El vector fascista en la conspiración contra la República
(1/20): la última versión militar de la “necesidad” del
18J
Ángel Viñas
31 de marzo de 2023 20:14h Actualizado el 01/04/2023 06:00h
La literatura sobre la República es hoy inabarcable. De la guerra civil, no
hablemos. Desde 1936 hasta los momentos actuales la controversia
continúa. No es de extrañar. Las dos cuestiones claves de la historia de
España en el siglo XX son, en mi modesta opinión, las siguientes: ¿quién
quiso la guerra civil? y ¿para qué se quiso? Los vencedores solo dieron
una respuesta unívoca: la República se deslizaba rápidamente hacia un
revolución roja, que iba a estallar en agosto de 1936. Los militares
hubieron de adelantarse al enloquecido adversario y lanzaron el
denominado Glorioso Movimiento Nacional. Es una interpretación
demasiado fácil y esencialmente errónea. La hayan mantenido (y, a
veces, la mantengan) los nombres más excelsos de la historiografía
franquista, metafranquista o, simplemente, de derechas.
Ambas preguntas siguen dividiendo a los españoles; generan
controversias al parecer insolubles; oponen a los partidos políticos; están
presentes en las actuales diatribas contra el supuesto “gobierno
social-comunista”; alimentan los medios digitales, tanto de la extrema
derecha como de la derecha supuestamente civilizada; agitan los ánimos
y, en todo caso, aburren soberanamente a una parte del personal.
Es también un caso curioso. La gente está, se afirma, hasta el gorro. Si es
cierto, lo cual es un tanto discutible, los lectores habrían debido quedar
ahítos tras años y años en los cuales un sector de los historiadores
españoles (y extranjeros) hemos cumplido con nuestro deber. Hemos
desbrozado el pasado y sometido múltiples afirmaciones y leyendas a la
dura contrastación con la evidencia primaria documental remansada en
archivos patrios (esencialmente) y en algunos extranjeros.
Los resultados de tal esfuerzo han contribuido a destruir muchas de las
leyendas acumuladas durante casi sesenta años de lavado de cerebros
por parte de los vencedores en la contienda. A ello se añade la abulia y
tardanza en dar respuesta de numerosos historiadores de derechas, que
se sienten cómodos en posesión de su supuesta verdad.
El caso español es casi el único (salvo, quizá, el trumpista) en el que las
interpretaciones acuñadas antes de la guerra civil, en la guerra civil y el
período siguiente continúan en buena medida vigentes. Afirmar, como se
hace comúnmente, que ello es el resultado del aplastamiento, destrucción
y humillación de los vencidos durante tantos y tantos años de una paz
mantenida a la sombra vigilante de las bayonetas (como se escribió en los
alrededores del vicepresidente del Gobierno almirante Luis Carrero Blanco
a finales de los cincuenta del pasado siglo), es insuficiente.
Basándome en las aportaciones de diversos historiadores españoles y
extranjeros, incluidas las mías propias, esta serie que hoy comienza
argumentará y demostrará dos tesis fundamentales:
– No existen, o no se han encontrado hasta hoy, 2023, evidencias
primarias relevantes de época que corroboren la historiografía franquista.
– Desde el primer momento la derecha puso en marcha una amplia
operación que pretendía justificar su asalto a la legalidad.
Veamos unos ejemplos de afirmaciones muy recientes (luego iremos
marcha atrás, ya que todas ellas tienen su propio pedigrí):
Figuran en la obra publicada hace tan solo dos años por el general de
División Rafael Dávila Álvarez. Se titula La guerra civil en el Norte (La
Esfera de los libros), Madrid. En su momento la prensa de derechas la
aireó con entusiasmo. Quizá porque su abuelo fue el general Fidel Dávila,
presidente de la Junta Técnica del Estado desde octubre de 1936 y, tras la
muerte en accidente de Mola en junio de 1937, su sucesor al frente del
Ejército del Norte.
Las barbaridades históricas se distribuyen a lo largo de la obra, pero la
mayor concentración para lo que aquí nos interesa se encuentra en el
capítulo 9, titulado “La guerra preventiva comenzó en 1934. El ejército
rojo”. La fecha es significativa. Se trata de la revuelta obrera de Asturias,
dominada en quince días, pero lo llamativo es la aparición ya de un
supuesto “ejército rojo”, quizá utilizando la denominación del soviético,
aunque no añadió su correlato de trabajadores y campesinos.
Las fuentes son, con el debido respeto, de risa: el historiador José
Alcalá-Zamora (en un artículo en La Gaceta, 10 de abril de 2011); una
referencia a Azaña sin identificar: “por encima de la Constitución, la
República y por encima la Revolución”. Seré benevolente e informaré al
señor general de División y a los amables lectores de una reciente obra al
respecto. Un dictum de Gustavo Bueno: “la guerra preventiva comenzó en
1934”, sin la menor referencia ni contextualización (se la ofreceré yo, que
no estoy en absoluto de acuerdo con tal tesis) una obrita de Vicente
Palacio Atard, de 1970, auténtico bodrio. (Este autor fue catedrático de
Historia contemporánea de la UCM, y connotado historiador de recia
raigambre católica); Emilio Romero, uno de los periodistas más
inteligentes y más desvergonzados en la segunda parte de la dictadura y
director del inefable periódico de los sindicatos Pueblo (pero, al parecer,
tomado de Ya, julio de 1983, una especie de sucesor de El debate
gilroblista).
