Metas Monetarias para Controlar Inflación
Metas Monetarias para Controlar Inflación
Este cuadro analiza tres tipos de metas de política monetaria utilizadas para reducir la inflación: metas
cambiarias, monetarias y de inflación. La meta de cada política establece el foco de la intervención del Banco
Central (BC) y los métodos específicos de seguimiento y cumplimiento en función de objetivos inflacionarios.
La conducción de la política monetaria implica establecer estrategias y tácticas para asegurar la estabilidad
económica. Las políticas monetarias, aplicadas por los bancos centrales, como la Reserva Federal en EE. UU.,
tienen efectos profundos sobre la inflación, el empleo y el crecimiento económico. Una política monetaria
excesivamente expansiva lleva a una alta inflación, lo que afecta negativamente la eficiencia económica y el
crecimiento. Por otro lado, una política monetaria demasiado restrictiva puede causar recesiones, con baja
producción y alto desempleo, además de generar deflación, como ocurrió en EE. UU. durante la Gran Depresión
y recientemente en Japón. La deflación puede ser especialmente perjudicial, pues genera inestabilidad
financiera y agrava las crisis económicas.
Los bancos centrales tienen varios objetivos, siendo uno de los más importantes la estabilidad de precios, que
se interpreta como una inflación baja y predecible. La inflación crea incertidumbre en la economía,
complicando la toma de decisiones para consumidores y empresas y afectando negativamente el crecimiento. La
hiperinflación, como la ocurrida en Argentina y otros países, representa un caso extremo de precios inestables
que perjudica el funcionamiento económico.
Una ancla nominal es una variable clave, como la tasa de inflación o la oferta de dinero, que se usa para
controlar los precios y promover la estabilidad de precios. Un ancla nominal ayuda a crear expectativas de baja
inflación, evitando así el problema de inconsistencia temporal, en el cual los bancos centrales podrían verse
tentados a aplicar políticas monetarias excesivamente expansivas para estimular la producción a corto plazo. Sin
embargo, este enfoque genera expectativas de alta inflación, lo que lleva a un aumento de precios y salarios sin
incrementar la producción en promedio. Para prevenir esta inconsistencia, los bancos centrales establecen una
ancla nominal, que funciona como una “regla de comportamiento”, limitando las tentaciones de aplicar políticas
a corto plazo y asegurando una estabilidad en el largo plazo.
Además de la estabilidad de precios, los bancos centrales persiguen otras cinco metas fundamentales:
1. Alto empleo y estabilidad de la producción: Un alto nivel de empleo es deseable tanto para reducir la
miseria humana como para maximizar el uso de recursos y producción. La meta de “empleo pleno” se
asocia con una tasa natural de desempleo, que incluye desempleo friccional (resultante de la búsqueda
de empleo o de actividades personales) y desempleo estructural (debido a desajustes entre las
habilidades laborales y las demandas del mercado). La producción potencial se refiere al nivel de
producción generado a esta tasa natural de desempleo.
2. Crecimiento económico: Un crecimiento económico sostenido está estrechamente relacionado con un
bajo desempleo, pues cuando el empleo es alto, las empresas tienen incentivos para invertir en capital y
aumentar la productividad. Las políticas específicas de crecimiento promueven la inversión de las
empresas y fomentan el ahorro, generando así más fondos para inversión.
3. Estabilidad de los mercados financieros: Los bancos centrales buscan mantener la estabilidad de los
mercados financieros, pues las crisis en estos mercados pueden generar caídas en la producción y el
empleo, afectando la economía real.
4. Estabilidad de las tasas de interés: La volatilidad de las tasas de interés puede causar incertidumbre en
la inversión y el consumo, por lo que mantenerlas estables es fundamental para una economía
predecible.
5. Estabilidad en los mercados de divisas: La estabilidad en el tipo de cambio es importante,
especialmente en economías con alta dependencia de las importaciones o exportaciones, pues las
fluctuaciones en el tipo de cambio afectan los precios de bienes y servicios internacionales.
En resumen, la conducción de la política monetaria requiere establecer un equilibrio adecuado entre estabilidad
de precios y crecimiento, con metas que permitan a la economía avanzar de manera predecible y sostenida.
A largo plazo, mantener precios estables promueve el crecimiento económico y la estabilidad financiera, ya que
evita la sobreexpansión y reduce el riesgo de inflación descontrolada. Una alta inflación no reduce la tasa de
desempleo natural ni fomenta empleo adicional de manera sostenible. Es decir, en el largo plazo, no hay una
relación compensatoria entre inflación y desempleo (lo que se conoce como la “curva de Phillips” solo a corto
plazo).
