0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas23 páginas

Sentencia sobre Carlos Murgas Guerrero

Cargado por

Karen Herazo
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
15 vistas23 páginas

Sentencia sobre Carlos Murgas Guerrero

Cargado por

Karen Herazo
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SENTENCIAS

PRIMERA

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. (2013, 16 de octubre). SENTENCIA 42433 DE


OCTUBRE 16 DE 2013 (MOLINA MONSALVE, CARLOS ERNESTO, M. P.). COLECCIÓN
DE JURISPRUDENCIA COLOMBIANA. Legis Editores.

Decide la Corte el recurso de casación interpuesto por Robinson Pérez Acuña y Margarita
Esther Roa, en nombre propio y en representación de sus menores hijos Wilder, Dianine y
Jhon Jairo Pérez Roa contra la sentencia proferida el 28 de abril de 2009, por la Sala Civil
- Familia - Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, en el proceso
adelantado por los recurrentes contra la sociedad Promotora Hacienda Las Flores y el
señor Carlos Roberto Murgas Guerrero y, solidariamente, contra sus socios Carlos
Roberto Murgas Guerrero, Ramiro Dávila Dangond, Jaime Alberto Gutiérrez Escolar,
Excequiel Dávila Dangond, Carlos Mario Peláez Dangond y Julio Eduardo Angulo
Buitrago.

Los accionantes llamaron a juicio a los citados demandados, para que una vez se declare
que entre el señor Jaider Pérez Roa y la sociedad Promotora Hacienda Las Flores existió
un contrato de trabajo, el cual fue terminado por la muerte del trabajador ocurrida en
accidente laboral el 23 de agosto de 2004, sean condenados a reconocerles y pagarles,
debidamente indexados, los perjuicios materiales y morales, la indemnización del artículo
216 del Código Sustantivo del Trabajo, como consecuencia del accidente de trabajo
sufrido por su hijo y hermano Jáider Pérez Roa; la pensión de sobrevivientes; cesantías,
primas de servicios, auxilio funerario, el excedente de los salarios que tenga deducciones
del más del 30% del sueldo mensual y las costas del proceso.

En lo que rigurosamente concierne al recurso extraordinario, los actores fundaron sus


pretensiones en que de la unión marital entre Robinson Pérez Acuña con Margarita Esther
Roa, nació Jaider Pérez Roa; que durante los 21 años de vida familiar, “se desarrollo (sic)
un estrecho vínculo familiar y afectivo entre sus padres y sus hermanos, a quienes por
igual, les prodigaba mucho cariño(…) hasta el punto que era él quien veía por sus
alimentos y estudio, ya que su madre se dedicaba a los oficios del hogar y su padre a
realizar trabajos ocasionales como jornalero en fincas de la región de Codazzi Cesar”, por
lo que todos dependían económicamente del él; que Jaider Pérez Roa falleció el día 23 de
agosto de 2004, a raíz de una descarga eléctrica, “mientras podaba un árbol de
algarrobillo cuyas ramas tropezaban con líneas eléctricas de alta y baja tensión”; que
dicho infortunio fue un accidente de trabajo por culpa del empleador; que desarrollaba
labores de limpieza y su último salario fue de $500.000; y que no fue afiliado al sistema
general de seguridad social.

La primera instancia la desató el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Valledupar,


que condenó a Carlos Roberto Murgas Guerrero a reconocer y pagar a Robinson Pérez
Acuña y Margarita Esther Roa, padres de Jáider Pérez Roa, lo siguiente: (i) $57.705 por
auxilio de cesantía; (ii) $931,oo a título de intereses sobre cesantía; (iii) $57.705,oo por
concepto de prima de servicios; (iv) $26.253,33 por compensación de vacaciones; (v)
$84.500,89 a título de reembolsos por deducciones ilegales; (vi) pensión de
sobrevivientes a razón de $358.000 mensuales, a partir del 23 de agosto de 2004, “ a favor
de Robinson Pérez Acuña y Margarita Esther Roa, en un 50% para cada uno, tanto en sus
mesadas ordinarias y adicionales de junio y diciembre, más sus incrementos anuales e
intereses moratorios, conforme a la parte motiva”.

El juzgador tras establecer que entre los señores Jáider Pérez Roa y Carlos Roberto
Murgas Guerrero existió un contrato de trabajo; que el primero sufrió un accidente de
trabajo por culpa del empleador que le ocasionó la muerte; que no fue afiliado al sistema
general de seguridad social y de copiar apartes de la sentencia del 30 de junio de 2005,
radicación 22.656, asentó que “una vez comprobada la culpa del patrón en el accidente de
trabajo, se tiene que no existe en el expediente prueba que acredite los perjuicios
ocasionados a los demandantes por la muerte del señor Jaider Perez (sic) Roa, como es
el daño emergente, esto es, la perdida (sic) de algún bien, o la perdida de cualquier otro
factor económico debidamente acreditado que se halla (sic) producido con ocasión a la
muerte del trabajador fallecido, por lo que esta pretensión no prospera.

En relación con el lucro cesante, se observa que el fallador de primer grado concedió en
su sentencia la pensión de sobrevivientes con carácter vitalicio y derecho a acrecimiento
pensional a partir del día 23 de agosto del 2004, a razón de trescientos cincuenta y ocho
mil pesos ($358.000), a favor de los demandantes, en un 50% para cada uno, tanto en sus
mesadas ordinarias y adicionales de junio y diciembre, mas (sic) sus incrementos
anuales e intereses moratorios, por lo que esta pretensión se encuentra despachada, lo
que hace que se confirme la sentencia”.

Pretenden los demandantes recurrentes, según lo manifestaron en el alcance de la


impugnación, que la Corte case parcialmente la sentencia del tribunal, para que una vez
constituida en sede de instancia, revoque parcialmente la dictada por el juzgador de
primer grado y, en su lugar, se condene a la demandada, a reconocer y pagar “los
respectivos perjuicios correspondientes a daño emergente y lucro cesante, consolidados
y futuros por el accidente de trabajo (...) y así mismo se condene a la demandada al pago
de perjuicios morales en lo atinente a los daños objetivados y subjetivados por valor de
1000 salarios mínimos legales (...)”.

En la demostración del cargo los recurrentes aseveran que el artículo 216 del Código
Sustantivo del Trabajo indica que cuando exista culpa suficientemente comprobada del
empleador en la ocurrencia de un riesgo profesional, “el patrono deberá reconocer y
pagar la indemnización total y ordinaria de perjuicios que se generen de esa situación, lo
que significa que la reparación debe cubrir todos los aspectos o perjuicios sufridos
cuando la culpa esté suficientemente comprobada.

Nótese que dicho precepto es claro y conciso al determinar que para obtener el
resarcimiento de los daños sufridos, existe la obligación a cargo de la parte que reclama,
de acreditar la responsabilidad del empleador en la ocurrencia del siniestro, circunstancia
que el propio tribunal dio por establecida; no obstante resulta contradictorio y curioso
por decirlo menos, que después de todo el análisis que hizo del material probatorio
recaudado (con el que reitero estoy completamente de acuerdo), hubiese absuelto a la
demandada del pago de esos conceptos, porque aún (sic) cuando si hubo culpa patronal,
no estaban acreditados los perjuicios; toda vez que si echó de menos la tasación de los
mismos, era su obligación antes de tomar una determinación de fondo, hacer uso de las
herramientas legales consagradas por el legislador, como el artículo 83 del CPL y de la
SS, modificado por el 41 de la Ley 712 de 2001, que a su tenor literal indica los casos en
que el tribunal puede ordenar y practicar pruebas”.

Para los casacionistas “Lo dispuesto por el legislador es una herramienta importantísima,
ignorada por el tribunal, para encontrar la verdad real en todo litigio, en la medida en que
no dejó al juez a merced de lo que las partes pidieran como medios de prueba en la
demanda o contestación, sino que facultó al funcionario o funcionarios encargados de
administrar justicia, para que luego de un concienzudo estudio, y en cualquier estado del
proceso hasta antes de proferir sentencia, decreten la práctica de una prueba que ayude a
determinar aspectos sobre los cuales exista duda en el proceso, y frente a los que sin su
esclarecimiento, no es posible tomar una determinación de fondo”.

En lo que atañe al lucro cesante sostuvieron los recurrentes que “se equivocó en forma
garrafal el tribunal al concluir que [tal] pretensión (...) ya se encuentra despachada,
porque no tuvo en cuenta tanto la pensión de sobrevivientes, como la indemnización de
perjuicios de que trata el artículo 216 del CST, son dos conceptos autónomos e
independientes, y por lo mismo compatibles entre sí, toda vez que provienen de dos
hechos completamente distintos, así se originen en una misma circunstancia, como en el
caso concreto por el deceso de Jaider Pérez Roa, toda vez que mientras la indemnización
deprecada proviene de la culpa del patrono, circunstancia que se encuentra debidamente
acreditada, la pensión de sobrevivientes obedece a una subrogación del riesgo por la
muerte del causante, que bien se hubiera podido dar por el accidente o por muerte
natural”.

Luego de enrostrarle a los cargos errores en la técnica de casación, afirma que: (i) el
artículo 83 del Código Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social consagra una
facultad para los juzgador de decretar las pruebas de manera oficiosa, pero no una
obligación, y (ii) “hipotéticamente en el evento improbable de prosperar la acusación, por
haber otorgado esta categoría a la pensión de sobrevivientes se llegaría a la realidad de
no existir prueba que cuantifique los perjuicios, por falta de interés de la parte actora
desde la presentación de la demanda y en las dos instancias.

Adujo el juez de segunda de instancia que “una vez comprobada la culpa del patrón en el
accidente de trabajo, se tiene que no existe en el expediente prueba que acredite los
perjuicios ocasionados a los demandantes por la muerte del señor Jaider Perez (sic) Roa,
como es el daño emergente, esto es, la perdida (sic) de algún bien, o la perdida (sic) de
cualquier otro factor económico debidamente acreditado que se halla (sic) producido con
ocasión a la muerte del trabajador fallecido, por lo que esta pretensión no
prospera”(resaltado fuera de texto).

Para estos efectos, con sujeción al marco fáctico sustancial descrito en la causa petendi
que sirva como soporte de las pretensiones y al resultado que arrojen los medios
probatorios recaudados en el proceso, los juzgadores han de emprender decididamente
el análisis encaminado a desentrañar el alcance real de los obstáculos, privaciones,
limitaciones o alteraciones que, como consecuencia de la lesión, deba afrontar la víctima
con respecto a las actividades ordinarias, usuales o habituales, no patrimoniales, que
constituyen generalmente la vida de relación de la mayoría de las personas, en desarrollo
del cual podrán acudir a presunciones judiciales o de hombre, en la medida en que las
circunstancias y antecedentes específicos del litigio les permitan, con fundamento en las
reglas o máximas de la experiencia, construir una inferencia o razonamiento intelectual
de este tipo.

