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Crisis ambiental en La Mosquitia hondureña

Daño ambiental

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Deforestación, ganadería, cultivos ilícitos y

minería ilegal golpean a reservas naturales de


La Mosquitia

 La Mosquitia hondureña es una región en donde confluyen tres


áreas naturales protegidas: el Parque Nacional Patuca, la Reserva
de la Biósfera de Río Plátano y la Reserva Tawahka Asagni.

 En Honduras, las zonas naturales protegidas son áreas


abandonadas por el Estado, según expertos consultados por
Mongabay Latam.

 La deforestación, la ganadería, los cultivos ilícitos y la minería


ilegal han acabado con más del 54 % del bosque de La Mosquitia.

 La mayoría de líderes ambientales e indígenas de la zona han


dejado sus comunidades por razones de seguridad. Solo en la
comunidad Tawahka, 500 personas se desplazaron forzosamente a
las capitales de los departamentos de Honduras; mientras que
otras 150 abandonaron el país.

Su territorio ya no es un espacio seguro para la comunidad indígena


Tawahka. Quienes aún viven allí, luchan y alzan la voz ante la pérdida
de bosques en La Mosquitia hondureña, esa región en donde
confluyen tres áreas naturales protegidas y habitan seis
pueblos indígenas es azotada por la deforestación, la ganadería
extensiva, los cultivos ilícitos y la extracción ilegal de oro. Una acción
retrata el desdén oficial: en 2021 la construcción de una carretera
ilegal avanzó sin obstáculos por una de las reservas.

La Mosquitia es una región que se extiende por los territorios de


Nicaragua y Honduras y que forma parte del llamado corredor
mesoamericano. Allí hay bosques montañosos, pantanos de tierras
bajas y selvas tropicales. Esa región es también un gran complejo de
reservas, ya que en la zona se encuentran el Parque Nacional Patuca,
la Reserva de la Biósfera del Río Plátano y la Reserva Tawahka
Asagni.
“En la clasificación de biorregiones de la organización One Earth, los
bosques de Centroamérica están dentro de una sola bioregión de
bosques mixtos que incluye diferentes ecoregiones incluyendo
los bosques en La Mosquitia”, explica Ruth Nogueron, asociada senior
en el Programa de Bosques de la organización no gubernamental
Word Resources Institute (WRI).

Esteban Payán Garrido, líder del programa de especies para América


Latina de la organización no gubernamental Wildlife Conservation
Society (WCS), explica que la importancia de La Mosquitia hondureña
radica en la conectividad que tiene con los otros grandes bosques de
Centroamérica, la biodiversidad que alberga y la gran provisión de
agua que representa. “Esta zona es un gran foco en lo que llamamos
los cinco grandes bosques mesoamericanos. No se pueden aislar por
la conectividad entre ellos y eso (ahora) está sucediendo”, asegura
Payán.

La deforestación, motor de la pérdida del ecosistema


Hace más de una década, una de las razones que llevaron a la
declaratoria de las reservas en esta región de Honduras, fue el tratar
de detener los problemas que ponen en riesgo este ecosistema
clave. En los planes de manejo se determinó que la
deforestación, derivada de la llegada de colonos a los territorios que
ancestralmente han ocupado los indígenas, era una de las causas
para el establecimiento de economías ilegales como el narcotráfico, la
ganadería, la tala de árboles y la minería.

De acuerdo con análisis de la plataforma Global Forest Watch, desde


2001 hasta 2021, la Reserva Tawahka Asgni, perdió el 33 % de
su cobertura arbórea; la Reserva de la Biósfera del Río
Plátano, el 18 % y el Parque Nacional Patuca, el 34 %. Además,
en el Programa Nacional de Conservación de Ecosistemas Terrestres
2021-2030, de la Secretaría de Recursos Naturales y de Ambiente de
Honduras, se afirma que la deforestación del bosque tropical húmedo
en Honduras está concentrada en La Mosquitia.