1. Mandato Jerárquico: En países como los miembros de la Unión Europea y bancos centrales como el
Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá, el mandato jerárquico prioriza la estabilidad de precios. Solo
cuando se alcanza esta meta, se puede considerar la promoción de otros objetivos económicos, como el
empleo y el crecimiento.
2. Mandato Dual: La Reserva Federal de los EE. UU., en cambio, sigue un mandato dual, que equilibra
las metas de estabilidad de precios y máximo empleo (o estabilidad de la producción) de forma
simultánea. Este enfoque permite al banco central ajustar su política para atender tanto la inflación como
el empleo, según las circunstancias, en lugar de priorizar exclusivamente el control de precios.
Aunque no hay una inconsistencia a largo plazo entre estabilidad de precios y empleo, existen consideraciones
prácticas. Los mandatos duales pueden llevar a políticas expansionistas que prioricen el crecimiento a corto
plazo a expensas del control de la inflación, lo que crea riesgos de inconsistencia temporal y de aumento de la
inflación a largo plazo. Sin embargo, los mandatos jerárquicos pueden llegar a enfocarse demasiado en la
inflación, lo que podría causar fluctuaciones excesivas en la producción y el empleo.
En conclusión, tanto los mandatos jerárquicos como los duales son viables siempre que se busque hacer de la
estabilidad de precios la meta primaria a largo plazo. La elección entre ellos depende en gran medida de cómo
se implementen en la práctica y de la disposición del banco central para adaptarse a las necesidades de la
economía sin comprometer la estabilidad inflacionaria a largo plazo.
La inconsistencia temporal es un problema que surge en la política económica cuando los responsables (como
los bancos centrales o los gobiernos) tienen incentivos para prometer una política económica estable y
disciplinada a largo plazo, pero luego, en el corto plazo, tienen incentivos para desviarse de esa promesa para
obtener beneficios inmediatos.
Cuando los agentes económicos (empresas, inversionistas, trabajadores) observan que el banco central
no sigue sus promesas de mantener la inflación bajo control, pierden confianza en su compromiso a
largo plazo.
La falta de credibilidad hace que las expectativas de inflación aumenten, ya que los agentes anticipan
que el banco central podría repetir estos comportamientos inflacionarios en el futuro.
3. Inestabilidad Económica
Una vez que la inflación y las expectativas de inflación se han elevado, reducir la inflación requiere
medidas más restrictivas, como aumentar las tasas de interés.
Esto suele provocar una contracción económica, con caídas en la producción y un aumento en el
desempleo, lo que afecta a la economía y la sociedad.
Supongamos que el banco central anuncia que su objetivo es mantener la inflación baja y estable, pero cuando
el desempleo aumenta, decide aplicar una política expansiva para reducirlo. Los agentes, al observar esta
conducta, ajustan sus expectativas y anticipan que el banco central hará lo mismo en el futuro, incorporando esa
expectativa de inflación en sus decisiones. Esta pérdida de credibilidad hace que, a la larga, el banco central
deba enfrentar una inflación más alta sin lograr una reducción sostenible del desempleo.
La fijación de metas de inflación es una estrategia de política monetaria adoptada por varios países con el
objetivo de controlar y reducir la inflación, asegurando una estabilidad de precios a mediano y largo plazo. Esta
estrategia incluye varios elementos clave:
Nueva Zelanda: Fue el primer país en implementar esta estrategia en 1990. Su legislación hizo al Banco
de la Reserva responsable de mantener la inflación dentro de un rango específico, con posibles sanciones
si no cumplía las metas.
Canadá y Reino Unido: Ambos países siguieron esta estrategia poco después, estableciendo rangos de
inflación más estrechos con el tiempo y logrando reducciones significativas en la inflación a cambio de
un breve aumento en el desempleo.
Efectos y Beneficios
La fijación de metas de inflación ha demostrado ser una herramienta efectiva para reducir y estabilizar la
inflación, ayudando a los bancos centrales a construir credibilidad y anclar las expectativas inflacionarias de los
agentes económicos. Sin embargo, los ajustes iniciales en la política monetaria pueden generar costos en
términos de crecimiento económico y empleo, especialmente cuando la inflación está alta y se requiere una
política más restrictiva para reducirla.