“En relación con el lucro cesante, se observa que el fallador de primer grado concedió en
su sentencia la pensión de sobrevivientes con carácter vitalicio y derecho a acrecimiento
pensional a partir del día 23 de agosto del 2004, a razón de trescientos cincuenta y ocho
mil pesos ($ 358.000), a favor de los demandantes, en un 50% para cada uno, tanto en sus
mesadas ordinarias y adicionales de junio y diciembre, mas (sic) sus incrementos
anuales e intereses moratorios, por lo que esta pretensión se encuentra despachada, lo
que hace que se confirme la sentencia”.

“Con respecto al derecho a la reparación como consecuencia de un accidente de trabajo,


nuestra legislación tiene prevista dos maneras de reparación identificables jurídicamente
así: una, la denominada reparación tarifada de riesgos, relativa al reconocimiento de los
beneficios o prestaciones económicas previstos en la Ley 100 de 1993, Ley 776 de 2002 y
demás normas reglamentarias según el caso a cargo de las administradoras del riesgo
profesional; y otra, la reparación plena de perjuicios que tiene que ver con la
indemnización total y ordinaria de estos por culpa patronal en la ocurrencia del siniestro,
y que corresponde asumir directamente al empleador en los términos del artículo 216 del
CST.

Estas dos formas de reparación tienen distinta finalidad, habida consideración que la que
está a cargo de la ARP busca proteger de manera objetiva al afiliado o a sus
causahabientes señalados en la ley, siendo de naturaleza prestacional perteneciente al
sistema de seguridad social integral; mientras que la indemnización plena de que trata el
artículo 216 del CST, persigue la indemnización completa de los daños sufridos al
producirse un accidente de trabajo por culpa del empleador, en la modalidad de subjetiva,
el cual hace parte de un riesgo propio del régimen del derecho laboral.

Otra de las diferencias entre las reparaciones a que se ha hecho mención, consiste en
que el empleador siendo el llamado a asumir las consecuencias de la culpa comprobada
frente a un accidente de trabajo que se produzca, no le es dable como responsable
directo del perjuicio descontar suma alguna de las prestaciones dinerarias pagadas por la
entidades del sistema de seguridad social, a menos que el empleador responsable por
culpa haya sufragado gastos que le correspondían a estas entidades, por virtud del
riesgo asegurado, evento en el cual sí puede hacer el descuento de lo que tenga que
pagar por indemnización conforme lo consagra la norma, por razón de que tales
entidades de previsión social, como se dijo, lo que cubren es el riesgo laboral propio de
la denominada “responsabilidad objetiva del patrono” en la ocurrencia del accidente de
trabajo o la enfermedad profesional, pero en ningún momento la responsabilidad derivada
de la culpa del empleador, que es de naturaleza subjetiva.

Adicionalmente, es de anotar, que la Sala en decisión del 7 de marzo de 2003 radicación


18515, que reiteró la sentencia que data del 25 de julio de 2002 radicado 18520, al referirse
a esta temática había adoctrinado que aún con la expedición del artículo 12 del Decreto
1771 de 1994, al colocarlo en relación con el artículo 216 del CST, mantiene invariable la
tesis según la cual las entidades de seguridad social no asumen las indemnizaciones
originadas en enfermedades profesionales o accidentes de trabajo que ocurran por culpa
suficientemente comprobada del empleador, y por tanto no es posible que le aminoren
esa carga patrimonial al patrono encontrado culpable, quien tiene toda la responsabilidad
ordinaria por mandato del citado precepto sustantivo laboral.

“si bien es cierto que el artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo no dispone
quiénes están legitimados para demandar el reconocimiento y pago de la indemnización
plena y total de perjuicios derivada de la culpa comprobada del empleador en el accidente
de trabajo, la ausencia de regulación en ese sentido no puede conllevar a que se restrinja
única y exclusivamente respecto de aquellos beneficiaros a que alude el artículo 49 del
Decreto 1295 de 1994, en concordancia con el artículo 47 de la Ley 100 de 1993.

Así se afirma, por cuanto la Corte en sentencia del 15 de octubre de 2008, radicación
29970, precisó que en materia de daños o perjuicios materiales ocasionados a terceros
por la muerte accidental de una persona, están legitimados para demandar el
resarcimiento correspondiente, quienes por tener una relación jurídica con la víctima,
sufren una lesión en el derecho que nació de ese vínculo, lo cual quiere decir que para
reclamar en dicho caso la respectiva indemnización se requiere probar la lesión del
derecho surgido de la relación de interés con la víctima, vale decir, es menester
demostrar la dependencia efectiva de su subsistencia, total o parcial, con respecto del
causante, excepto que se trate de obligaciones que emanan de la propia ley, como por
ejemplo las alimentarias de los padres para con sus hijos menores, caso en el cual no se
requiere de prueba.

También se indicó en la memorada providencia que el resarcimiento no es solamente


para quien dependiera absolutamente del causante, sino además, para quien tuviera una
ayuda, sin cuyo concurso se vea perjudicada; la afectación puede ser total, si el causante
proporcionaba un valor que cubría íntegramente los gastos de los beneficiarios, pero
también puede ser parcial, si el auxilio o contribución se destinaba a algunos gastos, con
una suma fija, o para unas determinadas necesidades, sin dejar de advertirse que en el
caso de algunos perjuicios materiales no es necesario ningún tipo de dependencia
económica entre el reclamante y la víctima, como cuando se reclama el llamado daño
emergente; pero si se trata de lucro cesante, es apenas natural que debe existir algún
vínculo económico entre dichas partes, que implique que el reclamante se vea afectado
en la forma dicha (...)”.

En lo que concierne a los perjuicios materiales de los padres, cabe memorar que el juez
de primer grado condenó al señor Carlos Roberto Murgas Guerrero a reconocer y pagar la
pensión de sobrevivientes a los señores Margarita Esther Roa y Róbinson Pérez Acuña,
en calidad de padres del causante Jáider Pérez Roa, de conformidad con lo estatuido en
el artículo 11 de la Ley 776 de 2003, en concordancia con el 47 de la Ley 100 de 1993, lo
que presupone que el juzgador encontró acreditado el requisito de la dependencia
económica, aspecto que, valga decir, no fue controvertido por el demandado al interponer
el recurso de alzada.

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral,


administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,
CASA PARCIALMENTE la sentencia proferida el 28 de abril de 2009, por la Sala Civil —
Familia— Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, en el proceso
adelantado por Róbinson Pérez Acuña y Margarita Esther Roa, en nombre propio y en
representación de sus menores hijos Wilder, Dianine y Jhon Jairo Pérez Roa, contra la
sociedad promotora Hacienda Las Flores y el señor Carlos Roberto Murgas Guerrero y,
solidariamente, contra sus socios Carlos Roberto Murgas Guerrero, Ramiro Dávila
Dangond, Jaime Alberto Gutiérrez Escolar, Excequiel Dávila Dangond, Carlos Mario
Peláez Dangond y Julio Eduardo Angulo Buitrago, en cuanto confirmó la absolución
dispuesta por el juez de primera instancia en torno a la indemnización por lucro cesante
consolidado y futuro de Róbinson Pérez Acuña y Margarita Esther Roa y por los
perjuicios morales de estos y de Wilder, Dianine y Jhon Jairo Pérez Roa.

No estaba afiliado al sistema de seguridad social es culpa del empleador , se encontraba


dentro de la finca del empleador y la culpa del empleador fue totalmente probada , los
riesgos que se adquieren al ser empleador uno tener el personal asegurado. Son deberes
que se deben realizar

SEGUNDA

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. (2015, 28 de mayo). SENTENCIA SL7884-2015/36887


DE MAYO 28 DE 2015 (MIRANDA BUELVAS, LUIS GABRIEL, M. P.). COLECCIÓN DE
JURISPRUDENCIA COLOMBIANA. Legis Editores.

● [Link]
● [Link]

Lectura Rápida Xperta con IA.


A continuación encontrarás el resumen solicitado a través del portal Legis Xperta,
esperamos recibir tus comentarios después de analizarlo.

*Este resumen fue realizado con Inteligencia Artificial, por tal motivo no reemplaza el
análisis de un profesional en áreas legales, contables o tributarias.

Resuelve la Corte el recurso de casación interpuesto por ambas partes contra la


sentencia del 15 de febrero de 2008 proferida por el Tribunal Superior de Bucaramanga,
dentro del proceso laboral adelantado por GENARINA ALVARADO DE MORA, en nombre
propio y en el de su hija menor XIRIS MARÍA MORA ALVARADO, SANDRA MILENA Y
HEIDI MORA ALVARADO, JORGE LUIS MORA CASTRO, JANET MORA CASTRO, CARLOS
ARTURO MORA CASTRO, LUZ MARINA MORA CORDERO y MARÍA CONCEPCIÓN MORA
AMARÍS contra la EMPRESA COLOMBIANA DE PETRÓLEOS —ECOPETROL—, al que fue
acumulado el promovido por ÁLVARO MORA MORA.

En sustento de sus pretensiones afirmaron que el señor Álvaro Mora Mora, nacido el 24
de junio de 1944, falleció el 4 de agosto de 1994 como consecuencia de un accidente de
trabajo sufrido el día anterior, al incendiarse la Planta de Aromáticos ubicada dentro del
complejo industrial de la demandada en Barrancabermeja; que en razón a su cargo de
Supervisor “gozaba del régimen especial salarial y prestacional consagrado para los
directivos en el Acuerdo 1, vigente en la fecha del accidente”; que el trabajador fallecido
se encontraba legalmente casado con Genarina Alvarado de Mora, nacida el 23 de marzo
de 1956, con quien convivía; que dentro del matrimonio procrearon 3 hijas (Sandra Milena
Mora Alvarado, Heidi Mora Alvarado y Xiris María Mora Alvarado, nacidas mar.