Una carretera en medio de la reserva


El delito ambiental más reciente que cortó la conectividad ecológica
en La Mosquitia fue la construcción de una carretera ilegal que
comunica a los municipios Dulce Nombre de Culmí, del departamento
de Olancho, y a Wampusirpi, de Gracias a Dios, con La Mosquitia
hondureña. Habitantes de la la zona aseguraron a Mongabay Latam
que el proyecto costó más de dos millones de dólares y no se conoce
de dónde provinieron los recursos. Tanto comunidades indígenas
como sus dirigentes se enteraron de esta construcción
cuando ya estaba en marcha.
La ilegalidad de esta carretera fue confirmada por el director
ejecutivo del Instituto Nacional de Conservación Forestal de Honduras
(ICF), Luis Solís. El 23 de marzo de 2023, en una publicación
periodística el funcionario aseguró que la construcción de la vía no
contaba con los permisos necesarios y que los inversionistas
fueron motivados por el lavado de activos y el narcotráfico.

La carretera ilegal que fue construida en territorio del Resguardo Tawahka, habría
costado dos millones de dólares.

Incluso, varios de los habitantes afirmaron a Mongabay Latam que la


carretera ilegal que se construyó como un camino para llegar a la
reserva tiene como fin el tráfico de madera. “El maderero está
azotando en un alto porcentaje a los bosques de La Mosquitia. Aquí lo
vemos todos los días”, dijo uno de los entrevistados.

Reservas naturales, sólo en el papel


Según el Plan de Manejo publicado en 2013, la Reserva de la Biósfera
de Río Plátano es el hogar de más 75 especies de anfibios y reptiles y
de más de 130 especies de mamíferos, entre los que se
encuentran los pumas (Puma concolor), los monos araña (Ateles
geoffroyi) y el jaguar (Panthera onca), catalogados como especies en
Peligro de extinción por la lista roja de la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN). Mientras que el Parque
Nacional Patuca, según su Plan de Manejo, es el hogar de 56 especies
de anfibios y reptiles y de más de 66 especies de mamíferos.
La importancia ecosistémica de La Mosquita, según la UICN, radica en
que este territorio es el remanente boscoso más significativo de
Honduras y su red de ríos y sistemas lagunares constituyen la mayor
reserva de agua dulce del país. “En este sitio se encuentran 20 de
las 21 familias de aves acuáticas reportadas para
Honduras. Resguarda la guara verde (Ara ambiguus) y el águila
arpía (Harpia harpyja), en Peligro de extinción, y al ibis verde
(Mesembrinibis cayennensis), el cholo dorado, la gaviota parasita, la
garza tigre rufa (Tigriornis leucolopha) y la avoceta, reconocidas
como aves endémicas. Además, es refugio del cocodrilo americano
(Crocodylus acutus), el caimán (Caiman fissipes) y la tortuga lagarto
(Chelydra serpentina)”, afirman.
Uno de los biólogos que por más de una década ha trabajado en la
región con el ICF, y quien pide mantener su nombre en anonimato por
razones de seguridad, explica cómo es que avanza la deforestación
en La Mosquitia: allí, dice, hay un abandono estatal: “Impera más la
ley del plomo que las leyes comunes”.
En La Mosquitia, además del pueblo Tawahka, también se
encuentran los pueblos Pech, Nahua, Tolupán, Miskito y
Garífuna.

Pobladores de la comunidad indígena Pech se suman a la queja de


que no tienen el respaldo de las autoridades estatales en la
protección del ecosistema que han habitado ancestralmente. “Las
mismas autoridades —afirman— son parte de la deforestación masiva
de estos territorios”.

El Parque no tiene un director ni quien se encargue de su


administración. Son varias las organizaciones sin ánimo de lucro
involucradas en trabajar en la zona, pero en el desarrollo rural, no en
programas ambientales.
Desde 2001, el Plan de Manejo del Parque Nacional Patuca advirtió
que la fuerte migración de personas que llegaban a la zona, en
búsqueda de suelos agrícolas fértiles y de oro, estaba ocasionando
una gran deforestación del área. “La apertura de carreteras para
extraer madera y extracción de oro son solo algunas de las
actividades que están contribuyendo a la degradación de estos
sistemas”, se lee en el plan.

Veintidós años han pasado. El problema no se ha detenido, al


contrario, los escenarios que afectan al parque, y a la región de La
Mosquitia, se han multiplicado.

