El crecimiento y desarrollo de las plantas parásitas está determinado por una
serie de atributos del huésped, como la arquitectura y extensión de las raíces, el tiempo
de germinación y la tasa de crecimiento, y la fisioquímica del huésped. Los mecanismos
de defensa del huésped también determinan el éxito de un parásito (Twyford, 2018).
Cabe recalcar que, las plantas combaten a los patógenos y parásitos utilizando
resistencia natural junto con diversos mecanismos de defensa específicos, entre los que
destacan el refuerzo y endurecimiento de las paredes celulares, la muerte localizada de
tejidos en las áreas afectadas, la activación de la muerte celular programada y la
producción de compuestos químicos defensivos.
Las plantas parásitas varían en su dependencia del hospedador y en el rango de
hospedadores a los que pueden adherirse. Los hemiparásitos facultativos pueden
completar su ciclo de vida sin un hospedador, mientras que los parásitos obligados (que
pueden ser hemi- u holoparásitos) necesitan un hospedador para sobrevivir y
reproducirse (Twyford, 2018).
Los hemiparásitos se alimentan predominantemente del xilema y obtienen
carbono reducido y nitrógeno de la vasculatura del hospedador. Los holoparásitos se
alimentan predominantemente del floema y normalmente también mantienen una
conexión de xilema, y obtienen todos los nutrientes minerales, aminoácidos, carbono
soluble y agua del hospedador (Twyford, 2018).
La mayor cantidad de especies huéspedes se encuentran en la familia
Leguminosae. Tripodanthus flagellaris es la especie parásita que presenta la mayor
abundancia en sus poblaciones locales, recíprocamente, Arjona tuberosa es la más rara
de todas. Algunas especies parasitan huéspedes específicos tal el caso de Prosopanche
americana, que es exclusiva de los bosques de una leguminosa arbórea caducifolia
endémica del centro argentino Prosopis caldenia, en cambio, otras como Jodina
rhombifolia o Ligaria cuneifolia se las encuentra en diferentes especies huéspedes
(Amuchastegui et al., 2003).
La variedad de plantas parásitas depende de la interacción con sus huéspedes,
considerando tanto la diversidad como la abundancia de estos últimos. Mientras algunas
logran adaptarse a una amplia gama de especies, otras dependen exclusivamente de un
tipo particular de huésped, lo que reduce su presencia. Estas dinámicas entre parásitas y
huéspedes son clave para entender por qué algunas especies son más comunes y otras
más raras.
A pesar del amplio rango de hospedadores de la mayoría de las plantas parásitas,
muchas también muestran altos niveles de preferencia de hospedador, de modo que
mientras que muchas especies de plantas diferentes dentro de una comunidad pueden
actuar como hospedadores, la mayoría de los hospedadores se toman de solo un
subconjunto de los disponibles (Phoenix, 2005)