1 UCRANIA Y RUSIA
Hasta ahora, Ucrania ha resistido el asalto de Rusia, gracias al valor de los ucranianos y la ayuda de
Occidente. Pero después de casi un año de combates, no se vislumbra el final.
Cuando el Kremlin lanzó su invasión total en febrero, parecía esperar derrocar al gobierno de Ucrania e
instalar un régimen más dócil. Calculó mal. La resistencia de Ucrania fue tan feroz como la planificación
de Rusia fue inepta. En primavera, Moscú se vio obligado a retirarse de los alrededores de Kiev y
concentró sus fuerzas en el oriente y el sur. Luego, a finales del verano, las tropas ucranianas, ahora
armadas con armas más potentes suministradas por Occidente, avanzaron también allí.
2 Armenia y Azerbaiyán
Si la guerra en Ucrania ha tenido repercusiones en crisis de todo el mundo, su impacto ha sido
especialmente agudo en el sur del Cáucaso. Dos años después de su última guerra por Nagorno-Karabaj,
Armenia y Azerbaiyán parecen encaminadas a un nuevo enfrentamiento. Las acciones de Rusia en
Ucrania han alterado los cálculos en la región.
Una nueva guerra sería más corta pero no menos dramática que el conflicto de seis semanas de 2020. En
esa guerra, en la que murieron más de siete mil soldados, las fuerzas azerbaiyanas expulsaron a los
armenios de partes del enclave de Nagorno-Karabaj y áreas cercanas, todas las cuales se encontraban
bajo control de las fuerzas armenias desde principios de la década de 1990. Finalmente, Moscú negoció
un alto al fuego.
3 Irán
Las masivas protestas contra el régimen, la despiadada represión iraní y su suministro de armas a Rusia
han dejado a la República Islámica más aislada que nunca en las últimas décadas, justo mientras se gesta
una crisis por su programa nuclear.
Las protestas que sacuden el país han planteado la amenaza más prolongada y contundente para la
autoridad de la República Islámica desde el Movimiento Verde de 2009. Decenas de miles de personas,
en su mayoría jóvenes, encabezadas por mujeres y estudiantes que rechazan el uso obligatorio del hiyab
como símbolo de misoginia y opresión en general, han tomado las calles en actos de desafío contra el
régimen.
En respuesta, el gobierno iraní ha asesinado a cientos de personas, entre ellas decenas de niños. Las
ejecuciones formales de los manifestantes se producen tras juicios que los grupos de derechos humanos
consideran una farsa. Miles de personas están en la cárcel, muchas de ellas sometidas a terribles
torturas. El régimen califica de complot extranjero lo que es una rotunda expresión popular del
sentimiento antigubernamental, particularmente entre los jóvenes y en las periferias desatendidas
durante mucho tiempo. Pocos se lo creen.
4. Yemen
Yemen está en el limbo. Una tregua de abril entre los rebeldes hutíes y el gobierno internacionalmente
reconocido del país, respaldado principalmente por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU),
expiró en octubre. No se han reanudado combates significativos, pero ambos bandos se preparan para
volver a la guerra.
La tregua negociada por la ONU fue una inesperada luz en un brutal conflicto de ocho años. En
noviembre de 2021, los hutíes, que controlan gran parte del nororiente de Yemen, parecían estar cerca
de la victoria. Si hubieran logrado tomarse la ciudad de Marib y las instalaciones cercanas de petróleo y
gas, habrían ganado la guerra por el norte, habrían conseguido los fondos que tanto necesitaba su cuasi
Estado y marcado el fin del gobierno del entonces presidente Abed Rabbo Mansour Hadi. Su ofensiva se
evitó cuando fuerzas afiliadas a EAU expulsaron a los hutíes de territorio estratégico en Marib y la vecina
Shabwah en enero de 2022. Los hutíes respondieron con ataques transfronterizos con misiles y drones
contra EAU y Arabia Saudita. Entonces, la guerra de Ucrania provocó una escasez mundial de alimentos y
combustible que significó nuevas presiones sobre todas las partes.
5. Etiopía
Una de las guerras más letales de 2022, dentro y alrededor de la región de Tigray en Etiopía, se ha
detenido por el momento. Dos de los principales adversarios, el gobierno del primer ministro etíope Abiy
Ahmed y el Frente Popular de Liberación Tigray (FPLT), que dominó la política etíope durante décadas
antes de que Abiy asumiera el poder en 2018 y luego se distanció de él, firmaron un acuerdo el 2 de
noviembre en Pretoria, Sudáfrica y un acuerdo de seguimiento diez días después en Nairobi. Pero la
calma es frágil. Siguen sin resolverse cuestiones clave, en particular si las fuerzas de Tigray se
desarmarán y si el presidente de Eritrea, Isaías Afwerki, cuyo ejército ha estado luchando junto a las
tropas etíopes, retirará sus tropas a la frontera reconocida internacionalmente.