Agregaron que las distintas investigaciones, tanto internas como externas, demuestran
que el siniestro se debió a una serie de fallas, por acción y omisión, de los Directivos de
la empresa, entre las que se destaca que la Planta de Aromáticos presentaba planeación y
construcción inapropiadas, obsolescencia y mal mantenimiento de algunos de sus
componentes, ineficiente mantenimiento de los dos hidrantes contra incendio, deficiente
diseño del sistema de tuberías de conducción, así como carencia de efectivos controles
de seguridad y de instalaciones automáticas de agua entre las motobombas, falta de
pruebas rutinarias o diarias para detectar escapes de gas, falta de adiestramiento del
personal de la Planta y de la organización contra incendios, carencia de un sistema de
seguridad apropiado, falta de implementación de procedimientos adecuados para el
manejo de la planta e incumplimiento de los existentes, carencia de personal de
seguridad industrial y de un Cuerpo de Bomberos cercano, existencia de un inadecuado
sistema de válvulas de seguridad; que el Programa de Salud Ocupacional no se
encontraba actualizado y que el Comité Paritario de Medicina, Higiene y Seguridad
Industrial era inoperante; que no había control serio de las formas de trabajo en frío o en
caliente y que hubo negligencia de la demandada en la atención médico-hospitalaria.

La sociedad demandada se opuso a las pretensiones de los demandantes; admitió los


hechos relativos a la inexistencia de instalaciones automáticas de agua entre las
motobombas y la reclamación administrativa; los restantes los negó o dijo que no eran
tales; adujo que era cierta la ocurrencia del accidente, pero que de ninguna manera su
causa podía atribuirse a su falta de diligencia y cuidado, pues acató todas las normas
técnicas nacionales e internacionales recomendadas en operación de refinería de
petróleo, además de haber establecido programas de capacitación del personal operativo
y directivo y de llevar a cabo una estricta vigilancia en el cumplimiento de las normas de
seguridad industrial y bienestar social.

Explicó que el legislador ha reglado, en punto de accidentes de trabajo, dos clases de


responsabilidades en el orden laboral: una, la que emana del riesgo creado por virtud de
la vinculación laboral y asegurado por el sistema general de riesgos profesionales, con
consecuencias propias y edificadas en el principio de la responsabilidad objetiva, de tal
manera que la sola materialización del riesgo determina la prestación asistencial
económica; y la otra, que surge del accidente de trabajo y se edifica en la culpa del
empleador, bajo las previsiones del artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo, el cual
transcribió, en desarrollo del artículo 1604 del Código Civil, la cual es asumida
directamente por el empleador y cuya indemnización no se encuentra tarifada porque
depende de la magnitud del daño producido al trabajador o a sus beneficiarios.

Señala el informe que los procedimientos para la ejecución de los procesos industriales
establecidos por la empresa contemplan de manera separada y no expresa paso a paso
las actividades a realizar, tanto las de carácter industrial como las de seguridad industrial,
como se recomienda; de tal manera que no se omitan aquellas actividades previamente
establecidas para evitar los accidentes de trabajo; que el manual de manejo de productos
químicos y toxicología no está integrado como un manual de operaciones, sino como una
herramienta de consulta; y que el personal operativo se ha acostumbrado a convivir con
el riesgo y solamente se dan cambios sensibles cuando se presentan los accidentes.

Citó la sentencia de la Corte del 29 de noviembre de 1982, alusiva al alcance del artículo
216 del Código Sustantivo del Trabajo, para determinar que “se debe descontar del monto
de la condena por perjuicios materiales, los dineros cancelados por ECOPETROL por la
muerte del trabajador, aun las sumas recibidas por concepto de pensión; pues quienes
resultaron gananciosos con la condena por perjuicios materiales, la cónyuge GENARINA
ALVARADO DE MORA y los menores SANDRA MILENA MORA ALVARADO, HEIDI MORA
ALVARADO y XIRIS MORA ALVARADO, son y fueron beneficiarios con el pago de
indemnizaciones y la pensión por muerte del trabajador; de lo contrario las víctimas
recibirían doble indemnización propiciando un enriquecimiento sin causa; pues tendrían
a su favor la pensión vitalicia, para la cónyuge, las temporales en el caso de los menores,
y un pago indemnizatorio total de igual naturaleza al recibido, y que comprende a lo que
habría devengado el trabajador de haber permanecido sano durante su vida probable”.

La actora persigue que se case parcialmente la sentencia impugnada, en cuanto en su


numeral primero adicionar el numeral tercero de la sentencia de primer grado en el
sentido de “Autorizar a Ecopetrol a deducir del monto de las condenas por concepto de
perjuicios de orden material las sumas que de igual naturaleza canceló a las beneficiarias
de la condena, incluyendo el pago de las mesadas pensionales, atendiendo los
parámetros establecidos en esta decisión”, y el numeral segundo en cuanto modificó “la
condena por perjuicios morales ordenada por el a quo para fijarlos en la suma de dos
millones de pesos”, para que, en sede de instancia, se confirme el fallo proferido por el a
quo respecto de la señora Genarina Alvarado de Mora.

“Es cierto que existen varios informes, documentos, visitas y otras inspecciones que se
hicieron a raíz de la conflagración que se presentó en la planta de aromáticos de
propiedad de mi representada, todos los cuales están reseñados en el capítulo de
pruebas erróneamente valoradas y de las cuales se dice que existió negligencia de parte
de Ecopetrol en la ocurrencia de ese siniestro, más sin embargo, las mismas también
parten de conjeturas de quienes elaboraron esos informes o visitas en las instalaciones
de la demandada días después de ocurridos los hechos.

En todos los informes que se levantaron después de acaecido el siniestro se plasmaron


toda clase de recomendaciones, sugerencias, opiniones, etc., de lo que debió haberse o
no efectuado o tenido en cuenta, a fin de evitar que volviera a presentarse otro accidente
de trabajo, como por ejemplo, que ‘(...) los procedimientos para la ejecución de los
procesos industriales establecidos por la empresa contemplan de manera separa y no
expresa paso a paso las actividades a realizar, tanto de carácter industrial como las de
seguridad industrial, como se recomienda (...), que el manual de manejo de productos
químicos y toxicología no está integrado como manual de operaciones, sino como
herramienta de consulta y que el personal operativo se ha acostumbrado a convivir con el
riesgo y solo se dan cambios sensibles cuando se presenta los accidentes (...).

Afirma que la documental de folio 162, sobre la ampliación del informe técnico que
rindiera el Profesional Especializado de la Subdirección Preventiva de Salud Ocupacional
—Dirección Técnica de Riesgos Profesionales, fue erróneamente apreciada por el
Tribunal al sostener que el accidente de trabajo se debió “a la falta de prevención de
riesgos y a la no aplicación de las medidas de seguridad industrial; cuestiona el
programa de salud ocupacional de la empresa puesto que el día del accidente el sistema
hídrico, que tiene por fin evitar esta clase se (sic) de siniestro, no funcionó”, puesto que
del informe primigenio que obra a folios 130 a 143 se tiene información que establece
todo lo contrario.
Por su parte, la censura cuestiona las inferencias del Tribunal, pues alega que existen
varios informes, documentos, visitas y otras inspecciones atinentes al referido accidente
de trabajo y de las cuales se busca derivar negligencia de la demandada en la ocurrencia
del siniestro, pero que las mismas parten de meras conjeturas de quienes elaboraron los
informes o efectuaron las visitas a las instalaciones de la empresa, toda vez que la
empresa sí había tomado las medidas necesarias para evitar que su planta de aromáticos
pudiera constituir un riesgo para su trabajadores.

Así las cosas, al examinar las pruebas documentales denunciadas como erróneamente
apreciadas, las cuales según la censura desvirtúan las conclusiones del Tribunal acerca
de la culpa de la empleadora en el siniestro, encuentra la Corte que la decisión
impugnada no se exhibe desatinada, por lo menos en una forma manifiesta que amerite
su quebrantamiento, toda vez que de acuerdo a las previsiones del artículo 7º de la Ley 16
de 1969, que modificó el 23 de la Ley 16 de 1968, el error de hecho para que se configure
es indispensable que venga acompañado de las razones que lo demuestran; además, que
su existencia aparezca notoria, protuberante y manifiesta, lo cual no ocurre en el caso
que se examina.

A folio 114 se lee que entre las ‘hipótesis más probable de todas las analizadas’ están que
no hubo planeación con evaluación del riesgo; que para la repetición del trabajo de
limpieza del filtro no se analizó el cambio de condiciones entre el trabajo realizado en la
mañana y el que generó la explosión a horas del medio día; que se presentaba alta
corrosión en el equipo; ausencia de procedimientos detallados para limpieza de filtros en
operación, etc., y aunque el informe habla de hipótesis no desvirtúa el recurrente con
todas las pruebas a que alude, que esos hechos hubieran sido las causas del percance, y
dejar así sin piso fáctico el fallo del Tribunal que viene amparado por las presunciones de
legalidad y acierto.

“Entonces, si el señor Álvaro Mora Mora murió como consecuencia del accidente de
trabajo ocurrido el 3 de agosto de 1994 por culpa del empleador, tal como quedó
comprobado en las instancias y no se discute, esa muerte tiene dos tipos diferentes de
reparación; Una derivada del simple hecho de la muerte, aun si hubiese sido natural, que
genera entre otras prestaciones la pensión de sobrevivientes, pues el señor Mora trabajó
26 años al servicio de Ecopetrol; y otra por la muerte ocurrida en el accidente de trabajo
por culpa comprobada de Ecopetrol, que comprende la indemnización total y ordinaria
por perjuicios (daño emergente, lucro cesante y morales).

Estimó el juzgador de segundo grado que del monto de las condenas impuestas a la
demandada por concepto de perjuicios materiales se debían deducir los dineros
reconocidos por esta misma a cada beneficiario, cónyuge e hijas, a título de prestaciones
asistenciales y económicas, y aún la pensión de sobrevivientes por concepto de la
muerte del trabajador, inferencia que la censura cuestiona por cuanto considera que la
pensión de sobrevivientes se reconoce y paga por el tiempo laborado, mientras que la
indemnización plena de perjuicios se deriva de la culpa del empleador en el accidente de
trabajo.

“Apoyada en lo resuelto por la Sala en sentencia de 10 de marzo de 1993, radicación 5480,


Polímeros Colombianos pretende que del monto de la indemnización plena y ordinaria de
perjuicios a que se le condenó sea descontado el valor equivalente a la pensión de
sobrevivientes reconocida por el Instituto de Seguros Sociales a María Ofelia Álvarez de
Osorio durante su vida probable, en su condición de viuda, y a Juan Carlos Osorio
Álvarez, en su carácter de hijo, hasta cuando llegue a la mayoría de edad, y la cual les
reconoció la entidad por razón del accidente de trabajo en que perdió la vida José Rogelio
Osorio estando al servicio de la recurrente.

