entre realismo y
liberalismo. Propone que la anarquía es un espacio de posibilidad en el que las identidades e intereses de los Estados
no están predefinidos, sino que se construyen socialmente. Esto implica que la autoayuda y la política de poder no
son inevitables, sino que dependen de cómo los Estados interactúan y otorgan significado a sus prácticas.
Conclusión
El enfoque constructivista de Wendt transforma la forma de entender el sistema internacional al rechazar la visión
determinista del racionalismo. En lugar de asumir que la anarquía produce automáticamente dinámicas
competitivas, Wendt demuestra que estas son instituciones construidas socialmente, lo que abre la posibilidad de
transformar el sistema internacional a través de cambios en las normas, identidades e intereses. Esto convierte a la
anarquía en un espacio flexible donde la cooperación y la redefinición del orden global son viables.
El análisis de la anarquía y la política de poder en las relaciones internacionales presenta una distinción clave entre
los enfoques realistas clásicos y neorrealistas. Los realistas clásicos atribuyen el egoísmo y la política de poder a la
naturaleza humana, mientras que los neorrealistas o realistas estructurales enfocan su análisis en la anarquía del
sistema internacional. La diferencia entre estas dos perspectivas radica en las fuerzas causales de la anarquía.
Kenneth Waltz, una figura central del neorrealismo, ofrece una interpretación intermedia. Define la anarquía como
una condición de posibilidad para la guerra, ya que no existe una autoridad central para prevenirla. Sin embargo,
para Waltz, la naturaleza humana o las dinámicas políticas internas son los motores iniciales que impulsan la
guerra. La anarquía, en este sentido, establece la política de poder y la autoayuda como características inevitables
del sistema internacional.
Visión facultativa: Según esta visión, la anarquía no determina necesariamente una política de poder
competitiva. Solo en determinadas circunstancias, cuando factores humanos o internos provocan un ataque
de un Estado (A) contra otro (B), la defensa (B) será necesaria. En este enfoque, las prácticas y dinámicas
humanas juegan un papel crucial en la configuración de la política internacional.
El argumento de Wendt
Alexander Wendt desarrolla una crítica constructivista a esta visión estructuralista, abordando la relación entre
autoayuda, anarquía y la identidad de los Estados. Su argumento se presenta en tres etapas clave:
1. Diferenciación entre autoayuda y anarquía: Wendt destaca que la autoayuda no es una consecuencia
inherente de la anarquía. Esta distinción desafía la concepción tradicional que asocia la seguridad egoísta
como una propiedad intrínseca de la anarquía.
2. Producción de autoayuda y política de poder: En esta etapa, Wendt argumenta que la autoayuda y las
políticas de poder competitivas surgen de las interacciones entre los Estados, no como una consecuencia
directa de la anarquía. La anarquía actúa más como un facilitador que como la causa principal de la
autoayuda.
3. Reconsideración de las imágenes (primera y segunda): Finalmente, Wendt aborda cómo los factores a nivel
individual (primera imagen) y estatal (segunda imagen) influyen en la formación de la anarquía. Concluye
que la identidad de los Estados y las estructuras de interacción juegan un papel crucial en la configuración
del sistema internacional, sugiriendo que las dinámicas de poder no son predeterminadas por la anarquía,
sino que son socialmente construidas.
Conclusión: El análisis de la anarquía y la política de poder según Wendt pone en duda las suposiciones del
neorrealismo, argumentando que la anarquía no determina de forma inevitable una política de poder y autoayuda.
Más bien, estas políticas surgen de las interacciones entre los Estados y sus identidades. Esto implica que el sistema
internacional y las dinámicas de poder están construidas socialmente, no simplemente determinadas por la
estructura anárquica.
El análisis de anarquía, autoayuda y conocimiento intersubjetivo en las relaciones internacionales aborda cómo los
estados se relacionan con las estructuras sociales y cómo estas afectan sus intereses y comportamientos,
especialmente en un sistema internacional anárquico. La visión de Waltz sobre la estructura política se basa en tres
dimensiones: los principios constitutivos (como la anarquía), los principios de diferenciación y la distribución de
capacidades. Sin embargo, su enfoque no predice completamente el comportamiento de los estados, ya que no
aborda cómo los intereses y las identidades influyen en la interacción de los actores en condiciones de anarquía.
