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Características y mitología de las hadas

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HADAS

Un hada (del latín fatum: hado, destino) es un espíritu fantástico humanoide. Según
la tradición son espíritus protectores de la naturaleza, pertenecientes a la misma
familia de los elfos, gnomos y duendes (en algunas tradiciones se plantea el uso de
la palabra "hada" para referirse a toda esta familia de seres mágicos). En la
actualidad suelen representarse con forma de mujer (aunque se cree que también
habría hombres) con alas brillantes.1

Estos seres se caracterizan por tener forma humana con la habilidad innata de
manipular la magia, con largos periodos de vida (en algunos casos, son inmortales)
y permaneciendo invisibles u ocultos ante el ojo humano. Se conoce un caso en el
que Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, fue engañado por unas
niñas que se fotografiaron con figuras de papel en forma de hadas, a las que el
consagrado escritor atribuyó autenticidad.

Características[editar]

Baile de las hadas, por Nils Blommér (1816-1853).

Según las obras de Chrétien de Troyes y especialmente Jean D´Arras, Couldrette y


Thiiring von Ringoltingen,nota 1 las hadas son seres de gran belleza, muy blancas,
poseedoras de considerables riquezas y en ocasiones dotadas de talento para la
construcción u otras artes. Casi siempre suelen estar vinculadas o muy cerca de los
bosques y el agua (ríos, lagos, fuentes...). Todas ellas poseen conocimientos de las
plantas, las piedras y los conjuros, con los que logran su riqueza material y sus
encantos.2

Es común a las hadas de la literatura medieval el deseo de unirse a un hombre para


fundar una familia, pero no tratan de atraparlo. Por el contrario, le ofrecen compartir
su fortuna, ser su amante, su compañera y la madre de sus hijos, imponiendo
claramente y desde el principio un pacto, si dicho pacto se incumple la unión
desaparece. Casos claros serían el de Melusina o su madre Persina.3
Origen[editar]
En la mitología griega existían los hados, a los que el poeta Ovidio, entre otros
autores, menciona en su obra inmortal Metamorfosis. Unos podían ser hombres,
caso de su rey Oberón, y otras mujeres, según se diera el caso. Académicas como
Victoria Cirlot ven en las parcas un antecedente de las hadas, al menos de las
hadas madrinas.2

Autores como Collin de Plancy (1842, p. 201) y, especialmente, Sherman Loomis


(1991) remontan el origen del mundo feérico a la mitología céltica y a las historias
populares centroeuropeas. Según esta línea de pensamiento, autores medievales
como D'Arras, Couldrette y Thiiring von Ringoltingen recogieron la tradición oral
céltica y la unieron a personajes como Melusina, Viviana, la amante del mago
Merlín, Morgana o la Dama de la fuente.

Sería en la Baja Edad Media cuando el hada femenina ocuparía todo el


protagonismo. La primera hada sería la Dama del Lago descrita por Chrétien de
Troyes en su obra Lancelot ou le Chevalier de la charrette. Fue la Dama del Lago la
que se ocupó de la educación del héroe Lancelot y la que lo curó de su locura.
Muestra todas las características de un hada, pero no se menciona el término hada,
sí se amplía un poco más en obras posteriores incluyendo su nombre, Viviana.2 Fue
a finales del siglo XIV cuando el francés Jean D'Arras empleó por primera vez la
palabra hada en su novela Melusina. Esta obra fue redactada con la intención de
otorgar a los duques de Lusignan una ascendencia casi mitológica y en ella todas
las hadas son mujeres. Lo es Melusina, su madre y sus hermanas.2

Las leyendas celtas hablan del reino de los Áes Sídhe (pronunciado As Shi),
también conocido en inglés como Fairy Folk, y donde la mejor traducción a nuestro
idioma sería hadas, si bien es importante recalcar que no se habla de la concepción
victoriana de la hadas, esos seres diminutos con alas de mariposa, las cuales son
en realidad pixies. Los Áes Sídhe, son seres semidivinos que viven entre este y el
otro mundo, con conexiones importantes con la naturaleza y las deidades, la
mayoría de los relatos los representan como gente no muy alta, pero de aspecto y
altura humana, de tez blanca, ojos claros y pelo muy negro.