‘A este respecto, le asiste razón al recurrente en sentir de la Sala, dado que los aludidos
artículos 216 del Código Sustantivo del Trabajo y 83, inciso 2º del Acuerdo 155 de 1963
del ISS, establecen la obligación patronal de pagar al trabajador que haya sufrido un
accidente de trabajo por culpa suficientemente comprobada por el empleador la
indemnización total y ordinaria de perjuicios, pero por supuesto autorizan a descontar del
monto de dicha indemnización el valor de las prestaciones en dinero sufragadas por el
patrono o, si es el caso, por el ISS cuando este haya asumido el riesgo, ello con el fin de
evitar que la víctima del accidente reciba un valor superior al que le corresponda y
obtenga consiguientemente, un enriquecimiento sin causa.

255 a 269), y de 9 de febrero de 1984, radicación 9952, en las cuales la Sala por medio de
una de sus Secciones consideró procedente el descuento en favor del patrono
condenado a pagar la indemnización total y ordinaria de perjuicios; descuentos que, en
cambio, negó pudiera hacerse en favor del empleador culpable del daño causado por el
accidente de trabajo o la enfermedad profesional, mediante su otra Sección en la ya
citada sentencia de 9 de agosto de 1979 y en los fallos de 15 de marzo de 1985, radicación
9981, y 21 de marzo de 1991, radicación 4097.

Esta norma debe entenderse, desde luego, en armonía con lo dispuesto en el artículo 216
del Código Sustantivo del Trabajo, por cuanto es esta disposición legal la que establece
que al existir culpa suficientemente comprobada del patrono en la ocurrencia del
accidente de trabajo o de la enfermedad profesional, quedará este obligado a la
indemnización total y ordinaria de perjuicios, ‘pero del monto de ella debe descontarse el
valor de las prestaciones en dinero pagadas en razón de las normas consagradas en este
capítulo’.

En ejercicio de esta función unificadora de la jurisprudencia, la Sala de Casación Laboral


de la Corte Suprema de Justicia luego de sopesar los diferentes argumentos en pro y en
contra de ambas tesis jurídicas, concluyó que no solo por expresarlo así claramente el
mentado artículo 83 del Acuerdo 155 de 1963 sino, y esta fue la razón principal que tuvo la
Sala, porque nadie puede asegurar su propia culpa ni muchísimo menos obtener algún
beneficio de ella, el genuino sentido de lo dispuesto en los artículos 216 del Código
Sustantivo del Trabajo, que la recurrente acusa de indebidamente aplicado por el fallo, y
del artículo 83 del susodicho Acuerdo, que se dice inaplicado, es el de que el Instituto de
Seguros Sociales no ha asumido, ni racionalmente podrá asumirlo, el riesgo de daño al
trabajador que le sobrevenga por causa de un accidente de trabajo o de una enfermedad
profesional en cuya ocurrencia se compruebe suficientemente la culpa del empleador; y
que por ello quien está habilitado para obtener la devolución de lo que pague por
concepto de las prestaciones que cubren los perjuicios derivados de la responsabilidad
objetiva del patrono en la producción del accidente o la enfermedad profesional, es el
Instituto de Seguros Sociales.

O sea, es únicamente el Instituto de Seguros Sociales el que está facultado, cuando


otorga las prestaciones al afiliado o sus beneficiarios, para demandar el pago de la
indemnización que según el Código Sustantivo del Trabajo o según el derecho común,
queda obligado a pagar el empleador cuando el accidente o la enfermedad profesional se
producen por acto intencional o culposo suyo; pero nunca podría ser el mismo
empleador responsable del daño que sufren el trabajador o sus beneficiarios, por culpa
patronal suficientemente comprobada, quien a la postre resulte beneficiado al
permitírsele descontar de la suma a la que se prueba asciende el perjuicio una prestación
otorgada por el Instituto de Seguros Sociales, el cual está dicho no le ha asegurado sus
actos dolosos o culposos sino que lo ha subrogado en el cubrimiento de los riesgos
inherentes al trabajo de los que el patrono o empleador responde por su actividad
objetiva como tal y sin que medie culpa alguna de su parte.

Y final mente, en la época actual y desde la expedición de las leyes 6ª de 1945 y 64 de


1946, vigentes para los trabajadores oficiales, la Ley 90 de ese mismo año y el Código
Sustantivo de Trabajo, se mantuvo la tarifa legal correspondiente a la reparación del daño
dentro del concepto de la responsabilidad objetiva del patrono, momento en el que se
elimina el concepto de culpa para simplemente hacer responder al empleador oficial o
particular por los perjuicios que se originan de dicha responsabilidad objetiva y por la
sola circunstancia de que el trabajador resulte afectado en su salud, o inclusive pierde su
vida, al desarrollar su labor en actividades de las que el empresario obtiene provecho.

Pero nuestra legislación positiva, separándose de la orientación seguida en otros países


y avanzando mucho más en su función tuitiva, consagró al lado de las prestaciones e
indemnizaciones tarifadas en la ley de modo rígido, la posibilidad de que si el trabajador o
sus beneficiarios no quedaran conformes con esta indemnización prefijada legalmente,
instauraran la acción enderezada a establecer que existió culpa suficientemente
comprobada del patrono en la ocurrencia del accidente de trabajo o de la enfermedad
profesional, para así obtener la indemnización total y ordinaria de perjuicios, la que no
está contenida en una tabla o tarifa en la que se fije el perjuicio en forma predeterminada
sino que equivaldrá a la suma que el trabajador accidentado o enfermo o sus
beneficiarios, en caso de fallecer, logren demostrar en el juicio.

De este monto de la indemnización total y ordinaria de perjuicios se autoriza descontar,


como es apenas obvio, ‘el valor de las prestaciones en dinero pagadas en razón de las
normas consagradas en este capítulo’, según las voces del artículo 216 del Código
Sustantivo del Trabajo, y desde luego solo para aquellas hipótesis en que el patrono
previamente ha pagado el valor de las prestaciones en dinero y posteriormente resulta
condenado como culpable del accidente o de la enfermedad profesional.

Y en los términos del artículo 83 del Acuerdo 155 de 1963 y para los casos en que el
Instituto de Seguros Sociales otorgó las prestaciones establecidas en el Reglamento
General del Seguro Social Obligatorio de Accidentes de Trabajo y Enfermedades
Profesionales, queda facultado para demandar al empleador por el valor de la
indemnización que este debe pagar por habérsele comprobado suficientemente la culpa
en la producción del accidente o de la enfermedad profesional, puesto que la entidad de
previsión social no asegura los daños causados por dolo o culpa del patrono.

Y posteriormente, al crearse el concepto de aseguramiento social, el mismo legislador


separó los móviles del daño —en de carácter objetivo y de carácter subjetivo— y por
tanto, la posibilidad de reclamar del responsable la indemnización o las prestaciones
derivadas de aquel, así: por vía de dicho aseguramiento, el Instituto de Seguros Sociales
asumió la responsabilidad objetiva por los infortunios laborales de sus afiliados; en tanto
que, el empleador conservó, como resultaba obvio, la responsabilidad subjetiva ante el
infortunio laboral de su trabajadores, manteniéndose las cargas o exigencias de prueba
frente al primero sobre daño y nexo de causalidad, pues el monto de la indemnización lo
fijó la ley; así como las de daño, culpa, monto de la indemnización y nexo de causalidad
ante el segundo.

“(...) Al efecto, basta observar que mediante Decreto 1993 de 24 de octubre de 1967, que
aprobó el Acuerdo 257 de 13 de septiembre de ese año, expedido por el Consejo Directivo
del Instituto de Seguros Sociales, se ordenó la inscripción a la entidad para el
cubrimiento de los riesgos de Invalidez, Vejez y Muerte, entre otros, de los ‘patronos’ que
‘tienen que inscribirse e inscribir a sus trabajadores’ que cumplieran actividades
industriales extractivas del petróleo y sus derivados, la cual se cumpliría ‘en las fechas
que determine, por resolución, la Dirección General del Instituto Colombiano de los
Seguros Sociales’, para decirlo en las palabras de la citada disposición.

El aludido decreto, como lo señala la empresa en su réplica, luego de algunas vicisitudes


vino a concretarse en la Resolución 4250 de 28 de septiembre de 1993, por medio de la
cual la Presidencia de la entidad de seguridad social resolvió fijar como fecha de
iniciación de inscripción en el Régimen de los Seguros Sociales Obligatorios, entre ellos
los de Invalidez, Vejez y Muerte, ‘para las personas naturales y jurídicas, de derecho
privado y sus contratistas independientes y para los trabajadores de los citados
empleadores, que se dediquen a la actividades extractivas de la industria del petróleo y
su derivados (...)’, el 1º de octubre de 1993, atendiendo ‘las zonas geográficas en donde el
Instituto haya extendido cobertura y llamado a inscripción’.

Y se dice que de manera directa, por cuanto, para la Corte, la exclusión de la aplicación
de la normativa general de la seguridad social a los servidores de la demandada en el
proceso, como lo fue el causante, quien falleció el 4 de agosto de 1993, es decir, antes de
que entrara siquiera en vigencia la aludida disposición que ordenó la afiliación de los
trabajadores del sector petrolero al Instituto de Seguros Sociales, y, por supuesto, antes
de que se les excluyera a estos expresamente de la aplicación de la Ley 100 de 1993, si
bien tiene sustento constitucional y legal, en modo alguno lo puede ser en desmedro de
aquellos como si se tratara de un mecanismo de discriminación, desigualdad o inequidad.

Todo lo contrario, si a la empresa demandada se le permitió no afiliar a sus trabajadores


al Instituto de Seguros Sociales en su pertinente momento, y al entrar a regir la Ley 100
de 1993 se les excluyó a estos de su aplicación, lo debió ser, en sana lógica, no porque
dicho empleador quedaba liberado del reconocimiento y pago de dichos derechos a sus
servidores, sino todo lo contrario, porque se advirtió que el conjunto de la normatividad
ya enunciada, que regulaba su particular situación, les resultaba igual o más favorable
que la establecida, inicialmente por los Acuerdos del ente de seguridad Social, y
posteriormente por la Ley 100 de 1993.

De todo lo que viene de decirse lo que ha de concluirse es, simple y llanamente, para este
caso, que la empresa demandada no podía, como tampoco lo podía hacer empresa
alguna al afiliar a su trabajadores a la seguridad social, descontar, cruzar, compensar o
deducir prestaciones surgidas del riesgo creado del trabajo, esto es, por responsabilidad
objetiva ante accidentes de trabajo o enfermedades profesionales (hoy laborales) por ella
misma cubiertas, con las propias a su situación culposa o dolosa en los infortunios
sufridos por sus trabajadores, o sea, cuando su responsabilidad quedó probada estuvo
revestida de un inequívoco matiz subjetivo.