La autoayuda como institución intersubjetiva: Según Stephen Walt, el equilibrio de amenazas, que es socialmente
construido, determina las acciones de los estados. Esto desafía la visión tradicional que asocia la seguridad egoísta
con la anarquía, argumentando que la autoayuda no es una consecuencia necesaria de la anarquía, sino una
institución construida por las interacciones entre los estados. Así, la autoayuda se convierte en una estructura
intersubjetiva que juega un papel decisivo en la política mundial, pero no es la única posible. Esto cuestiona la
concepción de la anarquía como un espacio en el que los estados están condenados a actuar de manera egoísta y
competitiva.
La importancia de los significados colectivos: El constructivismo, a través de la teoría de Wendt, subraya que los
estados actúan con base en los significados que tienen para ellos mismos y para otros actores. Por ejemplo, un
estado percibe a un enemigo de manera diferente que a un aliado. Las identidades y los intereses de los estados se
configuran a través de sus interacciones y las interpretaciones colectivas que se hacen de las situaciones. La anarquía
y la distribución del poder, aunque importantes, no son suficientes para determinar las acciones de los estados sin
considerar los significados intersubjetivos que les atribuyen a esos elementos.
Identidad, intereses y socialización: Las identidades de los estados son inherentemente relacionales y se
desarrollan dentro de un contexto socialmente construido. Los estados, por ejemplo, pueden tener múltiples
identidades, como ser un soberano, un líder del mundo libre o una potencia imperial, y cada una de estas
identidades se define a través de interacciones con otros actores y dentro de un sistema de significados colectivos.
Las identidades, a su vez, son las bases de los intereses: los estados definen sus intereses mientras definen sus
identidades y las situaciones que enfrentan. La falta de claridad sobre las identidades puede dificultar la definición
de los intereses, lo que lleva a confusión o incoherencia en la política exterior.
Las instituciones como estructuras cognitivas: En el constructivismo, las instituciones no son simplemente
estructuras externas que regulan el comportamiento, sino que son entidades cognitivas construidas a partir de
identidades e intereses compartidos entre los actores. Estas instituciones se socializan a través de la participación de
los actores en el conocimiento colectivo. Las instituciones pueden ser tanto cooperativas como conflictivas,
dependiendo de las identidades y significados compartidos. La autoayuda es una de estas instituciones que moldea
la anarquía, pero no es una característica esencial o fija de la misma.
Competitivo: Los estados se perciben mutuamente como amenazas. La acción colectiva es difícil debido a la
competencia constante.
Individualista: Los estados buscan ganancias absolutas, y la acción colectiva es más viable aunque limitada por los
intereses individuales.
Cooperativo: Los estados desarrollan una identificación mutua, viendo la seguridad como una responsabilidad
compartida. La acción colectiva es más sostenible y menos dependiente de amenazas inmediatas.
La relación entre identidades, intereses y la anarquía
El debate sobre si las identidades e intereses de los estados son exógenos (preexistentes al sistema) o endógenos
(producidos por las interacciones dentro del sistema) es clave en el constructivismo. Las teorías racionalistas y
individualistas tienden a ver las identidades y los intereses como dados, mientras que el constructivismo sostiene
que estos son moldeados por las interacciones y las normas compartidas en el sistema internacional. Waltz, al
integrar ambos enfoques, propone que la estructura anárquica condiciona el comportamiento estatal a través de la
competición y la socialización, pero no explica completamente cómo se forman las identidades y los intereses. Esta
laguna teórica ha sido criticada por el constructivismo, que argumenta que la anarquía y las dinámicas de poder solo
adquieren significado en virtud de las identidades e intereses construidos socialmente.
Conclusión: El análisis del constructivismo refuerza la idea de que las identidades e intereses de los estados no son
fijos ni exógenos, sino que se construyen a través de las interacciones sociales y la interpretación colectiva de la
anarquía y el poder. La autoayuda y otras instituciones, como la política de poder, son el resultado de procesos
sociales y cognitivos, no características inmutables de la anarquía. Por lo tanto, el constructivismo proporciona una
perspectiva más dinámica y flexible sobre cómo los estados interactúan en el sistema internacional, basándose en
significados compartidos y procesos de socialización en lugar de suposiciones estáticas sobre la naturaleza humana o
las estructuras anárquicas.
El texto aborda cómo la anarquía y la política de poder se construyen socialmente, desafiando la visión realista de
que la autoayuda es una consecuencia inherente de la anarquía. Según el constructivismo, el significado que
organiza la acción de los estados surge a partir de sus interacciones, lo que implica que la autoayuda no es una
característica esencial de la anarquía, sino que surge socialmente a través de los procesos de interacción entre los
estados.