Las hostilidades estallaron a fines de 2020 cuando las fuerzas de Tigray se tomaron una serie de bases
militares nacionales en la región, alegando que se estaban adelantando a una intervención federal.
Durante dos años de enfrentamientos, la balanza se inclinó de un lado a otro. Una tregua en marzo de
2022 ofreció un respiro. A fines de agosto, se rompió y se reanudó la guerra en pleno. Las fuerzas
federales, de Amhara y de Eritrea volvieron a superar las defensas de Tigray.
República Democrática del Congo y los Grandes
6.
Lagos
El M23, un grupo rebelde que permanecía inactivo y que según informes de la ONU está respaldado por
Ruanda, está causando estragos en el oriente de la República Democrática del Congo. Los combates han
obligado a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares y podrían derivar en una guerra
regional más amplia.
El M23 controla varias ciudades y rodea la capital provincial de Goma. En 2013, el grupo fue debilitado
por una fuerza reforzada de la ONU, pero ahora parece estar bien armado y organizado. Incluye
exsoldados congoleses, muchos de los cuales son tutsis, un grupo étnico que se extiende por los Grandes
Lagos de África, y profesa defender intereses comunales.
7. El Sahel
Burkina Faso, Malí y Níger no parecen lograr que las obstinadas insurgencias islamistas retrocedan. Los
líderes occidentales, cuya participación militar durante la última década ha hecho poco por detener la
violencia, parecen no saber cómo responder a los golpes de Estado en Burkina Faso y Malí.
Burkina Faso está en la situación más desesperada. Los grupos yihadistas controlan aproximadamente el
cuarenta por ciento de su territorio, incluidas vastas áreas rurales en el norte y el oriente. Los militantes
llevan meses sitiando Djibo, una de las principales ciudades del norte. Los combates han causado miles
de muertos y han expulsado a casi dos millones de personas de sus hogares. A medida que aumentan las
derrotas, también aumentan las acusaciones al interior del ejército. Dos golpes de Estado el año pasado,
ambos provocados por masacres de militantes contra las tropas, vieron a un teniente coronel, Paul-Henri
Sandaogo Damiba, tomar el poder en enero para ser derrocado en septiembre por un capitán hasta
entonces desconocido, Ibrahim Traoré. El propio Traoré está luchando por unificar unas divididas fuerzas
de seguridad.
8. Haití
Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, Haití ha estado paralizada por el
estancamiento político y la desenfrenada violencia de las pandillas. Los servicios públicos han colapsado
y el cólera se está propagando. Las cosas están tan mal que algunos haitianos ahora depositan sus
esperanzas en las tropas extranjeras, a pesar del nefasto legado de las anteriores intervenciones en el
país.
Ariel Henry, el primer ministro interino que ha estado liderando el país desde el asesinato de Moïse,
cuenta con el apoyo de influyentes potencias extranjeras, pero enfrenta una dura resistencia haitiana.
Desde que asumió el poder, el gobierno de Henry ha enfrentado la oposición del Acuerdo de Montana,
un grupo de políticos de la oposición y representantes de la sociedad civil. Se suponía que Henry dirigiría
la transición hacia unas elecciones, pero la desbocada inseguridad impidió su realización, y,
adicionalmente, Henry destituyó a las autoridades electorales.
9. Pakistán
Pakistán está entrando en un año electoral con un cuerpo político profundamente dividido, mientras el
exprimer ministro Imran Khan genera apoyo populista contra el gobierno y el todopoderoso ejército.
Khan afirmó que Washington estaba detrás de un complot para derrocarlo.
La salida de Khan del cargo en la primavera pasada vino acompañada de su caída en desgracia ante el
ejército pakistaní. Tras llegar al poder con el apoyo de la cúpula militar, las relaciones se deterioraron
debido a la ineptitud del gobierno de Khan, su encendida retórica antiestadounidense y sus intentos por
instalar a sus fieles en altos cargos del ejército. A medida que crecía el apoyo para una moción de
censura, Khan afirmó que Washington estaba detrás de un complot para derrocarlo. El jefe del ejército,
el general Qamar Javed Bajwa, rechazó la teoría conspiratoria, preocupado por el impacto que pudiera
tener en las relaciones con EE. UU., y despreció el último esfuerzo de Khan por ganárselo a través de una
prórroga indefinida como jefe. En abril, Khan fue destituido. Un gobierno de coalición presidido por
Shehbaz Sharif asumió el poder.
10. Israel y palestina
Desde 1896 el término sionista se aplica al movimiento político fundado por Theodor Herzl, periodista
judío nacido en el Imperio austrohúngaro. A pesar de que este movimiento no se basó en la religión en
su origen, se valió de este factor como forma de reclamo para poder crear un Estado judío.
Cuando Herzl escribió Der Judenstaat (El estado de los judíos) Palestina no era su prioridad. Antes había
sopesado la posibilidad de crear la nueva nación en otros lugares como Argentina, Uganda, Chipre,
Kenia, Mozambique, la Península del Sinaí o el Congo.