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Proyecto Comunitario en Las Violetas

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Como problema, se presenta la situación general y

vulnerable de la comunidad del barrio "Las Violetas",


ubicado en la Ciudad de Córdoba, con múltiples necesidades
insatisfechas. Buscamos generar un espacio en primera
instancia de acompañamiento, para luego a partir de ello
desarrollar posibles soluciones, haciendo especial hincapié
en el grupo etario de los niños y jóvenes. Asimismo y en
base a este contacto, brindaremos a la comunidad
asesoramiento jurídico gratuito. En orden a lograr estos
objetivos propuestos, planteamos actividades recreativas,
deportivas y educativas para niños y jóvenes, a llevarse a
cabo con frecuencia semanal. Además, realizamos actividades
tendientes al mejoramiento general de la comunidad (mejoras
edilicias, ferias americanas y de platos para la obtención
de fondos, entre otras); todo ello con la participación
activa de los actores comunitarios. Por último, docentes y
alumnos especialmente designados para ello evacuan
consultas jurídicas de los vecinos interesados, poniéndolos
en contacto con las instituciones y mecanismos jurídicos
administrativos que les permitan iniciar un proceso
eficiente para la resolución de sus problemas y reclamos.

Barrios vulnerables. Niños. Niñas. Jóvenes.


Palabras
Asesoramiento jurídico. Actividades
clave:
recreativas.

Como jóvenes ciudadanos es importante que realicen un


ejercicio activo de una ciudadanía plena, desarrollando y
poniendo en práctica valores como la cooperación, el
compromiso y la responsabilidad social. Háganse eco de los
problemas que afectan a su comunidad, participando e
involucrándose, tomando como desafío el generar proyectos
de acción que les permitan intervenir en la modificación de
los mismos.

Proyecto Socio Comunitario: es la ordenación de


actividades y recursos que se ponen en práctica, con el fin
de producir algo, que sea capaz de resolver problemas
sociales o satisfacer necesidades.
Al diseñar un proyecto nos planteamos numerosos
interrogantes, tales como:
• QUÉ se quiere hacer (Naturaleza del proyecto)
• PARA QUÉ Se quiere hacer (Objetivos y propósitos)
• POR QUÉ Se quiere hacer (Fundamentación)
• CÓMO Se va a hacer la actividad (Metodología)
• DÓNDE Se quiere hacer (Ubicación en el espacio)
• CUÁNDO Se va a hacer (Cronograma, ubicación en el tiempo)
• A QUIENES va dirigido (Destinatario)
• CON QUÉ Se va a hacer (Recursos materiales y
herramientas)
• CON QUÉ Se a cubrir los costos (Recursos Económicos) de
una comunidad en forma colaborativa.

Existe una diferencia entre un proyecto social y


una actividad, un proyecto involucra muchas actividades
todas dirigidas a un mismo fin, que solo al
cumplimentarlas, producirán el cambio esperado. En cambio,
una actividad es una única acción, cumple con su fin al
momento de ejecutarla.
Por ejemplo: si desean organizar una biblioteca no basta
con que un día algunos lleven libros. Ya que esto
solucionaría el problema solo de modo parcial. Para el
cumplimiento de este objetivo, en este caso deberían, por
ejemplo, difundir la campaña de recolección de libros,
poner un día para recibir todo, buscar cajas para poner
libros, hacer el traslado y armar la biblioteca en el
espacio que se destine a tal fin, etc.

Hay muchas maneras de definir o entender


qué es un proyecto comunitario. Para quienes hacemos esta
Guía, un proyecto comunitario es la realización de un
conjunto de acciones coordinadas, en este caso, por un
grupo de personas, destinadas a producir modificaciones en
la realidad que los rodea, procurando lograr cambios
positivos en la comunidad a intervenir. Se los llama
“comunitarios” porque están asociados a la idea de
comunidad, es decir, a un grupo de personas que mantienen
algún interés en común.
Podemos distinguir tres conceptos que se
entrelazan entre sí: “proyecto”, “acciones” y “tareas”. Al
proyecto se le da forma a través de las acciones y las
tareas son todo aquello que debemos ir haciendo para
alcanzar el objetivo que nos propusimos.
Por ejemplo, si nuestro proyecto
comunitario es armar un espacio de apoyo escolar en nuestro
barrio, algunas acciones que deberemos llevar a cabo son:
una convocatoria de voluntarios, una convocatoria de niños,
la inauguración, etc. Tareas previas a la realización de
estas acciones podrían ser: reuniones del colectivo que
organiza, reuniones con quienes nos prestan el espacio,
compra de materiales, etc.
Usualmente, el diseño y planificación
consta de las etapas que veremos en el siguiente cuadro y
que detallaremos en los apartados siguientes.
Primera Etapa:
Diagnóstico y Planificación
1° Paso: Diagnóstico de la realidad sobre la que se va a
actuar.
2° Paso: Diseño y Planificación del Proyecto.
3° Paso: Desarrollo.
Segunda Etapa:
Desarrollo y ejecución.
4° Paso: Acción comunitaria.
5° Paso: Comunicación de la Experiencia.
Tercera Etapa:
Evaluación
6° Paso: Evaluación.