Aquí tienes un cuadro comparativo que resume las ventajas y desventajas de la fijación de metas de inflación:
La estrategia de política monetaria de la Reserva Federal (Fed) ha sido clave en el desempeño macroeconómico
de Estados Unidos, especialmente en cuanto a la estabilidad de la inflación, aunque no ha utilizado una meta de
inflación explícita como ancla nominal. En lugar de ello, la Fed ha seguido una estrategia que incluye un
enfoque preventivo y con visión de futuro. Este enfoque se basa en una ancla nominal implícita y en la
preocupación por mantener la inflación controlada a largo plazo. A través de esta estrategia, la Fed ha actuado
de manera anticipada al observar señales de inflación futura y responder con ajustes en las tasas de interés,
evitando que la inflación despegue y que las expectativas inflacionarias se integren en salarios y precios.
La estrategia "solo hazlo" de la Fed permite que sus políticas monetarias se adapten a cambios en la economía
sin un compromiso rígido con una meta de inflación explícita. Este enfoque tiene ciertas ventajas, como el uso
de múltiples fuentes de información y la flexibilidad para actuar preventivamente, además de evitar el problema
de la inconsistencia temporal, que puede surgir cuando un banco central se inclina hacia políticas expansivas de
corto plazo en lugar de enfocarse en la estabilidad de largo plazo.
Sin embargo, esta estrategia también presenta desventajas. La falta de transparencia y de criterios definidos
hace que los mercados y el público tengan incertidumbre sobre el futuro de las políticas, lo que puede generar
volatilidad. Además, este enfoque depende fuertemente de la habilidad y visión de los líderes de la Fed, lo que
significa que cambios en el liderazgo podrían alterar la estrategia. También plantea cuestiones de
responsabilidad democrática, ya que la independencia de la Fed y su enfoque discrecional pueden no alinearse
plenamente con los principios democráticos.
Algunos economistas, incluido el expresidente de la Fed, Ben Bernanke, han argumentado que podría ser
conveniente adoptar un régimen de metas de inflación en el futuro. Este enfoque no solo ofrecería una mayor
responsabilidad y transparencia, sino que también ayudaría a mantener un marco institucional más consistente
con los principios democráticos, al permitir una supervisión más directa de los objetivos de inflación y
crecimiento por parte de los funcionarios electos.
La crisis financiera global dejó cuatro lecciones clave sobre la economía que deben ser consideradas en la
estrategia de política monetaria:
1. El sector financiero impacta fuertemente la economía: Antes de la crisis, se reconocía que las
fricciones financieras influían en el ciclo económico. Sin embargo, la crisis demostró que las
perturbaciones financieras pueden tener efectos mucho más graves y adversos en la actividad económica
de lo que se anticipaba.
2. El límite cero en tasas de interés presenta desafíos: Durante la crisis y el período 2003-2006, la
Reserva Federal tuvo que recurrir a políticas monetarias no convencionales debido al límite cero en las
tasas de interés. Estas herramientas alternativas, aunque útiles, son más complejas y de impacto incierto,
lo cual dificulta su uso efectivo.
3. El costo de "limpiar" tras una crisis es elevado: Las crisis financieras suelen ir seguidas de recesiones
profundas y recuperaciones lentas. Estudios muestran que el crecimiento económico disminuye y el
desempleo permanece alto por una década posterior a una crisis financiera. Además, el endeudamiento
gubernamental aumenta, como se evidenció en Europa tras la crisis.
4. La estabilidad de precios y producción no asegura estabilidad financiera: La estabilidad en
inflación y producción, lograda en la época de la Gran Moderación, no previno la inestabilidad
financiera. Esta estabilidad incluso pudo haber fomentado un exceso de confianza en el mercado,
llevando a una toma de riesgos excesiva que desencadenó la crisis.
Implicaciones para la política monetaria: Estas lecciones sugieren una revisión del enfoque hacia la fijación
de metas de inflación y cómo los bancos centrales deben abordar las burbujas en los precios de los activos. Los
bancos centrales pueden necesitar considerar factores adicionales y ser más proactivos en la vigilancia de los
riesgos financieros para evitar futuras crisis.
La crisis financiera global y sus implicaciones han generado un debate sobre la fijación de metas de inflación,
sugiriendo que esta estrategia podría necesitar ajustes. A continuación, se resumen los puntos clave, con
fórmulas y variables incluidas.
Los bancos centrales suelen fijar metas de inflación alrededor del 2%, pero la crisis reveló que este nivel podría
ser demasiado bajo, especialmente debido al límite cero en las tasas de interés nominales. En este contexto, se
propone que elevar la meta de inflación al 4% podría ser más beneficioso.