Al respecto, cumple advertir que esta Sala ha precisado que el daño moral se produce
bajo determinadas circunstancias y para precisas personas, y en los que no existen
parámetros ciertos para cuantificar el resarcimiento, como si ocurre con los perjuicios
materiales; sin embargo, en atención a las características del suceso y a sus
repercusiones, es posible tasarlo mediante el reconocimiento de una suma de dinero, al
prudente arbitrio del juez, tal como lo concibió el juzgador de alzada; así lo ha clarificado
en sentencias como la del 30 de junio de 2005, radicación 22656, 4 de agosto y 27 de
octubre de 2009, radicaciones 34806 y 36392, en su orden.

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral,


administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CASA la
sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 15 de febrero de 2008, en
cuanto mediante el numeral primero ADICIONÓ el tercero de la dictada a su vez por el a
quo para autorizar a Ecopetrol “deducir del monto de la condena por concepto de
perjuicios de orden material las sumas que de igual naturaleza canceló a las beneficiarias
de la condena, incluyendo el pago de las mesadas pensionales”.

analisis
muerte de empleados cuando uno de ellos limpiando el filtro de una de las motobombas
por causa de escapes de la nafta gasificada. Se demuestran que el siniestro se debió a
una serie de fallas, por acción y omisión, de los Directivos de la empresa, entre las que se
destaca que la Planta de Aromáticos al ponerse en contacto con el aire y el fuego del
horno que la gasificaba , presentaba planeación y construcción inapropiadas,
obsolescencia y mal mantenimiento de algunos de sus componentes, ineficiente
mantenimiento de los dos hidrantes contra incendio, deficiente diseño del sistema de
tuberías de conducción, así como carencia de efectivos controles de seguridad y de
instalaciones automáticas de agua entre las motobombas, falta de pruebas rutinarias o
diarias para detectar escapes de gas,, falta de adiestramiento del personal de la Planta y
de la organización contra incendios, carencia de un sistema de seguridad apropiado, falta
de implementación de procedimientos adecuados para el manejo de la planta e
incumplimiento de los existentes, carencia de personal de seguridad industrial y de un
Cuerpo de Bomberos cercano, existencia de un inadecuado sistema de válvulas de
seguridad; que el Programa de Salud Ocupacional no se encontraba actualizado y que el
Comité Paritario de Medicina, Higiene y Seguridad Industrial era inoperante; que no había
control serio de las formas de trabajo en frío o en caliente y que hubo negligencia de la
demandada en la atención médico-hospitalaria. los demandantes; admitió los hechos
relativos a la inexistencia de instalaciones automáticas de agua entre las motobombas y
la reclamación administrativa; los restantes los negó o dijo que no eran tales;

tercera
● [Link]
● [Link]

CORTE CONSTITUCIONAL. (2013, 17 de octubre). SENTENCIA T-738 DE


OCTUBRE 17 DE 2013 (ROJAS RÍOS, ALBERTO, M. P.). COLECCIÓN DE
JURISPRUDENCIA COLOMBIANA. Legis Editores.

Lectura Rápida Xperta con IA.


A continuación encontrarás el resumen solicitado a través del portal Legis Xperta,
esperamos recibir tus comentarios después de analizarlo.

*Este resumen fue realizado con Inteligencia Artificial, por tal motivo no reemplaza el
análisis de un profesional en áreas legales, contables o tributarias.

La Sala Octava de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por los Magistrados Luis
Ernesto Vargas Silva, María Victoria Calle Correa y Alberto Rojas Ríos, quien la preside,
en ejercicio de sus competencias constitucionales y legales, específicamente las
previstas en los artículos 86 y 241 numeral 9º de la Constitución Política y en los artículos
33 y siguientes del Decreto 2591 de 1991, ha proferido la siguiente:

Es de aclarar, que en la historia clínica expedida por el Hospital Francisco de Paula


Santander, con fecha de ingreso y egreso del 26 de julio de 2012, se le diagnosticó:
“esguinces y torceduras de otras partes y las no especificadas de la rodilla” por causa
del accidente de trabajo y se expidió incapacidad por 8 días con valoración por
“ortopedia con DX de esguince de rodilla”(1).

Como parte de su seguimiento médico, el 16 de octubre de 2012 la Unidad de Artroscopia


del Centro Médico Imbanaco de Cali, mediante informe médico en el que señaló que el
señor Materón Díaz, presenta ruptura de ligamento cruzado anterior, con lesión de
menisco externo, sumado a una lesión de gastronemio, se encuentra actualmente
utilizando un inmovilizador de rodilla.

En virtud de su delicado estado de salud, y ante la terminación de su contrato de trabajo,


el señor Materón Díaz, resolvió promover acción de tutela el 4 de abril de 2013, y contra la
Corporación Club Campestre Los Andes y contra Acción del Cauca S.A., al considerar
que las accionadas vulneraron sus derechos fundamentales al ocasionarle una merma
considerable en su calidad de vida y en su mínimo vital al no permitirle continuar
laborando.

Afirma el accionante que Acción del Cauca S.A. y la Corporación Club Campestre los
Andes, vulneraron sus derechos fundamentales a la vida, a la dignidad humana, a la
salud, a la seguridad social, al trabajo, al mínimo vital, a la igualdad, al debido proceso y a
la estabilidad laboral reforzada, al terminar de forma unilateral el contrato de trabajo, pese
a que se encontraba en proceso de recuperación, con ocasión del accidente de trabajo
ocurrido el 25 de julio de 2012.

La corporación Club Campestre Los Andes, a través de su representante legal, dio


respuesta a la acción de tutela mediante oficio del 17 de abril de 2013(2), en el que señaló
que efectivamente el señor Héctor Materón Díaz inició sus labores en la empresa el 11 de
noviembre de 2011, pero afirmó desconocer la ocurrencia del accidente de trabajo y la
fecha, modalidad y causal de terminación del contrato celebrado entre el actor y el
empleador, Acción del Cauca S.A.

El 17 de abril de 2013, el Juzgado Primero Penal Municipal de Santander de Quilichao,


Cauca, denegó el amparo al considerar que la tutela no es el mecanismo idóneo para
solicitar el reintegro laboral y menos aún porque el accionado no cumplió con el requisito
de inmediatez, ya que dejó transcurrir 6 meses y 19 días para impetrar la acción.

Historia clínica del actor expedida por el Hospital Francisco de Paula Santander con fecha
de ingreso y egreso del 26 de julio de 2012, en la que se relaciona el accidente de trabajo
sufrido por el accionante, se diagnostica “esguinces y torceduras de otras partes y las no
especificadas de la rodilla” y se expide incapacidad por 8 días con valoración por
ortopedia(7).

Comunicación de fecha 17 de septiembre de 2012 suscrita por el director nacional de


contratación de Acción del Cauca S.A., mediante la cual informó al actor que la
Corporación Club Campestre los Andes dejaba de requerir los servicios para los cuales
fue contratado, teniendo en cuenta la cláusula segunda del contrato de trabajo suscrito
“por el tiempo que dure la realización de la obra o labor determinada”(11).

Resumen de historia clínica expedida por la Unidad de Artroscopia del Centro Médico
Imbanaco de Cali, el 16 de octubre de 2012, mediante informe médico prescribió al actor
la realización de “artroscopia rodilla derecha, reconstrucción de ligamento cruzado
anterior y sutura de menisco externo con tornillos de interferencia y suturas de menisco
de bioart”(14).

Relación de citas por paciente, expedida por el Hospital Francisco de Paula Santander en
el que se relacionan las citas a fisioterapia a las que asistió el actor desde el 14 de agosto
al 28 de agosto de 2012, del 29 de noviembre al 17 de diciembre de 2012 y del 15 de
febrero a 28 de febrero de 2013(18).

Historia clínica expedida por Fundalivio el 8 de marzo de 2013 donde se evidencia un


diagnóstico repetido, y se indica que el paciente debe intensificar el plan casero de
ejercicios isométricos para fortalecimiento del cuádriceps bilateralmente, se recomienda
natación y ejercicio; continuar analgesia previamente ordenada; y se dan
recomendaciones laborales para reintegro: manejo de peso hasta 7 kg, control a marchas
prolongadas, control a uso repetido de gradas, evitar el uso de escaleras, control a
postura bípeda prolongada, control a postura en acuclillado, de duración al menos cuatro
meses.
Manifiesta la señora María Ximena Reina Méndez que es madre cabeza de familia de su
núcleo familiar compuesto por su hijo de un año y 11 meses y su esposo quien se
encuentra en condición de discapacidad por “retrombosis venosa profunda”, calificada el
2 de noviembre de 2011 con un porcentaje de pérdida de capacidad laboral del
25,75%(21), razón por la cual no se encuentra laborando y no percibe ingreso económico
alguno.

Manifiesta que el 28 de enero de 2013, recibió un correo electrónico al que se anexó un


archivo correspondiente a una carta fechada el 24 de enero y suscrita por el presidente
encargado del consejo de administración y el tesorero, en la que le informaban que daban
por terminado de manera unilateral su contrato de prestación de servicios.

Argumentaron en su momento que las razones para tal determinación fueron las
siguientes causales: (i) no haber allegado las constancias de afiliación a seguridad social
(salud y pensiones); (ii) no elaboración ni publicación de las actas de asamblea del
consejo de administración; (iii) incumplimiento en las obligaciones establecidas en la Ley
675 de 2001; y, (iv) el uso inadecuado de las áreas comunes y falta de cuidado con los
bienes, título y valores bajo su responsabilidad.

Afirma la accionante que los demandados vulneraron sus derechos fundamentales a la


estabilidad laboral reforzada, vida digna, mínimo vital, seguridad social y a la
subsistencia, al firmar el acta de terminación unilateral y anticipada del contrato mientras
se encontraba en estado de debilidad manifiesta por motivos de salud, sin tener en
cuenta que es madre cabeza de familia y que el ingreso económico que percibía como
administradora, es la única fuente de ingresos económicos para sufragar sus
necesidades básicas, personales y familiares.

Segundo, insistió en que no puede confundirse un contrato de dicha naturaleza con uno
del ámbito laboral, razón por la cual solicitó la declaración de improcedencia de la acción
de tutela, más aun, por la inexistencia de un perjuicio irremediable, porque, contrario a lo
afirmado por la actora, su esposo tan solo tiene una pérdida de capacidad laboral de
25.75%, lo cual no le impide cumplir con sus obligaciones familiares.

