3.
TRABAJOS
EXTENSOS
Recomendaciones para redactar trabajos extensos
Estas sugerencias responden a la necesidad que algunos
universitarios tienen de conocer la forma adecuada de
presentar un trabajo. Para ello, han de seguir unas
pautas formales básicas, como titular el trabajo,
identificar su autoría, paginar, hacer un índice,
estructurar el trabajo (con introducción, nudo y
conclusiones) y citar las fuentes utilizadas. Además,
cabe seguir los pasos comentados con anterioridad,
consistentes en reflexionar, hacer después un esquema
y luego desarrollar las ideas con claridad.
El trabajo se puede presentar encuadernado con
canutillo, método que se realiza de forma económica en
cualquier reprografía, recordando colocar al final del
trabajo una hoja en blanco de cortesía. El título general
constará en letras destacadas; por ejemplo, en negritas,
cursivas y mayúsculas (que se acentuarán con
normalidad) de tamaño 20. Si se hace así, sobra
subrayarlo, pues es redundante y no es necesario (salvo
que se use máquina de escribir). El título ha de
condensar de forma sintética el trabajo que se presenta.
Si se pone en letras mayúsculas.
Debajo del título, en menor tamaño, ha de constar la
autoría del trabajo: nombre y apellidos de quien haya
participado en él. Además se puede añadir otros datos
complementarios del autor, como el correo electrónico,
el curso académico o el grupo donde está matriculado.
Ello facilitará localizar la atribución del trabajo en caso
de que se traspapele por accidente. También es
aconsejable añadir una hoja de salva, que es una hoja en
blanco entre el título y el índice.
El índice se coloca delante del trabajo, aunque
normalmente es lo último que se redacta al acabar la
investigación. Un índice requiere que consten los
capítulos con sus correspondientes números de página,
y las imágenes, gráficos o figuras que tenga. Un índice
puede seguir el propio esquema previo para después
estructurar el escrito; es decir, en él han de constar los
puntos estructurales de la obra.
Sobre la presentación del trabajo en sí, remito a las
sugerencias ya propuestas en las recomendaciones para
presentar textos breves, con las correspondientes
adecuaciones que se consideren convenientes para
presentar un texto extenso. Como imprimir en folios
blancos por las dos caras. En este caso, cabe ubicar la
paginación centrada en la parte inferior, para evitar
desequilibrios en el aspecto general de la obra. El título
ha de carecer de paginación.
También se puede colocar en la parte superior de todas
las páginas del trabajo el nombre del autor y el título del
trabajo, o el título de cada capítulo. Es una pauta que
siguen numerosas ediciones actualmente.
Al comenzar cada capítulo se han de incluir varios
espacios en blanco, a modo de cortesía, antes de
escribir el título. Del mismo modo, cabe separar un
espacio entre dicho título y el texto. Es recomendable,
por motivos de claridad, numerar cada capítulo, así
como numerar cada uno de los apartados y
subapartados de cada capítulo. Cada epígrafe se
destacará de una forma sencilla, por ejemplo en cursivas
y negritas (no hace falta subrayar ni poner punto final).
Para exponer un texto poco extenso, por ejemplo de
unos veinte folios, sería suficiente con ofrecer una
estructura sencilla, que conste
de introducción, desarrollo del tema y conclusiones.
Dicha estructura básica es indispensable para que quien
lo lea entienda de qué trata. La introducción resumirá el
tema del trabajo -contando el orden en que se van a
exponer los temas-, incluirá la metodología que se ha
seguido, el propósito del estudio, sus aportaciones e
incluso puede mencionar un breve anticipo de las
conclusiones. Cuando se llegue a las mismas, se podrá
dar más rienda suelta a la imaginación que en el resto
del trabajo.
Un trabajo extenso, por ejemplo de ochenta folios,
requerirá aumentar los apartados mencionados. Entre
ellos podría sumarse una metodología, un estado de la
cuestión, unos antecedentes y unas consecuencias…, y
se cerrará siempre con la bibliografía. Esta se compilará
siguiendo el orden alfabético de los apellidos, como se
explica al final de esta guía. También, la bibliografía se
puede presentar dividiéndola por temas, como estilan
algunos libros. Pero este sistema tiende a ser poco
frecuente, acaso porque sea poco práctico al no reunir
por el mismo orden los títulos.
Los cuadros, tablas, imágenes, esquemas, gráficos,
etcétera, constarán todos juntos al final del trabajo, en
el apéndice. Han de llevar un título. Para localizarlos con
facilidad es práctico encabezarlas todas por la
palabra Figura con un número, y colocarlas por orden.
Por ejemplo: “A esos colores se refería el autor cuando
aludía a la tonalidad de la letra miniada (vid. Figura 7)”.
Al final del trabajo, en el apartado titulado Apéndice,
constaría en séptimo lugar la Figura 7: Letra miniada.