El significado de ser un patrimonio ambiental


El fotógrafo y biólogo Javier Maradiaga trabajó durante 14 años en el
Parque Nacional Patuca para documentar la existencia de las Águilas
Harpía (Harpia harpyja). Durante ese tiempo pudo ver que los colonos
no reconocen la importancia de ese territorio ni las implicaciones de
destruirlo. Por eso, algunas organizaciones no gubernamentales han
centrado su trabajo en la implementación de iniciativas comunitarias
con el fin de concientizar a los nuevos habitantes, y en especial a los
niños, sobre la importancia biológica de la zona.

La Reserva de la Biosfera del Río Plátano fue declarada Patrimonio


Mundial en 1982 por la UNESCO y pertenece a la lista de Patrimonio
Mundial en Peligro desde 2011. Esto último, según la Convención de
Patrimonio Mundial, quiere decir que es un bien amenazado de
desaparición por deterioro, grandes obras, destrucción, alteración o
abandono.
En Honduras, las zonas declaradas como parques nacionales o
reservas son áreas protegidas que, según el ICF, gozan de un estatus
legal que obliga a su protección y la de su fauna. Pese a lo
anterior, tanto los biólogos como los líderes aseguran que el
Estado abandonó el territorio.

Madariaga afirma que ellos no saben “por qué el Patuca sigue todavía
con el nombre del Parque Nacional porque no lo es en realidad.
Básicamente lo que hay son pequeños parches de selva de un área
muy extensa en donde todavía hay fauna. Pero la zona está
completamente intervenida por la ganadería y los ríos por la minería”.

La expansión de los cultivos ilícitos


El 11 de febrero de 2023, el Ministerio Público de Honduras decomisó
siete paquetes de pasta base de coca y varias plantaciones de
cultivos ilícitos en el territorio de La Mosquitia. Un hecho similar ya se
había presentado dentro del Parque Nacional Patuca: el 18 de julio de
2022, la policía hondureña destruyó tres laboratorios destinados al
procesamiento de la pasta base de coca y localizaron cerca de 42
hectáreas de cultivos ilícitos.

Los habitantes de la zona coinciden en que la tala para cultivar coca


es una de las principales razones por las cuales se está deforestando
y dañando el ecosistema de La Mosquitia.

Según el informe Deteniendo la marea: Una Estrategia para la


Mantención de la Conectividad Forestal Dentro del Corredor Biológico
Mesoamericano de WCS, desde 2009 el tráfico de drogas en Honduras
ha aumentado exponencialmente y con ello se han incrementado las
tasas de deforestación. “El comercio ilegal de cocaína puede
representar entre el 15 % al 30 % de la tasa anual de pérdida de
bosques y desde un 30 % a un 60 % de pérdida de cobertura vegetal
dentro de áreas protegidas nacionales o internacionales”, afirman.
La investigación El terror en la selva de Honduras donde los narcos
engordan ganado de la fundación Insight Crime, publicada el 18 de
mayo de 2022, relata cómo la Reserva de la Biósfera del Río Plátano
se consolidó desde hace más de dos décadas como la principal puerta
de entrada de la cocaína a Honduras. “La ubicación es estratégica: su
frontera con Nicaragua es porosa, tiene una amplia costa en el mar
Caribe y densas selvas de difícil acceso”, afirman. Además, Insight
Crime estableció que esta zona es de especial interés para las redes
criminales por la ausencia del Estado y sus débiles instituciones.
Convertir bosques en pastizales

Otra de las mayores preocupaciones de las comunidades indígenas y


ambientalistas es la creciente ganadería dentro de La Mosquitia.
“Alguien le está vendiendo la idea de la ganadería a la gente y es
porque la carne tiene un gran mercado. Ahora, en Honduras, comer
carne de vaca es un lujo. Cada lempira (moneda hondureña) equivale
a unos 3 dólares y es el catalizador, el impulsor de todo el resto de
delitos como la deforestación”. dice un habitante de la zona.

Maradiaga afirma que, por lo menos, el 90 % de las zonas


deforestadas en La Mosquitia son como consecuencia de la
ganadería que requiere de largos potreros para prosperar y
que ha ido en aumento con el paso del tiempo. El fotógrafo
cuenta que la llegada de “colonos” (personas que no pertenecen a las
comunidades indígenas), a partir del año 2000, fue uno de los
factores determinantes para el crecimiento de estas prácticas, pues
llegan a talar árboles y a habilitar pastizales para introducir ganado
como una apuesta económica.