Igualmente, la representante legal del conjunto residencial alegó que no le consta el


hecho de que la actora haya informado al presidente y tesorero del consejo de
administración acerca de su imposibilidad de pagar la póliza de responsabilidad y de
hacer los aportes a seguridad social, adicionales a los que su esposo ya viene haciendo,
y mucho menos, que estas propuestas hayan sido aceptadas por ellos.

Para ello expuso los siguientes argumentos: primero, la condición de debilidad manifiesta
de la actora, la cual se probó con lo plasmado en la historia clínica; segundo, el
empleador, a pesar de conocer su estado de salud, omitió su deber de acudir previamente
al inspector de trabajo para autorizar el despido de la actora; tercero, se probó la
afectación al mínimo vital y a una vida digna porque la actora es madre cabeza de familia
y debido a la gravedad de sus patologías, se patentiza su imposibilidad para conseguir
empleo.

El 2 de abril de 2013, la actora presentó incidente de desacato debido a que el


cumplimiento del fallo se hizo 18 días después de la notificación de la sentencia, y no
dentro de las 48 horas siguientes a la notificación de dicha decisión, como lo prescribió la
parte resolutiva de la misma.

En cuanto a la afectación del mínimo vital de la actora, anexó pruebas que persiguen
desvirtuar su estado de vulnerabilidad: (i) cuatro (4) certificados de matrícula inmobiliaria
expedidos por la Oficina de Instrumentos Públicos de Bogotá, en los que aparece la
accionante como titular de dominio de bienes inmuebles adjudicados bajo la figura
“adjudicación sucesión nuda propiedad”(34); (ii) pantallazo de la página de la rama
judicial, revisión de procesos, en el que se evidencian las actuaciones de un proceso de
restitución de inmueble arrendado en donde la actora actúa en calidad de
demandante(35).

El señor Gamboa Sotelo, manifestó igualmente, sus dudas con respecto a que la
accionante requiera oxígeno durante 18 horas al día, teniendo en cuenta para ello, que el
día 16 de marzo de 2013, fecha en la que se encontraba incapacitada, asistió a la
asamblea de copropietarios del conjunto Portal del Comendador I de 2:30 a 8:00 p.m., sin
presentar problemas de salud y sin utilizar oxígeno durante todo ese tiempo.

El 16 de abril de 2013 el Juez Cincuenta y Cinco Penal del Circuito revocó el fallo de
primera instancia, y en su lugar, denegó los derechos deprecados por la actora, al
considerar que se desconoció el principio de subsidiariedad, pues además de que la
controversia recae sobre derechos de orden legal, la accionante puede reclamar la
protección de sus derechos ante la jurisdicción ordinaria.

Afirmó igualmente, que de los hechos expuestos y probados en el trámite procesal no se


infirió la necesidad de requerir medidas urgentes e inmediatas para evitar un perjuicio
irremediable en vista de que la actora se encuentra afiliada al régimen de seguridad social
en salud, como beneficiaria de su esposo, de donde se colige que él tiene un ingreso
económico que le permite cotizar al régimen contributivo y asegurar su mínimo vital y el
del núcleo familiar.

Carta fechada el 27 de diciembre de 2012, suscrita por Mary García, auditora fiscal del
conjunto residencial anotado, en la cual solicita al consejo de administración, nombrar un
asistente o administrador delegado para que cumpla con los horarios previstos de
atención al público, teniendo en cuenta el estado de salud de la señora María Ximena
Reina Méndez, y solicita además, se anexe copia de los aportes a seguridad social de esta
última(50).

Comunicación expedida por el consejo de administración del conjunto el 24 de enero de


2013, mediante la cual informan a la accionante la terminación unilateral del contrato de
prestación de servicios suscrito entre ellos, decisión que sustentaron, en los
incumplimientos en su obligación de cotizar a seguridad social; por la no elaboración y
publicación de las actas de asamblea del consejo de administración, y por omitir el deber
prescrito en la Ley 675 de 2001(53).

Refiere que el 17 de enero de 2013 presentó un dolor abdominal por el cual debió ir por
urgencias a la Clínica Tolima, en la que luego de una valoración inicial y de la realización
de una ecografía de vías urinarias se diagnosticó que presentaba “quistes simples
renales bilaterales, que en el lado derecho reemplazan casi por completo al riñón”.

Afirma el accionante que los demandados vulneraron sus derechos fundamentales a la


vida digna, salud, estabilidad laboral reforzada y mínimo vital al despedirlo
injustificadamente, sin tener en cuenta que, por una parte, debe acudir de forma
permanente a control en vista del criterio médico basado en que su riñón derecho debe
ser extraído; y por otra, que no tiene los medios económicos para costear los gastos que
ello ocasione.

En este manifestaron de forma conjunta, que no existió contrato de trabajo entre el


consorcio y el señor Belisario Carvajal, sino que fue el señor Julio Aranaga,
subcontratista del consorcio, quien pactó un contrato verbal con el actor por un término
de duración de obra o labor, es decir, que el señor Aranaga era el responsable de pagar y
afiliar a seguridad social a los conductores de las volquetas de su propiedad.

El Juez Segundo Civil del Circuito de Ibagué confirmó la sentencia de primera instancia al
considerar que si bien existió una relación laboral entre el consorcio y el actor, la cual
finalizó el 9 de febrero de 2013, se probó dentro del trámite procesal que ello no ocurrió
por motivo de la enfermedad, pues como consta en la historia clínica, la enfermedad fue
diagnosticada solo hasta el 19 de febrero de 2013, de lo cual se concluye que el
empleador no tenía conocimiento de esta y por ende no le era exigible solicitar
autorización previa ante el Ministerio de Trabajo para finalizar el contrato.

El señor Héctor Materón Díaz, interpone acción de tutela contra Corporación Club
Campestre los Andes y Acción del Cauca S.A. y alega que las accionadas vulneraron los
derechos fundamentales a la vida, a la dignidad humana, a la salud, a la seguridad social,
al trabajo, al mínimo vital, a la igualdad, al debido proceso y a la estabilidad laboral
reforzada al dar por terminado el contrato de trabajo, pese a haber sufrido un accidente
laboral el 25 de julio de 2012, y persistir algunas alteraciones en su salud.

Con fundamento en la situación fáctica y las decisiones tomadas por los jueces de
instancia le corresponde a la Sala de Revisión determinar si las entidades demandadas
vulneraron los derechos fundamentales a la vida, a la salud, a la dignidad humana, a la
seguridad social, al trabajo, al mínimo vital, a la igualdad, al debido proceso y a la
estabilidad laboral reforzada del ciudadano Héctor Materón Díaz a quien le terminaron el
contrato de trabajo que había suscrito, a pesar de las condiciones de salud en que se
encontraba; y si en virtud del artículo 34 del Código Sustantivo del Trabajo, ambas
empresas, tanto contratista como beneficiaria de la obra, deben responder solidariamente
por la vulneración de los derechos alegados por el accionante.

La señora María Ximena Reina Méndez, impetra acción de tutela contra el conjunto
residencial Tarbes de San José, al considerar que la accionada vulneró los derechos
fundamentales al mínimo vital y a la estabilidad laboral reforzada al dar por terminado el
contrato suscrito entre las partes, a pesar de encontrarse en período de incapacidad.

Por su parte, el conjunto residencial Tarbes de San José, a través de su representante


legal se opuso a la prosperidad de la acción, argumentando que dio por terminado el
contrato de prestación de servicios con justa causa porque la actora no cumplió con las
obligaciones contractuales pactadas como: (i) publicación del acta de la asamblea
general(97) (ii) pago de la póliza de responsabilidad(98) (iii) y cotización a la seguridad
social(99).

Consideró en primer lugar, la condición de debilidad manifiesta de la señora María


Ximena Reina Méndez, toda vez, que de conformidad con lo evidenciado en la historia
clínica se vislumbra la gravedad de las patologías padecidas; en segundo lugar,
manifestó que a pesar que el empleador conocía el estado de salud de la accionante,
omitió acudir ante el inspector del trabajo para autorizar el despido; y, en tercer lugar, por
cuanto se probó la afectación al mínimo vital y a la vida digna, toda vez que la señora
María Ximena Reina Méndez ostenta la calidad de madre cabeza de familia.

De acuerdo con los hechos expuestos, corresponde a la Corte determinar si el conjunto


residencial Tarbes de San José vulneró los derechos fundamentales al mínimo vital y a la
estabilidad laboral reforzada de la señora María Ximena Reina Méndez, al no permitirle
continuar prestando sus servicios como administradora, durante la vigencia de la
incapacidad laboral.

El señor Belisario Carvajal impetra acción de tutela en contra del Consorcio Cajamarca
Anaime y el señor Julio Ernesto Aranaga Londoño, al considerar que vulneraron sus
derechos a la vida digna, a la salud, al mínimo vital y a la estabilidad laboral reforzada, al
dar por terminado el contrato de trabajo sin tener en cuenta el estado de salud en el que
se encontraba.

El señor Julio César Aranaga Londoño y el representante legal del Consorcio Cajamarca
Anaime, al contestar la acción de tutela, mediante oficio del 15 de marzo de 2013(100),
manifestaron de forma conjunta, que jamás existió contrato de trabajo entre el consorcio
y el señor Belisario Carvajal, sino que fue el señor Julio Aranaga, subcontratista del
consorcio, quien pactó un contrato verbal con el actor por un término de duración de
obra o labor culminada, es decir, que el señor Aranaga era el responsable de pagar y
afiliar a seguridad social a los conductores de las volquetas de su propiedad.

La acción de tutela, debido a su naturaleza subsidiaria y residual, solo es procedente (i)


cuando el afectado no dispone de otro medio de defensa judicial para obtener la
protección de sus derechos constitucionales fundamentales, o (ii) cuando existiendo
tales medios, estos no resultan idóneos y eficaces para salvaguardar el derecho en razón
de las circunstancias del caso o las particulares condiciones de quien solicita la
protección, y por lo tanto, se hace imperiosa la intervención inmediata del juez de tutela
para evitar la ocurrencia de un perjuicio irremediable de carácter iusfundamental.

En este orden de ideas, las pretensiones que están dirigidas, por ejemplo, a obtener el
pago de salarios, el reconocimiento de prestaciones sociales, el reconocimiento o
reliquidación de pensiones, la sustitución patronal, el reintegro de trabajadores y, en fin,
todas aquellas prestaciones que derivan su causa jurídica de la existencia de una relación
laboral previa, en principio, no están llamadas a prosperar por vía de la acción de tutela,
en consideración al criterio de subsidiaridad que reviste la protección
constitucional”(102).