Se usarán corchetes para señalar la omisión de una
parte del texto en medio de una cita. También se usarán
corchetes para añadir cualquier comentario que no
pertenezca a la cita textual.
Las citas textuales, si son breves, se añadirán en el texto
entre comillas. Si la cita excede de cuatro líneas, se
sangrará el texto y se pondrá con tamaño menor y sin
comillas, a continuación del texto, en párrafo aparte.
Las notas al pie de página son muy útiles para hacer
cualquier inciso, plantear una duda, mencionar un
agradecimiento o añadir lo que se considere oportuno.
También sirven para citar fuentes primarias
(documentos que en el caso de los historiadores
básicamente proceden de archivos y hemerotecas) y
secundarias (revistas y libros procedentes de
bibliotecas). Las notas se colocarán en el texto antes del
signo de puntuación, con la frase a la que acompañen,
como en este caso: [1].
Para citar fuentes primarias, cuando se cite un archivo o
una biblioteca por primera vez se desarrollará su
nombre completo más el nombre entre paréntesis. Con
posterioridad, sólo se citarán dichas siglas, de la
siguiente forma: Archivo Histórico Nacional (de España
AHNE), Biblioteca Nacional de España (BNE). Para citar
referencias de archivo, se ha de citar la signatura que se
ofrezca en el depósito documental donde se encuentre
el documento, más el folio de donde proceda la cita
(“fol.” o “fols.”, “f.” o “ff.”). Si no tiene foliación, se
indicará (“s/f” o “sin foliar”).
En caso de citar voces de diccionario, enciclopedia y
otros repertorios generales, no es obligatorio anotar el
número de páginas. Estos se citan incluyendo la voz en
negrita y el título de la obra y la edición
(voz escribiente, Diccionario de la Real Academia
Española, XX ed.). Pero normalmente se tiende a incluir
después los datos de edición del repertorio que se cite.
En cualquier caso, se ha de seguir siempre el mismo
criterio.
Tampoco hace falta citar la página en la que se
encuentra una ley. Las leyes se citan con las referencias
propias, con sus artículos (o títulos si es antiguo) o leyes,
o los datos correspondientes, por ejemplo:
Libro IV, título XXV, ley XII, del Tomo segundo de las
Leyes de Recopilación, que contiene los libros tercero y
quarto, Madrid, Imprenta de Pedro Marín, 1777.
Por último, en un trabajo extenso, se cita la bibliografía.
Véanse a continuación los sistemas básicos de cita, el
estilo Harvard y el sistema de notas al pie de página.
[1] Este es sólo un ejemplo práctico para indicar la
colocación de la nota.
7. COLOFÓN
Sólo humanos habitamos en la Ciudad de la Palabra;
no la conviertas en zahúrda (Lázaro Carreter).
Un trabajo universitario, aunque no sea un dechado de
originalidad, ha de ser serio, sólido y honesto desde el
punto de vista intelectual. Para ello, ha de citar cada
fragmento que tome prestado de cualquier obra
publicada mediante cualquier medio de difusión
(Internet, publicaciones científicas, etcétera). Se ha de
tener presente que el plagio es un delito intelectual
denunciable, gracias a la Ley de Propiedad Intelectual
(1/1996).
Con respecto a la redacción, es preferible escribir de
forma sencilla, al menos en los primeros escritos.
Tender a la sobriedad en la presentación de un texto
universitario es un buen camino para centrarse en su
contenido y evitar perderse con florituras
innecesarias. Salvo excepciones, un texto recargado
suele complicar la expresión y la comprensión del lector.
Cuando se dude sobre cómo se escribe cualquier
palabra, o qué significa exactamente, se ha de acudir al
diccionario. Una vez acabado un trabajo, antes de
entregárselo a quien vaya a evaluarlo, se ha de corregir
varias veces, y es preferible además que previamente lo
haya revisado otra persona, para que brinde alguna
crítica externa. Un mismo trabajo se ha de regir siempre
por los mismos criterios para que tenga unidad y
coherencia, tanto en las citas bibliográficas, en el uso de
abreviaturas, así como en cualquier elemento que
conste en él.
Para concluir, cabe traer a colación las sarcásticas
sugerencias que hace años ofreció Lázaro Carreter
cuando proponía fundar la Ciudad de la Palabra:
“1. Habla y escribe de modo que todos te entiendan y
reconozcan en ti un conciudadano civilizado.
2. Procura que tu idioma, construido por tus
predecesores a lo largo de varios siglos, y en el que se
expresa una noble y gigantesca comunidad cultural,
continúe permitiendo que ésta exista.
3. Sé humilde: deja que sólo innoven los que saben. Si
eres mentecato, no por decir relax, prioritario, tema o en
base a dejarás de serlo.
4. Sólo humanos habitamos en la Ciudad de la
Palabra; no la conviertas en zahúrda” [1].