Efecto sobre la tasa de interés real: Si la meta de inflación es 2%, la tasa de interés real rrr se calcula
como:
r=i−πer = i - \pi_er=i−πe
donde iii es la tasa de interés nominal y πe\pi_eπe es la expectativa de inflación. Si la tasa nominal se
reduce a 0% y la meta de inflación es 2%, la tasa real sería:
Sin embargo, si la meta de inflación se eleva al 4%, la tasa real podría llegar a:
Esto permitiría que las tasas de interés reales sean más bajas, lo que haría la política monetaria más
expansiva en una situación de límite cero.
Beneficios y costos: Si bien los beneficios de una meta de inflación más alta (como una mayor
capacidad de respuesta en situaciones de límite cero) son claros, estos solo se materializan en situaciones
excepcionales. Los costos asociados con una inflación más alta, como las distorsiones en la economía,
son continuos y pueden superar los beneficios intermitentes de una meta de inflación más alta.
Estabilidad y credibilidad: Además, aumentar la meta de inflación puede reducir la credibilidad del
banco central. Si el público percibe que una inflación del 4% es aceptable, podría cuestionar por qué no
una del 6% o más, lo que puede llevar a expectativas inflacionarias más altas y, en última instancia, a un
ciclo de inflación descontrolada como ocurrió en la década de 1960.
Antes de la crisis financiera global, la fijación de metas de inflación ya se describía como "flexible",
permitiendo ciertas desviaciones a corto plazo para promover la estabilidad de la producción y los precios. Sin
embargo, la crisis subrayó que los bancos centrales deben ser más flexibles en su enfoque, no solo en términos
de inflación, sino también en cuanto a la estabilidad financiera.
Estabilidad financiera: Dos lecciones clave surgieron de la crisis:
1. La inestabilidad financiera tiene efectos devastadores en la economía.
2. La estabilidad de precios y de la producción no garantiza la estabilidad financiera.
Esto llevó a la conclusión de que los bancos centrales deben prestar más atención a la estabilidad
financiera, no solo en marcos de fijación de metas de inflación, sino en cualquier estrategia de política
monetaria.
Burbujas de activos: Una cuestión crítica es cómo deben responder los bancos centrales a las burbujas
en los precios de los activos, ya que estas pueden desencadenar crisis financieras graves. Las políticas
deben ser lo suficientemente flexibles como para abordar estas burbujas, evitando que se acumulen y
desestabilicen la economía a largo plazo.
En resumen, la fijación de metas de inflación debe ser flexible y adaptarse a las circunstancias, especialmente
considerando las lecciones de la crisis financiera global, donde la política monetaria convencional no fue
suficiente para evitar la crisis y la estabilidad financiera no se logró solo con la estabilidad de precios.
1. Apoyarse en las burbujas: Esta postura sostiene que los bancos centrales no deben intervenir
directamente para evitar que los precios de los activos se desvíen de sus valores fundamentales. En
cambio, deben limitarse a "limpiar" después de que las burbujas estallen, es decir, proporcionar políticas
monetarias expansivas para mitigar los efectos negativos en la economía cuando las burbujas revienten.
2. Limpiar después del estallido: Este enfoque reconoce que, aunque las burbujas son costosas, los
bancos centrales deben centrarse en estabilizar la economía después de su estallido, en lugar de tratar de
evitar su formación. Este enfoque es popularmente conocido como la "doctrina Greenspan", basada en la
postura adoptada por Alan Greenspan y la Reserva Federal de los Estados Unidos.
1. Dificultad para identificar las burbujas: Uno de los argumentos más sólidos es que las burbujas en los
precios de los activos son casi imposibles de identificar de manera confiable en tiempo real. Si los
participantes del mercado no pueden identificar una burbuja, es improbable que los bancos centrales
puedan hacerlo, lo que hace que cualquier intento de intervención preventiva sea arriesgado y
potencialmente ineficaz.
2. Eficiencia de las políticas monetarias: Aunque aumentar las tasas de interés podría frenar parcialmente
el crecimiento de los precios de los activos, esta medida generalmente resulta ineficaz para contener
burbujas. Los participantes del mercado pueden esperar mayores rendimientos como justificación para
seguir comprando activos, lo que puede incluso llevar a un estallido más severo cuando la burbuja
estalle. Además, las burbujas son desviaciones del comportamiento económico normal, por lo que las
herramientas convencionales de política monetaria no son siempre efectivas en estos contextos
anormales.
3. Diversidad de activos y burbujas parciales: Existen múltiples mercados de activos y no todos
experimentan burbujas al mismo tiempo. Por lo tanto, la política monetaria, al intervenir para tratar de
frenar una burbuja, podría afectar de manera innecesaria a otros mercados que no están experimentando
una burbuja, lo que podría tener consecuencias económicas negativas más amplias.