En primer lugar, sobre la procedibilidad de la acción de tutela como mecanismo


definitivo, esta corporación, en concordancia con el Decreto 2591 de 1991, sostuvo que
se requiere (i) que no exista otro medio judicial para la protección de los derechos
fundamentales vulnerados, o (ii) que los medios ordinarios de defensa resulten
inoficiosos, es decir, que no sean idóneos para enfrentar la vulneración del derecho
fundamental.

Ahora bien, en lo atinente a la situación específica de ciertos sujetos de especial


protección constitucional, como las personas discapacitadas, este tribunal ha
desarrollado la tesis según la cual es indispensable que estos cuenten con un
mecanismo judicial dinámico y eficaz que les permita salvaguardar su derecho a la
estabilidad en el empleo, en caso de ser despedidos sin la autorización previa del
inspector del trabajo.

Por tal razón, dado que los mecanismos previstos por las normas procesales laborales no
responden a la urgencia e irremediabilidad del perjuicio que puede ocasionar el
desempleo de una persona discapacitada o con disminuciones en su salud, la acción de
tutela resulta procedente para reclamar el reintegro en estos casos, pues se trata de
salvaguardar los derechos de una persona discriminada en el ámbito laboral, como
consecuencia de una disminución en sus condiciones generales de salud o de una
condición permanente de discapacidad.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la Opinión Consultiva OC 18/03 del 17


de septiembre de 2003(107), ha señalado la obligación que tienen los Estados de respetar
y garantizar los derechos humanos laborales de todos los trabajadores y no tolerar
situaciones de discriminación en perjuicio de estos, en la relación de trabajo que se
constituya entre particulares, ni permitir que los empleadores privados violen los
derechos de los trabajadores, ni que el vínculo contractual vulnere las pautas mínimas
internacionales(108).

Sin embargo, esta corporación ha reiterado que a pesar de que el amparo de tutela no es
el medio idóneo para obtener el reintegro laboral, dicho mecanismo sí es procedente,
cuando versa sobre personas que se encuentran en situación de debilidad manifiesta,
como consecuencia de su condición económica, física o mental y que buscan proteger su
derecho a la estabilidad laboral reforzada.
“Pues bien, la tutela no puede llegar hasta el extremo de ser el instrumento para
garantizar el reintegro de todas las personas retiradas de un cargo; además, frente a la
estabilidad existen variadas características: desde la estabilidad impropia (pago de
indemnización) y la estabilidad ‘precaria’ (caso de los empleados de libre nombramiento y
remoción que puedan ser retiradas en ejercicio de un alto grado de discrecionalidad),
hasta la estabilidad absoluta (reintegro derivado de considerar nulo el despido), luego no
siempre el derecho al trabajo se confunde con la estabilidad absoluta.

No se deduce de manera tajante que un retiro del servicio implica la prosperidad de la


tutela, porque si ello fuera así prosperaría la acción en todos los casos en que un servidor
público es desligado del servicio o cuando a un trabajador particular se le cancela el
contrato de trabajo; sería desnaturalizar la tutela si se afirmara que por el hecho de que a
una persona no se le permite continuar trabajando, por tutela se puede ordenar el
reintegro al cargo”.

Por otra parte, la Corte ha señalado que la simple desvinculación unilateral de un


individuo que padece una enfermedad o una discapacidad, no es suficiente para que
prospere la protección a través del amparo de tutela, puesto que para ello es
indispensable además, que esté comprobado el nexo de causalidad entre las condiciones
de salud de la persona y su despido o la terminación del contrato de trabajo, de manera
tal, que pueda deducirse un trato discriminatorio(111).

No obstante, quienes fueron despedidos o su contrato terminado por razón de su


limitación, sin el cumplimiento del requisito previsto en el inciso anterior, tendrá derecho
a una indemnización equivalente a ciento ochenta días del salario, sin perjuicio de las
demás prestaciones e indemnizaciones a que hubiere lugar de acuerdo con el Código
Sustantivo del Trabajo y demás normas que lo modifiquen, adicionen, complementen o
aclaren” (resaltado fuera del texto) (sic).

Por otra parte, debe referirse al concepto de discapacidad debido a que en un comienzo
el legislador hizo referencia al estado de invalidez más no al de discapacidad, atendiendo
el artículo 38 de la Ley 100 de 1993, que reza: “Se considera inválida la persona que por
cualquier causa de origen no profesional no provocada intencionalmente, hubiere perdido
el 50% o más de su capacidad laboral”.

De acuerdo con lo expuesto, es evidente que las normas tanto nacionales como
internacionales buscan proteger a las personas que se encuentran en estado de
discapacidad, esto acontece, cuando un individuo no puede desarrollarse laboralmente
en condiciones óptimas de salud, por lo que se ve la necesidad de salvaguardar sus
derechos para que pueda permanecer en el empleo sin ningún tipo de obstáculos.

La Corte ha reconocido a favor de las personas que están en condición de debilidad


manifiesta o indefensión como consecuencia de padecimientos físicos, sensoriales o
psicológicos, el beneficio de una “estabilidad laboral reforzada” garantizándoles “la
permanencia en el empleo (...) luego de haber adquirido la respectiva limitación (...), como
medida de protección especial y en conformidad con su capacidad laboral”(121).

La Sentencia T-263 de 2009 estableció como elementos que configuran la estabilidad


laboral reforzada, los siguientes: “(i) el derecho a conservar el empleo, (ii) a no ser
despedido en razón a su situación de vulnerabilidad, (iii) a permanecer en él hasta que se
configure una causal objetiva que amerite la desvinculación laboral y (iv) a que el
inspector de trabajo o la autoridad que haga sus veces, autorice el despido con base en la
verificación previa de dicha causal, a fin de que el mismo pueda ser considerado eficaz”.

“En materia laboral, la protección especial de quienes por su condición física están en
circunstancia de debilidad manifiesta se extiende también a las personas respecto de las
cuales esté probado que su situación de salud les impide o dificulta sustancialmente el
desempeño de sus labores en las condiciones regulares, sin necesidad de que exista una
calificación previa que acredite su condición de discapacitado”.

Ahora bien, este tribunal ha expuesto “que en aquellos casos en los que el juez de tutela
encuentre acreditado que la terminación del contrato de trabajo de quien ha sufrido
mengua en su estado de salud no ha sido llevada a cabo con la autorización por parte de
la autoridad administrativa, deberá dar aplicación a la presunción (...) en virtud de la cual
se ha de asumir que la causa de dicha desvinculación es, precisamente, la desmejora de
su salud y, por consiguiente, de la disminución de su capacidad laboral”(128).

La Sala reitera que todo despido de un trabajador discapacitado debe contar con la previa
autorización de la autoridad de trabajo correspondiente, pues sin dicho permiso la
terminación del contrato laboral será ineficaz, razón por la cual el empleador deberá
reintegrar al empleado y pagarle la indemnización a que se refiere el inciso segundo del
artículo 26 de la Ley 361 de 1997, que corresponde a 180 días de salario.

Finalmente, es importante reiterar que el beneficio de la estabilidad laboral reforzada, no


solo debe entenderse como el mecanismo que impide terminar con la relación laboral al
trabajador que se encuentra en condición de debilidad manifiesta, sino además como
garantía que implica el derecho a la reubicación en un puesto de trabajo adecuado a su
condición de salud en el que “pueda potencializar su capacidad productiva y realizarse
profesionalmente”(130).

Recuerda la Sala de Revisión, que el señor Materón Díaz suscribió un contrato laboral con
la empresa Acción del Cauca S.A., pero prestó sus servicios en el Club Campestre los
Andes, en donde el 25 de julio de 2012 sufrió un accidente de trabajo que le causó
lesiones físicas, las que si bien fueron tratadas durante el tiempo que siguió laborando,
las mismas le han causando permanente dolor y graves molestias al caminar, debiendo
acudir a posteriores controles médicos y terapias.

Por estas razones, tras advertirse que hubo suficiente tiempo entre el momento en que se
realizó el informe del accidente laboral y el anotado despido, y comprobado que la
condición médica del actor venía evolucionando con las complicaciones ya anotadas en
los antecedentes de esta decisión, su desvinculación sorpresiva supuso la vulneración
de su derecho al mínimo vital, por cuanto perdió su fuente de ingresos económicos.

Recuerda la Sala, que tal y como se indicara en los antecedentes de este caso y de los
datos derivados de las pruebas aportadas, el señor Materón Díaz debió acudir a su
servicio médico, no solo para ser atendido luego del accidente laboral, lo que supuso en
su momento una incapacidad laboral de 8 días, sino que además, debido a las
limitaciones de movilidad y el permanente dolor ha recibido asistencia médica en
reiteradas oportunidades, en las cuales se le ha recomendado la restricción en su
movilidad, evitar en lo posible las escaleras, marchas prolongadas, y estar mucho tiempo
de pie.

Estas consideraciones médicas, confirman plenamente que el accionante padece una


discapacidad, que en los términos de la especial protección constitucional esbozada por
la jurisprudencia aquí citada, lo hace beneficiario de la estabilidad laboral reforzada, por
estar probado que su situación de salud le impide o dificulta sustancialmente el
desempeño de sus labores en las condiciones regulares, sin que para impartir dicha
especial protección se requiriera una previa calificación que acredite su condición de
discapacitado(132).

Es por ello, que la jurisprudencia ha señalado que de probarse por el juez constitucional
que la terminación del vínculo laboral de un trabajador que ha sufrido una merma en su
salud, se ha producido sin la autorización de la autoridad administrativa correspondiente,
deberá presumir que la causa de dicha desvinculación es, precisamente, esa desmejora
de su salud(133).

En consecuencia, se advierte que al momento de producirse por parte de la empresa


Acción Cauca S.A. la desvinculación laboral del señor Materón Díaz, presuntamente bajo
la consideración de que el Club Campestre los Andes ya no requería sus servicios,
supuso el desconocimiento de sus derechos fundamentales, pues estaban dados todos
los elementos que lo hacían beneficiario de una protección laboral reforzada, motivo por
el cual de haberse querido su desvinculación en los términos de ley, debió contarse de
manera previa con la autorización del inspector de trabajo, lo cual no ocurrió en este
caso.

Por lo anterior, esta Sala de Revisión, apoyada en la citada jurisprudencia, puede concluir
que la terminación del contrato laboral del accionante obedeció a la condición médica y
posterior restricción en la actividad física del accionante, con lo cual se configura la
vulneración del derecho al trabajo y a la estabilidad laboral, constituyéndose en un trato
discriminatorio en razón a esa especial condición de vulnerabilidad.