También aparece algún que otro extraño compañero de cama: Francisco
Vázquez, exalcalde socialista de A Coruña y exembajador ante el
Vaticano, sin duda autoridad indiscutible en muchos temas, pero no en
historia; coexisten afirmaciones entresacadas de discursos de Largo
Caballero llamando a la revolución (el general de División no se ha
molestado en consultar las Obras Completas del mismo, hoy fácilmente
disponibles y, por consiguiente, ni contextualiza ni analiza. Tampoco ha
consultado la incomparable biografía escrita por el malogrado Julio
Aróstegui); la inevitable, y nunca encontrada, carta de Franco al ministro
de la Guerra y presidente del Consejo de Ministros, Santiago Casares
Quiroga, publicada en la prensa canaria en agosto de 1936 y a la que
servidor ha dedicado, en función de la aparición de nuevas fuentes, una
serie de interpretaciones discrepantes de la versión tradicional y
profranquista.
¿La justificación de todo ello? Según el exayudante de Campo de S. M.
Juan Carlos I, a la República, en principio, nadie quería suprimirla, “ya
que no se trataba de un golpe para recuperar la Monarquía, sino acabar
con el estado de violencia y penetración comunista que desde el año 1934
venía padeciendo España” (p. 116). Con el debido respeto, y presentando
mis excusas por el melifluo exabrupto: ¡naranjas de la China! (en el
morralito lingüístico de todo español los hay mucho más subidos de tono).
El señor general de División no atina una, pero lo que me interesa es
destacar el dato de que todavía hace dos años un, sin duda, esforzado y
multicondecorado soldado regurgitaba (su carrera figura en la solapa de la
obra) los dos motivos que indujeron a numerosos militares a sublevarse
en contra del régimen legítimamente constituido. En realidad, datan de
mucho antes de 1936 y duraron, impertérritos, durante toda la dictadura:
penetración comunista en la desgraciada España de la época y violencia
previa desatada por las izquierdas. SOLO SALVABLE POR EL EJÉRCITO.
El nombre de tan ilustre general merece destacarse en letras de oro
porque es, por el momento, el último militar que ha intentado reverdecer
los mitos que generaron y expandieron decenas de otros compañeros
suyos de uniforme. Lo hicieron bien por su propia cuenta —lo cual no es
de extrañar— como —lo que es más significativo— también en el marco
estructurado de las supuestas “investigaciones” del Servicio Histórico
Militar. Todas ellas, ni que decir tiene, bajo la cuidadosa supervisión del
Mando.
Siempre he citado entre los primeros a un hoy desconocido teniente
general (una estrellita por debajo de la máxima categoría de capitán
general en la época) que, doctor en ciencias políticas y sociología amén
de licenciado en derecho, abordó en las postrimerías de la dictadura la
magna tarea de comparar dos fechas señeras en la gran historia patria:
1808 y 1936. Estaba en la línea de hoy otro olvidado, pero en su
momento muy famoso historiador, el coronel Juan Priego López, para
quien la primera podía considerarse como un precedente “desgraciado” de
la de liberación. El teniente general Manuel Chamorro añadió que en esta
última “nuestra victoria no solo liberó a España del comunismo sino a
toda Europa occidental”. La noción había surgido ya en aquellos años de
fuego. O sea que muy al día tan notable historiador no estaba.
En su analogía, Chamorro también echó la vista atrás (adelantándose a su
posterior compañero): denunció la preparación de “un vasto movimiento
revolucionario” por parte de la Comintern; la llegada a Barcelona, antes
del 18-J, de dirigentes comunistas extranjeros para constituir un “comité
militar revolucionario”; el desembarco en Sevilla y Algeciras de grandes
cantidades de armas y municiones que se distribuyeron por Andalucía y
Extremadura; el establecimiento en la Ciudad Condal de un pequeño
“cuartel general” bajo la suprema dirección de Erno Gerö. (El inmortal
trabajo de Chamorro, 1808/1936. Dos situaciones históricas
concordantes, s.e., Madrid, diciembre de 1973, tuvo varias autoediciones,
la última incluso publicada por una editorial. Puede obtenerse a precio de
ganga en internet).
Podríamos seguir, pero es mejor ir a las fuentes nutricias. Nadie podrá
discutir, espero, la significación de que en esta perspectiva goza la Revista
de Historia Militar. Está en internet. Un número (el 17) que no debería
faltar en la biblioteca de ningún interesado por las patrañas sobre la
guerra civil data de 1964. Sin duda no fue una casualidad. En este año se
festejaron los XXV “años de paz”, conmemoración sobre la que ha escrito
largo y tendido, entre otros, el profesor Antonio Cazorla Sánchez. Dos
largos artículos ilustraron a los generales, jefes, oficiales y suboficiales
que quisieran leer sobre cuáles eran las verdades eternas e inmanentes
del régimen. Son tan estimulantes que las dejo para la próxima entrega.
No se la pierdan.
(Continuará)
_____________________
Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y
el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La
República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.