4. Daño económico por la intervención: El aumento significativo de las tasas de interés para tratar de
frenar una burbuja puede frenar la economía general, aumentar el desempleo y reducir la inflación por
debajo de los niveles deseados. La intervención puede ser tan costosa que no justifique los beneficios,
especialmente si solo afecta a una parte del mercado.
5. Respuesta dinámica después del estallido: Los bancos centrales deben estar preparados para actuar de
manera rápida y eficaz una vez que una burbuja reviente. Al proporcionar alivio monetario, como
recortes de tasas de interés o políticas de liquidez, es posible mitigar los efectos negativos de un estallido
y evitar una recesión profunda. Ejemplos de esto incluyen la acción de la Reserva Federal en 1987 tras
el colapso del mercado bursátil y la respuesta posterior a la burbuja tecnológica en 2000.
Conclusión:
En resumen, el enfoque de "limpiar después de que la burbuja estalle" propone que la mejor respuesta de los
bancos centrales ante las burbujas en los precios de los activos es evitar intervenir directamente para frenar su
formación, sino estar preparados para actuar rápidamente una vez que la burbuja estalle, con el objetivo de
mitigar los daños a la economía. Aunque la prevención podría parecer atractiva, los riesgos y la ineficacia de las
políticas monetarias preventivas hacen que esta estrategia de "limpiar" después de que ocurra el daño sea la más
recomendable desde la perspectiva de la política monetaria convencional.
1. Burbujas impulsadas por crédito: Son aquellas que se generan cuando hay un auge de crédito, lo que
facilita la compra de activos, elevando sus precios. Este aumento de los precios de los activos puede, a
su vez, alimentar más crédito y crear un ciclo de retroalimentación, donde los precios siguen subiendo
por encima de sus valores fundamentales. Estas burbujas son especialmente peligrosas porque cuando
revientan, los precios de los activos caen, lo que lleva a una contracción en el crédito, provocando una
caída aún mayor en los precios y afectando negativamente a la economía. Esto fue evidente durante la
crisis financiera global de 2008, donde el colapso del mercado inmobiliario y la pérdida de valor de los
activos afectaron gravemente al sistema financiero.
2. Burbujas impulsadas por exuberancia irracional: Estas burbujas se originan principalmente por
expectativas excesivamente optimistas de los inversionistas, sin la influencia directa de un auge de
crédito. Un ejemplo citado es la burbuja de las acciones tecnológicas a finales de los años 90. Aunque
estas burbujas pueden causar pérdidas significativas, no tienen un impacto tan devastador sobre el
sistema financiero como las burbujas impulsadas por el crédito. Su colapso tiende a no desencadenar un
ciclo de retroalimentación negativo y no afecta gravemente a las instituciones financieras.
El argumento principal es que los bancos centrales y otros reguladores no deben adoptar una actitud laissez-
faire frente a las burbujas impulsadas por crédito, ya que sus efectos pueden ser muy perjudiciales para la
economía. Sin embargo, la tarea de implementar políticas efectivas sigue siendo un desafío debido a la presión
política sobre la regulación y las posibles evasiones por parte de las instituciones financieras.
1. Operaciones de mercado abierto: compras o ventas de bonos por el banco central, lo que afecta la
oferta de dinero (M) y la base monetaria (BM).
2. Requisitos de reservas: porcentaje de los depósitos que los bancos deben mantener como reservas,
afectando la cantidad de reservas requeridas (RR).
3. Tasa de descuento: tasa de interés a la que los bancos pueden pedir prestado al banco central,
impactando el costo de mantener reservas.
4. Tasa de interés sobre reservas: afecta el costo-beneficio de mantener reservas excedentes.
El banco central usa sus herramientas para influir en los instrumentos, que a su vez ayudan a alcanzar las metas
intermedias y finales de la política monetaria, tales como estabilidad de precios y crecimiento económico. La
elección del instrumento de política depende de qué variable (agregado de reservas o tasa de interés) el banco
central considera más eficaz y estable para lograr sus objetivos.
Si el banco central fija una meta de agregado de reservas (por ejemplo, NBR), controla directamente la
cantidad de reservas no solicitadas en préstamo. Esto permite una mayor previsibilidad en la cantidad de dinero
en el sistema, pero implica que las tasas de interés fluctúen con la demanda de reservas.