La autoayuda como una construcción social: El constructivismo sostiene que la autoayuda podría no ser una
condición necesaria de la anarquía, sino una consecuencia causal de los procesos en los que los estados interactúan.
Si en los primeros encuentros entre estados, prevalecen concepciones egoístas de identidad, los neorrealistas
podrían tener razón al sostener que las identidades y los intereses de los estados son constantes y no se transforman
fácilmente. En este caso, las instituciones internacionales serían inherentemente inestables, ya que no podrían
transformar las identidades ni los intereses subyacentes, que serían objetos de elección y limitados solo por los
costes de transacción del cambio conductual. Esto refleja la visión más racionalista de las relaciones internacionales,
donde las instituciones son vistas como estructuras débiles que no pueden alterar las características fundamentales
de los actores.
El proceso de construcción de significados intersubjetivos: El concepto del yo y los intereses de los estados se
reflejan en las interacciones sociales con otros actores. Las amenazas, en este sentido, no son naturales, sino
construidas socialmente a través de un proceso de señalización, interpretación y respuesta mutua. Este proceso, que
comienza con un "acto social" inicial, genera expectativas sobre el comportamiento futuro del otro y refuerza ciertas
ideas mientras rechaza otras. A lo largo del tiempo, las tipificaciones recíprocas crean conceptos estables del yo y
del otro, estableciendo una estructura social duradera que define las identidades y los intereses.
Identidades y seguridad: el dilema de seguridad: En un sistema de seguridad competitivo, los estados actúan de
manera que perciben al otro como una amenaza. Este comportamiento genera identidades competitivas y egoístas,
donde la inseguridad y la desconfianza mutua son los motores de la interacción. El dilema de seguridad describe
cómo el fortalecimiento unilateral de la seguridad de un estado puede poner en peligro la seguridad de los demás.
Esta interacción recíproca es la que produce las identidades y los intereses, los cuales no son exteriores a las
relaciones, sino que se producen dentro de la interacción misma.
Una vez que el dilema de seguridad se institucionaliza, es muy difícil de cambiar. Las identidades y los intereses
permanecen influenciados por los significados colectivos en constante movimiento, lo que hace que el sistema de
relaciones entre los estados continúe reproduciéndose. El cambio en las prácticas de los estados podría llevar a un
cambio en los conocimientos intersubjetivos que conforman el sistema, y por lo tanto transformar la dinámica de
poder y la política de autoayuda.
Conclusión: El texto sostiene que las identidades y los intereses de los estados no son inmutables ni predefinidos,
sino que se forman y evolucionan a través de las interacciones sociales. La anarquía no determina necesariamente la
autoayuda; esta surge de las interacciones y las construcciones sociales de los actores. La política de poder y la
dinámica de seguridad entre los estados están profundamente influenciadas por las identidades y los significados
colectivos que se generan dentro de esas interacciones, lo que hace posible un cambio en el sistema internacional si
las prácticas y percepciones se modifican.
El texto aborda la relación entre anarquía, autoayuda y predación en las relaciones internacionales, y cómo estas
dinámicas están profundamente influenciadas por los procesos sociales de interacción entre los estados. En
particular, se discute la noción de que la anarquía no es una causa estructural inmutable, sino que puede funcionar
como una causa facultativa, cuyo papel explicativo depende de las identidades e intereses construidos socialmente
a través de las interacciones.
La depredación como factor de cambio: Los estados depredadores pueden forzar a otros estados a entrar en un
sistema de autoayuda, donde la seguridad se percibe como una responsabilidad individual, debido a la amenaza que
representan. Sin embargo, esto no implica que la anarquía determine de manera inevitable una política de poder
competitiva. En cambio, la depredación obliga a los estados a adaptarse y a definir su seguridad en términos de
autoayuda, pero la naturaleza de esta interacción depende de la historia previa de interacciones y de las ambiciones
del depredador.
En una situación en la que solo intervienen dos actores, si uno actúa de manera depredadora, el otro debe optar por
defenderse, lo que genera un comportamiento basado en la autoayuda. Este proceso refleja cómo el
comportamiento de un actor influye en las identidades y percepciones del otro, creando estructuras de seguridad
competitiva.
El dilema de seguridad y sus implicaciones: describe cómo el fortalecimiento de la seguridad de un estado puede
percibirse como una amenaza por otros, lo que lleva a un ciclo de desconfianza y competencia. Este dilema refleja las
identidades competitivas que surgen de la interacción en un sistema anárquico. Sin embargo, una vez que estas
identidades competitivas se institucionalizan, es difícil cambiarlas. La autoayuda y la política de poder competitiva,
en este sentido, son efectos de la interacción continua y no condiciones estructurales predeterminadas.