Si pensamos las diferentes etapas de


nuestro proyecto en una línea de tiempo imaginaria, nos
quedaría así:
A continuación pasaremos a explicar cada
una de las fases de elaboración del proyecto.
PRIMERA ETAPA: Diagnóstico de situación y planificación de
nuestro proyecto de intervención.
Paso 1: El diagnóstico
El diagnóstico1 en nuestro caso supone lo que en
investigación se conoce como “trabajo de campo” y que en la
jerga de las organizaciones se conoce como “patear el
barrio”. También puede ser que, si el proyecto se ancla en
nuestra institución de pertenencia (escuela, club barrial,
etc.), no se trate de “salir al barrio” sino de construir
un territorio2 de incidencia al interior de la misma.
Esto nos permitirá realizar una primera aproximación en la
definición del proyecto. A partir de la realización del
diagnóstico, podremos detectar aquellas problemáticas
puntuales que afectan a la comunidad y que, en última
instancia, se convertirán en nuestro objetivo. Así también,
el diagnóstico nos permitirá conocer aquellas instituciones
que funcionan en el barrio.
Patear el barrio o construir nuestro territorio de
incidencia al interior de nuestra institución implica que
realicemos una descripción, un relevamiento, del lugar
donde trabajaremos y de aquellas necesidades o aspectos que
nos preocupan y nos gustaría revertir. Para esto es muy
importante que realicemos una “fotografía” o “mapeo”3 del
barrio en donde aparezca toda la información necesaria
(ubicación de la problemática, características, población
afectada, entre otras). Una posible fuente para detectar
problemáticas o necesidades son los propios vecinos,
quienes son muchas veces los principales afectados o
preocupados por lo que acontece en la comunidad. Patear el
barrio es salir a mirar el barrio con nuevos ojos, abiertos
sensiblemente a lo que acontece en él.
También puede suceder que la idea de nuestro proyecto no se
construya en el trabajo de campo sino que lo preceda. En
estos casos, el relevamiento nos sirve para identificar qué
se viene haciendo en la comunidad al respecto, quiénes lo
hacen, qué podemos sumar, etc.
El relevamiento de instituciones y actores relevantes de la
comunidad va a ser una parte fundamental de la gestión del
proyecto comunitario ya que nos permitirá no sólo conocer
las problemáticas del entorno, sino también aquellas
instituciones y/o personas que ya trabajan sobre éstas, que
tienen influencia en la comunidad, que todos las conocen y
que podrían ser “aliados” de nuestro proyecto.
Por lo tanto, la identificación de problemáticas o
necesidades concretas será el motor, el puntapié inicial,
sobre el cual todo nuestro proyecto se desplegará. En
definitiva, el proyecto buscará revertir esa situación
problemática inicial.
Relevamiento barrial: debemos intentar que sea lo más
detallado posible.