Oferta y Demanda de Reservas bajo Meta de Agregado de Reservas:
Si el banco central establece una meta en la tasa de interés (por ejemplo, if∗i_f^*if∗), ajusta la oferta de
reservas para mantener constante esta tasa. Esto estabiliza la tasa de interés a corto plazo, pero implica que la
cantidad de reservas fluctúe con la demanda.
El análisis de oferta y demanda revela que un banco central no puede controlar ambos objetivos
simultáneamente. Esto se debe a que:
Meta en agregados: Estabiliza la cantidad de dinero, pero causa fluctuaciones en las tasas de interés.
Meta en tasa de interés: Estabiliza la tasa de interés, pero permite fluctuaciones en la cantidad de
dinero.
Por lo tanto, el banco central debe elegir uno u otro como instrumento de política monetaria.
Supongamos que el banco central se fija una meta de crecimiento nominal del PIB del 5%, la cual se logra a
través de:
Si elige NBR como instrumento, ajusta la base monetaria mediante operaciones de mercado abierto,
permitiendo que la tasa de fondos federales fluctúe.
Si elige la tasa de fondos federales como instrumento, ajusta la cantidad de reservas para mantener
esta tasa, aunque la cantidad de reservas pueda variar.
Esta decisión depende de factores como la estabilidad de los mercados financieros y las expectativas
inflacionarias, y también del marco general que adopta el banco central para alcanzar sus metas.
Los bancos centrales suelen considerar tres criterios clave para seleccionar un instrumento de política monetaria
eficaz:
1. Observabilidad y Medición: El instrumento debe ser fácil de observar y medir de manera rápida y
precisa. Esto permite una lectura inmediata de la postura de la política monetaria. Las tasas de interés a
corto plazo, como la tasa de fondos federales, son un ejemplo de instrumento que es observable casi en
tiempo real, mientras que otros, como los agregados de reservas, enfrentan ciertos retrasos de hasta dos
semanas en su reporte. La tasa de interés nominal es fácil de observar, pero puede ser una medida
imprecisa del "costo real de solicitar un préstamo" porque no tiene en cuenta la inflación esperada. La
tasa de interés real sería una mejor medida, pero es difícil de calcular directamente debido a la dificultad
para medir con precisión la inflación esperada.
2. Controlabilidad: Es fundamental que el banco central tenga la capacidad de controlar el instrumento de
política elegido. Esto asegura que pueda influir en la economía y hacer ajustes según sea necesario.
Aunque las tasas de interés a corto plazo son relativamente controlables, los bancos centrales no pueden
manipular completamente las tasas de interés reales, dado que no controlan las expectativas de inflación.
Esto limita su precisión en términos de impacto en la economía real.
3. Efecto Predecible sobre las Metas: El instrumento debe tener un efecto claro y predecible sobre los
objetivos finales de la política, como la producción, el empleo y la inflación. La elección de un
instrumento sin una relación estable con estas metas lo haría inútil para influir en la economía de manera
deseada. Por ello, en las últimas décadas, los bancos centrales han preferido las tasas de interés a corto
plazo sobre los agregados monetarios, ya que han encontrado que las tasas de interés tienen un vínculo
más fuerte y predecible con metas como la inflación.
1. Control de la inflación: Al vincular el tipo de cambio con la moneda de un país ancla (como el dólar de
[Link].), se establece un ancla nominal que ayuda a controlar la inflación. Esto se debe a que los precios
de los bienes de comercio internacional se fijan en los mercados globales, y el precio nacional de estos
bienes se ajusta según el tipo de cambio.
2. Regla automática para la política monetaria: La fijación de metas de tipo de cambio obliga al banco
central a ajustar la política monetaria de acuerdo con las fluctuaciones del tipo de cambio, evitando
políticas monetarias inconsistentes. Si la moneda local tiende a devaluarse, la política se endurece; si
tiende a apreciarse, se relaja.
3. Sencillez y claridad: Un tipo de cambio fijo es una política fácil de entender para el público, lo que
facilita la comunicación de las metas de política monetaria. Este enfoque ha sido exitoso en países como
Francia y Reino Unido, que usaron el ancla del marco alemán para reducir su inflación.
4. Eficacia en mercados emergentes: La fijación de metas en el tipo de cambio ha sido eficaz en países de
mercados emergentes, como México antes de 1994, donde permitió reducir la inflación de más del 100%
a menos del 10%.
1. Pérdida de autonomía monetaria: Los países que fijan el tipo de cambio pierden la capacidad de
implementar una política monetaria independiente. Cualquier choque económico que afecte al país ancla
se transmitirá directamente a ellos, como ocurrió en 1990 con la reunificación alemana, que afectó a
otros países vinculados al marco alemán.