Para Payán, es común que la deforestación de los bosques exista a


partir de la colonización. “En la deforestación hay algunos factores
que la empujan y entre estos está la colonización de la tierra. La
llegada de campesinos que sacan maderas duras y meten ganado”,
indica.

El Programa Nacional de Conservación de Ecosistemas Terrestres


2021-2030 de la Secretaría de Recursos Naturales y de Ambiente de
Honduras confirma que una de las principales causas de la
deforestación en el país es la ganadería, sumado a la creación de
pastizales para este fin y la agricultura migratoria.

El informe de WCS asegura que se logró detectar dentro de las


reservas la prevalencia de quema de bosques, asentamientos
humanos, ganadería y agricultura.

Una región en donde avanza la minería ilegal

En octubre de 2012, indígenas miskitos denunciaron la presencia de


una draga manejada por colombianos que estaba extrayendo oro
ilegalmente en el Río Patuca, el cual atraviesa la región de La
Mosquitia. “Esa máquina se mantenía ahí siempre. Esa máquina no
tenía documentos e hizo mucho daño al ecosistema porque nos dejó
sin playas”, afirmó uno de los indígenas que hace diez años hizo la
denuncia.
El 6 de marzo de 2022, el secretario de Estado de la Secretaría de
Recursos Naturales de Honduras, Lucky Medina aseguró a través de
su cuenta de twitter que fueron encontradas nueve dragas de
extracción mineral a nivel industrial en los ríos Patuca y Guayape.
Según Medina, en los registros oficiales hay solo dos permisos de
minería para todo Olancho.

La minería artesanal, según habitantes de las comunidades indígenas,


es una actividad ancestral que está dentro de la cultura de su
comunidad, pero que se incrementó desde hace un par décadas e
incluso llegó a proyectos de extracción más industrializada. “Es
nuestra cultura y siempre la hemos practicado. Ahorita se hace por la
necesidad, porque aquí en nuestra zona no contamos con una fuente
de ingreso”, dicen.

El crecimiento de la venta de madera talada de forma ilegal es otro


de los atentados que sufren las tierras en donde viven los pueblos
Tawahka, Misquitos y Pech. Este negocio se alimenta de la
deforestación de los bosques de La Mosquitia.

Según el informe de WCS, “de acuerdo a la Fiscalía General de


Honduras, durante el periodo 2003-2004 cerca de dos millones de
pies cúbicos fueron explotados ilegalmente de la Reserva de la
Biósfera de Río Plátano. Los puntos críticos de extracción ilegal de
madera se concentran alrededor del Río Patuca, el valle de Sico-
Paulaya y el área sur de la Reserva, en Olancho”.

El peligro que corren los defensores


Desde hace un par de décadas algunos de los principales defensores
de La Mosquitia hondureña no pueden entrar al territorio. En varias
ocasiones los habitantes de la comunidad de Tawahka recibieron
amenazas, entre ellas el hostigamiento, y a partir de entonces,
aumentó la violencia y el uso de armas de fuego en sus territorios.
Ese escenario propició una fuerte migración de indígenas. “Tan solo
en nuestra comunidad Tawahka, 500 personas se desplazaron
forzosamente a las capitales de los departamentos de
Honduras; entre 25 y 30 lo hicieron a México; 30, a Europa, y más de
60 están en Estados Unidos”, dice una de las personas que aún vive
en Honduras.

Actualmente, aseguran los que se quedaron en la región, ya no hay


habitantes indígenas en el Parque Nacional. Varios de ellos afirman
que denunciar cualquiera de las problemáticas que tiene la zona
pondría en riesgo su vida y las de las comunidades. “Denunciar todo
lo que pasa acá sería un suicidio”, dicen. Aún así, ellos comentan que
no pueden dejar de luchar por recuperar su hogar ancestral.

Durante marzo de 2023, las comunidades indígenas Tawahka y


Miskitos se enteraron de la intención que tiene el gobierno nacional
hondureño de construir una mega cárcel de máxima seguridad en
terrenos que se encuentran en la región de La Mosquitia.

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