En 1880 una dama de compañía, vestida con una blusa azul que cubría el
antebrazo y debajo una camisa de manga larga y blanca, en su cintura un corset
banco con tiras doradas, sobre sus hombros una tela clara, caía una falda
grisverde que cubría sus piernas y pies, esta falda era un poco suelta y debajo de
esta una enagua no muy ancha, sobre la falda un delantal blanco con
decoraciones doradas, en su cuello habían unos collares dorados y su cabello
estaba recogido en un moño cubierto por una tela blanca, estaba caminando por el
palacio al lado de la princesa mientras esta hacia sus deberes como parte de la
realeza.
Más tarde mientras la princesa aprendía a tocar la flauta travesera, la dama de
compañía estaba tejiendo sentada en una silla larga y de madera con los cojines
rojos, la dama se giró a la ventana y se levantó para llegar hacia esta, se apoyó en
el alféizar admirando el paisaje que se encontraba frente a ella y suspiro cerrando
los ojos para escuchar los sonidos que emitía la naturaleza fuera de los anchos y
largos muros del palacio.
-Es tan lindo el paisaje fuera del palacio…-Dijo ella mirando hacia el horizonte con
ojos soñadores.
La dama pudo sentir como tocaban su hombro suavemente y se giró, detrás de
ella una ama de llaves le indico que las clases de la princesa habían terminado y
debía retirarse junto a ella, ella asintió sin oponerse y se retiró alejándose de la
ventana abierta.
En la noche mientras todos dormían, ella se levantó del dormitorio en silencio, se
cambió la ropa a un vestido azul marino que dejaba ver sus hombros, se puso
unos zapatos negros entaconados y soltó su cabello, el cual callo en ondulaciones
cerca de su cara, se cubrió completamente con una túnica negra, abrió la puerta y
salio en completo silencio, sostenía una vela en su mano para darse luz mientras
sus zapatos de vez en cuando hacían rechinar la madera, paso por los diversos
salones y puertas hasta salir burlando los guardias.
Ya afuera se quitó la túnica y la doblo dejándola en un cajón de madera
escondido, empezó a caminar hacia la plaza, sostenía sus manos al nivel de su
cadera apretándolas entre ellas mientras se maravillaba con las luces y el poder
ver todo ella misma y no detrás de alguien, en la plaza encontró grandes
esculturas hechas en mármol, esto de inmediato llamo su atención y las miro con
detenimiento, todas eran gárgolas o ángeles ubicados en los cimientos de la
iglesia.