2. Vulnerabilidad a ataques especulativos: La fijación del tipo de cambio deja a los países expuestos a
especulaciones sobre la estabilidad de su moneda. Los especuladores pueden apostar a la depreciación
de una moneda vinculada si creen que el gobierno no podrá mantener el tipo de cambio fijo. Este
fenómeno ocurrió en la crisis de divisas de 1992, donde países como Francia resistieron la devaluación,
mientras que otros, como el Reino Unido, abandonaron el mecanismo.
3. Riesgos para los mercados emergentes: En los países de mercados emergentes, la fijación de metas en
el tipo de cambio puede tener consecuencias aún más graves, ya que los ataques especulativos pueden
generar crisis financieras masivas, como ocurrió en México en 1994, en el sudeste asiático en 1997 y en
Argentina en 2002.
4. Menor responsabilidad política: En países con mercados emergentes, la fijación de metas en el tipo de
cambio puede reducir la responsabilidad de los legisladores, al eliminar una señal importante sobre la
postura de la política monetaria. A diferencia de los países con mercados financieros más desarrollados,
como EE. UU., donde el mercado de bonos ofrece señales claras sobre la política monetaria, los países
emergentes pueden carecer de mecanismos de alerta temprana, como las fluctuaciones del tipo de
cambio.
En resumen, la fijación de metas del tipo de cambio es una estrategia que puede ser eficaz para controlar la
inflación y mantener la estabilidad económica en ciertos contextos. Sin embargo, también conlleva riesgos
significativos, especialmente para los países con mercados emergentes, que pueden quedar vulnerables a
ataques especulativos y crisis económicas.
Para los países industrializados, la fijación de metas en el tipo de cambio puede ser deseable en situaciones
específicas:
1. Cuando la política monetaria nacional es ineficaz: Si un país tiene un banco central con políticas
monetarias ineficaces, ya sea por falta de independencia o por presiones políticas que lleven a un sesgo
inflacionario, ceder el control de la política monetaria a un banco central extranjero más responsable
puede ser beneficioso. Un ejemplo de esto es Italia, cuyo historial monetario no era sólido, pero donde
los beneficios de tener una política monetaria determinada por un banco central externo, como el Banco
Central Europeo, superaban los costos de perder el control sobre las políticas monetarias nacionales.
2. Cuando se busca integración económica con vecinos: En algunos casos, los países industrializados
pueden optar por la fijación de metas en el tipo de cambio como una forma de integrar sus economías
con la de países vecinos. Este fue el caso de muchos países de Europa que vinculaban su tipo de cambio
con el marco alemán en la prehistoria de la Unión Monetaria Europea. Esto también facilita la
estabilidad y reduce la volatilidad del tipo de cambio, lo que puede ser beneficioso para el comercio y la
inversión.
En resumen, la fijación de metas en el tipo de cambio para países industrializados tiene sentido solo si las
instituciones monetarias nacionales no son adecuadas para una política monetaria efectiva o si la fijación de
metas en el tipo de cambio ofrece otros beneficios importantes, como la integración económica o la
estabilización económica.
¿Cuándo es deseable la fijación de metas en el tipo de cambio para los países con mercados
emergentes?
En países con mercados emergentes, la fijación de metas en el tipo de cambio puede ser útil principalmente en
situaciones donde las instituciones monetarias son débiles o inexistentes, y donde las economías enfrentan
desafíos graves como la hiperinflación:
Estrategias que hacen menos probable la descomposición de los regímenes de tipo de cambio
en mercados emergentes
Dos estrategias que han ganado atención reciente son las juntas monetarias y la dolarización:
Juntas Monetarias: En una junta monetaria, la moneda nacional está completamente respaldada por
una moneda extranjera (por ejemplo, el dólar), y el banco central establece un tipo de cambio fijo y está
comprometido a intercambiar la moneda local por la moneda extranjera a ese tipo de cambio. Esta
estrategia resuelve los problemas de transparencia y compromiso de la meta en el tipo de cambio porque
el banco central no puede imprimir dinero y, por lo tanto, no puede causar inflación. Sin embargo, las
juntas monetarias también tienen desventajas significativas, como la pérdida de una política monetaria
independiente y la exposición a los choques del país ancla.
Dolarización: La dolarización, donde un país adopta una moneda extranjera (como el dólar
estadounidense), es una forma aún más firme de comprometerse con un tipo de cambio fijo. La ventaja
principal de la dolarización es que elimina la posibilidad de ataques especulativos a la moneda, ya que la
moneda local es reemplazada por una extranjera. No obstante, la dolarización también implica
desventajas, como la pérdida de la política monetaria independiente y la incapacidad de actuar como
prestamista de último recurso, además de que el país pierde los ingresos derivados del señoreaje, que son
los beneficios que un gobierno obtiene al emitir su propia moneda.