El texto aborda cómo las transformaciones institucionales en la política del poder, la soberanía, el reconocimiento y
la seguridad se desarrollan en un sistema internacional marcado por la anarquía. En este contexto, se destaca la
importancia de las prácticas sociales y las expectativas intersubjetivas en la creación de identidades y la evolución
de las instituciones, especialmente la soberanía de los estados.
La anarquía como causa facultativa: La anarquía no es una causa estructural fija que determine automáticamente
las acciones de los estados, sino que tiene un rol facultativo, es decir, su impacto depende de las prácticas sociales
que los estados construyen a través de sus interacciones. La autoayuda y la política de poder competitiva surgen
cuando los estados se ven obligados a competir por su seguridad, pero estas prácticas pueden cambiar dependiendo
de cómo se construyen identidades e intereses a través de las relaciones internacionales. Este proceso muestra que
la política de poder no es una característica inevitable de la anarquía, sino algo que se forma y se reproduce a través
de interacciones sociales que crean expectativas y normas compartidas.
La soberanía como institución socialmente construida: La soberanía es presentada como una institución
socialmente construida que existe solo en virtud de acuerdos intersubjetivos entre los actores internacionales. La
soberanía implica el reconocimiento mutuo de los derechos de cada estado para ejercer autoridad política de
manera exclusiva dentro de sus límites territoriales. Este reconocimiento mutuo configura un mundo diferenciado,
donde los espacios internos (dentro de los estados) y internacionales (relaciones entre estados) están claramente
delimitados.
Normas de soberanía y la interdependencia de los estados: Los estados actúan de acuerdo con normas aprendidas
sobre lo que significa ser soberano, y su identidad como tales depende de la reproducción de estas normas. Si los
estados dejan de actuar según estas normas, su identidad soberana desaparecería. Las instituciones soberanas, por
lo tanto, son entidades cognitivas, que no existen separadas de las ideas y las prácticas que los estados llevan a
cabo. En otras palabras, la soberanía no es una característica esencial, sino algo que se reproduce a través de la
interacción social. La interacción entre los estados es clave para transformar las relaciones de seguridad y poder.
La práctica de la soberanía transforma las relaciones internacionales de al menos tres maneras importantes:
1. Protección de fronteras territoriales: Los estados definen su seguridad en función de la conservación de sus
territorios. Esto, aunque parece natural hoy en día, no siempre fue el caso. La soberanía ha orientado
históricamente a los estados a conceptualizar su seguridad principalmente en términos de la protección de sus
fronteras, incluso cuando esto no necesariamente garantiza la supervivencia del estado o de su población.
2. Respeto por los derechos territoriales de otros: A medida que los estados interiorizan las normas de soberanía,
se vuelven más respetuosos con los derechos territoriales de los demás, entendiendo que la violación de estos
derechos solo puede justificarse bajo una "causa justa". Esta socialización continúa enseñando a los estados que
su seguridad depende de reconocer la soberanía de otros.
El papel de la gran potencia en la soberanía y la seguridad: A pesar de los avances en la socialización de las normas
de soberanía, las grandes potencias suelen tardar más en aprender estas lecciones, ya que sus intereses y prácticas
están profundamente enraizados en su poder militar y en su capacidad para imponer su voluntad. Sin embargo, en
la medida en que la socialización se consolida, los estados pequeños y medianos pueden empezar a confiar más en el
sistema internacional en lugar de en su poder militar propio para garantizar su seguridad.
Conclusión: El proceso de reconocimiento mutuo y la socialización de las normas de soberanía son fundamentales
para entender cómo las identidades y los intereses de los estados se construyen y se transforman. La soberanía no
es una característica fija, sino una institución construida a través de la interacción social, que puede cambiar y
evolucionar con el tiempo. La forma en que los estados entienden su seguridad y su relación con otros actores
depende de la socialización, que influye profundamente en la política de poder y la dinámica de seguridad global.
La cooperación entre egoístas y las transformaciones de identidad.
El texto analiza cómo la cooperación entre estados egoístas en un sistema internacional anárquico puede surgir, no debido a una
naturaleza predeterminada de la anarquía, sino a través de interacciones sociales que transforman identidades e intereses.
Inicialmente, en un estado de naturaleza hobbesiano, la cooperación es difícil debido a la falta de confianza y la preocupación
por el poder relativo. Sin embargo, la soberanía cambia esta dinámica, al establecer derechos de propiedad reconocidos
mutuamente, lo que permite a los estados cooperar de manera más directa, siempre y cuando haya interdependencia positiva y
ganancias colectivas.