Para ello, se ordenará a la empresa Acción del Cauca S.A., por intermedio de su
representante legal o quien haga sus veces que, en el término de las cuarenta y ocho (48)
horas siguientes a la notificación de la presente sentencia, si aún no lo hubiere efectuado,
reintegre al señor Héctor Materón Díaz, a un cargo de igual o superior jerarquía al que
venía desempeñando al momento de su desvinculación, atendiendo para ello, que este
sea compatible con sus condiciones actuales de salud.

En el caso, las pretensiones de la señora María Ximena Reina Méndez se dirigen a lograr
el reintegro al cargo de administradora bajo la modalidad de un contrato de trabajo y a
que se le otorgue el pago de las prestaciones sociales a las cuales estima tener derecho,
en virtud de los servicios prestados al Conjunto Residencial Tarbes de San José.

Sin embargo, esta corporación ha considerado, que sin importar las formalidades bajo las
cuales se establezca una relación laboral, incluso si esta se enmarca en una forma
contractual de prestación de servicios, el trabajador podrá demandar por la vía judicial
competente el reconocimiento de la existencia de una vinculación laboral, y reclamar la
estabilidad laboral reforzada si demuestra la concurrencia de los elementos de un
contrato realidad (subordinación o dependencia, prestación personal del servicio y
contraprestación económica).

Recuerda esta corporación que la Constitución Política contempla en su artículo 86 que la


acción de tutela, es un mecanismo judicial preferente y sumario que se caracteriza por su
protección inmediata y efectiva de los derechos fundamentales, y por ser un mecanismo
al que se acude de manera subsidiaria(134), es decir, que en ausencia de otros medios
ordinarios de defensa, o cuando existiendo estos, la misma se tramite como mecanismo
transitorio de defensa judicial para evitar un perjuicio irremediable(135).

Si bien la actora controvierte en parte lo afirmado por los demandados, la reclamación


planteada en el seno de esta acción de tutela, se limita a establecer un incumplimiento
contractual, cuya resolución es competencia del juez natural, en la jurisdicción ordinaria,
razón por la cual esta reclamación escapa por completo a la competencia del juez
constitucional.

De igual manera, la Sala de Revisión considera que la señora Reina Méndez tampoco
tiene vulnerados sus derechos fundamentales a la seguridad social y a la salud, pues ha
venido recibiendo la atención médica por ella requerida, en razón a su vinculación al
régimen contributivo en salud, en calidad de beneficiaria de su esposo.
Así mismo, no es de recibo su argumento según el cual es madre cabeza de hogar, en
razón a la discapacidad que afecta a su esposo y le impide laborar, pues fue la misma
accionante quien en escrito enviado al consejo de administración, propuso que fuera su
esposo quien la reemplazara en el trámite y cumplimiento de algunas de las gestiones
propias de su cargo, mientras se reponía de su incapacitada médica.

Lo anterior desvirtúa la alegada “incapacidad” de su esposo para asumir alguna actividad


productiva que reditúe en un ingreso económico para su hogar, y por lo mismo deja sin
sustento lo afirmado por la actora en cuanto que ella es madre cabeza de hogar por ser la
como única proveedora de recursos económicos para su el sustento de su núcleo
familiar.

En conclusión, a juicio de la Sala, el presente asunto escapa al conocimiento del juez


constitucional, por cuanto el ordenamiento jurídico tiene dispuesto para su definición
otros medios judiciales de defensa, como es que la señora Reina Méndez acuda a la
jurisdicción ordinaria, con apoyo en las pruebas pertinentes, para demostrar allí, si
cumplió o no las condiciones contractuales pactadas con el Conjunto Residencial aquí
demandado.

De lo anterior se concluye adicionalmente, que tampoco procede el amparo


constitucional en forma transitoria, toda vez que no se encuentra demostrada la
ocurrencia de un perjuicio irremediable que amenace los derechos de la demandante,
como tampoco su mínimo vital o el de su familia, ni se trata de una persona de la tercera
edad cuya vida en condiciones dignas dependa del reclamo prestacional planteado.

Por lo tanto, se revocará el fallo de fecha 16 de abril de 2013 proferido por el Juzgado
Cincuenta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá, el cual revocó el fallo proferido por el
Juzgado Treinta y Siete Penal Municipal de Bogotá en el que amparó los derechos
fundamentales al mínimo vital y a la estabilidad laboral reforzada de la señora María
Ximena Reina Méndez, para en su lugar rechazar por improcedente, con sustento en las
razones expuestas en la presente sentencia.

En el presente caso, observa la Sala de Revisión, que en efecto, tal y como consta en el
formulario de “Recaudo integrado de seguridad social y parafiscales” aportado por el
señor Belisario Carvajal al proceso, es claro que el consorcio Cajamarca Anaime lo tenía
como trabajador suyo, pues para el 20 de diciembre de 2012, fecha de pago registrado en
el referido formulario, se encontraba afiliado a la EPS Famisanar Cafam - Colsubsidio, al
fondo de pensiones Colpensiones, y a la caja de compensación familiar “Cooperativa del
Sur del Tolima”.

Además, la novedad de retiro del accionante como empleado se dio el 9 de febrero de


2013, es decir, casi un mes después de que el accionante presentará durante el trabajo la
dolencia lumbar, la cual con el correr de los días, y cuando aún se encontraba vinculado
laboralmente, permitió confirmar que padecía de una grave afección en sus riñones, al
punto que su riñón derecho ya no tenía función renal alguna, y su extracción se hacía
necesaria.

Así, confirmada la existencia de la referida relación laboral entre el señor Carvajal y el


Consorcio Cajamarca Anaime, y visto que la enfermedad renal se hizo evidente antes del
despido del accionante, considera esta Sala de Revisión, que de acuerdo a los criterios
jurisprudenciales atrás expuestos, los trabajadores que se encuentran afectados en su
salud tienen derecho al reconocimiento de la estabilidad laboral reforzada sin importar el
tipo de vínculo laboral adoptado por las partes, aun cuando el trabajador no se encuentre
al momento de su despido, cobijado por alguna incapacidad médica.

En efecto, recuerda esta Sala de Revisión, tal y como se explicara en el primero de los
casos resueltos en esta providencia, al probarse que la situación de salud del trabajador
le impide o dificulta sustancialmente el desempeño de sus labores en las condiciones
regulares, que se deberá impartir una especial protección, sin que para ello se requiriera
una previa calificación que acredite su condición de discapacitado(139), protección que
se extenderá mientras el inspector o autoridad competente no autorice su desvinculación.

En esta medida, cuando al señor Carvajal le fue informada la terminación de su contrato


de trabajo, ya había tenido que acudir al servicio médico, el cual procedió a la realización
de varios exámenes médicos para diagnosticar su enfermedad, así como su remisión a
medicina especializada dada la complejidad de la patología que lo aquejaba y que ya
había alcanzado su diagnóstico pleno el 17 de enero de 2013, es decir 23 días antes de su
despido.

Aceptar las condiciones en que se produjo su desvinculación supondría ratificar la


afectación de la cual viene siendo objeto respecto de sus derechos a la seguridad social,
a la salud y al mínimo vital, pues como ya se evidenció dentro del expediente, se trata de
una persona de 63 años a quien se le ha suspendido el servicio médico, al cual no podría
acceder tras no contar otro ingreso, que permita asumir esa atención por su cuenta.

Visto lo anterior, la Sala de Revisión procederá a revocar los fallos emitidos por el
Juzgado Sexto Civil Municipal de Ibagué el día veintiuno de marzo de 2013 y por el
Juzgado Segundo Civil del Circuito de Ibagué, Tolima, el día 12 de abril de 2013, que
negaron el amparo de los derechos fundamentales invocados por el señor Belisario
Carvajal.

Para ello, se ordenará al Consorcio Cajamarca Anaime por intermedio de su


representante legal o quien haga sus veces que, en el término de las cuarenta y ocho (48)
horas siguientes a la notificación de la presente sentencia, si aún no lo hubiere efectuado,
reintegre al señor Belisario Carvajal, a un cargo de igual o superior jerarquía al que venía
desempeñando al momento de su desvinculación, atendiendo para ello, que este sea
compatible con sus condiciones actuales de salud.

En su lugar, CONCEDER por las razones y en los términos de esta sentencia, el amparo
de los derechos fundamentales a la vida digna y a la estabilidad laboral reforzada del
señor Héctor Materón Díaz y, en consecuencia, ORDENAR a la empresa Acción del Cauca
S.A., por intermedio de su representante legal o quien haga sus veces que, en el término
de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación de la presente sentencia, si
aún no lo hubiere efectuado, reintegre al señor Héctor Materón Díaz, a un cargo de igual o
superior jerarquía al que venía desempeñando al momento de su desvinculación,
atendiendo para ello, que este sea compatible con sus condiciones actuales de salud.

REVOCAR el fallo de fecha 16 de abril de 2013 proferido por el Juzgado Cincuenta y Cinco
Penal del Circuito de Bogotá, el cual revocó el fallo proferido por el Juzgado Treinta y
Siete Penal Municipal de Bogotá en el que amparó los derechos fundamentales al mínimo
vital y a la estabilidad laboral reforzada de la señora María Ximena Reina Méndez, para en
su lugar RECHAZAR POR IMPROCEDENTE, con sustento en las razones expuestas en la
presente sentencia.

En su lugar, CONCEDER por las razones y en los términos de esta sentencia, el amparo
de los derechos fundamentales a la salud, a la vida y a la estabilidad laboral reforzada del
señor Belisario Carvajal y, en consecuencia, ORDENAR al Consorcio Cajamarca Anaime
por intermedio de su representante legal o quien haga sus veces que, en el término de las
cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación de la presente sentencia, si aún no
lo hubiere efectuado, reintegre al señor Belisario Carvajal, a un cargo de igual o superior
jerarquía al que venía desempeñando al momento de su desvinculación, atendiendo para
ello, que este sea compatible con sus condiciones actuales de salud.
Este folio corresponde a la certificación expedida el 1º de junio de 2012 por la Alcaldesa
Local de Usaquén, en el que certifica que el consejo de administración del conjunto
residencial Tarbes de San José Primera y Segunda Etapa, mediante acta del 23 de abril de
2012, nombraron como administradora y representante legal a la señora María Ximena
Reina Méndez.

ANÁLISIS

Hubo un desgarre de meniscos , hubo una terminación de contrato de trabajo

También podría gustarte