En resumen, para los países con mercados emergentes, la fijación de metas en el tipo de cambio puede ser
deseable como una medida para estabilizar la economía y frenar la inflación, pero también conlleva riesgos
significativos, especialmente si no se implementa de manera transparente y comprometida. Las juntas
monetarias y la dolarización son estrategias que buscan mitigar estos riesgos, aunque con sus propias
limitaciones.
RESUMEN
Las metas fundamentales de la política monetaria son cruciales para mantener la estabilidad económica y
financiera. Entre ellas:
Un ancla nominal es un compromiso explícito o implícito de los responsables de la política monetaria para fijar
una meta de inflación o tipo de cambio. Esta ancla es clave para proporcionar credibilidad a la política
monetaria y para enlazar las expectativas de inflación. El hecho de tener un ancla nominal fuerte ayuda a
limitar la discrecionalidad de los responsables de la política monetaria, que podría generar resultados a corto
plazo favorables pero costosos a largo plazo (como la inconsistencia temporal, donde se priorizan objetivos
inmediatos sin considerar el impacto a largo plazo).
Enfoque doméstico: Permite que la política monetaria se concentre en problemas internos, sin estar
demasiado influenciada por factores externos.
Transparencia: Es un objetivo fácil de entender para el público, lo que aumenta la confianza en las
políticas del banco central.
Responsabilidad: Incrementa la rendición de cuentas del banco central ante la sociedad.
Mejora ante choques externos: La meta de inflación ayuda a mitigar los efectos de choques
internacionales.
La Reserva Federal (Fed) ha adoptado una estrategia de tener un ancla nominal implícita, es decir, no se
enfoca en una relación explícita entre inflación y tasa de interés, sino en los objetivos más amplios de
estabilidad económica. Las ventajas de esta estrategia incluyen:
Falta de transparencia: Al no tener metas explícitas, puede generar incertidumbre en los mercados.
Dependencia de la confianza: El éxito de la política depende en gran medida de la confianza en los
responsables de la política monetaria.
Problemas democráticos: La falta de transparencia y de rendición de cuentas podría generar conflictos
con los principios democráticos, ya que el banco central no siempre rinde cuentas directamente a la
ciudadanía.
La crisis financiera global dejó varias lecciones importantes para la política monetaria:
Impacto del sector financiero: Los desarrollos en el sector financiero tienen un impacto mucho más
profundo sobre la actividad económica de lo que se pensaba anteriormente.
Límite a las tasas de interés: El límite de cero en las tasas de interés (cero lower bound) es un
problema grave cuando las tasas no pueden reducirse más para estimular la economía.
Costos de la crisis financiera: Las consecuencias de una crisis financiera son muy costosas en términos
de limpieza y recuperación económica.
Estabilidad de precios y producción: La estabilidad de precios y producción no garantiza la estabilidad
financiera, como quedó claro durante la crisis.
A raíz de las lecciones de la crisis financiera, algunos economistas sugieren que la política monetaria debería ser
más flexible, con una meta de inflación más alta, lo que permitiría a los bancos centrales adaptarse mejor a las
fluctuaciones económicas y financieras. También se argumenta que los bancos centrales deberían estar
preparados para contrarrestar los aumentos de crédito excesivo, aunque no necesariamente las burbujas en
los precios de los activos.
Un banco central debe elegir entre dos tipos de instrumentos: tasa de interés y agregados monetarios. La
elección debe basarse en tres criterios:
8. Regla de Taylor
La regla de Taylor proporciona una fórmula para determinar la tasa de interés de los fondos federales,
combinando dos componentes principales:
La teoría de la curva de Phillips sugiere que hay una relación inversa entre la tasa de desempleo y la inflación.
Sin embargo, la aplicación práctica de esta teoría ha sido controvertida, ya que, en la práctica reciente, bajas
tasas de desempleo no siempre conducen a un aumento de la inflación, lo que pone en duda la efectividad
de la curva de Phillips como predictor de la inflación futura.
En resumen, la política monetaria es un campo complejo, con muchas herramientas y objetivos que deben
equilibrarse cuidadosamente. La elección entre objetivos explícitos (como una meta de inflación) o implícitos
(como el enfoque más flexible de la Reserva Federal) depende de las condiciones económicas y de los desafíos
que enfrente un país en un momento dado.