En los relatos medievales, las hadas (a veces llamadas «El Buen Pueblo» o «La
Buena Gente») aparecen relacionadas con encantamientos y hechizos,
conocedoras del poder y las virtudes de las palabras, las leyendas y las hierbas, que
les permitían mantenerse jóvenes y bellas, y acumular grandes riquezas.

En algunos libros, se menciona que las hadas hacen todas las cosas
inocentemente, aunque su comportamiento pueda llegar a ser perverso. En muchos
escudos heráldicos de la época se refleja el mundo de las hadas. Muchos
aristócratas querían hacer ver que provenían de un linaje de las hadas.

En la mitología cántabra se las llama anjanas, entre las que están las Ijanas del
Valle de Aras, cuya característica es que tienen pechos descomunales y son feas,
pero pueden cambiar de apariencia a voluntad. Este mismo tipo de hadas se
encuentra en la isla de Gotlandia, en Suecia. En Galicia se llaman mouras; en
Asturias, xanas; en Cataluña, además de fada, goja; y en Baleares, Dames d'aigua.
La mitología nórdica y la griega -encarnada en las ninfas y dríades de Homero y
Ovidio- influyeron en el concepto que los primeros bardos se formaron de las hadas,
pero andando el tiempo fueron los escoceses, irlandeses, galeses y otros pueblos
europeos los que llegaron a poseer un cuerpo vivo de tradiciones populares,
fundado principalmente en las leyendas celtas.

Inicialmente se atribuyeron a las hadas proporciones humanas, pero las diminutas y


etéreas criaturas de Shakespeare influyeron poderosamente en las concepciones
posteriores de los poetas ingleses.

Varios rasgos comunes caracterizan a estos habitantes del ultramundo en todos los
países donde se asentó la tradición: se clasifican en benéficas y perversas, precisan
ocasionalmente de apoyo humano, sus órdenes deben cumplirse estrictamente so
pena de terribles castigos, etc.

Algunas de ellas son hadas convertidas en tales pero que antes habían sido
mujeres. Estas se convirtieron en hadas a causa de alguna infracción contra la
naturaleza (ya que es el sitio en donde viven), siendo castigadas por ello a tener tal
apariencia, incluso a vivir en el mundo de las hadas. Pueden ser desencantadas de
diversas maneras en fechas concretas del año, como en La noche de San Juan y
por ejemplo cuando se asoman a las aguas cristalinas y piden ser desencantadas.
Para las que se convertían en hadas o cruzaban el límite existente entre el mundo
humano y el de las hadas, el tiempo en el espacio cambiaba ya que un día o un mes
en el otro lado podía ser un año o un siglo en el mundo terreno.

Hay varias hadas con poderes malignos que llegan a utilizar contra los humanos, la
mayoría de las veces por maltratar la naturaleza (talar un bosque sería una
auténtica catástrofe para su mundo). Llegaban a raptar a niños para cambiarlos por
seres feéricos totalmente iguales a los niños raptados. Así, intentaban crear una
estirpe mixta de humanos y hadas, aunque esos niños morían al poco tiempo, ya
que eran pálidos y enclenques. En la Edad Media se creía que todos aquellos niños
que estaban pálidos y delgados eran hijos de las hadas y habían ocupado el lugar
del verdadero hijo.

Otras veces engatusaban a un hombre de estirpe noble transformándose en


mujeres de belleza inigualable para quedarse embarazadas de estos y dar a luz un
ser mitad humano y mitad feérico. Para que el ser sobreviviera el marido no debía
de rezar nunca y jamás deberían ver a las hadas desnudas por completo.