El relevamiento de estas instituciones y actores relevantes


nos permitirá contar con información acerca de:
» Qué instituciones trabajan en el barrio
» Qué es lo que hacen
» Tipo/Cantidad de población que atienden
» Necesidades de la comunidad
» Posibilidades de articulación
Es fundamental que a la hora de hacer el relevamiento
podamos registrar todas aquellas impresiones y sensaciones
que se produjeron al entrar en contacto con cada una de las
instituciones. Si bien son observaciones subjetivas
(nuestras, de la persona que realiza el relevamiento), es
muy importante tenerlas en cuenta y poder diferenciarlas de
las observaciones objetivas: lo que forma parte de la
realidad más allá de nuestras sensaciones; lo que podemos
medir y cuantificar. Las observaciones subjetivas nos
servirán para evaluar el grado de apertura, compromiso y
predisposición que tienen los diferentes actores e
instituciones con quienes buscamos trabajar conjuntamente.
Paso 2: Diseño y planificación del proyecto
Yendo a lo más práctico, para ir empezando a delimitar qué
haremos, es importante hacernos algunas preguntas:
Creemos que es importante ir pensando desde el primer
momento cuándo se realizaría la actividad ya que el factor
“tiempo” en general es el que marca el pulso de los
proyectos: reuniones, preparativos de las diversas
actividades/acciones, vínculos con instituciones u otras
organizaciones, etc.
También debemos preguntarnos qué tenemos a favor y qué
tenemos en contra para llevar a cabo nuestro proyecto
comunitario. En la jerga de las organizaciones, comúnmente
a “lo que tenemos a favor” se lo llama facilitadores; y a
lo que “tenemos en contra”, se lo llama obstaculizadores.
De esta manera, podremos tener capacidad de previsión
frente a los obstáculos que puedan presentarse y capacidad
de aprovechamiento para los facilitadores que tengamos de
nuestro lado.
También en esta etapa debemos analizar si aquello que
queremos hacer es pertinente. ¿Qué significa esto? Que a
veces, en el afán de solucionar determinadas problemáticas,
podemos caer en el error de tomar parte en acciones que no
son nuestra responsabilidad. Es importante tener bien claro
que hay diferentes niveles de incidencia y que nosotros,
como colectivo, no podemos hacer lo que la Municipalidad o
el Estado no hacen. También debemos reconocer que, a veces,
hay instituciones que por su trayectoria o por los recursos
con que cuentan, pueden estar más capacitadas que nosotros
para realizar determinados proyectos.
Por ejemplo: no es lo mismo armar un espacio barrial para
la niñez que un jardín de infantes.
Un espacio para la niñez que incluya recreación y apoyo
escolar es algo que una organización de base puede
realizar. En cambio, la creación de jardines de infantes es
responsabilidad del Estado y en caso de que en el barrio no
hubiera, lo que las organizaciones de base pueden hacer son
reclamos, solicitadas, juntadas de firmas, etc.
Una vez realizado el diagnóstico de situación y cuando ya
hayamos definido someramente qué queremos hacer y en qué
tiempos, debemos organizar qué día vamos a realizar los
encuentros semanales o quincenales con el equipo.
En esta instancia también es recomendable armar una lista
de nombres, teléfonos y correos electrónicos. Luego debemos
identificar un responsable de la comunicación interna del
equipo implementador. Actualmente hay herramientas muy
útiles como los grupos de mail, Facebook o Whatsapp que,
bien utilizados - sólo para todo lo que es pertinente en
relación con la tarea que deseamos realizar - pueden
resultar muy prácticos al momento de encarar la
comunicación colectiva en tiempo real.
Tanto la periodicidad de los encuentros de planificación
como mantener una comunicación fluida entre todos los
participantes es fundamental para el desarrollo feliz de
nuestra acción y de nuestro proyecto. Si las tareas no se
asumen colectivamente suelen ser individuos quienes se las
“cargan al hombro”. De esta manera, se vuelven mucho más
pesadas ya que es uno solo quien concentra las
responsabilidades. Esto puede llevar al agotamiento, al
desgaste y a la concentración excesiva de información en
una sola persona.
Las tareas asumidas de manera colectiva y equitativa y
realizadas con compromiso son mucho más livianas para cada
individuo y enriquecen el proceso de diseño y ejecución de
nuestro proyecto comunitario. Además, permiten que cada
quien vaya dejando su impronta en cada etapa del proceso y
que todos aprendamos de los puntos de vista y maneras de
hacer del resto. Por último, realizando colectivamente las
distintas etapas del proyecto podremos divertirnos y
disfrutar más los buenos momentos así como sobrellevar
mejor cualquier frustración que pudiera aparecer.
Para cerrar este apartado vale aclarar que, encuentro a
encuentro, reunión a reunión, se debe planificar qué
tenemos que hacer o qué necesitamos conseguir para las
próximas reuniones.
De esta manera, el trabajo colectivo se vuelve más
organizado y ordenado; y los espacios de encuentro pueden
aprovecharse mejor para el debate y el intercambio de
opiniones. A su vez, si nos organizamos con antelación,
tendremos lo que necesitamos utilizar para cada encuentro.
Dos instrumentos de utilidad para el seguimiento de las
reuniones son: la realización de un “orden del día” que se
realiza previo al encuentro y donde figuran todos los temas
a tratar.
Luego de la reunión se puede hacer y circular una “memoria”
que consiste en un resumen del encuentro donde quedan por
escrito los compromisos y tareas asumidas por cada
participante.
Paso 3: El desarrollo Una vez que tenemos definido qué
queremos hacer debemos analizar la viabilidad de nuestro
proyecto. La viabilidad está íntimamente relacionada con
los facilitadores y obstaculizadores de que hablábamos con
anterioridad y es: la posibilidad de ejecución de las
acciones que nos proponemos.
Todo proyecto debe ser posible y realizable en cuanto a
metas y objetivos (a dónde queremos llegar, lo que queremos
lograr) y también en cuanto a medios e instrumentos a usar
(todo lo necesario para alcanzar nuestras metas y
objetivos).

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