La interdependencia puede generar vulnerabilidades, convirtiéndose en una fuente de conflicto, pero mediante la reciprocidad y
estrategias cooperativas, los estados pueden escapar del dilema del prisionero y formar instituciones cooperativas. A diferencia
del enfoque de la teoría de juegos, que considera las normas externas e inmutables, el constructivismo sostiene que las normas
surgen de la interacción social y afectan tanto a las identidades como a los intereses de los actores. Estas normas son resistentes
al cambio porque están vinculadas a los compromisos de los estados con sus identidades.
En resumen, el análisis constructivista sugiere que la cooperación no es un comportamiento inevitable, sino un proceso
dinámico en el que los actores reconstruyen sus intereses y identidades mediante sus interacciones, creando normas sociales
que guían la política de poder y la seguridad en el sistema internacional.
Teoría crítica de la estrategia de la seguridad colectiva
El texto explora la transformación de la identidad y los intereses de los estados en un sistema de seguridad colectiva,
destacando los límites y posibilidades de la cooperación entre estados egoístas y las dificultades para superar las estructuras
competitivas existentes. El proceso de cambio en la cooperación enfrenta dos limitaciones principales:
Límites de la cooperación
Proceso lento y aditivo: La cooperación en un sistema internacional anárquico es gradual y no siempre dirigida a transformar las
estructuras subyacentes de identidades e intereses. Los estados tienden a evitar reflexionar sobre cambios profundos y, en lugar
de intentar superar las instituciones existentes, los cambios suelen ser consecuencias no intencionadas de políticas adoptadas
por otros motivos.
Identificación negativa y desconfianza: La cooperación se ve dificultada cuando los estados se perciben negativamente entre sí.
La desconfianza y la antipatía dificultan la vulnerabilidad necesaria para cooperar. Este problema es especialmente evidente en
sistemas competitivos, como el conflicto Este-Oeste, donde la cooperación se ve restringida por la rivalidad entre bloques.
La transformación de identidades e intereses
El texto aborda el voluntarismo de la transformación de identidades, lo que podría parecer contradictorio con el
constructivismo, ya que este enfoque normalmente destaca la determinación social del "yo". Sin embargo, los actores pueden
cambiar sus identidades e intereses si se dan dos condiciones: 1) un motivo para ver el "yo" de manera diferente y 2) que los
costos del cambio no superen las recompensas. La cooperación, entonces, no solo es un cambio en el comportamiento, sino
también un proceso de reconstrucción de intereses.
Las etapas de la transformación internacional
El proceso de transformación de un sistema de seguridad competitiva a uno de seguridad cooperativa se divide en cuatro
etapas, ejemplificadas con la política de "Nueva Manera de Pensar" de Gorbachov:
1. Crisis del consenso identitario: Rompe el acuerdo sobre los compromisos identitarios existentes, como ocurrió en la URSS,
donde la incapacidad de competir económicamente con Occidente facilitó la transición de liderazgo.
2. Examen crítico: Se cuestionan las ideas previas sobre el "yo" y el "otro", abriendo paso a nuevas identidades y aspiraciones.
Gorbachov rechazó el conflicto inevitable entre el bloque socialista y el capitalista, reconociendo la agresividad de la URSS.
3. Nuevas prácticas: Las prácticas deben cambiar para transformar identidades, como en el caso de Gorbachov, con medidas
como el retiro de Afganistán y la defensa defensiva para generar confianza y eliminar excusas para la desconfianza.
4. Recompensa y consolidación: Las prácticas transformadoras deben ser correspondidas por el otro actor, creando una
identificación positiva entre los estados y consolidando una nueva identidad e intereses compartidos.
Conclusión: teoría crítica de la política internacional
El texto concluye que las teorías internacionales deben centrarse en cómo las interacciones sociales entre los actores producen
cambios en identidades e intereses. La práctica de los estados es clave para entender cómo las estructuras sociales y las
identidades no son dadas, sino construidas a través de la interacción. A pesar de los avances, tanto los neoliberales como los
constructivistas tienen limitaciones. Los neoliberales no han superado la concepción individualista de identidades e intereses,
mientras que los constructivistas se han centrado demasiado en la ontología sin explorar suficientemente los procesos causales
y empíricos que transforman estas identidades en contextos anárquicos.
La agenda de investigación debería incluir cómo la práctica de los estados afecta la evolución de sus identidades e intereses y
cómo estos procesos pueden transformar la política internacional.