Este conjunto de supersticiones, derivadas de las creencias animistas de todos los


pueblos antiguos, ha inspirado a notables literatos sus fabulosos «cuentos de
hadas».

La variedad de labores que llevan a cabo las hadas es casi infinita además de
cantar y bailar, ayudan a los seres humanos en el campo, ejercen su control sobre
el tiempo protegiendo las cosechas. Durante muchos meses ellas esperan
impacientes la llegada de la primavera. También saben el día exacto en que
brotarán las primeras flores pero prefieren mantener el secreto.

También hablan las leyendas que las hadas suelen tener poderes psíquicos o
mágicos que, podían hacer felices a los seres humanos, también se creía que eran
hechizadas por las brujas de los siglos XVII y XVIII para que vigilaran a sus
víctimas, por otro lado, también se decía que eran ángeles en su forma femenina,
aunque a veces se veían hombres hada.

Según la mitología celta, las hadas gustan de los árboles del tilo o sauces.

Clases de hadas[editar]
Hay muchas clases de hadas, pero todas ellas independientes de la mitología celta
en la que tienen origen, siendo todas ellas especulaciones y mezclas de distintas
mitologías4. Estas clasificaciones y asociaciones con los elementos son
contemporáneas, creadas por los creyentes de esoterismo y espiritismo. Algunas de
estas clasificaciones son:

● Lamias, hadas de la mitología vasca. Poseen largos cabellos que peinan


con peines de oro que son muy preciados. Sus pies son palmeados, como
los de un pato, exceptuando a las Itxaslamiak, las lamias marinas,
semejantes a sirenas.
● Mouras o xanas, hadas de la mitología gallega y asturiana.
● Ninfas, hadas de la mitología griega que pueden ser:
● Náyades: ninfas que pueblan los ríos, a veces son hijas de
estos (por ejemplo, Eurídice);
● Nereidas: ninfas del mar Mediterráneo, hijas de Nereo. A veces
son descritas como mujeres con cola de pez. Destacan Anfitrite
y Tetis;
● Oceánides: ninfas del océano, hijas de este. Destacan Metis
(madre de Atenea) y Doris (madre de las nereidas);
● Dríades: ninfas de los bosques, a veces asociadas a los robles;
● Hamadríades: ninfas ligadas a un árbol concreto de tal modo
que si este era cortado, la ninfa moría con él;
● Melíades: ninfas de los fresnos, nacen de la sangre de Urano
(dios del Cielo). Son las ninfas más antiguas.
● Sílfides, hadas de los vientos; Paracelso es el primero en citarlas, y son,
según él, los seres elementales del aire.
● Salamandras, hadas del fuego;
● Drinfas, hadas de la tierra;
● Hada de los dientes;
● Banshee, hadas de la muerte;
● Hadas del azúcar.

Las hadas en las artes visuales[editar]


Las imágenes de hadas han aparecido regularmente desde el siglo XIX como
ilustraciones, a menudo en libros de cuentos, así como en medios fotográficos y
esculturas. Algunos artistas conocidos por sus representaciones de hadas son Amy
Brown, Gustave Doré, Brian Froud, Warwick Goble, Rebecca Guay, Alan Lee,
Myrea Pettit, Arthur Rackham, Cicely Mary Barker, David Delamare, Meredith
Dillman, Jasmine Becket-Griffith, Florence Harrison, Kylie InGold, Greta James, Ida
Rentoul Outhwaite, Suza Scalora y Nene Thomas.5
La época victoriana fue especialmente famosa por las pinturas de hadas. El pintor
victoriano Richard Dadd creó cuadros de hadas con un tono siniestro y maligno.
Otros artistas victorianos que representaron hadas fueron John Anster Fitzgerald,
John Atkinson Grimshaw, Daniel Maclise y Joseph Noel Paton.6 El interés por el arte
de temática feérica disfrutó de un breve renacimiento tras la publicación de las
fotografías de las hadas de Cottingley en 1917.

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